No estamos adaptados a vivir en este ambiente

“Taller, línea de ensamblaje, máquina, tarjeta de fichar, horas extra, salario./
Me han entrenado para ser dócil./
No sé gritar o rebelarme,/
cómo quejarme o denunciar,/
sólo cómo sufrir silenciosamente el agotamiento” Xu Lizhi

 

El otro día, leyendo fragmentos del libro de Michel Odent “Do we need midwives?” (“¿Necesitamos matronas?”) tuve una especie de pequeña “revelación”* que me atreví a compartir en uno de los debates de las jornadas del “III Foro Libre de Maternidad de Vía Láctea” en Asturias. Lo que quise expresar allí es lo siguiente:

Hoy nos encontramos en mitad de un gran problema evolutivo de adaptación o, más bien, inadaptación al medio. La mecanización y la industrialización han traído beneficios pero también nuevos problemas, algunos de ellos incluso ponen en peligro la mera existencia de la especie. Uno de los principales conflictos es que no estamos adaptados para esos nuevos entornos creados como pueden ser los del trabajo asalariado mecánico y rutinario, el aislamiento, la falta de vida social y convivencialidad, estar sentados durante 8 horas frente a una pantalla de ordenador, el metro, la falta de contacto con la Naturaleza… No hemos evolucionado en un entorno así y lo peor es que no es posible adaptarse a ello. Tenemos dolores musculares, emocionales, espirituales, físicos, las llamadas “enfermedades de la civilización”, fobias, obesidad, anorexia, y un larguísimo etcétera.

La realidad es que nuestro entorno es totalmente artificial, es antinatural. A veces se dice, en textos feministas, que el mundo está adaptado al hombre (al varón). Cuando leo eso siento escalofríos por todo el cuerpo. Es totalmente falso. El mundo actual está hecho a la medida de los avances tecnológicos, de las herramientas, de las máquinas industriales e informáticas. No está hecho a escala humana ni a la medida de lo humano. Desde que nacemos se nos trata como máquinas u objetos porque se parte de la premisa de que somos los humanos los que nos tenemos que adaptar al sistema y no al revés.

También en el ámbito de la autodenominada “crianza respetuosa” se tiende a pensar que el mundo está adaptado a los adultos, a los padres, y no a los bebés, que no saben si viven en el Pleistoceno o en el siglo XXI. El gran error de este planteamiento es pensar que los padres sí están adaptados cuando tampoco lo están. Ellos también se encuentran en un entorno que va contra su propia naturaleza humana** que necesita amor, libertad, vínculos fuertes, aire y comida limpia, etcétera.  El mundo actual no está adaptado al ser humano, pero ni a los mayores ni a los pequeños. Está adaptado a las máquinas, ellas sí son el centro. Lo que nos lleva a la misma conclusión: como el ser humano no puede adaptarse al maquinismo del ambiente se espera que seamos los seres humanos los que nos adaptemos a un mundo robotizado. ¿Y cómo se hace eso? Convirtiéndonos nosotros mismos en robots.

No hay otra decisión más importante para la especie humana en estos momentos que la siguiente. O nos convertimos en ciborgs, en robots, y nos adaptamos al entorno, o cambiamos el entorno y lo humanizamos para adaptarlo a las necesidades básicas de lo humano o incluso de lo vivo. O nos robotizamos o volvemos a un medio más natural. No hay más. El ser humano es un animal, quizás un animal algo especial, pero un animal al fin y al cabo. Hoy nos encontramos en el camino entre el animal y la máquina. Estamos mutando o, más bien, nos están haciendo mutar y nosotros nos dejamos. En este post de Prado Esteban ella habla de “la granja humana” porque lo que hacen las mentes pleclaras que dirijen el mundo de la política y las finanzas desde el despotismo ilustrado es eso, tratarnos como ganado. Pero, ¿es que acaso el ganado no es tratado como una máquina de hacer leche y carne en el mundo industrial?

La vía por la que está comenzando esta curiosa mutación es la de los móviles. Hoy todo el mundo tiene un teléfono con conexión internet, cámara de fotos, grabadora y disco duro. Es un verdadero ordenador personal al alcance de la mano. El paso siguiente es fusionarnos con él y hacerlo carne de nuestra carne, que sea parte de nuestro propio cuerpo. De manera simultánea ya se está experimentando con pequeños simios transgénicos y también, en el ámbito de la reproducción artificial, con la selección genética de los embriones humanos. Es muy probable y, no sabemos cómo, todos estos caminos vayan confluyendo hacia una nueva especie.

Y esto, no será obra de cuatro señores conspirando, que puede que también, sino que la propia lógica o dinámica interna del desarrollo tecnológico humano nos llevará a ello, con lo que estaríamos frente a una terrible paradoja: el ser humano tendería siempre a morir de éxito en sus avances tecnológicos.

Quizás la cuestión clave esté en aquel concepto del que hablaba Ivan Illich, el del umbral y el de los límites de ciertas herramientas, que comienzan siendo medios y terminan siendo fines en sí mismas. ¿No hemos llegado ya al momento en el que tendríamos que estar, en lugar de investigando en deshumanización, explotación, dominio y o viajes a Marte, tratando de solucionar los problemas de nuestra casa, la Tierra? ¿No deberíamos pararnos, dejar de inventar nuevas herramientas y nuevas tecnologías y, con lo que ya sabemos y ya tenemos, intentar mejorar la vida en este planeta, sabiendo que nada es unidireccional y que cuando solucionas un problema, estás creando otro, quizás para más tarde? Por ejemplo, el uso de los antibióticos nos ha permitido salvar vidas pero su abuso está causando muertes por la vía de la resistencia creada a los mismos por las bacterias. Lo mismo podemos decir de la contaminación de los ríos por el uso y abuso de drogas recreativas y medicamentos.

Ya hay investigadores como Eduald Carbonell, el paleontólogo de Atapuerca, que defienden estas ideas transhumanistas, como en esta entrevista:
“En ‘El naixement d’una nova consciència’ también habla de ‘la revolución científicosocial humana’. ¿Qué será?
– Será la creación del nuevo hombre, el paso del homo sapiens al homo ‘ex novo’. Seremos capaces de crear robots tecnobiológicos a los que dejaremos las categorías humanas más sólidas: la perseverancia, la solidaridad, la inteligencia, la no territorialidad y la organización horizontal. Todavía es ciencia-ficción pero es una de las pocas esperanzas que nos quedan…”

El problema del ciborg es que necesita electricidad, baterías y energía. Dado que nos encontramos en pleno pico del petróleo vemos como una vez más no existe “máquina” más perfecta que la creada por la propia fuerza de la Naturaleza.

La antropóloga Amber Case en su charla TED define al ciborg como un organismo al que se le añaden componentes para que pueda adaptarse a ambientes nuevos y aporta el ejemplo del astronauta en el espacio, un humano en un entorno para el que no está adaptado. Sin embargo, esto es una verdad a medias, ya que la realidad actual es justo la contraria a la del astronauta. Nuestros abuelos y bisabuelos sí estában adaptados al entorno en el que vivían dentro del ámbito rural o al menos, mucho más adaptados que nosotros a la ciudad y la vida actual.  Hubo decisiones políticas detrás de esas “inadaptaciones” del mismo modo que hoy en día es el marketing el que nos intenta persuadir una y otra vez de que tengamos ordenador, tablet y móvil. Y nosotros las compramos y las usamos, siendo copartícipes de esta mutación sin poder alegar que son otros los que nos dirigen por tal o cual camino, como a ganado.

Odent parece terminar su libro, si es que le he entendido bien, diciendo que de alguna forma tendríamos que aceptar la mortalidad natural porque la medicina va a terminar matando a la especie humana, lo que constituye de nuevo una gran contradicción, ya que se supone que la medicina tiene como función curar y no matar. La pregunta es, ¿hay vuelta atrás? ¿Debería haberla? ¿Estamos dispuestos a asumir el sentido trágico de la vida? ¿Asumir la histórica mortalidad “natural” infantil del 50%? Yo desde luego no la acepto, pero tampoco puedo aceptar un mundo de seres deshumanizados y robotizados, que finalmente es también otra forma de mortalidad, la muerte de lo humano.

Demasiadas preguntas. En una de mis escapadas durante las jornadas pude visitar el Parque de la Prehistoria de Taverga tomé un pequeño apunte de uno de los paneles del museo que no sé muy bien si viene al caso del tema tratado pero intuyo que sí: “No obstante, los dos en sus investigaciones paralelas (André Leroi Gourhan y Annette Laming-Emperaire) pusieron en evidencia la existencia de un sistema binario reflejo de la dicotomía universal del pensamiento humano”.

*En realidad, “revelación” para mí, ya que hay mucha gente reflexionando sobre estos temas de forma pública. Pienso, por ejemplo, en John Zerzan, salvando las distancias y los puntos de vista divergentes, claro... En muchos aspectos, como en el del contacto directo con la Naturaleza y todo lo que nos aporta, no hace falta remontarse a la Prehistoria, ya que nuestros propios abuelos, en los pueblos, cazaban y recolectaban, además de dedicarse a la agricultura o la ganadería doméstica. Es decir, no existe la ruptura entre sistemas total que defiende Zerzan y otros.

ACTUALIZACIÓN 09/09/2016: En este video él mismo habla (min. 25:22) de otro autor que vio claro la conexión entre el primer paso, la domesticación de la naturaleza, y los avances tecnológicos actuales. Se llamaba Paul Shepard y yo no le conocía. Otro documento interesante sería este pdf de Jared Diamond.

**El concepto de “naturaleza humana” es bastante escurridizo y tiene una contrapartida muy fuerte en el coste de la supervivencia en libertad. Los que sobreviven quizás tengan una vida completa pero mueren muchos por el camino. ¿La domesticación implica quizás un énfasis en la “cantidad” versus la “calidad”? Ver post: http://www.lasinterferencias.com/2016/07/21/la-vida-no-domesticada-tiene-riesgos/

ACTUALIZACIÓN 28/09/2016

Una vez que me he metido de forma más profunda en este tema recomiendo encarecidamente leer a Paul Shepard y otros artículos traducidos de la web Le Partage como este en el que se habla de la depresión como enfermedad “adaptativa” o, más bien, maladaptativa… http://partage-le.com/2016/06/la-depresion-una-enfermedad-de-la-civilizacion-los-cazadores-recolectores-tienen-el-remedio-por-sara-burrows/  o su charla Ted.

Fragmentos del libro “El útero artificial” de Henri Atlan

Fragmento del libro “La procreación artificial” de Jacques Testart

Las aplicaciones de teléfonos “Inteligentes” promovidas por el Ministerio de “Igualdad” y Telefónica nos harán “Libres”

La vida no domesticada tiene riesgos

 

4 charlas que no te puedes perder (si hablas inglés)

1. La antropóloga Sarah Blaffer Hrdy – Mothers and others (las madres y otros):

2. The Origin of Emotionally Modern Humans (El origen de los humanos emocionalmente modernos):

3. S. Boyd Eaton. Long-term Paleo: What happens if you follow the ancestral health protocol for thirty years (Paleo a largo plazo: ¿Qué pasa si sigues el protocolo de salud ancestral por 30 años?):


S. Boyd Eaton, M.D. – Long-Term Paleo: What Happens if You Follow the Ancestral Health Protocol for Thirty Years? from Ancestral Health Society on Vimeo.

4. El antropólogo Melvin Konner. Childrearing in human evolution (La crianza de niños en la evolución humana):

“La evolución de la reproducción humana” de Roger Short (1976)

El biólogo Roger Short, autor del artículo “La evolución de la reproducción humana”

 “Los mamíferos exhiben una variedad de variables reproductivas dependientes de la densidad que les permiten llegar a un equilibrio con su ambiente. Estos incluyen la edad de la pubertad, la extensión de la muerte embriónica y fetal, el ratio de muerte neonatal, y la duración del periodo sin estro o la amenorrea de la lactancia. Todos estos son mechanismos orientados hacia la mujer; la mayor parte de los mamíferos son poligínicos, y como la mujer es la que tiene la mayor inversión de energía en la reproducción ella es el recurso limitante.

Desafortunadamente, el ser humano como especie ha elegido eliminar estas restricciones, así que ahora estamos sin ningunos controles y equilibrios naturales en nuestro ratio de crecimiento poblacional. Seremos enteramente dependientes de formas artificiales de anticonceptivos para siempre. Como la selección natural siempre ha operado en el pasado para maximizar el potencial reproductivo, las mujeres están fisiológicamente mal adaptadas a pasar la mayor parte de su vida reproductiva en un estado de no embarazo. Los anticonceptivos del mañana deberían ser escogidos con gran cuidado, ya que tendrán un gran impacto en nuestra salud general y en el bienestar de la sociedad.
(…)
La transmisión del aprendizaje de generación en generación necesitó de un periodo prolongado de contacto entre los padres y la descendencia, y esto fue acentuado por nuestra inmadurez en el nacimiento. Uno de las sanciones por haber desarrollado un cerebro tan grande fue que mucho de su crecimiento tuvo que ocurrir después del nacimiento ya que una cabeza grande nunca podría ser parida a través de los estrechos confines de la pelvis humana. Un niño dependiente, incapaz de alimentarse por sí mismo, impuso severas restricciones a la libertad de circulación de su madre, que a su vez se volvió dependiente del padre para proveer las necesidades de la vida*. Fue este periodo prolongado de dependencia juvenil lo que hizo adecuado el espaciamiento entre los nacimientos sucesivos de tal primordial importancia en las comunidades primitivas (Polgar 1972); la amenorrea de la lactancia fue uno de los mecanismos por los que la Naturaleza aseguró que hubiera un largo intervalo entre nacimientos. 

En los primitivos cazadores-recolectores, donde la crianza de un niño depende de la cooperación entre los padres, era claramente importante reforzar los vínculos que mantenían a los padres juntos. Una manera de hacer esto era desarrollar una estricta división del trabajo entre el hombre y la mujer, para que cada uno fuera dependiente del otro. También parece probable que explotamos el comportamiento sexual para mantener y reforzar este vínculo de pareja parental. Somos los únicos mamíferos en los que la mujer ha abandonado el fenómeno conductual periódico del estro, cuando ella está atraída instintivamente y receptiva al macho, y lo hemos cambiado por una situación en la que ella es potencialmente atractiva y receptiva en cualquier momento desde la adolescencia a la ancianidad. También somos el único primate en el que la hembra recibe gratificación del acto sexual en la forma de orgasmo”. La evolución de la reproducción humana, Roger Short (1976).

Roger Short, biólogo y profesor de la Universidad de Melbourne, es una de las eminencias en el campo de la reproducción humana. De hecho, es uno de los expertos mundiales en el método anticonceptivo de la amenorrea de la lactancia materna (MELA) que se reúnen periódicamente en Bellagio, Italia, junto a instituciones como la OMS y la Fundación Rockefeller, para consensuar la efectividad del método y su funcionamiento (más información sobre el MELA aquí). A pesar de ser un científico vinculado a las elites de poder, eso no debería ser razón o motivo de prejuicio para rechazar a priori sus planteamientos o investigaciones, ya que si lo que se presenta es cierto, lo tendremos que aceptar nos guste o no, se adapte mejor o peor a nuestra ideología. Os invito a realizar una lectura crítica y reflexiva.

Como se aclara en el libro “On fertile ground: a natural history of human reproduction” actualmente hay varias posturas o enfoques que explican la falta de menstruación temporal en las madres lactantes: las que basan la explicación en la frecuencia de las tomas del bebé (John Bongaarts), otra es la de la carga metabólica relativa (la energía que tiene que derivar la madre hacia la lactancia se reduce al introducir alimentación complementaria, por ejemplo) y también hay una investigadora que ha añadido una más, la influencia en la fertilidad de la mujer del nivel de grasa en su cuerpo (Rose Frish).

En el momento del artículo que voy a analizar Roger Short trabajaba en la Unidad de Biología Reproductiva de la Universidad de Edimburgo. A pesar de que es un artículo de los años setenta y que seguramente ahora existan otras visiones y de que no comparto su obsesión por la píldora anticonceptiva como solución a los males de la humanidad, creo que el análisis de la cuestión que plantea es correcto y se podría resumir en que, desde un punto de vista evolutivo, el cuerpo femenino no está bien adaptado a la realidad de ovular y menstruar constantemente.

Parece ser que el primer autor que constató que la edad de la menarquía en las niñas había bajado de forma espectacular en EEUU y Europa desde mediados del siglo XIX fue Tanner, pero se dio cuenta de que esa tendencia se había parado en unos 12-13 años. Esa edad era mucho más baja que la de los países menos industrializados y lo asoció a una peor nutrición y un nivel más bajo de proteinas, ya que también dentro de una misma cultura, las personas “mejor” alimentadas se les adelantaba la primera regla. Cuando leí esto inmediatamente pensé: ¿Y no será que nosotros somos los que estamos sobrealimentados y “malnutridos” por excesiva nutrición desde un punto evolutivo? Es decir, ¿no serán las comunidades no industrializadas el “estándard” y no nosotros? La verdad es que esto lo pensé a raíz de darme cuenta de lo que ocurre con los niños de biberón y los niños de pecho. No tienen los mismos percentiles y, de hecho, la OMS tuvo que sacar unas nuevas tablas de peso por edad dirigidas a los niños de teta porque si se aplicaban las “normales” (biberón) nuestros hijos estaban demasiado delgados, cuando en realidad la leche materna ha sido el alimento habitual de la especie humana desde el principio de los tiempos. Para otras interpretaciones podéis consultar la web del Museo de la Menstruación. Es significativo señalar que, a pesar de la estrogenización ambiental artificial del ambiente que conocemos hoy en día, el adelanto de la menarquía es algo que se observa con datos que van desde 1860, es decir, mucho antes de que popularizara el uso del plástico o se inventara la píldora anticonceptiva.

Posteriormente llegaron otros autores y otras teorías como la de Frisch y Revelle que describieron una masa corporal crítica de 47.8 kilos para que ocurra la menarquía, como si hiciera falta un mínimo de grasa corporal almacenada para comenzar a menstruar. Hoy en día entiendo que habrá teorías más actualizadas pero recuerdo que el artículo de Short es de 1976.

Sobre la menarquía Roger Short dice algo que me dejó reflexionando:

En los países en desarrollo, con una edad tardía de pubertad, la adquisición de la fertilidad y la madurez intelectual son casi eventos coincidentes que se complementan el uno al otro. En los países desarrollados, por otro lado, parece que nosotros ahora adquirimos nuestra sexualidad bastante antes que la madurez intelectual que nos permite hacerla frente. Los embarazos adolescentes son algo nuevo en nuestra experiencia evolutiva, ya que eran una imposibilidad biológica.

¿Y por qué eran una “imposibilidad biológica”? Sencillamente porque los primeros años después de la menarquía suelen ser anovulatorios. Por ejemplo, se comprobó cómo las mujeres !Kung cazadoras-recolectoras se casaban y tenían su primera regla más o menos a la vez, con 15 años y medio. Sin embargo, su primer hijo lo tenían a los 19 años y medio (Kolata 1974). Y esto quiere decir que en EEUU y en Europa las niñas que tienen su menarquía a los 12 años podrían ser fértiles con 14 o 15 años. Y eso es una rareza histórica, como tantas otras…

Hay una parte del artículo de Short que me ha dejado sorprendida. Yo creía que en las sociedad de cazadores-recolectores había una alto número de hijos y de muertes (al no existir medicamentos y hospitales, por ejemplo). Pues resulta que no, los ratios de nacimientos y muertes eran más bien bajos hasta la llegada de la revolución agrícola hace 10.000 años. Recordemos que el Homo Sapiens moderno apareció hace unos 200.000 años.

¿Y por qué aumentaron los nacimientos con la revolución agrícola? Porque disminuyó el intervalo entre nacimientos. ¿Y por qué? Porque se modificaron los hábitos de lactancia tradicionales en el mundo de las cazadoras-recolectoras. Por ejemplo, las mujeres !Kung solían tener un intervalo medio de 4 años entre hijos y amamantaban durante 3-4 años. Las madres, dice Short, eran delgadas pero bien alimentadas y no había alimentos blandos para la alimentación complementaria de los bebés. Cuando las Kung se volvían sedentarias destetaban antes y se complementaba con harina de cereal y leche de vaca y, por tanto, el intervalo entre hijos se acortaba. ¿Y cuándo amamantaban durante 4 años no suplementaban con nada? Es obvio que sí. ¿Y cómo estaban de hierro los niños? Porque ahora la OMS dice que a partir de los 6 meses hay que suplementar por riesgo de anemia. Cuando entreviste a una mujer !Kung os cuento en otro artículo… (Por ahora me tengo que conformar con este maravilloso libro de Marjorie Shostak).

Con la revolución agrícola y la sedentarización aumentó la mortalidad y la fertilidad a la par, es decir, tenían más hijos pero se moría más gente. Al leer esto pensé, ¿no deberían haberse reducido las muertes al tener comida y un ambiente aparentemente más seguro? Pues no. Según Short, la higiene probablemente se deterioró y las enfermedades aumentaro. Y yo especulo desde mi humilde visión de madre lactante… ¿No tendrá que ver también en el aumento de la mortalidad el hecho de que se diera menos tiempo de mamar? Es decir, ¿no podría tratarse de un círculo vicioso? Si hace 10.000 años destetabas antes el niño corría más peligro de morir por no obtener los nutrientes necesarios ni las defensas que proporciona la leche humana. Ahí quedan mis preguntas sin respuesta.

Después Short señala varios estudios en los que se ha observado cómo el proceso de urbanización en la época actual, y los cambios que lleva aparejado en cuanto a hábitos sociales y nutricionales, impactan en la fertilidad humana, sobre todo en cuanto a la lactancia materna y afirma: 

“En todo el mundo en su conjunto, más nacimientos son prevenidos con la lactancia que con las otras formas de anticoncepción juntas. No es extraño que los cambios sociales que reducen la eficiencia anticonceptiva de la lactancia hayan tenido tal asombroso impacto demográfico”. 

Y un poco más tarde dice: 

“Se suele decir que no podemos esperar que la gente de los países en desarrollo quieran controlar su fertilidad hasta que los ratios de mortalidad infantil sean reducidos a un nivel aceptable. Si pudiéramos desarrollar anticonceptivos que promocionaran la lactancia materna, ellos aumentarían el intervalo entre nacimientos así como reducirían la mortalidad al mismo tiempo”. 

En este momento el artículo compara la vida reproductiva de una mujer de una comunidad cazadora-recolectora y la de una mujer de hoy en día:

“En las comunidades cazadoras-recolectoras, la pubertad, la adquisicón de deseo sexual, y matrimonio eran todos eventos sinónimos, así que no había necesidad de restricciones sociales sobre el comportamiento sexual antes del matrimonio. Después del matrimonio había un periodo de tres años de esterilidad adolescente, cuando la chica habría experimentado una sucesión de ciclos menstruales anovulatorios antes de concebir. Después del primer hijo, habría estado 3 años en amenorrea de la lactancia, seguidos por uno o dos ciclos menstruales ovulatorios antes de concebir otra vez. No tenemos información de la edad de la menopausia  en las sociedades primitivas, pero (…) sería raro que una mujer tuviera más de 5 hijos. Durante su vida reproductiva experimentaría 15 años de amenorrea de la lactancia, y 4 años de embarazo, (…)

Contrastemos esto con la vida reproductiva de una mujer de hoy en día: la menarquía ocurre a los 13 años, y la menopausia a los 50. Dos embarazos con poco o ningún amamantamiento como mucho solo permitirían a la mujer como mucho 2 años de respiro de los ciclos menstruales regulares, que ocuparían los 35 años que quedan de vida reproductiva. 

No puede haber ninguna duda de que este aumento de nueve veces en el tiempo dedicado a tener ciclos menstruales plantea una serie de nuevos problemas para nosotros; es algo de lo que no hemos tenido ninguna experiencia evolutiva previa, y por lo tanto no estamos genéticamente adaptados para hacer frente a la situación”.

Hay una cosa que me chirría: no he encontrado constancia de ninguna amenorrea de la lactancia más allá de dos años en la actualidad, aunque tampoco es raro dada la pérdida de la cultura de la lactancia en la sociedad actual. Quizás existan pero no es algo de lo que se hable demasiado. (ACTUALIZACIÓN: en el artículo de Barbara B. Harrell del que hablo aquí hay constancia de un estudio en el que una de las mujeres tuvo una amenorrea de la lactancia de 30 meses, pero es algo muy raro).

Anticoncepción

Dice Short, y es cierto, que el único anticonceptivo que no actúa después de la ovulación es la píldora. Sin embargo, se eligió, en lugar de imitar la amenorrea, que imitara el ritmo menstrual mensual, creyendo que sería más “normal” y más aceptable.

¿Puede ser dañina una sucesión de ciclos menstruales interminable? A esta pregunta responde Short:

“En las sociedades primitivas, la pubertad fue pronto seguida de un embarazo primero, que a su vez transformaba el pecho en un órgano secretor. Hoy, el descenso de la edad de la pubertad, junto con los aplazamientos inducidos culturalmente del primer embarazo, quiere decir que el pecho puede que tenga que esperar a más de una década entre la finalización de la pubertad y el comienzo de la actividad secretora, tiempo durante el cual responde a los ciclos mensuales de secreción de esteroides del ovario con un 20% de aumento de volumen durante la fase lutea, y un colapso repentino de la menstruación”.

Ya en la época de este artículo, 1976, había estudios que relacionaban la incidencia de cáncer de pecho con la edad del primer hijo o, más bien, con el tiempo entre la primera regla y el primer nacimiento. Y aporta un dato: “una mujer que tiene a su primer hijo antes de los 18 años tiene un tercio de riesgo de tener cáncer de mama comparado con una mujer que tuvo a su primer hijo después de los 35 años”. Para más información actualizada sobre este tema recomiendo la lectura de estos otros post: “Los riesgos de no ser una madre joven” y “¿Menstruar mola? ¿Menstruar es un atraso?”

Dice Short que el cáncer de mama es el cáncer más comun en las mujeres, con 11.000 muertes anuales en Inglaterra y Gales en esa época. Como dato comparativo, esa cifra se ha mantenido ya que en 2011 murieron 11.684 mujeres y 78 hombres por esa causa en Reino Unido. También menciona el hecho de que en las mujeres nulíparas también se ven incrementados los carcinomas de ovario, endometrio, fibromas e endometriosis.

Y después de un artículo fascinante e interesante llega una parte en la que abandona la explicación científica para proponer la creación de un anticonceptivo que permita a la mujer volver a estar en amenorrea, el estado normal entre las mujeres primitivas. Así también se reduciría la incidencia del cáncer y problemas derivados de tener tan poquitos hijos.

Como vemos, Short da por hecho que las mujeres van a seguir sin tener muchos hijos cuando son jóvenes ni van a amamantar por eso la Ciencia y la Medicina tienen que acudir a salvarnos de los problemas de la nuliparidad con una nueva medicina que nos cure de las consecuencias de los hábitos reproductivos postindustriales.

Conclusiones sobre biopolítica

Como las formas naturales de autoregulación de la población ya no existen, para bien o para mal (un punto positivo claro en mi opinión es la reducción de la mortalidad infantil, por ejemplo) Short afirma que dependeremos de las formas artificiales de anticoncepción para regular la población mundial, y que incluso serán claves en la supervivencia de nuestra especie. Pero, además, no vale cualquier tipo de anticoncepción, ya que no todos pueden mantener el aparato reproductivo en estado de inactividad cuando no queremos quedar embarazada. Aquí entiendo que el autor se refiere, por ejemplo, a que una mujer puede seguir métodos “naturales” (ya lo de natural queda hasta raro en este contexto) y reconocer sus días fértiles y evitar las relaciones sexuales coitales o utilizar métodos de barrera durante esos días. Sin embargo, esta mujer seguiría ovulando y menstruando, lo que elevaría el riesgo de otros problemas de salud. Yo, desde luego, no era consciente de todo esto hasta hace muy poco. 

“Las mujeres pueden estar fisiológicamente mal adaptadas a pasar la mayor parte de su vida reproductiva con una interminable sucesión de ciclos menstruales”. 

Roger Short termina su artículo reflexionando sobre biopolítica ya que, como la reproducción ya no es algo “natural” sino algo sujeto a la voluntad, se volverá mucho más impredecible, lo que podría conllevar “problemas de planificación a largo plazo” (se entiende que para los políticos) y pronostica que habrá más intentos de relacionar lo que es deseable para las naciones con las prácticas reproductivas, es decir, en mi opinión está diciendo que el Estado se va a entrometer cada vez más en la vida personal de los sujetos de a pie.

Reflexiones finales

El análisis de la cuestión parece bastante coherente, a pesar de mis escasos conocimientos sobre biología, antropología evolutiva o medicina, no ya tanto las conclusiones a las que llega, que sí que me parecen criticables.

1) La primera puntualización que se le puede hacer a Short es que antes de hablar de planificaciones nacionales deberíamos hablar de decisiones libres e informadas, es decir, que la gente tenga toda la información para después decidir lo que quiere hacer con su vida. No todo está en nuestra mano ni todas tenemos por qué querer tener hijos o tenerlos jóvenes pero a lo mejor algunas, si lo hubiésemos sabido, los hubiésemos tenido mucho antes, habríamos lactado de otra forma o habríamos hecho más deporte en la niñez para retrasar un poquito la menarquía, etcétera…

2) Una vez que se tiene toda la información y apoyo se puede optar por tomar la píldora, no tomarla, tener hijos, no tenerlos, amamantarlos, no amamantarlos, utilizar métodos anticonceptivos “naturales” o no utilizarlos. Se puede optar, si las circunstancias externas biopolíticas te lo permiten, claro…

3) Short parte del hecho de que en la sociedad postindustrial no podemos llevar la vida ni de las cazadoras-recolectoras ni de las sociedades no industrializadas y que, por esa razón, dependemos de las píldoras de la industria farmacéutica para mantenernos en un falso embarazo perpetuo. Pero quedan las preguntas abiertas: ¿No podemos intentar a nivel individual tener menarquías tardías, embarazos tempranos, lactancias largas e intensas? ¿Está en nuestra mano? ¿Es nuestra decisión? ¿Es la de otros? Si la lactancia tiene un papel fundamental históricamente en el crecimiento equilibrado de la población, ¿no tendría que ser la sociedad y el mundo laboral industrializado el que se adaptara a la lactancia humana y no al revés? ¿Por qué tenemos que ser las madres lactantes las que nos tenemos que adaptar a los horarios y circunstancias industriales, es decir, las que tenemos que extraernos leche, congelarla, separarnos de nuestros hijos durante largas horas, etcétera?

Por otro lado, el tema de la anticoncepción en el mundo preindustrial daría para otro artículo, que me reservo para cuando termine el libro de John M. Riddle “Las hierbas de Eva. Historia de la anticoncepción y el aborto en Occidente”.

4) En el texto de la introducción que he traducido dice que un niño dependiente impuso severas restricciones a la libertad de circulación de la madre. ¿Acaso las madres de las sociedades cazadoras-recolectoras no usaban portabebés para poder moverse sin separarse de sus hijos pequeños? Esto que plantea Short no es verdad, al menos como se describe en el libro de Marjorie Shostak “Nisa”, un libro de entrevistas a mujeres !Kung. En él se explica como las madres recolectan acompañadas de los bebés y niños y los padres cazan, también a veces acompañados de niños y niñas algo mayores. Las mujeres y los hombres son interdependientes a nivel nutricional y los niños no impiden ninguna actividad, quizás la caza por el nivel de sigilo que se necesita para no asustar a los animales. Es puro sentido práctico, no ideológico.

5) Ya no estamos en 1976 y ahora sabemos que la píldora no sólo no proteje del cáncer de mama sino que puede aumentar, aunque sea de forma leve, el ratio de padecerla. Además, el uso de la píldora ha traído consigo problemas ambientales, ya que la orina de las mujeres que la utilizan pasa al ecosistema estrogenizándolo,  como se ha estudiado en este artículo publicado en PNAS. Para solucionar un problema, creamos otros mil. ¿Es ese el lema de la historia del progreso humano?

6) La última crítica que le hago a Short quizás es la más importante. No son los Estados los que deben decidir si la gente se reproduce o no, si tiene 0, 1 o 6 hijos, como tampoco debería entrometerse en ningún aspecto de nuestra vida íntima. Si existe un problema demográfico en alguna zona del planeta este debería ser analizado por los propios afectados y las soluciones nunca deberían ser impuestas desde las elites de poder.

Para profundizar:

– Traducción del artículo de la antropóloga Beverly Strassman, mucho más reciente que este de Short: “La Biología de la Menstruación en el Homo Sapiens”.
– Reseña de “La Lactancia y la Menstruación desde una Perspectiva Cultural” de Barbara B. Harrell, de 1981.