Louise, cuidadora de un bebé llamado Simone (de Beauvoir)

Simone de Beauvoir, sua mãe e sua irmã Helen. copy

Simone, Françoise y Helene

Hoy escribo un post “corto” y rápido, en comparación a lo que suelen ser los artículos de este blog. No tengo demasiado tiempo últimamente pero, a pesar de no poder escribir, pienso en bastantes asuntos durante el día mientras  hago otras cosas. Otras cosas. Esas otras cosas que tantas mujeres han hecho a lo largo de la (pre)historia.

Hoy hablo de un bebé llamado Simone que vivía en Paris y era cuidado por una criada, una “nannie”, una empleada de los Beauvoir. La cuidadora se llamaba Louise y parece que no nos ha llegado su apellido. A nadie pareció importarle demasiado el apellido de la persona que alimentó, durmió y paseó a Simone y Helene, su hermana, y que realizaba las tareas del hogar en toda la casa. Como podemos leer en la biografía de la famosa feminista firmada por Deirdre Beir en su página 33, su nacimiento fue corto, para ser el primero de su madre, Françoise.

“Si hubo alguna decepción por no haber sido chico no fue expresado por ninguno de los padres, especialmente Françoise, que sufrió siempre por haber tenido la desgracia de ser la primera y mujer”. El libro nos explica que su cuarto fue el que había sido previamente de la criada, una habitación blanca minimalista con una cuna al lado de la cama de Louise, ya que “ella era la responsable de las rutinas de cuidado físico de la niña. Además de sus otros trabajos de la casa, Louise tenía que bañar y alimentar al bebé, después llevarla al parque para que se aireara diariamente”.

La madre, Françoise, no hacía estas cosas ella, como vemos, pero sí se preocupaba de informarse de las últimas recomendaciones sobre crianza, sobre las mejores comidas para el bebé y “a menudo ayudaba a Louise a aplastar lo que parecía más apropiado para que comiera la niña en pleno desarrollo, pero la mayor parte del tiempo estaba ocupada con las obligaciones sociales de una joven matrona y las elaboradas preparaciones para la llegada de su marido a casa cada tarde”.

Según explica el libro de Deirdre Beir, el papá de Simone llegaba tarde, entonces jugaban con ella los dos “antes de que Louise se la llevara a la cama, y cenaban cuando Louise volvía a servir la comida que había cocinado”. Impresionante, no podían ni servirse la comida ellos mismos. ¿Se les romperían las uñas por poner la mesa? No lo sabemos. Continúa el libro: “Después, mientras Louise limpiaba, Françoise se sentaba con su tarea de ganchillo mientras Georges le leía algún texto elegido para ilustrarla y educarla. Françoise se sentía un poco culpable por recibir todas estas ideas masculinas, así que se comprometía con tener sus manos ocupadas con el “femenino” ganchillo, declarando su intención de cubrir cada espacio del apartamento con un ejemplo de su precioso trabajo manual. Era un tiempo glorioso en su matrimonio: sus ganancias eran pequeñas pero seguras, y vivían en un apartamento que Françoise, con la supervisión de George, había amueblado y decorado en lo que consistía buen gusto para su época; tenían un bebé precioso; y ahora, al lado de la familia del hermano de George, Gaston, y una multitud de familares, Françoise tenía su propia familia en Paris”.

Al margen de las propias interpretaciones de la biógrafa de Simone de Beauvoir me llama la atención que les preocupara tanto la salud física y no la emocional del bebé, en esa separación cuerpo-mente tan característica de la cultura de las elites. También llama la atención que su salario fuera considerado “pequeño” mientras podían permitirse tener una trabajadora interna que les limpiaba la casa y les criaba a su bebé. Eso en nuestra época sería considerado un salario alto.

En otra biografía, esta vez escrita por Ursula Tidd podemos leer que “Simone y Helene eran cuidadas por Louise. Françoise interpretaba el papel de mujer joven y bella, una madre adorada aunque emocionalmente distante”. En la página 29 del mismo libro leemos que Simone de Beauvoir tenía “culpa del superviviente” en relación a la muerte de su mejor amiga Zaza pero que no había sido la primera vez en su vida que sentía algo así. “En su infancia, poco después de haberse mudado a la calle de Rennes, la muerte del bebé de su antigua doncella Louise la había conmovido profundamente, no menos por las circunstancias socioeconómicas en las que había ocurrido. Louise había dejado su trabajo para casarse, aunque Françoise todavía la visitaba. El efecto de esta muerte se disfraza finamente en La Sangre de los Otros y enlaza con la culpa de la protagonista concerniente a su privilegio com miembro de la burguesía y del escándalo existencial de la muerte”. 

Aquí la llamada “culpa del superviviente” parece un sentimiento de autoodio por pertenecer a la burguesía y sentirse privilegiado respecto a los sirvientes. Todo esto me hace reflexionar y pensar que, al contrario de las clases sociales de las que hablan los marxistas, el mundo siempre se ha dividido entre los que cuidaban a sus propios bebés, las madres y otras figuras del entorno familiar o vecinal, y la clase social que dejaba el cuidado de los bebés y la casa a esclavos, criados o empleadas domésticas. Al contrario de poner el énfasis en quién poseía la propiedad de los medios de producción quizás deberíamos preguntarnos quién cuidaba a los bebés y descubriríamos otra nueva forma de delimitación de las clases sociales, la establecida por los cuidados.

No he encontrado ninguna imagen de Louise, ni conozco su apellido. Esto me hace pensar que para los historiadores y estudiosos de la figura de Simone de Beauvoir tampoco ha sido muy importante esta mujer ni los cuidados que suministró con su trabajo. Los cuidados en general no han sido importantes tampoco en el estudio de la Historia. Yo los reivindico y creo que alguien tendría que publicar un libro con los nombres de las cuidadoras, sus historias de vida. Son personas importantes y de gran relevancia histórica y social. Como en el caso de la nodriza de Freud, Resi Wittek, no se puede entender el psicoanálisis sin entender su relación con ella y, sobre todo, no se pueden entender los sesgos de su teoría, por ejemplo, en el tema del complejo de Edipo. Es de vital importancia. ¿Cómo a nadie se le había ocurrido antes? Con Beauvoir pasa lo mismo. ¿Cómo entender su pensamiento sobre “la mujer”, sobre “el hombre”, sobre la “igualdad” sin comprender su crianza y cómo se gestionaba su casa y los cuidados en ella? Ahí lo dejo para vuestra reflexión…

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Bibliografía adicional:

En castellano: Memorias de una joven formal. Aquí podemos leer:

“Le  debía  a  Louise  la  seguridad  cotidiana.  Ella  me  vestía  por  la  mañana,  me  desvestía  de  noche  y dormía en el mismo cuarto que yo. Joven, sin belleza, sin misterio, puesto que sólo existía –al menos  yo  lo  creía–  para  velar  sobre mi  hermana  y  sobre  mí,  nunca  elevaba  la  voz,  nunca  me  reprendía  sin motivo. Su mirada tranquila me protegía mientras yo  jugaba en el Luxemburgo, mientras acunaba a mi  muñeca Blondine bajada del cielo una  noche de Navidad con el baúl que contenía su ajuar. Al caer la  noche se sentaba junto a mí, me mostraba imágenes  y me contaba cuentos. Su presencia me resultaba  tan necesaria y me parecía tan natural como la del suelo bajo mis pies.  

Mi  madre,  más  lejana  y  más  caprichosa,  me  inspiraba  sentimientos  amorosos;  me  instalaba  sobre  sus rodillas, en la dulzura perfumada de sus brazos,  y cubría de besos su piel de mujer joven; a veces,  de  noche  aparecía  junto  a  mi  cama,  hermosa  como una  aparición,  con  su   vestido  vaporoso  adornado   con  una  flor  malva  o  con  su  centelleante  vestido de  lentejuelas  negras.  Cuando  estaba  enojada  me   miraba  con  ira.  Yo  temía  ese  fulgor  tempestuoso  que desfiguraba  su  rostro;  tenía  necesidad  de  su sonrisa”

Mapas de un tesoro que se “perdió”…

Viaje-al-Ciclo-Menstrual

Hace un par de años leí el libro de Anna Salvia Ribera titulado “Viaje al ciclo menstrual” (2012). Me aportó bastante conocimiento valioso sobre el ciclo menstrual, alguna ya la conocía por otros libros y otra no, pero hubo una cosa que me llamó la atención. Da a entender, desde su primera página incluso, que las mujeres conocían la información que aporta del ciclo menstrual desde la época de las brujas quemadas por la Inquisición: “un tesoro que siempre ha estado aquí pero cuyo mapa se perdió hace muchos años, siglos, tal vez cuando las mujeres fueron quemadas por saber utilizarlo”. Esto yo creo que es falso. Para empezar, la información que aporta sobre el ciclo menstrual es muy reciente. Las brujas y curanderas no sabían de “hormonas sexuales” o métodos de fertilidad no farmacológicos que fueron estudiados en épocas muy recientes por, principalmente, hombres ginecólogos e incluso curas.

  • Método del ritmo o del calendario Ogino/Knaus desarrollado por dos ginecólogos entre 1924 y 1928.
  • Método Billings o del moco cervical, basado en las investigaciones de un médico católico del mismo nombre (nada que ver con brujas e inquisidores, como vemos…) en 1953.
  • Método de la Temperatura se basa en el descubrimiento del médico holandés Van der Velde de la existencia de dos etapas térmicas en el ciclo menstrual femenino en 1926. En 1935 el sacerdote alemán W. Hillebrandt usa ese conocimiento previo para señalar los días infértiles de la mujer. Después, en 1954, el ginecólogo alemán Gerhard Döring publica un manual que explica el método.
  • El Método Sintotérmico, que combina el de la temperatura y el Billings, fue dado a conocer por primera vez en 1965 por el médico austriaco Josef Rötzer.

Como vemos, todo lo contrario de curanderas y mujeres brujas. ¿Por qué se invisibiliza este pequeño detalle y se niega el crédito a quién lo merece? Las parteras y curanderas tenían otros conocimientos de los que no habla precisamente este libro: principios activos de plantas y hierbas, emenagogos y métodos anticonceptivos y abortivos. Pero, precisamente, la información que divulga el libro de Anna Salvia e incluso las hojas del diario del ciclo para rellenar con la temperatura y el moco cervical se basan claramente en el método sintotérmico y en investigaciones desarrolladas por ginecólogos y médicos, varios de ellos relacionados con la Iglesia Católica.

La verdad es la que es, aunque la disfracemos de conocimiento arcano perdido de las brujas. No pasa nada, yo soy atea y apóstata (aunque me fue denegada mi apostasía…) y me parece un conocimiento genial para toda mujer. Al César lo que es del César. Lo que es positivo y verdadero es positivo y verdadero, venga de donde venga. No entiendo realmente estas tergiversaciones históricas ni a quién beneficia ocultar el origen de la información. ¡Pero es que en la bibliografía tampoco hay ni un solo reconocimiento a los investigadores de estos métodos!

Afirma también la autora, “la mayoría de las mujeres occidentales en edad fértil tenemos nuestro Ciclo pero no lo conocemos ni lo sabemos manejar”. Pero, ¿es que acaso hay alguna cultura que rellene cuadernos o diarios menstruales o conozca y maneje todas las fases del ciclo menstrual? A mí me gustaría que alguien nombrara alguna, yo no las conozco pero puede que existan esas culturas. Pareciera que las “mujeres occidentales” somos una especie de rara avis, que ha perdido un conocimiento que, en realidad, se descubrió a comienzos del siglo XX. Como he dicho, antes había otros conocimientos importantes sobre hierbas o anticonceptivos naturales que casi se han perdido por completo, desgraciadamente.

Webs consultadas: