Margaret Sanger, la lactancia materna y la ciudad

Trabajadoras de la factoría Triangle Shirtwaist, la mayor parte inmigrantes. El 25 de marzo de 1911 el edificio se incendió y murieron 146 de ellas.
Mujeres conversando en una huelga de alquileres del East Side de Nueva York c.1910. Origen: Librería del Congreso

Mujer inmigrante de Nueva York lleva ropa para que toda la familia trabaje en casa a destajo

 Margaret Sanger 

El otro día por casi me caigo de la silla. Estaba pensando en la cita final del libro de Elsimar Coutinho sobre la menstruación,  una frase de la pionera de la planificación familiar Margaret Sanger que dice así…

“Ninguna mujer es complétamente libre a menos que tenga control sobre su sistema reproductivo”

y esa cita me llevó a investigar un poco más sobre la vida de su autora. Margaret Sanger es conocida por su promoción de los métodos anticonceptivos desde una perspectiva feminista y neomalthusiana. Fue también la mujer que promovió la creación de la primera píldora anticonceptiva (Enovid), buscando financiación y poniendo en contacto a investigadores y mecenas, en una investigación no exenta de falta de ética. Y de repente… buscando información en su biografía leí esto:

Del National Women’s History Museum:
“Cuando Sanger tenía 19 años, su madre de 50 años murió de tuberculosis. Anne Higgins dio a luz a 11 niños y sufrió 7 abortos. Sanger creía que los embarazos repetidos de su madre habían debilitado su cuerpo hasta el punto de que fue incapaz de recuperarse de la enfermedad”.

Y en Wikipedia:
“La madre de Margaret, Anne Higgins estuvo embarazada en 18 ocasiones -teniendo 11 nacimientos vivos- durante 22 años antes de su muerte a la edad de 49 años.”

Y esto otro (traducido de la versión inglesa de su biografía) sobre su primera etapa como enfermera en el East Side de Manhattan en el que cuenta la historia de Sadie Sachs, una inmigrante judía rusa:

 “Durante el trabajo de Margaret Sanger entre las mujeres inmigrantes de clase obrera se revelaron ejemplos gráficos de mujeres forzadas a partos frecuentes, abortos involuntarios y abortos provocados por falta de información sobre la forma de evitar un embarazo no deseado. El acceso a la información sobre los anticonceptivos estaba prohibido por razones de obscenidad por la ley federal Comstock de 1873 y una serie de leyes estatales. Buscando algo que pudiera ayudar a estas mujeres, Sanger visitó las bibliotecas públicas, pero fue incapaz de encontrar información sobre anticoncepción. Estos problemas se personificaron en una historia que Sanger contaría más tarde en sus discursos: mientras Sanger trabajaba como enfermera, fue llamada al apartamento de Sadie Sachs después de que Sachs se pusiera extremadamente enferma debido a un aborto autoinducido. Sadie le rogó al médico de cabecera que le dijera cómo podría evitar que le volviera a suceder, el médico simplemente le dio el consejo de mantener la abstinencia. Unos meses después, Sanger fue llamada de nuevo al apartamento de Sachs sólo que esta vez, Sadie murió poco después de que Sanger llegara a causa de otro aborto autoinducido. Sanger a veces ponía fin a la historia diciendo: “Lancé mi bolso de enfermera en la esquina y anuncié que nunca atendería otro caso hasta que fuera posible que las mujeres trabajadoras en los Estados Unidos tuvieran los conocimientos necesarios para controlar la natalidad.Aunque Sadie Sachs fue posiblemente una combinación de ficción de varias mujeres que Sanger había conocido, esta historia marca el momento en el Sanger comenzó a dedicar su vida a ayudar a las mujeres desesperadas antes de que se vieran obligadas a buscar abortos peligrosos e ilegales”.
 
Y en esta entrevista en la que el presentador le pregunta por las emociones que le llevaron a iniciar una cruzada por la planificación familiar y ella vuelve a citar el caso de su madre y lo que vio trabajando de enfermera en los barrios obreros de Nueva York:

Los datos:

La biopolítica estatal del momento prohibía en EEUU los anticonceptivos y la divulgación de información sobre los mismos desde la Ley Comstock de 1875. Margaret Sanger comienza su activismo en 1912-1916, cuarenta años después. En 1938, gracias a un juicio en el que ella estaba involucrada, se tumba por primera vez esa ley. En 1967 la ONU crea el Fondo de Población de las Naciones Unidas e incluye entre sus objetivos el control de la natalidad y la planificación familiar. Se pretende la universalización de los servicios de planificación familiar para el año 2015

– Las mujeres inmigrantes de las clases trabajadores urbanas tenían muchos hijos con intervalos muy cortos entre ellos. También las había que tenían tres hijos pero no podían tener otro hijo más por motivos económicos, como el ejemplo de Sadie Sachs.

– Su madre, de origen irlandés, tuvo una altísima natalidad con intervalos cortos.

¿Qué sabemos ahora?

 – Que ese número tan grande de hijos y esos cortos intervalos entre nacimientos, al menos los de la madre de Sanger, son una rareza histórica. No se había producido algo así en la historia de la humanidad salvo para las mujeres de clases altas que no amamantaban (o lo hacían durante muy poquito tiempo y con muchas restricciones al pecho) y que recurrían a nodrizas.

¿Y cómo lo sabemos?

Dice el pediatra José María Paricio en el libro “Manual de Lactancia Materna” de la Asociación Española de Pediatría :  

“Teniendo en cuenta el efecto anticonceptivo de la lactancia, las clases populares tenían una fecundidad limitada por término medio a un nacimiento bianual, lo que ha podido constituir un efectivo control de natalidad entre las masas campesinas de la Europa preindustrial. Por el contrario, la fecundidad no controlada por lactancia entre las clases acomodadas hace que la descendencia pueda suponer de 15 a 20 hijos, pero a expensas de una terrible mortalidad”.

Un nacimiento bianual puede parecer todavía poco si estudiamos los intervalos entre nacimientos de tres años en las mujeres cazadoras-recolectoras de los que habla el biólogo Roger Short:

“En las comunidades cazadoras-recolectoras, la pubertad, la adquisicón de deseo sexual, y matrimonio eran todos eventos sinónimos, así que no había necesidad de restricciones sociales sobre el comportamiento sexual antes del matrimonio. Después del matrimonio había un periodo de tres años de esterilidad adolescente, cuando la chica habría experimentado una sucesión de ciclos menstruales anovulatorios antes de concebir. Después del primer hijo, habría estado 3 años en amenorrea de la lactancia, seguidos por uno o dos ciclos menstruales ovulatorios antes de concebir otra vez. No tenemos información de la edad de la menopausia  en las sociedades primitivas, pero (…) sería raro que una mujer tuviera más de 5 hijos. Durante su vida reproductiva experimentaría 15 años de amenorrea de la lactancia, y 4 años de embarazo, (…)”

Short señala varios estudios en los que se ha observado cómo el proceso de urbanización en la época actual, y los cambios que lleva aparejado en cuanto a hábitos sociales y nutricionales, impactan en la fertilidad humana, sobre todo en cuanto a la lactancia materna y afirma: 

“En todo el mundo en su conjunto, más nacimientos son prevenidos con la lactancia que con las otras formas de anticoncepción juntas. No es extraño que los cambios sociales que reducen la eficiencia anticonceptiva de la lactancia hayan tenido tal asombroso impacto demográfico”. 

“Vindicación de los derechos de la mujer” de Mary Wollstonecraft (1792)

Este libro, que la historiografía feminista considera como una de sus obras fundacionales, plasma un conocimiento popular ancestral respecto a la lactancia, en realidad respecto a una determinada forma de amamantar que después sería estudiada por los investigadores del método anticonceptivo MELA (amenorrea de la lactancia) válido con un 98% de seguridad durante los primeros 6 meses postparto si se cumplen los tres requisitos (ausencia de mesntruación, primeros 6 meses, lactancia exclusiva a demanda día y noche):

“Porque la naturaleza ha ordenado las cosas de modo tan sabio, que si las mujeres amamantaran a sus hijos conservarían su propia salud y habría tal intervalo entre el nacimiento de cada hijo que rara vez veríamos una casa llena de niños”


En la edición de Marta Lois de la Editorial AKAL de 2005 hay una nota al pie que dice lo siguiente, que se contradice con lo afirmado por el consenso establecido en Bellagio sobre el MELA que sí garantiza un alto grado de anticoncepción si se cumplen los criterios de los que hemos hablado:

www.unicef.cl

En este documento de Unicef se especifica que (LAM es MELA en inglés) al menos “tres estudios han demostrado que la eficacia del LAM se puede mantener entre los 6 y 12 meses postparto, si la madre inició el método originalmente, sigue amamantando antes de ofrecer la alimentación complementaria y mantiene los intervalos entre mamadas menores de 4 horas durante el día y de 6 horas en la noche, y por supuesto se mantiene en amenorrea“. 

Y en este otro documento también se habla de lo que se ha venido a llamar MELA-9 o MELA-12, por el número de meses que podría funcionar.

Tomado de http://www.upch.edu.pe/

ACTUALIZACIÓN (8 de febrero de 2015): Actualmente hay controversia científica sobre cómo se produce la amenorrea y anovulación de la lactancia y por qué incluso algunas mujeres cuando comienzan a menstruar durante la lactancia pueden pasar varios meses aún de menstruaciones no fértiles (comprobadas por métodos naturales de conciencia de la fertilidad). Una es la hipótesis de la frecuencia de la lactancia y otra es la de la carga metabólica (lo que explicaría por qué las mujeres occidentales “bien alimentadas” tienen periodos más cortos de infertilidad de la lactancia. No son hipótesis contradictorias.

 Las mujeres de clase trabajadora

Por la información recopilada parece bastante probable que las madre de Margaret Sanger y las mujeres de las clases populares de N.Y. no amamantaran a sus bebés y, si lo hicieran, su forma de hacerlo fuera bastante diferente a la de una mujer cazadora-recolectora, o la de una mujer del mundo preindustrial popular. Su amenorrea de la lactancia sería muy corta o prácticamente inexistente, como podemos aprender de los textos de Barbara B. Harrell en “Lactancia y menstruación en perspectiva cultural“, Beverly Strassmann sobre una tribu Dogon de Mali en su artículo “La biología de la menstruación en el Homo Sapiens” o Nancy Rose Hunt en su artículo sobre el biopolítica colonial y lactancia en el Congo Belga “Le bebe en brousse”.

La clave de la explicación en las variaciones históricas y culturales de la amenorrea de la lactancia está en la separación madre-bebé, las restricciones espacio-temporales de esa relación (no atender el llanto, no dar de mamar por la noche, horarios rígidos, dejar pasar demasiado tiempo entre tomas…) y todos los sustitutos que se van añadiendo para suplir la cercanía (chupetes, nodrizas, biberones, carritos…). Por cierto, no pretendo demonizar los objetos que sustituyen a la madre, ya que el problema no son los objetos en sí, muchos de ellos prácticos en multitud de ocasiones, sino entender por qué hemos llegado a depender de ellos y por qué los hemos llegado a considerar imprescindibles.

Mujer inmigrante italiana trabajando en su casa, Nueva York en 1912 (Wikipedia).

Mujeres trabajando con máquinas de coser empeñadas en el Monte de Piedad de la Madre de Dios de la Esperanza. Barcelona, c.1926 (Gracias, Carolina, por pasarme esta imagen).

Spagna, 1966.
Fotografo: Eve Arnold
http://www.eticamente.net/31489/foto-antiche-donne-allattamento.html

Los escritos de Margaret Sanger

Creo sinceramente que los seres humanos debemos tener la posibilidad de autoconocernos y conocer el mundo, de buscar información y divulgarla libremente. El Estado no debería prohibirnos el acceso a la información, como tampoco deberíamos dejarnos adoctrinar con propaganda que sí nos proporciona aunque no queramos. Por eso, la labor de divulgación de los métodos anticonceptivos que realizó Margaret Sanger me parece totalmente legítima, aunque incompleta, sesgada y con un enfoque erróneo.

En esa época también se publicaban en España revistas anarquistas y naturistas en las que los métodos anticonceptivos se consideraban algo importante a divulgar entre la clase trabajadora. La diversidad del movimiento libertario también implicaba la existencia de controversias y opiniones diferentes sobre la pertinencia de su uso, como la que expone Federico Urales en este artículo, contrario al neomalthusianismo. De hecho, el artículo de Urales es toda una refutación al planteamiento de esta mujer desde una postura revolucionaria (¿alguien se imagina un artículo así hoy en día con el nivel de adoctrinamiento, pensamiento único y falsas polarizaciones que existe en todos los ambientes ideológicos?):  

“Lo que los neomalthusianos entienden táctica para quitar elementos de servidumbre a la sociedad burguesa y ofrecerle, en cambio, elementos de rebeldía, con pocos hijos y bien educados, es sólo, según nuestro sentir, un amoldamiento a la vida y al ambiente burgués.
Con el propósito de hurtar hijos a la sociedad injusta, los hurtamos a la Naturaleza, justa siempre.”

(…) 
“Lo primero que ha de procurar el anarquista es emanciparse de la explotación ajena y luego impedir que sus hijos sean explotados por nadie”. 
(…)
“Y ha de ser la Naturaleza, con nuestra potencia amorosa, la que limite nuestros hijos, y no las conveniencias domésticas, ni los oportunismos más o menos revolucionarios.
El hombre no debe engendrar sin amor; el hombre no debe tener hijos con mujer no amada”.

Como todos, creo que Sanger fue víctima de su tiempo y no fue capaz de abstraerse del ambiente cultural en el que nació, lo que ha tenido algunas consecuencias también en el mundo actual. 

Ser víctima de la propia cultura o estar condicionado por su tiempo no la exime de responsabilidad. Debía haber estudiado más, no solamente libros de medicina, historia y antropología en las bibliotecas sino haber escuchado a las mujeres del mundo rural o preindustrial, haber viajado, haber reflexionado sobre la aversión a los niños en el mundo urbano industrializado… Y, sobre todo, debería haber tenido una ética de búsqueda del bien común, que no tuvo, a pesar de su verborrea, como demuestra su apoyo a la forma en la que se probó la píldora anticonceptiva en mujeres de Puerto Rico, su racismo y clasismo.

¿Respondió Sanger acaso a la cuestión de por qué la maternidad se había convertido en algo tan problemático? No. ¿Qué hacía que ser madre de más de tres hijos se conviertiera en una pesadilla para las mujeres inmigrantes como la de la historia de Sadie Sachs? El capitalismo. La maternidad se problematiza a partir de la inmigración, desde el mundo de lo rural donde existían redes de crianza y apoyo mutuo dentro de la familia extensa y la vecindad al viaje a la gran ciudad de Nueva York donde los niños comienzan a estorbar. ¿Quién era el culpable de que la información y los anticonceptivos fueran censurados? El Estado. ¿El mero uso de anticonceptivos haría que la maternidad fuera más libre? No, cuando existen otros condicionantes sociales.

Sus folletos divulgativos incluían un repaso por todos los anticonceptivos (preservativo, pesarios, condon femenino…) que existían en su época y también aconsejaban el uso de algún pseudoanticonceptivo que otro, como las duchas vaginales con un jabón llamado Lysol que tenía solamente un 50% de efectividad, por no hablar de su impacto en la flora vaginal. Sin embargo, cuando habla de lactancia, esto es lo que podemos leer en Family Limitations (pdf): 

Traducción:  “Existe el conocimiento de que el amamantamiento después del parto previene el retorno de la menstruación por varios meses y que la concepción no se produce. Está bien no depender sobre esto demasiado, especialmente después del quinto o sexto mes, ya que la mujer puede quedarse embarazada otra vez sin haber “visto nada” o sin darse cuenta de que está embarazada. Se encuentra entonces con uno en el pecho y otro en el útero. Usa algún preventivo”.

O en este otro texto de Sanger:

“Durante el periodo de lactancia las probabilidades son también pocas; pero no hay ninguna certeza en este caso”. 

Esto que dice, a la luz de la evidencia científica actual y de la evidencia empírica de muchas mujeres de sociedades tradicionales, es cierto solamente en parte, ya que a partir del quinto o sexto mes es cuando se inicia la alimentación suplementaria. Como se dice en este documento actualizado sobre el MELA que ya he citado, el protocolo número 13 de “The Academy of Breastfeeding Medicine”:

“El criterio de los “seis meses” se añade primordialmente porque es el tiempo en el que la alimentación complementaria debería comenzar. Sin embargo, si el amamantamiento continúa a un nivel alto incluso cuando la alimentación complementaria haya empezado, la eficacia aparentemente permanece alta. En Ruanda, el método fue usado hasta los 9 meses, manteniendo la frecuencia de lactancia amamantando antes de cada comida complementaria. En un estudio que involucraba a mujeres trabajadoras, que se extraían leche después de la separación como poco tan frecuentemente como hubiese ocurrido el amamantamiento si hubieran estado juntos, se encontró que el MELA podía ser 96.5% efectivo. Aunque este hallazgo no es estadísticamente diferente de los resultados de otros estudios, sugiere que hay un pequeño aumento del riesgo de la concepción en las mujeres separadas de sus hijos. Esta información debería ser dada a las mujeres afectadas para que puedan tomar decisiones informadas”.

Es decir, Sanger decía que con la lactancia no había “ninguna certeza” y, sin embargo, sí promovía las duchas vaginales con un 50% de posiblidades de embarazo…

Ejemplos concretos

– Según Roger Short sería raro que una mujer tuviera en las sociedades de cazadores-recolectores más de 5 hijos. Las mujeres Kung tienen 4 o 5 nacimientos vivos de media (pg. 181 de Nisa. Life and Words of a Kung Woman, de Marjorie Shostak).  Nisa, por ejemplo, la mujer protagonista principal del libro de entrevistas que acabo de citar, tiene 4 nacimientos vivos, más algunos abortos, y mantiene una vida sexual activa durante toda su vida, con varios maridos y muchos amantes.

– Las mujeres Dogon de Mali, agricultoras y sedentarias, tienen 8.6 nacimientos vivos por mujer, el doble que las mujeres !Kung. Según Short la sendentarización trae consigo un adelantamiento de los destetes, lactancias menos intensas y un acortamiento de los intervalos intergenésicos. Además, existe la teoría de la masa muscular de Rose Frish que añade la influencia del alto o bajo nivel de ejercicio en la fertilidad de las mujeres, así como su nivel de grasa corporal.

– En España, el índice de fecundidad por mujer en 1900 era de 4,7 hijos por mujer, también muy lejos del caso de la madre de Margaret Sanger. En EEUU, en 1800 las madres estadounidenses tenían 7 hijos de media y en 1900 había caído la cifra a 3-4 hijos por mujer… También muy lejos del número de hijos de la madre de Sanger y de los que supuestamente tenían las mujeres inmigrantes del East Side.

– El estudio que hizo Sheyla Kippley entre 1500 experiencias de lactancia en EEUU (1971) comprobó que las mujeres que siguieron los “Siete estándares” de la Lactancia Ecológica tuvieron una media de 14,5 meses de amenorrea de la lactancia. Los “Siete estándares” son (si se evita cualquiera de ellos se adelanta la fertilidad):

  1. Manten una lactancia exclusiva durante los primeros 6 meses de vida; no uses otros líquidos y sólidos.
  2. Calma a tu bebé con el pecho.
  3. No uses biberones ni chupetes.
  4. Duerme con tu bebé para las tomas nocturnas.
  5. Duerme con tu bebé durante una toma durante la siesta diurna.
  6. Amamanta frecuentemente día y noche, y evita los horarios.
  7. Evita cualquier práctica que restrinja el amamantamiento o que te separe de tu bebé. 

Si esta forma de lactar no fuera algo marginal (un cambio que solamente podría darse desde la libertad personal y el respeto, y nunca desde la imposición a las demás) tendríamos que cambiar la sociedad al completo, la forma de trabajar las mujeres y las prioridades. No necesariamente tendríamos que ser amas de casa ni mucho menos. No deberíamos tener que estar recluidas ni entre las cuatro paredes de una casa ni entre las cuatro paredes de una oficina, pero sí encontrar formas de trabajar que nos permitieran no separarnos de nuestros bebés ni tampoco estar segregadas de la sociedad. Parece bastante revolucionario, ¿no? Poner la prioridad sobre nuestra propia salud y la de nuestros bebés, poner los cuidados en el centro de la vida, replantear las prioridades de la sociedad en todos los aspectos de la vida. ¿Por qué deberíamos sacrificarnos por la empresa en lugar de por un mundo mejor para las próximas generaciones? Las mujeres Homo Sapiens han tenido vida sexual, hijos y han contribuido a la recolección de alimentos y fabricación de herramientas desde el principio de los tiempos sin ser “amas de casa”. Que nadie nos engañe ni manipule con dicotomías creadas entre la mujer y la madre, no deberíamos tener que elegir.

Sin embargo, todo esto no es nada si no hay algo más, si no ponemos también el énfasis en el QUÉ conciliamos. El sistema todo lo integra y adapta, no sería raro que, dentro de poco, la falta de “cuerpos” de la que habla Kathy Matsui de Goldman Sachs llevara al sistema a tener que adaptarse a nuestras condiciones para que la máquina nunca se pare. Por eso, no basta fabricar armas mientras se amamanta a un hijo, no está bien escribir y difundir artículos mentirosos y adoctrinadores mientras se concilia, no basta con llevar a tu bebé a un call center explotador dedicado a estafar a potenciales clientes…

En cualquier caso, con los índices de lactancia actuales, la desinformación médica, las dificultades que encontramos las mujeres simplemente para llegar a establecer la lactancia, pensar en esto quizás no tiene mucho sentido.

Un problema real, diagnóstico incompleto, soluciones parciales

La falta de perspectiva global de Margaret Sanger es impresionante. Se trata de una visión miope que ha sido heredada y promocionada desde las altas esferas desde entonces a través de posturas que pivotan desde la propaganda natalista a la antinatalista, según como suene la flauta de quienes ostentan el poder. 

Si en lugar de adoptar esa perspectiva hubiera intentado, con humildad y curiosidad, entender el mundo antes de cambiarlo y conjugar lo histórico con lo biológico y lo ético, quizás estaríamos en otro mundo, pero también estaríamos hablando de otra persona, no de Margaret Sanger.

El problema de la alta paridad de las mujeres de las que habla Sanger acarreaba problemas de salud y económicos a las mujeres y sus familias, ya que había un desajuste entre su fertilidad, la pérdida de la lactancia, y el sistema al que acababan de llegar y al que se supone que se debían adaptar, un mundo de desarraigo y sin los lazos fuertes que dejaban atrás. Analizar las causas de esos problemas nos lleva a entender la pérdida de la cultura de la lactancia desde nuestra historia como especie, que tiene su forma más visible y palpable en la progresiva reducción del tiempo de exogestación (gestación fuera del útero) y de amenorrea de la lactancia. Esto viene dirigido principalmente por los “chamanes”-médicos de la cultura occidental al servicio de las elites, pero también por la propia forma de vivir y existir en las diferentes formas de organizar la sociedad, que no evolucionan de forma lineal ni progresiva.

En el caso concreto de las mujeres inmigrantes del East Side de Nueva York habría que analizar dos cosas. Por un lado, las causas por las que se veían forzadas a separarse de sus bebés y a amamantarlos poco o nada, es decir, los modos de producción y los mecanismos ideológicos de la sociedad a la que acababan de llegar. Y, por el otro, y pensando más bien en el caso de “Sadie Sachs” que tenía tres hijos y no quería un cuarto, en los problemas económicos y laborales de las familias grandes en un entorno urbano, donde los hijos son un problema y un coste. De hecho, la progresiva urbanización del mundo es el mayor anticonceptivo que existe y una de las causas principales de la caída de la natalidad en todo el globo, según el informe del Club de Roma escrito por Jorgen Randers titulado “2052, Una Previsión Global para los Próximos 40 años”

Pg. 62: “Ya más de la mitad de la gente del mundo vive en ciudades, y esa fracción aumentará con la industrialización constante del mundo en desarrollo. La mayor parte de la gente será urbana y vivirá bajo condiciones en las que tener muchos niños no es una ventaja. El deseo de tener familias pequeñas no se verá limito a las parejas con dos carreras del mundo industrializado. Billones de familias pobres urbanas en economías emergentes harán la misma elección, en un intento de escapar de la pobreza”.

Fue el “progreso” el que provocó el acortamiento de los intervalos entre nacimientos y el aumento de la paridad de las mujeres. La divulgación de los anticonceptivos, que han existido desde hace milenios, forma parte de nuestra libertad de acceder a la información y de decidir qué hacer con ella, pero si solamente se observan las cuestiones de forma parcial las soluciones siempre serán parciales y de efectos insospechados. De hecho, en cuanto el sistema se dio cuenta de que le sobraban súbditos adoptó el mensaje de Margaret Sanger como política oficial de los organismos internacionales, lo que contrasta con las anteriores políticas natalistas del colonialismo.

Por último, la eliminación de los bebés de la vida de las mujeres inmigrantes de Nueva York no podía solucionar sus problemas de explotación, alienación, aculturación y aislamiento. Lo único que podría conseguirse es que tuvieran más tiempo para dedicarle a la empresa, a la que sí podían amamantar de forma prolongada y exclusiva durante años. Por esta razón creo que a Margaret Sanger no le preocupaba demasiado la salud de las mujeres del pueblo sino la salud del sistema de dominación, por eso no hizo nada por recuperar la cultura de la lactancia materna, a diferencia de Mary Wollstoncraft más de cien años antes. De hecho, las mujeres de la alta burguesía y la aristocracia podían tener todos los hijos que quisieran sin ningún problema económico o social, cosa que parecía importar poco a la protagonista del artículo de hoy.
 
Cáncer de mama

La vida es riesgo. El embarazo y el parto son procesos fisiológicos pero también tienen riesgos, por eso se habla de tasas de mortalidad materna, por ejemplo, y esto se refleja en que sepamos cuantas mujeres mueren en sus partos o por problemas derivados de los mismos en todas las zonas geográficas del mundo. Es más, reducir la mortalidad materno-infantil es uno de los Objetivos del Milenio. Quizás haya llegado la hora de que comencemos a hablar también de los riesgos intrínsecos de la nuliparidad y la primiparidad tardía (primer embarazo). Esto no significa que si no tenemos hijos o si tenemos solamente uno de forma muy tardía vayamos a desarrollar de forma automática y determinante cáncer de mama. Lo que quiere decir es que con la información de la que disponemos se sabe que, estadísticamente, la nuliparidad, los intervalos aumentados entre la fecha de la primera regla y el primer hijo, y no amamantar aumenta el número de papeletas de sufrir esta enfermedad y otras. De una forma bastante observadora ya se dio cuenta de esto el médico Bernardino Ramazzini en 1713, al ver que en el colectivo de monjas había más casos de cáncer, la “plaga maldita”, que en el resto de población femenina.

ACTUALIZACIÓN 20/02/2015: Según el libro “Tratado de Ginegología” en su pg. 971, “Por cada 100.000 mujeres en nuestro país, mueren 18,62 mujeres” de cáncer de mama. Y según la “Estrategia de atención al parto normal” (pg. 15) la mortalidad materna en España se encuentra por debajo de los 7 fallecimientos por cada 100.000 nacimientos (4,7 fallecimientos en 2013) . Anualmente mueren unas 6.000 mujeres en España por cáncer de mama, en 2009 murieron 8 mujeres durante el parto y 2 en el puerperio.

Por eso, la cruzada que inició Margaret Sanger tenía otro sesgo más, no advirtió de esta “pequeña” gran consecuencia del uso masivo y prolongado de la anticoncepción, ya fuera basada en la abstinencia durante los días fértiles, en métodos barrera o químicos artificiales. Y para tomar decisiones libres hace falta información.

Para profundizar sobre la relación cáncer y hábitos reproductivos:
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/01/decisiones-informadas-los-riesgos-de-no.html
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/07/mujer-paradojas-y-contradicciones-en-el.html

 Termino y me despido con una adaptación ampliada de la cita de Sanger del comienzo de este artículo:

“Ninguna mujer es complétamente libre a menos que viva en una sociedad en la que exista libertad de conciencia, acceso a la información y capacidad para tomar decisiones responsables y éticas sin imposición alguna del Estado ni el Capital”

¿Es posible conjugar nuestra fisiología con la cultura actual? ¿Es posible no reprimir la maternidad en un mundo, en teoría, superpoblado, urbano, en el que se han reducido los índices de mortalidad infantil y en el que tener hijos es considerado un coste? En cualquier caso son cuestiones que deberíamos pensar cada uno de nosotros y no dejar que lo hagan otros a nuestras espaldas. Pido disculpas si hay algún error en los datos o en mi interpretación de los mismos, seguro que entre todos podemos seguir tirando del hilo…

 ACTUALIZACIÓN: Varios estudios en humanos y primates parecen señalar también un componente más en la amenorrea de la lactancia y son las reservas energéticas de las que dispone la mujer/hembra. Por otro lado, el fin de la amenorrea no determina necesariamente que los ciclos sean fértiles, es decir, algunas mujeres menstrúan pero no ovulan mientras lactan. Todavía se desconocen los mecanismos exactos de estos fenómenos.

ACTUALIZACIÓN A 20/09/2015: Este artículo debe ser matizado y ampliado con este otro sobre el libro “Ritos de embarazo y parto en Galicia”. Allí he descubierto que las mujeres en la Galicia rural prefranquista conocían varios métodos y plantas abortivas y anticonceptivas: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2015/08/metodos-anticonceptivos-y-abortivos-en.html

ACTUALIZACIÓN A  23/10/2015: Este estudio de Susan Jobling y Richard Owen sobre el impacto de la píldora anticonceptiva y el etilestradiol en los animales acuáticos fue publicado en Nature. Los costes de limpieza y depuración de los ríos son millonarios y se está debatiendo quién debería ser el responsable de pagarlos, si las farmaceúticas o los Estados. Recordemos que, por ejemplo, en España, la píldora está subvencionada por Sanidad.

La Comisión Trilateral

“Las conclusiones de la Comisión Trilateral de 1975 fueron aplicadas sobre España en cuanto el equipo de Carter asumió la Presidencia de EEUU (enero de 1977). Su recuerdo evoca toda una época:

a) descentralizar la administración pública;

b) convertir a los Parlamentos en órganos más técnicos y menos políticos, reduciendo el peso de las ideologías revolucionarias sobre la sociedad;

c) personalizar el poder para estimular la identificación de los ciudadanos y reducir sus exigencias de participación;

d) hacer de los partidos órganos de gestión más que de discurso político; suprimir las leyes que prohíben su financiación por las grandes empresas, y sumar la financiación desde fondos públicos;

e) disminuir la influencia de los periodistas en los medios de comunicación, normas administrativas deben proteger a la sociedad y a los gobiernos contra el excesivo poder de los mass-media;

f) reducir los recursos financieros puestos a disposición de las Universidades, que generan excedente de licenciados; programar la redución de las pretensiones profesionales de quienes reciben una educación superior;

g) en las empresas, combatir la presión a favor de la autogestión o de la participación de los trabajadores en su dirección; en compensación, prestar más atención a las condiciones de organización del trabajo y dignificar el trabajo manual;

h) no confiar al azar el funcionamiento democrático, sino constatar y coordinar las experiencias políticas en los países integrantes de la Comisión Trilateral, tal como se viene haciendo en el terreno militar y económico;

i) establecer una especie de Pacto Atlántico en el terreno ideológico, que contenga la excesiva voluntad de cambio en los países con exceso de democracia y preste ayuda a los países con déficit democrático”.

Fuente: Soberanos e intervenidos, de Joan E. Garcés. Pg. 176 citado del Informe de Samuel Huntington, pg 158. 

La web actual de la Comisión Trilateral, presidida actualmente por Jean Claude Trichet (ex presidente del Banco Central Europeo) y de forma honoraria por David Rockefeller es: http://www.trilateral.org

Cita de Silvia Federici

Silvia Federici, en la página 96 de “Revolución en punto cero”: 

“Incluso durante las luchas por el derecho al aborto, la mayor parte de las feministas tan solo luchaban por el derecho a no tener hijos, aunque este no sea más que uno de los aspectos del control sobre nuestros cuerpos y nuestras elecciones reproductivas. ¿Qué pasa si deseamos tener hijos pero no podemos permitirnos el criarlos si no es al precio de no tener tiempo alguno para nosotras mismas y de vivir agobiadas por las preocupaciones económicas?”

La domesticidad del ego: atrapados en el espejo

Uno de los aspectos más inquietantes del ser humano moderno es su incapacidad para salir del “yo”, de la autofoto emocional, del egocentrismo, del mundo interior superficial y vanidoso que no llega más allá de la epidermis.

Viajar a través del ego es descubrir un mundo apasionante, para una misma o cuando se comparte en una charla informal entre amigos, pero no aporta nada al resto de la humanidad más allá de un retuiteo en las redes sociales que queda olvidado en unos pocos minutos. Conocer el ego es necesario, pero hay que intentar trascenderlo, dar un paso más allá de la subjetividad y conectar la experiencia personal con la visión de conjunto.

Dice la antropóloga Sarah Blaffer Hrdy que hay estudios que comprobaron que los niños con múltiples figuras de apego tenían mayor capacidad para integrar los puntos de vista de varias personas, y que “la toma de perspectiva es una de las principales diferencias entre los seres humanos y algunos de nuestros parientes simios más cercanos”. ¿Será que toda esta domesticidad del ego es fruto de la política (no escrita) del hijo único que impera en nuestras psiques y en las familias, que ya no se pueden llamar ni siquiera “nucleares”?

El autoconocimiento es fundamental en el ser humano y, para ello puede ser necesario y enriquecedor mirarse al espejo o escribir un diario.  Sin embargo, cuando se hace del ombligo el centro de la propia existencia es cuando nos encontramos con un problema de domesticidad intelectual que muestra la gran fobia colectiva a enfrentar las duras realidades del mundo exterior (y, como efecto boomerang, del mundo interior profundo). Detrás de esta actitud está el miedo: miedo al silencio, miedo al otro, miedo a lo que puede haber ahí fuera, miedo a nosotros mismos. No somos el centro del universo y nuestra vida personal, en la mayoría de sus facetas cotidianas, no es política. Deberíamos estar en el centro de la vida, no ser el centro de la vida, como decía Jean Liedloff al hablar de los niños. Félix Rodrigo Mora y Prado Esteban también realizan apreciaciones similares en sus charlas, o al menos así lo he interpretado yo.

Mujeres, hombres, niños, ancianos… salgamos del refugio del ego autodestructivo y asumamos las grandes cuestiones de una vez, aunque nos cueste.

No saltemos sin red, porque al vivir una realidad prefabricada lo que veamos al salir puede ser tan monstruoso que podríamos enfermar.

Equilibrio y templanza.

ACTUALIZACIÓN 4/4/2016:

Relacionado:

  • “En general, ” dice Pincus, ” hay una disminución de la empatía a medida que aumenta el narcisismo.”(…) Así que, si tienes una sociedad con mucha gente narcisista, todo se destruye”, dice, “implosiona”: http://www.tutambienpuedes.info/deficit-de-empatia/

La Organización Sanitaria Obrera (OSO)

Rescato tres fragmentos de un artículo de Jorge Molero-Mesa “Salud, actuación y actividad. La organización sanitaria obrera de la CNT y la colectivización de los servicios médico-sanitarios en la Guerra Civil española” sobre la Organización Sanitaria Obrera (OSO), la mutua sanitaria anarcosindicalista que existió durante los años treinta en Cataluña y a la que pertenecieron los médicos Javier Serrano y Félix Martí Ibáñez:

“Con estas premisas, bajo un clima de extrema crisis social y sin que en ningún momento hubieran cesado las críticas y denuncias hacia el sistema de asistencial liberal y benéfico desde las filas anarcosindicalistas, un grupo de militantes propusieron, en marzo de 1935 y desde las páginas de Solidaridad Obrera, la creación de una red de consultorios gratuitos para obreros. Para empezar, ofrecían a todos los compañeros enfermos sin recursos acudir al consultorio “del camarada Serrano” dónde serían visitados gratis”

(…)

“El objetivo final supondría crear un organismo sanitario capaz de suplantar al establecido por el estado y las instituciones religiosas. La financiación vendría de las aportaciones voluntarias de los obreros, de los sindicatos y de otras sociedades culturales y obreras (4). Las pretensiones de Serrano era conseguir que este movimiento fuera acogido en el seno de la CNT. Su estrategia se basó en separar de manera clara la labor de los técnicos y de los trabajadores manuales en la organización de manera que no hubiera ningún atisbo de dirigismo. De esta forma, los médicos y el resto de personal técnico se limitaban a la propaganda y la asistencia sanitaria siendo el Consejo Administrativo, compuesto exclusivamente por obreros manuales del sindicato, el que realizaba las tareas de gestión”.

(…)

“En Julio de 1935, y ante la falta de recursos, el núcleo de obreros y técnicos que habían estado organizando los dispensarios crearon la Organización Sanitaria Obrera (OSO), una mutualidad que admitía afiliados como el resto de mutuas comerciales sin abandonar la asistencia gratuita a los obreros enfermos sin recursos. Las cuotas exigidas a los afiliados eran las más bajas del mercado por lo que seguían necesitando de las aportaciones voluntarias y el dinero recogido en los festivales organizados con este fin (4)(5). El cambio de orientación de la OSO le permitió, no sin dificultades, aumentar su cobertura sanitaria por toda Cataluña a la par que aumentaba el número de especialidades y los convenios con farmacias y clínicas diagnósticas y quirúrgicas. En febrero de 1936, la OSO estaba presente en 12 barrios de Barcelona y en 42 localidades de Cataluña (6). El número de afiliados es difícil de conocer por las características de las fuentes que manejamos. Si atendemos al balance económico de este mismo mes de febrero de 1936, podemos observar que la organización cobraba 1.062 tarifas familiares y 435 individuales (7). Si consideramos que el tamaño medio de la familia española en los años 30 era de 4,09 miembros (según el informe FOESSA, 1970) podemos dar una cifra aproximada de 4.778 personas.”

Para profundizar:  

– Artículo de José Vicente Martí Boscá aparecido en el número especial 52 “100 años de anarcosindicalismo” de Solidaridad Obrera en 2010:
http://historiasocialdelamedicina.es/pdf2/Sanidad%20libertaria%20en%20Espa%C3%B1a.pdf

– Biografía de José Vicente Martí Boscà, médico anarcosindicalista de la Mutua Obrera Sanitaria (Madrid): http://www.todoslosnombres.org/php/generica.php?enlace=muestrabiografia&idbiografia=186&page=3

Isaac Puente, el médico anarquista: libro que no trata de estas mutualidades sino de la vida de Puente y su perspectiva.

“Responsabilidad, personalidad, descendencia” de Federico Urales (1925)

Reproduzco un artículo publicado en la Revista Blanca nº41, el 1 de febrero de 1925 y escrito por Federico Urales (pseudónimo de Joan Montseny), padre, anarquista, tornero, maestro y sindicalista. Me ha llamado la atención por ser un texto contrario al discurso neomalthusianismo de la época en unos tiempos en los que el movimiento libertario ibérico florecía en toda su diversidad, que se veía reflejada en las diferentes publicaciones que había y en los interesantes controversias que se producían. No había ni rastro de pensamiento único y sí multitud de personas con reflexiones propias siempre debatibles. También sorprende la aparente contradicción entre lo que dice sobre tener hijos y que él mismo solamente tuviera una hija con Soledad Gustavo, la famosa Federica Montseny.

Por cierto, hoy me he enterado que desde Feminismos del 15-m de Berlín se ha impulsado la Red Federica Montseny. ¿Conocen el pensamiento de esta mujer anarquista? Federica decía cosas como estas: “Igualdad absoluta en todos los aspectos para los dos: independencia para los dos; capacitación para los dos; camino libre, amplio y universal para la especie toda. Lo demás es reformismo, relativista, condicional y traidor en unos; reaccionario, cerril, intransigente y dañino en otro …¿Feminismo? ¡Jamás! ¡Humanismo siempre! Propagar un masculinismo es crear una lucha inmoral y absurda entre los dos sexos, que ninguna ley natural toleraría”. O esto otro: “en realidad no existe feminismo de ninguna clase, y sí alguno existiera, habríamos de llamarlo fascista, pues sería tan reaccionario e intolerante, que su arribo al Poder significaría una gran desgracia para los españoles”. Tomado de: http://www.nodo50.org/despage/Nuestra%20Historia/75Aniversario/FedericaMontseny/federicamontseny.htm

La revista en la que se encuentra este artículo se puede descargar en pdf en este enlace (pg 9).

Responsabilidad, personalidad, descendencia

(…)

II

Eso del neomalthusianismo es el mayor de los apocamientos anarquistas, siempre según nuestra opinión que aquí mismo puede ser refutada.
Para quitar elementos de vasallaje y de esclavitud a la sociedad presente, hemos de negarle nuestros hijos. Pero, para que la sociedad no utilice nuestros hijos en su bien, mejor que procurar hacerles rebeldes, sean pocos o muchos, será tenerlos con cuentagotas.
Es un repliegue de la idealidad en lugar de ser un avance. Es una defensiva en lugar de ser una ofensiva. Es una adaptación al medio, en lugar de ser una revolución para destruirlo.
Lo que los neomalthusianos entienden táctica para quitar elementos de servidumbre a la sociedad burguesa y ofrecerle, en cambio, elementos de rebeldía, con pocos hijos y bien educados, es sólo, según nuestro sentir, un amoldamiento a la vida y al ambiente burgués.
Con el propósito de hurtar hijos a la sociedad injusta, los hurtamos a la Naturaleza, justa siempre.
Queremos hacernos la ilusión de llevar a término una obra revolucionaria, cuando la realidad es que nos quitamos molestias y quebraderos de cabeza en nombre de una convivencia ideal que tiene todos los caracteres de conveniencia particular.
Si no razonan mejor, son más sinceros aquellos que someten la cuestión de los hijos a una cuestión de economía doméstica. Se han de amoldar los gastos a los ingresos y como medida económica se limita el número de los hijos como se quita el chocolate al loro para reducir los gastos mensuales.
Esta última providencia es tan menguada como la primera, pero tiene sobre el neomalthusianismo la ventaja de la vulgaridad.
Este modo de discurrir, en el que para nada entran cálculos revolucionarios, es mucho más perdonable que el de aquellos que pretenden dar a su equivocación apariencias de acto protestatario.
Y es tan endeble el argumento de tener pocos hijos para poderles dar alguna educación con la cual librarse de la servidumbre burguesa, que con sólo presentar el caso ocurrido en el domicilio de León Daudet, cae por su base todo el razonamiento.
¿Qué medios económicos le faltaban al energúmeno de la “Acción Francesa” para educar a su hijo conforme a sus creencias?
Ninguno y no obstante el hijo había empezado a seguir un camino político diametralmente opuesto al del padre.
Lo que demuestra que hay un elemento de mucho más valor que el económico en la formación de nuestras mentalidades. Un elemento que no está en la escuela ni en el Banco; que está en la calle; en el periódico; en el libro; en las costumbres, y en el tiempo, contra el cual nada puede la más inteligente de las previsiones.
Tan irracional y mezquino es medir los hijos con los ingresos mensuales, como limitarlos para crear seres inteligentes y rebeldes a la servidumbre burguesa.
A lo mejor serán más rebeldes y más inteligentes los hijos del peón, que tuvo muchos y no cuidó de ninguno, que los de un anarquista, que solo tuvo uno, para convertirlo en un pozo de saber y de rebeldía.
A miles podríamos presentar los ejemplos.
Más que la voluntad de los padres, influye su ejemplo en la mentalidad de los hijos.
La facultad de ser algo en el mundo, es de naturaleza; serlo es un accidente. Podemos nacer en condiciones orgánicas para llegar a grandes hombres; serlo depende de mil circunstancias, y la economía es de las menos importantes. La mayoría de los grandes genios nacieron en hogares pobrísimos.
Muchos nombres podríamos citar que tienen un valor dentro de la filosofía anarquista, no obstante haber nacido de familias muy pobres, que para nada se preocuparon del porvenir de sus hijos.
Hay en ellos una fuerza positiva natural, muy superior a la fuerza negativa de la sociedad y de la familia, no pocas veces.
¿Niega lo dicho que el hogar no pueda ser fuente de idealidades? No. Quiere decir que los medios económicos del padre son un factor insignificante en la composición intelectual del hijo.
El principal medio es el ejemplo y el principal factor es el haber nacido con disposición para apropiarse los ejemplos de la familia y de la historia. Y son los ejemplos de la familia y de la historia. Y son los ejemplos vividos, no los pensados. Los ejemplos que nacen de nuestros actos, sin darnos cuenta; no los que vamos pensando cuando nos ponemos en dómine.
Así, más que nuestros sermones, influirán en la mentalidad de los hijos, nuestros actos, y nuestros actos inconscientes, lejos, muy lejos de todo profesorado, dentro y fuera de la familia.
Y es que los actos salen de nuesra vida y de todo nuestro ser, y los sermones que podemos dirigir a los hijos para que sean rebeldes a la injusticia, pueden resultar, y a menudo resultan, artificiosos y ridículos.
Con recursos económicos para enviar nuestro hijo a un colegio de fama, poco habremos hecho por sus ideas, si queremos que éstas sean con vistas a una sociedad libre.
El profesor cuidará de la instrucción de nuestro hijo, pero no de su educación intelectual. La educación ideal ha de ser del padre exclusivamente y lo mismo cuesta una vida de ejemplos vividos aplicándola a un hijo, que aplicándola a varios.
¿Qué dirá el hijo de un padre que para poderle educar a gusto no le dió un hermano y en cambio gasta en fumar y en beber más de lo que hubiera podido costar la vida que no se quiso?
¿Qué dirá el hijo de un padre que no supo emanciparse de costumbres y vicios que perjudicaban su salud y su bolsillo y en cambio le manda a él y a sus hermanos, pocos o muchos, a las fábricas para que ayuden a los gastos de la casa?
Más que todas las pláticas, más que todos los ideales, más que todos los buenos propósitos, podrá el sacrificio de lujos y goces y aun de la vida misma, en bien de los hijos, para los cuales el mayor bien será tenerlos a nuestro lado siempre, pasare lo que pasare.
Si se dijera que ello no es posible, nosotros contestaríamos que habría de serlo.
Si se quieren pocos hijos para educarlos mejor ¿quiénes han de ser los maestros? No pueden serlo los que más cobren, porque éstos los convertirían en idiotas. Han de ser los que cobren menos y de los que menos cobren, aquellos profesores que sustenten ideas afines a las nuestras, y esto se hace y se ha hecho siempre, que ha sido posible.
Repetimos que las elecciones mejores son aquellas que dan los padres con sus actos dentro y fuera del hogar, y estos actos no cuestan dinero. Precisamente los que lo cuestan son los actos y las lecciones que no educan.
Lo primero que ha de procurar el anarquista es emanciparse de la explotación ajena y luego impedir que sus hijos sean explotados por nadie.
Medios de vida humilde e independiente hay muchos, y en estos medios de vida humildes e independientes hemos de pensar para que nuestros hijos sean nuestros exclusivamente, lo mismo en sangre que en ideas. Han de crecer y educarse a nuestro lado.
¡Aquí está lo que podríamos llamar vida heroica de los humildes, de dentro de su misma humildad!
¿Pero cómo van a ser heroicos nuestros actos si todos son de hombre educado, de hombre adaptado, de hombre social?
Lo mismo en el hogar que en la vida, siembra más ideal el que más sonríe; el que más ideas optimistas esparce; el más sereno; el que más dueño de sí se manifiesta en todos los conflictos que esta sociedad plantea dentro de las familias y particularmente de las familias obreras; el que más amor aporta al contrato de las relaciones sexuales.
Son una cuestión de amor todas las cuestiones de la tierra y no una cuestión de posibilidades económicas.
Si fuera una cuestión de posibilidades económicas, con que los anarquistas procurásemos ser ricos, estaríamos al cabo de la calle. Es más; si en lugar de dedicar, los libertarios, toda nuestra voluntad a una causa que no nos produce más que quebrantos y sinsabores, la dedicáramos a enriquecernos, aceptando todos los medios inmorales e inhumanos que la sociedad ofrece a los que la acatan como buena, nos haríamos ricos lo mismo que los otros y podríamos dar a nuestros hijos la educación que quisiéramos; pero entonces habríamos dejado de ser anarquistas y nuestros hijos no recibirían la educación que para ellos anhelamos ahora.
Vida y amor es lo que hace falta. El que ama quiere y el que quiere puede. La misma voluntad, madre de todas las grandes obras, no es más que una exuberancia de amor.
Y ha de ser la Naturaleza, con nuestra potencia amorosa, la que limite nuestros hijos, y no las conveniencias domésticas, ni los oportunismos más o menos revolucionarios.
El hombre no debe engendrar sin amor; el hombre no debe tener hijos con mujer no amada. El hombre y más el hombre anarquista, habría, en este respecto, de superar a la misma Naturaleza que da hijos hasta la que no aman, aunque se los dé de inferior condición que a los que aman.
Es mucho más importante este aspecto de la cuestión que el económico.
Si tenemos hijos, aunque sea con toda suerte de limitaciones, con la mujer de conveniencia social, no los tendremos bellos ni buenos ni inteligentes. Si los tenemos con la mujer querida o con las mujeres queridas, porque el amor no es único ni se puede encasillar, y en este respecto lo mismo que decimos del hombre, decimos de la mujer, nuestros hijos estarán dotados de todos los bienes naturales.
Son los hijos del amor y no los del cálculo ni los de las conveniencias sociales, los más bellos, los más inteligentes y los más rebeldes.
Puede decirse que la obra humana está escrita por los hijos del amor: naturales, ilícitos, bastardos, espúreos, malditos. De aquella joven madre, vilipendiada y escarnecida por los imbéciles; repudiada por todas las morales; que no halla reposo, consuelo ni respeto; que anda errante con el hijo de su pecado de amor en brazos, sale a menudo el genio.
Léase la vida de los grandes artistas, de los grandes aventureros, y de los grandes sentimentales. La mayoría nacieron con la maldición de la moral y de las leyes.
Y estos hombres de amor habían de dar, además, a las generaciones venideras, hombres también de amor, nacidos de dos cuerpos que se querían y que no pensaban más que en quererse.
La vida de los anarquistas no está aún a la altura de su idealidad ni mucho menos. Engendramos sin amor y luego queremos que el hijo del deber social y conyugal, sea un héroe.
¿Cómo ha de serlo si nosotros somos un animal vulgar y domesticado cual aves de corral?
¡No! La sociedad no será grande ni libre; los hombres no seremos espléndidos ni generosos, mientras sean hijos de costumbres y de medidas económicas.

(…)

FEDERICO URALES

La lactancia, una relación simbiótica

Esta es una de las razones por la que creo que hay que recuperar la cultura de la lactancia para las mujeres que quieran amamantar:  “Cuanto más amamanta una mujer más protegida está contra el cáncer de mama. La falta o corta duración de la lactancia típica de las mujeres de los países desarrollados hace una gran contribución a la alta incidencia de cáncer de mama en estos países”.

http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736%2802%2909454-0/abstract

Si no es para esta generación quizás consigamos recuperarla para las siguientes, con apoyo real entre mujeres, información veraz, con alegría, sin presiones y sin culpabilidades. Quiero resaltar este aspecto porque siempre se enfoca la lactancia desde lo que aporta al bebé y se olvida que el amamantamiento es un proceso simbiótico, en el que los dos seres implicados se necesitan y se cuidan mutuamente. Hay que destacar que la lactancia es algo importante para la mujer, no solamente para el bebé.

Sin embargo, Valerie Beral, la investigadora principal del artículo, da por hecho que no podemos tener lactancias de dos años en el mundo actual (¿¿¿???) y que es la industria farmaceútica la que debe investigar medicamentos que imiten los efectos sanos del embarazo y la lactancia en nuestros cuerpos. ¿Por qué siempre tenemos que hacer como si nuestros cuerpos estuvieran enfermos?

“Los genes juegan aparte en sólo un pequeño número de cánceres. Los procesos de parto y la lactancia materna protegen a una mujer del cáncer de mama más que cualquier otra cosa.

Cuantos más niños tenía una mujer y cuánto más tiempo amamantaba, menor era su riesgo de contraer más tarde cáncer de mama. Las mujeres en los países desarrollados donde las familias pequeñas son la norma tienen seis veces más riesgo de tener cáncer de mama que en las zonas rurales de algunas partes de Asia, con sus familias numerosas.

Volver a una época donde las mujeres tenían innumerables bebés y eran amamantados durante dos años o más no es una opción, dijo Beral a The Guardian.

Pero ¿por qué no estamos pensando en imitar los efectos de dar a luz?” ella dijo. No sabemos cómo sucede esto y nadie está haciendo investigación sobre ello. Deberíamos mirar la producción de hormonas de la última etapa del embarazo y la lactancia.

Beral es directora de la unidad de epidemiología del cáncer de la Universidad de Oxford. Su trabajo, financiado por el Cancer Research UK, utiliza grandes cantidades de datos estadísticos para identificar los rasgos o comportamientos que ponen a las mujeres en riesgo de cáncer de mama.

Para profundizar: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/01/decisiones-informadas-los-riesgos-de-no.html

Colonialismo y lactancia

No sé muy bien cómo llegué a este artículo tan interesante navegando por internet. Creo que buscaba algo relacionado con el post que acaba de escribir (Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural) y, de repente, de un enlace a otro, apareció este libro: Tensions of Empire: Colonial Cultures in a Bourgeaois World. En él, hay un artículo de la historiadora Nancy Rose Hunt que se llama  “”Le bébé en brousse”. Mujeres europeas, intervalo africano de los nacimientos, e intervención colonial en la lactancia en el Congo Belga”. Hoy quiero hablar de este artículo y de las reflexiones que me ha provocado. Es un texto que entra de lleno en el análisis de los mecanismos biopolíticos de organismos estatales, capitalistas e ideológicos, que a veces actúan al unísono para fomentar el aumento de la población y otras veces lo hacen para reducirla, según lo que convenga en cada momento.

El artículo comienza hablando de una investigación de los años 70 en Zaire en el que un grupo de expertos occidentales de planificación familiar quisieron conocer los métodos tradicionales para controlar el número de nacimientos. Esos expertos tenían miedo del rápido crecimiento poblacional que tenía ese país, que podría duplicar su tamaño en los siguiente 25 años. Sin embargo, esto no había sido siempre así, como dijo una mujer de su estudio:

“Hoy en día no tomamos ninguna decisión sobre los intervalos entre nuestros hijos… Nuestros ancestros tenían niños más fuertes porque no nacían demasiado cerca unos de otros. Hoy los padres no se preocupan de que sus hijos enfermen. Piensan que siempre pueden comprar una medicina y el niño se pondrá bien. Es por esto que las parejas ya no separan sus camas después del nacimiento de un hijo, como solían hacer en el tiempo de nuestros ancestros”.

Estos investigadores que llegaron en pleno boom poblacional, nos cuenta Nancy Rose Hunt, pensaron que estas costumbres se perdieron por la propia llegada de la “modernización” que rompió con las tradiciones. El artículo de esta historiadora demuestra, al contrario, que existió un esfuerzo colonial premeditado y público de alterar la alimentación infantil y la distribución de leche (de vaca) a las madres y niños del Congo. ¿Y quiénes fueron los encargados de tal tarea? El Estado y el Capital belga delegaron esta labor en las actividades caritativas de las mujeres blancas de los colonizadores y, después, a través de diversos programas institucionales.

http://matricien.files.wordpress.com/2012/06/femme-amadi-nourrissant-son-enfant-village-okongo-congo-belge-c2a9amnh-herbert-lang-1909-1915.jpg

Mme Van den Perre

El artículo nos introduce, como ejemplo, en la vida de Mme Van den Perre, la fundadora de “La Liga para la Protección de la Infancia Negra” en Bruselas, fundada bajo el patronato de la reina belga en 1912. El objetivo de esta organización era reducir la mortalidad infantil en la colonia enseñando a las mujeres el arte de la crianza y abrir varios consultorios o Gotas de Leche en aquel país. No estaban en contra de la lactancia en sí, sino más bien de la lactancias durante periodos “demasiado” largos.

Hasta los años 20 nadie les hizo mucho caso y el estado no comenzó a subvencionarlas hasta que se dieron cuenta del grave problema de despoblación que estaba sufriendo el Congo, un problema que venía desde el inicio de la colonización. La mortalidad infantil era muy alta y la fertilidad era muy baja entre los colectivos de personas que dejaban sus pueblos y se iban a trabajar por un salario a los centros urbanos e industriales, es decir, la explotación capitalista era anti-erótica (más allá del sexo comercializado), anti-procreación porque separaba a los sexos y, por tanto, parasitaria y autodestructiva. ¿Era o continúa siéndolo a día de hoy?

El Rey Albert I y la Reina Elisabeth. Foto tomada de: http://en.wikipedia.org/wiki/Belgian_Congo#mediaviewer/File:Albert_Militair_Kamp_Leopoldstad.JPG

El problema de la despoblación del Congo no era grave en sí mismo sino porque ponía en riesgo el robo de la energía vital del pueblo congoleño y el saqueo de los minerales y materias primas del país por parte del estado colonial y el capital belga. ¡Se quedaban sin mano de obra! (No puedo dejar de traer a colación la falta de “cuerpos” de la que habla Kathy Matsui de Goldman Sachs y su Womenomics…) Había que repoblar el país y para ello, había que desarrollar a su vez la puericultura y los programas de “bienestar infantil”.

Tampoco puedo evitar pensar en imágenes como esta, de la Sección Femenina, aunque sea en contextos y épocas totalmente diferentes, o recordar la labor de esas Juntas de Damas de Honor y Mérito de la época de la Ilustración:

http://felixtubio.blogspot.com.es/

 

Rifa de la Junta de Damas de Honor y Mérito: http://www.grabadoantiguo.com/grabados/1137.jpg

En palabras de la propia Mme Van den Perre:

Sin el trabajo negro, nuestra colonia no sería capaz de mandar a Europa la riqueza enterrada en su suelo. 
Ayudarnos por todos los medios en nuestra capacidad para proteger, cuidar al niño mientras educamos a las madres indígenas, es un deber. Necesitamos el trabajo negro… Proteger al niño del Congo es un deber, no solo de altruismo, sino de patriotismo“.

Nancy Rose Hunt señala algo interesante: antes de que la despoblación fuera un problema colonial había sido un tema preocupante dentro de las propias fronteras, tanto en Bélgica como en Francia e Inglaterra. Es curioso, si se observa el aumento de la población mundial desde el siglo XVIII, que no se comprenda de dónde procedía ese miedo a la despoblación, ya que la población no dejó de ascender:

En los países europeos, las Gotas de Leche o consultorios infantiles abrían sobre todo en las zonas industriales y asistían a las familias de clase trabajadora, donde la mortalidad infantil se relacionaba con el declive o ausencia de amamantamiento de las mujeres asalariadas. Las Gotas de Leche, aunque en teoría apoyaban la lactancia materna, también suministraban biberones esterilizados. Es importante resaltar la sucesión de acontecimientos en cadena en clave de acción-reacción, problema-solución: la explotación asalariada separa a las mujeres de los niños, esto lleva al declive de la lactancia y, por consiguiente, a un aumento de la mortalidad infantil (los biberones no eran higiénicos, la leche de vaca no estaba bien adaptada al estómago del bebé ni se pasteurizaba todavía). De todo esto, el propio sistema crea su “solución” con las Gotas de Leche para reducir la mortalidad infantil y, de paso, extender el biberón donde antes no se necesitaba, lo que aumenta el declive de la cultura del amamantamiento y nos hizo cada vez más dependientes de la lactancia artificial. Siempre en huida hacia adelante, nunca reconociendo los errores ni subsanándolos de verdad. En lugar de retroceder y evitar la separación madre-bebé, la máquina estatal-capitalista tenía que seguir.

Enfermeras blancas en Union Miniere (abril 1918). Foto tomada de: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/4/46/White_nurses_of_the_Union_Mini%C3%A8re_du_Haut_Katanga_April_1918.JPG

“En Bélgica – y en todas partes – el movimiento de bienestar infantil tenía dimensiones de clase separadas. Era frecuentemente una actividad privada, filantrópica. Era común un tono paternalista, preocupado por reducir la ignorancia maternal y de la clase trabajadora. Este tono resurgió en el contexto colonial con dimensiones raciales separadas”.   

Foto tomada de http://www.cegesoma.be/media/z_Accoucheuses_219.jpg

 El tabú sexual de la lactancia

El tabú sexual de la lactancia entre algunas culturas africanas se explicaba diciendo que si se tenía sexo durante esa fase el niño podría morir o la leche de la madre se podría secar. De hecho, estos tabús eran relacionados por los colonizadores con las causas de la poligamia. Inma Marcos, la comadrona española, dice que en la Edad Media también existía en Occidente este tabú. En el artículo escrito por el pediatra José María Paricio para el libro “Lactancia materna: Guía para profesionales” podemos leer (pg 15):

“Es Galeno (s. II d.C.) el primero, pero no el último médico conocido, que proscribe las relaciones sexuales durante la lactancia. La idea extendida era que se corrompía la leche, por lo que se recomendaba una abstinencia absoluta durante el tiempo que durase el amamantamiento. Esta creencia se mantenía vigente en el siglo XVII y, falta de pruebas pero sutilmente modificada, alcanza el siglo XX en los prontuarios cristianos de Medicina Pastoral. (…) A lo anterior se añade el que la duración media recomendada recomendada de la lactancia materna en los (…) escritos de Aristóteles, Sorano o Galeno era de un mínimo de 24 meses”. ¿Pasarían realmente las madres lactantes 24 meses sin sexo con su pareja? Al igual que ese tabú podría ser la causa de la poligamia en el Congo, he leído que en Occidente, los prejuicios de Sorano y Galeno podrían ser la razón por la que se recurría a nodrizas.

La matrona Beatriz Espinilla, citando como fuente el libro de C. Sarasúa “Criados, nodrizas y amos. El servicio doméstico en la formación del mercado madrileño, 1758-1868” también aporta otra explicación al tabú más reciente: 

“Había también otra circunstancia para contratar un ama, y se basaba en la creencia, errónea según los conocimientos actuales, de que el tener relaciones sexuales provocaba una irritación genital que desencadenaba la menstruación, y que dicha menstruación hacía que disminuyera la calidad de la leche. Por tanto, durante la lactancia se procuraba la abstinencia sexual, con lo que los maridos preferían que su mujer no amamantara al hijo para así evitarse el tiempo de abstinencia que debía guardar una mujer lactante de la época“.

Ante el problema de la abstinencia sexual durante la lactancia los misioneros proponían retomar las relaciones un tiempo después del nacimiento y centrarse en los deberes conyugales de la monogamia. Lo cierto es que no termino de creer que, como afirmaban los colonizadores, las mujeres rechazaran durante los tres años de lactancia a sus maridos. Una cosa es lo que oficialmente se hacía y otra lo que de verdad ocurría en cada casa. Yo me inclino más hacia señalar el poder anticonceptivo y anovulatorio de la amenorrea de la lactancia. De hecho, me hace gracia porque en uno de los informes de los colonizadores se señala esta cuestión y la autora dice que el efecto anovulatorio de la lactancia está exagerado. Bueno, para obtener información veraz y actualizada sobre este tema recomiendo buscar todo lo relativo al método anticonceptivo MELA. Una prueba de que este tabú sexual no era mantenido durante toda la lactancia ni por todo el mundo es que un gran porcentaje de las mujeres (52% en 1952) destetaban completamente a su hijo mayor cuando se quedaban embarazadas del siguiente. ¿Cómo se iban a quedar embarazadas si seguían sin tener sexo?

El Congreso Colonial Nacional hizo de este tema “una cruzada para combatir los prejuicios que separan a los esposos”. Desde luego, el tabú sexual postparto durante años no tiene mucho sentido pero es curioso que este Congreso y los misioneros no reflexionaran también sobre la separación entre hombres y mujeres que promovía el sistema de explotación colonial (mujeres en los pueblos, hombres a las minas belgas) y los tabús que separaron a la madre del bebé.

En realidad, el tabú de la abstinencia sexual durante la lactancia existe en muchos lugares del mundo pero tampoco es algo universal en África. Como he podido leer en el libro de “Nisa. Vida y Palabras de una mujer !Kung”, allí por ejemplo no existe nada parecido y sus intervalos tan largos entre hijos se deben sobre todo al poder anovulatorio de la lactancia materna intensiva, a la dieta baja en grasas y al ejercicio físico. Barbara B. Harrell, en su artículo “Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural” habla de un estudio en Ruanda de Bonte y Van Balen de 1969 en el que se afirma que las relaciones sexuales se retomaban ocho días después del parto.

Por otro lado, dice Roger Short, en su libro sobre “Historia de la sexualidad” (pg.158): “Las civilizaciones occidentales, con su desaprobación de la poligamia y la promoción del biberón o el destete temprano, han sido responsables inconscientemente de estimular la fertilidad en zonas del mundo en vías de desarrollo”.

El destete

Foto tomada de http://images-02.delcampe-static.net/img_large/auction/000/064/863/949_001.jpg?v=1

Por la descripción que hacen los contemporáneos, parece que en el destete en el Congo lo que se hacía era añadir alimientos a la lactancia a demanda, en lugar de sustituir tomas con comida. Actualmente, las recomendaciones son que durante el primer año la lactancia sea el “plato principal” y la comida sólida o las papillas se ofrezcan después. Por eso, parece que en Occidente las directrices médicas han reculado y vuelven a modelos más parecidos al africano o el de las culturas preindustriales. Tiene mucho sentido.

El texto de Nancy Rose Hunt también plantea algo interesante. A veces los observadores de la época criticaban costumbres de los habitantes nativos del Congo pensando que eran “tradicionales” y en realidad no lo eran, eran costumbres nuevas inducidas por el colonialismo que no se retrotraían a tiempos inmemoriales.

Para evitar el poder anovulatorio de la lactancia, los colonizadores plantearon una estrategia o un “remedio”: distribuir leche y derivados para que no fuera indispensable la lactancia materna. Y llevaron al Congo la industria láctea y un buen número de clínicas de puericultura para enseñar a las madres a alimentarse y alimentar a sus hijos con leche de vaca adaptada. Esto no fue algo casual sino algo preparado y estratégico, a cara descubierta y con alevosía, en el sentido más biopolítico posible, como muestra este texto del Congreso Colonial Nacional de 1930 (I, 167):

“Para inculcar la noción de utilizar leche, se puede actuar con el ejemplo. Frente a la dificultad actual de la adquisición de este alimento, el gobierno podría poner cartones de leche a disposición de los hospitales y organizaciones benéficas para niños. Los huérfanos deben ser criados a través de la intervención de las agencias, particulares subvencionados, misiones, organizaciones benéficas infantiles, etc. que organizarían una alimentación higiénica. Hay espacio para establecer verdaderas guarderías de propaganda ayudadas por el Estado”

Esas guarderías o “nurseries” de la propaganda ayudadas por el Estado intentaron aumentar la fertilidad de las congolesas con destetes tempranos y leche de vaca. Años después esos mismos estados se quejarían de que somos demasiados en el mundo, que estamos sobrepoblados y demás… ¿Y quién asume las responsabilidades de estas políticas? Por eso es tan importante recuperar la historia, la verdadera, la de las fuentes y los documentos y no la de las invenciones y los tópicos creados.

Otra prueba concreta: el documento “La Question sociale, informe al Comité del Congreso Colonial Nacional” (Bruselas, 1924). En él se dice:

“la presente situación es ciertamente irracional. Algunas veces las mujeres amamantan durante tres años. En el curso de los aproximadamente treinta años durante los cuales las mujeres son susceptibles de convertirse en madres, se ponen periodos de tres o cuatro años durante los cuales solamente pueden tener un único hijo, mientras que la naturaleza, sin duda, les permitiría tener embarazos más frecuentes sin daño”. 

O también en la “Question Sociale”: “El abandono de la práctica de la abstención durante el periodo de amamantamiento probablemente no tendría como consecuencia el aumento en el número de niños como podríamos pensar. En efecto, normalmente, la mujer no debería ser fértil durante el periodo de lactancia exclusiva. Un nuevo embarazo ocurriría solamente con el declive de este periodo y mientras la leche de la madre ya no es indispensable para el niño”. De nuevo, dejo el enlace con información actualizada sobre el método MELA a día de hoy, para quien quiera profundizar, en este documento.

Lactar a demanda durante tres o cuatro años puede ser muchas cosas pero no es “irracional”, viene mal para el imperio, eso sí, que no puede aumentar el número de hijos que necesita para alimentar la máquina esclavista de producción colonial. Esas mujeres quizás no lo sabían pero dando de mamar así, además de alimentar a sus hijos de la forma más natural posible, tenían menos papeletas de tener cáncer de mama, ovario y endometrio, como desgraciadamente estamos comprobando en Occidente. Quizás eso sea poco “racional” para los estrategas coloniales que solamente ven dinero y poder cuando miran a un ser humano. ¡Cómo cambian los discursos del poder sobre las madres a lo largo de los años según cambian los objetivos!

Los cursos prematrimoniales, como el de la Iglesia Sociedad Misionera en Matana, daban mucha importancia al destete temprano, camas separadas para los bebés, la necesidad de horas regulares de alimentación en lugar de cada vez que llora, ya que, supuestamente, primero tenían que digerir lo que tenían en el estómago antes de darle más (hoy sabemos que la leche humana se digiere muy rápido y ese argumento no tiene ni pies de cabeza. La lactancia materna funciona a demanda). Además “había que considerar otras causas para el llanto que no fueran el hambre y darse cuenta que el bebé no tiene otro lenguaje que el llanto…”

Otro de los documentos históricos interesantes que aporta la autora es este, “Le bebé en brousse”, una serie de artículos del Boletín de la Unión de Mujeres Coloniales durante los años 30. Allí se les aseguraba a las colonizadoras que podrían encontrar leche artificial pero también se encontraban consejos sobre lactancia. Se las decía que no debían dar de mamar por la noche porque esto causaba problemas digestivos. Si el niño lloraba habia que buscar otras causas, poniéndo énfasis en la “regularidad”, ya que había que alimentarlo cada tres horas. Se prefería la lactancia mixta a la artificial pero con consejos así no dudo de que las lactancias exclusivas duraran muy poco, ya que con tan poca estimulación había muchas probabilidades de quedarse sin suficiente leche para alimentar al bebé.

 El llanto de los bebés

Un investigador belga, nos cuenta Nancy Rose Hunt, decía que la actitud congolesa frente al llanto de los niños era que “un bebé no debe llorar nunca; todos sus caprichos deben ser satisfechos”. Hoy sabemos que la necesidad de comer o de ser cogido en brazos no son caprichos, son necesidades básicas que van evolucionando según la edad del bebé. De hecho, los adultos también necesitamos dar y recibir cariño, escucha y empatía.

En otro folleto de consejos a las madres se decía que había que amamantar seis veces al día, en intervalos de tres horas*, introducir la alimentación complementaria a los 7 meses, y para el décimo mes alimentar al niño con un biberón u otras comidas:

“No amamantes a tu hijo porque llora: él se silenciará a sí mismo… Por la noche no le amamantes ni un poco: el niño mamará por la tarde y mamará otra vez por la mañana. No le des “malafu” (cerveza) o agua de coco: la leche será suficiente. Antes del séptimo mes, las gachas de harina son malas. No le amamantarás para nada (por la noche) si se duerme en (su propia) cama. Si obtienes leche de vaca o cabra, irás a la farmacia, el médico te dará buen consejo, sabrás qué hacer”. 

De nuevo, esta clase de consejos, además de inhumanos y desconectados de nuestra propia naturaleza, tenían un efecto que reducía la fase anovulatoria postparto de la lactancia materna a demanda y exclusiva. Las tomas nocturnas son importantes para las mujeres en esa etapa porque mantienen la amenorrea (aunque muchas mujeres occidentales no sepamos cómo conciliar un buen descanso y amamantar, incluso durmiendo en la misma cama o habitación, pero ese es otro tema para otro post…).

Como vemos si estudiamos el MELA (método de la amenorrea de la lactancia materna), todo ese énfasis en regularizar la lactancia, espaciar las tomas, no dar teta por la noche, no dar a demanda, suplementar a la primera de cambio con leche de vaca adaptada tiene la misma consecuencia: perder el efecto anovulatorio de la lactancia cuanto antes y adelantar la posibilidad de un siguiente embarazo**.

La alimentación de los hijos de los obreros se convierte en un asunto de la empresa

Mina Kisanga en  Katanga (1920) Foto tomada de http://en.wikipedia.org/wiki/Belgian_Congo#mediaviewer/File:Kisanga-mijn_Ruandese_arbeiders_einde-jaren_1920.JPG

El artículo también nos transporta a la mina de la Union Miniere du Haut-Katanga, donde el 50% de los niños morían y se necesitaba mano de obra africana de forma acuciante. Por supuesto, para los colonizadores la culpa de la alta mortalidad era de las madres, por eso, la dirección de la fábrica abrió en 1924 una Gota de Leche (un centro de puericultura) donde había una consulta, se daban regalos, premios de natalidad, comida durante las primeras 6 semanas de embarazo y durante el primer año de amamantamiento.

En esta mina se estableció el promama OPEN (Obra de Protección de la Infancia Negra) para reducir la mortalidad y aumentar los nacimientos de bebés, lo que incluía la supervisión del destete, en el que se desaprobaba la lactancia prolongada (bueno, lo que para ellos era “prolongada”) seguida de un destete abrupto: “El servicio médico organizó comedores para asegurarse de que la alimentación infantil era controlada científicamente”, dice la autora. Y los niños, desde un año de edad, comenzaron a ser alimentados en estos comedores, donde también se les enseñaban modales y a lavarse las manos, etcétera. Se pasaba lista y se investigaba a los padres si el niño no acudía. Las madres tenían que ir a la consulta infantil una vez por semana para examinar a los niños, las enfermeras les enseñaban cómo ser unas madres correctas, cómo cuidar a sus hijos y les daban regalos para atraerlas.

Union minière del Alto Katanga. Foto tomada de: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/80/UMHK_1917.jpg

La alimentación complementaria de los niños provocaba que la fertilidad de las mujeres, debido a la caída en la frecuencia de la lactancia, aumentara. Así, la empresa maximinaba la fertilidad y reducía la mortalidad gracias al control social.

Un tema que merece reflexión y mayor desarrollo es el de por qué la vida de la mina provocaba que la fertilidad cayera si no se intervenía de estas formas. Según apunta la autora, el ratio de sexos no estaba equilibrado (26 mujeres por cada 100 hombres en 1925) y había enfermedades venéreas y prostitución. Las empresas mineras intentaron llevar a su terreno la reproducción de las mujeres, ya que antes ellas se quedaban en el mundo rural y era el hombre el que emigraba a los centros mineros. Como dice uno de los autores citados en el artículo, Union Minière decidió “criar” a su propia fuerza de trabajo. Tuvieron éxito en sus labores de ingeniería social, consiguieron crear un habitat para familias monógamas, aumentaron el ratio de nacimientos y decrecieron las cifras de mortalidad infantil. En 1946 el destete ocurría cuando el bebé tenía 12 meses (hoy la OMS recomienda dos años de lactancia y hasta que madre e hijo quieran).

Gracias a la gran cantidad de misioneros católicos y protestantes que había este tipo de políticas y programas se extendieron hacia otras localidades en el Congo con programas como el creado por el Fondo Reina Elisabeth para la Asistencia Médica a los Indígenas (FOREAMI) y otras iniciativas estatales y empresariales. Estos proyectos institucionales premiaban el buen camino de la crianza con regalos y sobornos, creando necesidades de productos que antes no existían. Pero lo más importante era separar a las madres de los bebés para fabricar más y más futuros trabajadores de la colonia.

La rebeldía y negociación frente a los “expertos”

La mayor parte de las mujeres congolesas no siguieron algunos de los consejos que les daban, como el de los horarios de amamantamiento y seguían dando el pecho a demanda (¡menos mal!). Solamente las elites siguieron las absurdas normas de lactancia, por eso, durante los años 50, el 83% de los niños seguía durmiendo con sus padres (por cierto, el artículo dice “padres”, no “madres”, lo que contradice lo de la separación de camas entre las parejas). Las madres les daban a partir del cuarto o quinto mes puré de mandioca o maíz, y algunas hacían la transición al destete con biberones. La leche de vaca tampoco se generalizó para toda la población y se consideraba más como una medicina para casos especiales o como una delicatessen de las clases altas.

Y lo que es más importante, simbólico y esperanzador: Las madres congolesas también se rebelaron contra la costumbre de desatender el llanto de los niños. Algunas decían “no podemos dejar llorar a los bebés como las blancas”.

Conclusiones sobre el colonialismo íntimo de los cuerpos

La autora termina señalando que algunos investigadores han relacionado el aumento de población de Zaire a partir de la Segunda Guerra Mundial al uso de la penicilina, pero que habría que investigar más el impacto del acortamiento de los intervalos entre hijos debido a las políticas coloniales. A pesar de las rebeldías y negociaciones de las que hemos hablado, al final se impuso el modo de vida que promovía el Estado y el Capital en todo el globo, con el consiguiente boom poblacional. Paradójicamente, esos mismos poderes fácticos de ayer, son los que hoy se escandalizan por la sobrepoblación del planeta e intentan promover que no se llegue a un ratio mayor de dos hijos por mujer.

Sin embargo, incluso aunque no lo pretendieran como objetivo principal, el mismo modo de vida y de trabajo de los países industrializados, dedicados al sector servicios y urbanizados es proclive en sí mismo a la infertilidad.

Por otro lado, organizaciones como WWF (vinculado a las monarquías europeas) o el Club de Roma (presidido en España por Isidro Fainé, directivo de La Caixa, Repsol, Telefónica y la CECA), dirigidas desde las elites del poder económico, político e ideológico, alertan del aumento de la población mundial sin analizar nunca las causas, muchas de ellas relacionadas con la intervención institucional, y sin reflexionar sobre las causas existenciales y éticas del deterioro de nuestras vidas y del planeta. Su doble moral y manipulación es alarmante, pero si no fuera por ello no podrían mantener sus privilegios. Su desenmascaramiento debería ser una tarea prioritaria, en lugar de seguir sus juegos como el de “la hora del planeta” y similares.

Un debate serio sobre el presente y futuro de la humanidad no puede expulsar a la ética y a la filosofía del mismo. Es cierto que somos muchos en el planeta, como nunca habíamos sido, gracias a, entre otras causas, la pérdida de la lactancia materna y los medicamentos que curan enfermedades que antes eran sinónimo de muerte segura. Pero el problema mayor es que estas mismas elites venden y adoctrinan a la humanidad (y nos dejamos adoctrinar) en un modo de vida nocivo y suicida a todos los niveles. El mundo no está lleno de basura y contaminación porque seamos “muchos” sino porque “muchos” llevamos una vida contaminante y tóxica, y, sobre todo, unos más que otros. Somos “muchos” porque la tecnología y la biopolítica lo han incentivado, al igual que somos “pocos” cuando se necesita que seamos menos o es posible sustituirnos por algo más económico.

La casa del político ecocapitalista Al Gore en Nashville tiene unos gastos de electricidad y gas anuales de 30.000 dólares.  http://static.guim.co.uk/sys-images/Guardian/Pix/pictures/2007/02/28/gor1.jpg

Sin ser hipócritas, solamente podemos criticar que las políticas de las que habla el artículo de Nancy Rose Hunt tuvieran como único interés una mejor y mayor explotación del ser humano, sin tener en cuenta nada más. Pero, ¿cómo se le puede pedir ética a gente cuyo único motor de vida es el ansia de poder y riqueza?

Las biopolíticas hoy en día actúan de otras formas, muchas veces de maneras contradictorias y ambivalentes. ¿Acaso las mujeres y hombres actuales no llevamos al pediatra y a las revisiones a nuestros hijos y seguimos más o menos los caminos trazados de antemano? Además, consideramos que es positivo ir a esas revisiones, porque presuponemos que los profesionales médicos tienen más conocimientos que nosotros (a veces es cierto y otras veces no, como muchas veces sucede con la lactancia materna, precisamente). Hoy en día nuestros cuerpos y las ideas que en él se producen también están colonizados, quien sabe si lograremos desentrañar de qué formas lo están, como ahora podemos analizar lo que los poderes coloniales belgas intentaron hacer en el Congo.

No hay respuestas sencillas a los complejos interrogantes que se plantean. Mientras, el Congo sigue siendo una zona arrasada por el hambre voraz de minerales que impone el sistema, la industria, nuestro consumo y “necesidades” creadas. No me gusta el victimismo, por eso debemos admitir nuestra propia ceguera y responsabilidad. La realidad no es una película de buenos y malos.

*Actualización 7/1/2016: Hace poco, investigando, me enteré de que fue Luther Emmett Holt, el pediatra de la familia Rockefeller y del Instituto del mismo nombre, el que promovió de forma masiva el consejo pseudocientífico de las tomas cada 3 horas en su libro publicado en 1898. A pesar de que en teoría apoyaba la lactancia (aunque sus teorías las boicoteaban en la práctica) fue el creador de la leche de fórmula adaptada que tomaban los bebés de Nueva York.  Ver post: http://www.lasinterferencias.com/2015/10/05/no-es-conspiranoia-se-llama-capitalismo-y-estado/
**En relación con la actualización anterior, habría que matizar la aparente contradicción de los consejos pediátricos “Rockefeller”. Por un lado, separar a la madre del bebé servía para obtener la fuerza de trabajo de las mujeres y controlar a los niños. Pero, a la vez, tenía el efecto “secundario” de perder el papel anovulatorio de la lactancia libre. En años recientes la Fundación Rockefeller se ha visto interesada en estos efectos y ha apoyado los estudios que investigaban este fenómeno cuyo resultado es el “consenso de Bellagio sobre el “método” MELA. Su interés en la lactancia actual es precisamente por su poder anticonceptivo. Sin embargo, esto lleva aparejado la cercanía madre-bebé que el trabajo asalariado rompe e impide. Supongo que desde las altas instancias del capitalismo mundial se estarán preguntando cómo conciliar ambas cosas. Yo, como madre trabajadora, madre lactante que no quiere separarse de su bebé (en este momento de 7 meses) y que no usa anticonceptivos hormonales también me lo pregunto aunque por razones bien diferentes a las de los maquiavélicos que dirigen nuestras vidas y las biopolíticas.

Ovular o no ovular, menstruar o no menstruar, esas son las cuestiones.

Mi único recuerdo de Elsimar Coutinho era el de su papel de “malo” en el documental “La Luna en Ti”, aquel señor que decía cosas tan raras sobre la menstruación. Sin embargo, después de las últimas lecturas que he reflejado en este blog, veo que su planteamiento de la cuestión es correcto, aunque sus “soluciones” sean las de la industria farmaceútica (a la que él pertenece) ante un problema creado por el propio sistema. Ese problema no es otro que la falta de adaptación evolutiva a las nuevas condiciones (¿elegidas? ¿impuestas?) vitales de la mujer actual: constantemente menstruante y ovulante, sin apenas hijos, con maternidades muy tardías y, sobre todo, lactancias cortas o inexistentes.

El autor del libro del que voy a hablar hoy (“¿Es la menstruación algo obsoleto?“) no es ningún loco y mal haríamos si le tomáramos a risa, le ridiculizáramos sin más o nos negásamos a profundizar en sus argumentos, como hice yo en un primer momento. Es una eminencia en el campo de la endocrinología y la (ANTI)fertilidad humana, uno de los investigadores que crearon el Depo-Provera (el anticonceptivo que elimina la menstruación durante meses), es consultor de la OMS y está fuertemente vinculado a la Universidad Rockefeller y la Fundación Rockefeller, es decir, al poder. El segundo autor del libro, Sheldon J. Segal, ya fallecido, también lo está, ya que trabajó durante gran parte de su vida en el Population Council (creado por John D. Rockefeller III) y agradece en el prefacio a la Fundación Rockefeller haberle permitido residir en su centro de conferencias y estudio en Bellagio, el mismo en el que se reunieron los científicos a consensuar la efectividad del método anticonceptivo de la amenorrea de la lactancia (MELA) en los años ochenta.

Estado de la cuestión. ¿Estamos de acuerdo hasta aquí? 

Dice Seagal en el prefacio:

“La asociación de la menstruación frecuente con efectos nocivos para la salud ha sido discutida  en la literatura médica por muchos años. Títulos como Menarquía Temprana, un Factor de Riesgo para el Cáncer de Mama, Indica la Aparición Temprana de los Ciclos Ovulatorios, u Ovulación Incesante – un Factor en la Neoplasia de Ovario” pueden encontrarse en revistas médicas respetadas tan pronto como 1971. Tampoco ha escapado a la atención científica a lo largo de los años que la mujer moderna, dotada con esencialmente el mismo acervo genético que sus ancestras de la Edad de Piedra, tiene un patrón reproductivo completamente diferente. Muchas publicaciones científicas han discutido el hecho de que a lo largo de los milenios, las mujeres se han movido desde la época de la reproducción incesante a la edad de la menstruación incesante. (…) La emergencia de la menstruación como una parte regular de la vida de las mujeres modernas es el resultado de cambios culturales, una drástica reducción del ratio de fertilidad, y un acortamiento de la duración del amamantamiento, primero en los países industrializados de Occidente, y más recientemente en los países más pobres del mundo”.

 Vivimos tiempos de reivindicación de la menstruación como algo positivo en sí mismo o como algo asociado indisolublemente a toda nuestra vida fértil, algo a lo que debemos adaptarnos sin más, nosotras y el sistema. Sin embargo, solemos olvidar que la menstruación ni es un castigo divino ni es una herramienta mágica de autoconocimiento. La menstruación no llega para que las mujeres lleguemos a un nivel superior de conciencia o nos conozcamos a nosotras mismas, tampoco es algo sucio, contaminante o que debamos ocultar con vergüenza, como tantos tabús de la menstruación nos dicen. Y mucho menos podemos pensar que la mujer cíclica menstrual de hoy y sus arquetipos tienen algo de ancestral, ya que la mujer preindustrial menstruaba muchísimo menos que nosotras y de forma bien diferente. La menstruación es simplemente, en palabras de Coutinho, un proceso biológico fallido:

 “La ovulación, precedida por las transformaciones controladas por las hormonas del cuerpo femenino, no evolucionó para ser infructuosa. Cuando se produce la menstruación, significa que el sistema (reproductivo) ha fracasado y, en aras de la eficiencia reproductiva, tendrá que repetirse el próximo mes, el mes después de ese, y así sucesivamente, hasta que un óvulo fertilizado anidado con éxito comience a desarrollarse“.

Y aquí está la clave del asunto, es una definición que no proviene ni del Vaticano ni de alguien proclive a la natalidad o que quiera que las mujeres tengamos hijos sin parar, pero es que la verdad es la que es, venga de donde venga. Ovulamos y menstruamos independientemente de tener o no ganas de tener hijos, de nuestra ideología o nuestra visión del mundo. El rodeo para evitar las cuestiones fundamentales toma tintes tragicómicos cuando, desde algunos sectores, se critica a la industria farmaceútica por querer suprimir la menstruación pero no se dice nada sobre la imposición cultural de que la mujer y el hombre postindustriales deban expulsar a los bebés y la crianza de sus vidas. Esta imposición no se realiza a punta de pistola sino mediante mecanismos ideológicos, políticos y materiales. Tampoco se critica que, si se tienen hijos, haya que postponerlos hasta que la energía vital de la etapa más fértil de nuestra vida haya sido debidamente canalizada hacia trabajos y tareas inútiles, nocivas, consumistas y adoctrinadoras al servicio de Otros, como los Rockefeller que contratan a investigadores punteros como Coutinho o Segal, y los pequeños Rockefeller de andar por casa que se cruzan día a día en nuestras vidas laborales. 

Alguien nos tendrá que explicar por qué es bueno ovular y menstruar si, paradójicamente, se pretende evitar a toda costa y durante la mayor parte de nuestra vida fértil el embarazo (casi parece una peligrosa enfermedad de transmisión sexual), incluso reprimiendo desde la cabeza el impulso genésico durante los días fértiles con métodos no farmacológicos, como los de reconocimiento de la fertilidad investigados por los médicos católicos Billings o Roetzer y usados por personas de todo credo que desean autoconocerse, no tener hijos y no medicalizar su vida sexual. Se dice que no existen estudios sobre los efectos a largo plazo de las tecnologías que suprimen la menstruación en el organismo de las mujeres, pero, ¿y de la menstruación repetitiva durante años y años? ¿Conocemos sus efectos a largo plazo

Pero volvamos al libro de Coutinho:

“La era de la menstruación empezó cuando la estructura social humana y los cambios culturales rompieron el implacable patrón de repetitivos embarazos y periodos prolongados de lactancia. A medida que las mujeres se reprodujeron menos, menstruaron más. (…) Los cambios sociales han llevado a las mujeres de la era de la reproducción a la era de la menstruación“.

Esto no lo dice el autor pero las pioneras en la menstruación repetida, si observamos la historia a vista de pájaro, fueron las monjas y también las mujeres de las clases altas que contrataban nodrizas para amamantar a sus hijos (una hipótesis es que era debido al tabú sexual de la lactancia que proscribía tener sexo durante ese periodo y eran los maridos los que prohibían amamantar a quien tenía el dinero para contratar a otra mujer que pudiera hacerlo). Barbara B. Harrell matiza bastante este aspecto en su artículo “Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural, dado que siempre han existido mujeres sin hijos, de forma voluntaria o involuntaria, lo que es completamente lógico dada la diversidad que existe entre los seres humanos. Por no hablar de los anticonceptivos y abortivos que existían y se conocían en Occidente antes de que la medicina y el estado controlaran estos temas (ver libro “Eve’s Herbs: A History of Contraception and Abortion in the West“).

En realidad, que la menstruación constante a lo largo de nuestra vida fértil en la gran mayoría de mujeres sea una novedad histórica puede que no nos diga mucho al principio, pero como dice el biólogo Roger Short:

No puede haber ninguna duda de que este aumento de nueve veces en el tiempo dedicado a tener ciclos menstruales plantea una serie de nuevos problemas para nosotros; es algo de lo que no hemos tenido ninguna experiencia evolutiva previa, y por lo tanto no estamos genéticamente adaptados para hacer frente a la situación”.  

Lo relevante son los efectos de esa novedad histórica, que son el consiguiente aumento de cáncer de mama, ovario y endometrio y del agravamiento de los efectos de varios trastornos o enfermedades, como la endometriosis y otras de las que habla Coutinho en el libro y en las que no me voy a extender. Para ser justos, por otro lado, también tendríamos que hablar de las implicaciones del embarazo y la lactancia en el cuerpo y la salud de las mujeres. Todo en esta vida tiene sus beneficios y sus riesgos, lo importante es conocerlos.

¿Es la menstruación algo obsoleto?

El libro hace un breve repaso por la historia de la menstruación, comenzando con la prehistoria, la revolución neolítica y las antiguas civilizaciones, pasando por Grecia, Roma, la Edad Media y el Renacimiento. También nos habla de médicos de todas las épocas y su visión de la menstruación: Galeno, Sorano, Hipócrates… Hasta llegar al siglo XX, el siglo en el que se experimentó en el laboratorio con las hormonas (estrógenos, progesterona, andrógenos y gonadotropina coriónica), lo que resultó en los anticonceptivos químicos que hoy conocemos. “La progesterona es la hormona sin la cual no habría vida humana”, dice Coutinho. 

En el capítulo sobre “Por qué menstruamos” hay algo interesante: es difícil encontrar a una gran primate en libertad que tenga la menstruación porque normalmente están o embarazadas o lactando. Sin embargo, las hembras que viven en cautividad, separadas de los machos, menstrúan regularmente. 

Del capítulo sobre los “Trastornos relacionados con el ciclo menstrual” me pareció muy interesante la parte en la que habla de la biografía de Marylin Monroe y sus problemas relacionados con la endometriosis. Este aspecto no es muy conocido y, sin embargo, tuvo un gran impacto negativo en su vida.

http://es.wikipedia.org/wiki/Marilyn_Monroe
En esta imagen podemos verla trabajando en una fábrica de municiones durante la II Guerra Mundial mientras su primer marido estaba enrolado en la marina. He puesto esta foto porque es muy representativa del paso de “ama de casa” a trabajadora al servicio de la industria bélica. Todo esto fue antes de convertirse en el “sex symbol”, mostrando el cambio de papeles de la mujer según las opciones decididas por el sistema. 

Otro capítulo se llama “Supresión natural de la menstruación”. En él, claro está, se habla del embarazo y de la lactancia, pero como de este tema he hablado mucho en otros posts quiero centrarme en otra forma de suprimir la regla: el ejercicio físico intenso. Cuando hacemos deporte o esfuerzo físico, nos cuenta Coutinho, ocurren muchos cambios fisiológicos como la pérdida de grasa corporal y la producción de endorfinas, opioides naturales que tienen como uno de sus efectos inhibir la producción de LH, la hormona ovuladora producida por la pituitaria, lo que inhibe a su vez la producción de estrógenos del ovario. Así que estos dos aspectos, menor grasa corporal y más endorfinas son los responsables de la amenorrea que se produce en algunas deportistas. Coutinho también señala que otros investigadores hablan también de otro posible factor: el estrés físico y psicológico que aumenta la cortisona y puede inhibir la ovulación.

Parece bastante paradójico que el ejercicio intenso pueda aportar sensaciones tan contradictorias como la alegría o el estrés pero, si lo pensamos detenidamente, es algo que todo el mundo siente al hacer deporte. El tema de las endorfinas como anovulatorios me pareció llamativo en sí mismo, ya que aunque es cierto que la actividad física es antidepresiva jamás hubiese imaginado que ese subidón de endorfinas pudiera también provocar, si el ejercicio y esfuerzo es muy intenso y continuado, que se dejara de ovular. 

El autor habla de un estudio en el que se comparaba a las corredoras que menstruaban y las que no: las que corrían una media de 25 millas (40 km) a la semana seguían menstruando, las que corrían 40 millas (64 km) a la semana se volvían a menudo amenorreicas. La otra cara del asunto es que las corredoras amenorreicas tiene mayor riesgo de osteoporosis, por la caída de los niveles de estrógeno, algo que no les ocurre a las gimnastas, tenistas, levantadoras de pesas y nadadoras.

Si efectivamente la menarquía temprana es un factor de riesgo para las mujeres, el libro dice algo con lo que conviene quedarse, de cara a la prevención de los cánceres femeninos en las futuras generaciones: Aquellas que están dispuestas a llevar a cabo la práctica consciente de ejercicio, ya sea de deporte o de danza, antes de la primera menstruación, pueden retrasar la aparición de la menarquía por varios años. Por cada año de ejercicio, el inicio de la menstruación se retrasa durante un promedio de cinco meses”.

De este capítulo me llamó mucho la atención que dijera que una mujer puede suprimir la regla corriendo más de 25 millas (40 km) a la semana o corriendo más de 3 millas (casi 5 km) cada día, pero que tendría que ser con supervisión médica, ya que habría que vigilar los niveles de estrógeno y calcio, por el riesgo de osteoporosis. ¿Esta podría ser una de las posibles causas de que algunas mujeres que ejercitan mucho no se queden embarazadas a pesar de no ser amenorreicas? En cualquier caso este capítulo muestra que, a pesar de que el autor está vinculado a la industria farmaceútica, reconoce que hay otras formas de inhibir la menstruación y la ovulación sin recurrir a la química artificial.

Sobre el capítulo de la “Supresión médica de la menstruación” resaltaría simplemente que la estrategia de mercado de la píldora anticonceptiva en los años sesenta fue la de imitar el ciclo menstrual. La decisión de no continuar su uso durante todo el ciclo y hacer pausas para que hubiera un sangrado o una pseudomenstruación fue una decisión de marketing que no se basó en conocimientos científicos. Aquí es cuando mete la “cuña publicitaria” del DepoProvera, que con 4 inyecciones al año te vuelve amenorreica de forma temporal. Recomiendo conocer también sus efectos secundarios.

 Coutinho afirma que la supresión hormonal de la menstruación está asociada con una reducción del riesgo de cáncer de ovario y endometrio y un ratio menor de tumores BENIGNOS de útero y pecho. Sin embargo reconoce que respecto al cáncer de mama hay más controversia y que hay varios estudios que comprobaron que aumentaba el riesgo (cita un estudio sueco y otro de la OMS).

La conclusión final del autor es que las enfermedades o trastornos relacionados con el ciclo menstrual ahora son más frecuentes simplemente porque ahora menstruamos más a menudo que las mujeres del pasado. Esto entra en contradicción con otros autores que culpan de todos los problemas a causas exógenas, es decir, la contaminación, los pesticidas, los disruptores endocrinos, la industrialización, el estrés… Mi postura es que no son tesis antagónicas y habrá que ver en cada caso, muchas veces son acumulables y compatibles. Aún así, no se puede negar que una prueba irrefutable de que no tener hijos, tener pocos y muy tarde, y no amamantar aumenta el riesgo de cáncer es que antes de la industrialización ya había autores que se dieron cuenta de que ser monja era una “profesión” de riesgo estadístico de cara a padecer estas enfermedades.

Coutinho quiere convencernos de que no tiene sentido menstruar entre las mujeres que no están buscando activamente un embarazo. La verdad es que se puede estar en contra o no de su planteamiento pero no se puede negar que tiene mucho sentido. En el libro, los autores proponen un “nuevo paradigma reproductivo” en el que primero se explicaría por qué el sangrado cíclico es innecesario y segundo, poco a poco, más mujeres irían suprimiendo su menstruación.

El libro termina con esta cita de la feminista Margaret Sanger: “Ninguna mujer es complétamente libre a menos que tenga control sobre su sistema reproductivo”. Y lo dice ella, que aprobó que las investigaciones de la píldora se probaran sin ninguna ética en mujeres de Puerto Rico durante los años 50… ¿Tenían esas mujeres algún tipo de control sobre los efectos de las dosis que las estaban introduciendo en el cuerpo? Para ser libre primero hay que conocer el propio cuerpo y escucharlo. Ninguna libertad vendrá de la dependencia de la industria farmaceútica. Ninguna libertad vendrá del autoengaño, del adoctrinamiento, ni de la represión de la sexualidad y la maternidad/paternidad.
¿Quién controla hoy nuestro sistema reproductivo? Le devuelvo otra pregunta-título a Elsimar Coutinho para otro libro: ¿No estar mediatizado por el biopoder es algo obsoleto?

Nisa: La Vida y Palabras de una Mujer !Kung

En el libro de “Nisa: La Vida y Palabras de una Mujer !Kung”, la autora nos cuenta que esa cultura de cazadores-recolectores el ratio de mortalidad materna es de 2 muertes maternas por cada 500 nacimientos. Teniendo en cuenta que, aunque el primer parto pueden estar acompañadas por alguna mujer experimentada, normalmente paren solas sin asistencia en las cercanías del poblado, sentadas, sin moverse y sin emitir sonidos esperando con actitud estoica aunque sientan dolor… ¿Tiene sentido toda la preparación al parto? ¿Cómo es posible que nosotras necesitemos tanta intervención médica, apoyos emocionales, métodos contra el dolor y demás para parir? A mi desde luego me ha dejado perplejísima esta cifra porque pensaba que sería muchísimo mayor… Incluso podemos imaginar: si tuvieran la tecnología que nosotros tenemos más cerca esas 2 únicas muertes por cada 500 nacimientos serían los 2 únicos partos dificultosos que serían intervenidos, medicalizados o por cesárea. Añado también que la mortalidad infantil en el primer año es muy alta y está en el 20%.

En España la mortalidad materna está está en 4,7 muertes maternas por 100.000 nacimientos, según datos de la SEGO. Entre los Kung serían 400 muertes por cada 100.000 nacimientos, cifras similares a las de hoy en día en Mali, Niger o Angola o Afganistán. En cualquier caso, de 400 muertes a 5 muertes por cada 100.000 nacimientos hay una gran diferencia.

Si sabéis inglés, no os podéis perder este libro:

http://books.google.es/books?id=up4_q8ooKO0C&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false