¿Crees que pudieron hacerte esto durante tus primeros minutos de vida? Lo (bio)político es personal

La violencia hacia la madre no puede ser separada de la violencia hacia el bebé. Por ejemplo, del video que enlazo abajo me gustaría destacar lo que podemos ver en las imágenes sobre el minuto 10.42. Se trata de un verdadero ritual antropológico, un bautizo rutinario y tecno-médico-industrial que da la bienvenida a un nuevo ser humano convirtiéndolo en objeto de una cadena de montaje. Hoy en día, se explicita en la nueva “estrategia de atención al parto normal”, no están recomendadas estas prácticas de forma rutinaria (sí en casos que sea extrictamente necesario).

Cuando supe que esto se había estado haciendo en los hospitales solamente podía pensar en una cosa: una violación del cuerpo de los más indefensos en el momento en el que solamente buscan a su madre. Por no decir que hoy en día hasta las endoscopias se suelen hacer con sedación (yo me tuve que hacer una sin sedación hace años y fue muy, muy desagradable).

Estas políticas sobre el nacimiento tienen unos responsables concretos. En este caso, quedarnos en una mera denuncia de un abstracto “patriarcado” evita que podamos llegar a conocer quién o quiénes promovieron estos protocolos médicos en el mundo y, más concretamente, en España. ¿Alguien se anima a ayudarme a rastrear esta información?

“Tras la Guerra Civil española, las competencias sanitarias regresaron al Ministerio de la Gobernación hasta 1977” , por eso, a lo máximo que he llegado en el conocimiento del franquismo obstétrico-pediátrico ha sido llegar a este cuadro, en el que podemos ver que el Ministerio de Gobernación estaba dirigido, por ejemplo, durante la inauguración del hospital de La Paz en 1964 por un tal “Camilo Alonso Vega” y un tal “Vicente Fernández Bascarán” como interino. Ambos eran altos cargos militares. Es decir, eran miembros dirigentes del Ejército los que decidían en última instancia cómo debían nacer los niños y las niñas, cómo debían parir las mujeres, y cómo debía ser asistido el nacimiento por parte del personal sanitario de los hospitales.

Me gustaría encontrar el nombre de los altos funcionarios franquistas y demás cargos intermedios responsables de los protocolos hospitalarios en referencia al parto (sin quitar responsabilidad a esas personas que simplemente “seguían órdenes”). ¿Alguien tiene alguna pista? También busco a los responsables de esos mismos protocolos en otros países, principalmente en EEUU, ya que es probable que, a raíz del Plan de Estabilización de 1959 (“diseñado por los tecnócratas del Opus Dei, que habían accedido al gobierno en 1957, este plan económico fue elaborado siguiendo las indicaciones del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI)”)  también se exportaran “modas” obstétricas hacia aquí, tal y como se hizo en otros países de América Central y Sudamérica (ver mi post sobre “Maternar a la madre” en referencia a las doulas y la investigación de Klaus y Kenell en Guatemala):

“Todavía es más interesante, si cabe, que en el libro se mencione que estos protocolos hospitalarios que impedían cualquier tipo de acompañamiento eran una simple traslación por parte de autoridades médicas estadounidenses de los modelos obstétricos norteamericanos de los años 50 a los protocolos hospitalarios guatemaltecos varias décadas después. Es decir, estamos ante un caso de imperialismo médico que destruye una situación previa para, después, dejar un problema que otros médicos estadounidenses (Klaus y Kennell), con la mejor de las intenciones, intentan paliar con una figura como la de la doula. En ningún momento se plantea la reflexión de qué se puede hacer para unir lo que se ha roto entre las generaciones de mujeres y sus redes de reciprocidad y aprovechar lo positivo que puedan tener los avances médicos cuando son realmente necesarios y no iatrogénicos. Tampoco se pone sobre la mesa una reflexión profunda sobre las causas sociales, culturales y biopolíticas que nos han llevado a la situación actual, donde el aislamiento y la fragmentación es uno de los mayores problemas de la maternidad actual y la crianza cooperativa. Supongo que tratar este tema daría para que los autores hubieran escrito otro libro completo, llegar a conclusiones políticamente incorrectas y ya sabemos que el ser humano es especialista en huir hacia delante.”

La biografía de Francisco Franco, hijo de un General Intendente de la Armada alcohólico que maltrataba física y psicológicamente a toda la familia (maltrató también a la esposa durante el embarazo), que nació 3 años después de la implantación del código civil patriarcal español de 1889, quizás poco nos pueda decir sobre la atención al parto durante la dictadura… ¿O sí?

La Paz (Madrid)

 

Torre Balilla

Si tiramos de ciertos hilos se entienden muchas cosas. La maternidad de La Paz se inspiró arquitectónicamente en la Torre Balilla, un edificio futurista de la FIAT de la Italia fascista (1933) pensada por Agnelli para los hijos de los operarios de la empresa de coches. Como explica muy bien el trabajo del arquitecto Alberto Pieláin Álvarez-Arenas en “Los hospitales de Franco”: 

“Hacía falta una imagen nueva, pero que representara a unos inmutables ideales de justicia social que después de dar vida a la Cruzada habían vuelto a consagrarse como Principios del Movimiento Nacional’ en una revisión católica del ideario fascista. Parecía oportuno, por tanto, rescatar para la causa española la imagen de una emblemática obra social de la Italia de entreguerras”.

Colonia de verano de Torre Balilla/Torre Fiat

“La Torre Balilla era el  albergue  de  lo  que  entonces  se  denominaba  una  colonia  infantil  de  vacaciones  por  eufemismo  de  su  verdadero  cometido  como  casa  de  salud  para  niños  pretuberculosos.  La  colonia  de  vacaciones  era  a  la  vez  sanatorio  y  escuela  de  higiene;  y  durante  el  fascismo  fue  además  centro  de  adoctrinamiento.  Sin  esa  connotación  de  propaganda,  un  programa  tan  modesto  como  el  de  albergue  juvenil  no  habría  ocasionado  una  arquitectura  tan  fantástica  como  la  de  la  Torre  Balilla”.

“Para los hijos del pueblo”

Siguiendo ese hilo también podemos entender el concepto de hospital como fábrica de partos y bebés (y a su vez el modelo de fábrica como cárcel y como ejército…): “Esa obra, como otras de Bonade, parece inspirada por la factoría turinesa de automóviles, el Lingotto de su antecesor al frente del servicio de construcciones de la Fiat, Giacom o Matté Trucco*, y aunque contiene un sencillo programa de albergue comunitario, es un enorme cilindro de 52 metros de altura y 25 de diámetro”.
 

El Lingotto en Turín

  

“Lingotto es un barrio de Turin, Italia, pero el nombre se asocia más con el Edificio Lingotto, sito en la Via Nizza, que fue en su época una enorme fábrica de coches, construida por Fiat.

Por otro lado, siempre he sido muy inocentona y había pensado que el nombre de “La Paz” venía de la capital boliviana. Sin embargo, el nombre de  “La Ciudad Sanitaria “La Paz” de Madrid” conmemoraba y conmemora (nunca se ha cambiado el nombre y hace bien, se agradece la sinceridad al mostrar la biopolítica ante todo…) el 25 aniversario de la victoria de la sublevación militar). De nuevo, vemos que se inspiraron en la obra social de una empresa fascista para construir un hospital que celebraba una victoria militar. ¿Quizás la victoria de la erradicación del parto no hospitalario ni estandarizado en paralelo? Esto ya es mucho especular, pero ahí lo dejo como hipótesis.

Colonia Fiat, Torre Balilla.

“El proyecto de enfermería redonda había nacido con la doble intención de reducir recorridos y mejorar la relación visual entre las habitaciones y el puesto de control de enfermería, pero aquí no se logró ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario. Los desplazamientos de las enfermeras se vieron doblemente aumentados, tanto porque con la adopción literal de la enfermería redonda se incrementaron las distancias entre control y habitaciones como porque con la fragmentación del nido en 64 habitáculos distribuidos de ocho en ocho a lo alto del hospital se multiplicó el número de los desplazamientos’* . Y la supervisión también se hizo más difícil, porque en el núcleo solo quedó un pequeño rincón para el puesto de control de enfermería y el resto se macizó de cosas , en lugar de permanecer vacío conforme a su principio panóptico, lo que no produjo más que el efecto contrario del que se buscaba , pues en los esquemas lineales de enfermería el pasillo al menos siempre había sido visible desde el control , y ahora quedaba casi totalmente oculto detrás del propio núcleo de servicio”.

Mussolini recibe al senador Giovanni Agnelli que le presenta el nuevo modelo de coche FIAT Balilla (el nombre que después le pondrá a la torre que inspirará la Maternidad de La Paz, en Madrid)

Fascismo militar corporativo y panóptico victoriano

Como vemos, en lo concreto podemos ver que las inspiraciones arquitectónicas de la maternidad de La Paz son el Futurismo fascista corporativo (“un arte que imaginaba el futuro sin olvidar el pasado romano”.  Pasado romano patriarcal, podríamos añadir) y la idea de enfermería redonda victoriana. “Marcide se valió del esquema de enfermería redonda, una solución que ya había tenido antecedentes ilustres en la etapa victoriana^* y que desde su actualización en los primeros años cincuenta se había hecho habituales en los proyectos de hospitales”. (…) 

Pg. 93 http://oa.upm.es/4331/1/ALBERTO_PIELTAIN_ALVAREZ_ARENAS_b.pdf

 

Pg. 103 http://oa.upm.es/4331/1/ALBERTO_PIELTAIN_ALVAREZ_ARENAS_b.pdf

Lo (bio)político es personal/ “La Paz” es Guerra

La atención al parto en el Hospital de La Paz, por seguir con el ejemplo, sigue siendo muy deficiente, más si se tiene la “suerte” de caer en manos de ciertos y ciertas profesionales que más parecen sargentos en el cuartel que personas que atienden el momento de nacer de seres humanos. No en vano, la matrona y varias ginecólogas que me atendieron en La Paz se comportaban como militares en una guerra en el trato y en el maltrato (salvo una honrosa excepción, un verdadero ángel de mujer que se cruzó en nuestro camino por las trincheras/cadenas de montaje y me enseñó a amamantar). 

Cuando después del nacimiento de mi hijo en casa acudimos allí para expulsar con seguridad la placenta retenida (dada la evolución del parto mi tanto la matrona como nosotros valoramos que era más seguro expulsarla en un hospital y poder comprobar que no quedaban restos con el ecógrafo) fuimos tratados con desprecio; se me dijo que “no me riera” que esto era serio y que lo mismo me tenían que hacer un legrado con anestesia general (la placenta salió simplemente tirando de ella sin problema y, como todo el mundo comprenderá, yo no me estaba riendo precisamente sino intentando sonreir ante la adversidad); se nos cuestionó nuestra legítima opción a parir en casa durante toda la estancia; se nos habló mal; se me intentó culpabilizar, se me dijo literalmente que “sólo sabía molestar” delante de la visita de una amiga; se me ordenó ducharme aunque me sintiera débil y anémica al estilo de “la mili”; se entraba en la habitación encendiendo luces y hablando alto cuando llevábamos dos noches sin dormir… Todas las agresiones verbales, comentarios hirientes y faltas de respeto fueron dados por mujeres y todo ello en el momento más vulnerable de mi vida y la de mi hijo. He tardado tres años y medio en poder hablar de ello de forma pública. Y no pienso pasar página y hacer como si no hubiera pasado nada porque se dá la circunstancia que este hospital está financiado con los impuestos que el Estado nos retiene de forma obligatoria a todo el mundo y una mujer que pare en casa de forma voluntaria o imprevista tiene el derecho a ser atendida igual que una que lo hace en un hospital (a lo mejor es que “igual” significa “igual de mal” en el trato). Por cierto, tuve que volver tres semanas después al hospital con una hemoglobina de 7.5 y una anemia galopante de la que nadie me había advertido al alta. Fue mi médico de cabecera el que dada mi palidez y síntomas me mandó hacer análisis. Esto tiene que cambiar y, para ello, debemos comprender estos fenómenos en su totalidad y de forma global. 
 
(Iré actualizando este post a medida que avance la investigación hasta llegar a la actualidad de este régimen posfranquista).

Faltaría el hospital y la fábrica y en primer lugar el origen de todo: el ejército. Tomado del facebook de David Wolfe: https://www.facebook.com/DavidAvocadoWolfe/photos/a.10150364951666512.342374.102515706511/10153043076226512/?type=3&theater

ACTUALIZACIÓN 26/10/2015:

Tomado de una entrevista al Director de la Maternidad de La Paz hasta tiempos muy recientes, el Dr. Antonio González: http://www.laopiniondezamora.es/zamora/2012/09/02/oigo-parto-agua-ponen-pelos-punta/624293.html

“-La Paz era un hospital de mucho prestigio, desde su apertura.

-Fue en el año 1965. Nació como una maternidad especial, modelo, inauguraba un ciclo hospitalario en España nunca visto, y a partir de ahí fueron surgiendo centros con la misma filosofía en otros puntos de España. Desde entonces se desarrolló la medicina socializada.


-¿Qué novedad aportó La Paz?


-Fue una forma de atender el parto, integrada, segura, razonable, aséptica, científica, y sobre todo aportó una enorme seguridad, tanto a la madre como a los hijos. Los bebés entonces tenían una mortalidad bastante más alta de la de ahora y se empezó a practicar una medicina excelente que se reflejó en el descenso de la morbilidad y mortalidad fetales. Pasamos de veinte muertos por mil nacidos a tres que estamos ahora, prácticamente irreducible ya. También la mortalidad materna disminuyó.”

 

 

ACTUALIZACIÓN A 19/09/2016:

Cita de Margaret Mead del libro “The Vital Touch: How Intimate Contact With Your Baby Leads To Happier…” Escrito por Sharon Heller

sharon_heller
Enlaces externos: 

Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Norma
Estrategia de Atención al Parto Normal en el Sistema Nacional de Salud 
“Mi historia de coraje en el hospital La Paz”: http://marisoldiez.blogspot.com.es/2014/06/mi-historia-de-coraje-en-el-hospital-la.html 
“Los hospitales de Franco. La versión autóctona de una arquitectura moderna”. Autor: Alberto Pieláin Álvarez-Arenas, arquitecto. Director: Justo Fernández-Trapa de Isasi, doctor arquitecto. http://oa.upm.es/4331/1/ALBERTO_PIELTAIN_ALVAREZ_ARENAS_b.pdf

Maternar a la madre

“Utilizamos la palabra (doula) en el sentido hoy ampliamente aceptado de una acompañante experimentada en el parto que provee a la mujer y a su pareja apoyo tanto emocional y físico a lo largo de todo el parto, alumbramiento, y hasta cierto punto, después”.
 Marshall H. Klaus, John H. Kennell, Phyllis H. Klaus. 1993
 

Hay libros que en teoría tratan sobre algo muy concreto, de un tema principal, y sin embargo lo más interesante y jugoso está en las tramas secundarias, en los temas que bordean pero en los que no entran de lleno. Al leer “Mothering the Mother” (“Maternando a la madre” de Marshall H. Klaus, John H. Kennell y Phyllis H. Klaus) es lo que he sentido. A pesar de que es un texto sobre el significado e importancia de las doulas en el parto y sobre cómo “pueden ayudar a tener un parto más corto, sencillo y sano”, durante su lectura no podía dejar de pensar en una realidad previa, en por qué las doulas modernas eran presentadas como algo necesario en nuestra sociedad y qué personas habían maternado a la madre dentro de los vínculos de reciprocidad antes de que lo hicieran algunas de ellas a través de los vínculos mercantilizados o institucionalizados. Veamos algunos fragmentos:

Pg. 6: “Desde hace milenios la relación de una madre con su hija, de mujeres mayores experimentadas a mujeres parturientas jóvenes era respetada y comprendida. Hoy en día, aunque muchas mujeres querrían a sus propias madres ayudándolas durante el parto, la mayor parte de las abuelas de hoy en día no tienen experiencia sobre nacimientos. La experiencia de las mujeres que dieron a luz en los años 50 y 60 no habría sido la ideal. También, muchas mujeres se encuentran separadas de sus hijas geográficamente y algunas, psicológicamente. Muchas mujeres embarazadas de hoy en día prefieren que no esté su madre durante el parto, incluso si tienen una relación cariñosa”. 
Pg. 18: “Las cualidades suaves, silenciosas, suaves, sensibles, nutricias del “maternaje” han venido de forma tradicional de las mujeres en nuestra cultura”.
Pg. 19: “Una mujer de parto puede sentir que debe actuar de una determinada forma delante de su marido, su madre o su suegra. En contraste, la mujer puede estar completamente a gusto con una doula y sin preocupaciones sobre tener que intentar gustarla o montar un espectáculo para ella“. 

Pg. 25: “Si una mujer ha tenido un maternaje inapropiado ella misma, la crianza (“nurturing” en el original en inglés) que provee la doula durante este periodo único puede proporcionar una oportunidad de rematernar a la madre como una persona y dar algún tipo de curación a una experiencia anterior”.

Pg.  30: “En algunos casos la mujer tiene especiales necesidades, como con las adolescentes o las mujeres que han sido descuidadas o abusadas o no maternadas (“mismothered” en el original) cuando eran bebés o niñas”.

Pg. 57: “Lydia también mencionó que su hermana Lynne, que era muy cercana, también estaría en el parto. Lydia estaba preocupada, sin embargo, del potencial de su hermana de volverse muy ansiosa durante los momentos de estrés”.

Pg. 68: “Con la doula presente, el padre nunca se queda solo como la única persona, aislada y responsable cuidando a la madre de parto”.

Pg. 112-113: “Mientras casi todas las sociedades tienen un sistema que ayuda a los padres a través de este periodo, los Estados Unidos tristemente han persido la costumbre y los recursos que una vez tenían este efecto. En el presente, la falta de una amplia aceptada tradición cultural de dar el necesario apoyo a las familias después del parto es una deficiencia mayor. En el pasado, la madre de la madre y otras familiares femeninas proveían esta asistencia y guía. Pero hoy la madre de la madre está a menudo en el trabajo y no habrá nadie para llenar el vacío”.

Pg. 116: “Para muchas mujeres esta función ha sido realizada a través de los años por su madre o suegra, o por alguna familiar o amiga. (…) Por ejemplo, puede ser arriesgado para una nueva madre elegir a su suegra si no puede comunicarse de forma fácil con ella o con su propia madre si todavía hay conflictos sin resolver”.
(…)
“En la mayor parte de las sociedades no industrializadas la madre y el bebé están juntos, con apoyo, protección y aislamiento de otras demandas y gente por al menos 7 días – y algunas veces semanas- después del parto”.  

Pg. 119: “Cuando una madre ha tenido una mala relación con su propia madre o fue separada de uno o de los dos padres antes de la cumplir 11 años, es más probable que sufra depresión y ansiedad, según la investigación”.

A pesar de que aparecen muchas citas sobre el mismo tema en realidad el libro no pretende analizar las causas profundas y las consecuencias de esta falta de maternaje a la madre, de la ausencia de madre a lo largo de la vida, que en realidad lo que nos muestra también es la ausencia de la abuela y de las hermanas, y de la rotura o desintegración de estos vínculos. El libro habla de cómo paliar esa ausencia y esa carencia, como si ya no fuera posible volver atrás, como si hubiéramos perdido algo que es imposible de recuperar y lo único que pudiéramos hacer es crear una nueva figura mercantilizada, la doula moderna, para acompañar estos procesos que antes se movían en los espacios de reciprocidad y apoyo mutuo de la familia y, no lo olvidemos, la comunidad.

Imperialismo médico

En los estudios realizados en la ciudad de Guatemala por los autores, las políticas del hospital no permitían a ningún miembro de la familia o amiga estar presentes en los paritorios, debido aparentemente al gran número de partos (una media de 60 partos al día) y la limitación de espacio. Esto en mi opinión es un sesgo de la investigación ya que estaban comparando una situación anormal y artificial hospitalaria con un paliativo: el acompañamiento de una doula.  

Las indígenas guatemaltecas que vivían a unos cuantos kilómetros de estos hospitales seguían maternando a la madre durante el parto, el postparto y el puerperio o bien con la propia madre, la suegra o una comadrona nativa. Los estudios de estos autores, sin embargo, fueron realizados solamente con el grupo hospitalario acompañado de doulas, no en ambientes rurales. En ningún estudio se comparó el acompañamiento doula versus el acompañamiento de madres o alomadres tradicionales de la Guatemala rural. Tampoco se tuvo en cuenta que también existen culturas en las que las mujeres paren sin acompañamiento y separadas de la comunidad, normalmente a partir del segundo hijo (ver libro “Life and Words of a Kung Woman“).

Todavía es más interesante, si cabe, que en el libro se mencione que estos protocolos hospitalarios que impedían cualquier tipo de acompañamiento eran una simple traslación por parte de autoridades médicas estadounidenses de los modelos obstétricos norteamericanos de los años 50 a los protocolos hospitalarios guatemaltecos varias décadas después. Es decir, estamos ante un caso de imperialismo médico que destruye una situación previa para, después, dejar un problema que otros médicos estadounidenses (Klaus y Kennell), con la mejor de las intenciones, intentan paliar con una figura como la de la doula. En ningún momento se plantea la reflexión de qué se puede hacer para unir lo que se ha roto entre las generaciones de mujeres y sus redes de reciprocidad y aprovechar lo positivo que puedan tener los avances médicos cuando son realmente necesarios y no iatrogénicos. Tampoco se pone sobre la mesa una reflexión profunda sobre las causas sociales, culturales y biopolíticas que nos han llevado a la situación actual, donde el aislamiento y la fragmentación es uno de los mayores problemas de la maternidad actual y la crianza cooperativa. Supongo que tratar este tema daría para que los autores hubieran escrito otro libro completo, llegar a conclusiones políticamente incorrectas y ya sabemos que el ser humano es especialista en huir hacia delante.

Fragmentación de la mujer

Después de leer las citas no puedo evitar realizar un paralelismo entre la doula, la prostituta, la nodriza o la madre de alquiler. No en vano la doula griega era una esclava del servicio doméstico de las casas, dentro del patriarcado griego (los esclavos masculinos se llamaban “doulos”) que, por supuesto, era un objeto en propiedad y no cobraba salario alguno. El rol de la doula actual no tiene nada que ver ni con la esclavitud ni con la servidumbre ni con el servicio doméstico y quizás algo más con una profesión liberal autónoma. ¿No va siendo hora de cambiar la denominación instaurada por la antropóloga Dana Raphael por otra que se ajuste mejor a la realidad? ¿Imaginamos por un momento que viviéramos en Grecia y habláramos de contratar a una “esclava” o una “sirvienta” para nuestro parto y puerperio? ¿O que existiera aquí una “Asociación Española de Esclavas” o un “Curso de capacitación para Esclavas”? La palabra griega doula o doulos (frente a la de eleutheros, que era la de los “hombres libres”) tiene una carga histórica muy fuerte de explotación, violencia y de dominación que tiene muy poco que ver con la resignificación del término en las últimas décadas (otro significado de la palabra “doulos” es el que le dan los cristianos como “esclavo de Dios” o “esclavo de Jesucristo”).

Tomado de la web cristiana http://www.douloscag.org/

La antropóloga Dana Raphael, miembro directivo del Club de Roma de Estados Unidos, fue la primera en usar el término “Doula” en el contexto maternal actual.

Como bien se explica en una de las citas seleccionadas del libro de Klaus y Kennell, la relación con la doula moderna evita tener que “dar la talla” o comportarse de una determinada forma para cumplir con las expectativas y los juicios que podrían venir de esa figura maternal no mercantilizada y familiar. En la sociedad actual, el pagar a una persona extraña ya sea durante una relación sexual o durante el parto (y estos dos eventos están muy relacionados, como sabemos) ayuda, paradójicamente, a relajarse y a no ser juzgada, como vemos en este ejemplo relacionado con la prostitución:

“Por lo pronto, a mí me parece tentador pagar por abandonarnos al placer, permitirnos recibir más de lo que damos, aparcar la presión de dar la talla, de ser la amante ideal que describe la Cosmopolitan, y limitarnos a disfrutar”. (Post de June Fernández “Puteras”)

Y un interesante paralelismo con este texto sobre las doulas:

“Al “maternar a la madre”, la doula retira la responsabilidad de ser una super-mujer de los hombros de la madre. La doula permite a la madre crecer en su papel (de madre) a su propio paso, y la anima durante todo el camino. La doula se da cuenta de que, así como cada nacimiento y cada bebé son únicos, cada madre es única”. Jaqueline Kelleher. Nurturing the family. The guide for postpartum doulas. Traducido por el blog “de lunas y laberintos”)

Los vínculos primarios maternales que aportaban seguridad y cuidado entre las mujeres del pueblo ahora se convierten, en muchas ocasiones, en peligros potenciales. No hace falta idealizar el pasado o esos vínculos, no es que la gente antes no tuviera conflictos interpersonales sino que cuando había que estar, se estaba, como un deber sagrado más allá de las diferencias (ver, por ejemplo, el “atsolorra” vasco).

Por otro lado, las mujeres sin madre, sin alomadres y sin amigas cercanas, se vuelcan en el padre como único compañero. Hay gente que pensará que es por culpa del “amor romántico”. Yo creo que es por falta de redes femeninas de apoyo mutuo fuera del mercado y, si acaso, el “amor romántico” es consecuencia y no causa. También se destaca en el libro que se ha perdido el apoyo tradicional en el postparto, ya que hoy las madres de las parturientas están también trabajando fuera de casa y no tienen derecho a permiso por acompañamiento (es curioso que esta no sea una reivindicación social ni política de ningún tipo*).

Sobre esta ruptura de los vínculos primarios, en el libro se habla muy de pasada sobre la pérdida de comunicación entre las generaciones. Ya no hablamos el mismo idioma ni somos capaces de comprendernos. Existe una separación psicológica y, en muchos casos, una separación geográfica causada por la movilidad del campo a la ciudad, de las ciudades pequeñas a las grandes, de unos barrios a otros, de unos países a otros. En resumen: hay una separación laboral, comunicativa, psicológica, geográfica y, en algunos casos, separaciones causadas por abusos maternos y paternos durante la infancia.

No es mi intención con este artículo cuestionar la libertad personal de las mujeres para ser doulas o contratarlas. Las mujeres deben poder estar acompañadas durante sus partos por la persona que ellas mismas elijan y esta decisión debería ser respetada, ya sea su doula, su madre, su pareja, otro familiar, una amiga o un amigo. Pero, como siempre, además de reivindicar la libertad individual como fin en sí mismo o los cambios normativos o protocolarios creo que hay que ir un poco más allá en la reflexión.

Esto ha sido un pequeño esbozo, la segunda parte de este artículo (si existiera…) tendría que versar sobre los cambios que podrían darse en nosotras mismas para poder acompañar dentro de nuestros círculos personales (independientemente de que exista un mercado del acompañamiento), aprender del pasado para ver qué es rescatable para el momento actual y qué no, cómo construir ese deber de cuidarnos y criarnos unos a otros y, en concreto, en el tema que nos ocupa, cómo maternar a la madre.

*Actualizo a 2 de julio de 2015: en el libro de María Pazos, Desiguales por Ley, se habla del “permiso de abueleidad” que sí existe en algunos países europeos.

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