La menstruación biocultural

 La menstruación es un fenómeno fisiológico biocultural, es decir, se ve afectado tanto por nuestras hormonas como por el ambiente, y estos dos aspectos interactúan a su vez entre sí. La cultura influye en la menstruación de diversas maneras y de ningún modo podemos pensar que el patrón de menstruación occidental actual es universal en todo tiempo y lugar. La primero que marca la diferencia es el número de hijos a lo largo de la vida, el número de años que se amamanta y el tiempo que se está en amenorrea/anovulación de la lactancia.

Traducción: Ratios de incidencia de cáncer de pecho y ovario en las regiones del mundo seleccionadas (ratio por 100.000; edad estandarizada)

Una de las manifestaciones de estas diferencias son los niveles de incidencia de cáncer de mama y ovario en las diferentes partes del mundo. Las mujeres occidentales tienen unos 450 ciclos menstruales a lo largo de su vida y, en cada ciclo, con cada aumento en la progesterona y el estrógeno, hay divisiones de células en los ovarios, pecho y útero como preparación para un posible embarazo que casi nunca llega a ocurrir. Y cada vez que una célula se divide, aumentan las probabilidades de que se produzca una mutación cancerígena.

Aquí podéis ver las fluctuaciones hormonales del ciclo menstrual comparadas con las del embarazo y la lactancia (que son diferentes entre sí y se ve claramente que la etapa de lactancia materna no es precisamente estar en un estado de “fase ovulatoria” constante, como leí una vez en una conocida web de pedagogía menstrual).

Traducción: “Una representación esquemática de la exposición de progesterona en 9 meses de ciclos menstruales, embarazo y lactancia. La exposición a los estrógenos mostraría unos valores relativos similares. Tomado de aquí.

“Cuerpos antiguos, vidas modernas”

Una de las mujeres que más ha investigado las diferencias menstruales entre las mujeres del mundo ha sido Virginia J. Vitzthum, profesora de Antropología en la Universidad de Indiana e investigadora del Instituto Kingsey. Supe de su existencia en el libro de Wenda Trevathan publicado en 2010 “Ancient bodies, modern lives” (Cuerpos antiguos, vidas modernas) donde en su pg. 43-49 habla de este tema y en el que aparecen los gráficos que podéis ver en este post:

Niveles de progesterona en ciclos de concepción y no concepción en dos poblaciones (Chicago y Bolivia). Copiado de aquí.

Virginia Vitzthum comparó los niveles de progesterona de mujeres embarazadas y no embarazadas en Bolivia y en Chicago. Los niveles eran muchísimo más altos para las mujeres de EEUU pero, además, los niveles de las mujeres del altiplano boliviano eran tan bajos que se hubieran interpretado como de mujeres estériles si hubieran visitado cualquier clínica de fertilidad occidental. Sin embargo, lejos de ser estériles, estas mujeres tenían una media de 4 embarazos y amamantaban uno o dos años. A su vez, la media de duración de sus reglas era de 3,7 días, mientras la duración media aproximada de las mujeres en Europa y EEUU se aproxima a 6 días, en el rango más alto de las poblaciones estudiadas.

La explicación que se aporta en el libro a estos fenómenos es que su dieta y actividad física marcaban la diferencia. La alimentación muy calórica se correlaciona con altos niveles de hormonas. Esto ocurre también en las hembras de grandes simios: cuando la comida es abundante y hay que moverse poco para encontrarla suben los niveles hormonales y hay más embarazos.

Vitzthum plantea que los ovarios responden a las fluctuaciones dependiendo del ambiente ecológico y sus circunstancias. Si los recursos están muy limitados, la progesterona se mantendrá baja y su sistema reproductivo se adaptará a esos niveles bajos, incluso aunque le tome un poco más de tiempo quedarse embarazada. Todo son hipótesis pero, afirma Trevathan, el modelo de respuesta flexible de Virginia Vitzthum podría explicar por qué las mujeres de las sociedades “ricas” experimentan ciclos ováricos interrumpidos o alterados con estrés nutricional a corto plazo mientras que las mujeres de las economías “pobres” experimentan más estrés nutricional a largo plazo y trabajan muy duro a nivel físico pero, sin embargo, no muestran estas interrupciones.

Y aquí viene otro ejemplo alucinante de las vinculaciones estrechas entre biología y cultura. ¡Ojo! Los antropólogos Mhairi Gibson y Ruth Mace estudiaron una población en Etiopía y se dieron cuenta de que los ratios de nacimientos habían aumentado desde la construcción de un nuevo suministro de agua. Antes, las mujeres tenían que caminar kilómetros llevando para transportarla. Después de que se instalara el suministro, su gasto energético disminuyó y comenzaron a tener intervalos más cortos entre nacimientos. Se dice en el libro que esto se ha comprobado en estudios similares en otras poblaciones después de la introducción de la electricidad y el transporte motorizado.

Pero lo más interesante viene ahora: los niveles hormonales que tenemos cada mujer en la vida adulta se gestan durante nuestro desarrollo y reflejan la cantidad de recursos disponibles en el ambiente mientras crecemos. El contexto, la sociedad en la que vivimos, la cultura y el ambiente ecológico dan pistas a nuestro cuerpo para saber lo que le espera, cómo serán las condiciones de vida y cómo debemos adaptar nuestros niveles hormonales a ese ambiente. El cuerpo de una niña que crece en una ciudad occidental del siglo XXI espera que su ambiente sea estable. En este capítulo se aporta el ejemplo de lo que ocurrió durante la hambruna que se produjo en los Países Bajos durante la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial. Las mujeres tenían mayores ratios de infertilidad y aborto espontáneo comparados con los ratios de la misma población antes y después de la hambruna. Yo sin embargo pienso que esto se podría deber también al estrés psicológico del ambiente más que al hambre.

Las poblaciones migrantes también aportan ejemplos de estas relaciones bioculturales en el sistema reproductivo de las mujeres. En un estudio de las antropólogas Alejandra Nuñez de la Mora y Gillian Bentley se comprobó que las emigrantes de Bangladesh que se iban a Reino Unido cuando eran niñas tenían niveles más altos de progesterona y menarquías más tempranas que las que emigraban en la adolescencia o después, o las que se quedaban en Bangladesh.

La fertilidad es un continuum

Todo esto lleva a algunas conclusiones interesantes y es que, según nos cuenta Trevathan, estas adaptaciones al ambiente son sanas, no son parte de ningún desorden o patología (aunque yo añadiría que lo que está enfermo es el sistema en el que vivimos, que crea las llamadas “enfermedades de la civilización”…). Nuestros niveles hormonales no son inmutables y universales en todas las culturas y momentos históricos. Como dice el profesor Peter Ellison, la manera en que funcionan nuestros ovarios es un continuum gradual, no hay niveles “normales” y otros que sean demasiado altos o bajos. Este continuum refleja las circunstancias ecológicas. Hay muchos estados intermedios entre los ciclos totalmente fértiles y la amenorrea completa como son las “insuficiencias” de las fases foliculares y lúteas o los ciclos irregulares. Según la autora, estos estados pueden requerir en algunos casos intervenciones médicas pero en otros ser completamente normales. Esto me recuerda a lo que leí en el libro “Breastfeeding. Biocultural Perspectives”. En uno de sus capítulos se explicaba de esa forma la evolución de la amenorrea de la lactancia materna hacia la vuelta a la fertilidad en los meses o años siguientes al parto. Ese continuum también es válido para explicar la llegada de la fertilidad en las adolescentes. Al principio, después de la llegada de la primera regla, muchos de nuestros ciclos son infértiles y no es hasta varios años después cuando la mayor parte de ellos son fértiles.

El libro “Cuerpos antiguos, vidas modernas” guarda alguna sorpresa más en referencia a este tema. Según Gillian Bentley, dado que las mujeres estamos adaptadas a los niveles específicos de hormonas esteroides a las que estuvimos expuestas durante nuestro desarrollo fetal, las mujeres adaptadas a niveles bajos hormonales tienen más dificultad al metabolizar las hormonas de los anticonceptivos que están diseñadas para las mujeres de los países “ricos”, que tienen niveles endógenos altos. Esta sería, según mi interpretación, una muestra más de etnocentrismo médico, con muchas derivas y consecuencias a nivel biopolítico y sanitario (aumentarían los riesgos en la  salud de las mujeres de los países no occidentales al estar “sobrehormonadas”). Sin embargo, no puedo evitar recordar que muchas de las investigaciones de los anticonceptivos hormonales, empezando por la píldora, fueron probadas con mujeres de países menos industrializados usadas como conejillos de indias.

 Aún hay más. Los altos niveles hormonales no solamente están altos en las mujeres occidentales debido a la dieta y la baja actividad física. Los niveles altos de testosterona en los hombres jóvenes van en paralelo a los altos niveles de cáncer de prostata que podemos ver en los países industrializados. Otra hipótesis a añadir a la nutricional y a la del gasto energético es la de que los niveles altos en los hombres podrían deberse también a la exposición durante el embarazo a los niveles altos de hormonas maternas. Interesante conexión hormonal materno-infantil, ¿verdad?

Me despido recordando que no hay investigación científica neutra e inocente, es muy posible que todos los estudios, financiados por grandes universidades y empresas, vayan siempre enfocados a crear y vendernos nuevos productos médicos anticonceptivos, dado que es una de las formas más fáciles de encontrar una rentabilidad capitalista al conocimiento. Pero no solo se trata de dinero, el conocimiento es poder y el poder es control. La biopolítica actual promovida por los estados y el gran capital (aunque no olvidemos que también por la propia lógica interna militar de toda la organización social) camina hacia el control total sobre la vida en el planeta: plantas, semillas transgénicas, animales, comercio de úteros, fetos, embriones, niños, reproducción artificial, partos violentos e intervenidos, chips que controlan dónde estás en todo momento, cámaras que todo lo ven, voto electrónico, ocio evasivo como distracción, ideologías supuestamente subversivas y transgresoras, zoológicos y granjas humanas… Todo está conectado a través de redes de dominación elitistas en las que nos dejamos atrapar por una extraña mezcla de pereza, comodidad y miedo, haciéndonos coparticipes del sistema en el que vivimos. Recordar esto es importante si no queremos autoengañarnos y caer en simplistas conspiraciones que nos eximan de toda responsabilidad. Seguiremos investigando…

Para profundizar:
Evolutionary Models of Women’s Reproductive Functioning (2008), por Virginia J. Vitzthum
– Sobre disruptores endocrinos, para completar la información de este libro y de los que apenas habla, se puede leer este informe (pg. 22): http://www.unep.org/pdf/EDCs_Summary_for_DMs%20_Jan24.pdf

Relacionado:

– Decisiones informadas: Los riesgos de no ser una madre joven (y no amamantar). http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/01/decisiones-informadas-los-riesgos-de-no.html

– Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural, un artículo de Barbara B. Harrell (1981): http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/06/lactancia-y-menstruacion-en-perspectiva.html

– “La evolución de la reproducción humana” de Roger Short (1976): http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/la-evolucion-de-la-reproduccion-humana.html

– Colonialismo y lactancia: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/07/colonialismo-y-lactancia.html

– Margaret Sanger, la lactancia materna y la ciudad: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/07/margaret-sanger-lactancia-materna-y.html

– Traducción del artículo de la antropóloga Beverly Strassman “La Biología de la Menstruación en el Homo Sapiens”. http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/la-biologia-de-la-menstruacion-en-el_20.html

– La mística de la menstruación: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/08/la-mistica-de-la-menstruacion.html

– La menstruación como ahorro energético: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/09/la-menstruacion-como-ahorro-energetico.html

– Ovular o no ovular, menstruar o no menstruar, esas son las cuestiones: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/07/ovular-o-no-ovular-menstruar-o-no.html

– ¿Menstruar mola? ¿Menstruar es un atraso? Una respuesta corta posible: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/menstruar-mola-menstruar-es-un-atraso.html

– Mujer, paradojas y contradicciones en el mundo actual: Valerie Beral versus Jørgen Randers versus John Bongaarts. http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/07/mujer-paradojas-y-contradicciones-en-el.html

– Nun’s plight (la difícil situación de las monjas): http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/nuns-plight-la-dificil-situacion-de-las.html

– Feminismo y cáncer de mama: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/01/feminismo-y-cancer-de-mama-i.html

– La industria farmaceútica nos salvará de nuevo:
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/09/la-industria-farmaceutica-nos-salvara.html

Colonialismo y lactancia

No sé muy bien cómo llegué a este artículo tan interesante navegando por internet. Creo que buscaba algo relacionado con el post que acaba de escribir (Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural) y, de repente, de un enlace a otro, apareció este libro: Tensions of Empire: Colonial Cultures in a Bourgeaois World. En él, hay un artículo de la historiadora Nancy Rose Hunt que se llama  “”Le bébé en brousse”. Mujeres europeas, intervalo africano de los nacimientos, e intervención colonial en la lactancia en el Congo Belga”. Hoy quiero hablar de este artículo y de las reflexiones que me ha provocado. Es un texto que entra de lleno en el análisis de los mecanismos biopolíticos de organismos estatales, capitalistas e ideológicos, que a veces actúan al unísono para fomentar el aumento de la población y otras veces lo hacen para reducirla, según lo que convenga en cada momento.

El artículo comienza hablando de una investigación de los años 70 en Zaire en el que un grupo de expertos occidentales de planificación familiar quisieron conocer los métodos tradicionales para controlar el número de nacimientos. Esos expertos tenían miedo del rápido crecimiento poblacional que tenía ese país, que podría duplicar su tamaño en los siguiente 25 años. Sin embargo, esto no había sido siempre así, como dijo una mujer de su estudio:

“Hoy en día no tomamos ninguna decisión sobre los intervalos entre nuestros hijos… Nuestros ancestros tenían niños más fuertes porque no nacían demasiado cerca unos de otros. Hoy los padres no se preocupan de que sus hijos enfermen. Piensan que siempre pueden comprar una medicina y el niño se pondrá bien. Es por esto que las parejas ya no separan sus camas después del nacimiento de un hijo, como solían hacer en el tiempo de nuestros ancestros”.

Estos investigadores que llegaron en pleno boom poblacional, nos cuenta Nancy Rose Hunt, pensaron que estas costumbres se perdieron por la propia llegada de la “modernización” que rompió con las tradiciones. El artículo de esta historiadora demuestra, al contrario, que existió un esfuerzo colonial premeditado y público de alterar la alimentación infantil y la distribución de leche (de vaca) a las madres y niños del Congo. ¿Y quiénes fueron los encargados de tal tarea? El Estado y el Capital belga delegaron esta labor en las actividades caritativas de las mujeres blancas de los colonizadores y, después, a través de diversos programas institucionales.

http://matricien.files.wordpress.com/2012/06/femme-amadi-nourrissant-son-enfant-village-okongo-congo-belge-c2a9amnh-herbert-lang-1909-1915.jpg

Mme Van den Perre

El artículo nos introduce, como ejemplo, en la vida de Mme Van den Perre, la fundadora de “La Liga para la Protección de la Infancia Negra” en Bruselas, fundada bajo el patronato de la reina belga en 1912. El objetivo de esta organización era reducir la mortalidad infantil en la colonia enseñando a las mujeres el arte de la crianza y abrir varios consultorios o Gotas de Leche en aquel país. No estaban en contra de la lactancia en sí, sino más bien de la lactancias durante periodos “demasiado” largos.

Hasta los años 20 nadie les hizo mucho caso y el estado no comenzó a subvencionarlas hasta que se dieron cuenta del grave problema de despoblación que estaba sufriendo el Congo, un problema que venía desde el inicio de la colonización. La mortalidad infantil era muy alta y la fertilidad era muy baja entre los colectivos de personas que dejaban sus pueblos y se iban a trabajar por un salario a los centros urbanos e industriales, es decir, la explotación capitalista era anti-erótica (más allá del sexo comercializado), anti-procreación porque separaba a los sexos y, por tanto, parasitaria y autodestructiva. ¿Era o continúa siéndolo a día de hoy?

El Rey Albert I y la Reina Elisabeth. Foto tomada de: http://en.wikipedia.org/wiki/Belgian_Congo#mediaviewer/File:Albert_Militair_Kamp_Leopoldstad.JPG

El problema de la despoblación del Congo no era grave en sí mismo sino porque ponía en riesgo el robo de la energía vital del pueblo congoleño y el saqueo de los minerales y materias primas del país por parte del estado colonial y el capital belga. ¡Se quedaban sin mano de obra! (No puedo dejar de traer a colación la falta de “cuerpos” de la que habla Kathy Matsui de Goldman Sachs y su Womenomics…) Había que repoblar el país y para ello, había que desarrollar a su vez la puericultura y los programas de “bienestar infantil”.

Tampoco puedo evitar pensar en imágenes como esta, de la Sección Femenina, aunque sea en contextos y épocas totalmente diferentes, o recordar la labor de esas Juntas de Damas de Honor y Mérito de la época de la Ilustración:

http://felixtubio.blogspot.com.es/

 

Rifa de la Junta de Damas de Honor y Mérito: http://www.grabadoantiguo.com/grabados/1137.jpg

En palabras de la propia Mme Van den Perre:

Sin el trabajo negro, nuestra colonia no sería capaz de mandar a Europa la riqueza enterrada en su suelo. 
Ayudarnos por todos los medios en nuestra capacidad para proteger, cuidar al niño mientras educamos a las madres indígenas, es un deber. Necesitamos el trabajo negro… Proteger al niño del Congo es un deber, no solo de altruismo, sino de patriotismo“.

Nancy Rose Hunt señala algo interesante: antes de que la despoblación fuera un problema colonial había sido un tema preocupante dentro de las propias fronteras, tanto en Bélgica como en Francia e Inglaterra. Es curioso, si se observa el aumento de la población mundial desde el siglo XVIII, que no se comprenda de dónde procedía ese miedo a la despoblación, ya que la población no dejó de ascender:

En los países europeos, las Gotas de Leche o consultorios infantiles abrían sobre todo en las zonas industriales y asistían a las familias de clase trabajadora, donde la mortalidad infantil se relacionaba con el declive o ausencia de amamantamiento de las mujeres asalariadas. Las Gotas de Leche, aunque en teoría apoyaban la lactancia materna, también suministraban biberones esterilizados. Es importante resaltar la sucesión de acontecimientos en cadena en clave de acción-reacción, problema-solución: la explotación asalariada separa a las mujeres de los niños, esto lleva al declive de la lactancia y, por consiguiente, a un aumento de la mortalidad infantil (los biberones no eran higiénicos, la leche de vaca no estaba bien adaptada al estómago del bebé ni se pasteurizaba todavía). De todo esto, el propio sistema crea su “solución” con las Gotas de Leche para reducir la mortalidad infantil y, de paso, extender el biberón donde antes no se necesitaba, lo que aumenta el declive de la cultura del amamantamiento y nos hizo cada vez más dependientes de la lactancia artificial. Siempre en huida hacia adelante, nunca reconociendo los errores ni subsanándolos de verdad. En lugar de retroceder y evitar la separación madre-bebé, la máquina estatal-capitalista tenía que seguir.

Enfermeras blancas en Union Miniere (abril 1918). Foto tomada de: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/4/46/White_nurses_of_the_Union_Mini%C3%A8re_du_Haut_Katanga_April_1918.JPG

“En Bélgica – y en todas partes – el movimiento de bienestar infantil tenía dimensiones de clase separadas. Era frecuentemente una actividad privada, filantrópica. Era común un tono paternalista, preocupado por reducir la ignorancia maternal y de la clase trabajadora. Este tono resurgió en el contexto colonial con dimensiones raciales separadas”.   

Foto tomada de http://www.cegesoma.be/media/z_Accoucheuses_219.jpg

 El tabú sexual de la lactancia

El tabú sexual de la lactancia entre algunas culturas africanas se explicaba diciendo que si se tenía sexo durante esa fase el niño podría morir o la leche de la madre se podría secar. De hecho, estos tabús eran relacionados por los colonizadores con las causas de la poligamia. Inma Marcos, la comadrona española, dice que en la Edad Media también existía en Occidente este tabú. En el artículo escrito por el pediatra José María Paricio para el libro “Lactancia materna: Guía para profesionales” podemos leer (pg 15):

“Es Galeno (s. II d.C.) el primero, pero no el último médico conocido, que proscribe las relaciones sexuales durante la lactancia. La idea extendida era que se corrompía la leche, por lo que se recomendaba una abstinencia absoluta durante el tiempo que durase el amamantamiento. Esta creencia se mantenía vigente en el siglo XVII y, falta de pruebas pero sutilmente modificada, alcanza el siglo XX en los prontuarios cristianos de Medicina Pastoral. (…) A lo anterior se añade el que la duración media recomendada recomendada de la lactancia materna en los (…) escritos de Aristóteles, Sorano o Galeno era de un mínimo de 24 meses”. ¿Pasarían realmente las madres lactantes 24 meses sin sexo con su pareja? Al igual que ese tabú podría ser la causa de la poligamia en el Congo, he leído que en Occidente, los prejuicios de Sorano y Galeno podrían ser la razón por la que se recurría a nodrizas.

La matrona Beatriz Espinilla, citando como fuente el libro de C. Sarasúa “Criados, nodrizas y amos. El servicio doméstico en la formación del mercado madrileño, 1758-1868” también aporta otra explicación al tabú más reciente: 

“Había también otra circunstancia para contratar un ama, y se basaba en la creencia, errónea según los conocimientos actuales, de que el tener relaciones sexuales provocaba una irritación genital que desencadenaba la menstruación, y que dicha menstruación hacía que disminuyera la calidad de la leche. Por tanto, durante la lactancia se procuraba la abstinencia sexual, con lo que los maridos preferían que su mujer no amamantara al hijo para así evitarse el tiempo de abstinencia que debía guardar una mujer lactante de la época“.

Ante el problema de la abstinencia sexual durante la lactancia los misioneros proponían retomar las relaciones un tiempo después del nacimiento y centrarse en los deberes conyugales de la monogamia. Lo cierto es que no termino de creer que, como afirmaban los colonizadores, las mujeres rechazaran durante los tres años de lactancia a sus maridos. Una cosa es lo que oficialmente se hacía y otra lo que de verdad ocurría en cada casa. Yo me inclino más hacia señalar el poder anticonceptivo y anovulatorio de la amenorrea de la lactancia. De hecho, me hace gracia porque en uno de los informes de los colonizadores se señala esta cuestión y la autora dice que el efecto anovulatorio de la lactancia está exagerado. Bueno, para obtener información veraz y actualizada sobre este tema recomiendo buscar todo lo relativo al método anticonceptivo MELA. Una prueba de que este tabú sexual no era mantenido durante toda la lactancia ni por todo el mundo es que un gran porcentaje de las mujeres (52% en 1952) destetaban completamente a su hijo mayor cuando se quedaban embarazadas del siguiente. ¿Cómo se iban a quedar embarazadas si seguían sin tener sexo?

El Congreso Colonial Nacional hizo de este tema “una cruzada para combatir los prejuicios que separan a los esposos”. Desde luego, el tabú sexual postparto durante años no tiene mucho sentido pero es curioso que este Congreso y los misioneros no reflexionaran también sobre la separación entre hombres y mujeres que promovía el sistema de explotación colonial (mujeres en los pueblos, hombres a las minas belgas) y los tabús que separaron a la madre del bebé.

En realidad, el tabú de la abstinencia sexual durante la lactancia existe en muchos lugares del mundo pero tampoco es algo universal en África. Como he podido leer en el libro de “Nisa. Vida y Palabras de una mujer !Kung”, allí por ejemplo no existe nada parecido y sus intervalos tan largos entre hijos se deben sobre todo al poder anovulatorio de la lactancia materna intensiva, a la dieta baja en grasas y al ejercicio físico. Barbara B. Harrell, en su artículo “Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural” habla de un estudio en Ruanda de Bonte y Van Balen de 1969 en el que se afirma que las relaciones sexuales se retomaban ocho días después del parto.

Por otro lado, dice Roger Short, en su libro sobre “Historia de la sexualidad” (pg.158): “Las civilizaciones occidentales, con su desaprobación de la poligamia y la promoción del biberón o el destete temprano, han sido responsables inconscientemente de estimular la fertilidad en zonas del mundo en vías de desarrollo”.

El destete

Foto tomada de http://images-02.delcampe-static.net/img_large/auction/000/064/863/949_001.jpg?v=1

Por la descripción que hacen los contemporáneos, parece que en el destete en el Congo lo que se hacía era añadir alimientos a la lactancia a demanda, en lugar de sustituir tomas con comida. Actualmente, las recomendaciones son que durante el primer año la lactancia sea el “plato principal” y la comida sólida o las papillas se ofrezcan después. Por eso, parece que en Occidente las directrices médicas han reculado y vuelven a modelos más parecidos al africano o el de las culturas preindustriales. Tiene mucho sentido.

El texto de Nancy Rose Hunt también plantea algo interesante. A veces los observadores de la época criticaban costumbres de los habitantes nativos del Congo pensando que eran “tradicionales” y en realidad no lo eran, eran costumbres nuevas inducidas por el colonialismo que no se retrotraían a tiempos inmemoriales.

Para evitar el poder anovulatorio de la lactancia, los colonizadores plantearon una estrategia o un “remedio”: distribuir leche y derivados para que no fuera indispensable la lactancia materna. Y llevaron al Congo la industria láctea y un buen número de clínicas de puericultura para enseñar a las madres a alimentarse y alimentar a sus hijos con leche de vaca adaptada. Esto no fue algo casual sino algo preparado y estratégico, a cara descubierta y con alevosía, en el sentido más biopolítico posible, como muestra este texto del Congreso Colonial Nacional de 1930 (I, 167):

“Para inculcar la noción de utilizar leche, se puede actuar con el ejemplo. Frente a la dificultad actual de la adquisición de este alimento, el gobierno podría poner cartones de leche a disposición de los hospitales y organizaciones benéficas para niños. Los huérfanos deben ser criados a través de la intervención de las agencias, particulares subvencionados, misiones, organizaciones benéficas infantiles, etc. que organizarían una alimentación higiénica. Hay espacio para establecer verdaderas guarderías de propaganda ayudadas por el Estado”

Esas guarderías o “nurseries” de la propaganda ayudadas por el Estado intentaron aumentar la fertilidad de las congolesas con destetes tempranos y leche de vaca. Años después esos mismos estados se quejarían de que somos demasiados en el mundo, que estamos sobrepoblados y demás… ¿Y quién asume las responsabilidades de estas políticas? Por eso es tan importante recuperar la historia, la verdadera, la de las fuentes y los documentos y no la de las invenciones y los tópicos creados.

Otra prueba concreta: el documento “La Question sociale, informe al Comité del Congreso Colonial Nacional” (Bruselas, 1924). En él se dice:

“la presente situación es ciertamente irracional. Algunas veces las mujeres amamantan durante tres años. En el curso de los aproximadamente treinta años durante los cuales las mujeres son susceptibles de convertirse en madres, se ponen periodos de tres o cuatro años durante los cuales solamente pueden tener un único hijo, mientras que la naturaleza, sin duda, les permitiría tener embarazos más frecuentes sin daño”. 

O también en la “Question Sociale”: “El abandono de la práctica de la abstención durante el periodo de amamantamiento probablemente no tendría como consecuencia el aumento en el número de niños como podríamos pensar. En efecto, normalmente, la mujer no debería ser fértil durante el periodo de lactancia exclusiva. Un nuevo embarazo ocurriría solamente con el declive de este periodo y mientras la leche de la madre ya no es indispensable para el niño”. De nuevo, dejo el enlace con información actualizada sobre el método MELA a día de hoy, para quien quiera profundizar, en este documento.

Lactar a demanda durante tres o cuatro años puede ser muchas cosas pero no es “irracional”, viene mal para el imperio, eso sí, que no puede aumentar el número de hijos que necesita para alimentar la máquina esclavista de producción colonial. Esas mujeres quizás no lo sabían pero dando de mamar así, además de alimentar a sus hijos de la forma más natural posible, tenían menos papeletas de tener cáncer de mama, ovario y endometrio, como desgraciadamente estamos comprobando en Occidente. Quizás eso sea poco “racional” para los estrategas coloniales que solamente ven dinero y poder cuando miran a un ser humano. ¡Cómo cambian los discursos del poder sobre las madres a lo largo de los años según cambian los objetivos!

Los cursos prematrimoniales, como el de la Iglesia Sociedad Misionera en Matana, daban mucha importancia al destete temprano, camas separadas para los bebés, la necesidad de horas regulares de alimentación en lugar de cada vez que llora, ya que, supuestamente, primero tenían que digerir lo que tenían en el estómago antes de darle más (hoy sabemos que la leche humana se digiere muy rápido y ese argumento no tiene ni pies de cabeza. La lactancia materna funciona a demanda). Además “había que considerar otras causas para el llanto que no fueran el hambre y darse cuenta que el bebé no tiene otro lenguaje que el llanto…”

Otro de los documentos históricos interesantes que aporta la autora es este, “Le bebé en brousse”, una serie de artículos del Boletín de la Unión de Mujeres Coloniales durante los años 30. Allí se les aseguraba a las colonizadoras que podrían encontrar leche artificial pero también se encontraban consejos sobre lactancia. Se las decía que no debían dar de mamar por la noche porque esto causaba problemas digestivos. Si el niño lloraba habia que buscar otras causas, poniéndo énfasis en la “regularidad”, ya que había que alimentarlo cada tres horas. Se prefería la lactancia mixta a la artificial pero con consejos así no dudo de que las lactancias exclusivas duraran muy poco, ya que con tan poca estimulación había muchas probabilidades de quedarse sin suficiente leche para alimentar al bebé.

 El llanto de los bebés

Un investigador belga, nos cuenta Nancy Rose Hunt, decía que la actitud congolesa frente al llanto de los niños era que “un bebé no debe llorar nunca; todos sus caprichos deben ser satisfechos”. Hoy sabemos que la necesidad de comer o de ser cogido en brazos no son caprichos, son necesidades básicas que van evolucionando según la edad del bebé. De hecho, los adultos también necesitamos dar y recibir cariño, escucha y empatía.

En otro folleto de consejos a las madres se decía que había que amamantar seis veces al día, en intervalos de tres horas*, introducir la alimentación complementaria a los 7 meses, y para el décimo mes alimentar al niño con un biberón u otras comidas:

“No amamantes a tu hijo porque llora: él se silenciará a sí mismo… Por la noche no le amamantes ni un poco: el niño mamará por la tarde y mamará otra vez por la mañana. No le des “malafu” (cerveza) o agua de coco: la leche será suficiente. Antes del séptimo mes, las gachas de harina son malas. No le amamantarás para nada (por la noche) si se duerme en (su propia) cama. Si obtienes leche de vaca o cabra, irás a la farmacia, el médico te dará buen consejo, sabrás qué hacer”. 

De nuevo, esta clase de consejos, además de inhumanos y desconectados de nuestra propia naturaleza, tenían un efecto que reducía la fase anovulatoria postparto de la lactancia materna a demanda y exclusiva. Las tomas nocturnas son importantes para las mujeres en esa etapa porque mantienen la amenorrea (aunque muchas mujeres occidentales no sepamos cómo conciliar un buen descanso y amamantar, incluso durmiendo en la misma cama o habitación, pero ese es otro tema para otro post…).

Como vemos si estudiamos el MELA (método de la amenorrea de la lactancia materna), todo ese énfasis en regularizar la lactancia, espaciar las tomas, no dar teta por la noche, no dar a demanda, suplementar a la primera de cambio con leche de vaca adaptada tiene la misma consecuencia: perder el efecto anovulatorio de la lactancia cuanto antes y adelantar la posibilidad de un siguiente embarazo**.

La alimentación de los hijos de los obreros se convierte en un asunto de la empresa

Mina Kisanga en  Katanga (1920) Foto tomada de http://en.wikipedia.org/wiki/Belgian_Congo#mediaviewer/File:Kisanga-mijn_Ruandese_arbeiders_einde-jaren_1920.JPG

El artículo también nos transporta a la mina de la Union Miniere du Haut-Katanga, donde el 50% de los niños morían y se necesitaba mano de obra africana de forma acuciante. Por supuesto, para los colonizadores la culpa de la alta mortalidad era de las madres, por eso, la dirección de la fábrica abrió en 1924 una Gota de Leche (un centro de puericultura) donde había una consulta, se daban regalos, premios de natalidad, comida durante las primeras 6 semanas de embarazo y durante el primer año de amamantamiento.

En esta mina se estableció el promama OPEN (Obra de Protección de la Infancia Negra) para reducir la mortalidad y aumentar los nacimientos de bebés, lo que incluía la supervisión del destete, en el que se desaprobaba la lactancia prolongada (bueno, lo que para ellos era “prolongada”) seguida de un destete abrupto: “El servicio médico organizó comedores para asegurarse de que la alimentación infantil era controlada científicamente”, dice la autora. Y los niños, desde un año de edad, comenzaron a ser alimentados en estos comedores, donde también se les enseñaban modales y a lavarse las manos, etcétera. Se pasaba lista y se investigaba a los padres si el niño no acudía. Las madres tenían que ir a la consulta infantil una vez por semana para examinar a los niños, las enfermeras les enseñaban cómo ser unas madres correctas, cómo cuidar a sus hijos y les daban regalos para atraerlas.

Union minière del Alto Katanga. Foto tomada de: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/80/UMHK_1917.jpg

La alimentación complementaria de los niños provocaba que la fertilidad de las mujeres, debido a la caída en la frecuencia de la lactancia, aumentara. Así, la empresa maximinaba la fertilidad y reducía la mortalidad gracias al control social.

Un tema que merece reflexión y mayor desarrollo es el de por qué la vida de la mina provocaba que la fertilidad cayera si no se intervenía de estas formas. Según apunta la autora, el ratio de sexos no estaba equilibrado (26 mujeres por cada 100 hombres en 1925) y había enfermedades venéreas y prostitución. Las empresas mineras intentaron llevar a su terreno la reproducción de las mujeres, ya que antes ellas se quedaban en el mundo rural y era el hombre el que emigraba a los centros mineros. Como dice uno de los autores citados en el artículo, Union Minière decidió “criar” a su propia fuerza de trabajo. Tuvieron éxito en sus labores de ingeniería social, consiguieron crear un habitat para familias monógamas, aumentaron el ratio de nacimientos y decrecieron las cifras de mortalidad infantil. En 1946 el destete ocurría cuando el bebé tenía 12 meses (hoy la OMS recomienda dos años de lactancia y hasta que madre e hijo quieran).

Gracias a la gran cantidad de misioneros católicos y protestantes que había este tipo de políticas y programas se extendieron hacia otras localidades en el Congo con programas como el creado por el Fondo Reina Elisabeth para la Asistencia Médica a los Indígenas (FOREAMI) y otras iniciativas estatales y empresariales. Estos proyectos institucionales premiaban el buen camino de la crianza con regalos y sobornos, creando necesidades de productos que antes no existían. Pero lo más importante era separar a las madres de los bebés para fabricar más y más futuros trabajadores de la colonia.

La rebeldía y negociación frente a los “expertos”

La mayor parte de las mujeres congolesas no siguieron algunos de los consejos que les daban, como el de los horarios de amamantamiento y seguían dando el pecho a demanda (¡menos mal!). Solamente las elites siguieron las absurdas normas de lactancia, por eso, durante los años 50, el 83% de los niños seguía durmiendo con sus padres (por cierto, el artículo dice “padres”, no “madres”, lo que contradice lo de la separación de camas entre las parejas). Las madres les daban a partir del cuarto o quinto mes puré de mandioca o maíz, y algunas hacían la transición al destete con biberones. La leche de vaca tampoco se generalizó para toda la población y se consideraba más como una medicina para casos especiales o como una delicatessen de las clases altas.

Y lo que es más importante, simbólico y esperanzador: Las madres congolesas también se rebelaron contra la costumbre de desatender el llanto de los niños. Algunas decían “no podemos dejar llorar a los bebés como las blancas”.

Conclusiones sobre el colonialismo íntimo de los cuerpos

La autora termina señalando que algunos investigadores han relacionado el aumento de población de Zaire a partir de la Segunda Guerra Mundial al uso de la penicilina, pero que habría que investigar más el impacto del acortamiento de los intervalos entre hijos debido a las políticas coloniales. A pesar de las rebeldías y negociaciones de las que hemos hablado, al final se impuso el modo de vida que promovía el Estado y el Capital en todo el globo, con el consiguiente boom poblacional. Paradójicamente, esos mismos poderes fácticos de ayer, son los que hoy se escandalizan por la sobrepoblación del planeta e intentan promover que no se llegue a un ratio mayor de dos hijos por mujer.

Sin embargo, incluso aunque no lo pretendieran como objetivo principal, el mismo modo de vida y de trabajo de los países industrializados, dedicados al sector servicios y urbanizados es proclive en sí mismo a la infertilidad.

Por otro lado, organizaciones como WWF (vinculado a las monarquías europeas) o el Club de Roma (presidido en España por Isidro Fainé, directivo de La Caixa, Repsol, Telefónica y la CECA), dirigidas desde las elites del poder económico, político e ideológico, alertan del aumento de la población mundial sin analizar nunca las causas, muchas de ellas relacionadas con la intervención institucional, y sin reflexionar sobre las causas existenciales y éticas del deterioro de nuestras vidas y del planeta. Su doble moral y manipulación es alarmante, pero si no fuera por ello no podrían mantener sus privilegios. Su desenmascaramiento debería ser una tarea prioritaria, en lugar de seguir sus juegos como el de “la hora del planeta” y similares.

Un debate serio sobre el presente y futuro de la humanidad no puede expulsar a la ética y a la filosofía del mismo. Es cierto que somos muchos en el planeta, como nunca habíamos sido, gracias a, entre otras causas, la pérdida de la lactancia materna y los medicamentos que curan enfermedades que antes eran sinónimo de muerte segura. Pero el problema mayor es que estas mismas elites venden y adoctrinan a la humanidad (y nos dejamos adoctrinar) en un modo de vida nocivo y suicida a todos los niveles. El mundo no está lleno de basura y contaminación porque seamos “muchos” sino porque “muchos” llevamos una vida contaminante y tóxica, y, sobre todo, unos más que otros. Somos “muchos” porque la tecnología y la biopolítica lo han incentivado, al igual que somos “pocos” cuando se necesita que seamos menos o es posible sustituirnos por algo más económico.

La casa del político ecocapitalista Al Gore en Nashville tiene unos gastos de electricidad y gas anuales de 30.000 dólares.  http://static.guim.co.uk/sys-images/Guardian/Pix/pictures/2007/02/28/gor1.jpg

Sin ser hipócritas, solamente podemos criticar que las políticas de las que habla el artículo de Nancy Rose Hunt tuvieran como único interés una mejor y mayor explotación del ser humano, sin tener en cuenta nada más. Pero, ¿cómo se le puede pedir ética a gente cuyo único motor de vida es el ansia de poder y riqueza?

Las biopolíticas hoy en día actúan de otras formas, muchas veces de maneras contradictorias y ambivalentes. ¿Acaso las mujeres y hombres actuales no llevamos al pediatra y a las revisiones a nuestros hijos y seguimos más o menos los caminos trazados de antemano? Además, consideramos que es positivo ir a esas revisiones, porque presuponemos que los profesionales médicos tienen más conocimientos que nosotros (a veces es cierto y otras veces no, como muchas veces sucede con la lactancia materna, precisamente). Hoy en día nuestros cuerpos y las ideas que en él se producen también están colonizados, quien sabe si lograremos desentrañar de qué formas lo están, como ahora podemos analizar lo que los poderes coloniales belgas intentaron hacer en el Congo.

No hay respuestas sencillas a los complejos interrogantes que se plantean. Mientras, el Congo sigue siendo una zona arrasada por el hambre voraz de minerales que impone el sistema, la industria, nuestro consumo y “necesidades” creadas. No me gusta el victimismo, por eso debemos admitir nuestra propia ceguera y responsabilidad. La realidad no es una película de buenos y malos.

*Actualización 7/1/2016: Hace poco, investigando, me enteré de que fue Luther Emmett Holt, el pediatra de la familia Rockefeller y del Instituto del mismo nombre, el que promovió de forma masiva el consejo pseudocientífico de las tomas cada 3 horas en su libro publicado en 1898. A pesar de que en teoría apoyaba la lactancia (aunque sus teorías las boicoteaban en la práctica) fue el creador de la leche de fórmula adaptada que tomaban los bebés de Nueva York.  Ver post: http://www.lasinterferencias.com/2015/10/05/no-es-conspiranoia-se-llama-capitalismo-y-estado/
**En relación con la actualización anterior, habría que matizar la aparente contradicción de los consejos pediátricos “Rockefeller”. Por un lado, separar a la madre del bebé servía para obtener la fuerza de trabajo de las mujeres y controlar a los niños. Pero, a la vez, tenía el efecto “secundario” de perder el papel anovulatorio de la lactancia libre. En años recientes la Fundación Rockefeller se ha visto interesada en estos efectos y ha apoyado los estudios que investigaban este fenómeno cuyo resultado es el “consenso de Bellagio sobre el “método” MELA. Su interés en la lactancia actual es precisamente por su poder anticonceptivo. Sin embargo, esto lleva aparejado la cercanía madre-bebé que el trabajo asalariado rompe e impide. Supongo que desde las altas instancias del capitalismo mundial se estarán preguntando cómo conciliar ambas cosas. Yo, como madre trabajadora, madre lactante que no quiere separarse de su bebé (en este momento de 7 meses) y que no usa anticonceptivos hormonales también me lo pregunto aunque por razones bien diferentes a las de los maquiavélicos que dirigen nuestras vidas y las biopolíticas.