Para criar a un niño hacen falta vínculos fuertes

Hoy nos enteramos de cuál era la pregunta que le habían formulado a Anna Gabriel, diputada de la CUP, en la entrevista viral difundida estos últimos días en twitter por Radio Catalunya: “que si es cierto que nunca había querido tener hijos”, una pregunta digna del mejor cotilleo de la prensa rosa. De la contestación de esta política profesional llaman la atención varios aspectos:

  • La repetición y popurrí de dogmas, teorías y doctrinas, de cosas que se han leído o se ha escuchado, en total alejamiento de la experiencia vital propia, cercana, o de reflexiones que parten de una misma, originales, estén equivocadas o no.
  • El ataque a la supuesta “tradición”, a lo “conservador” mientras se utiliza una palabra como “tribu” que inmediatamente remite al mundo tradicional y conservador, no en vano el ser humano ha sido de alguna forma tribal durante cientos de miles de años. No son las tribus lugares donde las modas cambien cada año y donde lleguen los adoctrinamientos universitarios ni la contracultura. Es más, podríamos decir que la familia nuclear es un invento de la modernidad, una rareza histórica.
  • La invención de realidades “ad hoc”, como relacionar la crianza en “grupo” (donde no hay lazos familiares entre los miembros) con “otras culturas”, cuando no ha existido nunca una cultura en la que la gente procree en comuna y los bebés no estén unidos a sus madres de forma principal durante los primeros años de vida. Es decir, incluso en la sociedad matrilineal Mosuo, donde la gente no sabe quién es su padre, las familias extensas son la base y se forman por lazos de sangre. De hecho, son la manifestación de la familia en grado extremo porque todos sus miembros tienen relación genética y no se acepta a miembros “extraños” como podrían ser los padres biológicos. El padre es sustituído por el tío, no por un amigo que pasaba por ahí y te caía muy bien para irte a vivir y criar con él.

Banalización del acto de parir

Estamos ante un ataque sin tregua hacia la crianza y, sobre todo, hacia la maternidad. La expresión “son hijos tuyos los que has parido tú y el resto” constituye una banalización del acto de concebir, gestar, parir y criar un bebé como tantas expresiones que utilizamos a diario como “estamos embarazados” o “acabo de parir un proyecto creativo artístico”. No, la que se embaraza y pare es la madre. No hay nada que se parezca a un parto. Pero, claro, se le quiere restar importancia. Hace falta quitarle grandiosidad y trascendencia para poder hacer con el parto lo que se quiera a nivel político y social. Hablé del parto y de violencia obstétrico-pediátrica aquí: http://www.lasinterferencias.com/2015/10/13/crees-que-pudieron-hacerte-esto-durante-tus-primeros-minutos-de-vida-lo-biopolitico-es-personal/

El capitalismo/Estado actual necesita gente débil sin vínculos fuertes ni raíces

Me sorprende que las palabras tengan su origen en una persona que se autodenomina “anticapitalista”. No hay nada que se adapte más a las necesidades del capitalismo actual que seres-máquina, personas con vínculos débiles familiares y con el lugar donde nacieron. El capitalismo global necesita y crea ¿personas? dispuestas a emigrar al otro lado del planeta y abandonar a sus seres queridos, como bien explicaba sin pudor el informe “Womenomics” redactado por Kathy Matsui, directiva de Goldman Sachs. En este ejemplo se proponía solucionar el problema demográfico japonés aumentando la población activa femenina e importando enfermeras geriátricas y cuidadoras de bebés de Filipinas e Indonesia, que dejarían a sus propias familias y lazos sólidos atrás a cambio de poder enviarles capital (dinero) en forma de remesas.

En este contexto, los vínculos familiares y los cuidados son campo de batalla biopolítico. Primero, porque si tú te sientes seguro en tu red de apoyo familiar extensa, en tu red vecinal y de amistades (aquí sí importa “la tribu”) eres más fuerte, necesitas menos al Estado y a los productos sustitutorios del capitalismo. Es como un bebé que no necesita chupete porque puede tener teta todo el día. ¿Y qué facilita que tenga teta a mano? Que su madre esté arropada por su “tribu” familiar y vecinal, su red de apoyo mutuo. “Un día me echas una mano tú, otro día te la echo yo”, “para eso estamos las vecinas”… Esta ha sido la “tribu” de la que venimos y que se ha roto.

De la misma forma que no hay sindicatos fuertes porque están comprados y vendidos y, los que no, han sido fragmentados, de la misma forma se rompe la familia.

Banalización de los vínculos

Los vínculos son algo muy complejo. Tú no puedes querer igual a tus hijos que a los de tu vecina, por mucho que te gusten los niños. No te puedes vincular de la misma forma a 10 personas. En ninguna cultura ha existido eso nunca. Tienes una cuidadora principal, que es la que te ha gestado y parido, y después tus familiares más cercanos (sean estos los que sean en cada cultura del mundo…).

Claro que hace falta tribu, red social externa, no criar en aislamiento, pero no venimos de ese modelo, más cercano al hippismo de los sesenta que acabó bastante mal, por cierto, en sus ejemplos concretos. ¿Dónde están todas esas comunas de esa época? El ser humano tiene necesidad de raíces y un grupo en abstracto no puede darte eso. Los grupos sin lazos de sangre, de amigos, vienen y van, se rompen con mucha más facilidad que la familia nuclear incluso, que ya es decir en los tiempos que corren. Tratar de romper la familia nuclear para quedarnos desnudos y saltando sin red a la nada, porque después de la familia (mono)nuclear no hay NADA, es muy peligroso para los niños y los adultos.

Desprestigiar el sentido de “pertenencia” es algo a destacar de su respuesta. El ser humano necesita sentirse vinculado, no como una propiedad privada de sus padres, sino como un lugar seguro y estable del que partir y volver.

El camino inverso

El camino es el inverso, tratar de recuperar los deteriorados y frágiles vínculos familiares y ampliarlos a la familia extensa y vecinal, por capas. No todo es lo mismo ni todas las relaciones están al mismo nivel ni pueden estarlo. El otro modelo es el de la ingeniería social desde arriba. Sobre el aspecto práctico y el resultado en las vidas concretas de las personas, como Shulamith Firestone, que soñaron y trataron de inventar mundos distópicos alternativos, escribí aquí: http://www.lasinterferencias.com/2016/05/06/lazos-de-sangre/

Esa recuperación es casi imposible de realizar en las grandes ciudades y en la aldea global pero, de forma paradójica, volver al campo, al pueblo o crear una comuna también significa alejarte de tu familia que queda en la ciudad.

Contra la repetición de doctrinas sin conexión con la experiencia real

Hay que partir de lo real, de lo concreto, de las necesidades que se observan en el día a día. Lo otro… Bueno, ya otras personas lo imaginaron y otras tantas comunas hippies lo llevaron a cabo con más o menos acierto. También han existido comunas en las que las cosas fueron bien, pero los niños sabían quién era su madre y su padre y tenían un referente claro al que acudir, algo que ella relativiza y banaliza. La gran ausente en esta sociedad es la abuela materna… No parece que ella vaya por ahí. 

El objetivo de la vida, aunque te lo diga Coca Cola, no puede ser simplemente “ser feliz”

El objetivo no puede ser solamente ser feliz porque la realidad de la crianza requiere un compromiso y un esfuerzo, ya sea individual o colectivo. En la época actual no están bien vistos ni lo primero ni lo segundo, sí lo de “buscar la felicidad”. Si buscas la felicidad teniendo un hijo, ojo, porque va a ver momentos complicados, por decirlo de alguna manera… De una pareja te puedes divorciar. De una madre, un hijo o una hermana, vínculos no elegidos a la carta, es más complicado porque incluso en la distancia y la ruptura están ahí en tus pensamientos. Forman parte de ti.

Sociedad huérfana

Las personas que no tenemos vínculos fuertes con nuestras madres somos débiles, buscamos el cariño y la seguridad que nos falta en nuestras parejas que, evidentemente, no pueden suplir una función que no les corresponde. Una pareja de la familia nuclear no puede sustituir a toda una tribu y, eso, causa conflictos de convivencia. Esas carencias se subliman también en objetos o sustancias. A su vez, el cansancio de soportar el esfuerzo de la crianza en una sola persona (imaginemos sobre todo durante las noches sin dormir en caso de enfermedades de los niños) crea múltiples tensiones. Además, está el trabajo asalariado que consume la mayor parte de las energías hoy en día. No es la familia, es el trabajo. Hay que amamantar a la empresa por encima de todo, de tu familia, de tus hijos y de una misma.

Ante todos estos elementos que están actuando de forma simultánea y en diversas formas, de las que las manifestaciones de esta política son solamente una pequeña manifestación, habría que declarar que la defensa de la familia no es monopolio de la Iglesia ni esta puede ser la única voz que se oiga como respuesta a la ingeniería social. La gente que se dice de izquierdas y anticapitalista debería ser la primera en denunciar la destrucción de la familia por parte del sistema y reivindicarla. Del mismo modo que el discurso “multicultural” no puede ocultar que el gran capital busca sociedades no cohesionadas y fragmentadas que se puedan manejar y dirigir hacia los fines cambiantes en cada momento: ahora necesito enfermeras geriátricas de Indonesia y Filipinas, ahora necesito que las mujeres trabajen, ahora necesito que se queden en casa criando, ahora me viene bien que los hombres vayan a la guerra, ahora quiero emigración, ahora no la quiero, etcétera, etcétera.

De igual forma, después del fordismo, se buscan trabajadores “adaptables” y “flexibles” y se rompen las viejas categorías laborales. Lo decisivo y permanente en estas decisiones es que el biocontrol sobre la población debe perdurar. Esto está ocurriendo en el nivel micro y macro, en el parto, en la familia, en la empresa y en el planeta entero: sujetos débiles, sin vínculos solidos, no sindicados ni agrupados, solitarios, aislados… El Capital usa nuestros propios argumentos contra nosotros. ¿No te quejabas de que el trabajo era mecánico y solamente recibías órdenes? Bien, ¡ahora tendrás que organizar tú mismo tus tareas, marcarte y cumplir tus objetivos! ¡Empodérate!

Por último, me gustaría mencionar que hay que huir de toda visión meramente conspirativa de la historia. Los grandes capitalistas/estatistas actuales tienen ellos mismos las mismas carencias que proyectan sobre los pueblos a través de las políticas y las doctrinas que financian. No hay más que leer sus biografías.

ACTUALIZACIÓN 20/09/2016: Me estoy leyendo los libros del filósofo Byung-Chun Han y vienen muy al caso de este post y otros de este blog. Muy recomendables, especialmente para los votantes de Podemos y demás partidos parlamentarios de izquierdas, que son más capitalistas que los propios capitalistas y él desnuda esta realidad con mucha claridad en lo referente a la sociedad disciplinaria y la transición a la sociedad del empoderamiento (él lo llama del “rendimiento”) en el que los eslóganes del tipo “¡Tú puedes!” “¡Emprende! “¡Podemos!” “¡Yes we can!” “¡Tú puedes sanar tu vida!” resumen en gran parte nuestra realidad cotidiana, especialmente en el mundo cibernético.

Relacionado:

Entrevista a la antropóloga Sarah Blaffer Hrdy, por Eric Michael Johnson

 

Entrevista a Sarah Blaffer Hrdy en la revista “Working Mother” (“Madre Trabajadora”)

Las cigarreras iban al trabajo con sus bebés

 

8 pensamientos en “Para criar a un niño hacen falta vínculos fuertes

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  2. Hola Tania,

    Te leo desde hace años y no tengo más que felicitarte por lo que escribes. Quería contribuir a tu artículo con mi comentario desde mi vivencia personal (como tú apuntas, el único lugar desde el que podemos aportar algo VERDADERO y útil al mundo).

    Me resuena tu visión de la familia pero me chirría también, en parte… No creo que las familias se separen sólo por presiones de la sociedad que son las de las élites que nos gobiernan en última instancia. Me temo que alguien se va a Nueva York a vivir y pierde el contacto con sus primos, padres y hermanos es porque quizás nunca hubo una relación sana y saludable… El inconsciente siempre es así de misterioso, se disfraza de “oportunidades en países lejanos”.

    Decimos que “madre no hay más que una” pero es que a veces… y hablo por mí… MENOS MAL que sólo hay una. La cantidad de sufrimiento que vivimos en nuestras propias familias es a veces incalculable (y es muy difícil de convivir con él, pues siempre serás hija de tus padres) entonces ¿vale tanto la pena el apego familiar a todos nuestros miembros? A veces en familias extensas existe un alto grado de incomprensión de nuestra forma de vida (por ejemplo si somos homosexuales, solteros, “diferentes” en alguna medida), que lleva a marginar a estos miembros y a la vergüenza del resto. ¿Merece la pena seguir ahí?

    Mirando el lado contrario, el de esas familias digamos endogámicas, en las que “la sangre es muy importante”, a mí francamente no me llega que rezumen amor y comprensión hacia el mundo (que digo yo que si alguien se siente amado, amparado y miembro de una hermosa comunidad, debería ser una persona generosa, alegre y honesta ¿no?) sino más bien cierta separación del mundo y rigidez de miras. Yo siento que muchas “familias unidas” lo son por un pacto de obediencia a algún familiar muy potente o a leyes invisibles que, si se rompen, suponen la expulsión de uno del clan (digamos el hijo drogadicto que se acaba suicidando o la hija lesbiana que tiene que llevar su condición sexual escondida para no ser repudiada)

    A mí me parece que nuestra generación supone un punto de ruptura y ESO ESTÁ MUY BIEN… si desde ahí construimos algo mucho más auténtico y verdadero. No se trata de “romper por romper” sino hacer una remodelación radical, respetando lo auténtico pero destruyendo sin piedad lo que nos hace daño.

    Tengo dentro de mí el deseo intenso y profundo de encontrar mi lugar en el mundo y formar mi familia. Una familia que funcione de forma diferente a la familia de la que vengo, y en la que por supuesto entrarán familiares de sangre (algunos primos, todos mis hermanos, también mis cuñadas con las que gracias a Dios hay una relación excelente) pero NO TODOS. Mi intuición me dice que puedo empezar una nueva saga familiar, en la que también caben amigos/as muy queridos, aprendiendo de los errores que he visto en mi familia de origen y teniendo en cuenta también sus aciertos.

    Creo que esta situación que estamos viviendo puede ser positiva si la vemos desde el punto de vista de un nuevo comienzo. Si hacemos un esfuerzo consciente por vincularnos mucho mejor con unas poquitas personas (parejas, hijos, hermanos, sobrinos, vecinos o amigos muy cercanos) y nuestros descendientes van tomando esas migajas de amor sincero para continuar “nuestro trabajo” en las siguientes generaciones, seguramente con una amplitud mucho mayor que la nuestra.

    Creo que me he liado un poco pero lo que quiero decir básicamente es que si los vínculos familiares se han debilitado es porque NO ERAN TAN FUERTES. Si la mayoría de las familias hubieran sido no disfuncionales, hoy sus miembros harían lo posible por vivir cerca, visitarse, llamarse, quererse y ayudarse en lo cotidiano. Muchas familias que veo unidas las veo egoístas (recluidas en sus muros familiares, más que felices, libres y confiadas “entregando amor al mundo”). Creo que este revulsivo si sabemos aprovecharlo es nuestra esperanza.

    Gracias de antemano por ceder espacio a mi extenso comentario. Un abrazo.

  3. Pingback: Hij@s, tribu y colectividad | Indica con Género

  4. Hola Victoria, claro que no tienes que seguir vinculada a tu familia o ciertas personas de la misma si no quieres O NO DEBES… Yo, de hecho, tengo una relación muy complicada, casi inexistente, con mi madre. Pero a pesar de todo, ese vínculo está ahí, para bien y para mal. Incluso aunque no volvamos a vernos siempre pensaremos la una en la otra. Si lees el post anterior sobre Shulamith Firestone creo que verás lo que quiero expresar. Ella se desvinculó de sus padres aunque no de su hermana (hasta que perdió la cabeza del todo…), una familia patriarcal y machista judía ortodoxa. Pero, a la vez, fueron los únicos que la enterraron, cuando ni ella misma quería ver ya ni a su hermana y murió de hambre, delirando y sola en su apartamento. No fueron sus amigas, no fue su “tribu”. ¿Dónde estaban ya cuando ni siquiera quería ver a su propia hermana con la que siempre había tenido buena relación? Eso dice mucho más de lo que podamos teorizar. ¿Quién te enterrará/incinerará cuando mueras? ¿Quién dirá unas palabras sobre tu vida? Yo reniego de la familia nuclear, me parece disfuncional sobre todo cuando llegan los niños pero sí defiendo la recuperación y fortalecimiento de la familia extensa y la vecindad (esto último casi imposible…). La ciudad y el trabajo asalariado lo hacen muy complicado. Poco tiempo y muchos kilómetros me separan a mí de mi familia extensa. Incluso poco tiempo y muchos kilómetros también me separan a mí de mis amistades, a las que antes de tener hijos era tan fácil visitar. Un abrazo y gracias por escribirme.

  5. ¡Ah! Se me olvidaba… Sobre el tema de la emigración y los vínculos estrechos familiares habría mucho que decir. Lo peor que pude vivir en mi infancia fue que mi madre decidiera emigrar a otro país para mejorar sus condiciones de vida materiales. Me separó del resto de mi familia cercana, que no es que fuera algo ideal y estable, pero al menos eran otras personas, un círculo más amplio, una “tribu”. Marcharnos me separó de mi padre, de mi mejor amiga, de mis abuelos, de toda mi familia paterna, de mis primas… Está claro que ella huía de algo, siempre huye. Al igual que huyeron nuestros abuelos y bisabuelos de los pueblos en su marcha a la ciudad. Huían o buscaban algo fuera de ellos mismos, fuera de su lugar, no lo sabemos. Sin embargo, los problemas los llevas arrastrando allá donde vas… Lo político es personal, al revés de como decían las feministas de los setenta. Todas esas migraciones tuvieron su origen en decisiones políticas. Lo político se funde con los personal.

    • Muchísimas gracias Tania por responder a mi comentario y por tu sinceridad.
      Yo, como habrás intuido, también tengo una relación compleja con mi madre. Como bien dices: a pesar de todo, nunca podremos dejar de pensar la una en la otra… Y posiblemente nos llevemos flores a la tumba, nada es más fuerte (para bien y para mal) que una relación madre-hija.

      Desde hace poco tiempo he asumido que esta ambivalencia con respecto a mi familia de origen la llevaré conmigo hasta el día en que me vaya de este mundo; es muy duro querer y no querer a tu propia sangre, es muy duro anhelar que sea diferente y a la vez entender que no será así, es muy duro conciliar que existieron cosas muy positivas y cosas muy negativas (¿cómo hace la conciencia para integrar que la persona que más te quiso también es la que más daño te ha causado?). La ambivalencia es tan difícil de vivir… Por mi parte, confío en que a partir de mí surja otra familia con menos ambivalencia… donde el amor y el dolor no vayan de la mano, donde la verdad predomine sobre los falsos discursos, donde el afecto no vaya unido a la obligación sino que sea libre. No lo haré perfecto, eso seguro, pero por lo menos espero que sea menos terrible 🙂

      A pesar de que veo en la sociedad el desmembramiento de la familia extensa y la implantación sutil de una ideología del odio y la fealdad no puedo evitar sentirme optimista con respecto al futuro. Yo me llevo muy bien con mis herman@s y cuñad@s. También con algun@s amig@s del alma a quien sigo viendo y quienes nos ayudamos en la distancia. Me gusta leer, formarme y busco la belleza en las pequeñas cosas. Creo que cuando una persona está conectada consigo y con los demás no hay decisión política que pueda romper ese vínculo. Claro que es mucho más difícil vivir de forma humana y solidaria siendo obligad@s a trabajar muchas horas y estando bombardead@s por ideas que nos dividen, pero NO es imposible. Al final un@ siempre tiene la última palabra.

      Se avecinan tiempos muuuy duros (realmente el Estado va a aumentar los impuestos y el control, eso seguro, al igual que las políticas de género nos van a seguir segregando) pero todos podemos irnos preparando para este escenario y establecer nuestros pequeños “mini retiros” en la sociedad. Por mi parte, haré lo posible para que ninguna ideología me haga odiar a los hombres, mucho menos a mi marido. Que ningún discurso me vaya a hacer pensar que ser individualista es mejor que pensar en la colectividad. Quiero respetar, cuidar y complacer (en lo que pueda) a los que me rodean, y sentirme unida a mi familia, al margen los cambios que pueda haber. Quitarle algo de importancia al dinero y a esta idea del “ocio permanente”…

      Un fuerte abrazo Tania!

      • Tu comentario da esperanzas y fuerza. Gracias. No sé si será tu caso pero creo que gran parte del problema intergeneracional está en la búsqueda del dinero por encima de los vínculos familiares de reciprocidad. A la generación de nuestras madres y padres les vendieron la moto del felicismo y el dinero que todo lo podía comprar. Intentaremos hacerlo mejor y tropezaremos, como no, la diferencia es que al menos lo estamos intentando. Un abrazo muy fuerte.

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