Las Lavanderas y los Decretos Leyes

Este es el cartón para tapiz de Francisco de Goya, Las Lavanderas, diseñado entre 1779 y 1780 para el antedormitorio de los príncipes de Asturias en el Palacio del Pardo. Las protagonistas de este cuadro son mujeres que trabajaban en el Río Manzanares realizando tareas pagadas fuera de casa, muchas veces acompañadas de sus hijos. De hecho, llegué a este cuadro buscando información sobre la primera guardería madrileña, creada por la reina  María Victoria dal Pozzo (1847-1876), la esposa de Amadeo I de Saboya, para los niños de las lavanderas.

Tomado de la Fundación Goya en Aragón:

“Un grupo de lavanderas hace un descanso en su trabajo mientras se sientan a la orilla del río. La cabeza de un carnero aparece entre las mujeres y una de ellas le agarra del cuerno. Tomlinson ha visto en esta escena connotaciones sexuales muy evidentes, símbolos que Goya pudo haber conocido a través de algunos ejemplares de la biblioteca de su cuñado Francisco y que no pasarían desapercibidos para el espectador coetáneo. La mujer lavandera se consideraba de clase baja, igual que las majas, y su reputación era dudosa, por lo que aquí representaría la lascivia femenina. De hecho, existía un real decreto que impedía a las lavanderas del Manzanares llamar la atención de los transeúntes con sus provocativos gestos. La presencia del carnero haría referencia a los cuernos, que ya entonces implicaban ofensa para los españoles de la época de Goya. Parece que para los espectadores de este cartón no pasarían desapercibidos estos matices”.

En la Wikipedia podemos leer:

“Nuevamente se desarrolla el sentido sexual en los personajes de la serie: en Las lavanderas, una mujer acaricia los cuernos del animal, clarísima connotación fálica. Recuérdese que la pésima reputación de estas trabajadoras había sido un tema recurrente en la literatura del siglo XVIII y que en 1790 un real decreto impidió a las lavanderas del Manzanares dirigirse a los ciudadanos de clase media.”

Dice una de las didácticas de Museos en Femenino:

“En 1790 un Real Decreto, dirigido a las lavanderas del Manzanares, les prohibía gritar y hacer gestos obscenos a los transeúntes. Cabría preguntarse sobre la presencia y conductas masculinas que generaban esa respuesta.”

¿Alguien se imagina que cambiáramos el sexo de los protagonistas de estas frases? Parecería escandaloso que se diera a entender que en realidad los que piropeaban y hacían gestos obscenos lo hacían porque la mujer les provocaba. Sin embargo, al ser las mujeres las que gritaban a los hombres, el autor o autora de estas afirmaciones cree que debe aclarar que la responsabilidad no era de ellas, era de los hombres que “algo habrían hecho”.

Y la Enciclopedia Online del Museo del Prado afirma:

“Debido a su bajo nivel social y al descaro de sus modales, la reputación de las lavanderas en la España de finales del siglo XVIII era más bien dudosa. Un real decreto de 1790 dirigido a las lavanderas del Manzanares les prohibía gritar y hacer gestos obscenos a los transeúntes y congregarse alrededor de los pacíficos ciudadanos de clase media.”

Montserrat Jiménez Sureda, en “La mujer en la esfera laboral a lo largo de la historia” resalta también el hecho de que se trataba de una situación en el que eran las lavanderas las que interpelaban a los hombres:

“Las mismas mujeres que observaban una actitud convenientemente recatada en el círculo familiar podían, convertidas en cigarreras de la real fábrica de tabaco de Sevilla, escotadas a causa del calor, o en las bancas de un lavadero, desfogar su ingenio desmintiendo cualquier papel de mojigata. De hecho, tan descaradas llegaron a mostrarse estas últimas que un decreto fechado en 1790 les prohibió interpelar a los hombres que pasaban por su vera, blanco predilecto de todo tipo de chascarrillos escandalosos”

¿Y cuál es ese famoso Decreto Ley? Lo encontré gracias a una digitalización de Google Books:

“LAVANDERAS. Las que concurren al rio de Manzanares, sus ayudantes y criados se abstengan de proferir juramentos, palabras obscenas é indecentes, y de injuriar de obra ó palabra á las personas que pasan por las márgenes del rio ó por los lavaderos, ni salgan de estos ni sus bancas á gritar y causar rumores ni quimeras, pena á los contraventores de que se les destinará por quince dias á las obras públicas, y si fueren mugeres por igual tiempo á la reclusión de San Fernando. Bando de 29 de Abril de 1790.
LAVANDERAS. Las que concurren al rio Manzanares se matriculen, y se hace responsable á los dueños arrendatarios ó administradores de los Lavaderos de los excesos que se cometieren en ellos, si fueren omisos en dar cuenta, y se manda no permitan que en sus casas y barracas se hospeden gentes ociosas y mal entretenidas. Por auto acordado de los Señores de la Sala Plena de 21 de Mayo de 1790″.

Lo cierto es que las palabras obscenas, según el Decreto, tenían su origen en mujeres (lavanderas) pero también en hombres (habla de criados) y, por otra parte, iban dirigidos hacia “las personas que pasan por los márgenes del río”, es decir, no hay matiz de género en el Decreto referente a los interpelados. Sí lo hay en la pena: 15 días a las obras públicas para los hombres y 15 días de reclusión en San Fernando, en el caso de las mujeres. Lo que sí podría existir también es un matiz de clase: unos y unas trabajan y otros y otras pasean por el río, pero ni siquiera este aspecto queda muy claro, ya que también pasarían por el margen del río trabajadores.

Aún así es digno de resaltar que en 1790 había mujeres de las clases populares que interpelaban a algunos hombres (quizás también a algunas mujeres) con palabras “obscenas e indecentes” sin ningún pudor. Esto es válido también si se interpreta como una pequeña rebeldía cotidiana de clase y también es independiente de si se considera negativo o positivo que alguien interpele a otra persona en estos términos desde un punto de vista ético o convivencial. En cualquiera de los casos no hay ni rastro de la mujer abnegada, apocada y de moral victoriana de las clases altas que vino después (implantado por el poder) y se extendió por todo el orden social hasta llegar a las clases populares que, sin ánimo de victimizar, también se dejaron adoctrinar. Es curioso también que ese mismo poder estatal gustara de tener en su dormitorio un cuadro pícaro de las mismas lavanderas que en el Decreto Ley amenazaba con encarcelar.

Para profundizar en el tema:

– Prado Esteban Diezma da algunos ejemplos similares en su libro y en sus charlas, por ejemplo, el caso de las aceituneras. Yo conozco también el de las nodrizas.
– En este libro editado por Ignacio Boix en 1843 (Los españoles pintados por sí mismos) hay un capítulo dedicado a “La Lavandera”, unos 50 años después del Decreto Ley que nos ocupa.
– Comadronas y autorización marital: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/he-encontrado-en-el-libro-criadas.html
– Nodrizas y autonomía personal: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/nodrizas-y-autonomia-personal.html