No es “conspiranoia”, se llama Capitalismo y Estado

Luther Emmett Holt

 Investigo quién fue el primer pediatra de masas que difundió la idea de “dejar llorar” y no ser empático con las necesidades de los bebés y llegas a Luther Emmett Holt, pediatra del Instituto Rockefeller (por cierto, también el personaje que difundió aquello del “dale cada 3 horas” y gran investigador del contenido de la lactancia materna para mejorar la leche de fórmula…). Estudio la amenorrea/anovulación de la lactancia materna y el MELA, llego al consenso de Bellagio, que se llama así porque se reunieron los científicos en el Centro de Bellagio de la Fundación Rockefeller. Sigo la trayectoria de Elsimar Coutinho, el científico que sale en el documental La Luna en Ti y creador del DepoProvera, y veo que trabajó en el “Rockefeller Institute for Medical Research”, además de ser pionero de la reproducción artificial.  Veo que también escribió su libro “¿Es la menstruación algo obsoleto?” durante una residencia en el Centro de Bellagio. Ayer me compro un libro sobre la dieta sin trigo y la celiaquía, comienzo a leer y en el primer capítulo explican cómo un genetista, Norman Burlaug, creó el trigo estándar que se come en todo el mundo, el “trigo enano de rendimiento excepcional”, a base de intensas hibridaciones y que puede que sea la causa de muchos problemas de salud... ¿Dónde realizó las investigaciones? En el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo, que surge como resultado de un programa cooperativo de investigación entre el Gobierno de México y la Fundación Rockefeller en los años 1940-1950. Estudio el concepto de “empoderamiento” y llego a Gita Sen, financiada por las fundaciones Ford y Rockefeller o a Caroline Moser, subvencionada por la Fundación Ford. 

No en vano las elites del capitalismo se unen en la industria petrolera, banquera, militar y biopolítica. No es “conspiranoia”, se llama Capitalismo y Estado, que tienen en su propia lógica y dinámica interna el objetivo de acrecentar los beneficios, la tendencia natural al monopolio y, no lo olvidemos, también a aumentar el poder, el control y el “progreso”. 

El Estado tiene en su propia esencia una estructura militar jerárquica, y ese es el modelo aplicable a la fábrica industrial-ejército, al hospital-fábrica o al colegio-ejército. Las y los poderosos tienen el dinero para investigar y dirigen la investigación o las políticas en cada momento hacia sus propios intereses de clase, a crear nuevas necesidades sin preocuparse por los efectos a medio y largo plazo.  Por otro lado, las estrategias empresariales o políticas, inspiradas siempre en el campo militar, no son monopolio de las elites. Cualquier pequeña empresa o proyecto personal tiene que aplicar las mismas reglas si quiere participar en el juego. El pensamiento imperialista y domesticador busca el control total sobre la vida, y la industrialización condiciona, a su vez, la forma en la que esto se lleva a cabo.
Es más viejo que el toser… No tiene nada de extraño ni maravilloso.

Luther Emmett Holt

El tipo de la foto de arriba es el pediatra Luther Emmett Holt. Su libro, publicado en 1894, se puede leer aquí, donde podéis ver la maravillosa tabla de horarios de amamantamiento. Al parecer llegó a sus “conclusiones”, en lugar de observando el funcionamiento de la lactancia materna real, estudiando el tamaño de los estómagos de los bebés

Cada 3 horas, no más de 20 minutos en total… (haz click en la foto para ampliar)

Como podemos leer en el libro “How We Do It: The Evolution and Future of Human Reproduction” escrito por Robert Martin (donde dice “madre trabajadora” se entiende que “asalariada industrial”, las madres han trabajado y han criado desde el principio de los tiempos sin problemas): 

“Como la cultura ha influenciado en gran forma el maternaje en todas las sociedades modernas humanas, no es fácil decidir qué es “natural” para nuestra propia especie. En el pasado, autoproclamados expertos preocupados ellos mismos por reglas ordenadas, proveían de consejos que ignoraban en gran parte a la biología. Hasta la mitad del siglo XIX, los médicos y las guías raramente proponían horarios rutinarios para la lactancia materna. Entonces, las cosas cambiaron rápidamente mientras la revolución industrial se abría paso y las madres trabajadoras se hicieron muy comunes. A comienzos del siglo XX los horarios rígidos en la lactancia materna eran la norma en el mundo industrializado. Esta nueva aproximación al amamantamiento, acompañada por la reducción de la duración recomendada de dos años a uno, fue fomentada por pediatras pioneros como Luther Emmett Holt en Nueva York y Thomas Rotch en Boston. Modas paralelas ocurrieron en Inglatera, Francia y Alemania. El best-seller de Holt, “The Care and Feeding of Children: A Catechism for the Use of Mothers and Children’s Nurses” se publicó por primera vez en 1894. Finalmente tuvo unas 75 ediciones e impresiones y fue considerado como un texto definitivo en cuidado infantil hasta 1940. 
La norma de Holt de que los niños deberían ser alimentados en intervalos de tres horas a lo largo de la mayor parte del primer año deriva de su estudio de 1890 de los estómagos de bebes muertos. Midió el volumen de cada estómago apretándolo por los extremos y llenándolo con agua. Para calcular sus horarios de alimentación, dividió el total de cantidad de leche ingerida entre el estómago lleno promedio. En un estudio fascinante de 1987, el pediatra americano Marshall Klaus revisó la noción de horarios rígidos de alimentación y satirizó sobre la regla de Holt como “la teoría del depósito de gasolina”. 

Para profundizar: 

–  Luther Emmett Holt no fue el “inventor” de los horarios rígidos y las normas que boicotean las lactancias, fue el que las introdujo en la cultura popular de forma masiva. El post “Tabúes históricos sobre la lactancia materna” habla de algunos precedentes históricos, poco conocidos y leídos por la gran mayoría de la población: http://www.lacasitadealgodonales.com/blog/?p=1839
 
– “La historia del entrenamiento para dormir en Alemania”. Este artículo señala la posibilidad de que las ideas que Emmett Holt difundió de forma masiva sobre el “dejar llorar” a los niños una, dos o tres horas hasta que se durmieran se vieron quizás influenciadas por un libro alemán de 1891 “Das Buch der Mütter” de Marie Susanne Kübler, una autora de libros para “amas de casa”, aunque quizás también enfocados al importante descanso de las mujeres asalariadas que después tenían que rendir en la fábrica. Una hipótesis interesante sobre el momento en el que el sueño infantil se convirtió en un problema:

Marie Susanne Kübler
Das Buch der Mütter”

: http://www.phdinparenting.com/blog/2011/5/9/the-history-of-sleep-training-in-germany.html 

“Origen del modelo de ama de casa”, fragmento del libro Feminicidio o autoconstrucción de la mujer, de Prado Esteban Diezma y Félix Rodrigo Mora. 

CONTINUARÁ… 

Margaret Sanger, la lactancia materna y la ciudad

Trabajadoras de la factoría Triangle Shirtwaist, la mayor parte inmigrantes. El 25 de marzo de 1911 el edificio se incendió y murieron 146 de ellas.
Mujeres conversando en una huelga de alquileres del East Side de Nueva York c.1910. Origen: Librería del Congreso

Mujer inmigrante de Nueva York lleva ropa para que toda la familia trabaje en casa a destajo

 Margaret Sanger 

El otro día por casi me caigo de la silla. Estaba pensando en la cita final del libro de Elsimar Coutinho sobre la menstruación,  una frase de la pionera de la planificación familiar Margaret Sanger que dice así…

“Ninguna mujer es complétamente libre a menos que tenga control sobre su sistema reproductivo”

y esa cita me llevó a investigar un poco más sobre la vida de su autora. Margaret Sanger es conocida por su promoción de los métodos anticonceptivos desde una perspectiva feminista y neomalthusiana. Fue también la mujer que promovió la creación de la primera píldora anticonceptiva (Enovid), buscando financiación y poniendo en contacto a investigadores y mecenas, en una investigación no exenta de falta de ética. Y de repente… buscando información en su biografía leí esto:

Del National Women’s History Museum:
“Cuando Sanger tenía 19 años, su madre de 50 años murió de tuberculosis. Anne Higgins dio a luz a 11 niños y sufrió 7 abortos. Sanger creía que los embarazos repetidos de su madre habían debilitado su cuerpo hasta el punto de que fue incapaz de recuperarse de la enfermedad”.

Y en Wikipedia:
“La madre de Margaret, Anne Higgins estuvo embarazada en 18 ocasiones -teniendo 11 nacimientos vivos- durante 22 años antes de su muerte a la edad de 49 años.”

Y esto otro (traducido de la versión inglesa de su biografía) sobre su primera etapa como enfermera en el East Side de Manhattan en el que cuenta la historia de Sadie Sachs, una inmigrante judía rusa:

 “Durante el trabajo de Margaret Sanger entre las mujeres inmigrantes de clase obrera se revelaron ejemplos gráficos de mujeres forzadas a partos frecuentes, abortos involuntarios y abortos provocados por falta de información sobre la forma de evitar un embarazo no deseado. El acceso a la información sobre los anticonceptivos estaba prohibido por razones de obscenidad por la ley federal Comstock de 1873 y una serie de leyes estatales. Buscando algo que pudiera ayudar a estas mujeres, Sanger visitó las bibliotecas públicas, pero fue incapaz de encontrar información sobre anticoncepción. Estos problemas se personificaron en una historia que Sanger contaría más tarde en sus discursos: mientras Sanger trabajaba como enfermera, fue llamada al apartamento de Sadie Sachs después de que Sachs se pusiera extremadamente enferma debido a un aborto autoinducido. Sadie le rogó al médico de cabecera que le dijera cómo podría evitar que le volviera a suceder, el médico simplemente le dio el consejo de mantener la abstinencia. Unos meses después, Sanger fue llamada de nuevo al apartamento de Sachs sólo que esta vez, Sadie murió poco después de que Sanger llegara a causa de otro aborto autoinducido. Sanger a veces ponía fin a la historia diciendo: “Lancé mi bolso de enfermera en la esquina y anuncié que nunca atendería otro caso hasta que fuera posible que las mujeres trabajadoras en los Estados Unidos tuvieran los conocimientos necesarios para controlar la natalidad.Aunque Sadie Sachs fue posiblemente una combinación de ficción de varias mujeres que Sanger había conocido, esta historia marca el momento en el Sanger comenzó a dedicar su vida a ayudar a las mujeres desesperadas antes de que se vieran obligadas a buscar abortos peligrosos e ilegales”.
 
Y en esta entrevista en la que el presentador le pregunta por las emociones que le llevaron a iniciar una cruzada por la planificación familiar y ella vuelve a citar el caso de su madre y lo que vio trabajando de enfermera en los barrios obreros de Nueva York:

Los datos:

La biopolítica estatal del momento prohibía en EEUU los anticonceptivos y la divulgación de información sobre los mismos desde la Ley Comstock de 1875. Margaret Sanger comienza su activismo en 1912-1916, cuarenta años después. En 1938, gracias a un juicio en el que ella estaba involucrada, se tumba por primera vez esa ley. En 1967 la ONU crea el Fondo de Población de las Naciones Unidas e incluye entre sus objetivos el control de la natalidad y la planificación familiar. Se pretende la universalización de los servicios de planificación familiar para el año 2015

– Las mujeres inmigrantes de las clases trabajadores urbanas tenían muchos hijos con intervalos muy cortos entre ellos. También las había que tenían tres hijos pero no podían tener otro hijo más por motivos económicos, como el ejemplo de Sadie Sachs.

– Su madre, de origen irlandés, tuvo una altísima natalidad con intervalos cortos.

¿Qué sabemos ahora?

 – Que ese número tan grande de hijos y esos cortos intervalos entre nacimientos, al menos los de la madre de Sanger, son una rareza histórica. No se había producido algo así en la historia de la humanidad salvo para las mujeres de clases altas que no amamantaban (o lo hacían durante muy poquito tiempo y con muchas restricciones al pecho) y que recurrían a nodrizas.

¿Y cómo lo sabemos?

Dice el pediatra José María Paricio en el libro “Manual de Lactancia Materna” de la Asociación Española de Pediatría :  

“Teniendo en cuenta el efecto anticonceptivo de la lactancia, las clases populares tenían una fecundidad limitada por término medio a un nacimiento bianual, lo que ha podido constituir un efectivo control de natalidad entre las masas campesinas de la Europa preindustrial. Por el contrario, la fecundidad no controlada por lactancia entre las clases acomodadas hace que la descendencia pueda suponer de 15 a 20 hijos, pero a expensas de una terrible mortalidad”.

Un nacimiento bianual puede parecer todavía poco si estudiamos los intervalos entre nacimientos de tres años en las mujeres cazadoras-recolectoras de los que habla el biólogo Roger Short:

“En las comunidades cazadoras-recolectoras, la pubertad, la adquisicón de deseo sexual, y matrimonio eran todos eventos sinónimos, así que no había necesidad de restricciones sociales sobre el comportamiento sexual antes del matrimonio. Después del matrimonio había un periodo de tres años de esterilidad adolescente, cuando la chica habría experimentado una sucesión de ciclos menstruales anovulatorios antes de concebir. Después del primer hijo, habría estado 3 años en amenorrea de la lactancia, seguidos por uno o dos ciclos menstruales ovulatorios antes de concebir otra vez. No tenemos información de la edad de la menopausia  en las sociedades primitivas, pero (…) sería raro que una mujer tuviera más de 5 hijos. Durante su vida reproductiva experimentaría 15 años de amenorrea de la lactancia, y 4 años de embarazo, (…)”

Short señala varios estudios en los que se ha observado cómo el proceso de urbanización en la época actual, y los cambios que lleva aparejado en cuanto a hábitos sociales y nutricionales, impactan en la fertilidad humana, sobre todo en cuanto a la lactancia materna y afirma: 

“En todo el mundo en su conjunto, más nacimientos son prevenidos con la lactancia que con las otras formas de anticoncepción juntas. No es extraño que los cambios sociales que reducen la eficiencia anticonceptiva de la lactancia hayan tenido tal asombroso impacto demográfico”. 

“Vindicación de los derechos de la mujer” de Mary Wollstonecraft (1792)

Este libro, que la historiografía feminista considera como una de sus obras fundacionales, plasma un conocimiento popular ancestral respecto a la lactancia, en realidad respecto a una determinada forma de amamantar que después sería estudiada por los investigadores del método anticonceptivo MELA (amenorrea de la lactancia) válido con un 98% de seguridad durante los primeros 6 meses postparto si se cumplen los tres requisitos (ausencia de mesntruación, primeros 6 meses, lactancia exclusiva a demanda día y noche):

“Porque la naturaleza ha ordenado las cosas de modo tan sabio, que si las mujeres amamantaran a sus hijos conservarían su propia salud y habría tal intervalo entre el nacimiento de cada hijo que rara vez veríamos una casa llena de niños”


En la edición de Marta Lois de la Editorial AKAL de 2005 hay una nota al pie que dice lo siguiente, que se contradice con lo afirmado por el consenso establecido en Bellagio sobre el MELA que sí garantiza un alto grado de anticoncepción si se cumplen los criterios de los que hemos hablado:

www.unicef.cl

En este documento de Unicef se especifica que (LAM es MELA en inglés) al menos “tres estudios han demostrado que la eficacia del LAM se puede mantener entre los 6 y 12 meses postparto, si la madre inició el método originalmente, sigue amamantando antes de ofrecer la alimentación complementaria y mantiene los intervalos entre mamadas menores de 4 horas durante el día y de 6 horas en la noche, y por supuesto se mantiene en amenorrea“. 

Y en este otro documento también se habla de lo que se ha venido a llamar MELA-9 o MELA-12, por el número de meses que podría funcionar.

Tomado de http://www.upch.edu.pe/

ACTUALIZACIÓN (8 de febrero de 2015): Actualmente hay controversia científica sobre cómo se produce la amenorrea y anovulación de la lactancia y por qué incluso algunas mujeres cuando comienzan a menstruar durante la lactancia pueden pasar varios meses aún de menstruaciones no fértiles (comprobadas por métodos naturales de conciencia de la fertilidad). Una es la hipótesis de la frecuencia de la lactancia y otra es la de la carga metabólica (lo que explicaría por qué las mujeres occidentales “bien alimentadas” tienen periodos más cortos de infertilidad de la lactancia. No son hipótesis contradictorias.

 Las mujeres de clase trabajadora

Por la información recopilada parece bastante probable que las madre de Margaret Sanger y las mujeres de las clases populares de N.Y. no amamantaran a sus bebés y, si lo hicieran, su forma de hacerlo fuera bastante diferente a la de una mujer cazadora-recolectora, o la de una mujer del mundo preindustrial popular. Su amenorrea de la lactancia sería muy corta o prácticamente inexistente, como podemos aprender de los textos de Barbara B. Harrell en “Lactancia y menstruación en perspectiva cultural“, Beverly Strassmann sobre una tribu Dogon de Mali en su artículo “La biología de la menstruación en el Homo Sapiens” o Nancy Rose Hunt en su artículo sobre el biopolítica colonial y lactancia en el Congo Belga “Le bebe en brousse”.

La clave de la explicación en las variaciones históricas y culturales de la amenorrea de la lactancia está en la separación madre-bebé, las restricciones espacio-temporales de esa relación (no atender el llanto, no dar de mamar por la noche, horarios rígidos, dejar pasar demasiado tiempo entre tomas…) y todos los sustitutos que se van añadiendo para suplir la cercanía (chupetes, nodrizas, biberones, carritos…). Por cierto, no pretendo demonizar los objetos que sustituyen a la madre, ya que el problema no son los objetos en sí, muchos de ellos prácticos en multitud de ocasiones, sino entender por qué hemos llegado a depender de ellos y por qué los hemos llegado a considerar imprescindibles.

Mujer inmigrante italiana trabajando en su casa, Nueva York en 1912 (Wikipedia).

Mujeres trabajando con máquinas de coser empeñadas en el Monte de Piedad de la Madre de Dios de la Esperanza. Barcelona, c.1926 (Gracias, Carolina, por pasarme esta imagen).

Spagna, 1966.
Fotografo: Eve Arnold
http://www.eticamente.net/31489/foto-antiche-donne-allattamento.html

Los escritos de Margaret Sanger

Creo sinceramente que los seres humanos debemos tener la posibilidad de autoconocernos y conocer el mundo, de buscar información y divulgarla libremente. El Estado no debería prohibirnos el acceso a la información, como tampoco deberíamos dejarnos adoctrinar con propaganda que sí nos proporciona aunque no queramos. Por eso, la labor de divulgación de los métodos anticonceptivos que realizó Margaret Sanger me parece totalmente legítima, aunque incompleta, sesgada y con un enfoque erróneo.

En esa época también se publicaban en España revistas anarquistas y naturistas en las que los métodos anticonceptivos se consideraban algo importante a divulgar entre la clase trabajadora. La diversidad del movimiento libertario también implicaba la existencia de controversias y opiniones diferentes sobre la pertinencia de su uso, como la que expone Federico Urales en este artículo, contrario al neomalthusianismo. De hecho, el artículo de Urales es toda una refutación al planteamiento de esta mujer desde una postura revolucionaria (¿alguien se imagina un artículo así hoy en día con el nivel de adoctrinamiento, pensamiento único y falsas polarizaciones que existe en todos los ambientes ideológicos?):  

“Lo que los neomalthusianos entienden táctica para quitar elementos de servidumbre a la sociedad burguesa y ofrecerle, en cambio, elementos de rebeldía, con pocos hijos y bien educados, es sólo, según nuestro sentir, un amoldamiento a la vida y al ambiente burgués.
Con el propósito de hurtar hijos a la sociedad injusta, los hurtamos a la Naturaleza, justa siempre.”

(…) 
“Lo primero que ha de procurar el anarquista es emanciparse de la explotación ajena y luego impedir que sus hijos sean explotados por nadie”. 
(…)
“Y ha de ser la Naturaleza, con nuestra potencia amorosa, la que limite nuestros hijos, y no las conveniencias domésticas, ni los oportunismos más o menos revolucionarios.
El hombre no debe engendrar sin amor; el hombre no debe tener hijos con mujer no amada”.

Como todos, creo que Sanger fue víctima de su tiempo y no fue capaz de abstraerse del ambiente cultural en el que nació, lo que ha tenido algunas consecuencias también en el mundo actual. 

Ser víctima de la propia cultura o estar condicionado por su tiempo no la exime de responsabilidad. Debía haber estudiado más, no solamente libros de medicina, historia y antropología en las bibliotecas sino haber escuchado a las mujeres del mundo rural o preindustrial, haber viajado, haber reflexionado sobre la aversión a los niños en el mundo urbano industrializado… Y, sobre todo, debería haber tenido una ética de búsqueda del bien común, que no tuvo, a pesar de su verborrea, como demuestra su apoyo a la forma en la que se probó la píldora anticonceptiva en mujeres de Puerto Rico, su racismo y clasismo.

¿Respondió Sanger acaso a la cuestión de por qué la maternidad se había convertido en algo tan problemático? No. ¿Qué hacía que ser madre de más de tres hijos se conviertiera en una pesadilla para las mujeres inmigrantes como la de la historia de Sadie Sachs? El capitalismo. La maternidad se problematiza a partir de la inmigración, desde el mundo de lo rural donde existían redes de crianza y apoyo mutuo dentro de la familia extensa y la vecindad al viaje a la gran ciudad de Nueva York donde los niños comienzan a estorbar. ¿Quién era el culpable de que la información y los anticonceptivos fueran censurados? El Estado. ¿El mero uso de anticonceptivos haría que la maternidad fuera más libre? No, cuando existen otros condicionantes sociales.

Sus folletos divulgativos incluían un repaso por todos los anticonceptivos (preservativo, pesarios, condon femenino…) que existían en su época y también aconsejaban el uso de algún pseudoanticonceptivo que otro, como las duchas vaginales con un jabón llamado Lysol que tenía solamente un 50% de efectividad, por no hablar de su impacto en la flora vaginal. Sin embargo, cuando habla de lactancia, esto es lo que podemos leer en Family Limitations (pdf): 

Traducción:  “Existe el conocimiento de que el amamantamiento después del parto previene el retorno de la menstruación por varios meses y que la concepción no se produce. Está bien no depender sobre esto demasiado, especialmente después del quinto o sexto mes, ya que la mujer puede quedarse embarazada otra vez sin haber “visto nada” o sin darse cuenta de que está embarazada. Se encuentra entonces con uno en el pecho y otro en el útero. Usa algún preventivo”.

O en este otro texto de Sanger:

“Durante el periodo de lactancia las probabilidades son también pocas; pero no hay ninguna certeza en este caso”. 

Esto que dice, a la luz de la evidencia científica actual y de la evidencia empírica de muchas mujeres de sociedades tradicionales, es cierto solamente en parte, ya que a partir del quinto o sexto mes es cuando se inicia la alimentación suplementaria. Como se dice en este documento actualizado sobre el MELA que ya he citado, el protocolo número 13 de “The Academy of Breastfeeding Medicine”:

“El criterio de los “seis meses” se añade primordialmente porque es el tiempo en el que la alimentación complementaria debería comenzar. Sin embargo, si el amamantamiento continúa a un nivel alto incluso cuando la alimentación complementaria haya empezado, la eficacia aparentemente permanece alta. En Ruanda, el método fue usado hasta los 9 meses, manteniendo la frecuencia de lactancia amamantando antes de cada comida complementaria. En un estudio que involucraba a mujeres trabajadoras, que se extraían leche después de la separación como poco tan frecuentemente como hubiese ocurrido el amamantamiento si hubieran estado juntos, se encontró que el MELA podía ser 96.5% efectivo. Aunque este hallazgo no es estadísticamente diferente de los resultados de otros estudios, sugiere que hay un pequeño aumento del riesgo de la concepción en las mujeres separadas de sus hijos. Esta información debería ser dada a las mujeres afectadas para que puedan tomar decisiones informadas”.

Es decir, Sanger decía que con la lactancia no había “ninguna certeza” y, sin embargo, sí promovía las duchas vaginales con un 50% de posiblidades de embarazo…

Ejemplos concretos

– Según Roger Short sería raro que una mujer tuviera en las sociedades de cazadores-recolectores más de 5 hijos. Las mujeres Kung tienen 4 o 5 nacimientos vivos de media (pg. 181 de Nisa. Life and Words of a Kung Woman, de Marjorie Shostak).  Nisa, por ejemplo, la mujer protagonista principal del libro de entrevistas que acabo de citar, tiene 4 nacimientos vivos, más algunos abortos, y mantiene una vida sexual activa durante toda su vida, con varios maridos y muchos amantes.

– Las mujeres Dogon de Mali, agricultoras y sedentarias, tienen 8.6 nacimientos vivos por mujer, el doble que las mujeres !Kung. Según Short la sendentarización trae consigo un adelantamiento de los destetes, lactancias menos intensas y un acortamiento de los intervalos intergenésicos. Además, existe la teoría de la masa muscular de Rose Frish que añade la influencia del alto o bajo nivel de ejercicio en la fertilidad de las mujeres, así como su nivel de grasa corporal.

– En España, el índice de fecundidad por mujer en 1900 era de 4,7 hijos por mujer, también muy lejos del caso de la madre de Margaret Sanger. En EEUU, en 1800 las madres estadounidenses tenían 7 hijos de media y en 1900 había caído la cifra a 3-4 hijos por mujer… También muy lejos del número de hijos de la madre de Sanger y de los que supuestamente tenían las mujeres inmigrantes del East Side.

– El estudio que hizo Sheyla Kippley entre 1500 experiencias de lactancia en EEUU (1971) comprobó que las mujeres que siguieron los “Siete estándares” de la Lactancia Ecológica tuvieron una media de 14,5 meses de amenorrea de la lactancia. Los “Siete estándares” son (si se evita cualquiera de ellos se adelanta la fertilidad):

  1. Manten una lactancia exclusiva durante los primeros 6 meses de vida; no uses otros líquidos y sólidos.
  2. Calma a tu bebé con el pecho.
  3. No uses biberones ni chupetes.
  4. Duerme con tu bebé para las tomas nocturnas.
  5. Duerme con tu bebé durante una toma durante la siesta diurna.
  6. Amamanta frecuentemente día y noche, y evita los horarios.
  7. Evita cualquier práctica que restrinja el amamantamiento o que te separe de tu bebé. 

Si esta forma de lactar no fuera algo marginal (un cambio que solamente podría darse desde la libertad personal y el respeto, y nunca desde la imposición a las demás) tendríamos que cambiar la sociedad al completo, la forma de trabajar las mujeres y las prioridades. No necesariamente tendríamos que ser amas de casa ni mucho menos. No deberíamos tener que estar recluidas ni entre las cuatro paredes de una casa ni entre las cuatro paredes de una oficina, pero sí encontrar formas de trabajar que nos permitieran no separarnos de nuestros bebés ni tampoco estar segregadas de la sociedad. Parece bastante revolucionario, ¿no? Poner la prioridad sobre nuestra propia salud y la de nuestros bebés, poner los cuidados en el centro de la vida, replantear las prioridades de la sociedad en todos los aspectos de la vida. ¿Por qué deberíamos sacrificarnos por la empresa en lugar de por un mundo mejor para las próximas generaciones? Las mujeres Homo Sapiens han tenido vida sexual, hijos y han contribuido a la recolección de alimentos y fabricación de herramientas desde el principio de los tiempos sin ser “amas de casa”. Que nadie nos engañe ni manipule con dicotomías creadas entre la mujer y la madre, no deberíamos tener que elegir.

Sin embargo, todo esto no es nada si no hay algo más, si no ponemos también el énfasis en el QUÉ conciliamos. El sistema todo lo integra y adapta, no sería raro que, dentro de poco, la falta de “cuerpos” de la que habla Kathy Matsui de Goldman Sachs llevara al sistema a tener que adaptarse a nuestras condiciones para que la máquina nunca se pare. Por eso, no basta fabricar armas mientras se amamanta a un hijo, no está bien escribir y difundir artículos mentirosos y adoctrinadores mientras se concilia, no basta con llevar a tu bebé a un call center explotador dedicado a estafar a potenciales clientes…

En cualquier caso, con los índices de lactancia actuales, la desinformación médica, las dificultades que encontramos las mujeres simplemente para llegar a establecer la lactancia, pensar en esto quizás no tiene mucho sentido.

Un problema real, diagnóstico incompleto, soluciones parciales

La falta de perspectiva global de Margaret Sanger es impresionante. Se trata de una visión miope que ha sido heredada y promocionada desde las altas esferas desde entonces a través de posturas que pivotan desde la propaganda natalista a la antinatalista, según como suene la flauta de quienes ostentan el poder. 

Si en lugar de adoptar esa perspectiva hubiera intentado, con humildad y curiosidad, entender el mundo antes de cambiarlo y conjugar lo histórico con lo biológico y lo ético, quizás estaríamos en otro mundo, pero también estaríamos hablando de otra persona, no de Margaret Sanger.

El problema de la alta paridad de las mujeres de las que habla Sanger acarreaba problemas de salud y económicos a las mujeres y sus familias, ya que había un desajuste entre su fertilidad, la pérdida de la lactancia, y el sistema al que acababan de llegar y al que se supone que se debían adaptar, un mundo de desarraigo y sin los lazos fuertes que dejaban atrás. Analizar las causas de esos problemas nos lleva a entender la pérdida de la cultura de la lactancia desde nuestra historia como especie, que tiene su forma más visible y palpable en la progresiva reducción del tiempo de exogestación (gestación fuera del útero) y de amenorrea de la lactancia. Esto viene dirigido principalmente por los “chamanes”-médicos de la cultura occidental al servicio de las elites, pero también por la propia forma de vivir y existir en las diferentes formas de organizar la sociedad, que no evolucionan de forma lineal ni progresiva.

En el caso concreto de las mujeres inmigrantes del East Side de Nueva York habría que analizar dos cosas. Por un lado, las causas por las que se veían forzadas a separarse de sus bebés y a amamantarlos poco o nada, es decir, los modos de producción y los mecanismos ideológicos de la sociedad a la que acababan de llegar. Y, por el otro, y pensando más bien en el caso de “Sadie Sachs” que tenía tres hijos y no quería un cuarto, en los problemas económicos y laborales de las familias grandes en un entorno urbano, donde los hijos son un problema y un coste. De hecho, la progresiva urbanización del mundo es el mayor anticonceptivo que existe y una de las causas principales de la caída de la natalidad en todo el globo, según el informe del Club de Roma escrito por Jorgen Randers titulado “2052, Una Previsión Global para los Próximos 40 años”

Pg. 62: “Ya más de la mitad de la gente del mundo vive en ciudades, y esa fracción aumentará con la industrialización constante del mundo en desarrollo. La mayor parte de la gente será urbana y vivirá bajo condiciones en las que tener muchos niños no es una ventaja. El deseo de tener familias pequeñas no se verá limito a las parejas con dos carreras del mundo industrializado. Billones de familias pobres urbanas en economías emergentes harán la misma elección, en un intento de escapar de la pobreza”.

Fue el “progreso” el que provocó el acortamiento de los intervalos entre nacimientos y el aumento de la paridad de las mujeres. La divulgación de los anticonceptivos, que han existido desde hace milenios, forma parte de nuestra libertad de acceder a la información y de decidir qué hacer con ella, pero si solamente se observan las cuestiones de forma parcial las soluciones siempre serán parciales y de efectos insospechados. De hecho, en cuanto el sistema se dio cuenta de que le sobraban súbditos adoptó el mensaje de Margaret Sanger como política oficial de los organismos internacionales, lo que contrasta con las anteriores políticas natalistas del colonialismo.

Por último, la eliminación de los bebés de la vida de las mujeres inmigrantes de Nueva York no podía solucionar sus problemas de explotación, alienación, aculturación y aislamiento. Lo único que podría conseguirse es que tuvieran más tiempo para dedicarle a la empresa, a la que sí podían amamantar de forma prolongada y exclusiva durante años. Por esta razón creo que a Margaret Sanger no le preocupaba demasiado la salud de las mujeres del pueblo sino la salud del sistema de dominación, por eso no hizo nada por recuperar la cultura de la lactancia materna, a diferencia de Mary Wollstoncraft más de cien años antes. De hecho, las mujeres de la alta burguesía y la aristocracia podían tener todos los hijos que quisieran sin ningún problema económico o social, cosa que parecía importar poco a la protagonista del artículo de hoy.
 
Cáncer de mama

La vida es riesgo. El embarazo y el parto son procesos fisiológicos pero también tienen riesgos, por eso se habla de tasas de mortalidad materna, por ejemplo, y esto se refleja en que sepamos cuantas mujeres mueren en sus partos o por problemas derivados de los mismos en todas las zonas geográficas del mundo. Es más, reducir la mortalidad materno-infantil es uno de los Objetivos del Milenio. Quizás haya llegado la hora de que comencemos a hablar también de los riesgos intrínsecos de la nuliparidad y la primiparidad tardía (primer embarazo). Esto no significa que si no tenemos hijos o si tenemos solamente uno de forma muy tardía vayamos a desarrollar de forma automática y determinante cáncer de mama. Lo que quiere decir es que con la información de la que disponemos se sabe que, estadísticamente, la nuliparidad, los intervalos aumentados entre la fecha de la primera regla y el primer hijo, y no amamantar aumenta el número de papeletas de sufrir esta enfermedad y otras. De una forma bastante observadora ya se dio cuenta de esto el médico Bernardino Ramazzini en 1713, al ver que en el colectivo de monjas había más casos de cáncer, la “plaga maldita”, que en el resto de población femenina.

ACTUALIZACIÓN 20/02/2015: Según el libro “Tratado de Ginegología” en su pg. 971, “Por cada 100.000 mujeres en nuestro país, mueren 18,62 mujeres” de cáncer de mama. Y según la “Estrategia de atención al parto normal” (pg. 15) la mortalidad materna en España se encuentra por debajo de los 7 fallecimientos por cada 100.000 nacimientos (4,7 fallecimientos en 2013) . Anualmente mueren unas 6.000 mujeres en España por cáncer de mama, en 2009 murieron 8 mujeres durante el parto y 2 en el puerperio.

Por eso, la cruzada que inició Margaret Sanger tenía otro sesgo más, no advirtió de esta “pequeña” gran consecuencia del uso masivo y prolongado de la anticoncepción, ya fuera basada en la abstinencia durante los días fértiles, en métodos barrera o químicos artificiales. Y para tomar decisiones libres hace falta información.

Para profundizar sobre la relación cáncer y hábitos reproductivos:
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/01/decisiones-informadas-los-riesgos-de-no.html
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/07/mujer-paradojas-y-contradicciones-en-el.html

 Termino y me despido con una adaptación ampliada de la cita de Sanger del comienzo de este artículo:

“Ninguna mujer es complétamente libre a menos que viva en una sociedad en la que exista libertad de conciencia, acceso a la información y capacidad para tomar decisiones responsables y éticas sin imposición alguna del Estado ni el Capital”

¿Es posible conjugar nuestra fisiología con la cultura actual? ¿Es posible no reprimir la maternidad en un mundo, en teoría, superpoblado, urbano, en el que se han reducido los índices de mortalidad infantil y en el que tener hijos es considerado un coste? En cualquier caso son cuestiones que deberíamos pensar cada uno de nosotros y no dejar que lo hagan otros a nuestras espaldas. Pido disculpas si hay algún error en los datos o en mi interpretación de los mismos, seguro que entre todos podemos seguir tirando del hilo…

 ACTUALIZACIÓN: Varios estudios en humanos y primates parecen señalar también un componente más en la amenorrea de la lactancia y son las reservas energéticas de las que dispone la mujer/hembra. Por otro lado, el fin de la amenorrea no determina necesariamente que los ciclos sean fértiles, es decir, algunas mujeres menstrúan pero no ovulan mientras lactan. Todavía se desconocen los mecanismos exactos de estos fenómenos.

ACTUALIZACIÓN A 20/09/2015: Este artículo debe ser matizado y ampliado con este otro sobre el libro “Ritos de embarazo y parto en Galicia”. Allí he descubierto que las mujeres en la Galicia rural prefranquista conocían varios métodos y plantas abortivas y anticonceptivas: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2015/08/metodos-anticonceptivos-y-abortivos-en.html

ACTUALIZACIÓN A  23/10/2015: Este estudio de Susan Jobling y Richard Owen sobre el impacto de la píldora anticonceptiva y el etilestradiol en los animales acuáticos fue publicado en Nature. Los costes de limpieza y depuración de los ríos son millonarios y se está debatiendo quién debería ser el responsable de pagarlos, si las farmaceúticas o los Estados. Recordemos que, por ejemplo, en España, la píldora está subvencionada por Sanidad.

Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural, un artículo de Barbara B. Harrell (1981)

Hoy voy a hablar de un artículo publicado en American Anthropology en 1981 por Bárbara B. Harrell, en ese momento médico residente del departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Washington. A pesar de que algunas explicaciones sobre fenómenos físicos de la lactancia y la menstruación hayan podido evolucionar en estos treinta años este texto me parece muy interesante para reconciliar lo cultural y lo biológico y entender cómo ha afectado la industrialización a nuestras vidas. Todavía mucho de lo que explica Bárbara B. Harrell no es comprendido ni ha llegado al gran público. También me gusta el tono del artículo: respetuoso y riguroso, sin moralinas, porque no busca convencer sino comprender. La autora simplemente presenta la información y nos muestra cómo eran las cosas en el mundo preindustrial y cómo son ahora, las posibles causas de cómo hemos llegado hasta aquí y algunas reflexiones e interrogantes. Con esa información podemos seguir dándole vueltas, aprender, ver qué camino queremos escoger y cómo los diferentes comportamientos culturales provocan determinados efectos en nuestros cuerpos y nuestras relaciones de lactancia con nuestros bebés.

He intentado dejar claro qué parte es del artículo de Harrell y cuáles son mis aportaciones y reflexiones. En cualquier caso el artículo original se puede leer aquí (hay que subir otro documento a cambio pero es un servicio gratuito): http://es.scribd.com/doc/184969547/Lactation-and-Menstruation-in-Cultural-Perspective

¿Cómo son la lactancia y la menstruación desde una perspectiva cultural? La autora comienza afirmando, como el biólogo Roger Short o más recientemente la antropóloga Beverly Strassmann, que en las sociedades preindustriales la lactancia es prolongada e intensiva, como norma, mientras que la menstruación es poco común. Estos dos hechos están relacionados ya que existen factores culturales que reducen o aumentan la frecuencia en la succión de los bebés, entre otros aspectos, y esto a su vez afecta a la duración de la amenorrea de la lactancia (la ausencia de regla).

Harrell constata que la industrialización ha sido asociada a un declive mundial en la lactancia materna. Antes de seguir hago un inciso, porque yo me enteré de que existía la “amenorrea de la lactancia”, es decir, la falta de regla durante un tiempo de la lactancia, al vivirlo en primera persona con 31-32 años. Nunca antes había oído hablar de ello, lo que también dice mucho del ínfimo papel que tiene la lactancia materna dentro de los conocimientos comunes que tenemos sobre sexualidad humana.

La autora pasa después a invitar a los antropólogos a repensar la condición de la mujer desde un punto de vista fisiológico y simbólico, ya que al vivir en una sociedad (sobre todo en los años 70 y aún hoy) en la que la lactancia materna casi desapareció del mapa muchos estudios de antropología olvidaron y obviaron la lactancia y la consiguiente amenorrea que la acompaña. Es decir, viene a decir que no se puede estudiar una sociedad tradicional desde el ciclo reproductivo moderno, hay que entender el fenómeno desde un punto de vista evolutivo para evitar sesgos. Como hoy en día se amamanta muy poco y se usan anticonceptivos, lo habitual es que las mujeres menstrúen cada mes, pero esto no siempre fue así.

Barbara Harrell hace un repaso sobre lo que se conocía en su época sobre la amenorrea de la lactancia y la ausencia de fertilidad, antes del famoso consenso de Bellagio, apoyado por la Fundación Rockefeller y la OMS (hay información actualizada sobre el método anticonceptivo MELA aquí). Un autor de los años ’60 llamado Christopher Tietze, por ejemplo, estudio la Normandía rural entre 1674-1742 llegando a la conclusión de que el amamantamiento era un anticonceptivo fiable en esa época durante los 10 primeros meses y se dio cuenta de que las mujeres que no amamantaban tenían dos ciclos anovulatorios después antes de volver a quedar embarazadas.

En “Lactancia Prolongada e intervalos entre hijos en Ruanda”, un estudio de Bonte y van Balen, se dieron cuenta de que el 5.4% de las mujeres lactantes se quedaban embarazadas sin menstruar y que las mujeres que amamantaban concebían de media 15 meses después que las que no daban el pecho. En otro estudio de estos mismos autores quisieron comparar las lactancias en la Ruanda urbana y la rural. En el campo se porteaba a los niños a la espalda y se les ofrecía el pecho a demanda. Las mujeres urbanas ofrecían el pecho con horarios. En los resultados se observó una gran diferencia entre la duración de las amenorreas (6.9 las urbanas y 18.6 meses las rurales). Las mujeres de campo concebían 21 meses postparto de media. Entre las no lactantes no había diferencia en si vivían en el campo o la ciudad.

Otro estudio de Boston en los años 60 observó que la amenorrea de las mujeres lactantes fue de media 68 días, solamente 10 días más que las no lactantes. Según los datos de otro investigador, Potter (1965),  en Punjabi había una media de amenorrea postparto de 11 meses. Estimaron que las mujeres Punjabi pasaban el 40% de sus vidas reproductivas en estados amenorreicos (embarazos y lactancias). En Alaska, Berman (1972) constató una media de 10 meses de amenorrea de lactancia de media frente a los 52 días en las que no amamantan. En Guatemala (Delgado, 1979) vieron que la media era de 14 meses de amenorrea de la lactancia.

En EEUU Kippley (1969) hizo un estudio entre las lectoras de su libro “Breastfeeding and natural child spacing” y la media fue de 10 meses de amenorrea, con un rango entre 1 y 30 meses. ¡30 meses son 2 años y medio sin menstruación! La mayor media de amenorrea, 14.6 meses, se consiguió en 29 casos: nada de biberones ni chupetes, nada de sólidos ni líquidos los primeros 5 meses, nada de horarios, con tomas nocturnas y tomas tumbadas o reclinadas. Este estudio demuestra que en mujeres canadienses y estadounidenses bien nutridas también es posible que se produzcan amenorreas de la lactancia prolongadas, al menos bajo algunas circunstancias. Es decir, en el mundo industrializado si se siguen pautas culturales de lactancia preindustriales también se alarga la amenorrea.

El ciclo reproductivo preindustrial

La autora pasa a describir en el siguiente apartado de forma idealizada cómo sería el ciclo reproductivo preindustrial, para después matizarlo y aclarar que había también otros modelos que no se ajustaban a él (célibes voluntarias e involuntarias, las separaciones del compañero sexual…Yo añadiría también a las mujeres que tenían hijos amamantados por nodrizas). Es bastante similar a la realidad que describe Roger Short en el post anterior:

“Una mujer joven se casa un año o dos después de la pubertad y se queda embarazada un año después de la boda. Después de 10 meses lunares de amenorrea del embarazo, da a luz a su primer hijo, que comparte su cama hasta que es destetado. El destete no se completa hasta que el niño puede masticar y es pospuesto probablemente hasta que un segundo embarazo parece obvio. El intervalo de retorno de la menstruación es 13 meses, llegando a 16 meses en muchas sociedades (Tietze 1961). Cuando la ovulación y la menstruación vuelven, el ciclo se repite, generando un intervalo fisiológico de 2 años, 2,5 años”

“Se podría concluir que los meses de menstruación ocupan menos de 1/4 de la vida reproductiva de una mujer”.

Hay tres factores que modifican o matizan la validez del paradigma reproductivo preindustrial: 1) el 50% de las concepciones no resultan en niños vivos y son percibidos como una menstruación retrasada, 2) mortalidad infantil antes del año tiende a reducir la amenorrea, 3) anticoncepción (abstinencia, coitus interruptus, pesarios vaginales…). 

Otros factores interesantes que interactúan con el ciclo reproductivo (de los que también habla Roger Short en su artículo) son el estrés, la malnutrición y el ejercicio físico:

“El ejercicio vigoroso y sostenido puede promocionar la amenorrea, alterando la masa corporal o por otros mecanismos. Es interesante que tanto el estrés y el ejercicio pueden incrementar la prolactina en humanos de ambos sexos. Los dispositivos que ahorran esfuerzos, incluyendo el automovil, pueden reducir el nivel de ejercicio de una población. El grado de fuerza física y estamina que se requiere para las actividades de subsistencia de las mujeres en la mayor parte de sociedades preindustriales podría sorprender al moderno occidental. La inactividad podría ser un factor del declive de la amenorrea de la lactancia observada en las sociedades modernas”.

El periodo de transición y cómo es silenciado en la sociedad industrial

Nunca había oído hablar del concepto antropológico de “transición” en el ámbito de la relación materno-filial, creo que ahora se habla más de “exogestación”, es decir, la gestación que se hace fuera del útero materno. Por ejemplo, se suele decir que el bebé está 9 meses dentro de nuestro vientre y otros tantos meses fuera (o más). Esta idea de la transición fue expuesta por Margaret Mead y Niles Newton por primera vez para describir el periodo en el que los niños son completamente dependientes para su sustento, cuando se sustituye el cordón umbilical por el amamantamiento.

Afirma Harrell: “En las sociedades modernas este periodo de transición está silenciado y puede ser abolido por completo; en las sociedades preindustriales no se puede permitir que ocurra”.

Y aquí es cuando comienza lo interesante de este artículo, ya que comienza a relacionar la silenciación del periodo de transición con la industrialización y la consiguiente reducción del tiempo de amenorrea de la lactancia debida a una menor frecuencia de succión. ¿Y por qué se da este fenómeno? Harrell enumera unos cuantos correlatos culturales en relación al periodo de transición silenciado a los que yo aporto mi interpretación y añado elementos de reflexión basados en mi propia experiencia. Este listado no entra en juicios sobre las diferentes formas de crianza sino que analiza las posibles causas de que el periodo de transición haya sido silenciado con la llegada de la modernidad:

1. El pecho de la mujer es conceptualizado principalmente como algo enfocado hacia los hombres. Se considera que las mujeres no deberían enseñar sus pezones. ¿No nos suena de algo a la censura contra el pezón femenino en facebook?

2. El pecho femenino se ve secundariamente como un órgano que produce leche.

3. Las tomas se ven como deberes que deberían ser espaciados, y se trata de eliminar la toma nocturna lo antes posible. Cuando hay demanda frecuente se cree que es porque se tiene poca leche. Se sustituyen las necesidades de estimulación oral de los bebés por objetos diseñados ad hoc, como los chupetes. Es decir, en la cultura popular industrializada se desconoce totalmente cómo funciona la lactancia materna. Relacionándolo con el tema de la amenorrea y la anovulación, la frecuencia de las succiones y que no pasen demasiadas horas es fundamenteal para mantenerla. Es sencillamente la forma en la que la Naturaleza o la evolución favoreció que las crías humanas sobrevivieran con un intervalo suficiente entre nacimientos. Pero, claro, en el mundo industrializado todo esto deja de tener sentido, de forma aparente, ya que los niños pueden tomar biberón y las madres pueden usar métodos anticonceptivos. Pero no es oro todo lo que reluce… Ni el biberón es igual a la teta para el bebé,  ni el cuerpo femenino ha mutado para adaptarse a los nuevos tiempos, como lo corrobora el alto índice de casos de cáncer de mama. 

4. El llanto se considera que es algo sano, con ciertos límites. Mi interpretación de lo que dice Harrell aquí es que el llanto del bebé en el mundo industrializado está trivializado, no se entiende que tiene un sentido y se tapa con chupetes, es decir, tetas de látex o silicona fabricadas en serie y en cadenas de montaje. Por no hablar de métodos Ferber o Estivill…

5. Se cree que los adultos necesitan tiempo separados de los niños, tanto con cunas o habitaciones separadas (lo que obliga a que los padres tengan que abandonar la cama para las tomas nocturnas) como en la separación entre el mundo de los adultos y el mundo de los niños. Tiene más importancia el vínculo matrimonial que el materno-filial.

6. Se considera necesario y deseable organizar las actividades en base a un estímulo externo como un reloj o un calendario. Se hacen las cosas porque “es la hora”. Por ejemplo, la gente normalmente come porque es la hora de comer, no porque tengan hambre. La cultura reconoce los conceptos de “hora de bañarse” o “hora de la siesta” como distintos de suciedad o somnolencia. Similarmente, la gente inspecciona sus relojes para decidir si un niño está llorando y chupando su dedo está preparado para comer.

Además de los elementos culturales, Harrell añade otro listado de objetos o factores que proliferan cuando aumenta el dinero y que se asocian con un periodo de transición silenciado:

1. Todo tipo de gadjets, juguetes, carritos y andadores que distraen y separan al niño del pecho.

2.  El ocio adulto que fomenta la separación madre-niño, lo que puede influir en los niveles de prolactina. 

3. A casas más grandes, se tiende a dormir en habitaciones separadas y a tener mayor acumulación de juguetes infantiles. 

4. El periodo de transición también se ve reducido con el mayor acceso a diferentes tipos de alimentación suplementaria y la leche de vaca, que reducen la frecuencia del amamantamiento y la prolactina.

5. Algunos tipos de ropa impiden el amamantamiento frecuente.

6. Los relojes, la televisión, la iluminación artificial no respetan los ritmos circadianos y los estímulos intrínsecos como el hambre, la saciedad, la fatiga y el comfort.

7.  Algunas prácticas médicas anticuadas pero no obstante “modernas” como el aislamiento de los niños y el uso y abuso de la analgesia obstétrica pueden tener efectos negativos en la interacción madre-niño. 

8. El sistema económico anima la separación madre-hijo desde una edad temprana para que las mujeres trabajen fuera del ámbito doméstico. Incluso cuando las madres no están separadas de sus niños, el periodo de transición puede ser difícil de mantener. 

Después Harrell toca un tema que me toca de cerca ya que habla del colecho y del mantenimiento del contacto físico nocturno, las tomas nocturnas y sus oleadas de prolactina. ¿Por qué nos molestan tanto las tomas nocturnas a las mujeres occidentales incluso aunque durmamos con el bebé al lado? ¿Quizás porque no somos capaces de dormir y dar de mamar a la vez y por eso no descansamos bien? Para muchas mujeres el colecho no ha evitado los despertares nocturnos ni el sueño interrumpido. Muchas añoramos “dormir del tirón”, sin embargo, después de leer un libro de entrevistas a mujeres cazadoras-recolectoras Kung del desierto de Kalahari (Nisa: The Life and Words of a !Kung Woman), veo que en su cultura los niños maman también con la madre dormida. Entiendo que para intentarlo en nuestra sociedad tendríamos que mantener las precauciones habituales del colecho. Seguiremos investigando…

Cambio socioeconómico y el periodo de transición: el caso taiwanés.

 “Un asunto de particular importancia en el periodo de transición en las sociedades modernas es el del cuidado infantil en el lugar de trabajo. Jimenez y Newton estudiaron 195 sociedades en relación con la reincorporación al trabajo en el postparto; observaron que la mayor parte de las sociedades tradicionales con lactancias prolongadas permiten a las madres quedarse cerca físicamente de sus hijos mientras hacen su carga de trabajo completa”. 

En este apartado de su artículo, Barbara Harrell habla de su experiencia en los años 70 en una ciudad minera del Taiwan rural como madre lactante. Se fijó en varias cosas:

1. Las mujeres lactantes podían amamantar en público en cualquier ocasion. Los hombres ni miraban. 
2.  La experiencia empírica en los pueblos probaba que los niños de pecho estaban más sanos y grandes que los de leche artificial, porque la leche de fórmula se diluía demasiado y no se esterilizaban bien los biberones. La gente del pueblo pensaba que no había que suplementar antes de los 9-12 meses y la comida que se ofrecía eran gachas de arroz. Recuerdo que la recomendación actual de la OMS es de empezar a ofrecer alimentación suplementaria a partir de los 6 meses para evitar anemia en el bebé. 

3. No había horarios para el pecho, se amamantaba a demanda. Se utilizaban algunos chupetes.
4. La tolerancia hacia el llanto de los bebés era variada. Ninguno podía pensar que llorar era bueno para los bebés. Se solía ofrecer el pecho para callar al bebé. A medida que el bebé crecía los oídos de los cuidadores se hacían más sordos al llanto. 
5. Todos los bebés compartían la cama con sus padres por la noche; la gente rural no concebía otra posibilidad. La gente no puede imaginar excluir a los niños de bodas, funerales u otro tipo de actividades de ocio. Los niños eran discretos en esos actos, que no eran solemnes ni silenciosos. 
6.   Los horarios eran muy flexibles para los mineros, los de las fábricas y los colegios sí que funcionaban siguiendo el reloj.

Después, enumera una serie de cambios que comenzaban a darse a raíz de la “modernización”:

1.       Los cochecitos se estaba empezando a notar en el campo, con la pavimentación. Algunos niños de la comunidad eran confinados al carrito casi todo el día.  
2.       No había ningún pasatiempo para las mujeres que dejaban a los niños en casa. 
3.       En las casas se estaba muy apretado, los padres y los niños compartían cama. La abuela tenía su cama, algunas veces compartida con algún niño en proceso de destete. 
4.       La nutrición taiwanesa era adecuada. La gente del pueblo seguía la costumbre de alimentar a la puérpara con pollo, aceite de sésamo y arroz. 
5.       La ropa estaba cambiando desde los tiempos de las abuelas. La mayor parte de las mujeres estaban utilizando sujetadores y vestidos occidentales. A pesar de lapresencia ubicua de las mini faldasque temporada, las mujeres jóvenes seguían prefiriendo la posición en cuclillas durante la mayor parte de las actividades. Como sabemos las mujeres lactantes, del siglo que sea, con un vestido que no sea de lactancia no se puede amamantar porque te tendrías que subir el vestido hasta el pecho. Respecto a las cuclillas es un tema interesante del que Casilda Rodrigáñez habla también en sus libros.
6.       Los relojes y las luces eléctricas estaban presentes pero no eran destacables. Aproximadamente dos tercios de las familias tenían su propia televisión. 
7.       El nacimiento de los niños estaba pasando del pueblo a las clínicas de matronas, aunque algunas mujeres preferían parir en casa atendidas por su suegra. El parto se hacía sin analgesia. La madre y el niño se quedaban en casa un mes después del parto. Se les consideraba contaminados durante ese tiempo. A las mujeres jóvenes les parecía una práctica sofocante. 
8.       Algunas mujeres se estaban dedicando a tejer jerseys para la exportación. 

En base a todo esto la autora hizo una investigación. Quiso probar la hipótesis de que la presencia de la suegra estaba relacionada con el declive de la duración del periodo de transición, porque parecía que las mujeres que vivían con sus suegras ofrecían biberones y destetaban más tempranamente que las mujeres que no vivían con sus suegras. “Era obvio que las mujeres jóvenes que trabajaban en la industria del tricotado tenían suegras que cuidaban de sus hijos, pero como muchas de ellas trabajaban en casa, cerca de sus niños, parecía poco probable que el trabajo en sí interfiriera con el amamantamiento a tal grado”. 

Después de hacer entrevistas vio que la duración de la lactancia materna era de 12-13 meses pero que había decrecido desde la estimación de 2 años de otros estudios nacionales realizados en los años 50 y de 17,7 en el Taiwan rural de los años 60. Se dio cuenta que su hipótesis sobre las suegras no era cierta y que no había correlación alguna entre la presencia de la suegra y duración de la lactancia. Sin embargo, sí la había con el trabajo. Entre los bebés de madres trabajadoras, el 56% había suplementado antes de los 5 meses, comparado con el 24% de los bebés de las madres no trabajadoras. La única correlación que existía con las suegras era que las mujeres que trabajaban en casa necesitaban su ayuda para cuidar a los bebés, pero no eran causa de nada sino una consecuencia más asociada al trabajo monetarizado.

Había 3 razones aportadas por las mujeres para el fin de su lactancia: 1) no tener suficiente leche. 2) que el bebé había aprendido a andar, lo que significaba que era edad de destetar, 3) un nuevo embarazo. Barbara Harrell concluyó que el empleo (se entiende que trabajo remunerado) en el hogar podía asociarse con un periodo de transición reducido y que la explicación más probable era el acceso reducido al amamantamiento, una menor frecuencia de succión y, por tanto, de prolactina.

La autora reflexiona de forma muy acertada: “Todas las mujeres entrevistadas querían amamantar. Según los estándares americanos modernos lo hicieron con éxito, según los estándares preindustriales taiwaneses, no. Este declive empezó en un entorno que apoyaba mucho el amamantamiento, pero es predecible que las actitudes cambiarán para ir acordes con el acceso a la vida moderna”

“Arrastradas por la fiebre del desarrollo tecnológico, las mujeres del Taiwan actual, no pueden distanciarse facilmente de las demandas del progreso para evaluar sus efectos en sus vidas. 
 (…) Tendrán que ser quizás los antropólogos los que tendrán que proveer al mundo con un marco cognitivo de apoyo a la lactancia contra el empuje de la modernización, así permitiendo a las mujeres elegir o rechazar el amamantamiento sobre una base distinta del ratio de fracaso”. 

Las conclusiones de su estudio no son ninguna tontería: el trabajo remunerado está asociado a una menor succión del pecho, incluso aunque se haga en el hogar y el bebé esté cerca cuidado por la abuela. Podemos decir que no tendría que ser necesariamente así, podemos usar sacaleches, podemos intentar trabajar con un portabebé para que el bebé pueda succionar mientras trabajamos, etcétera, pero que es un efecto constatado de la modernidad, es un hecho. ¿Debería respetar el trabajo asalariado que algunas mujeres no queramos renunciar a la succión frecuente por todos los beneficios que conlleva para bebé y madre, incluida la amenorrea de la lactancia? Yo creo que sí. ¿Se soluciona con guarderías en las empresas o con que nos acerquen al niño para mamar? Quizás. ¿Podría hacerse con trabajos que admitieran a nuestros hijos, como en aquel cuadro de Bilbao de “las cigarreras”? A lo mejor. La lactancia materna y la fisiología femenina tiene sus propias lógicas internas que no entienden de ideologías, sistemas económicos, políticos o laborales. Por ejemplo, la leche materna tiene defensas que pasan de la madre al hijo a través del pecho, pero poca gente sabe que la madre produce defensas en referencia al ambiente en el que se encuentra, no defensas para las posibles bacterias y virus de la guardería con los que no ha tenido contacto. De hecho, muchas guarderías no permiten entrar a las madres a las aulas. Todavía nos queda un largo camino de reflexión, pero para que cada cual escoja su camino en el siglo XXI se necesita observar el paisaje a vista de pájaro y reconocer las limitaciones materiales, para luchar contra ellas o adaptarse a las mismas.

Conclusiones

La autora finaliza su artículo con unas conclusiones muy profundas. Constata que en antropología se ha escrito mucho sobre todo tipo de símbolos y ritos menstruales, pero no hay casi nada sobre lactancia. ¿Y cuál es la posible causa? Según ella porque en las sociedades occidentales modernas los ciclos menstruales se repiten a sí mismos “ad infinitum” mientras que la lactancia es algo inusual. Sería una especie de sesgo en la visión de la antropología actual, que no es capaz de abstraerse de la realidad actual del todo.

Mientras Margaret Mead y Newton consideran la lactancia como un periodo de transición para el bebé, la autora se interesa por el fenómeno desde el punto de vista de la mujer en sí misma. La lactancia prolongada se asocia con una ausencia de menstruación prolongada y esto se ve influido por factores culturales que influyen en la frecuencia de amamantamiento. La amenorrea es la norma para las mujeres preindustriales. La menstruación en ese mundo es un estado “liminal” entre dos hijos (un concepto antropológico que se podría traducir por “transitorio”) y poco común. Si no está entre niños está en la pubertad o en la menopausia, cuando se suelen tener ciclos anovulatorios. Ese estado de estar como entre “dos tierras” es, según Harrell, lo que podría relacionarse con las ideas de magia, contaminación o aislamiento que han sido estudiados por la antropología.

 ¿Y qué del ciclo menstrual recurrente actual?
“En la sociedad occidental moderna, funcionamos continuamente en este estado sexual aumentado, este surgimiento cíclico de potentes hormonas femeninas. Pensamos que es nuestro derecho natural de nacimiento, y como mujeres nos ponemos a la defensiva ante la sugestión de que la “naturaleza” pueda afectar nuestro temperamento o juicio. Tendemos a favorecer la aceptación pública de la menstruación como una función normal y natural, aunque lo hacemos con un cierto grado de ambivalencia. Por ejemplo, en “The Curse”, un exhaustivo esfuerzo para desmitificar la menstruación, en última instancia se recomienda ratificar”el más elemental y obvio aspecto de la condición de mujer” a nuestras hijas como “la bendición de Eva”, promoviendo al mismo tiempo y con entusiasmo la extracción menstrual, el “periodo de 60 segundos” (Delaney, Lupton y Toch). (…)”

 La menstruación de 60 segundos de la que habla el libro de “The Curse” es una aspiración del líquido menstrual similar a un aborto temprano y que un grupo feminista difundió en los años setenta.


Pero aquí viene el párrafo más impactante y enigmático de todo el artículo de Barbara B. Harrell con el que me despido: 

“El ciclo reproductivo preindustrial con su periodo de transición intensivo sugiere otra visión, que el ciclo menstrual continuo no es un atributo natural de las hembras humanas. Quizas “la maldición” (“the curse” en inglés quiere decir maldición y es un nombre coloquial de “la regla”) puede ser explicada como un artefacto de la Edad de la Tecnología, algo impuesto a las mujeres por una sociedad de la abundancia que no necesita más niños“.

Recuerdo el acceso al artículo completo en inglés:  http://es.scribd.com/doc/184969547/Lactation-and-Menstruation-in-Cultural-Perspective

ACTUALIZACIÓN: 
Como se aclara en el libro “On fertile ground: a natural history of human reproduction” actualmente hay varias posturas o enfoques que explican la falta de menstruación temporal en las madres lactantes: las que basan la explicación en la frecuencia de las tomas del bebé (John Bongaarts), otra es la de la carga metabólica relativa (la energía que tiene que derivar la madre hacia la lactancia se reduce al introducir alimentación complementaria, por ejemplo) y también hay una investigadora que ha añadido una más, la influencia en la fertilidad de la mujer del nivel de grasa en su cuerpo (Rose Frish)”. Más en: “La evolución de la reproducción humana” de Roger Short (1976)” http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/la-evolucion-de-la-reproduccion-humana.html