Trata y violencia

Cuando una se pone las gafas holísticas multicolor la realidad se ve bastante diferente. Empiezas a conectar unas cosas con otras, ves la parte, ves el todo, ves las conexiones y las relaciones entre las personas y los temas. Lo psicológico se relaciona con los social, lo micro con lo macro, lo personal con los político, lo histórico con lo biográfico.
Estaba haciendo otras cosas mientras veía y escuchaba este programa de Cuatro y me he quedado con algunas pinceladas del testimonio de Marcela que me han llamado la atención y he querido transcribir para analizarlas mejor:

http://www.cuatro.com/esclavas/alacarta/

  • “Desde los 12 años intentaba independizarme, todo para escapar de los malos tratos verbales y físicos de la mujer de mi padre”.
  • “Debido a la crisis en Brasil se cerró el bufete de abogados y yo me quedé sin trabajo y no podía costear mis estudios”.
  • “Teníamos un grupo de amigas y me presentaron a esta chica que decía que conocía a gente importante. Ella ostentaba en cosas de marca. “Te puedo llevar a Europa y puedes terminar de pagar la universidad en 6 meses. (…) Puedes cuidar personas mayores o niños””. Se hacen amigas.
  • Mujer proxeneta secuestradora en Portugal: “De aquí no se va nadie porque habéis adquirido una deuda con nosotros. Aquí están vuestros gastos, vuestra deuda es de 5.800 euros. Y de aquí no sale nadie. Primero porque tenemos vuestros pasaportes. Segundo, no conoces absolutamente a nadie. Tercero, tenemos muchos amigos en la policía. Y si escapáis y no os encontramos conocemos a vuestras familias”. “Tú no vas a elegir, te voy a elegir yo cómo vas a vestirte y todo lo que tienes que hacer”. “Ahora os vamos a llevar al club y a las 18h empieza la faena”.
  • Siempre tenía a un hombre de seguridad encima mía.
  • En la redada: Tenía miedo de que me deportaran porque no había terminado de pagar la deuda y mi familia estaba amenazada.
  • Habla de “La chica que me tenía custodiada”.
  • Se las rota mucho, si ve la “misma carne”, no vuelve. El cliente quiere variedad.
  • Se presentó el dueño gallego diciéndola que tenía “cosas pendientes” (deuda) y “Somos como familia, yo soy como si fuese vuestro padre”.
  • El servicio de peluquería costaba X euros, la manicura X euros. Todos los gastos iban a la deuda. Se cobraba todo. También tenían régimen sancionador con multas, por ejemplo, por llegar tarde, de 30 euros. Es una deuda que no la pueden pagar nunca.
  • “Me obligaban a consumir cocaína”. Cuando estaba enganchada se la empezaron a cobrar.
  • En el prostíbulo de Fuenlabrada: “la señora se vestía muy bien, quería ser una mujer muy ostentosa. Tenía un carácter muy difícil. Si tenéis que trabajar sin preservativos vais a trabajar sin preservativos porque aquí mando yo.”
  • La captadora de Brasil sabía dónde vivíamos”.
  • Una vez que ganó mucho dinero con un cliente le dijo a la señora “Yo doy por zanjada mi deuda”. Esta señora me mira con un desprecio. “¿De qué hablas? Tú aquí no tienes ningún dinero.” Llamó al de seguridad para que le diera una paliza.
  • “Dos veces a la semana nos visitaba una ONG que nos daba asistencia sanitaria y un poco de esperanza”. Este punto me ha dejado muy perpleja. No puedo entender cómo una ONG las visitaba en lugar de denunciar a la policía que las tenían secuestradas. ¿O es que hay algo que no se puede explicitar más en el documental porque atentaría contra la idea de que vivimos en un “Estado de Derecho”, un “Estado democrático” y demás?
  • Finalmente fue una mujer de la ONG la que le ayudó y la llevó al piso de protección.

Me ha llamado la atención de nuevo lo importantes que son los lazos familiares primarios y todo lo que ocurre en ellos. Los malos comienzos marcan la psique y la capacidad para autodefenderse en el futuro. Hay una relación entre el maltrato en la infancia, en este ejemplo ejercido por una mujer, y la violencia que se va a sufrir y ejercer en el futuro. Por otro lado, la red utiliza la amenaza de dañar a gente que la secuestrada ama dentro de sus vínculos íntimos, como la amenaza de violar a su sobrina pequeña en Brasil. La violencia psicológica es utilizada de la misma forma que en una secta destructiva para evitar que la víctima pueda salir de su cautiverio y esclavitud. Son las llamadas “cadenas invisibles”.

La deuda económica marca todo el proceso de la misma forma que los clientes pagan por “la mercancía”. El dinero es el anverso y el reverso de esta historia. En otras épocas, además de por las guerras de conquista, las personas también se volvían esclavas por deudas. Esa deuda individual tiene su conexión con la deuda al nivel macroeconómico. Las crisis económicas provocan un aumento de la prostitución forzosa.

No se puede decir que la trata sea parte de un “patriarcado” abstracto en el que “los hombres” explotan y abusan de “las mujeres”. Se trata de una aberración social en la que colaboran hombres y mujeres juntos en explotar, secuestrar y violar a mujeres. En la historia de Marcela encontramos 3 mujeres que la captan, secuestran y prostituyen en colaboración con otros hombres o trabajando para ellos porque, no olvidemos, y este sector no iba a ser menos aunque sea por poco tiempo, los puestos directivos sí están copados por hombres. Y los clientes de este tipo de prostitución a día de hoy son, en abrumadora mayoría, hombres. ¿Qué clase de “ser” nauseabundo puede acudir a este tipo de locales?

La colaboración femenina en las violencias contra las mujeres es un aspecto invisibilizado. Es más, su labor es fundamental e insustituíble dentro de la trata. Sin esas mujeres que engañan a otras, sin esas mujeres que mantienen encerradas a otras, sería mucho más difícil captarlas y prostituirlas. Esas mujeres también son proxenetas y delincuentes. Se están lucrando con la venta del cuerpo de otras mujeres. Son explotadoras sexuales. Tendríamos que preocuparnos por intentar comprender qué es lo que le pasa por la cabeza a una mujer que tiene secuestradas y vigiladas con cámaras de seguridad a 30 víctimas desde su panópticon. Todo por dinero y sensacion de poder y control.

Alguien tendría que comenzar ya a hablar de la relación entre este Estado corrupto que tenemos y la prostitución. Las noticias de policías que protegen prostíbulos (es decir, que protegen a los proxenetas) o extorsionan a prostitutas no pienso que sean noticias aisladas como se nos quiere hacer creer. El Estado que se muestra como salvador de las mujeres con la Ley de Violencia de Género, ¿qué hace para detener la trata? ¿Qué hace con los prostíbulos donde sabe que hay ahora mismo mujeres secuestradas? La clase política y capitalista sabe que la prostitución es un gran negocio y, además, es una válvula de escape de alienación, como el alcohol o la droga, necesaria para mantener cierta aparente “paz social”. Periódicos llenos de anuncios, la patronal de la prostitución dirigida por la extrema derecha, mujeres esclavas y amenazadas… Todo esto ocurre a la luz del día, sin esconderse. Después de ver este documental no puedo dejar de preguntarme cuál es la situación real de la multitud de prostíbulos (pseudolegales, ilegales, clandestinos, chinos, low cost, macroprostíbulos…) que hay en mi barrio. ¿Realmente están las mujeres allí voluntariamente? Callar y no actuar nos hace cómplices.

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El día en que una amiga consumió prostitución

El día en que mi amiga consumió prostitución no era consciente de estarlo haciendo. Le pagó por “amor”, le compró una camiseta bonita, le mandó dinero a miles de kilómetros, a ese país lejano donde todavía había vida y las personas se comportaban de una forma mucho más fresca que aquí, un lugar donde todavía no habían llegado los represivos dogmas sexuales en boga. Allí parecía que tener relaciones sexuales con casi cualquier hombre que se quisiera podría ser fácil. Ella era de aquí, ellos de allí. Pero, aún mejor, con él podía sentirse deseada, querida, divina, endiosada, amada con pasión. Y esta ilusión parecía no tener precio. Quizás alguna promesa vana de volver a verse, quizás su historia romántica de todo a cien y exprés podría extenderse en el tiempo. Vendría a Europa a trinfar. Le presentaría a sus padres. Por teléfono le contó que los de él ya habían aprobado su “relación” de 2 días. Tenían todo un futuro por delante.

En realidad todo esto no podría haber ocurrido si no se hubieran dado algunas circunstancias especiales de su momento vital, tanto en su ciudad, como en su entorno afectivo y familiar. Pero sucedió. Hizo lo que jamás imaginó que podía hacer a su regreso: una transferencia de unos 120 euros, creía recordar, aunque trataba de olvidar la cifra exacta. Un dinero virtual que voló a través de cables de fibra óptica bajo el mar. Le vendría muy bien para su viaje, su formación, su futuro, lo que fuera… Daba igual. En realidad, ella lo hacía por él, no por ella misma. De esta forma quedaba claro que no había pagado por sexo. La realidad era bien diferente. Esa transferencia era un acto casi colonial, imperialista. Un acto de poder. Ella era tan buena. Buenísima. Estaba colaborando, casi se podría decir, con una especie de ONG sin nombre, la organización no gubernamental de la prostitución emocional que vende sueños e ilusiones vanas…

Sí, mi amiga consumió en cierta forma prostitución masculina, y lo de menos fue lo que ocurrió físicamente entre ellos. La cuestión estaba en sus carencias y anhelos. Por un momento parecieron calmarse en una proyección de futuro imaginada y distorsionada. Fue por eso por lo que pagó a distancia, por haber logrado que sintiera lo que deseaba sentir, aunque fuera todo de cartón piedra. Ya sabía que no se volverían a ver pero era una forma de “agradecer” lo vivido sin pensar en lo poco ético del asunto.

Puede decirse que una ilusión paga otra ilusión. La virtualidad del dinero que viaja de un país a otro por caminos desconocidos e ininteligibles ayudaba a pagar el viaje que cumpliría el sueño europeo que muchos hombres con talento de aquel país parecían buscar, sueño tan de mentira como todo lo demás. A su vez, ese dinero era ganado por mi amiga por hacer un trabajo con poco sentido. En este flujo de datos, dinero, sentimientos, sueños, mercantilización se triangulaban y perdían todas las esperanzas.

Por supuesto, todo esto le pasó a una amiga mía que me lo contó, eso a mí no podría pasarme…

¡Préñame!

La sexualidad humana es muy amplia, imposible hacer un compendio corto de prácticas y de todo lo que significa en las relaciones y vínculos que establecemos unos con otros y con una misma a través de ella en un simple post a las 23h de la noche. Paradójicamente, hablamos mucho de sexualidad cuanto menos la practicamos. No hay tiempo para el erotismo y los días pasan entre cansancio y rutinas. Vivir en una familia nuclear es agotador y, al igual que se amontonan los platos en el fregadero y la ropa sin doblar, se quedan las ganas de tener un encuentro íntimo con la persona que deseamos.

Sin embargo, creo que hay algo importante de lo que hay que hablar. La sexualidad con capacidad procreadora (he borrado la palabra “reproducción” de mi vocabulario por feo y clonador…) tiene un gran componente erótico que ha permanecido olvidado en las últimas décadas por puro victorianismo y represión moderna. No en vano, no son pocas las mujeres a las que su capacidad fértil y pensar en la posibilidad de quedarse embarazadas mientras follan les proporciona muchísimo placer. Quizás lo que más se lo provoca es fantasear con la posibilidad de estar siendo preñadas en ese mismo instante, notar el semen húmedo y caliente dentro de su cuerpo y pensar que, quizás, podría ser, después de ese encuentro salvaje con su amante/pareja pudieran estar alineados los astros del amor dentro del cuerpo femenino para hacer posible esa segunda penetración, el beso del espermatozoide y el óvulo.

Como veis, utilizo el verbo “preñar” porque remite a nuestra naturaleza más animal y mamífera de “hembras” y “machos” con dimorfismo sexual. Sí, sé que todo esto suena fatal, políticamente incorrecto y más de un lector estará tirándose de los pelos. Lo siento, el erotismo es así, libre. Como decía la famosa Habanera de la ópera Carmen: “L’amour est enfant de Bohême, / Il n’a jamais, jamais connu de loi” (“El amor es un niño bohemio, no ha conocido jamás, nunca jamás ninguna ley“). Y como ese niño travieso nos comportamos, jugamos, soñamos y fantaseamos. Ese niño tampoco entiende de anticonceptivos por eso, piel con piel, fluye la oxitocina del amor.

“¡Préñame! ¡Préñame!”, grita esa pequeña voz interior. Esa voz acallada, reprimida, olvidada… No olvidemos que nos han enseñado que la “salud reproductiva” es básicamente tratar de evitar esa horrible enfermedad llamada “embarazo”, algo peligroso, algo que podría subvertir toda tu vida, arruinar tu carrera profesional, algo para lo que no estás preparada, hay que tener un empleo y pareja estable, dinero… ¡Basta! Ya ha entrado la otra voz.

Sí, la sexualidad humana es muy amplia pero hay mujeres que solamente llegan al orgasmo con el coito. O, quizás sería más apropiado, en determinadas etapas de su vida o con determinadas personas, solamente llegan al orgasmo con el coito. Pero… ¿No se supone que, como se ha repetido hasta la saciedad, el coito no es placentero para las mujeres? ¿No se supone que hay otras prácticas más “apropiadas” para nosotras? ¿Por qué se relaciona una y otra vez el coito y la penetración con una aburrida “heteronormatividad” o, peor aún, como formas de placer “androcéntricas”? No hay nada que ponga menos que “la norma”, claro está… ¿Quién demonios quiere sentirse “normativo” en la cama?  Bueno, supongo que cada mujer tiene su camino. Para algunas mujeres, no sé si minoría o mayoría, el coito es importante y la fantasía del “preñamiento” también lo es.

Tener un hijo es muy placentero. Me refiero al hecho de “tenerlo”. Para algunas mujeres supone una etapa de libertad sexual total. Por fin puede una relajarse y no solo no temer el embarazo sino desearlo. Por fin puede una dejarse llevar hasta donde se quiera, sin límites ni fronteras.

Buenas noches, dulces sueños y buen sexo para el que pueda y tenga energía vital después de sobrevivir, trabajar y criar en el mundo actual.

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Del autoengaño al adoctrinamiento sexual

Fragmento de “La represión del deseo materno y la génesis del estado de sumisión inconsciente”

 

Para criar a un niño hacen falta vínculos fuertes

Hoy nos enteramos de cuál era la pregunta que le habían formulado a Anna Gabriel, diputada de la CUP, en la entrevista viral difundida estos últimos días en twitter por Radio Catalunya: “que si es cierto que nunca había querido tener hijos”, una pregunta digna del mejor cotilleo de la prensa rosa. De la contestación de esta política profesional llaman la atención varios aspectos:

  • La repetición y popurrí de dogmas, teorías y doctrinas, de cosas que se han leído o se ha escuchado, en total alejamiento de la experiencia vital propia, cercana, o de reflexiones que parten de una misma, originales, estén equivocadas o no.
  • El ataque a la supuesta “tradición”, a lo “conservador” mientras se utiliza una palabra como “tribu” que inmediatamente remite al mundo tradicional y conservador, no en vano el ser humano ha sido de alguna forma tribal durante cientos de miles de años. No son las tribus lugares donde las modas cambien cada año y donde lleguen los adoctrinamientos universitarios ni la contracultura. Es más, podríamos decir que la familia nuclear es un invento de la modernidad, una rareza histórica.
  • La invención de realidades “ad hoc”, como relacionar la crianza en “grupo” (donde no hay lazos familiares entre los miembros) con “otras culturas”, cuando no ha existido nunca una cultura en la que la gente procree en comuna y los bebés no estén unidos a sus madres de forma principal durante los primeros años de vida. Es decir, incluso en la sociedad matrilineal Mosuo, donde la gente no sabe quién es su padre, las familias extensas son la base y se forman por lazos de sangre. De hecho, son la manifestación de la familia en grado extremo porque todos sus miembros tienen relación genética y no se acepta a miembros “extraños” como podrían ser los padres biológicos. El padre es sustituído por el tío, no por un amigo que pasaba por ahí y te caía muy bien para irte a vivir y criar con él.

Banalización del acto de parir

Estamos ante un ataque sin tregua hacia la crianza y, sobre todo, hacia la maternidad. La expresión “son hijos tuyos los que has parido tú y el resto” constituye una banalización del acto de concebir, gestar, parir y criar un bebé como tantas expresiones que utilizamos a diario como “estamos embarazados” o “acabo de parir un proyecto creativo artístico”. No, la que se embaraza y pare es la madre. No hay nada que se parezca a un parto. Pero, claro, se le quiere restar importancia. Hace falta quitarle grandiosidad y trascendencia para poder hacer con el parto lo que se quiera a nivel político y social. Hablé del parto y de violencia obstétrico-pediátrica aquí: http://www.lasinterferencias.com/2015/10/13/crees-que-pudieron-hacerte-esto-durante-tus-primeros-minutos-de-vida-lo-biopolitico-es-personal/

El capitalismo/Estado actual necesita gente débil sin vínculos fuertes ni raíces

Me sorprende que las palabras tengan su origen en una persona que se autodenomina “anticapitalista”. No hay nada que se adapte más a las necesidades del capitalismo actual que seres-máquina, personas con vínculos débiles familiares y con el lugar donde nacieron. El capitalismo global necesita y crea ¿personas? dispuestas a emigrar al otro lado del planeta y abandonar a sus seres queridos, como bien explicaba sin pudor el informe “Womenomics” redactado por Kathy Matsui, directiva de Goldman Sachs. En este ejemplo se proponía solucionar el problema demográfico japonés aumentando la población activa femenina e importando enfermeras geriátricas y cuidadoras de bebés de Filipinas e Indonesia, que dejarían a sus propias familias y lazos sólidos atrás a cambio de poder enviarles capital (dinero) en forma de remesas.

En este contexto, los vínculos familiares y los cuidados son campo de batalla biopolítico. Primero, porque si tú te sientes seguro en tu red de apoyo familiar extensa, en tu red vecinal y de amistades (aquí sí importa “la tribu”) eres más fuerte, necesitas menos al Estado y a los productos sustitutorios del capitalismo. Es como un bebé que no necesita chupete porque puede tener teta todo el día. ¿Y qué facilita que tenga teta a mano? Que su madre esté arropada por su “tribu” familiar y vecinal, su red de apoyo mutuo. “Un día me echas una mano tú, otro día te la echo yo”, “para eso estamos las vecinas”… Esta ha sido la “tribu” de la que venimos y que se ha roto.

De la misma forma que no hay sindicatos fuertes porque están comprados y vendidos y, los que no, han sido fragmentados, de la misma forma se rompe la familia.

Banalización de los vínculos

Los vínculos son algo muy complejo. Tú no puedes querer igual a tus hijos que a los de tu vecina, por mucho que te gusten los niños. No te puedes vincular de la misma forma a 10 personas. En ninguna cultura ha existido eso nunca. Tienes una cuidadora principal, que es la que te ha gestado y parido, y después tus familiares más cercanos (sean estos los que sean en cada cultura del mundo…).

Claro que hace falta tribu, red social externa, no criar en aislamiento, pero no venimos de ese modelo, más cercano al hippismo de los sesenta que acabó bastante mal, por cierto, en sus ejemplos concretos. ¿Dónde están todas esas comunas de esa época? El ser humano tiene necesidad de raíces y un grupo en abstracto no puede darte eso. Los grupos sin lazos de sangre, de amigos, vienen y van, se rompen con mucha más facilidad que la familia nuclear incluso, que ya es decir en los tiempos que corren. Tratar de romper la familia nuclear para quedarnos desnudos y saltando sin red a la nada, porque después de la familia (mono)nuclear no hay NADA, es muy peligroso para los niños y los adultos.

Desprestigiar el sentido de “pertenencia” es algo a destacar de su respuesta. El ser humano necesita sentirse vinculado, no como una propiedad privada de sus padres, sino como un lugar seguro y estable del que partir y volver.

El camino inverso

El camino es el inverso, tratar de recuperar los deteriorados y frágiles vínculos familiares y ampliarlos a la familia extensa y vecinal, por capas. No todo es lo mismo ni todas las relaciones están al mismo nivel ni pueden estarlo. El otro modelo es el de la ingeniería social desde arriba. Sobre el aspecto práctico y el resultado en las vidas concretas de las personas, como Shulamith Firestone, que soñaron y trataron de inventar mundos distópicos alternativos, escribí aquí: http://www.lasinterferencias.com/2016/05/06/lazos-de-sangre/

Esa recuperación es casi imposible de realizar en las grandes ciudades y en la aldea global pero, de forma paradójica, volver al campo, al pueblo o crear una comuna también significa alejarte de tu familia que queda en la ciudad.

Contra la repetición de doctrinas sin conexión con la experiencia real

Hay que partir de lo real, de lo concreto, de las necesidades que se observan en el día a día. Lo otro… Bueno, ya otras personas lo imaginaron y otras tantas comunas hippies lo llevaron a cabo con más o menos acierto. También han existido comunas en las que las cosas fueron bien, pero los niños sabían quién era su madre y su padre y tenían un referente claro al que acudir, algo que ella relativiza y banaliza. La gran ausente en esta sociedad es la abuela materna… No parece que ella vaya por ahí. 

El objetivo de la vida, aunque te lo diga Coca Cola, no puede ser simplemente “ser feliz”

El objetivo no puede ser solamente ser feliz porque la realidad de la crianza requiere un compromiso y un esfuerzo, ya sea individual o colectivo. En la época actual no están bien vistos ni lo primero ni lo segundo, sí lo de “buscar la felicidad”. Si buscas la felicidad teniendo un hijo, ojo, porque va a ver momentos complicados, por decirlo de alguna manera… De una pareja te puedes divorciar. De una madre, un hijo o una hermana, vínculos no elegidos a la carta, es más complicado porque incluso en la distancia y la ruptura están ahí en tus pensamientos. Forman parte de ti.

Sociedad huérfana

Las personas que no tenemos vínculos fuertes con nuestras madres somos débiles, buscamos el cariño y la seguridad que nos falta en nuestras parejas que, evidentemente, no pueden suplir una función que no les corresponde. Una pareja de la familia nuclear no puede sustituir a toda una tribu y, eso, causa conflictos de convivencia. Esas carencias se subliman también en objetos o sustancias. A su vez, el cansancio de soportar el esfuerzo de la crianza en una sola persona (imaginemos sobre todo durante las noches sin dormir en caso de enfermedades de los niños) crea múltiples tensiones. Además, está el trabajo asalariado que consume la mayor parte de las energías hoy en día. No es la familia, es el trabajo. Hay que amamantar a la empresa por encima de todo, de tu familia, de tus hijos y de una misma.

Ante todos estos elementos que están actuando de forma simultánea y en diversas formas, de las que las manifestaciones de esta política son solamente una pequeña manifestación, habría que declarar que la defensa de la familia no es monopolio de la Iglesia ni esta puede ser la única voz que se oiga como respuesta a la ingeniería social. La gente que se dice de izquierdas y anticapitalista debería ser la primera en denunciar la destrucción de la familia por parte del sistema y reivindicarla. Del mismo modo que el discurso “multicultural” no puede ocultar que el gran capital busca sociedades no cohesionadas y fragmentadas que se puedan manejar y dirigir hacia los fines cambiantes en cada momento: ahora necesito enfermeras geriátricas de Indonesia y Filipinas, ahora necesito que las mujeres trabajen, ahora necesito que se queden en casa criando, ahora me viene bien que los hombres vayan a la guerra, ahora quiero emigración, ahora no la quiero, etcétera, etcétera.

De igual forma, después del fordismo, se buscan trabajadores “adaptables” y “flexibles” y se rompen las viejas categorías laborales. Lo decisivo y permanente en estas decisiones es que el biocontrol sobre la población debe perdurar. Esto está ocurriendo en el nivel micro y macro, en el parto, en la familia, en la empresa y en el planeta entero: sujetos débiles, sin vínculos solidos, no sindicados ni agrupados, solitarios, aislados… El Capital usa nuestros propios argumentos contra nosotros. ¿No te quejabas de que el trabajo era mecánico y solamente recibías órdenes? Bien, ¡ahora tendrás que organizar tú mismo tus tareas, marcarte y cumplir tus objetivos! ¡Empodérate!

Por último, me gustaría mencionar que hay que huir de toda visión meramente conspirativa de la historia. Los grandes capitalistas/estatistas actuales tienen ellos mismos las mismas carencias que proyectan sobre los pueblos a través de las políticas y las doctrinas que financian. No hay más que leer sus biografías.

ACTUALIZACIÓN 20/09/2016: Me estoy leyendo los libros del filósofo Byung-Chun Han y vienen muy al caso de este post y otros de este blog. Muy recomendables, especialmente para los votantes de Podemos y demás partidos parlamentarios de izquierdas, que son más capitalistas que los propios capitalistas y él desnuda esta realidad con mucha claridad en lo referente a la sociedad disciplinaria y la transición a la sociedad del empoderamiento (él lo llama del “rendimiento”) en el que los eslóganes del tipo “¡Tú puedes!” “¡Emprende! “¡Podemos!” “¡Yes we can!” “¡Tú puedes sanar tu vida!” resumen en gran parte nuestra realidad cotidiana, especialmente en el mundo cibernético.

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Lazos de sangre

Antes de ir a dormir he decidido coger un libro, en realidad buscando otro que no he encontrado. De repente, ha aparecido “La Dialéctica del Sexo” de Shulamith Firestone en una versión que tengo fotocopiada y, al final del libro, un artículo que imprimí para encuadernarlo todo junto. Se trata de un texto de Susan Faludi publicado en The New Yorker titulado “Muerte de una revolucionaria”. Medio agotada lo he leído y poco a poco las piezas han comenzado a encajar. Lo de menos, en esta noche lluviosa, es el libro de Firestone en el que decía cosas como que el embarazo es algo “bárbaro”, “la infancia es una pesadilla supervisada” o “parir es como cagar una calabaza”. Bueno, esto hay que reconocer que tiene parte de verdad. Es más, pariendo normalmente cagas también, aunque esto pocas personas lo saben hasta que les toca. Y el embarazo y el parto son también actos fisiológicos mamíferos, así que también tiene parte de verdad, aunque lo que para ella era algo peyorativo para otras personas es grandioso y sublime. La infancia muchas veces es una época terrible. Vale, también tiene otra dósis de verdad.

He leído el artículo detenidamente. Shulamith murió sola y delirante, con la etiqueta puesta de “esquizofrénica”. Ella, que exaltaba la reproducción artificial como algo liberador. Ella, que renegó de sus lazos de sangre familiares, lazos culturales, lazos biológicos y seguramente tenía sus buenas razones biográficas y personales para llegar a tan terribles conclusiones. Y es ahí donde puedo empatizar con el ser humano Shulamith Firestone.

Lo que ocurrió después es que los siguientes lazos que construyó no fueron tan sólidos y su visión distópica de la vida chocó con la dura realidad. Los vínculos más fuertes son los familiares, para bien y para mal. Pueden ser una bendición y una cruz, una base segura o la peor de tus pesadillas. Son intensos y te los llevas a la tumba, incluso cuando tratas de renegar de ellos, cortarlos de forma radical y no vuelves a ver a las personas de las que en realidad huyes.

Los vínculos grupales más allá de la familia son más débiles y lo demuestra el hecho de que todos los colectivos de “hermandad” que creó y en los que participó terminaron disolviéndose llenos de conflictos, luchas internas, guerras de poder y de jerarquía. Ya enferma, años más tarde, un grupo de amigas, terapeutas y admiradoras jóvenes organizaron una especie de grupo de apoyo para hacerle la compra, limpiar la casa, preocuparse por que tomara su medicación antipsicótica. El grupo de apoyo realmente funcionó y ella se encontraba mejor, pero, un tiempo más tarde, ese grupo se disolvió por causas lógicas y previsibles: algunas de las personas que lo conformaban se cambiaron de ciudad, otras enfermaron, otras encontraron trabajo en otras ciudades… Ese grupo no podía mantenerse unido el resto de la vida de Shulamith Firestone porque era un grupo unido por vínculos de alguna forma “secundarios”. Solamente las unía su afinidad, simpatía y empatía con ella como intelectual, como feminista, como paciente. No era su madre ni ellas eran sus hijas. Podríamos extrapolar esta reflexión a toda nueva comunidad que se forme, llámese ecoaldea o comuna.

¿Y a mí qué me importa todo esto? Pues que acabo de leer en el artículo que eso que llaman “esquizofrenia” se acentúa con la soledad. ¿Y qué es la soledad sino la ausencia de vínculos? De repente, he sentido miedo y pena. Si cortas los lazos con un familiar tóxico o peligroso, mal, porque se pondrá peor en su aislamiento. Y si no los cortas, mal, porque acabará arrastrándote en su locura y autodestrucción.

La soledad crea locura y la locura crea soledad en un círculo sin fin de retroalimentación. Los lazos dentro de relaciones familiares dañinas o violentas hacen que pongas tierra de por medio pero, a la vez, necesitas formar parte de esa relación íntima. En el caso de Shulamith Firestone su entierro finalmente se hizo mediante un rito judío ortodoxo sin ninguna feminista invitada, seguramente lo contrario de lo que a ella le hubiese gustado. Su hermano lamentó que no se hubiera casado y no tuviera hijos que sintieran “devoción por ella”. Dice el artículo que cuando llegó el turno de su hermana le contradijo afirmando que había sido un modelo para las mujeres judías y las mujeres en general, y que sí había tenido “hijas” porque “había influenciado en miles de mujeres para que tuvieran nuevos pensamientos y nuevas vidas”.

Seguramente los dos hermanos estuvieran equivocados. Una persona que vive una vida tan desgraciada y enferma no puede ser modelo para nadie, porque los modelos son personas a imitar, tienen que ser ejemplares. A la vez, una persona no puede casarse y tener hijos porque sea lo que se espera de ella, lo que espera en su caso una familia llena de injusticias sin resolver.

Shulamith, cuándo hablabas de “los hombres”, ¿hablabas de tu padre? Cuando hablabas de “las mujeres”, ¿pensabas en tu madre, en tus hermanas y en ti? Antes de elaborar grandilocuentes teorías tenemos que barrer la propia casa, el verdadero sentido de la ecología y la economía. Es mucho más complicado resolver los conflictos de convivencia en los lazos de sangre que organizar la mayor de las revoluciones o pensar sobre la estrategia militar más compleja y arriesgada.

Mañana es mi cumpleaños, el día que nací y el día que mi madre nació como madre.

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Contención

Cuando el sistema ha entrado en la entropía imperfecta que busca el control total de la vida, la mercantilización de las últimas fronteras y los últimos rincones…

Cuando la tecnología ha sido capaz de amplificar el Mal que coloniza nuestra esencia mutable, se muestra en vano nuestra incapacidad de contención.

Contención. Los límites. Los desbordamientos.

La ciencia galopa como un dron salvaje, dirigida hacia lo estúpido y lo banal, como hija de su madre y hermana, la filosofía y la ética.

Del animal al robot, de la herramienta al arma de destrucción masiva, del dimorfismo sexual a la máquina.

Que nadie frene mi deseo, que nadie frene mi derecho, que nadie frene mi felicidad, que nadie frene mi capricho, que nadie frene mi consumo.

La represión necesaria es la que parte del interior y no de un poder tiránico y maquiavélico.

La represión positiva surge de un sentido de justicia, respeto y amor.

Se llama conciencia.

Es contención.

Lo mejor de la vida no puede estar en venta.

Por mera dinámica interna del sistema, lo que no tiene precio debe ser reprimido.

Y lo que sí se puede tasar debe ser incentivado y publicitado.

Por tanto, la soledad y sus derivados son hoy en día el mejor lugar para invertir.

También en el mercado de futuros.