Nisa: La Vida y Palabras de una Mujer !Kung, una reseña

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Este es un libro de antropología curioso. Marjorie Shostak, su autora, en realidad no era antropóloga cuando viajó a la tierra de los Kung en el desierto de Namibia junto a su marido y otros antropólogos a realizar trabajo de campo. Shostak era filóloga, sin embargo, es uno de los mejores libros de antropología que he leído, porque llegas a conocer la forma de pensar y la cosmovisión de una mujer Kung concreta de una forma bastante profunda. Me ha recordado en ocasiones a “El Concepto del Continuum” de Jean Liedloff, aunque el enfoque sea totalmente diferente, aunque “Nisa” me ha gustado muchísimo más, porque da voz a las personas de las que está hablando. Es muy humano y nada mitificador; ves lo positivo y negativo de la cultura, lo que se podría aprender de ella y, sobre todo, unos cuantos sentimientos universales del ser humano.

El libro se estructura en 15 capítulos en los que en una primera parte Shostak nos cuenta la “teoría” y después viene la parte de narración de Nisa, la protagonista del libro, que fue entrevistada y grabada por la autora. No en vano, como buena filóloga, estuvo durante largos meses aprendiendo el idioma y sumergiéndose en la cultura antes de comenzar ninguna de las entrevistas

¿Con qué me quedo del libro? Con las partes en las que se habla de:

El embarazo. Me ha llamado mucho la atención que se hablara del embarazo como de un estado psicológico alterado en algunos momentos, como cuando en nuestra cultura hablamos del estado premenstrual: “estaba enfadada y lloraba un montón. Mi corazón estaba lleno de rabia y sentía dolor, pero no entendía por qué. Cuano comía carne, vomitaba, y cada vez que comía bayas dulces, devolvía. (…) Pregunté a la gente mayor, “¿Por qué devuelvo cuando como carne?” Eso era cuando mi tripa todavía era pequeña. Dijeron, “Tus pezones son oscuros, debes de estar embarazada””.

Dice Marjorie Shostak que no se considera que las embarazadas necesiten especial protección o que deban parar de hacer sus actividades normales. Sin embargo, muchas mujeres Kung experimentan cambios de humor durante los embarazos y se considera normal. Una suegra comenta en el libro: “La última semana mi yerna se enfadó tanto que corrió lejos del poblado y durmió en los arbustos. A la siguiente mañana todo el mundo fue a buscarla, y cuando la encontraron, estaba sola. No se había hecho ni siquiera un fuego. Había estado enfadada y triste, y había acusado a su marido de tener una aventura con otra mujer. Pero no era verdad. Era el bebé dentro enfadándola”.

Al leer esto recordé mi primer mes de embarazo, cuando ni siquiera sabía que estaba embarazada, y el bajón que sentí en algunos momentos y que asocié a que me iba a venir la regla de forma inminente. Al final resultó ser un embarazo y no síndrome premenstrual…

El parto. Me ha fascinado el estoicismo con el que afrontan los dolores del parto. Sí, he dicho dolor (no sé qué opinará Casilda Rodrigañez). Lo sienten, lo admiten, lo conocen, pero piensan que hay que ser valiente y no mostrarse temerosas, porque si tienes miedo, el parto irá peor. Así que se van fuera del poblado, se sientan bajo un árbol sin moverse y sin gritar, y paren. Eso sí, las primíparas sí paren acompañadas de su madre o alguna tía.

Lo del silencio me parece curioso porque quizás los extranjeros que viajan a otras culturas y observan ese tipo de parto podrían pensar que las mujeres “paren sin dolor” (por ejemplo, Bartolomé de las Casas, sin ir más lejos) cuando en realidad podrían estar teniendo dolor pero no expresarlo y trascenderlo con valor de guerreras (actitud que me recuerda un poco a algo que leí en el libro de la comadrona Verena Schmid, El Dolor del Parto). Marjorie Shostak, al no limitarse a observar desde fuera sino preguntar directamente a Nisa por sus partos, se entera de lo que verdaderamente ella sintió al parir a sus hijos.

Aborto e infanticidio. Bau, otra mujer Kung, le contó a Marjorie que “en el pasado una mujer con un embarazo no deseado bebería una medicina de hierbas que haría que su menstruación volviera, que “arruinaba sus entrañas””. También le dijo que las mujeres de la generación de su abuela habían practicado de forma ocasional el infanticidio, pero que ya no se hacía ya que estaba prohibido por la ley estatal.

También sobre este tema: “Los Kung dicen saber algunas formas de “arruinar” o terminar un embarazo. Se dice que una mujer está declarando su deseo de abortar si cocina comida en el fuego de otra persona o si tiene sexo con otro hombre diferente del que espera un bebé. Otras alternativas son agentes físicos como montar a caballo o en burro y algunos químicos hechos con plantas. No está claro como de extendido está el uso de plantas medicinales o su eficacia. En cualquier caso, una mujer recurrirá a ellos solamente si piensa que las condiciones para la supervivencia del niño no nacido son peores (inciertas, en el mejor de los casos) de lo normal”.

Menstruación. No existen ni utilizan compresas, la sangre cae por las piernas o usan hojas, pieles o, más recientemente, alguna tela o trapo. No hay tabú sexual de la menstruación, las mujeres no son segregadas de la vida cuando tienen la regla y continúan teniendo sexo. Eso sí, menstrúan pocos meses porque normalmente o están embarazadas o en amenorrea de la lactancia. Como experimentan unas pocas menstruaciones entre embarazos, reflexiona Shostak, no se le da ninguna importancia a la regla. A pesar de que la asocian en ocasiones a algún tipo de disconformidad (calambres, sensibilidad en los pechos, dolor de cabeza o de lumbares) no se piensa que afecte a la mujer a nivel psicológico, curiosamente al contrario que en el embarazo donde sí son conscientes de sus fluctuaciones anímicas. Sería una prueba más de que lo normal en su cultura es el embarazo y la lactancia y en la nuestra menstruar de forma indefinida.

Sí creen en la sincronía menstrual (a pesar de que hoy en día se sabe que no ocurre) y llaman a sus reglas “lunas”. Algunas dejan de hacer visitas a otras personas cuando están con la menstruación y otras siguen con su vida como si nada. Una mujer en el libro explica: “Cuando quiero ir de visita, voy de noche. Así, nadie pude ver si hay sangre en mis piernas”. Al final de la menstruación, se bañan.

Por cierto, en otro libro que me estoy leyendo de Wenda Trevathan, “Cómo la evolución a dado forma al cuerpo de la mujer”, se explica cómo en otras culturas preindustriales o preagrícolas las mujeres tienen niveles hormonales mucho más bajos que nosotras, tanto en el ciclo menstrual como en el embarazo. Además, sus reglas son la mitad de cortas que las nuestras.

Los niños. Dice Marjorie Shostak: “La mayor parte de los Kung aman a los niños, y lo ideal es tener muchos. Pero las mujeres Kung conocen muy bien los costes físicos del embarazo, así como el trabajo y la responsabilidad que tener muchos hijos conlleva. Una mujer, embarazada demasiado pronto de su cuarto hijo, expresó su infelicidad de este modo: “Tener demasiados niños te hace flaca porque son muy pesados de llevar (portear). Los niños son valorados por su abilidad para hacer la vida más agradable. Un hombre Kung, cuya mujer había llegado a la menopausia sin tener hijos, dijo “Tengo tantas ganas de tener niños. Cuando vas de caza y vuelves, corren y se sientan a tu lado. Dicen, “Papá, ¡dame algo de carne!” Solamente el hecho de tenerlos al lado te hace feliz”.

Lactancia. Los Kung tienen tabú del calostro, es decir, no amamantan los tres primeros días. O bien el niño se queda sin comer o bien otras madres le amamantan hasta la subida de la leche. Comienzan la alimentación complementaria sobre los 6 meses (o premasticada o machacada) pero la lactancia continúa varias veces cada hora durante los primeros años del bebé.

Lo del tabú del calostro es uno de los grandes enigmas para mí del ser humano. ¿En qué momento surgiría en la cultura Kung y otras tantas? Además de los innumerables beneficios para el niño, dar el pecho nada más nacer ayuda a que el útero se contraiga y previene hemorragias. Si es algo tan positivo, ¿por qué evitan “la leche mala”? Además, no puede ser para separar o hacer menos apegada la relación madre-bebé, ya que durante los primeros 3-4 años esa relación entre los Kung es muy estrecha a todos los niveles. Un misterio por resolver…

Las rabietas durante el destete. Buena noticia para los que sienten “culpabilidad occidental” porque sus hijos las tengan. Los niños de la sociedad de cazadores-recolectores Kung también las tienen, sobre todo en el momento del destete cuando mamá se queda embarazada con otro bebé, eso sí,  después de 3-4 años de lactancia. Parece que, aunque des teta hasta esa edad, muchos niños no quieren parar y al menos entre los Kung se convierte en un verdadero drama. Es decir, las madres Kung no dan el pecho hasta que sus hijos quieran, sino hasta que llega otro hijo. Por ejemplo, el último bebé de una madre sí que se desteta él mismo varios años después que los demás. En el destete se ponen una sustancia amarga en los pezones y, muchas veces, los niños se van a vivir un tiempo con las abuelas.

Los amantes. Las mujeres y los hombres Kung se casan, normalmente varias veces durante su vida, y se separan a voluntad, lo que no impide que existan pasiones y verdaderos amores románticos a escondidas de las parejas “oficiales”. Todo el mundo lo sabe, todo el mundo hace como que no lo sabe y se tolera siempre que no se haga obvio, es decir, que nadie pille a nadie. Si te cazan con un amante, eso sí, puede haber violencia, peleas y divorcios.

La sexualidad infantil. Lo mismo. Los bebés están los primeros años pegados a la teta de sus madres, porteados de aquí para allá. Después, cuando son más mayores se suelen ir con la pandilla de niños y adolescentes del poblado, que van totalmente a su rollo e incluso se montan una especie de poblado de niños paralelo en el que imitan la vida adulta. En esos poblados las niñas experimentan entre ellas el “juego sexual” de imitar a los adultos cuando tienen sexo, los niños también lo hacen entre ellos. Después, un tiempo más tarde, chicos y chicas juegan a tener sexo juntos. Como en el tema de los amantes, los adultos saben lo que hacen los niños (ellos mismos lo hicieron de pequeños) y, oficialmente, si lo hacen de forma muy obvia, les dicen que jueguen a otra cosa, pero si no les ven, no dicen nada. Es, por tanto, una sexualidad libre y creada por imitación del mundo externo, por autoinvestigación y coinvestigación con otros seres. No hay adoctrinamiento sexual, no hay enseñanzas regladas sobre el tema, no hay teorías…

Posesiones. La existencia de una mínima propiedad privada, ya que como se mueven mucho de un lugar a otro no pueden llevarse muchas cosas en los viajes. Además, lo que se tiene se comparte y se regala varias veces o se intercambia. Los valores de generosidad, reciprocidad e igualdad son muy importantes, incluso llegan a ser “obligatorios”. Las decisiones se toman por consensos y no hay jefes o líderes políticos, hay portavoces. Los grupos son autosuficientes.

– Los niños y los adolescentes de menos de 15 años y los adultos de más de 60 años contribuyen muy poco a la búsqueda de comida (al contrario que en muchas sociedades agrícolas o rurales). Y los adultos “trabajan” 2 o 3 días a la semana en la consecución de comida. El resto del tiempo se emplea en cocinar, trabajo del hogar, cuidado de niños o fabricación de herramientas. Hay mucho tiempo libre para actividades de ocio, cantar, componer música, tocar instrumentos, coser o tejer, narrar historias, jugar, visitar a otros o descansar. Existen conflictos pero se resuelven rápido y sin mayores incidentes.

Las mujeres contribuyen con el 60-80% de la comida consumida en dos días de trabajo a la semana. En el poblado emplean 4 horas diarias a mantener sus herramientas, recoger agua, leña, mantener el fuego, hacer cabañas, las camas, cocinando. Los hombres emplean 3 horas al diá en trabajo doméstico (cortan madera, recogen leña, preparan, cocinan y sirven la carne, y también cuidan a los niños, aunque dediquen algo menos de tiempo. Ellos cazan animales grandes y ellas recolectan plantas y cazan animales pequeños. Como no hay jerarquías sociales es una sociedad bastante igualitaria, si se compara con las sociedades agricultoras. Las mujeres son escuchadas y respetadas al mismo nivel que los hombres, pueden ser sanadoras como los hombres en los rituales de baile medicinal (una especie de danza con imposición de manos a los enfermos del poblado), pero dice Shostak que, aún así, se valoran un poco más las tareas masculinas, ya que la carne es cazada por los hombres y es muy valorada.

La violencia. Dice la autora: “Las mujeres son tan propensas que los hombres a entrar en peleas, a pesar de que ellas las inician mucho menos frecuentemente; una vez provocadas también son combatientes eficaces y decididas. La mayoría de las peleas entre los hombres y las mujeres son entre marido y mujer, con el marido siendo el agresor. Las peleas son generalmente espontáneas y apasionadas en su naturaleza y duran sólo unos pocos minutos. Los amigos y parientes, las únicas autoridades efectivas, son responsables de la separación física de los que luchan, así como de la prevención de nuevos enfrentamientos. La determinación de la culpabilidad no es una preocupación importante, y, excepto en los casos más extremos, no se impone castigo. La presión de grupo hace que sea muy claro, sin embargo, que la violencia no es una forma respetable de resolver los conflictos”.

En el libro se cuentan varios episodios violentos, siendo uno de los más crueles el del asesinato de la hija de Nisa por parte de su marido al intentar tener relaciones sexuales con ella poco después de su primera regla (sobre los16-17 años). Ella se resistió y él la pegó de tal forma que le rompió el cuello.

La violencia hombre-hombre también sucede, con flechas venenosas de por medio, pero no existen las guerras como tal.

Dice Marjorie Shostak que los padres y madres Kung no suelen pegar a sus hijos (o al menos que ella lo viera). Sin embargo, los adultos sí recuerdan en las entrevistas haber sido pegados con un palo o amenazados con ello cuando “se portaban mal”.

La muerte y el duelo. A pesar de que gozan de buena salud y no tienen las enfermedades propias de nuestra civilización moderna, el 50% de los niños mueren antes de llegar a los 15 años, normalmente por enfermedades infecciosas. Recuerdo que en el libro del que hablé en otro post sobre la familia campesina asturiana se daban cifras similares en el siglo XIX. Que la mortalidad sea tan alta no es óbice para que se sufra muchísimo con cada muerte de un hijo o familiar, lo que contradice otras cosas que he leído sobre el mundo preindustrial en otros libros (algo así que como se les morían tantos, no se vinculaban con ellos…).

Y podría hablar mucho más, por ejemplo, sobre su ritual medicinal y demás, pero prefiero reservármelo para otra entrega, ya que Marjorie Shostak volvió años después a visitar a Nisa y escribió otro libro en una onda completamente diferente a este. En definitiva, “Nisa: La Vida y Palabras de una Mujer !Kung” es una obra muy recomendable e interesante para salir de tu propia cultura y entender otras realidades.

Las borrosas lentes de la ideología

Una muestra de proyección de la propia ideología en la observación de la realidad, omisión de lo que no casa con los propios prejuicios y repetición de mantras autoreferenciales del mundo universitario y del feminismo y ecologismo de estado:

Intervención de Alicia Puleo desde el minuto 10.30

https://www.youtube.com/watch?v=tkE6-KJ153Q

 El gran problema del ecofeminismo es la dicotomía esencialista/constructivista. Somos seres bioculturales, la biología afecta a la cultura y la cultura afecta a la biología. Están profundamente imbricados. Por eso, deberíamos comenzar por quitarnos las “gafas” de antropólogos, biólogos y místicos para ver qué ocurre ahí fuera realmente. Por otro lado, tampoco podemos negar nuestras cosmovisiones y nuestros prejuicios, ya que siempre será mejor evidenciarlos y ponerlos en cuestión que ocultarlos, reprimirlos o negarlos. En cualquier caso las ideas previas no deberían alejarnos más de la realidad para convertirse en ceguera. Yo, al menos, como en tantas otras cuestiones, no me identifico ni me siento cómoda en ninguno de los bandos presentados en este tipo de controversias y creo que todos los protagonistas tienen razón en algunas cuestiones parciales. La tarea de cualquier sujeto crítico debería ser separar, como dice la expresión popular, el grano de la paja.

En este video Alicia Puleo arremete contra la asignación de tareas “tradicionales” de una manera acrítica (aprox. 12.30) y afirma que el feminismo temía que al defender sociedades que no fueran tan destructivas con el medio ambiente se plantearan formas de sociedad desfavorables hacia la autonomía de las mujeres.

El mundo preindustrial y preneolítico tiene multitud de ejemplos concretos que demuestran la gran autonomía que tenían las mujeres. Es más, una hipótesis interesante de partida sería plantear que a más desarrollo y mayor especialización, más desigualdades y más jerarquías. Por eso, las sociedades de cazadores-recolectores son tan igualitarias dentro de sus diferencias, diferencias que puede que tengan más un sentido práctico que ideológico en un principio, como cualquier madre lactante del siglo XXI podría entender: si estás dando el pecho de forma intensiva a tu hijo ves claramente que hay trabajos o tareas más compatibles que otras con el momento vital en el que te encuentras tú y tu bebé. Por ejemplo, ir a cazar con un bebé en una bandolera quizás sea posible aunque poco práctico. Sin embargo, recolectar durante sólo tres días a la semana junto a otras mujeres el 80% de la comida de la que se alimentará tu familia es bastante compatible con la crianza.  Un libro fundamental para mí en este sentido es el de Marjorie Shostak “Life and Words of a Kung Woman” en el que se describe una sociedad de cazadores-recolectores de Namibia en la que mujeres y hombres gozan de una autonomía similar, a pesar de la especialización por sexo de sus tareas. Esto no es óbice, sin embargo, para que las actividades masculinas sean consideradas un poco más valiosas que las de las mujeres (la carne está muy valorada) y esto quizás sea el germen de las jerarquías y desigualdades más acusadas que se ven en las sociedades sedentarias más especializadas. En el libro se cuenta el caso de una mujer de mediana edad que quiso cazar porque su marido no traía carne y, a pesar de ser considerado un caso excéntrico, nadie se lo impidió y se le daba bastante bien.

Hoy en día, en un mundo urbano como en el que vivimos muchas de nosotras, todavía hay tareas más compatibles con la maternidad, la exterogestación y la lactancia que otros. Por ejemplo: una mujer cartera o una mujer autoempleada en su propia tienda podrían realizar su trabajo junto a su bebé. Sin embargo, podría ser bastante peligroso que una neurocirujana se llevara a su hijo a una operación y sería más conveniente que durante ese proceso otra persona cuidara de su hijo.

España, 1966.
Fotografía: Eve Arnold
http://www.eticamente.net/31489/foto-antiche-donne-allattamento.html

Alicia Puleo también arremete en el minuto 14.42 contra la revista The Ecologist, en concreto contra su número 48 titulado “La R-evolución calostral ha empezado”, título que le parece bastante cómico a la audiencia de la charla, según podemos escuchar por sus risas en el video. Todavía me pregunto qué tiene de cómica la palabra “Calostral”. Pareciera más bien la típica risa de adolescente reprimido cuando alguien le habla de genitales o sexo. ¿Nos da vergüenza hablar de calostro a estas alturas? Una muestra más de puritanismo y castidad feminista cuando se trata de hablar de maternidad. ¿Cómo alguien puede decir que es feminista riéndose de uno de los líquidos más valiosos y preciados que produce el cuerpo femenino? ¿Cómo podemos hablar de “ética del cuidado” sin sonrojarnos después de escuchar esas risitas? El calostro forma parte de la cultura del cuidado, del cuerpo de la mujer y, de forma simbiótica, de los bebés afortunados que lo toman. Quien se ríe de los fluidos varios del cuerpo de una mujer no es más que un misógino. Nos encontramos una vez más ante una muestra moderna y feminista del famoso tabú antropológico del calostro. ¡Vergonzoso en pleno siglo XXI!

No seré yo quien defienda de forma íntegra ese número concreto de la revista The Ecologist y su visión de lo “natural” y lo “tecnológico”, conceptos harto complejos y problemáticos, pero de ningún modo puedo negar que nuestros cuerpos son humanos y pertenecen al género animal mamífero (hasta que se demuestre lo contrario). Negar eso es vivir e inventarse un mundo paralelo ajeno completamente a la biología, quizás más cercano al mundo de los espectros, los espíritus del purgatorio, los ángeles o los robots (estos al menos tienen átomos y están fabricados de algún material concreto). Quizás alguien debería comenzar a invitar a un óvulo y un endometrio humanos a realizar un Máster de Género en alguna universidad estatal para enseñarles cómo se deberían de comportar. Negar la biología es ideológico. Negar la cultura también. Somos seres bioculturales.

Dice Alicia Puleo sobre el minuto 14.42 algo así como “El monográfico se llamaba la R-Evolución Calostral* (risas) y llegaba a plantear cuestiones como que las mujeres hemos accedido a la universidad, nos hemos llenado de títulos olvidando nuestras funciones naturales. O que las mujeres estábamos sometidas, reprimidas en nuestro destino natural que era el de dar a luz. Me suena ese argumento”. No sé exactamente de qué artículo está hablando (tengo la revista sobre mi mesa) pero que la maternidad está siendo retrasada por los estudios universitarios y el trabajo (tal y como los conocemos hoy en día) es un hecho asumido, estudiado y defendido por instituciones como el Club de Roma y denunciado por feministas como Rebecca Walker. Por supuesto, podríamos perfectamente ir embarazadas y lactando a la universidad y al trabajo y romper ese tabú, pero esa es una revolución que todavía nos queda por hacer, la de incorporar a los niños a la vida social fuera de la reclusión de las guarderías.

La maternidad está siendo fuertemente atacada y manipulada por todos los frentes en el mundo actual y en nuestro país de forma concreta. Está siendo reprimida por condicionantes externos y autoreprimida por nosotras mismas (quizás una de las manifestaciones más obvias y cuantificables es el crecimiento cada año del número de mujeres y parejas heterosexuales que recurren a tratamientos de reproducción asistida por haber retrasado la maternidad). Esta represión y manipulación de mentes y cuerpos maternales y no maternales viene de antaño. El régimen franquista hizo una gran labor de ingeniería social en el campo de la maternidad. El régimen postfranquista en el que vivimos sigue atacando y boicoteando el parto, la lactancia, la maternidad y, no lo olvidemos, la paternidad. Si acaso más esta última, privando y prohibiendo a millones de hombres soñar en ser padres (una responsabilidad inasumible según la ideología del hedonismo consumista imperante) y, si lo son, cuidar a sus hijos o, simplemente, compartir con ellos más de unos pocos momentos diarios, el que puede. Lo peor no es que se ataque la maternidad/paternidad, si nos quedáramos ahí volveríamos al pensamiento victimista de siempre. Lo peor es que lo hayamos aceptado con total resignación o normalidad.

El cuadro “Los deberes desagradables del padre” (Unangenehme Vaterpflichten) de Adriaen Brouwer (aprox. 1605/1606–1638). Independientemente de que se considere una tarea desagradable o no, aquí se ve a un padre preindustrial cuidando de su hijo, concretamente, limpiándole el culo. ¡Y era considerado un deber! Un cuadro para la reflexión sobre la paternidad.

Sobre el minuto 18.06, Alicia Puleo habla de cómo afecta a la salud de las mujeres el problema medioambiental y la contaminación. De este tema he hablado ya en multitud de artículos en este blog así que no me voy a extender (algunos posts se pueden leer aquí, aquí y aquí). Repetiré una vez más, como una voz en el desierto ecofeminista, que en la vida los problemas no solamente vienen de las actuaciones de otros (los malvados capitalistas contaminantes) sino también de las decisiones que tomamos (habitos de vida). Y esas decisiones se ven influenciadas a su vez por la cultura. Y la cultura, en sociedades como la nuestra, se ven influenciadas por decisiones biopolíticas más que por la tradición o, mejor aún, nuevas tradiciones son creadas y recreadas ad hoc.

El aumento alarmante del cáncer de mama en nuestras sociedades está íntimamente relacionado con la no maternidad, la maternidad tardía y la falta de amamantamiento. Además de la contaminación hay tres elementos de nuestra sociedad que están teniendo un impacto severo en nuestra salud, desde un punto de vista evolutivo: comemos más de lo que necesitamos, no ejercitamos nuestro cuerpo como nuestro cuerpo humano necesitaría, y nos reproducimos/amamantamos nada, poco y tarde. Estos tres elementos están relacionados íntimamente con nuestra fertilidad, con la llegada de nuestra primera regla y con el número de ciclos menstruales ovulatorios que tendremos durante toda la vida. Son elementos interconectados y bioculturales. Negar la evidencia científica en este aspecto y seguir culpando como ÚNICO factor a la contaminación ambiental de absolutamente TODO es una irresponsabilidad. La contaminación está ahí y es fruto de la industrialización. Pero la industrialización contamina también nuestras vidas de otras formas además de con tóxicos químicos.

¿Por qué Alicia Puleo no puede admitir y ni siquiera investigar estos factores influyentes en los cánceres femeninos? Porque son políticamente incorrectos frente al feminismo en el que ella se enmarca. Como no cuadran con su ideología, los obvia. Hablar de contaminación ambiental es muchísimo más correcto. ¡A nadie le parece mal y todo el mundo puede seguir en su zona de comfort intelectual! Pero ocurre que a veces la verdad duele y es incómoda. Y entonces tenemos que matizar nuestras ideas previas y, realmente, después nos damos cuenta que tampoco pasa absolutamente nada por rectificar de vez en cuando. Una mujer puede seguir decidiendo libremente no querer ser madre asumiendo los costes para su salud física-mental (los costes mentales son mucho más políticamente incorrectos así que los dejamos para otro post) de no serlo. Esa es la libertad consciente y responsable. ¿A qué tenemos miedo?

Entiendo que sí tengan miedo los que se benefician de las ideologías que reprimen la maternidad, la paternidad, la crianza, la amistad, el amor y la vecindad, los beneficiarios principales de que toda la energía vital de cuidados, amor y pensamiento que no brindamos a nuestros seres queridos sea dirigida hacia la producción de basura material e intelectual, hacia la guerra por los recursos del planeta y los recursos de la vida.

También es extremadamente incorrecto hablar de relación simbiótica madre-bebé pero es real, tanto en madres que dan el pecho (y una muestra es que la succión del bebé es sana para el cuerpo de la madre, siendo capaz de prolongar la amenorrea de la lactancia y los ciclos menstruantes anovulatorios durante meses o años), como en las que no lo dan porque no han podido pero sienten esa fusión emocional y de contacto físico. Madre y bebé se necesitan y cuidan mutuamente de formas diferentes y no equivalentes.

Alicia Puleo habla en otro momento de “ecofeminismo crítico” con derechos sexuales y reproductivos. ¿Quién defiende los derechos sexuales y reproductivos de quien no puede reproducirse porque ni siquiera hay espacios ni recursos propios para conocer a una futura pareja (y las páginas de contactos de internet son la prueba del desencuentro social y erótico en el que nos encontramos) y no hay ni tiempo ni redes sociales necesarias para criar seres humanos sanos?

En referencia a la no maternidad de las sociedades tradicionales también podemos aprender mucho, sin necesidad de idealizarlas. Por ejemplo, en casi todas las sociedades preindustriales se han conocido y se han utilizado plantas con principios activos que inhiben la ovulación o la implantación de óvulos fecundados, es decir, abortivos tempranos. Hoy la ciencia ha corroborado que esas plantas funcionan y el libro “Eve’s herbs. History of Anticonception and Abortion in the West” aporta bastante información al respecto. Sin embargo, el feminismo mayoritario, en lugar de recuperar ese saber perdido, se dedica a denunciar que el Estado legisla en algo que en otras épocas y otros lugares hubiera sido simplemente imposible de regular, porque los principios activos se encontraban accesibles en la propia Naturaleza, se conocían sus efectos y también sus riesgos tóxicos y efectos secundarios. Una mujer del mundo preindustrial no pedía permiso al poder para no ser madre ni para serlo. Y, a pesar de ello, la maternidad y los hijos eran algo valioso e importante, porque los seres humanos no eran considerados como un mero gasto inoperante, pasivo y consumista de recursos. Los niños y los viejos tenían un papel activo, aportaban algo vital a la comunidad y tenían su función. Hoy en día los niños son inversiones, hobbys, lujos, incordios para poder realizarse como persona y “trabajar”. Por eso, aunque la información anticonceptiva y de abortivos tempranos o era conocida en el pasado o se sabía dónde buscarla si no se conocía de primera mano, es probable que a mucha gente ni siquiera le interesara el tema, porque en términos generales tener hijos era considerado algo positivo. Como todo en la historia de la humanidad, el control de la natalidad ha tenido sus propios ciclos, idas y venidas.

“Una matica de ruda” (gracias a Rosa Zaragoza por hablarnos de esta canción sefardita del siglo XII):

– “Una matica de ruda
una matica de flor
me la dio un mancebico
que de mí se enamoró.
– Hija mía la mi querida
no te eches a perdición,
más vale un mal marido
que mejor un nuevo amor.
– Mal marido la mi madre
no hay más maldición,
amor nuevo la mi madre
la manzana y el limón”.

Como Alicia Puleo, yo tampoco creo que haya que idealizar ni el pasado ni las sociedades presentes cazadoras-recolectoras. De hecho, considero que la ética de la vida, la bioética que ella tanto desprecia (“no vamos a utilizar el concepto de santidad de la vida”) como elemento represor en potencia de la vida de las mujeres adultas en edad “cotizante” (nunca se tiene en cuenta ni a las niñas ni a las ancianas) es de vital importancia en el momento presente. Por eso, aunque en casi todas las culturas haya existido el aborto (o incluso el infanticidio) no por ello habría que reivindicarlo (incluso como acto “empoderante”) en la sociedad actual de forma automática. Yo encuentro totalmente compatible reivindicar la legalidad del aborto con admitir los componentes bioéticos que implica a día de hoy. Por ejemplo, la idea de aborto y embarazo no era la misma hace mil años (de nuevo, me remito al libro del historiador John Riddle) que en la era de la ecografía, en la que puedes escuchar el latido de un feto de 8 semanas latir en tu propio vientre o ver cómo es cuando tiene 12 semanas.

Ahora que parece que nos encontramos en un momento cumbre, un momento de cambio de civilización dentro de lo que ha sido la historia de la industrialización (algunos hablan de fin del petróleo barato, de “pico de petróleo” y demás…) no sería extraño que volvieran también prácticas que ahora consideramos censurables. Me estoy refiriendo, por ejemplo, al campo de la explotación animal como sustituto del los recursos energéticos fósiles. ¿Acaso es posible un mundo postindustrial sin petróleo que no utilice a los animales como fuerza de trabajo? Yo no lo sé, está por ver. En el pasado, el coche sustituyó al caballo y el tractor al buey. No tengo las respuestas a estas cuestiones pero creo que hay que asumirlas con valentía y reconocer sus implicaciones existenciales y éticas.

“El ecofeminismo crítico es constructivista. Tenemos que luchar contra los estereotipos de género porque son perjudiciales para las mujeres y perjudiciales para la Naturaleza. Con esto nos diferenciamos de ecofeminismos clásicos que sostuvieron el caracter biológico de las identidades de género. Si ignoramos el papel de la cultura en las identidades entonces nos condenamos al conformismo. Si es biológico no tienes elección. Las identidades de género eran constructos que es posible transformar”. 

Este fragmento ilustra a la perfección la proyección de la ideología sobre la realidad. Como me viene bien para mis objetivos pensar X, lo afirmo sin importarme si es así o no. Lo importante es que si algo es biológico “no tienes elección” y como se supone que debemos tener elección para transformar todas las cosas (el mito del progreso industrial por excelencia) niego todo lo que sea biológico. ¿Y si los roles sexuales o la división sexual de las tareas tuvieran más un interés práctico o de adaptación al medio ecológico que algo ideológico? Esto no entra en contradicción con que posteriormente esas divisiones prácticas acaben, a lo largo del tiempo, teniendo un componente jerárquico o dominante que termine convirtiéndose en una realidad opresora.

 Por otro lado, que algo se pueda transformar no quiere decir que haya que transformarlo o reprogramarlo por necesidad. Es decir, no hay por qué sustituir la cultura por la biopolítica, sustituir la integración en una cultura existente por el adoctrinamiento desde las instituciones. Una mujer de una sociedad tradicional puede estar “programada” por su cultura. Una mujer de la sociedad actual está reprogramada desde las instituciones estatales y capitalistas de poder, entre las que hoy en día podemos citar a todas las organizaciones subvencionadas o patrocinadas (entre las que se encuentra desde la Iglesia al feminismo). Estoy deseando conocer un proyecto feminista que no esté financiado por el Estado ni el Capital y que cumpla otro requisito fundamental: no reproducir de forma automática y acrítica el pensamiento del feminismo subvencionado.

La intervención de Alicia Puleo termina con un canto a la ayuda mutua entre el feminismo y el ecologismo. El feminismo y el ecologismo de estado pueden ayudarse mutuamente pero jamás podrán aproximarse a la realidad, porque sus estudios y luchas están condicionados por lo que el Estado o el Capital consideran subvencionable o no subvencionable, dependiendo de lo que más le interese en cada momento.

Para finalizar me gustaría mencionar las poquitas cosas con las que estoy de acuerdo con Alicia Puleo:

– Ninguna cultura es “perfecta”, todas tienen algo que dar y algo de lo que aprender.
– Hay que universalizar la cultura del cuidado (yo añado, desde los iguales y no desde “arriba” a base de institucionalizar los cuidados para liberar a no se sabe quien).
– Las mujeres y los hombres somos parte de la Naturaleza.

Como siempre, pido disculpas por las posibles equivocaciones de análisis que pueda tener el texto y estoy abierta a dialogar, reflexionar, matizar o retirar cualquiera de mis afirmaciones si se demuestran erradas.

* Sobre el origen de la expresión “revolución calostral” Ester Massó Guijarro explica: “El concepto de revolución calostral del obstetra Michel Odent (2007) explica esta vertiente. Odent ha descrito cómo el tabú del calostro se hallaba presente en multitud de culturas, que vetaban de diversas maneras la toma del calostro por parte del neonato durante los primeros días. Esta privación está relacionada con la maximización del potencial de agresividad en las personas, lo que suponía una ventaja desde el punto de vista de la selección (Odent 2007: 96ss). Frente a ello, la no perturbación de la relación entre madre y recién nacido supone una revolución contracultural, en la que los recién nacidos experimentan una seguridad básica (en permanente contacto con sus madres) que influirá de modo crucial en su salud emocional: “La revolución calostral es una etapa que obligatoriamente hay que pasar en el camino hacia la convergencia entre instinto y ciencia. Entre el cerebro primitivo y el neocórtex” (ibíd.: 99).” 

Se puede leer el capítulo “Calostro y Civilización” del libro “El bebé es un mamífero” escrito por Michel Odent aquí: http://es.scribd.com/doc/49186767/CalostroyCivilizacion

La familia campesina del Occidente asturiano

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Ha llegado hace poco a mis manos este libro, que conocí a través de una de las charlas de Prado Esteban, y me ha parecido muy interesante desde el punto de vista histórico y antropológico. Su autora es Asunción Díez y está publicado por el Instituto de Estudios Asturianos.

Como sabéis, siempre que pillo un libro por banda me fijo en temas relacionados con la maternidad, la paternidad, sexualidad, lactancia (más ahora que estoy formándome como asesora), cómo se criaba a los hijos y demás. Por eso, de esta obra he seleccionado el fragmento relacionado con el destete, del que habla en una nota al pie (pg. 74). ¡No esperéis encontrar una versión asturiana pre-industrial de “babyled weaning”! Allá va:

“La dieta de destete solía consistir en “papas” de trigo o maíz, cocidas en caldo o leche, es decir, una especie de polenta o gachas, y “caldo de rabas”, el potaje local, hecho con tocino, un poco de chorizo y un poco de carne fresca o salada (según lo acomodada que fuera la familia), y algún hueso, más judías blancas, patatas y la hoja de nabo (“rabas”, que son las hojas grandes, distintas de las del cogollo, más tiernas y llamadas “cimois” y que corresponden a los “grelos”). Cuando el niño comenzaba con la dentición, entre los 7 meses y el año, se le daba una corteza de tocino (“con algo de blanco para que críe unto”) para que la mordiera y sintiera alivio.

La descripción de la dieta proviene de fuentes orales. Esta dieta era la practicada en toda la zona hasta los años 50 de este siglo”.

Al estudiar la familia de esa época, este libro toca temas relacionados con la fertilidad y también con la falta de ovulación relacionada con la lactancia exclusiva y las frecuentes tomas (para más información científica sobre el MELA o el método anticonceptivo que se basa en la amenorrea de la lactancia podéis leer este documento de Unicef):

“Por regla general, en ausencia de amamantamiento del niño nacido en primer lugar, ya sea porque se confíe su crianza a una nodriza o porque muera al poco tiempo de nacer, el intervalo tiene una duración que puede oscilar entre los 10 y los 18 meses, mientras que, cuando la madre amamanta al anterior nacido, el intervalo puede prolongarse hasta los 24 o 30 meses. Sin embargo, esto no se cumple en la totalidad de los casos, ya que, determinadas madres, pueden tener intervalos reducidos, pese a criar ellas mismas a sus hijos, en tanto que otras pueden tener largos intervalos a pesar de que los niños mueran al nacer. El equilibrio hormonal de los individuos, así como las probabilidades de que se produzca la concepción de un óvulo maduro, presentan un carácter aleatorio que hace, por ejemplo, que no todas las mujeres casadas a la misma edad y cuya unión dura el mismo tiempo, tengan igual número de hijos.”

La autora se plantea una pregunta a la hora de analizar la fertilidad y la muerte de los bebés al analizar los intervalos entre hijos al afirmar “el problema que se plantea (…) es establecer en qué medida un intervalo corto que sigue al nacimiento de un niño al que no se menciona más, es el efecto de la desaparición de ese niño o su causa”. Se refiere a si qué entender cuando un intervalo entre hijos es muy corto, si es que el niño murió por un destete precoz y en seguida se volvió a quedar embarazada, o bien si el niño murió primero y, al dejarle de amamantar, volvió su ovulación y se quedó de nuevo embarazada. ¿Quién fue primero, el huevo o la gallina? Desde luego, la labor de los historiadores es muy detectivesca. Es interesante cómo pueden plantearse todas estas cuestiones tan solo analizando los libros de las parroquias.

El tema de la lactancia vuelve a aparecer en el libro cuando explica el descenso de la fecundidad entre 1750 y 1870, con intervalos más largos entre hijos. La autora ofrece diferentes explicaciones, una podría ser el descenso de la mortalidad perinatal (gracias a, según el libro, los médicos rurales o mejor preparación de las matronas). Pero hay otra posibilidad que le parece más influyente, y es el de la práctica de tomar expósitos de los hospicios para su crianza, es decir, de nuevo el poder sobre la fecundidad que tiene el amamantamiento.

Pero este libro en realidad no trata sobre lactancia. En él podemos saber que en el período estudiado por la autora (siglos XVIII y XIX) lo normal era que en los matrimonios la mujer fuera un poco más mayor que el hombre y esta tendencia no cambio hasta bien entrado el siglo XIX. También me ha sorprendido que fuera también normal que las mujeres llegaran al matrimonio con hijos “ilegítimos”, ya fuera de su pareja o de parejas anteriores. Tampoco tenían que huir para ocultar su “culpa”. Asunción Díez explica “durante todo el período, no está presente ese concepto victoriano de la moral, que parece imponerse a lo largo del siglo XIX”. Y es que la historia concreta, sin teorías apriorísticas o prejuicios, nunca dejará de sorprendernos, permitiéndonos aprender y entender también el mundo actual.

Efectos del ejercicio en la salud materna y la lactancia

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Reproduzco algunas citas interesantes de un artículo de Marta Díaz Gómez tomado del libro “Lactancia Materna: guía para profesionales” del Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría:

EJERCICIO FÍSICO

Efectos del ejercicio sobre la salud materna:

El ejercicio físico tiene numerosos efectos beneficiosos en la salud materna: mejor la función cardiovascular, ayuda a perder la grasa acumulada durante el embarazo, mejora la mineralización ósea, aumenta la fuerza y flexibilidad muscular, mejora la sensibilidad a la insulina, aumenta los niveles de HDL-colesterol, estimula el sistema inmunitario y tiene efectos como reducir el estrés y la ansiedad, aumenta la autoestima, al mejorar la imagen corporal y produce sensación de bienestar, por la liberación de endorfinas.

(…)

Recomendaciones sobre la práctica de ejercicio físico durante la lactancia

Todas la mujeres en el postparto deben realizar para fortalecer el suelo pélvico (ejercicios de Arnold Kegel), con el fin de recuperar el tono de la musculatura perineal y prevenir la incontinencia urinaria en edades posteriores de la vida. Estos ejercicios consisten en contracciones de la musculatura perineal durante 5-10 seg, seguido de relajación lenta. Se aconseja repetirlos unas 30 veces al día.

Una vez recuperado el suelo pélvico, es recomendable realizar de forma regular un ejercicio moderado. El ejercicio intenso y el que es practicado de forma esporádica, ofrece peores resultados.

En el puerperio inmediato no se aconseja la natación por el riesgo de endometritis. Durante la lactancia tampoco son recomendables los deportes en los que exista riesgo de traumatismos en la mama. Por lo demás se puede practicar cualquier tipo de ejercicio físico, siguiendo las siguientes recomendaciones:

– Utilizar un sujetador de deporte, firme, preferiblemente de algodón.

– Realizar un calentamiento previo.

– Iniciar el ejercicio de manera suave e ir incrementando su intensidad progresivamente, dependiendo de los hábitos que la madre tuviera antes del embarazo y de las molestias que le produzcan.

– No llegar a tener sensación de fatiga, ya que el ejercicio intenso aumenta los niveles de ácido láctico y podría cambiar el sabor de la leche.

– Aumentar la ingesta de líquidos.

– Al terminar el ejercicio y antes de ofrecer el pecho al niño, debe ducharse o lavarse el pecho.

– Seguir una alimentación variada y equilibrada, adecuando la ingesta calórica al nivel de actividad física. Se recomienda una dieta pobre en grasa y rica en hidratos de carbono complejos, con una baja proporción de azúcares.

– Si la madre desea perder peso puede restringir la ingesta energética después del primer mes postparto, pero cuidando de que la dieta aporte como mínimo 1.800 kcal/día, para queno se afecte la producción de leche.

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Decisiones informadas: Los riesgos de no ser una madre joven (y no amamantar)

El lazo rosa y su historia: “No obstante, una mujer de 68 años llamada Charlotte Hayley que había luchado contra el cáncer de mama y también había producido lazos representativos de color de melocotón. Ella los vendió con una tarjeta que decía: “El presupuesto anual del instituto nacional del cáncer es de 1,8 billones de dólares estadounidenses y solamente el 5 % está destinado para la prevención del cáncer. Ayúdanos a despertar a nuestros legisladores y a los Estados Unidos, usando este lazo” Su mensaje se expandió rápidamente, lo cual hizo que Penney y Evelyn se interesaran en el concepto de Hayley, y quisieron trabajar conjuntamente con ella. Sin embargo Hayley rechazó la oferta argumentando que esta tenía un propósito demasiado comercial.
Después de discutir las oportunidades con Lauder, Hayley y los abogados, decidieron ponerle un “nuevo” color. El nuevo color de la cinta, sería el rosa y se convertiría en un símbolo internacional de la concienciación del cáncer de mama”. http://es.wikipedia.org/wiki/Lazo_rosado (Evelyn es Evelyn Lauder, vicepresidenta de la marca cosmética Estée Lauder y yerna de la propia Estée)

No sé durante cuanto tiempo seguiré escribiendo en este blog sobre temas relacionados con la maternidad o el feminismo, pero aquí va otro artículo:

En el último post, a raíz de una pregunta “extraña” que me hicieron en facebook, hablé sobre el tema de si la mujer se realiza con la maternidad, si puede realizarse “solo” con la maternidad, si puede realizarse de otras formas, si “sólo” puede realizarse de una forma, en lo laboral, etcétera… Pero hoy quiero hablar sobre un tema del que se habla muy, muy poco y la verdad es que es sorprendente e inquietante a la vez. Yo cuando lo descubrí me quedé muy perpleja. No es mi objetivo alarmar ni culpabilizar a las mujeres, de eso ya tenemos bastante, sino animarlas a informarse y preguntarse quién toma las decisiones en su vida, si nosotras o el sistema en el que vivimos, un sistema dedicado a matar al amor en todas sus formas o a hacerlo casi imposible. Una vez que sabemos lo que queremos podemos lograrlo. Una vez que reconocemos nuestro deseo o nuestra falta de él podemos dirigir nuestros pasos. La confrontación con la dura realidad a veces nos puede causar rabia o tristeza, pero esos sentimientos son sanos cuando son un duelo que atravesamos para levantarnos con más fuerza y entender las causas de nuestra situación, para comenzar un camino como las mujeres que todo nuestro ser nos dice que queremos ser. Ese camino no será igual ni válido para todo el mundo porque el ser humano y sus circunstancias son muy diversas.

Cáncer de mama 

El más común de los cánceres en las mujeres es el de mama y es a la vez el más mortal. Tan solo en España se detectan 22.000 casos cada año y una de cada ocho mujeres españolas lo desarrollará en los próximos diez años.  Aunque afortunadamente gran parte de los casos se podrán curar a tiempo (entre un 50% y un 80%), no podemos olvidar las ultimas cifras: 6.314 mujeres murieron por esta causa en nuestro país en el año 2011.

Es muy habitual que se organicen maratones, se repartan chapas o lazos rosas, se organicen campañas de concienciación, pero muy pocas sabemos que una de las cosas que previenen en gran parte el cáncer de mama es el tener hijos cuando se es joven, (en concreto con menos de 25 años o de 30 años) y amamantarlos durante año y medio a dos años. Algunos autores, de hecho, consideran que tener el primer hijo antes de los 20 años supone una disminución del riesgo del 50% con relación a las mujeres sin hijos y tenerlo con más de 35 años lo elevaría tres veces. Casi nadie sabe, planteándolo de otra forma, que no tenerlos en nuestra juventud y no amamantarlos es un riesgo para nuestra salud como mujeres. O, dicho de otra forma, la maternidad reduce la cantidad total de ciclos menstruales a lo largo de la vida, lo que nos expone durante menos tiempo a los estrógenos, que estimulan el crecimiento de las células mamarias aumentando el riesgo de cáncer. Además, el embarazo provoca una serie de cambios madurativos y protectores en el conducto glandular para que las células produzcan leche, y estas células diferenciadas son menos susceptibles, según algunos investigadores, de convertirse en cancerígenas.

El Día Internacional del Cáncer de Mama enfoca sus esfuerzos a la detección precoz del cáncer, es decir, en la importancia de las mamografías, o en cómo afrontar la enfermedad una vez que la mujer ha sido diagnosticada, pero no he encontrado ninguna acción preventiva o en la que se den a conocer los factores de riesgo que se pueden prevenir, y mucho menos algún tipo de acto que cuestione el modelo actual reproductivo en nuestra sociedad. Es más, en muchas ocasiones estos factores se menosprecian y si no, mirad qué lugar ocupan en esta lista de un artículo periodístico. ¿Cuántas de estas seis mil muertes anuales se habrían evitado si, además de ser diagnosticadas antes, las mujeres que sí queremos ser madres tuvieramos hijos cuando somos jóvenes?

La Carrera de la Mujer ha conseguido mezclar en un único evento la lucha “contra el cáncer de mama” y “contra la violencia de género”. Sin embargo, al menos mediáticamente, obvia la difusión de las causas hormonales, las relacionadas con los hábitos reproductivos de las sociedades industrializadas y las de la contaminación ambiental causada por la industria. La carrera está patrocinada por DKV Seguros, Central Asturiana y el resto de empresas que aparecen en su web.

Está claro que los factores genéticos (solo el 20%-30% son debidos a causas genéticas, hereditarias o familiares) no los podemos modificar y los llevamos a cuestas, pero los hábitos de vida sí pueden elegirse. Puedo elegir no consumir alcohol, llevar una dieta lo más sana posible dentro de lo imposible que es hacerlo en la sociedad actual, puedo elegir hacer deporte para no tener sobrepeso y puedo elegir, si lo deseo, tener hijos joven.

¿Qué? ¡Sacrilegio! ¿Pero no se supone que tener hijos tan pronto puede ser desastroso, una irresponsabilidad, una locura? Es justo la edad en la que muchas mujeres y hombres estamos en plena carrera universitaria o iniciando la vida profesional, lo que es consecuencia de que hay unas determinadas ideas o una ideología sobre el tipo de sociedad deseable. De hecho, en el último año de instituto hay una prueba de selectividad que hace la conexión con la enseñanza superior haciendo impensable una pausa para la maternidad y la paternidad. En el caso de la formación profesional ocurre lo mismo, se da por hecho que una vez finalizada, el siguiente paso es buscar un empleo o estar “parado”, desde luego no enamorarse y formar una familia. Y todo esto tiene consecuencias.

Por ejemplo, yo, que los he tenido después de los 30, a priori tengo el mismo riesgo de cáncer de mama que una nulípara, una mujer que no ha tenido ningún parto, es decir, mucho más riesgo que una mujer que tuvo su primer hijo con 18, 20 o 25 años (ACTUALIZO: estaba equivocada, no tengo el mismo riesgo que una nulípara, tengo un mayor riesgo que ella). Ahora bien, hay más factores que protegen, por ejemplo, la lactancia de más de año y medio o dos años. Por lo menos, por ahí sí que de algo puedo beneficiarme, ya que todavía amamanto a mi pequeño de 20 meses, y me gustaría poder tener más hijos en el futuro. Aún así hubiera agradecido bastante haber accedido a esta información cuando tenía 18 años. ¿Hubiese condicionado la edad a la que tuve a mi primer hijo? No lo sé, pero para tomar decisiones informadas sobre tu escala de prioridades en la vida hace falta eso, información. (ACTUALIZACIÓN: Un “nuevo estudio establece que ese vínculo entre maternidad tardía y mayor riesgo de cáncer de mama sólo se da en las madres que recurren a la alimentación artificial”).

Diversos estudios habían probado que las mujeres que tienen su primer hijo pasados los treinta tienen más riesgo de tener cáncer de pecho, con independencia de cuántos hijos tengan planeado tener. El nuevo estudio establece que ese vínculo entre maternidad tardía y mayor riesgo de cáncer de mama sólo se da en las madres que recurren a la alimentación artificial.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/224066/0/lactancia/cancer/mama/#xtor=AD-15&xts=467263

Diversos estudios habían probado que las mujeres que tienen su primer hijo pasados los treinta tienen más riesgo de tener cáncer de pecho, con independencia de cuántos hijos tengan planeado tener. El nuevo estudio establece que ese vínculo entre maternidad tardía y mayor riesgo de cáncer de mama sólo se da en las madres que recurren a la alimentación artificial.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/224066/0/lactancia/cancer/mama/#xtor=AD-15&xts=467263

Nadie tiene un hijo para tener menos riesgo de cáncer de mama pero es un dato que hace reflexionar sobre nuestro cuerpo y nuestra salud. ¿Qué era eso de la “servidumbre de la maternidad” que decía Simone de Beauvoir? ¿Qué opinaría ella si supiera esto? ¿Que era una “esclavitud” muy sana para la mujer? Lo cierto es que la maternidad no es una esclavitud, lo que es una esclavitud es el sistema en el que vivimos que dificulta muchísimo el amor y la crianza, un sistema que destruye las redes y apoyos entre iguales que necesitarían padres y madres para criar y para poder tener momentos para descansar también de los cuidados, entre otras muchas otras cosas.

Cáncer de mama y maternidad

Tabla tomada de www.intramed.net/sitios/librovirtual8/pdf/8_09.pdf

La explicación de la acción protectora de tener hijos cuando las mujeres somos jóvenes es que los embarazos y la lactancia hacen que tengamos menos ciclos mestruales. De hecho, cuando amamantamos, la regla suele volvernos bastante tarde, en mi caso tardó un año en volver. Tener tantos ciclos menstruales es uno de los factores que eleva el riesgo de cáncer, por eso también está relacionado con la edad a la que llega la primera regla y la edad con la que se despide de ti, en la menopausia. Por ejemplo: si tienes tu primera regla a los 12 tienes un riesgo ligeramente superior que si la tienes a los 15. Además, las mamas adquieren su madurez después del primer embarazo a término, por eso protege que esa maduración se produzca a los 20 años en lugar de a los 35.

En el estudio  “Incidencia del cáncer de mama en Cataluña” podemos leer que:

“El riesgo de cáncer de mama está asociado a diferentes factores de riesgo. Entre los más importantes destacan los factores reproductivos y hormonales, la obesidad en la menopausia y el consumo de alcohol. El riesgo de desarrollar cáncer de mama está aumentado en las siguientes situaciones: edad temprana en la menarquia, edad tardía en el primer embarazo, baja paridad o nuliparidad y menopausia tardía. Estos factores reflejarían una exposición prolongada a los estrógenos endógenos, en particular al estradiol libre. La administración exógena de hormonas, como en el tratamiento hormonal sustitutivo en la menopausia, aumenta el riesgo de desarrollar la neoplasia, que disminuye al retirar la hormona; los anticonceptivos orales tienen también un pequeño efecto sobre el aumento de riesgo, que asimismo disminuye cuando la anticoncepción cesa.”

La OMS, a pesar de centrarse más en los factores genéticos o de los hábitos saludables (lo que no deja de ser una decisión ideológica) afirma:

“Los factores reproductivos asociados a una exposición prolongada a estrógenos endógenos, como una menarquia precoz, una menopausia tardía y una edad madura cuando el primer parto figuran entre los factores de riesgo más importantes del cáncer de mama. Las hormonas exógenas también conllevan un mayor riesgo de cáncer de mama, por lo que las usuarias de anticonceptivos orales y de tratamientos de sustitución hormonal tienen más riesgo que las mujeres que no usan esos productos. La lactancia materna tiene un efecto protector (IARC, 2008, Lacey et al., 2009).” 

Pero es que la maternidad protege también a las mujeres que ya han tenido cáncer de mama, como explica Ricardo Cubedo, Especialista en Oncología de la Clínica Universitaria Puerta de Hierro de Madrid:

“Lo que sí está bien demostrado es justamente lo contrario, que las mujeres que han tenido un cáncer de mama y se quedan embarazadas después, sufren menos recaídas del tumor que las que no se embarazan. Esto no debería sorprendernos. Desde hace decenios sabemos que las mujeres que nunca han gestado tienen más riesgo de padecer cáncer de mama que las que han tenido varios hijos. La razón son los estrógenos, las hormonas femeninas producidas por los ovarios.
(…)
Aún merece la pena hacer dos observaciones más al respecto: la protección frente a la recaída es mayor si el embarazo se retrasa un año tras la quimioterapia; además, el factor protector frente a la recaída que procura el embarazo es mayor que el de la propia quimioterapia.”

El cáncer de mama y las monjas

La primera vez que alguien se percató de que entre las monjas había muchos más casos de cáncer que entre el resto de mujeres fue en 1713 de la mano de un médico italiano, Bernardino Ramazzini, un precursor de la medicina laboral que llamó a esta enfermedad “maldita peste”:

“Todas las ciudades de Italia tienen varias comunidades religiosas de monjas, y rara vez hay un convento que no albergue esta maldita peste, el cáncer, entre sus paredes”.

Más tarde, en 1842, el médico italiano Domenico Antonio Rigoni-Stern también se dio cuenta de esta relación cuando revisó los certificados de defunción de Verona entre 1760 y 1839. y vio que las monjas tenían 5 veces más cáncer de mama que las “mujeres casadas”. Concluyó que la causa quizás se debiera a que sus corsets o sujetadores eran demasiado ajustados. Como sabemos ahora, se equivocaba, no era ni siquiera porque no practicaran sexo (ni el coito) sino porque ni se embarazaban ni amamantaban.

Un artículo de opinión reciente de la revista The Lancet propone a las monjas que tomen la píldora anticonceptiva para evitar los riesgos de la nuliparidad: “Hoy en día, en todo el mundo, hay 94.790 monjas que siguen arriesgando su salud por su castidad, debido a que padecen los peligros de la nuliparidad: más probabilidades de cáncer de mama, de ovario y de útero”.

Sin embargo, los anticonceptivos hormonales también están relacionados con el cáncer de mama (aunque sí protegen contra el cáncer de ovario) y con el riesgo de sufrir enfermedades cardiacas, lo que no parece un buen consejo ni para las monjas ni para las demás. Hay más información sobre este tema aquí y en el libro “Cirugía del cáncer de mama”. Es un tema controvertido ya que hay posturas contrarias incluso dentro del Grupo Español de Cáncer de Mama (GEICAM): hay profesionales médicos que afirman que sí que eleva el riesgo de cáncer de mama, como Emilio Alba, miembro de la junta directiva del GEICAM y los que dicen que ese riesgo, de existir, es ínfimo (ver pregunta num. 9 de esta entrevista al Dr. Miguel Martín, Jefe de Sección de la Unidad de Cáncer de Mama del Hospital Universitario San Carlos de Madrid y presidente del GEICAM).

El artículo obvia que no solamente las monjas son “castas” en cuanto a la reproducción sino que cada vez más mujeres lo somos también y cuando tenemos hijos lo hacemos muy tarde (31 años de media en España) y tenemos muy pocos. El índice de fecundidad estaba en 2012 en 1,32 por mujer (madres y no madres) y bajando, y sobre todo cuesta mucho llegar al segundo hijo. Para un análisis completo sobre este tema recomiendo leer desde un punto de vista crítico (toda investigación está cargada de ideología) este estudio de la Fundación La Caixa.

Las religiosas son el perfil femenino más propenso a desarrollar cáncer de mama por la larga exposición a los estrógenos”, según el médico Miguel Antonio Palmeros Ronzón (Venezuela).  Es interesante conocer el caso de las monjas ya que en la sociedad actual, aunque muchas no vivamos en un convento, muchas mujeres tenemos hábitos similares a los suyos. Quizás tengamos una vida sexual más animada (aunque cada vez se dan más casos de mujeres que no practican el sexo en pareja, ni masculina ni femenina), pero es vida sexual no reproductiva y cuando lo es, es muy tardía, con lo cual tenemos un riesgo muy parecido al que tienen ellas de desarrollar cáncer de mama.

“Mujeres feministas en lucha contra el cáncer de mama”

He encontrado este documento de Sue Wilkinson  titulado “Mujeres feministas en lucha contra el cáncer de mama: lo personal y lo político”. El subrayado es mío.

“El factor de riesgo más importante para el cáncer de mama es el hecho de ser mujer (solamente el 1-2% de los casos diagnosticados se produce en varones); y para el 85% de las mujeres, el mayor factor de riesgo es la edad avanzada (Altman, 1996). Cuanto mayor sea la mujer, mayor es el riesgo al que se enfrenta. Otros factores de riesgo están relacionados con la historia reproductiva (no tener criaturas, un primer embarazo “tardío”, un número de ciclos menstruales superior a la media); con factores unidos al “estilo de vida” (p. ej., una dieta alta en grasas, sobrepeso, el consumo excesivo de alcohol);”
(…)
El movimiento feminista contra el cáncer de mama comenzó en EEUU en los años 1970 (véase Altman, 1996, para su historia). Las activistas feministas han montado centros de recursos y servicios de apoyo; han luchado por un aumento de los fondos destinados a la investigación y una mejora de los servicios de atención médica; han utilizado las artes visuales y la palabra para cuestionar la invisibilidad generalizada de las mujeres con cáncer de mama; y han revelado los vínculos basados en el lucro entre los valores y la práctica de la “industria” del cáncer de mama y una serie de riesgos –en gran medida no reconocidos–, en concreto, los riesgos medioambientales (Batt, 1994).
(…)
La lucha por los recursos: Otra de las principales preocupaciones feministas ha sido la falta de recursos económicos destinados a la investigación del cáncer de mama y a los centros de asistencia médica. En su lucha a favor de un aumento de los recursos, las feministas estadounidenses y canadienses han considerado oportuno establecer un paralelismo explícito entre la epidemia del sida y la propagación del cáncer de mama. Sharon Batt, por ejemplo, invita a la lectora a comparar el índice de mortalidad por cáncer de mama (más de 4.000 mujeres) con “las 417 muertes a consecuencia del sida en Canadá, durante ese mismo año” (Batt, 1991, p. 60).

Como vemos en este documento, la investigadora reconoce que la historia reproductiva (no tener hijos o tenerlos tarde, no amamantar) y el estilo de vida (los vicios del sistema actual: alcohol y tabaco) son causas fundamentales del aumento del cáncer de mama en las mujeres. Pero después reconoce que el movimiento feminista desde los años 70 ha ignorado completamente el tema de que ser nulípara o tener hijos tardíamente es un riesgo real. Al contrario, se han centrado en pedir que se aumente el dinero destinado a la investigación de la curación a posteriori, tarea muy loable para curar mejor el cáncer, pero han obviado el enfoque de la prevención, análisis y reflexión de esos riesgos culturales, sistémicos, causados por la forma de vida en los países industrializados (en los no industrializados el cáncer de mama es significativamente menor).  Influenciadas por los trabajos de feministas como Simone de Beauvoir, se han dedicado a inventar argumentos en contra de la maternidad, cuando no a obviar sus beneficios, como en este ejemplo concreto.

La autora reitera una y otra vez la importancia de todo lo que tenga que ver con recursos económicos y hace desaparecer a la maternidad y la salud reproductiva (no se necesitan grandes recursos para ello) del debate. Por si acaso no ha quedado claro todavía en pleno siglo XXI, algunas lo volveremos a repetir: la maternidad no es una esclavitud, lo que es una esclavitud es este sistema que convierte a la crianza en algo aislado, sin redes de apoyo, difícil y complicado.

Algo muy rescatable del documento es mencionar a la “industria del cáncer de mama” y su funcionamiento:

 “El principal patrocinador del Mes de Conciencia del Cáncer de Mama, que se celebra anualmente, es el gigante multinacional de productos químicos AstraZeneca (antes, Zeneca12) que fabrica el antiestrógeno tamoxifeno, de amplio uso en el tratamiento del cáncer de mama. AstraZeneca produce asimismo una gama de fungicidas y herbicidas que incluyen el cancerígeno acetocloro; y una de sus plantas es manifiestamente la tercera fuente de contaminación cancerígena volátil de Estados Unidos (Batt y Gross, 1999). 

Sería muy positivo que la autora ampliara esa crítica hacia otros campos, como el negocio del antimaternalismo que beneficia al capitalismo actual, ya que este solo valora a las personas como mercancías y las madres son para él “poco productivas”, solamente interesantes como consumidoras. Una madre trabajadora siempre es problemática para el mundo empresarial, mucho más si decide tener varios hijos seguidos de sus sucesivos permisos maternales, y peor aún si pide una excedencia, una jornada partida… Yo no debo ser un caso aislado y a mí me han preguntado en una entrevista de trabajo si tenía pareja y si pensaba tener hijos. Una solución parcial para este tipo de situaciones podría ser que los permisos maternales y paternales se equipararan. Esta medida, sin embargo, podría conducir a que la discriminación en lugar de desaparecer se ampliara hacia el sector de hombres que pudieran ser considerados por el empresario o la empresaria como padres en potencia.

“Una perspectiva crítica y feminista exige tanto prestar atención a la experiencia de las mujeres como realizar un análisis político de esta experiencia, como componentes clave para trabajar hacia una transformación social.

Una pena que ese análisis político hacia una transformación social no haya tocado el tema fundamental de la sexualidad reproductiva de la mujer desde el punto de vista de la salud, tema tabú en la actualidad. Se trata de una ausencia verdaderamente llamativa y cargada de ideología, ya que quiere decir que el modelo reproductivo actual, tardío o inexistente, es incuestionable para la autora. Este modelo ha sido diferente en otras épocas y lugares, lo que quiere decir que puede volver a cambiarse o, al menos, se puede visibilizar y no darlo por hecho, para que cada cual pueda elegir.

ACTUALIZACIÓN  a 3 de julio de 2014: He encontrado el libro de la poeta feminista Audre Lorde “Los diarios del cáncer” (1980). Allí se puede leer en la pg. 64: “El cáncer no es sólo otra enfermedad degenerativa e inevitable del proceso de envejecimiento. Tiene causas inconfundibles e identificables, y éstas son básicamente la exposición a agentes químicos o físicos del medio ambiente”. Cita un libro de Samuel Epstein “The politics of cancer” como su fuente. Ni una palabra sobre las causas hormonales endógenas (que no vienen del exterior) de las que se habla en este post.

Cáncer de mama y maternidad “industrializada”

Según un estudio de la investigadora Valerie Beral, de cada 100 mujeres de un país industrializado (lo que algunos llaman “rico”) 6,3 mujeres tendrán cáncer de mama a la edad de 70 años. Sin embargo, de cada 100 mujeres de un país no industrializado (esos que llaman “pobres”) tan sólo 2,3 mujeres tendrán cáncer de mama con 70 años. ¿Cómo se explica esto? Según este estudio, la explicación reside sobre todo en las diferencias en los hábitos reproductivos y de amamantamiento. Estamos hablando de que si adoptáramos las costumbres de los de los países “en desarrollo”, según los análisis del equipo de esta investigadora, el cáncer podría reducirse en un 4,3% por cada año que una mujer amamanta y un 7% por cada nacimiento. ¡Toma ya! ¿Y esto por qué no se sabe? En realidad no sería adoptar nada nuevo, sino más bien una especie de regreso reactualizado a lo que conocieron nuestras bisabuelas y tatarabuelas.

Realmente es una rareza histórica y cultural lo que estamos viviendo ya que nunca antes las mujeres habían menstruado y ovulado tantas veces durante su vida. Estamos ante un verdadero “experimento” social y biológico de consecuencias insospechadas. Actualmente hay muchas mujeres reconectándose y reconciliándose con su ciclo menstrual, creo que dentro de ese camino no puede faltar esta información que toda mujer debería conocer.

La Organización Mundial de la Salud, aunque reconoce los factores reproductivos se centra mucho más en los otros factores y en la detección precoz. Aún así dice cosas como esta:

“La diferente incidencia del cáncer de mama en los países desarrollados y los países en desarrollo puede explicarse en parte por los efectos de la alimentación, unidos a la mayor edad del primer embarazo, el menor número de partos y el acortamiento de la lactancia (Peto, 2001). La creciente adopción de modos de vida occidentales en los países de ingresos bajos y medios es un determinante importante del incremento de la incidencia de cáncer de mama en esos países.” 

En este artículo, “Lactancia, arma de indígenas contra cáncer de mama” , se afirma que en la zona indígena de Chiapas (Méjico), de unas 10 mil pruebas practicadas en 2013, sólo cuatro resultaron positivas. ¿Sus secretos? Al menos uno de ellos es la lactancia materna, que allí es considerada como un valor cultural.

También se expresa muy claro el doctor Damián Gallego en esta entrevista:

-¿Cómo se puede prevenir el cáncer de mama?
–Teniendo hijos cuanto antes, aunque la sociedad vaya en contra. Hay un ligero aumento progresivo del cáncer de mama y el factor más implicado en ello es el descenso del número de hijos y, sobre todo, el retraso en la edad de tener el primer hijo. Se considera que una de cada ocho o nueve mujeres va a desarrollar cáncer de mama debido a este asunto si llega a los 78 años. También puede prevenirse con la lactancia o comiendo menos proteínas y menos grasas, el exceso de carnes incrementa algo el cáncer.
–¿Reporta entonces beneficios contra este tumor el hecho de tener hijos?
–Parece ser que con el embarazo hay una serie de cambios madurativos o funcionales en el conducto glandular que harían una prevención natural. Conforme se retrasa la edad de embarazo, la mujer está durante más años sin que estos cambios protectores se produzcan.
–¿Influyen los antecedentes familiares?
–Hay determinados genes que en las mujeres que tienen un cáncer de mama no funcionan bien, pero eso influye solo en el 8% de los casos. Cuando hay una causa genética no es porque el gen produzca el cáncer, sino porque hay en el cuerpo unos genes llamados supresores del tumor que no funcionan bien.”

Y así lo expresa Rafael Fábregas, consultor en ginecología oncológica y mastología:

“A pesar de que en España el número de casos es inferior al de otros países, como Estados Unidos, Bélgica o Alemania, éstos han ido aumentando desde el siglo XIX, época en la que el cáncer afectaba a un número menor de mujeres debido, en parte, a que éstas tenían un mayor número de embarazos y más tiempo de lactancia.” 

Según Emilio Alba, “miembro de la junta directiva del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (GEICAM), el factor más importante es el reproductivo. “El cáncer ocurre en algún momento entre la primera regla y el primer embarazo y ese periodo ha aumentado mucho en nuestro país: A principios del siglo XX, la primera regla ocurría en torno a los 14 años y la primera gestación sobre los 18, mientras que ahora la edad de inicio de la menstruación se ha adelantado, probablemente debido a una alimentación más calórica, y la edad media de la maternidad está en los 32“.”


Cáncer de mama en el colectivo de lesbianas sin hijos

Las mujeres lesbianas tienen los mismos riesgos que las mujeres heterosexuales que no tienen hijos o los tienen tarde y no amamantan.  Como señala la Fundación Reflejos de Venezuela, uno de los riesgos es “No haber tenido embarazos. Como promedio, las lesbianas tenemos menos hijos antes de los 30 años o simplemente no los tenemos, lo que nos hace vulnerables desde la perspectiva hormonal.

Desconozco el estudio en el que se basa pero la escritora del blog “Avatares de una amazona” afirma que las lesbianas duplicamos las posibilidades de padecerlo en Europa: una de cada cuatro mujeres.” Sin embargo, ella es el ejemplo de que tener hijos no nos protege de forma absoluta de tener cancer ya que ella ha sufrido esta enfermedad y también es madre de familia numerosa.

http://www.medicalnewstoday.com/articles/235878.php
“Embarazo y lactancia – es probable que un porcentaje más alto de mujeres heterosexuales amamantará durante su vida, en comparación con las mujeres lesbianas. La lactancia materna se ha demostrado que reduce el riesgo de cáncer de mama. Liz Margolies menciona que las lesbianas tienen menos probabilidades de quedar embarazadas y tener hijos antes de los 30 años de edad (al parecer, el embarazo a término antes de los 30 años de edad reduce el riesgo de cáncer).”

Cáncer de mama y aborto provocado

Antes de 2007 se creía que la interrupción no natural de los cambios hormonales del embarazo por un aborto aumentaban el riesgo de padecer cáncer de mama. El embarazo tiene un efecto protector (antes de los 35 años) ya que reduce las posibilidades de cáncer gracias a la producción, durante los primeros meses de gestación,  de la hormona “gonadotropina coriónica humana” que estimula el tejido mamario y acelera la diferenciación de sus células, lo que las hace menos propensas a la malignizazión.  La hipótesis aceptada hasta el momento y corroborada por numerosos estudios sostiene que cuando un embarazo se interrumpe, ya sea de forma espontánea o provocada, su efecto protector no aparecía ya que no había tiempo suficiente para que esa diferenciación celular se produjera”. Ahora se sabe que no existe asociación alguna entre haber tenido un aborto y la incidencia de cáncer de mama. Si se desarrolla, será por otros factores.

Algunos grupos antilegalización del aborto (antiaborto creo somos todos, incluso las mujeres que abortan) incluyen el argumento del riesgo de cáncer de mama en sus webs. Esta información está desactualizada, según lo que he investigado, y es un ejemplo claro de cómo se intentan adaptar los estudios científicos a la ideología y, si esta no cuadra, se obvian y se sigue con la ideología. La verdad es la que es, nos guste o no, y dice mucho del clima fanático que se vive en ese ambiente. Todavía no he visto a ninguna web antiabortista rectificar esta información.

Mi postura frente al aborto es clara y se parece a la de Federica Montseny: no es una liberación para la mujer y es una decisión muy dura. Soy adversa a su práctica pero creo que en algunos casos no queda otra opción y tiene que ser legal para evitar más muertes y mutilaciones. Desde la legalidad es, como decía Trotsky, desde donde un sistema o sociedad más justa (sustituyendo la palabra socialismo que él usaba) debería eliminar las causas que llevan a las mujeres a abortar de forma masiva (37.135 de 1990 a los 112.000 en 2012), algo que hoy en día ni los antilegalización ni los que se quedan en la mera legalización parecen interesados en hacer.

ACTUALIZACIÓN Y MATIZACIÓN IMPORTANTE a día 4 de enero de 2014: Odile de “Mis recetas anticancer” acaba de publicar una noticia relativa a un meta-análisis que se ha realizado en China sobre aborto y cáncer de mama. En este país el estado obliga a las mujeres a abortar, dentro de la política del “hijo único”, ya que solamente los ricos pueden pagar las multas por segundo hijo. Las conclusiones son que sí aumenta el riesgo, en concreto, un aborto lo hace en un 44%, dos abortos en un 76% y tres abortos un 89%. Estos datos me parecen aún así sorprendentes porque en China se producen millones de abortos y sin embargo tienen la tasa más baja del mundo de cáncer de mama. En el estudio lo que sí que dejan claro es que el cáncer de mama no ha dejado de crecer desde que se adoptó la política del hijo único, lo que está en relación a todo lo expuesto en este artículo (nuliparidad, maternidad tardía, se amamanta menos, peor alimentación, adopción de hábitos de vida del Occidente industrializado…), aunque no necesariamente con el aborto. Habrá que leer el artículo y comprenderlo mejor. La primeras dos páginas del meta-análisis se puede consultar aquí, el resto es de pago, lo que nos limita el acceso a la información: http://link.springer.com/article/10.1007/s10552-013-0325-7

SEGUNDA ACTUALIZACIÓN a 3 de julio de 2014: He encontrado la web de Karen Malec con información relativa a la relación aborto/cáncer de mama: http://www.abortionbreastcancer.com

La realidad es la que es, le guste a nuestras ideas o no, y hay que ponerla sobre la mesa y discutir si es verdadera o falsa, o criticarla, pero nunca negarla porque simplemente no concuerda con nuestra ideología.

Cáncer de mama y lactancia

Antes de terminar con el cáncer de mama creo que el tema de la lactancia merece un apartado separado por sí mismo. La lactancia protege por la reducción de estrógenos, la diferenciación del epitelio mamario y más cosas… Creo que este estudio lo explica bastante bien:

“La lactancia materna es otro aspecto a investigar, en tanto que pruebas crecientes muestran que las mujeres que amamantan reducen el riesgo de desarrollar cáncer de mama21,22. Si bien es cierto que, a largo plazo, la protección ofrecida por la lactancia materna es mayor en las mujeres pre-menopáusicas23,24. Algunos de los aspectos que podrían explicar tales efectos protectores son la reducción de los estrógenos y la eliminación de líquidos a través de la mama, esto es, la excreción de agentes cancerígenos a través del tejido mamario durante el proceso de la lactancia materna25
Según datos de los últimos estudios realizados, el drástico incremento de los tumores de mama en los últimos años está estrechamente relacionado con la correspondiente disminución en la tasa de natalidad, así como de períodos más cortos de lactancia26. Los resultados obtenidos llegaron a evidenciar que el riesgo relativo de padecer cáncer de mama disminuyó en un 7,0% por cada nacimiento, al que se añade otra disminución del 4,3% por cada 12 meses de lactancia materna27.
A pesar de estos estudios, muchos investigadores siguen escépticos en cuanto a la protección que contra el cáncer de mama pueda proporcionar la lactancia materna28. Afirman que los datos obtenidos hasta ahora son insuficientes y, en muchos casos, llegan a ser contradictorios. Sin embargo, una tasa ligeramente inferior de cáncer de mama se ha observado en las mujeres que amamantan a sus hijos durante más de 12 meses29. Estos resultados parecen apuntar a una relación inversa entre la duración del período de la lactancia materna y el riesgo de cáncer de mama30. El tamaño de la disminución en el riesgo relativo de cáncer de mama asociado con la lactancia materna no difirió significativamente de las mujeres en los países desarrollados y en desarrollo, y no varió significativamente por la edad o el origen étnico31.”

Si estás embarazada o crees que vas a estarlo y quieres amamantar, un lugar donde ver a mamás amamantando y aprender de la experiencia directa son los grupos de apoyo a la lactancia. Si ya tienes problemas (dolor, mal agarre o crees que produces poca leche) no dudes en buscar ayuda de una asesora de lactancia, una matrona que sepa de lactancia o ir a una consultora ICBLC. Si vives en Madrid, en el Hospital 12 de Octubre hay un equipo profesional de pediatría especializado en lactancia.

Miomas uterinos y maternidad

¿Y qué decir de los miomas, esos tumores benignos y no cancerosos que crecen en el útero y el miometrio favorecidos por los estrógenos? Muchos sabemos que las perras desarrollan miomas por no tener cachorros. ¿Les pasa lo mismo a las mujeres? Pues en algunos casos también y el riesgo aumenta si tienes obesidad o fumas.

http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000914.htm
“Se desconoce la causa de los miomas en el útero. Sin embargo, el crecimiento de los miomas uterinos ha estado ligado a la hormona estrógeno. En tanto una mujer con miomas esté menstruando, éstos probablemente seguirán creciendo, por lo general de manera lenta.”

En Tratado de ginecología, escrito por José Botella Llusiá y José A. Clavero Núñez, leemos sobre el mioma uterino:

“Se ha dicho que esta es una enfermedad de solteras pero en realidad es una enfermedad de mujeres sin hijos. 
Dos son las causas que hacen que el mioma sea más frecuente en estériles. La primera, que una gran parte de las mujeres sin hijos no los tienen por ciclo anovulador (véase Capítulo 78), y este ciclo anovulador supone un cierto grado de hiperestronismo. El exceso de estrógenos siempre ha de estimular a un tumor que es estrogenodependiente, como lo es el mioma. 
La segunda causa es que, como diremos más adelante, la histogénesis del mioma tiene lugar a partir de unas células de reserva o genitoblastos existentes en todo útero joven. Estas células de reserva sirven fisiológicamente para que el útero crezca con la gestación (véase Capítulo 12). Si no hay gestaciones, estos elementos de reserva que se habían de emplear en el crecimiento gravídico del útero, se emplean patológicamente en forma de miomas. Por eso, mujeres solteras, aunque funcionalmente no sean estériles, tienen también mayor propensión al mioma, como sucede con las monjas.” 

Cáncer de ovario y maternidad

En España fallecen unas 1.900 mujeres al año por un cáncer de ovario. Si antes hemos mencionado el riesgo “ligeramente” mayor de cáncer de mama entre las mujeres que usan la píldora hormonal, en el cáncer de ovario sucede lo contrario, ya que el descanso al que se somete al ovario sí es positivo y protege del cáncer. ¿Y cuándo deja de ovular y menstruar la mujer de forma natural? Cuando nos quedamos embarazadas y amamantamos a nuestras crías. 

https://www.aecc.es/SOBREELCANCER/CANCERPORLOCALIZACION/CANCERDEOVARIO/Paginas/prevencion.aspx

Nuliparidad: en diversos estudios se ha observado que las mujeres que han tenido varios hijos (multíparas), tienen menos riesgo de desarrollar cáncer de ovario que las que no han tenido hijos (nulíparas).
La razón por la que se produce esto no es del todo conocida, aunque parece que tiene relación con el número de ovulaciones que se produce a lo largo de la vida de la mujer. En cada ovulación, al salir el óvulo del ovario se produce una pequeña cicatriz que tiene que repararse y que favorece el que se produzca una alteración celular. Las multíparas tienen menos cicatrices porque durante el embarazo no se producen ovulaciones.”

 http://www.evicancer.com/evicancer/index.php/el-cancer/tipos-de-cancer/176-cancer-de-ovario
“El cáncer de ovario es más común en pacientes nulíparas o que no han tenido hijos. Es un tumor que generalmente se diagnostica en estadios avanzados de la enfermedad, cuando el tumor es grande y produce síntomas compresivos en cavidad abdominal.
No hay un método de diagnostico precoz instaurado actualmente, una vez sospechado el diagnostico, o tras estudios de síntomas gastrointestinales, se puede evidenciar la masa que puede ser quística o solida en estudios imagenologicos como ecografía, tomografía y especialmente la ecografía transvaginal.
Factores de riesgo:
°No tener hijos”

No puedo dejar de recomendar el blog de Odile Fernández “Mis recetas anticáncer”, una mamá que amamantaba a su hijo en la época en la que le diagnosticaron cáncer de ovario. Toda una mamá superviviente e inspiradora.

Cáncer de cuello del útero y maternidad

Para terminar, tengo que decir que el único cáncer que presentan más a menudo las mujeres con hijos que las que no tienen hijos es el cáncer cérvico uterino. Rigoni Stern, el investigador que ya he mencionado, en 1848 ya comprobó que el principal responsable de la aparición del carcinoma del cuello uterino era la vida sexual. Se percató con sus investigaciones de que las monjas tenían muchos más casos de cáncer de mama y las mujeres casadas y prostitutas tenían más tasas de cáncer del cuello del útero. Otros estudios han cerciorado que el cáncer de cérvix es excepcional en las monjas y 5 veces más habitual en las prostitutas. El virus del papiloma, relacionado con este cáncer, se transmite por vía sexual. A pesar de que hay estudios que vinculan la maternidad con este cáncer cabría pensar que al ser producido por la presencia del virus del Papiloma Humano (VPH), que se adquiere en las relaciones sexuales, las madres lo tienen más a menudo simplemente por su vida sexual, no por el hecho de ser madres.

http://www.elmundo.es/salud/Snumeros/96/S214/S214utero.html
Desde hace décadas sexo y cáncer de cuello de útero han estado relacionados. Estudios realizados hace 25 años demostraron que este tipo de tumor era mucho más frecuente entre las prostitutas que en el resto de la población. La ciencia culpó por entonces a un virus de estos hallazgos, pero tan sólo recientemente se conocen su nombre y apellidos: el papilomavirus (HPV), un virus machista ya que, mientras se le acusa de ser el responsable del 95% de todos los cánceres de cérvix, resulta inofensivo para el hombre.”

http://www.facmed.unam.mx/sms/seam2k1/2007/sep_01_ponencia.html

“Recientemente se ha reflexionado acerca de la influencia de otras variables como cofactores en el desarrollo del cáncer cérvico uterino, como la paridad elevada y el uso prolongado de anticonceptivos orales.
La investigación realizada por Muñoz, et al12 que comparte datos de ocho casos de estudio y testigos sobre cáncer cérvico uterino y dos de cáncer in situ, en cuatro continentes, sugiere que las mujeres con tres o cuatro embarazos a término presentaban 2,6 veces más alto de desarrollar cáncer que aquellas mujeres nulíparas; en tanto que las mujeres con siete partos o más tenían 3,8 veces mayor riesgo.
Otros estudios reafirman esta relación entre alta paridad y cáncer cérvico uterino13,14, aún no se han determinado las razones fisiológicas de esta relación; sin embargo, se ha considerado que los cambios hormonales relacionados con el embarazo y los traumatismos cervicales en el momento del parto pudiesen tener alguna función”.

Conclusiones

Yo me quedé embarazada y parí con 31 años. Sabía que la regla se iría durante el embarazo, de hecho es la primera señal de embarazo que todas conocemos. Lo que no sabía es que la menstruación no volvería a visitarme hasta un año después del parto, como resultado de la lactancia.

Tener hijos joven y amamantar no son beneficios y “protegen” de nada, son para lo que nuestro cuerpo está preparado, lo normal. Nuestro organismo no está preparado para soportar la bomba hormonal estrogénica y de ciclos menstruales ininterrumpidos a la que le estamos sometiendo. Por tanto, no tener hijos cuando somos jóvenes y no amamantar son un riesgo para nuestra salud. Nosotras somos libres para entender esos riesgos y asumirlos, al igual que a veces fumamos o bebemos alcohol o no hacemos deporte. Pero es eso, una decisión personal que cada mujer debe asumir con acceso a toda la información disponible. De ningún modo sería ético tener hijos para prevenir el cáncer pero sí es injusto que haya mujeres que sí quieren tener hijos y los tengan que posponer por el sistema económico, social y laboral. Otros factores importantes responsables de los altos niveles de estrógenos que tenemos, más interesante aún para las mujeres que no quieren tener hijos, son el nivel de esfuerzo físico o gasto energético y el consumo calórico y de grasas. Hacer deporte y comer bien (ni mucho ni poco) puede hacer que los niveles de estrógeno bajen. Esta es una de las razones por las que las niñas que hacen deporte tienen menarquías tardías, como las niñas de las sociedades de cazadores-recolectores o preindustriales. Nutrición, esfuerzo físico y reproducción van unidos en un cocktail biocultural que debemos conocer (más información en el libro “Cuerpos antiguos, vidas modernas: cómo la evolución ha dado forma a la Salud de la Mujer”).

También es necesaria una reflexión importante sobre este silencio sobre las causas hormonales causantes de, no lo olvidemos, miles de muertes de mujeres al año. Porque de esas seis mil muertes anuales de mujeres un gran porcentaje sería evitable si viviéramos, además de una sexualidad sana,  una fertilidad sana. Se trata de un verdadero feminicidio.

No se trata de entrar en valores ni religiosos ni éticos ni personales. Cada una tendremos las ideas que tengamos. Habrá mujeres que elijan no tener hijos y ordenarse como monjas, otras preferirán no tenerlos porque priorizan su vida profesional o empresarial, otras les gustaría tenerlos con una pareja y no la encuentran, otras se podrían inseminar pero tienen un trabajo precario y no tienen apoyo familiar, otras no se quieren inseminar porque prefieren buscar a un hombre, aunque sea un amante ocasional, para hacerlo, otras tienen pareja pero cuando por fin se deciden a tener hijos se dan cuenta de que son muy poco fértiles, otras quisieron amamantar pero no tuvieron apoyo ni nadie que les enseñara a hacerlo sin dolor… Cada una tenemos nuestra historia y es respetable. Pero hay que mirar a vista de pájaro para ver el conjunto y las consecuencias globales hacia todo el colectivo de mujeres y de hombres que está teniendo la ideología capitalista antimaternalista y antipaternalista actual. Ser madre o no, amamantar o no, ser padre o no, no nos hace necesariamente ni mejor persona ni un ser superior.

Si en el pasado el sistema capitalista y político estatal promovía los nacimientos era porque necesitaban mano de obra y súbditos. Después, el sistema entró en otra fase en la que promovió la no maternidad/paternidad en los países occidentales y fomentó la importación de mano de obra en edad laboral (para el capitalismo ante todo somos objetos a utilizar, no humanos) de otros países para sus proyectos más atroces y explotadores (invernaderos, carreteras, burbuja inmobiliaria, infraestructuras faraónicas…), proyectos que ni siquiera pueden pagar y que nos han dejado con esa famosa “deuda odiosa”. También usó esa mano de obra para el mundo de los cuidados, que deberían ser prioritarios en una sociedad basada en el amor y el apoyo mutuo que muchos queremos construir.

Ahora, debido a la falta de nacimientos tan acusada, el sistema, en algunos países, se está replanteando volver a otras posturas natalistas (Putin en Rusia, por ejemplo) o mantenerse en una actitud demográfica suicida. Es posible que en nuestro país se camine hacie una prohibición de la maternidad haciéndola casi imposible y a la vez también a una paradójica prohibición de la no maternidad, algo parecido a la situación que describía Trotsky de la Rusia estalinista, es decir, represión y más represión, hasta que el sujeto se vuelva completamente loco recibiendo señales y adoctrinamientos contradictorios a nivel económico, ético y laboral.

No sabemos qué camino se tomará en nuestro país u en otros, según los designios de “los de arriba”. Lo que sí que sabemos es que las mujeres y los hombres a nivel mundial, de toda edad, color de piel u orientación sexual, no tenemos por qué ser títeres en manos de otros, tenemos que tomar nuestras propias decisiones, que coincidirán o no con lo que el poder espera de nosotros. Al menos lo habremos elegido con toda la información disponible, con libertad y responsabilidad.

Desde aquí todo mi ánimo, apoyo y energías positivas a todas las personas (la gran parte mujeres pero también hay hombres con esta enfermedad) que están atravesando el duro trance del cáncer de mama y sus tratamientos. Seguro que entre todos conseguimos que se reduzca esta enfermedad en la generación de nuestras hijas y nietas.

Espero haber tratado el tema con el respeto y la sensibilidad necesarias. Desde luego lo he intentado y si no ha sido así, agradeceré cualquier tipo de crítica o comentario, ya sea desde el punto de vista ideológico o científico. ¡Qué este año sea un año repleto de amor y lucha!

Nota: espero sacar tiempo para investigar en un próximo artículo los factores ambientales del cáncer de mama.

Actualización 20/02/2015: En 2009 murieron 8 mujeres durante el parto y 2 en el puerperio. El cáncer de mama mata a unas 6.000 mujeres cada año.

Otros artículos que voy encontrando en la misma línea:

Lactancia y esperanza en la literatura: “Las uvas de la ira”.

Caridad romana, de Rubens

Caridad romana, de Rubens

Confieso que no he leído “Las uvas de la ira” de John Steinbeck aunque sí vi hace años la adaptación al cine que hizo Ford. Tanto la novela como la película están ambientadas en las funestas consecuencias de la famosa crisis del 29 en EEUU, pero en el cine se obvió y censuró el último de los pasajes que reproduzco a continuación y que conocí gracias al libro “Maternalias” de Cira Crespo, ya que supongo que pensaron que era demasiado rompedor para la mentalidad hollywoodiense. Y estoy segura de que no sólo lo es por lo explícito de todo el tabú que rodea la lactancia y el pecho femenino sino por el gran mensaje humano y solidario que desprende, todavía mucho más subversivo que una teta de mujer.

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La película se queda en un final individualista, mucho más tolerable para el Poder, con un monólogo que reivindica la dignidad de los desahuciados del sistema, pero que queda en papel mojado si no hay acciones heroicas que trasciendan a las palabras, pequeñas grandes acciones como la que describe el libro.

Pero antes, para contextualizar, hace falta leer otros pasajes del libro. Aviso que puede que os moleste este post porque voy a desvelar el final de la obra de Steinbeck. ¡Quedáis avisados! Los títulos y las negrítas son mías, no del libro. Advierto que se tocan temas muy duros y pueden herir sensibilidades.

EL PARTO DE ROSE SHARON:

“Del colchón donde yacía Rose of Sharon tapada hasta arriba surgió un grito
agudo y rápido cortado a medio camino. Madre se volvió como un torbellino y fue
hacia ella. Rose of Sharon contenía la respiración y sus ojos estaban llenos de
terror.
—¿Qué pasa? —gritó Madre. La muchacha dejó escapar el aliento y lo volvió
a contener. De pronto Madre puso la mano bajo las mantas. Entonces se levantó.
—Señora Wainwright —llamó—. ¡Señora Wainwright!
La mujercita gorda atravesó el furgón.
—¿Quería algo?
—Mire —Madre señaló al rostro de Rose of Sharon. Se mordía el labio
inferior con los dientes y su frente estaba húmeda de transpiración, y sus ojos
reflejaban el terror y brillaban.
—Creo que ha llegado el momento —dijo Madre—. Viene antes de tiempo.
La joven exhaló un largo suspiro y se relajó. Dejó escapar el labio y cerró
los ojos. La señora Wainwright se inclinó sobre ella.
—¿Te agarro por todas partes… rápidamente? Abre la boca y contéstame —
Rose of Sharon asintió débilmente. La señora Wainwright se volvió hacia Madre—
. Sí —dijo—. Ha llegado el momento. ¿Dice que viene adelantado?
—Quizá lo haya provocado la fiebre.
—Bueno, debería estar de pie. Debería andar por aquí.
—No puede —rebatió Madre—. No tiene fuerzas.
—Pues es lo que debe hacer —la señora Wainwright se volvió silenciosa y
severa con la eficiencia—. He ayudado en muchos partos —dijo—. Venga, vamos
a cerrar casi del todo esa puerta. Que no haya corriente —las dos mujeres
empujaron la pesada puerta corredera hasta que sólo quedó unos treinta
centímetros de abertura.
—Traeré también nuestra lámpara —dijo la señora Wainwright. Su rostro
estaba rojo de excitación—. ¡Aggie! —llamó—. Tú cuídate de estos pequeños.
Madre asintió:
—Eso es. ¡Ruthie!, tú y Winfield iros al otro lado con Aggie. Venga.
—¿Por qué? —quisieron saber.
—Porque tenéis que iros. Rosasharn va a tener un bebé.
—Quiero mirar, Madre. Por favor, déjame.
—¡Ruthie! Vete ahora mismo —no hubo argumentos ante aquel tono de voz.
Ruthie y Winfield se fueron reacios a la otra parte. Madre encendió la lámpara.
La señora Wainwright trajo su lámpara y la dejó en el suelo, y su alta llama
circular iluminó el furgón brillantemente.
Ruthie y Winfield se quedaron detrás del montón de leña y curiosearon.
—Va a tener un niño y vamos a verlo —dijo Ruthie quedamente—. No hagas
ningún ruido. Madre no nos dejaría mirar. Si mira para acá escóndete detrás de
la leña. Entonces lo veremos.
—No hay muchos niños que lo hayan visto —dijo Winfield.
—No hay ninguno —insistió Ruthie, muy orgullosa—. Sólo nosotros.
Cerca del colchón, a la luz brillante de la lámpara, Madre y la señora
Wainwright parlamentaron. Sus voces se elevaban un poco sobre el golpeteo
sordo de la lluvia. La señora Wainwright cogió un cuchillo de pelar del bolsillo de
su delantal y lo deslizó bajo el colchón. —Quizá no sirva para nada —se
disculpó—. En nuestra familia siempre se ha hecho. En cualquier caso, no hace
daño.
Madre asintió.
—Nosotros usábamos una punta del arado. Supongo que cualquier cosa
afilada servirá para cortar los dolores de parto. Espero que no sea muy largo.
—¿Te encuentras bien ahora?
Rose of Sharon asintió nerviosamente.
—¿Viene ya?
—Claro —dijo Madre—. Vas a tener un niño precioso. Sólo tienes que
ayudarnos. ¿Crees que podrías levantarte y caminar?
—Puedo intentarlo.
—Eso es una buena chica —dijo la señora Wainwright—. Buena chica. Te
ayudaremos, cariño. Vamos a caminar contigo —la ayudaron a levantarse y le
echaron una manta sobre los hombros. Entonces Madre la sujetó de un brazo y
la señora Wainwnght del otro. Caminaron hasta el montón de leña y dieron
media vuelta despacio y volvieron al extremo del furgón, una y otra vez; y la
lluvia tamborileó monótona en el tejado.
Ruthie y Winfield miraron con ansiedad.
—¿Cuándo lo va a tener? —exigió Winfield.
—Sh, que no te oigan. No nos dejarán mirar.
Aggie se unió a ellos detrás del montón de leña. El rostro delgado de Aggie
y su pelo amarillo brillaban a la luz de la lámpara y la nariz se veía larga y afilada
en la sombra de su cabeza en la pared.
Ruthie susurró:
—¿Has visto nacer un niño alguna vez?
—Claro —respondió Aggie.
—Bueno, y ¿cuándo lo va a tener?
—Aún falta mucho.
—Pero ¿cuánto tiempo?
—Puede que hasta mañana por la mañana no lo tenga.
—¡Anda! —dijo Ruthie—. Entonces mirar ahora no sirve. ¡Oh, mira!
Las mujeres habían detenido su caminar. Rose of Sharon se había puesto
rígida y gemía de dolor. La acostaron en el colchón y le secaron la frente
mientras ella gruñía y apretaba los puños. Y Madre le habló quedamente.
—Tranquila —dijo—. Va a ir bien…, muy bien. Agárrate las manos y
muérdete el labio. Así, bien…, así—el dolor pasó. La dejaron descansar un poco y
luego la volvieron a ayudar a levantarse y las tres caminaron arriba y abajo entre
los dolores.
Padre asomó la cabeza por la estrecha abertura. Su sombrero goteaba
agua.
—¿Para qué habéis cerrado la puerta? —preguntó. Y entonces vio a las
mujeres que caminaban.
Madre dijo:
—Ha llegado el momento.
—Entonces…, entonces no podríamos irnos aunque quisiéramos.
—No.
—Entonces hay que levantar un terraplén.
—Tenéis que hacerlo.
Padre chapoteó entre el barro y se encaminó hacia el arroyo. Su palo estaba
diez centímetros más abajo. Había veinte hombres parados bajo la lluvia. Padre
gritó:
—Tenemos que levantarlo. Mi hija tiene los dolores —los hombres se
reunieron a su alrededor.
—¿De parto?
—Sí. Ahora ya no nos podemos ir.
Un hombre alto dijo:
—No es nuestro niño. Nosotros podemos irnos.
—Claro que sí—dijo Padre—. Pueden irse. Váyanse, nadie se lo impide. Sólo
hay dos palas —fue a la parte más baja del arroyo y hundió la pala en el barro.”

(…)

Las mujeres llenaron las cafeteras y las sacaron de nuevo. Y conforme
avanzaba la noche, los hombres se movían más y más despacio y levantaban los
pesados pies como los caballos de tiro, más barro en el dique, más sauces
entrelazados. La lluvia caía monótona. Cuando la linterna iluminaba los rostros,
se veían los ojos mirando con fijeza y los músculos de las mejillas sobresalían
como verdugones.
Durante mucho rato siguieron los gritos del furgón y finalmente se
apagaron.
Padre dijo:
—Madre me llamaría si hubiera nacido —continuó trabajando torvamente.”

(…)

NOTA: ¿Qué es eso de parar los dolores del parto con algo afilado? ¿Alguien sabe a qué se refieren? ¿Están hablando de una episiotomía? Uff…

EL NACIMIENTO DE UN BEBÉ MUERTO… ¿Quizás por desnutrición?

Padre trepó la pasarela cautelosamente y se deslizó por la pequeña
abertura. Las dos lámparas daban una luz baja. Madre estaba sentada en el
colchón al lado de Rose of Sharon y le abanicaba el rostro inmóvil con un trozo
de cartón. La señora Wainwright metió leña seca en la cocina y un humo
malsano salió por las tapaderas y llenó el coche del olor a tela quemada. Madre
levantó la vista hacia Padre cuando entró y luego la bajó rápidamente de nuevo.
—¿Cómo está? —preguntó Padre.
Madre no volvió a levantar la mirada.
—Creo que bien. Está durmiendo.
El aire estaba fétido y olía a cerrado, a olor de parto. El tío John trepó y se
sujetó derecho al lado del furgón. La señora Wainwright dejó su trabajo y fue
hacia Padre. Le tomó del codo y le condujo a un rincón del furgón. Cogió un farol
y lo mantuvo encima de una caja de manzanas que había en el rincón. Sobre un
periódico yacía una pequeña momia, azul y consumida.
—No llegó a respirar —dijo la señora Wainwright suavemente—. Nunca
estuvo vivo.
El tío John se volvió y se dirigió al extremo oscuro del furgón arrastrando los
pies. La lluvia silbaba sobre el tejado quedamente, tan quedamente que podían
oír el llanto cansado del tío John desde la oscuridad.”

ESPERANZA…

“Winfield dijo:
—¡Madre! —y la lluvia, rugiendo en el tejado, ahogó su voz—. ¡Madre!
—¿Qué pasa? ¿Qué es lo que quieres?
—¡Mira! En el rincón.
Madre miró. Había dos figuras en la penumbra; un hombre tumbado de
espaldas y un niño sentado junto a él, con los ojos muy abiertos, mirando con
fijeza a los recién llegados. Mientras miraba, el niño se puso lentamente de pie y
se acercó a ellos. Su voz se rompió.
—¿Son los propietarios de esto?
—No —dijo Madre—. Sólo hemos venido a refugiarnos de la lluvia. Tenemos
una muchacha enferma. ¿Tienes una manta que pudiéramos usar para quitarle la
ropa mojada?
El niño volvió al rincón y trajo un sucio edredón que tendió a Madre.
—Gracias —dijo ella-—. ¿Qué le pasa a ese hombre?
El niño hablaba con un graznido monótono.
—Primero estuvo enfermo, pero ahora se está muriendo de hambre.
—¿Qué?
—Muñéndose de hambre. Se puso enfermo en el algodón. Lleva seis días sin
comer.
Madre fue al rincón y miró al hombre. Tenía alrededor de cincuenta años, su
rostro estaba chupado y los ojos eran vagos y de expresión fija. El niño se llegó a
su lado.
—¿Es tu padre? —preguntó Madre.
—¡Sí! Dice que no tiene hambre o que acaba de comer y me da la comida.
Ahora está demasiado débil. Apenas se puede mover.
El golpeteo de la lluvia decreció hasta no ser más que un silbido
tranquilizador en el tejado. El hombre consumido movió los labios. Madre se
arrodilló a su lado y acercó la oreja. Sus labios se volvieron a mover.
—Claro —dijo Madre—. Estése tranquilo. Él está bien. Espere que le quite la
ropa mojada a mi hija.
Madre se volvió hacia Rose of Sharon.
—Quítate la ropa —dijo. Utilizó el edredón como una pantalla para que no la
vieran. Y cuando estuvo desnuda, Madre la tapó con el edredón. El niño estaba
otra vez a su lado explicándole:
—Yo no lo sabía. Decía que había comido o que no tenía hambre. Anoche fui
y rompí una ventana y robé un poco de pan. Le hice tragárselo. Pero lo vomitó
todo y se quedó más débil todavía. Tiene que comer sopa o leche. ¿Tienen
ustedes dinero para comprar leche?
Madre dijo:
—Calla. No te preocupes. Ya pensaremos algo.
De pronto el niño gritó:
—¡Se está muriendo, se lo digo yo! Se está muriendo de hambre, se lo digo
yo.
—Calla —dijo Madre. Miró a Padre y al tío John que miraban al hombre
enfermo sin saber qué hacer. Miró a Rose of Sharon envuelta en el edredón. Los
ojos de Madre fueron más allá de los de Rose of Sharon y luego volvieron a ellos.
Y las dos mujeres se miraron profundamente la una a la otra. La respiración de la
muchacha era entrecortada.
Ella dijo:
—Sí.
Madre sonrió.
—Sabía que lo harías. ¡Lo sabía! —miró sus manos, entrelazadas en su
regazo.
Rose of Sharon susurró:
—¿Podéis…, podéis saliros todos? la lluvia caía lentamente en el tejado.
Madre se inclinó hacia adelante y con la palma de la mano retiró de la frente
de su hija el pelo en desorden y la besó en la frente. Madre se enderezó con
presteza.
—Venga, vamos todos —llamó—. Vamos a salir al cobertizo de las
herramientas.
Ruthie abrió la boca para hablar.
—Calla —dijo Madre—. Calla y ve —los hizo salir y llevó al niño consigo;
cerró la puerta chirriante tras de sí.
Durante un minuto Rose of Sharon se quedó sentada inmóvil en el granero
susurrante.
Luego levantó su cuerpo y se ciñó el edredón. Caminó despacio hacia el
rincón y contempló el rostro gastado y los ojos, abiertos y asustados. Entonces,
lentamente, se acostó a su lado. Él meneó la cabeza con lentitud a un lado y a
otro. Rose of Sharon aflojó un lado de la manta y descubrió el pecho.
—Tienes que hacerlo —dijo. Se acercó más a él y atrajo la cabeza hacia sí—.
Toma —dijo—. Así —su mano le sujetó la cabeza por detrás. Sus dedos se
movieron con delicadeza entre el pelo del hombre. Ella levantó la vista y miró a
través del granero, y sus labios se juntaron y dibujaron una sonrisa misteriosa.”

Nunca había leído un pasaje tan bello de lactancia y solidaridad, en la que una mujer que ha parido a un niño sin vida termina amamantando a un hombre adulto, que no es de su familia, al borde de la muerte. Pero, ¿realmente no es de su familia? ¿O es que acaso no formamos todos parte de una gran familia extensa, la humanidad, aunque lo olvidemos una y otra vez?

Termino con este fragmento tan bello, una interpretación de la mística de este pasaje de la mano de Harriet Quint, Profesora Investigadora del Dpto. de Estudios Literarios de la Universidad de Guadalajara, México.

“Así es como termina la novela. Esta última escena, que quizás parezca una representación grotesca de la tan querida imagen frecuentemente representada en el arte cristiano “la Madre de Dios lactante”, Maria lactans, está sobrecargado de símbolos. El personaje femenino que a lo largo de la novela es nombrado Rosasharn aquí lleva su nombre completo Rose of Sharon. Según la anotación de María Coy, la traductora de la novela de Steinbeck, se evitó la traducción del nombre que se relaciona con el “Cantar de los Cantares”. En el poema bíblico la esposa de Salomón dice en el canto 2, 1: “Yo soy el narciso de Sarón, un lirio de los valles”. Esta correspondencia con el poema más bello de amor de la Biblia, que muchos exegetas relacionan alegóricamente con el amor de Dios hacia el pueblo de Israel, más no por eso deja de tener cierto aire profano, tiene una significación relevante. Este narciso de Sarón que nace de la tierra, que alimenta y nutre tanto física como espiritualmente, simboliza el lado femenino de la unidad cósmica. Rose of Sharon ya no es la madre que parió un hijo muerto, es la madre de la humanidad que alimenta, no al hijo pródigo de Dios, sino a un simple campesino al borde de la muerte por desnutrición.

De este modo los elementos desperdigados del amor por la tierra y por la familia se reúnen y forman un concepto universal. El microcosmos se expande y se convierte en macrocosmos. El amor de ser individual, relacionado con el resquebrajamiento de una familia adquiere dimensiones cósmicas que atañen a toda la humanidad.”

El libro lo he descargado en pdf aquí.

Y aquí se ve el final de la película, nada que ver con el de la novela:

Uvas de la Ira (4 de 4) from Piaractus on Vimeo.

Gracias al libro de Cira conocí la Caridad Romana, la historia de Cimón y Pero, un hombre encarcelado que fue alimentado por su hija, que le amamantó para salvarle.

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Caridad Romana, de Lorenzo Pasinelli.

 

“Maternalias” de Cira Crespo. De la historia de la maternidad.

Hace tiempo que me leí este libro de Cira Crespo pero hasta ahora no había encontrado el momento para escribir mis reflexiones sobre el mismo:

Lo primero que me gustaría decir es que se lee muy bien, es fácil seguir el hilo conductor que marca la autora y engancha rápido. Esto es un punto positivo porque divulga conocimientos históricos que en otros libros históricos sobre estos temas son mucho más difíciles de leer, sobre todo si se es madre y se lee “a ratitos”. Un buen libro para seguir profundizando es el que me recomendó Cira después: La infancia a la sombra de las catedrales.

Como a muchas de nosotras el encuentro personal la autora con su propia maternidad disparó nuevas direcciones a su vida, renovó sus inquietudes y muestra cómo esta etapa de nuestra vida puede ser profundamente fértil en todos los sentidos.

El libro comienza explicando el origen del concepto mismo de maternidad y toca el punto clave de la crianza y el que más de cabeza nos trae a todos los padres que criamos en la sociedad actual: “la nueva sociedad que prefiguraba la economía capitalista empezaba a enfatizar valores, como el individualismo, que chocaban frontalmente con otros que requerían la crianza: colectividad, colaboración, ayuda mutua y experiencia”.

Y esa es una de las grandes virtudes del libro: pone en contexto la crianza con el sistema político y económico en el que se vive en cada época. Yo al tema de las “dos esferas” del mundo capitalista (la mujer en casa y el hombre en la fábrica) añadiría algo más. No sólo fue el capitalismo el que trajo este nuevo sistema destruyendo el mundo rural tradicional sino que fue el Estado el que tomó la iniciativa forzando y promoviendo el éxodo rural a las ciudades. Es interesante recordar que las mujeres siempre habíamos trabajado junto a los hombres en el mundo pre-industrial pero es el binomio capitalismo-estado el que nos segrega, divide y, añadiría yo, enfrenta.

El embarazo.

Sobre el capítulo del embarazo me ha parecido muy interesante cómo rescata y relaciona con precaución y un “tal vez” la figura de María con el culto a la maternidad.  Las vírgenes embarazadas fueron muy populares, sin embargo, después del Concilio de Trento fueron desapareciendo. El embarazo representado de forma visual siguió oculto hasta prácticamente el siglo XX.

El parto.

De este capítulo me quedo con la traducción de la Biblia de Erri de Luca y su “parirás con esfuerzo” en lugar del famoso “dolor”. Esto me llega profundamente ya que de mi parto (sin epidural) no recuerdo el dolor sino el cansancio. ¿Y qué decir del esfuerzo? Pues que hay que reivindicarlo. La vida no es para sufrir pero todo lo bueno requiere un esfuerzo, huir es siempre una batalla perdida. Quizás se pueda esquivar el esfuerzo en algún momento, pero volverá con otras mil caras a buscarte. La única salida es afrontarlo de frente y a por todas. No sé, es mi forma de vivir y de ver las cosas, aunque muchas veces sea la más perezosa y vaga del mundo. Esto lo tengo claro.

Cuando la autora nos cuenta cuál era la situación de la parturienta en la patriarcal Roma no se puede evitar pensar en situaciones como las de Afganistán en el siglo XXI. Sin embargo, no puedo dejar de preguntarme: ¿Por qué la legalidad romana tenía esa obsesión por asegurarse de que los hijos pertenecieran al padre? ¿Era por garantizar que realmente seguían el linaje de la sangre? ¿O había algo más?

De nuevo se vuelve a ver el empeoramiento de la situación de la mujer con la creación del estado-nación burocratizado: las comadronas debían ser examinadas ante un tribunal masculino universitario. Daba igual que su conocimiento práctico fuera muy superior al de los médicos. El parto sale de la casa y se institucionaliza en los hospitales, con sus forceps y sus cesáreas.

No puedo estar de acuerdo con Cira en que “las madres, y en general las mujeres, fuimos arrimadas a un lado, apeadas en el andén de la modernidad”, más bien fuimos víctimas y a la vez responsables del proceso, ya que las mujeres también son parte activa del mantenimiento del patriarcado: criamos a los hombres y, además, tenemos capacidad para cambiar o no las cosas, no somos solamente víctimas.

El alimento.

Muy interesante es todo el concepto de “Ostentatio Mammarum” (Ostentación del seno) que he conocido gracias a este libro. Parece ser que a lo largo de la historia, incluso en otras culturas, en los momentos difíciles había madres que enseñaban los pechos a sus hijos para hacerles recapacitar. Algo así como “estos son los pechos con los que te has alimentado, hijo mío”. ¡Qué diferencia del desprestigio actual del pecho femenino! Ahora solamente es visto como objeto cuyo erotismo es medido en tamaño, ni siquiera en belleza. La publicidad nos bombardea desde pequeñas para que nos pongamos wonder-bras o nos operemos, sin ni siquiera plantearnos que quizás más adelante en nuestra vida, nuestros pechos normales y bellos, quizás sirvan para producir el alimento de nuestros hijos y que lo demás nos parecerá secundario.

En esta parte del libro se habla de un tema que me apasiona desde que soy madre lactante: las nodrizas. En el texto que ha encontrado Cira de 1495 sobre las características de estas, hay varias que me han llamado la atención: “hay que enseñarle las costumbres del niño, hacer lo posible para que no llore”, lo que me indica que Estivill tenía poco que hacer en la Edad Media. Pero también hay otra un poco más rara “no se debe dar el pecho al niño continuamente, sobre todo por la noche”. ¿Y qué se supone que tenía que hacer si lloraba entonces? ¿Existían los chupetes? Gracias al libro me he enterado de que la lactancia en esa época duraba 2 años o 2 años y medio. ¡Para que ahora nos digan que hacemos lactancias “prolongadas”!

Sobre el papel paterno en la crianza rescato este texto: “si nos fijamos en algunas miniaturas medievales, los padres trabajan, es cierto, pero las madres también. Y las madres cuidan de sus hijos, cómo no, pero los padres también”. Es decir, todo lo que ahora nos venden como de familias “modernas” que reparten las tareas entre hombres y mujeres ya existía en la época pre-capitalista industrial. Los prejuicios sobre el mundo rural tradicional se van derrumbando… ¡Ya era hora!

Acarrear a los niños

Aquí conocemos la historia del carrito moderno pero también del porteo tradicional. Para mi gusto, un poquito escaso este capítulo. Me hubiese gustado que lo hubiera desarrollado más y conocer si hubo porteo o no en Occidente más allá de las cestas para llevar bebés que he visto en alguna ocasión. Y ya si nos ponemos, si fue ergonómico o no, jejeje… Hace poco leí que el porteo del altiplano boliviano puede favorecer la displasia de cadera, ya que los bebés ni van con la espalda en C, ni en postura ranita, ni con las rodillas por encima del culete. Van envueltos y después son cargados a la espalda.

Higiene infantil

Me gusta como la autora rompe con los estereotipos que tenemos del mundo medieval que nos han llegado a través del filtro de los ilustrados. ¡En esa época se bañaban mucho! Y a los bebés dos o tres veces al día. Es llamativo como tantos autores “higienistas”, hombres “expertos” sobre todo, culpabilizaban a las madres y sabían mejor que éstas cómo tenían que criar a sus hijos. ¿Nos suena de algo?

Mención aparte, dada la temática de mi blog, merece la sección destinada al pañal desechable. Y es interesante el contraste que presenta la autora entre la vida pre-industrial rural con sus niños desnudos sin pañales, a la vida urbana, con el consiguiente uso de pañales.

Sin embargo, cabe preguntarse, ¿iban también los bebés desnudos o sin pantalones en el frío invierno? ¿Utilizaban pantalones con agujero como los Kaidangku chinos? ¿Se les ponía a hacer pis y caca desde los pocos meses, como se hace en China, India o muchos lugares de África? Según el libro de Laurie Boucke “Infant potty training” entre los siglos VII y XVII los bebés solían ir enfajados o envueltos la mayor parte del día. Durante esos siglos no hay referencias sobre el aprendizaje de control de esfínteres y no hay mucha información al respecto. Dentro del libro que estoy terminando de escribir habrá un breve capítulo relativo a este tema y, por supuesto, la información que aporta Cira es parte de la documentación que he utilizado y que citaré allí. Más información próximamente…

Sueño

En esta época de tanto colecho y no colecho me ha llamado la atención ver tantas cunas en las miniaturas de la Edad Media. ¿Pero no era algo tan tradicional lo del colecho? Ahora va a resultar que lo de toda la vida es la cuna, jajaja. Eso sí, en la misma habitación que los padres, e incluso encima de la propia cama (¡¡¡). Cuando la autora afirma que en la primera etapa cristiana (pg.107) “el recién nacido compartió lecho con los dos progenitores” me pregunto en qué se basa para decir esto. ¿Hay imágenes o cuadros? Me pica mucho la curiosidad en este asunto, la verdad.

Palabras

“Ahora parece que lo hemos olvidado, pero antes la música era un acompañamiento cotidiano”. Esa frase y lo que viene después me recuerda tanto a lo que dice Prado Esteban y Félix Rodrigo Mora en sus charlas y libros. Aprovecho para recomendarle a Cira y a los lectores del blog los libros de estos autores sobre el mundo rural y el de “Feminicidio o auto-construcción de la mujer”.

Me encanta como recoge y habla de la cuna más antigua documentada: “Es emocionante recitar estas palabras y de golpe sin persanrlo trasladarte a una habitación donde una madre romana canta a su hijo pequeño una canción”

Duelo

No se olvida Cira de la muerte y de cómo se lloraba y se sufría por los niños muertos, en base a los epitafios funerarios. Leyendo tanto las nanas como los textos dedicados a la vida que ha ido nos damos cuenta de que los sentimientos son los mismos ahora y hace miles de años. Lo único que cambia es el contexto, pero el dolor o el amor es igual de inmenso.

Lo que más me ha gustado del libro: está escrito desde el corazón y desde la experiencia propia de ser madre, y eso se nota. No es un libro de fría historia, sino escrito con sentimientos, opiniones y la propia visión de la autora. Y lo más honrado es no esconderlo. Me siento identificada con ese ansia de saber y de creatividad que brota en las madres. Lejos de apocarnos o recluirnos, a muchas mujeres la maternidad nos impulsa a desarrollarnos e intentar superarnos como personas. Este libro es una muestra de ello.

Lo que menos: Mi afán curioso y detectivesco echa de menos algunas referencias bibliográficas concretas para saber de dónde proviene esta u otra afirmación y diferenciarla de suposiciones personales. Supongo que ha primado el afán divulgador, pero es sólo una sugerencia, una crítica constructiva.

Podéis encontrar el libro de Cira Crespo en La Casita de Algodonales.
Y este es el blog de Cira: Maternalias.