La mística de la menstruación

Los creadores de las primeras píldoras anticonceptivas creyeron que debían imitar el ciclo menstrual para que pareciera más natural. El sangrado artificial que producen no es una menstruación real porque no hay ovulación previa, por eso ahora la industria ha dado un paso más y ha creado anticonceptivos sin periodos de descanso. En el artículo “El fin de la regla” (Mujer Hoy) se incluyen dos citas sobre los anticonceptivos hormonales que suprimen el sangrado que voy a comentar a continuación.

Carme Valls-Llobet, Especialista en Medicina Interna y Endocrinología: “Lo fundamental es que no hay evidencia a largo plazode lo que le puede ocurrir al cuerpo de una mujer a la que se está hormonando constantemente. No hay experiencia; por tanto, que lo prueben con voluntarios que acepten este riesgo durante varios años”. Pero, además, la doctora apunta que, con estos métodos, “la mujer no sabe realmente cuándo va a manchar, cuando va a tener algún sangrado. Con el Lybrel es algo imprevisible, que puede ocurrir en cualquier momento. Y, por tanto, es mucho más complicado que llegue a darse cuenta de si está o no embarazada. A mí me asombró leer en su prospecto la recomendación de que la mujer se hiciera periódicamente pruebas de embarazo… Pero, ¿no se supone que la tomas precisamente para no quedarte embarazada?”. La doctora Valls-Llobet va más allá: a su juicio, “la menstruación es un indicador de que algo va o no va bien en nuestro cuerpo. Si no va bien, significa que hay una alteración metabólica, endocrina, psicológica o social. Pero si, cuando una mujer te indica que tiene trastornos con la menstruación, lo primero que haces es intentar abolírsela, no estás escuchando a su cuerpo. Abolirla lo único que hace es tapar los problemas, falsearlos”.

La endocrina Carme Valls-Llobet señala que no se sabe qué puede ocurrir a largo plazo con su uso. Sin embargo, obvia otro pequeño detalle, ya que tampoco hay experiencia a largo plazo de que las mujeres menstruemos de la forma que lo hacemos actualmente, algo que ella obvia por completo. No tener hijos, tener uno de forma muy tardía y no amamantarlo también son experimentos desde un punto de vista evolutivo. La industria trata de eliminar la menstruación pero el modo de vida y de trabajo actual (y, por tanto, la biopolítica) trata de eliminar a los hijos, algo que no podemos dejar de mencionar si no queremos ser parciales y si pretendemos que las mujeres puedan tomar decisiones libres e informadas. Recuerdo las palabras del biólogo Roger Short:

“En las comunidades cazadoras-recolectoras, la pubertad, la adquisicón de deseo sexual, y matrimonio eran todos eventos sinónimos, así que no había necesidad de restricciones sociales sobre el comportamiento sexual antes del matrimonio. Después del matrimonio había un periodo de tres años de esterilidad adolescente, cuando la chica habría experimentado una sucesión de ciclos menstruales anovulatorios antes de concebir. Después del primer hijo, habría estado 3 años en amenorrea de la lactancia, seguidos por uno o dos ciclos menstruales ovulatorios antes de concebir otra vez. No tenemos información de la edad de la menopausia  en las sociedades primitivas, pero (…) sería raro que una mujer tuviera más de 5 hijos. Durante su vida reproductiva experimentaría 15 años de amenorrea de la lactancia, y 4 años de embarazo, (…)

Contrastemos esto con la vida reproductiva de una mujer de hoy en día: la menarquía ocurre a los 13 años, y la menopausia a los 50. Dos embarazos con poco o ningún amamantamiento como mucho solo permitirían a la mujer como mucho 2 años de respiro de los ciclos menstruales regulares, que ocuparían los 35 años que quedan de vida reproductiva. 

No puede haber ninguna duda de que este aumento de nueve veces en el tiempo dedicado a tener ciclos menstruales plantea una serie de nuevos problemas para nosotros; es algo de lo que no hemos tenido ninguna experiencia evolutiva previa, y por lo tanto no estamos genéticamente adaptados para hacer frente a la situación”.

La segunda de las citas del artículo de Mujer de Hoy es de María del Mar Jiménez Redal, socióloga holística, y autora del artículo “Menstruación, la sabiduría oculta”: “Nuestra sociedad solo subraya lo patológico de la menstruación: dolor, debilidad, estorbo… Y, por tanto, lo que pretende es ocultar o manipular el estigma de sangrar. Aparte de la violencia y el miedo, nada ha sido tan eficaz para relegar a las mujeres a un lugar secundario como la degradación del ciclo menstrual. Y el tabú asociado al ciclo menstrual sigue hoy más vigente que nunca; por eso ahora nos ofrecen píldoras para exterminarla. Total, ¿para qué sirve? ¿No es solo un sangrado intrascendente e inconveniente? No, no lo es. La gran verdad oculta es que la menstruación es muchísimo más que una manifestación física: es una fuente de conocimiento interior. La regla es un prodigio biológico muy beneficioso para el cuerpo femeninoy, a nivel físico, actúa como un sistema de autolimpieza mensual, protegiendo el aparato genital femenino, reforzando las defensas del organismo gracias a los estrógenos naturales”.

La menstruación es un proceso fisiológico que se repite de forma indefinida (entre la menarquía y la menopausia) hasta que se produce una fecundación del óvulo. No llega para que las mujeres nos conozcamos a nosotras mismas, ese puede ser un efecto secundario, pero su función primordial es la misma que en las hembras de otros grandes primates. El autoconocimiento siempre es positivo mientras se esté preparado para aceptar la verdad, incluso su parte dolorosa, compleja y plagada de contradicciones de difícil solución que no entienden de posturas políticamente correctas ni mágicas. Tampoco es un sistema de autolimpieza mensual, porque si lo fuera también necesitarían “limpiarse” las niñas, las mujeres postmenopáusicas, las embarazadas o las lactantes en amenorrea. Ninguna de ellas menstrúa y no necesitan limpiarse de nada. Por último, menstruar demasiado tiene también riesgos para la salud que hay que conocer.

Del autoengaño al adoctrinamiento sexual

Desde algunas posturas ideológicas se defiende una visión del cuerpo femenino reducido a única función: la búsqueda del placer. Esta visión no es un pensamiento original, sino una contraposición o una reacción a otra visión igualmente reducida, la de la represión del placer de la moral victoriana (no hace falta retrotraerse mucho más allá). Así, lo que antes se imponía, ahora se prohibe. Y lo que antes se prohibía, ahora se impone. En el fondo, las dos morales no son tan diferentes, ya que ambas quieren controlar la sexualidad y conducirla en determinada dirección en lugar de definir unos límites entre el bien y el mal, pero a la vez otorgar un amplio margen de libertad de conciencia y acción individual.

La falta de pruebas concretas o datos reales que sustenten lo que se afirma sirve, en el caso de la mística de la sexualidad, la menstruación o el género, para poner sobre la mesa una visión distorsionada de la fisiología y de la historia. De esta forma se habla de “nuestra cultura” en abstracto y sin contextualizar, lo que sirve de arma ideológica a quien se niega a revisar sus propias suposiciones, repetidas desde diferentes púlpitos ideológicos y adoptadas sin criba aparente.

Por ejemplo, se puede plantear la cuestión de por qué a la mujer en “nuestra cultura” se le ha dicho que tenía que controlar su cuerpo para no quedar embarazada. En este caso la pregunta está mal planteada, ya que invisibiliza que no fue la “cultura” la que promovió entre las mujeres el miedo al embarazo y a los hijos sino determinadas formas de producción, maneras de vivir, y determinadas corrientes de pensamiento que habrá que identificar e investigar. Al no contextualizar ni profundizar, sin embargo, se puede afirmar lo que se quiera, porque nadie pedirá pruebas y todo se dará por supuesto.

En el ámbito concreto de la sexualidad las ideologías deberían dejar de definir lo que debemos sentir, pensar, desear y fantasear. No es posible que desde una supuesta llamada al autoconocimiento y la libertad se quiera hacer creer a las mujeres que si no realizan determinadas prácticas sexuales es por vergüenza o miedo.

En algún momento tendremos que analizar con detenimiento estas nuevas posturas victorianas que se empeñan una y otra vez en atacar o minusvalorar el coito entre mujeres y hombres. El abanico sexual humano es muy amplio, pero entonces, ¿por qué tanto interés en que las mujeres nos alejemos de la penetración? ¿Qué pasa con las mujeres a las que les gusta el coito, les da placer y lo buscan? ¿Qué pasa con las mujeres que no se masturban por represión sino simplemente porque no les apetece o prefieren tener sexo con otra persona? ¿Qué pasa con las mujeres que les gusta el coito y, para más “pecado”, disfrutan con el coito reproductivo? Si el coito no aporta nada bueno ni placentero a las mujeres, ¿por qué tantas y tantas mujeres lo seguimos practicando? Es más, si estamos ahora aquí es porque hay una historia ancestral de coitos en nuestro árbol genealógico. ¿O preferiríamos que todos los seres humanos fueran concebidos en laboratorio, alejados de una práctica sexual tan pasada de moda? En algunas culturas, como la de los !Kung, no existe el sexo oral entre hombres y mujeres. ¿Acaso también son ellos unos reprimidos?

Un coito de tortugas fosilizado desde hace 47 millones de años

Como en esa canción de Pink Floyd dan ganas de gritar… ¡Dejadnos a las mujeres que encontremos nuestro PROPIO camino! Aunque parezca imposible, la humanidad ha sobrevivido, ha disfrutado del sexo y se ha reproducido durante 200.000 años… ¡a pesar de los “expertos”! Que se masturbe quien le apetezca cuando le apetezca, y que se respete también a la que prefiere un coito a una masturbación o que no quiere renunciar a nada. Que se deje de asociar a la mujer que no se masturba con la vergüenza, al miedo, a la falta de imaginación o, peor aún, que se afirme de forma paternalista que se está perdiendo “algo”. La vida sexual de hombres y mujeres de toda condición y orientación es diversa, evoluciona, cambia a lo largo de la vida, es histórica, biocultural y se ve influenciada por multitud de factores internos y externos. Necesita libertad para crecer, intimidad, muchas conversaciones informales, observación, curiosidad, consenso y respeto.

Las mujeres no necesitamos a un hombre para disfrutar del sexo en un sentido muy amplio pero, ¿es ese motivo suficiente para que haya que marcar una nueva sexualidad femenina “correcta” o “apropiada” en contraposición a las represiones anteriores? ¿Es menos mujer la que admite que prefiere el coito con un hombre al sexo en solitario? No podemos seguir dando bandazos. La vida sexual personal pertenece a la intimidad, no incumbe a nadie más que a las personas con las que se quiera compartir, y ni el más grande de los sexólogos es experto en la materia.

La fobia al coito (incluso asociándolo de forma intrínseca a la enfermedad) y, por otra parte, el señalamiento de prácticas más “aceptables” es algo totalmente ajeno al campo de la erótica, ya que lo que sucede en la cama poco tiene que ver con un mitin.

Al final, detrás de todas estas moralinas se esconde oculto el erotismo del sexo reproductivo consciente o, simplemente, a la sexualidad que, aún siendo responsable y libre, no teme a los hijos que puedan derivarse de la misma. Pero eso quizás es adentrarnos en una de las represiones impuestas, asimiladas e interiorizadas más potentes del ser humano actual: la represión de la maternidad y la paternidad en el momento más fértil de nuestra vida dentro de un mundo solitario y contaminado. La nueva castidad en las relaciones hombre-mujer, que propaga la abstinencia del goce de reproducirse con pasión y oxitocina (la “hormona del amor”), es tan solo un elemento más de autoengaño que quizás nos haga menos dolorosa la realidad, para beneficio de la empresa, las clínicas de reproducción asistida y en detrimento de nuestra salud. Quizás sea, de forma paradójica, el precio que hay que pagar por sobrevivir en la era de los grandes avances tecnológicos, médicos y bélicos.

Relacionado:

Métodos anticonceptivos y abortivos en el libro “Ritos de embarazo e parto en Galicia”

 

que hay otros definiéndonos, diciendo siquiera lo que nos puede gustar o no. – See more at: http://www.beldurbarik.org/2014/07/entrevista-a-erika-irusta-blogera-de-el-camino-rubi/#sthash.kkZfiFDT.dpuf

“Escuelas maternales en todas las empresas industriales”

Quería investigar la historia de las primeras guarderías (y su reivindicación) y, al hacerlo, me he topado con un texto muy interesante. Se titula  “Contribución a la historia del movimiento proletario femenino alemán” y su autora es la política comunista alemana Clara Zetkin ((1857-1933). En la pg. 46 podemos leer:

“La revolución de febrero de 1848 imprime un fuerte impulso al movimiento femenino francés. Por todas partes surgen círculos femeninos que se movilizan en la lucha por la equiparación política del sexo femenino. El movimiento supera el contexto puramente político y el círculo de mujeres burguesas que hasta entonces habían sido las principales activistas. Las mujeres trabajadoras se organizan para la defensa de sus intereses en la “Unión de las trabajadoras”, en el “Círculo de las lavanderas” y en otras asociaciones de oficio. También la prensa se pone al servicio de las mujeres. Son numerosos los periódicos femeninos, y algunos diarios, que dan a conocer entre las masas la cuestión femenina. Los albores de la libertad, todavía envueltos en la niebla matinal, ocultan el irreconciliable conflicto de clase entre burguesía y proletariado; los estratos burgueses que han tomado el timón todavía siguen necesitando el fuerte brazo de la clase obrera. “Organización del trabajo” es la consigna del día que, como hemos visto antes, también había penetrado en Alemania. Se concede a las lavanderas una jornada laboral de doce horas, en vez de las catorce de antes; el trabajo de los detenidos no debe hacer competencia desleal al trabajo manual femenino. El gobierno provisional acepta la reivindicación de las obreras a representar sus propios intereses en el seno de los poderes públicos: las delegadas femeninas deben deliberar unitariamente en la comisión encargada del trabajo femenino. Las reivindicaciones sociales planteadas por las feministas* en el orden del día revolucionario unen el movimiento femenino con la lucha y la suerte de los obreros y obreras; estas reivindicaciones son: oficinas estatales de colocación; cooperativas productivas que vendan sus productos eliminando a los intermediarios usureros; construcción de lavaderos y sastrerías públicos, en los cuales las mujeres del pueblo puedan realizar las necesidades domésticas y reducir el gasto de energías físicas mediante un trabajo común organizado y funcional; comedores de fábrica; obligación legal de crear escuelas maternales en todas las empresas industriales para que las madres que trabajan puedan dejar en ellas a sus hijos; organización de Casas del Pueblo con restaurantes, salas de reunión y recreo, bibliotecas, etc”.

* UNA PUNTUALIZACIÓN: La primera “feminista” autoproclamada en Francia fue la defensora del sufragio femenino Hubertine Auclert, que al menos desde 1882 usó el término en su periódico, La Citoyenne, para describirse a sí misma y a sus asociadas. Según Karen Offen en “Definiendo el feminismo. Una aproximación comparativa histórica“, las palabras ganaron aceptación después de la discusión en la prensa francesa del primer congreso autoproclamado “feminista” en París, que fue esponsorizado en mayo de 1892 por Eugénie Potonie-Pierre y sus colegas en el grupo de mujeres Solidarité, que poco después yuxtapusieron feminismo con masculinismo”. En 1848, por tanto no había ninguna mujer que se llamara a sí misma “feminista”.

Francis Fukuyama sobre la “historia poshumana”

Francis Fukuyama:
“(…) sólo uno de los cientos de analistas que discutieron The end of history ha comprendido su verdadera debilidad: la historia no puede terminar, puesto que las ciencias de la naturaleza actuales no tienen fin, y estamos a punto de alcanzar nuevos logros científicos que, en esencia, abolirán la humanidad como tal”.
(…)
“El carácter abierto de las actuales ciencias naturales indica que la biotecnología nos aportará en las dos generaciones próximas las herramientas que nos van a permitir alcanzar lo que no consiguieron los ingenieros sociales del pasado. En ese punto, habremos concluido definitivamente la historia humana porque habremos abolido los seres humanos como tales. Y entonces comenzará una nueva historia poshumana”.
http://elpais.com/diario/1999/06/17/opinion/929570403_850215.html

El empoderamiento como biopolítica

Tomado de la transcripción del video de la presentación de Jorgen Randers de su informe: “2052, A Global Forecast for the Next Forty Years”:

Jorgen Randers: “Finalmente, ¿qué podría hacer el Club de roma? Y el Club de Roma es por supuesto una de esas raras entidades que opera en un nivel supranacional y que debería continar su tradicional plantear preguntas impopulares y promover soluciones impopulares. Estos son algunos de los pocos señores que pueden decir que hay límites al mercado, eh, a las democracias de libre mercado. En el caso de 2052 hay básicamente cuatro valores por los que luchar, que necesitan ser empujados. Primero de todo la educación y el empoderamiento de las mujeres. Esta es una de las formas de hacer que el ratio de crecimiento de población baje”.

“Tu eres la mejor madre del mundo” de José María Paricio

Acabo de empezar a leer el libro del pediatra José María Paricio y hay un par de citas que me han encantado y que rescato por aquí. En realidad, no son ni sobre lactancia ni sobre la crianza, sino sobre pensamientos que ocurren mucho antes y que se ven influenciados por la cultura en la que vivimos. Allá va:

Pg. 20: “Tanto si deseasteis el hijo o si vino sin querer o sin planear, pero lo aceptasteis como un regalo de los dioses – de vuestros amores-, el resultado va a ser similar. Un hijo querido no lo es más por planificarlo. Un hijo querido no lo es menos por no haberlo deseado en absoluto. Desconfiad de quien os diga lo contrario: hay quien vive de la culpa ajena, parece regodearse en ella y se empeña en convenderos de tal”.

Pg. 21: “El concepto de hijo deseado, hijo querido o hijo planificado es muy reciente, de los últimos 100 años y desde que existe, ni los seres humanos – los deseados – son más felices, ni ha disminuido la injusticia en el mundo y seguimos matándonos en guerras terribles, así que no nos armemos tanto lío: por ser modernos, deseemos y planifiquemos a nuestros hijos si nos da tiempo, pero si no, bienvenidos y bien queridos sean. Brindemos por ellos y amémoslos sin complejos ni culpas, ni normas. Rechacemos como en la canción el cómo pudo haber sido y no fue”.