“La evolución de la reproducción humana” de Roger Short (1976)

El biólogo Roger Short, autor del artículo “La evolución de la reproducción humana”

 “Los mamíferos exhiben una variedad de variables reproductivas dependientes de la densidad que les permiten llegar a un equilibrio con su ambiente. Estos incluyen la edad de la pubertad, la extensión de la muerte embriónica y fetal, el ratio de muerte neonatal, y la duración del periodo sin estro o la amenorrea de la lactancia. Todos estos son mechanismos orientados hacia la mujer; la mayor parte de los mamíferos son poligínicos, y como la mujer es la que tiene la mayor inversión de energía en la reproducción ella es el recurso limitante.

Desafortunadamente, el ser humano como especie ha elegido eliminar estas restricciones, así que ahora estamos sin ningunos controles y equilibrios naturales en nuestro ratio de crecimiento poblacional. Seremos enteramente dependientes de formas artificiales de anticonceptivos para siempre. Como la selección natural siempre ha operado en el pasado para maximizar el potencial reproductivo, las mujeres están fisiológicamente mal adaptadas a pasar la mayor parte de su vida reproductiva en un estado de no embarazo. Los anticonceptivos del mañana deberían ser escogidos con gran cuidado, ya que tendrán un gran impacto en nuestra salud general y en el bienestar de la sociedad.
(…)
La transmisión del aprendizaje de generación en generación necesitó de un periodo prolongado de contacto entre los padres y la descendencia, y esto fue acentuado por nuestra inmadurez en el nacimiento. Uno de las sanciones por haber desarrollado un cerebro tan grande fue que mucho de su crecimiento tuvo que ocurrir después del nacimiento ya que una cabeza grande nunca podría ser parida a través de los estrechos confines de la pelvis humana. Un niño dependiente, incapaz de alimentarse por sí mismo, impuso severas restricciones a la libertad de circulación de su madre, que a su vez se volvió dependiente del padre para proveer las necesidades de la vida*. Fue este periodo prolongado de dependencia juvenil lo que hizo adecuado el espaciamiento entre los nacimientos sucesivos de tal primordial importancia en las comunidades primitivas (Polgar 1972); la amenorrea de la lactancia fue uno de los mecanismos por los que la Naturaleza aseguró que hubiera un largo intervalo entre nacimientos. 

En los primitivos cazadores-recolectores, donde la crianza de un niño depende de la cooperación entre los padres, era claramente importante reforzar los vínculos que mantenían a los padres juntos. Una manera de hacer esto era desarrollar una estricta división del trabajo entre el hombre y la mujer, para que cada uno fuera dependiente del otro. También parece probable que explotamos el comportamiento sexual para mantener y reforzar este vínculo de pareja parental. Somos los únicos mamíferos en los que la mujer ha abandonado el fenómeno conductual periódico del estro, cuando ella está atraída instintivamente y receptiva al macho, y lo hemos cambiado por una situación en la que ella es potencialmente atractiva y receptiva en cualquier momento desde la adolescencia a la ancianidad. También somos el único primate en el que la hembra recibe gratificación del acto sexual en la forma de orgasmo”. La evolución de la reproducción humana, Roger Short (1976).

Roger Short, biólogo y profesor de la Universidad de Melbourne, es una de las eminencias en el campo de la reproducción humana. De hecho, es uno de los expertos mundiales en el método anticonceptivo de la amenorrea de la lactancia materna (MELA) que se reúnen periódicamente en Bellagio, Italia, junto a instituciones como la OMS y la Fundación Rockefeller, para consensuar la efectividad del método y su funcionamiento (más información sobre el MELA aquí). A pesar de ser un científico vinculado a las elites de poder, eso no debería ser razón o motivo de prejuicio para rechazar a priori sus planteamientos o investigaciones, ya que si lo que se presenta es cierto, lo tendremos que aceptar nos guste o no, se adapte mejor o peor a nuestra ideología. Os invito a realizar una lectura crítica y reflexiva.

Como se aclara en el libro “On fertile ground: a natural history of human reproduction” actualmente hay varias posturas o enfoques que explican la falta de menstruación temporal en las madres lactantes: las que basan la explicación en la frecuencia de las tomas del bebé (John Bongaarts), otra es la de la carga metabólica relativa (la energía que tiene que derivar la madre hacia la lactancia se reduce al introducir alimentación complementaria, por ejemplo) y también hay una investigadora que ha añadido una más, la influencia en la fertilidad de la mujer del nivel de grasa en su cuerpo (Rose Frish).

En el momento del artículo que voy a analizar Roger Short trabajaba en la Unidad de Biología Reproductiva de la Universidad de Edimburgo. A pesar de que es un artículo de los años setenta y que seguramente ahora existan otras visiones y de que no comparto su obsesión por la píldora anticonceptiva como solución a los males de la humanidad, creo que el análisis de la cuestión que plantea es correcto y se podría resumir en que, desde un punto de vista evolutivo, el cuerpo femenino no está bien adaptado a la realidad de ovular y menstruar constantemente.

Parece ser que el primer autor que constató que la edad de la menarquía en las niñas había bajado de forma espectacular en EEUU y Europa desde mediados del siglo XIX fue Tanner, pero se dio cuenta de que esa tendencia se había parado en unos 12-13 años. Esa edad era mucho más baja que la de los países menos industrializados y lo asoció a una peor nutrición y un nivel más bajo de proteinas, ya que también dentro de una misma cultura, las personas “mejor” alimentadas se les adelantaba la primera regla. Cuando leí esto inmediatamente pensé: ¿Y no será que nosotros somos los que estamos sobrealimentados y “malnutridos” por excesiva nutrición desde un punto evolutivo? Es decir, ¿no serán las comunidades no industrializadas el “estándard” y no nosotros? La verdad es que esto lo pensé a raíz de darme cuenta de lo que ocurre con los niños de biberón y los niños de pecho. No tienen los mismos percentiles y, de hecho, la OMS tuvo que sacar unas nuevas tablas de peso por edad dirigidas a los niños de teta porque si se aplicaban las “normales” (biberón) nuestros hijos estaban demasiado delgados, cuando en realidad la leche materna ha sido el alimento habitual de la especie humana desde el principio de los tiempos. Para otras interpretaciones podéis consultar la web del Museo de la Menstruación. Es significativo señalar que, a pesar de la estrogenización ambiental artificial del ambiente que conocemos hoy en día, el adelanto de la menarquía es algo que se observa con datos que van desde 1860, es decir, mucho antes de que popularizara el uso del plástico o se inventara la píldora anticonceptiva.

Posteriormente llegaron otros autores y otras teorías como la de Frisch y Revelle que describieron una masa corporal crítica de 47.8 kilos para que ocurra la menarquía, como si hiciera falta un mínimo de grasa corporal almacenada para comenzar a menstruar. Hoy en día entiendo que habrá teorías más actualizadas pero recuerdo que el artículo de Short es de 1976.

Sobre la menarquía Roger Short dice algo que me dejó reflexionando:

En los países en desarrollo, con una edad tardía de pubertad, la adquisición de la fertilidad y la madurez intelectual son casi eventos coincidentes que se complementan el uno al otro. En los países desarrollados, por otro lado, parece que nosotros ahora adquirimos nuestra sexualidad bastante antes que la madurez intelectual que nos permite hacerla frente. Los embarazos adolescentes son algo nuevo en nuestra experiencia evolutiva, ya que eran una imposibilidad biológica.

¿Y por qué eran una “imposibilidad biológica”? Sencillamente porque los primeros años después de la menarquía suelen ser anovulatorios. Por ejemplo, se comprobó cómo las mujeres !Kung cazadoras-recolectoras se casaban y tenían su primera regla más o menos a la vez, con 15 años y medio. Sin embargo, su primer hijo lo tenían a los 19 años y medio (Kolata 1974). Y esto quiere decir que en EEUU y en Europa las niñas que tienen su menarquía a los 12 años podrían ser fértiles con 14 o 15 años. Y eso es una rareza histórica, como tantas otras…

Hay una parte del artículo de Short que me ha dejado sorprendida. Yo creía que en las sociedad de cazadores-recolectores había una alto número de hijos y de muertes (al no existir medicamentos y hospitales, por ejemplo). Pues resulta que no, los ratios de nacimientos y muertes eran más bien bajos hasta la llegada de la revolución agrícola hace 10.000 años. Recordemos que el Homo Sapiens moderno apareció hace unos 200.000 años.

¿Y por qué aumentaron los nacimientos con la revolución agrícola? Porque disminuyó el intervalo entre nacimientos. ¿Y por qué? Porque se modificaron los hábitos de lactancia tradicionales en el mundo de las cazadoras-recolectoras. Por ejemplo, las mujeres !Kung solían tener un intervalo medio de 4 años entre hijos y amamantaban durante 3-4 años. Las madres, dice Short, eran delgadas pero bien alimentadas y no había alimentos blandos para la alimentación complementaria de los bebés. Cuando las Kung se volvían sedentarias destetaban antes y se complementaba con harina de cereal y leche de vaca y, por tanto, el intervalo entre hijos se acortaba. ¿Y cuándo amamantaban durante 4 años no suplementaban con nada? Es obvio que sí. ¿Y cómo estaban de hierro los niños? Porque ahora la OMS dice que a partir de los 6 meses hay que suplementar por riesgo de anemia. Cuando entreviste a una mujer !Kung os cuento en otro artículo… (Por ahora me tengo que conformar con este maravilloso libro de Marjorie Shostak).

Con la revolución agrícola y la sedentarización aumentó la mortalidad y la fertilidad a la par, es decir, tenían más hijos pero se moría más gente. Al leer esto pensé, ¿no deberían haberse reducido las muertes al tener comida y un ambiente aparentemente más seguro? Pues no. Según Short, la higiene probablemente se deterioró y las enfermedades aumentaro. Y yo especulo desde mi humilde visión de madre lactante… ¿No tendrá que ver también en el aumento de la mortalidad el hecho de que se diera menos tiempo de mamar? Es decir, ¿no podría tratarse de un círculo vicioso? Si hace 10.000 años destetabas antes el niño corría más peligro de morir por no obtener los nutrientes necesarios ni las defensas que proporciona la leche humana. Ahí quedan mis preguntas sin respuesta.

Después Short señala varios estudios en los que se ha observado cómo el proceso de urbanización en la época actual, y los cambios que lleva aparejado en cuanto a hábitos sociales y nutricionales, impactan en la fertilidad humana, sobre todo en cuanto a la lactancia materna y afirma: 

“En todo el mundo en su conjunto, más nacimientos son prevenidos con la lactancia que con las otras formas de anticoncepción juntas. No es extraño que los cambios sociales que reducen la eficiencia anticonceptiva de la lactancia hayan tenido tal asombroso impacto demográfico”. 

Y un poco más tarde dice: 

“Se suele decir que no podemos esperar que la gente de los países en desarrollo quieran controlar su fertilidad hasta que los ratios de mortalidad infantil sean reducidos a un nivel aceptable. Si pudiéramos desarrollar anticonceptivos que promocionaran la lactancia materna, ellos aumentarían el intervalo entre nacimientos así como reducirían la mortalidad al mismo tiempo”. 

En este momento el artículo compara la vida reproductiva de una mujer de una comunidad cazadora-recolectora y la de una mujer de hoy en día:

“En las comunidades cazadoras-recolectoras, la pubertad, la adquisicón de deseo sexual, y matrimonio eran todos eventos sinónimos, así que no había necesidad de restricciones sociales sobre el comportamiento sexual antes del matrimonio. Después del matrimonio había un periodo de tres años de esterilidad adolescente, cuando la chica habría experimentado una sucesión de ciclos menstruales anovulatorios antes de concebir. Después del primer hijo, habría estado 3 años en amenorrea de la lactancia, seguidos por uno o dos ciclos menstruales ovulatorios antes de concebir otra vez. No tenemos información de la edad de la menopausia  en las sociedades primitivas, pero (…) sería raro que una mujer tuviera más de 5 hijos. Durante su vida reproductiva experimentaría 15 años de amenorrea de la lactancia, y 4 años de embarazo, (…)

Contrastemos esto con la vida reproductiva de una mujer de hoy en día: la menarquía ocurre a los 13 años, y la menopausia a los 50. Dos embarazos con poco o ningún amamantamiento como mucho solo permitirían a la mujer como mucho 2 años de respiro de los ciclos menstruales regulares, que ocuparían los 35 años que quedan de vida reproductiva. 

No puede haber ninguna duda de que este aumento de nueve veces en el tiempo dedicado a tener ciclos menstruales plantea una serie de nuevos problemas para nosotros; es algo de lo que no hemos tenido ninguna experiencia evolutiva previa, y por lo tanto no estamos genéticamente adaptados para hacer frente a la situación”.

Hay una cosa que me chirría: no he encontrado constancia de ninguna amenorrea de la lactancia más allá de dos años en la actualidad, aunque tampoco es raro dada la pérdida de la cultura de la lactancia en la sociedad actual. Quizás existan pero no es algo de lo que se hable demasiado. (ACTUALIZACIÓN: en el artículo de Barbara B. Harrell del que hablo aquí hay constancia de un estudio en el que una de las mujeres tuvo una amenorrea de la lactancia de 30 meses, pero es algo muy raro).

Anticoncepción

Dice Short, y es cierto, que el único anticonceptivo que no actúa después de la ovulación es la píldora. Sin embargo, se eligió, en lugar de imitar la amenorrea, que imitara el ritmo menstrual mensual, creyendo que sería más “normal” y más aceptable.

¿Puede ser dañina una sucesión de ciclos menstruales interminable? A esta pregunta responde Short:

“En las sociedades primitivas, la pubertad fue pronto seguida de un embarazo primero, que a su vez transformaba el pecho en un órgano secretor. Hoy, el descenso de la edad de la pubertad, junto con los aplazamientos inducidos culturalmente del primer embarazo, quiere decir que el pecho puede que tenga que esperar a más de una década entre la finalización de la pubertad y el comienzo de la actividad secretora, tiempo durante el cual responde a los ciclos mensuales de secreción de esteroides del ovario con un 20% de aumento de volumen durante la fase lutea, y un colapso repentino de la menstruación”.

Ya en la época de este artículo, 1976, había estudios que relacionaban la incidencia de cáncer de pecho con la edad del primer hijo o, más bien, con el tiempo entre la primera regla y el primer nacimiento. Y aporta un dato: “una mujer que tiene a su primer hijo antes de los 18 años tiene un tercio de riesgo de tener cáncer de mama comparado con una mujer que tuvo a su primer hijo después de los 35 años”. Para más información actualizada sobre este tema recomiendo la lectura de estos otros post: “Los riesgos de no ser una madre joven” y “¿Menstruar mola? ¿Menstruar es un atraso?”

Dice Short que el cáncer de mama es el cáncer más comun en las mujeres, con 11.000 muertes anuales en Inglaterra y Gales en esa época. Como dato comparativo, esa cifra se ha mantenido ya que en 2011 murieron 11.684 mujeres y 78 hombres por esa causa en Reino Unido. También menciona el hecho de que en las mujeres nulíparas también se ven incrementados los carcinomas de ovario, endometrio, fibromas e endometriosis.

Y después de un artículo fascinante e interesante llega una parte en la que abandona la explicación científica para proponer la creación de un anticonceptivo que permita a la mujer volver a estar en amenorrea, el estado normal entre las mujeres primitivas. Así también se reduciría la incidencia del cáncer y problemas derivados de tener tan poquitos hijos.

Como vemos, Short da por hecho que las mujeres van a seguir sin tener muchos hijos cuando son jóvenes ni van a amamantar por eso la Ciencia y la Medicina tienen que acudir a salvarnos de los problemas de la nuliparidad con una nueva medicina que nos cure de las consecuencias de los hábitos reproductivos postindustriales.

Conclusiones sobre biopolítica

Como las formas naturales de autoregulación de la población ya no existen, para bien o para mal (un punto positivo claro en mi opinión es la reducción de la mortalidad infantil, por ejemplo) Short afirma que dependeremos de las formas artificiales de anticoncepción para regular la población mundial, y que incluso serán claves en la supervivencia de nuestra especie. Pero, además, no vale cualquier tipo de anticoncepción, ya que no todos pueden mantener el aparato reproductivo en estado de inactividad cuando no queremos quedar embarazada. Aquí entiendo que el autor se refiere, por ejemplo, a que una mujer puede seguir métodos “naturales” (ya lo de natural queda hasta raro en este contexto) y reconocer sus días fértiles y evitar las relaciones sexuales coitales o utilizar métodos de barrera durante esos días. Sin embargo, esta mujer seguiría ovulando y menstruando, lo que elevaría el riesgo de otros problemas de salud. Yo, desde luego, no era consciente de todo esto hasta hace muy poco. 

“Las mujeres pueden estar fisiológicamente mal adaptadas a pasar la mayor parte de su vida reproductiva con una interminable sucesión de ciclos menstruales”. 

Roger Short termina su artículo reflexionando sobre biopolítica ya que, como la reproducción ya no es algo “natural” sino algo sujeto a la voluntad, se volverá mucho más impredecible, lo que podría conllevar “problemas de planificación a largo plazo” (se entiende que para los políticos) y pronostica que habrá más intentos de relacionar lo que es deseable para las naciones con las prácticas reproductivas, es decir, en mi opinión está diciendo que el Estado se va a entrometer cada vez más en la vida personal de los sujetos de a pie.

Reflexiones finales

El análisis de la cuestión parece bastante coherente, a pesar de mis escasos conocimientos sobre biología, antropología evolutiva o medicina, no ya tanto las conclusiones a las que llega, que sí que me parecen criticables.

1) La primera puntualización que se le puede hacer a Short es que antes de hablar de planificaciones nacionales deberíamos hablar de decisiones libres e informadas, es decir, que la gente tenga toda la información para después decidir lo que quiere hacer con su vida. No todo está en nuestra mano ni todas tenemos por qué querer tener hijos o tenerlos jóvenes pero a lo mejor algunas, si lo hubiésemos sabido, los hubiésemos tenido mucho antes, habríamos lactado de otra forma o habríamos hecho más deporte en la niñez para retrasar un poquito la menarquía, etcétera…

2) Una vez que se tiene toda la información y apoyo se puede optar por tomar la píldora, no tomarla, tener hijos, no tenerlos, amamantarlos, no amamantarlos, utilizar métodos anticonceptivos “naturales” o no utilizarlos. Se puede optar, si las circunstancias externas biopolíticas te lo permiten, claro…

3) Short parte del hecho de que en la sociedad postindustrial no podemos llevar la vida ni de las cazadoras-recolectoras ni de las sociedades no industrializadas y que, por esa razón, dependemos de las píldoras de la industria farmacéutica para mantenernos en un falso embarazo perpetuo. Pero quedan las preguntas abiertas: ¿No podemos intentar a nivel individual tener menarquías tardías, embarazos tempranos, lactancias largas e intensas? ¿Está en nuestra mano? ¿Es nuestra decisión? ¿Es la de otros? Si la lactancia tiene un papel fundamental históricamente en el crecimiento equilibrado de la población, ¿no tendría que ser la sociedad y el mundo laboral industrializado el que se adaptara a la lactancia humana y no al revés? ¿Por qué tenemos que ser las madres lactantes las que nos tenemos que adaptar a los horarios y circunstancias industriales, es decir, las que tenemos que extraernos leche, congelarla, separarnos de nuestros hijos durante largas horas, etcétera?

Por otro lado, el tema de la anticoncepción en el mundo preindustrial daría para otro artículo, que me reservo para cuando termine el libro de John M. Riddle “Las hierbas de Eva. Historia de la anticoncepción y el aborto en Occidente”.

4) En el texto de la introducción que he traducido dice que un niño dependiente impuso severas restricciones a la libertad de circulación de la madre. ¿Acaso las madres de las sociedades cazadoras-recolectoras no usaban portabebés para poder moverse sin separarse de sus hijos pequeños? Esto que plantea Short no es verdad, al menos como se describe en el libro de Marjorie Shostak “Nisa”, un libro de entrevistas a mujeres !Kung. En él se explica como las madres recolectan acompañadas de los bebés y niños y los padres cazan, también a veces acompañados de niños y niñas algo mayores. Las mujeres y los hombres son interdependientes a nivel nutricional y los niños no impiden ninguna actividad, quizás la caza por el nivel de sigilo que se necesita para no asustar a los animales. Es puro sentido práctico, no ideológico.

5) Ya no estamos en 1976 y ahora sabemos que la píldora no sólo no proteje del cáncer de mama sino que puede aumentar, aunque sea de forma leve, el ratio de padecerla. Además, el uso de la píldora ha traído consigo problemas ambientales, ya que la orina de las mujeres que la utilizan pasa al ecosistema estrogenizándolo,  como se ha estudiado en este artículo publicado en PNAS. Para solucionar un problema, creamos otros mil. ¿Es ese el lema de la historia del progreso humano?

6) La última crítica que le hago a Short quizás es la más importante. No son los Estados los que deben decidir si la gente se reproduce o no, si tiene 0, 1 o 6 hijos, como tampoco debería entrometerse en ningún aspecto de nuestra vida íntima. Si existe un problema demográfico en alguna zona del planeta este debería ser analizado por los propios afectados y las soluciones nunca deberían ser impuestas desde las elites de poder.

Para profundizar:

– Traducción del artículo de la antropóloga Beverly Strassman, mucho más reciente que este de Short: “La Biología de la Menstruación en el Homo Sapiens”.
– Reseña de “La Lactancia y la Menstruación desde una Perspectiva Cultural” de Barbara B. Harrell, de 1981. 

Nun’s plight (la difícil situación de las monjas)

Roger Short

Hoy presento un video que plantea la relación problemática entre castidad maternal y cáncer en el que también participa el biólogo y experto en reproducción humana Roger Short. Este tema está más desarrollado en mi artículo sobre los riesgos de no ser una madre joven, y también de forma muy sucinta en “¿Menstruar mola? ¿Menstruar es un atraso? Una respuesta corta posible”. Lo que me ha llamado la atención de este video es la solución que propone: como las monjas no quieren ni pueden tener hijos deberían tomar la píldora como “medicamento” protector contra el cáncer. Se olvida el video de que esto es cierto en cuanto al cáncer de ovario y endometrio, pero en el caso del cáncer de mama, incluso hay estudios que dicen que aumenta el riesgo. En realidad hablamos de “protección” pero lo que deberíamos decir es que menstruar en exceso aumenta las papeletas de sufrir estas enfermedades, ya que nuestro cuerpo no está diseñado para tener tantísimos ciclos menstruales y tener un único hijo muchísimos años después de la primera regla (por ejemplo, mi primera regla fue a los 14 años y he tenido un hijo a los 31). Y esto también está relacionado con la menarquía, que se ha adelantado en los países industrializados y todavía se están investigando las causas: factores nutricionales, aumento temprano del índice de masa corporal que activa la menstruación en la pubertad o factores ambientales como los fitoestrógenos.

¿Estamos ante una nueva campaña de promoción de los anticonceptivos hormonales? Lo cierto es que el problema es real y muy poco conocido por las mujeres, que piensan que menstruar y ovular indefinidamente o tener un hijo de forma muy tardía es una opción más sin consecuencias para la salud. Nos queda mucho por reflexionar todavía sobre estos asuntos que plantean grandes cuestiones personales, existenciales, filosóficas, demográficas y biopolíticas.

http://www.abc.net.au/catalyst/stories/3494001.htm?site=melbourne

El artículo científico publicado en The Lancet por Roger Short y Kara Britt, “La díficil situación de las monjas: los peligros de la nuliparidad” se puede consultar aquí (consulta gratuita si te das de alta como usuario de la revista). 

Peter Scott

En esta entrevista, Roger Short también dice cosas interesantes. Por un lado cuenta que tuvo 4 hijos con su primera mujer, 4 accidentes, según él, porque en esa época no existía la píldora anticonceptiva. Y después habla de un momento que le cambió la vida, un encuentro con Peter Scott, fundador de WWF (World Wildlife Fund), que le dijo (minuto 18.50): “¿Sabes? Cuando creamos el WWF su objetivo era salvar especies en peligro de extinción. Ahora estoy al final de mi carrera y fallamos completamente. No hemos salvado ni una sola especie en extinción. Y si pusiéramos todo el dinero que hemos recolectado en condones habríamos hecho algún bien“. Y Roger Short recuerda haber pensado: “¡Vaya pensamiento! ¡Tiene razón! ¿Qué hago aquí malgastando mi tiempo en una Escuela de Veterinaria cuando tendría que estar liderando un grupo de investigación en reproducción humana y ver si podemos conseguir crear anticonceptivos que funcionen y sean accesibles para todo el mundo porque el crecimiento de la población mundial es el problema trascendental de nuestro tiempo“. Los fundadores de WWF están vinculados al elitista Club Bilderberg y a escándalos como el del Proyecto Lock. Aquí son famosos por haber tenido al Rey, famoso amante de los animales, como presidente de honor durante años y por ser los impulsores de “La hora del planeta”, una acción revolucionaria y subversiva en extremo que puede cambiar sin duda el rumbo de la civilización: apagar la luz durante una hora determinada el último sábado de cada marzo.

Logo diseñado por Scott

En 1976 Short afirmó lo siguiente: “las mujeres puede que estén fisiológicamente mal adaptadas a pasar gran parte de sus vidas reproductivas teniendo una sucesión interminable de ciclos menstruales”. Y en 1984 dijo: “Un número excesivo de ciclos menstruales es un desorden iatrogénico de las comunidades que practican alguna forma de anticoncepción”. Estas dos afirmaciones me parecen claves, sin embargo, ¿por qué alaba tanto la “iatrogénica” píldora anticonceptiva entonces? ¿Porque quizás volver al patrón de fertilidad natural, dando por hecho que muchas personas quisieran, aumentaría el problema de la supuesta sobrepoblación mundial al no existir una elevada mortalidad infantil que lo compense? ¿Porque los otros métodos anticonceptivos no suprimen ni la ovulación ni la menstruación? Hoy afirma, como en el minuto 11.30 del siguiente video, que las mujeres necesitan “libertad de la tiranía de fertilidad no voluntaria” y que la píldora anticonceptiva debería ser suministrada, voluntariamente, claro, a través de los organismos internacionales. ¡Dice que habría que convencerles! ¿Pero no estaban ya convencidos? ¿Y eso no es iatrogénico?

Bueno, y al final va a resultar que las mujeres de los paises menos industrializados que tienen hijos son las culpables del cambio climático y las que tienen que tomar la píldora. ¡Han hecho hasta una camiseta que pone “Para el cambio climático, toma la píldora” (ver minuto 6.35). No, claro, la industria, el estado, la banca no tienen nada que ver. Un niño de un poblado de Mali con fertilidad natural no llega a contaminar en toda su vida lo que cualquier profesor de Oxford contamina en una hora.

 
Population Growth in Tomorrow’s World from Alfred Zerfas on Vimeo.

Y si partimos de que es cierta la sobrepoblación mundial actual… ¿Una de las causas no será la casi desaparición de la lactancia materna a nivel global y su impacto en la fertilidad de la mujer? ¿Es esta una de las razones principales por las que las organizaciones mundiales se interesan tanto por la lactancia? ¿No deberíamos aprender del pasado, en el que no había sobrepoblacion, en lugar de solucionarlo con hormonas sintéticas que también tienen sus riesgos y son invasivas con el cuerpo de la mujer? Por supuesto, reflexionar sobre estas cuestiones no tendría que ser tarea de científicos, tecnócratas, aristócratas, ong’s imperialistas o los organismos internacionales controlados por el poder sino de la gente común que debe tener toda la información para decidir sobre su vida sin presiones. En resumen, buen análisis de la cuestión evolutiva, pero pobres soluciones: ideológicas, clasistas, machistas y sobre todo estatalistas.  

Nodrizas y autonomía personal

Hoy presento otras dos citas que encontré en el libro de la historiadora Carmen Sarasúa “Criados, nodrizas y amos” para hablar sobre otras mujeres trabajadoras de antaño, las nodrizas. La primera es del libro de Jaime Bonells, el médico de los Duques de Alba, publicado en 1786 para convencer a las mujeres aristócratas de que amamantaran a sus hijos y denunciar los peligros de las amas de cría. Esta vez no es un texto legal, es un libro que busca convencer y persuadir, por lo tanto tiene un alto grado de subjetividad.

“De esta suerte proceden las mas de las Amas: criadas con entera libertad entre la plebe, sin instrucción, sin principios morales, sin decoro, sin urbanidad, no conocen más razón que los caprichos de su alvedrío; ni se gobiernan por otras reglas, que sus preocupaciones y apetitos; por lo cual no poniendo freno a sus pasiones, tan presto las arrebata la ira como las acoquina un terror pánico (…) la moderación obra rara vez en ellas; todo son violentos extremos, y su último cuidado es el daño que pueden causar a los niños que tienen en sus pechos.”

Podemos pensar que la imagen que describe está distorsionada pero es importante ver que lo que critica, desde sus ojos de ilustrado misógino y médico de la alta sociedad, es que esas mujeres sean criadas en libertad. Eso es lo que realmente le molesta, que la mujer del pueblo cometa el pecado de tener libre alvedrío, más allá de lo que haga después con esa libertad.

Y otra cita: “Emprenden con varonil resolución el camino de la Corte, bien solas y en clase de agregadas a la embajada de una galera o un carromato, o bien reunidas varias de ellas y en caravana. Lo primero que procuran es proveerse de un perrillo recién nacido, que durante la expedición y hasta hallar, como ellas dicen, “acomodo”, haga las veces de párvulo, y aplicándole al pecho le conserve y mantenga el jugo nutricio, objeto de especulación”, Teatro social del siglo XIX, tomo II, Madrid, 1846.

Hasta García Lorca en una carta reconoce su extensa cultura “a pesar” de no saber leer, su vitalidad y su “moral natural” en cuanto al sexo:

Carta de Federico a las “muchachas”:
“Aquí están, Anilla la Juanera y Dolores, la Colorina
Sobre todo mi Dolores, por lo buenísima que es
Vino a amamantar a mi hermano Paco y se quedó,
Habla mucho, se ríe mucho, cuenta historias sin parar
Como si hubiese vivido treinta vidas.
Es analfabeta porque nadie ha sabido enseñarle
A leer, mi madre lo intentó sin resultado,
Pero sabe más que todos nosotros.
En lo que se refiere al sexo, tiene una moral natural
Sin hipocresías, ni severidades.
Ella me ha enseñado a vivir…también Víctor Hugo, Galdós, Verlaine,
Juan Ramón Jiménez, Machado y sobre todo Rubén Darío.
Ellas, las criadas “muchachas” traen a los niños ricos, canciones
Romances y cuentos.
El niño tiene la marca
De la mujer pobre, que le da al mismo tiempo
En su cándida leche silvestre, la médula del país”

El fenómeno de las nodrizas es muy complejo y no lo voy a analizar en esta ocasión. A pesar de su libertad, las amas de cría también formaban parte de un sistema de clases sociales jerarquizadas que separaba a los niños de sus madres y padres, fragmentaba los roles femeninos en dicotomías del tipo mujer-madre y criada-señora, y promovía la especulación con el propio cuerpo. En cualquier caso, un ejemplo más de que tampoco las nodrizas se ajustaban al estereotipo de mujer sumisa, reprimida y dominada por algún hombre, ni siquiera a los ojos de los médicos e ilustrados de la nobleza.

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– Las Lavanderas y los decretos leyes.

¿Menstruar mola? ¿Menstruar es un atraso? Una respuesta corta posible.

A estas preguntas, planteadas en un artículo de la Revista Pikara escrito por Erika Irusta, hay varias contestaciones, unas más largas que otras. Quizás que gran porcentaje de las mujeres de una sociedad vivan ciclos menstruales consecutivos e indefinidos toda su vida no es que sea un atraso sino algo muy, muy moderno. Además, puede tener algunos riesgos, si se observa lo que está ocurriendo a nivel estadístico y global, más allá de los casos individuales. Dejo una de las posibles respuestas, por ahora:

Ilustración de Luisa Jara incrustada de: http://www.pikaramagazine.com/2014/05/menstruar-no-es-un-atraso/

“En mi opinión mentruar en sí mismo ni mola ni deja de molar, es un fenómeno fisiológico femenino que se produce cuando no hay una fertilización del óvulo. A mi nunca me ha dolido la regla en sí aunque si he notado el bajonazo premenstrual, noto cuando ovulo y el resto de mis fases. Pero menstruar no es el estado normal para el que estaba diseñado nuestro cuerpo, que es igual al de las primeras Homo Sapiens que tenían hábitos de vida, reproductivos y alimenticios bastante diferentes a los nuestros. El estado “normal” de la mujer estadísticamente hablando (y sin componentes ideológicos de por medio) de muchas culturas cazadoras-recolectoras es estar embarazada y, sobre todo, en amenorrea de la lactancia. Esto también ocurre en culturas sedentarias preindustriales. Así que hemos pasado de la época de los ciclos de fecundidad constante a la época de los ciclos de menstruaciones constantes, gracias a que las mujeres no tenemos hijos o solamente uno a lo largo de la vida. 

Tener demasiados ciclos menstruales y ovulativos, no quedarse embarazada y no amamantar tiene riesgos objetivos para el cuerpo de mujer Homo Sapiens actual, no sabemos cómo será la evolución en el futuro pero sí conocemos los riesgos actuales aunque curiosamente sean poco conocidos para el gran público. Así que no, menstruar toda la vida no mola nada, aumenta el riesgo de cáncer de mama, ovario y endometrio. Podemos elegir varios caminos vitales pero para decidir en libertad hace falta información. Los Rockefeller nos invitarán a elegir su camino, el de hormonarnos con sus anticonceptivos que imitan un falso embarazo. Otro camino es decidir no tener hijos ni amamantarlos conociendo los riesgos. Y otro camino es elegir ser madre joven, a ser posible, y amamantar todo lo que se pueda y de paso conseguir una larga amenorrea de forma natural. Entre medias todos los grises y matices que queráis. Todos los caminos tienen riesgos y beneficios pero, ojo, salgamos de la época actual y el etnocentrismo porque en la historia de la humanidad lo que estamos viviendo es tan solo un segundo al lado de millones de años. 

Siempre ha habido mujeres que han menstruado toda su vida y han decidido no tener hijos pero ya desde antiguo se conocían los efectos, era “el mal de las monjas”, la “plaga maldita”: el cáncer. Mucho antes de que existieran los disruptores endocrinos, la contaminación, antes de la revolución industrial… No sé, cómo mínimo creo que tenemos que informarnos, aunque la verdad sea dura y no sea políticamente correcta. También hay problemas menstruales que se alivian o mejoran con la maternidad. Yo me enteré de todo esto con 34 años, me gustaría que si algún día tengo hijas pudieran tomar sus decisiones con libertad e información”. 
 
Germaine Greer, “La mujer completa”: “Las hembras humanas modernas están muchísimo más estrogenizadas que sus antepasadas recientes. Una zoóloga de Oxford calculó que en un plazo de apenas 200 años el número medio de ciclos menstruales vividos por una mujer europea a lo largo de su vida se ha incrementado de 30 a 450. Su cálculo se basa en que la primera menstruación se ha adelantado y en la menor frecuencia de los embarazos que cabe esperar que complete una mujer, seguidos de unos períodos de lactancia más breves. Si a ello se suma la estrogenización artificial de las mujeres postmenopáusicas modernas obtendremos el asombroso resultado de 600 ciclos o más. No existen precedentes en la historia de la hembra humana de los elevados y fuertemente fluctuantes niveles de hormonas esteroides circulantes que ahora soportamos, pero como no sabemos qué ayudaba a la mujer del siglo XIX a sentirse bien o ni siquiera si se sentía bien, difícilmente podemos saber si la mujer moderna está mejor o peor con su endocrinología enormemente alterada”.

 
Beverly Strassmann (antropóloga): “Con fines comparativos, yo asumo que 400 menstruaciones a lo largo de la vida no son inusuales en las mujeres estadounidenses. La mediana de 109 menstruaciones a lo largo de la vida entre las mujeres Dogon es un cuarto de este valor. Dado que los Dogon son sedentarios y agricultores, la alta frecuencia de menstruaciones encontrada en tantas poblaciones contemporáneas humanas probablemente se originó no con la agricultura sino con el control de los nacimientos.”  El artículo de esta antropóloga completo y traducido: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/…/la-biologia… 

Los riesgos de no ser una madre joven y no amamantar: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/…/decisiones… 

Un saludo.

Para profundizar en el tema: 

Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural, un artículo de Barbara B. Harrell (1981)
La evolución de la reproducción humana” de Roger Short (1976)
La Biología de la Menstruación en el Homo Sapiens. Traducción de un artículo de Beverly I. Strassmann

Comadronas y autorización marital

He encontrado en el libro “Criadas, Nodrizas y Amos” de la historiadora Carmen Sarasúa otro ejemplo de una institución estatal fomentando el machismo y la sumisión al hombre en 1796, obligando al marido a “autorizar” a su mujer para estudiar y ejercer su profesión, infantilizándola: 

pg 169: “Las dificultades para que las mujeres continuaran ejerciendo esta actividad crecen con su progresivo control por parte de los Colegios de Médicos, que desde finales del siglo XVIII exigen a las que desean acceder a ella la autorización de sus maridos. “Don Agustín Ginesta, Catedrático de Partos del Real Colegio de Cirujía de San Carlos, dará principio a la enseñanza de las matronas”, a la que “no se admitirá a muger alguna que no sea casada o viuda (..) con la licencia de su marido si fuere casada y no lo tuviere ausente”. Diario, 1 de enero de 1796.”

Es importante resaltar que si a partir de esta fecha es obligatoria la autorización conyugal para ejercer de matrona es porque anteriormente no hacía falta y las comadronas atendían partos de forma autónoma sin necesidad de que su marido les diese permiso para estudiar y trabajar. También se vuelve obligatorio que la comadrona sea casada, por lo que se entiende que antes de esta intervención de la autoridad podían ejercer sin importar su estado civil. 

En realidad el asunto de los permisos habría que matizarlo porque es cierto que en otras épocas diferentes monarcas habían intentado instaurar licencias y exámenes (Cortes de Zamora en 1434, Ordenanzas de Madrigal de 1448 o los Reyes Católicos en 1498), pero la realidad es que esos intentos de controlar a las parteras fracasaron estrepitosamente y las madres casi siempre recurrían a las mujeres expertas y cercanas que les inspiraban más confianza, independientemente de si tenían o no licencia legal para ejercer.  Hasta el punto de que en 1576 Felipe II abolió la legislación previa instaurada por los Reyes Católicos referente a los exámenes de matrona. Hubo un “vacío legal” hasta 1750, año en el que Fernando VII promulgó una ley que regulaba el ejercicio de la profesión de nuevo, exigiendo un exámen para trabajar de comadrona, pero no consta que se pidiera autorización del marido todavía. Esto ocurriría unos cincuenta años después, como hemos visto. Las aspirantes a sacarse el permiso oficial tenían que estudiar “la cartilla del arte de partear” de Antonio Medina, el médico de la familia real y examinador del Real Tribunal del protomedicato.

Sin entrar a juzgar si la formación de las comadronas era mejor o peor que la que tenían antes de la institucionalización de la misma, es destacable la pérdida de independencia por parte de este sector de mujeres trabajadoras, que en ningún caso se parecía al estereotipo del ama de casa o el ángel del hogar de mediados del siglo XX. La autoridad marital tampoco fue una demanda de los hombres del pueblo para dominar a sus compañeras sino una imposición legal de los hombres de estado, es decir, del poder. No en vano el Real Colegio de Cirujía de San Carlos fue fundado en 1780 por el propio Carlos III. Falta por conocer e investigar cuál fue la resistencia de las clases populares a estos ataques, si es que hubo alguna o simplemente se conformaron con la nueva situación.

Edificio de Francesco Sabatini que compartieron desde 1781 el Hospital General y el Colegio de Cirugía, actualmente ocupado por el Centro de Arte Reina Sofía.

María Dolores Ruiz-Berdún en “La tradición obstétrica familiar en el Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid: Concepción de Navas, la hija de Juan de Navas”:

“El 19 de abril de 1790 se inauguró la Cátedra de Partos en el Real Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid (Burke, 1977). Según se recogía en la Ordenanzas del Colegio de 1787, dentro de las funciones del catedrático se encontraba el formar a todas aquellas mujeres que quisieran aprender el «arte de partear». A esta enseñanza, que debía hacerse en una de las salas del Colegio «a puertas cerradas», sólo podían concurrir aquellas mujeres que fuesen casadas, circunstancia que debía ser acreditada con un certificado de matrimonio. También debían adjuntar una autorización del marido para poder asistir a instruirse como futuras matronas. El Catedrático de partos en 1790 era Agustín Ginesta, que había ganado la plaza tras quedar vacante por la muerte de Jaime Respau el 31 de julio de 1788 (Aparicio, 1956).
La enseñanza de las matronas en los Colegios de Cirugía, supuso a la larga la pérdida de su autonomía profesional debido al proceso de relegamiento científico y de sumisión a las que fueron sometidas (Ortiz, 1996).”

Y Cira Crespo en su libro Maternalias afirma:

“¿Qué tiene que ver estocon nosotras? Pues que a la vez que se construía el Estado Moderno, se empezó a ordenar el conocimiento. Se constituyeron las universidades como los únicos lugares donde se enseñaría el saber oficial. En otras palabras, se separó el conocimiento oficial del no reglado, que acabaría considerándose inferior. El conocimiento de las parteras y las mujeres que atendían el parto empezó a cuestionarse muy seriamente. Por un lado, porque no era un conocimiento oficial. ¿Quién acreditaba que aquellas mujeres no eran brujas? Y aún más importante: ¿Cómo nos podíamos fiar de la palabra de una mujer cuando había que decidir quién era el heredero?
Toda Europa, tarde o temprano, sufrió la ola racionalizadora y burocratizadora. Para poder ejercer como comadrona, había que superar un exámen en una universidad ante un tribunal masculino. Para poder certificar un nacimiento, se debía tener el visto bueno de un hombre. En resumen, todo aquello que venía de la mano de una autoridad femenina era puesto en duda: lo femenino era cuestionado. Sus conocimientos eran no reglados, no oficiales y, en consecuencia, desestimados, en el mejor de los casos. En el peor, eran llevadas ante el tribunal de la Inquisición bajo la acusación de brujería.
De manera desigual se fue extendiendo la mala imagen de las comadronas y mujeres sanadoras en general. En una horquilla que va desde el siglo XV hasta aproximadamente el siglo XVII, en toda Europa occidental se acabó con el poder de las mujeres en este ámbito, casi el único donde podían ejercer su conocimiento. Los efectos colaterales los sintieron todas las mujeres….(…)”

 Para profundizar y reflexionar sobre estas cuestiones: 

– Feminicidio o autoconstrucción de la mujer de Prado Esteban Diezma y Félix Rodrigo Mora. 
Maternalias, de Cira Crespo.
Fechas claves para la historia de las matronas 
Sanadoras, Matronas y Médicas en Europa: Siglos XII-XX, de Montserrat Cabré i Pairet y Teresa Ortiz.
La formación de matrona a lo largo de la historia. Asociación Navarra de Matronas.

Las Lavanderas y los Decretos Leyes

Este es el cartón para tapiz de Francisco de Goya, Las Lavanderas, diseñado entre 1779 y 1780 para el antedormitorio de los príncipes de Asturias en el Palacio del Pardo. Las protagonistas de este cuadro son mujeres que trabajaban en el Río Manzanares realizando tareas pagadas fuera de casa, muchas veces acompañadas de sus hijos. De hecho, llegué a este cuadro buscando información sobre la primera guardería madrileña, creada por la reina  María Victoria dal Pozzo (1847-1876), la esposa de Amadeo I de Saboya, para los niños de las lavanderas.

Tomado de la Fundación Goya en Aragón:

“Un grupo de lavanderas hace un descanso en su trabajo mientras se sientan a la orilla del río. La cabeza de un carnero aparece entre las mujeres y una de ellas le agarra del cuerno. Tomlinson ha visto en esta escena connotaciones sexuales muy evidentes, símbolos que Goya pudo haber conocido a través de algunos ejemplares de la biblioteca de su cuñado Francisco y que no pasarían desapercibidos para el espectador coetáneo. La mujer lavandera se consideraba de clase baja, igual que las majas, y su reputación era dudosa, por lo que aquí representaría la lascivia femenina. De hecho, existía un real decreto que impedía a las lavanderas del Manzanares llamar la atención de los transeúntes con sus provocativos gestos. La presencia del carnero haría referencia a los cuernos, que ya entonces implicaban ofensa para los españoles de la época de Goya. Parece que para los espectadores de este cartón no pasarían desapercibidos estos matices”.

En la Wikipedia podemos leer:

“Nuevamente se desarrolla el sentido sexual en los personajes de la serie: en Las lavanderas, una mujer acaricia los cuernos del animal, clarísima connotación fálica. Recuérdese que la pésima reputación de estas trabajadoras había sido un tema recurrente en la literatura del siglo XVIII y que en 1790 un real decreto impidió a las lavanderas del Manzanares dirigirse a los ciudadanos de clase media.”

Dice una de las didácticas de Museos en Femenino:

“En 1790 un Real Decreto, dirigido a las lavanderas del Manzanares, les prohibía gritar y hacer gestos obscenos a los transeúntes. Cabría preguntarse sobre la presencia y conductas masculinas que generaban esa respuesta.”

¿Alguien se imagina que cambiáramos el sexo de los protagonistas de estas frases? Parecería escandaloso que se diera a entender que en realidad los que piropeaban y hacían gestos obscenos lo hacían porque la mujer les provocaba. Sin embargo, al ser las mujeres las que gritaban a los hombres, el autor o autora de estas afirmaciones cree que debe aclarar que la responsabilidad no era de ellas, era de los hombres que “algo habrían hecho”.

Y la Enciclopedia Online del Museo del Prado afirma:

“Debido a su bajo nivel social y al descaro de sus modales, la reputación de las lavanderas en la España de finales del siglo XVIII era más bien dudosa. Un real decreto de 1790 dirigido a las lavanderas del Manzanares les prohibía gritar y hacer gestos obscenos a los transeúntes y congregarse alrededor de los pacíficos ciudadanos de clase media.”

Montserrat Jiménez Sureda, en “La mujer en la esfera laboral a lo largo de la historia” resalta también el hecho de que se trataba de una situación en el que eran las lavanderas las que interpelaban a los hombres:

“Las mismas mujeres que observaban una actitud convenientemente recatada en el círculo familiar podían, convertidas en cigarreras de la real fábrica de tabaco de Sevilla, escotadas a causa del calor, o en las bancas de un lavadero, desfogar su ingenio desmintiendo cualquier papel de mojigata. De hecho, tan descaradas llegaron a mostrarse estas últimas que un decreto fechado en 1790 les prohibió interpelar a los hombres que pasaban por su vera, blanco predilecto de todo tipo de chascarrillos escandalosos”

¿Y cuál es ese famoso Decreto Ley? Lo encontré gracias a una digitalización de Google Books:

“LAVANDERAS. Las que concurren al rio de Manzanares, sus ayudantes y criados se abstengan de proferir juramentos, palabras obscenas é indecentes, y de injuriar de obra ó palabra á las personas que pasan por las márgenes del rio ó por los lavaderos, ni salgan de estos ni sus bancas á gritar y causar rumores ni quimeras, pena á los contraventores de que se les destinará por quince dias á las obras públicas, y si fueren mugeres por igual tiempo á la reclusión de San Fernando. Bando de 29 de Abril de 1790.
LAVANDERAS. Las que concurren al rio Manzanares se matriculen, y se hace responsable á los dueños arrendatarios ó administradores de los Lavaderos de los excesos que se cometieren en ellos, si fueren omisos en dar cuenta, y se manda no permitan que en sus casas y barracas se hospeden gentes ociosas y mal entretenidas. Por auto acordado de los Señores de la Sala Plena de 21 de Mayo de 1790″.

Lo cierto es que las palabras obscenas, según el Decreto, tenían su origen en mujeres (lavanderas) pero también en hombres (habla de criados) y, por otra parte, iban dirigidos hacia “las personas que pasan por los márgenes del río”, es decir, no hay matiz de género en el Decreto referente a los interpelados. Sí lo hay en la pena: 15 días a las obras públicas para los hombres y 15 días de reclusión en San Fernando, en el caso de las mujeres. Lo que sí podría existir también es un matiz de clase: unos y unas trabajan y otros y otras pasean por el río, pero ni siquiera este aspecto queda muy claro, ya que también pasarían por el margen del río trabajadores.

Aún así es digno de resaltar que en 1790 había mujeres de las clases populares que interpelaban a algunos hombres (quizás también a algunas mujeres) con palabras “obscenas e indecentes” sin ningún pudor. Esto es válido también si se interpreta como una pequeña rebeldía cotidiana de clase y también es independiente de si se considera negativo o positivo que alguien interpele a otra persona en estos términos desde un punto de vista ético o convivencial. En cualquiera de los casos no hay ni rastro de la mujer abnegada, apocada y de moral victoriana de las clases altas que vino después (implantado por el poder) y se extendió por todo el orden social hasta llegar a las clases populares que, sin ánimo de victimizar, también se dejaron adoctrinar. Es curioso también que ese mismo poder estatal gustara de tener en su dormitorio un cuadro pícaro de las mismas lavanderas que en el Decreto Ley amenazaba con encarcelar.

Para profundizar en el tema:

– Prado Esteban Diezma da algunos ejemplos similares en su libro y en sus charlas, por ejemplo, el caso de las aceituneras. Yo conozco también el de las nodrizas.
– En este libro editado por Ignacio Boix en 1843 (Los españoles pintados por sí mismos) hay un capítulo dedicado a “La Lavandera”, unos 50 años después del Decreto Ley que nos ocupa.
– Comadronas y autorización marital: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/he-encontrado-en-el-libro-criadas.html
– Nodrizas y autonomía personal: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/nodrizas-y-autonomia-personal.html

La Biología de la Menstruación en el Homo Sapiens. Traducción de un artículo de Beverly I. Strassmann


Hoy me limito a presentar una traducción de un artículo de la antropóloga Beverly Strassmann. Lo he intentado traducir de la mejor forma posible pero si alguien detecta algún error puede comunicármelo en los comentarios. Las negritas en algunas partes son mías, no están en el original, pero creo que pueden resaltar lo que a mí me ha parecido más llamativo. Hay que tener en cuenta que es un texto antropológico, no divulgativo, por eso tiene partes muy estadísticas. Agradezco a Beverly Strassmann haberme permitido traducir y divulgar su artículo, que se puede consultar en su version íntegra en inglés y con todos sus gráficos en el siguiente enlace:

http://www.academicroom.com/article/biology-menstruation-homo-sapiens-total-lifetime-menses-fecundity-and-nonsynchrony-natural-fertility-population

Este texto me ha hecho reflexionar sobre cómo en la sociedad actual pensamos que menstruar toda la vida de forma ininterrumpida es normal, incluso positivo o sano. La realidad es que es un patrón relativamente nuevo en la especie humana e incluso tiene algunos riesgos para nuestra salud. ¿Nos encontramos quizás ante un pequeño gran desfase entre nuestra biología y los hábitos reproductivos modernos? ¿Cuáles serán las consecuencias a nivel evolutivo? No lo sabemos. En cualquier caso, mejor tratar de comprender el fenómeno, dudar, tirar del hilo y seguir investigando para poder tomar decisiones informadas en el siglo XXI. ¡Allá va el texto!

La Biología de la Menstruación en el Homo Sapiens: El total de menstruaciones en toda una vida, fecundidad y asincronismo en una población de fertilidad natural.

Autora: Beverly Strassmann. Departamento de Antropología, 1020 LSA Building, University of Michigan, Ann Arbor, Mich. 48109-1382, USA (BIS@umich.edu).18 VII 96

Los estudios de biología reproductiva femenina en humanos se limitan casi todos a mujeres que pasan la mayor parte de sus años reproductivos con ciclos menstruales. Teniendo en cuenta que la biología reproductiva humana evolucionó cuando el embarazo y la lactancia eran los estados reproductivos usuales (Short 1976) es importante tener en cuenta los patrones reproductivos en las poblaciones de fertilidad natural. En estas poblaciones, las parejas no intentan controlar su fertilidad de una manera dependiente de la paridad (Henry 1961). Johnson et al (1987) condujeron una investigación longitudinal de la menstruación en una sociedad no-contraceptiva, los Gainj de Papua Nueva Guinea, pero su muestra incluía solamente 40 ciclos menstruales de 36 mujeres. Bentley, Harrigan y Ellison (1990) monitorizaron 178 ciclos menstruales entre los Lese de Zaire, pero como había una enfermedad venérea endémica, muchas mujeres Lese eran estériles y por lo tanto mostraban el patrón occidental de menstruación repetida sin quedarse embarazadas. Aquí presento los primeros datos prospectivos y a largo plazo sobre la menstruación en una población de fertilidad natural, los Dogon de Mali. La muestra incluye 477 ciclos menstruales no truncados en 58 mujeres. Me centro en tres preguntas específicas: (1) ¿Desde la menarquía a la menopausia, cuántas reglas experimentan las mujeres Dogon durante su vida? (2) ¿Cuál es el patrón que siguen las menstruaciones durante toda la vida? y (3) ¿Sincronizan las mujeres Dogon sus menstruaciones?

Los Dogon son cultivadores de mijo del Sahel y tienen un ratio total de fertilidad de 8.6 * 0.3 nacimientos vivos por mujer (Strassmann 1992). Proveen una rara oportunidad de monitorizar el estatus reproductivo femenino en una sociedad preindustrial porque existen estrictos tabúes que requieren que las mujeres menstruantes sean segregadas por la noche en cabañas especiales. La función de estos tabúes y de la menstruación en sí ha sido considerada en otros lugares (Strassmann 1992). A través de un censo nocturno (N = 736 días) de las mujeres presentes en las dos tiendas menstruales del pueblo estudiado (Julio 1986 – Julio 1988), ha sido posible detectar el inicio de la menstruación sin entrevistas y así evitar errores en el recuerdo o a la hora de informar. Una comparación del calendario de las visitas de las mujeres a las cabañas menstruales con perfiles hormonales de las mujeres (pregnanediol urinario-3, glucurónido y estrona-3-glucurónido) indicaron que las mujeres (N=70) fueron a las cabañas de menstruación durante el 86% de sus reglas y que se quedaron fuera de las cabañas cuando no estaban menstruando (Strassmann 1996b). Monitoreo prospectivo de 25 embarazos indicó que todos los 25 nacimientos ocurrieron aproximadamente nueve meses después de la última visita de la madre a las cabañas de menstruación (Strassmann 1992). Estos resultados confirman que que si una mujer Dogon visita una cabaña de menstruación está de hecho menstruando.

El ciclo menstrual prolongado de las mujeres occidentales se ha invocado como un factor de riesgo de cáncer del aparato reproductor (Short 1976, Eaton et al. 1994), una de las principales causas de mortalidad. ¿Pero cuántas menstruaciones solían experimentar las mujeres antes de la llegada de la anticoncepción? Debido a la dificultad de recopilar la información precisa sobre la menstruación en entrevistas, hay pocos datos disponibles para responder a esta cuestión. Eaton et al. (1994) calculó que en los cazadores-recolectores las mujeres que pasaban de la menopausia experimentaban aproximadamente160 ovulaciones en su vida, pero esta estimación no se basa en datos empíricos de la menstruación o de la ovulación entre los cazadores-recolectores.

NÚMERO TOTAL DE MENSTRUACIONES A LO LARGO DE LA VIDA.

Tomé ​​registros objetivos de la asistencia a la choza menstrual, como lo corroboran los datos hormonales, para determinar el número de menstruaciones experimentado por las mujeres Dogon a lo largo de la vida, asumiendo su supervivencia a la menopausia. En mi muestra, la mediana de edad de la menarquía era 16 y la mediana de edad de la menopausia era 50. El número medio de visitas a la choza en una vida era de 110 y la mediana era 94. Estos valores fueron calculados como la suma del número medio (o de la mediana) de visitas a la choza de cada edad (las mujeres individuales que no visitaron las chozas a una edad particular porque estaban embarazadas o en amenorrea contribuyeron un valor de cero a la computación). Para corregir las menstruaciones detectadas hormonalmente que no fueron señaladas en una visita a las chozas menstruales, dividí el número total de menstruacionesa cada edad por 0.86. Después de esta corrección, el número medio estimado de menstruaciones en la vida era 128 y la mediana era 109.

Una médico estadounidense que registró todas sus menstruaciones a lo largo de su vida y que tuvo 3 nacimientos tuvo un total de 355 ciclos menstruales. (Treloar et al. 1967). Su experiencia menstrual abarca 32 años en lugar de los más típicos 38 años de las mujeres estadounidenses, por lo que ella pudo haber tenido un menor número de menstruaciones que la media de la mujer estadounidense. De todos modos, Treloar et al. informan que hasta su primer embarazo la longitud de su ciclo era al menos dos días más corto que la media, lo que cancela parcialmente el efecto de una experiencia menstrual corta. Eaton et al (1994) estiman que las mujeres estadounidenses tienen un total de cerca de 450 ovulaciones. Su estimación asume que desde la menarquía a la menopausia el 96% de los ciclos menstruales son ovulatorios. En los años de la postmenarquía y de la perimenopausialas mujeres tienen muchos ciclos largos anovulatorios (Baird, 1985), así que las estimaciones de Eaton et al de 450 ovulaciones en una vida son probablemente demasiado altas. Con fines comparativos, yo asumo que 400 menstruaciones a lo largo de la vida no son inusuales en las mujeres estadounidenses. La mediana de 109 menstruaciones a lo largo de la vida entre las mujeres Dogon es un cuarto de este valor. Dado que los Dogon son sedentarios y agricultores, la alta frecuencia de menstruaciones encontrada en tantas poblaciones contemporáneas humanas probablemente se originó no con la agricultura sino con el control de los nacimientos.

PATRÓN DE LAS MENSTRUACIONES.

Los datos también revelan características del patrón de la menstruación sobre las historias de vida de las mujeres. La frecuencia de la menstruación entre las mujeres Dogon tiene una relación con forma de “U” con la edad entre la menarquía y la menopausia (fig. 2). Para mostrar esta relación más claramente, el gráfico excluye a las mujeres que estaban constantemente embarazadas o en amenorrea, y se presentan los dos años enteros de datos. Las mujeres por debajo de 20 años tuvieron una media de 10.8 y 3.3 menstruaciones en dos años, las mujeres entre 20-34 años tuvieron 3.8-0.6 menstruaciones, y las mujeres de 35 años y más tuvieron 12.9 2.2 menstruaciones. Este resultado es consistente con los informes de que la fecundidad tiene una relación inversa en forma de “U” con la edad (Bendel and Hua 1978, Jain 1969, Wood and Weinstein 1988). Una variable de confusión potencial es la frecuencia coital, pero las numerosas menstruaciones entre las mujeres menores de 20 años son probablemente debidas a la subfecundidad adolescente porque las mujeres de estas edades ya tenían compañeros sexuales regulares. De hecho, es normativo entre las mujeres Dogon empezar con las relaciones sexuales antes de la menarquía. La frecuencia menstrual baja entre las mujeres de 20-34 años refleja un ratio muy alto de embarazos (fig. 3) y de supresión lactacional de la ovulación (tabla 1). En el estudio de dos años, tener ciclos menstruales era el estado reproductivo más largo para las mujeres más jóvenes (menos de 20 años) y las mayores (más de 34 años), mientras la amenorrea de la lactancia era el estado más largo para la primera edad reproductiva de las mujeres (20-34 años). Después de los 34 años, la frecuencia de la menstruación caía dramáticamente y el ratio de embarazos se desplomaba. Este cambio puede ser atribuído a la fecundidad reducida, menor frecuencia coital en los matrimonios de larga duración, y la mayor mortalidad intrauterina al final de los años reproductivos (Strassmann 1990, Wood 1989).

El perfil reproductivo de la mujer (N = 122) en el pueblo estudiado es mostrado en la figura 4. En los 736 días del estudio la proporción media ( + estandar de desviación) de las mujeres que tenían ciclos menstruales en un día determinado era 0.25 + 0.01; 0.16 k 0.04 por día estaban embarazadas, 0.29 + 0.04 estaban en amenorrea de la lactancia, y 0.31 + 0.006 eran postmenopaúsicas. (Estar dentro del ciclo menstrual fue definido como el intervalo desde el primer día de la primera menstruación postparto hasta el primer día de la última menstruación antes de un embarazo reconocido; el embarazo fue definido como el intervalo desde el segundo día de la última menstruación hasta el día del nacimiento o el aborto; la amenorrea de la lactancia fue definida como el intervalo desde el día después del nacimiento o aborto hasta el día después de la primera menstruación postparto). En cualquier día determinado, la subfecundidad de la mujer fue sobrerepresentada sobre las mujeres con ciclos menstruales. Las mujeres más fecundas concebían en una de sus primeras ovulaciones postparto y en seguida “caían fuera de la piscina” de las mujeres que regularmente menstruaban. Por ejemplo, entre las mujeres con edades comprendidas entre lo 20-34 años, solamente dos eran estériles, y tenían 23 y 29 menstruaciones cada una de ellas durante los dos años del estudio. La otra mujer en su cohorte de edad tuvo una media de solo 3.8 + 0.6 menstruaciones. Así que las menstruaciones regulares eran un signo de esterilidad, no de fecundidad.

Cuando la duración del ciclo menstrual era calculada por la asistencia a las chozas menstruales, la mediana de la duración de los ciclos menstruales medios de las mujeres era de 30 días (el límite más bajo y el más alto de confianza al 95% fueron 30.0 y 32 días, respectivamente; N = 58 mujeres, 477 ciclos; el rango de edad fue 15 a 53 años, la media de edad * la desviación estandard fue 30.9 + 9.7 años). Cuando los ciclos más largos de 46 días (N = 73) o más cortos de 17 días (N = 4) fueron excluidos por ser valores atípicos como fueron definidos por Wilkinson (1990:550), la mediana de las duraciones medias de los ciclos menstruales fue 28.5 días (el límite más bajo y el más alto de confianza al 95% fue 27.5 y 29 días, respectivamente; N = 54 mujeres, 400 ciclos). La duración estimada del ciclo en cualquier población refleja la estructura de edad de la muestra, pero la duración del ciclo en las Dogon es biológicamente indistinguible de la duración del ciclo de las poblaciones occidentales (Chiazze et al. 1968, Treloar et al. 1967, Vollman 1977).

SINCRONÍA MENSTRUAL

McClintock (1971) informó de que la interacción social causaba que los comienzos menstruales de los grupos de amigas que comparten dormitorio se acercaran dos días en un período de cuatro a seis meses. Ni McClintock ni los subsecuentes investigadores encontraron ninguna tendencia de las menstruaciones a hacerse concordantes, pero al fenómeno se le llama con el equívoco término “sincronía menstrual”. En análisis cuidadosos, Wilson (1987, 1992) mostró que tres errores estadísticos socavan la evidencia de McClintock así como las de las de investigadores posteriores (Graham y McGrew 1980, Quadagno et al. 1981, Preti et al. 1986): (1) fracaso para corregir la convergencia de inicios menstruales por casualidad, (2) exageración de las diferencias de partida en los inicios a través del cálculo equivocado, que conduce a una impresión errónea de sincronización con el tiempo, y (3) posible sesgo de muestreo. Strassmann (1990) planteó preocupaciones adicionales que tienen que ver con la novedad evolutiva del estudio de poblaciones y las inconsistencias en los hayazgos a través de los estudios, sugiriendo la posibilidad de efectos aleatorios. Por otra parte, hay tres estudios que no encontraron evidencias de sincronía en las poblaciones occidentales (jarett 1984, Wilson, Hildebrandt Kiefhaber, and Gravel 1991, Trevathan, Burleson, y Gregory 1993). A pesar de la escasez de datos de apoyo, muchos investigadores continúan aceptando la existencia de sincronías menstruales en lugar de confrontar los asusntos metodológicos que Wilson planteó (Graham 1991, Weller y Weller 1993).

Antes del estudio de Dresent no había tests publicados sobre la sincronía menstrual en poblaciones con fertilidad natural. La ausencia de sincronía en esas poblaciones tendría dos importantes implicaciones: (1) debilitaría seriamente la hipótesis (Burley 1979, Turke 1984) de que la sincronía menstrual es adaptativa, y (2) refutaría la tan extendida suposición entre los antropólogos de que la sincronía menstrual ocurría en las sociedades preindustriales (Buckley 1988, Knight 1988). En las poblaciones de fertilidad natural, el embarazo y la amenorrea imperidían que las mujeres tengan ciclos menstruales concurrentemente, pero la posibilidad de sincronía puede ser probada entre las restantes mujeres. Entre las mujeres Dogon de todas las edades que tenían ciclos menstruales durante el presente estudio, la mediana del número de menstruaciones en dos años fue 6.0. McClintock (1971) informó de que la mayor parte de la sincronización en su estudio fue situada en aproximadamente cuatro ciclos. Si es así, entonces muchas mujeres Dogon tuvieron suficientes ciclos para sincronizarse, particularmente en la cohortes de edad menores de 20 años y mayores de 34 años.

En vista de lo anterior, puse a prueba la sincronía menstrual en los Dogon. Para evitar los errores metodológicos discutidos por Wilson (1992) introduje dos aproximaciones estadísticas. Usando la regresión de Cox (Cox 1972, Dixon 1992) pregunté si, en cualquiera de los ciclos, el riesgo de una mujer de menstruar era influenciado por el número de las otras mujeres que estaban menstruando. El número de otras mujeres menstruando fue calculado como tres variables independientes diferentes: “Pueblo” se refiere a todas las otras mujeres del pueblo; “linaje” se refiere a todas las otras mujeres que vivían en un particular linaje de familiares masculinos; y “unidad económica” se refería a las mujeres que habitualmente trabajaban juntas y comían juntas. Estas variables capturan, con el aumento del grado de cercanía, las tres principales niveles de interacción social entre las mujeres. Este análisis es modelado como sigue: hilt) = ai(t).epx(t) donde hi(t) es el riego “ith” de que una mujer menstrúe en un tiempo “t” y ai(t) es es la tasa de riesgo de referencia para la mujer “ith” y x(t) es una variable explicativa en función del tiempo probada individualmente. Los tres coeficientes no eran significativos, proporcionando ninguna evidencia de la sincronización.

Si la sincronía menstrual es causada por el ciclo lunar (Pochobradsky 1974, Law 1986, Cutler et al. 1987) u otros ritmos ambientales (Little et al. 1989) entonces debería ocurrir en todo el pueblo. De acuerdo con la hipótesis nula de la asincronía, los inicios de las menstruaciones de mujeres diferentes deberían ser independientes, y por lo tanto el número de inicios por día debería encajar en la distribución de Poisson. De acuerdo a la hipótesis alternativa de la sincronía, los inicios menstruales deberían estar agrupados. Bajo la hipótesis nula, el número esperado de inicios por día, E(N), iguala al número de mujeres en riesgo de menstruar en un día concreto (por ejemplo en ciclo menstrual y no estando embarazada ni en amenorrea) dividido por el número de días de riesgo. Siguiendo esta lógica, calculé el número esperado de inicios E(Nt) para cada día (t) dividido por el número de días en la ventana. En los 736 días del estudio, el número de días observado y esperado con 0, 1, 2, 3 y 4 inicios no diferió significativamente = 1.50, d.f. = 4). Por lo tanto la hipótesis nula de que los inicios menstruales de las mujeres eran independientes no pueden ser rechazados.

Entre los Dogon la luz eléctrica está ausente, así que las condiciones eran favorables a probar específicamente la sincronía lunar. Probé la regresión de Cox para preguntar si el riesgo de que una mujer menstruara estaba influenciado por la fase lunar. La fase lunar fue expresada como una variable categórica de tiempo con una variable control para cada una de las cuatro fases lunares. El análisis fue estratificado por mujer (N = 58), y cada ciclo (N = 477) fue una observación. Ninguno de los coeficientes fue significativo, ninguno probó evidencia de sincronía lunar.

La falta de soporte empírico para la sincronía menstrual en los Dogon y en las poblaciones occidentales no establece la ausencia del fenómeno en todas las especies, pero desplaza la carga de la prueba en aquellos que argumentan que el fenómeno existe. La evidencia de la sincronía también debería incluir un entendimiento de los mecanismos por los cuales la sincronía es lograda. En el presente, las feromonas y las influencias ambientales que supuestamente causan la sincronía en humanos no ha sido identificada. McClintock (1981) argumenta que la sincronía menstrual es un efecto secundario sin función de los mecanismos que son adaptativos a diferentes contextos. Sin embargo, este contexto permanece oscuro. La sincronía sí ocurre en otros sistemas biológicos (sincronía de eclosión, la luciérnaga intermitente, la descarga neuronal, por nombrar algunos), pero en estos casos la función de la sincronía se comprende mejor. Wallis (1985, 1992) informó de sincronía en los hinchazones de los celos en las chimpancés (Pan troglodytes), pero su metodología no está clara y parece violar las asunciones subyacentes a sus pruebas estadísticas. Por ejemplo, en el estudio de chimpancés cautivos, su test chi-cuadrado violaba la suposición de independencia en las observaciones. Las explicaciones adaptativas para la sincronía menstrual en humanos asumen la concordancia de ovulaciones y de periodos fértiles superpuestos (Burley 1979, Turke 1984), pero si los ciclos de las mujeres consiguen solo dos días de acercamiento en cuatro a seis meses (McClintock 1971) el impacto en el momento de concepciones es probablemente despreciable.

Si la sincronía menstrual existe, entonces durante la sincronización por lo menos algunas mujeres deberían acortar o alargar sus ciclos menstruales para acercar sus inicios de menstruación a los de las mujeres con las que se están sincronizando. La plausibilidad de tal ajuste necesita ser evaluada a la luz de otros determinantes del ciclo menstrual. En poblaciones con fertilidad natural, muchos ciclos incluyen embarazos transitorios que fallan solo después de unos días o semanas, resultando en una bajada hormonal, que entonces dispara la menstruación. En estos ciclos, el momento de la menstruación y de la duración del ciclo menstrual están determinados por el momento del embarazo fallido (Wilcox et al. 1988). Entre las mujeres estadounidenses sin anticonceptivos, el embarazo ocurrió en el 28% de los ciclos menstruales (N = 707 ciclos), y 31% de esos embarazos terminó en pérdida (Wilcox et al. 1988). Así, en 28% de los ciclos, la sincronía menstrual podría haber sido impedida por un embarazo.

Muchos otros factores también afectan la duración del ciclo y reducen la potencial sincronía menstrual. Por ejemplo, largos, intervalos irregulares entre menstruaciones están asociados con anovulaciones en los años posteriores a la mernarquía y anteriores a la menopausia (Baird 1985). Entre las mujeres de la primera edad reproductiva, los ciclos irregulares y anovulatorios están asociados con un equilibrio energético negativo (Ellison 1990), la lactancia (Howie y McNeilly 1982), y el estrés psicosocial (ver Wasser y Barash 1983). En un estudio de 275.947 ciclos en 2.702 mujeres estadounidenses, Treloar et al. (1967) concluyó que el ciclo menstrual está “caracterizado por la variabilidad mas que por la regularidad”. A la edad de 20, la duración mediana del ciclo menstrual fue 27.8 días y la diferencia entre el percentil 10 y el 90 para una desviación estándar persona-año fue 6.3 días. La variabilidad de la duración del ciclo alcanzó un mínimo a los 36 años, cuando la mediana de la duración de ciclos era 26.6 días y la diferencia entre los dos percentiles era 3.6 días. La variabilidad inherente de la duración del ciclo tiene dos componentes: (1) las periodicidades diferentes (duración del ciclo) de mujeres diferentes, y (2) la variabilidad sustancial dentro de la mujer entre en la longitud de su propio ciclo (Treloar et al. 1967, Vollman 1977). Ambos son obstáculos para la sincronía.

Dada la escasez de pruebas, es sorprendente que la creencia en la sincronía menstrual esté tan extendida. Sugiero que esta creencia proviene, en parte, de un popular malentendido sobre cómo de separados se esperaría que estuvieran los inicios de dos mujeres por solamente el azar. Si dos mujeres tienen un ciclo menstrual de 30 días, lo máximo que pueden estar fuera de fase es 15 días, y, en promedio, se esperaría que sus inicios estuvieran 7-5 días separados (Wallis 1985, Strassmann 1990, Wilson 1992).

La mitad del tiempo de sus inicios debería estar más cerca de 7-5 días. Si la sincronía menstrual entre amigas tiene una atracción psicológica, entonces los inicios que están muy juntos pueden causar una mayor impresión que los inicios que son dispares.

Relacionado:

– Decisiones informadas: Los riesgos de no ser una madre joven (y no amamantar): http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/01/decisiones-informadas-los-riesgos-de-no.html

– “La evolución de la reproducción humana” de Roger Short (1976): http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/la-evolucion-de-la-reproduccion-humana.html

– Reseña de “La Lactancia y la Menstruación desde una Perspectiva Cultural” de Barbara B. Harrell, de 1981.

– La menstruación como ahorro energético, de Beberly Strassmann: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/09/la-menstruacion-como-ahorro-energetico.html

– ¿Menstruar mola? ¿Menstruar es un atraso? Una respuesta corta posible: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/menstruar-mola-menstruar-es-un-atraso.html

Canciones ancestrales y viejunas…

Hace casi diez años que murió mi abuelo, un hombre oriundo de Fuenterrebollo, y le quiero recordar con este juego-canción que me enseñó. Se ponen todos los puñetes de los participantes unos encima de otros y el que empieza pregunta de quién son. El último puñete es la “arqueta”:

A: ¿Qué es esto?

B: Un puñete

A: Pues quítale quete.¿Qué es esto?

B: Una arqueta.

A: ¿Y qué hay en ella?

B: Pan y manteca.

A: ¿Y quién la metió?

B: El rey que pasó.

A: ¿Y dónde está el rey que pasó?

B: A matar palomitas en un palomar.

A: ¿Y con qué las mata?

B: Con una escopetita de plata.

A: ¿Y con qué las guisa?

B: Con una sartén de risa.

A: ¿Y dónde hecha los huesos?

B: Al rincón.

A: ¿Y la ternilla?

B: A la orilla.

A. Pues quien se ría un bofetón. Mmmmmmmmmm (todos hacen ese ruido con los labios mientras dan vueltas a los puños sobre un eje imaginario entre los dos codos y quien se ría, ¡bofetón! Flojito, ¿eh? 🙂

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Esta otra canción me la enseñó la mujer de mi tío, creo que su familia es de Tomares:

A la tatara Tusa

Jarrita mear

Amagar, amagar pero no dar

Dar sin duelo,

que se ha muerto el abuelo.

Dar sin reir,

que se ha muerto el tío Valentín.

Que toquen las esquilillas,

con agallas y agallillas

Que toquen los epilones,

con agallas y agallones.

Te mando de penitencia que… “le des un besito a mamá” (la penitencia que sea).

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Recotín, recotán

de la vera, vera, van

del palacio a la cocina

¿Cuántos dedos tienes encima?

Respuesta: si lo adivina, no se dice nada. Si no lo adivina: “Si hubieras dicho ____ te ahorrarías de penar (y se repite toda la canción).

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Aserrín, aserrán (esta es muy conocida pero con una frase más que yo no conocía)

Maderitos de San Juan

Los del rey asierran bien

Los de la reina también

¿Y los del Duque? Truque, truque (cosquillas)

Los de adelante corren mucho.

Lo de atrás se quedarán

¿Qué es una maternidad subversiva?

Leí con alegría la entrevista a María Llopis en el periódico CNT. ¡Por fin alguien trataba la maternidad desde un punto de vista positivo y rebelde en una entrevista que visibilizaba la violencia obstétrica, en el que se hablaba de la maternidad como parte de la sexualidad femenina! Gracias, María, por hablar de todos estos temas de los que casi nadie habla en los medios, ya sea libertarios o del sistema. Que se debata de estos temas es muy importante. Sin embargo, terminé la lectura con una sensación amarga. Parecía que para hacer respetable la maternidad hubiera que presentarla como algo sumamente placentero, para contestar, claro está, a la larga tradición de atacarla por todos los frentes, desde las instituciones políticas, el machismo, la Iglesia, el capitalismo y, ¿por qué no volverlo a decir? el feminismo.

Ilustración a la entrevista de María Llopis en CNT de Joan Turu. Más estereotipada y simplista imposible. En la vida real las cosas no son lo que parecen y la madre, supuestamente subversiva, puede ser mucho más sumisa a las teorías, modas y a las instituciones que la supuestamente “no subversiva”.

Hoy me gustaría matizar algunos de estos aspectos. Creo que no hace falta presentar la maternidad como un camino de rosas o un viaje de éxtasis o MDMA para legitimarla. Claro está que tampoco es un sufrimiento perpetuo, ni una servidumbre, ni algo que nos impide “vivir” y que nos obliga a convertirnos en esa “cosa abstracta des-despolitizada, des-sexualizada y des-socializada que es La Madre”.

despolitizada, des-sexualizada y des-socializada que es La Madre – See more at: http://www.pikaramagazine.com/2014/02/desocupar-la-maternidad/#sthash.sGGMbwhS.dpuf

A veces me pregunto si todavía estamos en los años setenta del siglo pasado, aquellos tiempos (un poco ingenuos, en mi opinión) en los que desde la contracultura se pensaba que lo libertario era luchar contra la represión de todos los impulsos, que la sexualidad era siempre subversiva, que un desnudo en público era algo revolucionario, incluso que la pornografía era algo transgresor… ¿Revolucionario en qué? ¿Subversivo en contraposicion a qué? ¿Transgresor para quién? Años después y seguimos con las mismas cuestiones (o postcuestiones), saltando de un extremo al otro, rodeando los problemas fundamentales, reduciéndolos y simplificándolos al máximo, en lugar de sumar, filtrar y reflexionar más allá de lo obvio.

Una cualidad inherente al sistema en el que vivimos es que es capaz de integrar en él todas las corrientes, quitándolas cualquier atisbo subversivo. Es más, muchas cosas son transgresoras y no son necesariamente positivas, de hecho pueden ser hasta destructivas o violentas para los propios involucrados o terceros.

La maternidad forma parte de la sexualidad de la mujer y esto debería ser simplemente un hecho constatado por la evidencia, por la experiencia, algo normal y cotidiano, ni subversivo ni no subversivo. Nadie es madre o deja de serlo como un acto político y, si lo fuera, no sería ético, porque los hijos e hijas no vienen a ser los soldados de nuestras batallas ideológicas, son fines en sí mismos, valiosos por sí mismos. Tampoco vienen a curar nuestras heridas, a ayudarnos a conocernos mejor, a transformarnos o a despertar nuevas inquietudes. Aunque, de rebote, muchas de estas cosas suceden y, si lo hacen, son regalos que se suman a esta experiencia humana vital.

Hablar de maternidad es hablar de sexualidad y sensualidad, pero reducirla o intentar demostrar que lo es porque da placer orgásmico es simplificar al máximo. No todas las relaciones sexuales o sensuales terminan en orgasmo ni buscan el orgasmo como último fin. De hecho, un cruce de miradas, un tono de voz o una fantasía pueden ser experiencias tremendamente sexuales sin que intervenga un mínimo contacto físico. Por otro lado, en el mundo maternal más concreto, una lactancia también puede ser placentera sin ser vivida conscientemente como algo sexual. Tan negativo me parece que exista un tabú o que se cree un estigma frente a las mujeres que tienen orgasmos mientras amamantan, como que se cree un modelo de mujer orgásmica lactante a seguir. ¡La lactancia es diversa y mientras madre e hijo estén bien, todo va bien! Los modelos cerrados limitan. De hecho, un gran problema para las madres que queremos amamantar hoy en día es la falta de una cultura de la lactancia diversa.

Y si seguimos dentro del ámbito sexual, y el parto es un acto sexual… ¿Acaso todas las relaciones sexuales son satisfactorias siempre? Y si se puede hacer un simil entre el primer parto con la primera relación sexual, ¿no es muy corriente que esa primera vez no sea todo lo fantástica que esperábamos, con esa mezcla de desconocimiento, miedo a lo desconocido y falta de experiencia? Incluso en un entorno supuestamente ideal, con intimidad, sin intervenciones médicas agresivas ni molestias externas, una primera vez puede ser más complicada que una segunda y una tercera… De la experiencia se aprende, pero hoy en día el parto es un evento exótico en la vida de la mujer, totalmente ausente o que se produce una vez en la vida, según el ratio actual de hijos por mujer. Es como si analizáramos nuestra vida sexual por una única y primera experiencia.

¿Es la busqueda de orgasmos o de placer algo subversivo? Puede serlo o no serlo. Un pilar básico de este sistema es producir y consumir, por lo tanto, una visión de la sexualidad productivista, acumulativa, cuantitativa o consumista siempre será facilmente asimilable. El sistema no tiene ningún problema con eso y cambiará sus paradigmas para ajustarse a los nuevos tiempos. ¿Es la sociedad holandesa una sociedad subversiva o simplemente es una sociedad más respetuosa con las necesidades fisiológicas del embarazo y el parto? ¿Se trata quizás de que se han dado cuenta de que respetar la fisiología humana es simplemente más económico para el Estado? ¿Es la Organización Mundial de la Salud una organización antisistema o antipatriarcal?

La obsesión por el orgasmo y por las técnicas sexuales en lugar de por la esencia de la erótica es, paradójicamente, lo más antierótico del mundo. Una vez que alguien ha trazado el camino oficial, el ideal al que deberíamos tender (ya sea el del paradigma de la represión, el de la pornografía, el médico o el del experto técnico en sexualidad) se nos está encorsetando, tanto en el parto pasivo y medicalizado como en el parto orgásmico ideal, pasando por la búsqueda de la eyaculación femenina o el multiorgasmo. De hecho, no hay cosa que haga más difícil la consecución de un orgasmo que buscarlo como meta a lograr desde la cabeza y obsesionarse con ello. ¡Ojo! Que existan conocimientos científicos o talleres sobre estos temas es positivo, porque es cultura compartida, lo que es negativo es pensar que ciertos fenómenos bioculturales se pueden explicar como relaciones de causa-efecto cerradas y que pueden domesticarse o implantarse sin perder su esencia. El parto, la lactancia materna, la crianza, el sexo y el amor tienen sus lógicas internas, con particularidades en cada caso, no asimilables a las de los procesos industriales de fabricación en serie o a los Decretos-Leyes.

El ser humano propio de la era industrial o postindustrial es tremendamente reduccionista y cuadriculado. Un ejemplo lo podemos tener en el tema del Cuidado Cánguro o el “piel con piel”. En los hospitales van cambiando los protocolos (¡ya era hora!), van viendo todas las cosas que han hecho mal durante años gracias a la fé tecnocrática pero, como no ha habido reflexión sobre la propia tecnocracia ni sobre el propio sistema, intentan aplicar modelos respetuosos como si fueran un protocolo técnico o un método. No es extraño, por tanto, que los cuidados canguros sean de forma errónea llamados y traducidos como “método canguro”, o que la gente común afirme que “practica” un determinado tipo de crianza que incluye una serie de normas o mandamientos, o que en los protocolos hospitalarios alguien crea que el “piel con piel” es una técnica más que se puede forzar o imponer, o que en algunos países se estén utilizando expresiones aberrantes en los medios como las de “lactancia materna obligatoria”.

Un ejemplo real de tecnocracia del cariño o del amor, sacado de la cartilla que nos dieron en el centro de salud dentro del apartado de “recomendaciones preventivas” del lactante de 15 días a 5 meses:
 “Acarícienlo y jueguen con él hablándole suavemente mientras le cuidan y atienden”. ¿Vivimos en un mundo tan desconectado de la realidad que nos tienen que decir cómo tenemos que ser cariñosos con nuestro propio bebé en un cuaderno médico? ¿En qué momento de la humanidad llegamos a este punto de “deshumanización”? ¿Habrá alguien que realmente acaricie a su bebé solamente porque se lo dice el documento de Salud Infantil de la Comunidad de Madrid? Lo preocupante es que después de los 5 meses ya no vuelve a hablar del tema…

La maternidad es sexual pero es que el sexo es muchísimo más que una mera búsqueda de orgasmos o endorfinas, como quien busca un buen viaje de droga: es deseo, vínculo, unión, socialización, comunicación, pasión, trascendencia, amor… El embarazo, el parto, la lactancia no son sólo momentos místicos o ideales, aunque existen y muchas los hemos vivido. Tampoco son un sufrimiento perpetuo y una servidumbre. ¿Por qué hay que colocar estas experiencias en los extremos para reivindicarlas o denostarlas? ¿La vida se reduce a una búsqueda del placer? En las relaciones humanas hay placer, dolor, indiferencia y miles de matices intermedios. Vivimos muchos días de pura ambivalencia y contradicción. Y aún asi la vida merece la pena ser vivida. O, mejor dicho, por todo ello merece la pena. Lo que habría que diferenciar es el dolor fisiológico del sufrimiendo inducido por malas prácticas institucionales o simple desconocimiento y falta de apoyos. También habría que diferenciar el esfuerzo inherente a la crianza y de la vida en general de los problemas añadidos por el entorno social actual.

El paralelismo del mundo de las drogas con el mundo hormonal me parece correcto. Al igual que la vida no se mueve, a no ser que seas un jonkie, por la búsqueda del próximo chute, la maternidad no puede ser reducida a un cúmulo de “chutes” hormonales o espasmos, aunque sean reales y estén ahí. El día a día de la maternidad después del parto es algo más. Salgamos de la mentalidad del adicto a las sensaciones placenteras porque eso es lo menos subversivo que existe en la actualidad. El individuo que piensa así es el conformista oficial, el drogado y anestesiado que busca evadirse del mundo. La evasión no es subversiva, los caminos fáciles no son subversivos. Hay quien dice que vivimos en la sociedad de la analgesia y de la aspirina, pero también vivimos en la sociedad de la búsqueda del placer. La huida del dolor y la búsqueda del placer como única meta no son tan diferentes. Lo subversivo es vivir la vida de forma consciente y sin autoengaños, incluso cuando abandonamos la conciencia para trascenderla en otros planos. Desde ahí podemos plantear un interesante punto para construir un mundo mejor.

¿Qué podría ser verdaderamente subversivo en la maternidad actual? Aunque no tengo respuestas definitivas intuyo que puede ir por aquí:

Tomar las decisiones personales guiadas por la ética personal en libertad, con información y responsabilidad, sean las que sean. 
Hacer respetar esas decisiones por los profesionales, sin agresiones o mutilaciones innecesareas, y aprender a pedir ayuda cuando la necesitemos.
Conocernos y desde allí, en libertad y sin manuales de expertos (ya sean normativos o subversivos) poder vivir la sexualidad, la crianza, la vida en general. Esto no quiere decir que no haya que leer, aprender y debatir sobre estos temas, pero en la erótica y en las experiencias humanas en general, las teorías no sirven de mucho. Tenemos que construirnos nuestro propio mapa, nuestro propio camino. El papel de la persona que, supuestamente tiene más información, debería ser el de acompañar y proponer diversas posibilidades con un lenguaje lo menos técnico posible. No es fácil, es un verdadero arte conjugar todo esto.

Es cierto que es subversivo de por sí ser madre (y padre) en un mundo antiniños. Es subversivo permitirte soñarlos e imaginarlos incluso antes de estar embarazada o haber conocido a alguien con quien tenerlos. Es subversivo ser madre y sentirte mujer a la vez, sentir que no solo no te ha robado nada sino que has crecido. Tan subversivo es sentir todo lo contrario y buscar las causas para cambiarlo. También es subversivo no autoengañarte sintiendo cosas que no sientes o haciendo cosas con las que no te sientes cómoda, ya lo diga Simone de Beauvoir, la ONU, Carlos González, la OMS, la antropología, la primatología, la neurociencia más puntera o tu tía.

Efectivamente, urge reapropiarnos de nuestra vida. Pero eso no nos lo va a dar ni la Organización Mundial de la Salud, ni una doula, ni una matrona, ni el Estado. No podemos sustituir un paradigma malo, por otro “subversivo” oficial, potencialmente nocivo cuando se establece como el correcto y único posible. Porque aunque hay elementos objetivamente positivos para todos, hay factores que hacen que lo que es bueno para mí, no sea bueno para otra persona, y al revés.

Por otro lado, de nada sirve hablar de maternidades sexualizadas en un fluir de orgasmos y hormonas del éxtasis (bastante alejadas de la maternidad dura del día a día) cuando en el mundo real la maternidad está llena de problemas más allá del embarazo y el parto, como la soledad, la falta de apoyos y de sueño, la pérdida de la cultura de la lactancia, la fé ciega en las doctrinas de crianza… El campo verdaderamente subversivo está ahí. En tender esos vínculos de apoyo y esos puentes de encuentro y empatía, incluso con las personas que no piensan como nosotros mismos. Quizás esos puentes, en una sociedad como la nuestra, solamente puedan ser mercantilizados. No lo sé, espero que no.  

Vivimos en la sociedad de las etiquetas, la sociedad del Trastorno Límite de Personalidad, donde cada vez hay menos grises, donde todo es blanco o negro. Se crean dioses y se matan, se sube a los altares una determinada forma de vivir la vida y se la pisotea después, se crean tendencias pro y anti… Nunca hay “dependes” o “vamos a ver en cada caso”. No hay búsqueda de la imparcialidad o del equilibrio, se crean falsas polarizaciones, dicotomías y teorías que valgan para todos en todo momento. Claro que hay cosas que son en blanco y negro, claro que hay guerras en las que “estás conmigo o contra mí”, y debe ser así, pero el resto es un gran abanico de posibilidades.

Cualquier comentario o matización es bienvenida, como siempre.

Relacionada: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2015/03/micro-abusos-sexuales-y-macro.html

Experiencias sin pañales con un niño de 24 meses

Si el mes pasado parecía que llegaban los días “secos” para quedarse este ha sido el mes de volver al charquito diario.

Es curioso porque, como acaba de cumplir los dos años, ya empiezo a ver a niños de su edad, o unos meses más, en proceso de dejar el pañal y lo cierto es que ¡estamos en el mismo punto! Los papás y mamás suelen decirme que para ellos es más fácil que les avisen el pis, cuando en nuestro caso es al revés, avisa todas las cacas y el pis no. Aquí se ve de forma clara que la higiene natural del bebé no es un método de dejar el pañal ni adelanta ni fuerza ningún proceso, cada niño es diferente y tiene también su ritmo.

Este mes se ha caracterizado por volver a los 0-1-2 pantalones mojados o charquitos diarios de los últimos meses. Nos avisa el pis cuando lo está haciendo o lo acaba de hacer. Es bastante gracioso porque nos coje de la mano y nos lleva al lugar señalando con el dedo… Lo limpiamos, le decimos que el pis no se hace en el suelo, que nos avise un poquito antes para ir al w.c. y ale, a seguir con la vida.

Por las noches, como siempre mama y pide muchísima agua antes de dormir, es rara la noche seca. Sin embargo, he notado que las noches en las que está realmente agotado, quizás porque duerme más “del tirón”, no sé, se despierta con el pañal seco. Misterios de la vida…

La verdad es que la mayor parte de los días el charquito viene cuando hay una visita o quedo con alguien y me pongo a charlar y se me pasa el ir al servicio con él. Tampoco me parece nada dramático, la vida es así, llevo un recambio de pantalón y zapatos y punto. También hubo un día en que fuimos a la casa del pueblo y le tuvimos totalmente asilvestrado por el campo, sin pañales y sin ponerle, cambiando pantalones si se mojaba y ya está.

Pero lo normal es estar todo el día en calzoncillos y bien, si le vamos llevando al baño cuando parece que tiene ganas, podemos mantenerle seco sin problema. Cojo el metro, el autobús y sé perfectamente que no se lo hará encima. Pero la pregunta del millón es… ¿Cuándo será capaz de avisarnos antes de hacer pis? Desde luego, todavía no es el momento.

¡Y así seguimos aprendiendo y experimentando con la vida fresquita, primaveral y sin pañales! El próximo mes más…