Ya puedo dormir tranquila, amamantar es legal…

Pues sí, amigos y amigas, de vez en cuando, como un goteo que no cesa, van saliendo noticias en los medios sobre la protección especial, la autorización, la legalización de amamantar en “espacios públicos”. Esto es una soberana tontería, como sabéis, ya que la lactancia materna nunca ha estado prohibida y lleva practicándose durante los últimos 2 millones de años en el género Homo, como respirar o caminar. Si acaso lo que está prohibido es prohibirla y discriminar a las personas que amamantan, como ya señala la Constitución. Pero, en fin, de todo esto y de los potenciales peligros de este legalismo y regulación desde arriba que asola al mundo de la lactancia, ya hablé en su día en el post: “¿Necesitamos que el Estado nos “proteja” cuando damos de mamar en público?”

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La foto en la que se basa este meme se llama ‘Mujer gitana del Sacro Monte de Granada’ (1951), de Jean Dieuzaide.

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Había publicado esto pero voy a añadir algo más, a raíz de lo sucedido en el Museo Picasso de Málaga:

Ellos nos “permiten”, ellos nos “autorizan a”, ellos nos “otorgan”. El vocabulario utilizado es muy claro. Pero este artículo y el Museo Picasso de Málaga mienten o, más bien, tergiversan, porque la lactancia materna nunca ha estado prohibida en los espacios públicos, ni en este museo ni en ningún otro lugar, y mucho menos en una normativa por escrito y, por tanto, no se puede “permitir” algo que no está prohibido. Bravo por esa mujer que puso la reclamación y un gran abucheo al museo que tendría que pedir disculpas por haber cometido una discriminación anticonstitucional hacia una madre y un bebé, y matizar esto: ellos no permiten nada porque no hay nada que permitir en algo que no les afecta para nada. La infracción, porque esta sí ha sucedido, ha sido suya y esto tiene que quedar muy claro. Al decir que ahora lo “permitirán” están desviando el foco de atención precisamente de esto, porque tendrían que decir que no volverán a molestar ni a expulsar a nadie por este motivo. La guerra del discurso.

Es curioso, la única normativa legal por escrito que sí lo especifica y prohibe la LM más allá de ciertos momentos, el permiso de lactancia dentro del espacio-tiempo laboral, contra esa normativa nunca vamos… En muchísimos trabajos está prohibida la lactancia materna más allá de la hora de lactancia, una hora imposible de usar para madres que trabajan lejos de sus hogares o guarderías (en ninguna empresa hay guardería, por cierto, que a pesar de no ser una solución ideal al menos facilitaría los contactos con el bebé durante las horas de trabajo, los descansos, etc…). Se dice a las trabajadoras que no pasa nada, que se saquen leche, que la congelen y ya está, sin pensar en que sacarse leche es algo desagradable e impuesto por las condiciones externas (intuyo que también es más desagradable para el bebé). Es algo que es así y con lo que tenemos que conformarnos, se supone. Nos tenemos que adaptar y de ningún modo tratar de hacerlo al revés, que sea el mundo laboral y productivo el que adapte a los ritmos de la vida.

En todos los trabajos estaría en teoría prohibida la lactancia materna más allá de los 9 meses, fecha en la que se supone termina este derecho (no era así en la primera ley de permiso de lactancia de 1900, mucho más flexible que la actual). A partir de los 9 meses se supone que los bebés ya pueden pasar 10 horas sin mamar (toman alimentación complementaria o leche materna congelada o de fórmula), lo que es cierto, claro, pero tiene implicaciones biopolíticas en nuestros cuerpos, mentes y emociones que han sido silenciadas durante años. No ha sido algo que hayamos decidido nosotras, alguien lo ha decidido por nosotras. ¿Y por qué de esto no se habla y no se reclama lactancia en libertad dentro de los ámbitos laborales? Porque es un conflicto, un conflicto social que excede a la familia nuclear, a la pareja y a la diada madre-bebé. Es un conflicto mucho más amplio y que excede el tema de la lactancia, el de los cuidados, que es mejor ocultar y no enfrentar porque subvertirlo y desobedecerlo pondría en el tapete ciertos temas que son tabú, porque de ellos depende que el sistema tal y como lo concemos siga “funcionando”. Dejaría en evidencia las prioridades del sistema, lo que se pone en primer lugar y lo que tiene que ir detrás…

Comparemos el permiso de lactancia de 1900 con el actual reflejado en el Estatuto de los Trabajadores:

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Apartado 4 del artículo 37:

4.En los supuestos de nacimiento de hijo, adopción o acogimiento de acuerdo con el artículo 45.1.d) de esta Ley, para la lactancia del menor hasta que éste cumpla NUEVE meses, los trabajadores tendrán derecho a una hora de ausencia del trabajo, que podrán dividir en DOS fracciones. La duración del permiso se incrementará proporcionalmente en los casos de parto, adopción o acogimiento múltiples. Quien ejerza este derecho, por su voluntad, podrá sustituirlo por una reducción de su jornada en media hora con la misma finalidad o acumularlo en jornadas completas en los términos previstos en la negociación colectiva o en el acuerdo a que llegue con el empresario respetando, en su caso, lo establecido en aquella. Este permiso constituye un derecho individual de los trabajadores, hombres o mujeres, pero sólo podrá ser ejercido por uno de los progenitores en caso de que ambos trabajen.

 

“Caos y orden” de Antonio Escohotado (1999)

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Me han llamado mucho la atención estos fragmentos del libro de Escohotado, en relación al post anterior sobre las cigarreras y sus hijos, ese elemento potencialmente “caótico” o poco previsible que se asocia hoy con los bebés, y en relación también con ese afán moderno de acoplar los ritmos internos propios de la relación de lactancia materna al reloj y la disciplina fabril (ver, por ejemplo, las investigaciones pseudocientíficas del pediatra Luther Emmett Holt que introducen de forma masiva el reloj en la forma de amamantar o el famoso “permiso de lactancia”, otra claudicación más disfrazada de “derecho”…).

Además, me ha ayudado a comprender los cambios de paradigma que se están dando y se van a dar próximamente en los ámbitos escolares y laborales hacia una mayor “flexibilidad” y “creatividad”, con sus correspondientes elementos positivos y negativos. Por ejemplo: la eliminación de los deberes o exámenes, trabajar por “proyectos” parece algo positivo respecto al paradigma anterior obsoleto pero a la vez es un refinamiento del sistema de dominación porque se sigue sin cuestionar lo esencial del poder, la productividad  como fin en sí mismo o el tipo de sociedad en que queremos vivir.

El nuevo paradigma necesita un mayor número de otro tipo de trabajadores, más autónomos y “empoderados”, más inteligentes, o al menos los necesita para los cargos intermedios y las elites. En este sentido, las empresas aceptarán, porque necesitan la mano de obra femenina y no quieren que nos retiremos del mundo laboral, que las madres nos llevemos a nuestros bebés al trabajo siempre y cuando la cantidad y la calidad del producto se mantenga o aumente. Pero el poder siempre reside en los mismos, que son los que nos autorizan y guían, los que nos dan permiso para hacer o no hacer, los que mantienen el monopolio de la violencia y el castigo. Esto no es óbice para que nos adaptemos a los cambios porque valoremos que al menos son positivos para, por ejemplo, no separarnos de nuestros bebés y poder amamantar sin restricciones, pero tenemos que entender por qué las organizaciones de poder hacen lo que hacen (o no hacen) al observar el cuadro de conjunto.

Pg. 115: “El mundo-reloj que se abre paso con Galileo es una construcción que remite al omnipotente relojero, y su confianza en una inteligibilidad radical del universo deriva de una previa confianza en el legislador divino. Como observaba Whitehead, la convicción de que todo evento puede conocerse al modo clásico acompaña a un demiurgo muy preciso, construido desde la energía personal de Jehová y la racionalidad de un filósofo griego.

(…) No me parece, pues, arbitrario traducir la vis galileana y newtoniana por su paralelo gubernativo, y hablar allí de merum imperium o poder omnímodo del Príncipe, pues lo que en definitiva se obtiene  es un cosmos-súbdito regido por las reglas inapelables de cierto soberano, aislado de sus vasallos como un emperador en su inexpugnable castillo. Como en el esquema de Hobbes, el conjunto de los seres sucumbiría en un cataclismo inmediato si cada uno se condujese de modo espontáneo, en vez de conformarse con el rol de sombra administrada por un Leviatán providente, única entidad en sentido propio. El orden viene de fuera a dentro, jamás a la inversa”.

Pg 126: “La carga ideológica aparejada a lo simple, regular y periódico es aquello que – de modo muy esquemático – querrían haber expuesto estos capítulos sobre el orden “natural”. Desde primaria fuimos educados para creer esa precisa versión, tan calcada de lo que pide el militar a sus reclutas cuando hora tras hora, día tras día, grita la instrucción de orden cerrado. Lo novedoso, ahora, es precisamente que sucumbe en nombre de la veracidad y el progreso científico, de su portal hacia dentro, sin depender de rebeliones románticas. Fue un ensanchamiento de la razón y no una reivindicación de lo irracional, aquello que inauguró el estudio de sistemas abiertos; y tras pensar lo decretado impensable, sus pioneros regresan llenos de hallazgos, con una comprensión más generosa del mundo. El pavoroso caos, amenaza que cohesionó a tantas generaciones, es sencillamente el orden natural de las cosas, su lado económico o gestionado de sí.

Precedidos por esos pioneros, nos queda asumir el cambio de paradigma a nivel político y ético. Mientras físicos y matemáticos redescubren que el mundo material no es masa inerte, sino poiesis, autocración, las instituciones siguen calcadas sobre reglas inerciales, construidas desde la hegemonía del incorpóreo amo sobre el corpóreo siervo. En el modelo aún vigente prima un orden impuesto desde fuera en perjuicio del que brota y podría brotar desde dentro, y esto cuando la entidad del cambio llama a revisar las pautas de acuerdo social, los criterios de mejora y empeoramiento, las definiciones de libertad”.

Pero aquí viene otro fragmento interesante sobre taylorismo y toyotismo, en relación a lo que ya analicé con el concepto de “empoderamiento” en otro post:

Pg. 337: “A principios de este siglo, el ingeniero norteamericano F.W. Taylor publicó un libro destinado a ser el catecismo de la producción a gran escala, cuya idea matriz era la del trabajador estándar como persona pasiva y aislada, másica, que solo podría optimizarse como mano de obra mediante una tabla de incentivos por pieza tocada. 

(…) Con todo, el estatuto básicamente acibernético de la gran factoría no experimentó cambios sustanciales hasta los años cincuenta, cuando Taiichi Ono, ingeniero jefe de Toyota, puso en práctica el sistema de producción flexible o ajustada como alternativa.

En esencia, este sistema parte de romper el aislamiento y pasividad de quienes intervienen en la cadena, estableciéndola no solo como línea fabril, sino como circuito interactivo de información, capaz de detectar en todo momento fuente y naturaleza de los problemas suscitados. (…)

El riesgo básico al que hacía frente era apostar por la economía del caos frente a la del control unidireccional, convirtiendo a sus operarios en kibernetes autónomos. (…) A finales de los años ochenta, Toyota producía 4,5 millones de coches al año con 65.000 trabajadores, mientras General Motors fabricaba algo menos de ocho millones con 750.000; once veces más operarios talorizados no llegaban a producir el doble de unidades  que once veces menos operarios auto-organizados.

Relacionado:

Fragmento de “El desorden. La teoría del caos y las ciencias sociales” de Georges Balandier

 

Del fordismo a la Fundación Ford

 

Las cigarreras iban al trabajo con sus bebés

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Este libro, “Compañía Arrendataria de Tabacos 1887-1945. Cambio tecnológico y empleo femenino” de Lina Gálvez-Muñoz, contiene información muy valiosa sobre la historia de las madres y la influencia de la mecanización industrial en la vida de las trabajadoras. Por eso, esta noche, tercera noche consecutiva de catarrazo de mi bebé, voy a aprovechar que solamente se duerme en la mochila para escribir. No voy a hacer un resumen del libro (además, no me lo he leído entero) sino que voy a destacar la información que yo iba buscando entre sus páginas y que me ha parecido más valiosa.

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1. El edificio:

La Real Manufactura de Tabacos de Sevilla fue construida en 1728 bajo la dirección de un ingeniero militar, D. Ignacio Sala, para la elaboración manual de cigarros. Me ha llamado muchísimo la atención confirmar una vez más las conexiones entre la fábrica y el ejército en un edificio que hasta disponía de foso defensivo. ¿Para que no huyeran los propios trabajadores o no entrara el enemigo? Según Wikipedia en realidad fue “debido a su construcción extramuros adosado a parte de las murallas de la ciudad por esa zona”, pero en el libro se nos cuenta que además del foso, “mantuvo hasta mediados del siglo XIX un cuerpo de guardia de 20 soldados”. Hay que tener en cuenta que se registraba a todo el personal a la entrada y a la salida, para que no se llevaran tabaco de contrabando. ¡Existía hasta una cárcel propia dentro de la fábrica!

Y nos cuenta Lina Gálvez que dice, a su vez, Bonet Correa: “(…) Sala había diseñado una fábrica a la que le faltaba coherencia y la racionalización que requería un sistema rígido para poder controlar a los obreros y a la producción. Su plano resultaba laberíntico y de difícil vigilancia, por tanto, no es extraño que fuese criticado y a la postre modificado principalmente para poder instalar los nuevos ingenios que se pensaba introducir en la fábrica. Para este autor, al igual que las cárceles en el siglo XVIII las factorías tendieron a crear espacios diáfanos, no sólo capaces de albergar las máquinas sino también para que el patrón o los encargados de la vigilancia pudiesen fácilmente controlar el trabajo“.

2. ¿Por qué se sustituyó a los trabajadores por trabajadoras durante el primer tercio del siglo XIX?

“La razón principal que dio la Hacienda para justificar la contratación de cigarreras fue que las manos de las mujeres eran más apropiadas para la confección del cigarro que las de los hombres que además hacían falta en el campo para levantar el país de la devastación de la guera”. Pero añade más tarde otra hipótesis, “Si esto es así, la Corona pudo haberse decidido por la mano de obra femenina exclusivamente porque presentaba las características que necesitaba: barata y flexible, para un sistema de producción intensivo de trabajo como lo era el de los cigarros y cigarrillos”. Es decir, como la producción era a destajo, manual e intensiva, y a su vez era flexible, las necesidades de la producción iban más acordes con la mano de obra femenina, como veremos después.

Las cigarreras eran mano de obra cualificada que aportaba el salario principal en sus familias (en concreto, en el 50% de los casos a principios del siglo XX) y sus maridos trabajaban también, pero solían tener trabajos temporales. La decisión de cambiar la mano de obra masculina por la femenina, de expulsar a los cigarreros, fue una decisión política de la Hacienda tomada a principios del s. XIX “con la presión contraria de la sociedad y las elites locales”. Pero aún así, siguió habiendo hombres en la fábrica con una clara división sexual del trabajo: mujeres en los talleres de elaboración y hombres en el picado, máquinas y el taller de faenas generales, supervisión, vigilancia y tareas burocráticas.

En otra parte del libro la autora dice algo con lo que no estoy de acuerdo: “las mujeres eran identificadas como trabajadores baratos, flexibles, sumisos y que se adaptaban con mayor facilidad a los trabajos monótonos  tal y como estaban acostumbradas por las tareas domésticas en las que habían sido aleccionadas desde la infancia”. ¿Sumisas? Creo que en este blog ya he hablado bastante de ese aspecto aquí, aquí, aquí   y aquí entre otros posts. Pero es que, además, el propio libro lo contradice con cómo defendían sus intereses estas mujeres dentro de la empresa, por ejemplo contra la introducción de máquinas. Además, las tareas domésticas son igual de monótonas (o de no monótonas) que cualquier otro trabajo fuera de casa, que también tiene sus rutinas.

3. ¿Cómo se organizaba el trabajo?

Las operarias se agrupaban en ranchos, mesas de trabajo que funcionaban como unidades de producción a la hora de entregar el trabajo y ser remunerado, en las que trabajaban de seis a diez mujeres dependiendo de los talleres. En cada rancho había un “ama de rancho” que era la que llevaba las cuentas.

4. Los bebés.

“La costumbre de que las cigarreras fueran acompañadas de sus hijos siguió a lo largo de todo el siglo incluso después de que se prohibiera a partir de 1882, cuando sólo permitieron llevar niños que fueran de pecho”. Había flexibilidad en la asistencia y en la entrada, el empleo era hereditario: se transmitía de madres a hijas, que aprendían el oficio cuando acudían a las fábricas acompañando a las madres para ayudar en el cuidado de los niños de pecho. Esto era muy cómodo para la empresa porque no tenía que pagar por la enseñanza del oficio.

Más tarde explica el sistema en el que el papel de las hijas como “alomadres”, en vocabulario de la antropóloga Sarah Blaffer Hrdy, era fundamental:

“Las cigarreras llevaban a sus hijas pequeñas a las fábricas para que ayudaran en el cuidado de los niños de pecho que, en cunas suministradas por la dirección se encontraban a cientos repartidos por los talleres. Al mismo tiempo, estas niñas aprendían a liar cigarrillos. Este sistema era muy ventajoso para la renta ya que siempre había mano de obra joven, dispuesta y preparada para incorporarse a las fábricas sin tener que invertir en aprendizaje en un trabajo que necesitaba varios años de preparación. Estas cigarreras que entraban en categoría de aprendizas solamente tenían que adquirir velocidad en la labor y ser destinadas al taller para el que presentaban mayor adecuación. (…) Igualmente era más fácil controlar la mano de obra si toda la familia era dependiente de un mismo empleador”.

Lina Gálvez nos cuenta después que cuando se hizo la transición del taller manual al mecánico, el jefe de la fábrica de Sevilla entre 1896-1918 no quería que entraran las hijas porque ya venían con “vicios” cogidos (el vicio de la flexibiliad y no tener disciplina), pero la dirección de la empresa siguió prefiriendo contratar a las hijas de las cigarreras porque era la única forma de que las cigarreras aceptaran sin oponerse con violencia, la compra de maquinaria para los talleres. De hecho, en 1885 casi lincharon al jefe de fábrica por el rumor que existía de que habían llegado a la fábrica máquinas de liar cigarrillos. ¿Habíamos dicho que eran sumisas? Como indica Lina Gálvez, estas mismas cigarreras aceptaron las máquinas cuando fue la única manera de continuar con el trabajo hereditario por sus hijas. La jugada de la empresa fue decir que solamente entrarían aprendizas para ocupar los taller mecánicos, no los manuales, durante el tiempo de transición de un modelo productivo al otro.

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Imagen: grabado de Gustavo Doré sobre las cigarreras en 1862. Las cunas las ponía la empresa y, después, en el siglo XX comenzaron a poner guarderías dentro de la fábrica.

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“Motín de cigarreras en la Fábrica de Sevilla (marzo 1885) , provocado por los rumores de la introducción de máquinas para el liado de cigarrillos de papel -las célebres Bonsack- que amenazaba sus puestos de trabajo”. Tomado de este blog.

Como decíamos, en 1882 se prohibió la entrada de los hijos e hijas mayores y solo dejaron entrar a los lactantes. Así fue la prohibición: “Desde el día de mañana queda terminantemente prohibido el entrar en el establecimiento niños y niñas que no sean de pecho y los que se encuentran en este caso, deberán tenerlos sus madres en los brazos o en cunas a su lado, quedando también prohibidas las niñeras”. De un plumazo, estaban poniendo trabas a la conciliación de las madres, aunque todavía al menos dejaban entrar a los bebés, algo hoy todavía impensable en nuestras oficinas donde ni se pone guardería ni hay un clima que propicie la entrada de los bebés, pero es que yo pienso que nuestra sociedad sufre de bebefobia y eso es harina de otro costal…

Sin embargo, cuenta la autora que sabe por entrevistas que todavía a principos de siglo XX las cigarreras seguían llevando a sus hijas para que cuidaran a los niños lactantes (por cierto, en el libro comenta que seguían dando el pecho “cuando ya andaban”) y aprendieran el trabajo desde los 10-13 años. Es decir, la normativa se incumplió.

Y aquí se responde a uno de mis intereses al comprar y leer este libro: “Con la introducción de las máquinas se prohibió que las madres tuvieran a los niños consigo en los talleres mecánicos; estos se quedaban con las abuelas en los manuales y las madres sólo los tenían para el pecho dos veces al día durante media hora cada vez”. ¡Toma ya! Llegaron los horarios fijos a poner orden en tanta lactancia libre, sin horarios, a voluntad, a deseo mutuo… Es decir, es el mundo laboral y productivo el primero que fijó horarios rígidos a la lactancia. Después el relevo teórico lo tomó la “ciencia” o la pseudociencia, más bien, de la mano de pediatras como Luther Emmet Holt, del que he hablado bastante en este blog. Pero la teoría tenía que apoyar los deseos del Capital mecanizado y adaptarse a él. Que hay que limitar la lactancia, bien, ya nos encargamos nosotros de inventarnos una teoría o doctrina ad hoc. Fue la máquina, fue el capitalismo, pero antes que ellos, fue el Estado. No olvidemos que esta empresa, la mayor de España en número de trabajadoras (30.000) era propiedad del Estado, de la Corona en régimen de monopolio. Fueron los reyes los primeros empresarios del incipiente capitalismo. Esto siempre se les olvida a los que demonizan a “los mercados” y son “anticapitalistas” sin ser “antiestado”, es decir, se le olvida a toda la izquierda.

Con la entrada de las máquinas los niños no podían estar con sus madres pero seguían con las abuelas en los talleres manuales y después a las guarderías que se abrieron durante los años cuarenta. Para la empresa ya no tenía sentido el aprendizaje familiar porque se trataba de trabajos mecánicos. No es lo mismo liar un cigarro manualmente, que casi es un arte, a apretar botones y palancas, creo entender…

5. Eso que ahora se llama “Tribu”…

Las cigarreras tenían “tribu”, pero de la de verdad, no un grupo de padres que se reúne una hora a la semana. La familia extensa vivía cerca, había patios de vecinos y los lazos de solidaridad eran tan fuertes que las cigarreras se hacían cargo de los niños de las madres que se morían.

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Cigarreras sevilladas, dos de ellas junto a sus bebés.

6. Flexibilidad y empleo hereditario de madres a hijas.

Las cigarreras tuvieron siempre dos reivindicaciones: una expresada de forma clara, la de que su trabajo lo heredaran sus hijas, y la otra reivindicada con la práctica y la acción, la flexibilidad. “La responsabilidad doméstica que por su género les imponía la sociedad hacía que tuvieran un compromiso laboral basado en un uso del tiempo flexible que en la fábrica se materializó en la impuntualidad y en las continuas faltas de asistencia”. Yo aquí tengo que decir que no tengo tan claro que eso que denomina responsabilidad doméstica lo imponga la sociedad, es decir, que sea algo meramente social o cultural, si acaso biocultural en lo que respecta al cuidado de los hijos (obviamente no me refiero a la limpieza de la casa). Lo siento si suena políticamente incorrecto pero creo que las madres tenemos una relación diferente con los hijos cuando son pequeños, sobre todo a través de la lactancia. Y también pongo en duda que fuera algo impuesto desde fuera. Es como cuando mi hijo tenía dos meses y había gente que decía que saliera a tomar algo a pasármelo bien. Fui a un concierto y no podía dejar de pensar en él y deseaba volver corriendo para ver si estaba bien. En cualquier caso, estas mujeres no parecían muy apocadas y si hubieran tenido algún problema con ese tema, al igual que por casi linchan al jefe de fábrica, traían el salario principal a casa e imponían un matrilinaje laboral, imagino que sabrían negociar bien sus intereses dentro de la casa. Además, es importante señalar que incluso en sociedades matriarcales o matrilineales como la de las Mosuo hay división sexual sin patriarcado ni machismo, lo que rompe uno de los clásicos argumentos del feminismo actual que los asocia de forma intrínseca.

La autora señala un aspecto importante respecto al trabajo infantil, que siempre se estudia como algo negativo desde nuestra proyección actual y, sin embargo, en esa época era una forma de enseñarles un oficio. Un testimonio del libro en este sentido: “Mi madre que en gloria esté entró a cuidar a un niño chico cuando era una chiquilla y de ahí empezó a hacer pitillos con medio papel hasta que ya lo hizo grande (…)”. El libro explica muy bien que fue cuando la empresa se mecanizó y empezó a exigir que las operarias supieran leer y escribir cuando las madres mandaron a sus hijas a los colegios.

7. Flexibilidad horaria y disciplina fabril:

La autora habla también en el libro de los problemas que tuvieron los empresarios durante la industrialización para que los trabajadores aceptaran los horarios y la disciplina de fábrica. Esto es sumamente interesante, ahora que ya llevamos décadas de sumisión e indefensión aprendida en este sentido, tanto en los colegios como en las oficinas. Por supuesto, sumisión disfrazada en todo lo demás de libertad y, en muchos casos, falso radicalismo, porque los problemas más graves no se enfrentan jamás, siempre se esconde la cabeza cual avestruz.

Uno de los aspectos del libro y que más me ha hecho reflexionar es el tema de la campana (con en los coles, las cárceles, etcétera…) como símbolo del capitalismo industrial. La campana de fábrica es el elemento que subordina el tiempo de las cigarreras a la disciplina industrial. El libro habla del “nuevo orden industrial” en el que se usa el concepto de “el tiempo es dinero”, parecido a nuestra expresión coloquial “mi tiempo es oro”. La cigarrera controlaba su propio tiempo, el trabajo era a destajo y con horarios flexibles hasta que llegaron las máquinas. Después se impuso el pago por jornal.

El horario era flexible en el sentido de que las cigarreras entraban, en teoría, entre la 8-10 de la mañana, pero en la práctica entraban incluso más tarde porque tenían que vestir a los niños, preparar comida, limpiar, etcétera. Los hombres sí cobraban a jornal y no tenían flexibilidad horaria.

La ley de 13 de marzo de 1900 instauró la hora de lactancia (limitando la lactancia libre, con todas las consecuencias bioculturales para la madre y el bebé, recordemos por ejemplo la disminución y duración de la amenorrea de la lactancia y su relación con el trabajo), que podía dividirse en dos medias horas*. Esta ley a las cigarreras solamente les afectó a las que trabajaban ya en los talleres mecánicos como operarias, no en los manuales donde había lactancia sin restricciones. Es curioso que la reivindicación legal de las pausas de lactancia sea en parte una claudicación, una concesión que tiene que ser otorgada desde el poder, en lugar de reivindicar la libertad de la relación simbiótica madre bebé como algo intrínseco a la vida, algo prepolítico, prelaboral y preproductivo. Yo al menos lo veo así. Es importante señalar que aún así antes de que se iniciara la Guerra Civil su convenio (ya para las trabajadoras mecánicas) superaba la ley con 2 horas para la lactancia.

En el tema sindical, el libro deja claro que hasta la primera guerra mundial las cigarreras no tuvieron interés en sindicarse porque las estrategias de los sindicatos no coincidían con sus intereses ni su situación personal dentro de la economía familiar. Entender esto es de suma importancia para los sindicatos del siglo XXI, si quieren comprender por qué hay tan baja sindicación de mujeres. Por cierto, interesante es también la parte del libro en la que explica la profesionalización del sindicato de cigarreras y tabaqueros con la modernización, pero no voy a hablar de ello ahora porque me iría por otros temas. Animo a quien le interese el asunto a leer el libro. Otro dato curioso es el de que cuando se impuso la jornada de 8 horas esto supuso una bajada de la producción y pérdidas salariales, tenían menos horas para ganar lo mismo y a las cigarreras les afectó mucho la pérdida de la flexibilidad.

Lina Galvez aporta el siguiente dato: el porcentaje de cigarreras casadas entre 1887-1945 era del 81% mientras que para el total de la población femenina era del 10%. Ganaban bastante más que las otras obreras, tenían horario flexible y podían “conciliar”, como se dice ahora. Entre las propias cigarreras había diferencias salariales entre manuales y mecánicas pero las diferencias salariales más sangrantes fueron  entre las mecánicas y los mecánicos, que pasaron a ser claves en los talleres y por término medio doblaban en salario al de las mujeres.

Con la mecanización y la disciplina fabril llegan los uniformes. ¡Adiós a la falda de volantes y el mantón de manila! ¡Adiós a los colores! Llega la uniformidad, la homogeneidad, el color fijo, la forma fija. Las trabajadoras forman parte de un ejército. Como dice la autora en un pie de foto de una imagen de 1923: “la introducción de las máquinas y la puesta en marcha de los talleres mecánicos también implicó un cambio en la etética de las cigarreras, al menos, durante las horas de estancia en las fábricas”. Pero no fue lo único que cambió, también se redujo el personal en un 70%, descualificándose laboralmente las que quedaron. Con la mecanización se acabó la herencia madre-hija de los trabajos y el hombre comenzó a ser el cabeza de familia. Sobraba personal y durante los años veinte del siglo XX ya no admitían nuevo personal femenino, era la “nueva política de contratación” de la empresa:

“Hay que tener en cuenta que, desde que ingresaron las aprendizas a principios de la década de los veinte para ocupar los puestos en los talleres mecánicos de cigarrillos no volvieron a entrar operarias hasta finales de los años cincuenta. Fue, por tanto, a principios de la década de los sesenta que se admitieron aprendizas, que sólo podían ser solteras. Durante algunos años aquellas que se casaban tenían que abandonar su puesto de trabajo algo que cambió pronto.”

El tema de las casadas y solteras es muy interesante, ahora que vuelve a estar de rabiosa actualidad con las noticias de que algunas empresas pagan la congelación de óvulos a sus trabajadoras, porque por casadas la empresa entendía “madres” con hijos a cargo. Dice Lina Gálvez:

“El que la flexibilidad laboral que fue conveniente durante la primera fase no lo fuera en esta segunda, cuando las máquinas que llevaban su propio ritmo ya estaban funcionando, queda de manifiesto en una medida tomada unilateralmente  por el jefe de la fábrica de Sevilla: decidió expulsar a toda aprendiza que contrajera matrimonio. La ilegalidad de la medida quedó patente con el cambio de jefe en los años veinte y la nueva adminisión de aprendizas, para los talleres mecánicos de cigarrillos. Ya en la tercera fase, junto con las nuevas aprendizas fueron reingresadas todas las mujeres con capacidad y disponibilidad para trabajar que fueron despedidas entre 1912 y 1915 por haber contraído matrimonio”.

En resumen, entrada de las máquinas, mayor disciplina fabril. Talleres manuales, menor disciplina fabril y mayor flexibilidad. ¿Por qué? Porque la rentabilidad de imponerla estaba relacionada con el aumento del producto por trabajador obtenido con las máquinas. Esto quiere decir que cuando eran poquitas las operarias en los talleres mecánicos respecto a los talleres manuales, no era rentable imponer la inflexibilidad y la disciplina. Sin embargo, cuando se fueron haciendo viejas y jubilándose las abuelas de los talleres manuales y aumentó el número de jóvenes en los talleres de máquinas (y, por tanto, el número de productos producidos por esas máquinas), sí se fue imponiendo esa disciplina fabril porque en ese momento sí salía a cuenta.

¿Tiene todo esto alguna relevancia para el momento actual?

Yo creo que sí. Como sabéis he empezado una serie de programas en mi trabajo en los que me he llevado a mi hijo a las grabaciones. Yo estoy en régimen de teletrabajo, que es un régimen flexible en el que solamente tengo que ir 2 días presenciales con eso que Lina Gálvez llama “disciplina horaria”. El resto de los días no tengo que fichar y trabajo en casa. Esta es una estrategia de empresa basada en que el trabajador se comprometa a realizar determinados objetivos (en mi caso la realización de determinado número de programas). A mí como madre lactante y madre de otro niño ya escolarizado me interesa trabajar así mas que del otro modo (ir los 5 días a la oficina) pero soy consciente de que algo se está moviendo a nivel de estrategia empresarial. Además, me surgen dudas del tipo… ¿Para criar a un bebé no es necesario tener familia extensa y apoyos cerca? Ese punto no lo he resuelto del todo, a pesar de la gran ayuda familiar que tenemos los días que trabajo presencialmente, porque al final estoy casi todo el día sola con él. ¿En el mundo actual se pueden hacer las dos cosas, trabajar y criar, haciéndolas bien o una de las dos siempre va a salir perjudicada (espero que no la crianza, que para mí está por encima de lo demás)? ¿No será que al final no es posible conciliar y la única forma de criar como me gustaría es dejar de trabajar o con permisos de maternidad largos y pagados de mínimo un año? Pero, entonces, ¿no volvería a estar sola con un bebé durante todo el día? ¿No deberíamos trabajar todos a media jornada? Lo que sí tengo claro es que quiero cuidar, que requiere esfuerzo pero lo quiero hacer y necesito estar cerca de mi hijo.

Por otro lado, a pesar de que durante toda la historia de la humanidad las mujeres han tenido hijos y han trabajado, ahora parece que es imposible. Se entiende por conciliar dejar a tu hijo de pocos meses en una guardería en la que no eres bienvenida, con periodos de “adaptación” ridículos en los que se te pide en muchas de ellas que dejes al niño en una especie de “torno” y no mires atrás cuando le escuches llorar, en el que las madres y los padres estorbamos, en las que se nos mandan “deberes” para organizar también nuestro tiempo de ocio con nuestros hijos como si fuéramos inútiles y seres sin creatividad propia… Lo mismo que vuelve a ocurrir con 3 años y comienzan el cole. Eso no es conciliar, eso es aparcar a los hijos para entregarnos a la empresa. Además, las AMPAs de los colegios muchas veces en lugar de ejercer de defensores de los niños se convierten en entes regresivos en los que promover ludotecas los días festivos, es decir, robarles a los niños sus días de vacaciones porque los padres y madres somos unos cobardes incapaces de plantar cara en nuestras empresas y aumentar los días de asuntos propios o los días festivos para acoplarnos a los de nuestros hijos y no al revés. Como siempre, son los más débiles los que pagan nuestra falta de valentía para afrontar los conflictos. Porque aquí hay un conflicto, señores y señoras, un conflicto oculto, invisibilizado. Para visibilizarlo lo único que hay que hacer es llevarnos a nuestros hijos a las empresas, que se sepa que existen, que no nacen y se gestan todavía en vientres artificiales y fruto de bases de esperma y óvulos congelados anónimos y guardados por el Estado. No vienen de París, no nacen en las huertas y los trabajadores no nos generamos por generación espontánea.

Sacar a la política de este tema me parece fundamental. Todo esto son temas prepolíticos, antes de entrar en lo político. Son temas tan básicos y elementales que todas las personas, independientemente de su ideología o credo deberían ponerse de acuerdo o al menos pensar sobre ello. Somos animales humanos, no máquinas, somos vulnerables, nos ponemos enfermos, tenemos discapacidades y capacidades diversas, sangre en las venas. Sin cuidados, no hay vida. Y eso mismo se manifiesta en lo que está ocurriendo en el mundo. No hace falta idealizar el pasado preindustrial (algunos idealizan el pasado paleolítico), porque no era un paraiso ideal, los paraisos solamente existen en los mitos religiosos. Pero lo que diferencia fundamentalmente a nuestra época es que lo que está en juego es la existencia misma de vida en el planeta, no si esa vida y su calidad será buena, mala o regular. No si habrá mortalidad infantil del 50% o del 0%. Es que si seguimos así no habrá animales ni habrá seres humanos, quizás sí bacterias y virus, no lo sé. Se mueren las abejas, se esquilman los océanos, se contaminan las aguas… Y todo por falta de cuidado y de cuidados. El único cuidado permitido es el cuidado a la empresa y el cuidado al Estado. Como ya dije en el post sobre el informe Womenomics de Goldman Sachs la clave también está en el QUÉ estamos tratando de conciliar.

Termino este post en otra noche más de insomnio de la misma forma como lo empecé, otra noche y el mismo bebé en la mochila durmiendo, tosiendo y moqueando. Buenos días.

*ACTUALIZACIÓN: acabo de descubrir el Real Decreto de 1900 y era mucho más flexible de lo que pensaba, incluso más flexible que la legislación actual:

permiso de lactancia

Relacionada:

El cuadro “Las cigarreras” de Gonzalo Bilbao (1915)

Nerea, no estás sola

Buenas noches, Nerea,

te escribo esta carta pública que sé que dificilmente podrás leer porque te mantienen encerrada injustamente. Te escribo de madre a madre, con sinceridad y sin pensármelo mucho, porque quiero que salgan las palabras que tengo dentro, con su rabia y su dolor si es preciso. Mi hijo es más pequeñín que el tuyo y, aunque la situación no es ni remotamente parecida, sé lo que es sentir que tienes los pechos llenos de leche, congestionados, y no poder ofrecérselos a la personita que gustosa se lo bebería. Peor, a la personita que lo necesita, quiere y desea. Sé también, aunque hace mucho que no soy un bebé, que los niños de esa edad sufren cuando se les separa de lo que más quieren, su apoyo, su mamá.

Vivimos en un mundo de mierda. No me queda otra que usar malabras malsonantes para describir lo que os está pasando a ti y a tus hijos, a tu familia. La cárcel es la rotura más extrema de los vínculos. No es justo. No sé qué podríamos hacer para que determinadas figuras de autoridad se dignaran a indultarte o al menos permitirte estar con tu hijo. O permitir a tu hijo estar contigo, que es a él al que han castigado finalmente los lumbreras de la “Justicia”.

Nerea, no me importa el delito que hayas cometido, ni siquiera veo necesario haberlo hecho público. No hay infracción del código penal, por muy leve o grave que sea, que debiera permitir que os separaran a tu bebé y a ti. No veo necesidad de ideologizar tu problema, por eso no voy a aludir a mis ideas, ni a profundizar en lo que pienso sobre determinadas leyes que considero injustas, ni hablar de lo que pudo pasar con tu anterior pareja o dejó de pasar. Para luchar hay que unir e integrar, no fragmentar. Independientemente de lo que haya ocurrido, una madre y su bebé tienen que estar juntos cuando desean y anhelan estar juntos. Porque cuando se separan sufren innecesariamente, injustamente. Porque esa relación es sagrada y está más allá de todo lo demás, de la política, de la religión, de las teorías y las grandes palabras. De todo.

Nerea, tampoco me importa lo que diga la OMS sobre la lactancia materna, aunque entiendo que los abogados usen un argumento de autoridad frente a los otros argumentos de autoridad del sistema absurdo carcelero. Así es el juego y yo también he jugado a él como estrategia. Pero la realidad es que te apoyaría, os apoyaría del mismo modo si tu hijo tomara el biberón o tuviera 10 años. Es más, también es injusto que te separen de tu hijo mayor, porque los hijos necesitan a las madres y las madres necesitan a los hijos. ¿Tan difícil es de comprender que hace falta que la Organización Mundial de la Salud y sus gerifaltes nos avalen? ¡No! ¡Basta ya! El amor no debería tener que pedir permiso para abrirse paso. Sin embargo, como he dicho, en este mundo estúpido es necesario aludir a trescientos mil artículos científicos en lugar de traer a colación la ética, la justicia, la moral, los valores, lo inmaterial, lo que no se puede medir, ni pesar, ni entiende de horarios, relojes o artilugios biopolíticos, muchas veces desagradables, como el sacaleches.

Nerea, te apoyaría también aunque no tuvieras  hijos. No hay más prueba de que el sistema judicial y penitenciario es inmoral que comprobar como cada día mete en la cárcel a personas que han rehecho su vida. El castigo, si alguna vez tuvo sentido, que sería debatible, ya no tiene ninguno. Además, el sistema tendría en primer lugar que tratar de, en vez de castigar, rehabilitar cuando realmente haya algo que rehabilitar* y propiciar que no se den las condiciones vitales que fomentan la violencia en las relaciones humanas.

Nerea, no estás sola, vamos a sacarte de allí con nuestro apoyo, nuestra energía, nuestros ánimos, nuestra protesta y vamos a hacer que podáis estar juntos tu bebé y tú, tus hijos y tú, tu familia y tú.

Te mando fuerza, un abrazo y energía maternal, que lo puede todo.

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Más información:

*Muchas veces se usa el concepto de “rehabilitación” como forma de integrar en el sistema al pensamiento y la acción legítimamente disidente y que ejerce la desobediencia civil ante una ley injusta.

Fragmento de “Who stole feminism?” de Christina Hoff Sommers

He encontrado otro ejemplo de la pugna entre libertad y despotismo ilustrado dentro de la historia del feminismo en el libro “Who stole feminism?” (“¿Quién robó el feminismo?”) de Christina Hoff Sommers. Otro momento podría ser el de la polémica del voto femenino entre Victoria Kent y Clara Campoamor (aunque yo soy de la opinión que era una polémica estéril, ya que ni las mujeres ni los hombres elegimos nada en las elecciones del Estado).

Ahora existe un debate similar en el tema de una hipotética ampliación de los permisos de maternidad y paternidad, donde el punto de mayor conflicto está en su “intransferibilidad”, es decir, la imposición de que sean iguales para madres y padres para evitar que las mujeres tomen decisiones “equivocadas”. Menos mal que hay mujeres mucho más inteligentes que las demás para mostrarnos el camino correcto a seguir. Curioso que nunca se plantee que el derecho, de existir, quizás tendría que ser del bebé a ser cuidado por personas que le quieren, el derecho a no ser institucionalizado a edades tan tempranas por imperativo del mundo productivo o incluso hablar de un derecho de la diada madre-hijo durante la fase en la que son una pareja simbiótica*.

Leo en las páginas 256-257 del libro de Christina Hoff Sommers:

“Betty Friedan una vez le dijo a Simone de Beauvoir que creía que las mujeres tendrían que tener la opción de quedarse en casa y criar a sus hijos, si es eso lo que querían hacer. Beauvoir contestó: “No, no creemos que ninguna mujer debería tener esa opción. Ninguna mujer debería estar autorizada a quedarse en casa a criar a sus hijos. La sociedad debería ser totalmente diferente. Las mujeres no deberían tener esa opción, precisamente porque si tienen esa opción, demasiadas mujeres la elegirían”**.

De Beauvoir pensaba que esta política drástica era necesaria para evitar que las mujeres llevaran marchitadas vidas convencionales. Aunque no lo explicó en detalle, debe haber sido consciente de que su sociedad “totalmente diferente” requeriría de una legión de Grandes Hermanas pagadas por el Estado con el poder de prohibir a cualquier mujer que quiere casarse y quedarse en casa con los niños de llevar a cabo su plan. Ella revela la típica actitud condescendiente de muchas feministas de género hacia las mujeres “no iniciadas”.”

*Simbiótica, aclaro, no quiere decir una madre y un bebé aislados entre cuatro paredes durante todo el día. Esto, en mi opinión, no es sano y es otra imposición del sistema productivo. Somos seres sociales, necesitamos comunidad y familia extensa para criar, cuidar y ser cuidados.

**La fuente que señala Sommers en su libro es: “Sex, society, and the Female Dilemma” (un diálogo entre Friedan y de Beauvoir) en Saturday Review (14 de junio de 1975, pg. 18). En palabras de Sommers: “Como feminista de la igualdad tengo mucho que admirar del trabajo de Beauvoir, pero su tolerancia hacia el autoritarismo no es parte de ello. Quizás estuvo influenciada por Jean-Paul Sartre, uniéndose a él en su fase maoista de los setenta. Esto quizás ayude a explicar, aunque no a excusar, sus ganas de usar el poder del estado para forzar a la gente a vivir vidas “correctas”.

Relacionado:

El concepto de libertad en “Desiguales por Ley” de María Pazos Morán (Podemos)

Apego al Estado: la visión de Sun Yat-sen

Mujeres en el Libro Rojo

Louise, cuidadora de un bebé llamado Simone (de Beauvoir)

 

Este blog ya no guarda estadísticas de ningún tipo

Hoy un post corto, cortísimo. Acabo de desactivar y borrar un plugin de estadísticas que tenía en el blog. Creo que no tiene mucho sentido que me escandalice del control al que nos somete el Estado y las empresas y yo haga lo mismo con mis lectores. Además, empecé este blog como una necesidad personal de escribir, investigar y analizar la realidad, por eso, seguiré escribiendo independientemente del número de visitas diarias o mensuales. No quiero saber quién eres, ni cómo has llegado hasta aquí, ni cuántos sois, ni qué navegador usas, ni si te conectas con teléfono u ordenador… Si te quieres presentar, di tu nombre. Estaré encantada de leer tus comentarios y reflexiones. No me interesa espiarte ni tener una estrategia sobre cómo aumentar el número de lectores. Me da igual la cantidad de visitas que tenga este blog, lo que tenga que decir, lo diré, lo lea una persona o mil.

Desactivemos el paradigma del Poder y el control total dentro de nuestras propias vidas.

Buenas noches.

 

Relacionado:

Fragmento del libro “Chips Espías”

Reflexiones en torno al documental Citizenfour

 

La Junta de Damas como precursora del feminismo español

El otro día llegó a mis manos de casualidad la memoria 2009-2012 del consejo territorial de Tetuán. En él hay una parte dedicada a Josefa Amar y Borbón, ya que le pusieron su nombre al Centro Social Comunitario del barrio en el año 2010. Las actividades de este centro las desconozco, pero sí había leído algo sobre este personaje histórico de la Ilustración cuando escribí un artículo sobre la Inclusa de Madrid y la Junta de Damas de Honor y Mérito.

Me ha llamado especial atención este fragmento del texto, que ha sido capaz de arrancarme una sonrisa con su peculiar forma de contar las cosas:

La labor de la Junta de Damas consistía, fundamentalmente, en la lucha a favor de las mujeres, los niños y las niñas más desfavorecidos. Con la creación de la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, la Real Fábrica de Cristal de La Granja y la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro, promovidas todas ellas por Carlos III, la Junta de Damas aprovechó la ocasión para crear las llamadas “Escuelas Patrióticas”, donde se enseñaba a las jóvenes a leer y escribir y un oficio, de cara a conseguir un trabajo en estas fábricas. Así como a la creación del “Montepío de Hilada”, que dotaba de ayuda económica a estas jóvenes y daba trabajo en las fábricas a las alumnas de estas escuelas.
La idea esencial, era que las jóvenes pudieran acceder al mundo laboral e intelectual, así como al aumento de la producción de estas fábricas, demostrando que el papel de la mujer era muy importante de cara a la productividad del país.
(…)
La Junta de Damas es, a día de hoy, catalogada como la precursora de todo el movimiento social y feminista que, con posterioridad, protagonizaron mujeres de la talla de Concepción Arenal o Victoria Kent.

Lo que podemos leer aquí es básicamente que la Junta de Damas, la sección femenina de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, tuvo como objetivo explotar a las mujeres para aumentar la productividad del Estado y sus recién creadas empresas. Pero leamos otro texto, esta vez de la historiadora Victoria López Barahona:

“(…) estrechamente vinculado con el proyecto de abolición de los gremios.
En segundo lugar,  las escuelas – taller arrojan luz sobre los factores extraeconómicos que entran en juego en las relaciones  de  producción,  concretamente,  el  papel  de  los  patrones  normativos  de  género  en  la  organización  social  del  trabajo.  No  en  vano,  uno  de  los  principales  objetivos  del  programa  reformista  consiste  en  reorganizar  la  producción  según  unos  criterios estrictos de división sexual.
En tercer lugar, el empleo en las escuelas – taller de  niñas y adultas, sector excluido de los canales formales de aprendizaje que monopoliza  el sistema gremial, introduce el debate de la cualificación de la mano de obra femenina. Con la ley de 1779, que legaliza el aprendizaje de las mujeres en los oficios textiles, las  escuelas – taller  de  promoción  estatal  se  presentan  como  un  canal  de  aprendizaje  formal  alternativo al gremial con un doble objetivo: la enseñanza moral de las niñas, definiendo  un modelo concreto de mujer, y su especialización laboral sólo en aquellas “maniobras  propias  de  su  sexo”,  modo  de  asegurar  que  dicha  especialización  no  conllevara  aumentos salariales, ni que la posible cualificación derivada del aprendizaje les abriera  las  puertas  de  la  maestría  en  igualdad  de  condiciones  con  los  varones”.
“Sobre  las  escuelas – taller  que  funcionaron  en  los  ámbitos  rural  y  urbano  de  Madrid,  la  bibliografía es muy escasa y uniforme,  ya que se centra en las  escuelas patrióticas que  estuvieron   al   cargo   de   la   Real   Sociedad   Económica   Matritense,   se   basa   en   la  documentación   de   la   propia   institución   y   se   apega   al   discurso   de   los   grupos  pr ivilegiados que en ella se daban cita. De ahí que estos autores coincidan en que estas  escuelas – taller  atajaban  “la  tradicional  ociosidad  femenina”,  fueron  pioneras  en  la  formación profesional  y la “incorporación de las mujeres de las clases humildes al  trabajo productivo”, y con ellas se dio “reconocimiento y valoración social al trabajo de  la mujer”. 4 Estas  conclusiones,  al  no  haber  sido  contrastadas  con  otros  datos  sobre  el  mundo del trabajo en ese período, desfiguran e incluso alteran la realidad de éste, hasta  el punto de ocultar el hecho demostrado de que las mujeres, especialmente las humildes,  llevaban siglos incorporadas al trabajo dentro  y fuera del mercado. Cuando recorremos  la distancia crítica que separa el discurso de la realidad, la “ociosidad ” femenina desvela  su carácter de artificio retórico al servicio de unos intereses de clase  y de género, 5 y el  fenómeno  de  las  escuelas – taller  se  nos  presenta  mucho  más  complejo  de  lo  que  se  desprende de estos estudios”.  http://www.historiasocial.org/wp-content/uploads/2013/11/escuelas_taller_introduccion.pdf

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Imagen tomada de unos premios de las Escuelas Patrióticas de 1782, otorgado por la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Madrid.

Es decir, mediante las escuelas patrióticas se estaba creando un nuevo tipo de mujer, a través de la enseñanza moral, que tuviera determinadas actitudes de género mientras se insultaba su pasado y presente, hablando de su “tradicional ociosidad”. Para ello hacía falta que actuara su sección femenina, organización específica de mujeres ilustradas de las élites. ¿Es ese el precedente del feminismo, según explica la revista institucional de mi barrio? Bien podría ser.

Para profundizar:

– “Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres”  (tiene algunos consejos muy buenos sobre lactancia y crianza y otros que se ha demostrado que no son adecuados).

– Sobre su “Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres”

Discurso en defensa del talento de las mujeres y otros cargos en que se emplean los hombres