Más allá del parque – #9 – La escuela de circo Carampa

Cuando era adolescente fui varias veces a la escuela de circo de la Casa de Campo con un amigo y me quedé prendada del espacio y la magia que desprende. El otro día, después de ver cómo le gusta a Félix hacer volteretas en la cama o quedarse mirando el mundo al revés poniendo la cabeza en el suelo, dije “¡Carampa le encantaría!”. Así que un miércoles, después del curro, fuimos toda la familia allí, cuando empieza la tarde de puertas abiertas para entrenar. Nos sentamos en una colchoneta a mirar y a disfrutar del arte de los jóvenes circenses.

Foto tomada de http://www.españaescultura.es/es/companias_artisticas/madrid/escuela_circo_carampa.html

Foto tomada de http://www.españaescultura.es/es/companias_artisticas/madrid/escuela_circo_carampa.html

¡Mi hijo estaba flipando! A la derecha, unos aprendices de payasos hacían equilibrismos con una tabla sobre un cilindro y no paraban de vacilarle. Le invitaron a participar dándole platos para que se los pusiera en la cabeza y fue muy divertido. Él se los quitaba y venía a dárnoslos a nosotros. Es impresionante como sin palabras, el joven payaso no pronunció ni una frase, pudimos comunicarnos todos. ¡Por eso son capaces de conectar tan bien con los niños!

Fuente: ABC

Fuente: ABC

A la izquierda estabaa la gente que calentaba para hacer acrobacias o contorsionismos, al fondo una chica hacía malabares, a nuestro lado unas 10 personas hacían malabarismos en grupo. Impresionaba ver su trabajo de equipo, cómo cuando a uno se le caía intentaban seguir sin parar, ayudándose, concentrándose en la tarea. Al fondo a la izquierda estaban ensayando los equilibristas, con su riesgo, su saber moverse en todos los ambientes. En definitiva, me di cuenta de lo completo que es el trabajo de circo y todo el componente pedagógico que tiene: esfuerzo por conseguir los objetivos que uno se marca, cooperación, flexibilidad, compañerismo, equilibrio, seguridad, autoestima, expresión, interpretación, humor*… ¡Si todavía estuviera a tiempo me apuntaba! Hace un par de años me hice con ellos un curso de danza contact, pero el trayecto hasta allí con el frío y la oscuridad no me terminaba de convencer. Pero la vida da muchas vueltas y quién sabe si algún día volveré…

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Después, el interés de Félix se fue hacia las colchonetas. Un hombre mayor y una chica parecía que hacían yoga. Ponían la cabeza en el suelo e intentaban subir. Mantenían un poco y se caían. Se notaba que al hombre le costaba más, pero ahí estaba intentándolo como el más joven. Mi hijo se puso a imitarlos. ¡No paraba de correr y reir! ¡Qué bien me lo pasé yo viéndolo! A ellos también les hacía gracia, le sonreían y seguían con su tarea. Pero se iba haciendo tarde y nos tuvimos que ir. Volvimos a ponernos los zapatos de calle, los jerseys y abrigos y nos fuimos hacia el coche. En definitiva, fue una tarde muy bonita e inspiradora.

Fuente: web de Carampa

Fuente: web de Carampa

Os dejo sus datos, por si algún día os queréis pasar o apuntaros a algo. Realmente no es un espacio para bebés así que hay que tenerlo en cuenta cuando se va y ser muy respetuoso con el trabajo de los demás.

Escuela de Circo Carampa
Camino del Robledal, 2
Albergue Juvenil R. Schirrmann
28011 Madrid – España
info@carampa.com
carampa@nodo50.org
914792602
www.carampa.com

*MATIZO: El circo tradicional también tiene dos partes muy negativas en mi opinión: el uso de animales en espectáculos y el papel pasivo del espectador que solamente busca divertirse y “distraerse”. Sería un poco la idea que todos tenemos del circo romano y su “pan y circo”, una evasión para no pensar.

“Maternalias” de Cira Crespo. De la historia de la maternidad.

Hace tiempo que me leí este libro de Cira Crespo pero hasta ahora no había encontrado el momento para escribir mis reflexiones sobre el mismo:

Lo primero que me gustaría decir es que se lee muy bien, es fácil seguir el hilo conductor que marca la autora y engancha rápido. Esto es un punto positivo porque divulga conocimientos históricos que en otros libros históricos sobre estos temas son mucho más difíciles de leer, sobre todo si se es madre y se lee “a ratitos”. Un buen libro para seguir profundizando es el que me recomendó Cira después: La infancia a la sombra de las catedrales.

Como a muchas de nosotras el encuentro personal la autora con su propia maternidad disparó nuevas direcciones a su vida, renovó sus inquietudes y muestra cómo esta etapa de nuestra vida puede ser profundamente fértil en todos los sentidos.

El libro comienza explicando el origen del concepto mismo de maternidad y toca el punto clave de la crianza y el que más de cabeza nos trae a todos los padres que criamos en la sociedad actual: “la nueva sociedad que prefiguraba la economía capitalista empezaba a enfatizar valores, como el individualismo, que chocaban frontalmente con otros que requerían la crianza: colectividad, colaboración, ayuda mutua y experiencia”.

Y esa es una de las grandes virtudes del libro: pone en contexto la crianza con el sistema político y económico en el que se vive en cada época. Yo al tema de las “dos esferas” del mundo capitalista (la mujer en casa y el hombre en la fábrica) añadiría algo más. No sólo fue el capitalismo el que trajo este nuevo sistema destruyendo el mundo rural tradicional sino que fue el Estado el que tomó la iniciativa forzando y promoviendo el éxodo rural a las ciudades. Es interesante recordar que las mujeres siempre habíamos trabajado junto a los hombres en el mundo pre-industrial pero es el binomio capitalismo-estado el que nos segrega, divide y, añadiría yo, enfrenta.

El embarazo.

Sobre el capítulo del embarazo me ha parecido muy interesante cómo rescata y relaciona con precaución y un “tal vez” la figura de María con el culto a la maternidad.  Las vírgenes embarazadas fueron muy populares, sin embargo, después del Concilio de Trento fueron desapareciendo. El embarazo representado de forma visual siguió oculto hasta prácticamente el siglo XX.

El parto.

De este capítulo me quedo con la traducción de la Biblia de Erri de Luca y su “parirás con esfuerzo” en lugar del famoso “dolor”. Esto me llega profundamente ya que de mi parto (sin epidural) no recuerdo el dolor sino el cansancio. ¿Y qué decir del esfuerzo? Pues que hay que reivindicarlo. La vida no es para sufrir pero todo lo bueno requiere un esfuerzo, huir es siempre una batalla perdida. Quizás se pueda esquivar el esfuerzo en algún momento, pero volverá con otras mil caras a buscarte. La única salida es afrontarlo de frente y a por todas. No sé, es mi forma de vivir y de ver las cosas, aunque muchas veces sea la más perezosa y vaga del mundo. Esto lo tengo claro.

Cuando la autora nos cuenta cuál era la situación de la parturienta en la patriarcal Roma no se puede evitar pensar en situaciones como las de Afganistán en el siglo XXI. Sin embargo, no puedo dejar de preguntarme: ¿Por qué la legalidad romana tenía esa obsesión por asegurarse de que los hijos pertenecieran al padre? ¿Era por garantizar que realmente seguían el linaje de la sangre? ¿O había algo más?

De nuevo se vuelve a ver el empeoramiento de la situación de la mujer con la creación del estado-nación burocratizado: las comadronas debían ser examinadas ante un tribunal masculino universitario. Daba igual que su conocimiento práctico fuera muy superior al de los médicos. El parto sale de la casa y se institucionaliza en los hospitales, con sus forceps y sus cesáreas.

No puedo estar de acuerdo con Cira en que “las madres, y en general las mujeres, fuimos arrimadas a un lado, apeadas en el andén de la modernidad”, más bien fuimos víctimas y a la vez responsables del proceso, ya que las mujeres también son parte activa del mantenimiento del patriarcado: criamos a los hombres y, además, tenemos capacidad para cambiar o no las cosas, no somos solamente víctimas.

El alimento.

Muy interesante es todo el concepto de “Ostentatio Mammarum” (Ostentación del seno) que he conocido gracias a este libro. Parece ser que a lo largo de la historia, incluso en otras culturas, en los momentos difíciles había madres que enseñaban los pechos a sus hijos para hacerles recapacitar. Algo así como “estos son los pechos con los que te has alimentado, hijo mío”. ¡Qué diferencia del desprestigio actual del pecho femenino! Ahora solamente es visto como objeto cuyo erotismo es medido en tamaño, ni siquiera en belleza. La publicidad nos bombardea desde pequeñas para que nos pongamos wonder-bras o nos operemos, sin ni siquiera plantearnos que quizás más adelante en nuestra vida, nuestros pechos normales y bellos, quizás sirvan para producir el alimento de nuestros hijos y que lo demás nos parecerá secundario.

En esta parte del libro se habla de un tema que me apasiona desde que soy madre lactante: las nodrizas. En el texto que ha encontrado Cira de 1495 sobre las características de estas, hay varias que me han llamado la atención: “hay que enseñarle las costumbres del niño, hacer lo posible para que no llore”, lo que me indica que Estivill tenía poco que hacer en la Edad Media. Pero también hay otra un poco más rara “no se debe dar el pecho al niño continuamente, sobre todo por la noche”. ¿Y qué se supone que tenía que hacer si lloraba entonces? ¿Existían los chupetes? Gracias al libro me he enterado de que la lactancia en esa época duraba 2 años o 2 años y medio. ¡Para que ahora nos digan que hacemos lactancias “prolongadas”!

Sobre el papel paterno en la crianza rescato este texto: “si nos fijamos en algunas miniaturas medievales, los padres trabajan, es cierto, pero las madres también. Y las madres cuidan de sus hijos, cómo no, pero los padres también”. Es decir, todo lo que ahora nos venden como de familias “modernas” que reparten las tareas entre hombres y mujeres ya existía en la época pre-capitalista industrial. Los prejuicios sobre el mundo rural tradicional se van derrumbando… ¡Ya era hora!

Acarrear a los niños

Aquí conocemos la historia del carrito moderno pero también del porteo tradicional. Para mi gusto, un poquito escaso este capítulo. Me hubiese gustado que lo hubiera desarrollado más y conocer si hubo porteo o no en Occidente más allá de las cestas para llevar bebés que he visto en alguna ocasión. Y ya si nos ponemos, si fue ergonómico o no, jejeje… Hace poco leí que el porteo del altiplano boliviano puede favorecer la displasia de cadera, ya que los bebés ni van con la espalda en C, ni en postura ranita, ni con las rodillas por encima del culete. Van envueltos y después son cargados a la espalda.

Higiene infantil

Me gusta como la autora rompe con los estereotipos que tenemos del mundo medieval que nos han llegado a través del filtro de los ilustrados. ¡En esa época se bañaban mucho! Y a los bebés dos o tres veces al día. Es llamativo como tantos autores “higienistas”, hombres “expertos” sobre todo, culpabilizaban a las madres y sabían mejor que éstas cómo tenían que criar a sus hijos. ¿Nos suena de algo?

Mención aparte, dada la temática de mi blog, merece la sección destinada al pañal desechable. Y es interesante el contraste que presenta la autora entre la vida pre-industrial rural con sus niños desnudos sin pañales, a la vida urbana, con el consiguiente uso de pañales.

Sin embargo, cabe preguntarse, ¿iban también los bebés desnudos o sin pantalones en el frío invierno? ¿Utilizaban pantalones con agujero como los Kaidangku chinos? ¿Se les ponía a hacer pis y caca desde los pocos meses, como se hace en China, India o muchos lugares de África? Según el libro de Laurie Boucke “Infant potty training” entre los siglos VII y XVII los bebés solían ir enfajados o envueltos la mayor parte del día. Durante esos siglos no hay referencias sobre el aprendizaje de control de esfínteres y no hay mucha información al respecto. Dentro del libro que estoy terminando de escribir habrá un breve capítulo relativo a este tema y, por supuesto, la información que aporta Cira es parte de la documentación que he utilizado y que citaré allí. Más información próximamente…

Sueño

En esta época de tanto colecho y no colecho me ha llamado la atención ver tantas cunas en las miniaturas de la Edad Media. ¿Pero no era algo tan tradicional lo del colecho? Ahora va a resultar que lo de toda la vida es la cuna, jajaja. Eso sí, en la misma habitación que los padres, e incluso encima de la propia cama (¡¡¡). Cuando la autora afirma que en la primera etapa cristiana (pg.107) “el recién nacido compartió lecho con los dos progenitores” me pregunto en qué se basa para decir esto. ¿Hay imágenes o cuadros? Me pica mucho la curiosidad en este asunto, la verdad.

Palabras

“Ahora parece que lo hemos olvidado, pero antes la música era un acompañamiento cotidiano”. Esa frase y lo que viene después me recuerda tanto a lo que dice Prado Esteban y Félix Rodrigo Mora en sus charlas y libros. Aprovecho para recomendarle a Cira y a los lectores del blog los libros de estos autores sobre el mundo rural y el de “Feminicidio o auto-construcción de la mujer”.

Me encanta como recoge y habla de la cuna más antigua documentada: “Es emocionante recitar estas palabras y de golpe sin persanrlo trasladarte a una habitación donde una madre romana canta a su hijo pequeño una canción”

Duelo

No se olvida Cira de la muerte y de cómo se lloraba y se sufría por los niños muertos, en base a los epitafios funerarios. Leyendo tanto las nanas como los textos dedicados a la vida que ha ido nos damos cuenta de que los sentimientos son los mismos ahora y hace miles de años. Lo único que cambia es el contexto, pero el dolor o el amor es igual de inmenso.

Lo que más me ha gustado del libro: está escrito desde el corazón y desde la experiencia propia de ser madre, y eso se nota. No es un libro de fría historia, sino escrito con sentimientos, opiniones y la propia visión de la autora. Y lo más honrado es no esconderlo. Me siento identificada con ese ansia de saber y de creatividad que brota en las madres. Lejos de apocarnos o recluirnos, a muchas mujeres la maternidad nos impulsa a desarrollarnos e intentar superarnos como personas. Este libro es una muestra de ello.

Lo que menos: Mi afán curioso y detectivesco echa de menos algunas referencias bibliográficas concretas para saber de dónde proviene esta u otra afirmación y diferenciarla de suposiciones personales. Supongo que ha primado el afán divulgador, pero es sólo una sugerencia, una crítica constructiva.

Podéis encontrar el libro de Cira Crespo en La Casita de Algodonales.
Y este es el blog de Cira: Maternalias.

Más allá del parque – #1 – La Gota de Leche y el Palacio Bauer

En la soledad de la crianza urbana parece que el único lugar en el que puede estar un niño, más allá de su casa, es en el parque. Allí vamos en procesión todas las madres y padres, también las cuidadoras, las aupairs y los abuelos del barrio, donde coincidimos y nos conocemos.

Hacemos la ruta: columpio (o esperar la cola del columpio), tobogán y jugar con la tierra. Nos divertimos pero también nos aburrimos. Charlamos con el resto de “parroquianos” y aunque desconocemos nuestros nombres, nos convertimos en la “mamá de X”, el “abuelo de Y”. “¡Cómo ha crecido!”, “¿ya camina?”, “hay que compartir”, “se lo está pasando pipa”.

La plaza del parque de mi barrio es un microcosmos, con su centro de día de ancianos al lado, con su zona de vagabundos y yonkies en la otra esquina, su zona de terrazas, sus perros. Todo bien compartimentado y clasificado. A veces pienso en todas las historias de los viejos (viejo es una palabra bonita) y todos los cuentos que podrían contar a los niños que juegan al lado. También pienso en la alegría que podrían brindar los niños a los abueletes. Y lo separados y lejos que estamos todos y lo difícil que es relacionarnos desde el anonimato de la ciudad.

No sé si el parque es nuestro oasis o nuestro encierro, pero lo cierto es que moverme por la ciudad siempre se me ha hecho un poco cuesta arriba y siempre terminaba “recluida” en el barrio por evitar las dificultades. Quizás sea que últimamente me siento fuerte, o que Félix ha crecido, o que me he forzado a salir, pero ayer tomé una decisión. El parque está muy bien, pero quiero aprovechar esta media jornada que tengo (mi rincón de libertad en el tiempo) para algo más. Vamos a viajar por nuestro Madrid. Vamos a conocer mundo, a conocer la historia de nuestra ciudad. Es algo que siempre he querido hacer, ¿por qué no hacerlo ahora con mi hijo? Quizás no tengamos amistades ni familia con niños cerca, ni tribu, ni comunidad con la que apoyarnos mutuamente en la crianza, pero al menos podemos hacer cosas interesantes, aunque sea los dos solos.

Nuestra primera ruta empezó al salir de casa. Decidí abandonar carro y portabebé y caminar hasta el metro (me llevé en el bolso el meitai por si acaso). Ahí empezó la emoción: “¡El tren! ¡El tren!” gritaba Félix desde el andén. La gente, como siempre, se reía. Dejaron de estar tan serios y se quitaron la máscara del ciudadano-estatua que llevamos todos en los vagones. Los niños rompen todos los protocolos y este no iba a ser menos. Todos somos más vulnerables cuando nos miran y lo mostramos.

Nos bajamos en el metro de Iglesia y, después de hacer un encarguillo por la zona, caminamos hasta la Calle San Bernardo número 81. Quería ver el edificio donde un día estuvo el Consultorio de Niños de Pecho y “Gota de leche” de Madrid.

El consultorio de la calle San Bernardo | http://madridhaciaarriba.blogspot.com.es/

http://madridhaciaarriba.blogspot.com.es/

En este edificio, desde el año 1904 hasta que se mudaron a la Calle de la Espada, se suministraban biberones adaptados de leche de vaca, se medía y pesaba a los niños y se atendía a los bebés enfermos. Surgen muchas preguntas… ¿Se intentaban solucionar los problemas de lactancia de las madres o solamente se daban biberones? Hay que tener en cuenta que todo esto debió de ser una revolución, ya que las mujeres ricas podían pagar a una nodriza pero las clases bajas no podían permitírselo. ¿No existía la lactancia solidaria entre familiares y vecinas? De nuevo otra pregunta sin respuesta.

Nosotros en versión comic delante de la “Gota de Leche” en octubre de 2013.

Ya sé que muchas veces se dice que “se ha perdido la memoria de la lactancia” y demás, pero la existencia de estos centros contradice la creencia de que antes de la llegada masiva de las fórmulas comerciales era más fácil dar de mamar porque existía la “cultura de la lactancia”. La realidad es que había también problemas y la gente los intentaba solucionar como podía.

Aunque también puede haber otra lectura. Es también la época de “los expertos”, cuando el conocimiento práctico de las madres y padres empezó a perder legitimidad frente al conocimiento “científico” de los pediatras y puericultores, con el apoyo del poder Ilustrado y monárquico. No en vano, el centro fue inaugurado por la reina María Cristina de Habsburgo y recibía donaciones caritativas de marquesas y otras aristócratas. El público objetivo de la institución eran los niños enfermos y hambrientos de familias pobres. La salud no era un derecho, sino algo que dependía de la caridad de los mismos que mantenían esta injusta situación. Y de esta caridad dependía que su futura mano de obra y carne de cañón para las guerras creciera sana o muriera.

AÑADIDO 20-04-2014: Como descubrí después y desarrollé en otro post, los problemas eran principalmente laborales, no físicos o por falta de información, técnica y cultura de la lactancia, como yo pensaba… Más información aquí: “Lactancia artificial para las mujeres trabajadoras”.

La idea original fue de un doctor francés, León Dufour, que lo aplicó en su país. Rafael Urdecia y Cardona viajó allí para captar la idea y crear centros similares en España. Nos encontramos en una época en la que cada año morían muchísimos niños en Madrid. Según un artículo ABC de 1908 en el que se comparan las cifras de antes y después de la creación de La Gota de Leche: “El promedio anual de mortalidad de 1896 a 1903 fue de 3.570 y desde 1904, 3120, es decir, 450 menos cada año”. Parece una buena noticia, pero no deja de ser terrible que murieran tantísimos niños en nuestra ciudad cada año.

Termino con un texto de “Amigos de la Dehesa de la Villa”, zona verde cercana a nuestra casa y donde parece que estaban los establos de las vacas de las Gotas de Leche de Madrid:

Así pues, en su origen, los Consultorios de Niños de Pecho y las Gotas de Leche diferían en su funcionamiento. Los Consultorios se dirigían principalmente a los niños allí nacidos, empleaban mayoritariamente lactancia materna y distribuían la leche diariamente en biberones esterilizados en el propio centro. Por su parte, las Gotas de Leche tenían un mayor componente benéfico, atendiendo tanto a niños enfermos como a sanos necesitados, utilizaban en su mayor parte lactancia artificial, y distribuían la leche en botellas de medio o de un litro que luego administraba la madre. Coincidían ambas instituciones en la importancia de la consulta junto con la distribución; es decir, en no realizar sólo reparto de leche, sino en asesorar también a las madres en la mejor manera de criar a los hijos. La distinción, no obstante, entre Consultorios y Gotas de Leche fue diluyéndose con el paso del tiempo y es frecuente encontrar menciones a Consultorios que incorporaban unidades de Gota de Leche e incluso centros con una única denominación genérica que incluía tanto Consultorio como Gota de Leche. 

Después de visitar el edificio de la Gota de Leche seguimos bajando la calle hasta otro edificio enigmático en el número 44 de San Bernardo. Hoy en día es la Escuela Superior de Canto de Madrid pero a finales del siglo XIX fue el palacete de la familia de banqueros Bauer, y sus fiestas reunían a la créme de la créme de la alta sociedad.

Allí me colé con Félix y una simpática trabajadora nos enseñó la sala de baile, hoy reconvertida en sala de conciertos (aquí podéis consultar la agenda), algunas estancias y el patio.

El órgano.

Mamá y peque reflejados en el espejo de los Bauer…

Los Bauer eran agentes, socios y familiares de los famosos Rothschild. Llegaron a España y pronto se compraron también la finca de El Capricho (Alameda de Osuna) y una “casita” en La Granja. Compraron el palacio en 1870 y se fueron con los efectos de la crisis del 29 (algunas fuentes hablan de un escándalo financiero pero no lo he podido documentar). En 1940 el Estado compró el edificio.

El patio.

Los Bauer, como buenos banqueros, se relacionaron con la monarquía, la aristocracia y la burguesía madrileña. Como representantes de los Rothschild en España gestionaron los negocios de estos:  las Minas de Riotinto, Minas de Peñarroya, Ferrocarril Madrid-Zaragoza-Alicante (MAZ),  y la  refineria de petróleo Deutschet et Cia.

Por ejemplo, poca gente sabe que la estación de Atocha fue construida en 1892 por la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante, empresa creada por los Rothschild y el Marqués de Salamanca.

¿La señora Bauer?

¿Ignacio Bauer?

¿El hijo?

Y aquí se acabó nuestra ruta viajera de hoy. ¿Dónde iremos el próximo día? La Gota de Leche nos invita a visitar la Inclusa de Madrid y la vida de los Bauer nos lleva a conocer su muerte, ya que están enterrados en un curioso cementerio, el Cementerio de los Ingleses, en el barrio de Carabanchel. ¿Alguien se apunta?