El origen de los estilos de crianza actuales

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Estaba releyendo algunas partes del libro de Carolina del Olmo “¿Dónde está mi tribu? y he caído en esta página:

Pg. 150: “Los expertos que mantienen un enfoque centrado en el niño suelen aludir a los datos disponibles sobre las fallas en el desarrollo de los niños que han sufrido una severa privación de afecto. Sin embargo, el modelo de crianza contra el que generalmente se emplean sus argumentos no es el de los orfanatos rumanos sino el que estoy llamando adultocéntrico, que por más que pueda resultar censurable desde ciertos puntos de vista, no supone abandono ni privación extrema de afecto real. Es, simplemente, otro estilo de crianza más desapegado, ampliamente extendido en nuestra sociedad y que incluye, grosso modo, bebés que duermen solos, toman leche de fórmula, pasean en carrito, usan chupete y tienen padres que piensan que no hay que cogerlos mucho porque se acostumbran, que llorar ensancha los pulmones, que a los niños hay que ponerles límites porque si no se te suben a la chepa, que no hay nada mejor para un crío que la rutina y que en la guardería están estupendamente y aprenden un montón de cosas”.

Por otro lado, he leído un texto de la psicóloga Laura Perales difundido hace poco en las redes sociales en el que se refiere a las teorías de no coger en brazos a los bebés o favorecer la independencia de los bebés como “creencias populares”.

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Imagen: Luther E. Holt

La pregunta es… ¿Son realmente determinadas prácticas “otro estilo de crianza más”? ¿Por qué están tan extendidas socialmente? ¿Provienen del pueblo o la tradición?

Creo que la respuesta es un gran “NO”.

La teoría de que no hay que coger demasiado a los bebés porque se acostumbran o que hay que dejarles llorar no es una creencia “popular”. Esto es un mito. En la época moderna (podríamos también remontarnos hasta Licurgo de Esparta y más allá…) fue una teoría de expertos propagada por el establishment pediátrico-capitalista e imperialista porque interesaba a las biopolíticas de ese momento. Las necesidades de los bebés y las madres tenían unas dinámicas internas que eran y son incompatibles con el entorno industrial y, principalmente, la forma de organizar el trabajo.

En este sentido, el pediatra que difundió estas teorías anti-crianza y anti-lactancia fue el pediatra eugenista del entorno de los Rockefeller llamado Luther Emmett Holt que conocí, por cierto, a través del libro de Ashley Montagu sobre el tacto. Podríamos preguntarnos cuántas de las lactancias de nuestras abuelas no fueron boicoteadas por estas recomendaciones médicas, también podríamos pensar en la soledad y la incomprensión entre generaciones, en todos los conflictos de pareja y tensiones que han podido desatar toda esta clase de consejos infundados, pero la realidad es que no se trata de una simple conspiración pediátrica. La teoría médica viene siempre después de los cambios materiales en el entorno, en el ecosistema, para legitimarlos y hacerlos más digeribles, y estos cambios a su vez son fruto de otras teorías o políticas estatales y privadas. Sobre este tema hablé en este post sobre Luther E. Holt y también en este otro, “Colonialismo y lactancia”, en el que podemos leer comentarios y reacciones a la imposición de estas biopolíticas desde lo verdaderamente popular: “Las madres congolesas también se rebelaron contra la costumbre de desatender el llanto de los niños. Algunas decían “no podemos dejar llorar a los bebés como las blancas”.”  En realidad “las blancas” señoras imperialistas habían hecho los mismo antes en Europa con las otras “blancas”, las del pueblo que había que “educar” y enseñar cómo criar. La forma de criar que propagaron las elites no era precisamente adultocéntrica sino “fabricocéntrica” (palabro…). La fábrica y el aumento de la productividad eran y son realmente el centro. El modo de trabajo fabril no está adaptado a la vida, y mucho menos adaptado a la vida de los adultos. ¿O es que, por ejemplo, despertarse a las 6 de la mañana y pasar una hora hasta llegar al trabajo puede considerarse “adultocéntrico”?

Podemos decir algo parecido sobre Nestlé u otras empresas en la propagación del uso de la lactancia artificial a nivel histórico. Primero fue la introducción del trabajo asalariado inflexible y luego después, la empresa que vende la leche artificial. No al revés. Nestlé es la pseudosolución a un pseudoproblema previo biocultural creado desde las elites. El libro de Carolina del Olmo creo que aporta mucha luz en su crítica sobre las teorías y etiquetas de expertos, aboguen estos por la ruptura de los vínculos o por la unión simbiótica madre-bebé, y muestra cómo hay que señalar los problemas sociales que boicotean estas relaciones humanas más allá de lo individual. Pero, a la vez, creo que hace falta dar un paso más y poner nombres y apellidos a las personas y colectivos que difunden estas teorías que después hasta pensamos que son costumbres populares. También hace falta comprender que no son simples directrices sino que hay implicaciones políticas e ideológicas en las mismas que afectan a nuestras vidas, a nuestras biografías y las de nuestras familias. Lo político es personal, es justamente al revés de cómo lo planteó el feminismo en otras décadas.

No se puede tampoco obviar la dimensión social de estas biopolíticas reduciendo las cuestiones a meras decisiones individuales u opciones de crianza. No hay libertad para tomar ciertas decisiones cuando eres una madre sola y aislada entre cuatro paredes, sin apoyo de familia extensa, sin haberte relacionado nunca con un bebé antes, teniendo que reincorporarte al mundo laboral a las 16 semanas y trabajando fuera de casa de sol a sol. Puede que ahora la ciencia te diga que es normal que tu bebé se despierte muchas veces por la noche, pero que sea normal y sano no quiere decir que puedas soportarlo o tu cuerpo pueda fluir con esa dinámica si no puedes echarte una siesta durante el día siguiente, tienes que madrugar o has vivido condicionada por la cultura para dormir de otra forma.

Los paradigmas cambian. Hoy en día, por ejemplo, hay una mujer con un perfil lactivista en la dirección del Club de Roma de EEUU, esa organización creada desde el capitalismo y el Estado para alertarnos de los problemas que el propio capitalismo y Estado han creado (en España, por ejemplo, está dirigido por Isidre Fainé directivo de CaixaBank, Repsol y Telefónica). Se llama Dana Raphael y es la persona que creó el término “doula” en el ámbito de la lactancia y el apoyo postparto. También creó junto con la famosa antropóloga Margaret Mead, el “Human Lactation Center“. Por otro lado, instituciones Rockefeller y Nestlé invierten en investigaciones científicas para estudiar la amenorrea de la lactancia y su relación con la nutrición y el metabolismo materno (por algo al “consenso de Bellagio” sobre el MELA se le llama así…), lo que choca con estrategias biopolíticas previas del siglo XX y choca con el sistema laboral actual.

 

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Tomado de: http://www.people.fas.harvard.edu/~pellison/PDFs/ValeggiaEllison2004.pdf

 

Imagen: Rockefeller Institute for Medical Research

Relacionado:

Fragmentos de “La CIA y la guerra fría cultural” de Frances Stonor Saunders

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ACTUALIZACIÓN 19/07/2016

Hoy he encontrado esta afirmación de Christiane Northup en su libro “Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer”: “Solamente en un patriarcado se nos ocurriría la idea de que coger al niño en brazos cuando llora y consolarlo cuando lo necesita es «malcriarlo». (Un aparte: ¿Por qué los adultos se acuestan con alguien mientras que los niños tienen que dormir solos?)”. De nuevo, se utiliza la palabra “patriarcado” para evitar poner nombres y apellidos a los sistemas. Aunque quizás Christiane Northup tenga razón…

Fragmento de “El desorden. La teoría del caos y las ciencias sociales” de Georges Balandier

Pg. 121: “El Carnaval se define por una cultura (llamada popular) y una historia; es su resultado y contribuye a producirlas, como en la Europa de los siglos XIV y XV donde interviene en la formación del medio cultural urbano. Por consiguiente, es posible referirlo a una historia, a los acontecimientos y a un movimiento de amplia duración, captar en él continuidades (relación con el calendario de las estaciones y la liturgia, importancia que cobra la juventud en ese juego desenfrenado, desafío y sublevación enmascarada de los desfavorecidos, etcétera) y discontinuidades, hasta aquellas que reducen la manifestación al estado de mercancía lúdica. Empero, la explicación del Carnaval no es en primer lugar de carácter histórico. Tan pronto el acento recae sobre su función social: libera las tensiones, relaciona los procesos de oposición y de integración, expresa lo social y se presenta como una especie de lenguaje. Tan pronto el acento es de carácter psicológico o psicoanálitico: el Carnaval libera las pulsiones que la sociedad controla fuertemente en los tiempos ordinarios, de lo cual deriva el lugar que en él ocupa el cuerpo, el sexo, y a menudo la violencia; tiene un efecto catártico; establece una relación diferente con el otro y brinda también la posibilidad  de jugar con el otro – el personaje encarnado persona – introducido en el interior de sí. En su célebre estudio de Dionisos, Henri Jeanmaire ha abierto otra vía al comprobar: “Simbolización de un sueño de desorden siempre recomenzado, el Carnaval expresa (un) deseo profundo de libertad”. Sueño siempre recomenzado porque cada sociedad, según su modalidad, define los límites que ella impone a lo que no es la conformidad, al espacio que concede a la libertad modificadora y al cambio, y porque ella no termina jamás de fijar límites, de reavivar las prohibiciones, de producir códigos. El debate orden/desorden es constante en toda sociedad; es inseparable de la existencia misma, como de la de todo ser: lugar de fuerzas, de procesos, de cambios continuamente en marcha. El orden social se alimenta sin cesar de la energía nueva que el desorden aporta, aunque fuese con los fracasos cuando el equilibrio no queda restablecido o no se establece en configuraciones diferentes. Los dispositivos que realizan la domesticación de esta energía, y cuya finalidad es, no la dominan en todas las circunstancias”.

De esto me he acordado al recibir una nueva nota escolar sobre la celebración del carnaval en el cole:

“(…) El tema de este curso es sobre X, para ello los niños y las niñas tienen que venir disfrazados de:

  • A.
  • B.
  • C.
  • D.

Los niños y las niñas tendrán que venir disfrazados desde casa (…)”

Atrás quedó la libertad de disfrazarse de lo que a una le apetezca o de no disfrazarse. Atrás quedó la subversión y la libertad del carnaval. Bienvenida la obligación de “divertirse” junto a la obligación de “aprender” sobre un tema del que ya se aprende en la vida diaria. El aprendizaje real es aprender a obedecer, eliminar cualquier alegría espontánea y la ideología del control total.

Carnaval de Almiruete. Foto tomada de “Nuestras fiestas”

De la simbiosis a los destetes

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He leído parte de un libro que me ha parecido fascinante sobre psicología y primatología. Se titula “Parenting for Primates” (Crianza para Primates) y tiene un capítulo muy interesante sobre los “destetes”: el destete del pecho, el “destete” del colecho y el “destete” del porteo.

Hace tiempo que observo que en el mundo de la crianza autodenominada “respetuosa”, “consciente” o de la crianza con apego, o incluso en el mundo lactivista (no me identifico con ninguna etiqueta de la crianza) hay cierto tabú en torno a este tema. Se habla de destetar sin lágrimas, de que lo ideal es que sea el bebé el que decida dejar de mamar, que no hay que “forzar”, que hay que esperar a que esté listo… En definitiva, como si hubiera algún problema en hablar de cualquier tipo de conflicto que pueda suceder durante el proceso, como si ese conflicto fuera negativo para los niños siempre, o como si la base segura desde la que explorar el mundo consistiera en satisfacer las necesidades del hijo en todo momento y lugar y hasta que el niño decida que ya no lo necesita. De todo esto hablé en un post sobre el “destete natural” en el mundo mamífero que escribí después de leer una entrevista a Naomi Aldort.

Pues bien, en el libro de Harriett J. Smith se explica cómo la maternidad primate (en su enorme variabilidad individual y de tipos diferentes de primates) satisface todas las necesidades de la cría con muchísima dedicación hasta llegado un cierto momento, normalmente hasta que la cría deja de depender con tanta intensidad en el amamantamiento y activa la vida fértil de su madre de nuevo, con la consiguiente llegada de un nuevo embarazo y, por tanto, un nuevo hermano. En los grandes simios este proceso puede durar años, por ejemplo, las hembras chimpancés que viven en libertad paren cada 4 o 5 años, pero puede ser más corto en otras especies.

Los distintos “destetes” mencionados no son bien aceptados por las crías y la protesta, las rabietas y el conflicto son totalmente normales:

“Idealmente, las madres retiran gradualmente el cuidado (care, en inglés) en respuesta a su conciencia del aumento de la madurez y competencia de sus crías. Los psicólogos comparativos Harry y Margaret Harlow llamaron a este período en la relación materno-infantil “la fase de la ambivalencia”, cuando las madres van siendo más indiferentes a las necesidades y deseos de sus crías. A medida que las crías son más capaces, las madres son menos sensibles, y los jóvenes consiguen independencia. Cuando los jóvenes (youngster, en el original) buscan a su madre, buscarla se convierte en su responsabilidad. Si desean confort, se acercan a ella para ser acicalados o para un abrazo, y si tienen miedo, se quedan a su lado. La retirada del cuidado de su madre les manda el mensaje poderoso de que son capaces de cuidar de sí mismos. La danza de un paso para adelante y un paso para atrás de los padres y las crías continúa hasta que alcanzan la vida adulta”.

La crianza “incondicional” no es eterna o se deja en manos de las crías. No es que las madres rechacen completamente a estas últimas sino que, como dice Harriett J. Smith, los hijos ya no pueden esperar que sus madres sean tan consistentes en su forma de responder a sus necesidades. En las sociedades de cazadores-recolectores ocurre algo muy similar, ya que la lactancia en tándem es excepcional y el niño que más años mama es el último. El conflicto del destete es algo totalmente normal y no significa que las crías vayan a tener ningún tipo de trauma emocional en la vida adulta. Es parte de nuestro “continuum” como especie. Lo que seguramente no lo sea es que ese conflicto pueda darse con tan sólo unos poquitos meses, en edades en las que incluso hacen falta sustitutos, leches adaptadas de madres de otras especies domesticadas.

¿Y cómo destetan las madres primates no humanas? Tal y como explica la autora en el libro, primero, intentan evitar el amamantamiento cruzando los brazos, alejándose. Cuando esto no funciona tratan de distraer a sus crías con otras actividades como el acicalamiento o el juego. Cuando esto también falla utilizan amenazas o son un poco más agresivas. Dice Smith que los primates en libertad rara vez recurren a la agresión directa, son muy tolerantes durante el destete aunque exista mucha diversidad entre cada madre en la forma de hacer las cosas. También ofrecen otros lugares de succión como los labios o la piel.

“Desdete” del porteo

Este destete también puede ser conflictivo y ocurre a la vez que el de la lactancia. En algunas especies ocurre de un día para otro, con la llegada del “hermanito”. Afirma la autora que la transición es más suave en las especies en las que los machos ofrecen alguna ayuda en la crianza, destacando así el papel del cuidado alomaternal (todas las personas que no son la madre). En el libro, también se habla de algunas sociedades de cazadores-recolectores como los Kung o los Aché en las que este “destete” del porteo se produce a los 4 años o 5 años respectivamente. En los Aché en concreto dice que se trata de un destete conflictivo, con muchas lágrimas y rabietas. De nuevo, reflexiono en voz alta, está bien recordar que los conflictos entre madres e hijos no son algo propio de una sociedad enferma (que en muchos sentidos la nuestra lo está) sino que también están en relación con el ambiente y las condiciones externas en las que se produce la crianza en cada cultura. El ser humano siempre tiende al equilibro dinámico con el entorno, aunque las circunstancias ambientales puedan estar tan alteradas que choquen con cómo hemos sido hasta hace muy poco desde un punto de vista evolutivo.

“Destete” del colecho

El libro “Crianza Para Primates” nos cuenta que en las sociedades de cazadores-recolectores este destete también ocurre con la llegada de un nuevo hermano, aunque esto no signifique dormir solo sino con una abuela, tía, padre u otro hermano. De nuevo se resalta el enorme papel de la “alomaternidad” en la crianza cooperativa humana, como diría la antropóloga Sarah Blaffer Hrdy. Y aquí me gustaría traer a colación otro libro, el de Bronislaw Malinowki, “La vida sexual de los salvajes del noroeste de la Melanesia” en el que se habla del destete de la lactancia y del colecho con la propia madre:

“Generalmente el destete no se hace antes de los dos años, es decir, antes de la época en que, según los indígenas, el niño es capaz de decir claramente “bakam, bamom” (quiero comer, quiero beber). Durante el destete, el niño es separado de su madre y duerme con el padre o con la abuela paterna. Cuando llora durante la noche se le da un seno seco o un poco de leche de coco. Si se muestra nervioso y desmejorado se le lleva a una aldea lejana en la que tenga parientes, o bien; si sus padres viven en una aldea del interior, se les lleva a la costa. Estos cambios de lugar se consideran esenciales para recobrar la salud y el buen humor.”

Esto sé que a muchas personas les parecerá poco “respetuoso” pero tenemos que tener en cuenta de nuevo que nuestra manera de criar como especie está muy condicionada por los recursos del ecosistema en el que vivimos, por la alimentación disponible, por la fertilidad/fecundidad de las mujeres en cada cultura. Y todo ello está en interrelación y equilibrio dinámico. Esta es mi opinión personal, pero creo que no se puede mirar con gafas del siglo XXI (gafas de sociedad de consumo con sus pañales de usar y tirar y sus estantes de supermercado llenos, con gafas de ser humano domesticado pero que se cree muy libre…) ni la Historia, ni las otras culturas. Hay formas de relacionarnos que son a todas luces crueles y donde no cabe el relativismo, pero hay otras zonas en las que sí hay que tener una escala de grises para valorarlas, mucho más cuando se entiende que hemos evolucionado criando de forma cooperativa.

En este sentido, creo que es un poco aventurado, aunque se podría debatir sobre el tema, escribir sobre el destete o de los destetes desde el mito del buen salvaje basándonos en culturas como la trobriandesa que interpreta Malinowski y reinterpreta Wilhelm Reich (La función del orgasmo) con argumentos del tipo:

a) “La lactancia también debe ser autorregulada, a demanda del bebé. En las islas Trobriand la lactancia es a demanda, prolongada, con contacto…en estas islas recordemos que no sólo no se da  el complejo de Edipo (o de Electra), sino que ni siquiera existe la etapa edípica que facilita que este se produzca.”

b) “Siempre y cuando nuestra realidad lo permita, lo ideal en cuanto al destete es que se produzca por iniciativa del niño”.

c) “Una de las cosas que nos diferencia de estas culturas más sanas, es la no represión de la sexualidad, ya sea la infantil o la adulta. Tampoco hay represión de la sexualidad femenina, base de la enfermedad de nuestra sociedad en cuanto a que la mujer es la que engendra, pare y tiene tanta importancia respecto al desarrollo psicológico de niños y niñas, como veremos después.  Pero, sobre todo, y también reñido con el tema sexualidad, en estas sociedades se respeta la autorregulación, el estar en contacto con lo que uno siente, necesita y poder expresarlo”

Como vemos, en este texto de Laura Perales Bermejo, psicóloga infantil especialista en prevención y presidenta de la Plataforma por la Crianza con Respeto, se obvia que esa sociedad sana idealizada no realiza la idea de destete respetuoso que se defiende como óptima en el mismo informe y ni siquiera se espera a los 3 años… Pero, entonces, ¿es o no es sana esa cultura? ¿Lo es teniendo en cuenta algunos aspectos y no otros?

En el caso de Reich esto es todavía más llamativo porque este autor afirma que los trobriandeses (“filtrados” por Malinowski) tienen una sexualidad libre (pg. 223) pero “la homosexualidad y la masturbación sólo significan para ellos formas artificiales y no naturales de gratificación sexual, un signo de una perturbación de la capacidad para alcanzar la satisfacción normal”. Habría que ver realmente qué pensaban los y las trobriandesas, qué hacían realmente en su vida más allá de lo que le contaron a Malinowski (“del dicho al hecho hay un trecho”) y, por último, comprender que lo que hace verdaderamente libres a muchas sociedades de cazadores-recolectores y tradicionales es su silencio, es decir, todo lo que se hace y sobre lo que no se teoriza sino que simplemente se vive. Pienso, por ejemplo, en uno de los libros que ha cambiado mi forma de ver la vida (“Nisa. Life and Words of a Kung Woman”, de Marjorie Shostak) del que tantas veces he hablado en mis artículos, donde por fin una mujer occidental le pregunta directamente a una recolectora cómo vive su vida, qué siente en sus partos, cómo ha sido su niñez, su propio destete, sus abortos… Nisa le cuenta a Marjorie que hay un mundo paralelo, el de los niños y su vida sexual, muchas veces sexo homosexual entre amigos y amigas, y también otro mundo paralelo secreto de “amantes” en el que existe la pasión y el “romanticismo” (para que nos entendamos en nuestra cultura) más allá de la pareja oficial. Todo el mundo sabe que los niños y niñas tienen vida libre sexual. Todo el mundo sabe que las mujeres y los hombres tienen amantes y relaciones fuera del matrimonio pero no se explicita, se vive. Es fuente de conflictos y de celos cuando el marido o la mujer lo descubre, pero es un terreno de libertad total.

Después de este inciso, me gustaría volver al libro de Harriet J. Smith. En los primates, cuando llega una nueva cría, el hermano mayor pierde el privilegio de dormir con la madre en el mismo nido. Aún así lo intenta y la madre construye otro nido en otro lugar hasta que, en este juego, al final la cría mayor se acostumbra a dormir en su propio nido en un lugar cercano. De nuevo aparece aquí el clásico “tira y afloja” que se ha descrito antes con los otros destetes. Es normal que la cría lo intente y es normal que la madre lo vaya apartando. En la crianza primate no es lo “ideal” que la cría se vaya sola a su nido cuando sea mayor o cuando “esté preparada”. Hay una intervención de la madre y una reacción natural y totalmente comprensible de la cría mayor. No es que sea un conflicto durísimo y agresivo, sino que simplemente la madre va marcando ese camino y ahora, al llegar un nuevo bebé, es ese el que duerme con ella.

Los humanos tenemos libre albedrío (o al menos eso nos creemos) así que creo que no nos hace falta buscar justificaciones ni en el mundo primate, ni en otras sociedades, ni en expertos de la crianza. No tenemos que pedir permiso al mundo animal si queremos dormir cuatro o cinco en la misma cama. Tampoco a los trobriandeses o a los Kung. Hagamos lo que nos haga sentir mejor, siguiendo nuestra propia conciencia ética del cuidado y del apoyo mutuo, todo ello en el marco de nuestras posibilidades; rebelémonos contra las circunstancias externas e internas que no nos permiten cuidar y criar como nos gustaría. Y, sobre todo, no nos autoengañemos.

Relacionadas:

Tabúes históricos sobre la lactancia materna

El destete natural

Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural, un artículo de Barbara B. Harrell (1981)

La menstruación biocultural

Bibliografía complementaria:

La guerra total en una sociedad sin vínculos

Ya tenemos el teléfono 016 del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, la web stop-radicalismos del Ministerio del Interior y en junio se creará desde el Ministerio de Educación un número de teléfono para el acoso escolar. Es probable que se creen también otros para denunciar agresiones homófobas y otro para los posibles suicidas, aunque ya existe el “teléfono de la esperanza” en el que colabora el Ministerio de Sanidad y la entidad financiera La Caixa.

Las medidas para mejorar la convivencialidad que se nos presentan desde el Estado siempre incluyen medidas de “campañas de sensibilización” y “formación”, medidas que no solucionan el problema y forman parte del chiringuito económico de las empresas y asociaciones beneficiarias de los correspondientes contratos y subvenciones que se adjudican para realizar esos cursos y esos anuncios publicitarios. Pero lo que la mayor parte de la gente no ve o no quiere ver es que las políticas que se nos presentan a bombo y platillo son una pequeña parte de lo que hace el Estado, son la punta del iceberg donde la mayor parte es secreto, no se difunde.

Estamos viviendo la guerra de todos contra todos. En lo visible, todo son campañas contra tal o cuál agresión/discriminación, leyes específicas ya realizadas o en proyecto. En lo invisible y oculto, da igual la ideología del partido en el poder, hay ventas de armas, negocios con los peores dictadores del mundo, la caza por el próximo pelotazo empresarial en cualquier esquina del mundo… El mensaje que se lanza es que el Estado es bueno y protector y, vosotros, pueblo, no hacéis más que agrediros los unos a los otros. Lo primero es falso, lo segundo tiene gran parte de triste verdad.

Hoy me han entregado en el colegio de mi hijo una nota en la que se me informa de que van a celebrar el “Día de la Paz y la no violencia” y que tenemos que llevar a los niños de blanco. ¿Puede haber una medida que fomente más la ingenuidad de la sociedad, de adultos y pequeños, que esa? ¡Qué manera más rastrera de usar a los niños para esconder las vergüenzas del sistema! Los mismos altos funcionarios que promocionan estas estupideces son los mismos que aprueban y fomentan las guerras por los recursos del planeta. Una institución que promueve la guerra con sus formas de funcionar carcelarias, militares y fabriles (sus horarios rígidos, las filas, la campana que señala lo que hay que hacer en cada momento, la falta de iniciativa y pensamiento libre, la obligación de comerse lo que te ponen en el plato aunque te sepa a rayos…) y que no es convivencial por su propia naturaleza pretende también lavarnos el cerebro con estas iniciativas. Yo podría proponerles una manifestación frente al Ministerio de Defensa, para los padres y madres, que somos los adultos responsables del mantenimiento de esta situación, no los niños. O bien, autogestionar el colegio y fomentar de forma real la convivencia, la autonomía y la responsabilidad de los niños, que las asambleas no fueran una parodia de asamblea en la que se saluda y pasa lista y fueran una asamblea de verdad en la que poder solucionar esos problemas del día a día y de las relaciones humanas.

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Origen: El País.

La violencia y el mal jamás se erradicarán, forman parte del ser humano. Partiendo de esa base entiendo también que siempre habrá que tender hacia la convivencialidad y la paz, porque ese también es un eterno anhelo de nuestra especie. La paz empieza por el respeto mutuo, respeto por uno mismo, respeto por los demás, respeto por la tierra que pisamos. Hoy no hay respeto en lo más sagrado, como es el nacimiento y la muerte, ¿cómo lo va a haber en lo demás? Si cuando éramos bebés se nos dijo sin palabras (y bajo prescripción médica) “no lo mereces”, “no eres lo sufientemente “industrial” para que yo te ame”, “tienes que ser domesticado”, cuando se pisoteó nuestra necesidad de amor y seguridad más primal, ¿cómo esperamos que pueda haber buena convivencia, salud, libertad en una sociedad sin vínculos? El único vínculo amoroso posible y permitido, y ya lo sabían los espartanos, es el vínculo con el Estado.

¿Por qué hay tantas agresiones? Porque no hay una cultura convivencial. ¿Y esa cultura convivencial cómo se tendría que promover? Pues en las formas y en los contenidos. No vale con el discurso y el “Día de…”. Las formas, el cómo se hacen las cosas, tienen que ser convivenciales. Y hoy en día esto no ocurre. El metro no es convivencial, las oficinas y fábricas no son convivenciales, las guarderías, los hospitales, los apartamentos, las autopistas, las calles, los parques, las ciudades no son convivenciales. No convivimos, para empezar. Todo ha estado diseñado, desde los medios de producción, comunicación y las relaciones humanas bajo el mismo patrón de anticonvivencialidad.

Imagen: http://pensarporlibre.blogspot.com.es/2011/06/la-m30.html

Imagen: Blog “Pensar por libre

Origen: Microsiervos

Origen: Microsiervos

Relacionadas:

¿Por qué seguimos usando argumentos de autoridad?

La verdad es que no amamanto porque la OMS lo recomiende*. No he llevado a mis hijos a la guardería** durante los dos primeros años, y tampoco ha sido porque diga tal o cual cosa determinada asociación de profesionales expertos. No era nada excepcional que las madres del mundo rural popular de la península ibérica amamantaran, sin dogmatismos ni directrices, unos tres años (ver, por ejemplo, el libro “Ritos de embarazo e parto en Galicia” de Antonio Pereira Poza). No sería tampoco extraño que lo hicieran menos o que no lo hicieran en determinadas situaciones.

Sin embargo, a la hora de solicitar el teletrabajo en mi empresa, a día de hoy, yo sí he usado argumentos de autoridad, porque sé que el mundo actual funciona así: hay que citar estudios sesudos para convencer a las personas con poder de que se mantendrá o incluso aumentará la sacrosanta productividad, que en el fondo es el debate que subyace al de la “conciliación”. Todavía es demasiado revolucionario decir “necesito estar cerca de mi bebé, sin separaciones tajantes e inflexibles, y él me necesita a mí. Los dos necesitamos integrarnos en la vida, aportar a los demás y que nos apoyen a nosotros”.
En todas las culturas ha habido personas que cuidaban a los bebés que no eran la madre. El cuidado nunca ha sido en la especie humana una mera cuestión de diadas aisladas madre-padre (familia nuclear) o diadas aisladas madre-bebé. Quizás con mi escrito esté contribuyendo al mantenimiento de determinados argumentos de autoridad pero no se me ocurría otra cosa. Al menos este es mi blog personal y tengo libertad total para expresarme sin autocensura ni tener que convertirme en esa supertrabajadora capaz de todo. Parece que lo más importante es que la máquina no pare, aunque nos destruyamos por el camino. La buena salud o la lactancia, tienen que ser “vendidas” al mundo productivo como elemento positivo que reducirá el absentismo o hará más productiva a la empresa. En otros momentos, con ese mismo objetivo se boicoteó la lactancia de las madres trabajadoras y se crearon productos sucedáneos y nuevas necesidades comerciales.
 
Aquí va parte de mi memoria de teletrabajo, por si puede servir a alguien. Mi escrito es en cierta forma una claudicación, una venta del alma que mejor que quede expuesta a que esté oculta e invisibilizada en una maraña de autoengaños:

“2. Conciliación de la vida personal, familiar y laboral.
 
Realizar gran parte del trabajo desde casa supone para mí un aumento del compromiso y una gran motivación, ya que voy a tener la oportunidad de hacerlo sin tener que preocuparme sobre el hipotético bienestar de mi hijo en una guardería o separado de mí en un momento en el que tenernos cerca es de vital importancia para ambos. Por otro lado, que no vaya a una escuela infantil y mantener la lactancia materna sin restricciones externas durante los primeros años de vida supone que no se pondrá tan enfermo como los bebés que no son amamantados, que tienen que ir a la guardería o no pueden mantenerse cerca de sus madres. Esto, evidentemente, revertirá en un menor absentismo laboral por mi parte.
 
No en vano, con o sin lactancia materna, la Asociación Española de Pediatría en su Congreso nº62 celebrado en Sevilla llegó en sus conclusiones a la recomendación de no llevar a los niños a las guarderías antes de los 2 años:
 
“El consumo de antibióticos es significativamente mayor en todos los niños que acuden a guarderías. Los broncodilatadores inhalados y el montelukast se prescriben más en los niños que entran en la guardería antes de los 18 meses. Los niños que acuden antes de los 12 meses a guarderías consumen más corticoides orales e inhalados.”
 
(…)
 
“Los datos recogidos durante 24 meses son consecuentes con estudios previos que demuestran mayor presencia de patologías infecciosas en niños que acuden
 
a guarderías, siendo por tanto esperable mayor consumo de fármacos y visitas médicas en estos niños. Esta evidencia científica debería ser conocida por los padres para que valoren opciones diferentes a la asistencia a guarderías.”
 
(…)
 
“La asistencia a guarderías aumenta la morbilidad y el uso de recursos sanitarios tanto hospitalarios como de atención primaria. Dado que la precocidad de la asistencia a la guardería está relacionada con el trabajo materno se debería tratar de facilitar a las madres otros procedimientos de cuidado infantil diferentes a las guarderías”(1)
 
La conciliación del trabajo con la crianza es también importante por otros motivos evolutivos, ya que el bebé humano nace muy inmaduro en comparación con otros mamíferos y primates y completa su gestación fuera el útero (exterogestación). En palabras del ginecólogo Miguel Tortajada Martínez:
 
(…)”se podría considerar que el Homo Sapiens en su desarrollo neurológico tendría una equivalencia, respecto a los grandes antropomorfos, de un periodo de gestación de 21 meses divididos en dos fases: 9 meses de desarrollo intrauterino, que constituyen una unidad biológica, y otros 12 meses después del nacimiento con una relación muy intensa y operativa entre madre y recién nacido; a estos últimos 12 meses les ha denominado Ashley Montagu (1961) exterogestación”(2).
 
Pero la conciliación también es importante para la salud de la madre. Hay estudios que correlacionan la nuliparidad, la maternidad tardía y sobre todo la falta de amamantamiento como un riesgo en el aumento de las posibilidades de desarrollar cáncer de mama, ovario y endometrio. La investigadora que más ha estudiado estas relaciones es Valerie Beral, Directora de la Unidad de Epidemiología del Cáncer de la Universidad de Oxford:
 
“Si las mujeres en los países desarrollados tuvieran 2,5 hijos, de media, y amamantaran a cada hijo 6 meses más de lo que lo hacen ahora, se podrían prevenir 25.000 (5%) cánceres de mama cada año, y si cada hijo fuera amamantado por 12 meses adicionales se podrían prevenir 50.000 (11%) cánceres de mama al año. Hay obvias consecuencias económicas y sociales al prolongar la lactancia materna, y estos resultados indican que hay beneficios para la madre, además de los conocidos beneficios para el hijo(3).”
 
Y tanto madre como bebé se necesitan mutuamente a nivel psicológico. Las profesoras Rada Dagher y Paricia McGovern de la Universidad de Maryland han
 
investigado cómo aumenta el riesgo de sufrir depresión durante el primer año posparto relacionado con los permisos de maternidad cortos o, lo que es lo mismo, la separación madre-bebé durante el primer año(4):
 
“El primer año después del nacimiento presenta un riesgo de depresión en las mujeres, con un 13% de todas las madres experimentando depresión posparto, con síntomas debilitantes similares a la depresión clínica”.
 
En el contexto de la UNED, las madres y padres trabajadores de la Universidad, no disponemos de una guardería dentro de las propias instalaciones de la UNED o del complejo universitario de Ciudad Universitaria que compartimos con la Universidad Complutense, lo que hace todavía más complicada la conciliación de la crianza con el trabajo y, sobre todo, hace sufrir injustamente a los bebés por una separación demasiado temprana y rígida en sus horarios. La tendencia es a que las empresas dispongan de estas instalaciones. Por ejemplo, en el Anteproyecto de la Ley de Igualdad de Andalucía sí se contempla esta obligación para las empresas de más de 500 trabajadores (5).
 
En relación a la conciliación no se puede olvidar, por último, la reducción del tiempo dedicado a ir y volver al trabajo y el impacto medioambiental que eso supone”.

1 Pg. 1, 2 y 115. https://www.congresoaep.org/2013/readcontents.php?file=webstructure/03_comunicaciones.pdf

2 Fragmento del libro “El parto en la evolución humana”del ginecólogo Miguel Tortajada Martínez.

3 http://www.docs4you.at/Content.Node/Vorsorgemedizin/Stillen/Breast_cancer_and_breastfeeding.pdf y http://www.dmedicina.com/enfermedades/2002/07/17/prolongar-lactancia-reduce-riesgo-cancer-mama-6224.html

4 http://www.sciencedaily.com/releases/2013/12/131212100140.htm

5 http://elcorreoweb.es/las-empresas-con-mas-de-500-trabajadores-deberan-tener-guarderia-FL728700

http://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2015/09/05/satse-reclama-guarderias-hospitales-red/793077.html

* Sobre estas cuestiones, que han terminado delegadas en las recomendaciones de los expertos, hay ya demasiado autoengaño. Si queremos vivir con autenticidad no podemos dar de mamar si no nos gusta o resulta un suplicio, incluso cuando ya se han resuelto los problemas “técnicos” del amamantamiento y no hay dolor. Se ha perdido la cultura de la lactancia (y del embarazo/parto respetado), lo que provoca diversos problemas en la relación fluida que se crea durante la misma. Además, nuestra mentalidad actual es muy diferente de la que fue moldeada por el entorno en el que evolucionó el ser humano. Hasta que la recuperemos desde lo popular y no desde el discurso biomédico, un primer paso es no mentirse a una misma y partir, al menos, de la verdad en nuestra conexión con nuestro cuerpo y nuestro bebé.

** Me niego a hablar de “educación infantil” cuando estamos hablando de bébes de pocos meses y son centros que existen como necesidad de las empresas y el sistema productivo/laboral actual. Yo he tenido la opción de no llevarlos tan pequeños pero mucha gente no tiene esa opción ni pueden elegir, dada la precariedad laboral y vital existente (de hecho solamente lo pude retrasar dos años y medio, pero al final fue). Sobre la lactancia materna, lo mismo. Si hubiera tenido obstáculos insalvables para establecerla, hubiera recurrido a la leche de fórmula sin problema, obviamente.

Relacionada:

Análisis y reflexiones en torno al informe de Goldman Sachs “Womenomics 3.0. The Time is now”

Del fordismo a la Fundación Ford

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El capitalismo: la fábrica de la fragmentación, por David Harvey:

“Los años de Reagan y Thatcher se caracterizaron por la fuerte seducción del individualismo, la ambición y el espíritu de empresa. Ademas, la crisis de 1973 puso en movimiento una frenética búsqueda de nuevos productos, nuevas tecnologías, nuevos modelos de vida y nuevas artimañas culturales que pudiesen ofrecer utilidades. Estos años también vieron una reorganización radical de las relaciones internacionales de poder: Europa y Japón desafiaron el poder dominante de los Estados Unidos en los mercados económicos y financieros. He llamado a este cambio general del antiguo al nuevo modelo de acumulación de capital, cambio del fordismo (la línea de ensamblado en cadena, la organización política de masas y la intervención del estado benefactor) por una acumulación flexible (la búsqueda de mercados específicos, la descentralización aparejada con la dispersión espacial de la producción, la retirada del Estado-nación de las políticas intervencionistas junto con la desregulación y la privatización). Me pareció que podía afirmarse con bastante certeza, por lo tanto, que el capitalismo, al sufrir esta transición, había producido las condiciones del surgimiento de los modelos de operación y razonamiento de la postmodernidad“. http://www.letraslibres.com/sites/default/files/pdfs_articulos/Vuelta-Vol16_190_07CptFbFrgDHly.pdf

original

Imagen tomada de Motor Pasión

“Con excepción de su nombre, la Fundación Ford no tiene ninguna conexión con la Ford Motor Company ni con la familia Ford desde hace más de treinta años. Henry Ford II, el último miembro de la familia en el consejo de administración, renunció a la directiva de la fundación en 1976″. https://es.wikipedia.org/wiki/Fundaci%C3%B3n_Ford

La guerra del discurso

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Una amiga, mujer inteligente y valiente donde las haya, me ha prestado un libro titulado “Entender la guerra en el siglo XXI” de Federico Aznar Fernández-Montesinos y prologado por Carme Chacón. Tengo un bebé de 7 meses y justo ahora he agotado el permiso de maternidad, el permiso de lactancia, las vacaciones y los días de asuntos propios y vuelvo al trabajo asalariado. Tengo poco tiempo y lo tengo que utilizar bien. Así que, mientras mi pequeño destruye las construcciones de su hermano mayor, todavía dormido, quiero rescatar estos fragmentos de este libro.

Hay que recordar que nos encontramos en plena guerra fría contra la vida, la libertad, el amor, los vínculos profundos primarios (sobre todo el maternal) y por la instauración de una dictadura de control total, una dictadura donde todo lo importante y esencial, lo poco que quedaba ya que era gratuito y autogestionado, será de forma progresiva sustituido por transacciones de pago, estará mercantilizado y tendrá que pasar por la autoridad y la intervención de los expertos, los dominantes, los elegidos, los que saben mejor lo que es bueno para nosotros, los paternalistas, los estadistas, los empresarios, los banqueros, los jefes del Alto Estado Mayor de la Defensa.

Esta transición de modelo, quizás la última que vivirá la especie humana como tal, será en gran parte “vendida” ideológicamente al gran público consumidor (ya no hablaremos de “pueblo” o “pueblos” sino de “mercados” o “compradores potenciales”) como algo subversivo, algo transgresor, algo positivo y liberador que romperá con las ataduras del pasado que nos aprisionaban. Todo ello con el beneplácito de Estados y ejércitos, que aumentarán el número de actividades humanas que pueden ser susceptibles de ser tasadas impositivamente, y de la industria. Esto en parte es una conspiración, en el sentido de que sigue una estrategia comercial y militar, como la siguen las empresas a través del marketing o las campañas de publicidad (y nadie llama a los creativos publicitarios “conspiranoicos”) y en parte seguirá la lógica interna del propio capitalismo, del imperialismo y del poder, que no necesita de líderes para funcionar o de un flujo constante de órdenes jerárquicas para funcionar. En parte también será fruto del azar y el caos. Una vez que se lanza la bola de nieve, esta se nutre de nuevos copos y crea formas e interacciones con otros elementos que ni los propios creadores hubieran soñado.

Quizás todo esto suene demasiado abstracto e incluso a ciencia ficción. Es posible que esté equivocada pero, sin ánimo de jugar a ser una pitonisa, hay tendencias inquietantes que es posible que nos lleven a tener que pagar en el futuro por los cuidados recibidos desde el nacimiento hasta la emancipación de nuestros progenitores, que quizás nos emitan una factura. Del mismo modo que el sistema sanitario está empezando a emitir facturas a los pacientes para que vean lo que cuestan sus servicios, se va implantando la ideología de que los terrenos todavía no conquistados por el mercado, terrenos vírgenes para el capitalismo, deben ser cuantificados y deben ser emitidos recibos en las relaciones de reciprocidad. Se ha empezado con las relaciones familiares y es posible que lo siguiente sea la amistad.

Para revalorizar los cuidados y evitar abusos de poder entre las personas que viven bajo el mismo techo no hace falta emitir una factura con IVA e IRPF, basta sentarse todos juntos y hablar de lo que no funciona, de cómo mejorarlo y cambiar colectivamente. La reciprocidad o el apoyo mutuo no significa que uno se entregue sin esperar nada a cambio, explotado y humillado, sino que cada cual aporta todo lo que puede dar y recibe lo que necesita de sus familiares/amigos/compañeros. No olvidemos, al intentar comprender estos fenómenos, que la Fundación Ford, por ejemplo, fue una de las promotoras de los microcréditos en India (Banco Graamen), es decir, las grandes corporaciones y los bancos pretender implantar de forma global la cultura del crédito y el trabajo asalariado.

Pero volvamos al libro. No he leído el texto al completo, simplemente lo abrí por algunas páginas al azar y encontré esto que me llamó la atención:

Pg. 47: “El lenguaje como plano para el enfrentamiento:

(…) Palabras, ideas, imágenes generan los discursos sobre los que se vertebran los nuevos conflictos. Con el lenguaje se apela simultáneamente tanto a lo racional como a lo irracional, mediante el lenguaje se construyen cadenas de ideas, narraciones sobre las que se va a articular la violencia, que encuentra así vehiculación y justificación. El relato de las partes es bien diferente (…).

(…) En este marco el lenguaje se emplea para deshumanizar a las víctimas, movilizar a las masas para destruirlas y negar la masacre; el descarrío de las palabras, ligado al desarrollo burocrático y tecnocrático, permite entonces neutralizar los sentimientos de culpabilidad de los ejecutores.

(…) Y es que, con el nombre que se de al conflicto (o guerra) no se actúa tanto contra los medios – que también – como contra la legitimidad de una de las partes, la cual pasa así a ser objeto de discusión.

Llamar a una actividad violenta guerra, conflicto, crisis o terrorismo, es esencial por las consecuencias jurídicas y políticas que plantea: un detenido pude ser un prisionero, un terrorista o un criminal en función del nombre que se de al conflicto o, mejor aún, de aquel que la comunidad acepte. Como resultado, conceptos geopolíticos fundamentales han adquirido significados nuevos.

(…) El unilateralismo hace coincidir la definición académica con la definición operativa, de modo que, por ejemplo, es terrorismo lo que yo defino como tal y son terroristas los que yo coloco en una lista ad hoc.

Terrorista puede ser un adjetivo o un sustantivo, una persona, una situación, un proceso, un hecho o una estructura. Con la palabra terrorista se incluyen realidades muy heterogéneas de modo que su definición condiciona el resultado, cuando el resultado deseado no condiciona la definición. 

Así, existe fuerza  cuando la acción es conforme a una legalidad y violencia cuando es exterior a ella y como resultado del fracaso de la fuerza. El dilema es que “todos los movimientos de liberación son descritos como terroristas por aquellos que los han reducido a la esclavitud”.

Por ejemplo, y como expresión de un deslizamiento terminológico que se incardina en el terreno de los hechos, tras la guerra de Kosovo, un movimiento considerado terrorista, el UCK (ELK, en siglas españolas), ha sido la base sobre la que se han estructurado las nuevas fuerzas policiales.”

Relacionadas:

El mito de la prostitución romántica

Reflexiones en torno al documental Citizenfour

Del fordismo a la Fundación Ford

Enlaces externos:

Fragmento del libro “Chips Espías”

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Una de las pseudoparadojas más importantes de la realidad actual en la que estamos inmersos es que los estados, los gobiernos van en busca del control total y de la transparecian de los gobernados mientras que ensalzan el secreto de estado y la falta de transparencia sobre sí mismos. Es evidente que esto no es ninguna contradicción, una cosa lleva a la otra. Pero las tornas deberían cambiar, ya que son las personas que están en cargos de poder los que tendrían que ser transparentes en el ejercicio de ese poder y no tendrían que impedir que los gobernados accedieran a toda la información. Como en el asunto de la reproducción artificial, se impone el anonimato a los niños pero los de arriba, los médicos y biólogos de las clínicas, sí tienen acceso a la información de los “donantes”: fotos, color de ojos, medidas, antecedentes sanitarios… Desde el poder se nos imponen o se nos quieren vender bases de datos genéticas para protegernos mientras no existe ningún registro oficial que limite y compruebe el número de hijos máximo que pueden producirse con los gametos de una sola persona. La asimetría en el acceso a la información no es casual, es un arma de guerra.

Reproduzco un pequeño fragmento del libro “Chips Espías.  Cómo las grandes corporaciones y el gobierno planean monitorear cada uno de sus pasos con RFID” de Katherine Albrecht y Liz McIntyre:

Pg. 216:

La vigilancia es poder

A los gobiernos les gusta asegurar a sus ciudadanos que la vigilancia les ofrece más seguridad, pero la vigilancia probablemente garantizará más la seguridad del régimen en el poder que lo que protegerá a la ciudadanía. Una vez que las herramientas de vigilancia están en su lugar, los gobiernos se sienten tentados a usarlas para identificar y acosar a las personas que se oponen a su mandato, sean miembros de partidos políticos opositores (piense en Watergate) o ciudadanos que actúan en pro de un cambio pacífico (piense en Martin Luther King, o, más recientemente, en Sara Bardwell, de veintiún años, y miembro del grupo “Food not Bombs” (Alimentos, no bombas) que cocina para los individuos sin techo y que fue recientemente intimidada por el FBI a causa de sus protestas en contra de la guerra en Irak). La vigilancia por el estado tiene un efecto escalofriante en la disposición que tienen las personas de luchar por cambios sociales y de eliminar el abuso. En un estado de vigilancia, las personas se mantienen calladas y se conforman. Y por supuesto, eso es lo que prefiere el gobierno.

(…)

Hasta ahora, mantener la separación entre el conocimiento público y privado de nuestras posesiones ha sido un proceso tan intuitivo y sencillo como es respirar. Si un extraño no puede ver algo, ni escucharlo, olerlo, tocarlo o gustarlo, no se entera de que existe. Siempre hemos mantenido nuestra privacidad por medio de actos físicos sencillos tales como meter algo en una caja o bolsa, donde sabemos que otros no podrán verlo. Cada vez que usted envuelve un regalo, mete una carta en una gaveta, cierra una puerta, oculta dinero bajo su colchón, o coloca algo en sus bolsillos, está confiando en esta suposición básica. Es el puntal de nuestras nociones de seguirdad y privacidad física.

Sin embargo, al crear una especie de vista de rayos X capaz de penetrar bolsillos, paredes y papel  de envolver, los partidarios de los chips espías esperan cambiar todo eso. Su tecnología abre la puerta a una “sociedad transparente” en la que todo lo que hacemos puede ser supervisado, sometido a escrutinio y observado por otros. En el futuro, aun entrar a su casa y cerrar sus puertas podría no protegerle contra los ojos curiosos del mundo exterior. El resultado final podría ser tan dañino para el mundo social como lo sería la energía nuclear mal utilizada para el mundo físico. Y al igual que la energía nuclear, los efectos secundarios podrían tardar años en reconocerse plenamente.

(…)

A medida que la Policía y otros agentes del Estado vayan aprovechando cada vez más el poder del arsenal creciente de tecnologías de vigilancia que tiene el sector de ventas, pronto podríamos encontrarnos en la pesadilla totalitaria descrita por George Orwell en 1984.”

Este libro fue publicado en 2005 y mucho de lo que cuenta ya ha quedado sobrepasado por las últimas medidas de implantación de las tecnologías RFID en la sociedad, tanto comerciales como directamente de control social y represivas. No hay escapatoria al Gran Hermano. Creo que en el monedero tengo unas cuantas tarjetas RFID (la del dni, la del trabajo, abono transportes, ¿el carnet de conducir?, creo que la tarjeta sanitaria todavía no…). Es el sueño del biocontrol total. Las empresas adjudicatarias del anterior DNI electrónico fueron Telefónica, Indra (nombre que tiene su origen en el Dios de la Guerra hindú) y Software AG. Supongo que pensamos: “da igual que me vigilen, no tengo nada que esconder”, pero no se trata de eso, se trata de libertad y dignidad como seres vivos. No tengo nada que esconder pero mi casa no tiene paredes transparentes y reclamo mi intimidad. Los anuncios del Estado me explican muy bien que si me mira el móvil mi novio para controlarme es maltrato. ¿Y qué pasa cuándo es el propio Estado que dice protegerme el que me vigila, rastrea, incluso pretende que una tarjeta que va en el bolso permita “la comunicación con móviles inteligentes a través de una antena de radiofrecuencia y vía NFC”. Esto es neopatriarcado. Y en lugar de denunciarlo, hay grandes sectores de la población en silencio o pensando que realmente hará su vida más cómoda o segura, cuando realmente es todo lo contrario, se crea más inseguridad porque hecha la ley hecha la trampa, hecho el código, hecha la posibilidad de decodificarlo. Todos los partidos políticos son tecnólatras y fuera de los partidos… ¿Hay vida fuera de los partidos y las sectas ideológicas? Somos nosotros mismos los que terminamos pidiendo esos controles desde estados de shock provocados y amplificados por los medios de comunicación.

La estrategia es que no hay estrategia

Es obvio ya para muchas personas que el ser humano va camino de su extinción o, al menos, su existencia se verá condicionada por vivir en condiciones cada vez peores: guerra, violencia, explotación, contaminación de las aguas y del aire, hambre o comida basura, adoctrinamiento, mentira y falta de libertades, deshumanización de todos los procesos fisiológicos… Muere el animal humano y muere el humano que trasciende al animal.

¿Es posible salir de este círculo vicioso? Si pensamos que no, tenemos grandes razones de peso para apoyarnos. No existe ningún grupo organizado que pueda hacer frente a todos los males que nos acechan: ni en partidos políticos, ni en las elites ni en los pueblos del mundo. Nadie quiere vivir sin los lujos energéticos que traen tantos problemas y guerras. Nadie va a dejar de consumir petróleo de dictaduras patriarcales como Arabia Saudita. Es imposible. Ningún partido político puede defender con honradez salirse de la OTAN, sobre todo cuando tienen posibilidades de gobernar y en Podemos tenemos el ejemplo perfecto. La teoría es bonita pero en la práctica no se permitiría ni siquiera la neutralidad. Y en caso de intentar ser neutrales, España volvería a ser un pastel para otros bloques geoestratégicos que tampoco permitirían esa neutralidad. O, peor aún, podríamos ser invadidos por otros estados, o fragmentados, o se podría provocar una guerra civil.

Cualquier tipo de oposición, hoy mínima y totalmente domesticada, es primero comprada, controlada y, si no funciona, es reprimida, infiltrada o asesinada. Como último recurso siempre está la fuerza, la violencia, la muerte.

¿Es posible enfrentarse a un mal tan etéreo que está fuera y está dentro? ¿Es posible enfrentarse al enemigo exterior social y al enemigo interior individual? Ten cuidado con lo que sueñas, puede que se convierta en realidad. A veces ganar es peor que perder. Las utopías se convierten fácilmente en distopías y pesadillas. Ni siquera la revolución del 36 anarcosindicalista fue un triunfo desde esa óptica. Ganó, perdió, pero sobre todo ganó la mentalidad industrial. Incluso sin ningún enemigo quizás hubiera derivado en lo mismo que pensaba combatir, porque el mal es humano y no distingue de ideologías.

Dadas las circunstancias actuales, ¿qué nos queda? Ir tirando a ver cómo transcurren los acontecimientos diarios y mundiales… ¿O no? ¿Hay posibilidad de fugarse a una reserva en la que todavía quede algo humano, tanto lo positivo pero también aceptando lo negativo y trágico? ¿Una reserva al estilo Amish? ¿Al estilo de los heremitas místicos, de los monasterios? ¿O terminaría siendo una reserva zoológica o de caza como las que existen en África para los animales o al estilo de la del libro de Aldous Huxley “Un mundo feliz”?

La estrategia es que no hay estrategia.