Recomendación: “Vientres de alquiler: violación del derecho a la salud materna y primal”, por Ana Trejo Pulido

Vientres de alquiler: violación del derecho a la salud materna y primal

Este es uno de los artículos más completos sobre la aberración de los “vientres de alquiler” que he podido leer. Debemos agradecer a la autora el haberlo escrito, por todo el trabajo que hay detrás y la buena argumentación. Ahora bien, ¿cuándo comenzaremos a retrotraernos algo más allá y llamar prostitución sexual-reproductiva a la inseminación artificial anónima y comercial? La cosificación de los bebés y de los cuerpos viene de lejos, a pesar de que, por razones biológicas obvias, los hombres por pajearse en una clínica frente a una película porno no tengan ningún riesgo a nivel físico (aunque sí lo tenga a nivel psicológico su falta de responsabilidad y se produzca la necesaria escisión mente-cuerpo para justificar su propia mercantilización).

La compra-venta de semen es una variante de la prostitución masculina, nos guste reconocerlo o no, al igual que también lo es la venta de óvulos, mucho peor por los riesgos para la salud de la mujer. Y se hace a la carta y seleccionando fotos de los donantes cuando eran bebés, seleccionando raza, color de ojos, de pelo, etcétera… A veces esta selección la hace un doctor y a veces es la propia compradora. Da igual, el catálogo existe y está ahí. Los hijos jamás podrán saber el origen ni el nombre del “donante” porque, además, su derecho a la identidad no es respetado y el anonimato existe por la única razón de maximizar los beneficios de estas empresas (prostíbulos o burdeles reproductivos).

Todo está conectado y una cosa lleva a la otra en nombre de la “igualdad”. Pero la cosificación de los bebés no ha comenzado con los vientres de alquiler sino que comenzó, en tiempos recientes, con la reproducción artificial in vitro heterosexual. La prueba la tenemos, como bien se explica en este artículo al hablar de sus peligros, en la elección de implantar varios embriones a la vez, aún poniendo en riesgo a los bebés por la posible prematuridad. Todo en nombre del deseo. Estimular para conseguir más óvulos, más embiones. ¿Y los que sobran? Los congelamos y ya se verá. Como churros, por mero aumento de la “productividad”. El resto ya lo sabemos: hay personas que tienen medio hermanos genéticos repartidos por el mundo por diferentes familias (algo que se intenta evitar en los casos de adopción) o incluso hermanos sin adjetivos, hermanos genéticos del mismo padre y madre (es el caso de las adopciones de embriones, embriones sobrantes que abandonaron otras familias), hay niños sin madre y sin familia materna (de forma premeditada y calculada, no por una desgracia o avatares de la vida), niños sin padre y sin familia paterna (primos, tías, abuelas…), madres que un día vendieron un óvulo para ganar un dinerillo y ahora se imaginan la cara de su hijo, que estará en otra familia… La lista es infinita.

Me alegro que desde el feminismo se denuncie la compra-venta de seres humanos y me entristece que desde posturas corporativistas no se denuncie la cosificación y la mercanitilización de forma global. Entiendo que es un paso complicado y políticamente incorrecto pero hay que darlo en algún momento porque, en realidad, todo este gran negocio se basa en tener divididas las cosas en compartimentos estancos. El día en que nos opongamos a ello de forma global se caerá como un castillo de naipes.

¿El futuro? Ya se intuye: Suprimido el padre. Suprimida la madre. Miles de embriones congelados. Miles de embriones abandonados, de esos que llaman “sobrantes” dentro del proceso productivo-reproductivo. ¿Por qué no dar el salto final y que el Estado o la empresa privada puedan crear de forma directa seres humanos huérfanos, sin padre ni madre, y criarlos con todos los vínculos de su existencia y cuidado mercantilizados a través de profesionales y granjas-orfanatos? Ahí queda para que algún autor distópico se lance a escribir la novela. Me temo que lo veremos ante nuestros ojos antes de lo que pensamos, ya que a pesar de que la opción actual del capitalismo y de los estados más poderosos es la importación de seres humanos adultos, sin gastos de crianza, a través de la inmigración, hay que pensar que se pronostica que a partir de 2040, según investigadores del Club de Roma como Jørgen Randers, la población mundial comenzará a decrecer y es muy probable que no se llegue a niveles demográficos de reposición en ninguna parte del planeta.

La otra vía en paralelo del Progreso es la de la robótica, que es el sueño de disponer de esclavos digitales que trabajen para ti, sin sentimientos ni empatía, sin horarios, a los que se les puede explotar sin fin hasta que se les acaben las baterías. El útero artificial va en esa línea. Veremos cuál de las opciones triunfa, o si convivirán juntas hasta el colapso/apocalispsis final de la vida humana en el planeta.

Los “bebés sin pañales” son noticia

Hace un mes, en la edición de junio, se publicó en la revista científica Pediatrics un artículo publicado por dos personas, un papá y una mamá (Jeffrey M. Bender y Rosemary C. She) de un bebé con el que practicaron eso que allí llaman “elimination communication” (higiene del bebé sin pañales). Además, se da la circunstancia, que esta mamá y este papá son médicos y trabajan en el hospital de niños de Los Ángeles.

El artículo, del que se puede consultar de forma gratuita su introducción, cuenta su experiencia con su tercer hijo y explica lo que es la “higiene natural del bebé”, en qué se basa y reflexiona sobre el progresivo retraso en la edad a la que dejan los pañales los bebés en EEUU.

Yo, todavía no he podido leer el artículo completo, pero, al haber escrito un libro sobre el tema, tengo algunas nociones sobre el paradigma actual que se defiende desde las asociaciones de pediatría, tanto de ese país como de España, y que es básicamente el paradigma establecido por el pediatra T. Berry Brazelton en 1962 (un año después de que Procter and Gamble sacara su modelo de pañal de usar y tirar Pampers o Dodot).

Hoy en día, la AEPED, la Asociación Española de Pediatría, tiene colgada en su web una “Guía práctica para padres” redactada en colaboración con Dodot. En realidad, editada por Dodot y avalada por la Asociación de Pediatría en el año 2013 donde se afirma:

Pg. 72 (de 12-24 meses): No es conveniente iniciar el aprendizaje de control de esfínteres antes de los dos años salvo que el niño lo demande porque puede favorecer el estreñimiento y entorpecer el aprendizaje.

Esto, como sabemos todas las familias de bebés “sin” pañales, no es cierto y crea falsos miedos que no están basados en ninguna evidencia. De hecho, no viene ni siquiera una nota al pie que justifique la afirmación. Ni siquiera el propio Brazelton afirmaba esto sino que decía que los pañales “simplificados” habían liberado a las madres y ya no era necesario un aprendizaje temprano. La confusión que Brazelton estableció fue entre el cuándo (meses a los que empezar) y el cómo (respetuoso/coercitivo). Es decir, se puede ser coercitivo empezando a los dos o tres años y respetuoso al empezar a conocer y comunicarte con tu bebé desde los 0 meses. No tiene nada que ver. Y que se pueda empezar a los dos años no quiere decir que esté prohibido hacerlo antes o sea peligroso, como demuestra la experiencia de cientos o miles de años, quizás, de otras culturas sin pañales.

Lo curioso, además, es que Brazelton hablaba de empezar a familiarizar al bebé desde los 18 meses pero, con el pasar de los años, se modificó (y nadie sabe muy bien por qué) a los “dos años”. En los ochenta, Brazelton, aparecía en un anuncio de Pampers de la talla 6 diciendo algo así como “no tengas prisa para quitar el pañal”.

Creo que las asociaciones de pediatría deberían ser independientes de las empresas, ya sean de lactancia artificial o de pañales, a la hora de elaborar sus contenidos. No es serio ni riguroso. Por eso, espero poder leer el artículo de estos dos padres en Pediatrics, que gracias a su propia experiencia directa y no a los dogmas pseudocientíficos que aprendieron en la universidad, tienen algo interesante que contar al mundo.

En cualquier caso, lo que digan las revistas científicas no es la última palabra, lo importante son las relaciones únicas y diversas que se establecen en cada familia a pesar de los condicionantes empresariales y laborales, muy opresivos en la actualidad, con la crianza.

Volver hacia el origen

Nadie habla de la epidemia de desamor que inunda nuestras calles

ni de los niños llavero

ni de las extraescolares eternas,

ni de la presencia obligatoria en los “días sin cole”,

ni de los campamentos de todas las estaciones

en los que nadie acampa bajo ningún árbol.

Nadie hablará de por qué te sientes tan triste, tan vacía, tan sola,

ni de por qué siempre fuiste un paquete que iban paseando de aquí para allá,

un estorbo, una molestia, una carga

algo que sobraba y a lo que había que buscar un lugar temporal

para poder hacer algo más importante.

Ningún censo, ningún demógrafo, ninguna estadística

reflejará tu caso, ni tu historia de vida, ni tus sentimientos.

No te molestes en buscarlo.

Los expertos solamente te dirán que los niños de hoy lo tienen todo,

o al menos tienen móvil y tablet,

que de qué se quejan,

que ya no hay hambre ni penalidades

y no hay problema del alma o existencial

que no pueda curar un buen narcótico legal.

Ahora pueden tener una vida,

una vida larga, muy larga.

Vivirán hasta los 120 años quizás.

Veremos cosas asombrosas, nos dicen los falsos profetas.

Sin embargo,

esa gente acartonada y sin ningún hálito de vida bajo la piel,

algún día reconocerá que su existencia es una mierda

y su infancia fue peor,

que no han tenido el lujo de haber sido queridos y cuidados

por quien podía hacerlo,

ni han bebido agua de un manantial,

ni han jugado en libertad con otros niños,

sin adultos supervisándolo todo.

Como no han tenido raíces,

buscan volar lejos a Marte.

Pobres infelices,

sedientos de dopamina…

Nunca tendrán suficiente,

porque el agujero en el corazón es tan grande

que nada podrá llenarlo.

Y yo, que no soy nadie,

pero sé por qué me duele lo que me duele

al menos puedo volver hacia el origen

en lugar de huir hacia el mañana.

Inútil consuelo.