“Huelga de úteros”, una respuesta al artículo de Beatriz Preciado.

Así comienza el artículo de la profesora de universidad Beatriz Preciado publicado en Público:

http://blogs.publico.es/numeros-rojos/2014/01/29/huelga-de-uteros/

Encerrados en la ficción individualista neoliberal, vivimos con la ingenua sensación de que nuestro cuerpo nos pertenece, de que es nuestra propiedad más íntima. Sin embargo, la gestión de la mayor parte de nuestros órganos está a cargo de diferentes instancias gubernamentales o económicas. De todos los órganos del cuerpo, el útero ha sido sin duda aquel que históricamente ha sido objeto de una mayor expropiación política y económica. Cavidad potencialmente gestacional, el útero no es un órgano privado, sino un espacio biopolítico de excepción, al que no se aplican las normas que regulan el resto de nuestras cavidades anatómicas. Como espacio de excepción, el útero se parece más al campo de refugiados o a la prisión, que al hígado o al pulmón”.

La autora tiene razón al denunciar que desde diferentes instancias se dirije la biopolítica que afecta a nuestros cuerpos (el de hombres y mujeres, añado yo) pero no es que el Estado-Capital le interese la posesión de nuestro cuerpo, como en el mundo esclavista, sino que lo que le interesa es controlar la dirección hacia dónde se dirije la energía vital de los cuerpos. Hay momentos históricos en los que el Estado necesita niños, futuros trabajadores o soldados y, otros momentos en los que prefiere que las mujeres concentren su esa energía centrándose en su trabajo asalariado, pariendo productos y servicios, cuidando y amamantando a la empresa, al ejército y a las diversas administraciones. En otros momentos se necesitan ambas cosas a la vez, lo que produce una serie de contradicciones internas dentro del sistema que se tratan de resolver a base de incentivos y “ayudas” para redirigir las conductas.

El cuerpo humano, no solamente el femenino, es disputado por diversos intereses religiosos, políticos, médicos y farmaceúticos. El feminismo universitario y de Estado, como ideología adoctrinadora al servicio del poder, también debería estar en esa lista porque no solo no ha “descolonizado” el útero sino que ha apoyado las biopolíticas antinatalistas, considerando que la libertad reproductiva siempre se reduce a no ser madre, cuando la libertad debería existir tanto para ser madre como para no serlo. Por eso, si hasta aquí estaba más o menos de acuerdo con la autora, aquí nos separamos.

En el caso de los úteros se equivoca Preciado al llamarlos “laboratorio del Estado-Nación de cuya gestión depende la pureza de la etnia nacional”. No hay interés alguno del poder político en defender la pureza étnica o de sangre de los hijos que gestan nuestros úteros. No van por ahí los tiros y, si no, que aporte datos. Es más, el Estado-Capital necesita el mínimo de niños posible para mantener la máquina productiva pero le da igual su color, raza o religión, tal y como ellos mismos explican en sus foros y reuniones.  

El feminismo, por otro lado, no solo no ha expulsado al poder de las elites de nuestros úteros sino que ha sumado fuerzas con ellos y se ha convertido (y se ha dejado convertir) en un apéndice vital y estructural del poder mismo. Yo sí voy a aportar pruebas y ejemplos para defender esta idea. Desde 1974 (si seguimos las cuentas de Beatriz Preciado), salvo algunas honrosas excepciones como Silvia Federici:

– El feminismo institucional promovido por la ONU y UNFPA ha implantado las ideas adoctrinadoras del empoderamiento económico dentro del capitalismo y ha promovido la reducción del número de hijos por mujer siguiendo las directrices de Kissinger y el Club de Roma.

– El feminismo en lugar de autofinanciarse y autogestionarse ha aceptado y buscado financiación de fundaciones capitalistas como la Fundación Ford y Rockefeller y de diversas instituciones estatales (museos de arte moderno, universidades, institutos de la mujer…).

– El feminismo ha promovido la idea de que la salud reproductiva femenina debería ser entendida como “no reproducción”, es decir, la reproducción como enfermedad y la no reproducción como “salud”. De esta forma ha limitado el problema de los derechos reproductivos al derecho a no tener hijos. Por otra parte, la realidad científica muestra precísamente que tener hijos (sobre todo cuando se es joven) y amamantarlos es muy sano para el cuerpo femenino: la nuliparidad, el retraso de la maternidad y el no amamantamiento aumentan el riesgo de cáncer de mama, ovario y endometrio, así como aumentan y emperoran otras complicaciones del aparato reproductivo femenino. La libertad de elección se basa en el acceso a la información.

 A continuación, la autora realiza un resumen del Anteproyecto para la nueva ley del aborto: dos supuestos de aborto legal, riesgo para la salud física o psíquica de la madre de 22 semanas o violación (12 semanas). El riesgo deberá ser acreditado por un médico y un psiquiatra independientes. Es decir, la única diferencia con la ley anterior a la ley Aído que estuvo en vigor desde 1985 a 2010 con gobiernos tanto del PSOE como del PP es que suma un “acreditador” médico más al proceso del aborto. Si antes era un psiquiatra el que firmaba el riesgo para la madre, ahora se necesitarán dos firmas, es decir, el doble de infantilización, de dinero y de complicación. Pero más allá de eso, no hay más diferencias. Si eres capaz de conseguir una firma, conseguirás dos. ¿Por qué toda esa indignación no salió durante todos esos 15 años? Es más, la ley Aido era bastante más restrictiva en cuanto a fechas que la de Gallardón, sin embargo esta intromisión del estado no parece importarle demasiado a la autora. Y aquí es donde está la clave del asunto, en el politiqueo, en el peor sentido de la palabra, que arrastra este asunto. El proceso de la nueva ley tiene mucho de performance (que Beatriz Preciado conoce bien) maquiavelismo y trilerismo.

Efectivamente el útero femenino es uno de los bienes más preciados de la biopolítica pero lo ha sido tanto con el PP como con el PSOE y no precisamente para forzar a las mujeres a tener hijos. La tasa de natalidad no ha parado de caer y el número de abortos no ha parado de crecer desde los 16.206 en 1986 a los 112.390 de 2012. Y esos datos son manejados desde el poder, se conocen y si se han producido no ha sido precisamente por azar. Un aborto es una historia personal concreta. 100.000 abortos al año son otra cosa, son un fenómeno sociológico que habría que analizar, ya que se trata de algo que se produce de forma masiva, una situación totalmente nueva y de gran complejidad. Por otro lado, la única razón por la que el útero es relevante en esta historia es porque es el nicho, el hogar del feto humano. No existen polémicas bioéticas ni leyes que regulen si una mujer puede o no realizarse un aumento de pecho o una histerectomía. La única razón por la que estamos hablando de esto es porque el verdadero protagonista biopolítico es el feto humano. La investigación biotecnológica lleva años intentando crear úteros artificiales y quizás dentro de un tiempo este debate no tendrá ni quiera sentido.

Desde los datos objetivos lo único que podemos decir es que es una ley que infantiliza a la mujer frente a los médicos y el Estado, es hipócrita y encarece algo más el proceso de abortar. Pero más allá de eso hecha la ley, hecha la trampa. No va a cambiar absolutamente nada y las mujeres van a seguir abortando legalmente como lo han hecho hasta ahora y como lo hicieron durante los anteriores mandatos del Partido Popular.

Beatriz Preciado prefiere no entrar en el terreno de analizar las causas de que en pleno siglo XXI el número de abortos no deje de aumentar, duplicándose su número en tan solo 10 años, por ejemplo. No se da cuenta que en realidad el tema va más allá de que haya una ley u otra, si al final la mayor parte de los abortos se producen antes de la semana 12 y su número ni va a aumentar ni se va a reducir porque lo decida la “asamblea de majaras” si se mantienen las mismas circunstancias culturales, ideológicas y materiales existentes en la actualidad. Tener un hijo en este sistema es algo cada vez más problemático. No en vano merece la pena recordar como hace tan solo unos 200 años en el mundo rural muchas mujeres tenían hijos sin estar casadas ni tener pareja estable y sin sufrir ningún tipo de estigma social ni penalización económica. Tampoco tenían que elegir entre ser madres o mujeres “trabajadoras” y disfrutaban de fuertes vínculos familiares y sociales que les permitían disfrutar de esa libertad sexual y de la seguridad y del apoyo social cooperativo que necesita la crianza en el género humano. Como contrapartida vivían en un mundo con una alta mortalidad infantil. Sobre este tema es muy recomendable la lectura del libro de Asunción Diez titulado “La familia campesina del occidente Asturiano”.

Pero volvamos al texto que nos ocupa. El artículo de Beatriz Preciado entra de lleno en el terreno fantástico al lanzar estrambóticas explicaciones sobre la iniciativa de Rajoy pero, si se parte de falsedades e invenciones, dificilmente se puede llegar a ninguna verdad. No es que, como yo opino, el PP haya montado toda esta historia para distraer y crear crispación social con un tema que sabe que remueve (que todo cambie para que todo siga igual, divide y vencerás, etcétera…), lo que ocurre, según la autora, es que quiere fabricar “soberanía nacional” y “mantener las viejas fronteras del Estado-Nación en descomposición”. ¡Toma ya!

Ante esto simplemente comentaré que las fronteras del Estado Español ni siquiera se marcan aquí sino que dependen directamente de lo que desde la OTAN se decida. Exáctamente igual que con la legislación sobre el aborto. Somos un país de la órbita estadounidense al nivel militar y tenemos la biopolítica que de ese hecho se deriva. Por eso tenemos un escudo antimisiles en Rota y por eso en caso de un conflicto bélico contra otra potencia no alineada seríamos objetivo militar. Por otro lado, un grupo armado que luche por la secesión es considerado por las élites de poder grupo terrorista en algunos lugares o es financiado y apoyado en otros. Si la OTAN decide que España debe cambiar sus fronteras así sucederá, no lo hará por otro motivo, como Yugoslavia y Kosovo nos han enseñado. ¿Es tan ingenua la autora como para creer que el PP pretende enfrentarse a EEUU y ponerse bajo otra órbita de poder más proclive a la restricción del aborto? ¿A quién queremos engañar? Parece mentira que una becaria Fulbright (institución famosa por sus vinculaciones imperialistas) como Preciado no haya caído en esto.

Analizar el tema de la nueva ley del aborto desde una óptica nacionalista o de fronteras, en mi opinión, no tiene ninguna base ni existe correlación alguna entre un tipo de legislación y la secesión de determinadas comunidades autónomas, más allá de la alineación imperialista en la que se encuentre ese nuevo estado-nación independizado. ¿Qué tendrá que ver el tocino con la velocidad? ¿Si se prohibe el aborto no se separará Cataluña? ¿Nacerán menos independentistas? ¿Los niños que nazcan serán más españolistas? ¿Acaso los independentistas no pueden ser también anti-legalización? ¿No sería el útero propiedad del Estado Catalán independiente?

El gobierno del PP no quiere ocupar el cuerpo femenino porque defienda la hegemonía masculina sino porque defiende la hegemonía de los poderosos, hombres y mujeres, frente al pueblo.

“Sólo existes como Madre. Abre las piernas, sé tierra de inseminación, reproduce España”.

 El PP no tiene ninguna intención de que las españolas se reproduzcan ni que sean inseminadas. Si lo tuviera implantaría legislaciones como la francesa que promocionan el aumento del ratio de hijos por mujer manteniendo el sistema de opresión capitalista a base premios, dinero, cuidados mercenarios y “estado de bienestar”, que es el lenguaje que entiende el sujeto adoctrinado del siglo XXI (por cierto, en Francia tienen una fertilidad de 2 hijos por mujer a la vez que mantienen una cifra de 220.000 abortos anuales). Aquí parece que las elites han preferido emplear el dinero en otros menesteres… Si según Preciado para el PP solamente existimos como “Madre”, ¿cómo se explica que mantenga medidas-premio como la de los 100 euros mensuales para las madres trabajadoras y no exista absolutamente ninguna ayuda para las que optan por dedicarse solamente a la crianza o tomarse una excedencia? ¿Esas medidas en la órbita de Womenomics (Goldman Sachs) no son una intervención en nuestros úteros y nuestros cuerpos?

Para terminar le diré a Beatriz Preciado que a pesar de que no ha sido porque ella lo proclamara desde su modesta tribuna, las mujeres que viven en España hace muchos años que están en “huelga de úteros”. Hay zonas de España en las que casi ni se llega al hijo por mujer. Y esa “huelga de úteros” viene directamente promovida por la situación cultural, material, ideológica y existencial en el que se encuentran muchas personas que en las estadísticas dicen que les gustaría tener 2 hijos y no pueden porque el sistema se lo impide de muy diversas maneras, sobre todo desde el ámbito de las ideas y de lo convivencial.

No gestar también es una acción biopolítica, es decir, inducida por el poder. Y no denunciarlo es ser cómplice de ello, porque deberíamos tener libertad para no ser madres y para serlo. Así que declino tu invitación a hacer huelga de úteros. No permito que ni mi útero ni mi cerebro ni todo mi ser sean dirigidos por terceros.

El texto de Preciado es tan demagógico como el de Gallardón, aunque uno sea periodístico y el otro legislativo. Los dos huyen de afrontar las cuestiones fundamentales que afectan a la represión de la sexualidad, la maternidad y la paternidad en el mundo postindustrial, los dos están al servicio de la biopolítica y contra el pueblo. Los dos son la cara y la cruz de esta sociedad neovictoriana y reprimida en la que vivimos. Este texto es todo un ejercicio de sumisión al poder presentado como un supuesto acto subversivo a un nivel tal de delirio que hasta el acto de comer mierda (coprofagia) es presentado como el sumun de la rebeldía sexual.

 Mi postura frente al aborto es clara y se parece a la de Federica Montseny, ya que no es una liberación para la mujer y es una decisión muy dura de tomar. Soy adversa a su práctica pero creo que en algunos casos no queda otra opción y tiene que ser legal para evitar más muertes y mutilaciones. Desde la legalidad es, como decía Trotsky, desde donde un sistema o sociedad más justa (sustituyendo la palabra socialismo que él usaba por justa) debería eliminar las causas que llevan a las mujeres a abortar de forma masiva, algo que hoy en día ni los anti-legalización ni los que se quedan en la mera legalización parecen interesados en hacer.