“Lactancia materna y fertilidad”, un texto de Katherine A. Dettwyler

Gracias a que la autora me ha dado permiso para publicarlo en el blog, os presento este texto de 1995 de la antropóloga Katherine A. Dettwyler, la coordinadora del libro “Lactancia Materna: Perspectivas Bioculturales”. Lo que me ha impulsado a traducir este texto ha sido su sencillez y la capacidad de síntesis al resumir las ideas del capítulo de Peter Ellison dedicado a la (in)fertilidad durante la lactancia en el libro antes citado y relacionarlo con su experiencia personal. Encontré el texto fuera de la fuente original (http://www.kathydettwyler.org/detfert.html), ya que la autora cambió la dirección de su blog y todavía no veo que haya subido los artículos antiguos allí (http://kathydettwyler.weebly.com). Aún así, por la forma de escribir y por lo que cuenta, podría ser un comentario en un foro o la respuesta a la dudas de una madre lactante. Si averiguo algo más os lo comunicaré por aquí. Allá va la traducción:

Hay un capítulo en “Lactancia Materna: Perspectivas Bioculturales” sobre “La lactancia materna, la fertilidad y la condición materna” de Peter Ellison. Él es antropólogo y director del departamento de antropología de la Universidad de Harvard. En este capítulo se hace una revisión histórica de la investigación que se ha hecho para comprender los vínculos entre la lactancia materna y la fertilidad, desde los más antiguos hasta 1993, cuando terminó su capítulo (se necesita mucho tiempo para que un manuscrito atraviese todas las etapas hasta su impresión).

Aquí está mi breve sinopsis de su capítulo completo. La succión del bebé hace que la pituitaria de la madre libere prolactina. Antes se pensaba que la prolactina afectaba directamente a la ovulación y la fertilidad, pero una nueva investigación sugiere que existe otra hormona intermediaria entre la prolactina y los ovarios. Por lo que los altos niveles de prolactina llevan a altos o bajos niveles de este otro factor, que a su vez afecta a la fertilidad. La fertilidad no es un fenómeno del tipo “o esto / o lo otro”. En el posparto, una mujer no ovula durante un tiempo, incluso si no está amamantando. Si está amamantando con la suficiente frecuencia para mantener sus niveles de prolactina por encima de su umbral crítico individual para la fertilidad (y las mujeres varían en este umbral), entonces su fertilidad se suprime.

El mayor nivel de supresión es no estar ovulando, pero a medida que tus niveles de prolactina aumentan (¡OJO! ERROR EN EL ORIGINAL,  LO LÓGICO SERÍA “DESCIENDEN”), tu fertilidad regresará gradualmente. En primer lugar ovularás, pero no tendrás los niveles hormonales adecuados para llevar a cabo la fertilización; después, ovularás y la fertilización ocurrirá, pero es posible que aún no tengas los niveles hormonales adecuados para la implantación; por último, puede que ovules, haya fertilización e implantación, pero no tengas los niveles hormonales adecuados para continuar con el embarazo, por lo que tendrías un aborto involuntario muy temprano, probablemente a lo largo de minutos u horas después de la implantación, por lo que no sabrías si has estado embarazada. También es posible ovular sin tener los niveles hormonales adecuados en las combinaciones correctas para que el útero haya podido prepararse para la implantación, por lo que sí, es posible ovular sin menstruar. A lo largo de todas estas etapas, parece haber una increíble variación individual entre las mujeres. Algunas mujeres se quedan embarazadas de nuevo la primera vez que ovulan, sin que intervengan períodos menstruales. ¡Conocí a una mujer en Indiana hace años que tuvo tres niños en seis años sin períodos menstruales de por medio! Su médico no pudo averiguar cuándo predecir su fecha probable de parto. 🙂

Además, ¿puedes creer que todavía no hay ninguna investigación por ahí, ninguna en absoluto, sobre si es posible que la trayectoria de la fertilidad vuelva gradualmente a invertirse como consecuencia del aumento del amamantamiento? Yo pedí específicamente a Peter Ellison que incluyera esa investigación en su capítulo, y él me aseguró que no había ninguna, aunque como él dice “Lógicamente, tiene sentido.” Es decir, si el bebé se alimenta de nuevo con más frecuencia, después de que los períodos de la madre hayan regresado, se elevarían los niveles circulantes de la madre de prolactina, presumiblemente lo suficientemente altos como para afectar a la fertilidad de nuevo.

Estoy segura de que esto es así, tanto desde la experiencia personal y de los informes anecdóticos de otras madres lactantes. Para dar un ejemplo concreto, con mi tercer hijo, Alexander, trabajé principalmente desde casa durante su primer año de vida, y pasé muchas horas en el ordenador escribiendo con él enganchado al pecho! El verano de 1992, cuando tenía un año de edad, estuve en casa durante el verano (sin impartir clases) y mamó muchísimo. Cuando tenía 13 meses de edad, y el semestre de otoño estaba empezando, lo metí en la guardería 6 horas al día, para tener más tiempo en la oficina, y mis períodos regresaron rápidamente al siguiente mes. Tuve un período en octubre, y otro en noviembre, después terminamos el semestre a mediados de diciembre y volví a estar en casa con él todo el día durante 5 semanas (¡Qué trabajo! 🙂 ). No tuve el período en diciembre ni en enero, y después volvieron de nuevo para bien en febrero. Suspiro. Me gustaría que alguien desarrollara una píldora que imitara la acción de la amenorrea de la lactancia, de tal forma que no tuviera que tener períodos para los próximos quién sabe cuántos años. Y no tengo SPM ni calambres menstruales ni nada, así que sé que no debería quejarme. Volviendo al tema que nos ocupa – mi opinión es que una mujer nace con miles de óvulos, y la menopausia no tiene nada que ver con haber usado todos tus óvulos.

Me imagino que podría haber alguna relación entre la lactancia materna continua y el fracaso para mantener un embarazo, especialmente en una mujer que libera grandes cantidades de prolactina en respuesta al amamantamiento, o cuyos ovarios fueran especialmente susceptibles a cualquier nivel de prolactina (u otra hormona) que ella produjera. Deberías consultar a un endocrinólogo reproductivo para ver si este es el caso. No creo que los niveles de oxitocina que causan contracciones uterinas podrían llevar a abortos tanto tiempo después del nacimiento del primer hijo, pero los niveles de prolactina podrían estar interfiriendo con la implantación o la continuidad del embarazo.

Puedes encontrar gran parte de la información de Peter Ellison en sus obras ya publicadas. Si tienes acceso a una biblioteca universitaria, búscale en el ordenador y mira lo que tienen de él. Espero que esto te ayude.

Fuentes:

http://www.medhelp.org/posts/Breastfeeding/BREASTFEEDING-AND-FERTILITY/show/1415044

http://www.mumsnet.com/Talk/breast_and_bottle_feeding/122429-torn-between-wanting-to-continue-bf-and-trying-to-conceive

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entierrafertil

La menstruación biocultural

Yo, a diferencia de la autora, no creo que la industria farmaceútica deba crear una píldora que imite la amenorrea de la lactancia. Ya existe la experiencia real para rechazar imitaciones y sustitutos. Quizás no sean nuestros cuerpos los que haya que cambiar sino el entorno, el sistema social:

La industria farmaceútica nos salvará de nuevo

La guerra del discurso (segunda parte): la noble mentira y la estratagema

“Mi mujer debe estar por encima de toda sospecha”. Julio César.

“Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Refrán popular.

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Hoy en día internet es una fuente de información y desinformación inagotable donde se mezcla la verdad con la mentira, los hechos con la propaganda y se convierte, no olvidemos su origen militar, en un campo de pruebas de la guerra del discurso, un tema en el que convergen varias disciplinas, desde la estrategia militar a la política, el derecho, la estética o incluso el arte dramático.

Por ejemplo, podríamos analizar el viaje a la Luna de la NASA en los años 60 del siglo pasado. La cuestión importante de fondo no es si realmente el proyecto Apolo logró pisar la Luna y retransmitirlo en directo, lo importante es que mucha gente cree que sí fueron. Si pensamos en estos términos lo estúpido y caro es haber ido de verdad a la Luna cuando lo verdaderamente importante no era el viaje en sí sino la escenificación de poderío militar de EEUU que se lograba con la hazaña. Esta función es la misma que cumplen los desfiles militares en todos los países. No importa si esas armas son de cartón piedra o son de verdad y funcionan. Lo importante es que parezca que ese determinado Estado es capaz de machacar al contrincante. Es una exhibición y un ritual de poder. Así que, si realmente fueron a la Luna es que fueron estúpidos. Sale mucho más barato, y el resultado final es el mismo, fabricar un montaje audiovisual del evento. Desde un punto de vista de economía de los medios y efectividad, lo lógico sería no haber ido y haber simulado que sí se fue. Como digo, es indiferente si fueron o no, lo importante es el resultado a nivel propagandístico.

En otro tipo de asuntos podemos ver de fondo la misma cuestión. Por ejempo, alguien puede cometer un crimen y no reclamar su autoría. A la vez, una persona puede no haber cometido un determinado crimen y, sin embargo, como hace el engendro del “Daesh” , puede reivindicarlo como propio. Lo curioso del asunto comienza cuando desde los medios de comunicación capitalistas occidentales se le hace el juego al pretendido “autor inspirador” y se da por válida la reivindicación, que sustituye o antecede a toda investigación previa o juicio en los tribunales. Algún día estaría bien que un analista militar nos explicara las consecuencias de semejante regalo en publicidad gratuita a nivel mundial que reciben al dar veracidad a cualquier tipo de reivindicación de autoría ideológica, porque la realidad es que el discurso y la propaganda también crean acción real, crean realidades, no solamente son palabras en un manifiesto. Si se toman en serio todas las reivindicaciones, al final, terminan convirtiéndose en verdad y los determinados casos aislados de gente desequilibrada terminan formando un grupo “desorganizado organizado”.

Imaginemos que un criminal o un grupo de psicópatas comenzara a reivindicar con el mismo paraguas ideológico todos los asesinatos masivos que ha habido en EEUU desde los años setenta hasta ahora del tipo de la masacre de la Escuela Secundaria de Colombine. Finalmente, ese grupo terminaría por existir en la realidad, no solamente en la invención o en las cabezas de un grupo de tarados original sino que encontraría su reflejo y expansión en otras muchas personas que seguirían el efecto llamada y se sumarían a la organización, ya sí de verdad.

Hoy hay muchos bulos dentro de la actualidad “conspirativa” cibernética con los que pasa un poco lo mismo. No creo que todas esas invenciones tecnológicas o estrategias de subyugación total de la población existan, pongamos por caso las armas climáticas, pero lo importante no es tanto si existen o no, si no lo que grandes masas de población puedan creer. Es el eterno debate entre la realidad y la ficción en la guerra de los discursos y la propaganda. Quizás lo que sí existe es el deseo de que existan como meta y sueño de los estrategas mundiales, pero de ahí a que lo hayan conseguido va un trecho.

De esta forma sí puedo creer que desde los diferentes Estados y los diferentes ejércitos de las principales potencias mundiales se esté investigando en todo tipo de armas o de campos de batalla que ni podemos imaginar, cosas que sonarían a verdadera ciencia ficción y que pueden ser perfectamente reales, como ha sucedido con otras tantas operaciones del tipo “Operación Mk Ultra”, por ejemplo, dignas de ser argumento de libros de Philip K. Dick u otros autores visionarios. Pero a la vez, dar credibilidad a todo significa fomentar una imagen de ejército/Estado que todo lo sabe, todo lo puede, todo lo ve, que en realidad es más una imagen proyectada a base de propaganda que otra cosa. Lo que sería interesante dilucidar es si esta propaganda es más ventajosa para una determinada potencia militar o para su supuesta adversaria en el tablero mundial. ¿Qué es mejor? Que te teman por ser malo malísimo puede ser utilizado por tu contrincante, que de esta forma recluta simpatías y solidaridades para hacer frente común ideológico contra ti. Pero, a la vez, tu “enemigo” te está fortaleciendo, ya que está creando una imagen pública tuya de omnipotencia total. No hay forma de derrotarte, eres invencible. Esto es devastador en la psique colectiva, ya que ante un enemigo así es imposible luchar. No se puede luchar contra lo divino, contra Dios. Tú no eres nadie.

Pero la realidad es bien diferente. Los Estados y los ejércitos los dirige gente corriente, no superhombres o dioses, al menos a nivel intelectual y emocional. Se equivocan. Sueñan con controlar y dominar muchas cosas: el mundo, los recursos, poblaciones… Pero son humanos y los humanos cometen errores. Las máquinas también se estropean. Así que es cierto que los ejércitos puede que sueñen con controlar el clima como arma de guerra y hasta aparezca en manuales militares o tesis doctorales, pero otra cosa es que realmente lo hayan conseguido, y otra tercera cosa es que la gente crea que lo han conseguido. No hace falta que controles el clima pero sí puedes reinterpretar un cambio metereológico a tu favor y decir que ese cambio lo has provocado tú, como un hipotético chamán que no es capaz de hacer llover pero que el día que llueve grita: ¡Lo veis! ¡Mis plegarias y danzas de la lluvia han funcionado! ¡Tengo poderes sobrenaturales!

No solamente los ejércitos oficiales y los Estados se han servido del discurso y la pantomima como estrategia. Hay un libro de Mary Nash y otras autoras, “Las mujeres y las guerras: el papel de las mujeres en las guerras de la Edad Antigua a la Contemporánea”, en el que hay otro ejemplo perfecto de estratagema, esta vez defensiva y ejercida por el pueblo, en concreto por mujeres, que juegan con la apariencia pero con resultados de efectividad real y total en el plano militar. No olvidemos que las armas puedes ser simuladas o falsas pero la retirada del enemigo en este caso no es una representación, es auténtica:

Hay un grupo importante de mujeres que llevaron a cabo una actuación bélica en circunstancias especiales para defender su ciudad, villa o aldea. Son muy numerosos los ejemplos de mujeres que ante un ataque por sorpresa del enemigo, cierran las murallas de su ciudad e impiden la entrada del atacante que pasa por sitiar la plaza. Estos episodios acaban con éxito y dan lugar a grandes alabanzas para estas mujeres a pesar de que han tomado un rol que no les corresponde. Voy a analizar cuatro ejemplos. El primero de ellos son las mujeres de Orihuela que, a principios del siglo VIII, estando solas, pues los hombres habían ido a luchar con las tropas de Muza y Tariq, vieron venir al ejército de Abdalaziz. Idearon una estratagema, que se volverá a repetir en otros casos. Estas mujeres se vistieron con las armas de los hombres y se pusieron en las murallas. La impresión que se llevaron los atacantes al ver una defensa tan cerrada era que el sitio de Orihuela iba a ser largo y difícil, pues daba la impresión de estar defendido por un fuerte ejército, por lo que los atacantes optaron por la retirada. Orihuela era salvada por sus mujeres.

En cuanto al secreto, la mentira y el abuso de poder del Estado me viene a la mente otro evento, el de aquel concurso de disertaciones filosóficas organizado por el monarca prusiano Federico II en 1778, en el que se presentaron diversos textos que intentaban contestar a la pregunta de si era últil para el pueblo ser engañado, por activa o por pasiva, es decir, bien induciéndole a nuevos errores o manteniéndolo en los que ya estaba. Supongo que la pregunta clave era otra, si era útil para el Estado engañar al pueblo. Como sabemos, pregunta de rabiosa actualidad, aún hoy en el año 2016.

Dicen que la mujer de Julio César fue acusada de adulterio y el emperador romano dijo, aun sabiendo que no le había sido infiel, aquella famosa frase que ha llegado transformada hasta nosotros como “a la mujer del César no le basta con ser honrada, debe parecerlo”. De esta forma vemos como por un lado está el hecho y por otro la apariencia. Para Julio César era más importante la proyección social que la verdad o falsedad del hecho en sí. Quizás por ello fue uno de los grandes estrategas del paradigma de la dominación y conquista del mundo. A las personas que creemos en un mundo basado en el apoyo mutuo y la convivencialidad quizás nos falte encontrar el paradigma en el que movernos más allá del discurso y la simulación, en los hechos y la vida diaria. Para nosotros no valen los dichos y los refranes de los dominadores. Tenemos que ser honrados, más allá de parecerlo o no, y he ahí el mayor de nuestros problemas.

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  • La guerra del discurso (primera parte):

La guerra del discurso

El colegio, escuela de sumisión también para los padres

Se acaba de terminar el curso escolar. Buscas en internet el nombre de los libros que vienen escritos en la nota que te dio la profesora del colegio estatal al que llevas a tu hijo de 4 años. Cual es tu sorpresa cuando descubres que uno de los libros en cuestión cuesta 85 euros. ¿85 euros? ¡85 euros! ¡Pero si a esa edad los niños no saben ni leer ni escribir! Busco en la web de la editorial y me entero de que el proyecto se compone de cuadernos, láminas, pegatinas y una mochila. Vaya, el detalle de la mochila es muy bonito para encarecer un poco más el “producto”.

Y, ahora, ¿qué se supone que debes hacer? ¿Boicotear la decisión y que tu hijo sea el único de clase que no tiene libro? ¿Comprarlo en un gran almacén, fotocopiarlo y devolverlo? ¿Hacer desobediencia civil? ¿Desescolarizar? ¿Organizar una revuelta? ¿Una manifestación a las puertas de la editorial? Bueno, en esto último ellos siempre pueden decir que ponen el precio que quieren a sus libros y que no obligan a nadie a comprarlos… Pero, entonces, ¿a quién dirijes tu queja? ¿A la profesora? ¿Al Director del colegio? ¿Al Ministro de Educación?

Se trata claramente de un abuso de poder, un robo a mano armada. Lo mismo que la ley, que obliga a cambiar los libros cada cuatro años (el Real Decreto 1744/1998). De esta forma los libros no pueden pasar de unos niños a otros ni tampoco entre hermanos. No podría encontrar una demostración más clara de que el Estado sirve a los intereses del oligopolio editorial de este país. Somos un público cautivo muy jugoso para ellos.

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Fragmento de “Los anarquistas españoles” de Murray Bookchin

 

La vida no domesticada tiene riesgos

La vida en libertad, salvaje, no domesticada tiene riesgos. El principal riesgo es el de morir en la infancia, no llegar a adulto, lo que le ocurría casi a la mitad de los niños. Esto, nos guste o no, ha sucedido en casi todas las culturas hasta hace muy poco. Yo solamente puedo aportar las pruebas de algunos libros que he leído:

Pero aún hay más. También en el mundo primate en libertad hay una mortalidad infantil muy alta, mucho mayor que la humana, ya que solamente el 27% de los machos nacidos y el 41% de las hembras llegarán a superar los 15 años, o lo que es lo mismo, morirán el 73% de los machos y el 59% de las hembras antes de llegar a ser adultos.

Como vemos, todos los mitos en torno a paradigmas originales o continuums de lo humano tienen que tener en cuenta también el lado oscuro, el lado feo y trágico de la existencia: la muerte. Yo desde luego reniego del despotismo ilustrado y del ansia de control total y abusivo sobre la vida, pero tampoco quiero ver morir a la mitad de mis hijos, así como tampoco quiero abusar de los antibióticos, de las técnicas que contaminan nuestras aguas o de la rapiña de los recursos por las que se pelea en las guerras actuales. En mi humilde opinión, estas son las arenas movedizas sobre las que se mueven los problemas filosóficos más acuciantes del momento, dentro de esa eterna polaridad entre la libertad y la seguridad.

Sobre la mortalidad en sociedades de cazadores-recolectores he traducido algunos fragmentos de este artículo de los antropólogos Michael Gurven y Hillard Kaplan, que contiene tanto datos objetivos como interpretaciones ideológicas:

Pg. 6: “En la Tabla 2, vemos que de media el 57%, el 64% y el 67% de los niños que nacen sobreviven a la edad de 15 años entre los cazadores-recolectores, forrajeros-horticulturalistas, y cazadores-recolectores aculturizados.”

Pg. 11: “Es interesante remarcar cómo el ambiente protegido de la cautividad afecta a los perfiles de la mortalidad de los chimpancés (Dyke et al.1995). La cautividad aumenta la supervivencia infantil y juvenil enormemente, del 37% que sobrevive a la edad de 15 años al 64% que lo hace en cautividad, siendo esta última cifra similar a las medias humanas. Sin embargo, mientras la proporción de supervivientes a la edad de 45 años aumenta siete veces, del 3% en la vida salvaje al 20% en la cautividad, sigue siendo solamente la mitad de alta que para los humanos que viven en condiciones premodernas. La diferencia entre los chimpancés y los humanos después de la edad de 45 es incluso mayor, con una esperanza de vida adicional para los chimpancés en cautividad de solamente 7 años, como un tercio de la esperanza humana. Parece que los chimpancés envejecen mucho más rápido que los humanos y mueren antes, incluso en ambientes protegidos.”

Pg. 22: “La violencia y la guerra son variables entre los grupos. Los Agta, Ache, Yanomamo y Hiwi tienen altos niveles de homicidio, que afectan a varones adultos desproporcionadamente. El homicidio es bajo entre los Hadza, Tsimane y los aborígenes del Territorio Norte. Los Aché muestran un alto nivel de homicidio, aunque mucho de él es infanticidio, asesinato de niños y resultado de escaramuzas con los Paraguayos rurales. El infanticidio es bastante alto entre los Ache y los Yanomamo, ocasional entre los !Kung y Tsimane y raro entre los Hadza. Los niños más susceptibles de ser víctimas de infanticidio incluyen los nacidos con defectos obvios, que son percibidos como débiles, gemelos, y aquellos de dudosa paternidad. Parece probable que las muertes violentas decrecen con el aumento de la intervención del Estado y la influencia misionera en muchos grupos de pequeña escala a lo largo del mundo (e.g., Agta, Ache, Aborígenes, !Kung, Yanomamo). La composición de las muertes accidentales varía entre los grupos, incluyendo caídas, ahogamientos en los ríos, depredación animal, envenenamientos accidentales, quemaduras y perderse en el ambiente.”

Bibliografía:

Mortalidad en sociedades de cazadores-recolectores: http://www.anth.ucsb.edu/faculty/gurven/papers/GurvenKaplan2007pdr.pdf

Mortalidad primate: http://www.eva.mpg.de/primat/staff/boesch/pdf/jour_hum_evo_mort_rate.pdf

http://www.eva.mpg.de/documents/Elsevier/Hill_Mortality_JHumEvo_2001_1556100.pdf

Si lo dice Silvia Federici…

Silvia_Federici

“Esta perspectiva no consigue desafiar el orden económico mundial que es la raíz de las nuevas formas de explotación que sufren las mujeres. También la campaña de denuncia de la violencia contra las mujeres, que ha despegado en los últimos años, se ha centrado en la violencia física y la violación en el entorno doméstico en línea con las directrices de la ONU. Pero ha ignorado la violencia inherente al proceso de acumulación capitalista, la violencia de las hambrunas, las guerras y los programas de contrainsurgencia, que han allanado a lo largo de los años ochenta y noventa el camino para la globalización económica”. Pg. 109 de “Revolución en punto cero”.

https://www.traficantes.net/sites/default/files/pdfs/Revolucion%20en%20punto%20cero-TdS.pdf

División jerárquica mente-cuerpo

platónFrancis_Bacon,_Viscount_St_Alban_from_NPG_(2)

He escuchado esta entrevista a Patricia Soley-Beltrán y me he quedado con este fragmento:

9.26-10.19 “Cómo asociamos determinados sentidos al cuerpo masculino y femenino. La masculinidad se asocia con la razón, la feminidad con la emoción y entonces tenemos razón-emoción, masculinidad-feminidad, cultura-naturaleza, productivo-reproductivo, activo-pasivo, objetivo-subjetivo… En realidad hay que hacer así (levanta una mano y baja la otra) porque jerárquicamente está puesto por encima. Esto es una historia que aparece con Platón, Platón echa a las mujeres de la ecuación, del camino del conocimiento, y se asienta con Francis Bacon, un pensador científico decide que la mente, la penetración como metáfora, la mente identificada con lo masculino que penetra a la Naturaleza, la domina, la objetifica, la subyuga”.

Pero Platón y Francis Bacon solamente eran dos hombres concretos, no son “los hombres”. Y, por otro lado, el patriarcado, por lo que tiene de “arcado” mantiene por definición la relación jerárquica ente los dualismos, los opuestos o los complementarios, pero cualquier tipo de “arcado” o de Poder lo haría así.

Enlaces de interés:

 

 

 

 

No estamos adaptados para vivir en este ambiente

“Taller, línea de ensamblaje, máquina, tarjeta de fichar, horas extra, salario./
Me han entrenado para ser dócil./
No sé gritar o rebelarme,/
cómo quejarme o denunciar,/
sólo cómo sufrir silenciosamente el agotamiento” Xu Lizhi

 

El otro día, leyendo fragmentos del libro de Michel Odent “Do we need midwives?” (“¿Necesitamos matronas?”) tuve una especie de pequeña “revelación”* que me atreví a compartir en uno de los debates de las jornadas del “III Foro Libre de Maternidad de Vía Láctea” en Asturias. Lo que quise expresar allí es lo siguiente:

Hoy nos encontramos en mitad de un gran problema evolutivo de adaptación o, más bien, inadaptación al medio. La mecanización y la industrialización han traído beneficios pero también nuevos problemas, algunos de ellos incluso ponen en peligro la mera existencia de la especie. Uno de los principales conflictos es que no estamos adaptados para esos nuevos entornos creados como pueden ser los del trabajo asalariado mecánico y rutinario, el aislamiento, la falta de vida social y convivencialidad, estar sentados durante 8 horas frente a una pantalla de ordenador, el metro, la falta de contacto con la Naturaleza… No hemos evolucionado en un entorno así y lo peor es que no es posible adaptarse a ello. Tenemos dolores musculares, emocionales, espirituales, físicos, las llamadas “enfermedades de la civilización”, fobias, obesidad, anorexia, y un larguísimo etcétera.

La realidad es que nuestro entorno es totalmente artificial, es antinatural. A veces se dice, en textos feministas, que el mundo está adaptado al hombre (al varón). Cuando leo eso siento escalofríos por todo el cuerpo. Es totalmente falso. El mundo actual está hecho a la medida de los avances tecnológicos, de las herramientas, de las máquinas industriales e informáticas. No está hecho a escala humana ni a la medida de lo humano. Desde que nacemos se nos trata como máquinas u objetos porque se parte de la premisa de que somos los humanos los que nos tenemos que adaptar al sistema y no al revés.

También en el ámbito de la autodenominada “crianza respetuosa” se tiende a pensar que el mundo está adaptado a los adultos, a los padres, y no a los bebés, que no saben si viven en el Pleistoceno o en el siglo XXI. El gran error de este planteamiento es pensar que los padres sí están adaptados cuando tampoco lo están. Ellos también se encuentran en un entorno que va contra su propia naturaleza humana** que necesita amor, libertad, vínculos fuertes, aire y comida limpia, etcétera.  El mundo actual no está adaptado al ser humano, pero ni a los mayores ni a los pequeños. Está adaptado a las máquinas, ellas sí son el centro. Lo que nos lleva a la misma conclusión: como el ser humano no puede adaptarse al maquinismo del ambiente se espera que seamos los seres humanos los que nos adaptemos a un mundo robotizado. ¿Y cómo se hace eso? Convirtiéndonos nosotros mismos en robots.

No hay otra decisión más importante para la especie humana en estos momentos que la siguiente. O nos convertimos en ciborgs, en robots, y nos adaptamos al entorno, o cambiamos el entorno y lo humanizamos para adaptarlo a las necesidades básicas de lo humano o incluso de lo vivo. O nos robotizamos o volvemos a un medio más natural. No hay más. El ser humano es un animal, quizás un animal algo especial, pero un animal al fin y al cabo. Hoy nos encontramos en el camino entre el animal y la máquina. Estamos mutando o, más bien, nos están haciendo mutar y nosotros nos dejamos. En este post de Prado Esteban ella habla de “la granja humana” porque lo que hacen las mentes pleclaras que dirijen el mundo de la política y las finanzas desde el despotismo ilustrado es eso, tratarnos como ganado. Pero, ¿es que acaso el ganado no es tratado como una máquina de hacer leche y carne en el mundo industrial?

La vía por la que está comenzando esta curiosa mutación es la de los móviles. Hoy todo el mundo tiene un teléfono con conexión internet, cámara de fotos, grabadora y disco duro. Es un verdadero ordenador personal al alcance de la mano. El paso siguiente es fusionarnos con él y hacerlo carne de nuestra carne, que sea parte de nuestro propio cuerpo. De manera simultánea ya se está experimentando con pequeños simios transgénicos y también, en el ámbito de la reproducción artificial, con la selección genética de los embriones humanos. Es muy probable y, no sabemos cómo, todos estos caminos vayan confluyendo hacia una nueva especie.

Y esto, no será obra de cuatro señores conspirando, que puede que también, sino que la propia lógica o dinámica interna del desarrollo tecnológico humano nos llevará a ello, con lo que estaríamos frente a una terrible paradoja: el ser humano tendería siempre a morir de éxito en sus avances tecnológicos.

Quizás la cuestión clave esté en aquel concepto del que hablaba Ivan Illich, el del umbral y el de los límites de ciertas herramientas, que comienzan siendo medios y terminan siendo fines en sí mismas. ¿No hemos llegado ya al momento en el que tendríamos que estar, en lugar de investigando en deshumanización, explotación, dominio y o viajes a Marte, tratando de solucionar los problemas de nuestra casa, la Tierra? ¿No deberíamos pararnos, dejar de inventar nuevas herramientas y nuevas tecnologías y, con lo que ya sabemos y ya tenemos, intentar mejorar la vida en este planeta, sabiendo que nada es unidireccional y que cuando solucionas un problema, estás creando otro, quizás para más tarde? Por ejemplo, el uso de los antibióticos nos ha permitido salvar vidas pero su abuso está causando muertes por la vía de la resistencia creada a los mismos por las bacterias. Lo mismo podemos decir de la contaminación de los ríos por el uso y abuso de drogas recreativas y medicamentos.

Ya hay investigadores como Eduald Carbonell, el paleontólogo de Atapuerca, que defienden estas ideas transhumanistas, como en esta entrevista:
“En ‘El naixement d’una nova consciència’ también habla de ‘la revolución científicosocial humana’. ¿Qué será?
– Será la creación del nuevo hombre, el paso del homo sapiens al homo ‘ex novo’. Seremos capaces de crear robots tecnobiológicos a los que dejaremos las categorías humanas más sólidas: la perseverancia, la solidaridad, la inteligencia, la no territorialidad y la organización horizontal. Todavía es ciencia-ficción pero es una de las pocas esperanzas que nos quedan…”

El problema del ciborg es que necesita electricidad, baterías y energía. Dado que nos encontramos en pleno pico del petróleo vemos como una vez más no existe “máquina” más perfecta que la creada por la propia fuerza de la Naturaleza.

La antropóloga Amber Case en su charla TED define al ciborg como un organismo al que se le añaden componentes para que pueda adaptarse a ambientes nuevos y aporta el ejemplo del astronauta en el espacio, un humano en un entorno para el que no está adaptado. Sin embargo, esto es una verdad a medias, ya que la realidad actual es justo la contraria a la del astronauta. Nuestros abuelos y bisabuelos sí estában adaptados al entorno en el que vivían dentro del ámbito rural o al menos, mucho más adaptados que nosotros a la ciudad y la vida actual.  Hubo decisiones políticas detrás de esas “inadaptaciones” del mismo modo que hoy en día es el marketing el que nos intenta persuadir una y otra vez de que tengamos ordenador, tablet y móvil. Y nosotros las compramos y las usamos, siendo copartícipes de esta mutación sin poder alegar que son otros los que nos dirigen por tal o cual camino, como a ganado.

Odent parece terminar su libro, si es que le he entendido bien, diciendo que de alguna forma tendríamos que aceptar la mortalidad natural porque la medicina va a terminar matando a la especie humana, lo que constituye de nuevo una gran contradicción, ya que se supone que la medicina tiene como función curar y no matar. La pregunta es, ¿hay vuelta atrás? ¿Debería haberla? ¿Estamos dispuestos a asumir el sentido trágico de la vida? ¿Asumir la histórica mortalidad “natural” infantil del 50%? Yo desde luego no la acepto, pero tampoco puedo aceptar un mundo de seres deshumanizados y robotizados, que finalmente es también otra forma de mortalidad, la muerte de lo humano.

Demasiadas preguntas. En una de mis escapadas durante las jornadas pude visitar el Parque de la Prehistoria de Taverga tomé un pequeño apunte de uno de los paneles del museo que no sé muy bien si viene al caso del tema tratado pero intuyo que sí: “No obstante, los dos en sus investigaciones paralelas (André Leroi Gourhan y Annette Laming-Emperaire) pusieron en evidencia la existencia de un sistema binario reflejo de la dicotomía universal del pensamiento humano”.

*En realidad, “revelación” para mí, ya que hay mucha gente reflexionando sobre estos temas de forma pública. Pienso, por ejemplo, en John Zerzan, salvando las distancias y los puntos de vista divergentes, claro...

**El concepto de “naturaleza humana” es bastante escurridizo y tiene una contrapartida muy fuerte en el coste de la supervivencia en libertad. Los que sobreviven quizás tengan una vida completa pero mueren muchos por el camino. ¿La domesticación implica quizás un énfasis en la “cantidad” versus la “calidad”? Ver post: http://www.lasinterferencias.com/2016/07/21/la-vida-no-domesticada-tiene-riesgos/

Fragmentos del libro “El útero artificial” de Henri Atlan

Fragmento del libro “La procreación artificial” de Jacques Testart

Las aplicaciones de teléfonos “Inteligentes” promovidas por el Ministerio de “Igualdad” y Telefónica nos harán “Libres”

La vida no domesticada tiene riesgos

 

Duelo eterno

En la vulnerabilidad

se reabre la herida.

Eres la cicatriz que nunca desaparece.

Eres el duelo que nunca termina.

Nuestro cordón umbilical

lleva la marca del verdadero pecado original,

que no es otro que la horfandad.

Nuestro linaje

se alimentó de la fruta del córtex

y engordó a base de lujuria monetaria

mientras nos abandonaba a la intemperie

de los cestos sobre el río,

los botes de leche condensada

o entre los muros de un piso del extraradio.

Allí se quedó llorando nuestro amor,

bajo la única supervisión de un aparato de televisión

y con la única compañía de un llavero escondido en la mochila.

Te fuiste del Facebook

Te fuiste del Facebook

y ahora me pregunto dónde estás

o qué estás haciendo en este momento,

si quizás estás mirando un atardecer real,

conversando en la calle

o dando la teta.

Quitaste las cookies de tu blog

y tampoco tomas estadísticas.

Ahora me pregunto dónde estás,

si hay forma de seguirte

o si desde tu eremitismo digital

nos has olvidado.

Tiraste el móvil por la ventana

y te vi saltar de gozo.

Ahora me pregunto

cómo eres capaz de quedar con tus amigos,

si es que todavía te queda alguno.

Me pregunto por qué no te importa

si te leen o no,

y por qué te has convertido

en profeta del ascetismo cibernético.

Te fuiste del Facebook

y tengo que decirte algo.

No te asustes,

pero la rara, la loca y la inadaptada eres tú.

Alice y Martin Miller

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Soledad, aislamiento, rotura de vínculos intergeneracionales y horizontales.

Emigración, persecución y La Gran Guerra.

Falta de maternaje durante el parto y puerperio por parte de la abuela, hermanas, tías, amigas y la comunidad.

Miedo al parto y falta de apoyos en la lactancia.

(Y se me olvidaba, porque está implícito y no menos importante: la violencia obstétrico-pediátrica).

Malos comienzos…

Esto es todo lo que me evoca este pequeño fragmento de “El auténtico «drama del niño dotado»” de Martin Miller, en el que habla de la relación que tuvo con su madre, la gran investigadora de la infancia polaca Alice Miller. Así le contó su madre cómo fue su nacimiento en 1950, cuando ella y su marido estaban en plena redaccion de su tesis doctoral en Suiza:

“Cuando llegó el momento y comenzaron las contracciones, me fui al Hospital Cantonal de Zúrich. Tenía mucho miedo al parto. En el paritorio me dio un ataque de pánico y regresaron todos mis antiguos miedos. Me sentí totalmente indefensa y, en ese momento, se pararon de repente las contracciones. Pasarían tres días hasta que pude realizar un nuevo intento de traerte a este mundo. Durante esos días, paseé por la zona de Zürichberg (un área residencial de la ciudad de Zúrich), atormentada por un enorme sentimiento de culpa y por mi miedo de haber fracasado como madre. Me sentía sola ante mi destino. Nadie me apoyaba, ni siquiera tu padre. Por fin, las contracciones comenzaron de nuevo y naciste sano. Esta vez el parto transcurrió sin dificultades, pero, apenas habías llegado al mundo, comenzaron las primeras complicaciones: me sentía desbordada contigo, un niño desvalido, y tú tampoco me lo ponías fácil. Te negaste desde el primer momento a engancharte a mi pecho. Eso me entristecía mucho. Me sentía decepcionada, porque mi hijo me rechazaba a mí y al amor de madre que quería darle. Decidí extraerme leche que tú bebías en pequeñas dosis”.

Es raro el autor que se atreve a hablar sobre la relación con su madre, mucho menos cuando todavía está viva. Pareciera como si hubiera que respetar el silencio hasta su muerte, para proteger su memoria o no dañarla mientras pudiera sufrir o, peor aún, dar su propia versión de los hechos. Pero, por otro lado, una vez muerta ya no puede defenderse de las acusaciones del hijo. Martin Miller, hijo de Alice Miller, la famosa investigadora de la infancia y escritora, no es una excepción a esta regla no escrita. Sin embargo, él sí reivindica la verdad y valía de la obra de su madre que él mismo aplica con filtros y aportes propios en su práctica como psicólogo.

La biografía del hijo

Estamos ante un libro lleno de aristas y matices. No es fácil escribir sobre él, supongo que porque nos interpela y provoca preguntas en nosotros mismos sobre nuestras biografías y las de nuestras madres, padres, ancestros. Creo que lo más aconsejable es ceñirnos a los hechos, en primer lugar, empezando por lo que Martin recuerda de su infancia:

  • Martin Miller nace en 1950. Su madre le cuenta que tuvieron que dejarle con “una conocida”. La explicación a posteriori fue: “Como tu padre y yo estábamos ocupados con la tesis y apenas había espacio en la casa para criar a un niño al mismo tiempo, tuvimos que dejarte con ella”.
  • Lactancia materna. ¿Por qué decía Alice Miller que su hijo no quería tomar leche materna? Según Martin, esa experiencia marcaría el resto de su relación porque ese patrón siguió reproduciéndose con otros temas. En la interpretación del hijo, sin embargo, me parece que hay una contradicción. Él afirma que su madre no soportaba que él tomara sus propias decisiones, como rechazar su pecho, pero que a la vez no soportaba las necesidades de simbiosis de un bebé con su madre. Es probable que, como otros tantos bebés y mamás, los comienzos de su lactancia fueran difíciles y duros por el entorno en el que se encontraban. ¿Qué hubiese pasado si hubiera aparecido un ángel de la lactancia, una mujer con experiencia que con cariño le hubiera observado una toma y le hubiera dado algún truquillo para mejorar el agarre? No sabemos qué ocurrió esos primeros días pero ese puerperio suena muy duro y conflictivo, como tantos y tantos otros hoy en día, donde nacemos en ambientes totalmente antilactancia (incluso aunque el discurso sea prolactancia). La realidad es que, a pesar de que ella lo viviera así, su hijo no la rechazaba a ella como madre. Su hijo, como todos los bebés al nacer, quieren estar con su madre.
  • Martin relata que esta “conocida” le trató mal durante las dos semanas que estuvo con ella hasta que llegó su tía Ala a salvarle. Hubo muchos llantos, gritos y casi la muerte. ¿Qué se le pasaba por la cabeza a Alice Miller para desvincularse de su hijo de esta forma? ¿De dónde partía esa desconexión y esa falta de empatía? ¿Quizás era una forma de sublimar la frustración y no sufrir? ¿Una huida? Martin apunta varias hipótesis a lo largo del libro.
  • Después de este segundo mal comienzo Martin viviría en casa de su tía, su auténtica salvadora, y su familia durante su primer año de vida. Sus padres eran extraños para él.
  • En 1956 nace su hermana Julika con síndrome de Down. Según Martin, esto supuso otra crisis de pareja. Como “solución” les dan en acogida a los dos. Martin estaría fuera desde los 6 a los 8 años en un “hogar para niños”. Un tercer “mal comienzo” y más distancia y frialdad.
  • A los 8 años vuelve a casa y de nuevo se siente extraño en su propia casa. Sus personas de referencia serían “miembros del servicio, doncellas y niñeras” y encima siempre cambiantes, según él, porque su madre no soportaba que él se apegara más a ellas que a su propia mamá. Es decir, Alice Miller se comportaba como el perro del hortelano, que ni se vincula a su hijo ni deja que se vincule con otras.
  • Su padre era encantador y violento en momentos diferentes e imprevisibles. Le pegaba cuando ella no estaba y, según él, su madre era cómplice porque lo permitía y, además, estaba todo el día ausente en su mundo del psicoanálisis. “Yo no tenía la sensación de que a mis padres les interesara lo que me sucedía”, afirma. Llama la atención que, a pesar de que el violento era el padre, Martin Miller haya escrito un libro sobre su relación con su madre. Es como si la relación materno-filial fuera muchísimo más visceral e imprescindible que la otra. Le dolía más la distancia y desvinculación de su madre que los golpes y la actitud del padre.
  • Con 17 años pidió él mismo irse a un internado católico con mucha disciplina. Paradójicamente, se sentía allí mejor que en casa.

El libro continúa con las peripecias de su relación a lo largo de los años, en especial marcados por los intentos de control de la madre sobre el hijo y los enfados cuando él elegía su propio camino vital. Fue una relación con idas y venidas, con distanciamientos y acercamientos durante muchos años, hasta el suicidio o muerte programada de Alice Miller el 14 de abril de 2010.

La biografía de la madre vista por el hijo: Alicija Englard

Martin Miller, como hijo, ha reconstruído a través de su propia investigación y se ha explicado a sí mismo con este libro lo que él cree que le pasaba a su madre, a las diferentes Alicias que vivían en ella en cada momento de su vida. Es un viaje a través de la construcción de la identidad y la biografía entremezclada con la época histórica que les tocó vivir.

La primera Alicia es Alicija Englard, su primer nombre, el apellido de su padre y su nombre polaco. Nació en una gran familia extensa judía en Piotrków, un pueblo de Polonia, en la que convivían tres generaciones bajo el mismo techo llenos de lujos, para la época. El patriarca, el abuelo, Abraham Dov Englard, tenía una tienda de “artículos para el hogar” que iba muy bien, el equivalente quizás de lo que ahora llamamos “un chino”. En la generación de los hijos, cada uno de ellos tomó caminos diferentes en cuanto a nivel de religiosidad y liberalidad. El padre de Alicija se llamaba Meylech y fue el que siguió el camino marcado por su padre, también en cuanto a religiosidad.

El patriarcado no era una pantomima teórica en esa casa, se hacía carne en cosas tan concretas como que Meylech no pudiera elegir a su esposa y fuera elegida por el abuelo Abraham, a pesar de que él estaba enamorado de otra mujer. Frustración. El patriarcado genera muchas frustraciones y sufrimientos, que se encarnan también en la crianza y en el vínculo con los hijos, a lo largo de las generaciones. El abuelo eligió a Gutta, la mamá de Alice Miller. Como le dijo una de las primas a Martin cuando se documentaba para el libro: “No los unía ningún vínculo emocional y durante toda su vida vivieron como dos extraños.” De nuevo vemos como en el libro hay mucha gente que se siente extraña dentro de su propia familia, que sienten que no encajan y que no les une nada a las personas con las que tienen que convivir. Parece como si una gran mentira y un gran teatro sobrevolara todas las relaciones.

En esta parte del libro también vemos cómo toda la familia de Abraham, sus hijos y sus parejas, pertenecían a la clase media-alta y tenían personal de servicio, criados, que realizaban las labores de cuidados. Estas tareas, por tanto, no las hacían las mujeres de la familia. Esto no es un detalle baladí, es un elemento importante que ha caracterizado la psique de muchas personas en nuestra sociedad. El pensar que los cuidados y la limpieza de la casa son tareas menores, subalternas, que no dan estatus ni prestigio y que, por tanto, lo ideal es que sean realizadas por gente “inferior” ya sean esclavos, en otras épocas, o trabajadores domésticos, es un elemento clave de nuestra civilización. Todo el que “se lo puede permitir”, lo primero que hace es pagar a una asistenta para que limpie su casa. Esto es posible porque el dinero que uno gana por hora de trabajo es superior al que paga por la limpieza de su hogar, si no, no saldría a cuenta. Esto es todavía más importante cuando de cuidados infantiles se trata. Desde la mirada de las élites y las clases altas, el cuidado de los hijos ha sido tarea de nodrizas y criadas, como ya vimos en el artículo sobre Simone de Beauvoir y su cuidadora Louise, no de las madres biológicas.

El que la crianza haya sido considerada una carga y un trabajo manual penoso e impuro a evitar en determinados ámbitos sociales dice mucho del mundo que hemos heredado en cuanto a prioridades vitales se refiere, comenzando porque el dinero o el poder como fin en sí mismo ha estado por encima de los vínculos íntimos y las sensaciones/emociones que ellos nos reportan. Pareciera como si esa escala de valores se nos clavara en los huesos, en la piel, en las entrañas y nos dijera: “Tú no eras suficientemente bueno para que yo te cuidara. Yo tenía cosas más importantes que hacer. Tú estás por debajo en mis prioridades”. Esta triste verdad nos bautiza desde el nacimiento en la percepción de nosotros mismos como algo imperfecto, ausente, carente, culpable. No tenemos autoestima ni una imagen de nosotros como alguien de valor, alguien digno de amor y de cariño que merece ser cuidado en primer lugar por nuestra madre y también por personas del entorno íntimo y horizontal en un ambiente de apoyo mutuo y no de intercambio monetario. Y esa carencia, la gran carencia la volcamos en todo tipo de adicciones sustitutivas: alcohol, drogas evasivas, televisión, fútbol, prensa rosa, Facebook. La volcamos en todos los grandes pecados capitales. Todo esto ya no es patrimonio de las élites y las clases altas ya que gracias al sistema productivo la externalización de los cuidados fuera de la familia es también la norma en la gente corriente.

Alicija, según su prima Irenka, era una niña muy inteligente, rebelde y solitaria, una niña que estaba todo el día leyendo libros y planteando preguntas. No se adaptaba a lo que le había tocado, el judaísmo ortodoxo, y se empeñó en ir a una escuela polaca. No se sentía a gusto en su casa y prefería estar en casa de su tía, judíos liberales o no religiosos. Una vez más, una persona que se sentía extraña en su propia casa. Durante un tiempo, cuando tenía 9 años, se fueron a vivir a Berlín hasta que Hitler llegó al poder, lo que trastocó su vida allí y tuvieron que volver a Polonia.

El desafío que Alicija planteaba a las ideas religiosas judías son válidas también para otras religiones como el catolicismo o el islam (que pertenecen a la misma rama) u otras. Ahora mismo en muchos lugares del mundo hay niños y niñas desafiando con total legitimidad todo lo negativo recibido de las generaciones anteriores. Creo que Martin pasa un poco de puntillas sobre este aspecto ya que a él le educaron en el catolicismo y le pasó lo contrario que a su madre, no pudo tener ningún contacto cultural con el judaísmo que siempre fue mal visto en su casa. Ahora de adulto pareciera como si lo echara de menos y sintiera que tiene que salir a defender esa religión denostada por su madre obviando que seguramente ella tenía argumentos de peso para cuestionar sus fundamentos y rebelarse contra un Dios que se atreve a decirle a un hombre, curiosamente llamado como el abuelo de Alicija, Abraham, que matara a su hijo en sacrificio para demostrarle su sumisión. Todo ello para después decirle: “¡Que no! ¡Que era una broma!”

Hitler y el nazismo: Alice Rostovska

El nazismo perseguía a los judíos y Alicija era, por tanto, una perseguida que además negaba el judaísmo como ideología “opresora, agobiante y misantrópica”. Ser una perseguida por una etiqueta identitaria de la que, además, reniegas y rechazas en tu propia vida tuvo que ser especialmente traumático. Pero durante su infancia, como explica Martin Miller, la opresión subjetiva que ella sentía como verdaderamente real era la del judaísmo familiar, no la opresión externa y social del nazismo.

La persecución más fuerte llegó cuando comenzó la guerra, con la invasión alemana de Polonia. Es en ese momento cuando nace Alice Rostovska, nombre falso que usó para sobrevivir en Varsovia entre 1941 y 1945, un nombre de polaca “no judía”. Alice fue capaz de salvar y esconder a su madre en el campo y a su hermana en un convento católico. Y es también en este momento cuando entra en escena el personaje tenebroso de “el chantajista” y cobra especial relevancia el hecho de que su madre, en lugar de ser un elemento protector o nutricio, constituyera una amenaza y una pesada carga para una casi adolescente como ella: “Asimismo, mi madre acusaba a su madre de haber terminado en manos de un chantajista que amenazaba con entregarlas a los invasores alemanes. Una y otra vez me contaba cómo había tenido que darle sus perlas, la “última joya”, para pagarle. Y que eso había sido culpa de su madre. Más tarde, cuando escribía este libro, me pregunté si eso había sido así. Alice Rostovska era entonces una mujer muy joven y sospecho que el chantajista no estaba sólo interesado en sus joyas y en su dinero.”

Ahí lo deja a nuestra imaginación. No sería extraño que hubiera vivido violencia sexual, como tantas otras mujeres en todas las guerras, pero no lo sabemos y es aventurado especular. En otro momento del libro dice que el hombre que la extorsionó y acosó durante la guerra era de la Gestapo polaca y que se llamaba Andrzej, como su futuro marido.

La inteligencia de Alice Miller fue lo que hizo que ella y su familia lograran salir del gueto de Piotrków y evitaran el destino de los campos. Contactó con la organización clandestina del guetto y consiguió un pasaporte falso. Alice Rostovska se convirtió en un personaje a interpretar para Alicija Englard, una interpretación dramática. Como le contó a su hijo, tuvo que matarse para sobrevivir en Varsovia, autocontrolarse y vivir bajo un estrés extremo de ser descubierta como impostora durante su etapa en Varsovia. Tuvo que autoconstruirse una nueva identidad falsa que negara todo su pasado y, peor aún, sus vínculos, como la relación con su mejor amiga del colegio a la que tuvo que decir que no la conocía de nada cuando se vieron. Todo el mundo era un potencial enemigo que podía denunciarla, lo que supondría su asesinato inmediato. Además, había extorsionadores profesionales sin otra cosa que hacer. Estas vivencias suponen un estrés brutal y constante. Son cortisol en vena. Son la activación de los mecanismos más básicos y primales de la supervivencia humana durante demasiado tiempo. Y tienen unas consecuencias vitales, en ella y en las generaciones siguientes.

Pero aún hay más… Martin Miller no sabía nada más de lo que ocurrió en esa época en su familia pero, al escribir el libro, se ha enfrentado a esa parte de su pasado ancestral y ha recompuesto el puzzle con sus investigaciones. Ahora sabe que sus bisabuelos, Abraham Dov Englard y su esposa, acabaron en un tren hacia el campo de concentración de Trevlinka y murieron allí gaseados. Meylech, el padre de Alice, murió en el gueto de Piotrków por problemas de salud, sin renunciar a su propia identidad, para bien y para mal, lo que también tuvo que suponer un gran impacto en Alicija que, entre el enfrentamiento y la huida, eligió una mezcla de ambos. Es patético que a día de hoy exista todavía gente que niegue la persecución, explotación esclavista y asesinatos de judíos y otros colectivos por parte del nazismo.

Con 21 años, en medio de la única revuelta de organizaciones clandestinas polacas que hubo contra los alemanes, logró escapar junto a su hermana y pasarse al lado ruso, donde trabajó en un hospital militar, conviviendo con los resultados de la violencia bélica y todo lo que nos podamos imaginar que sucede en un hospital de este tipo.

Los lazos de sangre de Alicija Englard

Hubo un momento clave en su vida en el que podía haberse ahorrado todas las penalidades de la guerra y la persecución si hubiese escapado con la familia de sus tíos. Sin embargo, el deber de la tradición y los lazos de sangre suponían seguir la responsabilidad de permanecer con sus padres biológicos y su hermana y salvarlos, a pesar de ser ella misma una adolescente. Antes de suicidarse, renegó de esta decisión y confesó que se arrepentía de haberla tomado, pero desde fuera parece lo más ético y valiente que pudo hacer. Escogió la salida difícil, la que le unía a sus lazos de sangre más íntimos, a pesar de que no les amaba. En teoría, hizo “el bien” pero le hubiese gustado haber hecho “el mal”. Las grandes paradojas de la vida…

Toda su vida vivió con el miedo al nazismo, incluso cuando este ya no era un peligro cotidiano para ella: “Tenía mucho miedo de que me detuvieran en algún momento por haber ocultado mi identidad judía con un nombre falso. Durante décadas tuve miedo de que pudieran venir los nazis y encerrarme en un campo de concentración. Era una idea tan insoportable que decidí traicionar mi propia identidad”.

Alice Miller, la esposa de Andreas (Andrzej) Miller

Martin Miller recuerda los maltratos de su padre, profesor de sociología, como algo impredecible. Recuerda que sus padres siempre estaban discutiendo y tenían una dinámica destructiva entre ellos. Su madre le contó que Andreas (se cambió también el nombre al irse a vivir a Suiza) era muy celoso y también la había perseguido en Polonia hasta “conquistarla”. Ella ganó una beca a Suiza y él hizo lo posible para que se la dieran también, a pesar de ella. Después la mantuvo a su lado a base de chantaje emocional.

El mundillo del psicoanálisis de Suiza fue para ella una liberación y la búsqueda del “cuarto propio” que, como muchas veces sucede, se construye a costa de los cuidados de otra persona que te lo limpie y adecente. Es cierto que en estos casos se libera la mujer del marido, pero ¿qué pasa con el hijo? ¿Se la libera también de él? ¿Por qué le abandona? La sensación de secuestro emocional que vivió con su marido tenía un paralelismo con el secuestro del acosador de la Gestapo. Te protege pero le debes obediencia. Lo que viene a ser la definición del patriarcado legal en los códigos civiles, como bien explican Prado Esteban y Félix Rodrigo Mora en el libro Feminicidio.

Los traumas de la guerra se encarnan en los vínculos. Pero no son los únicos…

Podría hablar de más aspectos del libro pero me parece que lo esencial del mismo es ese descubrimiento una vez más de la divergencia entre la teoría y la práctica, del discurso y la acción. ¿Cómo una de las personas más lúcidas a la hora de estudiar la infancia y los vínculos con los padres pudo tratar así a su propio hijos? ¿Para qué sirve tanta lucidez si en lo verdaderamente importante, que no es escribir un libro sino criar a un hijo, no estamos presentes? Martin Miller creo que piensa que fueron los traumas de guerra los que dañaron su relación con su madre. Esto no dudo que sea cierto en gran parte,  pero creo que obvia otra dimensión del problema, los traumas sociales y culturales del entorno. Ya antes de la segunda guerra mundial había libros que promovían la total desconexión del instinto de protección y cuidado de las madres respecto a sus hijos (ver mis artículos sobre Luther Emmett Holt y demás). Las mujeres han tratado bien y mal a sus hijos, incluso han practicado el infanticidio en multitud de ocasiones y en todo tipo de culturas. La ambivalencia maternal humana es normal y es una realidad, pero esa desconexión tan característica que destila el libro de Martin Miller es propia del siglo XX, tiene unos elementos exclusivos del momento que vivieron y todavía muchos de sus pilares siguen en pie en la Europa del siglo XXI.

Martin Miller creo que debería estudiar, además de los acontecimientos históricos que influyeron en su familia, las costumbres de crianza asociadas a los nuevos modos de producción, a la industrialización, el colonialismo, el capitalismo, la biopolítica de esos momentos. Y a la vez, otro elemento nada desdeñable, como es desde el nacimiento del Estado en Mesopotamia y en otras culturas estatales de la esclavitud, la servidumbre, el papel de la prostituta, la nodriza, la criada, el esclavo. Los bebés de las elites del poder y las clases altas han sido criados por las madres de las clases populares. Esto es fundamental y merecería muchos días de reflexión profunda, una reflexión que todavía queda por hacer, ya que no ha sido un tema importante para nadie. No lo fue para Freud, criado por su nodriza Resi Wittek. No lo fue para Marx, al que le cuidaba y cocinaba a él, a su mujer y a sus hijos, su criada-sierva Helene Dumuth, con la que además tuvo un hijo del que se desprendieron. No lo fue para Simone de Beauvoir, criada por Louise y no por su madre. No lo fue para Virginia Woolf, a la que cocinaba y limpiaba su sirvienta Nellie Boxall. No lo fue para Rousseau, que abandonó a sus cinco hijos nada más nacer en un orfanato estatal. No lo fue para María Montessori, que dejó a su hijo Mario con una nodriza sin nombre a las afueras de Roma. No lo fue para Wilhelm Reich, que tenía otras cosas más importantes que hacer que estar con su hija Eva, criada por su cuidadora Mitzie.

Dice Oliver Schubbe, en el epílogo del libro: “La generación de posguerra vivió las consecuencias psíquicas de la guerra en sus padres y las repercusiones en la sociedad. Los niños experimentaban los sentimientos de los padres, sus señales no verbales a través de la mirada o del contacto físico. Pero los padres no eran capaces de explicar a sus hijos el origen real de estos sentimientos o señales. Y este silencio dejó a los niños solos con sus preguntas: ¿por qué se lo tenían que comer todo? ¿Por qué no podían tirar las cosas? ¿Por qué sus padres no los querían coger en brazos? ¿Por qué sancionaban su rabia infantil? ¿Por qué no podían expresar intensamente sus sentimientos? ¿Por qué sus padres no se tomaban en serio sus preocupaciones infantiles? ¿Por qué nadie los consolaba? ¿Por qué sus padres no respondían a sus necesidades? ¿Por qué sus padres estaban tan descentrados o preocupados? ¿Por qué tenían ellos, ya de niños, que asumir una función o una responsabilidad en la familia? ¿Por qué parecían tan importantes la seguridad, la decoración de la habitación, los juguetes, el dinero de bolsillo, los viajes y todo lo que no habían tenido sus padres?”

Volviendo a estas latitudes y a la época en la que nos ha tocado vivir, quizás va siendo hora de que revisemos el impacto psicológico de la Guerra Civil y el franquismo en nuestras familias a través de las generaciones y también la otra parte, de la que no habla Martin, la cultural. Tenemos que hablar del impacto del éxodo, la diáspora y la aculturación de nuestros abuelos y bisabuelos en el abandono del campo a la ciudad; del impacto de criar en soledad entre cuatro paredes, todo el día un adulto con un niño, sin más vida social ni más apoyo, sin familiares que puedan permitir que las madres se echen una siesta, sin “alomadres”; tenemos que hablar del aislamiento y el agotamiento; del dolor de dejar al bebé en la guardería con cuatro meses; hay que hablar de cómo influye el trabajo asalariado en cómo criamos a nuestros hijos y la alienación que rezuma de todas esas teorías de crianza y todas esas etiquetas grandilocuentes con las que nombramos nuestra forma de relacionarnos con nuestros bebés.

Carta a Alice Miller: “Feminismo”

Haz lo que digo pero no lo que hago: Jean Jacques Rousseau y Thérese Le Vasseur

Louise, cuidadora de un bebé llamado Simone (de Beauvoir)

Lazos de sangre

El origen de los estilos de crianza actuales

El origen de los estilos de crianza actuales (2ª parte)