Indefensión desaprendida

Año 2009. Poco antes de la ejecución de la sentencia en el que se obligaba a la UNED a readmitirme en mi puesto de trabajo yo andaba trabajando en un bar cercano a mi casa, un bar como tantos otros bares que existen en el centro de Madrid. No duré más de una semana ya que las condiciones eran esclavistas, pero antes de dejarlo decidí dejar un regalito en forma de carta a inspección de trabajo, otra carta a mi jefe y una copia del convenio a los compañeros. En este sitio las horas extras no es que se pagaran en negro, es que no se pagaban en absoluto.

Mis compañeros tenían eso que se llama “indefensión aprendida” que básicamente, en el ámbito laboral, consiste en no protestar porque a) no merece la pena luchar y b) mejor esto que nada. Este tipo de indefensión aprendida está extendida entre los trabajadores en general, ya sean españoles o inmigrantes. Es más, en mis años en CNT he visto a trabajadores de fuera luchar por sus derechos laborales como no hacían sus compañeros españoles en la misma empresa. Con esto quiero decir que “unos por otros, la casa sin barrer”.  Y la casa tiene que comenzar a ser barrida YA. Es preferible que la unión se dé en la lucha que no en la cola de reparto de alimentos de Cáritas.

Desafiando la creencia actual general de que no sirve de nada luchar, con esta pequeña acción, una minucia por hacer cumplir simplemente “lo legal” que no me costó absolutamente nada de dinero, conseguí que al menos a mí se me pagara el dinero de horas extras que realicé durante esa semana. El jefe “no quería problemas” y me pagó lo que me debía. La Inspección de Trabajo no valió para nada porque a los meses me llegó la respuesta y lo que ocurrió es que el inspector preguntó a los trabajadores si se les pagaban las horas extras y ellos dijeron que sí. De nuevo la cobardía… Por supuesto, el inspector podía y debía haber hecho sus cuentas y se habría dado cuenta de que era incompatible el horario de apertura del local con el número de trabajadores. Pero, claro, no podemos seguir pensando que otras personas, otras figuras paternales, nos tienen que salvar y solucionar la vida.

Vienen tiempos muy grises, victimistas y autoritarios. A día de hoy esto está pasando, me atrevería a decir, en la mitad o incluso en la mayoría de bares de Madrid. ¿Dónde está la lucha? En la queja inútil, en señalar la inacción de terceros, en lo malos o cobardes que son los demás… ¿Y tú? ¿Qué estás haciendo tú?

La indefensión aprendida es una consecuencia del proceso de doma del ser humano. Primero, es necesario minar la autoestima del sujeto: “Tú no vales, tú no lo mereces, tú no mereces que te paguen lo que se te debe, tú mereces ser explotado”. Segundo, esa falta de autoestima se interioriza y, además, está relacionada con el aislamiento y la falta de vínculos: “Tú no vales, tú estás sola, nadie te apoyará, no encontrarás otro trabajo mejor porque todos son iguales”. Y, tercero, la indefensión aprendida engancha porque es cómodo pensar, por contradictorio que parezca, que la vida está en manos de otras personas, los ganaderos, y que yo ni puedo ni debo mover un dedo por salir del sometimiento externo. Salir de la indefensión aprendida cuesta y requiere un esfuerzo. Hay que mover el culo y actuar, tomar decisiones, arriesgar, comunicar, ser creativo… Estas son cualidades de liderazgo personal, muy valoradas en las escuelas de negocio de prestigio o en las escuelas militares, pero que no se aprenden ni se valoran en el mundo de los asalariados y de los que reciben órdenes y tienen que obedecer.

Si lo analizamos bien, veremos que esta actitud de sumisión en el mundo laboral es la misma que existe en las relaciones de maltrato en el ámbito personal, ya sea con un padre, una madre, una pareja, una hermana.

¿Y cómo romper con la indefensión aprendida? En mi experiencia personal lo básico fue asociarme con otras personas, buscar red, buscar comunidad. Pero no cualquier grupo de personas sino un grupo de personas QUE LUCHAN, es decir, gente que, a pesar de las domesticaciones previas, tienen esa chispita en el corazón de la rebeldía ardiendo en el corazón. Busqué el sindicato que yo creía que era el más combativo, el más horizontal, un sindicato independiente que no aceptara subvenciones. La vida sindical me dio fuerza y seguridad para aprender de otros conflictos, ser solidaria con otras personas y, poco a poco, ir ganando autoestima laboral: “Yo sí que valgo, yo sí merezco ser pagada por mi trabajo, yo sí merezco ser respetada”.

Por tanto, incluso las personas que han sido maltratadas en el ámbito familiar, personal o laboral pueden salir de esa espiral de baja autoestima y victimización a base de crear vínculos virtuosos con personas que tengan esas cualidades de seguridad y solidaridad a las que se quiere tender, cualidades innatas o que hayan sido construidas por sus experiencias vitales. La indefensión se puede desaprender. Por supuesto, la gente con vínculos fuertes y criada con presencia, mimo y cariño crece con esa sensación de saberse arropado y saber que tiene una valía intrínseca por lo que es, pero, aún así, tendrá que aprender a vivir y moverse en ambientes mucho más hostiles. Las personas que no hemos tenido esas infancias, a pesar de tener que aceptar que la cicatriz es imborrable, podemos aprender a construirnos esos vínculos y esa autoestima a lo largo de la vida.

Es importante también relativizar el miedo y racionalizarlo. ¿A qué tengo miedo? ¿A perder esta mierda de trabajo? ¿Y qué pasaría si me echaran? ¿Sería tan horrible? ¿Pero acaso no me van a echar igualmente? ¿No es mejor irme luchando que irme escurriendo el bulto y dejarle el marrón al siguiente? ¿Tengo miedo de estar en una lista negra y que no me contraten en ningún sitio? Bueno, ¿y sería tan malo? ¿Merece la pena seguir en un sector laboral tan esclavista y lleno de gente conformista? ¿No será mejor trabajar en otro sector en el que todavía los convenios se respeten? Es, por tanto, una forma de vida, una actitud que huye de la depresión, porque no lo olvidemos, la indefensión aprendida es depresión. Y esa nueva actitud ante los problemas se va a trasladar a otros ámbitos y se va a proyectar hacia el exterior. Curiosamente, las personas más sumisas y que menos luchan son las que después, en otras esferas personales, intentan aparentar seguridad aplastando a otras, riéndose de los demás, o buscando chivos expiatorios… En este caso, como en tantos otros, no valen los discursos y la retórica sino los actos, las acciones. Muéstrame lo que haces y veré quién eres. Las palabras se las lleva el viento.

En este “conflicto” no hizo falta que interviniera el sindicato. Una carta bastó. ¿Tan poco basta? No siempre es tan sencillo pero por algo hay que empezar. Así que desde aquí, desde internet, que no deja de ser el campo de batalla que nos brinda el enemigo, te digo que te atrevas, bajo tu propia responsabilidad, a luchar.

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Fragmento de “Los anarquistas españoles” de Murray Bookchin

Un pensamiento en “Indefensión desaprendida

  1. Estoy de acuerdo contigo,Tania,creo que aqui es donde de verdad se ve lo que valemos.Yo no valgo mucho,en este aspecto,y solo me he quejado sin hacer nada.Todo lo más,cuando hice algo por todos y no solo pensando en mí me echaron a la calle y nadie hizo nada por mí.No es que me importara,soy consecuente con lo que hago,pero llega un momento que parece que estas luchando una batalla estúpida para un grupo social(proletarios,trabajadores,como se le quiera decir)que en el peor de los casos no la quiere abiertamente,y en el mejor quiere que la hagan otros por él,como tu bien explicas.Esto es algo que exige una reflexión mayor,para ver hasta donde llega el alcance del nivel de esclavitud ya aceptada por la clase trabajadora.Yo no creo que los sindicatos de hoy sea la solución y yo no soy anarquista,pero si creo que son legítimas sus acciones y tambien la gente que integra la CNT CGT y este tipo de sindicalismo,pero creo que el siglo XXI ha superado estas expectativas.Quiero decir que,si para enfrentar el problema de la progresiva esclavitud( a nivel mundial)hacen falta mil acciones ahora se hace una.Es mejor eso que nada,pero sigo pensando que la lucha está en la creación de planes personales junto con la labor de difusión de ideas .Tambien creo que el trabajo es una parte mas,solo una de las que integra la vida.La injerencia del Estado es cada vez mayor,se mete en como tienes que educar a tus hijos,que tienen que pensar,etc.esto es otra batalla,tambien en la progresiva insociabilidad que hay ahora mismo tanto en las ciudades como en el campo.En esto no solo entra lo politico,tambien lo social y lo personal.Incluso diria que aqui,aunque el Estado hace mucho para que esto suceda,no es el principal responsable.Yo recuerdo que los cascos de escuchar música ya existian hace unos cuantos años,pero ahora,montones de personas(y no solo jovencitos)van con ellos,comportandose como el avestruz,escondiendose de las personas,en definitiva.Estos hábitos se están instaurando poco a poco.Antes la gente se miraba,ahora ya nadie hace caso de nadie,y si esto continuara así por 20 años,30 años,¿qué clase de lucha se puede librar si lo único que se aprecia es el mundo de lo virtual?Esto que hacemos es lo mismo,por supuesto,por eso creo que hace falta una labor personal de fortalecimiento del cuerpo y del espíritu y una vuelta a la convivencia real,que ahora no comprendo como se podría hacer.Esto es complicado,pues los instrumentos que se han creado hoy en dia sirven para el tipo de sociedad esclava que se ha instaurado.Los inventos de Leonardo Da vinci,de muchos otros inventores convencen mucho más a la gente que las ideas,en muchas ocasiones.Por tanto,si se quiere establecer otro tipo de sociedad,hay que empezar por inventar y crear cosas que sirvan al nuevo tipo de sociedad.Inventos sociales y tambien inventos “reales” como tecnologia para la nueva sociedad.Leed a los martires,sobre sus vidas,para daros cuenta de que los cambios son poco a poco y con mucho esfuerzo personal de mucha gente pero asumiendo compromisos muy duros y difíciles.Yo,una persona del siglo XXI me pongo en el lugar de estas personas y me pregunto qué clase de creencias tan firmes tenían que podían vencer a su propia naturaleza.Se me ocurre entonces,¿tenemos los que queremos cambiar el modo de vida creencias tan firmes?No me refiero a creencias religiosas,yo no lo soy.

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