Equilibrio

El ser humano, para vivir con salud, tiene que tener un equilibrio entre su sistema de “lucha o huida”, el del combate, el del stress, el de enfrentar el problema o salir corriendo cuando es imposible luchar, y el sistema de “calma y contacto”, el del placer, el contacto humano, de la relajación, ya sea a través de la danza, el masaje, la sexualidad, contemplar un amanecer en plena Naturaleza…

El combate durante las 24 horas del día lleva a la enfermedad y la autodestrucción. La búsqueda del placer constante también termina siendo algo enfermizo, porque se evita confrontar los problemas y las injusticias a través de la evasión.

No creo que la vida tenga que ser un perpetuo combate porque eso equivaldría a morir al primer golpe y un luchador tiene que estar fuerte y sano para vencer. Normalmente, en el mundo del activismo, la salud de muchas personas se resiente de tanto pelear en batallas parciales… Por otro lado, en el mundo de la evasión se encuentra a muchas personas que prefieren vivir en una burbuja a enfrentar los problemas de nuestro tiempo para no sufrir. Creo que es necesario intentar equilibrar ambas tendencias aunque reconozco que es bastante complicado. Equilibrar la lucha y la calma, las tendencias de separación y de unión.

Una lectura recomendable sobre estos temas: Kerstin Uvnäs Moberg “Oxitocina. La hormona de la calma, el amor y la sanación”

ACTUALIZO: Veo necesario añadir algunas aportaciones sobre la idea de “equilibrio” que me han parecido relevantes de la bioquímica Natalia López Moratalla (min 9.10 de este video. Es una pena que el irrespetuoso entrevistador no deje de interrumpirla): “un ser vivo tiene que estar constantemente creando asimetrías”, “el equilibrio es la muerte, equilibrarse, serenarse, es morirse”, “la vida tiene que estar continuamente sacando energía de ese intercambio con el medio”, “todos nos intercambiamos con el medio y eso es lo que nos permite estar alejados del equilibrio”.

Y esta otra cita del psicólogo humanista Carl Rogers, del libro “El camino del ser”: “Descubro cada vez más que estar vivo implica arriesgarse, actuar sin una certeza absoluta, comprometerse con la vida.
Esto produce cambios y, para mí, el proceso de esos cambios es la vida. Me doy cuenta de que si fuera estable, prudente y estático viviría en la muerte. Por consiguiente acepto la confusión, la incertidumbre, el miedo y los altibajos emocionales, porque ése es el precio que estoy dispuesto a pagar por una vida fluida, perpleja y excitante”.