“Sin cuidados no hay victoria posible”, Ada Colau

Ada Colau: “Sin cuidados no hay victoria posible” https://twitter.com/adacolau/status/602840136712364033

Ada Colau lanzó este bello tuit hace muy poco junto a una foto de tres madres y un padre abrazados a sus hijos dormidos en uno de los eventos de su partido. En relación a los niños, la alcaldesa de Barcelona ha prometido levantar 60 guarderías y, según este artículo, “Colau ha recordado la importancia de la guardería pública por la cohesión que genera, dando igualdad de oportunidades en un periodo “esencial” para el desarrollo educativo”. En lo único que puedo estar de acuerdo es que el periodo 0-3 años es esencial para el desarrollo de cada ser humano, pero no en un sentido educativo. Hay que recordar que la humanidad ha evolucionado y vivido sin guarderías hasta hace muy poco, con lo cual es evidente que no son ni imprescindibles ni necesarias para los bebés*, madres y padres. Sí son necesarias en el sistema social que se ha creado a raíz de la separación madre-bebé durante la primera época de vida, la separación entre trabajo asalariado y crianza, y la falta de crianza cooperativa, alomadres y comunidad que habían ocupado el papel de las guarderías durante gran parte de nuestra historia. No en vano, en Madrid, por ejemplo, la primera guardería fue inaugurada el 13 de enero de 1872 por la reina María Victoria, hace apenas 143 años. Aunque tampoco tenemos que irnos tan lejos, hay países europeos a día de hoy en los que lo normal es no ir a la guardería durante el primer año o ir directamente al colegio sin pasar por la escuela infantil.

Sobre el tema de la “cohesión” y la “igualdad de oportunidades” es exactamente lo mismo que dijo Carmena en su discurso de investidura. Si entendemos por “cohesión” el adoctrinamiento temprano y la uniformidad educativa impuesta desde las instituciones pues habrá que dar la razón a Ada y Manuela. Sobre la igualdad de oportunidades que aporta el sistema educativo supongo que se referirán, sin ninguna base, a que esos bebés y peques tendrán la misma oportunidad de ser anulados por el mundo laboral o el paro al que se enfrentarán 20 o 30 años después. Tendrán la misma oportunidad de no pensar y ser ganado de labor y consumo. Como vemos, no hay ni un ápice de espíritu crítico frente al sistema educativo en sí y al adoctrinamiento o la falta de libertad de conciencia y creativa, solamente hay argumentos economicistas y cuantitativos.

Por su parte, Marta Verdejo León, número 14 de la lista electoral centra su crítica en la privatización y la situación laboral de los trabajadores de las guarderías. Claro que es importante que, ya que existen y usamos las guarderías, no se recorte en personal, pero esa no puede ser lo único que mueva a un colectivo como un corporativismo laboral más. Es muchísimo más grave, por ejemplo, que haya mujeres reincorporándose llorando a sus empleos y bebés llorando en las guarderías por separaciones abruptas de sus madres, su hábitat seguro, con 3 o 4 meses. De esto no habla ningún programa político. En ellos solamente encontraremos propuestas que respondan al grito de guerra actual: “¿Qué hay de lo mío?”

Soy consciente que muchas personas que trabajan en el sector de las guarderías, también llamadas “escuelas infantiles”, pueden sentirse dolidas y molestas por lo que aquí describo. Esto puede suceder porque actualmente y en muchas ocasiones los trabajadores tienen una relación de fusión ideológica con la visión y misión de sus empresas. No tendría por qué ser así. Una persona puede ser matrona y criticar la violencia obstétrica y pediátrica sistémica como yo puedo criticar el adoctrinamiento de los programas televisivos “educativos” o el rol de las universidades y trabajar en el programa de televisión de la UNED. Por supuesto, las guarderías también tienen elementos positivos o potencialmente positivos dentro del sistema actual como ser el único entorno, en un ambiente de desnatalidad galopante y fragmentación familiar y urbana, en el que los niños (sobre todo los de 3 años) pueden convivir, aunque sea de un modo hiperdirigido y desintegrado. En este sentido, hay que resaltar que tan insólito es desde un punto de vista evolutivo y antropolótico el sistema de guarderías actual como la crianza aislada y solitaria de una madre con un bebé encerrados entre cuatro paredes durante los permisos de maternidad y las excedencias.

 Después de tratar alguna de las propuestas de Ada Colau y María Verdejo en materia de cuidados paso a reflexionar sobre lo que dice Laura Pérez, concejala de Barcelona en Comú y número 9 de la lista electoral, que se va a dedicar a “las cuestiones de igualdad de género” desde la pomposa y orwelliana concejalía de “Ciclo de Vida, Feminismos y LGTBI“: 

“Mientras estamos recortando necesidades básicas, las mujeres nos estamos sobrecargando de trabajo, estamos renunciando a empleos que nos exigen horarios completos y para ello, dependemos más de la economía. Debido a los recortes en Dependencia, no tenemos cubierto el cuidado a la tercera edad en Barcelona. ¿Quién está asumiendo estas cargas? Las mujeres. Y sucede lo mismo en el cuidado de los niños. Tenemos espacios en el Ayuntamiento con horarios sin sentido, que cierran a una hora en la que el barrio demanda espacios familiares. Proponemos también cláusulas de igualdad en los contratos del Ayuntamiento, incluso en los que sean de pequeña cuantía. El Ayuntamiento, pese a que no puede incidir en políticas nacionales, tiene mucho que hacer en temas de ocupación y cuidados.” http://www.publico.es/sociedad/laura-perez-castano.html

Como vemos, dentro de lo “local” y el “municipalismo” podemos ver ejemplos de mujeres políticas como ella recién llegadas de ONU Mujeres (es decir, con la visión del género importada de las instituciones políticas y capitalistas de EEUU bien interiorizada, desde el USAID a Goldman Sachs-Womenomics…) con un punto de vista victimista, parcial y corporativista del colectivo femenino. Sus ideas se mantienen dentro del pensamiento conservador que defiende que son los cuidados (mejor institucionalizados y mercantilizados, claro) los que se tienen que adaptar a las exigencias y horarios del mundo laboral industrial o de servicios de forma unidireccional, o que ven en los contratos a tiempo parcial algo siempre negativo para las mujeres (¡cuando podríamos estar dándolo todo en la empresa!). 

Respecto a los cuidados de los ancianos habría que explicar que ya están siendo realizados por mujeres que se dedican laboralmente a ello, muchas de ellas inmigrantes, pero se agradecería que explicara cómo deberían ser realizados esos cuidados, según ella, con las tendencias demográficas actuales. El Estado asistencialista de derechos necesita cotizantes (no seres humanos) que paguen impuestos y si estos no nacen hay que importarlos y, obviamente, pagarlos, aunque algunas personas del servicio doméstico ahora estén rozando la esclavitud. Para conseguir futuros “cotizantitos” nos dicen que también es el Estado asistencialista el que lo tiene que promover con subvenciones, ayudas y demás. Luego está la postura sueca que se basa en un sistema de impuestos que dudo mucho que pudiera aplicarse aquí, a no ser que se tase impositivamente la droga (en Suecia es el alcohol) y la prostitución, que en eso somos potencia mundial, para pagar los cuidados. O que se crearan locales estatales de venta de droga y sexo, a imitación de los Systembolaget suecos. A ver cómo intentan cuadrar el círculo.  

A la concejala y ex trabajadora de Onu Mujeres me gustaría leerle esta cita tan interesante de Silvia Federici de su libro Revolución en punto cero, libro con el que coincido en algunos análisis de la situación y con el que diverjo en las propuestas:

“Otro tema recurrente en los ensayos recogidos en la Segunda Parte es la crítica a la institucionalización del feminismo y a la reducción de las políticas feministas a meros instrumentos de la agenda neoliberal de las Naciones Unidas. Para aquellas de nosotras que testarudamente a lo largo de los años hemos insistido en definir la autonomía feminista no solo como autonomía respecto de los hombres sino también respecto del capital y del Estado, supuso una derrota la gradual incapacidad del movimiento para propulsar iniciativas propias y su subsunción bajo las alas de las Naciones Unidas, especialmente en un momento en el que dicha institución se estaba preparando para legitimar nuevas guerras por motivos económicos y militares. Retrospectivamente, esta crítica era correcta. Cuatro conferencias globales sobre mujeres y una década dedicada a los derechos de las mujeres no han producido ninguna mejora en la vida de la mayor parte de estas, ni tampoco una crítica feminista seria o movilización alguna contra la apropiación de la riqueza mundial por parte de las corporaciones y de las mismas Naciones Unidas. Al contrario, las celebraciones del «empoderamiento de las mujeres» han ido de la mano de la aprobación de políticas sangrientas que han acabado con la vida de millones de personas, expropiado tierras y aguas costeras, arrojado a las mismas residuos tóxicos y convertido en refugiados a poblaciones enteras.” Pg. 29

“Las mujeres de todo el mundo no solo producen los trabajadores que mantienen en funcionamiento la economía global. Desde comienzos de la década de los noventa se ha producido un salto en la emigración femenina del «Sur Global» al Norte, en el que proveen un porcentaje en continuo incremento de la mano de obra empleada en el sector servicios y el trabajo doméstico. Tal y como ha observado Cynthia Enloe, con la imposición de políticas económicas que incentivan la inmigración, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial han permitido a los gobiernos de Europa, Estados Unidos y Canadá resolver la crisis del trabajo doméstico que se encuentra en los orígenes del movimiento feminista, y ha «liberado» a miles de mujeres solo para que produzcan más trabajo exo-doméstico. El empleo de mujeres filipinas o mexicanas que, por una modesta suma, limpian las casas, crían a los niños, cocinan y cuidan a los mayores, permiten que las mujeres de clase media escapen de un trabajo que ya no quieren o no pueden hacer durante más tiempo, sin reducir simultáneamente su nivel de vida. Es evidente que esta es una «solución» problemática ya que crea relaciones entre las mujeres de «criadas-señoras» complicándolas aún más si cabe por los prejuicios que rodean el trabajo doméstico: la asunción de que no se trata de un trabajo real y que debería ser pagado lo menos posible, cuyos límites no están definidos, etc. El empleo de trabajadoras domésticas hace, además, a las mujeres (más que al Estado) responsables del trabajo reproductivo y debilita la lucha contra la división del trabajo en el interior de las familias, ya que libra a las mujeres de la tarea de obligar a los hombres a compartir las tareas domésticas. Para las mujeres inmigrantes, asumir un trabajo doméstico supone una elección dolorosa, ya que es un trabajo pagado pobremente y que requiere que cuiden de las familias de otros mientras que ellas tienen que dejar de lado a las suyas propias.” Pg. 120. 

 Por otro lado, y en la línea del análisis del discurso, creo que dejar de hablar de “cargas” para referirse a las personas cuidadas tendría que ser un paso fundamental para detener el colapso social. Las personas cuidadas no son cargas, pesos que arrastrar cual saco de patatas, son seres tan valiosos como los que les cuidan. La gente que siga hablando de “cargas” para referirse a determinadas personas que, por favor, hable de sus propias “cargas”, no de las mías. Los cuidados necesitan cooperación, no estigmatización y deshumanización. Sin esas “cargas” no hay VIDA. Esas “cargas” nos dieron la vida, algún día nos cuidaron, son los niños y niñas, son quizás personas que necesitarán toda la vida de nuestros cuidados, son personas que amamos o respetamos.  Los cuidados requieren en parte esfuerzo y dedicación, como todo lo importante, pero eso no implica que tengan que tener las connotaciones pasivas y negativas de la palabra “carga”. Esa visión economicista y utilitarista del ser humano y los cuidados intrínsecos a nuestra especie tiene muchas implicaciones. Al utilizar este tipo de vocabulario, estas personas descubren su verdadera visión del mundo, de la infancia, la vejez, la enfermedad y la diversidad de capacidades e incapacidades.
 
Son temas muy complejos pero lo verdaderamente revolucionario sería replantearse a qué estamos dedicando nuestras energías vitales en lo laboral, qué estamos intentando conciliar, por qué este sistema obliga a elegir entre trabajar-cuidar, por qué tantas horas, por qué tantas necesidades creadas, tanta soledad… Replanteárnoslo nosotros, no exigir que se lo planteen los políticos, ellos no pueden pensar por nosotros ni imponernos su adoctrinamiento. Tampoco podemos pedir que nos ofrezcan soluciones fáciles. Sencillamente esas soluciones simplonas no existen en la actualidad, cuando el modelo actual no se sostiene en ninguna de sus esferas y nadie sabe cómo detener la máquina de la autodestrucción.

*No solamente no son necesarias sino que desde un punto de vista sanitario son perjudiciales para la salud del los bebés. Esto por supuesto, no se suele tener en cuenta en ningún estudio, ensayo o política sobre los cuidados infantiles. En este artículo los pediatras hablan sobre esto: “Cuanto más tarde se incorporen a la guardería, mayor tolerancia a los virus tendrá el menor. El riesgo de una bronquiolitis no es el mismo en un lactante de dos meses que en un niño de dos años”.

Actualización a 7 de julio de 2015: Se me olvidó al escribir este texto comentar que las guarderías, de existir, deberían hacerlo en los centros de trabajo o lo más cerca de estos, ya que es el sistema laboral y económico el que las requiere en primer lugar (esta reivindicación puede rastrearse hasta la revolución de febrero de 1848 en Francia, según la comunista Clara Zetkin). También deberían ser flexibles, es decir, facilitar las visitas de los padres y madres y su presencia en el aula, realizar las “adaptaciones” con respeto, es decir, con normalidad o como se haría cuando dejas a tu hijo con unos amigos. El dónde y el cómo, lo cualitativo es importante. En el programas electorales solamente suelen hablar de lo cuantitativo, de cuántas guarderías van a inaugurar, de ratios, etcétera.

Relacionado: 

– Análisis y reflexiones en torno al informe de Goldman Sachs “Womenomics 3.0. The Time is now”: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/04/analisis-y-reflexiones-en-torno-al.html 

– “Revolución en punto cero” de Silvia Federici: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/04/revolucion-en-punto-cero-de-silvia.html 

– Los “cuidados” en el discurso de Manuela Carmena tras ser proclamada alcaldesa de Madrid:  http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2015/06/los-cuidados-en-el-discurso-de-manuela.html

Los “cuidados” en el discurso de Manuela Carmena tras ser proclamada alcaldesa de Madrid

Minuto 12.48: “consigamos la igualdad de oportunidades haciendo que los niños de 0 a 3 años tengan ya la mejor educación. No buscamos guarderías donde se aparquen a los niños. Buscamos escuelas infantiles para todos, iguales, que garanticen que enseñamos a aprender”.

Yo quiero la “oportunidad” de poder pensar y expresar que una gran parte de los trabajos son nocivos, violentos, adoctrinadores, destruyen a las personas que trabajan en ellos y al medio ambiente. No veo qué puede ser conciliable con eso. 
Yo quiero la “oportunidad” de no tener que elegir entre trabajar o quedarme en casa criando en aislamiento (la mayor parte de las madres no tienen ni siquiera esa oportunidad de elegir porque para sobrevivir no pueden prescindir del salario durante una excedencia o corren el riesgo de perder el empleo).
También quiero que mi hijo tenga la “oportunidad” de no tener que ser institucionalizado con 3-4 meses cuando nos necesitamos mutuamente, mucho menos con el autoengaño de que alguien tiene que “enseñarle a aprender”. Las crías de Homo Sapiens ya venimos al mundo sabiendo aprender, gracias, y la “mejor educación” durante milenios fue estar con la mamá y las alomadres en su día a día y después con grupos de niños de diferentes edades.
Quiero tener la “oportunidad” de que los trabajos asalariados se flexibilicen hacia las necesidades vitales y acepten a los bebés en sus instalaciones, que se rehumanicen, que haya guarderías en las empresas para usarlas en determinados momentos o días… 

Estas “oportunidades” no creo que tenga mucho sentido suplicarlas a un partido político o a un Ayuntamiento sino que habría que vivirlas, reivindicarlas y negociarlas de forma directa en el lugar y foro pertinente, es decir, en el lugar de trabajo. Claro está, requiere asumir ciertos riesgos y un poquito más de esfuerzo y valentía que echar una papeleta anónima en una urna o rezar unas oraciones a San Cuidados. La pregunta no es si alguien me concederá “el derecho a…”. La pregunta es: “¿Tendré el valor de hacerlo?”