“Historia de las mujeres en Galicia. Siglos XVI al XIX”

Encontré este libro en la biblioteca de mi trabajo y no me pude resistir a sacarlo. No he hecho una lectura completa, solamente he buscado los temas que a mí más me interesaban. De lo leído me gustaría comentar algunos aspectos:

– Embarazos, partos e hijos:

En este capítulo las autoras, Ofelia Rey Castelao y Serrana Rial García, hablan de la estacionalidad de las concepciones asociadas al trabajo agrícola de cada zona. Esto me ha parecido muy interesante y en relación con los estudios sobre el metabolismo energético del antropólogo Peter Ellison (mencionados en este post y este otro). En total, las gallegas tenían unos 4-5 hijos por matrimonio, muchas de ellas se casaban embarazadas. Esto significa que es en el siglo XX cuando sube la natalidad, ya que en el libro “Ritos de embarazo e parto en Galicia” se afirma que era muy normal encontrar mujeres con 12 hijos. Curiosamente, estos libros se contradicen en el tema de los anticonceptivos, ya que las autoras de “Historias de las mujeres en Galicia” dicen desconocer que se usara ningún tipo de anticonceptivo o abortivos tempranos:

“En torno a un 10% de los matrimonios no llegó a tener descendencia y la fecundidad de las gallegas puede considerarse moderada, en comparación con otros modelos; sin embargo, ambos datos no revelan la existencia de prácticas anticonceptivas, o al menos no se han encontrado menciones en la documentación. (…)

Había claro está un tercer factor, la duración de los intervalos entre partos, que en Galicia eran largos. Las causas tampoco se vinculan a prácticas contraceptivas sino a la emigración temporera, en especial la polianual – como señalaba Martínez de Padín – y a la esterilidad natural provocada por la lactancia; dado que esta se prolongaba durante bastante tiempo y se combinaba en la mayoría de las mujeres con un trabajo duro y una alimentación deficiente, el resultado era este tipo de esterilidad”.

Dicen las autoras, también, que la lactancia materna directa y prolongada era algo generalizado entre todos los estratos sociales, tanto campesinos como urbanos. Incluso las madres de las clases altas daban de mamar a sus hijos y el uso de nodrizas era algo poco habitual. Quizás por eso el intervalo entre nacimientos de los estratos medio altos era de de 22 meses, casi dos años, y en las zonas rurales era de entre 28 y 30 meses.

Sobre los partos, las autoras creo que se dejan llevar por sus propios prejuicios y proyecciones con frases como “es de suponer que el parto sería esperado con temor por las mujeres, sabiendo que lo máximo con que contarían sería la ayuda de una partera y el consuelo de la religión o la magia”, cuando sabemos por el libro de Antonio Pereira Poza que esto no era así e incluso en algún pueblo la parturienta se sumergía en agua caliente, mucho antes de que Michel Odent descubriera la capacidad de este medio para relajar y ayudar en la fase de dilatación.

También se habla del alto número de bebés que nacían fuera del matrimonio, una media del 10%, admitiendo que estaba socialmente aceptado y desestigmatizado. Los estigmas de las “madres solteras” son algo bastante posterior y de ciertos ámbitos sociales, como quizás las clases altas madrileñas en el siglo XIX. Esto también lo comenta Asunción Díez en su libro “La familia campesina del Occidente asturiano”.

– Buscarse la vida:

A las mujeres les correspondía la gestión de la casa y aprendían desde niñas por imitación. El trabajo era en común (cocinar, lavar o coser).  Había variedad en el número de personas que en cada casa ayudaban a las mujeres. Dice textualmente (pg. 99):

En el mundo rural, la extrema precariedad de medios materiales de la mayoría de  las familias campesinas redujo al mínimo su dedicación a las faenas domésticas. La mayoría de las casas era de muy pequeño tamaño y estaban construidas con materiales de baja calidad. Se trataba por lo general de viviendas en las que las zonas convivían con los animales, sin que hubiera divisiones ni zonas delimitadas, sino una amalgama en la que se mezclaban aperos, muebles, ajuar, menaje… de modo que sería impropio hablar de una feminización del ambiente; (…). En realidad, llaman más la atención las ausencias que las presencias: nunca aparecen cunas, no había armarios – muy elitistas – y las camas o los asientos con respaldo eran un bien escaso. En este ambiente de precariedad, que caracteriza a la inmensa mayoría del campesinado, la función doméstica de las mujeres se reducía a la elaboración de la comida, pues no parece que la limpieza las entretuviese demasiado tiempo y la mayoría se dedicaba más a las tareas agrícolas, a la atención del ganado y a mil actividades complementarias que veremos luego.

(…)

Es fácil imaginar la vida de las mujeres nobles o de las hidalgas ricas que vivían en los pazos, ya que el servicio doméstico las supliría en sus teóricas obligaciones y la comodidad que las rodeaba estaba a años luz de la precariedad de sus vecinas.

(…)

A mediados del siglo XVIII, en Santiago, por ejemplo, la vida tenía que ser bastante cómoda para las mujeres de rango noble, cuyas familias eran de pequeño tamaño – 3,8 componentes, pero tenían un amplio servicio doméstico – 3,4 criados-, o para las de la burguesía administrativa y mercantil, que para el mismo tamaño familiar disponían de 1,5 criados, cifras casi idénticas a las de Lugo y de otros núcleos urbanos, pero poco comparables con las referidas a las demás mujeres urbanas, que por lo general no tenían ese tipo de ayuda o la tenían en muy escasa medida.

Creo que esta parte del libro hace que se tambaleen algunos tópicos sobre el trabajo doméstico de las mujeres a lo largo de la historia ya que el rol de ama de casa típico de los años cincuenta del siglo XX es algo muy limitado en el espacio y el tiempo. Si convives con animales de labranza en la misma casa no creo que tus estándares de limpieza sean los mismos que los que tenemos ahora, por tanto, se dedicarían menos horas a esas tareas. Claramente, no eran amas de casa ni tenían que estar agobiadas por frotar y frotar los azulejos o los suelos de casas pequeñas y con pocos muebles. La ausencia de cunas demuestra que los bebés dormían con sus madres y eran amamantados por la noche (ahora lo llaman “colecho”). Pero lo más importante quizás es que el trabajo doméstico o la crianza no recaía en una única persona sino que era compartido entre varias. Creo que realizar una tarea que requiere esfuerzo en aislamiento o hacerlo acompañada marca la diferencia.

La convivencia con animales creo que merece un análisis aparte. Hoy en día se sabe que ese contacto está relacionado con la disminución del número de alergias. O más bien al contrario, la vida sin contacto con animales (y sus microbios) aumenta el riesgo de alergia y asma en los niños. Además, vivir con animales siendo niño te aporta un conocimiento de los ciclos de la vida natural que no tenemos los niños que hemos crecido en la ciudad. En el campo ves a los animales copular, parir, criar, cuidar, alimentar, nacer, morir…

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Fotografía de Dina Goldstein inspirada en una hipotética continuación del cuento de  Blancanieves.

 Relacionado:

Momentos de lactancia del siglo III a.C.

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Una de las piezas más emblemáticas de la Serreta  es  la  conocida  terracota  comúnmente  conocida como el grupo de la Diosa Madre (Fig. 13). Aunque tradicionalmente  se  asocia  al  santuario,  se  encontró en la habitación que nos ocupa. Se trata de una plaqueta de arcilla rojiza modelada a mano de 18’2 cm de anchura y 16’7 de altura que muestra un grupo de personajes  en  tamaños  y  actitudes  diversas  y  que están realizados a partir de un modelado manual de la arcilla de forma esquemática. Preside la escena una gran figura femenina central incompleta, pues carece de la cabeza, y que acoge en su seno a dos niños pequeños a los que amamanta. Dentro del esquematismo de la representación es posible apreciar un gran manto o velo que cae de la cabeza y que acogería a las figuras lactantes, aunque es difícil distinguir los brazos del pliegue del vestido. Sin embargo, numerosos paralelos apoyan esta función del mostrarse y simultáneamente  acoger,  que  es  protección  bajo  el manto  divino.  Por  ejemplo,  el  mismo  motivo  y  esquema  de  representación,  la  acogida  bajo  el  manto a  dos  lactantes  aparece  en  la  escultura  de  la  diosa nutricia  de  Megara  Hyblaea  (Fig.  14) 36 .  Está sentada en un trono que constituye la parte trasera de la pieza. Esta figura central se acompaña de sendas parejas de mujeres e infantes de proporciones menores a las de la señora sentada, en sus laterales. Los rostros se realizan con un simple pellizco de arcilla en el que individualizan algunos rasgos, como los bucles del cabello que penden de ambos lados de la cabeza. La figura de la derecha acoge a la figura infantil con el brazo derecho posado sobre el hombro –un gesto familiar— mientras que con el izquierdo toca el regazo de la figura central o el mismo trono, como también aproxima su brazo a la figura sedente la figura infantil. Por su parte, las figuras de la izquierda tocan el diaulós  que dan sentido singular a una escena envuelta en el entorno de la música 37 . Entre estas figuras y el personaje central aparece una paloma. Una segunda paloma se situaría probablemente en el espacio simé- trico del trono, a la izquierda. La  pieza  tiene  una  base  plana  y  un  reverso  liso con un agujero central debido a las necesidades técnicas  de  fabricación.  Presenta,  por  tanto,  una  única cara decorada, para ser mostrada de frente 38  sobre una pequeña  peana  o  bien  en  una  hornacina.

Tomado de “LA HABITACIÓN SAGRADA DE LA CIUDAD IBÉRICA DE LA SERRETA” de Ignacio Grau, Ricardo Olmos y Alicia Perea: http://aespa.revistas.csic.es/index.php/aespa/article/viewFile/38/38

Ya puedo dormir tranquila, amamantar es legal…

Pues sí, amigos y amigas, de vez en cuando, como un goteo que no cesa, van saliendo noticias en los medios sobre la protección especial, la autorización, la legalización de amamantar en “espacios públicos”. Esto es una soberana tontería, como sabéis, ya que la lactancia materna nunca ha estado prohibida y lleva practicándose durante los últimos 2 millones de años en el género Homo, como respirar o caminar. Si acaso lo que está prohibido es prohibirla y discriminar a las personas que amamantan, como ya señala la Constitución. Pero, en fin, de todo esto y de los potenciales peligros de este legalismo y regulación desde arriba que asola al mundo de la lactancia, ya hablé en su día en el post: “¿Necesitamos que el Estado nos “proteja” cuando damos de mamar en público?”

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La foto en la que se basa este meme se llama ‘Mujer gitana del Sacro Monte de Granada’ (1951), de Jean Dieuzaide.

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Había publicado esto pero voy a añadir algo más, a raíz de lo sucedido en el Museo Picasso de Málaga:

Ellos nos “permiten”, ellos nos “autorizan a”, ellos nos “otorgan”. El vocabulario utilizado es muy claro. Pero este artículo y el Museo Picasso de Málaga mienten o, más bien, tergiversan, porque la lactancia materna nunca ha estado prohibida en los espacios públicos, ni en este museo ni en ningún otro lugar, y mucho menos en una normativa por escrito y, por tanto, no se puede “permitir” algo que no está prohibido. Bravo por esa mujer que puso la reclamación y un gran abucheo al museo que tendría que pedir disculpas por haber cometido una discriminación anticonstitucional hacia una madre y un bebé, y matizar esto: ellos no permiten nada porque no hay nada que permitir en algo que no les afecta para nada. La infracción, porque esta sí ha sucedido, ha sido suya y esto tiene que quedar muy claro. Al decir que ahora lo “permitirán” están desviando el foco de atención precisamente de esto, porque tendrían que decir que no volverán a molestar ni a expulsar a nadie por este motivo. La guerra del discurso.

Es curioso, la única normativa legal por escrito que sí lo especifica y prohibe la LM más allá de ciertos momentos, el permiso de lactancia dentro del espacio-tiempo laboral, contra esa normativa nunca vamos… En muchísimos trabajos está prohibida la lactancia materna más allá de la hora de lactancia, una hora imposible de usar para madres que trabajan lejos de sus hogares o guarderías (en ninguna empresa hay guardería, por cierto, que a pesar de no ser una solución ideal al menos facilitaría los contactos con el bebé durante las horas de trabajo, los descansos, etc…). Se dice a las trabajadoras que no pasa nada, que se saquen leche, que la congelen y ya está, sin pensar en que sacarse leche es algo desagradable e impuesto por las condiciones externas (intuyo que también es más desagradable para el bebé). Es algo que es así y con lo que tenemos que conformarnos, se supone. Nos tenemos que adaptar y de ningún modo tratar de hacerlo al revés, que sea el mundo laboral y productivo el que adapte a los ritmos de la vida.

En todos los trabajos estaría en teoría prohibida la lactancia materna más allá de los 9 meses, fecha en la que se supone termina este derecho (no era así en la primera ley de permiso de lactancia de 1900, mucho más flexible que la actual). A partir de los 9 meses se supone que los bebés ya pueden pasar 10 horas sin mamar (toman alimentación complementaria o leche materna congelada o de fórmula), lo que es cierto, claro, pero tiene implicaciones biopolíticas en nuestros cuerpos, mentes y emociones que han sido silenciadas durante años. No ha sido algo que hayamos decidido nosotras, alguien lo ha decidido por nosotras. ¿Y por qué de esto no se habla y no se reclama lactancia en libertad dentro de los ámbitos laborales? Porque es un conflicto, un conflicto social que excede a la familia nuclear, a la pareja y a la diada madre-bebé. Es un conflicto mucho más amplio y que excede el tema de la lactancia, el de los cuidados, que es mejor ocultar y no enfrentar porque subvertirlo y desobedecerlo pondría en el tapete ciertos temas que son tabú, porque de ellos depende que el sistema tal y como lo concemos siga “funcionando”. Dejaría en evidencia las prioridades del sistema, lo que se pone en primer lugar y lo que tiene que ir detrás…

Comparemos el permiso de lactancia de 1900 con el actual reflejado en el Estatuto de los Trabajadores:

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Apartado 4 del artículo 37:

4.En los supuestos de nacimiento de hijo, adopción o acogimiento de acuerdo con el artículo 45.1.d) de esta Ley, para la lactancia del menor hasta que éste cumpla NUEVE meses, los trabajadores tendrán derecho a una hora de ausencia del trabajo, que podrán dividir en DOS fracciones. La duración del permiso se incrementará proporcionalmente en los casos de parto, adopción o acogimiento múltiples. Quien ejerza este derecho, por su voluntad, podrá sustituirlo por una reducción de su jornada en media hora con la misma finalidad o acumularlo en jornadas completas en los términos previstos en la negociación colectiva o en el acuerdo a que llegue con el empresario respetando, en su caso, lo establecido en aquella. Este permiso constituye un derecho individual de los trabajadores, hombres o mujeres, pero sólo podrá ser ejercido por uno de los progenitores en caso de que ambos trabajen.

 

¿Por qué seguimos usando argumentos de autoridad?

La verdad es que no amamanto porque la OMS lo recomiende*. No he llevado a mis hijos a la guardería** durante los dos primeros años, y tampoco ha sido porque diga tal o cual cosa determinada asociación de profesionales expertos. No era nada excepcional que las madres del mundo rural popular de la península ibérica amamantaran, sin dogmatismos ni directrices, unos tres años (ver, por ejemplo, el libro “Ritos de embarazo e parto en Galicia” de Antonio Pereira Poza). No sería tampoco extraño que lo hicieran menos o que no lo hicieran en determinadas situaciones.

Sin embargo, a la hora de solicitar el teletrabajo en mi empresa, a día de hoy, yo sí he usado argumentos de autoridad, porque sé que el mundo actual funciona así: hay que citar estudios sesudos para convencer a las personas con poder de que se mantendrá o incluso aumentará la sacrosanta productividad, que en el fondo es el debate que subyace al de la “conciliación”. Todavía es demasiado revolucionario decir “necesito estar cerca de mi bebé, sin separaciones tajantes e inflexibles, y él me necesita a mí. Los dos necesitamos integrarnos en la vida, aportar a los demás y que nos apoyen a nosotros”.
En todas las culturas ha habido personas que cuidaban a los bebés que no eran la madre. El cuidado nunca ha sido en la especie humana una mera cuestión de diadas aisladas madre-padre (familia nuclear) o diadas aisladas madre-bebé. Quizás con mi escrito esté contribuyendo al mantenimiento de determinados argumentos de autoridad pero no se me ocurría otra cosa. Al menos este es mi blog personal y tengo libertad total para expresarme sin autocensura ni tener que convertirme en esa supertrabajadora capaz de todo. Parece que lo más importante es que la máquina no pare, aunque nos destruyamos por el camino. La buena salud o la lactancia, tienen que ser “vendidas” al mundo productivo como elemento positivo que reducirá el absentismo o hará más productiva a la empresa. En otros momentos, con ese mismo objetivo se boicoteó la lactancia de las madres trabajadoras y se crearon productos sucedáneos y nuevas necesidades comerciales.
 
Aquí va parte de mi memoria de teletrabajo, por si puede servir a alguien. Mi escrito es en cierta forma una claudicación, una venta del alma que mejor que quede expuesta a que esté oculta e invisibilizada en una maraña de autoengaños:

“2. Conciliación de la vida personal, familiar y laboral.
 
Realizar gran parte del trabajo desde casa supone para mí un aumento del compromiso y una gran motivación, ya que voy a tener la oportunidad de hacerlo sin tener que preocuparme sobre el hipotético bienestar de mi hijo en una guardería o separado de mí en un momento en el que tenernos cerca es de vital importancia para ambos. Por otro lado, que no vaya a una escuela infantil y mantener la lactancia materna sin restricciones externas durante los primeros años de vida supone que no se pondrá tan enfermo como los bebés que no son amamantados, que tienen que ir a la guardería o no pueden mantenerse cerca de sus madres. Esto, evidentemente, revertirá en un menor absentismo laboral por mi parte.
 
No en vano, con o sin lactancia materna, la Asociación Española de Pediatría en su Congreso nº62 celebrado en Sevilla llegó en sus conclusiones a la recomendación de no llevar a los niños a las guarderías antes de los 2 años:
 
“El consumo de antibióticos es significativamente mayor en todos los niños que acuden a guarderías. Los broncodilatadores inhalados y el montelukast se prescriben más en los niños que entran en la guardería antes de los 18 meses. Los niños que acuden antes de los 12 meses a guarderías consumen más corticoides orales e inhalados.”
 
(…)
 
“Los datos recogidos durante 24 meses son consecuentes con estudios previos que demuestran mayor presencia de patologías infecciosas en niños que acuden
 
a guarderías, siendo por tanto esperable mayor consumo de fármacos y visitas médicas en estos niños. Esta evidencia científica debería ser conocida por los padres para que valoren opciones diferentes a la asistencia a guarderías.”
 
(…)
 
“La asistencia a guarderías aumenta la morbilidad y el uso de recursos sanitarios tanto hospitalarios como de atención primaria. Dado que la precocidad de la asistencia a la guardería está relacionada con el trabajo materno se debería tratar de facilitar a las madres otros procedimientos de cuidado infantil diferentes a las guarderías”(1)
 
La conciliación del trabajo con la crianza es también importante por otros motivos evolutivos, ya que el bebé humano nace muy inmaduro en comparación con otros mamíferos y primates y completa su gestación fuera el útero (exterogestación). En palabras del ginecólogo Miguel Tortajada Martínez:
 
(…)”se podría considerar que el Homo Sapiens en su desarrollo neurológico tendría una equivalencia, respecto a los grandes antropomorfos, de un periodo de gestación de 21 meses divididos en dos fases: 9 meses de desarrollo intrauterino, que constituyen una unidad biológica, y otros 12 meses después del nacimiento con una relación muy intensa y operativa entre madre y recién nacido; a estos últimos 12 meses les ha denominado Ashley Montagu (1961) exterogestación”(2).
 
Pero la conciliación también es importante para la salud de la madre. Hay estudios que correlacionan la nuliparidad, la maternidad tardía y sobre todo la falta de amamantamiento como un riesgo en el aumento de las posibilidades de desarrollar cáncer de mama, ovario y endometrio. La investigadora que más ha estudiado estas relaciones es Valerie Beral, Directora de la Unidad de Epidemiología del Cáncer de la Universidad de Oxford:
 
“Si las mujeres en los países desarrollados tuvieran 2,5 hijos, de media, y amamantaran a cada hijo 6 meses más de lo que lo hacen ahora, se podrían prevenir 25.000 (5%) cánceres de mama cada año, y si cada hijo fuera amamantado por 12 meses adicionales se podrían prevenir 50.000 (11%) cánceres de mama al año. Hay obvias consecuencias económicas y sociales al prolongar la lactancia materna, y estos resultados indican que hay beneficios para la madre, además de los conocidos beneficios para el hijo(3).”
 
Y tanto madre como bebé se necesitan mutuamente a nivel psicológico. Las profesoras Rada Dagher y Paricia McGovern de la Universidad de Maryland han
 
investigado cómo aumenta el riesgo de sufrir depresión durante el primer año posparto relacionado con los permisos de maternidad cortos o, lo que es lo mismo, la separación madre-bebé durante el primer año(4):
 
“El primer año después del nacimiento presenta un riesgo de depresión en las mujeres, con un 13% de todas las madres experimentando depresión posparto, con síntomas debilitantes similares a la depresión clínica”.
 
En el contexto de la UNED, las madres y padres trabajadores de la Universidad, no disponemos de una guardería dentro de las propias instalaciones de la UNED o del complejo universitario de Ciudad Universitaria que compartimos con la Universidad Complutense, lo que hace todavía más complicada la conciliación de la crianza con el trabajo y, sobre todo, hace sufrir injustamente a los bebés por una separación demasiado temprana y rígida en sus horarios. La tendencia es a que las empresas dispongan de estas instalaciones. Por ejemplo, en el Anteproyecto de la Ley de Igualdad de Andalucía sí se contempla esta obligación para las empresas de más de 500 trabajadores (5).
 
En relación a la conciliación no se puede olvidar, por último, la reducción del tiempo dedicado a ir y volver al trabajo y el impacto medioambiental que eso supone”.

1 Pg. 1, 2 y 115. https://www.congresoaep.org/2013/readcontents.php?file=webstructure/03_comunicaciones.pdf

2 Fragmento del libro “El parto en la evolución humana”del ginecólogo Miguel Tortajada Martínez.

3 http://www.docs4you.at/Content.Node/Vorsorgemedizin/Stillen/Breast_cancer_and_breastfeeding.pdf y http://www.dmedicina.com/enfermedades/2002/07/17/prolongar-lactancia-reduce-riesgo-cancer-mama-6224.html

4 http://www.sciencedaily.com/releases/2013/12/131212100140.htm

5 http://elcorreoweb.es/las-empresas-con-mas-de-500-trabajadores-deberan-tener-guarderia-FL728700

http://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2015/09/05/satse-reclama-guarderias-hospitales-red/793077.html

* Sobre estas cuestiones, que han terminado delegadas en las recomendaciones de los expertos, hay ya demasiado autoengaño. Si queremos vivir con autenticidad no podemos dar de mamar si no nos gusta o resulta un suplicio, incluso cuando ya se han resuelto los problemas “técnicos” del amamantamiento y no hay dolor. Se ha perdido la cultura de la lactancia (y del embarazo/parto respetado), lo que provoca diversos problemas en la relación fluida que se crea durante la misma. Además, nuestra mentalidad actual es muy diferente de la que fue moldeada por el entorno en el que evolucionó el ser humano. Hasta que la recuperemos desde lo popular y no desde el discurso biomédico, un primer paso es no mentirse a una misma y partir, al menos, de la verdad en nuestra conexión con nuestro cuerpo y nuestro bebé.

** Me niego a hablar de “educación infantil” cuando estamos hablando de bébes de pocos meses y son centros que existen como necesidad de las empresas y el sistema productivo/laboral actual. Yo he tenido la opción de no llevarlos tan pequeños pero mucha gente no tiene esa opción ni pueden elegir, dada la precariedad laboral y vital existente (de hecho solamente lo pude retrasar dos años y medio, pero al final fue). Sobre la lactancia materna, lo mismo. Si hubiera tenido obstáculos insalvables para establecerla, hubiera recurrido a la leche de fórmula sin problema, obviamente.

Relacionada:

Análisis y reflexiones en torno al informe de Goldman Sachs “Womenomics 3.0. The Time is now”

Métodos anticonceptivos y abortivos en el libro “Ritos de embarazo e parto en Galicia”

Edicios Do Castro Do Grupo Sargadelos. Cadernos Do Seminario de Sargadelos 89.

Año 2001: el médico Antonio Pereira Poza publica “Ritos de embarazo e parto en Galicia”, un libro sobre obstetricia popular basado en su tesis doctoral sobre el mismo tema. En él se habla de menstruación, de la mujer parturienta, de las creencias sobre la fecundidad, y sobre embarazo, parto, puerperio y lactancia en Galicia.

Para su elaboración, el autor entrevistó y realizó encuestas a médicos, comadronas y practicantes jubilados o en activo que ejercieron desde los años cuarenta, cuando comienzan a trabajar en el medio rural las comadronas tituladas y empiezan a desaparecer las costumbres obstétricas populares, para bien y para mal. Es en los años sesenta, nos recuerda el autor, cuando el franquismo crea una “red de hospitales estatales de cobertura geográfica y poblacional amplia, desapareciendo prácticamente de forma paulatina los partos domiciliarios”.

Leyendo el libro una puede llegar a dos conclusiones: o bien el patriarcado no existía en Galicia hasta los años 60, cuando irrumpe el Estado franquista y sus instituciones en la vida cotidiana y sexual, o bien, se encontraba muy debilitado en ese contexto y no influía demasiado en las mujeres y en su sexualidad. Creo que más bien se trataba de lo segundo.

Me ha parecido un libro maravilloso y sorprendente, que me ha dejado perpleja en muchos momentos y reflexionando sobre si se podría recuperar algo positivo de esos saberes y costumbres perdidos (por ejemplo, sobre ese extenso conocimiento de plantas y hierbas), muchos de los cuales me provocan también rechazo por su componente de superstición y pensamiento mágico. Me queda también la duda sobre la mortalidad materna durante el parto y los efectos nocivos que podían tener en la salud de las mujeres algunas de las prácticas abortivas mencionadas (la mortalidad infantil seguramente sería del 50%, como la que se señala en el libro “La familia campesina en el Occidente Asturiano”). Por ejemplo, se mencionan como causa de infertilidad (de muy baja incidencia, según los informantes) los abortos sépticos.

Pero en referencia a los fragmentos que reproduzco la realidad es innegable: las mujeres en la Galicia rural han utilizado hasta tiempos relativamente recientes métodos populares anticonceptivos y abortivos.  No había nadie que se los prohibiera, nadie a quien pedir permiso y, seguramente, el aborto tardío era poco realizado dado que era muy común tener 10 hijos y se conocían formas de que volviera la menstruación al poco tiempo de un retraso (emenagogos o abortivos tempranos).

El capítulo sobre el parto merecería un post para él solo porque es interesantísimo, pero he preferido reproducir aquí las partes en las que se habla de anticoncepción y aborto para romper ciertos mitos que muchas veces el feminismo actual repite al hablar del patriarcado como algo todopoderoso, omnipotente y omnipresente, mezclando diferentes patriarcados y sus distintas definiones como si fueran el mismo, como si el patriarcado hubiera sido siempre igual y en todas partes: el bíblico, el romano, el del código civil de Napoleón, el del Afganistán del siglo XXI y el actual en una ciudad como Madrid. El patriacado no es Dios y tampoco se puede reducir a él toda la realidad social o culparlo de todo. Y, sobre todo, cualquier sistema social no se mantiene si no es sostenido, recreado y transmitido por sus miembros, hombres y mujeres, padres y madres.

En muchas ocasiones históricas se trata de un pequeño sector elitista de la sociedad (por ejemplo, del Estado) el que promueve políticas patriarcales que no llegan a todos los sectores de la población. En el tema concreto del parto, en la Galicia rural no parece que se pariera con violencia, se respetaba en general la fisiología del mismo (aunque, como digo, este tema merece un post exclusivo, ya que el papel de las “mañosas” y “parteiras” podía ser considerado demasiado invasivo en ocasiones) y era una experiencia vital de gran autonomía para las mujeres. Hubiese sido un gran acto de humildad el que la obstetricia estatal y tecnólatra hubiera aprendido y rescatado lo positivo de la obstetricia popular y desechado lo negativo, antes de imponer nuevas costumbres y protocolos peligrosos o nocivos. ¡En un pueblo (Mondoñedo) hasta utilizaban la inmersión en agua caliente para la fase de dilatación mucho antes de que Michel Odent promoviera las piscinas para partos!

Algunas de las prácticas de las que se habla en el libro serían efectivas y otras no, algunas serían más seguras y otras más peligrosas para la salud de la mujer, con la información de la que disponemos actualmente. No puedo, al mirar atrás, dejar de repetir que la medicina moderna también ha caído en pensamientos mágicos, violencias, prejuicios y tabúes, como el de la separación de las bebés de sus madres o la realización de prácticas invasivas e innecesarias de forma rutinaria hacia madres y bebés (para conocer todos los protocolos que ya no se recomiendan se puede empezar por aquí).

Como nota curiosa, los lavados vaginales también eran recomendados por Margaret Sanger, la famosa ideóloga de la píldora hormonal anticonceptiva. En la época de Sanger “el acceso a la información sobre los anticonceptivos estaba prohibido por razones de obscenidad por la ley federal Comstock desde 1873y, sin embargo, en la Galicia de los años 40 y 50 muchas de las costumbres de la obstetricia popular seguían vigentes y sin que nadie las prohibiera. Tampoco puedo olvidar citar y enlazar el decreto catalán que legalizaba el aborto en plena Guerra Civil.

Dice el autor que los métodos anticonceptivos citados por las personas entrevistadas son por orden de frecuencia: coitus interruptus, lactancia “prolongada” (se habla de 3 años de duración) y preservativo, lavados vaginales o espermicidas. El libro está en gallego así que voy a intentar traducir este breve texto (disculpas por los posibles errores):

pg. 50: ANTICONCEPCIÓN Y USOS ANTICONCEPTIVOS

“Tanto el coitus interruptus como la lactancia prolongada son usos anticonceptivos comunes en muchos pueblos de la tierra y por supuesto se emplean en nuestra lindante geocultural Asturias.

– Sobre el coitus interruptus debemos exponer ciertos matices que vienen referidos por diferentes respuestas.

– En Pontedeume, Miño y Cabanas el coitus interruptus se consideraba como algo natural y no era entendido como un método anticonceptivo según nuestra informante.

En dos encuestas en la provincia de Pontevedra (Pontevedra e As Neves) se matiza que la falta de orgasmo de la mujer lleva implícita la imposibilidad de embarazo por contra sabían que quedarían embarazadas si este ocurría. El nombre más empleado para esta práctica anticonceptiva era el de “marcha atrás”. En Oia e O Rosal lo llamaban “salto do paxariño”.

– Lactancia materna prolongada: Es un hecho conocido la repercusión de la lactancia materna como método para espaciar los nacimientos y conservar la salud infantil. Según datos recientes de la OMS se calcula que solamente un 17% de las parejas del tercer mundo emplean métodos anticonceptivos modernos. El 85% restante depende totalmente de las barreras naturales para contener la fertilidad del que la llactancia meterna es el más importante.

Esta amenorrea lactacional (ausencia de menstruación durante el periodo de lactancia) según estudios recientes parece estar en relación con el estímulo de succión como factor decisivo. Las experiencias hechas en ovejas demostraron que si se procede a denervar el pezón del pecho se siguen produciendo secreciones de leche pero el efecto anticonceptivo se pierde.

Esto llevó a establecer como hipótesis que explique el efecto anticonceptivo de la lactancia materna que del pezón parten impulsos nerviosos hacia el hipotálamo donde se estimularía la secreción de un neuro-péptido que anularía la descarga de LH (hormona luteoestimulante) y FSH (hormona folículo estimulante) con la consiguiente anulación de la ovulación.

Otras teorías más clásicas asocian este efecto anovulatoria de la lactancia materna a una acción directa de la prolactina sobre la hipófisis inhibiendo la liberación de gonadotropinas FSH y LH.También actuaría la prolactina sobre la glándula mamaria estimulando la síntesis de esta grasa.

La lactancia materna en Galicia se prolongaba con frecuencia hasta los tres años de edad del niño según lo citan varios informantes, generalmente hasta que el niño hablaba.

– Preservativo: El uso de este método es más posterior pero en algunos lugares llevaba ímplicitas muchas reservas al asociarse con frecuencia a relaciones extramatrimoniales y a la vida de solteros (Barreiros, Pontedeume, Oia).

– Lavados vaginales: se hacían con vinagre (Pontevedra, Poio, Marín y Padrón) antes y después del coito, también se empleaban los lavados jabonosos después del coito (A Coruña), con eucalipto (Padrón), con sal (Pontes), con manzanilla (Ribeira) y con quinina que se compraba en la farmacia (Melide).

Otros espermicidas que empleaban eran algodón o esponjas en el cuello del útero empapados en agua oxigenada o simplemente enjabonados (A Coruña). El pimiento picante en la vagina se empleaba en Padrón y el perejil en Guitiriz.

– Otros métodos empleados consistían en hacer el coito en posición vertical (Pontevedra) o el método Ogino que se cita en tres encuestas (Pontevedra, Meis, Tui).

– En Ribeira también se empleaba la ingestión oral de ruda y romero.

– En la provincia de Lugo se detecta el empleo de pesarios especialmente en el municipio de la capital, práctica esta inspirada en la medicina oficial que la empleó más o menos hasta mediados del siglo XX, si bien aquí se trataba de accesorios fabricados por encargo de los usuarios a los obreros locales.

Pg. 69: PRÁCTICAS ABORTIVAS

Las respuestas debemos agruparlas en dos apartados, uno es el referente al aborto traumático, con actuación intravaginal o intrauterina, que es el más habitual, y otro apartado sería la ingesta de hierbas medicinales o productos emenagogos.
Los desglosamos de la siguiente manera:

– Aborto por actuación intravaginal o intrauterina: Citamos aquí la práctica abortiva más frecuente que es el uso de tallos de perejil introducidos en la vagina o el cuello del útero. Esta práctica se llevaba a cabo, habitualmente, las llamadas “mañosas” (Pobra, Pontes, Touro, Santiago, Carballo, Coristanco, Ares, Melide, Outes, Betanzos, Riberia, Pontevedra, Poio; Vilaboa, Tui, Bueu, Silleda, OGrove, Oia, Barreiros, O Barco, Ribadavia, Trives, Paradada do Sil). En Frades introducían orégano en la vagina. El uso de las agujas de punto o sondas, que introducían hasta el útero es la segunda práctica más citada (Touro, Carballo, Ares, Melide, Pontes, Pontedeume, Ribeira, Monfero, Curtis, Poio, Tui, Bueu, Salceda de Caselas).

En Outes existía una variante de este método que era el empleo de los palos de los paraguas. Ninguna de estas prácticas  es citada en la zona central de la provincia de Lugo.

En una encuesta realizada en 1983 en la provincia de Salamanca se recogió el uso de perejil en tres municipios, tomado de diferentes maneras, en infusión (Villanueva del Conde y Romero), seco (Linares de Riofrío), y sobre el ombligo con ajo (Linares de Riofrío). Según Castillo de Lucas en toda la geografía española se apelaba al uso de los tallos de perejil y a las agujas de punto en el cuello del útero, así como plantas emenagogas, principalmente la ruda.

Se podría incluir dentro de este apartado el “salto dende un muro”, práctica recogida en Pobra, Curtis y O GRove. Otra práctica traumática sería la descrita en Mazaricos que es la del uso de una lona cruzada sobre el vientre que se comprime traccionando los dos extremos.

– Entre el grupo referido a productos abortivos incluimos el cornecelo de centeno (Lousame, Pontes, Frades, Santiago, Outes, San Saturnino, Ribeira, Pontevedra, Soutomaior, Barreiros, O barco, Friol, Castroverde, Corgo, Meira). Se cita por lo tanto, en las cuatro provincias con diferentes nombres como veremos en el capítulo referente a ayudas farmacológicas en el parto. Se tomaba como infusión y con una única dosificación que se cita en este apartado es una cucarada de cornezuelo en una taza de agua (POntes, la cocción debía durar media hora después de haberlo botado en un mortero. Parece que en las ferias y mercados de Galicia de la posguerra era muy frecuente su comercialización para este y otros usos medicinales. En Portugal, donde se le llama “dente de cao” o “cravagem de centeio” también es conocido su uso como abortivo, así como en los municipios de Salamanca.

Las infusiones de ruda se citan en menor proporción, también en las cuatro provincias. Esta planta de reconocidas propiedades emenagogas y abortivas fue citada anteriormente y también usada como abortivo en Asturias y en el resto de España. En Galicia su abundancia se ve reflejada en el refrán: “Abunda como la ruda” (Pobra de Trives).

Lis Quibén publica en su Cancionero médico de Galicia varias cuartetas que reflejan su repercusión médico-popular en el aspecto abortivo:

“Se a muller soube
a virtú que ten a ruda
a collera e a plantara
de noite pola lua”

También existe una versión en castrellano. La ruda es conocida en toda España por sus propiedades terapeúticas, también usada en Portugal con indéntico fin.

En otro lugar independiente de los anteriores podíamos incluir el uso de los ya citados “pediluvios”. En Pobra do Caraminñal se hacen añadiendo al agua cinxa, y en Frades añadiendo ruda y sal.

En Asturias se utilizaban los “pediluvios” con idéntico fin aunque añadía mostaza. También se hacereferencia a ellos en otros puntos de la geografía española”.

CONTINUARÁ…



Virxe do Leite (Virgen de la Leche). Iglesia Monasterio de San Pedro de Ansemil. Foto tomada de: http://www.galiciamaxica.eu/Sitios/PONTEVEDRA/silleda/San%20Pedro%20de%20Ansemil.html


Otros artículos que hablan sobre el libro y el autor:

– Un historiador explica los ritos del parto y el embarazo a las matronas:  http://www.atlantico.net/articulo/vigo/historiador-explica-ritos-parto-y-embarazo-matronas/20091126084209077107.html
– «El parto de pie fue lo que más costó erradicar»: http://www.lavozdegalicia.es/vigo/2009/11/25/0003_8129705.htm

Relacionada:

– Federica Montseny y el aborto:
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2013/12/federica-montseny-y-el-aborto.html

Margaret Sanger, la lactancia materna y la ciudad

Trabajadoras de la factoría Triangle Shirtwaist, la mayor parte inmigrantes. El 25 de marzo de 1911 el edificio se incendió y murieron 146 de ellas.
Mujeres conversando en una huelga de alquileres del East Side de Nueva York c.1910. Origen: Librería del Congreso

Mujer inmigrante de Nueva York lleva ropa para que toda la familia trabaje en casa a destajo

 Margaret Sanger 

El otro día por casi me caigo de la silla. Estaba pensando en la cita final del libro de Elsimar Coutinho sobre la menstruación,  una frase de la pionera de la planificación familiar Margaret Sanger que dice así…

“Ninguna mujer es complétamente libre a menos que tenga control sobre su sistema reproductivo”

y esa cita me llevó a investigar un poco más sobre la vida de su autora. Margaret Sanger es conocida por su promoción de los métodos anticonceptivos desde una perspectiva feminista y neomalthusiana. Fue también la mujer que promovió la creación de la primera píldora anticonceptiva (Enovid), buscando financiación y poniendo en contacto a investigadores y mecenas, en una investigación no exenta de falta de ética. Y de repente… buscando información en su biografía leí esto:

Del National Women’s History Museum:
“Cuando Sanger tenía 19 años, su madre de 50 años murió de tuberculosis. Anne Higgins dio a luz a 11 niños y sufrió 7 abortos. Sanger creía que los embarazos repetidos de su madre habían debilitado su cuerpo hasta el punto de que fue incapaz de recuperarse de la enfermedad”.

Y en Wikipedia:
“La madre de Margaret, Anne Higgins estuvo embarazada en 18 ocasiones -teniendo 11 nacimientos vivos- durante 22 años antes de su muerte a la edad de 49 años.”

Y esto otro (traducido de la versión inglesa de su biografía) sobre su primera etapa como enfermera en el East Side de Manhattan en el que cuenta la historia de Sadie Sachs, una inmigrante judía rusa:

 “Durante el trabajo de Margaret Sanger entre las mujeres inmigrantes de clase obrera se revelaron ejemplos gráficos de mujeres forzadas a partos frecuentes, abortos involuntarios y abortos provocados por falta de información sobre la forma de evitar un embarazo no deseado. El acceso a la información sobre los anticonceptivos estaba prohibido por razones de obscenidad por la ley federal Comstock de 1873 y una serie de leyes estatales. Buscando algo que pudiera ayudar a estas mujeres, Sanger visitó las bibliotecas públicas, pero fue incapaz de encontrar información sobre anticoncepción. Estos problemas se personificaron en una historia que Sanger contaría más tarde en sus discursos: mientras Sanger trabajaba como enfermera, fue llamada al apartamento de Sadie Sachs después de que Sachs se pusiera extremadamente enferma debido a un aborto autoinducido. Sadie le rogó al médico de cabecera que le dijera cómo podría evitar que le volviera a suceder, el médico simplemente le dio el consejo de mantener la abstinencia. Unos meses después, Sanger fue llamada de nuevo al apartamento de Sachs sólo que esta vez, Sadie murió poco después de que Sanger llegara a causa de otro aborto autoinducido. Sanger a veces ponía fin a la historia diciendo: “Lancé mi bolso de enfermera en la esquina y anuncié que nunca atendería otro caso hasta que fuera posible que las mujeres trabajadoras en los Estados Unidos tuvieran los conocimientos necesarios para controlar la natalidad.Aunque Sadie Sachs fue posiblemente una combinación de ficción de varias mujeres que Sanger había conocido, esta historia marca el momento en el Sanger comenzó a dedicar su vida a ayudar a las mujeres desesperadas antes de que se vieran obligadas a buscar abortos peligrosos e ilegales”.
 
Y en esta entrevista en la que el presentador le pregunta por las emociones que le llevaron a iniciar una cruzada por la planificación familiar y ella vuelve a citar el caso de su madre y lo que vio trabajando de enfermera en los barrios obreros de Nueva York:

Los datos:

La biopolítica estatal del momento prohibía en EEUU los anticonceptivos y la divulgación de información sobre los mismos desde la Ley Comstock de 1875. Margaret Sanger comienza su activismo en 1912-1916, cuarenta años después. En 1938, gracias a un juicio en el que ella estaba involucrada, se tumba por primera vez esa ley. En 1967 la ONU crea el Fondo de Población de las Naciones Unidas e incluye entre sus objetivos el control de la natalidad y la planificación familiar. Se pretende la universalización de los servicios de planificación familiar para el año 2015

– Las mujeres inmigrantes de las clases trabajadores urbanas tenían muchos hijos con intervalos muy cortos entre ellos. También las había que tenían tres hijos pero no podían tener otro hijo más por motivos económicos, como el ejemplo de Sadie Sachs.

– Su madre, de origen irlandés, tuvo una altísima natalidad con intervalos cortos.

¿Qué sabemos ahora?

 – Que ese número tan grande de hijos y esos cortos intervalos entre nacimientos, al menos los de la madre de Sanger, son una rareza histórica. No se había producido algo así en la historia de la humanidad salvo para las mujeres de clases altas que no amamantaban (o lo hacían durante muy poquito tiempo y con muchas restricciones al pecho) y que recurrían a nodrizas.

¿Y cómo lo sabemos?

Dice el pediatra José María Paricio en el libro “Manual de Lactancia Materna” de la Asociación Española de Pediatría :  

“Teniendo en cuenta el efecto anticonceptivo de la lactancia, las clases populares tenían una fecundidad limitada por término medio a un nacimiento bianual, lo que ha podido constituir un efectivo control de natalidad entre las masas campesinas de la Europa preindustrial. Por el contrario, la fecundidad no controlada por lactancia entre las clases acomodadas hace que la descendencia pueda suponer de 15 a 20 hijos, pero a expensas de una terrible mortalidad”.

Un nacimiento bianual puede parecer todavía poco si estudiamos los intervalos entre nacimientos de tres años en las mujeres cazadoras-recolectoras de los que habla el biólogo Roger Short:

“En las comunidades cazadoras-recolectoras, la pubertad, la adquisicón de deseo sexual, y matrimonio eran todos eventos sinónimos, así que no había necesidad de restricciones sociales sobre el comportamiento sexual antes del matrimonio. Después del matrimonio había un periodo de tres años de esterilidad adolescente, cuando la chica habría experimentado una sucesión de ciclos menstruales anovulatorios antes de concebir. Después del primer hijo, habría estado 3 años en amenorrea de la lactancia, seguidos por uno o dos ciclos menstruales ovulatorios antes de concebir otra vez. No tenemos información de la edad de la menopausia  en las sociedades primitivas, pero (…) sería raro que una mujer tuviera más de 5 hijos. Durante su vida reproductiva experimentaría 15 años de amenorrea de la lactancia, y 4 años de embarazo, (…)”

Short señala varios estudios en los que se ha observado cómo el proceso de urbanización en la época actual, y los cambios que lleva aparejado en cuanto a hábitos sociales y nutricionales, impactan en la fertilidad humana, sobre todo en cuanto a la lactancia materna y afirma: 

“En todo el mundo en su conjunto, más nacimientos son prevenidos con la lactancia que con las otras formas de anticoncepción juntas. No es extraño que los cambios sociales que reducen la eficiencia anticonceptiva de la lactancia hayan tenido tal asombroso impacto demográfico”. 

“Vindicación de los derechos de la mujer” de Mary Wollstonecraft (1792)

Este libro, que la historiografía feminista considera como una de sus obras fundacionales, plasma un conocimiento popular ancestral respecto a la lactancia, en realidad respecto a una determinada forma de amamantar que después sería estudiada por los investigadores del método anticonceptivo MELA (amenorrea de la lactancia) válido con un 98% de seguridad durante los primeros 6 meses postparto si se cumplen los tres requisitos (ausencia de mesntruación, primeros 6 meses, lactancia exclusiva a demanda día y noche):

“Porque la naturaleza ha ordenado las cosas de modo tan sabio, que si las mujeres amamantaran a sus hijos conservarían su propia salud y habría tal intervalo entre el nacimiento de cada hijo que rara vez veríamos una casa llena de niños”


En la edición de Marta Lois de la Editorial AKAL de 2005 hay una nota al pie que dice lo siguiente, que se contradice con lo afirmado por el consenso establecido en Bellagio sobre el MELA que sí garantiza un alto grado de anticoncepción si se cumplen los criterios de los que hemos hablado:

www.unicef.cl

En este documento de Unicef se especifica que (LAM es MELA en inglés) al menos “tres estudios han demostrado que la eficacia del LAM se puede mantener entre los 6 y 12 meses postparto, si la madre inició el método originalmente, sigue amamantando antes de ofrecer la alimentación complementaria y mantiene los intervalos entre mamadas menores de 4 horas durante el día y de 6 horas en la noche, y por supuesto se mantiene en amenorrea“. 

Y en este otro documento también se habla de lo que se ha venido a llamar MELA-9 o MELA-12, por el número de meses que podría funcionar.

Tomado de http://www.upch.edu.pe/

ACTUALIZACIÓN (8 de febrero de 2015): Actualmente hay controversia científica sobre cómo se produce la amenorrea y anovulación de la lactancia y por qué incluso algunas mujeres cuando comienzan a menstruar durante la lactancia pueden pasar varios meses aún de menstruaciones no fértiles (comprobadas por métodos naturales de conciencia de la fertilidad). Una es la hipótesis de la frecuencia de la lactancia y otra es la de la carga metabólica (lo que explicaría por qué las mujeres occidentales “bien alimentadas” tienen periodos más cortos de infertilidad de la lactancia. No son hipótesis contradictorias.

 Las mujeres de clase trabajadora

Por la información recopilada parece bastante probable que las madre de Margaret Sanger y las mujeres de las clases populares de N.Y. no amamantaran a sus bebés y, si lo hicieran, su forma de hacerlo fuera bastante diferente a la de una mujer cazadora-recolectora, o la de una mujer del mundo preindustrial popular. Su amenorrea de la lactancia sería muy corta o prácticamente inexistente, como podemos aprender de los textos de Barbara B. Harrell en “Lactancia y menstruación en perspectiva cultural“, Beverly Strassmann sobre una tribu Dogon de Mali en su artículo “La biología de la menstruación en el Homo Sapiens” o Nancy Rose Hunt en su artículo sobre el biopolítica colonial y lactancia en el Congo Belga “Le bebe en brousse”.

La clave de la explicación en las variaciones históricas y culturales de la amenorrea de la lactancia está en la separación madre-bebé, las restricciones espacio-temporales de esa relación (no atender el llanto, no dar de mamar por la noche, horarios rígidos, dejar pasar demasiado tiempo entre tomas…) y todos los sustitutos que se van añadiendo para suplir la cercanía (chupetes, nodrizas, biberones, carritos…). Por cierto, no pretendo demonizar los objetos que sustituyen a la madre, ya que el problema no son los objetos en sí, muchos de ellos prácticos en multitud de ocasiones, sino entender por qué hemos llegado a depender de ellos y por qué los hemos llegado a considerar imprescindibles.

Mujer inmigrante italiana trabajando en su casa, Nueva York en 1912 (Wikipedia).

Mujeres trabajando con máquinas de coser empeñadas en el Monte de Piedad de la Madre de Dios de la Esperanza. Barcelona, c.1926 (Gracias, Carolina, por pasarme esta imagen).

Spagna, 1966.
Fotografo: Eve Arnold
http://www.eticamente.net/31489/foto-antiche-donne-allattamento.html

Los escritos de Margaret Sanger

Creo sinceramente que los seres humanos debemos tener la posibilidad de autoconocernos y conocer el mundo, de buscar información y divulgarla libremente. El Estado no debería prohibirnos el acceso a la información, como tampoco deberíamos dejarnos adoctrinar con propaganda que sí nos proporciona aunque no queramos. Por eso, la labor de divulgación de los métodos anticonceptivos que realizó Margaret Sanger me parece totalmente legítima, aunque incompleta, sesgada y con un enfoque erróneo.

En esa época también se publicaban en España revistas anarquistas y naturistas en las que los métodos anticonceptivos se consideraban algo importante a divulgar entre la clase trabajadora. La diversidad del movimiento libertario también implicaba la existencia de controversias y opiniones diferentes sobre la pertinencia de su uso, como la que expone Federico Urales en este artículo, contrario al neomalthusianismo. De hecho, el artículo de Urales es toda una refutación al planteamiento de esta mujer desde una postura revolucionaria (¿alguien se imagina un artículo así hoy en día con el nivel de adoctrinamiento, pensamiento único y falsas polarizaciones que existe en todos los ambientes ideológicos?):  

“Lo que los neomalthusianos entienden táctica para quitar elementos de servidumbre a la sociedad burguesa y ofrecerle, en cambio, elementos de rebeldía, con pocos hijos y bien educados, es sólo, según nuestro sentir, un amoldamiento a la vida y al ambiente burgués.
Con el propósito de hurtar hijos a la sociedad injusta, los hurtamos a la Naturaleza, justa siempre.”

(…) 
“Lo primero que ha de procurar el anarquista es emanciparse de la explotación ajena y luego impedir que sus hijos sean explotados por nadie”. 
(…)
“Y ha de ser la Naturaleza, con nuestra potencia amorosa, la que limite nuestros hijos, y no las conveniencias domésticas, ni los oportunismos más o menos revolucionarios.
El hombre no debe engendrar sin amor; el hombre no debe tener hijos con mujer no amada”.

Como todos, creo que Sanger fue víctima de su tiempo y no fue capaz de abstraerse del ambiente cultural en el que nació, lo que ha tenido algunas consecuencias también en el mundo actual. 

Ser víctima de la propia cultura o estar condicionado por su tiempo no la exime de responsabilidad. Debía haber estudiado más, no solamente libros de medicina, historia y antropología en las bibliotecas sino haber escuchado a las mujeres del mundo rural o preindustrial, haber viajado, haber reflexionado sobre la aversión a los niños en el mundo urbano industrializado… Y, sobre todo, debería haber tenido una ética de búsqueda del bien común, que no tuvo, a pesar de su verborrea, como demuestra su apoyo a la forma en la que se probó la píldora anticonceptiva en mujeres de Puerto Rico, su racismo y clasismo.

¿Respondió Sanger acaso a la cuestión de por qué la maternidad se había convertido en algo tan problemático? No. ¿Qué hacía que ser madre de más de tres hijos se conviertiera en una pesadilla para las mujeres inmigrantes como la de la historia de Sadie Sachs? El capitalismo. La maternidad se problematiza a partir de la inmigración, desde el mundo de lo rural donde existían redes de crianza y apoyo mutuo dentro de la familia extensa y la vecindad al viaje a la gran ciudad de Nueva York donde los niños comienzan a estorbar. ¿Quién era el culpable de que la información y los anticonceptivos fueran censurados? El Estado. ¿El mero uso de anticonceptivos haría que la maternidad fuera más libre? No, cuando existen otros condicionantes sociales.

Sus folletos divulgativos incluían un repaso por todos los anticonceptivos (preservativo, pesarios, condon femenino…) que existían en su época y también aconsejaban el uso de algún pseudoanticonceptivo que otro, como las duchas vaginales con un jabón llamado Lysol que tenía solamente un 50% de efectividad, por no hablar de su impacto en la flora vaginal. Sin embargo, cuando habla de lactancia, esto es lo que podemos leer en Family Limitations (pdf): 

Traducción:  “Existe el conocimiento de que el amamantamiento después del parto previene el retorno de la menstruación por varios meses y que la concepción no se produce. Está bien no depender sobre esto demasiado, especialmente después del quinto o sexto mes, ya que la mujer puede quedarse embarazada otra vez sin haber “visto nada” o sin darse cuenta de que está embarazada. Se encuentra entonces con uno en el pecho y otro en el útero. Usa algún preventivo”.

O en este otro texto de Sanger:

“Durante el periodo de lactancia las probabilidades son también pocas; pero no hay ninguna certeza en este caso”. 

Esto que dice, a la luz de la evidencia científica actual y de la evidencia empírica de muchas mujeres de sociedades tradicionales, es cierto solamente en parte, ya que a partir del quinto o sexto mes es cuando se inicia la alimentación suplementaria. Como se dice en este documento actualizado sobre el MELA que ya he citado, el protocolo número 13 de “The Academy of Breastfeeding Medicine”:

“El criterio de los “seis meses” se añade primordialmente porque es el tiempo en el que la alimentación complementaria debería comenzar. Sin embargo, si el amamantamiento continúa a un nivel alto incluso cuando la alimentación complementaria haya empezado, la eficacia aparentemente permanece alta. En Ruanda, el método fue usado hasta los 9 meses, manteniendo la frecuencia de lactancia amamantando antes de cada comida complementaria. En un estudio que involucraba a mujeres trabajadoras, que se extraían leche después de la separación como poco tan frecuentemente como hubiese ocurrido el amamantamiento si hubieran estado juntos, se encontró que el MELA podía ser 96.5% efectivo. Aunque este hallazgo no es estadísticamente diferente de los resultados de otros estudios, sugiere que hay un pequeño aumento del riesgo de la concepción en las mujeres separadas de sus hijos. Esta información debería ser dada a las mujeres afectadas para que puedan tomar decisiones informadas”.

Es decir, Sanger decía que con la lactancia no había “ninguna certeza” y, sin embargo, sí promovía las duchas vaginales con un 50% de posiblidades de embarazo…

Ejemplos concretos

– Según Roger Short sería raro que una mujer tuviera en las sociedades de cazadores-recolectores más de 5 hijos. Las mujeres Kung tienen 4 o 5 nacimientos vivos de media (pg. 181 de Nisa. Life and Words of a Kung Woman, de Marjorie Shostak).  Nisa, por ejemplo, la mujer protagonista principal del libro de entrevistas que acabo de citar, tiene 4 nacimientos vivos, más algunos abortos, y mantiene una vida sexual activa durante toda su vida, con varios maridos y muchos amantes.

– Las mujeres Dogon de Mali, agricultoras y sedentarias, tienen 8.6 nacimientos vivos por mujer, el doble que las mujeres !Kung. Según Short la sendentarización trae consigo un adelantamiento de los destetes, lactancias menos intensas y un acortamiento de los intervalos intergenésicos. Además, existe la teoría de la masa muscular de Rose Frish que añade la influencia del alto o bajo nivel de ejercicio en la fertilidad de las mujeres, así como su nivel de grasa corporal.

– En España, el índice de fecundidad por mujer en 1900 era de 4,7 hijos por mujer, también muy lejos del caso de la madre de Margaret Sanger. En EEUU, en 1800 las madres estadounidenses tenían 7 hijos de media y en 1900 había caído la cifra a 3-4 hijos por mujer… También muy lejos del número de hijos de la madre de Sanger y de los que supuestamente tenían las mujeres inmigrantes del East Side.

– El estudio que hizo Sheyla Kippley entre 1500 experiencias de lactancia en EEUU (1971) comprobó que las mujeres que siguieron los “Siete estándares” de la Lactancia Ecológica tuvieron una media de 14,5 meses de amenorrea de la lactancia. Los “Siete estándares” son (si se evita cualquiera de ellos se adelanta la fertilidad):

  1. Manten una lactancia exclusiva durante los primeros 6 meses de vida; no uses otros líquidos y sólidos.
  2. Calma a tu bebé con el pecho.
  3. No uses biberones ni chupetes.
  4. Duerme con tu bebé para las tomas nocturnas.
  5. Duerme con tu bebé durante una toma durante la siesta diurna.
  6. Amamanta frecuentemente día y noche, y evita los horarios.
  7. Evita cualquier práctica que restrinja el amamantamiento o que te separe de tu bebé. 

Si esta forma de lactar no fuera algo marginal (un cambio que solamente podría darse desde la libertad personal y el respeto, y nunca desde la imposición a las demás) tendríamos que cambiar la sociedad al completo, la forma de trabajar las mujeres y las prioridades. No necesariamente tendríamos que ser amas de casa ni mucho menos. No deberíamos tener que estar recluidas ni entre las cuatro paredes de una casa ni entre las cuatro paredes de una oficina, pero sí encontrar formas de trabajar que nos permitieran no separarnos de nuestros bebés ni tampoco estar segregadas de la sociedad. Parece bastante revolucionario, ¿no? Poner la prioridad sobre nuestra propia salud y la de nuestros bebés, poner los cuidados en el centro de la vida, replantear las prioridades de la sociedad en todos los aspectos de la vida. ¿Por qué deberíamos sacrificarnos por la empresa en lugar de por un mundo mejor para las próximas generaciones? Las mujeres Homo Sapiens han tenido vida sexual, hijos y han contribuido a la recolección de alimentos y fabricación de herramientas desde el principio de los tiempos sin ser “amas de casa”. Que nadie nos engañe ni manipule con dicotomías creadas entre la mujer y la madre, no deberíamos tener que elegir.

Sin embargo, todo esto no es nada si no hay algo más, si no ponemos también el énfasis en el QUÉ conciliamos. El sistema todo lo integra y adapta, no sería raro que, dentro de poco, la falta de “cuerpos” de la que habla Kathy Matsui de Goldman Sachs llevara al sistema a tener que adaptarse a nuestras condiciones para que la máquina nunca se pare. Por eso, no basta fabricar armas mientras se amamanta a un hijo, no está bien escribir y difundir artículos mentirosos y adoctrinadores mientras se concilia, no basta con llevar a tu bebé a un call center explotador dedicado a estafar a potenciales clientes…

En cualquier caso, con los índices de lactancia actuales, la desinformación médica, las dificultades que encontramos las mujeres simplemente para llegar a establecer la lactancia, pensar en esto quizás no tiene mucho sentido.

Un problema real, diagnóstico incompleto, soluciones parciales

La falta de perspectiva global de Margaret Sanger es impresionante. Se trata de una visión miope que ha sido heredada y promocionada desde las altas esferas desde entonces a través de posturas que pivotan desde la propaganda natalista a la antinatalista, según como suene la flauta de quienes ostentan el poder. 

Si en lugar de adoptar esa perspectiva hubiera intentado, con humildad y curiosidad, entender el mundo antes de cambiarlo y conjugar lo histórico con lo biológico y lo ético, quizás estaríamos en otro mundo, pero también estaríamos hablando de otra persona, no de Margaret Sanger.

El problema de la alta paridad de las mujeres de las que habla Sanger acarreaba problemas de salud y económicos a las mujeres y sus familias, ya que había un desajuste entre su fertilidad, la pérdida de la lactancia, y el sistema al que acababan de llegar y al que se supone que se debían adaptar, un mundo de desarraigo y sin los lazos fuertes que dejaban atrás. Analizar las causas de esos problemas nos lleva a entender la pérdida de la cultura de la lactancia desde nuestra historia como especie, que tiene su forma más visible y palpable en la progresiva reducción del tiempo de exogestación (gestación fuera del útero) y de amenorrea de la lactancia. Esto viene dirigido principalmente por los “chamanes”-médicos de la cultura occidental al servicio de las elites, pero también por la propia forma de vivir y existir en las diferentes formas de organizar la sociedad, que no evolucionan de forma lineal ni progresiva.

En el caso concreto de las mujeres inmigrantes del East Side de Nueva York habría que analizar dos cosas. Por un lado, las causas por las que se veían forzadas a separarse de sus bebés y a amamantarlos poco o nada, es decir, los modos de producción y los mecanismos ideológicos de la sociedad a la que acababan de llegar. Y, por el otro, y pensando más bien en el caso de “Sadie Sachs” que tenía tres hijos y no quería un cuarto, en los problemas económicos y laborales de las familias grandes en un entorno urbano, donde los hijos son un problema y un coste. De hecho, la progresiva urbanización del mundo es el mayor anticonceptivo que existe y una de las causas principales de la caída de la natalidad en todo el globo, según el informe del Club de Roma escrito por Jorgen Randers titulado “2052, Una Previsión Global para los Próximos 40 años”

Pg. 62: “Ya más de la mitad de la gente del mundo vive en ciudades, y esa fracción aumentará con la industrialización constante del mundo en desarrollo. La mayor parte de la gente será urbana y vivirá bajo condiciones en las que tener muchos niños no es una ventaja. El deseo de tener familias pequeñas no se verá limito a las parejas con dos carreras del mundo industrializado. Billones de familias pobres urbanas en economías emergentes harán la misma elección, en un intento de escapar de la pobreza”.

Fue el “progreso” el que provocó el acortamiento de los intervalos entre nacimientos y el aumento de la paridad de las mujeres. La divulgación de los anticonceptivos, que han existido desde hace milenios, forma parte de nuestra libertad de acceder a la información y de decidir qué hacer con ella, pero si solamente se observan las cuestiones de forma parcial las soluciones siempre serán parciales y de efectos insospechados. De hecho, en cuanto el sistema se dio cuenta de que le sobraban súbditos adoptó el mensaje de Margaret Sanger como política oficial de los organismos internacionales, lo que contrasta con las anteriores políticas natalistas del colonialismo.

Por último, la eliminación de los bebés de la vida de las mujeres inmigrantes de Nueva York no podía solucionar sus problemas de explotación, alienación, aculturación y aislamiento. Lo único que podría conseguirse es que tuvieran más tiempo para dedicarle a la empresa, a la que sí podían amamantar de forma prolongada y exclusiva durante años. Por esta razón creo que a Margaret Sanger no le preocupaba demasiado la salud de las mujeres del pueblo sino la salud del sistema de dominación, por eso no hizo nada por recuperar la cultura de la lactancia materna, a diferencia de Mary Wollstoncraft más de cien años antes. De hecho, las mujeres de la alta burguesía y la aristocracia podían tener todos los hijos que quisieran sin ningún problema económico o social, cosa que parecía importar poco a la protagonista del artículo de hoy.
 
Cáncer de mama

La vida es riesgo. El embarazo y el parto son procesos fisiológicos pero también tienen riesgos, por eso se habla de tasas de mortalidad materna, por ejemplo, y esto se refleja en que sepamos cuantas mujeres mueren en sus partos o por problemas derivados de los mismos en todas las zonas geográficas del mundo. Es más, reducir la mortalidad materno-infantil es uno de los Objetivos del Milenio. Quizás haya llegado la hora de que comencemos a hablar también de los riesgos intrínsecos de la nuliparidad y la primiparidad tardía (primer embarazo). Esto no significa que si no tenemos hijos o si tenemos solamente uno de forma muy tardía vayamos a desarrollar de forma automática y determinante cáncer de mama. Lo que quiere decir es que con la información de la que disponemos se sabe que, estadísticamente, la nuliparidad, los intervalos aumentados entre la fecha de la primera regla y el primer hijo, y no amamantar aumenta el número de papeletas de sufrir esta enfermedad y otras. De una forma bastante observadora ya se dio cuenta de esto el médico Bernardino Ramazzini en 1713, al ver que en el colectivo de monjas había más casos de cáncer, la “plaga maldita”, que en el resto de población femenina.

ACTUALIZACIÓN 20/02/2015: Según el libro “Tratado de Ginegología” en su pg. 971, “Por cada 100.000 mujeres en nuestro país, mueren 18,62 mujeres” de cáncer de mama. Y según la “Estrategia de atención al parto normal” (pg. 15) la mortalidad materna en España se encuentra por debajo de los 7 fallecimientos por cada 100.000 nacimientos (4,7 fallecimientos en 2013) . Anualmente mueren unas 6.000 mujeres en España por cáncer de mama, en 2009 murieron 8 mujeres durante el parto y 2 en el puerperio.

Por eso, la cruzada que inició Margaret Sanger tenía otro sesgo más, no advirtió de esta “pequeña” gran consecuencia del uso masivo y prolongado de la anticoncepción, ya fuera basada en la abstinencia durante los días fértiles, en métodos barrera o químicos artificiales. Y para tomar decisiones libres hace falta información.

Para profundizar sobre la relación cáncer y hábitos reproductivos:
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/01/decisiones-informadas-los-riesgos-de-no.html
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/07/mujer-paradojas-y-contradicciones-en-el.html

 Termino y me despido con una adaptación ampliada de la cita de Sanger del comienzo de este artículo:

“Ninguna mujer es complétamente libre a menos que viva en una sociedad en la que exista libertad de conciencia, acceso a la información y capacidad para tomar decisiones responsables y éticas sin imposición alguna del Estado ni el Capital”

¿Es posible conjugar nuestra fisiología con la cultura actual? ¿Es posible no reprimir la maternidad en un mundo, en teoría, superpoblado, urbano, en el que se han reducido los índices de mortalidad infantil y en el que tener hijos es considerado un coste? En cualquier caso son cuestiones que deberíamos pensar cada uno de nosotros y no dejar que lo hagan otros a nuestras espaldas. Pido disculpas si hay algún error en los datos o en mi interpretación de los mismos, seguro que entre todos podemos seguir tirando del hilo…

 ACTUALIZACIÓN: Varios estudios en humanos y primates parecen señalar también un componente más en la amenorrea de la lactancia y son las reservas energéticas de las que dispone la mujer/hembra. Por otro lado, el fin de la amenorrea no determina necesariamente que los ciclos sean fértiles, es decir, algunas mujeres menstrúan pero no ovulan mientras lactan. Todavía se desconocen los mecanismos exactos de estos fenómenos.

ACTUALIZACIÓN A 20/09/2015: Este artículo debe ser matizado y ampliado con este otro sobre el libro “Ritos de embarazo y parto en Galicia”. Allí he descubierto que las mujeres en la Galicia rural prefranquista conocían varios métodos y plantas abortivas y anticonceptivas: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2015/08/metodos-anticonceptivos-y-abortivos-en.html

ACTUALIZACIÓN A  23/10/2015: Este estudio de Susan Jobling y Richard Owen sobre el impacto de la píldora anticonceptiva y el etilestradiol en los animales acuáticos fue publicado en Nature. Los costes de limpieza y depuración de los ríos son millonarios y se está debatiendo quién debería ser el responsable de pagarlos, si las farmaceúticas o los Estados. Recordemos que, por ejemplo, en España, la píldora está subvencionada por Sanidad.

La lactancia, una relación simbiótica

Esta es una de las razones por la que creo que hay que recuperar la cultura de la lactancia para las mujeres que quieran amamantar:  “Cuanto más amamanta una mujer más protegida está contra el cáncer de mama. La falta o corta duración de la lactancia típica de las mujeres de los países desarrollados hace una gran contribución a la alta incidencia de cáncer de mama en estos países”.

http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736%2802%2909454-0/abstract

Si no es para esta generación quizás consigamos recuperarla para las siguientes, con apoyo real entre mujeres, información veraz, con alegría, sin presiones y sin culpabilidades. Quiero resaltar este aspecto porque siempre se enfoca la lactancia desde lo que aporta al bebé y se olvida que el amamantamiento es un proceso simbiótico, en el que los dos seres implicados se necesitan y se cuidan mutuamente. Hay que destacar que la lactancia es algo importante para la mujer, no solamente para el bebé.

Sin embargo, Valerie Beral, la investigadora principal del artículo, da por hecho que no podemos tener lactancias de dos años en el mundo actual (¿¿¿???) y que es la industria farmaceútica la que debe investigar medicamentos que imiten los efectos sanos del embarazo y la lactancia en nuestros cuerpos. ¿Por qué siempre tenemos que hacer como si nuestros cuerpos estuvieran enfermos?

“Los genes juegan aparte en sólo un pequeño número de cánceres. Los procesos de parto y la lactancia materna protegen a una mujer del cáncer de mama más que cualquier otra cosa.

Cuantos más niños tenía una mujer y cuánto más tiempo amamantaba, menor era su riesgo de contraer más tarde cáncer de mama. Las mujeres en los países desarrollados donde las familias pequeñas son la norma tienen seis veces más riesgo de tener cáncer de mama que en las zonas rurales de algunas partes de Asia, con sus familias numerosas.

Volver a una época donde las mujeres tenían innumerables bebés y eran amamantados durante dos años o más no es una opción, dijo Beral a The Guardian.

Pero ¿por qué no estamos pensando en imitar los efectos de dar a luz?” ella dijo. No sabemos cómo sucede esto y nadie está haciendo investigación sobre ello. Deberíamos mirar la producción de hormonas de la última etapa del embarazo y la lactancia.

Beral es directora de la unidad de epidemiología del cáncer de la Universidad de Oxford. Su trabajo, financiado por el Cancer Research UK, utiliza grandes cantidades de datos estadísticos para identificar los rasgos o comportamientos que ponen a las mujeres en riesgo de cáncer de mama.

Para profundizar: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/01/decisiones-informadas-los-riesgos-de-no.html