La crianza a distancia

“Es entre los cero y los tres años cuando todo se gesta, por lo que los profesionales de las guarderías deberían estar muy bien formados y muy bien pagados. Pero existe un paradigma muy presente desde hace casi cien años, e inventado por los anglosajones, el de la crianza a distancia.” Evânia Reichert en Mente Sana.

Foto tomada de la web madrid.org

No me extiendo demasiado esta vez, ya lo desarrollé aquí. No son “los anglosajones” en general los que crearon lo que denomina “crianza a distancia”. Esas personas tienen nombres y apellidos y se llaman el pediatra Luther Emmett Holt y el conductista John B. Watson, los dos pagados con dinero de la familia Rockefeller (banca, petróleo, etc…) para divulgar estas ideas que venían demasiado bien para los negocios y la sociedad-granja que se estaba forjando.

Pero también me gustaría matizar que los tres primeros años son vitales pero no lo son todo. Los bebés no están adaptados para este tipo de crianza fría y solitaria, mecánica e industrial, pero tampoco lo están los niños más mayores, los adolescentes, las mujeres y hombres adultos, los ancianos. El ser humano no está adaptado para vivir en este ambiente y de ahí las llamadas “enfermedades de la civilización“. Se ha reducido la mortalidad natural pero se ha pagado el precio de tener que vivir una vida de animal domado y domesticado. Centrarse solamente en el parto y los primeros tres años y no centrarse en la vida artificial y solitaria que lleva la madre y el padre que cría y, además, trabaja fuera de casa, es volver a manipular el debate ocultando la complejidad del problema al que nos enfrentamos como especie.

El entorno modela nuestra forma de criar. Por ejemplo, los niños reciben límites artificiales, como la prohibición de correr, algo vital para ellos, porque viven en ciudades llenas de coches y peligros de atropellamientos. Esto modela su caracter y muestra su falta de libertad. Y los padres nos vemos forzados a ser colaboradores de ello, aún sabiendo que necesitan espacio para moverse y estar en contacto con la Naturaleza. Pero vivimos en ciudades inhabitables y somos quienes les gritamos: “¡Ten cuidado!” “¡De la manita por la calle!” “¡Párate antes de cruzar para mirar si vienen coches!”

La crianza de una madre y un bebé solos en casa los primeros 4 meses o incluso los tres primeros años de vida también es antinatural (y lo sigue siendo aunque se cambie a la madre por el padre). El cuidado siempre ha estado repartido y había más personas en casa o en los patios de vecinos para que la madre pudiera socializar, hablar con otros adultos, echarse una siesta y demás. Pero, claro, aquí viene el siguiente problema. ¡Nos han robado a los niños y a los adolescentes! Ellos son unos de los principales cuidadores y compañeros de juego naturales cuando la madre no está o está haciendo otra cosa. Los niños porteaban y cuidaban a otros niños más pequeños y se los llevaban a su madre si lloraban o querían teta. Ahora esto es imposible porque los niños mayores están enjaulados y encerrados hasta los 16 años o más. No se permite a los adolescentes que cuiden, tienen que perder el tiempo, encerrados y aburridos, en los colegios e institutos de educación secundaria. Esto también es antinatural y forma parte de todo ese entramado que provoca que nuestra civilización se esté yendo a pique (o quizás es que simplemente la civilización es lo que es y su propia esencia es la autodestrucción sobrepasados ciertos umbrales).

La gente no está donde debería estar, que es el verdadero sentido de la alienación. No está con los suyos, está “a otra cosa”, supuestamente más importante y que no lo es. Tampoco está en el lugar donde mejor está adaptado para vivir, está “en otro sitio”, supuestamente mejor.

Y después, cuando se habla de las necesidades básicas de los bebés se sigue sin hablar de las de los adultos, que también existen y están íntimamente relacionadas con las de los primeros. “No se trata de volver al paleolítico”, dice María Berrozpe, pero lo cierto es que no se puede cambiar una parte sin cambiar el todo, porque las cosas están integradas y relacionadas. Las madres y padres que aplican el método Estivill lo hacen impulsados, no solo de ideologías teóricas, sino de condiciones materiales que las hacen posibles. La ruptura en la transmisión de los saberes en torno a los cuidados junto con la falta de sueño y descanso gracias al trabajo industrial y sus horarios provocan que todo este desaguisado lo pague el más débil y el que no puede defenderse. Es curioso, por eso, que no exista el “método siesta” para los adultos y que no haya vendido millones de libros como sí lo hicieron los de Holt o Estivill. Pero, claro, ese hipotético método no puede existir, porque no se dan las circunstancias materiales en el entorno para que los adultos puedan descansar y reponerse y, por tanto, puedan adaptarse al ritmo del sueño del bebé. Incluso durante el permiso maternal la madre, cuando el bebé se duerme, no se echa con él, tiene que hacer todo lo que no puede hacer cuando está el bebé despierto, y el cansancio se acumula. Los adultos que trabajan fuera de casa no están tampoco adaptados para pasar ocho horas frente a una pantalla de ordenador, ni para estar tantas horas sentados, ni para realizar una única tarea de forma mecánica.

Todos estos cambios sociales que nos alejaron del campo y de una vida más adaptada a nuestra biología, en contacto con la belleza de la Naturaleza, con la necesaria libertad para madurar como personas sanas, la capacidad para construir nuestra autoestima al hacer nosotros mismos las cosas y demás, todo eso se fue al garete por un cúmulo de decisiones políticas a lo largo del tiempo. Antes vino la Ilustración y su idea de progreso que, ahora resulta, que es profundamente contaminante y ecocida. Después, ya en el siglo XX, la dictadura de Primo de Rivera y, más tarde, la II República y su visión de la gente del campo como de personas atrasadas que había que culturizar y domar, alfabetizar y enseñar a hacer cómo se tenían que hacer las cosas. Después vino el golpe de Estado de Franco y la Guerra Civil (recordemos que el avión que trajo a Franco, el Dragon Rapide, sale de Londres con dinero de Juan March y en su intermediación hubo agentes del MI6) y, para terminar, el Plan de Estabilización de 1959, redactado por tecnócratas del Opus Dei  y con la aprobación de diversos organismos internacionales. En cuanto a la financiación de este último proyecto, “se contaría con la financiación del FMI, la OCEC, el gobierno de los EEUU (en total 175 millones de dólares) y los créditos de la banca privada norteamericana como reserva”.

Si miras tu árbol genealógico verás que, cuanto más alto te remontas, el mundo rural está ahí por todas las ramas de tu linaje. Venimos del pueblo y hemos terminado en la ciudad, con familias fragmentadas por toda la geografía urbana e incluso del mundo, con niños y adolescentes encerrados por obligación en edificios durante horas, con adultos agotados con trabajos no adaptados al ser humano sino a la máquina, y sin haber convivido con un bebé real hasta su primer hijo.

Las llamadas de sirena de los nuevos sectores industriales, sus salarios y la modernidad hicieron que nuestros abuelos aceptaran dejar atrás el campo para meterse en pisos horribles y pequeños de los extrarradios de Madrid, Barcelona y otras ciudades. Ahora, cada vez que veo uno de esos gigantescos bloques de pisos, de diez u once plantas, en los que yo misma me crié, pienso que en cada uno de ellos cabe todo un pueblo en vertical. Progresamos, sí, del campo a la granja humana, de nuevo el eterno gran debate entre la libertad y la seguridad.

*Se podría mencionar también al médico neozelandés Truby King pero este simplemente copia y repite lo dicho por Holt. Ver pg. 9 (31 del libro) de este pdf: “Truby King in Australia”

Relacionado:

Las migraciones internas durante el franquismo y sus efectos sociales: el caso de Barcelona, por Francisco Andrés Burbano Trimiño, pg. 24 (“no fue tanto la modernización del campo lo que propició la emigración, sino la emigración la que propicio su modernización. Un salario sensiblemente más elevado en el sector industrial unido a unos salarios de miseria en el campo, y a un paro encubierto muy extendido, llevó a grandes masas de población a abandonar el sector agrícola”).
– Artículo de William Engdahl en el que se habla de la Revolución Verde

 

Actualización a 11/07/2017:

Además de todo lo dicho en el post, he encontrado de nuevo un enunciado parecido, esta vez por parte de Carlos González que habla de “cultura occidental” en la revista Madresfera de mayo de 2017 (pg. 39): “Pero la cultura occidental del siglo XX consiguió cambiar totalmente la lactancia y casi destruirla, a base de poner reglas y horarios, situarla bajo el control de los médicos, y romper la cadena de transmisión de conocimientos prácticos entre madre e hija”. ¿Por qué en lugar de hablar de “cultura occidental no le pone nombre y apellidos a esas medidas biopolíticas que tienen un origen de transmisión jerárquico muy claro, una vez que nos damos cuenta de que Luther Emmett Holt, el “pediatra Rockefeller” fue presidente en dos ocasiones de la Asociación de Pediatría de EEUU. Pero, claro, Luther Emmett Holt no es la “cultura occidental” en su totalidad.

Tampoco fue “la cultura occidental” la que rompió la cadena de transmisión de conocimientos prácticos entre madres e hijas, fue la nueva cultura del trabajo asalariado impuesta por los capitalistas y la industrialización. Pero, claro, el capitalismo y la industrialización no son la “cultura occidental” en su totalidad.
Ver artículos:

Cuando la dictadura consideró conveniente revisar el patriarcado legal…

Hoy toca un poco de historia del patriarcado legal en este país, de cuando el propio franquismo eliminó la autorización marital/parental de las mujeres y la obediencia al marido que el mismo sistema había impuesto décadas antes. En realidad más que décadas podríamos hablar de diferentes etapas y regímenes políticos establecidos desde la época del Código Civil de 1889 hasta 1975, pasando por esa pequeña y brevísima etapa de igualdad legal en plena Guerra Civil que promulgó García Oliver como Ministro de la que ya hablé en este otro post. Incluso podríamos hacer una parada en el camino para analizar la Ley de 1961, que tuvo un ardiente debate detrás dentro de las cortes franquistas entre los partidarios de suavizar o dar por supuesto la autoridad marital si el marido no manifestaba lo contrario (Sección Femenina) y los partidarios de mantenerla de forma expresa.

Del Boe del 5 de mayo de 1975, un día como hoy, copio y pego un texto firmado por Francisco Franco y el falangista Presidente de las Cortes Españolas de ese momento, Alejandro Rodríguez Valcárcel y Nebreda:

http://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-1975-9245

“I. Una de las corrientes de opinión fuertemente sentidas en nuestros días en el ámbito del derecho privado, reflejo de autenticas necesidades de carácter apremiante, es la que incide sobre la situación jurídica de la mujer casada. Sufre ésta señaladas limitaciones en su capacidad de obrar que, si en otros tiempos pudieron tener alguna explicación, en la actualidad la han perdido. Por lo demás, las normas en que tales limitaciones se contienen no pasan de tener una efectividad predominantemente formal, creadora de trabas en la vida jurídica, sin la contrapartida de una seria protección de los intereses de orden familiar.
Las profundas transformaciones que ha experimentado la sociedad hacen aconsejable y conveniente una revisión del derecho de familia. Tal propósito, sin embargo, sólo debe acometerse de manera prudente, tras un atento y detenido estudio de las posibles soluciones, un análisis de la realidad y de las necesidades verdaderamente sentidas, con la guía también de los elementos que puede aportar el derecho comparado y sin desconocer en ningún caso las exigencias éticas que de modo muy particular inciden sobre este sector del derecho.
Hay, sin duda, algunos puntos en los cuales la dificultad de la reforma es menor y su regulación puede contribuir de manera señalada a una más justa estructuración de la situación jurídica de los cónyuges. Sobre todo importa reconocer a la mujer un ámbito de libertad y de capacidad de obrar en el orden jurídico que es consustancial con la dignidad misma de la persona, proclamada en las Leyes Fundamentales. Tales puntos son los relativos a la nacionalidad, a la actuación en orden jurídico y a la posible modificación posnupcial del régimen de bienes del matrimonio.
(…)
III. La reforma del régimen jurídico de la capacidad de obrar de la mujer casada ha exigido una reordenación de los artículos cincuenta y siete a sesenta y cinco, así como el retoque de una serie de preceptos diversos del Código, en los que éste imponía la necesidad de la licencia marital para los actos y contratos de la mujer.

Los artículos cincuenta y siete y cincuenta y ocho, que conciernen a las relaciones personales entre los cónyuges, de difícil sanción jurídica, precisamente por sus acusados presupuestos éticos y sociales, ha sido preciso conformarlos de acuerdo con la general finalidad perseguida de equiparar en lo posible a los cónyuges y en armonía con lo establecido respecto de los actos y relaciones de alcance patrimonial. En el artículo cincuenta y siete resulta suprimida la fórmula discriminatoria de la protección como atributo del marido y la obediencia como obligación de la mujer, para decir en términos de absoluta reciprocidad que marido y mujer deben protegerse mutuamente, añadiendo que habrán de actuar siempre en interés de la familia, con lo que ésta, como institución más general que engloba al matrimonio y le dota de un sentido trascendente y transindividual, recibe el refrendo legislativo que se echaba en falta en la anterior ordenación.”

Algunos de los artículos modificados:
«Art. 57.
El marido y la mujer se deben respeto y protección recíprocos, y actuarán siempre en interés de la familia.»
«Art. 62.
El matrimonio no restringe la capacidad de obrar de ninguno de los cónyuges.
El casado menor de edad necesitará para comparecer en juicio, según los casos, el consentimiento de las personas mencionados en los artículos 80 y 81.»
«Art. 63.
Ninguno de los cónyuges puede atribuirse la representación del otro sin que le hubiera sido conferida voluntariamente.»

«Art. 66.
Cualquiera de los cónyuges podrá realizar los actos relativos a cosas o servicios para atender las necesidades ordinarias de la familia, encomendadas a su cuidado, conforme al uso del lugar y las circunstancias y posición de Ia misma.»
Y otros en los que todavía se mantiene el patriarcado legal:
«Art. 59.
El marido es el administrador de los bienes de la sociedad conyugal, salvo estipulación en contrario.»

La “Sección Femenina Connection”

Como complemento a esta información, veamos más de cerca a las promotoras de estos cambios:

Dice Belén Landáburu, senadora por designación real durante la dictadura, Consejera nacional en representación de las estructuras básicas (Familia), secretaria segunda del Consejo Nacional del Movimiento:

María Telo, Concha Sierra, Carmen Salinas y yo fuimos las mujeres que planteamos e impulsamos reformas dentro del régimen. De alguna manera, fuimos las pioneras y, además, en un ambiente bastante hostil. Estuvimos trabajando desde 1972 en la Comisión General de Codificación hasta 1977, es decir, hasta la llegada de la democracia. Esa comisión produjo los proyectos de ley necesarios para que se modificara la posición de la mujer y, por lo tanto, la igualdad de la mujer”, dice Landáburu en el documental, abogada y la única mujer que formó parte de la ponencia de la Ley para la Reforma Política de 1977″.

Dos mujeres que tenían altos cargos en la Sección Femenina (Belén Landáburu y Carmen Salinas) junto a María Telo y Concepción Sierra. Dice Mercedes Alonso de Diego en la revista Arte Historia:
http://www.artehistoria.com/v2/contextos/12998.htm 

“La participación de Belén Landáburu, Procuradora en Cortes por Burgos por el tercio familiar y miembro de la AEMJ, fue definitiva en su planteamiento de una serie de aspectos jurídicos, a los que contestó el Ministerio de Justicia, con el consiguiente ruego de envío a la CGC, donde tras su estudio legal fue aprobado el anteproyecto y tramitado a las Cortes. Por su parte, las procuradoras Pilar Primo de Rivera y Mónica Plaza plantearon el tema más desde la realidad social que desde una perspectiva estrictamente jurídica. 
 El 20 de julio de 1972 Belén Landáburu expuso en nombre de la Comisión de Justicia los fundamentos del Dictamen sobre la proposición de ley de modificación de los artículos 320 y 321 del CC y la derogación del número 3 del artículo 1.880y de los artículos 1.901 a 1.909, inclusive de la LEC. El Dictamen fue aprobado por unanimidad de la Cámara. 
 A partir de 1972 la Sección Femenina llevó al iniciativa en los trabajos previos a la reforma del CC en lo que respectaba al Derecho de Familia, reforma que no debía “abarcar no sólo una faceta del Derecho de familia, sino la totalidad del mismo, basada en un sentido de justicia y equidad que se aplique en los derechos de ambos cónyuges”, según se recogió en un acta. 
 Los trabajos encaminados a la reforma del CC, dieron lugar a la constitución de una Sección Especial de la que formaron parte cuatro vocales femeninos. El 17 de enero de 1973 se celebró, con la asistencia del ministro de Justicia, Antonio Mª. de Oriol y Urquijo, la primera sesión de la Sección Especial, creada para “estudiar las incidencias que los cambios sociales puedan haber producido en el Derecho de familia y la formulación en su caso de la correspondiente propuesta”. 
 Estas cuatro mujeres juristas fueron la conocida María Telo; Carmen Salinas Alfonso, Asesora jurídica de la Sección Femenina; Concepción Serra Ordóñez, de importante trayectoria profesional, especializada en derecho de familia y causas de separación matrimonial; y Belén Landáburu, perteneciente a la Sección Femenina y protagonista de la reforma del CC del año 1972.”

Un ejemplo más de que las políticas relativas a la relación entre los hombres y las mujeres y la capacidad de autonomía de estas se desarrollan desde el Estado según interese al poder en cada momento.

La mujer del pueblo domesticada

En este video de eldiario.es sobre “micromachismos” lo que me parece más preocupante es ver a una mujer apocada, sin energía vital, incapaz de defenderse por sí misma o simplemente incapaz de expresar sus deseos, ideas y convicciones de una manera normal, incapaz de decir “esta boca es mía” en el trabajo o con un marido pasota (situación en la que muchas veces es al revés, son nuestras parejas masculinas las que más hacen en casa y nosotras las que hacemos menos…) o de decirle a un chico que quiere ligar que no está interesada (he vivido el acoso de babosos y el chico de ese video no creo que pueda catalogarse como tal. ¿Cualquier intento de ligue es micromachismo?).

En resumen, en este video veo al fruto de la domesticación de la mujer tras años de adoctrinamiento y sumisión desde el nacimiento, desde los consejos de expertos e instituciones de poder. Han conseguido extender el modelo de mujer reprimida de las clases altas a la mujer del pueblo, que nunca fue así y además tenía redes de apoyo de mujeres y hombres para defenderse. Apuesto a que una mujer como esta que se describe aquí reaccionaría en todas estas situaciones de una forma bastante diferente:
 
“De esta suerte proceden las mas de las Amas: criadas con entera libertad entre la plebe, sin instrucción, sin principios morales, sin decoro, sin urbanidad, no conocen más razón que los caprichos de su alvedrío”. http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/nodrizas-y-autonomia-personal.html

Sobre cómo el Estado impuso la autorización marital en ciertas profesiones. No fue una petición popular de los maridos ni de los padres: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/he-encontrado-en-el-libro-criadas.html 

Y este sobre cuando existían decretos-leyes en España contra las mujeres que decían obscenidades a los viandantes. ¡Oh, cielos! ¡Mujeres del pueblo diciendo burradas por la calle a los hombres y quizás también a otras mujeres!:
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/las-lavanderas.html
  
Ahora me gustaría incluir esta carta de Federico García Lorca a “las muchachas” (las nodrizas de su casa). ¿Alguien se imagina a Dolores, la Colorina, reaccionando como la mujer de este video en estas situaciones frente a los hombres? Si tenían que tragar con injusticias, era por las diferencias de clase, unas servían y otros y otras eran servidos:
 
“Aquí están, Anilla la Juanera y Dolores, la Colorina
Sobre todo mi Dolores, por lo buenísima que es
Vino a amamantar a mi hermano Paco y se quedó,
Habla mucho, se ríe mucho, cuenta historias sin parar
Como si hubiese vivido treinta vidas.
Es analfabeta porque nadie ha sabido enseñarle
A leer, mi madre lo intentó sin resultado,
Pero sabe más que todos nosotros.
En lo que se refiere al sexo, tiene una moral natural
Sin hipocresías, ni severidades.
Ella me ha enseñado a vivir…también Víctor Hugo, Galdós, Verlaine,
Juan Ramón Jiménez, Machado y sobre todo Rubén Darío.
Ellas, las criadas “muchachas” traen a los niños ricos, canciones
Romances y cuentos.
El niño tiene la marca
De la mujer pobre, que le da al mismo tiempo
En su cándida leche silvestre, la médula del país”.

El empoderamiento como biopolítica

Tomado de la transcripción del video de la presentación de Jorgen Randers de su informe: “2052, A Global Forecast for the Next Forty Years”:

Jorgen Randers: “Finalmente, ¿qué podría hacer el Club de roma? Y el Club de Roma es por supuesto una de esas raras entidades que opera en un nivel supranacional y que debería continar su tradicional plantear preguntas impopulares y promover soluciones impopulares. Estos son algunos de los pocos señores que pueden decir que hay límites al mercado, eh, a las democracias de libre mercado. En el caso de 2052 hay básicamente cuatro valores por los que luchar, que necesitan ser empujados. Primero de todo la educación y el empoderamiento de las mujeres. Esta es una de las formas de hacer que el ratio de crecimiento de población baje”.

“Huelga de úteros”, una respuesta al artículo de Beatriz Preciado.

Así comienza el artículo de la profesora de universidad Beatriz Preciado publicado en Público:

http://blogs.publico.es/numeros-rojos/2014/01/29/huelga-de-uteros/

Encerrados en la ficción individualista neoliberal, vivimos con la ingenua sensación de que nuestro cuerpo nos pertenece, de que es nuestra propiedad más íntima. Sin embargo, la gestión de la mayor parte de nuestros órganos está a cargo de diferentes instancias gubernamentales o económicas. De todos los órganos del cuerpo, el útero ha sido sin duda aquel que históricamente ha sido objeto de una mayor expropiación política y económica. Cavidad potencialmente gestacional, el útero no es un órgano privado, sino un espacio biopolítico de excepción, al que no se aplican las normas que regulan el resto de nuestras cavidades anatómicas. Como espacio de excepción, el útero se parece más al campo de refugiados o a la prisión, que al hígado o al pulmón”.

La autora tiene razón al denunciar que desde diferentes instancias se dirije la biopolítica que afecta a nuestros cuerpos (el de hombres y mujeres, añado yo) pero no es que el Estado-Capital le interese la posesión de nuestro cuerpo, como en el mundo esclavista, sino que lo que le interesa es controlar la dirección hacia dónde se dirije la energía vital de los cuerpos. Hay momentos históricos en los que el Estado necesita niños, futuros trabajadores o soldados y, otros momentos en los que prefiere que las mujeres concentren su esa energía centrándose en su trabajo asalariado, pariendo productos y servicios, cuidando y amamantando a la empresa, al ejército y a las diversas administraciones. En otros momentos se necesitan ambas cosas a la vez, lo que produce una serie de contradicciones internas dentro del sistema que se tratan de resolver a base de incentivos y “ayudas” para redirigir las conductas.

El cuerpo humano, no solamente el femenino, es disputado por diversos intereses religiosos, políticos, médicos y farmaceúticos. El feminismo universitario y de Estado, como ideología adoctrinadora al servicio del poder, también debería estar en esa lista porque no solo no ha “descolonizado” el útero sino que ha apoyado las biopolíticas antinatalistas, considerando que la libertad reproductiva siempre se reduce a no ser madre, cuando la libertad debería existir tanto para ser madre como para no serlo. Por eso, si hasta aquí estaba más o menos de acuerdo con la autora, aquí nos separamos.

En el caso de los úteros se equivoca Preciado al llamarlos “laboratorio del Estado-Nación de cuya gestión depende la pureza de la etnia nacional”. No hay interés alguno del poder político en defender la pureza étnica o de sangre de los hijos que gestan nuestros úteros. No van por ahí los tiros y, si no, que aporte datos. Es más, el Estado-Capital necesita el mínimo de niños posible para mantener la máquina productiva pero le da igual su color, raza o religión, tal y como ellos mismos explican en sus foros y reuniones.  

El feminismo, por otro lado, no solo no ha expulsado al poder de las elites de nuestros úteros sino que ha sumado fuerzas con ellos y se ha convertido (y se ha dejado convertir) en un apéndice vital y estructural del poder mismo. Yo sí voy a aportar pruebas y ejemplos para defender esta idea. Desde 1974 (si seguimos las cuentas de Beatriz Preciado), salvo algunas honrosas excepciones como Silvia Federici:

– El feminismo institucional promovido por la ONU y UNFPA ha implantado las ideas adoctrinadoras del empoderamiento económico dentro del capitalismo y ha promovido la reducción del número de hijos por mujer siguiendo las directrices de Kissinger y el Club de Roma.

– El feminismo en lugar de autofinanciarse y autogestionarse ha aceptado y buscado financiación de fundaciones capitalistas como la Fundación Ford y Rockefeller y de diversas instituciones estatales (museos de arte moderno, universidades, institutos de la mujer…).

– El feminismo ha promovido la idea de que la salud reproductiva femenina debería ser entendida como “no reproducción”, es decir, la reproducción como enfermedad y la no reproducción como “salud”. De esta forma ha limitado el problema de los derechos reproductivos al derecho a no tener hijos. Por otra parte, la realidad científica muestra precísamente que tener hijos (sobre todo cuando se es joven) y amamantarlos es muy sano para el cuerpo femenino: la nuliparidad, el retraso de la maternidad y el no amamantamiento aumentan el riesgo de cáncer de mama, ovario y endometrio, así como aumentan y emperoran otras complicaciones del aparato reproductivo femenino. La libertad de elección se basa en el acceso a la información.

 A continuación, la autora realiza un resumen del Anteproyecto para la nueva ley del aborto: dos supuestos de aborto legal, riesgo para la salud física o psíquica de la madre de 22 semanas o violación (12 semanas). El riesgo deberá ser acreditado por un médico y un psiquiatra independientes. Es decir, la única diferencia con la ley anterior a la ley Aído que estuvo en vigor desde 1985 a 2010 con gobiernos tanto del PSOE como del PP es que suma un “acreditador” médico más al proceso del aborto. Si antes era un psiquiatra el que firmaba el riesgo para la madre, ahora se necesitarán dos firmas, es decir, el doble de infantilización, de dinero y de complicación. Pero más allá de eso, no hay más diferencias. Si eres capaz de conseguir una firma, conseguirás dos. ¿Por qué toda esa indignación no salió durante todos esos 15 años? Es más, la ley Aido era bastante más restrictiva en cuanto a fechas que la de Gallardón, sin embargo esta intromisión del estado no parece importarle demasiado a la autora. Y aquí es donde está la clave del asunto, en el politiqueo, en el peor sentido de la palabra, que arrastra este asunto. El proceso de la nueva ley tiene mucho de performance (que Beatriz Preciado conoce bien) maquiavelismo y trilerismo.

Efectivamente el útero femenino es uno de los bienes más preciados de la biopolítica pero lo ha sido tanto con el PP como con el PSOE y no precisamente para forzar a las mujeres a tener hijos. La tasa de natalidad no ha parado de caer y el número de abortos no ha parado de crecer desde los 16.206 en 1986 a los 112.390 de 2012. Y esos datos son manejados desde el poder, se conocen y si se han producido no ha sido precisamente por azar. Un aborto es una historia personal concreta. 100.000 abortos al año son otra cosa, son un fenómeno sociológico que habría que analizar, ya que se trata de algo que se produce de forma masiva, una situación totalmente nueva y de gran complejidad. Por otro lado, la única razón por la que el útero es relevante en esta historia es porque es el nicho, el hogar del feto humano. No existen polémicas bioéticas ni leyes que regulen si una mujer puede o no realizarse un aumento de pecho o una histerectomía. La única razón por la que estamos hablando de esto es porque el verdadero protagonista biopolítico es el feto humano. La investigación biotecnológica lleva años intentando crear úteros artificiales y quizás dentro de un tiempo este debate no tendrá ni quiera sentido.

Desde los datos objetivos lo único que podemos decir es que es una ley que infantiliza a la mujer frente a los médicos y el Estado, es hipócrita y encarece algo más el proceso de abortar. Pero más allá de eso hecha la ley, hecha la trampa. No va a cambiar absolutamente nada y las mujeres van a seguir abortando legalmente como lo han hecho hasta ahora y como lo hicieron durante los anteriores mandatos del Partido Popular.

Beatriz Preciado prefiere no entrar en el terreno de analizar las causas de que en pleno siglo XXI el número de abortos no deje de aumentar, duplicándose su número en tan solo 10 años, por ejemplo. No se da cuenta que en realidad el tema va más allá de que haya una ley u otra, si al final la mayor parte de los abortos se producen antes de la semana 12 y su número ni va a aumentar ni se va a reducir porque lo decida la “asamblea de majaras” si se mantienen las mismas circunstancias culturales, ideológicas y materiales existentes en la actualidad. Tener un hijo en este sistema es algo cada vez más problemático. No en vano merece la pena recordar como hace tan solo unos 200 años en el mundo rural muchas mujeres tenían hijos sin estar casadas ni tener pareja estable y sin sufrir ningún tipo de estigma social ni penalización económica. Tampoco tenían que elegir entre ser madres o mujeres “trabajadoras” y disfrutaban de fuertes vínculos familiares y sociales que les permitían disfrutar de esa libertad sexual y de la seguridad y del apoyo social cooperativo que necesita la crianza en el género humano. Como contrapartida vivían en un mundo con una alta mortalidad infantil. Sobre este tema es muy recomendable la lectura del libro de Asunción Diez titulado “La familia campesina del occidente Asturiano”.

Pero volvamos al texto que nos ocupa. El artículo de Beatriz Preciado entra de lleno en el terreno fantástico al lanzar estrambóticas explicaciones sobre la iniciativa de Rajoy pero, si se parte de falsedades e invenciones, dificilmente se puede llegar a ninguna verdad. No es que, como yo opino, el PP haya montado toda esta historia para distraer y crear crispación social con un tema que sabe que remueve (que todo cambie para que todo siga igual, divide y vencerás, etcétera…), lo que ocurre, según la autora, es que quiere fabricar “soberanía nacional” y “mantener las viejas fronteras del Estado-Nación en descomposición”. ¡Toma ya!

Ante esto simplemente comentaré que las fronteras del Estado Español ni siquiera se marcan aquí sino que dependen directamente de lo que desde la OTAN se decida. Exáctamente igual que con la legislación sobre el aborto. Somos un país de la órbita estadounidense al nivel militar y tenemos la biopolítica que de ese hecho se deriva. Por eso tenemos un escudo antimisiles en Rota y por eso en caso de un conflicto bélico contra otra potencia no alineada seríamos objetivo militar. Por otro lado, un grupo armado que luche por la secesión es considerado por las élites de poder grupo terrorista en algunos lugares o es financiado y apoyado en otros. Si la OTAN decide que España debe cambiar sus fronteras así sucederá, no lo hará por otro motivo, como Yugoslavia y Kosovo nos han enseñado. ¿Es tan ingenua la autora como para creer que el PP pretende enfrentarse a EEUU y ponerse bajo otra órbita de poder más proclive a la restricción del aborto? ¿A quién queremos engañar? Parece mentira que una becaria Fulbright (institución famosa por sus vinculaciones imperialistas) como Preciado no haya caído en esto.

Analizar el tema de la nueva ley del aborto desde una óptica nacionalista o de fronteras, en mi opinión, no tiene ninguna base ni existe correlación alguna entre un tipo de legislación y la secesión de determinadas comunidades autónomas, más allá de la alineación imperialista en la que se encuentre ese nuevo estado-nación independizado. ¿Qué tendrá que ver el tocino con la velocidad? ¿Si se prohibe el aborto no se separará Cataluña? ¿Nacerán menos independentistas? ¿Los niños que nazcan serán más españolistas? ¿Acaso los independentistas no pueden ser también anti-legalización? ¿No sería el útero propiedad del Estado Catalán independiente?

El gobierno del PP no quiere ocupar el cuerpo femenino porque defienda la hegemonía masculina sino porque defiende la hegemonía de los poderosos, hombres y mujeres, frente al pueblo.

“Sólo existes como Madre. Abre las piernas, sé tierra de inseminación, reproduce España”.

 El PP no tiene ninguna intención de que las españolas se reproduzcan ni que sean inseminadas. Si lo tuviera implantaría legislaciones como la francesa que promocionan el aumento del ratio de hijos por mujer manteniendo el sistema de opresión capitalista a base premios, dinero, cuidados mercenarios y “estado de bienestar”, que es el lenguaje que entiende el sujeto adoctrinado del siglo XXI (por cierto, en Francia tienen una fertilidad de 2 hijos por mujer a la vez que mantienen una cifra de 220.000 abortos anuales). Aquí parece que las elites han preferido emplear el dinero en otros menesteres… Si según Preciado para el PP solamente existimos como “Madre”, ¿cómo se explica que mantenga medidas-premio como la de los 100 euros mensuales para las madres trabajadoras y no exista absolutamente ninguna ayuda para las que optan por dedicarse solamente a la crianza o tomarse una excedencia? ¿Esas medidas en la órbita de Womenomics (Goldman Sachs) no son una intervención en nuestros úteros y nuestros cuerpos?

Para terminar le diré a Beatriz Preciado que a pesar de que no ha sido porque ella lo proclamara desde su modesta tribuna, las mujeres que viven en España hace muchos años que están en “huelga de úteros”. Hay zonas de España en las que casi ni se llega al hijo por mujer. Y esa “huelga de úteros” viene directamente promovida por la situación cultural, material, ideológica y existencial en el que se encuentran muchas personas que en las estadísticas dicen que les gustaría tener 2 hijos y no pueden porque el sistema se lo impide de muy diversas maneras, sobre todo desde el ámbito de las ideas y de lo convivencial.

No gestar también es una acción biopolítica, es decir, inducida por el poder. Y no denunciarlo es ser cómplice de ello, porque deberíamos tener libertad para no ser madres y para serlo. Así que declino tu invitación a hacer huelga de úteros. No permito que ni mi útero ni mi cerebro ni todo mi ser sean dirigidos por terceros.

El texto de Preciado es tan demagógico como el de Gallardón, aunque uno sea periodístico y el otro legislativo. Los dos huyen de afrontar las cuestiones fundamentales que afectan a la represión de la sexualidad, la maternidad y la paternidad en el mundo postindustrial, los dos están al servicio de la biopolítica y contra el pueblo. Los dos son la cara y la cruz de esta sociedad neovictoriana y reprimida en la que vivimos. Este texto es todo un ejercicio de sumisión al poder presentado como un supuesto acto subversivo a un nivel tal de delirio que hasta el acto de comer mierda (coprofagia) es presentado como el sumun de la rebeldía sexual.

 Mi postura frente al aborto es clara y se parece a la de Federica Montseny, ya que no es una liberación para la mujer y es una decisión muy dura de tomar. Soy adversa a su práctica pero creo que en algunos casos no queda otra opción y tiene que ser legal para evitar más muertes y mutilaciones. Desde la legalidad es, como decía Trotsky, desde donde un sistema o sociedad más justa (sustituyendo la palabra socialismo que él usaba por justa) debería eliminar las causas que llevan a las mujeres a abortar de forma masiva, algo que hoy en día ni los anti-legalización ni los que se quedan en la mera legalización parecen interesados en hacer.

Nun’s plight (la difícil situación de las monjas)

Roger Short

Hoy presento un video que plantea la relación problemática entre castidad maternal y cáncer en el que también participa el biólogo y experto en reproducción humana Roger Short. Este tema está más desarrollado en mi artículo sobre los riesgos de no ser una madre joven, y también de forma muy sucinta en “¿Menstruar mola? ¿Menstruar es un atraso? Una respuesta corta posible”. Lo que me ha llamado la atención de este video es la solución que propone: como las monjas no quieren ni pueden tener hijos deberían tomar la píldora como “medicamento” protector contra el cáncer. Se olvida el video de que esto es cierto en cuanto al cáncer de ovario y endometrio, pero en el caso del cáncer de mama, incluso hay estudios que dicen que aumenta el riesgo. En realidad hablamos de “protección” pero lo que deberíamos decir es que menstruar en exceso aumenta las papeletas de sufrir estas enfermedades, ya que nuestro cuerpo no está diseñado para tener tantísimos ciclos menstruales y tener un único hijo muchísimos años después de la primera regla (por ejemplo, mi primera regla fue a los 14 años y he tenido un hijo a los 31). Y esto también está relacionado con la menarquía, que se ha adelantado en los países industrializados y todavía se están investigando las causas: factores nutricionales, aumento temprano del índice de masa corporal que activa la menstruación en la pubertad o factores ambientales como los fitoestrógenos.

¿Estamos ante una nueva campaña de promoción de los anticonceptivos hormonales? Lo cierto es que el problema es real y muy poco conocido por las mujeres, que piensan que menstruar y ovular indefinidamente o tener un hijo de forma muy tardía es una opción más sin consecuencias para la salud. Nos queda mucho por reflexionar todavía sobre estos asuntos que plantean grandes cuestiones personales, existenciales, filosóficas, demográficas y biopolíticas.

http://www.abc.net.au/catalyst/stories/3494001.htm?site=melbourne

El artículo científico publicado en The Lancet por Roger Short y Kara Britt, “La díficil situación de las monjas: los peligros de la nuliparidad” se puede consultar aquí (consulta gratuita si te das de alta como usuario de la revista). 

Peter Scott

En esta entrevista, Roger Short también dice cosas interesantes. Por un lado cuenta que tuvo 4 hijos con su primera mujer, 4 accidentes, según él, porque en esa época no existía la píldora anticonceptiva. Y después habla de un momento que le cambió la vida, un encuentro con Peter Scott, fundador de WWF (World Wildlife Fund), que le dijo (minuto 18.50): “¿Sabes? Cuando creamos el WWF su objetivo era salvar especies en peligro de extinción. Ahora estoy al final de mi carrera y fallamos completamente. No hemos salvado ni una sola especie en extinción. Y si pusiéramos todo el dinero que hemos recolectado en condones habríamos hecho algún bien“. Y Roger Short recuerda haber pensado: “¡Vaya pensamiento! ¡Tiene razón! ¿Qué hago aquí malgastando mi tiempo en una Escuela de Veterinaria cuando tendría que estar liderando un grupo de investigación en reproducción humana y ver si podemos conseguir crear anticonceptivos que funcionen y sean accesibles para todo el mundo porque el crecimiento de la población mundial es el problema trascendental de nuestro tiempo“. Los fundadores de WWF están vinculados al elitista Club Bilderberg y a escándalos como el del Proyecto Lock. Aquí son famosos por haber tenido al Rey, famoso amante de los animales, como presidente de honor durante años y por ser los impulsores de “La hora del planeta”, una acción revolucionaria y subversiva en extremo que puede cambiar sin duda el rumbo de la civilización: apagar la luz durante una hora determinada el último sábado de cada marzo.

Logo diseñado por Scott

En 1976 Short afirmó lo siguiente: “las mujeres puede que estén fisiológicamente mal adaptadas a pasar gran parte de sus vidas reproductivas teniendo una sucesión interminable de ciclos menstruales”. Y en 1984 dijo: “Un número excesivo de ciclos menstruales es un desorden iatrogénico de las comunidades que practican alguna forma de anticoncepción”. Estas dos afirmaciones me parecen claves, sin embargo, ¿por qué alaba tanto la “iatrogénica” píldora anticonceptiva entonces? ¿Porque quizás volver al patrón de fertilidad natural, dando por hecho que muchas personas quisieran, aumentaría el problema de la supuesta sobrepoblación mundial al no existir una elevada mortalidad infantil que lo compense? ¿Porque los otros métodos anticonceptivos no suprimen ni la ovulación ni la menstruación? Hoy afirma, como en el minuto 11.30 del siguiente video, que las mujeres necesitan “libertad de la tiranía de fertilidad no voluntaria” y que la píldora anticonceptiva debería ser suministrada, voluntariamente, claro, a través de los organismos internacionales. ¡Dice que habría que convencerles! ¿Pero no estaban ya convencidos? ¿Y eso no es iatrogénico?

Bueno, y al final va a resultar que las mujeres de los paises menos industrializados que tienen hijos son las culpables del cambio climático y las que tienen que tomar la píldora. ¡Han hecho hasta una camiseta que pone “Para el cambio climático, toma la píldora” (ver minuto 6.35). No, claro, la industria, el estado, la banca no tienen nada que ver. Un niño de un poblado de Mali con fertilidad natural no llega a contaminar en toda su vida lo que cualquier profesor de Oxford contamina en una hora.

 
Population Growth in Tomorrow’s World from Alfred Zerfas on Vimeo.

Y si partimos de que es cierta la sobrepoblación mundial actual… ¿Una de las causas no será la casi desaparición de la lactancia materna a nivel global y su impacto en la fertilidad de la mujer? ¿Es esta una de las razones principales por las que las organizaciones mundiales se interesan tanto por la lactancia? ¿No deberíamos aprender del pasado, en el que no había sobrepoblacion, en lugar de solucionarlo con hormonas sintéticas que también tienen sus riesgos y son invasivas con el cuerpo de la mujer? Por supuesto, reflexionar sobre estas cuestiones no tendría que ser tarea de científicos, tecnócratas, aristócratas, ong’s imperialistas o los organismos internacionales controlados por el poder sino de la gente común que debe tener toda la información para decidir sobre su vida sin presiones. En resumen, buen análisis de la cuestión evolutiva, pero pobres soluciones: ideológicas, clasistas, machistas y sobre todo estatalistas.  

Leon Trotsky y la ilegalización del aborto

A través de un artículo de David Segarra en facebook (también lo reproduce el Grupo Tortuga en su web)llegué, vía google, a otro en castellano de la revista “El Militante” donde leí una frase sorprendente de Trotsky. Supongo que me llamó la atención porque vivimos en un contexto de desinformación, fanatismo y falta de cultura histórica, sobre todo dentro del mundillo de la izquierda, el mundo progre o incluso el anarquista o anarcosindicalista, donde se supone que deberíamos haber leído ciertos libros. Después de este mea culpa en el cual me incluyo voy a tratar de instruirme un poco y, de paso, poner en común la información a la que accedo para que así aprendamos juntos. Lo que leí en el artículo de Cindy Jacquith fue esto (la negrita es mía):

“A tal maternidad impuesta por el estado se opuso inflexiblemente el exiliado líder bolchevique León Trotsky, quien, desde mediados de la decada de 1920, había librado una batalla política para continuar el curso de Lenin. Condenando a un juez superior soviético que buscaba racionalizar la negación del derecho de la mujer a elegir el aborto con el argumento de que “Necesitamos gente”, Trotsky respondió:

Millones de trabajadoras podrían responderle: “Haced vosotros mismos a vuestros hijos”. Estos señores han olvidado evidentemente que el socialismo debería eliminar las causas que empujan a la mujer al aborto, en vez de hacer intervenir indignamente a la policía en la vida íntima de la mujer para imponerle “las alegrías de la maternidad”. (Ver la sección “La familia, la juventud y la cultura” en La Revolución Traicionada de Trotsky, publicada por la editorial Pathfinder.)”

 Hay varios puntos interesantes a remarcar:

– el aborto fue en la URSS legal con Lenin, ilegal con Stalin y de nuevo legal con Jrushchov. Ahora Putin de nuevo está restringiendo la legalidad del aborto y fomentando políticas natalistas.

–  León Trotsky supo ver que la postura de Stalin y de los estalinistas era principalmente demográfica y los componentes éticos, políticos o ideológicos eran simples adornos doctrinales para “vender” la maternidad y fomentar la natalidad. De hecho, el estalinismo dificilmente puede ser catalogado como “pro-vida”. Ni es religioso ni es de extrema derecha ni es antiabortista por razones morales o porque hubiera empatía con los fetos humanos u otros argumentos del campo de la bioética. Los argumentos del poder contra el aborto eran pronatalistas: “Necesitamos gente”.

– León Trotsky también supo ver que el socialismo o cualquier ideología para buscar la justicia social tenía que eliminar las causas que empujaban a las mujeres a abortar. Por ejemplo, se me ocurre que esas causas podían ser materiales, como la pobreza, la falta de recursos o de apoyo en la crianza y también la prohibición o dificultad de acceso a los métodos anticonceptivos y la falta de conocimientos sobre la fertilidad humana. Desde luego, la solución a estas cuestiones se enfrentará de forma diferente, antes y ahora, si se cree que el Estado es el encargado de solucionar estas carencias, o si simplemente es suficiente con que el Estado no intervenga de ningún modo, o si se cree que es la gente, las personas del pueblo en relaciones de reciprocidad y horizontalidad las que tienen que auto-capacitarse para gestionar su vida y ayudarse unas a otras en estas materias.

Todo esto me hace reflexionar, ya que, si es posible que el Estado imponga en determinados momentos históricos la natalidad (con aborto ilegal, premios maternalistas y prohibición de anticonceptivos), también es posible que en otros momentos la prohiba o, al menos, la haga muy complicada. En este sentido es muy importante intentar ser objetivo y diferenciar las palabras y los politiqueos de las realidades y los hechos, porque un partido político puede decir una cosa en los mítines y discursos del Parlamento pero después permitir o impulsar otra desde la calle. ¿Es posible desde el punto de vista biopolítico que el Estado tenga políticas natalistas y antinatalistas a la vez? Quizás alguien que lea este blog nos pueda ayudar a desentrañar este asunto.

En cualquier caso, lo que es denunciable es que el Estado y los poderosos, según sus propios intereses, prohiban o promuevan una cosa u otra. ¿No deberíamos tomar nuestras propias decisiones informadas en lugar de tener que seguir las consignas del poder, sean cuales sean? ¿O preferimos seguir siendo peleles manejados según el dictador o político de turno o los intereses del capitalismo o el sistema en cada momento histórico? Quizás esas decisiones informadas y meditadas nos lleven a las mismas conclusiones que las de los demógrafos al servicio del poder, o quizás no. Somos nosotros los que tenemos que descubrirlo y reflexionarlo desde un punto de vista global. Desde luego, no tiene sentido limitar un debate tan compejo a un asunto de izquierdas-derechas o ni siquiera documentarse historicamente al hablar de él, por pensar que la sociedad del siglo XXI es completamente diferente a la del siglo XX.

El libro “La revolución traicionada” se puede leer en internet, yo lo encontré aquí: http://www.nodo50.org/espacioandaluz/formacion/revrusa/revoluciontraicionada.pdf

Copio y pego un fragmento largo del capítulo “La familia, la juventud y la cultura”. Al copiar y pegar he perdido el formato del texto y hay algunos puntos y a parte que se han convertido en puntos y seguido. Espero poder solucionarlo en breve.

TERMIDOR EN EL HOGAR

 La Revolución de Octubre cumplió honradamente su palabra en lo que respecta a la mujer. El nuevo régimen no se contentó con darle los mismos derechos jurídicos y políticos que al hombre, sino que hizo -lo que es mucho más- todo lo que podía, y en todo caso, infinitamente más que cualquier otro régimen para darle realmente acceso a todos los dominios culturales y económicos, Pero ni el “todopoderoso” parlamento británico, ni la más poderosa revolución pueden hacer de la mujer un ser idéntico al hombre, o hablando más claramente, repartir por igual entre ella y su compañero las cargas del embarazo, del parto, de la lactancia y de la educación de los hijos. La revolución trató heroicamente de destruir el antiguo “hogar familiar” corrompido, institución arcaica, rutinaria, asfixiante, que condena a la mujer de la clase trabajadora a los trabajos forzados desde la infancia hasta su muerte. La familia, considerada como una pequeña empresa cerrada, debía ser sustituida, según la intención de los revolucionarios, por un sistema acabado de servicio s sociales: maternidades, casas cuna, jardines de infancia, restaurantes, lavanderías, dispensarios, hospitales, sanatorios, organizaciones deportivas, cines, teatros, etc. La absorción completa de las funciones económicas de la familia por la sociedad socialista, al unir a toda una generación por la solidaridad y la asistencia mutua, debía proporcionar a la mujer, y en consecuencia, a la pareja, una verdadera emancipación del yugo secular. Mientras que esta obra no se haya cumplido, cuarenta millones de familias soviéticas continuarán siendo, en su gran mayoría, víctimas de las costumbres medievales de la servidumbre y de la histeria de la mujer, de las humillaciones cotidianas del niño, de las supersticiones de una y otro. A este respecto, no podemos permitirnos ninguna ilusión. Justamente por eso, las modificaciones sucesivas del estatuto de la familia en la URSS caracterizan perfectamente la verdadera naturaleza de la sociedad soviética y la evolución de sus capas dirigentes.

No fue posible tomar por asalto la antigua familia, y no por falta de buena voluntad; tampoco porque la familia estuviera firmemente asentada en los corazones. Por el contrario, después de un corto periodo de desconfianza hacia el Estado y sus casas cuna, sus jardines de infancia y sus diversos estab lecimientos, las obreras, y después de ellas, las campesinas más avanzadas, apreciaron las inmensas ventajas de la educación colectiva y de la socialización de la eco nomía familiar. Por desgracia, la sociedad fue demasiado pobre y demasiado poco civilizada. Los recursos reales del Estado no correspondían a los planes y a las intenciones del partido comunista. La familia no puede ser abolida: hay que reemplazarla.

 La emancipación verdadera de la mujer es imposible en el terreno de la “miseria socializada”. La experiencia reveló bien pronto esta dura verdad, formulada hacía cerca de 80 años por Marx. 

 Durante los años de hambre, los obreros se alimenta ron tanto como pudieron -con sus familias en ciertos casos- en los refectorios de la s fábricas o en establecimientos análogos, y este hecho fue interpretado oficialment e como el advenimiento de las costumbres socialistas. No hay necesidad de detener nos aquí en las particularidades de los diversos periodos -comunismo de guerra, NEP, el primer plan quinquenal- a este respecto. El hecho es que desde la supresión del ra cionamiento del pan, en 1935, los obreros mejor pagados comenzaron a volver a la mesa familiar. Sería erróneo ver en esta retirada una condena del sistema socialista qu e no se había puesto a prueba. Sin embargo, los obreros y sus mujeres juzgaban implaca blemente “la alimentación social” organizada por la burocracia. La misma conc lusión se impone en lo que respecta a las lavanderías socializadas en las que se roba y se estropea la ropa más de lo que se lava. ¡Regreso al hogar! Pero la cocina y el lavado a domicilio, actualmente alabados con cierta confusión por los oradores y lo s periodistas soviéticos, significan el retorno de las mujeres a las cacerolas y a los l avaderos, es decir, a la vieja esclavitud. Es muy dudoso que la resolución de la I nternacional Comunista sobre “la victoria completa y sin retroceso del socialismo en la URSS” sea, después de esto, muy convincente para las amas de casa de los arraba les. 

 La familia rural, ligada no solamente a la economía doméstica, sino además a la agricultura, es infinitamente más conservadora que la familia urbana. Por regla general, sólo las comunas agrícolas poco numerosas establecieron, en un principia, la alimentación colectiva y las casas cuna. Se afirmab a que la colectivización debía producir una transformación radical en la familia: ¿no se estaba en vías de expropiar, junto con sus vacas, los pollos del campesino? En t odo caso, no faltaron comunicados sobre la marcha triunfal de la alimentación social en los campos. Pero cuando comenzó el retroceso, la realidad disipó enseguida las brumas del bluff. Generalmente el koljós no proporciona al campesino más que el tr igo que necesita y el forraje de sus bestias. La carne, los productos lácteos y las legu mbres provienen casi enteramente de la propiedad individual de los miembros de los kolj oses. Desde el momento en que los alimentos más importantes son fruto del trabajo fam iliar, no puede hablarse de alimentación colectiva. Así es que las parcelas peq ueñas, al dar una nueva base al hogar, abruman a la mujer bao un doble fardo.

El número de plazas existentes en las casas cuna en 1932 era de 600.000, y había cerca de cuatro millones de plazas temporales para la época del trabajo en el campo. En 1935 había cerca de 5.600.000 lechos en las casa s cuna, pero las plazas permanentes eran, como antes, mucho menos numerosas . Por lo demás, las casas cuna existentes, aun las de Moscú, Leningrado y los gran des centros, están muy lejos de satisfacer las exigencias más modestas. “Las casas cuna en las que los niños se sienten peor que en su hogar, no son más que malos asilos”, dice un gran periódico soviético. 

Después de esto, es natural que los obreros bien pa gados se abstengan de enviar allí a sus hijos. Para la masa de trabajadores, estos “mal os asilos” son aún poco numerosos.

Recientemente, el Ejecutivo ha decidido que los niñ os abandonados y los huérfanos serían confiados a particulares; el Estado burocrát ico reconoce así, por boca de su órgano más autorizado, su incapacidad para desempeñ ar una de las funciones sociales más importantes. El número de niños recibidos en lo s jardines ha pasado en cinco años, de 1930 a 1935, de 370.000 a 1.181.000. La ci fra de 1930 asombra por su insignificancia. Pero la de 1935 es ínfima en relac ión a las necesidades de las familias soviéticas. Un estudio más profundo haría ver que l a mayor, y en todo caso, la mejor parte de los jardines de infancia está reservada a las familias de los funcionarios, de los técnicos, de los estajanovistas, etc. 

No hace mucho tiempo el Ejecutivo ha tenido que adm itir, igualmente, que “la decisión de poner un término a la situación de los niños abandonados e insuficientemente vigilados se ha aplicado débilmen te”. ¿Qué oculta ese suave lenguaje? Sólo sabemos ocasionalmente por las obser vaciones publicadas en los periódicos con minúsculos caracteres, que más de un millar de niños viven en Moscú, aun en su mismo hogar, “en condiciones extremadamen te penosas”; que en los orfanatos de la capital existen 1.500 adolescentes que no saben qué hacer y que están destinados al arroyo; que en dos meses del otoño (1 935) en Moscú y Leningrado, “7.500 padres han sido objeto de persecuciones por haber dejado a sus hijos sin vigilancia”. ¿Qué utilidad tienen estas persecucion es? ¿Cuán tos millares de padres las han evitado? ¿Cuántos niños, colocados en el hogar en las condiciones más penosas” no han sido registrados por la estadística? ¿En qué difieren las condiciones “más” penosas de las simplemente penosas? Estas preguntas quedan sin respuesta. La infancia abandonada, visible o disimulada, constitu ye una plaga que alcanza enormes proporciones a consecuencia de la gran crisis socia l, durante la cual la desintegración de la familia es mucho más rápida que la formación de las nuevas instituciones que la pueden reemplazar.

Las mismas observaciones ocasionales de los periódi cos, junto con la crónica judicial, informan al lector que la prostitución, última degr adación de la mujer en provecho del hombre capaz de pagar, existe en la URSS. El otoño último, Izvestia publicó repentinamente que “cerca de mil mujeres que se ent regaban en las calles de Moscú al comercio secreto de su carne, acaban de ser detenid as”. Entre ellas: ciento setenta y siete obreras, noventa y dos empleadas, cinco estud iantes, etc. ¿Qué las arrojó a la calle? La insuficiencia de salario, la pobreza, la necesidad de “procurarse un suplemento para comprar zapatos, un traje”. En vano hemos tratado de conocer, aunque fuese aproximadamente, las proporciones de e ste mal social. La púdica burocracia soviética impone el silencio a la estadí stica. Pero ese silencio obligado basta para comprobar que la “clase” de prostitutas soviéticas es numerosa. No puede tratarse aquí de una supervivencia del pasado, pues to que las prostitutas se reclutan entre las mujeres jóvenes. Nadie pensará en reproch arle personalmente al régimen soviético esta plaga tan vieja como la civilización . Pero es imperdonable hablar del triunfo del socialismo mientras subsista la prostit ución. Los periódicos afirman, en la medida en que les está permitido tocar este delicad o punto, que la prostitución decrece; es posible que esto sea cierto en comparac ión con los años de hambre y, de desorganización (1931-33). Pero el regreso a las re laciones fundadas sobre el dinero provoca inevitablemente un nuevo aumento de la pros titución y de la infancia abandonada. En donde hay privilegios también hay parias.

El gran número de niños abandonados es, indiscutibl emente, la prueba más trágica y más infalible de la penosa situación de la madre. A un la optimista Pravda se ve obligada a publicar amargas confesiones a este resp ecto: “El nacimiento de un hijo es para muchas mujeres una seria amenaza”. Justamente por eso, el poder revolucionario ha dado a la mujer el derecho al aborto, uno de sus derechos cívicos, políticos y culturales esenciales mientras duren la miseria y l a opresión familiar, digan lo que digan los eunucos y las solteronas de uno y otro se xo. Pero este triste derecho es transformado por la desigualdad social en un privil egio. Los fragmentarios informes que proporciona la prensa soviética sobre la prácti ca de los abortos son asombrosos: “Ciento noventa y cinco mujeres mutiladas por las c omadronas; treinta y tres obreras, veintiocho empleadas, sesenta y cinco campesinas de koljoses, cincuenta y ocho amas de casa, se hallan en un hospital de una aldea del Ural”. Esta región sólo difiere de las otras en que los datos que le conciernen han sido p ublicados. ¿Cuántas mujeres al año son mutiladas en toda la URSS por los abortos mal hechos? 

Después de haber demostrado su incapacidad para proporcionar los socorros médicos necesarios y las instalaciones higiénicas para las mujeres obligadas a recurrir al aborto, el Estado cambia bruscamente y se lanza a l a vía de las prohibiciones. Y, como en otros casos, la burocracia hace de la neces idad virtud. Uno de los miembros de la Corte Suprema soviética, Soltz, especializado en problemas del matrimonio, justifica la próxima prohibición del aborto diciend o que, como la sociedad socialista carece de desocupación, etc., etc., la mujer no pue de tener el derecho de rechazar “las alegrías de la maternidad”. Filosofía de cura que d ispone, además, del puño del gendarme. Acabamos de leer en el órgano central del partido que el nacimiento de un hijo es, para muchas mujeres -y sería justo decir q ue para la mayor parte-, “una amenaza”. Acabamos de oír que una alta autoridad at estigua que “la liquidación de la infancia abandonada y descuidada se realiza débilme nte”, lo que significa, ciertamente, un aumento de la infancia abandonada; y ahora, un alto magistrado nos anuncia que en el país donde “es dulce vivir” los a bortos deben ser castigados con la prisión, exactamente como en los países capitalista s en los que es triste vivir. Se adivina de antemano que en la URSS, como en Occiden te, serán sobre todo las obreras, las campesinas, las criadas que no pueden ocultar su pecado, las que caerán en manos de los carceleros. En cuanto a “nuestras mujeres”, que piden perfumes de buena calidad y otros artículos de este género, con tinuarán haciendo lo que les plazca, bajo la mirada de una justicia benévola. “Tenemos necesidad de hombres”, añade Soltz cerrando los ojos ante los niños abandonados. Si la burocracia no hubiera puesto en sus labios el sello del silencio, millones de tr abajadoras podrían responderle: “Haced vosotros mismos a vuestros hijos”. Evidentem ente estos señores han olvidado que el socialismo debería eliminar las causas que empujan a la mujer al aborto, en vez de hacer intervenir indignamente al policía en la vida íntima de la mujer para imponerle “las alegrías de la maternidad”.

El proyecto de ley sobre el aborto fue sometido a u na discusión pública. El filtro de la prensa soviética tuvo que dejar pasar, a pesar de todo, numerosas quejas y protestas ahogadas. La discusión cesó tan bruscamente como había comenzado. El 27 de junio de 1936, el Ejecutivo hizo de un proyecto infame, una ley tres veces infame. Hasta algunos de los apologistas oficiales de la burocracia se incomodaron. Louis Fisher escribió que la nueva ley era, en suma, una deplorable equivocación. En realidad, esta ley, dirigida contra la mujer pero que establece para las damas un régimen de excepción, es uno de los frutos legítimos de la reacción termidoriana.

La rehabilitación solemne de la familia que se llev ó a cabo -coincidencia providencial- al mismo tiempo que la del rublo, ha sido una consecuencia de la insuficiencia material y cultural del Estado. En lu gar de decir: aún somos demasiado indigentes y demasiado incultos para establecer rel aciones socialistas entre los hombres: nuestros hijos lo harán, los jefes del régimen recogen los trastos rotos de la familia e imponen, bajo la amenaza de los peores ri gores, el dogma de la familia, fundamento sagrado del “socialismo triunfante”. Se mide con pena la profundidad de este retroceso.

La nueva legislación arrastra todo y a todos, al literato como al legislador, al juez y a la milicia, al periódico y a la enseñanza. Cuando u n joven comunista, honrado y cándido, se permite escribir a su periódico: “Haría s mejor en abordar la solución de este problema: ¿,Corno puede la mujer evadirse de l as tenazas de la familia?”, recibe un par de desaires y calla. El alfabeto del comunis mo es considerado como una exageración de la izquierda. Los prejuicios duros y estúpidos de las clases medias incultas, renacen entre nosotros con el nombre de m oral nueva. ¿Y qué sucede en la vida cotidiana de los rincones perdidos del inmenso país? La prensa sólo refleja en proporción ínfima la profundidad de la reacción ter midoriana en el dominio de la familia.

 Como la noble pasión de los predicadores crece en intensidad al mismo tiempo que aumentan los vicios, el noveno mandamiento ha alcan zado gran popularidad entre las capas dirigentes. Los moralistas soviéticos no tien en más que renovar ligeramente la fraseología. Se inicia una campana en contra de los divorcios, demasiado fáciles y demasiado frecuentes. El pensamiento creador del le gislador anuncia ya una medida “socialista”, que consiste en cobrar el registro de l divorcio y en aumentar la tarifa en caso de repetición. De manera que no nos equivocamo s al afirmar que la familia renace, al mismo tiempo que se consolida nuevamente el papel educador del rublo.

 Hay que esperar que la tarifa no será un obstáculo para las clases dirigentes. Las personas que disponen de buenos apartamentos, de co ches y de otros elementos de bienestar, arreglan siempre sus asuntos privados sin publicidad superflua. La prostitución sólo tiene un sello infamante y penoso en los bajos fondos de la sociedad soviética; en la cumbre de esta sociedad, en donde el poder se une a la comodidad, reviste la forma elegante de menudos servicios recí procos y aun el aspecto de la “familia socialista”. Sosnovski ya nos ha dado a co nocer la importancia del factor “autoharén” en la degeneración de los dirigentes. Los “Amigos” líricos y académicos de la URSS tienen ojos para no ver. La legislación del matrimonio instituida por la Revolución de Octu bre, que en su tiempo fue objeto de legítimo orgullo para ella, se ha transformado y desfigurado por amplios empréstitos tomados del tesoro legislativo de los p aíses burgueses. Y, como si se tratara de unir la burla a la traición, los mismos argumentos que antes sirvieron para defender la libertad incondicional del divorcio y d el aborto -“la emancipación de la mujer”, “la defensa de los derechos de la personali dad”, “la protección de la maternidad”-, se repiten actualmente para limitar o prohibir uno y otro.

 El retroceso reviste formas de una hipocresía desal entadora, y ya mucho más lejos de lo que exige la dura necesidad económica. A las raz ones objetivas de regreso a las normas burguesas, tales como el pago de pensiones a limenticias al hijo, se agrega el interés social de los medios dirigentes en enraizar el derecho burgués. El motivo más imperioso del culto actual de la familia es, sin du da alguna, la necesidad que tiene la burocracia de una jerarquía estable de las relacion es sociales, y de una juventud disciplinada por cuarenta millones de hogares que s irven de apoyo a la autoridad y el poder.

Cuando se esperaba confiar al Estado la educación d e las jóvenes generaciones, el poder, lejos de preocuparse por sostener la autorid ad de los mayores, del padre y de la madre especialmente, trató, por el contrario, de se parar a los hijos de la familia para inmunizarlos contra las viejas costumbres. Todavía recientemente, durante el primer periodo quinquenal, la escuela y las Juventudes Com unistas solicitaban ampliamente la ayuda de los niños para desenmascarar al padre e brio o a la madre creyente, para avergonzarlos, para tratar de “reeducarlos”. Otra c osa es el éxito alcanzado… De todas maneras, este método minaba las bases mismas de la autoridad familiar. En este dominio, se realizó una transformación radical que no estuvo desprovista de importancia. El quinto mandamiento se ha vuelto a p oner en vigor al mismo tiempo que el noveno, sin invocación de la autoridad divin a por el momento, es cierto; pero la escuela francesa tampoco emplea este atributo, lo c ual no le impide inculcar la rutina y el conservadurismo.

 El respeto a la autoridad de los mayores ya ha prov ocado, por lo demás, un cambio de política hacia la religión. La negación de Dios, de sus milagros y de sus ayudantes, era el elemento de división más grave que el poder revo lucionario hacía intervenir entre padres e hijos. Sobrepasando el progreso de la cult ura, de la propaganda seria y de la educación científica, la lucha contra la iglesia, d irigida por hombres de tipo Yaroslavski, degeneraba frecuentemente en bufonadas y vejaciones. El asalto a los cielos ha cesado como el asalto a la familia. Cuida dosa de su buena reputación, la burocracia ha pedido a los jóvenes ateos que depong an las armas y se dediquen a leer. Esto no es más que un comienzo. Un régimen de neutr alidad irónico se establece poco a poco respecto a la religión. Primera etapa. No se ría difícil predecir la segunda y la tercera, si el curso de los acontecimientos no depe ndiera más que de las autoridades establecidas.

La hipocresía de las opiniones dominantes eleva, si empre y en todas partes, al cubo o al cuadrado, los antagonismos sociales; ésta es, po co más o menos, la ley del desarrollo de las ideas traducida a lenguaje matemá tico. El socialismo, si merece este nombre, significa relaciones desinteresadas entre l os hombres, una amistad sin envidia ni intriga, el amor sin cálculos envilecedores. La doctrina oficial declara que estas normas ideales ya se han realizado, con tanta más a utoridad cuanto más enérgicas son las protestas de la realidad en contra de semejante s afirmaciones. El nuevo programa de las juventudes comunistas soviéticas, adoptado e n abril de 1936, dice: “Una nueva familia, de cuyo florecimiento se encarga el Estado soviético, se ha creado sobre el terreno de la igualdad real del hombre y de la muje r”. Un comentario oficial añade: “Nuestra juventud sólo busca al compañero o a la co mpañera por el amor. El matrimonio burgués de intereses no existe en nuestr a nueva generación” (Pravda, 4 de abril de 1936). Esto es bastante cierto cuando se t rata de obreros y obreras jóvenes. Pero el matrimonio por interés está muy poco extend ido entre los obreros de los países capitalistas. Sucede todo lo contrario en las capas medias y superiores de la sociedad soviética. Los nuevos grupos sociales se subordinan automáticamente al dominio de las relaciones personales. Los vicios engendrados p or el poder y por el dinero alrededor de las relaciones sexuales, florecen en l a burocracia soviética como si ésta tuviera el propósito de alcanzar a la burguesía de Occidente.

En contradicción absoluta con la afirmación de Prav da que acabamos de citar, “el matrimonio soviético por interés” ha resucitado, la prensa soviética conviene en ello, sea por exceso de franqueza, sea por necesidad. La profesión, el salario, el empleo, el número de galones en la manga, adquieren un signifi cado creciente, pues los problemas de calzado, de pieles, de alojamiento, de baños y -sueño supremo- de coche, se unen a él. La simple lucha por una habita ción une y desune en Moscú a no pocas parejas por año. El problema de los padres ha alcanzado una importancia excepcional. Es conveniente tener como suegro a un oficial o a un comunista influyente; y como suegra, a la hermana de un gran personaje. ¿Quién se asombrará? ¿Puede ser de otro modo? 

 La desunión y la destrucción de las familias soviét icas en las que el marido, miembro del partido, miembro activo del sindicato, oficial o administrador, se ha desarrollado y ha adquirido nuevos gustos, mientras que la mujer, oprimida por la familia, ha permanecido en su antiguo nivel, forma uno de los c apítulos más dramáticos del libro de la sociedad soviética. El camino de dos generaci ones de la burocracia soviética está señalado por las tragedias de las mujeres atrasadas y abandonadas. El mismo hecho se observa actualmente en la joven generación. Se enco ntrará, sin duda, más grosería y crueldad en las esferas superiores de la burocracia , en las que los advenedizos poco cultivados, que creen que se les debe todo, forman un porcentaje elevado. Los archivos y las memorias revelarán un día verdaderos crímenes, cometidos contra las antiguas esposas y las mujeres en general por los p redicadores de la moral familiar y de las “alegrías” obligatorias de la “maternidad”, inviolables ante la justicia. 

 No, la mujer soviética aún no es libre. La igualdad completa representa también muchas más ventajas para las mujeres de las capas s uperiores, que viven del trabajo burocrático, técnico, pedagógico, intelectual en ge neral, que para las obreras y, especialmente, que para las campesinas. Mientras qu e la sociedad no esté capacitada para asumir las cargas materiales de la familia, la madre no puede desempeñar con éxito una función social, si no dispone de una escl ava blanca, nodriza, cocinera, etc. 

De los cuarenta millones de familias que forman la población de la URSS, el 5%, puede ser el 10%, fundan directa o indirectamente s u bienestar sobre el trabajo de esclavas domésticas. El número exacto de criadas en la URSS sería tan útil para apreciar, desde un punto de vista socialista, la si tuación de la mujer, como toda la legislación soviética, por progresista que ésta sea . Pero justamente por eso, la estadística oculta a las criadas en la rúbrica de o breras o “varios”. 

La condición de la madre de familia, comunista resp etada que tiene una sirvienta, un teléfono para hacer sus pedidos a los almacenes, un coche para transportarse, etc., es poco similar a la de la obrera que recorre las tien das, hace las comidas, lleva a sus hijos del jardín de infancia a la casa -cuando hay para ella un jardín de infancia-. Ninguna etiqueta socialista puede ocultar este cont raste social, no menos grande que el que distingue en todo país de Occidente a la dam a burguesa de la mujer proletaria.

La verdadera familia socialista, liberada por la sociedad de las pesadas y humillantes cargas cotidianas, no tendrá necesidad de ninguna r eglamentación, y la simple idea de las leyes sobre el divorcio y el aborto no le parec erá mejor que el recuerdo de las zonas de tolerancia o de los sacrificios humanos. L a legislación de Octubre había dado un paso atrevido hacia ella. El estado atrasado del país, desde los puntos de vista económico y cultural, ha provocado una cruel reacci ón. La legislación termidoriana retrocede hacia los modelos burgueses, no sin cubri r su retirada con frases engañosas sobre la santidad de la “nueva” familia. La inconsi stencia socialista se disimula aquí también bajo una respetabilidad hipócrita.

A los observadores sinceros les llama la atención, sobre todo en lo que se refiere a los niños, la contradicción entre los principios elevad os y la triste realidad. Un hecho como el de recurrir a extremados rigores penales co ntra los niños abandonados, puede sugerir que el pensamiento de la legislación social ista en favor de la mujer y del niño no es más que una hipocresía. Los observadores del género opuesto se sienten seducidos por la amplitud y la generosidad del proy ecto, que ha tomado forma de leyes y de órganos administrativos; ante las madres , las prostitutas y los niños abandonados a la miseria, estos optimistas se dicen que el aumento de las riquezas materiales dará, poco a poco, sangre y carne a las leyes socialistas. No es fácil decir cuál de estas dos maneras de pensar es más falsa y perjudicial. Hay que estar atacado de ceguera histórica para no ver la envergadura y l a audacia del proyecto social, la importancia de las primeras fases de su realización , y las vastas posibilidades abiertas. 

Pero tampoco es posible dejar de indignarse por el optimismo pasivo y, en realidad, indiferente, de los que cierran los ojos ante el au mento de las contradicciones sociales, y se consuelan por medio de las perspectivas de un porvenir cuyas llaves se proponen respetuosamente dejar a la burocracia. ¡Como si la Igualdad del hombre y de la mujer no se hubiera transformado, a los ojos de la burocracia, en la igualdad de la carencia de todo derecho! ¡Como si estuviera escrito que la burocracia no puede establecer un nuevo yugo, en vez de aportar libertad! La historia nos enseña muchas cosas sobre la esclav ización de la mujer por el hombre, sobre la de ambos por el explotador, y sobre los es fuerzos de los trabajadores que, tratando de sacudir el yugo al precio de su sangre, en realidad no logran más que cambiar de cadenas. La historia, en definitiva, nos dice otra cosa. Pero nos faltan ejemplos positivos sobre la manera de liberar efectivamente al niño, a la mujer y al hombre. Toda la experiencia del pasado es negativa, e inspira desconfianza a los trabajadores hacia los tutores privilegiados e incontrolados.