Charla-taller en El Jardín de Momo sobre Bebés “Sin” Pañales

EL 17 de marzo a las 17h estaremos dando una charla-taller en El Jardín de Momo (calle Ventorrillo 11. Metro Embajadores). Si os interesa, apuntaros en el e-mail eljardindemomo@gmail.com para ver si formamos un grupillo:

BEBÉS “SIN” PAÑALES
En este taller, explicaremos la teoría pero estará enfocado hacia la práctica, basándonos
en diferentes libros y nuestra propia experiencia:
•¿Qué es eso de Bebés “sin” pañales?
•¿Es posible la vida sin pañal?
•¿Cómo sé cuándo necesita hacer pis y caca?
•¿Cómo le explico que puede hacerlo en el orinal/palangana/w.c.?
•¿Cuál es la postura?
•¿Cómo empiezo?
•¿Se adaptará a mi forma de vida?
•Dudas, preguntas y experiencias.
Es respetuoso con las necesidades del bebé, no hay ni coerciones ni presiones y crea un
vínculo de comunicación entre padres y bebés. Se puede hacer sin pañales, con pañales
desechables, con pañales de tela, a tiempo completo o parcial. Lo ideal es empezar en
algún momento entre el nacimiento y los 6 meses.
El taller lo impartirá Tania, una mamá que lo practica desde que su hijo tenía 7 semanas
creadora de www.lacasitadealgodonales.com
Fechas: 17 de febrero
Precio:GRATUITA

Libros sobre “Bebés sin pañales” #3: Laurie Boucke.

Hoy quiero hablar sobre el libro más completo a nivel antropológico y documental sobre lo lo que la autora llama en inglés “Infant Potty Training” o lo que en castellano ha sido traducido en alguna ocasión como “Control temprano de esfínteres”. Lo cierto es que tras un título algo feo y desafortunado, en mi humilde opinión, se esconde información muy valiosa y trascendental.  Además, parece que se encuentra en proceso de traducción al castellano y se publicará muy pronto en nuestro país. ¡Espero poder ofrecéroslo pronto en lacasitadealgodonales.com!

La autora descubrió que podía responder a las necesidades de evacuación de su bebé después de que una amiga hindú le explicara cómo lo hacen en su país, donde no usan pañales. Pero no sólo se lo explicó sino que se lo mostró en vivo y en directo con el hijo de Laurie: la amiga captó cuándo el bebé necesitaba hacer pis, el bebé entendió a su amiga y, como tenía ganas, lo hizo encima de un recipiente.

El libro explica cómo funciona esta práctica, qué tipo de señales hacen los bebés antes de orinar y defecar, cómo ententer los horarios y patrones y cómo crear asociaciones entre el hecho de evacuar con una onomatopeya, una postura fisiológica o un signo. Como ya expliqué en la reseña del libro de Ingrid Bauer, en la obra de Laurie Boucke se habla de conductismo sin rodeos pero también se deja claro que quedarse ahí es simplificar demasiado, ya que de serlo, yo todavía sigo reflexionando sobre ello, se trata de un condicionamiento mutuo de la diada madre-bebé o, para ser más exactos, adulto-bebé. Además, sería un conductismo comunicativo y no coercitivo, como una conversación o una posibilidad, nunca como una imposición. ¿Diríamos que cantar una nana para dormir a un niño es conductismo? Pues eso. Mirar esta práctica desde los ojos de Pavlov es ponerse unas gafas etnocentristas que explican pero a la vez distorsionan.

Realmente, la parte que más me ha gustado, además del bloque de diferentes experiencias de familias occidentales, es la parte antropológica, donde va país por país, explicando cómo se practica. ¿Y adivináis qué es lo más sorprendente? Que algo tan similar se lleve a cabo desde Uganda hasta Vietnam pasando por el Polo Norte. Es verdad que las señales del bebé son muy parecidas en todo el mundo pero las posturas y las onomatopeyas cambian con las culturas, quizás en algún lugar se anime al bebé a hacer pis con un “sssss” y en otra con un “shu, shu”. Lo que suele ser común en todas las culturas es no dar ninguna importancia a lo que en Occidente llamaríamos “accidentes”, simplemente se limpia con normalidad, incluso con humor. Por supuesto, también existen culturas muchísimo más restrictivas y autoritarias, aunque parecen las menos, ya que sólo he visto un ejemplo en el que se utilizara la violencia para aprender el control de esfínteres: el pueblo Tanala de Madagascar y el estudio es de los años veinte del siglo pasado.

Por supuesto, no en todo el mundo “sin pañal” se relacionan con las evacuaciones del bebé de la misma forma. De hecho, la autora divide a todas las sociedades en tres tipos: las que simplemente apartan al niño del cuerpo del adulto cuando comienza a evacuar para no mancharse (en el libro se recogen muchos ejemplos de este tipo, sobre todo de tribus y culturas tradicionales americanas), las que activamente le ponen en el lugar que elijen cuando saben que lo necesita o está a punto de hacerlo y, una tercera posibilidad, que sería una mezcla de las dos según el niño se va haciendo mayor.

Además de la parte antropológica que me apasiona, el libro aporta una dimensión histórica dentro de la propia cultura occidental, con información sobre los métodos crueles y centrados en los esquemas estrictos del adulto, que obligaban a los niños a evacuar cuando “había que hacerlo”.  Al parecer, en el siglo XIX, en determinados ambientes, se realizaban prácticas muy agresivas con los niños, como dejarles en el orinal durante mucho tiempo hasta que hicieran caca, o usar enemas y otras salvajadas para que lo hicieran cuando el padre quería.

Aunque el libro no dice nada de esto y son reflexiones de mi cosecha, entiendo que ese tipo de aproximaciones agresivas son fruto de la influencia de la industrialización y sus horarios rígidos, jerarquías y autoritarismo. Algo parecido (aunque no exactamente igual) a los horarios impuestos a la lactancia y que tan desastrosos efectos han tenido sobre la experiencia de mamás y bebés. Supongo que la cultura industrial siempre ha tendido a la deshumanización o a la robotización del ser humano.

La dimensión histórica del libro deja claro que lo que se hace en otras culturas no tiene nada que ver con lo que se hacía en Occidente hace un siglo. Se trata de adaptarse y conocer las señales y horarios del niño (sobre todo en referencia a su alimentación y el sueño), no de imponerle los nuestros.

Lamentablemente, se asoció la edad temprana de los bebés con esas prácticas agresivas y los pediatras que en los años 50 liberaron a los niños de estos métodos metieron todo en el mismo saco. Ese fue el origen de la aproximación actual occidental al aprendizaje en el uso del orinal: no empezar nunca antes de los 18 meses y esperar a que el niño esté “preparado”, ya que se supone que antes de esa edad el niño no tiene ningún tipo de control. Como sabemos, esto contradice la experiencia de millones de bebés y familias de todo el globo. De todos modos, una cosa es el “control total independiente” tan ansiado y cotizado en occidente y otra bien diferente es ayudar en el momento presente a tu bebé a evacuar en un lugar más limpio y cómodo que un pañal (ya sea separándolo de tu cuerpo o sugiriéndole que lo haga en un orinal o taza del w.c.).

Por este motivo, creo que el título puede llevar a ciertos equívocos, ya que en realidad no es un método para dejar el pañal, aunque poco a poco los necesites cada vez menos. De hecho, con los recién nacidos o los bebés de pocos meses simplemente se recoge la orina en un recipiente en lugar de en un pañal. Después, el bebé aprende a relajarse cuando le pones (no a aguantar, porque todavía su cuerpo no se lo permite). Y posteriormente, como ve que respondes a sus señales, avisa de forma más activa y clara, y sabe para qué son sus músculos. Después, aprende a ir al baño cuando tiene ganas, pero cada niño a su tiempo.

Os recomiendo que si estáis “embarazados” o tenéis un bebé de pocos meses deis alguna que otra oportunidad a esta práctica ancestral, adaptándola a vuestra forma de vida, sin agobios y poniéndo el acento en la conexión con el bebé.

Para leer la reseña sobre el libro de Ingrid Bauer y Christine Gross-Loh haz click en sus nombres.

Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de 10 meses.

Me he decidido a escribir hoy la crónica mensual sobre nuestra experiencia porque ayer ocurrió algo bastante inusual. Yo debía de estar distraída porque no me enteré de nada y Félix hizo un poco de caca en el pañal. Al ver que era solo una bolita, le puse en el w.c. y allí hizo más hasta que se quedó a gusto. Después, él siguió jugando y yo seguí cocinando sin mayor historia.

Lo cierto es que es poco habitual, ya que aunque ahora habían cambiado un poco sus horarios, siempre me daba cuenta de cuándo lo iba a hacer por sus señales, como soltar y coger el pezón en la parte final de la toma. Creo que hacía por lo menos 5 meses desde que pasó algo parecido, porque me acuerdo que era en la época en la que estábamos con lactancia exclusiva y las cacas eran todavía líquidas. En realidad todo esto es tan sólo una anécdota para ilustrar lo fácil que puede ser conocer a tu hijo en este aspecto y lo poco que se sabe de esto en nuestra cultura. Por lo menos con las cacas, los pises es otra historia…

Aunque no gatea del todo, sí se desplaza por la habitación dando pasos hacia adelante, reculando y volviéndose a sentar. Está muchísimo más activo que hace un mes y no para quieto ni para que le vista (¡odia ponerse camisetas!), ni para ponerle un pañal, ni casi para mamar. En seguida quiere incorporarse y descubrir qué hay por la habitación. Por supuesto, ir a hacer pis también es un número porque agarra la tapa del w.c. o se pone a dar golpes contra la calefacción que tenemos al lado de la palangana, o abre el grifo y lo cierra si le estoy lavando en el bidé… ¡Pura diversión!

Está claro que quiere tener algo con que entretenerse en las manos y jugar todo el tiempo. Por eso, intento tener un “orinal” o algún tipo de recipiente en todas las habitaciones de la casa para no tener que desplazarnos y así poder seguir jugando con lo que estuviera en ese momento.

También he visto que ya tiene 10 meses y si le pongo con la misma frecuencia que cuando tenía 8 o 9 o se queja o no hace nada o juega con lo que sea, pero siempre indicándome que no tiene ganas. Creo que lo que está expresando es que ya ha crecido un poco, que su vejiga también y que confíe en sus nuevas señales, mucho más explícitas, y me guíe menos por horarios. Ahora sólo le ofrezco oportunidades de hacer pis cuando realmente estoy segura de que tiene ganas o porque me grita o llama mientras está jugando. Desde luego, prefiero que moje pañales a que pueda sentirse presionado de alguna manera o piense que su madre es una loca obsesionada con ponerle a hacer pis, jeje.

He visto un gran cambio en nuestra comunicación, en este sentido, ya que antes sólo reconocía las señales de antes de hacer caca y las de pis sólo por la noche. Incluso el otro día paró de jugar en el suelo, me miró con mirada suplicando y gritó “Mamaaaaaaaaaa”. Una de dos, o bien quería bracitos o tenía ganas de hacer pis, así que le ofrecí lo segundo y orinó. Supongo que ha sido una mezcla de casualidad e intuición. Algo parecido nos pasó con la palabra “Agua”. Lo dijo claramente y miró el vaso, aunque nunca sabremos si solo fue el azar. Nosotros, por si acaso, le dimos agua y bebió un montón. Tengo la sensación de que sí sabía lo que quería. Creo que si tiene alguna utilidad asociar la micción con el sonido “psssssshhhh” es esa, que luego ellos puedan comunicarse con nosotros haciendo esa onomatopeya para avisarnos de que quieren ir al baño. Si respondemos a sus intentos de comunicación los niños ganan confianza y comunican todavía más. Si no les hacemos caso, dejan de señalar.

Mojamos bastantes menos pañales (2-4 al día) y lo noto porque antes a veces tenía días de ir un poco apuradilla con que se lavaran y se secaran a tiempo cerca de la calefacción. ¡Y eso que tengo pañales como para unos 20 cambios! Ahora veo que me sobran un montón limpios en el cajón. Como mi objetivo al hacer esto no es que sea totalmente independiente para ir al baño sino que aprendamos a comunicarnos y pueda avisarme para que yo le ayude el tiempo que haga falta, me llena de satisfacción saber que no ponemos tanta lavadora, con el consiguiente ahorro energético y de recursos naturales.

Últimamente, los pañales o pantalones (si le tengo sin pañal) se mojan porque estoy haciendo algo importante y no le puedo poner en ese momento, aunque sepa que lo va a hacer. Si viviera con una familia extensa, y no pasara el día sola con él, otra persona en ese momento se hubiera ocupado de ponerle, como suele ser habitual en China o India, donde los abuelos juegan un papel muy importante. Es lo que tiene adaptar esta práctica ancestral al mundo urbanita occidental del siglo XXI, donde las madres muchas veces criamos solas entre cuatro paredes. Bueno, hasta que llegan los papás por la tarde…

También, al pasar los meses, noto que me voy relajando mucho con la crianza en general y mis expectativas auto-impuestas. ¡Y la verdad es que disfruto mucho! Por supuesto, siempre hay alguna “noche loca”, como digo yo, pero esos momentos de desesperación pasan y el día siguiente suele ser bueno. Lo importante creo que es saber parar y pedir ayuda cuando nos vemos sobrepasados, en cualquier circunstancia de la vida.

Sigo utilizando pañales cuando salimos, a veces con cobertor impermeable y otras sin, para que vaya más cómodo y su piel transpire mejor. Me llevo siempre un pantalón y un body en el bolso por si se mojaran. Y es que, realmente, ¿hay mucha diferencia entre lavar un pañal de tela y un pantaloncito? Yo creo que no.

Por las noches seguimos igual, se medio despierta (se agita pero con los ojos cerrados) varias veces cuando le entran ganas de hacer pis y se vuelve a dormir. Cuando necesita mamar también lo indica quejándose hasta que le doy la teta. El papá antes se ocupaba del bebé por la noche pero por motivos familiares tiene que madrugar más durante este mes y me estoy ocupando yo. La verdad es que es cansado pero lo es todavía más si no le ponemos a hacer pis porque entonces se despierta del todo al sentirse mojado y, aunque nos avise para que le cambiemos el pañal, le cuesta volver a dormirse.

En facebook escribí hace unos días: “Después de habernos independizado de los pañales desechables, de las toallitas de supermercado (sustituidas por papel o agua en el bidé + aceite de almendras ) y estar en proceso de usar cada vez menos pañales de tela, ahora toca… ¡Liberarnos de los productos de limpieza industriales! Por fin me he lanzado a probar el agua con vinagre para fregar y parece que la cosa marcha. Cuantas menos necesidades creadas, más libertad”. Y es que, descubrir que adultos y bebés podemos cooperar para estar limpios sin depender de grandes multinacionales me parece todo un logro, mucho más que aprender o no a ir al baño solo en una determinada edad.

Muchas veces pienso que si el mundo industrial cayera de un día para otro no sabríamos sobrevivir de lo dependientes que nos hemos convertido en artículos de consumo de todo tipo. Creo que el renacimiento que están teniendo prácticas como hacer punto, coser, cocinar y todo el movimiento “hazlo tu mismo” caminan en ese sentido: recuperar nuestra esencia y la creatividad que un día este sistema nos robó. Y con ella, recuperar lo que nos quede humano y no el engendro pasivo, dependiente, consumista, ignorante, superficial y aburrido en el nos quieren convertir vía colegios, trabajo asalariado, publicidad, caja tonta, supermercados, premios y castigos, ejércitos, cárceles… No sabemos cultivar, no sabemos cómo se hacen las cosas que usamos, no sabemos cocinar, no sabemos hacer nuestra ropa. Y por otro lado, “necesitamos” un móvil, una tele, un coche para ver a nuestros familiares que viven en la otra punta de la ciudad y un avión para visitar a los que viven en la otra punta del continente.

Con todo esto no quiero decir que nosotros mismos no seamos responsables de la situación actual y seamos meros agentes pasivos en manos del poder. Creo que nos hemos vuelto muy vagos (yo la primera) y en nombre de una falsa comodidad hemos caído en demasiadas trampas. Recuperar la independencia y los saberes tradicionales que sí nos interese recuperar (sólo los positivos y respetuosos), como el de los bebés sin pañales, es parte de ese camino hacia la libertad.

 

NOTA: Se recomienda empezar a practicar la Higiene Natural del Bebé antes de los 6 meses porque después les hemos acostumbrado a hacer sus necesidades en los pañales y no les gusta hacerlo en ningún otro sitio. Nosotros comenzamos cuando Félix tenía 7-8 semanas. En algunas culturas empiezan al año y también les va bien. Si tu hijo es mayor de año y medio, se recomienda olvidarse de la Higiene Natural del Bebé (aunque puede haber aspectos adaptables) y enseñar a tu bebé de la forma habitual en nuestra cultura, con el método respetuoso y no coercitivo que elijas.

Puedes seguir nuestra aventura en el siguiente mes (11 meses): http://www.lacasitadealgodonales.com/blog/?p=506

Crianza sin complejos.

No soy relativista, creo que hay cosas mejores que otras, para los bebés, para las madres, para los padres y para el medio ambiente. Si no puedo darle a mi hijo lo que considero que es lo mejor, pues no se puede, pero procuro no autoengañarme y reconocer que algunos días hago cosas que no me gusta hacer, quizás obligada por circunstancias externas, por falta de información, incluso por egoismo o pereza… (intento que no sea así, por supuesto…). Pero también tengo claros algunos principios inquebrantables, como atender sus necesidades, no dejarle llorar sin consuelo y darle leche materna hasta que los dos queramos y podamos. Coincide que además de ser principios son placeres diarios.

A veces, mis elecciones se dirigen hacia lo más sencillo. Otras veces requieren más esfuerzo, pero las tomo porque creo que es lo que tengo que hacer. Más allá de ahí, lo que mejor nos funciona es la flexibilidad, sin atarnos a dogmas o teorías pediátricas en las que tengamos que encajar a priori bebés y padres.

Por ejemplo, me encanta portear, llevar cerquita a mi bebé y ha sido lo más práctico durante los primeros meses y sobre todo, viviendo en un tercero sin ascensor. Por no hablar de los llantos al atardecer que hemos consolado y relajado porteando… Pero también tengo un carrito heredado que nos viene fenomenal en multitud de ocasiones, por ejemplo si sé que vamos a un restaurante y se va a echar una siestecita, si voy a la compra, si cogemos el coche… Ahora usamos el meitai y carrito para salir, dependiendo de la circunstancia, y fular dentro de casa para dormirle. ¡Estoy deseando que llegue el buen tiempo para pasear y portear a la espalda sin tantas capas de ropa!

En cuanto a la alimentación complementaria, le intenté dar papillas a los seis meses, vi que no quería nunca y probamos un mes después a que él mismo cogiera la comida que le preparábamos en trocitos. Como vimos que le encantaba, seguimos. Nunca le dimos trozos grandes de comida por miedo a que se atragantara y, como tampoco se trata de sufrir nosotros, seguimos así, con trocitos pequeños. Ahora por las noches, sin embargo, sí toma papillas con ganas y nos es mucho más cómodo darle una de cereales.

Usamos pañales de tela pero también hemos utilizado desechables los primeros dos meses. De hecho, guardamos algunos en el armario, por si los necesitáramos algún día. Me encanta haberme independizado de ellos y no me gustan nada, por muchas razones (dermatológicas, medioambientales…), pero gusta tener algunos en la recámara. Algún día que he calculado mal a la hora de lavar los de tela, hemos tenido que usar algunos.

Como le ponemos a hacer pis y caca en el orinal cuando sabemos que lo necesita, cada vez mojamos menos pañales de tela, pero aún así, los usamos para salir a la calle y por las noches, por si acaso estamos distraidos. Cada vez que hace caca en el w.c. o la palangana (suele ser una vez al día), le lavo en el bidé con agua tibia para que se quede limpito. Por eso, con el tema de los baños nos relajamos bastante y le bañamos una o dos veces a la semana. Además, la piel de un bebé es demasiado sensible para estar en contacto con tanto jabón de forma diaria. De hecho, quizás sería suficiente sólo con agua.

Unos días le dormimos en brazos, otros en fular y otros en carrito. Dormimos los tres en la misma habitación, con cuna pegada a la cama, porque nos gusta. Cuando pase el tiempo y él crezca, reorganizaremos la casa y tendrá su habitación.

Así es como a nosotros nos va bien ahora. ¡Sin complejos y sin etiquetas aprisionadoras!

Libros sobre “Bebés sin pañales” #2: Ingrid Bauer

Acabo de terminar el libro de Ingrid Bauer en su traducción francesa, “Sans couches, c’est la liberté” (“Sin pañales, es la libertad”) y me gustaría contaros las reflexiones que me ha evocado.

El enfoque de la autora es bastante diferente al de Laurie Boucke o Christine Gross-Loh. Es un enfoque claramente dentro del paradigma de una crianza cercana (pone mucho enfásis en el disfrute y la importancia del piel con piel con los hijos recién nacidos), comunicativa y respetuosa.

He de reconocer que sus primeras páginas me provocaron algo de rechazo. Pensé que estaba idealizando su forma de criar y que podría parecer que tener un niño sin pañales es posible sin mojar ni una vez un pantalón o el suelo. Quizás fuera un prejuicio pero me daba la sensación de que quería mostrar al mundo que había alcanzado algún tipo de nirvana de la maternidad que le permitía entender a su bebé a la perfeción y en todo momento.

Pero menos mal que no dejé de leer, porque según iban avanzando páginas pude ver que sí, que era humana como el resto de los mortales, que utilizó pañales los primeros meses (aunque de forma no convencional) y que también mojó otras cosas que no fueran pañales. Bien, podíamos empezar a entendernos. Digo esto porque muchas veces, las mamás que praticamos la higiene natural del bebé nos “flipamos” y en un día de sincronización total escribimos algo que al día siguiente se derrumba. Hablo por mi misma y por otras experiencias que he encontrado en la red, en las que se dicen frases como “no volvió a mojar un pañal” después de un par de días, o cuenta los pocos pañales mojados que tiene cada día.

Por eso, me gusta que la autora ponga el énfasis en la comunicación y no en alcanzar la perfección, el control o la competitividad (aunque sea con una misma). Yo aún iría más allá. En las culturas en las que se practica algo parecido a la HNB no creo que el énfasis sea puesto ni siquiera en la comunicación o empatía con los bebés, sino por un mero sentido práctico de la vida. Es un poco como lo que ocurre con el porteo en las sociedades tradicionales. Allí no se portea porque hayan leído un libro con los beneficios de llevar cerca al bebé, o porque hayan oído hablar de vínculos y apegos. Simplemente, es lo que se hace.

Después de leer el libro me afianzo más en la convicción de que a la hora de promover la HNB hay que dejar claro que “sin pañales” no quiere decir saber anticipar cada una de las veces que tu hijo quiere hacer pis (los bebés suelen señalar de forma más clara cuando quieren hacer caca). Es decir, mojarás pañales si los usas (incluso quizás uses más en algunos momentos que otras familias porque le cambiarás en cuanto haya orinado), mojarás pijamas o pantaloncitos y tendrás algún que otro charquito en el salón (que limpiarás con un trapo de forma rápida y sencilla, por otra parte).

En las culturas en las que no se usan pañales o se usan muy poco, tienen otra relación con las evacuaciones de los bebés, no son tabú, no dan tanto asco o rechazo como aquí y se vive con estas cosas de forma mucho más relajada. No intentan “pillar” todo aunque evidentemente tienen una conexión mucho más estrecha con sus bebés y, como consecuencia, saben leer mejor sus señales. Pero, si se hacen pis encima, no se le da ninguna importancia. Por eso, ¡liberemos nuestras mentes! Es difícil dentro de nuestra cultura de la pulcritud y la comparación con otras madres, pero hay que intentarlo. Creo que ayuda pensar que esto lo hacemos por contaminar menos el medio ambiente y atender la necesidad de nuestro hijo en el momento presente.

Como dice una bonita metáfora del libro: “La Higiene Natural del Bebé es una manera de ocuparse HOY de las evacuaciones del bebé, cuando la necesidad se hace sentir, no es una preparación al uso futuro del orinal. Aprender a ir al baño es una consecuencia inevitable. Pero no es para nada el objetivo final de la Higiene Natural del Bebé, tal y como el destete no es el objetivo final de la lactancia materna”.

La parte más práctica comienza en la página 147 y es ahí donde explica en qué consiste la Higiene Natural del Bebé y cómo practicarla. En mi opinión sería por dónde habría que comenzar pero si ella lo ha hecho así, será porque considera que tenía que explicar algo importante antes. Las cuatro pautas básicas son:

–       Conocer los horarios y patrones de evacuación del bebé.

–       Aprender a leer las señales y lenguaje corporal del bebé. Mientras se consigue, las familias se pueden guiar por los horarios y anticiparse.

–       Intuición, que llega cuando se ha llegado a conocer bien al bebé en este aspecto. Es saber cuándo necesita evacuar y ponerle a hacerlo.

–       Sugerir al bebé con la postura, una onomatopeya, una palabra o un signo (inventado o de lengua de sordos).

Me llama mucho la atención la diferencias al aproximarse al tema entre los libros de Ingrid Bauer y Laurie Boucke. Mientras el libro de Laurie Boucke, que también me encanta y que comentaré en otra ocasión, habla de “infant potty training”, es decir, entrenamiento u aprendizaje para ir al baño, Ingrid Bauer habla de higiene natural.

Creo que se trata sólo de un matiz, porque es cierto que Boucke también tiene un enfoque respetuoso frente al niño, pero de un matiz importante, al fin y al cabo. De hecho, en relación al conductismo de esta práctica (sobre todo por el intento de asociar la evacuación a un sonido), en el libro de Laurie Boucke se recogen experiencias de padres y pediatras que hablan de forma clara y sin pudor de “condicionamiento” o de Pavlov (pg. 112, 119, 183, 234 de “Infant Potty Training”) y, en mi humilde opinión, de forma un tanto equivocada. Sin embargo, Bauer habla de “sugerir al bebé” con una forma de comunicación que él pueda entender, como si fuera una sugerencia o una pregunta. Por supuesto, ninguna de las dos aproximaciones promueven ningún tipo de coerción o presión pero de nuevo, el matiz es importante y me siento mucho más identificada con Bauer que con Boucke en este punto.

Muy bueno es el capítulo en el que explica la fisiología de la evacuación, cómo los bebés señalan cuando tienen ganas de hacer pis y caca y pueden relajar (no aguantar) antes de llegar al punto de no retorno.

Otro tema interesante del libro es la conexión que evoca entre la lactancia materna, la respuesta inmediata al llanto del bebé, dormir cerca del niño, el porteo o el contacto físico cercano y la Higiene Natural del Bebé. Según ella, forman parte de un todo y creo que tiene razón. En mi experiencia, una cosa te lleva a la otra de forma lógica, social e intuitiva. Si das de mamar a demanda, duermes al lado de tu bebé. Si no quieres que llore, le darás el pecho si sabes que tiene hambre o para calmarle por la noche. Si porteas, sabrás de forma mucho más sencilla cuando tiene ganas de hacer pis (se arqueará o querrá salir del fular). El porteo, a su vez, facilitará que el niño se duerma sin llorar. Después de darle el pecho sabrás que tiene ganas de hacer caca y le pondrás a hacerlo en el lugar que elijas… Es una gran madeja de relaciones tejidas con amor.

En definitiva, un libro apasionante sobre la forma de criar de una madre apasionante, una mujer especialista en comunicación no violenta. Después de leerlo, y de llevar meses practicando Comunicación de la Evacuación con mi hijo, siento que algunos de mis planteamientos se han renovado y he encontrado nuevas formas de conectarme con él. Por ejemplo, tengo ganas de volver a llevarle mucho más en brazos para notar sus necesidades mejor. También voy a intentar ser más empática conmigo misma, ya que en los últimos tiempos he caído varias veces en las mismas idealizaciones y ansias de “perfección” que tanto critico.

Ahora mi hijo tiene nueve meses (empezamos con siete semanas) y es cuando más lo estamos disfrutando, no porque cada vez sea más fácil entendernos, que también, sino porque he aprendido poco a poco a hacerlo sencillo.