Comentario a “El falso fomento de la natalidad”, artículo de Teresa Martin (CSIC)

El artículo original de Teresa Martín, “¿Quiere realmente el Gobierno “fomentar la natalidad”? Menos anuncios y más medidas” puede leerse aquí: https://apuntesdedemografia.com/2017/04/06/el-falso-fomento-de-la-natalidad/

Mis matizaciones y comentarios:

– El ideal de 2 hijos por mujer fue defendido por Henry Kissinger y sí formaba parte de una estrategia política colonial estadounidense hacia el resto del mundo. Ver documento NSSM_200: https://es.wikipedia.org/wiki/NSSM_200

– La progresiva urbanización del mundo es el mayor anticonceptivo que existe y una de las causas principales de la caída de la natalidad en todo el globo, según el informe del Club de Roma escrito por Jorgen Randers titulado “2052, Una Previsión Global para los Próximos 40 años”:
Pg. 62: “Ya más de la mitad de la gente del mundo vive en ciudades, y esa fracción aumentará con la industrialización constante del mundo en desarrollo. La mayor parte de la gente será urbana y vivirá bajo condiciones en las que tener muchos niños no es una ventaja. El deseo de tener familias pequeñas no se verá limitado a las parejas con dos carreras del mundo industrializado. Billones de familias pobres urbanas en economías emergentes harán la misma elección, en un intento de escapar de la pobreza”.

– Este mismo investigador afirma en este video con total sinceridad: “En el caso de 2052 hay básicamente cuatro valores por los que luchar, que necesitan ser empujados. Primero de todo la educación y el empoderamiento de las mujeres. Esta es una de las formas de hacer que el ratio de crecimiento de población baje”.  Y en este otro video le escuchamos decir en el minuto 00.30: “La buena noticia es que la población mundial no llegará a los 9.000 millones de personas. Llegará a su máximo con 8.000 millones en 2040 y después declinará. Y la razón de esto no es el hambre, no es la peste, no es la guerra, sino que las mujeres del mundo voluntariamente elegirán tener muchos menos hijos que en el pasado. Y esta población más pequeña hará la vida mejor para todos nosotros, y el problema de los ancianos, que es un efecto secundario de esto, será resuelto y os diré cómo”.

– La equiparación de los permisos de maternidad y paternidad no responde a ninguna demanda popular, ni de las mujeres ni de los hombres. Incluso en Suecia, las mujeres siguen tomándose más meses de maternidad que sus parejas masculinas. Esto, que un sector del feminismo ve como un “problema” cultural a resolver, otras personas lo vemos como algo lógico basado en la propia biología de la especie humana y de la propia dinámica interna de la relación madre-bebé durante los primeros meses de vida. Los permisos de maternidad y paternidad y su duración son irrelevantes a la hora de solucionar el mayor problema de la crianza en esa fase: la soledad, el aislamiento, la pérdida de la familia extensa en la familia nuclear atomizada y urbana. No estamos adaptados como especie a criar entre cuatro paredes y a no socializar con otros adultos y niños más mayores que echen una mano. Aquí el gran culpable es el sistema obligatorio escolar que mantiene encerrados por ley a los niños y jóvenes y les impide cuidar a sus hermanos pequeños, primos y sobrinos. También es culpable el sistema laboral que mantiene a las abuelas, a las madres de las madres, trabajando y que no pueden ayudar a sus hijas en esa etapa tan esencial. También podemos hablar de las ideologías que fomentan la emigración como forma de mejorar las condiciones de vida, incluso dentro del propio país, y que mantienen divididas a las familias por todo el mapa urbano, del país e incluso del mundo, o de las consecuencias de la modernidad que supusieron una ruptura cultural insondable entre las generaciones, separando a los mayores de los jóvenes.

– Existe todo un sistema ideológico, del que el feminismo es gran responsable, que ha promocionado una visión antimaternal (ver Simone de Beauvoir) y antilactancia materna. Que nos ha dicho a las jóvenes que estudiar y trabajar era mucho más importante que encontrar una buena pareja, tener hijos y criarlos. Esto también es denunciado por feministas de la última ola como Rebecca Walker (hija de Alice Walker), que invita a las mujeres jóvenes a organizar y planificar su vida procreadora como lo harían con la elección de su carrera profesional o de sus estudios: ¿Quiero tener hijos? ¿Sí? ¿No? En caso afirmativo, ¿con quién? ¿Cómo voy a buscar a esa persona? El no plantearse estas preguntas es la causa ideológica de que lleguen mujeres con 40 años a intentar tener hijos y no puedan por imposibilidad física debido a su edad. En España, esta visión de la vida profesional por encima de la procreadora la impulsó la Sección Femenina en los últimos años del franquismo.

– En cualquier caso, ni con permisos iguales e intransferibles ni con permisos largos y transferibles la fertilidad va a crecer hasta la reposición. Incluso en Suecia y Francia, que casi llegan a la reposición, tienen que reconocer que lo hacen gracias a la importación de mano de obra inmigrante adulta y ya criada en sus países de origen sin ningún tipo de Estado del Bienestar ni subsidio. De nuevo, como ya hemos comentado, el investigador del Club de Roma nos dice que en 2040 ningún país llegará a la reposición y la población mundial descenderá en todas partes, es decir, ya no será posible ni siquiera importar trabajadores extranjeros para pagar esos mismos permisos y pensiones.

– Respecto a la crítica que usted hace a que el Estado no financie la reproducción artificial en mayores de 40 años me sorprende que considere esta vía como algo aceptable éticamente para aumentar la natalidad del país. La reproduccción artifiical, sea estatal o privada, se mueve por intereses productivistas totalmente alejados del ideal deontológico médico “primero no dañar” y del derecho a la identidad de los menores fruto de “donantes” (vendedores) de gametos y, por otro lado, al mismo tiempo que ese productivismo baila al son del eugenismo y la ingeniería social, sin dejar ningún lugar para la oxitocina natural y el encuentro entre los cuerpos. Para empezar la sanidad no tiene el objetivo de preñar a las mujeres sino de curar enfermedades. Es decir, tendría que tratar de curar los problemas de infertilidad, su cometido no debería ser fecundar embriones para después destruirlos, congelarlos, cederlos a otras familias (algo que no es aceptable en el mundo de la adopción). Tampoco es su cometido provocar mellizos prematuros debido a la implantación de dos embriones o de estimulaciones ováricas. Eso es poner en riesgo la salud de los bebés a posta. Tampoco debe la sanidad pública aceptar la compra-venta de óvulos de mujeres, con los consiguientes riesgos para su salud, ni aceptar la compra-venta de semen de hombres, con el consiguiente riesgo para la salud psicológica de los niños, separados de sus vínculos genéticos y generados a partir de la irresponsabilidad y el egoísmo.

– Si, según usted, “España es uno de los países del mundo en los que las mujeres son madres a una edad más tardía” el problema habrá que atajarlo desde allí, preguntándonos qué hace que las mujeres que queremos ser madres nos retrasemos tanto, no fomentando todavía más la reproducción artificial. Eso me recuerda a las subvenciones de Facebook y Apple a la congelación de óvulos de sus trabajadoras. Pero, bueno, caminamos hacia la domesticación de la especie humana, como ya predijo Huxley y Platón, así que no me sorprende que desde el CSIC se defienda la reproducción artificial frente a la procreación natural no domesticada.

– Como usted no se atreve a decirlo lo diré yo: Es el modo de vida actual y el sistema productivo-tecnológico-industrial-laboral el que hace que la gente viva cada vez más aislada y sin vínculos, sin empatía y sin humanidad. Es el capitalismo, es el Estado y sus biopolíticas. Antes la gente no tenía dinero y tenía hijos, con lo cual la precariedad no es realmente el problema, hay un problema existencial, de valores y prioridades detrás. Pero también hay un problema realmente material, en las condiciones de vida, que escapa al economicismo/politicismo de su texto. Lo material no es solamente lo económico. Una persona con vínculos, con apoyos, con vida realmente social sentirá el impulso de procrear (si es su deseo u opción de vida, claro está) y se sentirá segura para vivir o procrear, seguridad tanto en su etapa de bebé (apego seguro) como cuando se convierte en mujer adulta. Hoy, nadie tiene un vínculo seguro con nadie, lo que viene como anillo al dedo a las personas que tienen el poder.

Androcentrismo en la Historia…

Leo y cito del periódico georgesorosiano Eldiario: http://www.eldiario.es/madrid/Escritoras-propuestas-feministas-presupuestos-participativos_0_627838189.html

Laura Nuño, del Observatorio para la Igualdad de la Universidad Juan Carlos I de Madrid, redunda en la misma idea: “Mientras no se visibilice a las mujeres escritoras, artistas y científicas se lanza el mensaje de que la creación es solo de hombres”. Para Nuño, es necesario que se reconozca el trabajo de las mujeres como una manera de desterrar la idea de la mujer “destinada al ámbito doméstico, incapacitada para la creación”.

(…)

También la articulista y escritora feminista Barbijaputa lo recogía esta misma semana en un texto publicado en este medio,  ‘La regla y las milongas,’ en el que explica el androcentrismo: “Todo gira en torno a ellos”. Barbijaputa cita el libro La mujer en ‘el origen del hombre’ (2004) de la antropóloga María Ángeles Querol en el que explica “cómo ella misma empezó a darse cuenta de dicho androcentrismo en la forma en que estaba narrada la Historia”. 

“El trabajo de las mujeres” no es solamente el de “escritoras, artistas y científicas”, amigas mías. Dignificar el trabajo de las mujeres es dignificar y reconocer el trabajo de las criadas y nodrizas de esas “escritoras, artistas y científicas”, que permitieron que ellas pudieran escribir, crear arte culto y ciencia. Eso para empezar. Cuando valoremos que lavar platos y cocinar son cultura popular y que son prácticas importantes, que no es lo mismo una croqueta congelada comprada que una hecha en casa y con cariño, entonces podremos decir que valoramos lo que han hecho las mujeres en la Historia. Cuando valoremos que cantar una nana mientras amamantas a un bebé es cultura y arte, entonces podrás decir que valoras la cultura y la historias de las mujeres.

Las mujeres en este país no son “Concepción Arenal y Emilio Pardo Bazán”. Las mujeres del pueblo cantaban, recitaban poemas, tocaban panderetas o instrumentos de cocina, cosían, bordaban y eso era arte, lo que pasa que es arte popular y eso nunca ha interesado a los hombres ni a las mujeres de las elites, salvo quizás a Federico García Lorca.

Alan Lomax y Jeannette Bell viajaron por España recopilando esas canciones que cantaban las mujeres y los hombres del pueblo. Hay nanas, romances, canciones picaronas y eróticas, villancicos, canciones religiosas… ¿Por qué a estas personas tan cultas y preocupadas por la invisibilización de las mujeres no se les ocurre recuperar o valorar esas canciones, ese saber popular? Muy sencillo. Porque ellos y ellas siguen valorando más la alta cultura que la que emanaba directamente de la gente común. Ahora no emana nada porque con la emigración del campo a la ciudad se rompió la correa de transmisión y no tenemos cultura propia, todo es cultura impuesta desde arriba por empresas e instituciones públicas y privadas. Incluso la cultura del monolito, la estatua conmemorativa o el arco del triunfo son manifestaciones, una vez más, de una cultura del poder que nos viene impuesta desde arriba, al igual que lo que se pretende dignificar en la propuesta de la que habla el artículo, pagada con los presupuestos denominados “participativos”.

Tampoco podemos hablar de androcentrismo, ya que la cultura popular masculina, al igual que la femenina, no se ve representada por los famosos escritores y artistas, ni por la historia de batallas y reyes. Pero tratar de que articulistas de medios como El Diario lo entiendan, es demasiado costoso, y yo al menos no tengo ni ganas ni tiempo para hacerlo.

Las mujeres feministas que, hoy en día, reivindican como cultura de las mujeres solamente la producida por mujeres burguesas o aristócratas son, efectivamente, elististas y están dejando de lado el 99% de la creatividad femenina durante milenios. Mucha de esa creatividad ni siquiera fue escrita ni almacenada. Era arte vivo, perecedero en lo material, memorizado y transmitido de unas personas a otras. Ya que no serán recordadas por las cátedras de género ni por las universidades, recordémoslas hoy por aquí.

 

“La nodriza” de Berthe Morisot

 

Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

Y decíamos hace un año más o menos…

Historia del “25 de Noviembre”: de un acto de terrorismo de Estado a símbolo de la violencia contra la mujer

Resumo, por si alguien no tiene tiempo de leer el artículo completo:

  • Las hermanas Mirabal y Rufino de la Cruz fueron asesinados no por ser mujeres, evidentemente, sino por ser opositores al dictador Trujillo.
  • El movimiento feminista dominicano de la época colaboraba con el régimen de Trujillo, la persona que mandó asesinar a quienes ahora son reivindicados por el movimiento feminista internacional y la ONU.
  • No hay constancia de que las hermanas Mirabal fueran feministas.
  • Minerva Mirabal fue puesta en el punto de mira por la represión del dictador cuando mostró su solidaridad con un disidente político, un hombre comunista.
  • Las hermanas Mirabal fueron asesinadas cuando iban a visitar a sus maridos, también represaliados, a la cárcel.
  • El movimiento feminista internacional y la ONU han borrado del mapa a Rufino de la Cruz, la persona que conducía el coche y que pagó con su vida su compromiso, porque no cuadra con sus intereses políticos.
  • El 25-n, manipulado y adulterado, se celebra en todo el mundo gracias a que Leonel Fernández, un político responsable del endeudamiento masivo de República Dominicana, lo llevó a la palestra internacional.
  • El 25-n, si tiene que simbolizar algo, debería ser símbolo de amor, valentía y solidaridad entre hombres y mujeres frente a los dictadores y sus colaboradores, entre los que podemos encontrar al colaboracionismo feminista.

Estoy dispuesta a debatir o presentar este artículo en los foros en los que sea necesario, siendo de especial interés los lugares autodenominados feministas de Madrid.

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Damas llamadas Sufraguistas,Posando en las escalinatas de la antigua Mansión Presidencial. Santo Domingo R.D Decada del 40 Fuente : AGN / conrado Tomado de Facebook con el siguiente texto: (…) “La foto corresponde al momento en que luego de este evento protocolar, todas se dirigieron a la Mansión Presidencial para otorgar la Medalla de Gratitud a Trujillo. Isabel Mayer, amiga de Trujillo, fue propuesta por él como candidata a Senadora por Montecristi. Atrás y al fondo con un tocado negro, collar de perla y vestido negro, está doña Celeste Woss y Gil, del feminismo de vanguardia.”

 

Año 2016, en Madrid:
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Relacionado:

http://elmasacre.com/noticias/nacionales/7327/hija-de-rufino-de-la-cruz-heroe-y-martir-afirma-que-ha-sido-opacado-y-olvidado.html

El talón de Aquiles del feminismo actual

El talón de Aquiles del feminismo actual se llama Arabia Saudita*. Toda retórica feminista termina cuando se reconoce la dependencia energética o los jugosos negocios de ciertas empresas con aquel país. No hay Estado, ni político, ni gobierno, ni de derechas ni de izquierdas, que vaya a dejar de comprar petróleo, construir armas e infraestructuras para países con patriarcados legales como el suyo. No lo hará Hilary Clinton, no lo hizo Carme Chacón (premiada por la Federación de Mujeres Progresistas), no lo ha hecho Podemos e Izquierda Unida. Nadie va a boicotear a Arabia Saudita, bien al contrario. Es muy probable que más que romper las relaciones comerciales, sea ese país u otros, igual o más autoritarios, los que terminen influyendo en la política o legislación de estas latitudes. ¿Tiene algún sentido mantener una retórica feminista en el discurso cuando estás apoyando de facto a uno de los Estados más machistas y opresores del mundo?

En realidad, para ser sinceros, este es el talón de Aquiles de cualquier movimiento político que aspire al poder. La energía también es un problema para las revoluciones horizontales que no son capaces de ser autosuficientes y que no pueden gestionar un bloqueo en esta materia**. Por no hablar de una agresión militar porque, al final, de fondo, siempre está la violencia desnuda.

* Ponga aquí el nombre de su dictadura favorita.

** En el caso de la Guerra Civil, Franco fue apoyado en el campo de la energía por la Texaco (la Standard Oil de Rockefeller). Ver también este enlace de Chomsky. Los embargos y los bloqueos también influyen en las “amistades peligrosas” con otras dictaduras, como la estalinista, que suministró petróleo a la República (entiendo que también a las colectividades catalanas).

Patriarcado militarista

Cuando la dictadura consideró conveniente revisar el patriarcado legal…

Relacionado:

Louise, cuidadora de un bebé llamado Simone (de Beauvoir)

Simone de Beauvoir, sua mãe e sua irmã Helen. copy

Simone, Françoise y Helene

Hoy escribo un post “corto” y rápido, en comparación a lo que suelen ser los artículos de este blog. No tengo demasiado tiempo últimamente pero, a pesar de no poder escribir, pienso en bastantes asuntos durante el día mientras  hago otras cosas. Otras cosas. Esas otras cosas que tantas mujeres han hecho a lo largo de la (pre)historia.

Hoy hablo de un bebé llamado Simone que vivía en Paris y era cuidado por una criada, una “nannie”, una empleada de los Beauvoir. La cuidadora se llamaba Louise y parece que no nos ha llegado su apellido. A nadie pareció importarle demasiado el apellido de la persona que alimentó, durmió y paseó a Simone y Helene, su hermana, y que realizaba las tareas del hogar en toda la casa. Como podemos leer en la biografía de la famosa feminista firmada por Deirdre Beir en su página 33 su nacimiento fue corto para ser el primero de su madre, Françoise.

“Si hubo alguna decepción por no haber sido chico no fue expresado por ninguno de los padres, especialmente Françoise, que sufrió siempre por haber tenido la desgracia de ser la primera y mujer”. El libro nos explica que su cuarto fue el que había sido previamente de la criada, una habitación blanca minimalista con una cuna al lado de la cama de Louise, ya que “ella era la responsable de las rutinas de cuidado físico de la niña. Además de sus otros trabajos de la casa, Louise tenía que bañar y alimentar al bebé, después llevarla al parque para que se aireara diariamente”.

La madre, Françoise, no hacía estas cosas ella, como vemos, pero sí se preocupaba de informarse de las últimas recomendaciones sobre rianza, sobre las mejores comidas para el bebé y “a menudo ayudaba a Louise a aplastar lo que parecía más apropiado para que comiera la niña en pleno desarrollo, pero la mayor parte del tiempo estaba ocupada con las obligaciones sociales de una joven matrona y las elaboradas preparaciones para la llegada de su marido a casa cada tarde”.

Según explica el libro de Deirdre Beir, el papá de Simone llegaba tarde, entonces jugaban con ella los dos “antes de que Louise se la llevara a la cama, y cenaban cuando Louise volvía a servir la comida que había cocinado”. Impresionante, no podían ni servirse la comida ellos mismos. ¿Se les romperían las uñas por poner la mesa? No lo sabemos. Continúa el libro: “Después, mientras Louise limpiaba, Françoise se sentaba con su tarea de ganchillo mientras Georges le leía algún texto elegido para ilustrarla y educarla. Françoise se sentía un poco culpable por recibir todas estas ideas masculinas, así que se comprometía con tener sus manos ocupadas con el “femenino” ganchillo, declarando su intención de cubrir cada espacio del apartamento con un ejemplo de su precioso trabajo manual. Era un tiempo glorioso en su matrimonio: sus ganancias eran pequeñas pero seguras, y vivían en un apartamento que Françoise, con la supervisión de George, había amueblado y decorado en lo que consistía buen gusto para su época; tenían un bebé precioso; y ahora, al lado de la familia del hermano de George, Gaston, y una multitud de familares, Françoise tenía su propia familia en Paris”.

Al margen de las propias interpretaciones de la biógrafa de Simone de Beauvoir me llama la atención que les preocupara tanto la salud física y no la emocional del bebé, en esa separación cuerpo-mente tan característica de la cultura de las elites. También llama la atención que su salario fuera considerado “pequeño” mientras podían permitirse tener una trabajadora interna que les limpiaba la casa y les criaba a su bebé. Eso en nuestra época sería considerado un salario alto.

En otra biografía, esta vez escrita por Ursula Tidd podemos leer que “Simone y Helene eran cuidadas por Louise. Françoise interpretaba el papel de mujer joven y bella, una madre adorada aunque emocionalmente distante”. En la página 29 del mismo libro leemos que Simone de Beauvoir tenía “culpa del superviviente” en relación a la muerte de su mejor amiga Zaza pero que no había sido la primera vez en su vida que sentía algo así. “En su infancia, poco después de haberse mudado a la calle de Rennes, la muerte del bebé de su antigua doncella Louise la había conmovido profundamente, no menos por las circunstancias socioeconómicas en las que había ocurrido. Louise había dejado su trabajo para casarse, aunque Françoise todavía la visitaba. El efecto de esta muerte se disfraza finamente en La Sangre de los Otros y enlaza con la culpa de la protagonista concerniente a su privilegio com miembro de la burguesía y del escándalo existencial de la muerte”. 

Aquí la llamada “culpa del superviviente” parece un sentimiento de autoodio por pertenecer a la burguesía y sentirse privilegiado respecto a los sirvientes. Todo esto me hace reflexionar y pensar que, al contrario de las clases sociales de las que hablan los marxistas, el mundo siempre se ha dividido entre los que cuidaban a sus propios bebés, las madres y otras figuras del entorno familiar o vecinal, y la clase social que dejaba el cuidado de los bebés y la casa a esclavos, criados o empleadas domésticas. Al contrario de poner el énfasis en quién poseía la propiedad de los medios de producción quizás deberíamos preguntarnos quién cuidaba a los bebés y descubriríamos otra nueva forma de delimitación de las clases sociales, la establecida por los cuidados.

No he encontrado ninguna imagen de Louise, ni conozco su apellido. Esto me hace pensar que para los historiadores y estudiosos de la figura de Simone de Beauvoir tampoco ha sido muy importante esta mujer ni los cuidados que suministró con su trabajo. Los cuidados en general no han sido importantes tampoco en el estudio de la Historia. Yo los reivindico y creo que alguien tendría que publicar un libro con los nombres de las cuidadoras, sus historias de vida. Son personas importantes y de gran relevancia histórica y social. Como en el caso de la nodriza de Freud, Resi Wittek, no se puede entender el psicoanálisis sin entender su relación con ella y, sobre todo, no se pueden entender los sesgos de su teoría, por ejemplo, en el tema del complejo de Edipo. Es de vital importancia. ¿Cómo a nadie se le había ocurrido antes? Con Beauvoir pasa lo mismo. ¿Cómo entender su pensamiento sobre “la mujer”, sobre “el hombre”, sobre la “igualdad” sin comprender su crianza y cómo se gestionaba su casa y los cuidados en ella? Ahí lo dejo para vuestra reflexión…

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Bibliografía adicional:

En castellano: Memorias de una joven formal. Aquí podemos leer:

“Le  debía  a  Louise  la  seguridad  cotidiana.  Ella  me  vestía  por  la  mañana,  me  desvestía  de  noche  y dormía en el mismo cuarto que yo. Joven, sin belleza, sin misterio, puesto que sólo existía –al menos  yo  lo  creía–  para  velar  sobre mi  hermana  y  sobre  mí,  nunca  elevaba  la  voz,  nunca  me  reprendía  sin motivo. Su mirada tranquila me protegía mientras yo  jugaba en el Luxemburgo, mientras acunaba a mi  muñeca Blondine bajada del cielo una  noche de Navidad con el baúl que contenía su ajuar. Al caer la  noche se sentaba junto a mí, me mostraba imágenes  y me contaba cuentos. Su presencia me resultaba  tan necesaria y me parecía tan natural como la del suelo bajo mis pies.  

Mi  madre,  más  lejana  y  más  caprichosa,  me  inspiraba  sentimientos  amorosos;  me  instalaba  sobre  sus rodillas, en la dulzura perfumada de sus brazos,  y cubría de besos su piel de mujer joven; a veces,  de  noche  aparecía  junto  a  mi  cama,  hermosa  como una  aparición,  con  su   vestido  vaporoso  adornado   con  una  flor  malva  o  con  su  centelleante  vestido de  lentejuelas  negras.  Cuando  estaba  enojada  me   miraba  con  ira.  Yo  temía  ese  fulgor  tempestuoso  que desfiguraba  su  rostro;  tenía  necesidad  de  su sonrisa”

“Revolución en punto cero” de Silvia Federici

He seleccionado cuatro citas del libro “Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas” de Silvia Federici y que de forma tan generosa puede encontrarse en el siguiente enlace:
http://www.traficantes.net/sites/default/files/pdfs/map36_federici.pdf

“En esta cuestión, debo puntualizar que luchábamos por un salario para el trabajo doméstico no para las amas de casa, convencidas de que de este modo la demanda recorrería el camino hacia la «degenerización» de este trabajo. También exigíamos que estos salarios no proviniesen de los maridos sino del Estado como representante del capital colectivo ―el auténtico «Hombre» beneficiario de este trabajo.” Pg. 26

“Otro tema recurrente en los ensayos recogidos en la Segunda Parte es la crítica a la institucionalización del feminismo y a la reducción de las políticas feministas a meros instrumentos de la agenda neoliberal de las Naciones Unidas. Para aquellas de nosotras que testarudamente a lo largo de los años hemos insistido en definir la autonomía feminista no solo como autonomía respecto de los hombres sino también respecto del capital y del Estado, supuso una derrota la gradual incapacidad del movimiento para propulsar iniciativas propias y su subsunción bajo las alas de las Naciones Unidas, especialmente en un momento en el que dicha institución se estaba preparando para legitimar nuevas guerras por motivos económicos y militares. Retrospectivamente, esta crítica era correcta. Cuatro conferencias globales sobre mujeres y una década dedicada a los derechos de las mujeres no han producido ninguna mejora en la vida de la mayor parte de estas, ni tampoco una crítica feminista seria o movilización alguna contra la apropiación de la riqueza mundial por parte de las corporaciones y de las mismas Naciones Unidas. Al contrario, las celebraciones del «empoderamiento de las mujeres» han ido de la mano de la aprobación de políticas sangrientas que han acabado con la vida de millones de personas, expropiado tierras y aguas costeras, arrojado a las mismas residuos tóxicos y convertido en refugiados a poblaciones enteras.” Pg. 29

“Las mujeres de todo el mundo no solo producen los trabajadores que mantienen en funcionamiento la economía global. Desde comienzos de la década de los noventa se ha producido un salto en la emigración femenina del «Sur Global» al Norte, en el que proveen un porcentaje en continuo incremento de la mano de obra empleada en el sector servicios y el trabajo doméstico. Tal y como ha observado Cynthia Enloe, con la imposición de políticas económicas que incentivan la inmigración, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial han permitido a los gobiernos de Europa, Estados Unidos y Canadá resolver la crisis del trabajo doméstico que se encuentra en los orígenes del movimiento feminista, y ha «liberado» a miles de mujeres solo para que produzcan más trabajo exo-doméstico. El empleo de mujeres filipinas o mexicanas que, por una modesta suma, limpian las casas, crían a los niños, cocinan y cuidan a los mayores, permiten que las mujeres de clase media escapen de un trabajo que ya no quieren o no pueden hacer durante más tiempo, sin reducir simultáneamente su nivel de vida. Es evidente que esta es una «solución» problemática ya que crea relaciones entre las mujeres de «criadas-señoras» complicándolas aún más si cabe por los prejuicios que rodean el trabajo doméstico: la asunción de que no se trata de un trabajo real y que debería ser pagado lo menos posible, cuyos límites no están definidos, etc. El empleo de trabajadoras domésticas hace, además, a las mujeres (más que al Estado) responsables del trabajo reproductivo y debilita la lucha contra la división del trabajo en el interior de las familias, ya que libra a las mujeres de la tarea de obligar a los hombres a compartir las tareas domésticas. Para las mujeres inmigrantes, asumir un trabajo doméstico supone una elección dolorosa, ya que es un trabajo pagado pobremente y que requiere que cuiden de las familias de otros mientras que ellas tienen que dejar de lado a las suyas propias.” Pg. 120.

“No es útil, en la práctica, criticar a las mujeres que emplean trabajadoras domésticas, como hacen algunas feministas. Mientras el trabajo reproductivo sea mantenido como una responsabilidad individual o familiar, puede que no dispongamos de muchas alternativas, especialmente cuando tenemos que cuidar de alguien que está enfermo o no es autosuficiente, y además tenemos un trabajo fuera del hogar. Esta es la razón por la que muchas mujeres con hijos pequeños dependen de las ayudas sociales; pero esta alternativa está cerca de extinguirse. También existe el peligro de que, al condenar el empleo de las trabajadoras domésticas sin proponer ninguna alternativa, se refuerce la ilusión de que el trabajo reproductivo no es un trabajo imprescindible. Esta asunción ha plagado las políticas feministas de los años setenta y hemos pagado un alto precio por ello. Si el movimiento feminista hubiese luchado por hacer que el Estado reconociese el trabajo reproductivo como trabajo y hubiese adquirido responsabilidad financiera por ello, puede que no hubiésemos tenido que contemplar el desmantelamiento de los pocos presupuestos sociales a los que podíamos optar, ni una nueva solución colonial a la «cuestión del trabajo reproductivo». También hoy, una movilización feminista que obligase al Estado a pagar por el trabajo reproductivo sería bastante efectiva en la mejora de sus condiciones y en la construcción de solidaridad entre las mujeres.” Pg. 123

Ahora que estoy preparando un análisis sobre el informe de Goldman Sachs “Womenomics” creo que la lectura de Federici puede ayudarme a entender algunos aspectos sobre los cuidados dentro del capitalismo.

Desde un punto de vista ético no me parece correcto aceptar o reivindicar un salario por los cuidados familiares o la limpieza del propio hogar. La realidad es que la casa hay que limpiarla y los cuidados hay que darlos, el cómo y el quién es lo que tenemos que decidir, aunque hoy no estamos en condiciones de decidir nada porque el Estado nos maneja a base de premios/castigos, subvenciones y desgravaciones, y la empresa capitalista absorve toda nuestra energía, la de hombres y mujeres. Como decía aquel dicho popular: “Unos por otros y la casa sin barrer”.

Por otro lado, no niego que sea un tema conflictivo y difícil de abordar, ya que las personas que realizan los cuidados tienen que sobrevivir, sean quienes sean. Pueden vivir de sus propios ahorros, del salario o pensiones de sus parejas o familiares, pueden trabajar en el mundo asalariado o pueden recibir un salario del Estado. En este último caso, el salario estatal sería similar al subsidio de desembleo, la baja laboral, el permiso de maternidad/paternidad remunerado (de 16 semanas actualmente, aunque desde diferentes luchas se está reivindicando su ampliación a los 6 meses) o las excedencias pagadas por cuidado de hijos (aquí no existen pero en Alemania sí, por ejemplo). Yo todavía no tengo una respuesta a este problema ni una postura clara al respecto, tanto en el momento actual como en una sociedad mejor.

Observo una gran contradicción en lo que dice Silvia Federici. Por un lado, en la campaña “Wages for Housework” (Salario por Trabajo Doméstico) pedía un salario al Estado, pero a la vez, reivindicaba la autonomía del feminismo frente al Estado. ¿Cómo se come esto?

Me parece interesante también y totalmente necesaria su denuncia de la fusión del feminismo con la agenda de las Naciones Unidas y todo lo que dice sobre la emigración incentivada por las políticas del FMI y el BM, lo que ella llama una nueva solución colonial a la «cuestión del trabajo reproductivo». Si tiráramos de ese turbulento hilo caería todo el “Feminismo de Estado” y el “Feminismo Capitalista” actual (he analizado alguno de estos temas aquí (empoderamiento) , aquí (leyes de “igualdad”) y aquí (Conferencia de Pekín). Sin embargo, el tema de poner precio al sustento de la vida me parece un camino equivocado y que conduce irremediablemente a la prostitución de la vida privada, reconociendo finalmente al Estado que trabajamos para él y que en realidad cuidamos a “sus” hijos, no los nuestros, que cuidamos a “sus” futuras y presentes cotizantes, consumidoras y soldados. Y más allá del tema de la crianza, ¿por qué debería el Estado remunerar la limpieza de la propia casa, el hecho de poner una lavadora, comprar comida o cocinarla para el uso propio?

Creo que, más que estatalizarlos, hay que resocializar los cuidados y repartirlos entre la comunidad, reconocer su importancia para la vida en cualquier tipo de sistema, pero para ello queda un largo camino, ya que vivimos aislados y con muy pocos vínculos que nos unan a nuestros iguales, esas personas que nos podrían ayudar a compartir los cuidados. Además no hay tiempo para nada porque el trabajo asalariado lo absorve todo. ¿Por qué no en lugar de un salario para los cuidados pedimos un horario mínimo de trabajo asalariado que nos permita cuidarnos unos a otros en lugar de cuidar a la empresa, a los empresarios y al Estado? Y esta pregunta nos lleva a una más importante, a la clave de la cuestión… ¿Por qué no en lugar de pedir salarios, sueldos más altos o menos horas de trabajo nos preocupamos sobre todo por el QUÉ estamos haciendo, hacia dónde va dirigida la energía vital de la masa asalariada en este sistema? De nada sirve trabajar pocas horas al día por un altísimo salario si nuestro trabajo es alienante, nocivo para el mundo y el medio ambiente, adoctrinante o inútil. En mi humilde opinión la lucha debería ir por ahí primero. 

En lugar de salarizar los cuidados o los esfuerzos que conlleva la vida, el amor familiar, amistoso o vecinal habría que expropiar energía vital al mundo asalariado (menos horas), no para consumir más, sino para ayudarnos unos a otros a realizar esos cuidados, en un reparto libre y consensuado entre las partes, donde nadie más que los sujetos involucrados pudiera entrometerse.

Es un lugar común de la izquierda (Silvia Federici viene de la tradición marxista) reclamar mejores salarios, como si eso lo solucionara todo, como si el trabajo asalariado se convirtiera en algo positivo cuando los salarios son altos. Si el cuidado de la casa y de los hijos es alienante o problemático cuando se realiza como única actividad, lo haga el hombre o la mujer, lo que hay que hacer es analizar la situación y ver qué es lo que lo hace alienante y problemático. Yo no creo que sea esencialmente así, creo que de hecho tiene grandes potencialidades, con dosis de esfuerzo pero también de autosatisfacción bastante altas. 

En mi opinión, uno de los grandes problemas que tiene es el de la soledad y el aislamiento, cuando es realizado únicamente por una persona entre cuatro paredes. Y el segundo problema es el hecho de que se reduzca la existencia humana, tan rica en matices y aspiraciones, a la especialización y la fragmentación asociadas al hecho de realizar una única tarea en la vida y evitar las demás. Es lo que podríamos ver como el equivalente a la especialización del trabajador de un engranaje de fábrica pero aplicado al mundo del hogar. Aún así, el trabajo de casa es bastante más variado y dinámico que un trabajo asalariado corriente, como el de un teleoperador o un cajero de supermercado. 

Las circunstancias en las que limpiamos y ordenamos nuestra casa, nuestra ropa, cuidamos o criamos a nuestros hijos o familiares son fruto de nuestro tiempo, del tipo de sociedad en el que vivimos. Se podrían realizar todas estas tareas de muy diversas formas. Pero hoy en día, las personas dedicadas a los cuidados o a su hogar de forma exclusiva son una minoría, la mayor parte trabajan fuera de casa y no tienen tiempo ni de cocinar comida casera ni de limpiar ni de criar. Otros simplemente están en paro y esta es una situación “transitoria”. Desde luego, el ama de casa típica de los años 50 ya no es muy común…

Lo que está claro es que un salario, incluso un alto salario por algo que nos parece alienante, si es que a alguien se lo parece, no será nunca la solución. Habrá que cambiar lo que no sea apropiado, no aceptar dinero por explotación o alienación.

Es un tema muy amplio y difícil de analizar, y apenas estoy en la superficie del asunto. Ahí quedan estos apuntes.