“Escuelas maternales en todas las empresas industriales”

Quería investigar la historia de las primeras guarderías (y su reivindicación) y, al hacerlo, me he topado con un texto muy interesante. Se titula  “Contribución a la historia del movimiento proletario femenino alemán” y su autora es la política comunista alemana Clara Zetkin ((1857-1933). En la pg. 46 podemos leer:

“La revolución de febrero de 1848 imprime un fuerte impulso al movimiento femenino francés. Por todas partes surgen círculos femeninos que se movilizan en la lucha por la equiparación política del sexo femenino. El movimiento supera el contexto puramente político y el círculo de mujeres burguesas que hasta entonces habían sido las principales activistas. Las mujeres trabajadoras se organizan para la defensa de sus intereses en la “Unión de las trabajadoras”, en el “Círculo de las lavanderas” y en otras asociaciones de oficio. También la prensa se pone al servicio de las mujeres. Son numerosos los periódicos femeninos, y algunos diarios, que dan a conocer entre las masas la cuestión femenina. Los albores de la libertad, todavía envueltos en la niebla matinal, ocultan el irreconciliable conflicto de clase entre burguesía y proletariado; los estratos burgueses que han tomado el timón todavía siguen necesitando el fuerte brazo de la clase obrera. “Organización del trabajo” es la consigna del día que, como hemos visto antes, también había penetrado en Alemania. Se concede a las lavanderas una jornada laboral de doce horas, en vez de las catorce de antes; el trabajo de los detenidos no debe hacer competencia desleal al trabajo manual femenino. El gobierno provisional acepta la reivindicación de las obreras a representar sus propios intereses en el seno de los poderes públicos: las delegadas femeninas deben deliberar unitariamente en la comisión encargada del trabajo femenino. Las reivindicaciones sociales planteadas por las feministas* en el orden del día revolucionario unen el movimiento femenino con la lucha y la suerte de los obreros y obreras; estas reivindicaciones son: oficinas estatales de colocación; cooperativas productivas que vendan sus productos eliminando a los intermediarios usureros; construcción de lavaderos y sastrerías públicos, en los cuales las mujeres del pueblo puedan realizar las necesidades domésticas y reducir el gasto de energías físicas mediante un trabajo común organizado y funcional; comedores de fábrica; obligación legal de crear escuelas maternales en todas las empresas industriales para que las madres que trabajan puedan dejar en ellas a sus hijos; organización de Casas del Pueblo con restaurantes, salas de reunión y recreo, bibliotecas, etc”.

* UNA PUNTUALIZACIÓN: La primera “feminista” autoproclamada en Francia fue la defensora del sufragio femenino Hubertine Auclert, que al menos desde 1882 usó el término en su periódico, La Citoyenne, para describirse a sí misma y a sus asociadas. Según Karen Offen en “Definiendo el feminismo. Una aproximación comparativa histórica“, las palabras ganaron aceptación después de la discusión en la prensa francesa del primer congreso autoproclamado “feminista” en París, que fue esponsorizado en mayo de 1892 por Eugénie Potonie-Pierre y sus colegas en el grupo de mujeres Solidarité, que poco después yuxtapusieron feminismo con masculinismo”. En 1848, por tanto no había ninguna mujer que se llamara a sí misma “feminista”.