Los procesos de domesticación de plantas y animales

Aplíquese este texto de Francisco García Olmedo al propio ser humano y sorpréndase de lo que está ocurriendo a su alrededor. Está usted presenciando, en vivo y en directo, e incluso formando parte del proceso de domesticación de la especie humana.

Ganadería humana. Granja humana:

“El conjunto de características que componen una planta cultivada es lo que se denomina el «síndrome de domesticación» e involucra a una serie de genes que afectan significativamente, entre otras, a la facultad de autodispersión de la planta silvestre, que se reduce para facilitar la recolección, en grave detrimento de la capacidad de supervivencia en vida libre, a la reducción de las defensas químicas y físicas, con el fin de hacerla comestible, algo esencial para el éxito de la especie humana en la colonización del planeta; o al aumento de tamaño de semillas, frutos u otros órganos que sirven de alimento. En el caso del ganado, los caracteres afectados incluyen la docilidad, alteraciones en el color de la capa y cambios en el tamaño, morfología y patrón de reproducción. El resultado es que, desde hace milenios, los organismos domesticados han perdido en gran medida su capacidad de reproducirse en vida libre, dependiendo así del agente humano para completar sus ciclos vitales, a cambio de adquirir las propiedades adecuadas para servir eficazmente como alimento humano. En otras palabras, los organismos vivos que nos sirven de sustento dejaron de ser «naturales» hace milenios por el mero hecho de no ser capaces por sí solos de vivir en vida libre en el medio natural”.

Me quedo con esto: hacerse comestible para otros, modificarse y mutar para adaptarse a lo que otros necesitan, docilidad, pérdida de la capacidad para procrear de forma natural, dependencia del técnico/ingeniero/experto/médico, servir a otro, no ser capaces de vivir en libertad…

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La domesticación humana en curso

Hoy me quedo reflexionando con fragmentos de este texto de Tomislav Markus, una reseña sobre la obra de Paul Sheperd:

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“Shepard ha criticado afirmaciones comunes sobre la domesticación humana, porque los seres humanos no han sido sujetos a la selección sexual, como los animales domésticos. Los humanos son tan salvajes como sus ancestros del pleistoceno, hace 10.000 años.”

Y yo pienso: “Mmm… ¿Seguro?” Hoy en día la reproducción artificial (perdón, “asistida”…) en humanos está en alza y, con ella, la selección genética de los vendedores de gametos (perdón, “donantes”) que se pueden encontrar en catálogos humanos como los llamados bancos de semen y de óvulos. Además, los sumos sacerdotes-médicos son los que crean muchos más embriones de los que realmente se necesitan para seleccionar, según sus criterios, a los más aptos y desechar a los demás. Los “sobrantes” (¡Qué clase de vocabulario es ese!) permanecerán congelados o vitrificados hasta nuevo aviso. Es decir, la domesticación humana ya está en esa fase, que no será por supuesto la última. Los niños no son fruto del azar sino que, dependiendo de cada técnica de reproducción artificial, hay un mayor control externo y experto.

“Shepard tenía una visión muy negativa de los animales domésticos. Son degenerados, monstruos lisiados, porque su genoma salvaje fue cambiado bajo control humano, algo no visto durante billones de años de evolución. Son caricaturas miserables y no pueden ser verdaderos substitutos de las especies salvajes. Como los seres humanos civilizados, los animales domésticos pierden la conexión con su hábitat natural y la posibilidad de una maduración normal. Los animales aislados de su contexto natural están muertos ecológicamente. Los animales domésticos tienen muchos defectos en comparación con sus primos salvajes: cerebro más pequeño, desviación en muchos órganos, un olfato, visión y oído más débil, una maduración más larga, etcétera. Los animales domésticos son esclavos humanos que distraen nuestra atención de las especies salvajes. Los Zoos y las mascotas pueden dar satisfacción a los humanos civilizados por la pauperidad de sus vidas. Los Zoos, como las prisiones, se convierten en refugios para los animales cuyos hábitats han sido devastados. Los humanos no quieren admitir que los animales domésticos son sus esclavos y que están degenerados porque les recuerdan su antigua vida salvaje. Los humanos son más insanos que sus mascotas porque no están alterados geneticamente a través de un proceso de domesticación. Los extremos en las actitudes de los humanos modernos hacia los animales domésticos – del amor profundo al abuso cruel – son síntomas de nuestra decepción profunda con su incapacidad para reconectarnos con nuestro pasado genético salvaje”.

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“La salud del bulldog no mejorará: su genética ha llegado a un punto de no retorno”: http://es.gizmodo.com/la-salud-del-bulldog-no-mejorara-su-genetica-ha-llegad-1784510808

La vida no domesticada tiene riesgos

Fragmento del libro “La procreación artificial” de Jacques Testart

Fragmento del libro “The Mother Machine” de Gena Corea (1985)

Cuando un congreso feminista se opuso a la ingeniería reproductiva y genética en 1985…

Fragmentos del libro “El útero artificial” de Henri Atlan

La domesticidad del ego: atrapados en el espejo

Uno de los aspectos más inquietantes del ser humano moderno es su incapacidad para salir del “yo”, de la autofoto emocional, del egocentrismo, del mundo interior superficial y vanidoso que no llega más allá de la epidermis.

Viajar a través del ego es descubrir un mundo apasionante, para una misma o cuando se comparte en una charla informal entre amigos, pero no aporta nada al resto de la humanidad más allá de un retuiteo en las redes sociales que queda olvidado en unos pocos minutos. Conocer el ego es necesario, pero hay que intentar trascenderlo, dar un paso más allá de la subjetividad y conectar la experiencia personal con la visión de conjunto.

Dice la antropóloga Sarah Blaffer Hrdy que hay estudios que comprobaron que los niños con múltiples figuras de apego tenían mayor capacidad para integrar los puntos de vista de varias personas, y que “la toma de perspectiva es una de las principales diferencias entre los seres humanos y algunos de nuestros parientes simios más cercanos”. ¿Será que toda esta domesticidad del ego es fruto de la política (no escrita) del hijo único que impera en nuestras psiques y en las familias, que ya no se pueden llamar ni siquiera “nucleares”?

El autoconocimiento es fundamental en el ser humano y, para ello puede ser necesario y enriquecedor mirarse al espejo o escribir un diario.  Sin embargo, cuando se hace del ombligo el centro de la propia existencia es cuando nos encontramos con un problema de domesticidad intelectual que muestra la gran fobia colectiva a enfrentar las duras realidades del mundo exterior (y, como efecto boomerang, del mundo interior profundo). Detrás de esta actitud está el miedo: miedo al silencio, miedo al otro, miedo a lo que puede haber ahí fuera, miedo a nosotros mismos. No somos el centro del universo y nuestra vida personal, en la mayoría de sus facetas cotidianas, no es política. Deberíamos estar en el centro de la vida, no ser el centro de la vida, como decía Jean Liedloff al hablar de los niños. Félix Rodrigo Mora y Prado Esteban también realizan apreciaciones similares en sus charlas, o al menos así lo he interpretado yo.

Mujeres, hombres, niños, ancianos… salgamos del refugio del ego autodestructivo y asumamos las grandes cuestiones de una vez, aunque nos cueste.

No saltemos sin red, porque al vivir una realidad prefabricada lo que veamos al salir puede ser tan monstruoso que podríamos enfermar.

Equilibrio y templanza.

ACTUALIZACIÓN 4/4/2016:

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  • “En general, ” dice Pincus, ” hay una disminución de la empatía a medida que aumenta el narcisismo.”(…) Así que, si tienes una sociedad con mucha gente narcisista, todo se destruye”, dice, “implosiona”: http://www.tutambienpuedes.info/deficit-de-empatia/