Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de 16 meses

Me he retrasado un poco con la crónica mensual por el tema de las vacaciones pero aquí estamos de nuevo, con 16 meses y medio.

Ha habido días en los que no ha mojado ningún pañal, otros días uno y ahora llevamos una larga temporada de dos-tres diarios. Aún así, creo que merece la pena verle tan cómodo y saber a ciencia cierta que si se moja lo sé inmediatamente y le cambio. Con un pañal de tela con impermeable no lo vería hasta tiempo después y con un desechable, ni os cuento… ¿Para qué “empaquetar” al bebé todo el día para 5-6 veces que va a necesitar hacer pis durante 10 segundos?

Con 15 meses empezó a contestarme cuando le preguntaba cosas y también cuando le preguntaba si quería hacer pis. Dice “sí” o “no” pero nunca sé si realmente lo dice de verdad o a boleo. Desde luego, cuando dice “sí”, si que suele querer decir “sí”. Sin embargo, creo que a veces dice “no” y en realidad sí tiene ganas. Así que he decidido que si sé realmente que necesita hacer pis, no le pregunto, le pongo y le digo: “si quieres hacer pis puedes hacerlo ahora” y que él decida si hace o no, si se levanta o se queda en el orinal.

Ha seguido siendo mucho más fácil durante este mes ponerle fuera de casa que dentro, en casa muchas veces estaba jugando y no quiere parar. Yo lo respeto y lo intento más tarde. ¡Aguanta mucho más entre pises! Comparado con los 15 minutos de cuando empezamos con 2 meses, ahora aguanta unas dos horas, dependiendo de los factores: mañana/tarde, ha bebido mucho, acaba de comer, hace calor y suda…

Sé que son dos horas porque lo miré en el reloj. Aunque hasta ahora no he sido amiga de usarlo (me gusta más fiarme de la intuición), me he dado cuenta que a esta edad es útil mirarlo de vez en cuando y, cuando se van acercando las dos horas, estar más atenta a las señales o, si veo que no lo pide, proponérselo yo. Esto es especialmente útil si estamos en el parque, él está jugando y yo estoy leyendo (o intentando leer, jajaja) un libro. ¡Así no se me olvida!

Antes de esta edad la verdad es que creo que fiarse del reloj puede ser contraproducente y favorecer que los padres se centren demasiado en ponerle a hacer pis o se obsesionen. Ahora que, como en todo, si a alguien le va bien, que lo haga. Pero, ojo, quizás a tu peque no le vaya tan bien hacerlo cada x minutos de reloj y se rebele con una “huelga del orinal”. ¡No somos máquinas! Además, hay un peligro añadido, ya que los músculos de la vejiga se hacen fuertes si se hace pis con ganas, no cuando sólo se tienen cuatro gotas.

En cualquier caso, me he dado cuenta de que mi hijo no hace pis cada x tiempo de reloj sino que es algo progresivo. Por ejemplo: quizás al levantarse hace pis, después le ofrezco el orinal 30 minutos después, la siguiente vez ha pasado una hora, la siguiente quizás dos horas… Es decir, es progresivo a medida que te alejas de la última vez que se despertó, se alimentó o bebió. Por eso, creo que lo mejor es seguir el “tiempo intuitivo”, el tiempo que te va dictando tu conciencia mientras sigues con tu vida y las cosas que estás haciendo en ese momento (escribir en el ordenador, jugar con tu bebé, limpiar, ver la tele, leer un libro, pasear, comprar algo…). Cuando esa voz interior te habla y te dice: “hay que ponerle a hacer pis”, aunque no hayas detectado ninguna señal del bebé, hazlo. Seguro que sí lo necesitaba. Y, si no, ya te dirá lo dirá él.

He buscado información sobre cada cuánto van los niños más mayores al baño y he leído que un buen hábito es ir cada 2-3 horas cuando se tienen ganas y que, de hecho, una de las famosas “señales” de que están preparados para usar el orinal es que estén secos durante dos horas o más. Los adultos sanos, de referencia, solemos ir cada 3-4 horas.

Como nota curiosa sobre el tema de los tiempos, he notado que también va por fases y esta última semana ha vuelto a hacer pis mucho antes de las dos horas, quizás a la hora o así. Desconozco la razón, he leído que pueden influir los alimentos que ingiera, si son más o menos diuréticos, si tiene alguna intolerancia a algo…

He leído muchas experiencias de otros padres, sobre todo en blogs en inglés, con la Higiene Natural del Bebé o Elimination Communication (Comunicación de la Eliminación), como se suele llamar en el mundo anglosajón. Y, definitivamente, creo que hay una relación entre aprender a andar y la edad a la que las familias dejan los pañales por el día (si los usaban) y se pasan a las braguitas o calzoncillos.

Sé que hay bebés que dan sus primeros pasos con 9 meses y otros a los 17 meses. Y todo es normal y no hay que agobiarse, pero es interesante notar ese paralelismo entre aprender a andar y no mojar tantos pañales (con la ayuda de los padres, claro). Normalmente, cuando los padres dan el paso a la ropa interior es porque ven que se ha reducido el número de pañales para lavar y que no tiene mucho sentido seguir con ellos. Quizás antes, como en mi caso, el bebé ya iba mucho tiempo sin pañal en casa y durante muchas salidas iba sólo con la parte absorvente del pañal de tela. Esa fue mi transición, ya que aunque calan si se hace mucho pis, absorven un poquito y notas mojado el pantalón, pero sin charcos en el suelo, como cuando se hacen pis con calzoncillos/braguitas.

Cuando hablo de paralelismo, no me refiero a que anden perfectamente, de hecho, mi hijo no andaba, se movía apoyándose en los muebles cuando hicimos el cambio. El proceso de aprender caminar requiere tener un determinado tono muscular que puede que ayude mucho a la hora de mantenerse secos con nuestra ayuda, es decir, siguiendo sus señales y poniéndoles en el orinal en base a ellas y sus patrones.

Respecto a los horarios, he intentado darle más participación a las señales de mi bebé. Yo nunca fui capaz de leer sus señales cuando quería hacer pis (si es que las hacía) hasta ahora, que son más claras, y me guié mucho con ofrecerle y ver si quería o no. Ahora sí voy detectando que una de sus señales es quejarse y pedirme brazos, supongo que para que le lleve a un lugar donde pueda hacer pis.

Quizás alguien piense que puede pedir brazos por muchas cosas y, es verdad, pero yo conozco a mi hijo y ya conozco esa forma determinada de pedirlo. Es difícil de explicar pero seguro que muchas madres (y quizás también padres) saben lo que quiero decir.

A lo largo de estos 14 meses de practicar HNB ha cambiado mucho mi opinión sobre el tema. Antes pensaba que con un artículo de periódico era suficiente. Ahora veo que te puede ir bien, o te puede ir mal y lo dejes a la primera de cambio cuando surja alguna dificultad o una de esas famosas “huelgas del orinal”. Ahora sé que es importante leerse los libros y asistir a un buen grupo de apoyo, algo similar a La Liga de La Leche pero para la HNB, como DiaperFree.org en EEUU. Todavía no existe pero estoy segura de que dentro de poco, cuando más gente se anime a practicarlo con sus hijos, existirá también aquí. Es importante entender que no vivimos en China ni en India ni en Kenia. Allí forma parte de su cultura y se transmite de madres a hijas, de abuelos a padres, como queramos llamarlo. Aquí estamos solos con nuestro bebé, con un entorno que puede pensar que eres un friki por intentar prescindir de los pañales y con muchas ideas preconcebidas que no se ajustan a la realidad.

Hay una cosa que nunca he hecho y que leí en los libros sobre HNB. Es el tema de que cuando el niño hace pis encima, desnudo o con ropa, en casa o fuera, se supone que hay que llevarle al lugar apropiado y enseñarle de alguna forma que es ahí donde se hace, con la postura y las señales de los padres. Ahora pienso que esa forma tan relajada de hacerlo ha podido confundir a mi hijo y que, quizás, lo que le he enseñado es que se puede hacer el pis en un determinado lugar (orinal, palangana, w.c., arbolito) pero que también se puede hacer encima y está bien. Como todos sabemos, no es exáctamente así y me pregunto si mi hijo habrá captado ese mensaje en algún momento, es decir, si le estaré enseñando a hacer pis en el suelo. Ahora que ya tiene 16 meses, sí le explico muchas más cosas porque lo entiende todo.

Creo que es importante no atosigarle con ir al baño porque la capacidad de aguantar entre micciones y hacer menos veces pis es lo que estimula el crecimiento de su vejiga. Según he podido leer en un estudio sueco sobre urología infantil, sobre todo lo hace la capacidad de aguantar seco durante la noche  (“Bladder function and development in healthy neonates“). Por eso pienso, aunque quizás no sea muy científico y sólo sea mi humilde opinión, que ponerle más veces de las que lo necesita no es bueno. Está claro que te aseguras de que está seco, pero creo que no estás dando la oportunidad a su vejiga de que aumente de tamaño al ritmo natural. Es decir, hay que ponerle según SUS tiempos y patrones normales entre micciones, no solamente teniendo en cuenta los tiempos de los ADULTOS. Esto no quiere decir que si vas a hacer un viaje en coche, no se lo propongas antes de salir, pero el resto del día hay que adaptarse siempre al niño. Además, esta nueva perspectiva permite ver los pocos “accidentes” como algo natural, no como algo que el padre está haciendo mal o que no sabe “comunicarse” con su hijo.

Sus señales:

– Caca: por primera vez ha señalado verbalmente y con voluntad de hacerlo. No siempre, pero alguna vez ha hecho el gruñidito que le hacía su padre cuando le ponía y después ha seguido diciendo “puaghh, puaghhh”. ¿Quién le ha enseñado eso? Nos reímos muchísimo cuando lo hace. Otras veces simplemente le vas a poner a hacer pis y él aprovecha para hacer caca también. Este mes ha empezado a practicar a sentarse él solo en el orinal pero siempre como juego.

– Pis: muy pocas veces leo sus señales a tiempo. O bien se acerca corriendo a mi, como suplicando que le coja en brazos, o bien le veo que se pone de pie en algún sitio a modo de “balcón” y en ese momento se para y lo hace. Es raro porque como es un terremoto, cuando hay un pequeño silencio notas algo raro y una voz que te dice: “va a hacer pis ¡ya!” Como pocas veces llego a tiempo, me funciona más lo de proponerle cuando creo que lo necesita y, si no tiene ganas, me lo dice.

Un paréntesis de vacaciones:

Hemos estado 5 días por Cantabria y nos hemos llevado calzoncillos y pañales de usar y tirar. La ropa interior la hemos usado cuando nos parecía y la hemos lavado y tendido en la posada donde nos alojábamos. El resto del tiempo nos hemos olvidado del tema y le hemos puesto desechables.

Por las noches:

Con 15 meses ya llevábamos un tiempo en el que habíamos notado que no le gustaba hacer pis por la noche así que solamente le cambiábamos el pañal de tela sin cobertor o, si no llevaba, el empapador de debajo. Muchas noches, independientente de usar pañales de tela, desechable o nada, me veía cambiándole 3 veces en sus respectivos despertares. Sin embargo, una noche se despertó y mamó como siempre, y el pañal estuvo seco durante toda la noche. Le puse en la palangana una de las veces, incluso quizás no le hubiese hecho falta, y así hasta por la mañana. Después de esa noche, decidí no ponerle a ver qué pasaba y ¡voila! no necesitó hacer pis por la noche ni mojó pañales durante unos días. Pero esos días pasaron y volvimos a lo de siempre: despertares, pañales mojados y tomas nocturnas para volver a dormir.

En eso llegó agosto y las vacaciones del papá, con lo que nos pusimos con el famoso “plan padre”. Lo que hicimos es que yo me fui a dormir a otra habitación y ellos se quedaron en la cama grande. Cada vez que se despertaba, su padre le cambiaba el pañal si lo tenía mojado y le intentaba volver a dormir (con brazos, meciéndole o con el carrito). Si no funcionaba, me lo traía a la otra habitación y yo le daba de mamar. Si se dormía así, se lo llevaba dormido. Y si necesitaba movimiento, se lo daba él y se volvían los dos a dormir. ¡Y esta vez sí que ha funcionado! ¡Sin lágrimas! Dormimos muchísimo mejor los tres y así llevamos todo el mes.

El sueño de Félix cada vez es más profundo y, aunque moje el pañal, sigue dormido. Incluso se le puede cambiar el pañal sin que se despierte, cosa rarísima antes. Yo creo que han influido tres cosas:

– es más mayor.

– camina y gasta muchísima energía.

– duerme con papá.

Hoy, por ejemplo, se ha dormido tardísimo, a las 00h y se ha despertado para mamar y volverse a dormir a las 9h30. ¡Esto era impensable hace unos meses! Ahora solamente nos queda adelantar la hora de dormir, jejeje…

Hemos vuelto a usar de tela sin cobertor por las noches y fenomenal. Si hay algún pequeño escape, como usamos la sábana bajera impermeable, no hay problema, ponemos una toalla y ya está. Preferimos la comodidad a ponerle el cobertor. Y de los desechables, nada, ¡al baúl de los recuerdos! Alguna noche que los ha usado se moría de calor, se quitaba el velcro y acababan los dos mojados. Yo siempre he sido partidaria de la tela pero el papá prefería el de usar y tirar para por las noches. Ahora ha visto que con el de tela, que además es de corchetes, duermen muy bien.

 Fuera de casa:

Desde que empezó a andar hace un mes está que no para quieto. Va en ropa interior y llevo siempre en el bolso otro pantalón, otro calzoncillo y un pañal, por si las moscas. A pesar de que le voy poniendo a hacer pis por ahí y que no es lo normal, ha habido algún “charquito” que otro en el parque, encima de su padre, en una tienda de ropa y en un bar. ¡Pero los hemos limpiado tan rápido con un poco de papel!

Supongo que la gente le parecerá un poco extraño que no le pongamos pañales pero tampoco nos dicen nada… En cualquier caso, a mi me da igual. En nuestra sociedad el pis de los bebés es como tabú y tiene una carga emocional que no termino de entender. Espero que algún día se normalice y sea tan corriente como que a un niño se le manche la camiseta al comer.

Reflexiones a una semana de reincorporarme al mundo laboral asalariado.

Desde el Poder, en todas las épocas, se ha decidido si se desea fomentar la natalidad o reducirla, si las mujeres debemos ir a la fábrica o quedarnos en casa, si debemos tener muchos hijos, pocos o ninguno. Y el Poder ha intentado manipular nuestra vida de muchas formas: premios, castigos, subvenciones, impuestos, desgravaciones fiscales…

Premio Nacional de Natalidad de 1969 a la familia Ojeda Artiles

Hoy en día, existe una ayuda estatal para la madre asalariada que consiste en una desgravación de 100 euros al mes. Por otro lado, el cheque guardería para el curso 2013-1014 será de 100-160 euros mensuales según los ingresos.

Sin embargo, no hay ninguna ayuda para las madres o los padres que quieren tomarse una excedencia. ¿Por qué el Estado subvenciona la reincorporación al trabajo asalariado y no otorga la misma cantidad si decides cuidar de tu hijo tú misma? ¿Por qué no se abonan esos 200 euros directamente a las madres y padres para que ellos decidan cómo lo quieren gastar, si en una guardería, con los abuelos, un canguro o en casa?

Y mientras reflexionaba sobre este tema, me he topado con varias noticias sobre la subida de tasas de las guarderías que me han dejado bastante sorprendida:

“Desde la Junta de portavoces de la Plataforma Educación Infantil Pública, Carmen Ferrero, su presidenta, está muy preocupada por la subida (de entre 30 y 90 euros por niño): “Es gravísimo, muchas parejas van a tener que sacar a sus hijos de la pública. La Comunidad pretende que la mujer se quede de nuevo en casa, como antaño”.”

Carmen Ferrero piensa como yo, que el poder político influye en las decisiones personales. Sin embargo, yo discrepo en algo. Los niños no necesitan ir a la guardería, lo necesitan, si acaso, sus padres y sus circunstancias económicas. Y el hecho de no poder llevar a la guardería a tu hijo no es gravísimo, de hecho, lo mismo hasta es más feliz.

Lo que sí es grave es que en este sistema no haya opciones ni libertad y sean necesarios dos sueldos para llegar a fin de mes. Hasta ahora, al sistema le convenía que las madres siguiéramos dentro del mundo asalariado produciendo, consumiendo y endeudándonos junto a nuestros compañeros. Con la crisis esto ha cambiado y no es que favorezcan que las madres se queden “en casa, como antaño”, sino que retiran parte del apoyo económico a las guarderías, muchas de ellas concertadas, y fomentan un poquito menos que las madres nos reincorporemos cuanto antes a trabajar para otros.

La representante de Educación de CCOO, Isabel Galvín, ha afirmado que la CAM “desatiende a la infancia” y que se puede hablar incluso de una “generación perdida” porque los niños que se quedan sin educación infantil llegarán a primaria “en peores condiciones que sus compañeros”. 

Estas declaraciones todavía sorprenden más. ¿Se basa en algún estrafalario estudio científico o en pura inspiración divina? Dios mío, ¡alguien debe salvar a los pequeños que no han tenido la suerte de ir a la guardería! Bromas aparte, los niños que no van a la guardería no son una generación perdida ni llegarán a primaria en peores condiciones. Es más, aunque yo soy más bien partidaria de la desescolarización, se podría decir que en Finlandia a los 4 o 5 años menos de la mitad de los niños van a la guardería y ese país siempre está en los primeros puestos del informe PISA.

Lo de “generación perdida” es directamente un insulto a la inteligencia y al sentido común. ¿Han tenido que llegar las guarderías para salvar a los niños de sus propios padres y familiares? ¡Qué pena! El sentido común, nuestro corazón y nuestro instinto nos llevan a desear estar con nuestros bebés y cuidarlos. Lamentablemente, solo unos buenos ahorros o el salario de nuestro compañero nos permite independizarnos del mundo asalariado para poder criar a nuestras crías.

Cuando habla de “peores condiciones”, ¿a qué se refiere? Más bien es al contrario. Según el investigador Jay Belsky: “cuanto más tiempo pasan en guarderías, los niños son más agresivos y más desobedientes”. No es que la desobediencia me parezca mala, de hecho, la desobediencia contra la injusticia es el motor del cambio hacia un mundo mejor, pero sí es preocupante el aumento de la agresividad. Bueno, dado que estamos en un sistema de “sálvese quien pueda”, insolidario y competitivo, al final voy a tener que darle la razón a la señora Galvín. Efectivamente, la guardería prepara a los niños para lo que vendrá después (el cole) y para lo siguiente (el mundo asalariado), con sus horarios estrictos, su directividad, falta de imaginación, competitividad… Y dentro de ese contexto, la agresividad es un valor en alza, desde luego.

En todas estas entrevistas hablan los adultos porque los bebés mamíferos todavía no han aprendido a hablar y a dar entrevistas. A nadie parece importarles sus necesidades de amor, cariño y contacto físico, tan importantes como la alimentación o el sueño. Y de salud, ya que los niños que van a la guardería tienen el doble o triple riesgo de contraer enfermedades.

Eulàlia Torras de Beà, psiquiatra y psicoanalista, también lo tiene claro. ¿Qué necesita un bebé? : la cercanía cálida, constante y segura de sus amorosos padres.

Vuelvo al título del post. En una semana me reincorporo a tiempo parcial a mi anterior trabajo después de casi dos años. Mi hijo cumplirá los 17 meses siendo cuidado por su madre, su padre y sus abuelos. Si no tuviera la ayuda de mi suegra tendría que recurrir a una guardería, a una madre de día o replantearnos en casa la reincorporación y hacer cuentas. Si tuviera que llevarle a la guardería porque no me queda otra opción no me sentiría culpable, habría hecho lo que tenía que hacer. Pero en ningún caso me engañaría a mí misma pensando que está en el mejor de los lugares y que lo hago por él.

No creo que estemos haciendo las cosas bien. No creo en este Sistema.  Ya lo sabía antes de ser madre, pero tener un hijo me ha abierto los ojos a otras realidades que jamás me había cuestionado. El mundo mejor que muchos soñamos se construye desde la base, desde lo simple, desde el respeto a las necesidades de los bebés (las mismas desde hace miles de años), desde la empatía y desde el amor.

¿Qué se puede esperar de una organización social que no permite a los padres cuidar de sus hijos más allá de los 4 meses? Peor aún, ¿qué se puede esperar cuando los propios padres no son conscientes de su falta de libertad ni de la de sus hijos? Y mucho peor aún, ¿qué se puede esperar cuando en lugar de rebelarnos contra lo establecido nos lanzamos al autoengaño para no sufrir?

Yo no tengo clara cuál es la solución a estos dilemas. No creo que el Estado deba intervenir en la vida personal, pero no veo otra posibilidad más que alargar los permisos maternales y paternales. Esa petición tiene que partir de abajo hacia arriba, del pueblo, no de estrategas, políticos o demógrafos. Pero, primero, tenemos que enfadarnos y sentir la rabia creativa que permite que las cosas cambien.

¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

El zapatero remendón y su familia. Maître des Cortèges (S. XVII).

Estoy alucinando con la lectura de “La evolución de la infancia” de Lloyd deMause en la que se describen de forma muy documentada siglos y siglos de maltrato infantil. Desde luego, no siempre “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Bebés fajados, cuartos oscuros, azotes, abusos sexuales… ¿Era algo generalizado? ¿O los padres cariñosos y empáticos nunca dejan documentos que lo atestigüen? ¿Esa crianza desapegada y nada empática era solo propia de las clases altas o las clases populares también trataban mal a sus hijos? Siempre me quedará la duda después de leer esto:

http://www.psicodinamicajlc.com/articulos/evolucion_infancia.html#_ednref221

Aunque parece que también hay otras visiones de la infancia en el pasado, no sé si más cercanos o no a la realidad que el de DeMause: “De todos los libros sobre la infancia en otras épocas, el mejor conocido es quizá el de Philippe Ariès, Centuries of Childbood (Siglos de infancia). Un historiador ha señalado la frecuencia con que es “citado como las Sagradas Escrituras”. [18] La tesis central de Ariès es la opuesta a la mía: él sostiene que el niño tradicional era feliz porque podía mezclarse libremente con personas de diversas clases y edades y que en los comienzos de la época moderna se “inventó” un estado especial llamado infancia que dio origen a una concepción tiránica de la familia que destruyó la amistad y sociabilidad y privó a los niños de libertad, imponiéndoles por vez primera la férula y la celda carcelaria.”

Aunque no me gusta el análisis psicoanálitico de DeMauss (me parece muy subjetivo) sí me parece interesante leer los ejemplos y textos que ha encontrado. Muchas veces, las personas amantes de los temas relacionados con la crianza respetuosa tendemos a pensar que un par de generaciones antes de la nuestra sí se hacían las cosas bien, que hemos perdido algún tipo de conocimiento especial que nuestros antepasados sí tenían, etcétera.

Al idealizar otras culturas, la vida animal o el pasado, perdemos de vista que quizás hasta hace bien poco no se había llegado a la conclusión de que los bebés y los niños tienen unas necesidades y unos derechos. Otra cosa es que no se respeten, por voluntad propia o por las circunstancias sociales y laborales.

Yo sí que pienso que hay mucho que aprender del pasado, de los animales y otras sociedades, pero, como siempre, de forma crítica, reivindicando lo que nos pueda servir y desechando lo malo. Y, sobre todo, no confundir nuestros deseos con realidades. A veces el pasado no fue lo que nos hubiese gustado pensar, pero si es lo que ocurrió, hay que aceptarlo. El camino que nos espera es crear algo nuevo, ni volver atrás ni idealizar el presente ni pensar que el futuro será necesariamente mejor.

Lactancia solidaria

Acabo de descubrir una interesante iniciativa de intercambio de leche materna entre madres de forma altruista. Las mujeres se ponen en contacto y acuerdan tomar, mediante consentimiento informado, las medidas de seguridad que consideren apropiadas (análisis de sangre, encuestas sobre hábitos de vida, etcétera).

Siempre pensé que si esto no existía alguien tendría que inventarlo: https://www.facebook.com/LactanciaSolidariaEspana

Por supuesto, antes de recurrir a la leche de otra mamá lo lógico sería ir a un grupo de apoyo a la lactancia, a una matrona especializada en lactancia o a una consultora IBCLC, pero si realmente hace falta suplementar, ¿qué mejor forma de hacerlo que con leche humana de otra mamá sana?

En la web Human Milk 4 Human Babies podéis encontrar más información sobre cómo funciona este grupo en EEUU.  La FDA norteamericana critica este tipo de intercambios porque considera que no es posible garantizar la buena salud de la madre ni el estado de conservación de la leche donada. Lo cierto es que esas mismas advertencias son aplicables a la leche que damos a nuestros propios hijos y es importante vigilar nuestra salud y cómo congelamos y conservamos nuestra propia leche.

Ante todo está el buen criterio de las madres para conocerse y tomar las decisiones informadas que consideren. De hecho, en EEUU como hay más grupos locales, las mujeres se conocen cara a cara y se llegan a establecer hasta relaciones de amistad entre las familias. De hecho, lo ideal a la hora de donar es que los bebés sean de la misma edad, unos “hermanos de leche” en toda regla.

Por otra parte, el banco de leche del 12 de octubre necesita donantes YA para prematuros y bebés con patologías graves:

http://www.serpadres.es/bebe/lactancia-alimentacion/El-Banco-de-Leche-del-Hospital-12-de-Octubre-necesita-donantes.html

Nosotros seguimos con la lactancia después de 15 meses, aunque ya sólo toma en la siesta y por la noche. Ahora que han empezado las vacaciones del papá hemos comenzado el “método padre” para ver si puedo descansar mejor y reducir las tomas nocturnas (sin ofrecer ni negar las diurnas). Llevamos dos noches y la verdad es que está funcionando bastante bien y sin lágrimas. ¡Qué dure! Espero poder hablar de ello en otro post, por si a alguien le ayuda conocer nuestra experiencia.

Me hubiese gustado donar mi leche pero me han detectado en los últimos análisis una alteración en los valores de la tiroides que tengo que vigilar. Aunque el médico me ha dicho que puedo seguir amamantando sin problema, para donar hay que estar al 100%.

Termino con un video del colectivo Minushu:

Hijo de leche from MiNuShu on Vimeo.