Nina y Lisa Simone

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Si no habéis visto el documental What Happened Miss Simone! sobre la vida de la famosa cantante y pianista Nina Simone, os lo recomiendo. Su música me apasiona desde siempre y conocer su historia me ha turbado e incomodado. ¿Se puede disfrutar de su música conociendo la parte negativa y violenta  del artista como persona? Agredida y agresora, víctima y cómplice… Me ha emocionado especialmente la participación de su hija, su capacidad para rescatar y destacar todo lo maravilloso de su madre sin tener por qué ocultar su parte monstruosa y enferma. Se trata de un crudo testimonio que denota todo el trabajo interior que ha tenido que realizar Lisa Simone, de 52 años, para poder hablar así delante de las cámaras, sin rencores, pero diciendo lo que ocurrió entre ella y su madre de forma muy tranquila.

Creo que su testimonio es el más sincero de todo el documental, sobre todo en la parte final, cuando se cuenta que sus compañeros músicos rescataron a su madre del abismo y la impulsaron a ir a un médico que la recetó un potente psicofármaco (Trilafon) no exento de efectos secundarios. El diagnóstico y la etiqueta: maníaco depresiva, bipolar. Sus amigos podían amar a Nina Simone como amigos, ella la amaba (o la había amado, no lo sé) y la había padecido como hija. Por eso, tenía otro punto de vista.

Nina Simone fue maltratada por su marido, su manager. Nina Simone maltrató a su hija. El padre de Lisa pegó a su madre en el vientre cuando estaba embarazada de ella, violencia muy significativa por lo que tiene de capacidad de marcar todo tu futuro. En el minuto 39.24 del documental dice Lisa Simone, cuyo nombre verdadero es Lisa Celeste Stroud, sobre la relación tóxica y agresiva de sus padres: Creo que los dos estaban locos. Ella se quedaba con él. Estaba enamorada del fuego (se ve en imágenes un escrito de Nina que pone “adoro la violencia, tanto en el amor como en la guerra”). Es como invitar a un toro a la cocina con un capote rojo y decirle: ven a mi cocina, vamos a ver qué podemos hacer…”

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Quizás sin darse cuenta está poniendo sobre la mesa uno de los aspectos más controvertidos de las relaciones de maltrato continuado en el tiempo, pero puede permitirse hablar así por su lugar en ese triángulo familiar sin ser acusada de (neo)machista. Cuando se habla de violencia de género la tendencia es a mezclarlo todo en un gran saco: desde que un chico de 15 años le mire el móvil a su novia a un asesinato de un hombre a su pareja sin que hubiese mediado ninguna agresión previa y ni siquiera se tratara de un hombre con valores machistas. Sí, determinados hombres feministas también pueden matar a sus parejas por celos, alcoholismo o trastornos corporalmentales, por ejemplo, sin considerarlas inferiores o subordinadas como mujeres.

Puede que el marido de Nina Simone fuera machista o no, no tengo la menor idea. Si sé que ella era activista por los derechos civiles pero faltan piezas del puzzle para intentar comprender por qué no enfocó la lucha primero dentro de sus propias relaciones afectivas, sumando además el agravante de que ya no eran solamente ellos dos. Ahora había un bebé, una niña creciendo a su lado, en ese ambiente de violencia, destrucción y autodestrucción. Ese puzzle es el ambiente en el que creció Nina Simone, es la sociedad, es la segregación, es el racismo, es la religión, es el Estado, es la comunidad, su familia, su madre, su padre, sus amigas de la infancia. Es el piano que ella tanto odiaba y sin embargo tenía que tocar. Lo tuvo que tocar de pequeña para que las demás niñas bailaran, lo tuvo que tocar en la Iglesia, lo tocó para trabajar y sacar adelante a su familia, lo tocó llegando a la fama, lo tocó en su caída a los infiernos y siguió tocando en su salida y renacer de sus cenizas. Y odiándolo.

Había violencia racial en su país y violencia en su casa y Nina dijo basta. Se quitó el anillo y se fue del país. Dice Lisa Simone en otro momento del documental (1h15minutos aprox.): “Según la hija de mis padrinos Atallah Shabazz, yo me estaba quedando con ellos, y mamá se había ido, cuando sonaba el teléfono… Cada vez que sonaba yo iba corriendo y diciendo, “¿es esa mi mamá?”. Y recuerdo volver a mi casa de Mount Vernon y papá no estaba allí. Y nadie me había dicho nada. Y un días estás en casa y tu padre está ahí, el servicio está ahí, tu perro está ahí y todas las cosas que te son familiares están ahí. Y vuelves semanas después y no hay nada, no hay nadie”.

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Nina Simone se fue a Liberia… Dice Lisa después (1.17.28): “Cuando estaba en el séptimo curso mi madre me hizo ir a Liberia pero ella estaba todo el tiempo viajando, y la mitad del tiempo no sabía cuándo se iba o cuándo iba a volver.  Así que viví con una familia por un año, fui al cole allí, y viví con ellos hasta que mamá decidió comprar una casa en la playa, y pasé de vivir con ellos a vivir con ella. Y ella… (silencio). Yo nunca hacía nada bien… Ella pasó de ser mi confort a tranformarse en un monstruo en mi vida. Ahora era ella la persona que daba los golpes. Y ella me pegaba. Una vez estábamos en público, hice algo y ella la tomó conmigo delante de todo el mundo. Y yo no mostré ninguna emoción porque mi madre, cuando mi madre me veía llorar, ella insistía, era lo que quería. Y yo no iba a darle esa satisfacción. Cuando ella me pegaba yo la miraba a la cara. Y me decía: deberías llorar. Y yo no lo hacía. Las cosas se pusieron muy mal hasta el punto de que pensé en cometer suicidio. Cuando tenía 14 años me fui a vivir con mi padre y no volví nunca”.

Debemos comenzar a reflexionar y poner sobre la mesa las violencias entre mujeres, incluyendo las violencias de los linajes ancestrales maternos y las que ejercemos contra nosotras mismas. La autodestrucción también daña a otros seres vulnerables, nuestros hijos e hijas. Hay una parte que no se puede controlar y otra sobre la que sí se puede actuar y sobre la que somos responsables. ¿Justifica la enfermedad la violencia? Es fácil caer en el reduccionismo con relaciones que no conocemos. El ser humano es tan complejo y, aunque el bien y el mal están delimitados, parece que hay una llama de amor que ilumina y sobrevuela ciertas cosas. Una de ellas parece ser el amor entre una madre y su hija. Condenadas a amarse, destinadas a amarse. Nina sigue amamando a su madre a pesar de todo. Si fuera una relación de maltrato de pareja no lo podríamos comprender. ¿Cómo vas a seguir amando a tu maltratador? ¿Cómo vas a amar a la persona que hizo que estuvieras a punto de quitarte la vida? La mejor respuesta ante estas preguntas creo que, por ahora, es el silencio interrogante.

Me despido con la nana que siempre le cantaba Nina a Lisa…

Go to sleep my precious one

day is done and night is near

when you wake you’ll see the sun

wish you for a star to steer

Y con la propia Lisa Simone cantando una canción de amor, en sus propias palabras, inspirada por la relación con su madre “La niña en mí” (The child in me). La traducción es mía, disculpas por los posibles errores:

“Cuando era pequeña, estaba a menudo sola,

en el tiempo en el que te necesitaba más estabas viajando en carretera,

recuerdo llorar cada vez que te ibas, las lágrimas caían por mis mejillas,

mientras te veía irte, amándote tanto,

tú eras mi vida, y cada vez que te ibas una parte de mí moría dentro,

la niña dentro de mí todavía llora por ti,

tu sacrificaste tu vida por tu gente y sus derechos civiles,

recuerdo cada vez que cuando volvías

me abrazabas para que pudiera dormir

y me cantabas una nana

y me dabas un beso de buenas noches

tú eras mi vida y cada vez que te ibas una parte de mí moría dentro,

la niña dentro de mí todavía llora por ti,

y recuerdo todo el amor que me diste,

si hubiésemos sabido que nuestros futuros estarían tan llenos de lágrimas,

en todos esos años desperdiciados,

tú eras mi vida y cada vez que te ibas una parte de mí moría dentro,

la niña dentro de mí todavía llora por ti,

mamáaaaaaa, mamáaaaaaaa…”

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