Del autoengaño al adoctrinamiento sexual

Desde algunas posturas ideológicas se defiende una visión del cuerpo femenino reducido a única función: la búsqueda del placer. Esta visión no es un pensamiento original, sino una contraposición o una reacción a otra visión igualmente reducida, la de la represión del placer de la moral victoriana (no hace falta retrotraerse mucho más allá). Así, lo que antes se imponía, ahora se prohibe. Y lo que antes se prohibía, ahora se impone. En el fondo, las dos morales no son tan diferentes, ya que ambas quieren controlar la sexualidad y conducirla en determinada dirección en lugar de definir unos límites entre el bien y el mal, pero a la vez otorgar un amplio margen de libertad de conciencia y acción individual.

La falta de pruebas concretas o datos reales que sustenten lo que se afirma sirve, en el caso de la mística de la sexualidad, la menstruación o el género, para poner sobre la mesa una visión distorsionada de la fisiología y de la historia. De esta forma se habla de “nuestra cultura” en abstracto y sin contextualizar, lo que sirve de arma ideológica a quien se niega a revisar sus propias suposiciones, repetidas desde diferentes púlpitos ideológicos y adoptadas sin criba aparente.

Por ejemplo, se puede plantear la cuestión de por qué a la mujer en “nuestra cultura” se le ha dicho que tenía que controlar su cuerpo para no quedar embarazada. En este caso la pregunta está mal planteada, ya que invisibiliza que no fue la “cultura” la que promovió entre las mujeres el miedo al embarazo y a los hijos sino determinadas formas de producción, maneras de vivir, y determinadas corrientes de pensamiento que habrá que identificar e investigar. Al no contextualizar ni profundizar, sin embargo, se puede afirmar lo que se quiera, porque nadie pedirá pruebas y todo se dará por supuesto.

En el ámbito concreto de la sexualidad las ideologías deberían dejar de definir lo que debemos sentir, pensar, desear y fantasear. No es posible que desde una supuesta llamada al autoconocimiento y la libertad se quiera hacer creer a las mujeres que si no realizan determinadas prácticas sexuales es por vergüenza o miedo.

En algún momento tendremos que analizar con detenimiento estas nuevas posturas victorianas que se empeñan una y otra vez en atacar o minusvalorar el coito entre mujeres y hombres. El abanico sexual humano es muy amplio, pero entonces, ¿por qué tanto interés en que las mujeres nos alejemos de la penetración? ¿Qué pasa con las mujeres a las que les gusta el coito, les da placer y lo buscan? ¿Qué pasa con las mujeres que no se masturban por represión sino simplemente porque no les apetece o prefieren tener sexo con otra persona? ¿Qué pasa con las mujeres que les gusta el coito y, para más “pecado”, disfrutan con el coito reproductivo? Si el coito no aporta nada bueno ni placentero a las mujeres, ¿por qué tantas y tantas mujeres lo seguimos practicando? Es más, si estamos ahora aquí es porque hay una historia ancestral de coitos en nuestro árbol genealógico. ¿O preferiríamos que todos los seres humanos fueran concebidos en laboratorio, alejados de una práctica sexual tan pasada de moda? En algunas culturas, como la de los !Kung, no existe el sexo oral entre hombres y mujeres. ¿Acaso también son ellos unos reprimidos?

Un coito de tortugas fosilizado desde hace 47 millones de años

Como en esa canción de Pink Floyd dan ganas de gritar… ¡Dejadnos a las mujeres que encontremos nuestro PROPIO camino! Aunque parezca imposible, la humanidad ha sobrevivido, ha disfrutado del sexo y se ha reproducido durante 200.000 años… ¡a pesar de los “expertos”! Que se masturbe quien le apetezca cuando le apetezca, y que se respete también a la que prefiere un coito a una masturbación o que no quiere renunciar a nada. Que se deje de asociar a la mujer que no se masturba con la vergüenza, al miedo, a la falta de imaginación o, peor aún, que se afirme de forma paternalista que se está perdiendo “algo”. La vida sexual de hombres y mujeres de toda condición y orientación es diversa, evoluciona, cambia a lo largo de la vida, es histórica, biocultural y se ve influenciada por multitud de factores internos y externos. Necesita libertad para crecer, intimidad, muchas conversaciones informales, observación, curiosidad, consenso y respeto.

Las mujeres no necesitamos a un hombre para disfrutar del sexo en un sentido muy amplio pero, ¿es ese motivo suficiente para que haya que marcar una nueva sexualidad femenina “correcta” o “apropiada” en contraposición a las represiones anteriores? ¿Es menos mujer la que admite que prefiere el coito con un hombre al sexo en solitario? No podemos seguir dando bandazos. La vida sexual personal pertenece a la intimidad, no incumbe a nadie más que a las personas con las que se quiera compartir, y ni el más grande de los sexólogos es experto en la materia.

La fobia al coito (incluso asociándolo de forma intrínseca a la enfermedad) y, por otra parte, el señalamiento de prácticas más “aceptables” es algo totalmente ajeno al campo de la erótica, ya que lo que sucede en la cama poco tiene que ver con un mitin.

Al final, detrás de todas estas moralinas se esconde oculto el erotismo del sexo reproductivo consciente o, simplemente, a la sexualidad que, aún siendo responsable y libre, no teme a los hijos que puedan derivarse de la misma. Pero eso quizás es adentrarnos en una de las represiones impuestas, asimiladas e interiorizadas más potentes del ser humano actual: la represión de la maternidad y la paternidad en el momento más fértil de nuestra vida dentro de un mundo solitario y contaminado. La nueva castidad en las relaciones hombre-mujer, que propaga la abstinencia del goce de reproducirse con pasión y oxitocina (la “hormona del amor”), es tan solo un elemento más de autoengaño que quizás nos haga menos dolorosa la realidad, para beneficio de la empresa, las clínicas de reproducción asistida y en detrimento de nuestra salud. Quizás sea, de forma paradójica, el precio que hay que pagar por sobrevivir en la era de los grandes avances tecnológicos, médicos y bélicos.

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Métodos anticonceptivos y abortivos en el libro “Ritos de embarazo e parto en Galicia”

 

que hay otros definiéndonos, diciendo siquiera lo que nos puede gustar o no. – See more at: http://www.beldurbarik.org/2014/07/entrevista-a-erika-irusta-blogera-de-el-camino-rubi/#sthash.kkZfiFDT.dpuf

Cuando los títeres se creen libres.

No hay nada más terrible que ser un esclavo que se cree libre, gritar e implorar los propios grilletes y perder la libertad de conciencia hasta el punto de creerse el mayor de los revolucionarios por pedir o luchar por lo que el poder quiere que luches. En este contexto, la libertad de decidir queda anulada, ya que el sujeto termina “deseando” lo que otros quieren que desee. Cuando se toma alguna decisión importante es interesante preguntarse a una misma estas preguntas… ¿Lo deseo realmente? ¿O son las circunstancias sociales, el adoctrinamiento (incluso el de tu propio activismo) o la publicidad las que me impiden desear otra cosa y, como no es posible, me justifico con mentiras piadosas? No es mi intención debatir aquí sobre esto, simplemente lo dejo ahí…

Reflexiones en voz alta y blog abierto…

No hay nada más terrible que ser un esclavo que se cree libre, gritar e implorar los propios grilletes y perder la libertad de conciencia hasta el punto de creerse el mayor de los revolucionarios por pedir o luchar por lo que el poder quiere que luches. En este contexto, la libertad de decidir queda anulada, ya que el sujeto termina “deseando” lo que otros quieren que desee. Cuando se toma alguna decisión importante es interesante preguntarse a una misma estas preguntas… ¿Lo deseo realmente? ¿O son las circunstancias sociales, el adoctrinamiento (incluso el de tu propio activismo) o la publicidad las que me impiden desear otra cosa y, como no es posible, me justifico con mentiras piadosas? No es mi intención debatir aquí sobre esto, simplemente lo dejo ahí..