La crianza a distancia

“Es entre los cero y los tres años cuando todo se gesta, por lo que los profesionales de las guarderías deberían estar muy bien formados y muy bien pagados. Pero existe un paradigma muy presente desde hace casi cien años, e inventado por los anglosajones, el de la crianza a distancia.” Evânia Reichert en Mente Sana.

Foto tomada de la web madrid.org

No me extiendo demasiado esta vez, ya lo desarrollé aquí. No son “los anglosajones” en general los que crearon lo que denomina “crianza a distancia”. Esas personas tienen nombres y apellidos y se llaman el pediatra Luther Emmett Holt y el conductista John B. Watson, los dos pagados con dinero de la familia Rockefeller (banca, petróleo, etc…) para divulgar estas ideas que venían demasiado bien para los negocios y la sociedad-granja que se estaba forjando.

Pero también me gustaría matizar que los tres primeros años son vitales pero no lo son todo. Los bebés no están adaptados para este tipo de crianza fría y solitaria, mecánica e industrial, pero tampoco lo están los niños más mayores, los adolescentes, las mujeres y hombres adultos, los ancianos. El ser humano no está adaptado para vivir en este ambiente y de ahí las llamadas “enfermedades de la civilización“. Se ha reducido la mortalidad natural pero se ha pagado el precio de tener que vivir una vida de animal domado y domesticado. Centrarse solamente en el parto y los primeros tres años y no centrarse en la vida artificial y solitaria que lleva la madre y el padre que cría y, además, trabaja fuera de casa, es volver a manipular el debate ocultando la complejidad del problema al que nos enfrentamos como especie.

El entorno modela nuestra forma de criar. Por ejemplo, los niños reciben límites artificiales, como la prohibición de correr, algo vital para ellos, porque viven en ciudades llenas de coches y peligros de atropellamientos. Esto modela su caracter y muestra su falta de libertad. Y los padres nos vemos forzados a ser colaboradores de ello, aún sabiendo que necesitan espacio para moverse y estar en contacto con la Naturaleza. Pero vivimos en ciudades inhabitables y somos quienes les gritamos: “¡Ten cuidado!” “¡De la manita por la calle!” “¡Párate antes de cruzar para mirar si vienen coches!”

La crianza de una madre y un bebé solos en casa los primeros 4 meses o incluso los tres primeros años de vida también es antinatural (y lo sigue siendo aunque se cambie a la madre por el padre). El cuidado siempre ha estado repartido y había más personas en casa o en los patios de vecinos para que la madre pudiera socializar, hablar con otros adultos, echarse una siesta y demás. Pero, claro, aquí viene el siguiente problema. ¡Nos han robado a los niños y a los adolescentes! Ellos son unos de los principales cuidadores y compañeros de juego naturales cuando la madre no está o está haciendo otra cosa. Los niños porteaban y cuidaban a otros niños más pequeños y se los llevaban a su madre si lloraban o querían teta. Ahora esto es imposible porque los niños mayores están enjaulados y encerrados hasta los 16 años o más. No se permite a los adolescentes que cuiden, tienen que perder el tiempo, encerrados y aburridos, en los colegios e institutos de educación secundaria. Esto también es antinatural y forma parte de todo ese entramado que provoca que nuestra civilización se esté yendo a pique (o quizás es que simplemente la civilización es lo que es y su propia esencia es la autodestrucción sobrepasados ciertos umbrales).

La gente no está donde debería estar, que es el verdadero sentido de la alienación. No está con los suyos, está “a otra cosa”, supuestamente más importante y que no lo es. Tampoco está en el lugar donde mejor está adaptado para vivir, está “en otro sitio”, supuestamente mejor.

Y después, cuando se habla de las necesidades básicas de los bebés se sigue sin hablar de las de los adultos, que también existen y están íntimamente relacionadas con las de los primeros. “No se trata de volver al paleolítico”, dice María Berrozpe, pero lo cierto es que no se puede cambiar una parte sin cambiar el todo, porque las cosas están integradas y relacionadas. Las madres y padres que aplican el método Estivill lo hacen impulsados, no solo de ideologías teóricas, sino de condiciones materiales que las hacen posibles. La ruptura en la transmisión de los saberes en torno a los cuidados junto con la falta de sueño y descanso gracias al trabajo industrial y sus horarios provocan que todo este desaguisado lo pague el más débil y el que no puede defenderse. Es curioso, por eso, que no exista el “método siesta” para los adultos y que no haya vendido millones de libros como sí lo hicieron los de Holt o Estivill. Pero, claro, ese hipotético método no puede existir, porque no se dan las circunstancias materiales en el entorno para que los adultos puedan descansar y reponerse y, por tanto, puedan adaptarse al ritmo del sueño del bebé. Incluso durante el permiso maternal la madre, cuando el bebé se duerme, no se echa con él, tiene que hacer todo lo que no puede hacer cuando está el bebé despierto, y el cansancio se acumula. Los adultos que trabajan fuera de casa no están tampoco adaptados para pasar ocho horas frente a una pantalla de ordenador, ni para estar tantas horas sentados, ni para realizar una única tarea de forma mecánica.

Todos estos cambios sociales que nos alejaron del campo y de una vida más adaptada a nuestra biología, en contacto con la belleza de la Naturaleza, con la necesaria libertad para madurar como personas sanas, la capacidad para construir nuestra autoestima al hacer nosotros mismos las cosas y demás, todo eso se fue al garete por un cúmulo de decisiones políticas a lo largo del tiempo. Antes vino la Ilustración y su idea de progreso que, ahora resulta, que es profundamente contaminante y ecocida. Después, ya en el siglo XX, la dictadura de Primo de Rivera y, más tarde, la II República y su visión de la gente del campo como de personas atrasadas que había que culturizar y domar, alfabetizar y enseñar a hacer cómo se tenían que hacer las cosas. Después vino el golpe de Estado de Franco y la Guerra Civil (recordemos que el avión que trajo a Franco, el Dragon Rapide, sale de Londres con dinero de Juan March y en su intermediación hubo agentes del MI6) y, para terminar, el Plan de Estabilización de 1959, redactado por tecnócratas del Opus Dei  y con la aprobación de diversos organismos internacionales. En cuanto a la financiación de este último proyecto, “se contaría con la financiación del FMI, la OCEC, el gobierno de los EEUU (en total 175 millones de dólares) y los créditos de la banca privada norteamericana como reserva”.

Si miras tu árbol genealógico verás que, cuanto más alto te remontas, el mundo rural está ahí por todas las ramas de tu linaje. Venimos del pueblo y hemos terminado en la ciudad, con familias fragmentadas por toda la geografía urbana e incluso del mundo, con niños y adolescentes encerrados por obligación en edificios durante horas, con adultos agotados con trabajos no adaptados al ser humano sino a la máquina, y sin haber convivido con un bebé real hasta su primer hijo.

Las llamadas de sirena de los nuevos sectores industriales, sus salarios y la modernidad hicieron que nuestros abuelos aceptaran dejar atrás el campo para meterse en pisos horribles y pequeños de los extrarradios de Madrid, Barcelona y otras ciudades. Ahora, cada vez que veo uno de esos gigantescos bloques de pisos, de diez u once plantas, en los que yo misma me crié, pienso que en cada uno de ellos cabe todo un pueblo en vertical. Progresamos, sí, del campo a la granja humana, de nuevo el eterno gran debate entre la libertad y la seguridad.

 

*Se podría mencionar también al médico neozelandés Truby King pero este simplemente copia y repite lo dicho por Holt. Ver pg. 9 (31 del libro) de este pdf: “Truby King in Australia”

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ACTUALIZACIÓN 11/07/2017
Además de todo lo dicho en el post ”   he encontrado de nuevo un enunciado parecido, esta vez por parte de Carlos González que habla de “cultura occidental” en la revista Madresfera de mayo de 2017 (pg. 39): “Pero la cultura occidental del siglo XX consiguió cambiar totalmente la lactancia y casi destruirla, a base de poner reglas y horarios, situarla bajo el control de los médicos, y romper la cadena de transmisión de conocimientos prácticos entre madre e hija”. ¿Por qué en lugar de hablar de “cultura occidental no le pone nombre y apellidos a esas medidas biopolíticas que tienen un origen de transmisión jerárquico muy claro, una vez que nos damos cuenta de que Luther Emmett Holt, el “pediatra Rockefeller” fue presidente en dos ocasiones de la Asociación de Pediatría de EEUU. Pero, claro, Luther Emmett Holt no es la “cultura occidental” en su totalidad.
Tampoco fue “la cultura occidental” la que rompió la cadena de transmisión de conocimientos prácticos entre madres e hijas, fue la nueva cultura del trabajo asalariado impuesta por los capitalistas y la industrialización. Pero, claro, el capitalismo y la industrialización no son la “cultura occidental” en su totalidad. Ver artículos:

Los procesos de domesticación de plantas y animales

Aplíquese este texto de Francisco García Olmedo al propio ser humano y sorpréndase de lo que está ocurriendo a su alrededor. Está usted presenciando, en vivo y en directo, e incluso formando parte del proceso de domesticación de la especie humana.

Ganadería humana. Granja humana:

“El conjunto de características que componen una planta cultivada es lo que se denomina el «síndrome de domesticación» e involucra a una serie de genes que afectan significativamente, entre otras, a la facultad de autodispersión de la planta silvestre, que se reduce para facilitar la recolección, en grave detrimento de la capacidad de supervivencia en vida libre, a la reducción de las defensas químicas y físicas, con el fin de hacerla comestible, algo esencial para el éxito de la especie humana en la colonización del planeta; o al aumento de tamaño de semillas, frutos u otros órganos que sirven de alimento. En el caso del ganado, los caracteres afectados incluyen la docilidad, alteraciones en el color de la capa y cambios en el tamaño, morfología y patrón de reproducción. El resultado es que, desde hace milenios, los organismos domesticados han perdido en gran medida su capacidad de reproducirse en vida libre, dependiendo así del agente humano para completar sus ciclos vitales, a cambio de adquirir las propiedades adecuadas para servir eficazmente como alimento humano. En otras palabras, los organismos vivos que nos sirven de sustento dejaron de ser «naturales» hace milenios por el mero hecho de no ser capaces por sí solos de vivir en vida libre en el medio natural”.

Me quedo con esto: hacerse comestible para otros, modificarse y mutar para adaptarse a lo que otros necesitan, docilidad, pérdida de la capacidad para procrear de forma natural, dependencia del técnico/ingeniero/experto/médico, servir a otro, no ser capaces de vivir en libertad…

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La vida no domesticada tiene riesgos

La vida en libertad, salvaje, no domesticada tiene riesgos. El principal riesgo es el de morir en la infancia, no llegar a adulto, lo que le ocurría casi a la mitad de los niños. Esto, nos guste o no, ha sucedido en casi todas las culturas hasta hace muy poco. Yo solamente puedo aportar las pruebas de algunos libros que he leído:

Pero aún hay más. También en el mundo primate en libertad hay una mortalidad infantil muy alta, mucho mayor que la humana, ya que solamente el 27% de los machos nacidos y el 41% de las hembras llegarán a superar los 15 años, o lo que es lo mismo, morirán el 73% de los machos y el 59% de las hembras antes de llegar a ser adultos.

Como vemos, todos los mitos en torno a paradigmas originales o continuums de lo humano tienen que tener en cuenta también el lado oscuro, el lado feo y trágico de la existencia: la muerte. Yo desde luego reniego del despotismo ilustrado y del ansia de control total y abusivo sobre la vida, pero tampoco quiero ver morir a la mitad de mis hijos, así como tampoco quiero abusar de los antibióticos, de las técnicas que contaminan nuestras aguas o de la rapiña de los recursos por las que se pelea en las guerras actuales. En mi humilde opinión, estas son las arenas movedizas sobre las que se mueven los problemas filosóficos más acuciantes del momento, dentro de esa eterna polaridad entre la libertad y la seguridad.

Sobre la mortalidad en sociedades de cazadores-recolectores he traducido algunos fragmentos de este artículo de los antropólogos Michael Gurven y Hillard Kaplan, que contiene tanto datos objetivos como interpretaciones ideológicas:

Pg. 6: “En la Tabla 2, vemos que de media el 57%, el 64% y el 67% de los niños que nacen sobreviven a la edad de 15 años entre los cazadores-recolectores, forrajeros-horticulturalistas, y cazadores-recolectores aculturizados.”

Pg. 11: “Es interesante remarcar cómo el ambiente protegido de la cautividad afecta a los perfiles de la mortalidad de los chimpancés (Dyke et al.1995). La cautividad aumenta la supervivencia infantil y juvenil enormemente, del 37% que sobrevive a la edad de 15 años al 64% que lo hace en cautividad, siendo esta última cifra similar a las medias humanas. Sin embargo, mientras la proporción de supervivientes a la edad de 45 años aumenta siete veces, del 3% en la vida salvaje al 20% en la cautividad, sigue siendo solamente la mitad de alta que para los humanos que viven en condiciones premodernas. La diferencia entre los chimpancés y los humanos después de la edad de 45 es incluso mayor, con una esperanza de vida adicional para los chimpancés en cautividad de solamente 7 años, como un tercio de la esperanza humana. Parece que los chimpancés envejecen mucho más rápido que los humanos y mueren antes, incluso en ambientes protegidos.”

Pg. 22: “La violencia y la guerra son variables entre los grupos. Los Agta, Ache, Yanomamo y Hiwi tienen altos niveles de homicidio, que afectan a varones adultos desproporcionadamente. El homicidio es bajo entre los Hadza, Tsimane y los aborígenes del Territorio Norte. Los Aché muestran un alto nivel de homicidio, aunque mucho de él es infanticidio, asesinato de niños y resultado de escaramuzas con los Paraguayos rurales. El infanticidio es bastante alto entre los Ache y los Yanomamo, ocasional entre los !Kung y Tsimane y raro entre los Hadza. Los niños más susceptibles de ser víctimas de infanticidio incluyen los nacidos con defectos obvios, que son percibidos como débiles, gemelos, y aquellos de dudosa paternidad. Parece probable que las muertes violentas decrecen con el aumento de la intervención del Estado y la influencia misionera en muchos grupos de pequeña escala a lo largo del mundo (e.g., Agta, Ache, Aborígenes, !Kung, Yanomamo). La composición de las muertes accidentales varía entre los grupos, incluyendo caídas, ahogamientos en los ríos, depredación animal, envenenamientos accidentales, quemaduras y perderse en el ambiente.”

Bibliografía:

Mortalidad en sociedades de cazadores-recolectores: http://www.anth.ucsb.edu/faculty/gurven/papers/GurvenKaplan2007pdr.pdf

Mortalidad primate: http://www.eva.mpg.de/primat/staff/boesch/pdf/jour_hum_evo_mort_rate.pdf

http://www.eva.mpg.de/documents/Elsevier/Hill_Mortality_JHumEvo_2001_1556100.pdf

Actualización:

– El artículo del director de Survival International, una reseña del libro de Jared Diamond, es muy interesante y crítico: http://www.huffingtonpost.es/stephen-corry/el-peligroso-mensaje-de-d_b_3911585.html?utm_hp_ref=spain