Lactancia artificial para las mujeres trabajadoras.

En la Calle San Bernardo, 89, estuvo el consultorio de "La Gota de Leche".

En la Calle San Bernardo, 89, estuvo el consultorio de “La Gota de Leche” de Madrid.

En el “Más allá del parque #1” visité la casa del barrio de Malasaña que albergó la Gota de Leche, uno de los primeros lugares en Madrid en los que se comenzaron a distribuir biberones de leche de vaca “adaptada”. En todos los artículos que he leído al respecto dicen que los biberones eran para los niños pobres que no podían tener nodriza, cuyas madres no podían amamantar. Pero, ¿por qué no podían amamantar?

Siempre pensé que cuando se afirmaba esto en referencia a esta institución se referían a los mismos problemas físicos en el establecimiento de la lactancia que encontramos hoy en día: malos agarres, frenillos en los bebés, hipotiroidismos no tratados u otras enfermedades de la madre, poca producción por poca estimulación durante los primeros días, separaciones tempranas madre-bebé…

La Gota de Leche de Madrid en 1904.

Sin embargo, cuando me he ido a las fuentes originales, por ejemplo, textos del propio León Dufour, creador de las Gotas de Leche, me he encontrado otra cosa (pg 222):

“Aún así, si la lactancia materna es el mejor remedio para todos los médicos, algunos, como Dufour o Variot, se diferencian de sus hermanos, están convencidos de que la lactancia artificial es inevitable, dada la miseria obrera y el trabajo de las mujeres:

“En Fécamp, ciudad donde la industria pesquera ocupa el primer lugar y es ocupada en su mayoría por mujeres… las madres que amamantan a sus hijos… son siempre pocas … y eso es comprensible, la madre a veces trabaja desde las 5 am hasta medianoche, si no más en algunas estaciones…

También es una industria que parece tener… un efecto desastroso sobre la lactancia, es el secado de bacalao… Algunas mujeres dicen que es la sal lo que les corta la leche. Otros dicen que el niño huye del pecho debido al fuerte peculiar olor que exhala toda su persona…”

La alimentación artificial “es un mal que con el que hay que contar… y debemos tratar de mitigar sus daños”. Es por tanto por “defecto” que hay que organizar la lactancia artificial, para que sea menos letal, “a falta de algo mejor”, como dice el eslogan de la Gota de Leche .”

 León Dufour no estaba vendido a la industria de la leche artificial (¡no existía todavía!) y vivió una vida de austeridad y modestia, según sus biógrafos. Sin embargo, su trabajo está cargado de ideología, ya que considera la explotación obrera y la consiguiente separación temprana madre-bebé como algo inevitable. Por tanto, se conformaba con realismo con que los derechos del empresario estuvieran por encima de los de las madres y los bebés de la clase obrera.Su trabajo es ambivalente, ya que es cierto que al aceptar el statu quo laboral buscó la única solución dentro de “lo posible” para que dejaran de morir tantos niños por no ser amamantados. Estos bebés estaban siendo alimentados con biberones que acumulaban bacterias, llenos de leche de vaca sin adaptar, demasiado fuerte e indigesta para el estómago de los pequeños bebés y sin esterilizar. Es decir, ante una situación dramática, en lugar de luchar por solucionar las causas del problema de las muertes infantiles, decidió conformarse con la solución posible dentro del sistema: hacer más digerible y segura la leche de vaca.

Lo cierto es que los niños murieron muchísimo menos en las ciudades después de la creación de las diferentes “Gotas de Leche”, pero también se escogió el camino que hizo que se perdiera la cultura del amamantamiento, los trucos y sabidurías femeninos para amamantar que ahora volvemos a intentar recuperar.

Según este otro texto, podemos leer que:
“El origen de la creación de “El trabajo de la Goutte de Lait” es en 1894. El primer objetivo es “luchar contra la mortalidad infantil.” Dr. Dufour aboga por la importancia y la calidad de la lactancia materna, pero es consciente de la dificultad, si no imposibilidad que enfrentan las madres jóvenes que trabajan en el taller. Por lo tanto, es “a falta de algo mejor” – este es el lema de la nueva obra – que se propone garantizar una dieta equilibrada lo más parecida posible a la lactancia materna: todos los días, en las instalaciones de la “Gota de Leche”, Calle de la Preciosa Sangre, se asegura la preparación de pequeñas cestas con de 8 a 10 biberones, la ración diaria para un recién nacido. No sólo la leche es cuidadosamente seleccionada, sino que es “humanizada” para hacerla más digerible y más pasteurizada. Las familias que lo necesiten pueden retirar gratuitamente estos biberones.”
De aquí se desprende algo impresionante: la lactancia materna es lo mejor pero las mujeres asalariadas no pueden amamantar. ¡Y no por un mal agarre o poca producción, sino porque no se puede parar de trabajar para amamantar! Las mujeres deben por tanto entregar su cuerpo a la empresa, cuidar y mimar a la empresa por encima de sus bebés. ¿Nos suena de algo?
 En este otro artículo leemos que:
“Cuando el doctor Léon Dufour llega a Fécamp, en 1881, un niño de cada cuatro moría antes de un año, esencialmente en los ambientes pobres de esta ciudad de cerca de 14.000 habitantes. La causa principal de una mortalidad superior a la media francesa: la gastrointeritis. La lactancia artificial se desarrolló fuertemente con la industrialización (industria del pescado en Fécamp), lo que obligó a las mujeres a dejar a sus niños en cuidado (de otras personas) para ir trabajar”.

Pero, ¿se ayudaba a las mujeres a amamantar, si ese era su deseo?

“Leon Dufour, a su vez, en una cruzada en contra “la mortalidad infantil” fundó en 1894 el trabajo de la Gota de Leche de Fécamp. Se abrieron consultas abiertas para bebés, con pesaje semanal y visitas médicas, y, si bien la lactancia materna es alentada entre las mujeres de la clase obrera por bonificaciones, se prepara y distribuye leche a las madres que no pueden amamantar. Las tarifas son proporcionales a los ingresos.”

¿Qué es eso de “bonificaciones”? ¿He leído bien? ¿El Estado daba premios o ayudas económicas a las mujeres que amamantaban?  En el texto “Higiene social de la infancia” se afirma que a finales del siglo XIX en Francia las cosas tampoco eran tan “blancas o negras”:

“Solamente en 1890 en Nancy, Hergott abre, al lado de su servicio de partos, consultas semanales. Su objetivo era apoyar la lactancia materna. Los niños eran examinados y pesados. Había primas atribuidas a las madres con mayores méritos. (…)

Por último, algunos empresarios distribuyen bonificaciones de apoyo a las madres lactantes, en forma de ayudas en especie (ropa, canastillas, buena carne, leche, etc.) o  asistencia en efectivo (pago o libreta de caja de ahorros de 100 francos después de un año de lactancia). (…)

(Las ayudas) En París, se les concede por el departamento de los niños necesitados, en
la Administración Central de la Asistencia Pública, y con frecuencia pagados por las oficinas de beneficencia para facilitar su distribución. Estas ayudas pueden ser de muchos tipos: Ayuda con dinero, primas de lactancia, primas de asistencia a los controles del niño, ayuda en especie, transporte gratuito en ferrocarril.

Como vemos, era una época de grandes contradicciones en cuanto a la lactancia de las mujeres trabajadoras: se hacía imposible o muy complicada, por un lado, y se bonificaba, por el otro. En cualquiera de los casos, la mortalidad infantil era un problema muy grande para el estado y el capitalismo industrial, se morían sus futuros trabajadores y soldados. ¡Entramos de lleno en el campo de la biopolítica! Leemos en un artículo del periódico Liberation:

“Además, desde 1865, el biberón de tubo largo que el niño puede aspirar constantemente experimentó una gran popularidad. Pronto se le denominó “el infanticidio”, pero la ley que prohibía su venta no se promulgó hasta 1910. Desde la medicina, el tema se convirtió en político. En el contexto vengativo de la posguerra, se plantea el espectro de una despoblación francesa frente al dinamismo demográfico de los alemanes y comenzó a ser preocupante la masacre de bebés que ocurría en Francia.”

¿Cuándo los seres humanos seremos sujetos de nuestra propia historia y no la elegida y marcada por otros? Con esta reflexión me despido hasta otro día. ¡Un abrazo!

EDITO A 26 DE ABRIL DE 2014:

Del libro de Silvia Tubert, “Figuras de la madre” (pg 106):

“Sin embargo, en Francia, la “industria de la nodriza” no amengua. Por el contrario, hacia el final del siglo XVIII, los estratos sociales modestos de las ciudades también recurren a ella. ¿Por qué? Porque la primera revolución industrial hacía pagar a los artesanos por la creciente competencia de los talleres mecánicos. Las esposas de los artesanos, obligadas a trabajar cada vez más para ayudar a sus maridos, ya no tenían tiempo para ocuparse de su progenitura. Amamantaban al primero o a los primeros hijos y confíaban los siguientes a otras mujeres que vivían en la misma ciudad o en el suburbio próximo. Pero sus escasos recursos no les permitían retribuir convenientemente a la nodriza, que también era pobre. Mal atendido, el bebé tenía pocas posibilidades de sobrevivir. Este desarreglo persistió hasta el triunfo de la higiene preconizada por Pasteur.”

Del libro “Criados, nodrizas y amos. El servicio doméstico en la formación del mercado de trabajo madrileño, 1758-1868″:

“La hija del proletariado, desarrollada en un miserable ambiente, llega a ser madre y siempre ha de criar a sus hijos y transcurridos los cuatro o cinco meses en que necesariamente ha de declinar su poder lactativo, comienza a ayudarse con leche que adquiere en los puestos de la calle o en las lecherías”.  (1903. El Progreso Agrícola y Pecuario).

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