Maternidades y paternidades* egocéntricas

No sabemos qué opinarán nuestros hijos de que hayamos expuesto sus fotos y videos en internet y las redes sociales desde el nacimiento. Es posible que lo consideren normal, aunque nosotras hayamos crecido en un mundo en el que las fotografías pertenecían a la intimidad del álbum familiar que se guardaba en alguna estantería del salón. Seguramente muy ético no sea, aunque muchas hayamos colgado fotos nuestras familiares de forma pública. Está claro que no les hemos dejado decidir qué parte de su vida querían exponer u ocultar. En este “MEA CULPA” me incluyo la primera y me responsabilizo de las consecuencias que pueda tener. No puedo evitar plantearme estas cuestiones y pensar que seguramente me haya pasado de la raya en muchas ocasiones, aunque haya pensado que lo hacía con la mejor de las intenciones. El tiempo nos lo dirá. Quizás veamos en unos años a una primera generación de adolescentes solicitando que se borre una biografía cibernética escrita por otros.

En este exhibicionismo maternal/paternal también hay otra vuelta de tuerca más, que es hablar de la vida personal y psicológica de los hijos en internet, de sus avatares privados, de sus conflictos, de cómo los resuelven, de la ropa que les gusta, del peinado que llevan, de sus amigos, incluso se habla de su nivel de inteligencia o se exponen episodios de acoso escolar. Personalmente, es algo que me produce bastante inquietud. Por supuesto, hay grados y los padres hacemos estas cosas con un mayor o menor grado de ingenuidad. Sin embargo, cuando lo pienso, no puedo evitar recordar cómo siempre me ha parecido una falta de respeto que las madres hablen de los hijos, sobre todo cuando ya tienen una edad, como si no estuvieran delante: “Es que a X le gusta esto”, “Es que Z piensa así” o le cuenten a sus amigas “Mi hijo es así o asá”. Quizás en ese momento no están delante del ordenador pero las palabras permanecerán bastantes años en la red. Creo que a algunas madres nos cuesta darnos cuenta de esto, a pesar de que también hayamos sido niñas e hijas. Supongo que para los padres será algo similar.

Cuando esto lo trasladamos al ambiente cibernético de los blogs se dan situaciones chuscas y de vergüenza ajena y propia. ¿Acaso nos planteamos que nuestros hijos crecerán y leerán lo que se ha escrito sobre ellos? ¿Nos preguntamos qué pensarán sobre que se hayan expuesto en las redes o en páginas web temas tan íntimos como su posible orientación sexual o lo qué les gusta dibujar? Peor aún, no solamente se exponen sus avatares cotidianos sino que a veces también se incluyen los adoctrinamientos y la reconducción por el camino “correcto” y “apropiado” de las madres y padres hacia sus hijos… Se les guía sobre cómo tiene que ser su imaginario simbólico y su identidad y, si este no es del gusto de los adultos, se piensa que es causado por malas influencias sociales y se le intenta modificar. Todo ello expuesto en el mentidero de las redes sociales, al albur de los “me gusta” y los “compartidos”. ¿Dónde queda la autoconstrucción del propio camino y la intimidad en este contexto?

Es un tema complejo porque nacemos en una cultura y necesitamos una cultura para desarrollarnos (la mejor prueba la tenemos en los niños salvajes). Los padres y madres transmitimos parte de esa cultura por defecto pero creo que debemos dejar un espacio para la construcción del propio discurso y cosmovisión, más allá de los valores hegemónicos en la propia cultura o los propios, supuestamente disidentes.

Siempre he pensado que, a pesar de que asociamos la palabra “abuso” al “abuso sexual” este es solamente un tipo concreto (y horrible) de abuso. Hay otros posibles que pueden ser también muy destructivos para los niños. Por ejemplo, hay madres que consideran a los hijos como extensiones de su propio cuerpo**, vehículos en los que proyectar su propia ideología y prejuicios. Eso, nos guste o no, es muy injusto, aunque quizás sea hasta cierto punto imposible de evitar. Supongo que lo más honesto sería decir “estas son mis ideas, quizás equivocadas, quizás no. Investiga y fórmate tu propia opinión”. Cuesta mucho siendo niño y después adolescente librarse de un progenitor fagocitador que no respeta el silencio ni la intimidad y que utiliza a su hijo con diferentes fines: aumentar el ego, la popularidad, los aplausos, huir del propio vacío o la falta de valor y esfuerzo para enfrentar su propia imagen pública sola.

*Había titulado este post como “maternidades egocéntricas” pero lo he corregido porque la exposición de la vida íntima de los hijos no solamente es realizada por algunas madres sino también por algunos padres, incluso otros familiares como abuelos y abuelas.

**Hay una fase inicial de la vida de los bebés en los que efectivamente se da una relación muy simbiótica entre madre e hijo, tanto dentro del útero como fuera (exterogestación) pero, progresivamente, los dos seres que antes estaban unidos, en la unión más profunda y duradera que puede haber entre dos personas, se van alejando y volviendo a juntar, en un camino y una danza hacia una mayor independencia y, a la vez y sin que sea contradictorio, cercanía a lo largo de toda la vida. Creo que esta es la mejor forma de exponer que la maternidad y la paternidad son diferentes y no son equivalentes ni sustituibles.

Actualización:

Relacionado con http://www.eleconomista.es/tecnologia/noticias/7551804/05/16/Sus-hijos-podran-demandarle-por-subir-a-Facebook-fotos-de-ellos-sin-su-permiso.html

La domesticidad del ego: atrapados en el espejo

Uno de los aspectos más inquietantes del ser humano moderno es su incapacidad para salir del “yo”, de la autofoto emocional, del egocentrismo, del mundo interior superficial y vanidoso que no llega más allá de la epidermis.

Viajar a través del ego es descubrir un mundo apasionante, para una misma o cuando se comparte en una charla informal entre amigos, pero no aporta nada al resto de la humanidad más allá de un retuiteo en las redes sociales que queda olvidado en unos pocos minutos. Conocer el ego es necesario, pero hay que intentar trascenderlo, dar un paso más allá de la subjetividad y conectar la experiencia personal con la visión de conjunto.

Dice la antropóloga Sarah Blaffer Hrdy que hay estudios que comprobaron que los niños con múltiples figuras de apego tenían mayor capacidad para integrar los puntos de vista de varias personas, y que “la toma de perspectiva es una de las principales diferencias entre los seres humanos y algunos de nuestros parientes simios más cercanos”. ¿Será que toda esta domesticidad del ego es fruto de la política (no escrita) del hijo único que impera en nuestras psiques y en las familias, que ya no se pueden llamar ni siquiera “nucleares”?

El autoconocimiento es fundamental en el ser humano y, para ello puede ser necesario y enriquecedor mirarse al espejo o escribir un diario.  Sin embargo, cuando se hace del ombligo el centro de la propia existencia es cuando nos encontramos con un problema de domesticidad intelectual que muestra la gran fobia colectiva a enfrentar las duras realidades del mundo exterior (y, como efecto boomerang, del mundo interior profundo). Detrás de esta actitud está el miedo: miedo al silencio, miedo al otro, miedo a lo que puede haber ahí fuera, miedo a nosotros mismos. No somos el centro del universo y nuestra vida personal, en la mayoría de sus facetas cotidianas, no es política. Deberíamos estar en el centro de la vida, no ser el centro de la vida, como decía Jean Liedloff al hablar de los niños. Félix Rodrigo Mora y Prado Esteban también realizan apreciaciones similares en sus charlas, o al menos así lo he interpretado yo.

Mujeres, hombres, niños, ancianos… salgamos del refugio del ego autodestructivo y asumamos las grandes cuestiones de una vez, aunque nos cueste.

No saltemos sin red, porque al vivir una realidad prefabricada lo que veamos al salir puede ser tan monstruoso que podríamos enfermar.

Equilibrio y templanza.

ACTUALIZACIÓN 4/4/2016:

Relacionado:

  • “En general, ” dice Pincus, ” hay una disminución de la empatía a medida que aumenta el narcisismo.”(…) Así que, si tienes una sociedad con mucha gente narcisista, todo se destruye”, dice, “implosiona”: http://www.tutambienpuedes.info/deficit-de-empatia/