La menstruación biocultural

 La menstruación es un fenómeno fisiológico biocultural, es decir, se ve afectado tanto por nuestras hormonas como por el ambiente, y estos dos aspectos interactúan a su vez entre sí. La cultura influye en la menstruación de diversas maneras y de ningún modo podemos pensar que el patrón de menstruación occidental actual es universal en todo tiempo y lugar. La primero que marca la diferencia es el número de hijos a lo largo de la vida, el número de años que se amamanta y el tiempo que se está en amenorrea/anovulación de la lactancia.

Traducción: Ratios de incidencia de cáncer de pecho y ovario en las regiones del mundo seleccionadas (ratio por 100.000; edad estandarizada)

Una de las manifestaciones de estas diferencias son los niveles de incidencia de cáncer de mama y ovario en las diferentes partes del mundo. Las mujeres occidentales tienen unos 450 ciclos menstruales a lo largo de su vida y, en cada ciclo, con cada aumento en la progesterona y el estrógeno, hay divisiones de células en los ovarios, pecho y útero como preparación para un posible embarazo que casi nunca llega a ocurrir. Y cada vez que una célula se divide, aumentan las probabilidades de que se produzca una mutación cancerígena.

Aquí podéis ver las fluctuaciones hormonales del ciclo menstrual comparadas con las del embarazo y la lactancia (que son diferentes entre sí y se ve claramente que la etapa de lactancia materna no es precisamente estar en un estado de “fase ovulatoria” constante, como leí una vez en una conocida web de pedagogía menstrual).

Traducción: “Una representación esquemática de la exposición de progesterona en 9 meses de ciclos menstruales, embarazo y lactancia. La exposición a los estrógenos mostraría unos valores relativos similares. Tomado de aquí.

“Cuerpos antiguos, vidas modernas”

Una de las mujeres que más ha investigado las diferencias menstruales entre las mujeres del mundo ha sido Virginia J. Vitzthum, profesora de Antropología en la Universidad de Indiana e investigadora del Instituto Kingsey. Supe de su existencia en el libro de Wenda Trevathan publicado en 2010 “Ancient bodies, modern lives” (Cuerpos antiguos, vidas modernas) donde en su pg. 43-49 habla de este tema y en el que aparecen los gráficos que podéis ver en este post:

Niveles de progesterona en ciclos de concepción y no concepción en dos poblaciones (Chicago y Bolivia). Copiado de aquí.

Virginia Vitzthum comparó los niveles de progesterona de mujeres embarazadas y no embarazadas en Bolivia y en Chicago. Los niveles eran muchísimo más altos para las mujeres de EEUU pero, además, los niveles de las mujeres del altiplano boliviano eran tan bajos que se hubieran interpretado como de mujeres estériles si hubieran visitado cualquier clínica de fertilidad occidental. Sin embargo, lejos de ser estériles, estas mujeres tenían una media de 4 embarazos y amamantaban uno o dos años. A su vez, la media de duración de sus reglas era de 3,7 días, mientras la duración media aproximada de las mujeres en Europa y EEUU se aproxima a 6 días, en el rango más alto de las poblaciones estudiadas.

La explicación que se aporta en el libro a estos fenómenos es que su dieta y actividad física marcaban la diferencia. La alimentación muy calórica se correlaciona con altos niveles de hormonas. Esto ocurre también en las hembras de grandes simios: cuando la comida es abundante y hay que moverse poco para encontrarla suben los niveles hormonales y hay más embarazos.

Vitzthum plantea que los ovarios responden a las fluctuaciones dependiendo del ambiente ecológico y sus circunstancias. Si los recursos están muy limitados, la progesterona se mantendrá baja y su sistema reproductivo se adaptará a esos niveles bajos, incluso aunque le tome un poco más de tiempo quedarse embarazada. Todo son hipótesis pero, afirma Trevathan, el modelo de respuesta flexible de Virginia Vitzthum podría explicar por qué las mujeres de las sociedades “ricas” experimentan ciclos ováricos interrumpidos o alterados con estrés nutricional a corto plazo mientras que las mujeres de las economías “pobres” experimentan más estrés nutricional a largo plazo y trabajan muy duro a nivel físico pero, sin embargo, no muestran estas interrupciones.

Y aquí viene otro ejemplo alucinante de las vinculaciones estrechas entre biología y cultura. ¡Ojo! Los antropólogos Mhairi Gibson y Ruth Mace estudiaron una población en Etiopía y se dieron cuenta de que los ratios de nacimientos habían aumentado desde la construcción de un nuevo suministro de agua. Antes, las mujeres tenían que caminar kilómetros llevando para transportarla. Después de que se instalara el suministro, su gasto energético disminuyó y comenzaron a tener intervalos más cortos entre nacimientos. Se dice en el libro que esto se ha comprobado en estudios similares en otras poblaciones después de la introducción de la electricidad y el transporte motorizado.

Pero lo más interesante viene ahora: los niveles hormonales que tenemos cada mujer en la vida adulta se gestan durante nuestro desarrollo y reflejan la cantidad de recursos disponibles en el ambiente mientras crecemos. El contexto, la sociedad en la que vivimos, la cultura y el ambiente ecológico dan pistas a nuestro cuerpo para saber lo que le espera, cómo serán las condiciones de vida y cómo debemos adaptar nuestros niveles hormonales a ese ambiente. El cuerpo de una niña que crece en una ciudad occidental del siglo XXI espera que su ambiente sea estable. En este capítulo se aporta el ejemplo de lo que ocurrió durante la hambruna que se produjo en los Países Bajos durante la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial. Las mujeres tenían mayores ratios de infertilidad y aborto espontáneo comparados con los ratios de la misma población antes y después de la hambruna. Yo sin embargo pienso que esto se podría deber también al estrés psicológico del ambiente más que al hambre.

Las poblaciones migrantes también aportan ejemplos de estas relaciones bioculturales en el sistema reproductivo de las mujeres. En un estudio de las antropólogas Alejandra Nuñez de la Mora y Gillian Bentley se comprobó que las emigrantes de Bangladesh que se iban a Reino Unido cuando eran niñas tenían niveles más altos de progesterona y menarquías más tempranas que las que emigraban en la adolescencia o después, o las que se quedaban en Bangladesh.

La fertilidad es un continuum

Todo esto lleva a algunas conclusiones interesantes y es que, según nos cuenta Trevathan, estas adaptaciones al ambiente son sanas, no son parte de ningún desorden o patología (aunque yo añadiría que lo que está enfermo es el sistema en el que vivimos, que crea las llamadas “enfermedades de la civilización”…). Nuestros niveles hormonales no son inmutables y universales en todas las culturas y momentos históricos. Como dice el profesor Peter Ellison, la manera en que funcionan nuestros ovarios es un continuum gradual, no hay niveles “normales” y otros que sean demasiado altos o bajos. Este continuum refleja las circunstancias ecológicas. Hay muchos estados intermedios entre los ciclos totalmente fértiles y la amenorrea completa como son las “insuficiencias” de las fases foliculares y lúteas o los ciclos irregulares. Según la autora, estos estados pueden requerir en algunos casos intervenciones médicas pero en otros ser completamente normales. Esto me recuerda a lo que leí en el libro “Breastfeeding. Biocultural Perspectives”. En uno de sus capítulos se explicaba de esa forma la evolución de la amenorrea de la lactancia materna hacia la vuelta a la fertilidad en los meses o años siguientes al parto. Ese continuum también es válido para explicar la llegada de la fertilidad en las adolescentes. Al principio, después de la llegada de la primera regla, muchos de nuestros ciclos son infértiles y no es hasta varios años después cuando la mayor parte de ellos son fértiles.

El libro “Cuerpos antiguos, vidas modernas” guarda alguna sorpresa más en referencia a este tema. Según Gillian Bentley, dado que las mujeres estamos adaptadas a los niveles específicos de hormonas esteroides a las que estuvimos expuestas durante nuestro desarrollo fetal, las mujeres adaptadas a niveles bajos hormonales tienen más dificultad al metabolizar las hormonas de los anticonceptivos que están diseñadas para las mujeres de los países “ricos”, que tienen niveles endógenos altos. Esta sería, según mi interpretación, una muestra más de etnocentrismo médico, con muchas derivas y consecuencias a nivel biopolítico y sanitario (aumentarían los riesgos en la  salud de las mujeres de los países no occidentales al estar “sobrehormonadas”). Sin embargo, no puedo evitar recordar que muchas de las investigaciones de los anticonceptivos hormonales, empezando por la píldora, fueron probadas con mujeres de países menos industrializados usadas como conejillos de indias.

 Aún hay más. Los altos niveles hormonales no solamente están altos en las mujeres occidentales debido a la dieta y la baja actividad física. Los niveles altos de testosterona en los hombres jóvenes van en paralelo a los altos niveles de cáncer de prostata que podemos ver en los países industrializados. Otra hipótesis a añadir a la nutricional y a la del gasto energético es la de que los niveles altos en los hombres podrían deberse también a la exposición durante el embarazo a los niveles altos de hormonas maternas. Interesante conexión hormonal materno-infantil, ¿verdad?

Me despido recordando que no hay investigación científica neutra e inocente, es muy posible que todos los estudios, financiados por grandes universidades y empresas, vayan siempre enfocados a crear y vendernos nuevos productos médicos anticonceptivos, dado que es una de las formas más fáciles de encontrar una rentabilidad capitalista al conocimiento. Pero no solo se trata de dinero, el conocimiento es poder y el poder es control. La biopolítica actual promovida por los estados y el gran capital (aunque no olvidemos que también por la propia lógica interna militar de toda la organización social) camina hacia el control total sobre la vida en el planeta: plantas, semillas transgénicas, animales, comercio de úteros, fetos, embriones, niños, reproducción artificial, partos violentos e intervenidos, chips que controlan dónde estás en todo momento, cámaras que todo lo ven, voto electrónico, ocio evasivo como distracción, ideologías supuestamente subversivas y transgresoras, zoológicos y granjas humanas… Todo está conectado a través de redes de dominación elitistas en las que nos dejamos atrapar por una extraña mezcla de pereza, comodidad y miedo, haciéndonos coparticipes del sistema en el que vivimos. Recordar esto es importante si no queremos autoengañarnos y caer en simplistas conspiraciones que nos eximan de toda responsabilidad. Seguiremos investigando…

Para profundizar:
Evolutionary Models of Women’s Reproductive Functioning (2008), por Virginia J. Vitzthum
– Sobre disruptores endocrinos, para completar la información de este libro y de los que apenas habla, se puede leer este informe (pg. 22): http://www.unep.org/pdf/EDCs_Summary_for_DMs%20_Jan24.pdf

Relacionado:

– Decisiones informadas: Los riesgos de no ser una madre joven (y no amamantar). http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/01/decisiones-informadas-los-riesgos-de-no.html

– Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural, un artículo de Barbara B. Harrell (1981): http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/06/lactancia-y-menstruacion-en-perspectiva.html

– “La evolución de la reproducción humana” de Roger Short (1976): http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/la-evolucion-de-la-reproduccion-humana.html

– Colonialismo y lactancia: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/07/colonialismo-y-lactancia.html

– Margaret Sanger, la lactancia materna y la ciudad: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/07/margaret-sanger-lactancia-materna-y.html

– Traducción del artículo de la antropóloga Beverly Strassman “La Biología de la Menstruación en el Homo Sapiens”. http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/la-biologia-de-la-menstruacion-en-el_20.html

– La mística de la menstruación: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/08/la-mistica-de-la-menstruacion.html

– La menstruación como ahorro energético: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/09/la-menstruacion-como-ahorro-energetico.html

– Ovular o no ovular, menstruar o no menstruar, esas son las cuestiones: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/07/ovular-o-no-ovular-menstruar-o-no.html

– ¿Menstruar mola? ¿Menstruar es un atraso? Una respuesta corta posible: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/menstruar-mola-menstruar-es-un-atraso.html

– Mujer, paradojas y contradicciones en el mundo actual: Valerie Beral versus Jørgen Randers versus John Bongaarts. http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/07/mujer-paradojas-y-contradicciones-en-el.html

– Nun’s plight (la difícil situación de las monjas): http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/nuns-plight-la-dificil-situacion-de-las.html

– Feminismo y cáncer de mama: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/01/feminismo-y-cancer-de-mama-i.html

– La industria farmaceútica nos salvará de nuevo:
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/09/la-industria-farmaceutica-nos-salvara.html