Experiencias enseñando a usar el orinal a un niño de 18 meses.

Museo de Burdeos – Mujer dando el pecho, siglo II-III dC (época romana). A través del facebook de Maternalias (http://maternalias.blogspot.com.es/).

Como veis, he cambiado el nombre a las crónicas de Higiene Natural del Bebé. Mi hijo ya tiene 18 meses y considero que hace tiempo que hemos entrado en otra etapa. Ahora hay que seguir recordándole que hay que ir al baño pero nuestra comunicación es más verbal y los niños a esta edad lo entienden todo. Es decir, ya no sólo es gestionar el tema de las evacuaciones sin pañales y cambiarle de ropa si se moja, si no he estado atenta a sus señales corporales. Ahora le estoy enseñando activamente lo que se espera de él sin premios, sin castigos, sin enfados, de forma clara y consistente, empática y con cariño.

Este mes ha sido la caña. Como por arte de magia la resistencia del mes pasado se fue y ha dado paso al cachondeo. Ahora Félix nos avisa cada vez más, incluso con los pises, pero también a veces avisa en falso, hace “ah,ah,ah, puaj, puaj” y después se ríe. O te lo dice cuando acaba de hacer pis y sabes que es una broma, pero él insiste en que le lleves y después no hace nada y se parte de risa. Como cualquier madre orgullosa no puedo dejar de pensar que es increible y me fascina verle crecer. ¡El humor creo que es de las cosas más relacionadas con la inteligencia que conozco!

Ahora también dice “¡oh, oh!” sorprendido cuando se hace pis en los pantalones. Y es que es lo que yo le decía el mes pasado cuando veía el charquito en el suelo. No sé, quería expresar de alguna forma que aquel no era el lugar apropiado pero sin sonar a reproche. Simplemente le decía: “oh, oh,(tono de sorpresa) has hecho pis en el suelo. El pis se hace en el orinal” o  “Cuando quieras hacer pis dime “mamá, puaj, puaj” o “cuando estés con la abula tienes que pedirla el pis cuando tengas ganas. Dile “abu, puaj, puaj””.

Es sorprendente pero aunque pasen días desde que le dices algo, él lo guarda en el “disco duro” y aparece en el momento más inesperado. Creo en él, confío en sus grandes capacidades y sé que los niños pueden hacer mucho más de lo que hoy en día se cree (o nos han hecho creer).

Le hablo como si me pudiera entender y de hecho sé que me entiende, solamente que el cuerpo a veces no le responde. Es igual como cuando aprendemos a hablar. Entendemos más de lo que sabemos decir, pero en nuestro cerebro está grabado. Es la boca y la lengua la que todavía no nos responde.

No pasa nada y no hay prisa, hablaremos cuando seamos capaces. Sin embargo, hablar es un acto social y se aprende hablando, practicando, escuchando, imitando. Ningún ser humano puede hablar si es criado en un bosque como un “niño salvaje”. De la misma forma no podemos esperar que un bebé aprenda a hablar “cuando esté preparado” si nunca hablamos con él y practicamos. Somos seres sociales.

Un momento bastante cómico del mes ocurrió el otro día. Quedé con una amiga que me está cosiendo un traje de danza oriental y fuimos a una conocida tienda de ropa a comprar un sujetador que luego ella forraría con telas y adornos. Sabía que mi hijo tenía que hacer pis y además iba en calzoncillos así que ni corta ni perezosa pillé una botella pequeña de agua mineral vacía que teníamos en el carrito y le dije “puedes hacer pis aquí”. ¡Y eso hizo! Creo que ni mi amiga ni la dependienta se enteraron, de lo rápidos que fuimos, jejeje.

Ahora salimos mucho y vamos en metro en autobús a recorrer la ciudad, a hacer fotos, ver exposiciones… Por supuesto, a él le gusta más el viaje que el destino así que si vamos en carrito, le pongo una tela impermeable en el asiento, por si las moscas. Y si vamos caminando y con portabebé de apoyo (para cuando se cansa) no le pongo nada. Nunca se ha hecho pis en el portabebé.

Este mes estoy entusiasmada. Nos entendemos, nos reímos, aprendemos juntos, no es el centro de mi vida sino que está en el centro de la vida, en el meollo. Allá donde voy le llevo, menos cuando quiero un espacio para mi, como cuando voy a clases de baile, por ejemplo…

Hoy he hablado con una abuela joven en el parque y me ha contado que ella empezó a poner a sus hijas en una especie de trona-orinal cuando empezaron a poder sentarse, es decir, con menos de un año. Usaba pañales de tela así que si hacían caca allí mientras comían o después, era un pañal menos a lavar. Si no lo hacían, pues no había perdido nada. Me ha contado que su nieta ha dejado el pañal con dos años y que ella ha sido parte fundamental del proceso, ya que la cuida desde por la mañana hasta que la vienen a recoger sus padres por la tarde. Yo le he dicho que pienso que se ha perdido ese conocimiento, esa confianza en que es posible, pero que esa pérdida no ha sido por azar. Hay intereses económicos muy fuertes en prolongar la etapa del pañal hasta límites insospechados… Ella estaba de acuerdo.

Como he dicho antes, ya no creo que estemos practicando HNB, hemos entrado en la fase de realmente aprender a usar el orinal de forma consciente y voluntaria, con cada vez mayor participación activa del bebé y yo apoyando en retirada…

Todo en la crianza es un arte y como tal, no tiene medidas exactas. Es una mezcla de intuición, saberes prácticos, saberes aprendidos, de expertos, de abuelas, de otras madres, todo pasado por el mortero de la reflexión y el colador,  para diferenciar lo que sirve de lo que no. Yo ahora camino a tientas, enfrentándome como madre primeriza y solitaria a todas estas experiencias nuevas, pensando que quizás algo de lo que yo aprendo pueda servir a otras personas. Sobre todo, he aprendido a dudar de lo establecido, pero de todo, venga de donde venga, tanto como si viene de la llamada crianza con apego, como si viene del pediatra del centro de salud, de un familiar sabelotodo o un anuncio de pañales. Hay que labrarse el propio camino, desde lo más profundo de la ética, del amor y de la propia experiencia.

Os hago un resumen por puntos de lo que ha sido este mes:

– Ahora avisa frecuentemente cuando tiene ganas de hacer caca con “ah,ah,ah, puaj, puaj”. Normalmente le entran las ganas en mitad o al final de las comidas. A veces es por la mañana, a veces por la noche y algún día no hace nada.

– Ha comenzado a avisar también algunos pises por día (cada día más) con las mismas palabras “puaj, puaj”. Los que no avisa los intuyo y preveo y soy yo la que se lo propone si sé que lleva mucho tiempo sin hacer o acaba de beber un montón de líquidos.

– Está empezando a decir “caca” pero todavía no lo pide así.

– Hay días de muchos “escapes” y pantalones mojados pero normalemente si empezamos bien desde por la mañana entramos en sincronía y todo va sobre ruedas.

– No usar premios ni castigos no significa que no le explique con claridad dónde se hace el pis y dónde no. Le digo “se hace en el orinal” o le digo lo de “oh, oh” como “¡glups!, no se hace en el pantalón, se hace en el orinal.” Cuando le digo esto, le enseño el orinal o le siento un momento allí por si le queda algo y para que aprenda que es ahí. Creo que esta es una diferencia fundamental con la HNB en los primeros meses.

– Los días en los que yo trabajo y se queda con el papá y la abuela, le ponen pañal de usar y tirar y solamente le ponen si él lo pide activamente. Yo soy más de llevarle sin pañal con un par de recambios de ropa en el bolso porque creo que es más cómodo para él, yo veo inmediatamente si se moja y, además, es la mejor forma de aprender: sintiendo el cuerpo.

– A veces avisa justo cuando se está haciendo pis o justo después al sentirse mojado. Aunque no llegamos al orinal me parece muy buena señal que tenga esa conciencia corporal y me lo tomo así, como algo positivo.

– Como he comentado, a veces hace “puaj, puaj” y es una broma. Le pongo al orinal y no hace nada, se sienta, juega o me pide un libro y al rato se levanta y se va.

– Por las mañanas nada más despertarse hace pis en el pañal porque no me da tiempo a ponerle.

– Usamos calzoncillos por el día y ropa de recambio. Cuando se queda con los abuelos pañales de usar y tirar.

– La “huelga del orinal” o el rechazo del mes pasado se fueron para no volver. Además de ofrecer menos, ponerle a hacer pis de pie o en otros recipentes y lugares, creo que otra de las cosas que más ayudó a superarlo fue ir a hacer pis juntos diciendo “mamá aquí (w.c.) y tú ahí (orinal)”. Le pareció divertido y después siempre me lo repetía él. ¡Parece ser que quería compañía!

– Por las noches alternamos de tela y de usar y tirar y, me da hasta miedo decirlo… ¡Lleva 5 días durmiendo del tirón de 22h-7h, pide teta y después hasta las 9h! Ojalá dure y contarlo aquí no me dé mal fario… 😛 No sé si habrá tenido que ver pero antes de estas noches del tirón le expliqué durante varios días lo de que las tetas por la noche se van a dormir y que él tenía que intentar dormir también hasta por la mañana. No sé si me habrá hecho caso o ha sido casualidad pero el caso es que ha funcionado. ¡Que dure!

– Antes de esas noches descubrí que es posible ponerle a hacer pis completamente dormido y reducir los despertares por pañal mojado o ganas de hacer pis. Nunca lo había probado y nos fue bien. Hace meses cuando le poníamos por la noche siempre era cuando se despertaba y a veces quería pero al crecer lloraba y se quejaba y dejamos de hacerlo. Quizás si hubiese probado a ponerle dormido hubiese sido mejor, ¡pero yo también estaba durmiendo!

Más allá del parque – #1 – La Gota de Leche y el Palacio Bauer

En la soledad de la crianza urbana parece que el único lugar en el que puede estar un niño, más allá de su casa, es en el parque. Allí vamos en procesión todas las madres y padres, también las cuidadoras, las aupairs y los abuelos del barrio, donde coincidimos y nos conocemos.

Hacemos la ruta: columpio (o esperar la cola del columpio), tobogán y jugar con la tierra. Nos divertimos pero también nos aburrimos. Charlamos con el resto de “parroquianos” y aunque desconocemos nuestros nombres, nos convertimos en la “mamá de X”, el “abuelo de Y”. “¡Cómo ha crecido!”, “¿ya camina?”, “hay que compartir”, “se lo está pasando pipa”.

La plaza del parque de mi barrio es un microcosmos, con su centro de día de ancianos al lado, con su zona de vagabundos y yonkies en la otra esquina, su zona de terrazas, sus perros. Todo bien compartimentado y clasificado. A veces pienso en todas las historias de los viejos (viejo es una palabra bonita) y todos los cuentos que podrían contar a los niños que juegan al lado. También pienso en la alegría que podrían brindar los niños a los abueletes. Y lo separados y lejos que estamos todos y lo difícil que es relacionarnos desde el anonimato de la ciudad.

No sé si el parque es nuestro oasis o nuestro encierro, pero lo cierto es que moverme por la ciudad siempre se me ha hecho un poco cuesta arriba y siempre terminaba “recluida” en el barrio por evitar las dificultades. Quizás sea que últimamente me siento fuerte, o que Félix ha crecido, o que me he forzado a salir, pero ayer tomé una decisión. El parque está muy bien, pero quiero aprovechar esta media jornada que tengo (mi rincón de libertad en el tiempo) para algo más. Vamos a viajar por nuestro Madrid. Vamos a conocer mundo, a conocer la historia de nuestra ciudad. Es algo que siempre he querido hacer, ¿por qué no hacerlo ahora con mi hijo? Quizás no tengamos amistades ni familia con niños cerca, ni tribu, ni comunidad con la que apoyarnos mutuamente en la crianza, pero al menos podemos hacer cosas interesantes, aunque sea los dos solos.

Nuestra primera ruta empezó al salir de casa. Decidí abandonar carro y portabebé y caminar hasta el metro (me llevé en el bolso el meitai por si acaso). Ahí empezó la emoción: “¡El tren! ¡El tren!” gritaba Félix desde el andén. La gente, como siempre, se reía. Dejaron de estar tan serios y se quitaron la máscara del ciudadano-estatua que llevamos todos en los vagones. Los niños rompen todos los protocolos y este no iba a ser menos. Todos somos más vulnerables cuando nos miran y lo mostramos.

Nos bajamos en el metro de Iglesia y, después de hacer un encarguillo por la zona, caminamos hasta la Calle San Bernardo número 81. Quería ver el edificio donde un día estuvo el Consultorio de Niños de Pecho y “Gota de leche” de Madrid.

El consultorio de la calle San Bernardo | http://madridhaciaarriba.blogspot.com.es/

http://madridhaciaarriba.blogspot.com.es/

En este edificio, desde el año 1904 hasta que se mudaron a la Calle de la Espada, se suministraban biberones adaptados de leche de vaca, se medía y pesaba a los niños y se atendía a los bebés enfermos. Surgen muchas preguntas… ¿Se intentaban solucionar los problemas de lactancia de las madres o solamente se daban biberones? Hay que tener en cuenta que todo esto debió de ser una revolución, ya que las mujeres ricas podían pagar a una nodriza pero las clases bajas no podían permitírselo. ¿No existía la lactancia solidaria entre familiares y vecinas? De nuevo otra pregunta sin respuesta.

Nosotros en versión comic delante de la “Gota de Leche” en octubre de 2013.

Ya sé que muchas veces se dice que “se ha perdido la memoria de la lactancia” y demás, pero la existencia de estos centros contradice la creencia de que antes de la llegada masiva de las fórmulas comerciales era más fácil dar de mamar porque existía la “cultura de la lactancia”. La realidad es que había también problemas y la gente los intentaba solucionar como podía.

Aunque también puede haber otra lectura. Es también la época de “los expertos”, cuando el conocimiento práctico de las madres y padres empezó a perder legitimidad frente al conocimiento “científico” de los pediatras y puericultores, con el apoyo del poder Ilustrado y monárquico. No en vano, el centro fue inaugurado por la reina María Cristina de Habsburgo y recibía donaciones caritativas de marquesas y otras aristócratas. El público objetivo de la institución eran los niños enfermos y hambrientos de familias pobres. La salud no era un derecho, sino algo que dependía de la caridad de los mismos que mantenían esta injusta situación. Y de esta caridad dependía que su futura mano de obra y carne de cañón para las guerras creciera sana o muriera.

AÑADIDO 20-04-2014: Como descubrí después y desarrollé en otro post, los problemas eran principalmente laborales, no físicos o por falta de información, técnica y cultura de la lactancia, como yo pensaba… Más información aquí: “Lactancia artificial para las mujeres trabajadoras”.

La idea original fue de un doctor francés, León Dufour, que lo aplicó en su país. Rafael Urdecia y Cardona viajó allí para captar la idea y crear centros similares en España. Nos encontramos en una época en la que cada año morían muchísimos niños en Madrid. Según un artículo ABC de 1908 en el que se comparan las cifras de antes y después de la creación de La Gota de Leche: “El promedio anual de mortalidad de 1896 a 1903 fue de 3.570 y desde 1904, 3120, es decir, 450 menos cada año”. Parece una buena noticia, pero no deja de ser terrible que murieran tantísimos niños en nuestra ciudad cada año.

Termino con un texto de “Amigos de la Dehesa de la Villa”, zona verde cercana a nuestra casa y donde parece que estaban los establos de las vacas de las Gotas de Leche de Madrid:

Así pues, en su origen, los Consultorios de Niños de Pecho y las Gotas de Leche diferían en su funcionamiento. Los Consultorios se dirigían principalmente a los niños allí nacidos, empleaban mayoritariamente lactancia materna y distribuían la leche diariamente en biberones esterilizados en el propio centro. Por su parte, las Gotas de Leche tenían un mayor componente benéfico, atendiendo tanto a niños enfermos como a sanos necesitados, utilizaban en su mayor parte lactancia artificial, y distribuían la leche en botellas de medio o de un litro que luego administraba la madre. Coincidían ambas instituciones en la importancia de la consulta junto con la distribución; es decir, en no realizar sólo reparto de leche, sino en asesorar también a las madres en la mejor manera de criar a los hijos. La distinción, no obstante, entre Consultorios y Gotas de Leche fue diluyéndose con el paso del tiempo y es frecuente encontrar menciones a Consultorios que incorporaban unidades de Gota de Leche e incluso centros con una única denominación genérica que incluía tanto Consultorio como Gota de Leche. 

Después de visitar el edificio de la Gota de Leche seguimos bajando la calle hasta otro edificio enigmático en el número 44 de San Bernardo. Hoy en día es la Escuela Superior de Canto de Madrid pero a finales del siglo XIX fue el palacete de la familia de banqueros Bauer, y sus fiestas reunían a la créme de la créme de la alta sociedad.

Allí me colé con Félix y una simpática trabajadora nos enseñó la sala de baile, hoy reconvertida en sala de conciertos (aquí podéis consultar la agenda), algunas estancias y el patio.

El órgano.

Mamá y peque reflejados en el espejo de los Bauer…

Los Bauer eran agentes, socios y familiares de los famosos Rothschild. Llegaron a España y pronto se compraron también la finca de El Capricho (Alameda de Osuna) y una “casita” en La Granja. Compraron el palacio en 1870 y se fueron con los efectos de la crisis del 29 (algunas fuentes hablan de un escándalo financiero pero no lo he podido documentar). En 1940 el Estado compró el edificio.

El patio.

Los Bauer, como buenos banqueros, se relacionaron con la monarquía, la aristocracia y la burguesía madrileña. Como representantes de los Rothschild en España gestionaron los negocios de estos:  las Minas de Riotinto, Minas de Peñarroya, Ferrocarril Madrid-Zaragoza-Alicante (MAZ),  y la  refineria de petróleo Deutschet et Cia.

Por ejemplo, poca gente sabe que la estación de Atocha fue construida en 1892 por la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante, empresa creada por los Rothschild y el Marqués de Salamanca.

¿La señora Bauer?

¿Ignacio Bauer?

¿El hijo?

Y aquí se acabó nuestra ruta viajera de hoy. ¿Dónde iremos el próximo día? La Gota de Leche nos invita a visitar la Inclusa de Madrid y la vida de los Bauer nos lleva a conocer su muerte, ya que están enterrados en un curioso cementerio, el Cementerio de los Ingleses, en el barrio de Carabanchel. ¿Alguien se apunta?

Un análisis de los cuidados muy interesante: Carolina del Olmo

En ratitos libres voy viendo esta charla de Carolina del Olmo (autora de “¿Dónde está mi tribu?” sobre cuidados, crianza, maternidad, feminismos… Se puede estar de acuerdo con ella o no, pero se explica muy bien, piensa por sí misma, aporta frescura, ética y política a los debates sobre estos temas. Ojalá tuviera algo de tiempo pronto para escribir sobre esto en el blog. Mientras tanto… podéis ir al minuto 23-24 de esta charla:

Y aquí podéis leer y escuchar más material, como esta entrevista en la revista Playground y en la radio.

Otras intervenciones muy interesantes son estas de “El ADN de la vida. Crianza, cuidados y comunidad”:

Como mi tiempo anda un poco dividido entre ser mamá, asalariada a media jornada, danzante, vendedora online a tiempo parcial, amante y cuidadora, pues la verdad es que tengo menos tiempo del que me gustaría para analizar todo esto. Todavía no he leído el libro “¿Dónde está mi tribu?” pero estoy deseando hacerlo. Sí he leído, por ejemplo, este texto: http://nocionescomunes.files.wordpress.com/2013/02/radicalizar_cuidados.pdf

Y sobre él si que tengo varias cosas que decir. Estoy totalmente de acuerdo con la postura central y vital de los cuidados y me encanta que alguien aborde por fin la crianza desde un punto de vista ético y político. Normalmente la crianza se vive en soledad, y los padres y las madres se lo comen y se lo guisan solos. Los libros suelen abordar los temas de crianza desde puntos de vista psicológicos más que sociales y es ahí donde cobra sentido “el contexto” del que habla Carolina.

Me gusta todo el texto y en especial este fragmento:

“Dado que la vulnerabilidad y la dependencia son esenciales al ser humano, y no algo que les pasa a los demás, tendremos que entender que es tarea de todos cuidar, y que hay que repartir el cuidado por todo el cuerpo social. Si cuidar no es cosa de mujeres no es porque no sea asunto nuestro, sino porque es asunto de todos y todas. Todas las personas tendrían que poder cuidar de sus hijos, de sus mayores de sus amigos y de sí mismos. Cuidar es un derecho que en esta sociedad se nos niega. Pero es también una obligación moral: la intrínseca dependencia que nos constituye hace que sea una obligación dictada por la reciprocidad. Si estamos aquí discutiendo de esto es que alguien ha cuidado de nosotras. Y la reciprocidad por fuerza ha de ser la norma básica sobre la que se estructure una sociedad compuesta por individuos dependientes y vulnerables. Cuidar es cosa de todos porque todos necesitamos cuidado.”

Sin embargo, al llegar a las últimas páginas vienen las divergencias. No entiendo muy bien por dónde va cuando habla de “neomaternalismo” y “corriente pro-cuidados maternales”. Por un lado, le parece importante que esa corriente haya vuelto a dar valor a los cuidados, después de años de un feminismo que los negaba y los veía como parte de la opresión de la mujer. Pero por otro lado afirma:

“Pero es evidente que convertir el cuidado en el centro de la vida de una y quedarse ahí no nos puede valer.”  ¿A quién no le vale?  La mujer o el hombre que hacen del cuidado el centro de su vida me parecen muy respetables, si así lo deciden por libre elección. El problema es, más bien, que pocas veces decidimos.

Muchas veces criamos en soledad no porque queramos, sino porque nuestros familiares y amigos viven lejos y, además, no pueden, no quieren o no saben ayudarnos como necesitaríamos. Por ejemplo, yo deseé pedirme una excedencia porque tenía ahorros, pero ¿cuantas otras personas no han podido por estar en precario? Y aunque estuviera de excedencia eso no significa que no quisiera relacionarme con el mundo. ¡Es que el mundo ya no estaba hecho para nosotros! Largas distancias, transportes públicos, horarios incompatibles…

Yo creo que para nutrir tengo que nutrirme y empaparme de la vida extramaternal. Además, no quiero ser una madre autoreferencial. Sin embargo, sí que he vivido mi etapa de burbuja maternal y la he disfrutado plenamente, con sus claroscuros y su ambivalencia. Es cierto que no he querido saber nada del mundo durante unos meses. Es cierto que yo antes leía periódicos, me interesaba la política internacional y la economía y ahora solamente leo cosas relacionadas con la crianza, la neurociencia, la historia de la infancia, sobre embarazos, partos y lactancias. Pero porque ahora es eso lo que me interesa. Sí, cuidar a mi hijo ha sido el centro de mi vida y estoy orgullosa de ello. Era lo que los dos necesitábamos en esa fase.

Mi hijo es central pero no es el centro del Universo. Nadie lo somos. Y, de hecho, como dice Jean Liedloff, los niños necesitan cuidadores que tengan su vida, para poder seguirles como modelo, para aprender, para ser acompañados. No necesitan una madre o un padre que les observe sin cesar, sino alguien a quien observar en sus actividades diarias (comprar, trabajar, cocinar, ir en metro, ir a clase de baile…). Como dice mi compañero y el papá de mi hijo: “los hijos tienen que ser el centro pero sin que se den cuenta de ello”. Creo que más bien, los niños tienen que estar en el centro de la VIDA, no ser el ombligo del mundo. ¿Me explico? Es difícil encontrar ese equilibrio y yo no creo que lo hayamos conseguido, pero al menos lo tenemos en mente.

No. Las madres que nos dedicamos o nos hemos dedicado al cuidado de nuestros hijos a tiempo completo no somos seres aburridos y vacíos. No dudo que también existan, ¡ojo! y que, ¡qué demonios! tengan todo el derecho del mundo a dedicarse 100% a sus hijos y ser felices así.

Durante estos dos años de embarazo y puerperio he vivido una de las etapas más creativas de mi vida: he abierto una tienda online y he aprendido de la nada cómo se crea una, estoy escribiendo un libro, devoro literatura en todos los ratitos que puedo, me planteo preguntas filosóficas y políticas en torno a los cuidados y la maternidad, quiero cambiar el mundo a mejor, he dado el paso a convertirme en profesora de danza oriental prenatal y postparto después de años bailando… No sé, pocas etapas en mi vida han sido tan fértiles, nunca mejor dicho. Y eso que esta ha sido dura y he pasado momentos estresantes y mucho, mucho sueño. Por eso, me molesta un poco que una madre ahonde en la minusvaloración de las madres que cuidan a sus hijos como elemento central en su vida, entendiéndolo como excedencia o salida temporal del mundo laboral asalariado.

También creo que hay muchas cosas que cambiar en esta realidad de forma inminente. Por eso, estoy de acuerdo con ella en que hay vida más allá de la burbuja de la crianza. Y es ahí donde puedo compartir con ella cierta crítica al ensimismamiento maternal y paternal, su apoliticismo (que en sí mismo ya se delata como prosistema) y su falta de crítica frente al poder y la desigualdad. ¡Están pasando cosas ahí fuera! Guerras, hambre, injusticias, miseria, explotación, violencia, ignorancia, manipulación, abusos, mentiras…

Pero esto no quiere decir que no estén ocurriendo revoluciones en el mundo maternal: se reivindica el derecho a parir en libertad y seguridad y se reivindica el derecho a tener hijos y cuidarlos bien. Muchas madres y padres creen, y también lo creo yo, que el mundo sería bastante diferente si cuidáramos mejor a las personas empezando desde que son pequeñas. ¿Cuánta gente no va al psicólogo por problemas en la infancia o en su familia? ¿Cuántas personas no sustituyen la falta de cariño por el consumismo o los bienes materiales? ¿Cuántos niños y adultos consumen psicofármacos hoy en día?

Pero mi principal divergencia con el análisis del texto de Carolina del Olmo viene aquí:

“Y por eso creo que es importante despojar toda la conversación sobre la crianza y maternidad de los aspectos naturales y biológicos –que pretenden enseñarnos, por ejemplo, que la madre biológica es mejor para la cría que cualquier otro adulto cuidador; que ensalzan la virtud de la leche materna hasta el infinito y más allá; o que achacan a ciertas hormonas comportamientos radicalmente sociales y aprendidos…–, y es fundamental entender que la relación madre-hijo no es algo absolutamente único y especialísimo sino algo así como el caso más llamativo de la interdependencia humana que nos une a todos con todos en una red de reciprocidad, y de los cuidados que todos deberíamos asumir y recibir”.

Si la lactancia materna es el alimento destinado y mejor preparado para el cuerpo del bebé humano, ¿por qué no se puede decir? ¿Sería mejor inventarse una realidad paralela que nos guste más aunque sea mentira? Si algo es cierto, es cierto. Y si no se puede dar leche materna hay leche de vaca adaptada y hay leche materna de otras madres. De hecho, hay un movimiento creciente y del que nadie habla de madres que donan su leche a otras madres que no han podido dar el pecho. Solidaridad de mujeres en estado puro, cuidadoras cuidándose entre sí y cuidando a los bebés de otras madres. Claro, que al sistema actual de dominación no interesa darle mucha publicidad a esta opción, no vaya a ser que las mujeres dejen de debatir sobre lactancia en términos de “complejos de culpa” y comiencen a ayudarse y a empatizar unas con otras.

¿Por qué le molestan tanto los aspectos biológicos o “animales”? Es que, precisamente, es en la sexualidad, la menstruación, la maternidad y en los primeros meses de vida de los humanos donde mejor se ven estos aspectos. Lo siento, el ser humano es un animal, un animal muy especial dotado de cultura y todo lo que queramos, pero animal al fin y al cabo.

Por ejemplo, en el parto interviene la oxitocina y no lo vamos a negar para que alguien se quede más contento. La realidad no la podemos rechazar porque no nos guste o no se adapte a nuestras ideas o teorías previas. En la lactancia también interviene la oxitocina y la prolactina, y tampoco lo podemos cambiar. De hecho, en los partos medicalizados se utiliza oxitocina sintética, mostrando la relevancia del papel de esta hormona tan “insignificante” en nuestras vidas. Somos cultura pero también somos biología. No hay ninguna contradicción en ello, somos un todo. No hay necesidad de elegir una parte y desechar el resto. Es esa división la que permanentemente acecha el pensamiento Occidental: mente-cuerpo, emoción-razón, corazón-cerebro, instinto-aprendizaje, hormonas-cultura, físico-psicológico…

Yo no creo que reconocer que lo hormonal, físico e instintivo existe niege que somos también seres culturales. Pero obviar esta realidad nos aleja de nuestro cuerpo y de su enriquecedor conocimiento, un conocimiento que nos pertenece.

Respecto a lo de la madre biológica es mejor para la cría que cualquier otro adulto cuidador se podría decir que sí, que en relación a la lactancia materna la relación con la madre es por fuerza más intensa que con el padre. Bueno, y en relación al embarazo directamente es que la relación es, hasta que la ciencia no consiga úteros artificiales, totalmente clara. ¿Pero qué tiene de malo? ¿Por qué asusta tanto? ¿Para radicalizar los cuidados no se puede admitir una realidad tan básica? Y mira que muchas noches hubiese deseado que mi pareja tuviera leche en las tetas para darle a mi hijo mientras yo dormía, pero la realidad es que mi bebé me quería a mí y en ese momento era insustituible. No quería chupetes ni biberones, quería teta de mamá. ¿Me tendría que haber sentado con él a soltarle un rollo sobre género, paternidad, cultura y demás? Daría igual. Era un “cachorro” humano pidiendo lo que necesitaba.

Tampoco es necesario ceñirse a la lactancia materna, ¿cuántos bebés criados a biberón no gritan “mamaaaaa” en mitad de la noche y solamente se calman cuando viene ella y no él? Pero, vuelvo a lo mismo, ¿qué tiene de malo reconocer esto?

Radicalizar los cuidados es, en suma, asumirlos hasta lo más hondo y, a la vez, salir de casa. Negarnos a que lo más importante del mundo –la asunción del cuidado–, tenga lugar exclusivamente entre las paredes de nuestros apartamentos. Intentar a toda costa que la transformación a la que nos vemos sometidos como personas cuando cuidamos nos desborde e inunde toda la sociedad y al igual que nos ha transformado a nosotras,
transforme la organización social al completo.
Aquí no puedo estar más de acuerdo. Hay que radicalizar los cuidados y salir de casa, SI SE QUIERE. Y los cuidados tendrían que ser compartidos y apoyados por familiares, por amigos, por redes entre iguales…Y sí, creo que la crianza y el tratamiento de los cuidados tienen la capacidad de transformarnos como personas y transformar la sociedad, tanto para bien como para mal pero esto pasa también por reconciliarnos y conocer nuestro cuerpo y la parte más “biológica” de nuestro ser.

Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de 17 meses

Este ha sido un mes algo caótico. De un tiempo a esta parte venía viendo en Félix un creciente rechazo al orinal. Ya no quería que le pusiera a hacer pis, se arqueaba siempre y ningún momento era bueno para él. Muchas veces sabía que se iba a orinar en el pantalón, le ponía, no quería, y al momento veía un charquito en el suelo. Además, a principios de mes me reincorporé a media jornada a mi anterior puesto de trabajo y supongo que todo habrá influido en nuestra manera de relacionarnos y, como no, en la práctica de la HNB.

Con la distancia creo que puedo decir que hemos vivido eso que los anglosajones llaman una “huelga del orinal”. Eso sí, ha sido corta y siempre había algún momento del día en el que sí quería ir sin problema, sobre todo para las cacas que sí que le gusta tomarse su tiempo y sentarse tranquilamente. Noté también que, al igual que rechazaba el orinal, también comía mucho menos y quería estar menos tiempo en la trona. ¿Habría algún tipo de paralelismo? ¿Prefería jugar a todo lo demás? Bueno, por no hablar de la teta… Todo el tiempo la pedía, algo muy raro en él, que antes nunca quería mamar fuera de casa. De repente, la pedía mucho y sólo para dar un par de “chupitos” y volver a jugar. Creo que notaba mi ausencia y era su manera de mostrar esa necesidad. Sin embargo, con el tema de la HNB, sabía que había algo más que se me estaba escapando…

Mi actitud inicial fue de bastante desconcierto. No entendía qué pasaba, por qué de repente casi todos los pises iban al suelo y no sabía qué podía haber hecho mal. Además, siempre había sido bastante relajada con el tema, nunca le había presionado y limpiaba los charquitos tranquilamente, incluso a él le gustaba imitarme cogiendo otro trapo y ayudándome a limpiar. ¿Se me había escapado algo? ¿Le había agobiado sin darme cuenta? Sabía que algo tenía que cambiar.

Así que decidí relajarme todavía más, no proponerle ir al orinal tantas veces, volver al pañal en ocasiones (¡mojábamos muchísimos calzoncillos!) y otras aceptar con tranquilidad que tendría que limpiar pises por la casa con la fregona. Aún así, cada vez que lo hacía, le señalaba el orinal o le sentaba diciéndole con normalidad: “el pis se hace en el orinal”. Él, por supuesto, se levantaba inmediatamente a jugar de nuevo, pero creo que a esta edad lo entienden y se quedan con todo. También encontré de nuevo un sentido para los pantalones chinos (con abertura en el culete) que compré hace tiempo. Ahora me venían genial porque ya andaba y si se hacía pis por la casa no se mojaba nada la ropa, sólo había que limpiar el suelo.

Pantalones chinos abiertos “Kaidangku”. Foto tomada del Flickr de Dharbigt Maersk (Ajax).

Durante esa fase, ha habido muchos días que se ha hecho caca en el pañal, sobre todo en casa de mis suegros. Sin embargo, este mes ha pasado algo sorprendente. Ya durante el verano empezó a hacerlo de forma ocasional, pero es que ahora nos avisa todos los días cuando quiere hacer caca de forma clara, consciente y verbal (bueno, más bien con gruñidos, jejeje).

Al igual que cuando quiere agua dice “agua” o cuando quiere teta dice “teta”, ahora cuando quiere hacer caca dice “ah, ah, ah” (gruñidos como de hacer fuerza) y después “puagh”, “puagh”. La verdad es que es bastante curioso cuando lo ves en vivo y en directo. Al principio no entendía por qué decía eso en lugar de decir “caca”, que era lo que yo le decía, hasta que Guille me dijo que él cuando le ponía, decía eso porque le olía muy mal y en plan gracioso decía “puaghh, puagh” mientras tiraba de la cadena… ¡Madre mía! “Pis” sin embargo no lo ha dicho nunca y eso que su abuelo se llama Luis y ese nombre lo sabe decir perfectamente. Supongo que no está en su lista de prioridades y ya está, no pasa nada.

Después de esas dos semanas de resistencia, poco a poco volvimos a la cooperación habitual. Creo que otra de las claves para superar “la huelga” fue descubrir que a Félix ya no le gustaba la postura básica de la HNB ni estar de cuclillas ni sentado. Un día, a base de ensayo y error, se me ocurrió probar a decirle que hiciera pis de pie y cuál sería mi sorpresa al ver que es así como prefiere hacerlo ahora. Creo que le parece muy divertido ver salir el chorro como una manguera y ver lo lejos que llega, jejeje. Además, es menos aparatoso, más rápido y le permite seguir jugando o corriendo en cuanto termina. Supongo que todas las “huelgas” son una protesta por una situación desagradable y una demanda de un cambio, lo complicado a veces es saber qué es lo que hay que cambiar.

Al hacer pis de pie, en casa utilizamos ahora mucho menos el orinal de bebé y usamos más uno que es como un bol pequeño, el típico orinal de adulto. Al terminar, le gusta cogerlo y tirar el contenido al w.c. (con mi ayuda, claro). Es algo difícil no mojar el pantalón al terminar y apuntar bien, pero poco a poco vamos aprendiendo.

Cuando voy a trabajar las tardes de los lunes, martes y miércoles, Félix se queda con mi suegra y con su papá. Mi suegra prefiere ponerle pañales de usar y tirar y no usar el orinal, así que muchas veces llega con calzoncillos o pañal de tela y por la noche vuelve a casa con un desechable. Sin embargo, ahora, como pide la caca en mitad de la comida o de la cena, le ponen en el w.c. con un reductor. ¡Cómo le iban a dejar que se lo hiciera encima!

Yo le dejo a la 13h, a las 14h15 llega su padre y si ve que tiene ganas le ofrece el orinal. Si no, después de comer. Después le deja dormidito y se va a trabajar. Vuelve a las 18h30 y le vuelve a ofrecer el orinal. Normalmente, al despertarse de la siesta, se habrá hecho pis en el pañal así que le cambia y ya está. Yo llego a las 21h30, le doy la teta y si no se duerme seguimos la secuencia clásica de orinal-cambio de pañal-más teta-carrito. El miércoles salgo sobre las 18h30 así que podemos dar una vuelta antes de cenar y dormir. Y así transcurre la “comunicación de la eliminación” a tiempo parcial en esta nueva etapa.

Por las noches: después de meses en los que habíamos dejado la HNB de lado, he vuelto a ponerle de forma ocasional, ya que me ha pasado varias veces que se hiciera pis en plan “fuentecilla” justo cuando le estaba cambiando el pañal. Creo que era una señal inequívoca de que se despertaba para hacer pis, ya fuera en el pañal o donde fuera, así que parecía más práctico que lo hiciera en la palangana. Solamente le ponemos a hacer pis si él quiere y nosotros tenemos ganas, si no, le ponemos pañal de tela y a dormir. Parece que los despertares nocturnos se van reduciendo y hay que aprovechar esta racha.

Fuera de casa: le sigo poniendo en arbolitos o jardineras pero, como he dicho antes, casi siempre de pie.

¿Con pañales o sin pañales? Durante la época de rechazo al orinal volvimos a los pañales en las salidas y seguimos utilizando calzoncillos en casa. Ahora le pongo o ropa interior o unos pañales finitos especiales para la HNB que se llaman “Ecapants” y que solamente aguantan un pis.

Como ya viene el frío, ya veremos qué hacemos. No sé si esta fase ha sido algo temporal o volverá la resistencia el mes que viene. Además, va a cumplir 18 meses, la famosa edad en la que se supone que los niños, según el paradigma oficial del control de esfínteres iniciado por el Dr. Brazelton en los sesenta, ya se pueden ir “familiarizando” con el orinal y ya puede que muestren signos de estar “preparados”.

Y este mes no puedo contar más, ¡no tengo tiempo para nada!