El cuadro “Las cigarreras” de Gonzalo Bilbao (1915)

cigarreras

Sobre los derechos de lactancia y el cuadro de “Las cigarreras”, texto tomado de www1.museo.depo.es/pdfarticulos/Cigarreras.pdf‎:

“Las cigarreras solían comenzar en el trabajo en torno a los 13 años y no existía un límite de edad para la jubilación. A principios del siglo XX cobraban un salario de 2 pesetas diarias, lo que suponía menos de la mitad de un jornal masculino, pero que permitía a estas mujeres ser independientes y mantener o colaborar al mantenimiento de sus familias. Además, las que eran madres, y muchas de ellas lo eran y solteras, estaban autorizadas a llevar con ellas a sus bebés para darles el pecho y podían tener a su lado en el taller a los niños en cunas que la propia fábrica les facilitaba, lo que permitía que sin dejar de liar los cigarros pudiesen mecer con el pie las camitas, con lo que las sufridas operarias compartían su trabajo con las obligaciones maternas.
Son tiempos en los que los trabajadores no tienen más derecho que el salario que cobran, no existe ningún tipo de atención social por parte del Estado, no hay seguro de enfermedad, alumbramiento, viudedad, orfandad o incapacidad y tampoco pensiones de jubilación. En este difícil ambiente las cigarreras, sin embargo, logran constituir como colectivo una asociación de tipo benéfico, una hermandad de socorro, aún sin carácter sindical, en la que a través de un fondo común se pagaban los subsidios por enfermedad, los días de baja por maternidad y la asistencia a las ancianas que ya no podían realizar su labor. Estas mujeres, estimadas y admiradas por su duro trabajo, adquieren fuerza y, conscientes de su cualificación, serán reivindicativas, documentándose entre 1905-1916, aunque con escasos resultados, varios conflictos en los que las trabajadoras reclaman derechos elementales como la equiparación del salario con los varones, la jornada laboral de ocho horas o la regulación de los despidos, reivindicaciones que llevarán incluso a la convocatoria de grandes huelgas en el período comprendido entre 1918 y 1921″.

(…)

“Refleja aquí su preocupación por el tema de la lactancia, un asunto que el pintor conocía bien a través de su hermana menor, Flora Bilbao de Rebolledo, quien formaba parte de la junta de damas protectoras del consultorio de niños de pecho de Sevilla, una institución reivindicativa con los derechos de las trabajadoras, cuyo director, ya en 1909, pedía a los responsables de la fábrica que les concediesen una jornada dividida en dos tiempos para amamantar a los niños. Hay que tener en cuenta que hasta 1923 el derecho laboral español no establecerá con carácter general la suspensión del contrato de la mujer, con reserva del puesto de trabajo, durante un plazo de seis semanas después del parto y la norma por la que, durante el período de lactancia, las mujeres tendrán derecho dentro de la jornada laboral a una hora diaria, dividida en dos períodos de treinta minutos, para atender a la alimentación de sus pequeños.”

Y tomado de “Feminismos y antifeminismos: Culturas políticas e identidades de género en la España del siglo XX”:

La relación de las mujeres trabajadoras y la maternidad adquiría especial relieve en el caso de las cigarreras, teniendo en cuenta que en algunas de las fábricas estaba muy arraigada la costumbre de que acudieran al trabajo con sus hijos, depositados en cajones cuando eran muy pequeños mientras las madres los mecían y realizaban sus labores. Se consideraba que la nocividad del ambiente fabril no sólo les afectaba a ellas, sino que eran los propios niños y niñas quienes sufrían. Para paliar los efectos de estas prácticas se fundaron varios asilos que tenían por objeto recoger a estas criaturas “cuidarlas y prestarles con mucho cariño y esmero una caritativa asistencia durante las horas en que sus madres estén en sus trabajos”. Evidentemente en una sociedad que estigmatizaba el trabajo femenino el asilo no se concibe como un servicio para la mujer trabajadora. En sus reglamentos destaca la rigidez y la culpabilización de las madres porque no son capaces de desempeñar sus funciones correctamente. En la admisión de los niños y niñas tenían preferencia los de “legítimo matrimonio” sobre los naturales y especialmente sobre los ilegítimos. Las uniones ilegítimas eran consideradas como un atentado directo al orden social, por tanto se asociaban automáticamente con ambientes marginales e incluso con la prostitución”. Además estos reglamentos estipulaban un horario de lactancia que obligaba a las madres a “dar el pecho a sus hijos a las horas que se les marquen” sin “pasar de la antesala, donde les serán entregados” y procurando “detenerse el menor tiempo posible”.”

La verdad es que después de leer el libro de Asunción Díez sobre la familia campesina asturiana es llamativo el retroceso, ya que en la realidad que describe ese libro no había moral victoriana alguna sobre la ilegitimidad o la legitimidad de los hijos. Es llamativo también el primer texto en el que la alta sociedad es la que por un lado explota a las madres y, por otro, reivindica los derechos de lactancia.

Esta es otra visión de las cigarreras, la que hace Edmundo D’Amicis de la fábrica de tabacos de Sevilla (La España, 1875):

“Se les paga en razón del trabajo que hacen: las más hábiles ganan tres pesetas al día (…) Las madres trabajan, columpiando con una cuerda la cuna de sus hijos. De la sala de los puros se pasa a la de los pitillos; de la de los pitillos a la de picadura, y por todas partes se ven sayas de colores vivos, trenzas negras y ojazos inmensos.¡Cuántas historias de amor, de celos, de abandonos y miserias encierra cualquiera de aquellas salas!””

Y Emilia Pardo Bazán describe en uno de sus libros, La Tribuna, la manufactura de cigarrillos de Marineda (nombre literario de A Coruña en las novelas de esta autora). Lo que describe aquí poco tiene que ver con el cuadro de Gonzalo Bilbao:

“Preponderaban en el taller de pitillos las muchachas de Marineda; apenas se veían aldeanas; así es que abundaban los lindos palmitos, los rostros juveniles. Abajo, la mayor parte de las operarias eran madres de familia, que acuden a ganar el pan de sus hijos, agobiadas de trabajo, arrebujadas en un mantón, indiferentes a la compostura, pensando en las criaturitas que quedan confiadas al cuidado de una vecina; en el recién nacido, que llorará por mamar, mientras a la madre le revientan los pechos de leche… Arriba florecen todavía las ilusiones de los primeros años y las inocentes coqueterías que cuestan poco dinero y revelan la sangre moza y la natural pretensión de hermosearse.”

Con esa tremenda frase en negrita me despido, con el corazón encogido por una descripción tan gráfica de la simbiosis que se establece entre una madre lactante y su bebé, y las interferencias de un trabajo y un sistema que ponía y pone todo tan difícil…

Análisis y reflexiones en torno al informe de Goldman Sachs “Womenomics 3.0. The Time is now”

www.goldmansachs.com/our-thinking/focus-on/investing-in-women/bios-pdfs/womenomics3_the_time_is_now_pdf.pdf

Introducción

La autora principal de este texto es Kathy Matsui, analista y estratega de Goldman Sachs, uno de los mayores bancos de inversión del mundo, junto a otros co-autores (Hiromi Suzuki and Christopher Eoyang). “Womenomics” fue publicado la primera vez en 1999, después hicieron otro informe en 2005 y ahora lo han vuelto a actualizar.

El interés del mismo reside en conocer cuál es el papel que los famosos “mercados” quieren que juguemos las mujeres en la época actual, en concreto las mujeres japonesas. También es interesante conocer cuáles son las estrategias que subyacen al mismo, de forma manifiesta o entre líneas. Es importante señalar que el estudio, aunque de acceso público, está dirigido a clientes de Goldman Sachs, es decir, a inversores, para que sepan hacia dónde se mueven las cosas y puedan invertir mejor, por ejemplo, en alguna de las 44 empresas que se citan al final del estudio.

Kathy Matsui tiene unos 50 años y es madre de dos hijos. Su marido es economista jefe de la compañía Merrill Lynch de Japón. Según publica Forbes, la autora tiene jornadas profesionales de 10-12 horas, por eso quizás buscó una cuidadora que la “ayudara” (en el artículo también se hace mención a las dificultades para contratar trabajadoras del sector de los cuidados extranjeras). Tuvo una enfermedad muy grave y aún así decidió que, después del tratamiento, “su trabajo sería su terapia”. He dudado mucho en si hablar de la vida privada de la autora o no hacerlo. Dado que ella misma la expuso en esta revista económica, por razones corporativas y de apoyo a sus tesis, me ha parecido correcto introducirla de esta forma.

El contenido del mensaje de “Womenomics” podría resumirse en una de las frases más tremendas y más claras de Matsui en este video:

“Cuando no tienes suficientes cuerpos para hacer el trabajo que hace falta hacer en tu economía intentas aumentar el ratio de nacimientos, dejas entrar a los inmigrantes, o usas a la mitad de la fuerza de trabajo”.

Sobre Goldman Sachs no es necesaria mucha introducción. El Vicepresidente de la compañía para Europa ha llegado a uno de los puestos de máximo poder, de esos que no se votan en las urnas: Mario Draghi, actual Presidente del Banco Central Europeo. Por otro lado, Huw Pill, el subdirector de Análisis y Política Monetaria del BCE se convirtió en economista jefe de la entidad estadounidense en Europa. Y, finalmente, Goldman Sachs también estuvo relacionado con la falsificación de las cuentas griegas para que este país entrara en el euro (en 2002 la deuda griega era del 103% y el Tratado de Mastricht señalaba que no podía ser mayor de 60%).

En España, si Lazard Freres se encargó de asesorar en la salida a bolsa de Bankia, ahora el FROB le ha encargado la venta de las acciones restacatadas con dinero estatal a Goldman Sachs. También ha comprado 3.000 viviendas al IVIMA de la Comunidad de Madrid y las intenta vender por internet “con inquilinos dentro”. Pero volvamos al texto que nos ocupa…

Womenomics (una mezcla entre “mujer” y “economía”)

Como la primera parte de los textos suele ser esencial voy a traducirla de forma íntegra. Después resumiré los contenidos del informe siguiendo una estructura de problema-solución,  beneficios-cómo lograrlos. Pido de antemano disculpas si ha habido algún error de traducción, lo enmendaré en cuanto se me haga notar:

“Womenomics debe convertirse en una prioridad nacional.
Teniendo en cuenta la crisis demográfica aguda de Japón, creemos que la nación no puede
permitirse el lujo de perder su activo más subutilizado. Mientras que la tasa de empleo femenino ha aumentado al nivel récord de un 60%, aún queda un largo camino por recorrer. Womenomics debería convertirse en una prioridad nacional. Las propuestas para fomentar el empleo femenino incluyen servicios ampliados de guardería y cuidados, la implementación de los acuerdos de trabajo flexibles, más sistemas de evaluación y compensación objetivos, y reformas en inmigración. Contrariamente a la opinión popular, el aumento del empleo femenino podría en realidad ayudar a aumentar, no a disminuir, las tasas de fertilidad.”

El concepto de “activo subutilizado” no deja de ser estremecedor aunque no sea nada nuevo. En el capitalismo todos los seres humanos, todos los seres vivos y no vivos, absolutamente todo es un activo o un recurso siempre que exista una demanda. En este caso, la demanda es de “la nación”, es decir, el estado japonés, aunque también de los inversores y mercados, aunque no se diga explícitamente. La mujer es reducida por Kathy Matsui, ella misma una mujer, a un activo que se podría explotar muchísimo más. Parece sorprendente que todavía hoy haya que recordar que muchas mujeres nos negamos a ser activos, recursos, floreros, muñecas u objetos inanimados. Somos seres vivos, seres humanos.

Problema: la demografía

El problema demográfico que describe el informe en Japón es el siguiente: en 2055 la población total de Japón habrá bajado un 30%, el número de nacimientos descenderá un 40%, la población de ancianos se duplicará y la población en edad laboral se reducirá a la mitad.

Solución: aumento del empleo femenino

El informe plantea el problema demográfico sin detenerse a analizar sus causas para después plantear la “solución” al mismo: que las mujeres pasen de participar en la fuerza laboral en un 60% a participar en un 80%, que es la cifra de participación masculina laboral en Japón. Esto equivaldría a 8,2 millones de empleados más a la fuerza de trabajo y, según el artículo, una subida del PIB de Japón de un 15%.

A esto se añade otro “problema” y es que, aunque en Japón el 60% de las mujeres está en el mercado de trabajo, el 70% de las mujeres lo abandona con el nacimiento de su primer hijo.

Nota: España, según un gráfico que acompaña el estudio, tendría un aumento en torno al 13% del PIB (pg 27). Por si a alguien le interesa, la tasa de empleo femenino en España era del 53% en 2012 según el Banco Mundial y la tasa de empleo masculina era del 67%. Según el informe “Matrimonios y parejas jóvenes. España 2009” de la Fundación SM, tras el nacimiento de los hijos, el 37% de las mujeres ha interrumpido su trabajo un año o más y un 15% ha dejado de trabajar definitivamente. El porcentaje de madres menores de 40 años que trabajan (y están casadas o viven en pareja estable) es del 67%. El de madres con hijos menores de tres años es del 58%. El 26% de mujeres considera que el nacimiento de un hijo ha limitado sus oportunidades de promoción, el 41% ha reducido su actividad laboral y un 19% ha cambiado de trabajo para poder dedicar más atención a sus hijos.

Obstáculos al aumento del empleo femenino

Según “Womenomics”, hay insuficientes servicios de cuidados, guarderías, enfermería y limpieza doméstica, es decir, las mujeres no pueden externalizar las tareas de cuidados que vienen realizando. Por ejemplo, solamente el 28% de los niños menores de 3 años van a la guardería, comparado con el 43% de los franceses. Hay muchos niños y ancianos en lista de espera para las guarderías y residencias japonesas. Según el informe hay demasiada regulación en el sector, hace falta desregular. Además, los salarios en enfermería son muy bajos.

Nota: He buscado datos españoles y son los siguientes: El Consejo Europeo de Barcelona de marzo de 2002 planteaba llegar en 2010 en prestar servicios de cuidado para al menos el 33% de los niños menores de tres años. En el curso 2007-2008 se encontraban escolarizados en este periodo educativo 272.780 niños, el 20% de los niños menores de tres años. En el curso 2008-2009 estaban “escolarizados” el 7% de los menores de un año, el 24,7% de los de un año y el 43% de los niños de 2 años. En el curso 2010-2011 había 429.839 niños de 0-3 en guarderías en España. Muchas iniciativas políticas promueven las guarderías para estimular la participación laboral femenina o, mejor dicho, “suprimir los elementos que desincentivan la participación de la mano de obra femenina”, lo curioso es que después muchos artículos hablan de “demanda social”. ¿Quién demanda primero, las instituciones o las madres? ¿Quién nos hace que demandemos algo? ¿Quién problematiza el qué? Creo que es necesario plantearnos esta pregunta.

El informe de Goldman Sachs dice que las ayudas japonesas públicas para fomentar la natalidad tienen que ser mayores y ser condicionadas a participar en la fuerza de trabajo. Si no se condicionan al empleo podrían desalentar que las mujeres se reincorporaran.

Nota: En España hay una deducción por maternidad (art.81 Ley IRPF) para madres trabajadoras por cuenta propia o ajena con hijos menores de 3 años de 100 euros mensuales. Esta ayuda no es válida para las madres en excedencia por cuidado de hijos, es decir, es una medida “womenomics” en toda regla.

Otro obstáculo para lograr los objetivos de Womenomics son las distorsiones de impuestos, ya que en Japón había exenciones fiscales por cada mujer “dependiente” del marido si esta no tenía un mínimo de ingresos, lo que habría obligado a muchas mujeres japonesas a ocupar empleos a tiempo parcial mal remunerados. En los últimos tiempos desde el ámbito político se han ido quitando estos desincentivos y los autores creen que esto quizás anime a las mujeres a buscar trabajos mejor pagados a tiempo completo.

Nota: Es interesante observar cómo se habla de forma despectiva del empleo a tiempo parcial. Es lícito criticar que esté mal pagado pero también habría que resaltar que el trabajo a tiempo parcial va asociado a más tiempo libre para dedicarnos a tareas más interesantes y necesarias que el trabajo asalariado degradante y degradador. Por ejemplo, si antes con un sueldo vivía una familia con 4 hijos, ¿por qué ahora no podemos vivir con el equivalente de dos sueldos a media jornada para una pareja?

El principal obstáculo ideológico, según los autores, es que existe un enfoque inadecuado sobre la diversidad en el lugar de trabajo, pero el estudio señala que desde 2005 hay un Ministro de Estado para la Igualdad de Género y Asuntos Sociales en Japon para promover una mayor igualdad de género y oportunidades.

Nota: En España el Ministerio de Igualdad se creó en 2008 bajo la dirección de Bibiana Aído,  hoy en la sede de ONU Mujeres de Nueva York (la organización de Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres) como consejera especial e integrante de la Oficina de la Dirección Ejecutiva de esa organización.

El estudio también comenta que en Japón hay muy pocas mujeres “líderes”, solamente un 9% de directivas. También se afirma que la brecha salarial sigue siendo grande, un tercio más bajo que la de sus homólogos masculinos. Y esto, según ellos, hace que las mujeres sopesen el coste-beneficio de trabajar fuera y dejen de trabajar.

Más problemas y soluciones para las madres trabajadoras:

Para muchas madres el problema es la inflexibilidad de las horas de trabajo y la falta de apoyo a la madres en las empresas. Hacen falta modalidades de trabajo más flexibles y, como ejemplo, el informe cita el programa de conciliación británico “Derecho a solicitar” (no sé cuál sería la traducción exacta) que consiste en que el Estado da permiso a los ciudadanos para solicitar la flexibilidad, si tienen a cargo niños o ancianos, y obliga a las empresas a tomar en consideración las peticiones. Esto se supone que también beneficiaría a los hombres solteros con padres ancianos a cargo.

Según una encuesta que cita el estudio (Fuente: MHLW), un 65% de las madres que dejaban el trabajo a pesar de su deseo de continuar lo hacían porque pensaban que el trabajo podía hacer el cuidado infantil inviable, un 49,5 señaló que el lugar de trabajo no apoyaba a las madres, un 45,7% señalaba agotamiento físico excesivo esperado (o causado).

Aquí hay que señalar que la cultura corporativa japonesa incluye por norma la realización de horas extras no remuneradas y la entrega a la empresa por encima de la familia. Sería tema para otro post pero quien quiera profundizar puede empezar por una interpretación personal de una persona extranjera que observa desde fuera el sistema japonés. En cualquier caso Womenomics no critica en ningún momento esta filosofía de vida sino que pretende sumar 8 millones más a esa “fuerza laboral”.  

Beneficios – Las mujeres trabajadoras aumentamos la productividad.

Según Womenomics, la disminución de la fuerza de trabajo en Japón y el coste de oportunidad de que las mujeres abandonen la población activa en el momento de mayor plenitud de sus carreras está forzando a las empresas a mejorar la diversidad a través de estrategias de retención y promoción. En opinión de los redactores del informe, la clave para impulsar la agenda de la diversidad hacia adelante en una organización es convencer a los administradores de que la diversidad es crucial para la rentabilidad de una empresa.

Nota: Noruega estableció una cuota legal de directivas (un 40%) en las empresas públicas en 2004. En España en la legislatura de Rodríguez Zapatero (PSOE) se aprobó la Ley de Igualdad, que recomendaba un 40% de directivas en las grandes compañías. Con el PP, que se abstuvo en la votación de la Ley de Igualdad, se han firmado convenios voluntarios y no penalizantes con grandes empresas para pasar de un 14% a un 20% de directivas.

Como vemos, esto es precisamente lo que está promoviendo ONU Mujeres (“la igualdad es buen negocio”) y muchas empresas de género en España con mensajes del tipo “Incrementando beneficios: mujeres en los organismos empresariales” (ver por ejemplo https://sites.google.com/site/somosinergias/servicios/-que-hacemos/charlas-y-conferencias). Por otro lado, es llamativa la forma en la que el gran capital necesita apoderarse de los años de “mayor plenitud” en términos capitalistas. Sabemos que la juventud y la madurez no tienen por qué ser los mejores años de la vida de una persona pero es, desde luego, cuando alcanza mayor fortaleza física y energética, es decir, de gran energía vital. Goldman Sachs nos dice aquí que esa energía vital no debe ser dirigida a los cuidados de sus familiares sino hacia el cuidado de la empresa y el consumo de productos.

Aquí ni se plantea ni se cuestiona si hombres y mujeres podrían trabajar a media jornada los dos para tener tiempo para tener su casa limpia y cuidar a sus seres queridos o ayudar a sus vecinos, amigos y familiares en labores de apoyo mutuo. Tampoco se cuestiona que una reducción voluntaria en el consumo superfluo podría ser positiva para el ser humano, aunque mala para el capitalismo y el estado. Tampoco se cuestiona que gran parte de los trabajos son superfluos, nocivos o van dirigidos a satisfacer necesidades creadas. En lugar de eso se promueve tímidamente que los hombres ayuden más en casa, unas horas más al día o a la semana, después de admitir que un 11% realiza jornadas de 60 horas semanales laborales. ¿Eso se supone que es un privilegio del género masculino?

Problema: la demografía. Solución:  trabajadoras japonesas + (mujeres) inmigrantes

La autora del informe constata de nuevo el problema demográfico japonés y la importancia de animar a las mujeres a participar en el mercado de trabajo. Pero también hacen falta reformas legales en emigración que permitan a más extranjeros entrar en Japón. El informe señala que el debate sobre inmigración tiene que centrarse más en los trabajadores extranjeros enfermeros, canguros, del servicio doméstico, es decir, los profesionales que pueden asumir las tareas que ahora están realizando las mujeres japonesas. Ni que decir tiene que las profesiones citadas son mayoritariamente realizadas por mujeres, por tanto, estamos hablando de sustituir a unas mujeres por otras que harían esas tareas por un salario.

Esto es interesante y curioso. ¿Y si las mujeres japonesas en lugar de cuidar a su hijo o limpiar su casa cuidaran al hijo de sus vecinos y limpiaran otra casa por un sueldo? ¿Y si se intercambiaran los cuidados por un sueldo? ¿No sería una “suma cero” para las japonesas y un buen pellizco de impuestos para el Estado? ¿Aumentaría también el PIB? ¿Se solucionaría así el problema demográfico? ¿Y si, como plantea Silvia Federici y otras feministas, las amas de casa cobraran un salario del Estado? ¿Le parecería bien a Goldman Sachs?

El estudio afirma que se estima que en 2014 se necesitarán de 1,4 millones a 1,6 millones de cuidadores, cuando la población mayor de 75 años llegará a 6,4 millones. También señala que Japón corre el riesgo de perder la carrera global por el talento de los extranjeros enfermeros en el momento en el que más los necesita.

Nota: ¿No nos suena esto de algo? ¿Alguien recuerda el anuncio de Angela Merkel reclamando jóvenes ingenieros españoles?

El planteamiento “Womenomics” tiene el atrevimiento de hacer una apología del mercadeo de seres humanos por el mundo, importando mujeres (las profesiones que se reclaman para “liberar” a las mujeres japonesas de los cuidados son ocupadas mayoritariamente por mujeres de otros países). ¿Y quién se preocupa de los niños, ancianos y familiares dependientes que se dejan atrás en Filipinas o Indonesia? ¿Y quién se preocupa de la formación, que pagaron los estados filipino o indonesio, de dinero extorsionado vía impuestos a las clases populares filipina e indonesia, de esas enfermeras y enfermeros que se van a Japón? ¿Y quién se acuerda de la energía empleada en la crianza de esas mujeres cuidadoras a la hora de marcharse? Para Goldman Sachs todo esto son cuestiones secundarias. La solución siempre está en explotar a otro ser humano que cueste menos dinero. Silvia Federici llama a esto: una nueva solución colonial a la «cuestión del trabajo reproductivo y Prado Esteban también habla de este tema en sus charlas. 

A más empleo femenino, supuestamente, mayor tasa de fecundidad

Según el estudio, la teoría de que si más japonesas trabajan el ratio de nacimientos declinará todavía más, exacerbando las presiones demográficas, es un mito. Los países con relativamente altas tasas de participación laboral femenina como Suecia, Dinamarca, Países Bajos y Reino Unido tienden a tener tasas altas de fertilidad relativa y viceversa.

Nota: Por lo que he investigado el trabajo asalariado y los estudios universitarios tienden a reducir las tasas de natalidad de los países occidentales al menos en un primer momento. Los países que nombra el estudio han conseguido tasas de reemplazo muy justitas (2 hijos por mujer) a base de ayudas estatales (guarderías, subvenciones y leyes de conciliación) e inmigración. Si no hay ayudas estatales (dinero) vinculadas a seguir trabajando la tendencia de este sistema es a no tener hijos.

Por ejemplo, Alemania tiene tasas altas de trabajo femenino (67% en 2011) y baja natalidad (índice de fecundidad 1,38 hijos por mujer). Una explicación puede ser que las ayudas o intervenciones estatales van dirigidas a que los padres (aunque casi siempre la toman las mujeres) se queden en casa criando cuando tienen hijos, por ejemplo, con una excedencia pagada de 12 meses en lugar de que sigan trabajando gracias a las guarderías. El modelo de familia nuclear con ama de casa típico alemán tenía una alta natalidad antes de los años 70. Sin embargo, en la época actual se convierte en algo paradójico porque, una vez que la mujer trabaja y estudia en la universidad de forma masiva, si el Estado sigue promocionando el modelo “años 50” con ayudas (es más exacto llamarlo así en lugar de denominarlo con falsedad como “tradicional”), en lugar de aumentar la natalidad, provoca su bajada. Desde un plano personal creo que se entiende mejor si se piensa que una mujer no estudia e inicia una carrera profesional (con la inversión de tiempo, dinero y esfuerzo que supone) para después abandonarla y verse penalizada por ello en lo profesional. Queda de manifiesto que el sujeto actual es manejado por el Estado y los poderes económicos como quiere a base de premios y castigos económicos.

Francia tiene ayudas muy parecidas para los padres que quieren tomarse excedencias pero, a diferencia de Alemania, también subvenciona las guarderías desde temprana edad. Es decir, es un modelo doble, ofrece las dos opciones aunque se resalta la de la madre trabajadora. Como dice France Prioux, demógrafa en jefe del INED: «La política de Estado permite a las mujeres tener más hijos, sin dejar de trabajar. Existen muchas ayudas. Italia, España, el Reino Unido, apenas tienen políticas familiares comparables. La política alemana solo favorece a las mujeres que no trabajan. La política familiar francesa favorece la natalidad, y, al mismo tiempo, da un impulso económico a toda la nación».”

Me quedo con una frase lapidaria del libro de Anselm Zurfluh: ”La familia ha perdido su papel de regulador del número de nacimientos. Esta función la ha asumido en nuestros días el Estado. Por eso, sólo el Estado podría reunir los medios necesarios para fomentar la natalidad. Ha de ofrecer los atractivos suficientes para que las parejas se decidan a tener hijos.” Podéis sustituir la palabra “familia” por persona, ser humano o lo que queráis y añadir al Capital, el mundo de la empresa. Y esta frase lapidaria vale tanto para cuando desde el poder se desea estimular la natalidad como hacerla descender, como cuando se nos quiere a las mujeres en casa o trabajando fuera, tanto como si se quiere que los niños sean criados en casa como en la guardería… Somos meros títeres que nos creemos libres.

¿Cómo lograr el objetivo principal, que las mujeres se incorporen o permanezcan en la fuerza laboral al ser madres?

En esta parte del informe Goldman Sachs aconseja al Estado y al mundo de la empresa:

1. Ampliar la capacidad y la asequibilidad de guarderías y servicios e instalaciones de cuidados de enfermería a través de una mayor desregulación.

Mi interpretación: Es decir, externalizar los cuidados mediante instituciones.

2. Reformas de inmigración que permitan a las mujeres externalizar sus responsabilidades en cuanto a guardería, cuidado de enfermería y limpieza a enfermeros extranjeros, cuidadores, niñeras y servicio doméstico. Nota: no pone género pero esas profesiones son realizadas en su mayor parte por mujeres, es decir, se cambian unas mujeres por otras, lo que unas hacen por vínculos personales las otras lo hacen por dinero.

Mi interpretación: Es decir, externalizar los cuidados vía inmigración, con mujeres de otros de estados.

3. Proporcionar ayudas o beneficios por cuidado infantil más sustanciales que estén condicionados a la participación en la fuerza de trabajo.

Mi interpretación: Más premios-zanahoria de Papá Estado.

4. Introducir una legislación que empodere a los padres a pedir trabajo más flexible
en horarios y obligue a los empleadores a considerar esas peticiones (similar a
la legislación introducida en el Reino Unido en 2003).

Mi interpretación: Papá Estado empoderando o “dando poder” a sus súbditos junto al capitalismo para conseguir más fuerza de trabajo. Sin el Estado el capitalismo se fagocita a sí mismo.

5. Una aplicación más estricta de la Ley de Igualdad de Oportunidades en el Empleo, en términos de salario, empleo, promoción y discriminación.

Mi interpretación: El Estado empoderando a la mujer para conseguir más fuerza laboral. 

6. Eliminar totalmente las distorsiones fiscales que disuaden a las mujeres casadas de trabajar.

Mi interpretación: Eliminar los anteriores premios que otorgaba el Estado para que las mujeres se quedaran en casa. Cambio de etapa, cambio de premios, cambio de las viejas “distorsiones” por otras nuevas según las nuevas circunstancias. El sistema de dominación siempre se transforma.

7. Los empleadores deberían adoptar una evaluación, compensación y planes de promoción justos y objetivos.

Mi interpretación: El mundo de la empresa debe encontrar mecanismos para retener a las trabajadoras en su momento más productivo.

8. Los empleadores deben promover modalidades de trabajo más flexibles.

Mi interpretación: Lo mismo que el punto anterior.

9. Los empleadores tienen que adaptar sus procesos de gestión de recursos humanos para permitir a las mujeres desarrollar carreras no lineales. Esto incluye protección contra la discriminación de la edad para las madres que desean volver a entrar en la fuerza laboral y la adopción de más procesos de gestión de la carrera profesional a medida y flexibles.

Mi interpretación: Lo mismo que el punto anterior.

10. Los empleadores tienen que convencer a sus empleados de que la diversidad es fundamental para su resultado final.

Mi interpretación: El lema de ONU Mujeres en estado puro, “la igualdad es buen negocio”.

Una vez externalizados los cuidados… ¡A consumir!

Según Womenomics, las mujeres solteras tienen más dinero que los solteros. Sus hábitos de consumo van dirigidos hacia la cosmética, tratamientos dentales, comida para mascotas, reparación y mantenimiento, flores cortadas, servicios de cuidado personal, entre otros.

Por estas razones, el informe considera que los ganadores con “Womenomics” son los de los cuidados externalizados y la industria de todo lo que nos hace, supuestamente, bellas:

– cuidados infantiles (guarderías, catering para centros infantiles, biberones, sacaleches y chupetes, pañales de bebés)

– cuidados de ancianos (residencias, servicios médicos o de enfermería, tele-asistencia, pañales para adultos)

– la industria de la comida preparada

– la industria de la “belleza” femenina (cosmética, maquillajes, cremas, productos para el pelo)

– empresas de limpieza de casas

– varios: comercios de ropa, bancos con productos específicos para mujeres (divorcio o fertilidad), empresas de trabajo temporal…

Análisis

Lo que viene a decir esta lista de empresas es que hay un gran negocio en las labores que realizan las mujeres sin cobrar. Si ellas trabajan por dinero alguien tendrá que hacer cobrando lo que ellas ya no pueden hacer. Además, con el salario que ganan podrán ser grandes consumidoras de multitud de productos. Como objetivo soñado en el horizonte se encuentra el sacrosanto crecimiento del Producto Interior Bruto.

En mi opinión este informe es tristísimo. Los cuidados deberían repartirse y organizarse libremente entre los propios interesados, para empezar. Además, los cuidados, deberían estar en el centro de la vida, deberían valorarse como lo más importante de una sociedad. No es lo mismo que un bebé sea cuidado por una persona que lo ama, ya sea la madre, el padre, un abuelo u otra persona que lo sea por una persona que no lo quiere, que lo hace simplemente por dinero. Lo mismo es válido para los ancianos o las personas dependientes, aunque en este caso al ser adultos deberían ser ellos mismos los que decidieran cómo quieren ser cuidados. Con esto no quiero demonizar a la industria de los cuidados externalizados, es más, creo que podrían ser beneficiosos si cambiara su enfoque, el tiempo al que estamos obligados a depender de ellos y si se integraran realmente en la sociedad, no aislados y segregados del resto de ámbitos de la vida.

No sé como se lo podría explicar a alguien de Goldman Sachs pero, aunque parezca increible, no es lo mismo cocinar comida casera que alimentarse de comida congelada industrial. Que esa comida sea cocinada por un hombre o una mujer es indiferente y debería ser decisión de los propios afectados. Hay que tener en cuenta que incluso la comida casera, al utilizar ingredientes de la agricultura industrial, cada vez es más tóxica. Aún así, siempre será mejor lo casero que lo preparado.

Creo que habría que abogar por un reparto de los cuidados entre toda la sociedad fuera del mundo asalariado siempre que fuera posible. Primero autogestionarlos dentro del hogar pero, a la vez, y sin que suene contradictorio, recurrir a familia extensa, vecinos y amigos para ayudarnos unos a otros. Es decir, construir comunidad de apoyo mutuo sin que medie dinero ni impuestos de por medio. El camino de recurrir al mundo asalariado para los cuidados, ya sea en forma de trabajo doméstico, nodrizas, cuidadoras y educadoras infantiles (trabajos realizados mayoritariamente por mujeres, por cierto) deriva en que se mercantilice la vida. ¿Acaso no llegará un día en que se pague por tener un amigo, por recibir un beso, por mantener una relación sexual con un novio o pasear con un abuelo? ¿Pagaríamos a alguien para que cenara con nosotros en nuestro restaurante favorito? Estamos entrando en nuevos campos de la prostitución de la vida. El capitalismo es un gran prostíbulo, es compra-venta de cuerpos, pero todavía quedan pequeñas parcelas sin sucumbir a él. Por ejemplo, la familia, el amor y la amistad, donde todavía se hacen favores sin intercambio inmediato, se realizan préstamos sin interés, se dan productos a precio de coste o directamente se regalan, donde se dan cosas por el mero hecho de darlo o con una reciprocidad muy flexible.

Si antes se hablaba de las mujeres-florero, ya podemos empezar a hablar de las mujeres-activo, aprovechadas o subutilizadas. ¿Qué ocurriría si esto, en lugar de decirlo Goldman Sachs, lo dijera un marido sobre su mujer? Nos parecería machista. Sin embargo, cuando el lugar de un marido lo dice un banco, una empresa o un Estado nadie dice nada. El hecho de que, finalmente, las mujeres que permanezcan en el mundo asalariado terminen realizando, en su mayor parte, trabajos de cuidados es un tema digno de estudio. En lugar de realizar las tareas de cuidados o reproductivas del hogar o familiares terminarían limpiando o cuidando a otras personas. Podrían darse situaciones paradójicas en las que una mujer dejara a su propio hijo en la guardería para cuidar al hijo de otra mujer más rica, por ejemplo, de una directiva de Goldman Sachs. O que una mujer no pudiera mantener su propia casa limpia porque trabajara de sol a sol limpiando casas de otros. O que una mujer, en lugar de cuidar a su madre terminara trabajando en una residencia de ancianos. O que una mujer, en lugar de cocinar en su casa para su familia, terminara cocinando para oficinistas o en una cadena industrial de fabricación de hamburguesas congeladas. Es decir, los cuidados siempre hay que hacerlos. El problema a debatir es cómo los vamos a hacer y cómo nos vamos a ayudar unos a otros para realizarlos y poder también descansar y hacer otras tareas, porque no podemos seguir realizándolos en soledad y aislamiento. Y aquí hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos, dependientes en mayor o menor grado, tenemos que ir de la mano. Todos tenemos algo que aportar y todos necesitamos a los demás para sobrevivir.

Los que pierden con “Womenomics”

Ya que este apartado se les olvidó redactarlo a los autores, voy a hacerlo yo, desde mi humilde punto de vista.

– Perdemos las mujeres, a las que se nos utiliza como mercancía para ser exprimidas al máximo. En lugar de imponer el modelo de explotación masculino japonés como ejemplo a imitar, se deberían crear nuevas formas de vivir cooperativas fuera del mundo asalariado para hombres y mujeres. Perdemos también si seguimos realizando los cuidados como única tarea, sin descanso, sin ayuda, sin apoyos y en soledad. Por eso, no nos emanciparemos ni en el trabajo asalariado ni en casa.

– Pierden los bebés, a los que se utiliza también como mercancía, un producto de fábrica en proceso de creación, molesto y caro al que hay que encontrar un sitio (pagado) mientras los adultos se entregan a la empresa: la guardería o la niñera (migrante, según Goldman Sachs). Pierden porque incluso con las mejores condiciones, todo ser humano necesita ser cuidado por alguien que le quiera en un ambiente sano. Esto no quita que haya educadoras infantiles (profesión ocupada por mujeres en su mayor parte) bien intencionadas y llenas de amor a los niños, pero nadie puede justificar como positiva la reclusión de los bebés durante largas jornadas separados de sus familias simplemente porque hemos creado un mundo en el que la producción de artículos o servicios (muchos de ellos estúpidos o nocivos) es incompatible con la crianza no externalizada de los bebés.

Para Goldman Sachs y el estado japonés, en cualquier caso, es negativo que los hombres o las mujeres se queden en casa cuidando sin dinero de por medio, porque de lo que se trata es de aumentar la masa laboral, no de disminuirla. Aún así quiero aclarar que la crianza o los cuidados no externalizados o realizados a tiempo completo tampoco son la panacea porque nos encontramos solos, sin vínculos, entre cuatro paredes y sin posibilidad de desconectar. Es decir, también estamos recluídos. No es por eso raro que muchas madres o padres sientan que el trabajo les libera, ya que la crianza en soledad, propia de las sociedades modernas industrializadas, es muy dura.

– Pierden los hombres, ya que Womenomics no modifica su terrible situación: trabajar en inhumanas jornadas laborales y volver a casa tarde cada noche. ¿De esta forma cómo van a realizar los cuidados? Si el trabajo asalariado es de por sí alienante, con esos horarios se aumenta su capacidad destructiva. 

– Pierden los ancianos, cuidados por terceras personas que no los aman y con los que no tienen ningún tipo de vínculo, o cuidados a base de teleasistencias o nuevas tecnologías que jamás podrán sustituir el contacto humano familiar, segregados y apartados de la sociedad. En cualquier caso, al tratarse de adultos, al igual que las personas dependientes, ellos mismos tendrían que expresar cómo prefieren ser cuidados y qué pueden o quieren aportar a la sociedad, desde sus posibilidades. No creo que los cuidados pagados sean negativos siempre, de hecho, en muchas situaciones de la sociedad en la que vivimos pueden ser la única o la mejor solucion. Eso sí, hay que repensarlos y reflexionar mucho sobre ellos.

– Pierden las mujeres y hombres inmigrantes, que también tienen que separarse de sus seres queridos para cuidar a familiares de extraños. Curiosamente, a Kathy Matsui le parece mal que los cuidados de los ancianos sean, por tradición, realizados por las mujeres, sin embargo no realiza comentario alguno sobre que esos mismos cuidados terminen siendo realizados por mujeres migrantes.

Reflexiones finales

Con este análisis me estoy dando cuenta de hasta qué punto está nuestra vida determinada por agentes externos, por sus premios y castigos. Lo que habitualmente son consideradas decisiones personales se ven influenciadas por decisiones al más alto nivel como, por ejemplo, exenciones fiscales, ayudas y subsidios estatales y, por otro lado, como entidades inversoras del sector privado tratan de presionar o promover modos de vida más acordes a sus propios intereses. Obviamente el interés de las propias mujeres y hombres, niños y ancianos de Japón ni del resto del mundo no son considerados en ningún momento de este cálculo economicista y ávido de poder de la vida. No son considerados seres humanos, son mercancías o súbditos. Todo el sistema está organizado para que ellos mismos se vean a sí mismos como tales.

El capitalismo y el estado nos han llevado a un callejón sin salida, ya que muchas de las recomendaciones de Goldman Sachs son inviables con la crisis económica. Es una esquizofrenia total. Por un lado hay muchísimo paro, por otro lado se quiere que las mujeres trabajen en el mundo asalariado cuando menos posibilidades hay de encontrar uno. A la vez se habla de conciliación y flexibilidad cuando se están quitando ayudas y subsidios que ya no se pueden mantener.

El estudio también se habla de reformas en emigración pero en muchos países, como en España, los emigrantes vuelven a sus países o se van a otros. Y los enfermeros españoles se van a Reino Unido, los ingenieros a Alemania. En ese contexto, muchas familias tendrán que volver a cuidar a sus propios ancianos porque ya no podrán pagar a una mujer emigrante, modo de cuidado ideal para Goldman Sachs. En otro ejemplo sobre la flexibilización de los horarios laborales podemos leer que “Estos planes han quedado aparcados hasta que España salga de la crisis”, tal y como describe un artículo sobre el convenio firmado por Ana Mato y un puñado de grandes empresas españolas. ¿Entonces?

Estamos en un momento clave, ya que se pretende externalizar los cuidados todavía más pero a la vez no hay trabajo para pagar esos cuidados externalizados. El capitalismo ya no puede exprimir más según sus viejos modelos. Por otro lado, el precario Estado de Bienestar tampoco se puede pagar por haber socializado las pérdidas de la burbuja inmobiliaria y la corrupción política y bancaria.

Se quiere que la gente tenga hijos pero el sistema lo hace inviable o una carrera de obstáculos, desde la incapacidad de imaginarlos o soñarlos a la dificultad para encontrar o mantener una relación de pareja, pasando por las dificultades económicas y laborales. En una primera fase la fertilidad cae con el empleo femenino y el mayor acceso a estudios superiores pero, después, en países como Noruega o Suecia salta el Papá Estado con sus ayudas para pagarnos, o bien la crianza, o bien la externalización de la misma. Sin esas ayudas o estímulos-zanahoria, ya no sabemos ni podemos vivir.

Política

Después de la 2ª guerra mundial hubo un periodo en el que la biopolítica exaltaba el ama de casa criadora y cuidadora. A partir de los 70 el modelo cambió y se pensó que las mujeres éramos más interesantes como trabajadoras que como madres reproductoras. Años de estudios universitarios y empleos provocaron la caída de la natalidad. Solamente ha subido a la mínima tasa de reemplazo en los países en los que el Estado paga por tener hijos, criarlos y pone guarderías.

Ahora se quieren las dos cosas, que trabajemos y que tengamos hijos, o que gastemos dinero externalizando los cuidados que no hacemos nosotras en otras mujeres, mayoritariamente, inmigrantes. ¿Es ético que otra mujer limpie mi casa? ¿Y quién limpia la suya? ¿No deberíamos cada uno limpiarnos lo que ensuciamos? ¿No deberíamos ir en otra dirección, la de trabajar menos horas y, al menos, realizar tareas que merezcan la pena, como construir un mundo mejor?

Ahora no hay trabajo, ni dinero, ni el Estado puede pagar esos cuidados y nosotros nos hemos vuelto inútiles para realizarlos. ¿Qué ocurrirá?

Conciliar el “qué” o el “cuánto”

No se cuestionan las causas de la crisis demográfica, de la que parte el informe Womenomics. No se cuestiona ni de dónde venimos ni hacia dónde vamos. No se cuestiona que gran parte de nuestros trabajos no tienen ningún sentido y solamente benefician a las elites.  ¿Realmente los seres humanos no podernos hacer algo mejor con nuestra energía vital con la cantidad de problemas que hay en el mundo?

Hemos olvidado la importancia de estar realizando una actividad positiva para la sociedad y el mundo. Casi todos los trabajos bailan el agua a los poderosos, son adoctrinantes, fomentan la dependencia y la falta de autonomía, el consumismo, la contaminación, la violencia…

Sin embargo todo el debate, tanto para Goldman Sachs como para los movimientos progresistas o sindicalistas, va siempre dirigido hacia discutir sobre números. Si es mejor que las mujeres trabajen en un 80% o en un 50%, si la productividad subiría o bajaría, si lo que tenemos que hacer es conciliar y ser flexibles para estar X o Y horas con nuestros hijos…

En lugar del cuánto ha llegado la hora de hablar del QUÉ. Si una tarea es de vital importancia, positiva, necesaria y dirigida al bien común, lo demás sería secundario (podríamos realizarla junto a nuestros bebés, incluso, normalizando la convivencia con los niños). Sin embargo si creemos que la vida se reduce a trabajar para consumir mientras hay hambre, guerras y miseria tenemos un gran problema. De nada de esto habla Womenomics. No habla de los grandes problemas de la humanidad ni del mundo ni de la existencia. Para pensar en ellos e intentar resolverlos sí que habría que dedicar horas y horas, con nuestros bebés al lado, con nuestros viejos, con nuestros compañeros, con nuestros amigos.

Ya que todo el informe parte del problema demográfico japonés, un problema existencial importante al que se enfrentan los habitantes de Japón es por qué “un 46% de las mujeres entre 16 y 24 años no están interesadas en, o detestan, el contacto sexual. Más del 25% de los hombres se sienten igual”. Si ni siquiera hay impulso sexual, ¿cómo va a haber impulso genésico? Cabría preguntarse varias cosas: ¿No quieren sexo porque su aporte de deseo, placer y fusión lo reciben del consumo o las distracciones tecnológicas? ¿Es porque el estudio y el trabajo son tan destructivos y estresantes que solamente quieren dormir y descansar? ¿No quieren hijos por las mismas razones? ¿Se ha convertido la vida sexual en un trabajo más? En lugar de enfrentar la reflexión que provocan estas preguntas el informe opta por proponer soluciones a esta cuestión a base de talonario, con dinero. Dinero para pagar guarderías, dinero para atraer a más trabajadoras y dinero para importar trabajadores extranjeros. Pero el dinero no solo no lo compra todo sino que además es gran parte del problema.

Por todo ello, la propuesta de Womenomics, no deja de ser una huida hacia adelante más, en la que para “solucionar” los problemas que el mismo poder ha creado en anteriores estrategias y fases políticas se crean otros que ni siquiera los poderosos saben muy bien hacia dónde conducen. En realidad les da igual, mientras las nuevas situaciones abran oportunidades de negocio, como la creciente industria de la soledad. Y así seguiremos, de década en década, dando tumbos mientras otros deciden, y luchando con batallas de cifras, cuotas y porcentajes. En realidad la mejor estrategia frente al PODER es luchar de forma cualitativa y no cuantitativa.

Mary Wollstonecraft, sobre el amamantamiento y la fertilidad

  

Se suele pensar que la mujer preindustrial no conocía su cuerpo ni tenía ningún control sobre su fertilidad. Esto no es exactamente así y habría que matizarlo mucho. Hoy os dejo una frase de Mary Wollstonecraft, una mujer y madre muy especial (¡la mamá de Mary Shelley, la escritora de Frankenstein!) que pertenece a su libro “Vindicación de los derechos de la mujer”, escrito en 1792:

Imagen 1

Como veis, en la edición de Marta Lois de la Editorial AKAL de 2005 hay una nota al pie que dice lo siguiente:

Esto no es cierto, en base al método anticonceptivo de la amenorrea de la lactancia (MELA), que ya he enlazado en este blog otras veces. El MELA es eficaz en un 98% durante los primeros 6 meses del bebé siempre que se cumpla lo siguiente: lactancia totalmente exclusiva, amenorrea post-parto y, claro, un bebé menor de 6 meses. Para leer las evidencias científicas del MELA que sí existen, a pesar de lo que dice esta nota al pie, podéis abrir el siguiente documento de UNICEF. Es importante señalar que ahora se introducen alimentos complementarios a partir de los 6 meses, pero en la época de Mary Wollstonecraft es muy posible que esta fecha fuera más flexible, es decir, posterior.

Figuras de la madre

Hoy presento un pequeño párrafo del libro compilado por Silvia Tubert “Figuras de la madre”, en concreto del capítulo escrito por Yvonne Knibiehler titulado “Madres y nodrizas”, que nos lleva a pensar que la clásica división patriarcal que se establece entre la mujer y la madre podría tener un paralelismo en el de la dama y la nodriza.

“A diferencia de las griegas, las romanas no daban siquiera el pecho. Una nodriza, casi siempre una esclava, se encargaba de la lactancia”. ¿Y quién lo decidía? ¿Las madres o los padres? En Roma, según describe la autora, el pater familias era el que tenía la autoridad para decidir, por encima de la madre. ¿Y por qué prefería a una nodriza? A veces para apresurar un nacimiento (por el componente anticonceptivo de la lactancia), para priorizar el linaje paterno sobre el materno impidiendo la transmisión de la sangre materna a través del amamantamiento y, por último, los romanos desconfiaban de la intimidad, para ellos debilitante, que crea la lactancia entre madre e hijo.

¿Creéis que el patriarcado actual, que sustituye al pater familias por el Estado (según la tesis de Feminicidio, de Prado Esteban y Félix Rodrigo Mora), continúa dividiendo nuestra identidad como ocurría durante el Imperio Romano?

AVT_Yvonne-Knibiehler_6266

Yvonne Knibiehler

La familia campesina del Occidente asturiano

1001965_10152352285891138_1678517934041324360_n

Ha llegado hace poco a mis manos este libro, que conocí a través de una de las charlas de Prado Esteban, y me ha parecido muy interesante desde el punto de vista histórico y antropológico. Su autora es Asunción Díez y está publicado por el Instituto de Estudios Asturianos.

Como sabéis, siempre que pillo un libro por banda me fijo en temas relacionados con la maternidad, la paternidad, sexualidad, lactancia (más ahora que estoy formándome como asesora), cómo se criaba a los hijos y demás. Por eso, de esta obra he seleccionado el fragmento relacionado con el destete, del que habla en una nota al pie (pg. 74). ¡No esperéis encontrar una versión asturiana pre-industrial de “babyled weaning”! Allá va:

“La dieta de destete solía consistir en “papas” de trigo o maíz, cocidas en caldo o leche, es decir, una especie de polenta o gachas, y “caldo de rabas”, el potaje local, hecho con tocino, un poco de chorizo y un poco de carne fresca o salada (según lo acomodada que fuera la familia), y algún hueso, más judías blancas, patatas y la hoja de nabo (“rabas”, que son las hojas grandes, distintas de las del cogollo, más tiernas y llamadas “cimois” y que corresponden a los “grelos”). Cuando el niño comenzaba con la dentición, entre los 7 meses y el año, se le daba una corteza de tocino (“con algo de blanco para que críe unto”) para que la mordiera y sintiera alivio.

La descripción de la dieta proviene de fuentes orales. Esta dieta era la practicada en toda la zona hasta los años 50 de este siglo”.

Al estudiar la familia de esa época, este libro toca temas relacionados con la fertilidad y también con la falta de ovulación relacionada con la lactancia exclusiva y las frecuentes tomas (para más información científica sobre el MELA o el método anticonceptivo que se basa en la amenorrea de la lactancia podéis leer este documento de Unicef):

“Por regla general, en ausencia de amamantamiento del niño nacido en primer lugar, ya sea porque se confíe su crianza a una nodriza o porque muera al poco tiempo de nacer, el intervalo tiene una duración que puede oscilar entre los 10 y los 18 meses, mientras que, cuando la madre amamanta al anterior nacido, el intervalo puede prolongarse hasta los 24 o 30 meses. Sin embargo, esto no se cumple en la totalidad de los casos, ya que, determinadas madres, pueden tener intervalos reducidos, pese a criar ellas mismas a sus hijos, en tanto que otras pueden tener largos intervalos a pesar de que los niños mueran al nacer. El equilibrio hormonal de los individuos, así como las probabilidades de que se produzca la concepción de un óvulo maduro, presentan un carácter aleatorio que hace, por ejemplo, que no todas las mujeres casadas a la misma edad y cuya unión dura el mismo tiempo, tengan igual número de hijos.”

La autora se plantea una pregunta a la hora de analizar la fertilidad y la muerte de los bebés al analizar los intervalos entre hijos al afirmar “el problema que se plantea (…) es establecer en qué medida un intervalo corto que sigue al nacimiento de un niño al que no se menciona más, es el efecto de la desaparición de ese niño o su causa”. Se refiere a si qué entender cuando un intervalo entre hijos es muy corto, si es que el niño murió por un destete precoz y en seguida se volvió a quedar embarazada, o bien si el niño murió primero y, al dejarle de amamantar, volvió su ovulación y se quedó de nuevo embarazada. ¿Quién fue primero, el huevo o la gallina? Desde luego, la labor de los historiadores es muy detectivesca. Es interesante cómo pueden plantearse todas estas cuestiones tan solo analizando los libros de las parroquias.

El tema de la lactancia vuelve a aparecer en el libro cuando explica el descenso de la fecundidad entre 1750 y 1870, con intervalos más largos entre hijos. La autora ofrece diferentes explicaciones, una podría ser el descenso de la mortalidad perinatal (gracias a, según el libro, los médicos rurales o mejor preparación de las matronas). Pero hay otra posibilidad que le parece más influyente, y es el de la práctica de tomar expósitos de los hospicios para su crianza, es decir, de nuevo el poder sobre la fecundidad que tiene el amamantamiento.

Pero este libro en realidad no trata sobre lactancia. En él podemos saber que en el período estudiado por la autora (siglos XVIII y XIX) lo normal era que en los matrimonios la mujer fuera un poco más mayor que el hombre y esta tendencia no cambio hasta bien entrado el siglo XIX. También me ha sorprendido que fuera también normal que las mujeres llegaran al matrimonio con hijos “ilegítimos”, ya fuera de su pareja o de parejas anteriores. Tampoco tenían que huir para ocultar su “culpa”. Asunción Díez explica “durante todo el período, no está presente ese concepto victoriano de la moral, que parece imponerse a lo largo del siglo XIX”. Y es que la historia concreta, sin teorías apriorísticas o prejuicios, nunca dejará de sorprendernos, permitiéndonos aprender y entender también el mundo actual.

Efectos del ejercicio en la salud materna y la lactancia

1476314_599044513483311_1732518026_n

Reproduzco algunas citas interesantes de un artículo de Marta Díaz Gómez tomado del libro “Lactancia Materna: guía para profesionales” del Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría:

EJERCICIO FÍSICO

Efectos del ejercicio sobre la salud materna:

El ejercicio físico tiene numerosos efectos beneficiosos en la salud materna: mejor la función cardiovascular, ayuda a perder la grasa acumulada durante el embarazo, mejora la mineralización ósea, aumenta la fuerza y flexibilidad muscular, mejora la sensibilidad a la insulina, aumenta los niveles de HDL-colesterol, estimula el sistema inmunitario y tiene efectos como reducir el estrés y la ansiedad, aumenta la autoestima, al mejorar la imagen corporal y produce sensación de bienestar, por la liberación de endorfinas.

(…)

Recomendaciones sobre la práctica de ejercicio físico durante la lactancia

Todas la mujeres en el postparto deben realizar para fortalecer el suelo pélvico (ejercicios de Arnold Kegel), con el fin de recuperar el tono de la musculatura perineal y prevenir la incontinencia urinaria en edades posteriores de la vida. Estos ejercicios consisten en contracciones de la musculatura perineal durante 5-10 seg, seguido de relajación lenta. Se aconseja repetirlos unas 30 veces al día.

Una vez recuperado el suelo pélvico, es recomendable realizar de forma regular un ejercicio moderado. El ejercicio intenso y el que es practicado de forma esporádica, ofrece peores resultados.

En el puerperio inmediato no se aconseja la natación por el riesgo de endometritis. Durante la lactancia tampoco son recomendables los deportes en los que exista riesgo de traumatismos en la mama. Por lo demás se puede practicar cualquier tipo de ejercicio físico, siguiendo las siguientes recomendaciones:

– Utilizar un sujetador de deporte, firme, preferiblemente de algodón.

– Realizar un calentamiento previo.

– Iniciar el ejercicio de manera suave e ir incrementando su intensidad progresivamente, dependiendo de los hábitos que la madre tuviera antes del embarazo y de las molestias que le produzcan.

– No llegar a tener sensación de fatiga, ya que el ejercicio intenso aumenta los niveles de ácido láctico y podría cambiar el sabor de la leche.

– Aumentar la ingesta de líquidos.

– Al terminar el ejercicio y antes de ofrecer el pecho al niño, debe ducharse o lavarse el pecho.

– Seguir una alimentación variada y equilibrada, adecuando la ingesta calórica al nivel de actividad física. Se recomienda una dieta pobre en grasa y rica en hidratos de carbono complejos, con una baja proporción de azúcares.

– Si la madre desea perder peso puede restringir la ingesta energética después del primer mes postparto, pero cuidando de que la dieta aporte como mínimo 1.800 kcal/día, para queno se afecte la producción de leche.

1476252_598906350163794_914705125_n

 

 

Lactancia y respuestas adaptativas.

63499

Estudiando la historia de la lactancia he llegado a este libro: La alimentación y la nutrición a través de la historia (con fotos de “biberones” viejunos muy curiosos) y a esta enigmática cita del pediatra Sánchez Villares, ya fallecido, que me ha dejado reflexionando…

“En los últimos años del siglo XX asistimos a una recuperación de la lactancia materna, comenzando también por los países desarrollados y las clases sociales más elevadas. No obstante, si bien la inician más del 80% en nuestro país, su duración es muy corta (media 3,2 meses). Diversas organizaciones tratan de encontrar un culpable; sin embargo, como señala Sánchez Villares: “la complejidad del fenómeno del abandono de la lactancia materna no permite buscar responsables en solitario: publicidad de la industria láctea, pautas hospitalarias, cambios en los estilos de vida, cambios socioeconómicos y culturales, etc., ya que todos interactúan de forma difícilmente individualizable”. A su juicio, este comportamiento, evidenciado de manera universal, tiene el mismo significado que el descenso de la natalidad en países industrializados. Continúa este autor diciendo que “poco tienen que ver en él las instituciones, ya que en la actualidad, la lactancia materna debe ser entendida como una manifestación más de la conducta humana en íntima relación con la evolución de la sociedad y la dinámica sociocultural, configurando un ecosistema natural que ha venido siendo el soporte de la supervivencia humana durante siglos. Cuando la situación es tan desfavorable que se corre el riesgo de una ecocatástrofe, se ponen en marcha respuestas adaptativas, quizá ligadas al inconsciente colectivo, cuya esencia se nos escapa”.

Sánchez Villares E. Medicina infantil y su problemática. Discurso de entrada en la Real Academia de Medicina de Valladolid. Valladolid: Editorial Sever Cuesta: 1978

Sin embargo, después de encontrar este otro libro, en el que se habla de la lactancia a principios del siglo XX, veo que la crisis de la lactancia materna viene de lejos, más allá de los años 50-60. El libro se llama: “¿Debe emplearse en la Lactancia Artificial la Leche Esterilizada o la Cruda?” y es de 1910. En la página 17 leemos: “En Berlín la lactancia natural ha descendido en 15 años desde un 57,8 por 100 a un 32,1 por 100”. Se refiere a 1885-1900, quiere decirse que en 1900 los porcentajes de lactancia materna y artificial en el Berlín de principios de siglo XX no eran muy diferentes a los españoles actuales, cien años después.

Termino con otra referencia, “¿Por qué los humanos amamantamos a nuestras crías?
La Lactancia Materna en el tiempo largo de la especie.“, de Patricia Aguirre:

“Hoy la alimentación está en crisis (la economía y los valores que también pero esos excede esta nota) y nos encontramos ante un verdadero dilema, si no cambiamos los patrones de consumo de TODOS (tanto los que viven en países pobres y como aquellos que viven en países ricos) peligramos como especie. La industria ha convertido los alimentos en OCNI (Objetos Comestibles No Identificados), las condiciones del mercado productivo no ofrecen empleo para todos por lo tanto el uso tiempo y del ingreso se vuelven problemas prioritarios.

El fin de la era industrial nos enfrenta a condiciones ecológicas, económicas, sociales y simbólicas totalmente diferentes a aquellas que dieron origen al desprecio por la lactancia. Por eso aquellas interdicciones culturales que separaban a la mujer de su cuerpo, excluyéndola de su función nutricia están perdiendo sustento y la lactancia materna se nos presenta como una recuperación de sentidos, ligada a la razón, a la ciencia, a la identidad a la salud, al bienestar económico y psicológico.”

¿Cuándo saldrá la lactancia del ámbito médico y volverá al de las mujeres que amamantan y a sus bebés?

José María Paricio, pediatra:

“Los médicos somos bastante fagocitadores de todo lo que se nos pone por delante, ¿no? porque cuando vas cogiendo cosas es poder, tu vas cogiendo poder, y entonces de repente cogimos la lactancia, “la lactancia es un tema médico”. Nos hicimos fuertes ahí, y es un tremendo error. Yo pienso, soy médico, soy pediatra y además tengo formación hospitalaria, pero yo pienso que la lactancia es un tema que debería salir un día del ámbito sanitario, por completo.

La lactancia debería volver a la sociedad civil, a las mujeres, a la sociedad de las mujeres y únicamente si hay un problema de tipo médico, un problema en el pecho, el niño que no se nutre bien, pues, vale, lo miramos los médicos. Pero la lactancia en sí no debería ser un tema médico. Hemos contribuido en los últimos cien años, especialmente los sanitarios, a romper la cultura de la lactancia materna con historias que no venían a cuento para nada. Es un poco lamentable, pero, bueno, estamos en la recuperación, ¿no?”.

Estas interesantes y, en mi opinión, acertadísimas declaraciones las dice en esta entrevista, a partir del minuto 4.15:

¿Creéis que la lactancia está saliendo del ámbito médico? Yo a veces pienso que sí, otras veces pienso que, al contrario, cada vez está más en manos de médicos y legisladores, cada vez más regulada por el poder.

La maternidad en la literatura: Cien años de soledad

Ayer falleció Gabriel García Márquez. A pesar de que solamente he leído dos de sus libros (“Cien años de soledad” y “Relato de un náufrago”) su forma de escribir me dejó bastante impactada en su momento. He querido volver a su obra más famosa buscando referencias maternales y, en la búsqueda, me he topado con el análisis de Josefina Ludmer en su libro “Cien años de soledad: una interpretación”:

“Lo esencial es que nunca hay sexo ni amor apasionado con la mujer que es madre de los niños (propios): entre Úrsula y José Arcadio Buendía no hay sexo (amor y sexo) salvo el caso de sus primeras relaciones, cuando aún no habían nacido los hijos; el amor (la pasión sexual) solo existe con mujeres que todavía no son madres o con mujeres que no llegarán a serlo; las uniones, cuando nacen los hijos, se quiebran: Arcadio es fusilado cuando Santa Sofía estaba embarazada; Remedios muere durante el embarazo, Amaranta Úrsula inmediatamente después de su parto. A todo lo largo de Cien años se diferencian netamente las funciones de las mujeres madres y de las mujeres como objetos de deseo.”

¿Qué os parece? ¿Por qué creéis que el mundo maternal de Macondo que recrea el autor está tan marcado por la muerte y la fragmentación de la mujer? libro-cien-años-de-soledad

¿Necesitamos que el Estado nos “proteja” cuando damos de mamar en público?

En la piscina del barrio.

La lactancia materna en la esfera pública no necesita leyes o protección de Papá-Estado sino madres valientes y seguras de sí mismas para estar y dar de mamar en todos los ámbitos de la vida. Centrar el activismo en solicitar una ley estatal específica es como pedir una ley que proteja a las parejas que desean besarse por la calle. En mi opinión, lo que no tiene que haber son leyes o normativas que prohiban los besos o la lactancia en público, pero más allá de ahí el Estado no tiene que meterse.

Si una mujer es expulsada de una tienda, de un museo o de cualquier lugar por amamantar, son los que expulsan los que tienen que demostrar o justificar la “ilegalidad” o el carácter supuestamente ilícito de la lactancia materna. No tenemos que demostrar nuestra “inocencia”, son ellos los que tienen que demostrar nuestra supuesta “culpabilidad”.  No somos nosotras, por tanto, las que tenemos que exigir su legalización o protección. Además, si esas normativas discriminatorias existen en determinados centros entrarían en contradicción con derechos constitucionales:

Artículo 14: Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

    Es decir, si se trata de leyes, ya hay una ley de leyes que se llama Constitución. Si alguien lo desea o necesita, puede ir con ella bajo el brazo y sacarla cuando algún personaje nos expulse o trate de evitar que hagamos nuestra vida normal. También existe la denuncia pública y se pueden hacer “tetadas”, repartos de panfletos denunciando lo sucedido, boicots, desobediencia civil o incluso denuncias en los juzgados.

    La lactancia materna en público no está tipificada tampoco como delito en el código penal.  Es más, si hacer nudismo es legal en cualquier espacio público en España, ¿no va a ser totalmente legal alimentar con tu cuerpo a tu hijo, algo que no afecta directamente a nadie más? Hace años que ya no existe el delito de “escándalo público”. En realidad no es que hacer nudismo sea legal o que esté “protegido”, es que es ilegal que te impidan ir desnudo, incluso hay una sentencia, según esta web, que respalda que una persona pueda “desobedecer a los agentes de la autoridad y negarse a vestirse incluso aunque exista una ordenanza o reglamento local que prohíba el nudismo. Para ello basta con que el bañista esté convencido de que la normativa es ilegal”.

    ¿Y que pasa con las tiendas o centros comerciales? ¿No son lugares privados con su propia regulación? Pues algo parecido pasa con las discotecas y los derechos de admisión.  Si hay condiciones específicas para entrar o permanecer tienen que estar expuestas de forma clara y visible y, por supuesto, no pueden ser discriminatorias ni por razón de sexo, edad, raza, orientación sexual, etcétera. Si lo son, son injustas y anticonstitucionales. Se puede luchar por la vía de la presión social o por la vía legal y llegar hasta el Tribunal Constitucional. En cualquier caso es así. No basta que en el consejo escolar de una escuela infantil se haya votado que no se puede amamantar. Esa normativa no tendría validez. ¿Y si la norma es que se puede amamantar en otra sala pero no en el aula? Para este tipo de casos tampoco se necesita pedir una ley que proteja la lactancia. Si es discriminatoria (por ejemplo, si se alegan motivos de “respeto” o “pudor” y al resto de padres se les permite permanecer en el aula) sería inconstitucional y se podría recurrir.

    Lo mínimo que se puede pedir a una norma es que esté justificada de alguna forma, a no ser que lo que se pretenda es enseñar a obedecer de forma ciega e irracional. Desde luego, las normas absurdas sí que son un ejemplo perfecto del verdadero curriculum oculto de las instituciones, tanto para adultos como para los niños.

    A más victimización, menos normalización

    Una cosa es exigir el cese de una discriminación con esfuerzo y tesón (incluso aunque eso termine en los tribunales estatales) y otra es pedir una ley que proteja una acción vital cotidiana como puede ser amamantar, respirar o llevar minifalda. Incluso aunque las personas que luchen por ello lo hagan con la mejor de las intenciones el resultado va en la dirección contraria. Además de victimizar provoca una situación extraña y contraproducente con la lactancia, porque en lugar de considerarla algo normal, la convierte en algo raro, exótico y en peligro de extinción. Es reconocer una debilidad y una derrota inexistentes, justo en el momento en el que más mujeres están conociendo la lactancia, reencontrándose con ella y amándola, después de una época de ostracismo en la que casi desapareció. Por cada caso discriminatorio hay cientos de lactancias en público corrientes, normales, tranquilas, respetadas o, simplemente, ignoradas (a mi no me han expulsado de ningún sitio en dos años de lactancia). Eso no quita que haya que luchar contra la discriminación sino que, si se produce, hay que enfrentarla de manera directa de forma individual y colectiva.

    Hay personas que piensan que la falta de legislación produce vacíos legales. Yo creo que las normas deberían ser las mínimas para una convivencia respetuosa, el resto debería ser un amplio campo de libertad y responsabilidad. El Estado no es quién debe decirnos dónde y cómo podemos amamantar porque no es de su incumbencia. Tampoco lo es de la vecina del tercero ni del panadero ni del guarda de seguridad del centro comercial. No dejemos que más y más áreas de nuestra vida, de nuestra autonomía, que no afectan a terceros, se queden en manos de instituciones del poder. Eso no es reivindicar un derecho, es una dejación del deber moral de ser libres.

    Haciendo un paralelismo con el tema de los besos en público, en algunos países se te puede multar por besar a tu pareja por la calle en base a alguna extraña ley. Lo lógico es luchar porque esa discriminación legal finalice. Cuando no hay una ley que prohibe los besos en público y un camarero te expulsa de un restaurante por besarte con tu novio es él el que tendría que justificar legalmente la expulsión, no tú. Y a lo mejor incluso le puedes denunciar por hacerlo. 

    Aunque no haya una ley específica si quieres denunciar que te han expulsado por amamantar lo puedes hacer ya con la legislación actual. Quien no denuncia ahora tampoco lo hará después porque la justicia si no se lucha por ella en el día a día, por mucha ley que haya, desaparece. Por eso, en lugar de normalizar la lactancia, reivindicando una ley específica, lo que se hace es todo lo contrario. Se enrarece un proceso natural, se lo señala como un acto extraño que necesita de esa especial protección, cuando la realidad es que, entre otros factores, gracias a todas las mamás que amamantamos sin complejos, la lactancia de facto se está normalizando día a día, sin necesidad del Estado ni de la autoridad. Esa ley sería un paso atrás.

    La mayor protección es vivir y lactar donde queramos y quieran nuestros bebés. La mayor protección es hacerlo seguras de nosotras mismas. No necesitamos tutela del Estado en este aspecto sino el respaldo de la gente común, hombres y mujeres que quieran vivir en libertad y con respeto mutuo. Son las mujeres que se enfrentan a las situaciones injustas (y no las leyes victimizadoras) las que cambian el mundo a mejor, y si no que se lo digan a Rosa Parks, la mujer que se negó a ocupar los asientos específicos para negros de los autobuses.

    Después de leer lo que he escrito quiero matizar antes de terminar. Es posible que la protección del Estado haga sentirse seguras a muchas mujeres a la hora de enfrentar injusticias como la de ser expulsadas de algún lugar por amamantar. Si esto es así es porque hemos llegado a un punto en el que recurrir a la autoridad para pedir protección se ha vuelto normal e incluso imprescindible en muchas ocasiones. Desde la cuna a la tumba hemos sido educados y funcionamos a base de premios y castigos otorgados por personas que se encuentran en una situación de poder. Por eso, no quiero terminar siendo tajante. 

    Si algo me ha enseñado la maternidad es que hay cosas que están dibujadas en blanco/negro sin matices y otras están en escala de grises. Yo misma, muchas veces he recurrido a la policía para intentar acabar con algunos abusos que, si existiera una comunidad vecinal, se habrían solucionado entre los propios afectados sin necesidad de la autoridad que representan unos hombres y mujeres armados por el Estado. Pero como estamos solos e incomunicados no hay forma de afrontar los más nimios problemas de convivencia. Ninguna de las dos opciones (no hacer nada y sentirse oprimido o recurrir a la autoridad) es buena ni soluciona nada. La segunda te salva momentaneamente, pero es pan para hoy y hambre para mañana, ya que no se enfrenta el gran problema convivencial existente y este, en lugar de desaparecer, se hace más grande. Por eso, ante estos dilemas, sería muy hipócrita por mi parte pedir a los demás lo que yo misma no he sido capaz de hacer. Con esta última reflexión me despido.

    Un abrazo tanto para las personas que piensan que una ley las va a proteger como para las que pensamos que la única protección posible es la seguridad que da saber que estás haciendo lo correcto.

    ¡Desobediencia ante la injusticia! ¡Vive y deja vivir!