La menstruación como ahorro energético

Estas son las conclusiones del artículo de la antropóloga Beverly Strassmann titulado “La evolución de los ciclos endometriales y la menstruación” publicado en “The Quarterly Review of Biology” en junio de 1996. En su texto, Strassmann rebate las teorías de otra investigadora, Margie Prophet, que defendía que la menstruación tenía como objetivo defenderse contra los patógenos que transportaba el semen.

Siempre me había parecido que la menstruación era un gasto innecesario desde el punto de vista evolutivo y energético, teniendo en cuenta que menstruamos y ovulamos muchísimas veces en comparación con los poquitos hijos o ninguno que tenemos. Y es que somos fruto del tiempo que vivimos, y por eso creemos que tener la regla durante años es lo normal y nos cuesta pensar en un mundo pretérito en el que se menstruaba muchísimo menos que ahora.

Después de leer este artículo varias veces, y a pesar de no ser científica, creo que comienzo a entender lo que explica Strassmann. Durante la primera fase del ciclo menstrual hay “esperanza” biológica de que se produzca un embarazo. Sin embargo, después de la ovulación, si no hay posibilidad de fecundación, desde el punto de vista evolutivo es mejor desprenderse del endometrio y ahorrar el equivalente a seis días de alimentos en cuatro ciclos. No olvidemos que el endometrio, si hay gestación, servirá para alimentar al embrión con oxígeno y nutrientes de la madre, y se convertirá en la decidua que después dará origen a la placenta.

Cuando no hay fecundación expulsamos también una forma de nutrir que ya no tiene sentido almacenar por más tiempo. Pero, en las condiciones sociales actuales, en las que las mujeres tienen 1,3 hijos por mujer, es decir, un único hijo durante toda su vida, vienen a mi mente algunos interrogantes: ¿Acaso no ha perdido sentido evolutivo la creación y desprendimiento, mes tras mes, año tras año, de un nuevo endometrio para unos hijos que nunca llegarán? ¿Pueden servir las visiones místicas de la menstruación para suplir esa falta de sentido biológico desde lo cultural? ¿Qué ocurrirá con la menstruación dentro de miles de años? ¿Seguiremos menstruando? ¿Se atrofiará el sistema reproductivo al no utilizarse? ¿Seremos cada vez más dependientes de la industria de la reproducción artificial para tener hijos y de la industria farmaceútica para no tenerlos? ¿Optarán cada vez más mujeres de forma voluntaria por la mutilación física (histerectomías, mastectomías y extirpaciones de óvulos) o la castración química para evitar el cáncer? ¿Nos salvará de nuevo la medicina de nuestra propia biología?

El texto traducido de las conclusiones del artículo (las negritas son mías):

“Si no hay reproducción no es ventajoso mantener al endometrio en el estado que se necesita para la implantación de un blastocito. Tampoco es ventajoso durante épocas de amenorrea. Por eso, una explicación de la regla es que es un ahorro energético. Una parte del endometrio, si no hay embarazo, se reabsorve y otra parte se expulsa, ya que en el ser humano hay demasiada sangre y tejidos para que sean solamente reabsorvidos, como en otras especies. ¿Y por qué hay demasiada sangre y tejidos? Una explicación podría ser que las crías humanas y, por tanto, también nuestros úteros son muy grandes en proporción a nuestro cuerpo.

El ciclo endometrial está acoplado al ciclo ovárico. Cuando los niveles de hormonas esteroides ováricas caen, el endometrio revierte, lo que resulta en desechos celulares que deben ser derramados o reabsorbidos. Una ventaja de la regresión cíclica que previamente no se ha considerado es la reducción en el gasto de energía. Cuando un blastocisto no está disponible para la implantación, el endometrio secretor se convierte en una carga. Si se mantiene, requiere de apoyo metabólico continuo, pero si retrocede, este gasto extra de energía se puede ahorrar. En las mujeres, la regresión del endometrio permite una reducción de casi siete veces del consumo de oxígeno de endometrio (por mg de proteína / h). La ciclicidad endometrial está vinculada al conjunto de la tasa de ciclicidad inmetabolica del cuerpo causada por la acción de los esteroides ováricos. En las mujeres, la tasa metabólica es al menos un 7% inferior, en promedio, durante la fase folicular que durante la fase lútea, lo que se traduce en un ahorro estimado de energía de 53 MJ en más de cuatro ciclos. Esto es el equivalente a casi seis días el valor de los alimentos. Al ayudar a las mujeres a mantener la masa corporal, esta economía de la energía tiene repercusiones beneficiosas tanto para la fecundidad y la supervivencia.

El mantenimiento del endometrio en el estado metabólicamente activo requerido para la implantación sería particularmente desventajoso durante la temporada no reproductiva y otros episodios de amenorrea cuando la ovulación está ausente durante un período prolongado de tiempo. Doce meses de amenorrea ahorran un estimado de 130 MJ, lo que satisface las necesidades de energía de una mujer cerca de la mitad de un mes. La regresión del endometrio es similar (y tal vez homóloga) a la hipotrofia de los oviductos de reptil en la temporada no reproductiva y su origen puede ser anterior a los mamíferos. Las limitaciones ahorradoras de energía de la tasa metabólica se producen durante la lactancia, el embarazo, escasez de alimentos, y son comparables a los de toda la reducción en la tasa metabólica del cuerpo que se produce durante el ciclo menstrual.

La regresión del endometrio incluye necesariamente la microvasculatura endometrial. En la mayoría de las especies la sangre de la microvasculatura es totalmente reabsorbida, pero en los primates del Viejo Mundo y algunos otros mamíferos, la sangre y otros tejidos que no se reabsorben se eliminan con la menstruación. Las diferencias en el grado de sangrado menstrual se correlacionan con la filogenia más que con las diferencias visibles en la ecología o el comportamiento. El sangrado relativamente abundante se encuentra en los catarrinos y se asocia con la presencia de arteriolas espirales en el endometrio. El diseño de estas arteriolas probablemente se relaciona con su función principal, que es la de proporcionar el suministro de sangre a la placenta. El sangrado externo puede ser interpretado como un efecto secundario de la regresión del endometrio y está probablemente causado por la presencia de demasiada sangre y otros tejidos para la reabsorción eficiente. Esta hipótesis puede explicar el aumento de la pérdida de sangre con la paridad en las mujeres, ya que los embarazos anteriores aumentan la vascularización uterina. También predice con éxito que los catarrinos con menstruación abierta tengan mayores ratios de masa de la cría con respecto a la masa corporal. Por lo tanto, el sangrado inusualmente profuso en los seres humanos y los chimpancés puede ser debido al gran tamaño de sus úteros en relación con el tamaño del cuerpo de la hembra adulta y al diseño de la microvasculatura en estos y otros catarrinos”.