Cuando un congreso feminista se opuso a la ingeniería reproductiva y genética en 1985…

El fragmento que reproduzco de esta apasionante tesis doctoral de Ana Martí Gual (pg. 76) corresponde a las declaraciones del congreso “Women’s Emergency Conference on the New Reproductive Techologies” celebrado en julio de 1985 en Vällinge (Suecia). Esta conferencia estuvo relacionada con la formación de la red FINRRAGE (Feminist International Network of Resistance to Reproductive and Genetic Engineering), en castellano, la Red Internacional Feminista de Resistencia a la Ingeniería Reproductiva y Genética:

– “El cuerpo femenino, el único capaz de crear vida humana está siendo expropiado y diseccionado convirtiéndose en una fuente de materia prima para la producción tecnológica de seres humanos. Para nosotras las mujeres, para la naturaleza  y para las gentes explotadas del mundo esto constituye una declaración de guerra.

– Vamos a resistirnos al desarrollo y a la aplicación de la ingeniería reproductiva y genética.

– Sabemos que esta tecnología no puede resolver los problemas creados por condiciones de  explotación.  No  necesitamos  transformar  nuestra  biología,  sino  transformar  las  condiciones patriarcales, sociales, políticas y económicas.

 – Queremos  que  se mantenga la integridad y la “corporeidad‟ de la reproductividad de las mujeres. La externalización de la concepción y de la gestación facilita la manipulación y el control eugenésico. La fragmentación del cuerpo femenino y la separación en distintas partes para su recombinación científica perturba la continuidad histórica y la identidad. Lo individual se convierte en lo dividido.

– No existe el derecho a la propiedad de una criatura. Ni para las fértiles ni para las infértiles; ni para las lesbianas ni para las heterosexuales. No queremos pedir permiso para tener un hijo a autoridades tales como el Estado o la profesión médica.

– Hacemos un llamamiento a las mujeres para que se resistan a la toma de posesión de sus cuerpos  para el uso masculino, para el lucro, el control demográfico, la experimentación  médica y la ciencia misógina. La vida, para nosotras, significa riesgo. No puede ser programada ni perfeccionada. Vivir exige coraje. No queremos entregarnos a los tecnócratas. Nos aferramos a la responsabilidad colectiva sobre nuestros cuerpos y sobre nuestras vidas. Nos oponemos rotundamente a cualquier intento racista y fascista de dividir a las mujeres entre las mujeres “valiosas” del primer  mundo que  pueden tener hijos y las mujeres “inferiores” de  los países explotados  que tienen prohibido  tenerlos. En nuestros propios países nos oponemos a que la medicina patriarcal trate de modo distinto a las mujeres pobres, discapacitadas, lesbianas, negras y extranjeras. Nos oponemos rotundamente a las  políticas de población eugenésicas, en particular a la fabricación de “bebés perfectos”.

– Condenamos a todos los gobiernos que permitan la ingeniería reproductiva y genética.

– Condenamos el tráfico internacional de mujeres, específicamente en los casos de prostitución reproductiva.

– Condenamos el uso de mujeres de países explotados y de mujeres pobres por los hombres y los grupos internacionales de defensa de los intereses del capital y el patriarcado global.

 – Condenamos a los hombres y a sus instituciones que provocan esterilidad en las mujeres a través de la violencia, la esterilización  forzosa, la mala práctica médica y la contaminación industrial, y que reiteran el daño mediante violentas tecnologías reparadoras.

– Defendemos el exclusivo derecho de las mujeres a decidir si tienen o no hijos, sin coacción por parte de ningún hombre, médico, gobierno o religión.

 – Reconociendo que la esterilidad está a menudo determinada por las condiciones económicas, sociales y políticas, apoyamos el trato compasivo de las mujeres estériles y el estudio intensivo de la prevención de la infertilidad.

– Apoyamos la recuperación por parte de las mujeres del conocimiento, las habilidades y el poder que da el parto, la fertilidad y que todo el cuidado de la salud de las mujeres vuelva a estar en manos de las mujeres.

– Buscamos un nuevo tipo de ciencia y de tecnología que respete la dignidad del sexo femenino y de toda la vida de la tierra. Hacemos un llamamiento tanto a hombres como a mujeres para romper el vínculo fatal entre la ciencia mecanicista y los intereses creados industriales y a que se unan a  nosotras en el desarrollo de una nueva unidad entre el conocimiento y la vida” (Spallone y Stein berg, 1987: 211 – 212).”

A pesar de que esta declaración no puede evitar permanecer dentro del paradigma corporativista y parcial, al optar por ver el mundo desde una única perspectiva supuestamente “femenina” y adultocéntrica, considero que tiene elementos de gran lucidez que podrían ser rescatados para el momento actual. Por ejemplo, se habla de “prostitución reproductiva”, que me parece un concepto genial para definir desde la compra-venta de esperma, óvulos, gestaciones (“alquiler de úteros”) a la llamada lactancia mercenaria (nodrizas), se hace un llamamiento a la valentía frente al poder de la industria y se denuncia la fragmentación de la mujer como elemento opresivo.

Llama la atención también que consideren a la industria de la reproducción artificial un sector económico masculino, cuando también se compone en un gran número de enfermeras y ginecólogas-obstetras y otras mujeres profesionales y empresarias. Supongo que las anteojeras feministas no permiten ver a la mujer como posible elemento negativo para otras mujeres, hombres y bebés de ambos sexos. Tampoco permiten adoptar una visión que incluya la perspectiva de los niños y niñas, muchos de ellos ya adultos y capaces de construir sus propios discursos diversos, al margen de los de sus madres, padres y la industria. Por supuesto, tampoco se incluye en el análisis las posibles implicaciones en el género masculino de, por ejemplo, la “donación” de semen o de embriones. Sería interesante recalcar una vez más que la vida humana no es posible crearla sin los hombres que, aunque no gestan, son capaces de producir esperma y son vitales en la crianza cooperativa y los vínculos amorosos que requiere la complejidad de la especie humana, ya sea como padres, hermanos, tíos o abuelos. 

El manifiesto no puede evitar caer en el manipulador esquema del “hombre malo-mujer víctima” al hablar de la resistencia a “la toma de posesión de sus cuerpos para el uso masculino”. ¿Acaso una mujer que se insemina no está tomando posesión de una creación del cuerpo masculino para conseguir sus fines? También se cae en este esquema, por ejemplo, al hablar de las esterilizaciones forzosas. Hay que tener en cuenta, a su favor, que no podían saber las autoras de este manifiesto que unos 10 años después, en los años noventa (1996-2000) se producirían esterilizaciones masivas en Perú en los cuerpos de 331.600 mujeres pero también de 25.590 hombres “bajo presiones, amenazas e incentivos con alimentos sin que fueran debidamente informadas”. Todo ello recomendado por el FMI, con financiación del Tesoro Público peruano, del USAID (el equivalente de nuestra AECI, la agencia de “cooperación”) con 36 millones de dólares, con mediación inclusive de una ong feminista peruana llamada “Manuela Ramos” que recibió 25 millones de dólares del USAID en su programa Reprosalud, y del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). No olvidemos que el presidente estadounidense durante las esterilizaciones era Bill Clinton y que su esposa, Hillary Clinton, quizás futura presidenta de los EEUU, en 1995 fue a dar este discurso mítico a la 4ª Conferencia Mundial de Mujeres de Pekín, la misma conferencia a la que también asistió Fujimori

Para volver al tema que nos ocupa y terminar, me gustaría recalcar que el manifiesto del congreso incluye también una gran verdad, en estos tiempos en los que el feminismo es totalmente pro reproducción artificial (también llamada “asistida”) y considera estas técnicas como un derecho reproductivo de la mujer que debería ser pagado por el Estado, considerado “un sueño” y un “derecho” de los adultos: “No existe el derecho a la propiedad de una criatura. Ni para las fértiles ni para las infértiles; ni para las lesbianas ni para las heterosexuales”. 

Hoy en día se obvian todas las necesidades básicas de los niños y niñas vivos, muchos ya adultos, que se pisotean por el camino: ser concebido sin oxitocina ni humanidad en un laboratorio o a través de una jeringuilla, muchas veces forzando la concepción de material genético de personas que ni se conocen; ser congelado durante unos días claves en los que deberías estar replicando tus células en un ambiente cálido materno; ser descongelado meses o años más tarde; ser separado de tus hermanos o medio hermanos genéticos de los que ni siquera sabes cuántos pueden existir repartidos por el mundo (algunas legislaciones lo limitan a 6); en ocasiones ser implantado junto a uno o dos embriones hermanos más aunque eso aumente el riesgo de prematuridad y de riesgo para vuestra salud; imposibilidad de conocer tu origen genético o contactar con tu madre/padre biológico y toda la familia extensa (abuelos, tíos, primos) de esa rama familiar; ser considerado un objeto en propiedad y un medio para la satisfacción adultocéntrica de “donantes” y “receptores”; constatar de adulto que los vínculos genéticos eran importantes para alguno de tus progenitores cuando te gestaron pero no se considera que el vínculo genético con el donante/hermanos genéticos/familia extensa del donante deba tener la menor importancia para ti.

http://www.elmundo.es/elmundosalud/especiales/2004/11/cienciayarte/foto03.html

 Finalizo con un llamamiento a la reflexión y a la responsabilidad, a la asimilación de los duelos que nos plantea la vida y las elecciones que tomamos desde una visión alejada de todo tipo de prejuicios religiosos e ideológicos. Sobre estos temas solamente nos llegan determinados mensajes, por eso es normal que nuestros pensamientos evolucionen a medida que vamos accediendo a más información y puntos de vista, sobre todo de los propios implicados silenciados. En muchas ocasiones estos debates son monopolizados por grupos de presión de diverso pelaje que evitan el debate profundo y se dedican a reducirlo todo a problemas de libertad individual o de (i)legalización o posible subvención estatal. Propongo alejarnos de estas posturas y abordarlas desde la Ética y no desde el Derecho. Es decir, se puede ser atea, ser prolegalización y proregulación de estas técnicas, ser consciente que la prohibición solamente alimentaría el turismo reproductivo a otros países, estar a favor de la libertad individual en su uso, ser amiga y amar a personas que no piensan como tú en estos asuntos y, a la vez, estar en contra de que el Estado las subvencione, de que los niños sean considerados objetos de consumo, de que exista un anonimato impuesto por los adultos, y de que la gente done o venda su semen, óvulos y cuerpo entero de forma programada y planificada para la creación de seres humanos de los que no se va a hacer responsable de ninguna forma, todo ello desde un punto de vista ético. 

Al leer el manifiesto una no puede evitar preguntarse si este tipo de textos se estudian y debaten en los cientos de postgrados de Género y cursos sobre feminismo existentes o si simplemente ha sido borrado y olvidado de la historiografía oficial (la Historia siempre la escriben las vencedoras). En la propia autoformación sobre feminismo que he iniciado, casi sin darme cuenta y sin necesidad de títulos oficiales, no puede faltar en la bibliografía este libro “Made to order: the myth of reproductive and genetic progress” de Patricia Spallone y Deborah Lynn Steinberg publicado en 1987. Otro libro que no puede faltar es el de la “República” de Platón, donde parece ser que de forma visionaria se defiende que los niños sean propiedad del Estado y no conozcan a sus padres.

Información complementaria:

– Estudio publicado en Human Reproduction en 2011, “Offspring searching for their sperm donors: how family type shapes the process”, en el que un 82% de los hijos/as concebidos por donación de semen entrevistados indicaron el deseo de contactar algún día con su “donante”. En referencia a los pocos estudios que hay al respecto hay que pensar en el posible sesgo que implica que los entrevistados quieran decir la verdad pero a la vez no dañar al padre/madre con el que se han criado y aman al hablar sobre los sentimientos que les provoca la forma en la que fueron concebidos y el posible deseo de conocer o tener algún tipo de contacto con la persona que donó/vendió su semen/óvulos/gestación de forma anónima.

– Página web donde los hijos e hijas pueden hablar y compartir sus experiencias. Tienen un libro editado: http://anonymousus.org/

– Como no existen registros legales o estatales, como mucho, cada clínica tiene el suyo, en EEUU se creó esta página web que ayuda a poner en contacto a hijos con donantes:
– https://www.donorsiblingregistry.com/ 

– La postura de Jacques Testart, biólogo francés que consiguió el primer niño concebido “in vitro” en Francia en 1982: http://elpais.com/diario/1986/10/09/sociedad/529196402_850215.html

– Trailer del documental en inglés “Anonymous Father’s Day” en el que dos hijas y un hijo concebidos por inseminación artificial hablan de su experiencia y punto de vista:
:
Anonymous Father’s Day – Trailer from CBC Network on Vimeo.

Para reflexionar sobre los discursos y el vocabulario: 

–  “Desde el entorno del socialista aseguran que puede demostrar que Natalia ha visitado varios psicólogos para superar la ruptura y que está teniendo problemas con el alcohol. Ella reconoce las terapias, pero no los problemas con la bebida. Se muestra muy dolida porque se esté difundiendo esta imagen de mala madre cuando ella “puso en riesgo” su vida para “regalarle” al ex ministro dos mellizos después de varios años de tratamientos de fecundación. “Fue una prueba de amor. Yo no quería tener más hijos. Ya tenía a mis otros dos criados y me tuve que volver a poner a dar pecho con 48 años”, dice Natalia”. http://www.elmundo.es/loc/2015/04/11/5528179b268e3e290c8b456e.html

“Ahora los dos embriones permanecen congelados en una clínica de Beverly Hills a la espera de que sus propietarios decidan qué hacer con ellos”. (…) “El doctor Richard J. Paulson, profesor de medicina reproductiva de la Universidad del Sur de California, explica que en todo EE.UU. podría haber más de 200.000 embriones sin un destino claro porque sus propietarios no deciden qué hacer con ellos”. http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2015/04/150422_eeuu_salud_sofia_vergara_nick_loeb_embriones_disputa_jg

“Me surge pensar en algún tipo de cambio legal que sitúe al donante de esperma como una persona que puede y de hecho consiente hacer una “donación”, un “regalo biológico”, una entrega íntima que no le dará llaves para cambiar de idea según te vaya la vida y robar a una hija”. https://www.diagonalperiodico.net/libertades/maternidades-lesbicas-luchan-por-reconocimiento.html

“Los vientres de alquiler no son más que una extensión de la división del trabajo –tanto en su acepción más económica como en su más amplia concepción de cooperación humana de carácter voluntario y simpático (a la Smith)– pero aplicada al campo reproductivo: la identidad de la gestante no coincide con la de la madre biológica; una cede su carga genética (junto con la del padre), la otra da cabida al desarrollo del embrión”. http://juanramonrallo.com/2013/05/en-defensa-de-los-vientres-de-alquiler-comerciales/

El Registro comunicó que la familia fundamentó su pedido para garantizar al niño “su derecho a la identidad integral, al reconocimiento de su realidad familiar y el derecho a ser reconocido como hijo de sus dos mamás y de su papá sin que deba resignar ninguno de sus derechos y obligaciones”. Antonio tiene un año y un mes. Su papá viaja lo más que puede a Mar del Plata y sus mamás también viajan a Buenos aires. “Por ahora es así, después veremos cómo se dan las cosas pero de momento no lo sabemos”, dijo Hernán. Valeria contó que sabía que no iba a ser fácil, “porque tampoco es fácil ofrecerle a un hombre este tipo de formato familiar, ya que no es que vamos a estar en pareja con él, sino que queremos un padre presente”. (…) “Antonio va a tener derecho a reclamarle alimentos a Hernán, a Susana y a Valeria. También tendrá derecho a herencia y si hay que tomar alguna decisión, como salir del país, los tres padres deberán firmar. Estos son solo unos ejemplos: el niño tendrá todos los mismos derechos que cualquier otro registrado como ‘hijo’”. http://www.infojusnoticias.gov.ar/nacionales/mama-mama-y-papa-la-primera-filiacion-triple-de-argentina-8287.html

– Más adultocentrismo. Anhelar conocer a tu padre o tenerlo cerca es una “fantasía” infantil condicionada por los modelos de familia mayoritarios. Los deseos de los adultos deben se ilimitados y respetados, las necesidades de los niños son menospreciadas, negadas o directamente cuestionadas con chantaje emocional. ¿Cómo le sentaría a la autora del artículo que alguien llamara a su deseo de ser madre con esperma de donante anónimo una mera “fantasía” condicionada por la opción mayoritaria de tener hijos? 
“pero tú sabes que en nuestra familia no hay papá, que nunca va a haber un papá, porque no existe,  que tu estás conmigo gracias a un señor muy generoso que nos donó su semillita para que mamá te tuviese y formase esta hermosa familia…que hay muchas formas de tener una familia; dos mamas, dos papás, un papá y una mamá, con los abuelitos, solo una mamá…Y cada familia es única y maravillosa. Yo no querría otra familia si estoy tan contenta con esta… ¿Y tú?”

Relacionada:

– La OTAN y las nuevas tecnologías reproductivas: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2015/09/la-otan-y-las-nuevas-tecnologias.html 

Enlaces externos:

http://www.elmundo.es/salud/2004/558/1075491856.html
http://www.elmundo.es/salud/2014/08/15/53ed0112ca4741e4748b459a.html

Fragmentos de “El Cerebro Femenino” de Louann Brizendine

Hace una semana terminé el libro de la neuropsiquiatra Louanne Brizendine titulado “El Cerebro Femenino” y me gustaría compartir aquí lo que me ha parecido más interesante, relacionado con la temática de los últimos posts. Desde una perspectiva biocultural creo que es importante tomar todo tipo de perspectivas para comprender los fenómenos de forma global: antropológicas, biológicas, psicológicas, históricas, sociales, evolutivas… Y, como ella misma explica en la entrevista que le hizo Eduard Punset: “El debate sobre lo innato y lo adquirido está muerto: ambos son en realidad lo mismo.”

Cuanto más leo sobre estos temas más me doy cuenta de que la biología se ve influenciada por la cultura y el medio, y la cultura y lo que llamamos “psicológico” se ve influenciado por lo biológico. O directamente es lo mismo y en realidad la diferencia de conceptos es creada por nuestra mente en compartimentos estancos para poder asimilarla mejor. Todo esto cobrará un especial cariz cuando escriba mi reseña sobre el libro de la filósofa Judith Butler “El género en disputa”, si no me pongo de parto antes… Mientras tanto, si eres de esas personas que piensan que “todo es cultural” y que cualquier referencia biológica es “esencialismo” o “naturalismo” estas citas te rechinarán muchísimo. Te propongo dejarte llevar e intentar salir de la zona de confort mental que te brindan tus prejuicios ideológicos sin necesidad de abrazar nuevos dogmas.

El libro de Louann Brizendine es un libro de divulgación por eso en ocasiones parece estereotipado y simplón. Como crítica también me resulta chocante y desagradable una visión de la salud de la mujer que cree que la solución a los conflictos bioculturales se solucionan medicalizando con hormonas sintéticas todos sus procesos fisiológicos y diferentes conflictos vitales: que tienes falta de deseo en la menopausia, pues ella te receta un poquito de testosterona; que la llevas mal, pues un poquito de terapia sustitutiva de estrógeno. Por cierto, para la gente que le pareció muy subversivo el libro de Beatriz Preciado “Testo Yonqui” aquí verán que la administración de testosterona esta mujer se la receta sin problema a las amas de casa que visitan su consulta. Medicalizar la vida de forma innecesaria no es subversivo, es totalmente prosistema.

Otra crítica que me parece que habría que realizar a su libro es que a veces utiliza argumentos evolutivos que creo que de tan generales y básicos no se acercan a la realidad. Por ejemplo: “en la vida salvaje, la pérdida de relación con un macho protector y proveedor podría haber significado la ruina”. Por ejemplo, en una sociedad de cazadores-recolectoras como la de la cultura Kung! las mujeres pueden perfectamente separarse de sus maridos y volver con sus familiares. Los vínculos sociales son tan fuertes que no existe la “ruina” de la que habla Brizendine, hay otras mujeres  y otros hombres con los que una mujer tiene relación (padres, hermanos, tíos, amantes…) que están dispuestos a ayudarla si lo necesita. Es lo que tiene la reciprocidad… No hay que irse muy lejos, antes de la industrialización en la sociedad rural ocurría lo mismo con la familia extensa. Por eso, hay que estar ojo avizor al leer el libro para darse cuenta de que muchas veces proyectamos nuestra cosmovisión actual en el análisis del pasado o de otras culturas.

Pg. 56, sobre la agresividad femenina y las tendencias a ejercer la violencia de formas diferentes: Durante la fase juvenil no todo es calma. Las niñas pequeñas no exhiben usualmente agresividad en forma de juegos rudos y violentos; no luchan ni se golpean a la manera de los niños. Por término medio, las niñas tienen más aptitudes sociales, empatía e inteligencia emocional que los chicos. Pero no os engañéis. Esto no significa que los cerebros de ellas no tengan circuitos adecuados para lograr todo lo que se proponen ni que no puedan volverse unas tiranuelas con tal de conseguir sus propósitos. ¿Cuáles son las metas que dicta el cerebro de una niña pequeña? Establecer relaciones, crear comunicación, organizar y orquestar un mundo de niña en cuyo centro se encuentre ella. En esto es donde se manifiesta la agresividad del cerebro femenino: protege lo que es importante para él, que siempre, inevitablemente, es la relación. La agresividad, con todo, puede repeler a otros, lo que socabaría los propósitos del cerebro femenino. De esta suerte, la niña anda por la delgada línea que separa el hecho de estar segura de que se halla en el centro de su mundo de relaciones y el de arriesgar el rechazo de esas relaciones.
(…)
La opinión social y científica sobre el buen comportamiento congénito de las niñas es un estereotipo erróneo surgido del contraste con los chicos. En comparación, ellas resultan perfumadas como rosas. Las mujeres no necesitan empujarse y, por tanto, parecen menos agresivas que los varones. Según todos los criterios, los hombres son, como promedio, veinte veces más agresivos que las mujeres, cosa que se confirma con una simple ojeada al sistema de prisiones. Casi iba a dejar sin mencionar la agresividad en este libro, después de haberme dejado arrullar por los cálidos circuitos cerebrales comunicativos y sociales de la mujer. Estaba a punto de dejarme engañar por la aversión femenina al conflicto, inclinándome a pensar que la agresión no forma parte de nuestro esquema. 

Comentario: por cierto, yo no estoy de acuerdo con ella en el tema de que las prisiones estén llenas de hombres. Dentro del paradigma actual de la “igualdad” es muy probable que esas cifras entre hombres y mujeres se igualen a lo alto, ya que las mujeres se verán sometidas a todos los rasgos culturales que influyen en las infracciones del código penal. Una cosa es reconocer que biológicamente somos diferentes y otra dejar sin reconocer que las leyes y las imposiciones del poder han sido diferentes para cada sexo y soportamos una herencia diferente. Por ejemplo: los hombres han hecho el servicio militar de forma obligatoria hasta hace muy poco y el ejército es una de las instituciones más destructivas de la sociedad. Promueve la violencia, el consumo de prostitución y drogas, el manejo de armas, la jerarquización, etc…

Pg. 73, donde se habla de redes sociales como protección frente a las amenazas y el estrés y necesidad básica de la crianza:

 “De todos modos, la conducta tipo “combate o fuga” puede no ser característica de todos los humanos. La profesora de psicología de la Universidad de California, en Los Ángeles, Shelley Taylor, arguye que ésta es con mayor probabilidad la respuesta “masculina” a la amenaza y al estrés.
Ambos sexos, sin duda, experimentan un intenso aflujo de sustancias neuroquímicas y hormonas cuando se encuentran sometidos a un estrés agudo; sustancias que los preparan para hacer frente a las demandas de una amenaza inminente. Este aflujo puede hacer que los varones salten a la acción; sus modos de agresión son más directos que los femeninos. Pero el combate puede no haber estado tan adaptado evolutivamente para las hembras como fue para los machos, porque las hembras tienen menos posibilidad de derrotar a los machos, más corpulentos. Incluso si estuvieran igualados en fuerza con sus oponentes, entrar en combate podría significar que un pequeño indefenso quedase abandonado y fuese vulnerable. En el cerebro femenino el circuito propio de la agresión está más íntimamente ligado a las funciones cognitivas, emocionales y verbales de lo que lo está el carril varonil de la agresión, que se halla más conectado con las áreas cerebrales de la acción física. 
En lo concerniente a la fuga, las hembras son menos aptas, en general, para escapar cuando están embarazadas, crían o cuidan de un niño vulnerable. La investigación ha establecido que las hembras de los mamíferos, sometidas a estrés raras veces abandonan a sus crías una vez que han formado lazos maternales. Como resultado, las hembras parecen disponer de algunas reacciones ante el estrés, además del “combate o fuga”, que les permiten protegerse a sí mismas y a las crías dependientes de ellas. Una de estas reacciones puede ser la de confiar en los lazos sociales. Las hembras de un grupo social fijo están más inclinadas a acudir a la ayuda recíproca en situaciones de amenaza o estrés. Las hembras pueden avisarse mutuamente dentro del grupo anticipando el conflicto, lo cual les permite alejarse del peligro potencial y continuar cuidando sin peligro a las crías dependientes. Esta norma de conducta se denomina “cuida y busca amistades” y puede constituir una estrategia particularmente femenina. Cuidar implica actividades de tutela que fomentan la seguridad y reducen la desgracia pra la hembra y su cría. Hacer amistades es la creación y conservación de redes sociales que puedan ayudar en este proceso”.

Sobre la necesidad de vínculos sociales, la alomaternidad y la crianza cooperativa me ha gustado este párrafo:

 Pg. 74:
“En ciertas especies de monos, por ejemplo, si un macho es desmedidamente agresivo con una hembra, las demás integrantes del grupo acudirán a hacerle frente, se plantarán hombro con hombro y lo ahuyentarán a fuerza de chillidos amenazadores. Estas redes de las hembras proporcionan también otros tipos de protección y apoyo. Muchas especies de hembras de primates velan y cuidan las crías de otras, comparten información acerca de dónde encontrar alimentos y crean normas de conducta maternal para que aprendan las hembras más jóvenes. La antropóloga de la Universidad de California, Joan Silk, encontró un vínculo directo entre el grado de conexión social de los babuinos hembras y su éxito en la reproducción. En su estudio, realizado a lo largo de dieciséis años, demostró que las madres más conectadas socialmente tenían mayor número de cachorros supervivientes y mayor éxito en la transmisión de sus genes.” 

Pg. 146, sobre la “agresividad maternal”:
“Para la madre humana, los adorables olores de la cabeza, la piel, el culito de su recién nacido, hacen brotar la leche del pecho; otros fluidos corporales que la han bañado durante los primeros pocos días quedarán químicamente implantados en su cerebro y podrá distinguir el olor de su bebé entre todos los demás con un 90% de precisión. Este proceso rige también para los llantos de su hijo y sus movimientos corporales. El tacto de la piel del bebé, el aspecto de los deditos de manos y pies, los breves llantos y gritos entrecortados quedan ya tatuados en el cerebro de la madre. En el plazo de horas o días, puede embargarla un abrumador afán de protección y se establece en ella la agresividad maternal. Su fuerza y resolución de cuidar a ese pequeño ser y de protegerlo se apoderan por completo de los circuitos cerebrales maternos. La madre siente que podría parar la marcha de un camión con su propio cuerpo para proteger al bebé. El cerebro se le ha modificado y junto con él, la realidad. Tal es quizás el cambio de la realidad más importante que ocurre en la vida de una mujer.”

El tema de la agresividad maternal me parece apasionante. ¿Por qué hay madres que pueden dejar llorar a su bebé de 7 meses para que “aprenda” que tiene que dormir porque nadie va a venir a rescatarle (método Ferber-Estivill y demás…)? ¿Acaso no se ha activado su agresividad maternal para proteger a la cría? Si lo conectamos con el tema de los vínculos y las alomadres quizás podamos entender que la soledad y criar en una jaula, un apartamento-zoo del siglo XXI, tiene mucho que ver. No hemos aprendido a maternar mirando como maternaban otras mujeres ni siendo alomadres de los niños de otras amigas y familiares.

Y sigue Brizendine en la pg. 156. De nuevo la importancia de maternar a la madre y de las alomadres que pueden sustituir a la madre para ayudarla a superar el estrés y romper el ciclo de la “maternidad desatenta”:

“Los investigadores han descubierto que si, por la razón que sea – demasiados niños, problemas económicos o profesiones- no es posible dedicar suficiente tiempo a los hijos, los vínculos entre las madres y los bebés son frágiles, cosa que puede afectar negativamente a los circuitos de confianza y seguridad de la prole. Además, las hembras “heredan” la conducta maternal de sus progenitoras, sea buena o mala, y la transmiten a sus hijas y nietas. Aun cuando el comportamiento en sí no puede ser transmitido genéticamente, la investigación reciente muestra que la capacidad de crianza en los mamíferos sí se transmite según un tipo de herencia que los científicos denominan ahora no genómico o “epigenético”, lo cual significa que está físicamente por encima de los genes. (…) La conducta maternal desatenta se transmite a lo largo de tres generaciones, a menos que ocurra algún cambio beneficioso en el ambiente antes de la pubertad.
Este hallazgo tiene enormes consecuencias, aunque sólo sea válido en parte para los humanos: cuanto mejor cuides a tu hija, mejor cuidará ella a tus nietos.

Pg. 181: “En vez de desencadenar una respuesta de acción rápida en el cerebro como ocurre entre los varones, la ira en las muchachas y las mujeres se traslada a través del sentido visceral de la mente, de la previsión de conflicto-dolor y de los circuitos verbales del cerebro. (…) Los científicos suponen que, aunque una mujer sea más lenta en actuar físicamente empujada por la cólera, una vez que se ponen en marcha sus circuitos verbales más rápidos, pueden desencadenar un aluvión de palabras insultantes que un hombre no puede igualar. Es una característica de los hombres usar menos palabras y tener menos fluidez verbal que las mujeres. Por eso pueden quedar en inferioridad si tienen acalorados intercambios de palabras con mujeres. Los circuitos cerebrales de los hombres y sus cuerpos pueden desembocar fácilmente en una expresión física de ira, estimulada por la frustración de no ser capaces de ponerse a la altura de las mujeres”.

Pg. 216, donde Louann Brizendine da en el clavo sobre algunas perspectivas del feminismo de la igualdad, pero también, aporta claves para contrarestar ese tipo de ideas supremacistas (creo que hay quien lo llama “hembrismo”) que consideran a la mujer ya no un ser igual sino superior o, al menos, que debe tener más “derechos” que el hombre a modo de “indemnización”, y que cree que la “masculinidad” debe ser eliminada. Por ejemplo, promover que los hombres asuman la “norma femenina” sería igual de nefasto que pretender que las mujeres asumamos la “norma masculina” de éxito social exigido por el sistema de poder.

“Hay quien desea que no existan diferencias entre hombres y mujeres. En la década de los setenta, en la Universidad de California, en Berkeley, la consigna entre las mujeres jóvenes era “unisex obligatorio”, lo cual significaba que parecía políticamente incorrecto mencionar siquiera la diferencia de sexos. Todavía quedan quienes creen que para que las mujeres logren la igualdad, la norma debe ser unisex. Sin embargo, la realidad biológica señala que no existe un cerebro unisex. Está arraigado el temor a la discriminación basada en la diferencia, y durante muchos años quedaron sin examinar científicamente las nociones acerca de las diferencias de los sexos por miedo a que las mujeres no pudieran reclamar la igualdad con los hombres. La pretensión, empero, de que mujeres y hombres son lo mismo, a la vez que perjudica a ambos daña, en definitiva a las mujeres. La perpetuación de la norma masculina mítica significa desconocer las diferencias biológicas reales de las mujeres en gravedad, vulnerabilidad y tratamiento de las enfermedades. También deja de lado las diferentes formas en que ellas procesan las ideas y, por ende, perciben lo que es importante.
Asumir la norma masculina significa también minusvalorar los poderosos recursos y talentos específicos del sexo que tiene el cerebro femenino.
(…)
Al escribir este libro me he enfrentado con dos voces en mi cabeza: una es la verdad científica; la otra, la corrección política. He optado por subrayar la verdad científica por encima de la corrección política, aun cuando las verdades científicas no sean siempre bien acogidas.

Minuto 9.14 de la entrevista de Eduard Punset a Louan Brizendine en Redes:

“Y eso que en mi generación, las feministas que estudiamos en los setenta en la Universidad de California, Berkeley, cuando teníamos 20 años decíamos que les daríamos a nuestros hijos juguetes sin marcas de sexo. Y que por lo menos nosotras las mujeres queríamos criar a niños que fueran más sensibles. Ese era nuestro objetivo. Por supuesto, cuando mi hijo tenía 4 años le di una Barbie, una de esas muñecas con las piernas tan largas. Pero le arrancaba las piernas y las usaba como lanzas en lugar de jugar con ella. Y los distintos juegos por sexos surgen en todas las culturas. En todos los lugares del mundo hay constancias de distintas conductas de juego en niños y niñas.”

Minuto 10.40. Ojo, porque habla de una investigación que incluye tortura animal:

“Una de las cosas que es importante recordar en , al eterno debate entre lo innato y lo adquirido es que en mi Universidad, la Univ. de California, San Francisco, hace unos 15 años Michael Merzenick hizo un experimento con cerebros de monos. Y descubrió cuáles eran las hormonas que controlaban el dedo índice, registró lo que sucedía con esas neuronas. Y luego extirpó el índice a algunos monos y en dos semanas las células de ese dedo ya estaban reasignadas y controlaban el dedo corazón. En dos semanas. (…) Sucede algo en el entorno, algún acontecimiento, sufrimos algún trauma o perdemos una extremidad o nos pasa algo malo o incluso nos sucede algo bueno, y el cerebro reasigna las células cerebrales. No nacemos sabiendo tocar el piano. (…) Lo adquirido se plasma en los circuitos cerebrales. El debate sobre lo innato y lo adquirido está por tanto muerto. Lo innato y lo adquirido son en realidad lo mismo. Toda la conducta procede del cerebro. Y el entorno, los cambios en lo adquirido, se codifican en realidad en las células del cerebro”. 

En definitiva, un libro muy recomendable e interesante si se hace, como siempre, separando el grano de la paja.

ACTUALIZACIÓN A  23/10/2015: Este estudio de Susan Jobling y Richard Owen sobre el impacto de la píldora anticonceptiva y el etilestradiol en los animales acuáticos fue publicado en Nature. Los costes de limpieza y depuración de los ríos son millonarios y se está debatiendo quién debería ser el responsable de pagarlos, si las farmaceúticas o los Estados. Recordemos que, por ejemplo, en España, la píldora está subvencionada por Sanidad. Este estudio viene al caso, ya que todas las terapias hormonales, como las que propone Brizendine, tienen efectos más allá de las personas que los usan al pasar al ecosistema.