Mi libro: Bebés “sin” pañales. Nuestra experiencia

Con mi primer hijo, aunque usé pañales de tela, aprendí a comunicarme con él para entender cuándo iba a hacer pis y caca y ponerle en el baño, en una palangana o en el lugar que fuera. Esto es algo que se hace en muchas culturas del mundo: desde algunas africanas como las de los cazadores-recolectores Kung a la cultura china o la india, pasando por la de los inuit. Vivir esta experiencia por mí misma me llevó a plantearme por qué esto no sólo no era conocido por el gran público sino que, desde los años sesenta, se impuso un paradigma de enseñanza en el uso del orinal desde las asociaciones de pediatría, tanto la estadounidense como ahora también la española, que contradecía de plano mi vivencia directa. Me sorprendió saber que este paradigma de enseñanza tardía impulsado por el pediatra Terry B. Brazelton, en paralelo con la comercialización en masa de los primeros pañales de usar y tirar, fuera el único que se conoce y difunde en Occidente desde hace 55 años. Pero más me sorprendió y entristeció saber que en India y China se está tratando de exportar con éxito este modelo, en paralelo a otros muchos cambios sociales, familiares y laborales.

Si quieres saber más sobre la llamada “higiene natural del bebé” o eso conocido en el mundo anglosajón como “comunicación de la eliminación” (elimination communication) te animo a leer mi libro. En él no encontrarás una experiencia idílica sobre la crianza, es más, con mi segundo hijo no he podido llevarlo a cabo por puro desbordamiento. Sin embargo, sí pienso intentarlo con mi tercer hijo, ya que estoy comprobando por experiencia directa, de nuevo, lo complicado que es quitarle los pañales a un bebé al que se le ha acostumbrado a hacer sus necesidades en él. Sí, acostumbrado. Nacemos con una ventana de oportunidad para sintonizarnos mutuamente en este tema durante los primeros meses de vida y, después, esa ventana de comunicación se cierra y el bebé deja de colaborar y se desconecta en este aspecto de su vida.

El libro lo he autoeditado con la Editorial Manuscritos porque me gusta tener libertad total sobre mis textos y no tener que autocensurarme para gustar a tal o cual público objetivo. He hecho muy poquitas copias de esta primera edición y no sé si las venderé todas o tendré que regalarlas. En cualquier caso, lo que tenía que decir, lo he dicho y ahí queda. No es seguramente el libro que escribiría ahora y muchas de las cosas que digo me resultan ahora graciosas vistas en la distancia pero, ¡qué se le va a hacer! ¡Era mi edad del pavo de la maternidad y todo era nuevo! Además, todo libro es algo muerto, inamovible e incapaz de captar la complejidad de la vida real.

Podéis comprarlo en estas librerías:

Se puede encontrar en estas otras librerías a través de la distribuidora pero también os digo que, no es que recupere el dinero, ¡es que con el precio que le he puesto, su coste de edición (en una tirada tan pequeña) y los intermediarios, pierdo dinero con cada ejemplar vendido por este medio! Así que os agradezco que me lo compréis a mí directamente, si puede ser:

Este libro, “Bebés sin pañales. Nuestra experiencia” lo escribí en su mayor parte durante los primeros dos años de mi hijo, pero no ha sido hasta ahora que he tenido el tiempo de reunir y corregir los textos para publicarlo. En él cuento nuestra experiencia al aprender a comunicarnos con nuestro bebé para usar el mínimo de pañales posible pero también explico en qué consiste la higiene natural del bebé. Para ello, me he acercado a estos temas desde varios puntos de vista a través de la historia, la antropología y la ciencia, sin olvidar la práctica y las experiencias reales de madres mediante entrevistas y traducción de sus textos.

Su precio es de 12 euros más gastos de envío y puedes pedirlo en info@lasinterferencias.com

Por ejemplo, el precio que cobra Correos por los gastos de envío más el sobre acolchado dentro de España son 3,13 euros y para Argentina son 14 euros.

Texto de la contraportada:

Según diferentes estudios, cada niño gasta entre 5.000 y 6.000 pañales y cada uno de esos pañales tardará entre 250 y 500 años descomponerse. ¿Cuánta energía, árboles y plástico son necesarios para fabricar los pañales de usar y tirar? ¿Cuánta energía se derrocha en lavar los pañales de tela?

Tenemos una responsabilidad sobre los desechos contaminantes que dejamos en el mundo que habitarán nuestros hijos y nietos. No deja de ser una paradoja que para que nuestros bebés no manchen la ropa o nuestro hogar permitamos ensuciar nuestro hábitat. Por criterios de comodidad, aceptamos ser agentes activos en la depredación y contaminación de la naturaleza, nuestro hogar y el de las próximas generaciones.

Creo que el cuidado de nuestro ecosistema necesita que cuidemos a nuestros bebés de otras formas. Debemos encontrar diferentes maneras de abordar los cuidados en general: el cuidado a las madres solitarias, el cuidado a los que cuidan; recuperar los vínculos ancestrales con nuestras raíces, nuestros linajes. No es fácil cambiar una pequeña parte de las cuestiones importantes sin modificar el todo de forma integral.

Otra información:

  • Nº de páginas: 234 págs.
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • Editorial: MANUSCRITOS
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788494593130

 

Haz lo que digo pero no lo que hago: Jean Jacques Rousseau y Thérese Le Vasseur

“Un buen padre vale por cien maestros.” Jean-Jacques Rousseau (1712-1778)

“¿De dónde procede este uso irrazonable? De un uso desnaturalizado. Desde que las madres, despreciando su primer deber, no han querido ya alimentar a sus hijos, ha sido necesario confiarlos a mujeres mercenarias que se encuentran así madres de niños extraños respecto a los cuales la naturaleza no les dice nada, sólo han buscado ahorrarse trabajo. Es necesario velar sin cesar a un niño en libertad; pero, cuando él está bien ligado se le arroja a un rincón sin embarazarse con sus gritos. Dado que no existen pruebas de la negligencia de la nodriza, puesto que la criatura no se rompe ni brazo ni pierna, ¿que importa, por lo demás, que perezca o que permanezca enferma para el resto de sus días? Se conservan sus miembros a expensas de su cuerpo y sea cual sea lo que suceda, la nodriza está disculpada.” Emilio, o De la educación (1762).

Rousseau ha pasado a la posteridad, entre otras obras, como el autor del Emilio, considerado uno de los primeros tratados sobre filosofía de la educación del mundo occidental moderno. El libro está dirigido a las madres “amorosas y prudentes” y se centra sobre todo en la educación de los hijos varones, dejando el libro V a la educación y destino de la mujer, que es, según él, “agradar y ser subyugada”. Lo que poca gente sabe es que este hombre y su pareja, Marie-Thérèse Le Vasseur, tuvieron 5 hijos (entre 1747 y 1755) que fueron abandonando sucesivamente en el hospicio de los Enfants-Trouvés, una entidad estatal de beneficencia cuya mortalidad, como en todos los hospicios, inclusas y horfanatos europeos hasta hace muy poco, era altísima. En concreto, en el de París, un 84% de los niños morían antes del primer cumpleaños. Nunca está demás recordar que la falta de madre, la falta de contacto físico, cariño y lactancia materna destruyen o matan de hospitalismo y marasmo institucional.
 
El tema es trágico e interesante a partes iguales. ¿Cuáles podrían ser los motivos de hacer semejante barbaridad como es traer hijos al mundo para abandonarlos después de forma consciente y calculada? ¿Cómo es posible que este hombre haya pasado a la historia por sus ideas y no por sus actos? ¿Acaso la ejemplaridad personal no debería ser el objetivo principal de cada ser humano, más aún en el caso de un intelectual que pretendía introducir un componente moralizante en sus escritos? Veamos cuáles fueron las diferentes justificaciones que esgrimió para estos abandonos sucesivos y premeditados:

a) En una carta a Madame de Francueil, escrita en 1751, Rousseau dice cosas como (ojo, el último bebé fue abandonado cuatro años después de esta carta):

“(…);¿cómo podría alimentar a mi familia? Y si me viera obligado a recurrir a la profesión de autor, como las preocupaciones domésticas y las molestias de los niños me dejarían, en mi granero, la tranquilidad de espíritu necesaria para realizar un trabajo lucrativo? (…) No, señora, es mejor que sean huérfanos a que tengan un padre bribón.
(…) Su madre, víctima de mi celo indiscreto, cargada por su propia vergüenza y sus propias necesidades, casi tan enfermiza, e incluso menos en estado de alimentarlos que yo, será forzada a abandonarles a ellos mismos, y yo no veo para ellos mas que la alternativa de hacerse limpiabotas o bandidos, lo que viene a ser lo mismo. Si al menos su estado fuera legítimo, podrían encontrar más facilmente recursos. Si tienen que llevar a la vez el deshonor de su nacimiento y el de su miseria. ¿En qué se convertirían?”

b) En el libro 8 de su obra “Confesiones” escribió que abandonó a sus hijos a la “educación pública” porque consideraba ese acto como un acto de ciudadano, de padre y en representación de la República Ideal de Platón, que quería que “todos los niños fueran educados en su República, que cada uno quedara desconocido de su padre, y que todos fueran los hijos del Estado”. A la vez, muestra un tibio complejo de culpa que de forma inmediata trata de autojustificar de forma tautológica (en mi opinión, algo así como “soy mal padre porque les he abandonado; les he abandonado porque soy mal padre”): 

“Depositando mis hijos en manos de la educación pública, al no poder educarlos yo mismo, destinándolos a convertirse en obreros o campesinos, más bien que aventureros y buscadores de fortuna, creí realizar un acto de ciudadano y de padre; y me consideraba como un miembro de la república de Platón. Más de una vez, desde entonces, los arrepentimientos de mi corazón me han mostrado que me había equivocado; pero lejos de que mi razón me haya dado la misma advertencia, he bendecido al cielo con frecuencia el haberles evitado por eso la suerte de su padre, y de aquello que les amenazaba cuando me vi forzado a abandonarlos”. 
(…)
“No hay pobreza, ni trabajos, ni respeto humano, que dispensen a un padre de alimentar a sus hijos y de educarlos él mismo. Yo aseguro a quien tenga entrañas y descuide tan santos deberes, que derramará durante mucho tiempo lágrimas amargas por su falta y que jamás será consolado.”

c) En el libro 9 de “Confesiones” escribe que lo hizo para evitar a los niños el contacto con la familia de su mujer, una familia “nefasta”. Para él, parece que era mejor morir en un hospicio de falta de amor y cariño que vivir en un ambiente inculto.

Todas estas decisiones le serían reprochadas por otros intelectuales como Voltaire y el entorno de Holbach, Grimm y Diderot. Traduzco de la web de Jacqueline Baldran:

“Pero bruscamente, algo rasgó esta paz cuando el correo le llevó un folleto, anónimo pero escrito por Voltaire, “El sentimiento de los ciudadanos”, un panfleto innoble y feroz:
“Sentimos compasión de un loco pero cuando la demencia se convierte en furor, le atamos. La tolerancia que es una virtud se convierte ahora en un vicio… El triste “sire”  pone a su patria al borde de la guerra civil.” 
“Un hombre que todavía lleva las marcas funestas de su libertinaje y que, disfrazado de saltimbanqui arrastra con él al infeliz que mató a la madre y que expuso a sus hijos a la puerta de un hospicio… Por abjurar de todos los sentimientos de la naturaleza, como él despoja aquellos del honor y la religión… Hay que enseñarle que si castigamos ligeramente a un novelista impío, castigamos con la pena capital a un vil sedicioso.”
(…)
Este panfleto que denunciaba el abandono de sus hijos aterró a Rousseau. Lo negaba desvergonzadamente escribiendo de su propia mano que era víctima de una calumnia. Pero por primera vez, sentía que los actos nos siguen, que debía asumir su vida, con sus faltas y sus crímenes. Este shock fue directamente el origen de las “Confesiones”.

Madame d’Epinay

Algunas amigas se ofrecieron a buscar a sus hijos abandonados para adoptarlos, como su amante posterior Madame d’Epinay.  Otra mujer, Madame La Marechale de Luxembourg, también intentó encontrarlos pero ninguna de las búsquedas tuvo éxito.

¿Podemos especular sobre posible causas latentes de todos estos abandonos? Rousseau, él mismo, sabía lo que era criarse sin madre, ya que la suya murió unos días después del parto y fue criado por su tía soltera Suzanne y una cuidadora de 16 años llamada Jacqueline. Los historiadores suponen que tuvo una nodriza por el mero hecho de haber sobrevivido pero se desconoce su nombre.

La Marechale de Luxembourg

¿Cómo gestionar tantas contradicciones? ¿El hecho de haber crecido sin madre y anhelándola podría estar en relación con su crítica a la crianza con nodrizas del “Emilio”? Pero, ¿por qué forzó a vivir (o morir) sin madre a sus propios hijos si él sabía lo que era y lo que les esperaba a ellos en el hospicio era infinitamente peor? La separación de su propia madre no se pudo evitar pero la de sus 5 hijos sí era evitable. Pero, un momento… ¿Fue también inevitable? La madre de Rousseau, Suzanne Bernard Rousseau, murió de fiebres puerperales en 1712, cuando todavía los médicos que atendían partos no tomaban las medidas higiénicas necesarias después de atender a mujeres enfermas y contagiaban a mujeres sanas por pura iatrogenia médica.  Se parte el corazón al pensar en toda esta cascada de desgracias, heridas primales y círculos de abusos en los que los niños y niñas son los más perjudicados y, a la vez, de adultos, muchas veces son los principales perpetuadores de estas situaciones.

Por otro lado, ¿cuál era la visión de todo esto de la madre de los 5 bebés? Thérese Le Vasseur era una especie de sirvienta doméstica de Rousseau y así era considerada por él. Provenía de una familia respetable venida a menos y cuando el misógino de Rousseau la conoció trabajaba de lavandera. Según cuenta el propio autor en el libro 7 de las “Confesiones”, fueron él y, otra mujer, la madre de Thérese*, los que organizaron los abandonos a pesar de las lágrimas de Thérese, que obedecía llorando. Sin embargo, año tras año seguía con él, seguían teniendo hijos y abandonándolos después uno tras otro en dejación de su responsabilidad materna. Desde luego, más lágrimas lloraron los bebés de Rousseau y Le Vasseur en la soledad del hospicio…

*Un análisis como el que aparece en el libro de Victoria Sau subvencionado por el Instituto de la Mujer y titulado “El vacío de la maternidad” nos llevaría a pensar que la madre de Thérese era una madre patriarcal función del ¿padre? Sin embargo, este tipo de análisis utiliza el concepto de patriarcado como atenuante o eximente de toda responsabilidad para la mujer (esta falta de responsabilidad se podría expresar en un “¡No fui yo! ¡Es el patriarcado el que actuaba a través de mí!”) a la vez que niega esos mismos atenuantes cuando de los hombres se trata. Es decir, con las mujeres y, por tanto, con nuestras madres, debemos sentir eso que llaman “sororidad” siempre, porque si hicieron algo mal lo hicieron por culpa del patriarcado, de algún hombre, algún padre o, como mucho, alguna madre víctima del patriarcado. Y con los hombres debemos sentir la enemistad “natural” fruto de las relaciones patriarcales en las que nos hemos criado. Ellos, se supone, que no son víctimas del patriarcado, son creadores y perpetuadores del mismo de forma consciente y activa. Yo creo humildemente que esto es falso, que las mujeres transmiten valores patriarcales y matriarcales, y que la autoridad materna puede ser usada para el bien pero también para el mal. Estamos por tanto ante una doble vara de medir a la hora de excusar determinados comportamientos: con “ella” hay que empatizar, hay que comprenderla, pobrecita, no pudo hacer otra cosa. Con “él” hay que condenar, hay que odiar por defecto, con o sin motivo, hay que responsabilizar. Para ser algo más ecuánimes habría que decir que la gran masa de la población se mueve en una nebulosa de tonos de grises, sin ser santos ni villanos, con nuestras cualidades y nuestros defectos, pero a la vez hay comportamientos que son objetivamente nocivos para terceros y cuya responsabilidad suele ser múltiple (individual y colectiva) y poliédrica.

Mi vida laboral después de un intento fallido de sanción de empleo y sueldo de varios años, una excedencia voluntaria por cuidado de hijos y una media jornada…

Soy mujer. Después del permiso de maternidad me tomé otros 10 meses de excedencia por cuidado de hijos y después un año a media jornada, todo gracias a mis propios ahorros… Ahora me entero de que hay mucha gente preocupada por mí, realizando estudios sesudos para entender mi comportamiento, preocupados por las consecuencias negativas que todo esto pudo tener en mi “carrera profesional” e intentando paliar mi terrible situación con “más servicios” que logren liberarme de tanta penuria y desgracia. ¡Gracias por el interés pero sé defenderme bastante bien! Yo me preocuparía más bien porque hubiera flexibilidad real de conciliación en los trabajos, que pudiéramos (o no) llevar a los niños en algunos momentos o días, que existieran guarderías flexibles en las empresas para quien deseara usarlas, que el permiso de maternidad se alargara a voluntad hasta los 12 meses, que la jornada semanal se redujera a la mitad, que nuestra energía vital se enfocara hacia tareas que merecieran la pena y no hacia la destrucción del mundo o en fabricar tonterías, que por fin se tuvieran en cuenta las necesidades fundamentales del ser humano (comenzando por las de los bebés)…

 Aquí os dejo algunos de los videos que he realizado en la UNED desde mi reincorporación:

24-10-2014. Lactancia materna, mucho más que leche:

Lactancia materna. ¿Cómo hacer que las cosas sucedan?

06-02-2015.

Los cuidados del bebé prematuro: una nueva mirada:

13-02-2015.

Nacer y ser padres antes de tiempo: una aventura en compañía:


27-03-2015. Un cambio de paradigma en la asistencia al parto (I): la mirada profesional:

Un cambio de paradigma en la asistencia al parto (II). Experiencias de madres:

Que se escuchen otras voces: el trabajo no supone una liberación, la maternidad es parte de la salud sexual…

A veces releo un libro y veo una pequeño texto que me gustaría compartir. Esta es de “Revolución en punto cero” de Silvia Federici y, aunque adolece de falta de visión integradora respecto a los hombres, creo que es interesante su lectura, sobre todo después del monográfico en papel de El País Semanal dedicado a “las mujeres” lleno de publicidad de perfumes caros y de esa organización emancipadora de la mujer llamada “El Corte Inglés”, entrevistas a Emma Bonino, Melinda Gates, Christine Lagarde, empresarias y, como no, esas nuevas generaciones del feminismo (supuestamente más subversivas y rompedoras, al menos a nivel estético) que repiten de forma machacona los mensajes y las consignas de las ONU y el Banco Mundial:

Pg. 98: “El movimiento de mujeres debe darse cuenta de que el trabajo no supone una liberación. El trabajo dentro de un sistema capitalista es explotación y no hay placer, orgullo o creatividad alguna en ser explotada. Incluso el concepto de “carrera profesional” es una ilusión en lo que respecta a la realización personal. Lo que pocas veces se reconoce es que la mayor parte de los empleos que se desarrollan mediante una carrera profesional requieren que se ejerza poder sobre otras personas, a menudo sobre otras mujeres y que esto depende de las divisiones entre nosotras. Intentamos escapar del encasillamiento en los guetos obreros y oficionistas para poder disponer de más tiempo para nosotras y estar más satisfechas, solo para descubrir que el precio que pagamos por progresar es la distancia que se interpone entre nosotras y otras mujeres. Con todo, no hay disciplina que impuesta a otros no nos impongamos a nosotras mismas, lo que significa que el mismo hecho de llevar a cabo estos trabajos mina nuestras propias luchas”.

Leo con curiosidad uno de los artículos en La Marea de una de las jóvenes feministas citadas por El País con un título que me interesa: “Los retos de la salud sexual”. Antes de leerlo, me pregunto, ¿hablará en algún momento de maternidad, parto y lactancia como parte de la salud sexual de las mujeres? Efectivamente, la salud sexual de nuevo es limitada, previas citas de diversos organismos internacionales, al uso de anticonceptivos, lo que equivale a hablar solamente de una parte del asunto. Es más, a nivel global incluso el Club de Roma en su último informe reconoce que el desarrollo industrial y urbano que se lleva a cabo a pasos agigantados en el mundo es el “anticonceptivo” más importante y efectivo actualmente, ya que tener hijos resulta en sí mismo algo caro y complicado en los nuevos contextos vitales, laborales y existenciales. Por esta razón, se pronostica que a partir de 2040 la población mundial comenzará a decrecer. En cualquier caso, considero que el autoconocimiento del cuerpo y la posibilidad de usar las diferentes formas de anticoncepción son algo importante y necesario, siempre que se entienda también el contexto biocultural y político en el que se utilizan y promocionan.

La salud sexual es un tema muy amplio pero de nuevo, una vez más, no hay en el artículo ni una palabra sobre los riesgos para la salud de las mujeres de la maternidad tardía, la nuliparidad y la ausencia de lactancia, para poder tomar decisiones informadas, libres y éticas. ¿Por qué? Porque este sistema reprime en los países industrializados la maternidad durante los años más “productivos” y, años más tarde, la promueve en su versión desesperada, tecnocrática, mercantilizada, consumista, hipermedicalizada, hiperplanificada, congelada, desvinculada, fragmentada y, por último, desconectada de toda excitación sexual y pasión erótica en el acto de concebir vida humana.

4 charlas que no te puedes perder (si hablas inglés)

1. La antropóloga Sarah Blaffer Hrdy – Mothers and others (las madres y otros):

2. The Origin of Emotionally Modern Humans (El origen de los humanos emocionalmente modernos):

3. S. Boyd Eaton. Long-term Paleo: What happens if you follow the ancestral health protocol for thirty years (Paleo a largo plazo: ¿Qué pasa si sigues el protocolo de salud ancestral por 30 años?):


S. Boyd Eaton, M.D. – Long-Term Paleo: What Happens if You Follow the Ancestral Health Protocol for Thirty Years? from Ancestral Health Society on Vimeo.

4. El antropólogo Melvin Konner. Childrearing in human evolution (La crianza de niños en la evolución humana):

Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural, un artículo de Barbara B. Harrell (1981)

Hoy voy a hablar de un artículo publicado en American Anthropology en 1981 por Bárbara B. Harrell, en ese momento médico residente del departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Washington. A pesar de que algunas explicaciones sobre fenómenos físicos de la lactancia y la menstruación hayan podido evolucionar en estos treinta años este texto me parece muy interesante para reconciliar lo cultural y lo biológico y entender cómo ha afectado la industrialización a nuestras vidas. Todavía mucho de lo que explica Bárbara B. Harrell no es comprendido ni ha llegado al gran público. También me gusta el tono del artículo: respetuoso y riguroso, sin moralinas, porque no busca convencer sino comprender. La autora simplemente presenta la información y nos muestra cómo eran las cosas en el mundo preindustrial y cómo son ahora, las posibles causas de cómo hemos llegado hasta aquí y algunas reflexiones e interrogantes. Con esa información podemos seguir dándole vueltas, aprender, ver qué camino queremos escoger y cómo los diferentes comportamientos culturales provocan determinados efectos en nuestros cuerpos y nuestras relaciones de lactancia con nuestros bebés.

He intentado dejar claro qué parte es del artículo de Harrell y cuáles son mis aportaciones y reflexiones. En cualquier caso el artículo original se puede leer aquí (hay que subir otro documento a cambio pero es un servicio gratuito): http://es.scribd.com/doc/184969547/Lactation-and-Menstruation-in-Cultural-Perspective

¿Cómo son la lactancia y la menstruación desde una perspectiva cultural? La autora comienza afirmando, como el biólogo Roger Short o más recientemente la antropóloga Beverly Strassmann, que en las sociedades preindustriales la lactancia es prolongada e intensiva, como norma, mientras que la menstruación es poco común. Estos dos hechos están relacionados ya que existen factores culturales que reducen o aumentan la frecuencia en la succión de los bebés, entre otros aspectos, y esto a su vez afecta a la duración de la amenorrea de la lactancia (la ausencia de regla).

Harrell constata que la industrialización ha sido asociada a un declive mundial en la lactancia materna. Antes de seguir hago un inciso, porque yo me enteré de que existía la “amenorrea de la lactancia”, es decir, la falta de regla durante un tiempo de la lactancia, al vivirlo en primera persona con 31-32 años. Nunca antes había oído hablar de ello, lo que también dice mucho del ínfimo papel que tiene la lactancia materna dentro de los conocimientos comunes que tenemos sobre sexualidad humana.

La autora pasa después a invitar a los antropólogos a repensar la condición de la mujer desde un punto de vista fisiológico y simbólico, ya que al vivir en una sociedad (sobre todo en los años 70 y aún hoy) en la que la lactancia materna casi desapareció del mapa muchos estudios de antropología olvidaron y obviaron la lactancia y la consiguiente amenorrea que la acompaña. Es decir, viene a decir que no se puede estudiar una sociedad tradicional desde el ciclo reproductivo moderno, hay que entender el fenómeno desde un punto de vista evolutivo para evitar sesgos. Como hoy en día se amamanta muy poco y se usan anticonceptivos, lo habitual es que las mujeres menstrúen cada mes, pero esto no siempre fue así.

Barbara Harrell hace un repaso sobre lo que se conocía en su época sobre la amenorrea de la lactancia y la ausencia de fertilidad, antes del famoso consenso de Bellagio, apoyado por la Fundación Rockefeller y la OMS (hay información actualizada sobre el método anticonceptivo MELA aquí). Un autor de los años ’60 llamado Christopher Tietze, por ejemplo, estudio la Normandía rural entre 1674-1742 llegando a la conclusión de que el amamantamiento era un anticonceptivo fiable en esa época durante los 10 primeros meses y se dio cuenta de que las mujeres que no amamantaban tenían dos ciclos anovulatorios después antes de volver a quedar embarazadas.

En “Lactancia Prolongada e intervalos entre hijos en Ruanda”, un estudio de Bonte y van Balen, se dieron cuenta de que el 5.4% de las mujeres lactantes se quedaban embarazadas sin menstruar y que las mujeres que amamantaban concebían de media 15 meses después que las que no daban el pecho. En otro estudio de estos mismos autores quisieron comparar las lactancias en la Ruanda urbana y la rural. En el campo se porteaba a los niños a la espalda y se les ofrecía el pecho a demanda. Las mujeres urbanas ofrecían el pecho con horarios. En los resultados se observó una gran diferencia entre la duración de las amenorreas (6.9 las urbanas y 18.6 meses las rurales). Las mujeres de campo concebían 21 meses postparto de media. Entre las no lactantes no había diferencia en si vivían en el campo o la ciudad.

Otro estudio de Boston en los años 60 observó que la amenorrea de las mujeres lactantes fue de media 68 días, solamente 10 días más que las no lactantes. Según los datos de otro investigador, Potter (1965),  en Punjabi había una media de amenorrea postparto de 11 meses. Estimaron que las mujeres Punjabi pasaban el 40% de sus vidas reproductivas en estados amenorreicos (embarazos y lactancias). En Alaska, Berman (1972) constató una media de 10 meses de amenorrea de lactancia de media frente a los 52 días en las que no amamantan. En Guatemala (Delgado, 1979) vieron que la media era de 14 meses de amenorrea de la lactancia.

En EEUU Kippley (1969) hizo un estudio entre las lectoras de su libro “Breastfeeding and natural child spacing” y la media fue de 10 meses de amenorrea, con un rango entre 1 y 30 meses. ¡30 meses son 2 años y medio sin menstruación! La mayor media de amenorrea, 14.6 meses, se consiguió en 29 casos: nada de biberones ni chupetes, nada de sólidos ni líquidos los primeros 5 meses, nada de horarios, con tomas nocturnas y tomas tumbadas o reclinadas. Este estudio demuestra que en mujeres canadienses y estadounidenses bien nutridas también es posible que se produzcan amenorreas de la lactancia prolongadas, al menos bajo algunas circunstancias. Es decir, en el mundo industrializado si se siguen pautas culturales de lactancia preindustriales también se alarga la amenorrea.

El ciclo reproductivo preindustrial

La autora pasa a describir en el siguiente apartado de forma idealizada cómo sería el ciclo reproductivo preindustrial, para después matizarlo y aclarar que había también otros modelos que no se ajustaban a él (célibes voluntarias e involuntarias, las separaciones del compañero sexual…Yo añadiría también a las mujeres que tenían hijos amamantados por nodrizas). Es bastante similar a la realidad que describe Roger Short en el post anterior:

“Una mujer joven se casa un año o dos después de la pubertad y se queda embarazada un año después de la boda. Después de 10 meses lunares de amenorrea del embarazo, da a luz a su primer hijo, que comparte su cama hasta que es destetado. El destete no se completa hasta que el niño puede masticar y es pospuesto probablemente hasta que un segundo embarazo parece obvio. El intervalo de retorno de la menstruación es 13 meses, llegando a 16 meses en muchas sociedades (Tietze 1961). Cuando la ovulación y la menstruación vuelven, el ciclo se repite, generando un intervalo fisiológico de 2 años, 2,5 años”

“Se podría concluir que los meses de menstruación ocupan menos de 1/4 de la vida reproductiva de una mujer”.

Hay tres factores que modifican o matizan la validez del paradigma reproductivo preindustrial: 1) el 50% de las concepciones no resultan en niños vivos y son percibidos como una menstruación retrasada, 2) mortalidad infantil antes del año tiende a reducir la amenorrea, 3) anticoncepción (abstinencia, coitus interruptus, pesarios vaginales…). 

Otros factores interesantes que interactúan con el ciclo reproductivo (de los que también habla Roger Short en su artículo) son el estrés, la malnutrición y el ejercicio físico:

“El ejercicio vigoroso y sostenido puede promocionar la amenorrea, alterando la masa corporal o por otros mecanismos. Es interesante que tanto el estrés y el ejercicio pueden incrementar la prolactina en humanos de ambos sexos. Los dispositivos que ahorran esfuerzos, incluyendo el automovil, pueden reducir el nivel de ejercicio de una población. El grado de fuerza física y estamina que se requiere para las actividades de subsistencia de las mujeres en la mayor parte de sociedades preindustriales podría sorprender al moderno occidental. La inactividad podría ser un factor del declive de la amenorrea de la lactancia observada en las sociedades modernas”.

El periodo de transición y cómo es silenciado en la sociedad industrial

Nunca había oído hablar del concepto antropológico de “transición” en el ámbito de la relación materno-filial, creo que ahora se habla más de “exogestación”, es decir, la gestación que se hace fuera del útero materno. Por ejemplo, se suele decir que el bebé está 9 meses dentro de nuestro vientre y otros tantos meses fuera (o más). Esta idea de la transición fue expuesta por Margaret Mead y Niles Newton por primera vez para describir el periodo en el que los niños son completamente dependientes para su sustento, cuando se sustituye el cordón umbilical por el amamantamiento.

Afirma Harrell: “En las sociedades modernas este periodo de transición está silenciado y puede ser abolido por completo; en las sociedades preindustriales no se puede permitir que ocurra”.

Y aquí es cuando comienza lo interesante de este artículo, ya que comienza a relacionar la silenciación del periodo de transición con la industrialización y la consiguiente reducción del tiempo de amenorrea de la lactancia debida a una menor frecuencia de succión. ¿Y por qué se da este fenómeno? Harrell enumera unos cuantos correlatos culturales en relación al periodo de transición silenciado a los que yo aporto mi interpretación y añado elementos de reflexión basados en mi propia experiencia. Este listado no entra en juicios sobre las diferentes formas de crianza sino que analiza las posibles causas de que el periodo de transición haya sido silenciado con la llegada de la modernidad:

1. El pecho de la mujer es conceptualizado principalmente como algo enfocado hacia los hombres. Se considera que las mujeres no deberían enseñar sus pezones. ¿No nos suena de algo a la censura contra el pezón femenino en facebook?

2. El pecho femenino se ve secundariamente como un órgano que produce leche.

3. Las tomas se ven como deberes que deberían ser espaciados, y se trata de eliminar la toma nocturna lo antes posible. Cuando hay demanda frecuente se cree que es porque se tiene poca leche. Se sustituyen las necesidades de estimulación oral de los bebés por objetos diseñados ad hoc, como los chupetes. Es decir, en la cultura popular industrializada se desconoce totalmente cómo funciona la lactancia materna. Relacionándolo con el tema de la amenorrea y la anovulación, la frecuencia de las succiones y que no pasen demasiadas horas es fundamenteal para mantenerla. Es sencillamente la forma en la que la Naturaleza o la evolución favoreció que las crías humanas sobrevivieran con un intervalo suficiente entre nacimientos. Pero, claro, en el mundo industrializado todo esto deja de tener sentido, de forma aparente, ya que los niños pueden tomar biberón y las madres pueden usar métodos anticonceptivos. Pero no es oro todo lo que reluce… Ni el biberón es igual a la teta para el bebé,  ni el cuerpo femenino ha mutado para adaptarse a los nuevos tiempos, como lo corrobora el alto índice de casos de cáncer de mama. 

4. El llanto se considera que es algo sano, con ciertos límites. Mi interpretación de lo que dice Harrell aquí es que el llanto del bebé en el mundo industrializado está trivializado, no se entiende que tiene un sentido y se tapa con chupetes, es decir, tetas de látex o silicona fabricadas en serie y en cadenas de montaje. Por no hablar de métodos Ferber o Estivill…

5. Se cree que los adultos necesitan tiempo separados de los niños, tanto con cunas o habitaciones separadas (lo que obliga a que los padres tengan que abandonar la cama para las tomas nocturnas) como en la separación entre el mundo de los adultos y el mundo de los niños. Tiene más importancia el vínculo matrimonial que el materno-filial.

6. Se considera necesario y deseable organizar las actividades en base a un estímulo externo como un reloj o un calendario. Se hacen las cosas porque “es la hora”. Por ejemplo, la gente normalmente come porque es la hora de comer, no porque tengan hambre. La cultura reconoce los conceptos de “hora de bañarse” o “hora de la siesta” como distintos de suciedad o somnolencia. Similarmente, la gente inspecciona sus relojes para decidir si un niño está llorando y chupando su dedo está preparado para comer.

Además de los elementos culturales, Harrell añade otro listado de objetos o factores que proliferan cuando aumenta el dinero y que se asocian con un periodo de transición silenciado:

1. Todo tipo de gadjets, juguetes, carritos y andadores que distraen y separan al niño del pecho.

2.  El ocio adulto que fomenta la separación madre-niño, lo que puede influir en los niveles de prolactina. 

3. A casas más grandes, se tiende a dormir en habitaciones separadas y a tener mayor acumulación de juguetes infantiles. 

4. El periodo de transición también se ve reducido con el mayor acceso a diferentes tipos de alimentación suplementaria y la leche de vaca, que reducen la frecuencia del amamantamiento y la prolactina.

5. Algunos tipos de ropa impiden el amamantamiento frecuente.

6. Los relojes, la televisión, la iluminación artificial no respetan los ritmos circadianos y los estímulos intrínsecos como el hambre, la saciedad, la fatiga y el comfort.

7.  Algunas prácticas médicas anticuadas pero no obstante “modernas” como el aislamiento de los niños y el uso y abuso de la analgesia obstétrica pueden tener efectos negativos en la interacción madre-niño. 

8. El sistema económico anima la separación madre-hijo desde una edad temprana para que las mujeres trabajen fuera del ámbito doméstico. Incluso cuando las madres no están separadas de sus niños, el periodo de transición puede ser difícil de mantener. 

Después Harrell toca un tema que me toca de cerca ya que habla del colecho y del mantenimiento del contacto físico nocturno, las tomas nocturnas y sus oleadas de prolactina. ¿Por qué nos molestan tanto las tomas nocturnas a las mujeres occidentales incluso aunque durmamos con el bebé al lado? ¿Quizás porque no somos capaces de dormir y dar de mamar a la vez y por eso no descansamos bien? Para muchas mujeres el colecho no ha evitado los despertares nocturnos ni el sueño interrumpido. Muchas añoramos “dormir del tirón”, sin embargo, después de leer un libro de entrevistas a mujeres cazadoras-recolectoras Kung del desierto de Kalahari (Nisa: The Life and Words of a !Kung Woman), veo que en su cultura los niños maman también con la madre dormida. Entiendo que para intentarlo en nuestra sociedad tendríamos que mantener las precauciones habituales del colecho. Seguiremos investigando…

Cambio socioeconómico y el periodo de transición: el caso taiwanés.

 “Un asunto de particular importancia en el periodo de transición en las sociedades modernas es el del cuidado infantil en el lugar de trabajo. Jimenez y Newton estudiaron 195 sociedades en relación con la reincorporación al trabajo en el postparto; observaron que la mayor parte de las sociedades tradicionales con lactancias prolongadas permiten a las madres quedarse cerca físicamente de sus hijos mientras hacen su carga de trabajo completa”. 

En este apartado de su artículo, Barbara Harrell habla de su experiencia en los años 70 en una ciudad minera del Taiwan rural como madre lactante. Se fijó en varias cosas:

1. Las mujeres lactantes podían amamantar en público en cualquier ocasion. Los hombres ni miraban. 
2.  La experiencia empírica en los pueblos probaba que los niños de pecho estaban más sanos y grandes que los de leche artificial, porque la leche de fórmula se diluía demasiado y no se esterilizaban bien los biberones. La gente del pueblo pensaba que no había que suplementar antes de los 9-12 meses y la comida que se ofrecía eran gachas de arroz. Recuerdo que la recomendación actual de la OMS es de empezar a ofrecer alimentación suplementaria a partir de los 6 meses para evitar anemia en el bebé. 

3. No había horarios para el pecho, se amamantaba a demanda. Se utilizaban algunos chupetes.
4. La tolerancia hacia el llanto de los bebés era variada. Ninguno podía pensar que llorar era bueno para los bebés. Se solía ofrecer el pecho para callar al bebé. A medida que el bebé crecía los oídos de los cuidadores se hacían más sordos al llanto. 
5. Todos los bebés compartían la cama con sus padres por la noche; la gente rural no concebía otra posibilidad. La gente no puede imaginar excluir a los niños de bodas, funerales u otro tipo de actividades de ocio. Los niños eran discretos en esos actos, que no eran solemnes ni silenciosos. 
6.   Los horarios eran muy flexibles para los mineros, los de las fábricas y los colegios sí que funcionaban siguiendo el reloj.

Después, enumera una serie de cambios que comenzaban a darse a raíz de la “modernización”:

1.       Los cochecitos se estaba empezando a notar en el campo, con la pavimentación. Algunos niños de la comunidad eran confinados al carrito casi todo el día.  
2.       No había ningún pasatiempo para las mujeres que dejaban a los niños en casa. 
3.       En las casas se estaba muy apretado, los padres y los niños compartían cama. La abuela tenía su cama, algunas veces compartida con algún niño en proceso de destete. 
4.       La nutrición taiwanesa era adecuada. La gente del pueblo seguía la costumbre de alimentar a la puérpara con pollo, aceite de sésamo y arroz. 
5.       La ropa estaba cambiando desde los tiempos de las abuelas. La mayor parte de las mujeres estaban utilizando sujetadores y vestidos occidentales. A pesar de lapresencia ubicua de las mini faldasque temporada, las mujeres jóvenes seguían prefiriendo la posición en cuclillas durante la mayor parte de las actividades. Como sabemos las mujeres lactantes, del siglo que sea, con un vestido que no sea de lactancia no se puede amamantar porque te tendrías que subir el vestido hasta el pecho. Respecto a las cuclillas es un tema interesante del que Casilda Rodrigáñez habla también en sus libros.
6.       Los relojes y las luces eléctricas estaban presentes pero no eran destacables. Aproximadamente dos tercios de las familias tenían su propia televisión. 
7.       El nacimiento de los niños estaba pasando del pueblo a las clínicas de matronas, aunque algunas mujeres preferían parir en casa atendidas por su suegra. El parto se hacía sin analgesia. La madre y el niño se quedaban en casa un mes después del parto. Se les consideraba contaminados durante ese tiempo. A las mujeres jóvenes les parecía una práctica sofocante. 
8.       Algunas mujeres se estaban dedicando a tejer jerseys para la exportación. 

En base a todo esto la autora hizo una investigación. Quiso probar la hipótesis de que la presencia de la suegra estaba relacionada con el declive de la duración del periodo de transición, porque parecía que las mujeres que vivían con sus suegras ofrecían biberones y destetaban más tempranamente que las mujeres que no vivían con sus suegras. “Era obvio que las mujeres jóvenes que trabajaban en la industria del tricotado tenían suegras que cuidaban de sus hijos, pero como muchas de ellas trabajaban en casa, cerca de sus niños, parecía poco probable que el trabajo en sí interfiriera con el amamantamiento a tal grado”. 

Después de hacer entrevistas vio que la duración de la lactancia materna era de 12-13 meses pero que había decrecido desde la estimación de 2 años de otros estudios nacionales realizados en los años 50 y de 17,7 en el Taiwan rural de los años 60. Se dio cuenta que su hipótesis sobre las suegras no era cierta y que no había correlación alguna entre la presencia de la suegra y duración de la lactancia. Sin embargo, sí la había con el trabajo. Entre los bebés de madres trabajadoras, el 56% había suplementado antes de los 5 meses, comparado con el 24% de los bebés de las madres no trabajadoras. La única correlación que existía con las suegras era que las mujeres que trabajaban en casa necesitaban su ayuda para cuidar a los bebés, pero no eran causa de nada sino una consecuencia más asociada al trabajo monetarizado.

Había 3 razones aportadas por las mujeres para el fin de su lactancia: 1) no tener suficiente leche. 2) que el bebé había aprendido a andar, lo que significaba que era edad de destetar, 3) un nuevo embarazo. Barbara Harrell concluyó que el empleo (se entiende que trabajo remunerado) en el hogar podía asociarse con un periodo de transición reducido y que la explicación más probable era el acceso reducido al amamantamiento, una menor frecuencia de succión y, por tanto, de prolactina.

La autora reflexiona de forma muy acertada: “Todas las mujeres entrevistadas querían amamantar. Según los estándares americanos modernos lo hicieron con éxito, según los estándares preindustriales taiwaneses, no. Este declive empezó en un entorno que apoyaba mucho el amamantamiento, pero es predecible que las actitudes cambiarán para ir acordes con el acceso a la vida moderna”

“Arrastradas por la fiebre del desarrollo tecnológico, las mujeres del Taiwan actual, no pueden distanciarse facilmente de las demandas del progreso para evaluar sus efectos en sus vidas. 
 (…) Tendrán que ser quizás los antropólogos los que tendrán que proveer al mundo con un marco cognitivo de apoyo a la lactancia contra el empuje de la modernización, así permitiendo a las mujeres elegir o rechazar el amamantamiento sobre una base distinta del ratio de fracaso”. 

Las conclusiones de su estudio no son ninguna tontería: el trabajo remunerado está asociado a una menor succión del pecho, incluso aunque se haga en el hogar y el bebé esté cerca cuidado por la abuela. Podemos decir que no tendría que ser necesariamente así, podemos usar sacaleches, podemos intentar trabajar con un portabebé para que el bebé pueda succionar mientras trabajamos, etcétera, pero que es un efecto constatado de la modernidad, es un hecho. ¿Debería respetar el trabajo asalariado que algunas mujeres no queramos renunciar a la succión frecuente por todos los beneficios que conlleva para bebé y madre, incluida la amenorrea de la lactancia? Yo creo que sí. ¿Se soluciona con guarderías en las empresas o con que nos acerquen al niño para mamar? Quizás. ¿Podría hacerse con trabajos que admitieran a nuestros hijos, como en aquel cuadro de Bilbao de “las cigarreras”? A lo mejor. La lactancia materna y la fisiología femenina tiene sus propias lógicas internas que no entienden de ideologías, sistemas económicos, políticos o laborales. Por ejemplo, la leche materna tiene defensas que pasan de la madre al hijo a través del pecho, pero poca gente sabe que la madre produce defensas en referencia al ambiente en el que se encuentra, no defensas para las posibles bacterias y virus de la guardería con los que no ha tenido contacto. De hecho, muchas guarderías no permiten entrar a las madres a las aulas. Todavía nos queda un largo camino de reflexión, pero para que cada cual escoja su camino en el siglo XXI se necesita observar el paisaje a vista de pájaro y reconocer las limitaciones materiales, para luchar contra ellas o adaptarse a las mismas.

Conclusiones

La autora finaliza su artículo con unas conclusiones muy profundas. Constata que en antropología se ha escrito mucho sobre todo tipo de símbolos y ritos menstruales, pero no hay casi nada sobre lactancia. ¿Y cuál es la posible causa? Según ella porque en las sociedades occidentales modernas los ciclos menstruales se repiten a sí mismos “ad infinitum” mientras que la lactancia es algo inusual. Sería una especie de sesgo en la visión de la antropología actual, que no es capaz de abstraerse de la realidad actual del todo.

Mientras Margaret Mead y Newton consideran la lactancia como un periodo de transición para el bebé, la autora se interesa por el fenómeno desde el punto de vista de la mujer en sí misma. La lactancia prolongada se asocia con una ausencia de menstruación prolongada y esto se ve influido por factores culturales que influyen en la frecuencia de amamantamiento. La amenorrea es la norma para las mujeres preindustriales. La menstruación en ese mundo es un estado “liminal” entre dos hijos (un concepto antropológico que se podría traducir por “transitorio”) y poco común. Si no está entre niños está en la pubertad o en la menopausia, cuando se suelen tener ciclos anovulatorios. Ese estado de estar como entre “dos tierras” es, según Harrell, lo que podría relacionarse con las ideas de magia, contaminación o aislamiento que han sido estudiados por la antropología.

 ¿Y qué del ciclo menstrual recurrente actual?
“En la sociedad occidental moderna, funcionamos continuamente en este estado sexual aumentado, este surgimiento cíclico de potentes hormonas femeninas. Pensamos que es nuestro derecho natural de nacimiento, y como mujeres nos ponemos a la defensiva ante la sugestión de que la “naturaleza” pueda afectar nuestro temperamento o juicio. Tendemos a favorecer la aceptación pública de la menstruación como una función normal y natural, aunque lo hacemos con un cierto grado de ambivalencia. Por ejemplo, en “The Curse”, un exhaustivo esfuerzo para desmitificar la menstruación, en última instancia se recomienda ratificar”el más elemental y obvio aspecto de la condición de mujer” a nuestras hijas como “la bendición de Eva”, promoviendo al mismo tiempo y con entusiasmo la extracción menstrual, el “periodo de 60 segundos” (Delaney, Lupton y Toch). (…)”

 La menstruación de 60 segundos de la que habla el libro de “The Curse” es una aspiración del líquido menstrual similar a un aborto temprano y que un grupo feminista difundió en los años setenta.


Pero aquí viene el párrafo más impactante y enigmático de todo el artículo de Barbara B. Harrell con el que me despido: 

“El ciclo reproductivo preindustrial con su periodo de transición intensivo sugiere otra visión, que el ciclo menstrual continuo no es un atributo natural de las hembras humanas. Quizas “la maldición” (“the curse” en inglés quiere decir maldición y es un nombre coloquial de “la regla”) puede ser explicada como un artefacto de la Edad de la Tecnología, algo impuesto a las mujeres por una sociedad de la abundancia que no necesita más niños“.

Recuerdo el acceso al artículo completo en inglés:  http://es.scribd.com/doc/184969547/Lactation-and-Menstruation-in-Cultural-Perspective

ACTUALIZACIÓN: 
Como se aclara en el libro “On fertile ground: a natural history of human reproduction” actualmente hay varias posturas o enfoques que explican la falta de menstruación temporal en las madres lactantes: las que basan la explicación en la frecuencia de las tomas del bebé (John Bongaarts), otra es la de la carga metabólica relativa (la energía que tiene que derivar la madre hacia la lactancia se reduce al introducir alimentación complementaria, por ejemplo) y también hay una investigadora que ha añadido una más, la influencia en la fertilidad de la mujer del nivel de grasa en su cuerpo (Rose Frish)”. Más en: “La evolución de la reproducción humana” de Roger Short (1976)” http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/la-evolucion-de-la-reproduccion-humana.html

Decisiones informadas: Los riesgos de no ser una madre joven (y no amamantar)

El lazo rosa y su historia: “No obstante, una mujer de 68 años llamada Charlotte Hayley que había luchado contra el cáncer de mama y también había producido lazos representativos de color de melocotón. Ella los vendió con una tarjeta que decía: “El presupuesto anual del instituto nacional del cáncer es de 1,8 billones de dólares estadounidenses y solamente el 5 % está destinado para la prevención del cáncer. Ayúdanos a despertar a nuestros legisladores y a los Estados Unidos, usando este lazo” Su mensaje se expandió rápidamente, lo cual hizo que Penney y Evelyn se interesaran en el concepto de Hayley, y quisieron trabajar conjuntamente con ella. Sin embargo Hayley rechazó la oferta argumentando que esta tenía un propósito demasiado comercial.
Después de discutir las oportunidades con Lauder, Hayley y los abogados, decidieron ponerle un “nuevo” color. El nuevo color de la cinta, sería el rosa y se convertiría en un símbolo internacional de la concienciación del cáncer de mama”. http://es.wikipedia.org/wiki/Lazo_rosado (Evelyn es Evelyn Lauder, vicepresidenta de la marca cosmética Estée Lauder y yerna de la propia Estée)

No sé durante cuanto tiempo seguiré escribiendo en este blog sobre temas relacionados con la maternidad o el feminismo, pero aquí va otro artículo:

En el último post, a raíz de una pregunta “extraña” que me hicieron en facebook, hablé sobre el tema de si la mujer se realiza con la maternidad, si puede realizarse “solo” con la maternidad, si puede realizarse de otras formas, si “sólo” puede realizarse de una forma, en lo laboral, etcétera… Pero hoy quiero hablar sobre un tema del que se habla muy, muy poco y la verdad es que es sorprendente e inquietante a la vez. Yo cuando lo descubrí me quedé muy perpleja. No es mi objetivo alarmar ni culpabilizar a las mujeres, de eso ya tenemos bastante, sino animarlas a informarse y preguntarse quién toma las decisiones en su vida, si nosotras o el sistema en el que vivimos, un sistema dedicado a matar al amor en todas sus formas o a hacerlo casi imposible. Una vez que sabemos lo que queremos podemos lograrlo. Una vez que reconocemos nuestro deseo o nuestra falta de él podemos dirigir nuestros pasos. La confrontación con la dura realidad a veces nos puede causar rabia o tristeza, pero esos sentimientos son sanos cuando son un duelo que atravesamos para levantarnos con más fuerza y entender las causas de nuestra situación, para comenzar un camino como las mujeres que todo nuestro ser nos dice que queremos ser. Ese camino no será igual ni válido para todo el mundo porque el ser humano y sus circunstancias son muy diversas.

Cáncer de mama 

El más común de los cánceres en las mujeres es el de mama y es a la vez el más mortal. Tan solo en España se detectan 22.000 casos cada año y una de cada ocho mujeres españolas lo desarrollará en los próximos diez años.  Aunque afortunadamente gran parte de los casos se podrán curar a tiempo (entre un 50% y un 80%), no podemos olvidar las ultimas cifras: 6.314 mujeres murieron por esta causa en nuestro país en el año 2011.

Es muy habitual que se organicen maratones, se repartan chapas o lazos rosas, se organicen campañas de concienciación, pero muy pocas sabemos que una de las cosas que previenen en gran parte el cáncer de mama es el tener hijos cuando se es joven, (en concreto con menos de 25 años o de 30 años) y amamantarlos durante año y medio a dos años. Algunos autores, de hecho, consideran que tener el primer hijo antes de los 20 años supone una disminución del riesgo del 50% con relación a las mujeres sin hijos y tenerlo con más de 35 años lo elevaría tres veces. Casi nadie sabe, planteándolo de otra forma, que no tenerlos en nuestra juventud y no amamantarlos es un riesgo para nuestra salud como mujeres. O, dicho de otra forma, la maternidad reduce la cantidad total de ciclos menstruales a lo largo de la vida, lo que nos expone durante menos tiempo a los estrógenos, que estimulan el crecimiento de las células mamarias aumentando el riesgo de cáncer. Además, el embarazo provoca una serie de cambios madurativos y protectores en el conducto glandular para que las células produzcan leche, y estas células diferenciadas son menos susceptibles, según algunos investigadores, de convertirse en cancerígenas.

El Día Internacional del Cáncer de Mama enfoca sus esfuerzos a la detección precoz del cáncer, es decir, en la importancia de las mamografías, o en cómo afrontar la enfermedad una vez que la mujer ha sido diagnosticada, pero no he encontrado ninguna acción preventiva o en la que se den a conocer los factores de riesgo que se pueden prevenir, y mucho menos algún tipo de acto que cuestione el modelo actual reproductivo en nuestra sociedad. Es más, en muchas ocasiones estos factores se menosprecian y si no, mirad qué lugar ocupan en esta lista de un artículo periodístico. ¿Cuántas de estas seis mil muertes anuales se habrían evitado si, además de ser diagnosticadas antes, las mujeres que sí queremos ser madres tuvieramos hijos cuando somos jóvenes?

La Carrera de la Mujer ha conseguido mezclar en un único evento la lucha “contra el cáncer de mama” y “contra la violencia de género”. Sin embargo, al menos mediáticamente, obvia la difusión de las causas hormonales, las relacionadas con los hábitos reproductivos de las sociedades industrializadas y las de la contaminación ambiental causada por la industria. La carrera está patrocinada por DKV Seguros, Central Asturiana y el resto de empresas que aparecen en su web.

Está claro que los factores genéticos (solo el 20%-30% son debidos a causas genéticas, hereditarias o familiares) no los podemos modificar y los llevamos a cuestas, pero los hábitos de vida sí pueden elegirse. Puedo elegir no consumir alcohol, llevar una dieta lo más sana posible dentro de lo imposible que es hacerlo en la sociedad actual, puedo elegir hacer deporte para no tener sobrepeso y puedo elegir, si lo deseo, tener hijos joven.

¿Qué? ¡Sacrilegio! ¿Pero no se supone que tener hijos tan pronto puede ser desastroso, una irresponsabilidad, una locura? Es justo la edad en la que muchas mujeres y hombres estamos en plena carrera universitaria o iniciando la vida profesional, lo que es consecuencia de que hay unas determinadas ideas o una ideología sobre el tipo de sociedad deseable. De hecho, en el último año de instituto hay una prueba de selectividad que hace la conexión con la enseñanza superior haciendo impensable una pausa para la maternidad y la paternidad. En el caso de la formación profesional ocurre lo mismo, se da por hecho que una vez finalizada, el siguiente paso es buscar un empleo o estar “parado”, desde luego no enamorarse y formar una familia. Y todo esto tiene consecuencias.

Por ejemplo, yo, que los he tenido después de los 30, a priori tengo el mismo riesgo de cáncer de mama que una nulípara, una mujer que no ha tenido ningún parto, es decir, mucho más riesgo que una mujer que tuvo su primer hijo con 18, 20 o 25 años (ACTUALIZO: estaba equivocada, no tengo el mismo riesgo que una nulípara, tengo un mayor riesgo que ella). Ahora bien, hay más factores que protegen, por ejemplo, la lactancia de más de año y medio o dos años. Por lo menos, por ahí sí que de algo puedo beneficiarme, ya que todavía amamanto a mi pequeño de 20 meses, y me gustaría poder tener más hijos en el futuro. Aún así hubiera agradecido bastante haber accedido a esta información cuando tenía 18 años. ¿Hubiese condicionado la edad a la que tuve a mi primer hijo? No lo sé, pero para tomar decisiones informadas sobre tu escala de prioridades en la vida hace falta eso, información. (ACTUALIZACIÓN: Un “nuevo estudio establece que ese vínculo entre maternidad tardía y mayor riesgo de cáncer de mama sólo se da en las madres que recurren a la alimentación artificial”).

Diversos estudios habían probado que las mujeres que tienen su primer hijo pasados los treinta tienen más riesgo de tener cáncer de pecho, con independencia de cuántos hijos tengan planeado tener. El nuevo estudio establece que ese vínculo entre maternidad tardía y mayor riesgo de cáncer de mama sólo se da en las madres que recurren a la alimentación artificial.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/224066/0/lactancia/cancer/mama/#xtor=AD-15&xts=467263

Diversos estudios habían probado que las mujeres que tienen su primer hijo pasados los treinta tienen más riesgo de tener cáncer de pecho, con independencia de cuántos hijos tengan planeado tener. El nuevo estudio establece que ese vínculo entre maternidad tardía y mayor riesgo de cáncer de mama sólo se da en las madres que recurren a la alimentación artificial.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/224066/0/lactancia/cancer/mama/#xtor=AD-15&xts=467263

Nadie tiene un hijo para tener menos riesgo de cáncer de mama pero es un dato que hace reflexionar sobre nuestro cuerpo y nuestra salud. ¿Qué era eso de la “servidumbre de la maternidad” que decía Simone de Beauvoir? ¿Qué opinaría ella si supiera esto? ¿Que era una “esclavitud” muy sana para la mujer? Lo cierto es que la maternidad no es una esclavitud, lo que es una esclavitud es el sistema en el que vivimos que dificulta muchísimo el amor y la crianza, un sistema que destruye las redes y apoyos entre iguales que necesitarían padres y madres para criar y para poder tener momentos para descansar también de los cuidados, entre otras muchas otras cosas.

Cáncer de mama y maternidad

Tabla tomada de www.intramed.net/sitios/librovirtual8/pdf/8_09.pdf

La explicación de la acción protectora de tener hijos cuando las mujeres somos jóvenes es que los embarazos y la lactancia hacen que tengamos menos ciclos mestruales. De hecho, cuando amamantamos, la regla suele volvernos bastante tarde, en mi caso tardó un año en volver. Tener tantos ciclos menstruales es uno de los factores que eleva el riesgo de cáncer, por eso también está relacionado con la edad a la que llega la primera regla y la edad con la que se despide de ti, en la menopausia. Por ejemplo: si tienes tu primera regla a los 12 tienes un riesgo ligeramente superior que si la tienes a los 15. Además, las mamas adquieren su madurez después del primer embarazo a término, por eso protege que esa maduración se produzca a los 20 años en lugar de a los 35.

En el estudio  “Incidencia del cáncer de mama en Cataluña” podemos leer que:

“El riesgo de cáncer de mama está asociado a diferentes factores de riesgo. Entre los más importantes destacan los factores reproductivos y hormonales, la obesidad en la menopausia y el consumo de alcohol. El riesgo de desarrollar cáncer de mama está aumentado en las siguientes situaciones: edad temprana en la menarquia, edad tardía en el primer embarazo, baja paridad o nuliparidad y menopausia tardía. Estos factores reflejarían una exposición prolongada a los estrógenos endógenos, en particular al estradiol libre. La administración exógena de hormonas, como en el tratamiento hormonal sustitutivo en la menopausia, aumenta el riesgo de desarrollar la neoplasia, que disminuye al retirar la hormona; los anticonceptivos orales tienen también un pequeño efecto sobre el aumento de riesgo, que asimismo disminuye cuando la anticoncepción cesa.”

La OMS, a pesar de centrarse más en los factores genéticos o de los hábitos saludables (lo que no deja de ser una decisión ideológica) afirma:

“Los factores reproductivos asociados a una exposición prolongada a estrógenos endógenos, como una menarquia precoz, una menopausia tardía y una edad madura cuando el primer parto figuran entre los factores de riesgo más importantes del cáncer de mama. Las hormonas exógenas también conllevan un mayor riesgo de cáncer de mama, por lo que las usuarias de anticonceptivos orales y de tratamientos de sustitución hormonal tienen más riesgo que las mujeres que no usan esos productos. La lactancia materna tiene un efecto protector (IARC, 2008, Lacey et al., 2009).” 

Pero es que la maternidad protege también a las mujeres que ya han tenido cáncer de mama, como explica Ricardo Cubedo, Especialista en Oncología de la Clínica Universitaria Puerta de Hierro de Madrid:

“Lo que sí está bien demostrado es justamente lo contrario, que las mujeres que han tenido un cáncer de mama y se quedan embarazadas después, sufren menos recaídas del tumor que las que no se embarazan. Esto no debería sorprendernos. Desde hace decenios sabemos que las mujeres que nunca han gestado tienen más riesgo de padecer cáncer de mama que las que han tenido varios hijos. La razón son los estrógenos, las hormonas femeninas producidas por los ovarios.
(…)
Aún merece la pena hacer dos observaciones más al respecto: la protección frente a la recaída es mayor si el embarazo se retrasa un año tras la quimioterapia; además, el factor protector frente a la recaída que procura el embarazo es mayor que el de la propia quimioterapia.”

El cáncer de mama y las monjas

La primera vez que alguien se percató de que entre las monjas había muchos más casos de cáncer que entre el resto de mujeres fue en 1713 de la mano de un médico italiano, Bernardino Ramazzini, un precursor de la medicina laboral que llamó a esta enfermedad “maldita peste”:

“Todas las ciudades de Italia tienen varias comunidades religiosas de monjas, y rara vez hay un convento que no albergue esta maldita peste, el cáncer, entre sus paredes”.

Más tarde, en 1842, el médico italiano Domenico Antonio Rigoni-Stern también se dio cuenta de esta relación cuando revisó los certificados de defunción de Verona entre 1760 y 1839. y vio que las monjas tenían 5 veces más cáncer de mama que las “mujeres casadas”. Concluyó que la causa quizás se debiera a que sus corsets o sujetadores eran demasiado ajustados. Como sabemos ahora, se equivocaba, no era ni siquiera porque no practicaran sexo (ni el coito) sino porque ni se embarazaban ni amamantaban.

Un artículo de opinión reciente de la revista The Lancet propone a las monjas que tomen la píldora anticonceptiva para evitar los riesgos de la nuliparidad: “Hoy en día, en todo el mundo, hay 94.790 monjas que siguen arriesgando su salud por su castidad, debido a que padecen los peligros de la nuliparidad: más probabilidades de cáncer de mama, de ovario y de útero”.

Sin embargo, los anticonceptivos hormonales también están relacionados con el cáncer de mama (aunque sí protegen contra el cáncer de ovario) y con el riesgo de sufrir enfermedades cardiacas, lo que no parece un buen consejo ni para las monjas ni para las demás. Hay más información sobre este tema aquí y en el libro “Cirugía del cáncer de mama”. Es un tema controvertido ya que hay posturas contrarias incluso dentro del Grupo Español de Cáncer de Mama (GEICAM): hay profesionales médicos que afirman que sí que eleva el riesgo de cáncer de mama, como Emilio Alba, miembro de la junta directiva del GEICAM y los que dicen que ese riesgo, de existir, es ínfimo (ver pregunta num. 9 de esta entrevista al Dr. Miguel Martín, Jefe de Sección de la Unidad de Cáncer de Mama del Hospital Universitario San Carlos de Madrid y presidente del GEICAM).

El artículo obvia que no solamente las monjas son “castas” en cuanto a la reproducción sino que cada vez más mujeres lo somos también y cuando tenemos hijos lo hacemos muy tarde (31 años de media en España) y tenemos muy pocos. El índice de fecundidad estaba en 2012 en 1,32 por mujer (madres y no madres) y bajando, y sobre todo cuesta mucho llegar al segundo hijo. Para un análisis completo sobre este tema recomiendo leer desde un punto de vista crítico (toda investigación está cargada de ideología) este estudio de la Fundación La Caixa.

Las religiosas son el perfil femenino más propenso a desarrollar cáncer de mama por la larga exposición a los estrógenos”, según el médico Miguel Antonio Palmeros Ronzón (Venezuela).  Es interesante conocer el caso de las monjas ya que en la sociedad actual, aunque muchas no vivamos en un convento, muchas mujeres tenemos hábitos similares a los suyos. Quizás tengamos una vida sexual más animada (aunque cada vez se dan más casos de mujeres que no practican el sexo en pareja, ni masculina ni femenina), pero es vida sexual no reproductiva y cuando lo es, es muy tardía, con lo cual tenemos un riesgo muy parecido al que tienen ellas de desarrollar cáncer de mama.

“Mujeres feministas en lucha contra el cáncer de mama”

He encontrado este documento de Sue Wilkinson  titulado “Mujeres feministas en lucha contra el cáncer de mama: lo personal y lo político”. El subrayado es mío.

“El factor de riesgo más importante para el cáncer de mama es el hecho de ser mujer (solamente el 1-2% de los casos diagnosticados se produce en varones); y para el 85% de las mujeres, el mayor factor de riesgo es la edad avanzada (Altman, 1996). Cuanto mayor sea la mujer, mayor es el riesgo al que se enfrenta. Otros factores de riesgo están relacionados con la historia reproductiva (no tener criaturas, un primer embarazo “tardío”, un número de ciclos menstruales superior a la media); con factores unidos al “estilo de vida” (p. ej., una dieta alta en grasas, sobrepeso, el consumo excesivo de alcohol);”
(…)
El movimiento feminista contra el cáncer de mama comenzó en EEUU en los años 1970 (véase Altman, 1996, para su historia). Las activistas feministas han montado centros de recursos y servicios de apoyo; han luchado por un aumento de los fondos destinados a la investigación y una mejora de los servicios de atención médica; han utilizado las artes visuales y la palabra para cuestionar la invisibilidad generalizada de las mujeres con cáncer de mama; y han revelado los vínculos basados en el lucro entre los valores y la práctica de la “industria” del cáncer de mama y una serie de riesgos –en gran medida no reconocidos–, en concreto, los riesgos medioambientales (Batt, 1994).
(…)
La lucha por los recursos: Otra de las principales preocupaciones feministas ha sido la falta de recursos económicos destinados a la investigación del cáncer de mama y a los centros de asistencia médica. En su lucha a favor de un aumento de los recursos, las feministas estadounidenses y canadienses han considerado oportuno establecer un paralelismo explícito entre la epidemia del sida y la propagación del cáncer de mama. Sharon Batt, por ejemplo, invita a la lectora a comparar el índice de mortalidad por cáncer de mama (más de 4.000 mujeres) con “las 417 muertes a consecuencia del sida en Canadá, durante ese mismo año” (Batt, 1991, p. 60).

Como vemos en este documento, la investigadora reconoce que la historia reproductiva (no tener hijos o tenerlos tarde, no amamantar) y el estilo de vida (los vicios del sistema actual: alcohol y tabaco) son causas fundamentales del aumento del cáncer de mama en las mujeres. Pero después reconoce que el movimiento feminista desde los años 70 ha ignorado completamente el tema de que ser nulípara o tener hijos tardíamente es un riesgo real. Al contrario, se han centrado en pedir que se aumente el dinero destinado a la investigación de la curación a posteriori, tarea muy loable para curar mejor el cáncer, pero han obviado el enfoque de la prevención, análisis y reflexión de esos riesgos culturales, sistémicos, causados por la forma de vida en los países industrializados (en los no industrializados el cáncer de mama es significativamente menor).  Influenciadas por los trabajos de feministas como Simone de Beauvoir, se han dedicado a inventar argumentos en contra de la maternidad, cuando no a obviar sus beneficios, como en este ejemplo concreto.

La autora reitera una y otra vez la importancia de todo lo que tenga que ver con recursos económicos y hace desaparecer a la maternidad y la salud reproductiva (no se necesitan grandes recursos para ello) del debate. Por si acaso no ha quedado claro todavía en pleno siglo XXI, algunas lo volveremos a repetir: la maternidad no es una esclavitud, lo que es una esclavitud es este sistema que convierte a la crianza en algo aislado, sin redes de apoyo, difícil y complicado.

Algo muy rescatable del documento es mencionar a la “industria del cáncer de mama” y su funcionamiento:

 “El principal patrocinador del Mes de Conciencia del Cáncer de Mama, que se celebra anualmente, es el gigante multinacional de productos químicos AstraZeneca (antes, Zeneca12) que fabrica el antiestrógeno tamoxifeno, de amplio uso en el tratamiento del cáncer de mama. AstraZeneca produce asimismo una gama de fungicidas y herbicidas que incluyen el cancerígeno acetocloro; y una de sus plantas es manifiestamente la tercera fuente de contaminación cancerígena volátil de Estados Unidos (Batt y Gross, 1999). 

Sería muy positivo que la autora ampliara esa crítica hacia otros campos, como el negocio del antimaternalismo que beneficia al capitalismo actual, ya que este solo valora a las personas como mercancías y las madres son para él “poco productivas”, solamente interesantes como consumidoras. Una madre trabajadora siempre es problemática para el mundo empresarial, mucho más si decide tener varios hijos seguidos de sus sucesivos permisos maternales, y peor aún si pide una excedencia, una jornada partida… Yo no debo ser un caso aislado y a mí me han preguntado en una entrevista de trabajo si tenía pareja y si pensaba tener hijos. Una solución parcial para este tipo de situaciones podría ser que los permisos maternales y paternales se equipararan. Esta medida, sin embargo, podría conducir a que la discriminación en lugar de desaparecer se ampliara hacia el sector de hombres que pudieran ser considerados por el empresario o la empresaria como padres en potencia.

“Una perspectiva crítica y feminista exige tanto prestar atención a la experiencia de las mujeres como realizar un análisis político de esta experiencia, como componentes clave para trabajar hacia una transformación social.

Una pena que ese análisis político hacia una transformación social no haya tocado el tema fundamental de la sexualidad reproductiva de la mujer desde el punto de vista de la salud, tema tabú en la actualidad. Se trata de una ausencia verdaderamente llamativa y cargada de ideología, ya que quiere decir que el modelo reproductivo actual, tardío o inexistente, es incuestionable para la autora. Este modelo ha sido diferente en otras épocas y lugares, lo que quiere decir que puede volver a cambiarse o, al menos, se puede visibilizar y no darlo por hecho, para que cada cual pueda elegir.

ACTUALIZACIÓN  a 3 de julio de 2014: He encontrado el libro de la poeta feminista Audre Lorde “Los diarios del cáncer” (1980). Allí se puede leer en la pg. 64: “El cáncer no es sólo otra enfermedad degenerativa e inevitable del proceso de envejecimiento. Tiene causas inconfundibles e identificables, y éstas son básicamente la exposición a agentes químicos o físicos del medio ambiente”. Cita un libro de Samuel Epstein “The politics of cancer” como su fuente. Ni una palabra sobre las causas hormonales endógenas (que no vienen del exterior) de las que se habla en este post.

Cáncer de mama y maternidad “industrializada”

Según un estudio de la investigadora Valerie Beral, de cada 100 mujeres de un país industrializado (lo que algunos llaman “rico”) 6,3 mujeres tendrán cáncer de mama a la edad de 70 años. Sin embargo, de cada 100 mujeres de un país no industrializado (esos que llaman “pobres”) tan sólo 2,3 mujeres tendrán cáncer de mama con 70 años. ¿Cómo se explica esto? Según este estudio, la explicación reside sobre todo en las diferencias en los hábitos reproductivos y de amamantamiento. Estamos hablando de que si adoptáramos las costumbres de los de los países “en desarrollo”, según los análisis del equipo de esta investigadora, el cáncer podría reducirse en un 4,3% por cada año que una mujer amamanta y un 7% por cada nacimiento. ¡Toma ya! ¿Y esto por qué no se sabe? En realidad no sería adoptar nada nuevo, sino más bien una especie de regreso reactualizado a lo que conocieron nuestras bisabuelas y tatarabuelas.

Realmente es una rareza histórica y cultural lo que estamos viviendo ya que nunca antes las mujeres habían menstruado y ovulado tantas veces durante su vida. Estamos ante un verdadero “experimento” social y biológico de consecuencias insospechadas. Actualmente hay muchas mujeres reconectándose y reconciliándose con su ciclo menstrual, creo que dentro de ese camino no puede faltar esta información que toda mujer debería conocer.

La Organización Mundial de la Salud, aunque reconoce los factores reproductivos se centra mucho más en los otros factores y en la detección precoz. Aún así dice cosas como esta:

“La diferente incidencia del cáncer de mama en los países desarrollados y los países en desarrollo puede explicarse en parte por los efectos de la alimentación, unidos a la mayor edad del primer embarazo, el menor número de partos y el acortamiento de la lactancia (Peto, 2001). La creciente adopción de modos de vida occidentales en los países de ingresos bajos y medios es un determinante importante del incremento de la incidencia de cáncer de mama en esos países.” 

En este artículo, “Lactancia, arma de indígenas contra cáncer de mama” , se afirma que en la zona indígena de Chiapas (Méjico), de unas 10 mil pruebas practicadas en 2013, sólo cuatro resultaron positivas. ¿Sus secretos? Al menos uno de ellos es la lactancia materna, que allí es considerada como un valor cultural.

También se expresa muy claro el doctor Damián Gallego en esta entrevista:

-¿Cómo se puede prevenir el cáncer de mama?
–Teniendo hijos cuanto antes, aunque la sociedad vaya en contra. Hay un ligero aumento progresivo del cáncer de mama y el factor más implicado en ello es el descenso del número de hijos y, sobre todo, el retraso en la edad de tener el primer hijo. Se considera que una de cada ocho o nueve mujeres va a desarrollar cáncer de mama debido a este asunto si llega a los 78 años. También puede prevenirse con la lactancia o comiendo menos proteínas y menos grasas, el exceso de carnes incrementa algo el cáncer.
–¿Reporta entonces beneficios contra este tumor el hecho de tener hijos?
–Parece ser que con el embarazo hay una serie de cambios madurativos o funcionales en el conducto glandular que harían una prevención natural. Conforme se retrasa la edad de embarazo, la mujer está durante más años sin que estos cambios protectores se produzcan.
–¿Influyen los antecedentes familiares?
–Hay determinados genes que en las mujeres que tienen un cáncer de mama no funcionan bien, pero eso influye solo en el 8% de los casos. Cuando hay una causa genética no es porque el gen produzca el cáncer, sino porque hay en el cuerpo unos genes llamados supresores del tumor que no funcionan bien.”

Y así lo expresa Rafael Fábregas, consultor en ginecología oncológica y mastología:

“A pesar de que en España el número de casos es inferior al de otros países, como Estados Unidos, Bélgica o Alemania, éstos han ido aumentando desde el siglo XIX, época en la que el cáncer afectaba a un número menor de mujeres debido, en parte, a que éstas tenían un mayor número de embarazos y más tiempo de lactancia.” 

Según Emilio Alba, “miembro de la junta directiva del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (GEICAM), el factor más importante es el reproductivo. “El cáncer ocurre en algún momento entre la primera regla y el primer embarazo y ese periodo ha aumentado mucho en nuestro país: A principios del siglo XX, la primera regla ocurría en torno a los 14 años y la primera gestación sobre los 18, mientras que ahora la edad de inicio de la menstruación se ha adelantado, probablemente debido a una alimentación más calórica, y la edad media de la maternidad está en los 32“.”


Cáncer de mama en el colectivo de lesbianas sin hijos

Las mujeres lesbianas tienen los mismos riesgos que las mujeres heterosexuales que no tienen hijos o los tienen tarde y no amamantan.  Como señala la Fundación Reflejos de Venezuela, uno de los riesgos es “No haber tenido embarazos. Como promedio, las lesbianas tenemos menos hijos antes de los 30 años o simplemente no los tenemos, lo que nos hace vulnerables desde la perspectiva hormonal.

Desconozco el estudio en el que se basa pero la escritora del blog “Avatares de una amazona” afirma que las lesbianas duplicamos las posibilidades de padecerlo en Europa: una de cada cuatro mujeres.” Sin embargo, ella es el ejemplo de que tener hijos no nos protege de forma absoluta de tener cancer ya que ella ha sufrido esta enfermedad y también es madre de familia numerosa.

http://www.medicalnewstoday.com/articles/235878.php
“Embarazo y lactancia – es probable que un porcentaje más alto de mujeres heterosexuales amamantará durante su vida, en comparación con las mujeres lesbianas. La lactancia materna se ha demostrado que reduce el riesgo de cáncer de mama. Liz Margolies menciona que las lesbianas tienen menos probabilidades de quedar embarazadas y tener hijos antes de los 30 años de edad (al parecer, el embarazo a término antes de los 30 años de edad reduce el riesgo de cáncer).”

Cáncer de mama y aborto provocado

Antes de 2007 se creía que la interrupción no natural de los cambios hormonales del embarazo por un aborto aumentaban el riesgo de padecer cáncer de mama. El embarazo tiene un efecto protector (antes de los 35 años) ya que reduce las posibilidades de cáncer gracias a la producción, durante los primeros meses de gestación,  de la hormona “gonadotropina coriónica humana” que estimula el tejido mamario y acelera la diferenciación de sus células, lo que las hace menos propensas a la malignizazión.  La hipótesis aceptada hasta el momento y corroborada por numerosos estudios sostiene que cuando un embarazo se interrumpe, ya sea de forma espontánea o provocada, su efecto protector no aparecía ya que no había tiempo suficiente para que esa diferenciación celular se produjera”. Ahora se sabe que no existe asociación alguna entre haber tenido un aborto y la incidencia de cáncer de mama. Si se desarrolla, será por otros factores.

Algunos grupos antilegalización del aborto (antiaborto creo somos todos, incluso las mujeres que abortan) incluyen el argumento del riesgo de cáncer de mama en sus webs. Esta información está desactualizada, según lo que he investigado, y es un ejemplo claro de cómo se intentan adaptar los estudios científicos a la ideología y, si esta no cuadra, se obvian y se sigue con la ideología. La verdad es la que es, nos guste o no, y dice mucho del clima fanático que se vive en ese ambiente. Todavía no he visto a ninguna web antiabortista rectificar esta información.

Mi postura frente al aborto es clara y se parece a la de Federica Montseny: no es una liberación para la mujer y es una decisión muy dura. Soy adversa a su práctica pero creo que en algunos casos no queda otra opción y tiene que ser legal para evitar más muertes y mutilaciones. Desde la legalidad es, como decía Trotsky, desde donde un sistema o sociedad más justa (sustituyendo la palabra socialismo que él usaba) debería eliminar las causas que llevan a las mujeres a abortar de forma masiva (37.135 de 1990 a los 112.000 en 2012), algo que hoy en día ni los antilegalización ni los que se quedan en la mera legalización parecen interesados en hacer.

ACTUALIZACIÓN Y MATIZACIÓN IMPORTANTE a día 4 de enero de 2014: Odile de “Mis recetas anticancer” acaba de publicar una noticia relativa a un meta-análisis que se ha realizado en China sobre aborto y cáncer de mama. En este país el estado obliga a las mujeres a abortar, dentro de la política del “hijo único”, ya que solamente los ricos pueden pagar las multas por segundo hijo. Las conclusiones son que sí aumenta el riesgo, en concreto, un aborto lo hace en un 44%, dos abortos en un 76% y tres abortos un 89%. Estos datos me parecen aún así sorprendentes porque en China se producen millones de abortos y sin embargo tienen la tasa más baja del mundo de cáncer de mama. En el estudio lo que sí que dejan claro es que el cáncer de mama no ha dejado de crecer desde que se adoptó la política del hijo único, lo que está en relación a todo lo expuesto en este artículo (nuliparidad, maternidad tardía, se amamanta menos, peor alimentación, adopción de hábitos de vida del Occidente industrializado…), aunque no necesariamente con el aborto. Habrá que leer el artículo y comprenderlo mejor. La primeras dos páginas del meta-análisis se puede consultar aquí, el resto es de pago, lo que nos limita el acceso a la información: http://link.springer.com/article/10.1007/s10552-013-0325-7

SEGUNDA ACTUALIZACIÓN a 3 de julio de 2014: He encontrado la web de Karen Malec con información relativa a la relación aborto/cáncer de mama: http://www.abortionbreastcancer.com

La realidad es la que es, le guste a nuestras ideas o no, y hay que ponerla sobre la mesa y discutir si es verdadera o falsa, o criticarla, pero nunca negarla porque simplemente no concuerda con nuestra ideología.

Cáncer de mama y lactancia

Antes de terminar con el cáncer de mama creo que el tema de la lactancia merece un apartado separado por sí mismo. La lactancia protege por la reducción de estrógenos, la diferenciación del epitelio mamario y más cosas… Creo que este estudio lo explica bastante bien:

“La lactancia materna es otro aspecto a investigar, en tanto que pruebas crecientes muestran que las mujeres que amamantan reducen el riesgo de desarrollar cáncer de mama21,22. Si bien es cierto que, a largo plazo, la protección ofrecida por la lactancia materna es mayor en las mujeres pre-menopáusicas23,24. Algunos de los aspectos que podrían explicar tales efectos protectores son la reducción de los estrógenos y la eliminación de líquidos a través de la mama, esto es, la excreción de agentes cancerígenos a través del tejido mamario durante el proceso de la lactancia materna25
Según datos de los últimos estudios realizados, el drástico incremento de los tumores de mama en los últimos años está estrechamente relacionado con la correspondiente disminución en la tasa de natalidad, así como de períodos más cortos de lactancia26. Los resultados obtenidos llegaron a evidenciar que el riesgo relativo de padecer cáncer de mama disminuyó en un 7,0% por cada nacimiento, al que se añade otra disminución del 4,3% por cada 12 meses de lactancia materna27.
A pesar de estos estudios, muchos investigadores siguen escépticos en cuanto a la protección que contra el cáncer de mama pueda proporcionar la lactancia materna28. Afirman que los datos obtenidos hasta ahora son insuficientes y, en muchos casos, llegan a ser contradictorios. Sin embargo, una tasa ligeramente inferior de cáncer de mama se ha observado en las mujeres que amamantan a sus hijos durante más de 12 meses29. Estos resultados parecen apuntar a una relación inversa entre la duración del período de la lactancia materna y el riesgo de cáncer de mama30. El tamaño de la disminución en el riesgo relativo de cáncer de mama asociado con la lactancia materna no difirió significativamente de las mujeres en los países desarrollados y en desarrollo, y no varió significativamente por la edad o el origen étnico31.”

Si estás embarazada o crees que vas a estarlo y quieres amamantar, un lugar donde ver a mamás amamantando y aprender de la experiencia directa son los grupos de apoyo a la lactancia. Si ya tienes problemas (dolor, mal agarre o crees que produces poca leche) no dudes en buscar ayuda de una asesora de lactancia, una matrona que sepa de lactancia o ir a una consultora ICBLC. Si vives en Madrid, en el Hospital 12 de Octubre hay un equipo profesional de pediatría especializado en lactancia.

Miomas uterinos y maternidad

¿Y qué decir de los miomas, esos tumores benignos y no cancerosos que crecen en el útero y el miometrio favorecidos por los estrógenos? Muchos sabemos que las perras desarrollan miomas por no tener cachorros. ¿Les pasa lo mismo a las mujeres? Pues en algunos casos también y el riesgo aumenta si tienes obesidad o fumas.

http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000914.htm
“Se desconoce la causa de los miomas en el útero. Sin embargo, el crecimiento de los miomas uterinos ha estado ligado a la hormona estrógeno. En tanto una mujer con miomas esté menstruando, éstos probablemente seguirán creciendo, por lo general de manera lenta.”

En Tratado de ginecología, escrito por José Botella Llusiá y José A. Clavero Núñez, leemos sobre el mioma uterino:

“Se ha dicho que esta es una enfermedad de solteras pero en realidad es una enfermedad de mujeres sin hijos. 
Dos son las causas que hacen que el mioma sea más frecuente en estériles. La primera, que una gran parte de las mujeres sin hijos no los tienen por ciclo anovulador (véase Capítulo 78), y este ciclo anovulador supone un cierto grado de hiperestronismo. El exceso de estrógenos siempre ha de estimular a un tumor que es estrogenodependiente, como lo es el mioma. 
La segunda causa es que, como diremos más adelante, la histogénesis del mioma tiene lugar a partir de unas células de reserva o genitoblastos existentes en todo útero joven. Estas células de reserva sirven fisiológicamente para que el útero crezca con la gestación (véase Capítulo 12). Si no hay gestaciones, estos elementos de reserva que se habían de emplear en el crecimiento gravídico del útero, se emplean patológicamente en forma de miomas. Por eso, mujeres solteras, aunque funcionalmente no sean estériles, tienen también mayor propensión al mioma, como sucede con las monjas.” 

Cáncer de ovario y maternidad

En España fallecen unas 1.900 mujeres al año por un cáncer de ovario. Si antes hemos mencionado el riesgo “ligeramente” mayor de cáncer de mama entre las mujeres que usan la píldora hormonal, en el cáncer de ovario sucede lo contrario, ya que el descanso al que se somete al ovario sí es positivo y protege del cáncer. ¿Y cuándo deja de ovular y menstruar la mujer de forma natural? Cuando nos quedamos embarazadas y amamantamos a nuestras crías. 

https://www.aecc.es/SOBREELCANCER/CANCERPORLOCALIZACION/CANCERDEOVARIO/Paginas/prevencion.aspx

Nuliparidad: en diversos estudios se ha observado que las mujeres que han tenido varios hijos (multíparas), tienen menos riesgo de desarrollar cáncer de ovario que las que no han tenido hijos (nulíparas).
La razón por la que se produce esto no es del todo conocida, aunque parece que tiene relación con el número de ovulaciones que se produce a lo largo de la vida de la mujer. En cada ovulación, al salir el óvulo del ovario se produce una pequeña cicatriz que tiene que repararse y que favorece el que se produzca una alteración celular. Las multíparas tienen menos cicatrices porque durante el embarazo no se producen ovulaciones.”

 http://www.evicancer.com/evicancer/index.php/el-cancer/tipos-de-cancer/176-cancer-de-ovario
“El cáncer de ovario es más común en pacientes nulíparas o que no han tenido hijos. Es un tumor que generalmente se diagnostica en estadios avanzados de la enfermedad, cuando el tumor es grande y produce síntomas compresivos en cavidad abdominal.
No hay un método de diagnostico precoz instaurado actualmente, una vez sospechado el diagnostico, o tras estudios de síntomas gastrointestinales, se puede evidenciar la masa que puede ser quística o solida en estudios imagenologicos como ecografía, tomografía y especialmente la ecografía transvaginal.
Factores de riesgo:
°No tener hijos”

No puedo dejar de recomendar el blog de Odile Fernández “Mis recetas anticáncer”, una mamá que amamantaba a su hijo en la época en la que le diagnosticaron cáncer de ovario. Toda una mamá superviviente e inspiradora.

Cáncer de cuello del útero y maternidad

Para terminar, tengo que decir que el único cáncer que presentan más a menudo las mujeres con hijos que las que no tienen hijos es el cáncer cérvico uterino. Rigoni Stern, el investigador que ya he mencionado, en 1848 ya comprobó que el principal responsable de la aparición del carcinoma del cuello uterino era la vida sexual. Se percató con sus investigaciones de que las monjas tenían muchos más casos de cáncer de mama y las mujeres casadas y prostitutas tenían más tasas de cáncer del cuello del útero. Otros estudios han cerciorado que el cáncer de cérvix es excepcional en las monjas y 5 veces más habitual en las prostitutas. El virus del papiloma, relacionado con este cáncer, se transmite por vía sexual. A pesar de que hay estudios que vinculan la maternidad con este cáncer cabría pensar que al ser producido por la presencia del virus del Papiloma Humano (VPH), que se adquiere en las relaciones sexuales, las madres lo tienen más a menudo simplemente por su vida sexual, no por el hecho de ser madres.

http://www.elmundo.es/salud/Snumeros/96/S214/S214utero.html
Desde hace décadas sexo y cáncer de cuello de útero han estado relacionados. Estudios realizados hace 25 años demostraron que este tipo de tumor era mucho más frecuente entre las prostitutas que en el resto de la población. La ciencia culpó por entonces a un virus de estos hallazgos, pero tan sólo recientemente se conocen su nombre y apellidos: el papilomavirus (HPV), un virus machista ya que, mientras se le acusa de ser el responsable del 95% de todos los cánceres de cérvix, resulta inofensivo para el hombre.”

http://www.facmed.unam.mx/sms/seam2k1/2007/sep_01_ponencia.html

“Recientemente se ha reflexionado acerca de la influencia de otras variables como cofactores en el desarrollo del cáncer cérvico uterino, como la paridad elevada y el uso prolongado de anticonceptivos orales.
La investigación realizada por Muñoz, et al12 que comparte datos de ocho casos de estudio y testigos sobre cáncer cérvico uterino y dos de cáncer in situ, en cuatro continentes, sugiere que las mujeres con tres o cuatro embarazos a término presentaban 2,6 veces más alto de desarrollar cáncer que aquellas mujeres nulíparas; en tanto que las mujeres con siete partos o más tenían 3,8 veces mayor riesgo.
Otros estudios reafirman esta relación entre alta paridad y cáncer cérvico uterino13,14, aún no se han determinado las razones fisiológicas de esta relación; sin embargo, se ha considerado que los cambios hormonales relacionados con el embarazo y los traumatismos cervicales en el momento del parto pudiesen tener alguna función”.

Conclusiones

Yo me quedé embarazada y parí con 31 años. Sabía que la regla se iría durante el embarazo, de hecho es la primera señal de embarazo que todas conocemos. Lo que no sabía es que la menstruación no volvería a visitarme hasta un año después del parto, como resultado de la lactancia.

Tener hijos joven y amamantar no son beneficios y “protegen” de nada, son para lo que nuestro cuerpo está preparado, lo normal. Nuestro organismo no está preparado para soportar la bomba hormonal estrogénica y de ciclos menstruales ininterrumpidos a la que le estamos sometiendo. Por tanto, no tener hijos cuando somos jóvenes y no amamantar son un riesgo para nuestra salud. Nosotras somos libres para entender esos riesgos y asumirlos, al igual que a veces fumamos o bebemos alcohol o no hacemos deporte. Pero es eso, una decisión personal que cada mujer debe asumir con acceso a toda la información disponible. De ningún modo sería ético tener hijos para prevenir el cáncer pero sí es injusto que haya mujeres que sí quieren tener hijos y los tengan que posponer por el sistema económico, social y laboral. Otros factores importantes responsables de los altos niveles de estrógenos que tenemos, más interesante aún para las mujeres que no quieren tener hijos, son el nivel de esfuerzo físico o gasto energético y el consumo calórico y de grasas. Hacer deporte y comer bien (ni mucho ni poco) puede hacer que los niveles de estrógeno bajen. Esta es una de las razones por las que las niñas que hacen deporte tienen menarquías tardías, como las niñas de las sociedades de cazadores-recolectores o preindustriales. Nutrición, esfuerzo físico y reproducción van unidos en un cocktail biocultural que debemos conocer (más información en el libro “Cuerpos antiguos, vidas modernas: cómo la evolución ha dado forma a la Salud de la Mujer”).

También es necesaria una reflexión importante sobre este silencio sobre las causas hormonales causantes de, no lo olvidemos, miles de muertes de mujeres al año. Porque de esas seis mil muertes anuales de mujeres un gran porcentaje sería evitable si viviéramos, además de una sexualidad sana,  una fertilidad sana. Se trata de un verdadero feminicidio.

No se trata de entrar en valores ni religiosos ni éticos ni personales. Cada una tendremos las ideas que tengamos. Habrá mujeres que elijan no tener hijos y ordenarse como monjas, otras preferirán no tenerlos porque priorizan su vida profesional o empresarial, otras les gustaría tenerlos con una pareja y no la encuentran, otras se podrían inseminar pero tienen un trabajo precario y no tienen apoyo familiar, otras no se quieren inseminar porque prefieren buscar a un hombre, aunque sea un amante ocasional, para hacerlo, otras tienen pareja pero cuando por fin se deciden a tener hijos se dan cuenta de que son muy poco fértiles, otras quisieron amamantar pero no tuvieron apoyo ni nadie que les enseñara a hacerlo sin dolor… Cada una tenemos nuestra historia y es respetable. Pero hay que mirar a vista de pájaro para ver el conjunto y las consecuencias globales hacia todo el colectivo de mujeres y de hombres que está teniendo la ideología capitalista antimaternalista y antipaternalista actual. Ser madre o no, amamantar o no, ser padre o no, no nos hace necesariamente ni mejor persona ni un ser superior.

Si en el pasado el sistema capitalista y político estatal promovía los nacimientos era porque necesitaban mano de obra y súbditos. Después, el sistema entró en otra fase en la que promovió la no maternidad/paternidad en los países occidentales y fomentó la importación de mano de obra en edad laboral (para el capitalismo ante todo somos objetos a utilizar, no humanos) de otros países para sus proyectos más atroces y explotadores (invernaderos, carreteras, burbuja inmobiliaria, infraestructuras faraónicas…), proyectos que ni siquiera pueden pagar y que nos han dejado con esa famosa “deuda odiosa”. También usó esa mano de obra para el mundo de los cuidados, que deberían ser prioritarios en una sociedad basada en el amor y el apoyo mutuo que muchos queremos construir.

Ahora, debido a la falta de nacimientos tan acusada, el sistema, en algunos países, se está replanteando volver a otras posturas natalistas (Putin en Rusia, por ejemplo) o mantenerse en una actitud demográfica suicida. Es posible que en nuestro país se camine hacie una prohibición de la maternidad haciéndola casi imposible y a la vez también a una paradójica prohibición de la no maternidad, algo parecido a la situación que describía Trotsky de la Rusia estalinista, es decir, represión y más represión, hasta que el sujeto se vuelva completamente loco recibiendo señales y adoctrinamientos contradictorios a nivel económico, ético y laboral.

No sabemos qué camino se tomará en nuestro país u en otros, según los designios de “los de arriba”. Lo que sí que sabemos es que las mujeres y los hombres a nivel mundial, de toda edad, color de piel u orientación sexual, no tenemos por qué ser títeres en manos de otros, tenemos que tomar nuestras propias decisiones, que coincidirán o no con lo que el poder espera de nosotros. Al menos lo habremos elegido con toda la información disponible, con libertad y responsabilidad.

Desde aquí todo mi ánimo, apoyo y energías positivas a todas las personas (la gran parte mujeres pero también hay hombres con esta enfermedad) que están atravesando el duro trance del cáncer de mama y sus tratamientos. Seguro que entre todos conseguimos que se reduzca esta enfermedad en la generación de nuestras hijas y nietas.

Espero haber tratado el tema con el respeto y la sensibilidad necesarias. Desde luego lo he intentado y si no ha sido así, agradeceré cualquier tipo de crítica o comentario, ya sea desde el punto de vista ideológico o científico. ¡Qué este año sea un año repleto de amor y lucha!

Nota: espero sacar tiempo para investigar en un próximo artículo los factores ambientales del cáncer de mama.

Actualización 20/02/2015: En 2009 murieron 8 mujeres durante el parto y 2 en el puerperio. El cáncer de mama mata a unas 6.000 mujeres cada año.

Otros artículos que voy encontrando en la misma línea: