Nisa: La Vida y Palabras de una Mujer !Kung, una reseña

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Este es un libro de antropología curioso. Marjorie Shostak, su autora, en realidad no era antropóloga cuando viajó a la tierra de los Kung en el desierto de Namibia junto a su marido y otros antropólogos a realizar trabajo de campo. Shostak era filóloga, sin embargo, es uno de los mejores libros de antropología que he leído, porque llegas a conocer la forma de pensar y la cosmovisión de una mujer Kung concreta de una forma bastante profunda. Me ha recordado en ocasiones a “El Concepto del Continuum” de Jean Liedloff, aunque el enfoque sea totalmente diferente, aunque “Nisa” me ha gustado muchísimo más, porque da voz a las personas de las que está hablando. Es muy humano y nada mitificador; ves lo positivo y negativo de la cultura, lo que se podría aprender de ella y, sobre todo, unos cuantos sentimientos universales del ser humano.

El libro se estructura en 15 capítulos en los que en una primera parte Shostak nos cuenta la “teoría” y después viene la parte de narración de Nisa, la protagonista del libro, que fue entrevistada y grabada por la autora. No en vano, como buena filóloga, estuvo durante largos meses aprendiendo el idioma y sumergiéndose en la cultura antes de comenzar ninguna de las entrevistas

¿Con qué me quedo del libro? Con las partes en las que se habla de:

El embarazo. Me ha llamado mucho la atención que se hablara del embarazo como de un estado psicológico alterado en algunos momentos, como cuando en nuestra cultura hablamos del estado premenstrual: “estaba enfadada y lloraba un montón. Mi corazón estaba lleno de rabia y sentía dolor, pero no entendía por qué. Cuano comía carne, vomitaba, y cada vez que comía bayas dulces, devolvía. (…) Pregunté a la gente mayor, “¿Por qué devuelvo cuando como carne?” Eso era cuando mi tripa todavía era pequeña. Dijeron, “Tus pezones son oscuros, debes de estar embarazada””.

Dice Marjorie Shostak que no se considera que las embarazadas necesiten especial protección o que deban parar de hacer sus actividades normales. Sin embargo, muchas mujeres Kung experimentan cambios de humor durante los embarazos y se considera normal. Una suegra comenta en el libro: “La última semana mi yerna se enfadó tanto que corrió lejos del poblado y durmió en los arbustos. A la siguiente mañana todo el mundo fue a buscarla, y cuando la encontraron, estaba sola. No se había hecho ni siquiera un fuego. Había estado enfadada y triste, y había acusado a su marido de tener una aventura con otra mujer. Pero no era verdad. Era el bebé dentro enfadándola”.

Al leer esto recordé mi primer mes de embarazo, cuando ni siquiera sabía que estaba embarazada, y el bajón que sentí en algunos momentos y que asocié a que me iba a venir la regla de forma inminente. Al final resultó ser un embarazo y no síndrome premenstrual…

El parto. Me ha fascinado el estoicismo con el que afrontan los dolores del parto. Sí, he dicho dolor (no sé qué opinará Casilda Rodrigañez). Lo sienten, lo admiten, lo conocen, pero piensan que hay que ser valiente y no mostrarse temerosas, porque si tienes miedo, el parto irá peor. Así que se van fuera del poblado, se sientan bajo un árbol sin moverse y sin gritar, y paren. Eso sí, las primíparas sí paren acompañadas de su madre o alguna tía.

Lo del silencio me parece curioso porque quizás los extranjeros que viajan a otras culturas y observan ese tipo de parto podrían pensar que las mujeres “paren sin dolor” (por ejemplo, Bartolomé de las Casas, sin ir más lejos) cuando en realidad podrían estar teniendo dolor pero no expresarlo y trascenderlo con valor de guerreras (actitud que me recuerda un poco a algo que leí en el libro de la comadrona Verena Schmid, El Dolor del Parto). Marjorie Shostak, al no limitarse a observar desde fuera sino preguntar directamente a Nisa por sus partos, se entera de lo que verdaderamente ella sintió al parir a sus hijos.

Aborto e infanticidio. Bau, otra mujer Kung, le contó a Marjorie que “en el pasado una mujer con un embarazo no deseado bebería una medicina de hierbas que haría que su menstruación volviera, que “arruinaba sus entrañas””. También le dijo que las mujeres de la generación de su abuela habían practicado de forma ocasional el infanticidio, pero que ya no se hacía ya que estaba prohibido por la ley estatal.

También sobre este tema: “Los Kung dicen saber algunas formas de “arruinar” o terminar un embarazo. Se dice que una mujer está declarando su deseo de abortar si cocina comida en el fuego de otra persona o si tiene sexo con otro hombre diferente del que espera un bebé. Otras alternativas son agentes físicos como montar a caballo o en burro y algunos químicos hechos con plantas. No está claro como de extendido está el uso de plantas medicinales o su eficacia. En cualquier caso, una mujer recurrirá a ellos solamente si piensa que las condiciones para la supervivencia del niño no nacido son peores (inciertas, en el mejor de los casos) de lo normal”.

Menstruación. No existen ni utilizan compresas, la sangre cae por las piernas o usan hojas, pieles o, más recientemente, alguna tela o trapo. No hay tabú sexual de la menstruación, las mujeres no son segregadas de la vida cuando tienen la regla y continúan teniendo sexo. Eso sí, menstrúan pocos meses porque normalmente o están embarazadas o en amenorrea de la lactancia. Como experimentan unas pocas menstruaciones entre embarazos, reflexiona Shostak, no se le da ninguna importancia a la regla. A pesar de que la asocian en ocasiones a algún tipo de disconformidad (calambres, sensibilidad en los pechos, dolor de cabeza o de lumbares) no se piensa que afecte a la mujer a nivel psicológico, curiosamente al contrario que en el embarazo donde sí son conscientes de sus fluctuaciones anímicas. Sería una prueba más de que lo normal en su cultura es el embarazo y la lactancia y en la nuestra menstruar de forma indefinida.

Sí creen en la sincronía menstrual (a pesar de que hoy en día se sabe que no ocurre) y llaman a sus reglas “lunas”. Algunas dejan de hacer visitas a otras personas cuando están con la menstruación y otras siguen con su vida como si nada. Una mujer en el libro explica: “Cuando quiero ir de visita, voy de noche. Así, nadie pude ver si hay sangre en mis piernas”. Al final de la menstruación, se bañan.

Por cierto, en otro libro que me estoy leyendo de Wenda Trevathan, “Cómo la evolución a dado forma al cuerpo de la mujer”, se explica cómo en otras culturas preindustriales o preagrícolas las mujeres tienen niveles hormonales mucho más bajos que nosotras, tanto en el ciclo menstrual como en el embarazo. Además, sus reglas son la mitad de cortas que las nuestras.

Los niños. Dice Marjorie Shostak: “La mayor parte de los Kung aman a los niños, y lo ideal es tener muchos. Pero las mujeres Kung conocen muy bien los costes físicos del embarazo, así como el trabajo y la responsabilidad que tener muchos hijos conlleva. Una mujer, embarazada demasiado pronto de su cuarto hijo, expresó su infelicidad de este modo: “Tener demasiados niños te hace flaca porque son muy pesados de llevar (portear). Los niños son valorados por su abilidad para hacer la vida más agradable. Un hombre Kung, cuya mujer había llegado a la menopausia sin tener hijos, dijo “Tengo tantas ganas de tener niños. Cuando vas de caza y vuelves, corren y se sientan a tu lado. Dicen, “Papá, ¡dame algo de carne!” Solamente el hecho de tenerlos al lado te hace feliz”.

Lactancia. Los Kung tienen tabú del calostro, es decir, no amamantan los tres primeros días. O bien el niño se queda sin comer o bien otras madres le amamantan hasta la subida de la leche. Comienzan la alimentación complementaria sobre los 6 meses (o premasticada o machacada) pero la lactancia continúa varias veces cada hora durante los primeros años del bebé.

Lo del tabú del calostro es uno de los grandes enigmas para mí del ser humano. ¿En qué momento surgiría en la cultura Kung y otras tantas? Además de los innumerables beneficios para el niño, dar el pecho nada más nacer ayuda a que el útero se contraiga y previene hemorragias. Si es algo tan positivo, ¿por qué evitan “la leche mala”? Además, no puede ser para separar o hacer menos apegada la relación madre-bebé, ya que durante los primeros 3-4 años esa relación entre los Kung es muy estrecha a todos los niveles. Un misterio por resolver…

Las rabietas durante el destete. Buena noticia para los que sienten “culpabilidad occidental” porque sus hijos las tengan. Los niños de la sociedad de cazadores-recolectores Kung también las tienen, sobre todo en el momento del destete cuando mamá se queda embarazada con otro bebé, eso sí,  después de 3-4 años de lactancia. Parece que, aunque des teta hasta esa edad, muchos niños no quieren parar y al menos entre los Kung se convierte en un verdadero drama. Es decir, las madres Kung no dan el pecho hasta que sus hijos quieran, sino hasta que llega otro hijo. Por ejemplo, el último bebé de una madre sí que se desteta él mismo varios años después que los demás. En el destete se ponen una sustancia amarga en los pezones y, muchas veces, los niños se van a vivir un tiempo con las abuelas.

Los amantes. Las mujeres y los hombres Kung se casan, normalmente varias veces durante su vida, y se separan a voluntad, lo que no impide que existan pasiones y verdaderos amores románticos a escondidas de las parejas “oficiales”. Todo el mundo lo sabe, todo el mundo hace como que no lo sabe y se tolera siempre que no se haga obvio, es decir, que nadie pille a nadie. Si te cazan con un amante, eso sí, puede haber violencia, peleas y divorcios.

La sexualidad infantil. Lo mismo. Los bebés están los primeros años pegados a la teta de sus madres, porteados de aquí para allá. Después, cuando son más mayores se suelen ir con la pandilla de niños y adolescentes del poblado, que van totalmente a su rollo e incluso se montan una especie de poblado de niños paralelo en el que imitan la vida adulta. En esos poblados las niñas experimentan entre ellas el “juego sexual” de imitar a los adultos cuando tienen sexo, los niños también lo hacen entre ellos. Después, un tiempo más tarde, chicos y chicas juegan a tener sexo juntos. Como en el tema de los amantes, los adultos saben lo que hacen los niños (ellos mismos lo hicieron de pequeños) y, oficialmente, si lo hacen de forma muy obvia, les dicen que jueguen a otra cosa, pero si no les ven, no dicen nada. Es, por tanto, una sexualidad libre y creada por imitación del mundo externo, por autoinvestigación y coinvestigación con otros seres. No hay adoctrinamiento sexual, no hay enseñanzas regladas sobre el tema, no hay teorías…

Posesiones. La existencia de una mínima propiedad privada, ya que como se mueven mucho de un lugar a otro no pueden llevarse muchas cosas en los viajes. Además, lo que se tiene se comparte y se regala varias veces o se intercambia. Los valores de generosidad, reciprocidad e igualdad son muy importantes, incluso llegan a ser “obligatorios”. Las decisiones se toman por consensos y no hay jefes o líderes políticos, hay portavoces. Los grupos son autosuficientes.

– Los niños y los adolescentes de menos de 15 años y los adultos de más de 60 años contribuyen muy poco a la búsqueda de comida (al contrario que en muchas sociedades agrícolas o rurales). Y los adultos “trabajan” 2 o 3 días a la semana en la consecución de comida. El resto del tiempo se emplea en cocinar, trabajo del hogar, cuidado de niños o fabricación de herramientas. Hay mucho tiempo libre para actividades de ocio, cantar, componer música, tocar instrumentos, coser o tejer, narrar historias, jugar, visitar a otros o descansar. Existen conflictos pero se resuelven rápido y sin mayores incidentes.

Las mujeres contribuyen con el 60-80% de la comida consumida en dos días de trabajo a la semana. En el poblado emplean 4 horas diarias a mantener sus herramientas, recoger agua, leña, mantener el fuego, hacer cabañas, las camas, cocinando. Los hombres emplean 3 horas al diá en trabajo doméstico (cortan madera, recogen leña, preparan, cocinan y sirven la carne, y también cuidan a los niños, aunque dediquen algo menos de tiempo. Ellos cazan animales grandes y ellas recolectan plantas y cazan animales pequeños. Como no hay jerarquías sociales es una sociedad bastante igualitaria, si se compara con las sociedades agricultoras. Las mujeres son escuchadas y respetadas al mismo nivel que los hombres, pueden ser sanadoras como los hombres en los rituales de baile medicinal (una especie de danza con imposición de manos a los enfermos del poblado), pero dice Shostak que, aún así, se valoran un poco más las tareas masculinas, ya que la carne es cazada por los hombres y es muy valorada.

La violencia. Dice la autora: “Las mujeres son tan propensas que los hombres a entrar en peleas, a pesar de que ellas las inician mucho menos frecuentemente; una vez provocadas también son combatientes eficaces y decididas. La mayoría de las peleas entre los hombres y las mujeres son entre marido y mujer, con el marido siendo el agresor. Las peleas son generalmente espontáneas y apasionadas en su naturaleza y duran sólo unos pocos minutos. Los amigos y parientes, las únicas autoridades efectivas, son responsables de la separación física de los que luchan, así como de la prevención de nuevos enfrentamientos. La determinación de la culpabilidad no es una preocupación importante, y, excepto en los casos más extremos, no se impone castigo. La presión de grupo hace que sea muy claro, sin embargo, que la violencia no es una forma respetable de resolver los conflictos”.

En el libro se cuentan varios episodios violentos, siendo uno de los más crueles el del asesinato de la hija de Nisa por parte de su marido al intentar tener relaciones sexuales con ella poco después de su primera regla (sobre los16-17 años). Ella se resistió y él la pegó de tal forma que le rompió el cuello.

La violencia hombre-hombre también sucede, con flechas venenosas de por medio, pero no existen las guerras como tal.

Dice Marjorie Shostak que los padres y madres Kung no suelen pegar a sus hijos (o al menos que ella lo viera). Sin embargo, los adultos sí recuerdan en las entrevistas haber sido pegados con un palo o amenazados con ello cuando “se portaban mal”.

La muerte y el duelo. A pesar de que gozan de buena salud y no tienen las enfermedades propias de nuestra civilización moderna, el 50% de los niños mueren antes de llegar a los 15 años, normalmente por enfermedades infecciosas. Recuerdo que en el libro del que hablé en otro post sobre la familia campesina asturiana se daban cifras similares en el siglo XIX. Que la mortalidad sea tan alta no es óbice para que se sufra muchísimo con cada muerte de un hijo o familiar, lo que contradice otras cosas que he leído sobre el mundo preindustrial en otros libros (algo así que como se les morían tantos, no se vinculaban con ellos…).

Y podría hablar mucho más, por ejemplo, sobre su ritual medicinal y demás, pero prefiero reservármelo para otra entrega, ya que Marjorie Shostak volvió años después a visitar a Nisa y escribió otro libro en una onda completamente diferente a este. En definitiva, “Nisa: La Vida y Palabras de una Mujer !Kung” es una obra muy recomendable e interesante para salir de tu propia cultura y entender otras realidades.

Feminismo y Humanismo, por Federica Montseny

 Ahora que el nombre de Federica Montseny es usado por grupos feministas (Red Federica Montseny) quizás sea hora de recordar sus escritos. Evidentemente, no comparto la forma despectiva en la que describe a las feministas del partido inglés “Tercer sexo” como “solteronas” (aunque quizás sea un comentario del autor al que hace referencia, Antonio Dubois, y no de ella), ya que considero que las posturas ideológicas y políticas tienen que ser juzgadas por sí mismas, no en función de la vida íntima y personal de los sujetos, que deben tener libertad para tomar las decisiones sobre su propia vida que consideren oportunas. Tampoco comparto su visión utópica modernista de las mujeres del pasado, supuestamente sometidas a siglos de “obscurantismo” y “embrutecimiento intelectual”. Creo que habrá que ver en cada caso, época y lugar.

Sí me parece destacable y de vital importancia en el momento presente, por otro lado, su reivindicación del universalismo frente a la parcialidad y la denuncia del reformismo feminista en contraposición con la verdadera emancipación de la mujer y del hombre. También es reseñable su mención a los valores ante la vida de generosidad, abnegación y valentía, valores imprescindibles para cualquier ser humano que quiera cambiar el mundo o luchar contra una injusticia. Además, en lugar de ser asociados con la sumisión al hombre, como siempre suelen aparecer, Federica Montseny los asocia con una actitud altiva y demoledora, sin atisbo de debilidad y sensiblería, actitud válida tanto para hombres como para mujeres.

Desde luego, desde la búsqueda del placer como único valor supremo no se puede cambiar nada, porque en cualquier lucha se sufre y se pasa mal, como cualquier persona que se haya enfrentado con el poder injusto sabe bien. Hay llanto y sufrimiento, a la par que orgullo y satisfacción (y, por tanto, un placer sólido y no efímero) de saber que estás haciendo lo correcto. Estas dos caras de la vida son inseparables y negarlas nos quitan fuerza. El miedo a sufrir nos paraliza. El miedo a conocer la verdad y que nos dañe nos impide evolucionar. Esto no significa recrearse en el dolor, sino atravesarlo, trascenderlo, minimizarlo y equilibrarlo con recursos propios y externos (el apoyo mutuo).

De nuevo, os invito a una lectura que separe el grano de la paja y supere idealizaciones y defenestraciones:



Feminismo y Humanismo  – 1 de octubre de 1924 – página 12 de La Revista Blanca

Cierto amable y anónimo amigo me remite un ejemplar de un periódico, diciéndome: “Por si te interesa”.

El periódico en cuestión es El Pueblo, de Valencia, y señalado por el mismo remitente veo un artículo que se titula “El tercer sexo” y firma Antonio Dubois.

El escrito – ¡cómo no! – habla del feminismo y de las mujeres. Hay en él opiniones muy apreciables y bastante acertadas, y he pensado que merecía el comentario de una mujer, que, como tal, preocúpase preferentemente de los problemas de su sexo y a la que, como muy bien supuso el que tuvo la atención de remitirme el ejemplar del diario valenciano, interesan esas cuestiones del feminismo, aunque sólo sea para combatirlas y situarlas en el punto donde han de partir todas las inquietudes humanas: la transformación de una sociedad injusta y el abandono de una moral y unas preocupaciones que sólo han servido para esclavizar a la mujer y desviar a la especie toda.

Le dedicaré, por tanto, otro artículo al tema del feminismo, que quizá no hará más que repetir lo dicho en anteriores sobre el mismo asunto trazados, ya que dada su permamente actualidad y su lamentable y errónea tendencia, opino que el feminismo merece continuas críticas, y la emancipación de la mujer, máximo problema de los tiempos presentes, el esfuerzo modesto de los que en ella y en su influencia bienhechora, tenemos puesta nuestra esperanza.

***

Antonio Dubois, en su artículo, divide en dos al feminismo: Uno es el que, según él, “conserva todos los encantos poéticos de la mujer” y otro – el del “Tercer sexo”, movimiento formidable que tiene su cuna y su fuerza en Inglaterra – el rudo, acre, despótico, imperativo, con la falta de feminidad que caracteriza a las mujeres solteronas, que odian a los hombres porque no han podido casarse.

El “Tercer sexo”, partido numerosísimo – lo que indica el gran contingente de mujeres que la guerra sentenció, con su monstruosa devoración de hombres, a la soledad forzosa – tan numeroso que lanza la cifra de un millón 700.000 adherentes, es el que quiere derribar del Poder al hombre y, desde él, imponer su dictadura a la humanidad. Sin embargo, Antonio Dubois, humorísticamente opina que unos cientos de miles de matrimonios aplacarían las iras reivindicadoras de ese millón y medio de mujeres energúmenas.

Este ha sido, el del llamado “Tercer sexo”, el movimiento feminista más importante en Inglaterra. El otro, el que “conserva todos los encantos poéticos de la mujer”, es lo que se ha bautizado con el nombre de socialismo cristiano, de importación de los países latinos, donde logró adquirir, particularmente en Francia, ciertos ribetes reformistas por haberlo adoptado las mujeres intelectuales y doctas, de tímida tendencia izquierdista. Más aclarado aún: es el propio feminismo anglo-sajón, perfumado y suavizado por la galantería y la espiritualidad humanista y ligera de las razas meridionales.

En España no existe el feminismo del “Tercer sexo”. No existe tampoco el socialismo cristiano. En realidad, no existe feminismo de ninguna clase y si alguno hubiese, habríamos de llamarlo fascista, pues sería tan reaccionario e intolerante, que su arribo al Poder significaría una gran desgracia para los españoles. Afortunadamente, no sucederá tal cosa.

En cuanto a los feminismos europeos, o las dos clases en que divide el feminismo Antonio Dubois, estimo, como siempre, que ambos adolecen del mismo defecto capital, suavizado en uno, áspero y estridente en otro: la falta de humanismo, de este amor a la humanidad que forma el más preciado y generoso fundamento de todos los ideales.

Es más aún: examinando fríamente el feminismo, sus puntos, sus programas máximos y mínimos, sus figuras y sus actuaciones, se llega a sacar la conclusión de que él, su fuerza retrógrada y coercitiva, suave o áspera – lo mismo da, pues quizá es más reaccionario el latino, con sus ribetes de socialismo o mejor, sillonismo, que el anglo-sajón, con sus pintorescas ansias revolucionarias de despechadas – representa un factor muy importante y muy grave, puesto al servicio de la reacción y con posibilidades de entorpecer el camino de las ideas modernas. Es decir, el feminismo, partido de Estado, de privilegio, de mando, de intolerancia religiosa y moral, de asperezas de sexo, de brutalidad dominadora o de falsa suavización de costumbres, puede convertirse, en el proceso evolucionista de los tiempos modernos, en el revulsivo que coarte la libertad del hombre, y de las mujeres, minoría por desgracia, que han logrado despojarse del lastre de los siglos transcurridos en el obscurantismo y el embrutecimiento intelectual.  

Yo creo que la cuestión de los sexos está clara, meridianamente clara: Igualdad absoluta en todos los aspectos para los dos; independencia para los dos; capacitación para los dos; camino libre, amplio y universal para la especie toda. Lo demás es reformismo, relativista, condicional y traidor en unos; reaccionario, cerril, intransigente y dañino en otros. 

¿
Feminismo? ¡Jamás! ¡Humanismo siempre! Propagar un feminismo es fomentar un masculinismo, es crear una lucha inmoral y absurda entre los dos sexos, que ninguna ley natural toleraría.

***

Antonio Dubois, comprendiendo por una parte el problema, por otra desbarra. Desbarra como desbarran cuantos, sin tener ideas verdaderamente avanzadas, quieren dar explicación y solución a fenómenos y cuestiones modernas.

Y dice, defendiendo el feminismo que él estima útil y verdadero “el insinuante y tierno que acabará por esclavizarnos”: “El día que la mujer legisle y administre, las grandes instituciones básicas de la sociedad en crisis: familia, educación, natalidad, justicia, asistencia social e higiene, hoy vacilantes en los brazos del hombre, se sostendrán con más solidez en las manos de ellas.”

El día que la mujer legisle y administre, continuarán las injusticias, los privilegios, las desigualdades, las miserias y las luchas, porque las bases de la actual sociedad, que Antonio Dubois cree podrá apuntalar el feminismo que conserva todos los encantos poéticos de la mujer que los tenga, no hay fuerza humana que las apuntale, ya que ellas, por podridas e injustas, están condenadas a morir.

He aquí el error fundamental del reformismo, que, como todos los partidos políticos, y hasta como nosotros mismos, ven en la mujer, como madre, educadora y compañera del hombre, un auxiliar precioso y un elemento decisivo para las ideas que se disputan la hegemonía del pensamiento; El reformismo, sea femenino o masculino, cree poder apuntalar a la actual sociedad con concesiones y paliativos. De ahí el origen del socialismo cristiano de Inglaterra y del feminismo meridional, impulsado y favorecido por los partidos políticos de izquierda, feminismo más peligroso que el otro y que en un porvenir no muy lejano verémosle representando el freno tradicionalista en los grandes acontecimientos sociales que se avecinan.

Por esto yo repetiré siempre que el feminismo, sea el que fuere, suave o áspero, reformista o ultramontano, no puede ser jamás un factor evolutivo ni un valor de renovación social. A lo sumo, con sus reformismos, una pequeña conquista arrancada a las preocupaciones y al ancestralismo.

Socialmente, acepta y exige privilegios que si son injustos disfrutándolos los hombres, también lo serán si los disfrutan las mujeres. Humanamente, tolera todas las coacciones de la moral y de la religión, es ordenado y metódico y cuando se vuelve revolucionario es por despecho y no por justicia, y, en ciertos aspectos, da la razón a cuantos hombres no consideran digna de ser igual en libertad y en derechos a la mujer. Es casi una desviación del sexo y en algunos momentos una regresión, representando un peligro para las mismas mujeres que no estén conformes con sus normas e intolerancia. No es capaz de ser demoledor, generoso, abnegado, valiente y altivo ante la sociedad y ante la vida. Carece de comprensividad, de ansias de justicia y de dignificación. Está fosilizado por los prejuicios y la moral reinantes y jamás comprenderá, sea suave o áspero, meridional o anglo-sajón, reformista o reaccionario, satisfecho o despechado, lo que es un ideal de armonía absoluta, de paz completa, de universalismo amplísimo, de evolución infinita y de libertad y perspectivas sin límites.

Federica Montseny

Las borrosas lentes de la ideología

Una muestra de proyección de la propia ideología en la observación de la realidad, omisión de lo que no casa con los propios prejuicios y repetición de mantras autoreferenciales del mundo universitario y del feminismo y ecologismo de estado:

Intervención de Alicia Puleo desde el minuto 10.30

https://www.youtube.com/watch?v=tkE6-KJ153Q

 El gran problema del ecofeminismo es la dicotomía esencialista/constructivista. Somos seres bioculturales, la biología afecta a la cultura y la cultura afecta a la biología. Están profundamente imbricados. Por eso, deberíamos comenzar por quitarnos las “gafas” de antropólogos, biólogos y místicos para ver qué ocurre ahí fuera realmente. Por otro lado, tampoco podemos negar nuestras cosmovisiones y nuestros prejuicios, ya que siempre será mejor evidenciarlos y ponerlos en cuestión que ocultarlos, reprimirlos o negarlos. En cualquier caso las ideas previas no deberían alejarnos más de la realidad para convertirse en ceguera. Yo, al menos, como en tantas otras cuestiones, no me identifico ni me siento cómoda en ninguno de los bandos presentados en este tipo de controversias y creo que todos los protagonistas tienen razón en algunas cuestiones parciales. La tarea de cualquier sujeto crítico debería ser separar, como dice la expresión popular, el grano de la paja.

En este video Alicia Puleo arremete contra la asignación de tareas “tradicionales” de una manera acrítica (aprox. 12.30) y afirma que el feminismo temía que al defender sociedades que no fueran tan destructivas con el medio ambiente se plantearan formas de sociedad desfavorables hacia la autonomía de las mujeres.

El mundo preindustrial y preneolítico tiene multitud de ejemplos concretos que demuestran la gran autonomía que tenían las mujeres. Es más, una hipótesis interesante de partida sería plantear que a más desarrollo y mayor especialización, más desigualdades y más jerarquías. Por eso, las sociedades de cazadores-recolectores son tan igualitarias dentro de sus diferencias, diferencias que puede que tengan más un sentido práctico que ideológico en un principio, como cualquier madre lactante del siglo XXI podría entender: si estás dando el pecho de forma intensiva a tu hijo ves claramente que hay trabajos o tareas más compatibles que otras con el momento vital en el que te encuentras tú y tu bebé. Por ejemplo, ir a cazar con un bebé en una bandolera quizás sea posible aunque poco práctico. Sin embargo, recolectar durante sólo tres días a la semana junto a otras mujeres el 80% de la comida de la que se alimentará tu familia es bastante compatible con la crianza.  Un libro fundamental para mí en este sentido es el de Marjorie Shostak “Life and Words of a Kung Woman” en el que se describe una sociedad de cazadores-recolectores de Namibia en la que mujeres y hombres gozan de una autonomía similar, a pesar de la especialización por sexo de sus tareas. Esto no es óbice, sin embargo, para que las actividades masculinas sean consideradas un poco más valiosas que las de las mujeres (la carne está muy valorada) y esto quizás sea el germen de las jerarquías y desigualdades más acusadas que se ven en las sociedades sedentarias más especializadas. En el libro se cuenta el caso de una mujer de mediana edad que quiso cazar porque su marido no traía carne y, a pesar de ser considerado un caso excéntrico, nadie se lo impidió y se le daba bastante bien.

Hoy en día, en un mundo urbano como en el que vivimos muchas de nosotras, todavía hay tareas más compatibles con la maternidad, la exterogestación y la lactancia que otros. Por ejemplo: una mujer cartera o una mujer autoempleada en su propia tienda podrían realizar su trabajo junto a su bebé. Sin embargo, podría ser bastante peligroso que una neurocirujana se llevara a su hijo a una operación y sería más conveniente que durante ese proceso otra persona cuidara de su hijo.

España, 1966.
Fotografía: Eve Arnold
http://www.eticamente.net/31489/foto-antiche-donne-allattamento.html

Alicia Puleo también arremete en el minuto 14.42 contra la revista The Ecologist, en concreto contra su número 48 titulado “La R-evolución calostral ha empezado”, título que le parece bastante cómico a la audiencia de la charla, según podemos escuchar por sus risas en el video. Todavía me pregunto qué tiene de cómica la palabra “Calostral”. Pareciera más bien la típica risa de adolescente reprimido cuando alguien le habla de genitales o sexo. ¿Nos da vergüenza hablar de calostro a estas alturas? Una muestra más de puritanismo y castidad feminista cuando se trata de hablar de maternidad. ¿Cómo alguien puede decir que es feminista riéndose de uno de los líquidos más valiosos y preciados que produce el cuerpo femenino? ¿Cómo podemos hablar de “ética del cuidado” sin sonrojarnos después de escuchar esas risitas? El calostro forma parte de la cultura del cuidado, del cuerpo de la mujer y, de forma simbiótica, de los bebés afortunados que lo toman. Quien se ríe de los fluidos varios del cuerpo de una mujer no es más que un misógino. Nos encontramos una vez más ante una muestra moderna y feminista del famoso tabú antropológico del calostro. ¡Vergonzoso en pleno siglo XXI!

No seré yo quien defienda de forma íntegra ese número concreto de la revista The Ecologist y su visión de lo “natural” y lo “tecnológico”, conceptos harto complejos y problemáticos, pero de ningún modo puedo negar que nuestros cuerpos son humanos y pertenecen al género animal mamífero (hasta que se demuestre lo contrario). Negar eso es vivir e inventarse un mundo paralelo ajeno completamente a la biología, quizás más cercano al mundo de los espectros, los espíritus del purgatorio, los ángeles o los robots (estos al menos tienen átomos y están fabricados de algún material concreto). Quizás alguien debería comenzar a invitar a un óvulo y un endometrio humanos a realizar un Máster de Género en alguna universidad estatal para enseñarles cómo se deberían de comportar. Negar la biología es ideológico. Negar la cultura también. Somos seres bioculturales.

Dice Alicia Puleo sobre el minuto 14.42 algo así como “El monográfico se llamaba la R-Evolución Calostral* (risas) y llegaba a plantear cuestiones como que las mujeres hemos accedido a la universidad, nos hemos llenado de títulos olvidando nuestras funciones naturales. O que las mujeres estábamos sometidas, reprimidas en nuestro destino natural que era el de dar a luz. Me suena ese argumento”. No sé exactamente de qué artículo está hablando (tengo la revista sobre mi mesa) pero que la maternidad está siendo retrasada por los estudios universitarios y el trabajo (tal y como los conocemos hoy en día) es un hecho asumido, estudiado y defendido por instituciones como el Club de Roma y denunciado por feministas como Rebecca Walker. Por supuesto, podríamos perfectamente ir embarazadas y lactando a la universidad y al trabajo y romper ese tabú, pero esa es una revolución que todavía nos queda por hacer, la de incorporar a los niños a la vida social fuera de la reclusión de las guarderías.

La maternidad está siendo fuertemente atacada y manipulada por todos los frentes en el mundo actual y en nuestro país de forma concreta. Está siendo reprimida por condicionantes externos y autoreprimida por nosotras mismas (quizás una de las manifestaciones más obvias y cuantificables es el crecimiento cada año del número de mujeres y parejas heterosexuales que recurren a tratamientos de reproducción asistida por haber retrasado la maternidad). Esta represión y manipulación de mentes y cuerpos maternales y no maternales viene de antaño. El régimen franquista hizo una gran labor de ingeniería social en el campo de la maternidad. El régimen postfranquista en el que vivimos sigue atacando y boicoteando el parto, la lactancia, la maternidad y, no lo olvidemos, la paternidad. Si acaso más esta última, privando y prohibiendo a millones de hombres soñar en ser padres (una responsabilidad inasumible según la ideología del hedonismo consumista imperante) y, si lo son, cuidar a sus hijos o, simplemente, compartir con ellos más de unos pocos momentos diarios, el que puede. Lo peor no es que se ataque la maternidad/paternidad, si nos quedáramos ahí volveríamos al pensamiento victimista de siempre. Lo peor es que lo hayamos aceptado con total resignación o normalidad.

El cuadro “Los deberes desagradables del padre” (Unangenehme Vaterpflichten) de Adriaen Brouwer (aprox. 1605/1606–1638). Independientemente de que se considere una tarea desagradable o no, aquí se ve a un padre preindustrial cuidando de su hijo, concretamente, limpiándole el culo. ¡Y era considerado un deber! Un cuadro para la reflexión sobre la paternidad.

Sobre el minuto 18.06, Alicia Puleo habla de cómo afecta a la salud de las mujeres el problema medioambiental y la contaminación. De este tema he hablado ya en multitud de artículos en este blog así que no me voy a extender (algunos posts se pueden leer aquí, aquí y aquí). Repetiré una vez más, como una voz en el desierto ecofeminista, que en la vida los problemas no solamente vienen de las actuaciones de otros (los malvados capitalistas contaminantes) sino también de las decisiones que tomamos (habitos de vida). Y esas decisiones se ven influenciadas a su vez por la cultura. Y la cultura, en sociedades como la nuestra, se ven influenciadas por decisiones biopolíticas más que por la tradición o, mejor aún, nuevas tradiciones son creadas y recreadas ad hoc.

El aumento alarmante del cáncer de mama en nuestras sociedades está íntimamente relacionado con la no maternidad, la maternidad tardía y la falta de amamantamiento. Además de la contaminación hay tres elementos de nuestra sociedad que están teniendo un impacto severo en nuestra salud, desde un punto de vista evolutivo: comemos más de lo que necesitamos, no ejercitamos nuestro cuerpo como nuestro cuerpo humano necesitaría, y nos reproducimos/amamantamos nada, poco y tarde. Estos tres elementos están relacionados íntimamente con nuestra fertilidad, con la llegada de nuestra primera regla y con el número de ciclos menstruales ovulatorios que tendremos durante toda la vida. Son elementos interconectados y bioculturales. Negar la evidencia científica en este aspecto y seguir culpando como ÚNICO factor a la contaminación ambiental de absolutamente TODO es una irresponsabilidad. La contaminación está ahí y es fruto de la industrialización. Pero la industrialización contamina también nuestras vidas de otras formas además de con tóxicos químicos.

¿Por qué Alicia Puleo no puede admitir y ni siquiera investigar estos factores influyentes en los cánceres femeninos? Porque son políticamente incorrectos frente al feminismo en el que ella se enmarca. Como no cuadran con su ideología, los obvia. Hablar de contaminación ambiental es muchísimo más correcto. ¡A nadie le parece mal y todo el mundo puede seguir en su zona de comfort intelectual! Pero ocurre que a veces la verdad duele y es incómoda. Y entonces tenemos que matizar nuestras ideas previas y, realmente, después nos damos cuenta que tampoco pasa absolutamente nada por rectificar de vez en cuando. Una mujer puede seguir decidiendo libremente no querer ser madre asumiendo los costes para su salud física-mental (los costes mentales son mucho más políticamente incorrectos así que los dejamos para otro post) de no serlo. Esa es la libertad consciente y responsable. ¿A qué tenemos miedo?

Entiendo que sí tengan miedo los que se benefician de las ideologías que reprimen la maternidad, la paternidad, la crianza, la amistad, el amor y la vecindad, los beneficiarios principales de que toda la energía vital de cuidados, amor y pensamiento que no brindamos a nuestros seres queridos sea dirigida hacia la producción de basura material e intelectual, hacia la guerra por los recursos del planeta y los recursos de la vida.

También es extremadamente incorrecto hablar de relación simbiótica madre-bebé pero es real, tanto en madres que dan el pecho (y una muestra es que la succión del bebé es sana para el cuerpo de la madre, siendo capaz de prolongar la amenorrea de la lactancia y los ciclos menstruantes anovulatorios durante meses o años), como en las que no lo dan porque no han podido pero sienten esa fusión emocional y de contacto físico. Madre y bebé se necesitan y cuidan mutuamente de formas diferentes y no equivalentes.

Alicia Puleo habla en otro momento de “ecofeminismo crítico” con derechos sexuales y reproductivos. ¿Quién defiende los derechos sexuales y reproductivos de quien no puede reproducirse porque ni siquiera hay espacios ni recursos propios para conocer a una futura pareja (y las páginas de contactos de internet son la prueba del desencuentro social y erótico en el que nos encontramos) y no hay ni tiempo ni redes sociales necesarias para criar seres humanos sanos?

En referencia a la no maternidad de las sociedades tradicionales también podemos aprender mucho, sin necesidad de idealizarlas. Por ejemplo, en casi todas las sociedades preindustriales se han conocido y se han utilizado plantas con principios activos que inhiben la ovulación o la implantación de óvulos fecundados, es decir, abortivos tempranos. Hoy la ciencia ha corroborado que esas plantas funcionan y el libro “Eve’s herbs. History of Anticonception and Abortion in the West” aporta bastante información al respecto. Sin embargo, el feminismo mayoritario, en lugar de recuperar ese saber perdido, se dedica a denunciar que el Estado legisla en algo que en otras épocas y otros lugares hubiera sido simplemente imposible de regular, porque los principios activos se encontraban accesibles en la propia Naturaleza, se conocían sus efectos y también sus riesgos tóxicos y efectos secundarios. Una mujer del mundo preindustrial no pedía permiso al poder para no ser madre ni para serlo. Y, a pesar de ello, la maternidad y los hijos eran algo valioso e importante, porque los seres humanos no eran considerados como un mero gasto inoperante, pasivo y consumista de recursos. Los niños y los viejos tenían un papel activo, aportaban algo vital a la comunidad y tenían su función. Hoy en día los niños son inversiones, hobbys, lujos, incordios para poder realizarse como persona y “trabajar”. Por eso, aunque la información anticonceptiva y de abortivos tempranos o era conocida en el pasado o se sabía dónde buscarla si no se conocía de primera mano, es probable que a mucha gente ni siquiera le interesara el tema, porque en términos generales tener hijos era considerado algo positivo. Como todo en la historia de la humanidad, el control de la natalidad ha tenido sus propios ciclos, idas y venidas.

“Una matica de ruda” (gracias a Rosa Zaragoza por hablarnos de esta canción sefardita del siglo XII):

– “Una matica de ruda
una matica de flor
me la dio un mancebico
que de mí se enamoró.
– Hija mía la mi querida
no te eches a perdición,
más vale un mal marido
que mejor un nuevo amor.
– Mal marido la mi madre
no hay más maldición,
amor nuevo la mi madre
la manzana y el limón”.

Como Alicia Puleo, yo tampoco creo que haya que idealizar ni el pasado ni las sociedades presentes cazadoras-recolectoras. De hecho, considero que la ética de la vida, la bioética que ella tanto desprecia (“no vamos a utilizar el concepto de santidad de la vida”) como elemento represor en potencia de la vida de las mujeres adultas en edad “cotizante” (nunca se tiene en cuenta ni a las niñas ni a las ancianas) es de vital importancia en el momento presente. Por eso, aunque en casi todas las culturas haya existido el aborto (o incluso el infanticidio) no por ello habría que reivindicarlo (incluso como acto “empoderante”) en la sociedad actual de forma automática. Yo encuentro totalmente compatible reivindicar la legalidad del aborto con admitir los componentes bioéticos que implica a día de hoy. Por ejemplo, la idea de aborto y embarazo no era la misma hace mil años (de nuevo, me remito al libro del historiador John Riddle) que en la era de la ecografía, en la que puedes escuchar el latido de un feto de 8 semanas latir en tu propio vientre o ver cómo es cuando tiene 12 semanas.

Ahora que parece que nos encontramos en un momento cumbre, un momento de cambio de civilización dentro de lo que ha sido la historia de la industrialización (algunos hablan de fin del petróleo barato, de “pico de petróleo” y demás…) no sería extraño que volvieran también prácticas que ahora consideramos censurables. Me estoy refiriendo, por ejemplo, al campo de la explotación animal como sustituto del los recursos energéticos fósiles. ¿Acaso es posible un mundo postindustrial sin petróleo que no utilice a los animales como fuerza de trabajo? Yo no lo sé, está por ver. En el pasado, el coche sustituyó al caballo y el tractor al buey. No tengo las respuestas a estas cuestiones pero creo que hay que asumirlas con valentía y reconocer sus implicaciones existenciales y éticas.

“El ecofeminismo crítico es constructivista. Tenemos que luchar contra los estereotipos de género porque son perjudiciales para las mujeres y perjudiciales para la Naturaleza. Con esto nos diferenciamos de ecofeminismos clásicos que sostuvieron el caracter biológico de las identidades de género. Si ignoramos el papel de la cultura en las identidades entonces nos condenamos al conformismo. Si es biológico no tienes elección. Las identidades de género eran constructos que es posible transformar”. 

Este fragmento ilustra a la perfección la proyección de la ideología sobre la realidad. Como me viene bien para mis objetivos pensar X, lo afirmo sin importarme si es así o no. Lo importante es que si algo es biológico “no tienes elección” y como se supone que debemos tener elección para transformar todas las cosas (el mito del progreso industrial por excelencia) niego todo lo que sea biológico. ¿Y si los roles sexuales o la división sexual de las tareas tuvieran más un interés práctico o de adaptación al medio ecológico que algo ideológico? Esto no entra en contradicción con que posteriormente esas divisiones prácticas acaben, a lo largo del tiempo, teniendo un componente jerárquico o dominante que termine convirtiéndose en una realidad opresora.

 Por otro lado, que algo se pueda transformar no quiere decir que haya que transformarlo o reprogramarlo por necesidad. Es decir, no hay por qué sustituir la cultura por la biopolítica, sustituir la integración en una cultura existente por el adoctrinamiento desde las instituciones. Una mujer de una sociedad tradicional puede estar “programada” por su cultura. Una mujer de la sociedad actual está reprogramada desde las instituciones estatales y capitalistas de poder, entre las que hoy en día podemos citar a todas las organizaciones subvencionadas o patrocinadas (entre las que se encuentra desde la Iglesia al feminismo). Estoy deseando conocer un proyecto feminista que no esté financiado por el Estado ni el Capital y que cumpla otro requisito fundamental: no reproducir de forma automática y acrítica el pensamiento del feminismo subvencionado.

La intervención de Alicia Puleo termina con un canto a la ayuda mutua entre el feminismo y el ecologismo. El feminismo y el ecologismo de estado pueden ayudarse mutuamente pero jamás podrán aproximarse a la realidad, porque sus estudios y luchas están condicionados por lo que el Estado o el Capital consideran subvencionable o no subvencionable, dependiendo de lo que más le interese en cada momento.

Para finalizar me gustaría mencionar las poquitas cosas con las que estoy de acuerdo con Alicia Puleo:

– Ninguna cultura es “perfecta”, todas tienen algo que dar y algo de lo que aprender.
– Hay que universalizar la cultura del cuidado (yo añado, desde los iguales y no desde “arriba” a base de institucionalizar los cuidados para liberar a no se sabe quien).
– Las mujeres y los hombres somos parte de la Naturaleza.

Como siempre, pido disculpas por las posibles equivocaciones de análisis que pueda tener el texto y estoy abierta a dialogar, reflexionar, matizar o retirar cualquiera de mis afirmaciones si se demuestran erradas.

* Sobre el origen de la expresión “revolución calostral” Ester Massó Guijarro explica: “El concepto de revolución calostral del obstetra Michel Odent (2007) explica esta vertiente. Odent ha descrito cómo el tabú del calostro se hallaba presente en multitud de culturas, que vetaban de diversas maneras la toma del calostro por parte del neonato durante los primeros días. Esta privación está relacionada con la maximización del potencial de agresividad en las personas, lo que suponía una ventaja desde el punto de vista de la selección (Odent 2007: 96ss). Frente a ello, la no perturbación de la relación entre madre y recién nacido supone una revolución contracultural, en la que los recién nacidos experimentan una seguridad básica (en permanente contacto con sus madres) que influirá de modo crucial en su salud emocional: “La revolución calostral es una etapa que obligatoriamente hay que pasar en el camino hacia la convergencia entre instinto y ciencia. Entre el cerebro primitivo y el neocórtex” (ibíd.: 99).” 

Se puede leer el capítulo “Calostro y Civilización” del libro “El bebé es un mamífero” escrito por Michel Odent aquí: http://es.scribd.com/doc/49186767/CalostroyCivilizacion

La industria farmaceútica nos salvará de nuevo

Reproduzco a continuación unos párrafos del blog Random Views que me han llamado la atención sobre las investigaciones de Valerie Beral, Directora de la Unidad de Epidemiología del Cáncer de la Universidad de Oxford (mujer citada en múltiples ocasiones en este blog):

“Uno de los casos mencionados por Beral, de los que he encontrado más interesantes, fue el de la mayor incidencia de cancer de mama en naciones ricas que en el mundo en desarrollo. Ella señala la evidencia de que el riesgo de contraer cáncer de mama cae un 10% si la mujer da a luz sobre los 20 y amamanta a su bebé; cae un 10% más con un segundo bebé. 

¿Significa eso que nuestras sociedades deben cambiar a apoyar los partos a una edad mucho más joven y lactancias mucho más largas? Nada de eso. Como Beral deja claro, el parto y la lactancia deben estar generando hormonas que están dando a estas mujeres su relativa inmunidad frente al cáncer de mama. La investigación debería identificar qué hormonas están en juego y un medio de proporcionarlas sin tener que necesariamente tener un embarazo. 

El problema es que la investigación necesaria para producir este resultado no cuadra con el modelo de financiación de la investigación médica que hemos adoptado en las naciones desarrolladas, y que se centra en programas de tres o cinco años. La investigación que Beral pide tomaría como diez años”.

¡Que no cunda el pánico! Como vemos, la industria farmaceútica nos va a salvar de nosotras mismas de nuevo con “algo” que imite al embarazo y la lactancia cuando somos jóvenes. ¡Gracias a la ciencia por cubrir los “fallos” de nuestro supuestamente defectuoso cuerpo de mujer! ¿Por qué no nacimos robots directamente? Así se podría programar el número exacto de hijos que debemos o no tener y la edad adecuada para tenerlos. Desde luego, ¡en qué momento se nos ocurrió tener un cuerpo mamífero cuando podíamos haber sido máquinas! ¡Ay!

Relacionadas:

– Mujer, paradojas y contradicciones en el mundo actual: Valerie Beral versus Jørgen Randers versus John Bongaarts: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/07/mujer-paradojas-y-contradicciones-en-el.html

La menstruación como ahorro energético

Estas son las conclusiones del artículo de la antropóloga Beverly Strassmann titulado “La evolución de los ciclos endometriales y la menstruación” publicado en “The Quarterly Review of Biology” en junio de 1996. En su texto, Strassmann rebate las teorías de otra investigadora, Margie Prophet, que defendía que la menstruación tenía como objetivo defenderse contra los patógenos que transportaba el semen.

Siempre me había parecido que la menstruación era un gasto innecesario desde el punto de vista evolutivo y energético, teniendo en cuenta que menstruamos y ovulamos muchísimas veces en comparación con los poquitos hijos o ninguno que tenemos. Y es que somos fruto del tiempo que vivimos, y por eso creemos que tener la regla durante años es lo normal y nos cuesta pensar en un mundo pretérito en el que se menstruaba muchísimo menos que ahora.

Después de leer este artículo varias veces, y a pesar de no ser científica, creo que comienzo a entender lo que explica Strassmann. Durante la primera fase del ciclo menstrual hay “esperanza” biológica de que se produzca un embarazo. Sin embargo, después de la ovulación, si no hay posibilidad de fecundación, desde el punto de vista evolutivo es mejor desprenderse del endometrio y ahorrar el equivalente a seis días de alimentos en cuatro ciclos. No olvidemos que el endometrio, si hay gestación, servirá para alimentar al embrión con oxígeno y nutrientes de la madre, y se convertirá en la decidua que después dará origen a la placenta.

Cuando no hay fecundación expulsamos también una forma de nutrir que ya no tiene sentido almacenar por más tiempo. Pero, en las condiciones sociales actuales, en las que las mujeres tienen 1,3 hijos por mujer, es decir, un único hijo durante toda su vida, vienen a mi mente algunos interrogantes: ¿Acaso no ha perdido sentido evolutivo la creación y desprendimiento, mes tras mes, año tras año, de un nuevo endometrio para unos hijos que nunca llegarán? ¿Pueden servir las visiones místicas de la menstruación para suplir esa falta de sentido biológico desde lo cultural? ¿Qué ocurrirá con la menstruación dentro de miles de años? ¿Seguiremos menstruando? ¿Se atrofiará el sistema reproductivo al no utilizarse? ¿Seremos cada vez más dependientes de la industria de la reproducción artificial para tener hijos y de la industria farmaceútica para no tenerlos? ¿Optarán cada vez más mujeres de forma voluntaria por la mutilación física (histerectomías, mastectomías y extirpaciones de óvulos) o la castración química para evitar el cáncer? ¿Nos salvará de nuevo la medicina de nuestra propia biología?

El texto traducido de las conclusiones del artículo (las negritas son mías):

“Si no hay reproducción no es ventajoso mantener al endometrio en el estado que se necesita para la implantación de un blastocito. Tampoco es ventajoso durante épocas de amenorrea. Por eso, una explicación de la regla es que es un ahorro energético. Una parte del endometrio, si no hay embarazo, se reabsorve y otra parte se expulsa, ya que en el ser humano hay demasiada sangre y tejidos para que sean solamente reabsorvidos, como en otras especies. ¿Y por qué hay demasiada sangre y tejidos? Una explicación podría ser que las crías humanas y, por tanto, también nuestros úteros son muy grandes en proporción a nuestro cuerpo.

El ciclo endometrial está acoplado al ciclo ovárico. Cuando los niveles de hormonas esteroides ováricas caen, el endometrio revierte, lo que resulta en desechos celulares que deben ser derramados o reabsorbidos. Una ventaja de la regresión cíclica que previamente no se ha considerado es la reducción en el gasto de energía. Cuando un blastocisto no está disponible para la implantación, el endometrio secretor se convierte en una carga. Si se mantiene, requiere de apoyo metabólico continuo, pero si retrocede, este gasto extra de energía se puede ahorrar. En las mujeres, la regresión del endometrio permite una reducción de casi siete veces del consumo de oxígeno de endometrio (por mg de proteína / h). La ciclicidad endometrial está vinculada al conjunto de la tasa de ciclicidad inmetabolica del cuerpo causada por la acción de los esteroides ováricos. En las mujeres, la tasa metabólica es al menos un 7% inferior, en promedio, durante la fase folicular que durante la fase lútea, lo que se traduce en un ahorro estimado de energía de 53 MJ en más de cuatro ciclos. Esto es el equivalente a casi seis días el valor de los alimentos. Al ayudar a las mujeres a mantener la masa corporal, esta economía de la energía tiene repercusiones beneficiosas tanto para la fecundidad y la supervivencia.

El mantenimiento del endometrio en el estado metabólicamente activo requerido para la implantación sería particularmente desventajoso durante la temporada no reproductiva y otros episodios de amenorrea cuando la ovulación está ausente durante un período prolongado de tiempo. Doce meses de amenorrea ahorran un estimado de 130 MJ, lo que satisface las necesidades de energía de una mujer cerca de la mitad de un mes. La regresión del endometrio es similar (y tal vez homóloga) a la hipotrofia de los oviductos de reptil en la temporada no reproductiva y su origen puede ser anterior a los mamíferos. Las limitaciones ahorradoras de energía de la tasa metabólica se producen durante la lactancia, el embarazo, escasez de alimentos, y son comparables a los de toda la reducción en la tasa metabólica del cuerpo que se produce durante el ciclo menstrual.

La regresión del endometrio incluye necesariamente la microvasculatura endometrial. En la mayoría de las especies la sangre de la microvasculatura es totalmente reabsorbida, pero en los primates del Viejo Mundo y algunos otros mamíferos, la sangre y otros tejidos que no se reabsorben se eliminan con la menstruación. Las diferencias en el grado de sangrado menstrual se correlacionan con la filogenia más que con las diferencias visibles en la ecología o el comportamiento. El sangrado relativamente abundante se encuentra en los catarrinos y se asocia con la presencia de arteriolas espirales en el endometrio. El diseño de estas arteriolas probablemente se relaciona con su función principal, que es la de proporcionar el suministro de sangre a la placenta. El sangrado externo puede ser interpretado como un efecto secundario de la regresión del endometrio y está probablemente causado por la presencia de demasiada sangre y otros tejidos para la reabsorción eficiente. Esta hipótesis puede explicar el aumento de la pérdida de sangre con la paridad en las mujeres, ya que los embarazos anteriores aumentan la vascularización uterina. También predice con éxito que los catarrinos con menstruación abierta tengan mayores ratios de masa de la cría con respecto a la masa corporal. Por lo tanto, el sangrado inusualmente profuso en los seres humanos y los chimpancés puede ser debido al gran tamaño de sus úteros en relación con el tamaño del cuerpo de la hembra adulta y al diseño de la microvasculatura en estos y otros catarrinos”.

Mujeres en el Libro Rojo

Otra cita que me ha llamado la atención.  Poco se puede decir del criminal autor de este texto que no se haya dicho ya (se calcula que provocó la muerte de 70 millones de chinos). Sin embargo, entre líneas de propaganda, encontramos una frase bien interesante y con bastante lógica que he subrayado y separado del resto en negrita. En ella, se relaciona la capacidad de hablar y decidir con la cantidad de trabajo que se aporta en la familia. ¿Será cierto?

XXXI. MUJERES

En China, los hombres viven dominados generalmente por tres sistemas de autoridad (la autoridad política, la del clan y la religiosa — N. de la Red. ), (…) En cuanto a lasmujeres, además de estar sometidas a estos tres sistemas de autoridad, se encuentran dominadas por los hombres (la autoridad marital). Estas cuatro formas de autoridad — política, del clan, religiosa y marital — encarnan la ideología y el sistema feudal- patriarcales en su conjunto y son cuatro gruesas sagas que mantienen amarrado al pueblo chino, en particular al campesinado. Se ha descrito más arriba cómo los campesinos derriban la autoridad política de los terratenientes en el campo, que constituye el pilar de los demás sistemas de autoridad. Con el derrocamiento de la autoridad política de los terratenientes, comienzan a tambalearse la autoridad del clan, lareligiosa y la marital. (…)

 En lo que concierne a la autoridad marital, siempre ha sido comparativamente débil en las familias de los campesinos pobres porque las mujeres de estas familias, por necesidad económica, tienen que hacer más trabajo físico que las mujeres de las clases acomodadas y, en consecuencia, tienen mayor derecho a hablar y decidir en los asuntos familiares.

En los últimos años, con la creciente ruina de la economía rural, se ha minado la base de la dominación del hombre sobre la mujer. Y recientemente, con el surgimiento del movimiento campesino, las mujeres hancomenzado en muchos lugares a organizar asociaciones femeninas rurales; ha llegado para ellas la hora de levantar la cabeza, y la autoridad marital es sacudida día a día. En una palabra, con el crecimiento del poder de los campesinos, están tambaleando la ideología y el sistema feudo-patriarcales en su conjunto.

Informe sobre la investigación del movimiento campesino en Junán (marzo de 1927),Obras Escogidas, t. I.

Apego al Estado: la visión de Sun Yat-sen

Rescato este texto de Sun Yat-sen como ejemplo de cómo desde la estrategia política se puede promover la “ampliación”* de las relaciones de apego dentro de la propia familia hacia el vínculo con el Estado por medio del nacionalismo. Se debe ser leal al Estado, se debe estar unido al Estado, sacrificarse por su defensa tal y como se haría con la propia familia o clan. Pero, ¿qué es el Estado sino el poder de las elites? ¿Por qué debería el pueblo apegarse a sus intereses? Sun Yat-sen apela al miedo, a la tragedia, a la destrucción de la raza… Finalmente, el Estado se convirtió en un pseudopadre y una pseudomadre. Al hacerlo, desfiguró y destruyó también lo que entendemos por paternidad y maternidad.

El artículo original se puede leer aquí.

LOS PRINCIPIOS DEL PUEBLO (SAN MIN)
EL PRINCIPIO DEL NACIONALISMO

Primera Conferencia: “¿Qué es el principio de nacionalismo? Podría decir en forma resumida que el principio de nacionalismo es equivalente a la “doctrina del estado”. El pueblo chino demostró una gran lealtad hacia la familia y el clan, con el resultado de que en China ha habido unidad familiar y de clan pero no un nacionalismo real. Los observadores extranjeros dicen que son como arena dispersa simplemente porque ha demostrado lealtad a la familia y el clan pero no a la nación. No ha habido nacionalismo. La familia y el clan han sido poderosas fuerzas unificadas una y otra vez, los chinos se han sacrificado a si mismos, a sus familias, a su vida en defensa de su clan; pero para la nación no ha habido una instancia de sacrificio del espíritu supremo. La unidad del pueblo chino se ha detenido en el clan y no se extendió a la nación”.

(…)

¿Cuál es la posición de nuestra nación en el mundo? En comparación con otras naciones tenemos una gran población y una cultura antigua, de cuatro mil años de edad. Algo como para adelantarnos en la línea a otras naciones de Europa y América. Pero el pueblo chino sólo tiene grupos familiares y clanes, no hay un espíritu nacional. Consecuentemente, a pesar de los cuatrocientos millones de personas reunidas en China, de hecho no somos más que arena dispersa. Somos el estado más pobre y más débil del mundo, ocupando la posición más baja en cuestiones internacionales; el resto de la humanidad tiene el cuchillo que corta y el plato servido, mientras nosotros somos el pescado y la carne. Ahora, nuestra posición es extremadamente peligrosa, si no promovemos sinceramente el nacionalismo, o los cuatrocientos millones nos unimos en una nación fuerte, seremos el rostro de la tragedia – la pérdida de nuestro país y la destrucción de nuestra raza. Para evitar este peligro debemos adoptar el nacionalismo y emplear el espíritu nacional para salvar al país.

*ACTUALIZACIÓN 3/1/2016:

Creo que más que una ampliación se trata de una progresiva sustitución. Esto ya lo persiguió Licurgo en Esparta: http://www.lacasitadealgodonales.com/blog/?p=2028