Los procesos de domesticación de plantas y animales

Aplíquese este texto de Francisco García Olmedo al propio ser humano y sorpréndase de lo que está ocurriendo a su alrededor. Está usted presenciando, en vivo y en directo, e incluso formando parte del proceso de domesticación de la especie humana.

Ganadería humana. Granja humana:

“El conjunto de características que componen una planta cultivada es lo que se denomina el «síndrome de domesticación» e involucra a una serie de genes que afectan significativamente, entre otras, a la facultad de autodispersión de la planta silvestre, que se reduce para facilitar la recolección, en grave detrimento de la capacidad de supervivencia en vida libre, a la reducción de las defensas químicas y físicas, con el fin de hacerla comestible, algo esencial para el éxito de la especie humana en la colonización del planeta; o al aumento de tamaño de semillas, frutos u otros órganos que sirven de alimento. En el caso del ganado, los caracteres afectados incluyen la docilidad, alteraciones en el color de la capa y cambios en el tamaño, morfología y patrón de reproducción. El resultado es que, desde hace milenios, los organismos domesticados han perdido en gran medida su capacidad de reproducirse en vida libre, dependiendo así del agente humano para completar sus ciclos vitales, a cambio de adquirir las propiedades adecuadas para servir eficazmente como alimento humano. En otras palabras, los organismos vivos que nos sirven de sustento dejaron de ser «naturales» hace milenios por el mero hecho de no ser capaces por sí solos de vivir en vida libre en el medio natural”.

Me quedo con esto: hacerse comestible para otros, modificarse y mutar para adaptarse a lo que otros necesitan, docilidad, pérdida de la capacidad para procrear de forma natural, dependencia del técnico/ingeniero/experto/médico, servir a otro, no ser capaces de vivir en libertad…

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La vida no domesticada tiene riesgos

La vida en libertad, salvaje, no domesticada tiene riesgos. El principal riesgo es el de morir en la infancia, no llegar a adulto, lo que le ocurría casi a la mitad de los niños. Esto, nos guste o no, ha sucedido en casi todas las culturas hasta hace muy poco. Yo solamente puedo aportar las pruebas de algunos libros que he leído:

Pero aún hay más. También en el mundo primate en libertad hay una mortalidad infantil muy alta, mucho mayor que la humana, ya que solamente el 27% de los machos nacidos y el 41% de las hembras llegarán a superar los 15 años, o lo que es lo mismo, morirán el 73% de los machos y el 59% de las hembras antes de llegar a ser adultos.

Como vemos, todos los mitos en torno a paradigmas originales o continuums de lo humano tienen que tener en cuenta también el lado oscuro, el lado feo y trágico de la existencia: la muerte. Yo desde luego reniego del despotismo ilustrado y del ansia de control total y abusivo sobre la vida, pero tampoco quiero ver morir a la mitad de mis hijos, así como tampoco quiero abusar de los antibióticos, de las técnicas que contaminan nuestras aguas o de la rapiña de los recursos por las que se pelea en las guerras actuales. En mi humilde opinión, estas son las arenas movedizas sobre las que se mueven los problemas filosóficos más acuciantes del momento, dentro de esa eterna polaridad entre la libertad y la seguridad.

Sobre la mortalidad en sociedades de cazadores-recolectores he traducido algunos fragmentos de este artículo de los antropólogos Michael Gurven y Hillard Kaplan, que contiene tanto datos objetivos como interpretaciones ideológicas:

Pg. 6: “En la Tabla 2, vemos que de media el 57%, el 64% y el 67% de los niños que nacen sobreviven a la edad de 15 años entre los cazadores-recolectores, forrajeros-horticulturalistas, y cazadores-recolectores aculturizados.”

Pg. 11: “Es interesante remarcar cómo el ambiente protegido de la cautividad afecta a los perfiles de la mortalidad de los chimpancés (Dyke et al.1995). La cautividad aumenta la supervivencia infantil y juvenil enormemente, del 37% que sobrevive a la edad de 15 años al 64% que lo hace en cautividad, siendo esta última cifra similar a las medias humanas. Sin embargo, mientras la proporción de supervivientes a la edad de 45 años aumenta siete veces, del 3% en la vida salvaje al 20% en la cautividad, sigue siendo solamente la mitad de alta que para los humanos que viven en condiciones premodernas. La diferencia entre los chimpancés y los humanos después de la edad de 45 es incluso mayor, con una esperanza de vida adicional para los chimpancés en cautividad de solamente 7 años, como un tercio de la esperanza humana. Parece que los chimpancés envejecen mucho más rápido que los humanos y mueren antes, incluso en ambientes protegidos.”

Pg. 22: “La violencia y la guerra son variables entre los grupos. Los Agta, Ache, Yanomamo y Hiwi tienen altos niveles de homicidio, que afectan a varones adultos desproporcionadamente. El homicidio es bajo entre los Hadza, Tsimane y los aborígenes del Territorio Norte. Los Aché muestran un alto nivel de homicidio, aunque mucho de él es infanticidio, asesinato de niños y resultado de escaramuzas con los Paraguayos rurales. El infanticidio es bastante alto entre los Ache y los Yanomamo, ocasional entre los !Kung y Tsimane y raro entre los Hadza. Los niños más susceptibles de ser víctimas de infanticidio incluyen los nacidos con defectos obvios, que son percibidos como débiles, gemelos, y aquellos de dudosa paternidad. Parece probable que las muertes violentas decrecen con el aumento de la intervención del Estado y la influencia misionera en muchos grupos de pequeña escala a lo largo del mundo (e.g., Agta, Ache, Aborígenes, !Kung, Yanomamo). La composición de las muertes accidentales varía entre los grupos, incluyendo caídas, ahogamientos en los ríos, depredación animal, envenenamientos accidentales, quemaduras y perderse en el ambiente.”

Bibliografía:

Mortalidad en sociedades de cazadores-recolectores: http://www.anth.ucsb.edu/faculty/gurven/papers/GurvenKaplan2007pdr.pdf

Mortalidad primate: http://www.eva.mpg.de/primat/staff/boesch/pdf/jour_hum_evo_mort_rate.pdf

http://www.eva.mpg.de/documents/Elsevier/Hill_Mortality_JHumEvo_2001_1556100.pdf