¿Podemos aprender algo del parto !Kung?

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“Las mujeres embarazadas enfrentan el parto sin instalaciones médicas y sin parteras tradicionales u otros especialistas de nacimiento a los que recurrir. La posibilidad de dar a luz a menudo es aterradora, especialmente para las mujeres embarazadas por primera vez; ellas son las que tienen más probabilidades de sufrir complicaciones o morir. La tasa de mortalidad general en el parto (dos muertes maternas de cada quinientos nacimientos registrados), sin embargo, es bastante baja – ciertamente no es inusual en culturas sin atención médica moderna. Se ha sugerido que esta incidencia podría ser mayor si no fuera por la actitud bastante estoica de las mujeres !Kung hacia el parto: esforzándose por dar a luz solas o con ayuda mínima, disminuyen el riesgo de infección. Aunque el parto solitario es el ideal cultural declarado, a menudo otras mujeres ayudan, especialmente con un primer parto. Una mujer joven puede preferir tener a su madre u otras mujeres de la familia cerca, pero si está viviendo con la familia de su marido, recibirá la ayuda de sus parientes femeninos. Incluso cuando hay otras personas presentes, sin embargo, la propia mujer se considera responsable – excepto en las raras ocasiones en que Dios interviene caprichosamente – del progreso del trabajo de parto y el parto mismo. Un parto sin complicaciones refleja su aceptación plena de tener hijos: se sienta en silencio, no grita o llora pidiendo ayuda, y mantiene el control de todo el parto. Un parto difícil, por el contrario, muestra su ambivalencia sobre el nacimiento, e incluso puede ser visto como un rechazo del niño”. Pg 161 de “Nisa: The Life and Words of a !Kung Woman” de Marjorie Shostak.

Para que nos entendamos, 2 muertes por cada 500 partos es lo mismo que decir 400 muertes por cada 100.000 partos. En España llevamos años por debajo de 7 así que, desde nuestro punto de vista actual, es una mortalidad altísima. En EEUU están en 28 y en Suecia en 4. Sin embargo, históricamente, los datos de la cultura !Kung tienen mucho que aportar. Vamos a leer lo que se afirma en este artículo tan interesante, sobre el parto atendido por matronas en Suecia (artículo de Juan Gervás en Acta Sanitaria):

“En 1881 las normas higiénicas en el parto se impusieron legalmente, pero además se desarrolló todo un conjunto de instrucciones sobre nutrición y asistencia al recién nacido, como la promoción de la lactancia materna. Por consecuencia, entre 1800 y 1900, la mortalidad materna en Suecia bajó de 900 a 200 por 100.000 (casi la mitad que en el Reino Unido y la cuarta parte que en Estados Unidos, para el año 1900)”.

Es decir, en 1800 en Suecia morían 900 mujeres atendidas por profesionales mientras que en la cultura !Kung del siglo XX, sin asistencia ni acompañamiento de ningún tipo, morían menos de la mitad: 400. Hay que decir que los !Kung tienen tabú del calostro, lo que puede influir en el número de hemorragias postparto (la lactancia del calostro estimula la oxitocina, contrae el útero y ayuda a prevenir los sangrados). No es hasta el año 1900 cuando las matronas suecas y su sistema médico logran superar las estadísticas !Kung y lo hacen con medidas asépticas (la mayoría de las muertes eran por fiebres puerperales, por introducir gérmenes en el cuerpo de la parturienta por falta de higiene o medidas de seguridad), la posibilidad de usar antibióticos y realizar transfusiones, entre otros factores.

Ahora que hay tanto debate sobre el acompañamiento y tanta polémica sobre el cutrísimo “Informe Doulas” elaborado por el Colegio de Enfermería me gustaría reflexionar sobre esto. ¿Qué podemos aprender de la cultura !Kung que sea aplicable a la nuestra? ¿No sería interesante aprovechar lo que esa cultura sabe sobre la fisiología del parto y a la vez aprovecharnos de los avances médicos y tecnológicos del siglo XXI cuando son de verdad necesarios? ¿Necesitamos todas las mujeres ser apoyadas emocionalmente durante el parto? ¿O, como dice Michel Odent, necesitamos silencio, intimidad, seguridad, no sentirnos observadas, ni rodeadas de acompañantes y de cámaras de fotos y tener el apoyo de una matrona tejiendo con discreción en una esquina? ¿Podemos aprender algo del espíritu valiente y estoico de las mujeres !Kung en la época de los métodos para parir, los cursos de todo tipo para enfrentar el dolor o para formarse como doula, la necesidad (quizás, creada por la cultura) de que necesitamos apoyo emocional constante de alguien? ¿No estaremos desviando el tema incidiendo en la importancia del acompañamiento o de quién debe ser el acompañante cuando en realidad es más importante la protección del ambiente del parto y la actitud con la que las propias parturientas afrontamos ese momento? ¿Por qué nuestras propias madres u otras figuras maternales desinteresadas han desaparecido del panorama y se han convertido, en muchos casos, en agentes que infunden estrés en lugar de seguridad y, por tanto, en personas a evitar?

Son temas interesantes. No solamente influyen las condiciones fisiológicas externas en el parto sino la maleta física, emocional, mental, familiar e histórica que arrastra cada mujer en el momento de parir. Esa maleta, o la forma de afrontar la vida, la muerte y el parto, es muy diferente entre una mujer !Kung, una mujer sueca del siglo XIX y una mujer española actual.