El origen de los estilos de crianza actuales (2ª parte)

El oligopolio petrolero y banquero de la mano de la familia Rockefeller contribuyó a la separación masiva de las madres de los bebés durante el siglo XX y fue en gran parte responsable del fracaso de millones de lactancias (como vimos en este post y en este otro). Esto no es parte de una oscura conspiración, es la lógica interna del capitalismo y el Estado que tienden a monopolizar el poder y aumentar su control, a veces con consecuencias planificadas y otras inesperadas incluso para los propios planificadores y estadistas.

A través del facebook de Anthro Doula he llegado a este artículo de The Atlantic.com en el que la autora afirma que según el profesor de Antropología James J. McKenna “es un lugar común en la crianza occidental decir que los padres debieran restringir las costumbres de alimentación de sus hijos. Esta idea tiene poco que ver con el bienestar biológico de los bebés, dice; más bien, se desarrolló como salvaguarda contra el aumento de niños consentidos cuyos padres programaban (horarios o la vida, entiendo yo) alrededor de sus caprichos”.

El artículo, además, afirma que la recomendación de que el bebé no nos use de “chupete” o de que debemos negar la succión emocional, no estrictamente nutritiva, surge en parte del libro “El cuidado psicológico del niño pequeño“(1928) escrito por el psicólogo conductista americano John B. Watson. “En él, Watson advierte contra los peligros inevitables de las madres que proveen demasiado amor y afecto, y confortan demasiado a sus hijos. Siguiendo esa lógica, “la alimentación para confortar” – amamantar para calmarlos, incluso si tienen hambre- es estar pidiendo problemas para más adelante. “Los bebés no tienen deseos. Los “deseos” implican una conciencia cognitiva más avanzada. Los bebés solamente tienen necesidades”.”

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John B. Watson

Lo que el texto de Megan Margulies de The Atlantic no menciona es que, esas recomendaciones pseudocientíficas que exceden claramente el ámbito de la incumbencia de la ciencia para meterse en el terreno de lo personal, de la moral y de la intimidad de los vínculos, no parten de la “psicología Occidental” en general ni son un mero “tabú” de nuestra cultura. Durante la mayor parte de la historia de Occidente y de la humanidad entera las madres no restringían con horarios fijos la lactancia ni miraban el reloj (a lo mejor ni tenían o no se había inventado). En realidad hay nombres y apellidos muy concretos detrás de estas directrices del siglo XX.

Ya sabemos que los pediatras y psicólogos que promovían la lactancia restringida no fueron los primeros en hacerlo y un ejemplo de esto lo tenemos en el médico William Cadogan (1711-1797), pero sí fueron los primeros en llegar de forma masiva a las mujeres de las clases populares gracias a libros que se editaron por millones o a través de las consultas y revisiones médicas de los bebés. En este sentido creo que tuvo mucha más influencia el pediatra Luther Emmett Holt que el psicólogo John B. Watson. Sin embargo, es llamativo encontrar una vez más el nombre de los Rockefeller detrás de este segundo experto. Una simple búsqueda en google puede mostrarnos dos libros diferentes que tratan el tema:

En el primero, el libro “The failed century of the child. Governing America’s young in the twentieth century”  podemos leer: “John Watson, volátil y ambicioso, pronto abandonó las salas de maternidad del hospital de la Johns Hopkins University, donde había estado observando a los bebés con ayuda de la financiación del Laura Spelman Rockefeller Memorial. Al contrario, entre 1914 y 1928, pasó mucho de su tiempo en la carretera, advirtiendo de que el “amor materno” era “peligroso”. Según él, los niños “sobrebesados” iban de camino a la ruina, y sus madres eran las culpables.” Laura Spelman era la mujer de John D. Rockefeller Sr. que creó el Memorial en su nombre en 1918 con un presupuesto de 74 millones de dólares.

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Laura Spelman y John D. Rockefeller

Pero el texto del segundo libro es más interesante. En la obra “La visión molecular de la vida. Caltech, The Rockefeller Foundation y el ascenso de la nueva biología se nos explica lo siguiente:

“Las filantropías de los Rockefeller jugaron un papel fundamental en dar forma y promocionar estas modas durante los años 20 (el libro se refiere al conductismo y la ingeniería humana), a través de la financiación masiva, la construcción vigorosa institucional, y el liderazgo energético del ex psicólogo Beardsley Ruml”. Como explica este libro, se pretendía otorgar a las ciencias sociales la capacidad de predicción y control a través de la cuantificación del comportamiento humano, pasar de comprender a controlar, “del conocimiento, de la búsqueda de la verdad… a la dirección, la mejora, la mayor efectividad…”. Las instituciones Rockefeller, explica el libro de Lily E. Kay, historiadora de la ciencia, dieron forma a la “agenda de la investigación” determinando el qué y el cómo debía ser estudiado. La neutralidad científica y del conocimiento no existe.

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Lily E. Kay

La “ciencia” del control social de la maternidad

¿Por qué el amor materno era tan peligroso para las élites? ¿Por qué financiaban estos estudios y no otros? Por supuesto, debemos entender que por amor materno sobre todo se referían a las relaciones entre madres e hijos del pueblo, las de las de las clases dominantes siempre habían sido desapegadas debido a la externalización de los cuidados a través de esclavas, nodrizas, institutrices, criadas, empleadas domésticas, nannies, etcétera.

Podemos especular sobre algunas hipótesis. La distancia entre madres e hijos hacía más digerible la intrínseca separación que imponían los trabajos industriales asalariados. La imposiblidad de amamantar a demanda debido a la inflexibilidad del mundo laboral podía teorizarse a través de recomendaciones pediátricas falsas que dijeran que había que amamantar cada X horas en lugar de hacerlo por hambre, por placer, por consuelo, a voluntad y frecuentemente. A su vez, romper el vínculo madre-bebé o debilitarlo podía servir para tratar de encauzar la necesidad que tenemos los humanos de enraizarnos y conectarnos a través de la creación del vínculo artificial con otras instituciones/ideologías que llenaran ese vacío. La energía sexual, reproductiva y amorosa podían entonces ser redirigidas y el dolor y el vacío podían ser racionalizados a través de nuevas teorías. Otra consecuencia de la lactancia restringida por horarios, entre otros factores, es el retorno temprano de la fertilidad y la menstruación.

“Como dice Donna Haraway la “personalidad” se convirtió en el objeto principal de los estudiantes de ingeniería humana “porque era central en los dos niveles claves para la psicobiología como una tecnología del poder sobre el trabajo: el trabajador y su familia… (la personalidad) era un ancla para el control de los cuerpos en expansión a través del control del trabajo y el sexo”.

No deja de ser curioso cómo las relaciones entre el poder y la crianza se ocultan con generalidades respecto a la cultura “Occidental” en los medios de comunicación y los artículos periodísticos. Pongamos nombres y apellidos a las cosas y sigamos la pista del dinero.

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Bibliografía adicional:

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  • Oracle at the Supermarket: The American Preoccupation With Self-Help Books:
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No es “conspiranoia”, se llama Capitalismo y Estado

El origen de los estilos de crianza actuales

 

El origen de los estilos de crianza actuales

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Estaba releyendo algunas partes del libro de Carolina del Olmo “¿Dónde está mi tribu? y he caído en esta página:

Pg. 150: “Los expertos que mantienen un enfoque centrado en el niño suelen aludir a los datos disponibles sobre las fallas en el desarrollo de los niños que han sufrido una severa privación de afecto. Sin embargo, el modelo de crianza contra el que generalmente se emplean sus argumentos no es el de los orfanatos rumanos sino el que estoy llamando adultocéntrico, que por más que pueda resultar censurable desde ciertos puntos de vista, no supone abandono ni privación extrema de afecto real. Es, simplemente, otro estilo de crianza más desapegado, ampliamente extendido en nuestra sociedad y que incluye, grosso modo, bebés que duermen solos, toman leche de fórmula, pasean en carrito, usan chupete y tienen padres que piensan que no hay que cogerlos mucho porque se acostumbran, que llorar ensancha los pulmones, que a los niños hay que ponerles límites porque si no se te suben a la chepa, que no hay nada mejor para un crío que la rutina y que en la guardería están estupendamente y aprenden un montón de cosas”.

Por otro lado, he leído un texto de la psicóloga Laura Perales difundido hace poco en las redes sociales en el que se refiere a las teorías de no coger en brazos a los bebés o favorecer la independencia de los bebés como “creencias populares”.

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Imagen: Luther E. Holt

La pregunta es… ¿Son realmente determinadas prácticas “otro estilo de crianza más”? ¿Por qué están tan extendidas socialmente? ¿Provienen del pueblo o la tradición?

Creo que la respuesta es un gran “NO”.

La teoría de que no hay que coger demasiado a los bebés porque se acostumbran o que hay que dejarles llorar no es una creencia “popular”. Esto es un mito. En la época moderna (podríamos también remontarnos hasta Licurgo de Esparta y más allá…) fue una teoría de expertos propagada por el establishment pediátrico-capitalista e imperialista porque interesaba a las biopolíticas de ese momento. Las necesidades de los bebés y las madres tenían unas dinámicas internas que eran y son incompatibles con el entorno industrial y, principalmente, la forma de organizar el trabajo.

En este sentido, el pediatra que difundió estas teorías anti-crianza y anti-lactancia fue el pediatra eugenista del entorno de los Rockefeller llamado Luther Emmett Holt que conocí, por cierto, a través del libro de Ashley Montagu sobre el tacto. Podríamos preguntarnos cuántas de las lactancias de nuestras abuelas no fueron boicoteadas por estas recomendaciones médicas, también podríamos pensar en la soledad y la incomprensión entre generaciones, en todos los conflictos de pareja y tensiones que han podido desatar toda esta clase de consejos infundados, pero la realidad es que no se trata de una simple conspiración pediátrica. La teoría médica viene siempre después de los cambios materiales en el entorno, en el ecosistema, para legitimarlos y hacerlos más digeribles, y estos cambios a su vez son fruto de otras teorías o políticas estatales y privadas. Sobre este tema hablé en este post sobre Luther E. Holt y también en este otro, “Colonialismo y lactancia”, en el que podemos leer comentarios y reacciones a la imposición de estas biopolíticas desde lo verdaderamente popular: “Las madres congolesas también se rebelaron contra la costumbre de desatender el llanto de los niños. Algunas decían “no podemos dejar llorar a los bebés como las blancas”.”  En realidad “las blancas” señoras imperialistas habían hecho los mismo antes en Europa con las otras “blancas”, las del pueblo que había que “educar” y enseñar cómo criar. La forma de criar que propagaron las elites no era precisamente adultocéntrica sino “fabricocéntrica” (palabro…). La fábrica y el aumento de la productividad eran y son realmente el centro. El modo de trabajo fabril no está adaptado a la vida, y mucho menos adaptado a la vida de los adultos. ¿O es que, por ejemplo, despertarse a las 6 de la mañana y pasar una hora hasta llegar al trabajo puede considerarse “adultocéntrico”?

Podemos decir algo parecido sobre Nestlé u otras empresas en la propagación del uso de la lactancia artificial a nivel histórico. Primero fue la introducción del trabajo asalariado inflexible y luego después, la empresa que vende la leche artificial. No al revés. Nestlé es la pseudosolución a un pseudoproblema previo biocultural creado desde las elites. El libro de Carolina del Olmo creo que aporta mucha luz en su crítica sobre las teorías y etiquetas de expertos, aboguen estos por la ruptura de los vínculos o por la unión simbiótica madre-bebé, y muestra cómo hay que señalar los problemas sociales que boicotean estas relaciones humanas más allá de lo individual. Pero, a la vez, creo que hace falta dar un paso más y poner nombres y apellidos a las personas y colectivos que difunden estas teorías que después hasta pensamos que son costumbres populares. También hace falta comprender que no son simples directrices sino que hay implicaciones políticas e ideológicas en las mismas que afectan a nuestras vidas, a nuestras biografías y las de nuestras familias. Lo político es personal, es justamente al revés de cómo lo planteó el feminismo en otras décadas.

No se puede tampoco obviar la dimensión social de estas biopolíticas reduciendo las cuestiones a meras decisiones individuales u opciones de crianza. No hay libertad para tomar ciertas decisiones cuando eres una madre sola y aislada entre cuatro paredes, sin apoyo de familia extensa, sin haberte relacionado nunca con un bebé antes, teniendo que reincorporarte al mundo laboral a las 16 semanas y trabajando fuera de casa de sol a sol. Puede que ahora la ciencia te diga que es normal que tu bebé se despierte muchas veces por la noche, pero que sea normal y sano no quiere decir que puedas soportarlo o tu cuerpo pueda fluir con esa dinámica si no puedes echarte una siesta durante el día siguiente, tienes que madrugar o has vivido condicionada por la cultura para dormir de otra forma.

Los paradigmas cambian. Hoy en día, por ejemplo, hay una mujer con un perfil lactivista en la dirección del Club de Roma de EEUU, esa organización creada desde el capitalismo y el Estado para alertarnos de los problemas que el propio capitalismo y Estado han creado (en España, por ejemplo, está dirigido por Isidre Fainé directivo de CaixaBank, Repsol y Telefónica). Se llama Dana Raphael y es la persona que creó el término “doula” en el ámbito de la lactancia y el apoyo postparto. También creó junto con la famosa antropóloga Margaret Mead, el “Human Lactation Center“. Por otro lado, instituciones Rockefeller y Nestlé invierten en investigaciones científicas para estudiar la amenorrea de la lactancia y su relación con la nutrición y el metabolismo materno (por algo al “consenso de Bellagio” sobre el MELA se le llama así…), lo que choca con estrategias biopolíticas previas del siglo XX y choca con el sistema laboral actual.

 

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Tomado de: http://www.people.fas.harvard.edu/~pellison/PDFs/ValeggiaEllison2004.pdf

 

Imagen: Rockefeller Institute for Medical Research

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ACTUALIZACIÓN 19/07/2016

Hoy he encontrado esta afirmación de Christiane Northup en su libro “Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer”: “Solamente en un patriarcado se nos ocurriría la idea de que coger al niño en brazos cuando llora y consolarlo cuando lo necesita es «malcriarlo». (Un aparte: ¿Por qué los adultos se acuestan con alguien mientras que los niños tienen que dormir solos?)”. De nuevo, se utiliza la palabra “patriarcado” para evitar poner nombres y apellidos a los sistemas. Aunque quizás Christiane Northup tenga razón…