Fragmento de “La Mujer y la Madre” de Elisabeth Badinter

Pg. 134:
“El giro ideológico se hizo perceptible con la generación de mujeres que cumplieron veinte años en 1990. Hijas de madres feministas, militantes o no, han procedido al ajuste de cuentas clásico de las hijas con las madres. Tras los habituales agradecimientos por la contracepción y el aborto, lo que quedó establecido fue la constatación de un fracaso. Fracaso de las madres que las hijas no quieren imitar y que se puede resumir de este modo: vosotras lo habéis sacrificado todo por vuestra independencia y en lugar de eso, asumís la doble jornada de trabajo, estáis infravaloradas profesionalmente y a fin de cuentas habéis perdido en todos los frentes. Más allá de esta crítica, es la etiqueta “feminista” lo que fue rechazado, como si ésta diera una imagen destestable de las mujeres. La nueva generación hizo suyos los estereotipos machistas más trillados, que asocian a las feministas con la histeria, la agresividad, la virilidad y el odio a los hombres. La sentencia fue inapelable: anticuado. Pero bajo el rechazo del feminismo se escondía otra crítica más íntima hacia las madres: la de su idea de la maternidad. Incluso hay que oír: tú lo has sacrificado todo por tu independencia, incluida yo misma. Tú no me diste suficiente amor, suficientes cuidados, suficiente tiempo. Siempre con prisas, a menudo cansada, creíste que la calidad del tiempo que me dedicabas valía más que la cantidad. En realidad, yo no era la prioridad de tus prioridades y no has sido una buena madre. Yo no repetiré eso con mis hijos. 
Injusta o no, la condena de las madres por parte de las hijas es una constante que conoce bien el psicoanálisis: ni suficiente leche, ni suficiente tiempo… ¡Pero por primera vez, las madres criticadas eran las que habían luchado por la independencia de las mujeres! Poco a poco, convertidas en madres a su vez, las hijas hablaron menos de su libertad, de sus ambiciones personales e incluso de la igualdad de salarios. La prioridad otorgada al hijo exigía que a esas reivindicaciones se les aplicara la sordina. Por el contrario, se oía cada vez más hablar de la necesidad de “negociar”, “conciliar” el tiempo de trabajo y el de la maternidad. Este vuelco realizado en periodo de crisis económica, se aceleró debido al paro masivo que sufrieron todos los países occidentales. La implantación en 1994 del Subsidio Parental de Educación (APE, siglas francesas) suscitó una retirada laboral masiva de madres de niños pequeños, especialmente entre las menos cualificadas. En el otro extremo de la escala social y sobre todo entre las profesiones liberales, se vio a mujeres particularmente bien formadas volver a casa cuando se convertían en madres.” 

Más allá de lo cómico que resulta leer a una filósofa multimillonaria (heredera y accionista principal de una de las cuatro mayores agencias de publicidad mundiales, Publicis, y esposa del ex Ministro de Justicia Robert Badinter) hablar de la “doble jornada” tanto por su papel como empresaria en la vida de cientos de sus trabajadoras como por lo que cuesta creer que ella misma se engargue personalmente de la limpieza y cuidados del hogar como el resto de los mortales, debemos plantearnos algunas preguntas: ¿Ha promovido la media jornada sin merma salarial entre sus trabajadoras y trabajadores? ¿Después de trabajar tiene que limpiar su propio pisazo lujoso del Barrio Latino? ¿Quién le ha dado la legitimidad para representar a “las mujeres” y sus problemas desde su visión elitista de la sociedad? 

Nos encontramos ante el típico manifiesto en el que se elude cualquier tipo de responsabilidad sobre lo que según Bandinter están diciendo algunas hijas. Es insultante, se las llama machistas por tener como prioridad el cuidado de los hijos e hijas. Pero se olvida Bandinter que lo que denunciamos muchas en realidad es tener que elegir entre la crianza y la vida, la dicotomía a la que ella se refiere a lo largo de todo el libro y en el mismo título, “La Mujer y la Madre”. Muchas queremos ser mujeres y madres sin que una cosa anule la otra ni sea contradictorio. ¿Por qué debemos elegir cuando durante los 200.000 años de historia humana las mujeres han recolectado comida y criado a la vez, han cultivado y criado a la vez, han tenido un papel importante en su comunidad sin tener que elegir entre ese papel y la crianza? ¿Cómo es posible que, más allá del tema sanitario y de la reducción de la mortalidad infantil, muchas envidiemos a las mujeres de las sociedades como la Kung! que trabajan dos o tres días a la semana, aportan gran parte de las calorías necesarias en la familia, pueden hacer todo esto porteando a sus bebés y disponen de una red de apoyo estrecha y recíproca de alomadres y familia extensa? 

Nosotras no tenemos madre, nos la robó la empresa, la ideología del dinero, nos la robó la abuela que la crió durante el Franquismo y que a su vez fue moldeada por éste, nos la robó una sociedad tóxica. No tenemos red de apoyo mutuo ni reciprocidad, toda ayuda es pagada y mercantilizada. No tenemos familia extensa cercana y algunas ni siquiera familia nuclear cerca.

Nosotras no podemos llevarnos a nuestros bebés al trabajo, debemos elegir entre permanecer recluidas y solas en casa o vivir en la reclusión de la empresa, separadas de nuestros bebés, recluidos a su vez en las guarderías.

Nosotras tenemos que trabajar cinco días a la semana, algunas muchas más de 40 horas, más otras tantas horas de transporte de punta a punta de la ciudad, en horarios locos y desquiciantes. Y nuestras parejas otro tanto.

Habría tanto que decir sobre el texto seleccionado lleno de demagogia, falsedad y manipulación… ¿Quién luchó por la independencia? ¿Qué independencia? ¿Acaso no eran independientes las mujeres del mundo rural? ¿Quién nos hizo dependientes en primer lugar y de quién, dado el alto grado de autonomía y libre albedrío del que disponían las familias y las mujeres del mundo rural preindustrial?

¿Igualdad de salarios? ¿Y lo dice una mujer con una cuenta corriente con tantísimos ceros? ¿La señora Badinter quiere igualdad de salarios? Pues que promueva el salario único profesional en sus empresas, que haga que no existan diferencias entre trabajo manual e intelectual, que una mujer de la limpieza gane lo mismo que una mujer universitaria en sus agencias de publicidad. ¿Está dispuesta a eso? No. Entonces que no sea tan hipócrita la señora Badinter, una mujer que forma parte y se codea con la elite mundial, que fue testigo en la boda del ex director del FMI Dominique Strauss-Kahn con la heredera y magnate de los medios Anne Sinclair, y que gana 240.000 euros al año (hace poco Publicis recompró acciones a la familia Badinter por valor de 175 millones de euros).  

Elisabeth Badinter no representa ni a las mujeres ni a las madres ni a las hijas, se representa a sí misma y a la idea de poder y dominación que nos tiene esclavizadas a todas a base de mentiras, muchas de ellas salidas de la fábrica de adoctrinamiento e idiotización del sector publicitario al que ella misma pertenece. Más que hablar de igualdad de salarios como una reivindicación válida sería más útil comenzar por exigir como trabajadoras no tener que lavar el cerebro a la población con falsas necesidades de consumo. ¡Eso sí sería revolucionario y emancipador, Sra. Vendedora de Humo! La única forma de luchar contra todo ello es saltar del paradigma de la victimización al de la responsabilidad*.

No se puede permitir que en esta sociedad las condiciones para criar, para mantener vínculos sociales no mercantilizados y tener una vida sana no sean posibles y, a la vez, vengan intelectuales a decirnos que la maternidad es una nueva forma de esclavitud. Si la maternidad se ha vuelto algo tan complicado no es porque muchas queramos estar con nuestros hijos y amamantarlos sino porque se nos ha forzado a elegir en una falsa dicotomía que solamente beneficia al gran capital y al Estado, es decir, al selecto grupo que Badinter representa. No somos nosotras las que tenemos que adaptarnos al sistema, es el sistema el que tiene que adaptarse a la VIDA. Y para luchar contra ello no van a bastar las ideologías obsoletas ni las proclamas vacías, van a hacer falta mujeres y hombres valientes que en su vida cotidiana estén dispuestos a creer y vivir acorde con sus ideas y sus valores éticos.

Sin maternidad, sin paternidad, sin bebés, sin crianza cooperativa, sin vínculos, sin redes de apoyo y sin AMOR no hay humanidad ni hay especie humana.

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Enlace relacionado, sobre todo porque el libro de Elisabeth Badinter es un ataque frontal a la lactancia materna entendida como “esclavitud”: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/01/decisiones-informadas-los-riesgos-de-no.html

Relacionada con “La agresividad intragrupo en “El Vacío de la Maternidad” de Victoria Sau”: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2015/03/la-agresividad-intragrupo-en-el-vacio.html 

 * A favor de los planteamientos intelectuales de Elisabeth Badinter hay que decir que tiene un libro, “Fausse Route” (Falsa ruta), en el que denuncia la deriva del feminismo en Francia hacia planteamientos “radicales” (más bien dogmáticos y fundamentalistas) de influencia anglosajona en el que se victimiza a la mujer y se plantea una guerra contra la “masculinidad” según una mítica opresión universal del hombre contra la mujer. Además, parece ser que desarrolla el tema que a mí tanto me interesa de las violencias ejercidas por mujeres. Me parece un libro lo suficientemente interesante como para rescatarlo en un futuro próximo. Las cosas no suelen ser blancas o negras y de casi todos los planteamientos se pueden rescatar elementos interesantes. En esta entrevista habla sobre esto: http://internacional.elpais.com/internacional/2015/08/05/actualidad/1438790334_204242.html

ACTUALIZACIÓN A 20 DE AGOSTO DE 2015:

La empresa Publicis, cuya principal accionista es la filósofa feminista Elisabeth Badinter (autora de “Historia del amor maternal” y “La mujer y la madre”), está siendo investigada por entregar comisiones de 2 millones de euros a Rodrigo Rato a cambio de conseguir contratos millonarios de publicidad en Bankia. Las últimas campañas son bastante de coña, en la línea del famoso cartel de propaganda de guerra “we can do it” pero en realidad serían para echarse a llorar… Del “bankero” al “arrimemos el hombro” para que ciertos señores y señoras sublimen su gran vacío interior en la erótica del abuso, el dinero, la violencia y la explotación. Y ese vacío nos podría conectar directamente con los postulados de los libros de Badinter sobre la maternidad y la crianza. Desde luego, lo individual está conectado con lo social, no como se interpretó en el famoso “lo personal es político” que sirvió para inmiscuirse en la vida íntima de la gente, sino en el sentido de que nuestras historias de vida están interrelacionadas con el contexto y las políticas de las instituciones estatales y el mundo empresarial.

La noticia en los medios: http://www.elmundo.es/…/2015/08/10/55c7c01cca47416d298b457b…
http://www.cronicaglobal.com/es/notices/2015/08/bankia-mantiene-la-misma-agencia-de-publicidad-tres-anos-despues-de-la-salida-de-rato-23471.php

¿Desocupar la maternidad?

Siempre está bien encontrarse con artículos de personas que piensan de forma diferente pero, sinceramente, creo que si se hubiera esforzado un poco más a Brigitte Vasallo le hubiera quedado un artículo muchísimo mejor… Es una opinión personal pero creo que en Pikara Magazine tendrían que autoexigirse un nivel más alto. A mi como mujer me da vergüenza pensar que una revista hecha por mujeres puede tener reflexiones tan poco elaboradas, tan llenas de tópicos, sin referencias más allá de mujeres políticas como Marcela Lagarde que se dedican a difundir las directrices de las instituciones del poder mundial (ONU Mujeres, en concreto).

Es como si, por el hecho de haber sido escritas por feministas, todo valiera. No, no vale todo. Si no, se terminan publicando artículos así, que sin entrar en el contenido, están mal escritos y presentan las ideas como quien vomita exabruptos por aquí y por allá. Yo tampoco escribo bien (lamentablemente la Universidad mató a la escritora que había en mí) pero al menos me esfuerzo y me tomo mi tiempo antes de publicar cualquier cosa.

“Desocupar la maternidad” de Brigitte Vasallo:
http://www.pikaramagazine.com/2014/02/desocupar-la-maternidad/

Mi primer comentario:

“Brigitte, ¿podrías desarrollar más este punto: “la buena madre” que, obviamente, ni canta en grupos de punk, ni sale de noche, ni viaja sola, ni liga… parece ser que tener hijxs es incompatible con seguir viviendo”? ¿Las que no nos gusta salir de noche ni viajar sin nuestros hijos ni ligar (porque tenemos pareja) no vivimos? ¿Estamos muertas? ¿Las que usamos pañales de tela somos seres despolitizados y desocializados? Creo que el artículo cae en los mismos lugares comunes, aunque de forma resumida, que los de la filósofa, feminista, madre y accionista multimillonaria de Publicis Elisabeth Badinter en su libro “La mujer y la madre”. No entiendo qué tiene de negativo definirse, como seres plurales que somos, como “madre”. Tú misma te has definido con una lista de adjetivos. ¿Qué encuentras de negativo en la maternidad, que tú misma has elegido? Si no quieres usar pañales de tela, no los uses. ¿Alguien te está obligando a usarlos? Si no quieres dar el pecho durante años, no lo des. Ser madre es una experiencia humana y como tal es contradictoria y ambivalente pero en los tiempos que corren no puedo dejar de reivindicarla en todos sus claroscuros. Sí, soy madre entre otras muchas cosas y no hay nada malo en definirse como tal, como no hay nada malo en definirse como amiga o amante o luchadora. Siento discrepar con el resto de comentarios, me parece que el artículo no está bien escrito y podría hablar más claro, quizás la confusión en la exposición del mensaje es un acto voluntario de la autora, pero hace difícil comprender qué es lo que critica exactamente y por qué sigue observando el mundo desde una postura tan simplista. Si no es así, quizás la que no soy capaz de enterlo soy yo, que tengo mis limitaciones. Yo no me identifico para nada ni con la crianza natural ni con el estereotipo creado en torno a la “madre ecológica” sin embargo sí creo que hay que reivindicar la ética en la vida y al igual que quiero ser una buena persona, quiero ser una buena madre y una buena compañera y una buena amiga. Quien no quiera identificarse con la idea del bien o seguir la propia conciencia, es libre de no hacerlo, que para eso tenemos libre albedrío. Las madres no tenemos por qué estar ni encerradas en casa ni encerradas en el centro de trabajo, podemos pensar, podemos filosofar, podemos guerrear y la maternidad y los bebés no nos quitan nada. Es la sociedad la que hace imposible la crianza con su aislamiento y fragmentación. Normal, no se puede tolerar que la energía, el cuerpo y la capacidad intelectual de las mujeres vaya hacia algo diferente del trabajo o el consumo, y más durante sus años más productivos. En definitiva, creo que el modelo de madre de la crianza natural es muy criticable pero hay que hacerla bien. Por cierto, los pañales de tela y el parto no medicalizado no son patrimonio de la etiqueta “crianza natural” y las que hemos parido sin epidural no es porque amemos el dolor. ¿Tanto te molesta que no todas las mujeres quieran vivir esa experiencia y sentirla? Falta un poco de “vive y deja vivir” y de respeto a la capacidad de elección de la mujer cuando dispone de toda la información disponible.”

Mi segundo comentario:

“Después de leer los planteamientos de Marcela Lagarde que citas (se pueden leer en http://webs.uvigo.es/pmayobre/textos/marcela_lagarde_y_de_los_rios/mujeres_cuidadoras_entre_la_obligacion_y_la_satisfaccion_lagarde.pdf) tengo que expresar también otra matización. No puedo discrepar más con Lagarde, aunque he de decir que al menos se expresa y desarrolla sus ideas de forma bastante clara, lo que es de agradecer como lectora. ¿Qué es eso de que “los poderes del cuidado, conceptualizados en conjunto como maternazgo, por estar asociados a la maternidad, no sirven a las mujeres para su desarrollo individual y moderno”. ¿Quién es ella para decirme a mi cómo me desarrollo a nivel individual y cómo organizo mi vida dentro de las limitaciones de dinero y horarios que impone el sistema? ¿Y si le dijera que ser madre ha sido una de las experiencias más trascendentales e increibles de mi vida? De no ser posible compatibilizar cuidados y desarrollo personal, la culpa no es de la maternidad ni de la paternidad ni de los bebés, sino de cómo está organizada la sociedad, del aislamiento social en el que vivimos que dificulta la ayuda mutua que requieren todos los procesos de cuidados, por un lado, y por otra la segmentación y fragmentación social propia del mundo industrializado, con lugares específicos para bebés (parques, guarderías o ludotecas) y actividades específicas para las madres y padres que crían, lo que nos sume en una terrible soledad. Las mujeres que somos madres (sí se puede ser mujer y madre sin problema) no tenemos por qué ser ni el ángel del hogar ni el ángel de la empresa, deberíamos poder estar en todas partes acompañadas o no de nuestros peques. Yo, de hecho, reivindico poder ir a un concierto punk con mi hijo como también reivindico poder investigar en una hemeroteca con él al lado (no me gusta el victimismo pero hace unos meses me invitaron a irme de una hemeroteca porque no estaba permitido estar con menores de 18 años. ¡Mi hijo no había molestado a nadie y estaba tan tranquilo!), como también reivindico una fase de burbujita en la que perderte y reencontrarte contigo misma y con el bebé si puedes y DESEAS hacerlo. Yo me tomé una excedencia y estoy harta de que desde ciertos ámbitos ideológicos se critique a las mujeres que abandonamos la sacrosanta vida asalariada para criar, para cuidar y cuidarnos e incluso reinventarnos el modo de ganarnos la vida durante ese proceso. ¡Basta ya de despotismo ilustrado! Déjame que entre mi pareja, mi familia extensa y mi comunidad de apoyo decidamos cómo cuidar y cuidarnos. Es nuestra vida y ahí ni ONU Mujeres, ni Lagarde, ni Badinter ni nadie tiene derecho a decirme que tengo que entregarme en cuerpo y alma a la empresa empoderadora y regalarle toda mi energía vital y que debo entregar a mi hijo a una guardería estatal o privada para que lo cuiden, con todo el respeto a las familias que recurren a ellas porque lo elijen libremente. Que quieres que te diga, a mi hijo le amo, a mi empresa pues… déjame pensar… no, no la amo nada y sin embargo estoy obligada a cuidarla y amamantarla durante muuuchos años. Lo dicho, “vive y deja vivir” y en el plano ideológico discutimos lo que sea pertinente pero sin atacar y faltar al respeto a las mujeres que paren sin epidural (todo el respeto a las que eligen utilizarla) ni faltar al respeto a las madres y PADRES que usan pañales de tela con sus bebés ni a las mujeres que amamantan durante años, si es lo que desean. Termino criticando la visión de Lagarde en cuanto a que el neoliberalismo es patriarcal (pg 4) sin embargo el Estado “social” o “adelgazado” es el gran padre que nos tiene que evitar la responsabilidad de cuidar. Desde mi visión, cuidar, no debería ser una tarea de las mujeres ni del Estado ni de las empresas sino de toda la sociedad, cuidarnos unos a otros. Seguiré profundizando en el pensamiento de Lagarde y de ONU Mujeres (tanto en la época en que era dirigida por Michelle Bachelet, hoy presidenta de Chile, como después), no deja de ser curioso como todo ese discurso anti “neoliberal” choca con lo que significa estar empoderada para la ONU y las empresas del capitalismo más rancio que han firmado sus “7 principios por el empoderamiento de las mujeres”: http://www.unwomen.org/~/media/Headquarters/Attachments/Sections/Partnerships/Businesses%20and%20Foundations/Women-s-Empowerment-Principles_2011_es%20pdf.pdf Como ves, soy madre, cuido de mi hijo, soy cuidada por otros, y me interesa y reflexiono sobre el mundo en el que vivo, ¡las autodenominadas “madres” podemos pensar y todo! Un saludo cordial.”


Brigitte, ¿podrías desarrollar más este punto: “la buena madre” que, obviamente, ni canta en grupos de punk, ni sale de noche, ni viaja sola, ni liga… parece ser que tener hijxs es incompatible con seguir viviendo”? ¿Las que no nos gusta salir de noche ni viajar sin nuestros hijos ni ligar (porque tenemos pareja) no vivimos? ¿Estamos muertas? ¿Las que usamos pañales de tela somos seres despolitizados y desocializados? Creo que el artículo cae en los mismos lugares comunes, aunque de forma resumida, que los de la filósofa, feminista, madre y accionista multimillonaria de Publicis Elisabeth Badinter en su libro “La mujer y la madre”. No entiendo qué tiene de negativo definirse, como seres plurales que somos, como “madre”. Tú misma te has definido con una lista de adjetivos. ¿Qué encuentras de negativo en la maternidad, que tú misma has elegido? Si no quieres usar pañales de tela, no los uses. ¿Alguien te está obligando a usarlos? Si no quieres dar el pecho durante años, no lo des. Ser madre es una experiencia humana y como tal es contradictoria y ambivalente pero en los tiempos que corren no puedo dejar de reivindicarla en todos sus claroscuros. Sí, soy madre entre otras muchas cosas y no hay nada malo en definirse como tal, como no hay nada malo en definirse como amiga o amante o luchadora. Siento discrepar con el resto de comentarios, me parece que el artículo no está bien escrito y podría hablar más claro, quizás la confusión en la exposición del mensaje es un acto voluntario de la autora, pero hace difícil comprender qué es lo que critica exactamente y por qué sigue observando el mundo desde una postura tan simplista. Si no es así, quizás la que no soy capaz de enterlo soy yo, que tengo mis limitaciones. Yo no me identifico para nada ni con la crianza natural ni con el estereotipo creado en torno a la “madre ecológica” sin embargo sí creo que hay que reivindicar la ética en la vida y al igual que quiero ser una buena persona, quiero ser una buena madre y una buena compañera y una buena amiga. Quien no quiera identificarse con la idea del bien o seguir la propia conciencia, es libre de no hacerlo, que para eso tenemos libre albedrío. Las madres no tenemos por qué estar ni encerradas en casa ni encerradas en el centro de trabajo, podemos pensar, podemos filosofar, podemos guerrear y la maternidad y los bebés no nos quitan nada. Es la sociedad la que hace imposible la crianza con su aislamiento y fragmentación. Normal, no se puede tolerar que la energía, el cuerpo y la capacidad intelectual de las mujeres vaya hacia algo diferente del trabajo o el consumo, y más durante sus años más productivos. En definitiva, creo que el modelo de madre de la crianza natural es muy criticable pero hay que hacerla bien. Por cierto, los pañales de tela y el parto no medicalizado no son patrimonio de la etiqueta “crianza natural” y las que hemos parido sin epidural no es porque amemos el dolor. ¿Tanto te molesta que no todas las mujeres quieran vivir esa experiencia y sentirla? Falta un poco de “vive y deja vivir” y de respeto a la capacidad de elección de la mujer cuando dispone de toda la información disponible. – See more at: http://www.pikaramagazine.com/2014/02/desocupar-la-maternidad/#sthash.76LBxT30.YqmSeZ09.dpuf
Brigitte, ¿podrías desarrollar más este punto: “la buena madre” que, obviamente, ni canta en grupos de punk, ni sale de noche, ni viaja sola, ni liga… parece ser que tener hijxs es incompatible con seguir viviendo”? ¿Las que no nos gusta salir de noche ni viajar sin nuestros hijos ni ligar (porque tenemos pareja) no vivimos? ¿Estamos muertas? ¿Las que usamos pañales de tela somos seres despolitizados y desocializados? Creo que el artículo cae en los mismos lugares comunes, aunque de forma resumida, que los de la filósofa, feminista, madre y accionista multimillonaria de Publicis Elisabeth Badinter en su libro “La mujer y la madre”. No entiendo qué tiene de negativo definirse, como seres plurales que somos, como “madre”. Tú misma te has definido con una lista de adjetivos. ¿Qué encuentras de negativo en la maternidad, que tú misma has elegido? Si no quieres usar pañales de tela, no los uses. ¿Alguien te está obligando a usarlos? Si no quieres dar el pecho durante años, no lo des. Ser madre es una experiencia humana y como tal es contradictoria y ambivalente pero en los tiempos que corren no puedo dejar de reivindicarla en todos sus claroscuros. Sí, soy madre entre otras muchas cosas y no hay nada malo en definirse como tal, como no hay nada malo en definirse como amiga o amante o luchadora. Siento discrepar con el resto de comentarios, me parece que el artículo no está bien escrito y podría hablar más claro, quizás la confusión en la exposición del mensaje es un acto voluntario de la autora, pero hace difícil comprender qué es lo que critica exactamente y por qué sigue observando el mundo desde una postura tan simplista. Si no es así, quizás la que no soy capaz de enterlo soy yo, que tengo mis limitaciones. Yo no me identifico para nada ni con la crianza natural ni con el estereotipo creado en torno a la “madre ecológica” sin embargo sí creo que hay que reivindicar la ética en la vida y al igual que quiero ser una buena persona, quiero ser una buena madre y una buena compañera y una buena amiga. Quien no quiera identificarse con la idea del bien o seguir la propia conciencia, es libre de no hacerlo, que para eso tenemos libre albedrío. Las madres no tenemos por qué estar ni encerradas en casa ni encerradas en el centro de trabajo, podemos pensar, podemos filosofar, podemos guerrear y la maternidad y los bebés no nos quitan nada. Es la sociedad la que hace imposible la crianza con su aislamiento y fragmentación. Normal, no se puede tolerar que la energía, el cuerpo y la capacidad intelectual de las mujeres vaya hacia algo diferente del trabajo o el consumo, y más durante sus años más productivos. En definitiva, creo que el modelo de madre de la crianza natural es muy criticable pero hay que hacerla bien. Por cierto, los pañales de tela y el parto no medicalizado no son patrimonio de la etiqueta “crianza natural” y las que hemos parido sin epidural no es porque amemos el dolor. ¿Tanto te molesta que no todas las mujeres quieran vivir esa experiencia y sentirla? Falta un poco de “vive y deja vivir” y de respeto a la capacidad de elección de la mujer cuando dispone de toda la información disponible. – See more at: http://www.pikaramagazine.com/2014/02/desocupar-la-maternidad/#sthash.76LBxT30.YqmSeZ09.dpuf