¿Qué es una maternidad subversiva?

Leí con alegría la entrevista a María Llopis en el periódico CNT. ¡Por fin alguien trataba la maternidad desde un punto de vista positivo y rebelde en una entrevista que visibilizaba la violencia obstétrica, en el que se hablaba de la maternidad como parte de la sexualidad femenina! Gracias, María, por hablar de todos estos temas de los que casi nadie habla en los medios, ya sea libertarios o del sistema. Que se debata de estos temas es muy importante. Sin embargo, terminé la lectura con una sensación amarga. Parecía que para hacer respetable la maternidad hubiera que presentarla como algo sumamente placentero, para contestar, claro está, a la larga tradición de atacarla por todos los frentes, desde las instituciones políticas, el machismo, la Iglesia, el capitalismo y, ¿por qué no volverlo a decir? el feminismo.

Ilustración a la entrevista de María Llopis en CNT de Joan Turu. Más estereotipada y simplista imposible. En la vida real las cosas no son lo que parecen y la madre, supuestamente subversiva, puede ser mucho más sumisa a las teorías, modas y a las instituciones que la supuestamente “no subversiva”.

Hoy me gustaría matizar algunos de estos aspectos. Creo que no hace falta presentar la maternidad como un camino de rosas o un viaje de éxtasis o MDMA para legitimarla. Claro está que tampoco es un sufrimiento perpetuo, ni una servidumbre, ni algo que nos impide “vivir” y que nos obliga a convertirnos en esa “cosa abstracta des-despolitizada, des-sexualizada y des-socializada que es La Madre”.

despolitizada, des-sexualizada y des-socializada que es La Madre – See more at: http://www.pikaramagazine.com/2014/02/desocupar-la-maternidad/#sthash.sGGMbwhS.dpuf

A veces me pregunto si todavía estamos en los años setenta del siglo pasado, aquellos tiempos (un poco ingenuos, en mi opinión) en los que desde la contracultura se pensaba que lo libertario era luchar contra la represión de todos los impulsos, que la sexualidad era siempre subversiva, que un desnudo en público era algo revolucionario, incluso que la pornografía era algo transgresor… ¿Revolucionario en qué? ¿Subversivo en contraposicion a qué? ¿Transgresor para quién? Años después y seguimos con las mismas cuestiones (o postcuestiones), saltando de un extremo al otro, rodeando los problemas fundamentales, reduciéndolos y simplificándolos al máximo, en lugar de sumar, filtrar y reflexionar más allá de lo obvio.

Una cualidad inherente al sistema en el que vivimos es que es capaz de integrar en él todas las corrientes, quitándolas cualquier atisbo subversivo. Es más, muchas cosas son transgresoras y no son necesariamente positivas, de hecho pueden ser hasta destructivas o violentas para los propios involucrados o terceros.

La maternidad forma parte de la sexualidad de la mujer y esto debería ser simplemente un hecho constatado por la evidencia, por la experiencia, algo normal y cotidiano, ni subversivo ni no subversivo. Nadie es madre o deja de serlo como un acto político y, si lo fuera, no sería ético, porque los hijos e hijas no vienen a ser los soldados de nuestras batallas ideológicas, son fines en sí mismos, valiosos por sí mismos. Tampoco vienen a curar nuestras heridas, a ayudarnos a conocernos mejor, a transformarnos o a despertar nuevas inquietudes. Aunque, de rebote, muchas de estas cosas suceden y, si lo hacen, son regalos que se suman a esta experiencia humana vital.

Hablar de maternidad es hablar de sexualidad y sensualidad, pero reducirla o intentar demostrar que lo es porque da placer orgásmico es simplificar al máximo. No todas las relaciones sexuales o sensuales terminan en orgasmo ni buscan el orgasmo como último fin. De hecho, un cruce de miradas, un tono de voz o una fantasía pueden ser experiencias tremendamente sexuales sin que intervenga un mínimo contacto físico. Por otro lado, en el mundo maternal más concreto, una lactancia también puede ser placentera sin ser vivida conscientemente como algo sexual. Tan negativo me parece que exista un tabú o que se cree un estigma frente a las mujeres que tienen orgasmos mientras amamantan, como que se cree un modelo de mujer orgásmica lactante a seguir. ¡La lactancia es diversa y mientras madre e hijo estén bien, todo va bien! Los modelos cerrados limitan. De hecho, un gran problema para las madres que queremos amamantar hoy en día es la falta de una cultura de la lactancia diversa.

Y si seguimos dentro del ámbito sexual, y el parto es un acto sexual… ¿Acaso todas las relaciones sexuales son satisfactorias siempre? Y si se puede hacer un simil entre el primer parto con la primera relación sexual, ¿no es muy corriente que esa primera vez no sea todo lo fantástica que esperábamos, con esa mezcla de desconocimiento, miedo a lo desconocido y falta de experiencia? Incluso en un entorno supuestamente ideal, con intimidad, sin intervenciones médicas agresivas ni molestias externas, una primera vez puede ser más complicada que una segunda y una tercera… De la experiencia se aprende, pero hoy en día el parto es un evento exótico en la vida de la mujer, totalmente ausente o que se produce una vez en la vida, según el ratio actual de hijos por mujer. Es como si analizáramos nuestra vida sexual por una única y primera experiencia.

¿Es la busqueda de orgasmos o de placer algo subversivo? Puede serlo o no serlo. Un pilar básico de este sistema es producir y consumir, por lo tanto, una visión de la sexualidad productivista, acumulativa, cuantitativa o consumista siempre será facilmente asimilable. El sistema no tiene ningún problema con eso y cambiará sus paradigmas para ajustarse a los nuevos tiempos. ¿Es la sociedad holandesa una sociedad subversiva o simplemente es una sociedad más respetuosa con las necesidades fisiológicas del embarazo y el parto? ¿Se trata quizás de que se han dado cuenta de que respetar la fisiología humana es simplemente más económico para el Estado? ¿Es la Organización Mundial de la Salud una organización antisistema o antipatriarcal?

La obsesión por el orgasmo y por las técnicas sexuales en lugar de por la esencia de la erótica es, paradójicamente, lo más antierótico del mundo. Una vez que alguien ha trazado el camino oficial, el ideal al que deberíamos tender (ya sea el del paradigma de la represión, el de la pornografía, el médico o el del experto técnico en sexualidad) se nos está encorsetando, tanto en el parto pasivo y medicalizado como en el parto orgásmico ideal, pasando por la búsqueda de la eyaculación femenina o el multiorgasmo. De hecho, no hay cosa que haga más difícil la consecución de un orgasmo que buscarlo como meta a lograr desde la cabeza y obsesionarse con ello. ¡Ojo! Que existan conocimientos científicos o talleres sobre estos temas es positivo, porque es cultura compartida, lo que es negativo es pensar que ciertos fenómenos bioculturales se pueden explicar como relaciones de causa-efecto cerradas y que pueden domesticarse o implantarse sin perder su esencia. El parto, la lactancia materna, la crianza, el sexo y el amor tienen sus lógicas internas, con particularidades en cada caso, no asimilables a las de los procesos industriales de fabricación en serie o a los Decretos-Leyes.

El ser humano propio de la era industrial o postindustrial es tremendamente reduccionista y cuadriculado. Un ejemplo lo podemos tener en el tema del Cuidado Cánguro o el “piel con piel”. En los hospitales van cambiando los protocolos (¡ya era hora!), van viendo todas las cosas que han hecho mal durante años gracias a la fé tecnocrática pero, como no ha habido reflexión sobre la propia tecnocracia ni sobre el propio sistema, intentan aplicar modelos respetuosos como si fueran un protocolo técnico o un método. No es extraño, por tanto, que los cuidados canguros sean de forma errónea llamados y traducidos como “método canguro”, o que la gente común afirme que “practica” un determinado tipo de crianza que incluye una serie de normas o mandamientos, o que en los protocolos hospitalarios alguien crea que el “piel con piel” es una técnica más que se puede forzar o imponer, o que en algunos países se estén utilizando expresiones aberrantes en los medios como las de “lactancia materna obligatoria”.

Un ejemplo real de tecnocracia del cariño o del amor, sacado de la cartilla que nos dieron en el centro de salud dentro del apartado de “recomendaciones preventivas” del lactante de 15 días a 5 meses:
 “Acarícienlo y jueguen con él hablándole suavemente mientras le cuidan y atienden”. ¿Vivimos en un mundo tan desconectado de la realidad que nos tienen que decir cómo tenemos que ser cariñosos con nuestro propio bebé en un cuaderno médico? ¿En qué momento de la humanidad llegamos a este punto de “deshumanización”? ¿Habrá alguien que realmente acaricie a su bebé solamente porque se lo dice el documento de Salud Infantil de la Comunidad de Madrid? Lo preocupante es que después de los 5 meses ya no vuelve a hablar del tema…

La maternidad es sexual pero es que el sexo es muchísimo más que una mera búsqueda de orgasmos o endorfinas, como quien busca un buen viaje de droga: es deseo, vínculo, unión, socialización, comunicación, pasión, trascendencia, amor… El embarazo, el parto, la lactancia no son sólo momentos místicos o ideales, aunque existen y muchas los hemos vivido. Tampoco son un sufrimiento perpetuo y una servidumbre. ¿Por qué hay que colocar estas experiencias en los extremos para reivindicarlas o denostarlas? ¿La vida se reduce a una búsqueda del placer? En las relaciones humanas hay placer, dolor, indiferencia y miles de matices intermedios. Vivimos muchos días de pura ambivalencia y contradicción. Y aún asi la vida merece la pena ser vivida. O, mejor dicho, por todo ello merece la pena. Lo que habría que diferenciar es el dolor fisiológico del sufrimiendo inducido por malas prácticas institucionales o simple desconocimiento y falta de apoyos. También habría que diferenciar el esfuerzo inherente a la crianza y de la vida en general de los problemas añadidos por el entorno social actual.

El paralelismo del mundo de las drogas con el mundo hormonal me parece correcto. Al igual que la vida no se mueve, a no ser que seas un jonkie, por la búsqueda del próximo chute, la maternidad no puede ser reducida a un cúmulo de “chutes” hormonales o espasmos, aunque sean reales y estén ahí. El día a día de la maternidad después del parto es algo más. Salgamos de la mentalidad del adicto a las sensaciones placenteras porque eso es lo menos subversivo que existe en la actualidad. El individuo que piensa así es el conformista oficial, el drogado y anestesiado que busca evadirse del mundo. La evasión no es subversiva, los caminos fáciles no son subversivos. Hay quien dice que vivimos en la sociedad de la analgesia y de la aspirina, pero también vivimos en la sociedad de la búsqueda del placer. La huida del dolor y la búsqueda del placer como única meta no son tan diferentes. Lo subversivo es vivir la vida de forma consciente y sin autoengaños, incluso cuando abandonamos la conciencia para trascenderla en otros planos. Desde ahí podemos plantear un interesante punto para construir un mundo mejor.

¿Qué podría ser verdaderamente subversivo en la maternidad actual? Aunque no tengo respuestas definitivas intuyo que puede ir por aquí:

Tomar las decisiones personales guiadas por la ética personal en libertad, con información y responsabilidad, sean las que sean. 
Hacer respetar esas decisiones por los profesionales, sin agresiones o mutilaciones innecesareas, y aprender a pedir ayuda cuando la necesitemos.
Conocernos y desde allí, en libertad y sin manuales de expertos (ya sean normativos o subversivos) poder vivir la sexualidad, la crianza, la vida en general. Esto no quiere decir que no haya que leer, aprender y debatir sobre estos temas, pero en la erótica y en las experiencias humanas en general, las teorías no sirven de mucho. Tenemos que construirnos nuestro propio mapa, nuestro propio camino. El papel de la persona que, supuestamente tiene más información, debería ser el de acompañar y proponer diversas posibilidades con un lenguaje lo menos técnico posible. No es fácil, es un verdadero arte conjugar todo esto.

Es cierto que es subversivo de por sí ser madre (y padre) en un mundo antiniños. Es subversivo permitirte soñarlos e imaginarlos incluso antes de estar embarazada o haber conocido a alguien con quien tenerlos. Es subversivo ser madre y sentirte mujer a la vez, sentir que no solo no te ha robado nada sino que has crecido. Tan subversivo es sentir todo lo contrario y buscar las causas para cambiarlo. También es subversivo no autoengañarte sintiendo cosas que no sientes o haciendo cosas con las que no te sientes cómoda, ya lo diga Simone de Beauvoir, la ONU, Carlos González, la OMS, la antropología, la primatología, la neurociencia más puntera o tu tía.

Efectivamente, urge reapropiarnos de nuestra vida. Pero eso no nos lo va a dar ni la Organización Mundial de la Salud, ni una doula, ni una matrona, ni el Estado. No podemos sustituir un paradigma malo, por otro “subversivo” oficial, potencialmente nocivo cuando se establece como el correcto y único posible. Porque aunque hay elementos objetivamente positivos para todos, hay factores que hacen que lo que es bueno para mí, no sea bueno para otra persona, y al revés.

Por otro lado, de nada sirve hablar de maternidades sexualizadas en un fluir de orgasmos y hormonas del éxtasis (bastante alejadas de la maternidad dura del día a día) cuando en el mundo real la maternidad está llena de problemas más allá del embarazo y el parto, como la soledad, la falta de apoyos y de sueño, la pérdida de la cultura de la lactancia, la fé ciega en las doctrinas de crianza… El campo verdaderamente subversivo está ahí. En tender esos vínculos de apoyo y esos puentes de encuentro y empatía, incluso con las personas que no piensan como nosotros mismos. Quizás esos puentes, en una sociedad como la nuestra, solamente puedan ser mercantilizados. No lo sé, espero que no.  

Vivimos en la sociedad de las etiquetas, la sociedad del Trastorno Límite de Personalidad, donde cada vez hay menos grises, donde todo es blanco o negro. Se crean dioses y se matan, se sube a los altares una determinada forma de vivir la vida y se la pisotea después, se crean tendencias pro y anti… Nunca hay “dependes” o “vamos a ver en cada caso”. No hay búsqueda de la imparcialidad o del equilibrio, se crean falsas polarizaciones, dicotomías y teorías que valgan para todos en todo momento. Claro que hay cosas que son en blanco y negro, claro que hay guerras en las que “estás conmigo o contra mí”, y debe ser así, pero el resto es un gran abanico de posibilidades.

Cualquier comentario o matización es bienvenida, como siempre.

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