La irresponsabilidad de votantes y votados

Eduardo Leira fue el director del PGOUM de 1985. Imagen tomada de:
 https://arquites.wordpress.com/2013/01/01/plan-general-de-madrid-de-1985/

Votar* es un acto irresponsable. Introducir un papel en una urna de forma anónima no compromete a nada, no hay que dar explicaciones a nadie, no hay que ser coherente ni ante uno mismo ni ante los demás. No hay riesgo de ningún tipo ni vinculación alguna con la consecución de las propuestas de los programas electorales.

Presentarse a las elecciones otro tanto. Uno puede decir aquello de “puedo prometer y prometo” y después no cumplir, como viene siendo habitual, nada de lo prometido en las campañas electorales. O, peor aún, cumplirlo. En cualquier caso, no hay nada vinculante ni ningún político de turno arriesga su propio patrimonio personal cuando se solicitan créditos para endeudar al Ayuntamiento durante décadas o para realizar macroproyectos urbanísticos. Es más, los préstamos bancarios pueden tener  que ser devueltos a 30 años vista y las elecciones son cada 4 años, con lo que este desfase crea el absurdo de que partidos políticos nuevos tengan que pagar o incumplir las deudas de otros al llegar al poder. En este sentido, sería casi más coherente que el mismo partido que ha endeudado a un Ayuntamiento tuviera que resolver los problemas que ha contribuido a crear y no pasase la pelota a otro partido cuando las cosas se ponen feas. Sorprendentemente, todos parecen querer ganar cuando quizás ganar pueda ser una verdadera losa y cúmulo de problemas para los que hereden los problemas de otros.

Votar es un acto irresponsable porque votar es pedir a otros que solucionen tus problemas, lo que viene a significar que los partidos políticos cada vez van tomando más parcelas de la vida cotidiana e incluso sienten que tienen la responsabilidad de construir identidades, formar o adoctrinar a sus súbditos-ciudadanos hasta en lo más íntimo de su personalidad. Los votantes a su vez demandan esas políticas de adoctrinamiento y ordenan sus reivindicaciones en torno a derechos que alguien les tiene que otorgar o respetar. Este tema creo que está más desarrollado y explicado en el libro de Brewster Kneen titulado “La tiranía de los derechos”.

El panorama es desolador. Los partidos políticos tienen el mismo grado de corrupción que el de sus votantes, ni más ni menos. Si no fuera así, desde el interior de los partidos, desde los propios militantes, se pedirían cambios o se exigirían responsabilidades. En lugar de eso, estas personas se dedican a sacan pecho o callar ante las actitudes caraduras de sus representantes.

En este sentido lo lógico sería que los votantes del PP o del PSOE, por ejemplo, fueran los primeros en luchar contra la corrupción de sus respectivos partidos. Lejos de suceder esto los votantes se comportan como hinchas de un equipo de fútbol o fanáticos de un grupo musical. Prefieren defender la chulería, negar lo evidente, cerrar los ojos o pensar que los adversarios políticos mienten o, quizás vale de consuelo, que sus tropelías son peores. “Y tú más”.

La entrada de Podemos como frente de izquierdas en el panorama político no ha sido una excepción. Cuando han salido a la luz los tejemanejes laborales y los impagos de la empresa ruinosa de Eduardo Leira, el marido de Manuela Carmena, quizás la próxima alcaldesa de Madrid, Ahora Madrid ha sacado un bochornoso comunicado como este en el que se afirma que “Una vez cerrado el proceso, los trabajadores cobrarán los primeros y lo harán del Fondo de Garantía Salarial.”

Además, Ahora Madrid ha colgado las tres sentencias relativas al caso al final del comunicado sin borrar los apellidos de los trabajadores denunciantes, lo que podría vulnerar el derecho a la intimidad de estos y la Ley de Protección de Datos. En cualquier caso, legal o ilegal, no parece muy ético exponer sus nombres de forma pública cuando ellos mismos no lo han hecho en los medios de comunicación con los que han colaborado. En cualquier caso, las sentencias, aunque de redacción totalmente confusa (sobretodo en lo referente al crédito de Bankia y al otro del “Banco de Bilbao”), permiten que cada cual se forme su propia opinión sobre el asunto. 

El comunicado también es bochornoso por todo lo demás: pasa de puntillas por lo feo del asunto y es que los trabajadores de la empresa del marido de Carmena, cuando con la burbuja inmobiliaria venían bien dadas, eran falsos autónomos y, después, estuvieron contratados por una categoría laboral inferior a la que les correspondía. Todo ello ahora en su neolengua se llama “replantear”:

“Alrededor de 2010, se replanteó la situación laboral de la plantilla y se les hizo un contrato indefinido. En cualquier caso, lo que la empresa hizo en ese momento fue ajustarse a la legislación vigente, como ha hecho siempre.”

Irresponsabilidad, mucho morro y balones fuera: “Lo sucedido es un ejemplo más de lo que ha significado la crisis para muchísimas personas, trabajadoras y empresarias. Un modelo económico fallido cuyo mayor arquitecto es, por cierto, el señor Rodrigo Rato, exministro de Economía y responsable de la estafa de Bankia. Esperanza Aguirre tampoco es ajena a este modelo.”

Esta es la mentalidad precisamente que nos ha llevado a la situación actual. Nadie es responsable. La culpa es de Rodrigo Rato y de Esperanza Aguirre, no de un empresario “excomunista” que ganó todo lo que pudo y más con la burbuja inmobiliaria e incluso promovió el desarrollismo turístico sin freno en China. Tampoco como trabajadores aceptamos nuestra responsabilidad, como trabajadores que tragan con todo, que están desunidos y que sueñan algún día con trepar y poder dar el mismo pelotazo que su empresario y explotar a otros. Cada uno tenemos que aceptar la parte de este embrollo que nos toca. Con esa mentalidad del victimismo y el corporativismo no vamos a ningún lado ni hay “cambio” posible.

En este video en el que Manuela Carmena explica, a su manera, el desaguisado hace exáctamente lo mismo. Es especialmente emotiva la parte en la que una persona que fue abogada laboralista habla con eufemismos varios del concepto de “falso autónomo”:

Si alguien no conoce todavía la historia y quiere leer la versión de los trabajadores y no la de Carmena, ni Libertad Digital ni Ahora Madrid aquí puede leer su propio comunicado y cronología:

http://s.libertaddigital.com/doc/comunicado-de-los-extrabajadores-de-i3-consultores-41913330.pdf

– Último día de julio de 2010: “se nos comunicó que el pago de nuestros salarios se iba a retrasar unos días. No volvimos a cobrar.”
– 23 de noviembre de 2010: “descubrimos” (…)”cuando ya se nos debían 5 mensualidades, había ejecutado una separación de bienes en su matrimonio con Manuela Carmena mediante la cual le había traspasado todo su patrimonio a su esposa”.
– Ya estamos en 2015 y siguen sin ver un duro. Y sin embargo ahí siguen las propiedades de Segovia y la tienda de ropa hecha por reclusas en Malasaña.

Un juez ha determinado que no ha habido un “alzamiento de bienes” pero eso no evita toda la falta de ética sistémica, marca de la casa del capitalismo, del Estado y de todos los individuos que los conforman y que implica:

– Que sea inaceptable que los desaguisados de los empresarios de la burbuja inmobiliaria, de los que Leira es un ejemplo paradigmático, tengan que ser pagados ahora por el Fogasa, siguiendo el esquema clásico de privatizar los beneficios y socializar las pérdidas.

– Que las leyes permitan esto solamente demuestran de qué lado están, cuando no debería ser posible que un matrimonio que tiene propiedades siga manteniéndolas y no las venda y tampoco sea posible embargarlas para pagar los salarios (¡que son suyos!) a unos trabajadores.

– Que tras una campaña de marketing popular moderna y cool (una mala copia pero igual de vacía e insustancial que la de Obama en 2008) se esconde el silencio cómplice de los votantes de Ahora Madrid ante estos hechos. Este partido ha perdido la oportunidad de oro de demostrar que realmente iba a haber un cambio en su forma de hacer política. Evidentemente, no se puede esconder que sus candidatos son de la casta ni de las elites pero sí podrían haber demostrado que saben rectificar, que reconocen sus equivocaciones y las subsanan a la mayor brevedad posible. Esto incluso les podría haber aportado más votos, aunque fuera una mera estrategia de estética política. De cara a sus votantes, tampoco entiendo que haya ninguna incompatibilidad entre votar el domingo a Manuela Carmena y haber presionado, por justicia, para que este matrimonio se comprometiera a pagar lo que deben. Nada de esto ha ocurrido.

Con todo este espectáculo podemos hacer una reflexión: uno de los mayores problemas sociales a los que nos enfrentamos en la actualidad no es saber a quién votar o que gane tal o cual partido. Eso, pese a la ansiedad que muestran algunas personas con su grito desesperado de “¿¿¿A quién vamos a votar ahora???” es totalmente secundario, dado que el nivel de degradación moral de los partidos políticos y, aún más importante, del propio sistema y las personas que lo conformamos es muy similar. No hay prisa (aunque en realidad sí debería haberla), nos va a tomar años mejorarnos a nosotros mismos si queremos detener el colapso social.

La ejemplaridad personal, sobre todo de los súbditos-ciudadanos convertidos en censo electoral, es penosa y reina un peligroso corporativismo en todas las esferas de la existencia combinado con un individualismo y una inmadurez extrema. No podemos ser ingenuos, en estos temas políticos hay quien se mueve por autoengaño y quien se mueve porque sabe que si ganan los “suyos” podrán mantener y florecer sus diversos chiringuitos ideológicos o empresariales. Por eso, mucho más importante que meter una papeleta o no el próximo domingo la tarea que tenemos por delante debería ser esa, ganar la batalla de las ideas y la superación moral, lo que implica en primer lugar reconocer los propios errores. No existen los santos ni la perfección, existe gente que intenta superarse a sí misma y que no tiene miedo a equivocarse por el camino.

¿De qué cambio habla Ahora Madrid y sus votantes si no hay cambio ni dentro de ellos mismos y están actuando igual que cualquier votante del PP o del PSOE que no denuncia la corrupción de su propio partido? Claro que esto puede beneficiar al PP y que los medios de la derecha tienen interés en sacar esto. Pero, eso, ¿en qué debería importarnos si lo que buscamos es un mínimo de justicia ante los hechos presentados? Carlos, Muriel y Antonio, ¡NO ESTÁIS SOLOS! 

*Empleo la palabra “votar” para referirme al contexto electoral, no al de democracia directa o voto en una asamblea que sí me parece legítimo y responsable, aunque también con determinados fallos en lo que a vinculación entre voto-acción-responsabilidad se refiere que tendrían que ser más estudiados.

Entrevista a Sarah Blaffer Hrdy en la revista “Working Mother” (“Madre Trabajadora”)

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Ayer encontré esta entrevista a la antropóloga y primatóloga Sarah Blaffer Hrdy que aparece en el ejemplar de abril de 2001 de la revista “Madre Trabajadora” publicada en google books. Me ha parecido interesante aunque las preguntas sean algo tendenciosas, y es que ya lo avisan al principio: “No te sientas culpable por dejar a tus hijos en casa e ir al trabajo”.

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad las mujeres no tuvieron que elegir entre eso que luego se llamó tareas reproductivas y productivas. Como en las sociedades de cazadores-recolectores actuales, iban a recolectar comida junto a sus bebés y otras compañeras o familiares durante solamente dos o tres días a la semana. Después, cuando los niños eran algo más mayores, la crianza se facilitaba con grupos de niños de diferentes edades que crecían y jugaban juntos. Bueno, aquí va la entrevista traducida (mil disculpas por los posibles errores de una traducción demasiado literal…):

Pregunta: Todas queremos ser “buenas madres”. Todas tenemos una noción idealizada de lo que significa ser maternal. Pero también queremos y necesitamos trabajar. Dinos: ¿Se puede ser una madre buena y nutricia y también una trabajadora altamente productiva y ambiciosa?

Respuesta: ¡Por supuesto! Entre otros primates como los chimpancés, es parte de ser una madre de éxito – lo que quiere decir una madre que mantiene a sus hijos vivos. A lo largo de la historia evolutiva, todas las mujeres primates tenían que ser madres con una carrera dual, combinando la recolección (ganarse la vida) con criar a sus crías. Pero solamente lo podemos hacer con ayuda de otros. Me gusta el término “alomadres” – individuos, hombre o mujer, que no son la madre, que ayudan a criar a la descendencia. Era esencial que los niños estuvieran en contacto constante con sus madres o con alomadres para poder sobrevivir. Entre nuestros ancestros cazadores-recolectores de la Era del Pleistoceno (el periodo entre 1.6 millones y 10.000 años), algunas madres llevaban a sus hijos con ellas mientras caminaban grandes distancias para recolectar comida. Pero si podían dejar con seguridad al niño con una alomadre complaciente, lo hacían. El problema era, sin biberones y leche pasteurizada, era raramente una opción. ¿Con qué frecuencia otra mujer amamantadora estaría dispuesta a quedarse en el campamento y cuidar un bebé adicional, que no fuera el suyo? Sobre la ambición, la lucha por el estatus – llámalo “ambición” si quieres – no es nada nuevo.

P: En tu libro, muestras cómo la lucha por el estatus estaba genéticamente programada en la psique femenina durante la evolución. Un ejemplo vívido es cómo las madres chimpancés luchan por el estatus porque es la única forma en la que pueden mantener a sus hijos alimentados y protegidos de los depredadores. ¿Son todavía el estatus, la ambición y el ingenio la clave de la maternidad exitosa en la vida moderna?

R: El ingenio, acompañado de sensibilidad a las necesidades de los niños, es todavía la clave de la maternidad exitosa, pero en la vida moderna las conexiones con el estatus han llegado a ser muy complicadas. Es debido a la desconexión entre las demandas de la carrera en las madres y las necesidades de desarrollo de los niños humanos. Obviamente, proveer a sus hijos y mantenerlos seguros debería ser la prioridad más alta de cualquier madre. Aquí es donde la sabiduría y el ingenio aparecen. ¿Cómo puede una madre combinar sus propios objetivos profesionales con alcanzar las necesidades emocionales de su hijo? Las madres tienen que considerar cómo pueden aprovechar la flexibilidad del trabajo o las nuevas tecnologías. Las madres tienen que ajustar sus objetivos para alcanzar las necesidades profundas de seguridad de sus hijos.

P: Si las llamadas “buenas madres” siempre han sido madres trabajadoras, ¿por qué nuestra sociedad sigue debatiendo la cuestión de si las madres deberían trabajar?

R: El truco aquí está en la idea de una madre que deja a su hijo detrás y trabaja fuera de casa. No podemos ya llevarnos a nuestros bebés a trabajar con nosotras, así que a menudo quiere decir que las madres pasan largas horas separadas de sus hijos. Peor – y esta es la parte de la historia en la que las madres trabajadoras les parecerá difícil escuchar – los niños de hoy tienen la misma necesidad emocional de estar en contacto consistente con alguien.

P: Saber que los niños se apegan más fuertemente a las madres es un intenso placer a la vez que una responsabilidad temible. ¿Qué hace a una madre ser el objeto más probable de apego primario de un bebé?

R: Bueno, la madre está ahí, en el lugar, cuando el bebé nace, ya hormonalmente preparada para responder a las señales infantiles. En unos días, puede reconocer a su hijo solamente por el olor. No hay duda sobre su maternidad – el bebé es de ella, y la Madre Naturaleza (mi metáfora para la selección natural de Darwin) ha establecido el umbral de una nueva madre para responder a estas señales muy bajo, haciéndola más sensible, para que responda rápidamente a los sonidos, vista, y olor de su bebé. Y durante los últimos meses de embarazo, el bebé ha aprendido a reconocer su voz. La madre es cercana, suave y caliente.

P: ¿Pueden los padres adoptivos ser tan cercanos para el bebé?

R: Si alguien que no sea la madre – una alomadre como el padre o una madre adoptiva – se convierte en la persona más sensible y cariñosa en escena, el niño se apegará a esa persona. El apego infantil se basa en el desempeño, no en la genética. Algunos de los cambios fisiológicos que encontramos en madres “reales” tienen lugar en alomadres. Por ejemplo, en las especies de monos como los tamarinos, donde los machos cuidan a los niños, los niveles de prolactina están más altos en los machos que llevan a los bebés que en los machos que no actúan de forma paternal. La investigación preliminar sugiere cambios similares en los padres humanos que se involucran en el cuidado infantil de forma cercana.

P: Si los bebés humanos pueden prosperar si son cuidados por cuidadores sensibles y consistentes, ¿hay algo más aparte de la leche materna que solamente una madre pueda proveer?

R: Nada de lo que se me pueda ocurrir. Cualquier persona puede aprender a amar a un niño y comprometerse con su bienestar. Pero las madres no deberían engañarse a sí mismas pensando que ese compromiso viene fácilmente. Merece mucho la pena emplear el tiempo de la madre en suavizar la transición antes de que vuelva al trabajo.

P: ¿Qué desafíos parentales tienen en común las madres animales con las humanas?

R: Los compromisos – todas las madres tienen que hacer compensaciones entre la subsistencia maternal y el bienestar, y el esfuerzo y los recursos que implica criar a la descendencia. Porque debido a que los niños humanos tardan tanto tiempo en madurar y tanto esfuerzo en criarlos, las madres están constantemente tomando decisiones. ¿Debería invertir más en este niño o menos? ¿Tomar algún atajo o sacrificarme? Un cierto grado de ambivalencia, de sentimiento “desgarrado”, está construido en la condición maternal.

P: Ese sentimiento “desgarrado” suena familiar a cada madre que haya tenido que dejar a sus hijos detrás para ir a trabajar. Si las madres siempre han sentido el conflicto entre trabajar o quedarse en casa con los hijos, ¿hay alguna evidencia de que nuestras ancestras se sintieran reacias a dejar a su descendencia detrás mientras recolectaban, cazaban o “trabajaban”? ¿Sentían algún tipo de culpa?

R: Obviamente, esto dependería de con quién dejaba una madre a su hijo – por ejemplo una abuela en la que confiaba o en un niño/a de 10 años ansioso pero posiblemente incompetente. Pero sí, estoy segura de que las madres recolectoras que dejaban a sus hijos en el campamento se sentían preocupadas por ellos. De todos modos, había una diferencia crítica. La madre recolectora que tomaba la mala decisión perdía a su hijo por culpa de un depredador u otra amenaza mortal. Por supuesto, las madres humanas se preocupan de haber elegido al cuidador erróneo, pero estadísticamente, las alomadres abusivas – como la aupair Louise Woodward, que fue acusada de zarandear al niño a su cargo y matarlo – son raras.

P: ¿Cuál es tu mayor preocupación sobre cuidado infantil?

R: Los niños necesitan tiempo de cantidad y calidad de un cuidador sensible a sus necesidades, así que las mejores alomadres son a menudo familiares. Pero en nuestra economía móvil, ¿cuántas madres pueden contar con hermanas, tías-abuelas, abuelas para estar allí todos los días? El cuidado de los niños tiene que ser a pequeña escala, con un gran grado de continuidad en la identidad de los cuidadores. Los bebés se pueden sentir apegados a varios individuos diferentes a sus madres, pero hay límites. Idealmente, cuanto más estable sea la situación, mejor.

P: Como dices en Mother Nature, el tiempo que los padres emplean directamente cuidando a los niños no ha cambiado mucho – “solamente unos pocos minutos adicionales por semana desde el comienzo del siglo XX”. ¿Hay algo que podamos hacer para fomentar en los hombres sentimientos de inversión en sus hijos, para que pasen más tiempo con ellos?

R: ¡Oh, sí! Estoy convencida de que existe lo que pienso como un “componente maternal” en todos los machos primates. La involucración masculina con los niños es más probable que se suscite de una proximidad prolongada, de la necesidad del niño, y de la relación del hombre con la madre. La película “Tres hombres y un biberón”, sobre tres hombres que encuentran un bebé abandonado en su puerta y se involucran mucho con el bebé emocionalmente, es bastante exacta.

P. ¿Por qué la sociedad moderna humana – al menos en EEUU – no se da cuenta de que es en el mejor de los intereses el hacerlo mejor para los niños financiando y apoyando guarderías públicas?

R: No lo sé; tiene tan poco sentido. Quizás es la ilusión de que las madres se quedarán en casa, y los funcionarios públicos tienen miedo de ofender a los votantes que piensan que debería ser así. El cuidado de los niños es algo controvertido porque hablar de ello se ve como estar haciendo una declaración sobre lo que deberían hacer las mujeres. Alguna parte de la respuesta, puede ser ignorancia sobre lo serias que son las implicaciones sociales de las guarderías pobremente financiadas.

P: Sé honesta. A pesar de todo lo que sabes, ¿te preocupó dejar a tus niños en casa cuando trabajabas?

R: Por supuesto. A menudo me preguntaba, ¿debería haberme tomado más tiempo cuando mis niños eran más pequeños? Fue solo al escribir Mother Nature cuando comencé a considerar las necesidades de los niños desde el punto de vista de los niños. ¡No puedo esperar a convertirme en abuela!

Pariremos con autenticidad

https://sites.google.com/site/casildarodriganez/pariremos-con-placer

 Después de varias lecturas en paralelo (Juan Luis Arsuaga, Michel Odent y Verena Schmidt) y con una relectura del libro de Casilda Rodrigañez “Pariremos con Placer”, creo que hay algunos presupuestos del texto de Casilda que no se sostienen. Y esto lo digo con tristeza, porque todo lo que he escuchado o leído de ella me parece muy sugerente e inspirador. Aún así, hay ideas que creo que no se aproximan a la realidad concreta de los fenómenos de los que habla y aquí presento mi comentario al respecto que, lejos de ser una crítica destructiva, espero que amplíe el debate sobre estos temas. Por supuesto, no pretendo sentar cátedra desde mi desconocimiento y me considero una mera aprendiz en autoformación de lo aquí tratado. Cualquier matización o comentario será bienvenido, como siempre.

El paraíso perdido de todas las religiones al que volver o recrear

El relato histórico de Casilda tiene el componente típico de todos los mitos del origen y religiosos: érase una vez una sociedad neolítica europea, pacífica y armoniosa,  en el que las mujeres parían con placer, en el que se colmaban los deseos de las criaturas y éstas vivían en perfecta simbiosis con sus madres hasta que llegaron las malignas tribus indoeuropeas con su dominación y esclavismo y destruyeron todo este legado (pg.95), creando a la madre patriarcal y demás. Es decir, vivíamos en una especie de Edén hasta que llegaron los malos y nos expulsaron del paraíso (incluso se utiliza la expresión “jardines neolíticos del Edén o de las Hespérides” o “jardines neolíticos de la matrística”). Es a partir de ese momento que comenzamos a parir con dolor.

Evidentemente, no se aporta ninguna prueba de que en la Vieja Europa las mujeres no parieran con dolor (o con esfuerzo, algo muy distino, que es lo que en realidad dice el famoso pasaje bíblico que siempre se cita, según el libro “Maternalias” de Cira Crespo). Supongo que no aporta pruebas porque no nos han llegado ni en un sentido ni en otro. Que no existan estas pruebas no puede significar que nos inventemos la historia a nuestro gusto, podemos simplemente quedarnos en un humilde “no lo sabemos” o en un “no podemos conocerlo”, pero la sed de conocimiento y de comprensión del mundo quizás nos obligue a tener que rellenar los vacíos de lo que no sabemos con algo de imaginación.

Esa transición histórica de la que habla Casilda es el paso de las sociedades sin Estado a las sociedades con Estado (o con un poder cada vez más centralizado), el paso de la recolección y la caza a las sociedades agricultoras y ganaderas. A más Estado, más acumulación de poder, más patriarcado, más división y estratificación social, pero eso no demuestra que haya existido alguna vez en la faz de la Tierra una sociedad 100% igualitaria a nivel de poder de unas personas sobre otras, de un sexo sobre el otro, o en la que los hombres no hayan ocupado siempre los puestos un poquito más influyentes (portavoces, representantes, curanderos) a nivel político y las mujeres hayan tenido un inmenso poder en otros ámbitos igualmente importantes y decisivos para las sociedades como son el poder del parto y de la crianza (con sus propias biopolíticas y tanatopolíticas). Por supuesto, que no haya existido en el pasado no quiere decir que sea posible en el presente o en el futuro, ni siquiera implica un juicio de valor sobre si esto es positivo o negativo. Simplemente quiere decir que no es necesario inventarnos un pasado mítico glorioso como referente al que volver o recrear. No lo necesitamos. El futuro de la sociedad no está escrito y está en gran medida en nuestras manos.

El dolor del parto y la “buena salvaje”

Casilda Rodrigañez basa su argumentación en que el parto no tiene que doler. Si duele es porque estamos condicionadas por las circunstancias sociales, culturales e históricas en las que vivimos.
Para ello, se apoya en Bartolomé de las Casas cuando dice que las caribeñas parían sin dolor o en las mujeres Kung San (pg. 49). Sobre las primeras no sabemos mucho más, porque no las podemos entrevistar de forma directa. Sin embargo, sí disponemos del maravilloso libro de Marjorie Shostak de entrevistas a Nisa, una mujer San de Namibia (capítulo titulado “first birth”), que explica muy bien sus sensaciones durante sus partos en solitario (como es la costumbre allí). Siente dolor, mucho dolor, pero en su cultura (y como obstetras actuales corroboran en referencia a la adrenalina versus oxitocina) el miedo es peligroso para el parto, por eso, según ella, hay que esperar sentada en un árbol a que pase sin emitir sonidos ni aspavientos. Desde fuera, un Bartolomé de las Casas cualquiera que espiara la situación diría que “paren sin dolor” pero, como dice aquel dicho popular, la realidad es que “la procesión va por dentro”. Según el libro de Casilda, citando a Read, “el miedo no permite la relajación de los haces circulares del útero”. Sin embargo, las mujeres Kung, a pesar de saber de forma intuitiva y cultural que el miedo es algo negativo en el parto, no lo identifican con mayor o menor dolor sino con que éste sea más seguro y sencillo para la madre y el bebé.

Pg 18 de “Pariremos con placer” también señala en la misma dirección: “Así es como Read llega a la conclusión de que el miedo, que mantiene activo el sistema simpático, impide la relajación y la distensión de los músculos circulares de la boca del útero, produciendo el movimiento espástico o espasmódico del útero, lo que considera una disfunción de la fisiología natural y normal del parto”. 

La sociedad Kung es de cazadores-recolectoras y las relaciones entre los sexos son bastante equitativas, a pesar de que hay roles diferenciados en cuanto a tareas y ocupaciones. Por ejemplo, hay más curanderos que curanderas y portavoces hombres que mujeres. Hay un patriarcado “suave” que se traduce en algunas expresiones que se ven en el libro dentro de las relaciones de pareja, pero bastante más ligero que en las sociedades agrícolas y estatales contemporáneas y, sobre todo, del terrible siglo XIX del que todavía seguimos heredando perspectivas del mundo victorianas, machistas e ideologizadas. En esa sociedad hay tabú del calostro (un tabú nocivo para la salud de la madre y del bebé) y lactancias que duran 3 o 4 años, hasta la llegada de un nuevo bebé en el que se desteta sin contemplaciones y con llantos de por medio (otro mito que cae, el de que en las sociedades cazadoras-recolectoras los destetes se hacían a demanda del bebé y “respetando los ritmos”). Mueren 2 mujeres cada 500 partos y la mitad de los jóvenes y niños no llegan a los 15 años. En estos tiempos de colapso y post humanidad, el asunto de la mortalidad infantil-juvenil del 50% en las sociedades del pasado es otro temazo clave para reflexionar en otro artículo…

Dice Casilda que las mujeres Kung San hacen vida a ras del suelo. Cierto, como muchas mujeres del mundo hasta la llegada de la industrialización hace 200 años, no hay que irse al Neolítico ni a un supuesto pasado anterior al patriarcado. Veamos como ejemplo esta foto de estas mujeres canarias:

Del facebook de “Las Palmas Ayer y hoy”: Alfareras en la Atalaya.Santa Brigida.Gran Canaria.

También de “Las Palmas Ayer y Hoy”. Pescadores de cuclillas.

La industrialización y sus “comodidades” antifisiólogicas nos han conquistado a todos y reducirlo a una cuestión de patriarcado es demasiado simplista.

¿Partos menos dolorosos o más fisiológicos?

Una mujer de una sociedad cazadora-recolectora o una mujer del pueblo en una sociedad agrícola o preindustrial está mucho más en forma que cualquier mujer del siglo XXI, más ociosa, sedentaria y en muchas ocasiones sobrealimentada. La postura de cuclillas es más fisiológica tanto para defecar como para parir y es posible que eso facilitara los partos, lo que no quiere decir que fueran indoloros o placenteros, o que todas las mujeres parieran de esa forma. Por supuesto, no trato de negar las experiencias de mujeres que han vivido partos orgásmicos, placenteros o simplemente indoloros. Existen porque hay mujeres que los han vivido. Lo que creo es que es muy discutible pensar que era algo generalizado en otras épocas y sociedades sin aportar ninguna prueba más que la de testimonios de observadores externos.

¿El parto con algún grado de dolor forma parte de la maternidad patriarcal? ¿O bien es algo intrínseco a la fisiología de la hembra de Homo Sapiens, tanto en el Neolítico como después, con o sin patriarcado, o con cualquier tipo de sistema social?

Según Michel Odent, en “Nacimiento y evolución del Homo Sapiens”:  “hoy estamos en condiciones de comprender que existe un dolor fisiológico durante el parto pero que existe también un sistema fisiológico de protección frente a este dolor. Lo importante es que los componentes del sistema fisiológico de protección frente al dolor juegan otros papeles, además del alivio del dolor. En otros términos, el dolor es parte integrante del proceso fisiológico: no podemos eliminar electivamente el dolor sin alterar los demás aspectos del proceso fisiológico”.

Y según la comadrona Verena Schmidt: “A menudo, el parto se conoce también como «la guerra de las mujeres», y armadas como guerreras, con la meta en la mente, se enfrentan al proceso de dar a luz. En estas sociedades, la mujer se siente capaz de afrontar la prueba, y se espera que salga de ella más fuerte y sabia que antes. El parto es una hazaña personal en la que a menudo la mujer se aparta para superar la prueba con sus herramientas personales”.

 ¿Les duele el parto al resto de mamíferas?

En el libro de Wenda Trevathan “Human Birth: an Evolutionary Perspective” se afirma que sí, que se han observado muestras de dolor de las contracciones en primates aunque con diversidad de grado entre cada hembra. Tampoco tiene por qué ser extraño, ya que algunas funciones fisiológicas son dolorosas también en los animales, como por ejemplo el coito en las felinas. La Naturaleza no es perfecta ni idílica, al menos en todos sus aspectos y facetas. Afortunadamente, casi todos los actos fisiológicos no son dolorosos e incluso algunos son muy placenteros.

¿Duele el parto por el bipedismo?

La explicación de la paleontología frente al dolor del parto es la de que fueron el bipedismo y el aumento del neocortex los culpables de las “dificultades” del parto, pero eso no explica el dolor, que normalmente se asocia más a las contracciones de dilatación. Por ejemplo, un parto puede ser fluido, sencillo y corto y al mismo tiempo doloroso. Una cosa es que nos cueste atravesar el cuerpo de nuestras madres y otra la razón de por qué a las madres les duelen las contracciones.

El útero espásmico/espástico no parece existir (a no ser que sea a un nivel poético o simbólico) y mucho menos tiene que ver su relación con el dolor o con el patriarcado. En un matriarcado o incluso en las sociedades matrilineales también dolerían las contracciones de parto porque es un dolor fisiológico no patológico. Otro tema diferente es lo que ocurre con el sistema de la oxitocina en cada sociedad y momento histórico o con el dolor adicional convertido en sufrimiento iatrogénico causado por el ambiente actual de los partos.

Wilhelm Reich decía que “la mayoría de los úteros son espásticos y por eso la mayoría de partos son dolorosos”, pero la realidad es que el útero de las mujeres está siempre relajado salvo en los momentos concretos en los que tiene contracciones placenteras o dolorosas, es decir, hay contracciones en el orgasmo, durante la lactancia, los entuertos postparto. En todos estos procesos interviene la oxitocina y otras hormonas

La debilidad del sistema de la oxitocina sí existe, tal y como observa Michel Odent.  Esto dificulta los partos y los hace más largos y peligrosos. La necesidad de oxitocina artificial de los partos actuales tiene que ver, según Emilio Santos, en que no se respetan las necesidades emocionales ni de libertad de movimiento de las mujeres. Esto serían causas iatrogénicas del propio paradigma médico aunque, como bien señala Odent, hay una verdad incómoda que debemos enfrentar: los partos en casa son también cada vez más largos y complicados. Todo esto puede estar relacionado con cómo vivimos las relaciones de amor y de oxitocina desde la concepción hasta la muerte, la mochila biográfica que arrastramos las mujeres en el momento de parir y también podría estar relacionado con el miedo, por eso las mujeres Kung dicen que sienten mucho dolor pero se enfrentan al parto sin miedo, solas, con valentía y estoicismo.

Dolor y miedo son cosas diferentes, aunque relacionadas, y creo que uno de los problemas principales del libro de Casilda es la confusión que establece entre ambos. El miedo puede ser inculcado por la sociedad o afrontado con estoicismo por la cultura, el dolor es algo más físico pero la forma de vivir y afrontar estos procesos es biocultural, no podemos separar la mente del cuerpo ni el útero de lo emocional/cerebral ni lo individual de lo social.

Un parto que va muy bien puede tener contracciones muy fuertes, dolorosas y efectivas y ser un parto fisiológico y sencillo. Y también a veces cuando un parto deja de doler puede significar que se están parando las contracciones y la oxitocina. Por otro lado, como bien apunta Casilda (pg.41), también está el fenómeno de la reducidísima paridad de la mujer actual. Con una natalidad de un hijo por mujer y cayendo en España la mayor parte de nosotras nos quedamos en “primíparas” y el primer parto suele ser el más doloroso y complicado comparado con los segundos, terceros y cuartos.  

Muchos de los temas aquí comentados siguen siendo hipótesis. Desgraciadamente la investigación biomédica solamente se interesará en estos temas si se puede fabricar un inhalador de oxitocina o una viagra oxitócica mágica que solucione nuestros problemas vitales y sociales. La oxitocina parece ser todo un temazo biopolítico y quizás alguien tenga que escribir un libro titulado Oxito Yonki (haciendo un guiño al Testo Yonki de Beatriz Preciado) que confirme lo que intuitivamente muchos políticos y estrategas siempre han sabido: la ruptura, creación y control de los vínculos es clave en el ejercicio del gobierno, poder y dominación. No en vano a la hormona oxitocina hay quien la llama “el pegamento de la sociedad” (aunque también se ha estudiado que produce emociones sociales tanto positivas como negativas). El control del dolor y del placer también son temas biopolíticos y no siempre es cierto que el poder busque someter a la población a base de reprimir el placer y promocionar el dolor. Creo que la epidural que elimina el dolor del parto y la promoción del hedonismo como anestésico social pueden ser ejemplos paradigmáticos.

Por todo lo expuesto, creo que la clave está en entender la fisiología del parto y de los vínculos sociales (comenzando por el primero, el que se establece entre una madre y un bebé) más que en focalizar toda la atención en los partos orgásmicos y placenteros. Podemos parir con dolor o con placer pero, sobre todo, con autenticidad y desde nuestra propia libertad, esencia y verdad concreta.

Partos en la literatura: el Lazarillo de Tormes

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Hoy os dejo con un parto literario sin asistencia, el del mismísimo Lazarillo de Tormes (Anónimo, 1554) y aviso que el concurso que estoy preparando va a ir por ahí: la infancia y la maternidad en los libros o en la historia (por si alguien quiere ir buscando algo…)

“Pues sepa Vuestra Merced ante todas cosas que a mi llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y su Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre, y fue desta manera. Mi padre, que Dios perdone, tenía cargo de proveer una molienda de una aceña que está ribera de aquel río, en la cual fue molinero más de quince años; y estando mi madre una noche en la aceña preñada de mí, tomóle el parto y parióme allí. De manera que con verdad me puedo decir nacido en el río”.

Maternar a la madre

“Utilizamos la palabra (doula) en el sentido hoy ampliamente aceptado de una acompañante experimentada en el parto que provee a la mujer y a su pareja apoyo tanto emocional y físico a lo largo de todo el parto, alumbramiento, y hasta cierto punto, después”.
 Marshall H. Klaus, John H. Kennell, Phyllis H. Klaus. 1993
 

Hay libros que en teoría tratan sobre algo muy concreto, de un tema principal, y sin embargo lo más interesante y jugoso está en las tramas secundarias, en los temas que bordean pero en los que no entran de lleno. Al leer “Mothering the Mother” (“Maternando a la madre” de Marshall H. Klaus, John H. Kennell y Phyllis H. Klaus) es lo que he sentido. A pesar de que es un texto sobre el significado e importancia de las doulas en el parto y sobre cómo “pueden ayudar a tener un parto más corto, sencillo y sano”, durante su lectura no podía dejar de pensar en una realidad previa, en por qué las doulas modernas eran presentadas como algo necesario en nuestra sociedad y qué personas habían maternado a la madre dentro de los vínculos de reciprocidad antes de que lo hicieran algunas de ellas a través de los vínculos mercantilizados o institucionalizados. Veamos algunos fragmentos:

Pg. 6: “Desde hace milenios la relación de una madre con su hija, de mujeres mayores experimentadas a mujeres parturientas jóvenes era respetada y comprendida. Hoy en día, aunque muchas mujeres querrían a sus propias madres ayudándolas durante el parto, la mayor parte de las abuelas de hoy en día no tienen experiencia sobre nacimientos. La experiencia de las mujeres que dieron a luz en los años 50 y 60 no habría sido la ideal. También, muchas mujeres se encuentran separadas de sus hijas geográficamente y algunas, psicológicamente. Muchas mujeres embarazadas de hoy en día prefieren que no esté su madre durante el parto, incluso si tienen una relación cariñosa”. 
Pg. 18: “Las cualidades suaves, silenciosas, suaves, sensibles, nutricias del “maternaje” han venido de forma tradicional de las mujeres en nuestra cultura”.
Pg. 19: “Una mujer de parto puede sentir que debe actuar de una determinada forma delante de su marido, su madre o su suegra. En contraste, la mujer puede estar completamente a gusto con una doula y sin preocupaciones sobre tener que intentar gustarla o montar un espectáculo para ella“. 

Pg. 25: “Si una mujer ha tenido un maternaje inapropiado ella misma, la crianza (“nurturing” en el original en inglés) que provee la doula durante este periodo único puede proporcionar una oportunidad de rematernar a la madre como una persona y dar algún tipo de curación a una experiencia anterior”.

Pg.  30: “En algunos casos la mujer tiene especiales necesidades, como con las adolescentes o las mujeres que han sido descuidadas o abusadas o no maternadas (“mismothered” en el original) cuando eran bebés o niñas”.

Pg. 57: “Lydia también mencionó que su hermana Lynne, que era muy cercana, también estaría en el parto. Lydia estaba preocupada, sin embargo, del potencial de su hermana de volverse muy ansiosa durante los momentos de estrés”.

Pg. 68: “Con la doula presente, el padre nunca se queda solo como la única persona, aislada y responsable cuidando a la madre de parto”.

Pg. 112-113: “Mientras casi todas las sociedades tienen un sistema que ayuda a los padres a través de este periodo, los Estados Unidos tristemente han persido la costumbre y los recursos que una vez tenían este efecto. En el presente, la falta de una amplia aceptada tradición cultural de dar el necesario apoyo a las familias después del parto es una deficiencia mayor. En el pasado, la madre de la madre y otras familiares femeninas proveían esta asistencia y guía. Pero hoy la madre de la madre está a menudo en el trabajo y no habrá nadie para llenar el vacío”.

Pg. 116: “Para muchas mujeres esta función ha sido realizada a través de los años por su madre o suegra, o por alguna familiar o amiga. (…) Por ejemplo, puede ser arriesgado para una nueva madre elegir a su suegra si no puede comunicarse de forma fácil con ella o con su propia madre si todavía hay conflictos sin resolver”.
(…)
“En la mayor parte de las sociedades no industrializadas la madre y el bebé están juntos, con apoyo, protección y aislamiento de otras demandas y gente por al menos 7 días – y algunas veces semanas- después del parto”.  

Pg. 119: “Cuando una madre ha tenido una mala relación con su propia madre o fue separada de uno o de los dos padres antes de la cumplir 11 años, es más probable que sufra depresión y ansiedad, según la investigación”.

A pesar de que aparecen muchas citas sobre el mismo tema en realidad el libro no pretende analizar las causas profundas y las consecuencias de esta falta de maternaje a la madre, de la ausencia de madre a lo largo de la vida, que en realidad lo que nos muestra también es la ausencia de la abuela y de las hermanas, y de la rotura o desintegración de estos vínculos. El libro habla de cómo paliar esa ausencia y esa carencia, como si ya no fuera posible volver atrás, como si hubiéramos perdido algo que es imposible de recuperar y lo único que pudiéramos hacer es crear una nueva figura mercantilizada, la doula moderna, para acompañar estos procesos que antes se movían en los espacios de reciprocidad y apoyo mutuo de la familia y, no lo olvidemos, la comunidad.

Imperialismo médico

En los estudios realizados en la ciudad de Guatemala por los autores, las políticas del hospital no permitían a ningún miembro de la familia o amiga estar presentes en los paritorios, debido aparentemente al gran número de partos (una media de 60 partos al día) y la limitación de espacio. Esto en mi opinión es un sesgo de la investigación ya que estaban comparando una situación anormal y artificial hospitalaria con un paliativo: el acompañamiento de una doula.  

Las indígenas guatemaltecas que vivían a unos cuantos kilómetros de estos hospitales seguían maternando a la madre durante el parto, el postparto y el puerperio o bien con la propia madre, la suegra o una comadrona nativa. Los estudios de estos autores, sin embargo, fueron realizados solamente con el grupo hospitalario acompañado de doulas, no en ambientes rurales. En ningún estudio se comparó el acompañamiento doula versus el acompañamiento de madres o alomadres tradicionales de la Guatemala rural. Tampoco se tuvo en cuenta que también existen culturas en las que las mujeres paren sin acompañamiento y separadas de la comunidad, normalmente a partir del segundo hijo (ver libro “Life and Words of a Kung Woman“).

Todavía es más interesante, si cabe, que en el libro se mencione que estos protocolos hospitalarios que impedían cualquier tipo de acompañamiento eran una simple traslación por parte de autoridades médicas estadounidenses de los modelos obstétricos norteamericanos de los años 50 a los protocolos hospitalarios guatemaltecos varias décadas después. Es decir, estamos ante un caso de imperialismo médico que destruye una situación previa para, después, dejar un problema que otros médicos estadounidenses (Klaus y Kennell), con la mejor de las intenciones, intentan paliar con una figura como la de la doula. En ningún momento se plantea la reflexión de qué se puede hacer para unir lo que se ha roto entre las generaciones de mujeres y sus redes de reciprocidad y aprovechar lo positivo que puedan tener los avances médicos cuando son realmente necesarios y no iatrogénicos. Tampoco se pone sobre la mesa una reflexión profunda sobre las causas sociales, culturales y biopolíticas que nos han llevado a la situación actual, donde el aislamiento y la fragmentación es uno de los mayores problemas de la maternidad actual y la crianza cooperativa. Supongo que tratar este tema daría para que los autores hubieran escrito otro libro completo, llegar a conclusiones políticamente incorrectas y ya sabemos que el ser humano es especialista en huir hacia delante.

Fragmentación de la mujer

Después de leer las citas no puedo evitar realizar un paralelismo entre la doula, la prostituta, la nodriza o la madre de alquiler. No en vano la doula griega era una esclava del servicio doméstico de las casas, dentro del patriarcado griego (los esclavos masculinos se llamaban “doulos”) que, por supuesto, era un objeto en propiedad y no cobraba salario alguno. El rol de la doula actual no tiene nada que ver ni con la esclavitud ni con la servidumbre ni con el servicio doméstico y quizás algo más con una profesión liberal autónoma. ¿No va siendo hora de cambiar la denominación instaurada por la antropóloga Dana Raphael por otra que se ajuste mejor a la realidad? ¿Imaginamos por un momento que viviéramos en Grecia y habláramos de contratar a una “esclava” o una “sirvienta” para nuestro parto y puerperio? ¿O que existiera aquí una “Asociación Española de Esclavas” o un “Curso de capacitación para Esclavas”? La palabra griega doula o doulos (frente a la de eleutheros, que era la de los “hombres libres”) tiene una carga histórica muy fuerte de explotación, violencia y de dominación que tiene muy poco que ver con la resignificación del término en las últimas décadas (otro significado de la palabra “doulos” es el que le dan los cristianos como “esclavo de Dios” o “esclavo de Jesucristo”).

Tomado de la web cristiana http://www.douloscag.org/

La antropóloga Dana Raphael, miembro directivo del Club de Roma de Estados Unidos, fue la primera en usar el término “Doula” en el contexto maternal actual.

Como bien se explica en una de las citas seleccionadas del libro de Klaus y Kennell, la relación con la doula moderna evita tener que “dar la talla” o comportarse de una determinada forma para cumplir con las expectativas y los juicios que podrían venir de esa figura maternal no mercantilizada y familiar. En la sociedad actual, el pagar a una persona extraña ya sea durante una relación sexual o durante el parto (y estos dos eventos están muy relacionados, como sabemos) ayuda, paradójicamente, a relajarse y a no ser juzgada, como vemos en este ejemplo relacionado con la prostitución:

“Por lo pronto, a mí me parece tentador pagar por abandonarnos al placer, permitirnos recibir más de lo que damos, aparcar la presión de dar la talla, de ser la amante ideal que describe la Cosmopolitan, y limitarnos a disfrutar”. (Post de June Fernández “Puteras”)

Y un interesante paralelismo con este texto sobre las doulas:

“Al “maternar a la madre”, la doula retira la responsabilidad de ser una super-mujer de los hombros de la madre. La doula permite a la madre crecer en su papel (de madre) a su propio paso, y la anima durante todo el camino. La doula se da cuenta de que, así como cada nacimiento y cada bebé son únicos, cada madre es única”. Jaqueline Kelleher. Nurturing the family. The guide for postpartum doulas. Traducido por el blog “de lunas y laberintos”)

Los vínculos primarios maternales que aportaban seguridad y cuidado entre las mujeres del pueblo ahora se convierten, en muchas ocasiones, en peligros potenciales. No hace falta idealizar el pasado o esos vínculos, no es que la gente antes no tuviera conflictos interpersonales sino que cuando había que estar, se estaba, como un deber sagrado más allá de las diferencias (ver, por ejemplo, el “atsolorra” vasco).

Por otro lado, las mujeres sin madre, sin alomadres y sin amigas cercanas, se vuelcan en el padre como único compañero. Hay gente que pensará que es por culpa del “amor romántico”. Yo creo que es por falta de redes femeninas de apoyo mutuo fuera del mercado y, si acaso, el “amor romántico” es consecuencia y no causa. También se destaca en el libro que se ha perdido el apoyo tradicional en el postparto, ya que hoy las madres de las parturientas están también trabajando fuera de casa y no tienen derecho a permiso por acompañamiento (es curioso que esta no sea una reivindicación social ni política de ningún tipo*).

Sobre esta ruptura de los vínculos primarios, en el libro se habla muy de pasada sobre la pérdida de comunicación entre las generaciones. Ya no hablamos el mismo idioma ni somos capaces de comprendernos. Existe una separación psicológica y, en muchos casos, una separación geográfica causada por la movilidad del campo a la ciudad, de las ciudades pequeñas a las grandes, de unos barrios a otros, de unos países a otros. En resumen: hay una separación laboral, comunicativa, psicológica, geográfica y, en algunos casos, separaciones causadas por abusos maternos y paternos durante la infancia.

No es mi intención con este artículo cuestionar la libertad personal de las mujeres para ser doulas o contratarlas. Las mujeres deben poder estar acompañadas durante sus partos por la persona que ellas mismas elijan y esta decisión debería ser respetada, ya sea su doula, su madre, su pareja, otro familiar, una amiga o un amigo. Pero, como siempre, además de reivindicar la libertad individual como fin en sí mismo o los cambios normativos o protocolarios creo que hay que ir un poco más allá en la reflexión.

Esto ha sido un pequeño esbozo, la segunda parte de este artículo (si existiera…) tendría que versar sobre los cambios que podrían darse en nosotras mismas para poder acompañar dentro de nuestros círculos personales (independientemente de que exista un mercado del acompañamiento), aprender del pasado para ver qué es rescatable para el momento actual y qué no, cómo construir ese deber de cuidarnos y criarnos unos a otros y, en concreto, en el tema que nos ocupa, cómo maternar a la madre.

*Actualizo a 2 de julio de 2015: en el libro de María Pazos, Desiguales por Ley, se habla del “permiso de abueleidad” que sí existe en algunos países europeos.

Relacionado:

Haz lo que digo pero no lo que hago: Jean Jacques Rousseau y Thérese Le Vasseur

“Un buen padre vale por cien maestros.” Jean-Jacques Rousseau (1712-1778)

“¿De dónde procede este uso irrazonable? De un uso desnaturalizado. Desde que las madres, despreciando su primer deber, no han querido ya alimentar a sus hijos, ha sido necesario confiarlos a mujeres mercenarias que se encuentran así madres de niños extraños respecto a los cuales la naturaleza no les dice nada, sólo han buscado ahorrarse trabajo. Es necesario velar sin cesar a un niño en libertad; pero, cuando él está bien ligado se le arroja a un rincón sin embarazarse con sus gritos. Dado que no existen pruebas de la negligencia de la nodriza, puesto que la criatura no se rompe ni brazo ni pierna, ¿que importa, por lo demás, que perezca o que permanezca enferma para el resto de sus días? Se conservan sus miembros a expensas de su cuerpo y sea cual sea lo que suceda, la nodriza está disculpada.” Emilio, o De la educación (1762).

Rousseau ha pasado a la posteridad, entre otras obras, como el autor del Emilio, considerado uno de los primeros tratados sobre filosofía de la educación del mundo occidental moderno. El libro está dirigido a las madres “amorosas y prudentes” y se centra sobre todo en la educación de los hijos varones, dejando el libro V a la educación y destino de la mujer, que es, según él, “agradar y ser subyugada”. Lo que poca gente sabe es que este hombre y su pareja, Marie-Thérèse Le Vasseur, tuvieron 5 hijos (entre 1747 y 1755) que fueron abandonando sucesivamente en el hospicio de los Enfants-Trouvés, una entidad estatal de beneficencia cuya mortalidad, como en todos los hospicios, inclusas y horfanatos europeos hasta hace muy poco, era altísima. En concreto, en el de París, un 84% de los niños morían antes del primer cumpleaños. Nunca está demás recordar que la falta de madre, la falta de contacto físico, cariño y lactancia materna destruyen o matan de hospitalismo y marasmo institucional.
 
El tema es trágico e interesante a partes iguales. ¿Cuáles podrían ser los motivos de hacer semejante barbaridad como es traer hijos al mundo para abandonarlos después de forma consciente y calculada? ¿Cómo es posible que este hombre haya pasado a la historia por sus ideas y no por sus actos? ¿Acaso la ejemplaridad personal no debería ser el objetivo principal de cada ser humano, más aún en el caso de un intelectual que pretendía introducir un componente moralizante en sus escritos? Veamos cuáles fueron las diferentes justificaciones que esgrimió para estos abandonos sucesivos y premeditados:

a) En una carta a Madame de Francueil, escrita en 1751, Rousseau dice cosas como (ojo, el último bebé fue abandonado cuatro años después de esta carta):

“(…);¿cómo podría alimentar a mi familia? Y si me viera obligado a recurrir a la profesión de autor, como las preocupaciones domésticas y las molestias de los niños me dejarían, en mi granero, la tranquilidad de espíritu necesaria para realizar un trabajo lucrativo? (…) No, señora, es mejor que sean huérfanos a que tengan un padre bribón.
(…) Su madre, víctima de mi celo indiscreto, cargada por su propia vergüenza y sus propias necesidades, casi tan enfermiza, e incluso menos en estado de alimentarlos que yo, será forzada a abandonarles a ellos mismos, y yo no veo para ellos mas que la alternativa de hacerse limpiabotas o bandidos, lo que viene a ser lo mismo. Si al menos su estado fuera legítimo, podrían encontrar más facilmente recursos. Si tienen que llevar a la vez el deshonor de su nacimiento y el de su miseria. ¿En qué se convertirían?”

b) En el libro 8 de su obra “Confesiones” escribió que abandonó a sus hijos a la “educación pública” porque consideraba ese acto como un acto de ciudadano, de padre y en representación de la República Ideal de Platón, que quería que “todos los niños fueran educados en su República, que cada uno quedara desconocido de su padre, y que todos fueran los hijos del Estado”. A la vez, muestra un tibio complejo de culpa que de forma inmediata trata de autojustificar de forma tautológica (en mi opinión, algo así como “soy mal padre porque les he abandonado; les he abandonado porque soy mal padre”): 

“Depositando mis hijos en manos de la educación pública, al no poder educarlos yo mismo, destinándolos a convertirse en obreros o campesinos, más bien que aventureros y buscadores de fortuna, creí realizar un acto de ciudadano y de padre; y me consideraba como un miembro de la república de Platón. Más de una vez, desde entonces, los arrepentimientos de mi corazón me han mostrado que me había equivocado; pero lejos de que mi razón me haya dado la misma advertencia, he bendecido al cielo con frecuencia el haberles evitado por eso la suerte de su padre, y de aquello que les amenazaba cuando me vi forzado a abandonarlos”. 
(…)
“No hay pobreza, ni trabajos, ni respeto humano, que dispensen a un padre de alimentar a sus hijos y de educarlos él mismo. Yo aseguro a quien tenga entrañas y descuide tan santos deberes, que derramará durante mucho tiempo lágrimas amargas por su falta y que jamás será consolado.”

c) En el libro 9 de “Confesiones” escribe que lo hizo para evitar a los niños el contacto con la familia de su mujer, una familia “nefasta”. Para él, parece que era mejor morir en un hospicio de falta de amor y cariño que vivir en un ambiente inculto.

Todas estas decisiones le serían reprochadas por otros intelectuales como Voltaire y el entorno de Holbach, Grimm y Diderot. Traduzco de la web de Jacqueline Baldran:

“Pero bruscamente, algo rasgó esta paz cuando el correo le llevó un folleto, anónimo pero escrito por Voltaire, “El sentimiento de los ciudadanos”, un panfleto innoble y feroz:
“Sentimos compasión de un loco pero cuando la demencia se convierte en furor, le atamos. La tolerancia que es una virtud se convierte ahora en un vicio… El triste “sire”  pone a su patria al borde de la guerra civil.” 
“Un hombre que todavía lleva las marcas funestas de su libertinaje y que, disfrazado de saltimbanqui arrastra con él al infeliz que mató a la madre y que expuso a sus hijos a la puerta de un hospicio… Por abjurar de todos los sentimientos de la naturaleza, como él despoja aquellos del honor y la religión… Hay que enseñarle que si castigamos ligeramente a un novelista impío, castigamos con la pena capital a un vil sedicioso.”
(…)
Este panfleto que denunciaba el abandono de sus hijos aterró a Rousseau. Lo negaba desvergonzadamente escribiendo de su propia mano que era víctima de una calumnia. Pero por primera vez, sentía que los actos nos siguen, que debía asumir su vida, con sus faltas y sus crímenes. Este shock fue directamente el origen de las “Confesiones”.

Madame d’Epinay

Algunas amigas se ofrecieron a buscar a sus hijos abandonados para adoptarlos, como su amante posterior Madame d’Epinay.  Otra mujer, Madame La Marechale de Luxembourg, también intentó encontrarlos pero ninguna de las búsquedas tuvo éxito.

¿Podemos especular sobre posible causas latentes de todos estos abandonos? Rousseau, él mismo, sabía lo que era criarse sin madre, ya que la suya murió unos días después del parto y fue criado por su tía soltera Suzanne y una cuidadora de 16 años llamada Jacqueline. Los historiadores suponen que tuvo una nodriza por el mero hecho de haber sobrevivido pero se desconoce su nombre.

La Marechale de Luxembourg

¿Cómo gestionar tantas contradicciones? ¿El hecho de haber crecido sin madre y anhelándola podría estar en relación con su crítica a la crianza con nodrizas del “Emilio”? Pero, ¿por qué forzó a vivir (o morir) sin madre a sus propios hijos si él sabía lo que era y lo que les esperaba a ellos en el hospicio era infinitamente peor? La separación de su propia madre no se pudo evitar pero la de sus 5 hijos sí era evitable. Pero, un momento… ¿Fue también inevitable? La madre de Rousseau, Suzanne Bernard Rousseau, murió de fiebres puerperales en 1712, cuando todavía los médicos que atendían partos no tomaban las medidas higiénicas necesarias después de atender a mujeres enfermas y contagiaban a mujeres sanas por pura iatrogenia médica.  Se parte el corazón al pensar en toda esta cascada de desgracias, heridas primales y círculos de abusos en los que los niños y niñas son los más perjudicados y, a la vez, de adultos, muchas veces son los principales perpetuadores de estas situaciones.

Por otro lado, ¿cuál era la visión de todo esto de la madre de los 5 bebés? Thérese Le Vasseur era una especie de sirvienta doméstica de Rousseau y así era considerada por él. Provenía de una familia respetable venida a menos y cuando el misógino de Rousseau la conoció trabajaba de lavandera. Según cuenta el propio autor en el libro 7 de las “Confesiones”, fueron él y, otra mujer, la madre de Thérese*, los que organizaron los abandonos a pesar de las lágrimas de Thérese, que obedecía llorando. Sin embargo, año tras año seguía con él, seguían teniendo hijos y abandonándolos después uno tras otro en dejación de su responsabilidad materna. Desde luego, más lágrimas lloraron los bebés de Rousseau y Le Vasseur en la soledad del hospicio…

*Un análisis como el que aparece en el libro de Victoria Sau subvencionado por el Instituto de la Mujer y titulado “El vacío de la maternidad” nos llevaría a pensar que la madre de Thérese era una madre patriarcal función del ¿padre? Sin embargo, este tipo de análisis utiliza el concepto de patriarcado como atenuante o eximente de toda responsabilidad para la mujer (esta falta de responsabilidad se podría expresar en un “¡No fui yo! ¡Es el patriarcado el que actuaba a través de mí!”) a la vez que niega esos mismos atenuantes cuando de los hombres se trata. Es decir, con las mujeres y, por tanto, con nuestras madres, debemos sentir eso que llaman “sororidad” siempre, porque si hicieron algo mal lo hicieron por culpa del patriarcado, de algún hombre, algún padre o, como mucho, alguna madre víctima del patriarcado. Y con los hombres debemos sentir la enemistad “natural” fruto de las relaciones patriarcales en las que nos hemos criado. Ellos, se supone, que no son víctimas del patriarcado, son creadores y perpetuadores del mismo de forma consciente y activa. Yo creo humildemente que esto es falso, que las mujeres transmiten valores patriarcales y matriarcales, y que la autoridad materna puede ser usada para el bien pero también para el mal. Estamos por tanto ante una doble vara de medir a la hora de excusar determinados comportamientos: con “ella” hay que empatizar, hay que comprenderla, pobrecita, no pudo hacer otra cosa. Con “él” hay que condenar, hay que odiar por defecto, con o sin motivo, hay que responsabilizar. Para ser algo más ecuánimes habría que decir que la gran masa de la población se mueve en una nebulosa de tonos de grises, sin ser santos ni villanos, con nuestras cualidades y nuestros defectos, pero a la vez hay comportamientos que son objetivamente nocivos para terceros y cuya responsabilidad suele ser múltiple (individual y colectiva) y poliédrica.

La “igualdad” era esto

 “La mujer es un ser libre e inteligente, y, como tal, responsable de sus actos, lo mismo que el hombre”. Dictamen del II Congreso de la Federación Regional de la I Internacional, Zaragoza, 1872. Reproducido por Anselmo Lorenzo en su libro “El proletariado militante”.
http://www.pikaramagazine.com/2013/12/yo-aborte-y-no-soy-victima/

Pikara Magazine es esa revista que basa su éxito en el sensacionalismo, la frivolidad y la inmadurez como marca de la casa. Es esa revista en la que vale todo (en realidad en materia de “género” en cualquier medio vale todo), en la que cualquier artículo es publicable aunque esté mal escrito o su nivel de análisis sea mínimo*,  todo en base a una estrategia de marketing de bastante éxito, por cierto. ¡La autoexigencia de calidad y esfuerzo debe ser algo muy machista y misógino! ¿Acaso no se había asociado a las mujeres desde siempre con la frivolidad y la subjetividad extrema? Todo aquello que mujeres como Mary Wollstoncraft (que a pesar de la historiografía feminista NO era feminista) denunciaron en sus libros se nos presenta como lo más subversivo del mundo en el año 2015.

Creo que unas cuantas imágenes valen para ilustrar el juego a la ambigüedad del que ya he hablado en otras ocasiones en este blog. Las definiciones de conceptos como “feminismo”, “igualdad” o “violencia de género” son equívocos y resbaladizos. Esto viene muy bien para crear una distorsión de la realidad que divide a la población mundial entre “feministas” y “machistas” (o estás con nosotras o contra nosotras). Es obligatorio definirse como “feminista” para no ser tachada de “machista”, como un nuevo dogma al estilo de los del marxismo-leninismo obligatorio en los países del Este. Todo el mundo estaba obligado a observar la realidad con las anteojeras políticas de esas doctrinas como ahora hay que asumir que “la revolución será feminista o no será” o demás lemas parecidos. Pues no, señoras y señores, siempre ha habido mujeres revolucionarias que no fueron feministas y que no necesitaron definirse de esa forma para hacer la revolución junto a sus compañeros de luchas, los hombres del pueblo.

Para este tipo de feminismo no existen las reflexiones profundas. La Ética es inexistente en el debate feminista actual. Todo es considerado moralismo y debe ser reducido a términos de “libertad individual” o de legalidad/ilegalidad. Curiosamente, estos paradigmas que han sido la esencia misma del capitalismo desde sus comienzos son presentados ahora por personas que se autodenominan “anticapitalistas”.

Veamos esta secuencia de enlaces e imágenes:

1. Dice Coral Herrera Gómez: “(El feminismo) No quiere traficar con cuerpos masculinos para el disfrute de los femeninos”.

2. https://www.facebook.com/pikaramagazine/posts/144735138945131
10 de agosto de 2011: “Mari Kazetari: “A las mujeres nos ha tocado ser las putas y a los hombres los puteros. ¿Y si cambiamos de rol?” @marikazetari”
Respuesta de la autora Coral Herrera Gómez: “me encanta este artículo!! es bestial! gracias pr compartirlo, lo comparto!!”

3. Portada de www.pikaramagazine.com a día de hoy: publicidad de la revista del Instituto Vasco de la Mujer (Emakunde) al lado de varios sex shops y el Tantra Secret Spa, una sala de masajes masturbatorios para hombres y mujeres.

nuestro proyecto contribuye al empoderamiento, la participación y la visibilidad de las mujeres, además de documentar y difundir la historia de las mujeres y del pensamiento feminista. – See more at: http://www.pikaramagazine.com/%C2%BFde-que-vivimos/#sthash.EX3jau3A.dpuf
por entender que nuestro proyecto contribuye al empoderamiento, la participación y la visibilidad de las mujeres, además de documentar y difundir la historia de las mujeres y del pensamiento feminista. – See more at: http://www.pikaramagazine.com/%C2%BFde-que-vivimos/#sthash.FU2N7E8T.dpuf

 
4. http://www.tantrasecretmadrid.com/maestros/
“SAMUEL. 28 AÑOS, MADRILEÑO.
Madrileño encantador que fusiona la VIRILIDAD con nobleza en un espíritu fresco y joven.
Moreno, ojos marrones y mirada sincera.”

5. http://www.spalumi.com/f14/tantra-secret-llega-madrid-75825.html
“Todos los masajes incluyen la estimulación Lingam, una técnica perfeccionada de masaje en las zonas genitales, con el fin de activar la energía sexual. Hay masajes con un climax, y con dos, depende de lo que busqueis.” 

6. Artículo de Coral Herrera Gómez en Pikara sobre el amor romántico con el anuncio de la sala de masajes al lado: http://www.pikaramagazine.com/2015/02/menos-guerras-romanticas-y-mas-amor-por-favor/

7. Otras voces que inciden en el consumo de prostitución por parte de las mujeres como algo positivo:  http://aliciamurillo.com/2011/08/07/cuernos-que-no-deberian-serlo/

8. 

Quiero continuar aclarando que yo también abogo por la legalización de la prostitución y de las drogas, lo que no significa que abogue por su consumo ni que me parezca ético como potencial clienta de esos nichos de mercado. Es más, estoy en contra de su consumo. Como siempre, hablamos de la diferencia entre Derecho, Ética y libertad personal. 

Después de leer esto se ven de forma clara las confusiones en torno a las definiciones de feminismo, cada cuál tiene la suya y se usa como convenga en cada momento. A veces es “igualdad de derechos legales”, otras veces es copiar el rol asociado al hombre consumidor de prostitución, otras veces es exigir privilegios legales, otras veces es luchar contra la violencia de género pero a la vez silenciar la que ejercen algunas mujeres sobre otras mujeres y hombres, otras veces es meterse en la vida privada de la gente con la excusa de que lo “personal es político”… Si hablamos del aborto es “mi cuerpo, mi decisión”, si hablamos de permisos de maternidad/paternidad obligatorios e intransferibles es “tu cuerpo no es tuyo, ni tu decisión”… Y en este totum revolutum nos movemos, eludiendo toda responsabilidad que, como sabemos, es condición indispensable de la emancipación. Me llama especialmente la atención este aspecto, que el debate siempre sea legislativo y nunca ético, que realmente es el debate más profundo. 

Una vez que se dejan de lado los planteamientos éticos vale todo, todo por la pasta: la provocación gratuita, el sensacionalismo, la falta de rigor en los artículos, los niños como objeto de consumo narcisista y campo de batalla, el corporativismo cegador… Ese es el sistema económico en el que vivimos, ya sea capitalismo de “libre mercado” o dirigido por el Estado.

Sobre lo de “28 años. Madrileño encantador que fusiona la VIRILIDAD con nobleza en un espíritu fresco y joven. Moreno, ojos marrones y mirada sincera” es bastante tragicómico que puedas leer un artículo de Pikara sobre “qué hacer” con la masculinidad para después irte a la casa de masajes masturbatorios que anuncian a pasar un rato agradable con el hombre-objeto que más te guste y llevarte un buen masaje de cuerpo, alma y Yoni**, que queda más guay que decir “coño”. Es todo tan victoriano, represivo e infantiloide en el fondo… No me gusta usar la palabra “infantil” para describirlo pero me recuerda a cuando yo fumaba con 13 o 14 años para parecer “mayor”, para entrar en lo que yo pensaba que era el mundo de los adultos. Cambiad “adultos” por “lo que yo pensaba que era el mundo de los hombres” y aquí tenemos la ecuación. Ya hace tiempo que no se considera feminista fumar “como los hombres”, ¿no? 

“Por lo pronto, a mí me parece tentador pagar por abandonarnos al placer, permitirnos recibir más de lo que damos, aparcar la presión de dar la talla, de ser la amante ideal que describe la Cosmopolitan, y limitarnos a disfrutar. Mujeres: ¿Os apetece? ¿Os atreveríais?” (tomado del artículo de la editora de Pikara http://gentedigital.es/comunidad/june/2011/08/10/puteras/

Así que en lugar de luchar contra un régimen opresivo que mata al Eros y que reduce el sexo a una cuestión de “dar la talla”, a un intercambio en el que se mide lo que se ofrece y lo que se recibe, a unas técnicas mecánicas o gimnastas, nos vamos de putos y todo solucionado. Ahí sí podemos relajarnos y disfrutar… Esto es feminismo victoriano y represivo que nos condena a la soledad y, de rebote, a un viaje de ida y vuelta a las empresas de reproducción artificial cuando suena el reloj biológico y hay que cumplir los “deseos” y “derechos”. No nos dejemos engañar, es deber de las mujeres desenmascarar toda esta mojigatería y autodestrucción encubierta de subversión (todo ello subvencionado y apoyado por el Instituto Vasco de la Mujer, dirigido en la actualidad por la ex alcaldesa de Ugao-Miraballes perteneciente al PNV).

La prostitución ha florecido en los momentos históricos y lugares de máxima represión erótica. En un mundo en el que la sexualidad fuese libre no habría que pagar para tener sexo. Si hay que pagar es porque hay gente que tiene necesidades vitales que no pueden ser colmadas desde la reciprocidad o el mundo de los vínculos no mercantilizados. Porque cada día es mayor la brecha entre los seres humanos, la incomunicación y la ausencia de lugares de encuentro y seducción. Para paliar toda esa carencia de vínculos primales maternales/paternales, vínculos con la familia extensa, vínculos de amistad, vecindad y convivencialidad se crean todos estos papeles en su versión mercantilizada de lactancia mercenaria, prostitución, venta de óvulos, semen y gestaciones. Las relaciones sexuales como servicios de consumo inciden en la brecha mente/cuerpo y crean sujetos fragmentados y solitarios. ¿Cómo pueden presentarse como algo liberador para las mujeres?

*Con mal escrito me refiero a escrito sin esfuerzo alguno ni un mínimo de autoexigencia en forma y contenido (por supuesto, mucho más grave en cuanto al contenido). Escribir bien es algo muy subjetivo y realmente si esperásemos escribir el texto perfecto nadie escribiría nada. Siempre será mejor lanzarse que no escribir algo por miedo a no hacerlo bien. Sin embargo, escribir sin esforzarse por hacerlo mejor, publicar lo primero que se te pasa por la cabeza o repetir como loros dogmas de las cátedras universitarias y el pensamiento institucional es otra cosa, es menospreciar a las personas que van a leer tu texto.

**Según Casilda Rodrigáñez en Pariremos con Placer (pg. 35) Yoni querría decir “útero” en realidad: “en los tratados de sexualidad tántrica, el  yoni  se  suele traducir por vagina, aunque en sánscrito quiere  decir literalmente útero. No pudiendo, o no queriendo  entender qué pinta el útero en la sexualidad femenina,  se inventan la traducción de  yoni  por vagina y nos pre- sentan los dos órganos sexuales, el masculino, el  lin- gam  (el pene) y el femenino, el  yoni , la vagina, No cabe  mejor representación de la castración patriarcal de la  mujer que la traducción de  yoni  por vagina”. 

ACTUALIZACIÓN 28/10/2015: La publicidad del Tantra Spa ha desaparecido de la revista Pikara. Del mismo modo, ya no hay fotos de hombres en el catálogo de ese centro, solamente de mujeres

Como han cambiado la publicidad ya no sirven los enlaces que había escrito. Sin embargo, aquí se puede ver un pantallazo en un perfil de facebook.

Cuando la dictadura consideró conveniente revisar el patriarcado legal…

Hoy toca un poco de historia del patriarcado legal en este país, de cuando el propio franquismo eliminó la autorización marital/parental de las mujeres y la obediencia al marido que el mismo sistema había impuesto décadas antes. En realidad más que décadas podríamos hablar de diferentes etapas y regímenes políticos establecidos desde la época del Código Civil de 1889 hasta 1975, pasando por esa pequeña y brevísima etapa de igualdad legal en plena Guerra Civil que promulgó García Oliver como Ministro de la que ya hablé en este otro post. Incluso podríamos hacer una parada en el camino para analizar la Ley de 1961, que tuvo un ardiente debate detrás dentro de las cortes franquistas entre los partidarios de suavizar o dar por supuesto la autoridad marital si el marido no manifestaba lo contrario (Sección Femenina) y los partidarios de mantenerla de forma expresa.

Del Boe del 5 de mayo de 1975, un día como hoy, copio y pego un texto firmado por Francisco Franco y el falangista Presidente de las Cortes Españolas de ese momento, Alejandro Rodríguez Valcárcel y Nebreda:

http://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-1975-9245

“I. Una de las corrientes de opinión fuertemente sentidas en nuestros días en el ámbito del derecho privado, reflejo de autenticas necesidades de carácter apremiante, es la que incide sobre la situación jurídica de la mujer casada. Sufre ésta señaladas limitaciones en su capacidad de obrar que, si en otros tiempos pudieron tener alguna explicación, en la actualidad la han perdido. Por lo demás, las normas en que tales limitaciones se contienen no pasan de tener una efectividad predominantemente formal, creadora de trabas en la vida jurídica, sin la contrapartida de una seria protección de los intereses de orden familiar.
Las profundas transformaciones que ha experimentado la sociedad hacen aconsejable y conveniente una revisión del derecho de familia. Tal propósito, sin embargo, sólo debe acometerse de manera prudente, tras un atento y detenido estudio de las posibles soluciones, un análisis de la realidad y de las necesidades verdaderamente sentidas, con la guía también de los elementos que puede aportar el derecho comparado y sin desconocer en ningún caso las exigencias éticas que de modo muy particular inciden sobre este sector del derecho.
Hay, sin duda, algunos puntos en los cuales la dificultad de la reforma es menor y su regulación puede contribuir de manera señalada a una más justa estructuración de la situación jurídica de los cónyuges. Sobre todo importa reconocer a la mujer un ámbito de libertad y de capacidad de obrar en el orden jurídico que es consustancial con la dignidad misma de la persona, proclamada en las Leyes Fundamentales. Tales puntos son los relativos a la nacionalidad, a la actuación en orden jurídico y a la posible modificación posnupcial del régimen de bienes del matrimonio.
(…)
III. La reforma del régimen jurídico de la capacidad de obrar de la mujer casada ha exigido una reordenación de los artículos cincuenta y siete a sesenta y cinco, así como el retoque de una serie de preceptos diversos del Código, en los que éste imponía la necesidad de la licencia marital para los actos y contratos de la mujer.

Los artículos cincuenta y siete y cincuenta y ocho, que conciernen a las relaciones personales entre los cónyuges, de difícil sanción jurídica, precisamente por sus acusados presupuestos éticos y sociales, ha sido preciso conformarlos de acuerdo con la general finalidad perseguida de equiparar en lo posible a los cónyuges y en armonía con lo establecido respecto de los actos y relaciones de alcance patrimonial. En el artículo cincuenta y siete resulta suprimida la fórmula discriminatoria de la protección como atributo del marido y la obediencia como obligación de la mujer, para decir en términos de absoluta reciprocidad que marido y mujer deben protegerse mutuamente, añadiendo que habrán de actuar siempre en interés de la familia, con lo que ésta, como institución más general que engloba al matrimonio y le dota de un sentido trascendente y transindividual, recibe el refrendo legislativo que se echaba en falta en la anterior ordenación.”

Algunos de los artículos modificados:
«Art. 57.
El marido y la mujer se deben respeto y protección recíprocos, y actuarán siempre en interés de la familia.»
«Art. 62.
El matrimonio no restringe la capacidad de obrar de ninguno de los cónyuges.
El casado menor de edad necesitará para comparecer en juicio, según los casos, el consentimiento de las personas mencionados en los artículos 80 y 81.»
«Art. 63.
Ninguno de los cónyuges puede atribuirse la representación del otro sin que le hubiera sido conferida voluntariamente.»

«Art. 66.
Cualquiera de los cónyuges podrá realizar los actos relativos a cosas o servicios para atender las necesidades ordinarias de la familia, encomendadas a su cuidado, conforme al uso del lugar y las circunstancias y posición de Ia misma.»
Y otros en los que todavía se mantiene el patriarcado legal:
«Art. 59.
El marido es el administrador de los bienes de la sociedad conyugal, salvo estipulación en contrario.»

La “Sección Femenina Connection”

Como complemento a esta información, veamos más de cerca a las promotoras de estos cambios:

Dice Belén Landáburu, senadora por designación real durante la dictadura, Consejera nacional en representación de las estructuras básicas (Familia), secretaria segunda del Consejo Nacional del Movimiento:

María Telo, Concha Sierra, Carmen Salinas y yo fuimos las mujeres que planteamos e impulsamos reformas dentro del régimen. De alguna manera, fuimos las pioneras y, además, en un ambiente bastante hostil. Estuvimos trabajando desde 1972 en la Comisión General de Codificación hasta 1977, es decir, hasta la llegada de la democracia. Esa comisión produjo los proyectos de ley necesarios para que se modificara la posición de la mujer y, por lo tanto, la igualdad de la mujer”, dice Landáburu en el documental, abogada y la única mujer que formó parte de la ponencia de la Ley para la Reforma Política de 1977″.

Dos mujeres que tenían altos cargos en la Sección Femenina (Belén Landáburu y Carmen Salinas) junto a María Telo y Concepción Sierra. Dice Mercedes Alonso de Diego en la revista Arte Historia:
http://www.artehistoria.com/v2/contextos/12998.htm 

“La participación de Belén Landáburu, Procuradora en Cortes por Burgos por el tercio familiar y miembro de la AEMJ, fue definitiva en su planteamiento de una serie de aspectos jurídicos, a los que contestó el Ministerio de Justicia, con el consiguiente ruego de envío a la CGC, donde tras su estudio legal fue aprobado el anteproyecto y tramitado a las Cortes. Por su parte, las procuradoras Pilar Primo de Rivera y Mónica Plaza plantearon el tema más desde la realidad social que desde una perspectiva estrictamente jurídica. 
 El 20 de julio de 1972 Belén Landáburu expuso en nombre de la Comisión de Justicia los fundamentos del Dictamen sobre la proposición de ley de modificación de los artículos 320 y 321 del CC y la derogación del número 3 del artículo 1.880y de los artículos 1.901 a 1.909, inclusive de la LEC. El Dictamen fue aprobado por unanimidad de la Cámara. 
 A partir de 1972 la Sección Femenina llevó al iniciativa en los trabajos previos a la reforma del CC en lo que respectaba al Derecho de Familia, reforma que no debía “abarcar no sólo una faceta del Derecho de familia, sino la totalidad del mismo, basada en un sentido de justicia y equidad que se aplique en los derechos de ambos cónyuges”, según se recogió en un acta. 
 Los trabajos encaminados a la reforma del CC, dieron lugar a la constitución de una Sección Especial de la que formaron parte cuatro vocales femeninos. El 17 de enero de 1973 se celebró, con la asistencia del ministro de Justicia, Antonio Mª. de Oriol y Urquijo, la primera sesión de la Sección Especial, creada para “estudiar las incidencias que los cambios sociales puedan haber producido en el Derecho de familia y la formulación en su caso de la correspondiente propuesta”. 
 Estas cuatro mujeres juristas fueron la conocida María Telo; Carmen Salinas Alfonso, Asesora jurídica de la Sección Femenina; Concepción Serra Ordóñez, de importante trayectoria profesional, especializada en derecho de familia y causas de separación matrimonial; y Belén Landáburu, perteneciente a la Sección Femenina y protagonista de la reforma del CC del año 1972.”

Un ejemplo más de que las políticas relativas a la relación entre los hombres y las mujeres y la capacidad de autonomía de estas se desarrollan desde el Estado según interese al poder en cada momento.