Maternidad y crianza en “Ana Karenina”

Allatarasova

Hoy he cogido de mis estanterías el libro de “Ana Karenina” (1877) de Tolstoi y me he puesto a buscar en él referencias al embarazo, parto o lactancia del personaje que da nombre a la novela. Me ha sorprendido ver que todo el proceso del embarazo es obviado y el lector pasa directamente de saber que Ana está embarazada al parto, que va bien para el bebé pero ella casi muere de fiebres puerperales. Aunque el parto tampoco es descrito se sabe que lo asistieron una comadrona y un doctor.

Lo primero que llama la atención es que en el libro una aristócrata de la alta sociedad pide amamantar ella misma al bebé (algo rarísimo en la época) y, aún así, se contrata a una nodriza, supongo que por su enfermedad. El bebé quiere teta y no para de llorar.  Acusan a la nodriza de no tener leche… Y, mientras, separación total madre-recién nacida, lo que seguramente provocaría la desaparición de la leche de los pechos de Ana Karenina y una profunda tristeza. Y el marido de Ana piensa sin embargo que es Ana la que no se ocupa del bebé…

Para los que no hayáis leído esta novela (¡ya os vale!) os pongo un poco en situación: Ana Karenina está casada con Alexei pero está enamorada de su amante Vronski, del que se queda embarazada. De su marido tiene un hijo mayor, Serioja. Toda la novela gira en torno a este conflicto de la infidelidad en la alta sociedad rusa, pero hay multitud de personajes secundarios que casi tienen igual protagonismo.

Tolstoi es un maestro en describir situaciones vitales y mostrar las contradicciones humanas más profundas a través de los pensamientos íntimos de los personajes. Por ejemplo, a mi siempre me ha gustado la forma de hablar de un sentimiento o de un contexto muy triste en el que, sin embargo, hay una luz de esperanza. O, al revés, en una situación que se supone que debería ser alegre, tal y cómo te la está describiendo, siempre mete su “toque toltstoiano” que te muestra también la amargura o lo agridulce de la vida. Esa forma de conducir al lector a través de las pasiones humanas siempre me ha fascinado, aunque me hubiese gustado que el autor dejara a las familias “pijas” de la época y dejara hablar más a las clases populares e incluso “siervas” de la Rusia zarista, casi siempre observadas desde los ojos aristocráticos de sus personajes. No sé, tampoco conozco tanto su obra y quizás haya novelas en las que sí lo haga.

Tolstoy

Tolstoi.

Estos son los pasajes que he encontrado, aunque sé que se me habrán pasado muchos otros. La numeración de las páginas es del libro que tengo en casa de la editorial Orbis Fabri:
Pg 317: De repente Ana se detuvo. La expresión de su rostro cambió en un momento. El horror y la agitación se sustituyeron por una atención serena, grave y beatífica. Vronsky no pudo comprender el significado de aquel cambio. Ana había sentido que una nueva vida se agitaba dentro de ella.

Pg 358:
“- ¿Cómo está la señora?
– Ayer dio a luz felizmente.
(…)
– ¿Y de salud? (…)
– Muy mal – contestó Korney-. Ayer hubo consultas de médicos y el doctor se encuentra aquí ahora.
(…)
– ¿Quién está en casa?
– El doctor, la comadrona y el conde Vronsky. ”
Pg 359 en la que Ana delira de fiebre:
“(…) ¿Será malo para mi niña? Bueno, entonces llévensela a casa de una nodriza. Estoy conforme que es mejor. Cuando venga él, le será doloroso verla. ¡Llévensela! (…)
¡Oh! ¡Qué absurdo! – prosiguió Ana, sin ver a Karenin -. Traedme aquí a la niña. Sí, traédmela. (…) ¿Han dado de comer a Serioja? Estoy segura de que todos olvidan atenderlo. Él no lo habría olvidado. Hay que trasladar a Serioja a la otra alcoba. Y decir a Mariette que se acueste allí. (…)

Pg 361: “El médico de cabecera y los demás doctores dijeron que se trataba de una fiebre puerperal, en la cual el noventa y nueve por ciento de los casos son mortales.”

Pg 366: (Alexei)
“Se dirigió directamente a las habitaciones de los niños. En la primera de éstas, Serioja, tendido sobre la mesa y con los pies en una silla, dibujaba, charlando alegremente. La inglesa, que sustituyó a la francesa durante la enfermedad de Ana, estaba sentada junto al niño haciendo una labor. Se levantó presurosa, hizo una reverencia y dio un tirón a Serioja.
Alexei Alexandrovich acarició los cabellos del niño, contestó a las preguntas de la institutriz acerca de la salud de su esposa y le preguntó lo que había dicho del baby el médico.

– El doctor ha dicho que no es nada de cuidado y le han mandado unos baños, señor.
– Pero sigue molesta -dijo Alexei Alexandrovich, prestando atención a los gritos de la niña, que se oían desde la habitación contigua.
– Me parece, señor, que esa nodriza no sirve – dijo resueltamente la inglesa.
– ¿Por qué? – preguntó Karenin, deteniéndose.
_ Lo mismo pasó en casa de la condesa Paul. Se sometió a la criatura a tratamiento, pero resultó que sólo tenía hambre. La nodriza no tenía suficientemente leche.
(…)
La niña, en brazos de la nodriza, echaba la cabecita hacia atrás y se retorcía, negándose a tomar el pecho voluminoso, y no callaba, a pesar de que tanto ésta como la niñera, inclinadas sobre ella, le chistaban.
– ¿No se encuentra mejor? – preguntó Alexey Alexandrovich.
– Está inquieta – contestó la niñera en un susurro.
– Dice miss Edward que tal vez la nodriza tenga poca leche.
– También yo creo eso, Alexey Alexandrovich.
– ¿Por qué no lo ha dicho usted antes?
– ¿A quién iba a decírselo? Ana Arkadievna sigue aún enferma- replicó la niñera, descontenta.

Hacía dos años que la niñera servía en la casa. Karenin creó ver una alusión al estado actual de cosas en aquellas sencillas palabras.
La niña gritaba cada vez más, se ahogaba y enronquecía. La niñera, haciendo un gesto con la mano, se acercó a ella, la tomó en brazos y comenzó a mecerla paseando.
– Hay que llamar al doctor para que reconozca a la nodriza – dijo Alexei Alexandrovich.

La nodriza, de saludable aspecto y bien vestida, temerosa de que la despidiesen, pronunció algo a media voz mientras ocultaba su pecho voluminoso, sonriendo desdeñosamente al ver que dudaban de que tuviese bastante leche. También en aquella sonrisa vio Alexey Alexandrovich una ironía hacia su situación.
– ¡Pobre niña! – dijo la niñera, mientras aseaba chistando a la criatura.
Alexei Alexandrovich se sentó en una silla y contempló con expresión triste y apenada a la niñera, que paseaba de arriba a abajo.
Cuando, por fin, la niñera acomodó a la niña en su camita honda y, tras arreglarle la almohada se alejó, Alexei Alexandrovich se puso en pie y, andando con dificultad sobre la punta de los pies, se acercó a ella. (…) Se sentía irritado contra su mujer porque no se preocupaba de esa criatura encantadora.

Pg 370:
– “La pequeña sigue llorando y dicen que la nodriza tiene poca leche.
¿Por qué no me permitiste criarla cuando te lo supliqué tanto? Pero es igual – Alexey Alexandrovich comprendió lo que significaba aquel es igual – es una criatura y la matarán. – Ana llamó y mando que le trajesen a la niña-. Pedi que me dejasen criarla, no me lo permitieron y ahora me lo reprochan.
– No te lo reprocho.
– ¡Sí! ¡Ya lo creo que sí! ¡Dios mío! ¿Por qué no habré muerto? – Ana se echó a llorar-. Perdóname, estoy excitada y me muestro injusta – añadió, recobrando la serenidad -. Pero vete…

Pg 541:

Vronsky continuó:

–¿Hemos hecho bien o mal? Ésta es otra cuestión. La suerte está echada –sentenció, hablando parte en ruso y parte en francés–. Estamos unidos para toda la vida. Sí, estamos unidos inseparablemente por los lazos más sagrados para nosotros –los del amor–. Tenemos una niña, podemos tener otros hijos, a los cuales la ley y las condiciones de nuestra situación reservan severidades que Ana, ahora, respirando por todos los sufrimientos, de todas las penas pasadas, no ve, no quiere ver. Y se comprende… Pero, yo no puedo cerrar los ojos. Mi hija no es mi hija según la ley: ¡es una Karenina! Y yo no puedo soportar este engaño –terminó Vronsky con gesto enérgico y sombrío. Dirigió una mirada interrogativa a Dolly, que le miró a su vez, pero permaneció callada.

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