Maternidades y paternidades* egocéntricas

No sabemos qué opinarán nuestros hijos de que hayamos expuesto sus fotos y videos en internet y las redes sociales desde el nacimiento. Es posible que lo consideren normal, aunque nosotras hayamos crecido en un mundo en el que las fotografías pertenecían a la intimidad del álbum familiar que se guardaba en alguna estantería del salón. Seguramente muy ético no sea, aunque muchas hayamos colgado fotos nuestras familiares de forma pública. Está claro que no les hemos dejado decidir qué parte de su vida querían exponer u ocultar. En este “MEA CULPA” me incluyo la primera y me responsabilizo de las consecuencias que pueda tener. No puedo evitar plantearme estas cuestiones y pensar que seguramente me haya pasado de la raya en muchas ocasiones, aunque haya pensado que lo hacía con la mejor de las intenciones. El tiempo nos lo dirá. Quizás veamos en unos años a una primera generación de adolescentes solicitando que se borre una biografía cibernética escrita por otros.

En este exhibicionismo maternal/paternal también hay otra vuelta de tuerca más, que es hablar de la vida personal y psicológica de los hijos en internet, de sus avatares privados, de sus conflictos, de cómo los resuelven, de la ropa que les gusta, del peinado que llevan, de sus amigos, incluso se habla de su nivel de inteligencia o se exponen episodios de acoso escolar. Personalmente, es algo que me produce bastante inquietud. Por supuesto, hay grados y los padres hacemos estas cosas con un mayor o menor grado de ingenuidad. Sin embargo, cuando lo pienso, no puedo evitar recordar cómo siempre me ha parecido una falta de respeto que las madres hablen de los hijos, sobre todo cuando ya tienen una edad, como si no estuvieran delante: “Es que a X le gusta esto”, “Es que Z piensa así” o le cuenten a sus amigas “Mi hijo es así o asá”. Quizás en ese momento no están delante del ordenador pero las palabras permanecerán bastantes años en la red. Creo que a algunas madres nos cuesta darnos cuenta de esto, a pesar de que también hayamos sido niñas e hijas. Supongo que para los padres será algo similar.

Cuando esto lo trasladamos al ambiente cibernético de los blogs se dan situaciones chuscas y de vergüenza ajena y propia. ¿Acaso nos planteamos que nuestros hijos crecerán y leerán lo que se ha escrito sobre ellos? ¿Nos preguntamos qué pensarán sobre que se hayan expuesto en las redes o en páginas web temas tan íntimos como su posible orientación sexual o lo qué les gusta dibujar? Peor aún, no solamente se exponen sus avatares cotidianos sino que a veces también se incluyen los adoctrinamientos y la reconducción por el camino “correcto” y “apropiado” de las madres y padres hacia sus hijos… Se les guía sobre cómo tiene que ser su imaginario simbólico y su identidad y, si este no es del gusto de los adultos, se piensa que es causado por malas influencias sociales y se le intenta modificar. Todo ello expuesto en el mentidero de las redes sociales, al albur de los “me gusta” y los “compartidos”. ¿Dónde queda la autoconstrucción del propio camino y la intimidad en este contexto?

Es un tema complejo porque nacemos en una cultura y necesitamos una cultura para desarrollarnos (la mejor prueba la tenemos en los niños salvajes). Los padres y madres transmitimos parte de esa cultura por defecto pero creo que debemos dejar un espacio para la construcción del propio discurso y cosmovisión, más allá de los valores hegemónicos en la propia cultura o los propios, supuestamente disidentes.

Siempre he pensado que, a pesar de que asociamos la palabra “abuso” al “abuso sexual” este es solamente un tipo concreto (y horrible) de abuso. Hay otros posibles que pueden ser también muy destructivos para los niños. Por ejemplo, hay madres que consideran a los hijos como extensiones de su propio cuerpo**, vehículos en los que proyectar su propia ideología y prejuicios. Eso, nos guste o no, es muy injusto, aunque quizás sea hasta cierto punto imposible de evitar. Supongo que lo más honesto sería decir “estas son mis ideas, quizás equivocadas, quizás no. Investiga y fórmate tu propia opinión”. Cuesta mucho siendo niño y después adolescente librarse de un progenitor fagocitador que no respeta el silencio ni la intimidad y que utiliza a su hijo con diferentes fines: aumentar el ego, la popularidad, los aplausos, huir del propio vacío o la falta de valor y esfuerzo para enfrentar su propia imagen pública sola.

*Había titulado este post como “maternidades egocéntricas” pero lo he corregido porque la exposición de la vida íntima de los hijos no solamente es realizada por algunas madres sino también por algunos padres, incluso otros familiares como abuelos y abuelas.

**Hay una fase inicial de la vida de los bebés en los que efectivamente se da una relación muy simbiótica entre madre e hijo, tanto dentro del útero como fuera (exterogestación) pero, progresivamente, los dos seres que antes estaban unidos, en la unión más profunda y duradera que puede haber entre dos personas, se van alejando y volviendo a juntar, en un camino y una danza hacia una mayor independencia y, a la vez y sin que sea contradictorio, cercanía a lo largo de toda la vida. Creo que esta es la mejor forma de exponer que la maternidad y la paternidad son diferentes y no son equivalentes ni sustituibles.

Actualización:

Relacionado con http://www.eleconomista.es/tecnologia/noticias/7551804/05/16/Sus-hijos-podran-demandarle-por-subir-a-Facebook-fotos-de-ellos-sin-su-permiso.html

Nombrarse víctima de abuso materno

Referirse a una misma como víctima de abuso infantil, en concreto de abuso materno, es muy complicado. Tu dolor no es comprendido por una sociedad que constantemente está hablando en todos los foros de la violencia ejercida por algunos hombres hacia algunas mujeres, como si fuera la única posible y la peor. En las contadas ocasiones que se trata el tema del maltrato infantil, como mucho se habla del que ejercen los padres o padrastros. Las madres, en teoría, no son capaces de eso y, si son abusadoras, se supone que lo son en menor medida y en casos de menor gravedad. En ocasiones también se las exculpa responsabilizando únicamente al marido maltratador que las ha llevado a estados psicológicos en los que, de rebote, maltratan o tienen actitudes peligrosas o negligentes hacia sus hijos. En el caso del abuso materno dentro de familias monoparentales reina el silencio más absoluto.

Cuando se habla de tu dolor puede que sea para justificar a tu agresora y tutora legal en esos momentos de alta vulnerabilidad. Podría ser el caso, imaginemos, de un divorcio conflictivo en el que él pegara o vejara a la madre (o bien fuera un caso de violencia mutua) y ella comenzara a tener conductas autodestructivas por no poder soportar ese momento vital que la supera. Todo ello podría provocar una situación en la que la madre llegara a poner en peligro su propia vida y la de sus hijos. En un caso así de forma inmediata todos veríamos y hablaríamos del maltrato masculino. La negligencia y el peligro de la conducta materna serían olvidados o menospreciados. Quedaría eximida de responsabilidad, como si fuera todavía menor de edad. Es el lado del patriarcado* del que no conviene hablar, el hecho de que las violencias ejercidas por los hombres y las mujeres sean muchas veces diferentes de forma cualitativa y de que las ideas patriarcales tengan algunos regalos envenenados para las mujeres. La emancipación tiene unos costes y requiere esfuerzo.

Como decía, nombrarse víctima de abuso materno es difícil. Nadie entiende que temieras a tu madre o que tu mayor sufrimiento fuera causado por la persona que se supone que debía quererte y protegerte, no asustarte. Tampoco es fácil nombrarse víctima de abuso materno porque todo lo que puedas contar implica a una persona con la que tienes contacto, aunque sea mínimo, que se sienta cerca de ti en la mesa de Navidad o fin de año, a la que se supone que tendrías que querer y cuidar en su vejez. No podemos olvidar que es la mujer que te dio la vida, el mayor regalo que tenemos, y a la vez la persona que más te ha hecho sufrir.

¿Cómo gestionar todos estos sentimientos? ¿Cómo superarlo? ¿Es necesario contarle al mundo tus miserias para que abra los ojos a esta realidad silenciada? ¿En qué lugar dejaría a esta otra persona? ¿Acaso no estarías contando parte de su intimidad al hablar de la tuya? Para evitarlo, callas. Tragas. Lo dejas encerrado en lo más recóndito de tu corazón, intentas no pensar demasiado en ello. No es difícil, al haber sufrido tanto estrés tu memoria no es demasiado buena de todos modos. Mejor que escondas bien esos recuerdos antes de que ella sufra. La proteges, la justificas, porque ella también fue víctima a su vez de otra madre tóxica, de otro contexto histórico, cultural y biopolítico tóxico. Y así continuamos perpetuando uno de los últimos tabúes. Y, así, intentas autoconstruirte, comprender el fenómeno, intentas detener el ciclo del abuso con tus propios hijos e hijas** sin tener la certeza de que podrás conseguirlo. Al menos lo estás intentando, lo que ya marca la diferencia con tu propia madre. Has dejado de ser una víctima y tomas tus propias decisiones, te responsabilizas de lo que puedas responsabilizarte, de lo que está en tu mano cambiar a mejor.

¿Cómo podrías explicárselo a una persona que no es consciente de que esta realidad está ocurriendo en este preciso momento en muchos hogares, tanto en familias nucleares como monoparentales y de todos los colores y sabores? Todo esto está pasando y no consta en estadísticas de ningún tipo porque los bebés, los niños, los pre adolescentes no ponen denuncias, no se lo cuentan a nadie, no tienen a nadie a quien contárselo, no saben cómo pedir ayuda ni asimilarlo. Solamente a veces, cuando llegan a cierto límite determinadas situaciones, sus resortes de supervivencia y de lucha-huida se activan y consiguen encontrar una salida, muchas veces mintiendo o inventándose excusas de nuevo para evitar más dolor a su madre. O por miedo.

No voy a hablar de abuso sexual ni de maltrato físico, terribles, execrables y muy difíciles de superar (la psiquiatra Estela V. Welldon los trata en su libro “Madre, Virgen, Puta” en profundidad). Voy a hablar de una variedad de maltratos ejercidos por algunas madres como son el abuso psicológico, el verbal y el ejercido sobre sí mismas que, en efecto dominó, repercute directamente en los hijos.  Algunas manifestaciones concretas de abuso que puede ejercer una madre son (hablaré en femenino pero entiendo que es válido también para hijos):

– Gritar e insultar a su hija en cada conflicto, tener explosiones de ira imprevisibles y periódicas. Jamás pedir perdón por haberlo hecho y hacer como que no ha pasado nada.
– Estar siempre deprimida o con crisis habituales de llanto.
– En relación a lo anterior, utilizar a la hija de “amiga” y “confidente” en lugar de tratarla como “hija” simplemente porque la madre abusadora no quiere o no puede relacionarse de forma sana con otras personas adultas.
– Utilizar a la hija de “madre”, infantilizarse para sentirse cuidada.
– Utilizar a la hija como una prolongación de una misma, fagocitarla y vampirizarla para evitar el propio vacío interior.
– Contar a la hija eventos sentimentales, sexuales o reproductivos íntimos trágicos y otros problemas que una mente infantil no puede gestionar. Si la hija se lo cuenta a terceros, enfadarse porque no ha sido capaz de guardar el secreto. No comprender que hay secretos demasiado grandes y pesados para una niña.
– Utilizar a la hija a medida que se va haciendo mayor como medio para sus propios fines, ya sean económicos o de otro tipo, incluso aunque eso sea negativo para la propia emancipación de la hija. No alentar la independencia sino la dependencia para seguir manteniendo el control sobre ella.
– Intentar compensar todo esto con dinero, hiperconsumismo, regalos.
– Hablar mal a la hija del padre con o sin motivo. Hablar mal de los hombres en general e intentar condicionarla en el odio o el prejuicio hacia el sexo masculino en base a las malas experiencias de la madre con ellos. Por ejemplo: todos los hombres son así o asá, solamente buscan sexo…
– Embarcarse en relaciones afectivas tóxicas con hombres. Dejarse abusar sentimentalmente o de otras formas por ellos.
– Aislar a la hija de su propia familia o alejarla físicamente de ella. Alejar a la hija lo más posible del padre. Puede ser con la excusa de haber conseguido un empleo mejor en otra ciudad u otro país o con razones de otro tipo.
– No querer tratar ni hacer ningún esfuerzo para sanar ni autoanalizar en ningún momento los propios problemas psicológicos y desequilibrios mentales.
– Culpar de todos sus problemas a los demás: a la ex pareja, al mundo, a sus padres, a la vida, al trabajo… Es decir, evitar cualquier tipo de responsabilidad.
– Egocentrismo: volver tarde a casa o volver por la mañana sin haber avisado a la hija ni medir el miedo que puede sentir una niña de 11-12 años que se despierta sola en casa un sábado por la mañana y no sabe dónde está su madre.
– Dejarse arrastrar a fases autodestructivas.
– Anteponer los propios caprichos o deseos a las necesidades básicas de seguridad y equilibrio de la hija para crecer en un ambiente sano.
– Negar e intentar no ver el dolor y el sufrimiento de la hija. Negar los padecimientos físicos, psicológicos y psicosomáticos de la hija. Desesperarse, ponerse nerviosa ante ellos, no querer afrontarlos.
– Decirle a la hija que no puede soportarlo más, hablarle de sus traumas infantiles cuando ni siquiera la niña es capaz de entenderlos. Estar siempre triste, melancólica e insatisfecha. Decir que no sabe qué hacer con su vida y vivir dando bandazos sin ni siquiera imaginar la sensación de peligro que puede suponer para una niña que la persona que “maneja el barco” esté totalmente perdida y fuera de control.

Aunque haya gente que piense que este tipo de conductas no son tan graves como los maltratos sexuales y físicos, son comportamientos muy peligrosos para los niños que conllevan problemas psicológicos y físicos a corto, medio y largo plazo. Pueden incluso provocar el suicidio o la autodestrucción de los sujetos en la vida posterior sin que nadie ni ninguna estadística correlacione unos hechos con otros. Quiero resaltar que muchos de ellos parece que son ejercidos por las madres sobre ellas mismas. Esto es lo peor, ya que todo lo que destruye a la madre, destruye a la hija que está a su cargo. Por eso es tan importante cuidarse y ser cuidadas para cuidar. En este sentido cobran tremenda importancia las alomadres, los padres, las tías, los abuelos. Una mujer que está desequilibrada y cría sola es mucho más peligrosa para su hija que una que está igual pero mantiene algunos vínculos sociales con la familia extensa, amigos y vecinos. Al menos esa niña tiene otros referentes y personas cercanas a las que acudir y su madre tiene una pequeña red social de apoyo, aunque en la época que nos ha tocado vivir muchas de estas relaciones estén también muy deterioradas. Recordemos que el abuso habría que analizarlo mirando atrás tres o cuatro generaciones. No podemos olvidar tampoco la responsabilidad del padre ausente (no del ausente de forma involuntaria, claro) que delega en la madre abusadora y prefiere mirar hacia otro lado.

No es mi interés crear una nueva alarma social o una nueva paranoia en la que cualquier comportamiento o conducta entre madres e hijos sea observada como posible maltrato. Si todo es maltrato nada es maltrato. No se trata de eso. Pero sí me gustaría sacar a la luz esta problemática y abrir la mente de las personas que solamente se centran y ven un solo tipo de violencia. Las mujeres no somos inferiores a los hombres, no somos más pacíficas o débiles que ellos. Podemos ser violentas aunque en muchas ocasiones lo seamos de formas diferentes. Podemos ser abusadoras incluso utilizando como excusa que queremos mucho a nuestros hijos. Ni siquiera la crianza con apego, el piel con piel nada más nacer y que nuestro nacimiento y primeros 1.000 días hayan sido idílicos es garantía de nada. No hay determinismo posible, el respeto mutuo debe crearse y recrearse cada día, desde el nacimiento hasta la muerte.

No podemos abordar el problema de la violencia de una forma parcial, sesgada y corporativista. No podemos victimizar a las agresoras ni exculpar determinadas responsabilidades. Hay que tratar la violencia de forma holística y global, empezando por los comienzos, por la base, por la infancia. Los niños y niñas actuales son las futuras maltratadas/os y maltradoras/es. No tengo ninguna clave secreta para solucionar estos problemas convivenciales y ni siquiera sé si es posible solucionarlos, pero el único camino que veo posible es el de retomar la responsabilidad una vez que somos adultas, independientemente de nuestro pasado, y construir el propio camino desde allí. El reto es conseguir amar.

Relacionado:
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2015/03/fragmento-de-madre-virgen-puta-de.html
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2015/03/fragmento-de-violencia-deliberada-las.html
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2015/03/la-agresividad-intragrupo-en-el-vacio.html
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2015/03/50-sombras-de-grey-como-pelicula-sobre_3.html
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2015/03/micro-abusos-sexuales-y-macro.html
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2015/04/carta-alice-miller-feminismo.html

Relacionado (enlaces externos):
– Tengo que decir que no me suelen gustar los textos de la psicóloga Laura Gutman pero en este da en el clavo: http://www.lauragutman.com.ar/newsletter/laura_gutman_abr12.html

Una víctima no puede defenderse, padece de forma indefensa. ¿Cómo pasar de ser víctimas a responsabilizarnos por lo que podamos cambiar?

*Tampoco tengo muy claro, por ejemplo, qué rol ejerce una madre abusadora separada o en una situación en la que no hay padre que cría sola. ¿Es una madre patriarcal como la que describe Victoria Sau (madre-función-del-Padre? ¿O es un nuevo rol híbrido de madre y padre matriarcal-patriarcal todo en uno? ¿Es una madre matriarcal que ejerce y abusa de la autoridad materna? Ahí queda para el debate. Quizás ni siquiera sea importante la nomenclatura o los adjetivos que elijamos para etiquetarla.

** El embarazo, el parto y la crianza remueven mucho a todos los niveles y pueden ser momentos clave para el despertar de la conciencia. En relación al tema tratado, la maternidad puede provocar que te des cuenta que jamás podrías hacer muchas de las cosas que a ti te hicieron en la infancia porque amas a tus hijos/as y estarías dispuesta a mirar más allá de tu propia nariz y cambiar tu orden de prioridades vitales por ellos. Darte cuenta de este contraste puede ser duro y a la vez convertirse en el acicate para asumir de una vez por todas que sí, que la forma en la que fuiste tratada no estuvo bien, que fue injusta y vas a intentar no repetir esos errores. El conflicto interno resultante es muy difícil de resolver.

“50 sombras de Grey” como película sobre el abuso (alo)materno* y los círculos viciosos de la violencia

Traducción: “Las mujeres con relaciones del tipo “50 sombras de Grey” en la vida real acaban muertas, en refugios para mujeres o huyendo durante años“. 
Podríamos añadir: Muchos niños y niñas que sufren abusos y negligencia en su etapa primal y juvenil, como Christian Grey, acaban muertos, en orfanatos, autodestruyéndose y destruyendo a otras personas por el camino si no realizan un trabajo personal de sanación y buscan ayuda en cuanto puedan. 

“50 sombras de Grey” como película sobre el abuso (alo)materno* y los círculos viciosos de la violencia

Son las cinco y cuarto de la mañana. Estoy en medio de uno de los despertares nocturnos que ya comienzan a ser habituales en este embarazo. Noto las patadas y bailes de mi hijo en el útero, tengo algo de hambre, como algo, intento volver a dormir… Es inútil, hay algo que tengo que escribir. Quizás por él, por los niños y niñas del futuro. Sé con tristeza que mis ojos no verán ninguna revolución verdadera en el mundo que no sea una mera sustitución de personajes en el poder, pero al menos sé que haré todo lo posible para que cada mentira y manipulación sea contestada, que intentaré descifrar las estrategias del poder, las externas y las ya interiorizadas, para sentar las bases de una mejor comprensión de la terrible situación actual. Allá vamos.

Después de leer multitud de comentarios de indignación en las redes sociales y algunos artículos en diferentes medios de comunicación sobre la película “50 sombras de Grey” decidí verla y analizarla por mí misma. Quería entender, por pura curiosidad, qué había en lo que parecía una película comercial del montón más que había levantado tantas ampollas entre las mujeres feministas. Luego entendí que esa indignación venía de lejos, algunas publicaciones eran de hace unos años, cuando se publicaron los diferentes libros de la saga de E. L. James que vendieron la friolera de 70 millones de copias. A este respecto tengo que aclarar que no he leído los libros así que no sé de qué forma evolucionará el argumento o el resto de la saga cinematográfica, lo que puede suponer un sesgo importante en el análisis.

La película la he visto a cachos, en tres días (el primer día me dormí a los 15 minutos), y me ha parecido que tenía baja calidad, como de telefilm de después de comer, y que los personajes eran muy planos y estereotipados. Sobre la parte sexual entre ambos personajes poco se puede decir, trata sobre una relación consensuada entre adultos en la que los dos son libres de entrar y de salir. Nada que objetar. Además, la novela erótica o novela rosa es un cuento y las fantasías no entienden de rollitos políticamente correctos, lo que a alguien le parece excitante para otro es aburrido, ñoño o cutre y así… Todo el sexo y agresión física entre los protagonistas es acordado por ambas partes, lo que aleja al criticado Grey del maltratador al uso. Es cierto que el protagonista masculino invade la intimidad personal de Anastasia pero esta lo permite o sus enfados duran un microsegundo, admitiendo y consensuando de facto desde su libertad estas intromisiones. La libertad es eso, tomar decisiones propias libres e informadas, incluso aunque estas sean malas.

Después de verla entera, del contenido dos detalles captaron poderosamente mi atención (aviso, voy a destripar el argumento):

El multimillonario capitalista fue criado durante sus primeros 4 años por una madre adicta al crack, después fue adoptado y a los 15 fue “seducido” (según se mire, abusado sexualmente) por una mujer también de las elites, que podemos imaginar de unos 40-50 años (amiga de su madre) que le “inició” o manipuló para adoptar el rol de sumiso durante, creo recordar, 6 o 9 años, quizás en una sala de “torturas” similar a la reflejada en la película y con proposiciones de prácticas como las mencionadas en el contrato que Christian Grey propone a Anastasia (introducción de puños en el ano, por ejemplo). Entre la capacidad de decidir de una mujer apocada del pueblo de unos 20 años y la capacidad de enfrentarse a una situación así de un chico de 15 años con la infancia de Grey, permitidme que diga que dista un gran abismo.

Por supuesto, estos pequeños “detalles” han sido casi siempre obviados en los comentarios feministas a la película que había leído, porque parece ser que es duro admitir que el abuso materno y femenino existe, que también hay mujeres maduras ricas capaces de aprovecharse de la inexperiencia de chavales vírgenes de 15 años que durante sus primeros 4 años de vida fueron criados sin sus necesidades básicas cubiertas, sin el amor y las atenciones de una familia, una red de apoyo amplia y, sobre todo, de una madre y un padre protectores, unos cuidadores cariñosos y que a la vez impulsen hacia la libertad. Pero lo que me parece más grave es que cuando no han sido obviados han sido ridiculizados o menospreciados, normalizándose desde el feminismo el abuso infantil.

Es una película en la que se pueden observar multitud de violencias de todo tipo, si tienes la capacidad para verlas: sistémicas, políticas, económicas a nivel mundial (como no, Grey es un “filántropo” hacia los más “necesitados”); laborales (se puede ver en la plantilla que trabaja para Grey, mujeres-muñecas-robot entregadas en cuerpo y alma a la empresa); sociales y demás. Pero llama muchísimo la atención, a quien sea capaz de quitarse las anteojeras “de género”, la normalización de la violencia hacia la infancia, desde la etapa primal hacia la adolescencia y el tabú del maltrato materno y femenino dentro del patriarcado.

Sobre las anteojeras en caballos: “Cuando se desea acostumbrar a un animal a dejarse aparejar y a que tire de un carruaje, se observa que un número moderado de éstos (muchos no las toleran de antemano) se «resiste» menos si su campo de visión se vuelve más estrecho”. http://elguardiandeloscristales.com/wordpress/maltrato-hacia-los-caballos-anteojeras-i/

Todo el mundo considera normal, desde la gente que ha escrito artículos sobre la película hasta el propio personaje femenino principal, que Grey fuera adoptado con 4 años y no viviera con una familia de acogida o adoptada desde muchísimo antes. Que haya niños en el mundo de uno, dos y tres años en orfanatos o en situaciones de agresión y alta vulnerabilidad es violencia. Después, cuando le cuenta que fue seducido/abusado por una amiga sádica de su madre con 15 años (por cierto, con “amigas” así quien necesita enemigas…) la protagonista no hace comentario alguno, ensimismada en su amor romántico sumiso-ñoño: esto es una normalización del abuso de poder. Todas estas violencias sistémicas y círculos de violencia están tan interiorizados y a la vez tan silenciados que a nadie escandalizan. Por supuesto, haber sido maltratado en la infancia o en la adolescencia no provoca de forma inmediata que vayas a ser un maltratador y un abusador, pero sienta las bases. Luego está la capacidad de resiliencia de cada uno y el trabajo personal que se esté dispuesto a realizar para sobrevivir sin autodestruirse ni destruir a otros.

Cuando después de tres días conseguí terminarla, me di cuenta también de que lo más inexplicable del absurdo escándalo es que la película (al menos la primera de la serie) tiene “final feliz”, incluso desde un punto de vista feminista: Una mujer adulta ¡y universitaria! (ironía mode “on”) mantiene una relación consensuada con un hombre (yo le habría mandado a la mierda mucho antes, pero, bueno, cada una vive su vida como quiere…) hasta que dice “por aquí no paso” y pisando fuerte se va y decide terminar la relación. Anastasia, a pesar de ser un personaje plano y que evoluciona poco, ya no es la panoli infantilizada del principio, es decir, ha madurado algo y ha tomado conciencia de la compleja realidad del mundo. Al final, comprendemos el título de la película: Grey “está jodido”, en sus propias palabras en la versión original, en 50 tonos de gris, que deben ser tantos como los respectivos abusos que es incapaz de superar.

Desde un punto de vista de análisis psicológico del personaje podríamos decir que la TORTURA de sus primeros 4 años de vida como hijo de una adicta al crack (a su vez víctima de la violencia sistémica y estatal que podemos inferir si comprendemos cómo se introdujo esa droga en la juventud de EEUU a través de sus vinculaciones con la CIA y la Contra nicaraguense) es lo que hace que busque el control y la dominación en su vida adulta.

La primera abusadora fue su madre biológica, la segunda la señora mayor sádica “amiga” de la madre adoptiva, que hizo que relacionara esa tortura primal con la sexualidad. Después cambia las tornas y se convierte en dominador sexual (que no te terminas de creer como espectadora porque sigues viendo a un niño herido, bastante patético, y en el fondo enamoradizo…) pero de forma consensuada y por contrato. La protagonista al darse cuenta finalmente, en la única escena de violencia física pura que aparece al final de la peli y en la que no hay ningún placer erótico para ella, de todas las piezas del puzzle decide dejarle, porque sabe que él tiene que hacer su propio recorrido de autoconstrucción para romper con esos ciclos de la violencia y ella no quiere jugar más a ser el cuerpo que utiliza Grey para devolver su ira y maltrato hacia su madre. Es decir, al menos se puede interpretar que cuando pega a la protagonista en la escena final está pegando a su madre biológica de forma simbólica, ya que un minuto antes nos acabamos de enterar por primera vez de que su madre era una yonqui (antes solamente sabíamos lo de la adopción y, por el discurso en la Universidad, que había pasado hambre literal durante sus primeros años de vida, y suponemos que mucha más hambre de contacto físico y amor). Ojo, esa escena de violencia no solo es consensuada sino que es solicitada por Anastasia a modo de explicación práctica de lo que hay en el interior de Grey: el infierno.

Abuso materno y abuso femenino

Me he acordado mucho mientras veía esta película del libro de la psiquiatra y psicoanalista Estela V. Welldon “Madre, virgen, puta: idealización y denigración de la maternidad” que conocí a través de Prado Esteban Diezma, sobre todo de uno de los ejemplos más escalofriantes de ese texto, el de una mujer abusada en la infancia que a su vez abusó sexualmente de su propio hijo de 14 años durante 10 años. Y es que este libro, o así lo entendí yo, parte del hecho de que en el patriarcado hombres y mujeres ejercen la violencia de formas diferentes y dentro de los ámbitos en los que tienen poder. En el caso de la mujer, uno de los momentos de más poder frente a otro ser humano es el de la maternidad, mucho más teniendo en cuenta que hoy en día la maternidad se vive sin redes y en la soledad de las cuatro paredes, como cualquier hembra de primate criada en cautividad que es enjaulada en un zoológico junto a su cría.

En la película hay abuso materno vía la madre drogadicta de Grey que aunque no aparece y es mencionada de pasada es clave en la película. Hay abuso femenino vía la “amiga” de la madre (una mujer que debería ser una “alomadre”, un personaje maternal protector y referente en su vida, que colabora con la madre en la crianza cooperativa) ya que aunque un chico de 15 años puede tener vida sexual con sus iguales o incluso una iniciación al sexo con una persona mayor, aquí estamos hablando de una relación de dominación ama-esclavo que va más allá de un tema inocente y casual. Una mujer de cuarenta o cincuenta años que seduce y convierte en esclavo sexual a un chaval de quince años a espaldas de su familia está violando muchos códigos éticos que afectarán de por vida a ese ser humano vulnerable. Y, por supuesto, si investigáramos, seguro que nos daríamos cuenta de que esa mujer tiene un pasado de abusos detrás: los famosos círculos viciosos de la violencia de nuevo.

Por otro lado es importante reseñar, como en tantos casos de abusos sexuales, que la madre y el padre (adoptivos) no son capaces de ver que su propia amiga se está aprovechando de su hijo o, en algunas ocasiones y es muy duro reconocerlo, están a otra cosa mientras está ocurriendo el abuso. Aquí tenemos que tener en cuenta que los padres de Grey pertenecen a las elites económicas mundiales donde el valor supremo es la acumulación de dinero y poder. Otras veces es simplemente imposible haberlo detectado aunque se quisiera con toda el alma proteger a un hijo de este tipo de experiencias.

El personaje de Grey infantiliza en sus juegos sexuales a Anastasia, ya de por sí muy inmadura a pesar de sus 20 años gracias al adoctrinamiento institucional que nos anula desde el nacimiento. ¿Una reminiscencia del niño que él era cuando su ama y alomadre le poseía? ¿Una fantasía de pederastia, aunque sea realizada con una mujer adulta? En cualquier caso, a pesar de que la tentación de juzgar la sexualidad de los demás es fuerte hay que resistirse: la sexualidad consensuada entre adultos debe ser libre. Nada más que añadir.

Emancipación femenina y amor

Hay quien también me ha comentado que no habría que dar más publicidad a estos libros ni a la película porque al final tiene una moraleja puritana: el “amor” cura a un enfermo sexual”. No estoy de acuerdo. El amor tiene un poder curativo y sanador tremendo, sobre todo el amor hacia uno mismo que implica respeto y autoexigencia, cariño y confianza en las propias capacidades. Pero el amor como vínculo entre seres humanos es VITAL, simplemente no podemos existir sin él, morimos. Los niños criados en orfanatos con sus necesidades alimenticias cubiertas pero sin contacto físico y ternura mueren de marasmo y hospitalismo, como ya demostró el psicólogo Spitz

El amor no es el “amor romántico” ni el amor creado por Disney. El amor es CONEXIÓN. Uno de los pensamientos más destructivos para el ser humano actual es pensar que no se necesita el amor de los demás para vivir. ¡Cuántas veces habremos llorado abrazados a alguien que amamos! ¡Cómo cura el consuelo de alguien que sabe que estás herido y necesitas sanar y te acoge en su seno sin juzgarte! El primer consuelo viene de nuestra madre, de nuestro padre, de abuelos, tías, vecinas y de esas personas que sienten eso de “quiéreme cuando menos lo merezca, será cuando más lo necesite”. Después viene de parejas eróticas, amantes y compañeros. ¿Qué hay de malo en ello? ¡Son los círculos virtuosos del amor!

Otra cosa diferente es ofrecer la otra mejilla a alguien que no quiere cambiar ni modificar su espíritu autodestructivo y maltratador. Esto es válido para novios pero también para madres/padres abusadores. De hecho, hay multitud de libros de autoayuda para hijos e hijas de cuidadores con eso que llaman “trastorno de personalidad límite” que tratan sobre este tipo de estrategias como “Sobrevivir a un padre/madre borderline, cómo sanar tus heridas, crear confianza, límites y autoestima” o el título “Entender a la Madre Borderline: Ayudar a sus hijos a trascende la relación intensa, impredecible y volátil”. Estoy segura de que existen terapias con profesionales y herramientas de autocontrucción también para adultos que hayan sufrido abandono o negligencia por parte de padres drogadictos o con otro tipo de problemáticas y abusos. También para los padres y madres que están sufriendo abuso y maltrato por parte de sus hijos e hijas.

Son temas muy complejos. En cualquier caso, en la primera entrega de esta película la protagonista toma la decisión de terminar la relación. La decisión de seguir con él, si él mismo toma las riendas de su curación y se responsabiliza de la misma, me parece totalmente legítima. Si no fuera así, las personas abusadas y maltratadas que SÍ quieren cambiar y no maltratar a otras personas estarían condenadas. 

Anastasia es una mujer adulta y sin embargo bastante apocada, como tantas otras dentro de un sistema social violento y adoctrinador que se instala en nosotras desde que estamos en el vientre materno. Aún así toma sus propias decisiones, aunque no sean las que otras personas tomarían. Eso significa emanciparse, liberarse de la tutela paterna y materna, crecer y madurar, autoconstruirse, responsabilizarse de la propia vida, tomar decisiones.Yo, por ejemplo, no habría permitido que ningún hombre vendiera mi coche e invadiera y controlara mi intimidad de esa y otras formas, pero si ella aún así quería continuar la relación era porque quizás sentía o veía algo más que yo no veía. En cualquier caso, estaba ejerciendo su libre albedrío y una relación es cosa de dos, son los propios implicados los que establecen sus propias normas y negociaciones.

Algunos comentarios sobre los libros y películas (esta lista puede que se vaya ampliando)

Protestas en el estreno de la película en Londres.

 – Empiezo por el texto feminista que me ha parecido más fuerte y poco respetuoso, por decirlo de alguna manera, hacia las víctimas de maltrato infantil. En este no se obvian los “detalles” mencionados pero se opta por la negación, normalización, minimización y silenciación del abuso materno y femenino dentro del patriarcado con la excusa de que explicitarlos es “misógino”. ¿Cuál es el mensaje que dan este tipo de textos a las mujeres y hombres adultos que han vivido el maltrato materno o el abuso ejercido por una mujer? Si tu madre te maltrató deja de decirlo y no seas misógina. ¡Lo soñaste! Este texto merecería una disculpa de forma inmediata si viviéramos en un mundo normal: 

 “Tener una madre adicta al crack que no se ha ocupado de ti y haber sido iniciado en el BDSM con una amiga de tu madre unos años mayor que tú, tienen un tufillo a misoginia bastante claro, y relacionan estas prácticas con traumas personales que obviamente tienen que ver con la mala madre y con el estereotipo de mujer mayor que pervierte a jovencitos, en definitiva con la mantis religiosa”.
http://www.eldiario.es/pikara/pasa-gusta-sombras-Grey_6_361573852.html

Como siempre, en lugar de promover el pensamiento consciente se opta por el paternalismo de prohibir a otros lo que tú consideras que no deben ver/leer. Por favor, recordemos la definición de nuevo de emancipación antes de leer esto:  
 “Natalie Collins, representante de la asociación que planea boicotear el estreno en Londres, asegura que el problema no es el sexo, sino los comportamientos que lo acompañan, más cercanos al abuso y al acoso”. http://vozpopuli.com/ocio-y-cultura/57310-sombras-de-grey-una-historia-machista-escrita-y-llevada-al-cine-por-mujeres

Directamente ni habla de biografía personal de Grey ni de las mujeres abusadoras de la historia: http://www.proyecto-kahlo.com/2014/10/50-sombras-de-grey/

Beatriz Gimeno en 2012 sobre los libros:  

 “porno conservador y moralista que se ofrece “con excusa” incorporada: el protagonista de la novela, el hombre dominador, es así no porque sea un perverso, no porque se lo pase bien sin más, sino porque tiene una infancia desgraciada”. http://www.pikaramagazine.com/2012/12/porno-para-mamas-y-porno-sin-masbeatriz-gimeno-habla-de-que-fantasias-y-roles-representa-la-pornografia-hegemonica-al-hilo-del-exito-de-cincuenta-sombras-de-grey/

– Irene García Perulero en 2015:  

El amor todo lo puede, ya sabéis, incluso curar a “El Traumado Chungo”, un especimen incluso peor que “El Malote”, que al menos tiene moto y chupa de cuero. Hay que aguantar, chicas, que al próximo beso que le deis después de su último desprecio, amenaza u hostia ya estará curado. La culpa de todo la tiene su madre. Que no le dio teta. O que le dio mucha”. http://irenegarciaperulero.com/50-sombras-de-grey/

– La web católica ACIPRENSA también se hace eco de las críticas a la película. Dios los cría y ellos se juntan, curioso cuando el feminismo y la Iglesia llegan a las mismas conclusiones sobre el libre albedrío de la mujer adulta:

 “Diversas organizaciones, especialmente en Estados Unidos, están protestando contra esta cinta, porque intenta presentar la violencia contra las mujeres como una relación romántica. La doctora Gaile Dines, fundadora y presidenta de la organización internacional feminista Stop Porn Culture, explicó a ACI Prensa que la cinta “muestra la violencia como romance y enseña a las mujeres que el abuso sexual y ser una víctima es algo sexy, cuando en realidad es la historia de un depredador”.
 (…)
Dines lamenta que existan “ahora medios que celebran esta violencia contra las mujeres. Ningún grupo habría celebrado ser golpeado y torturado así. Sería un escándalo. Para cualquier grupo minoritario, si se hubiese erotizado y luego violado a alguien, la gente estaría arrasando con los cines en las calles. ¿Y qué tenemos? A los medios promoviendo esto masivamente”.  

¿Y cuando el foco se centra en la violencia CONSENSUADA entre adultos y se obvia y normaliza la violencia y dominación NO CONSENSUADA hacia la infancia y la adolescencia, los círculos viciosos de la violencia entre generaciones y la violencia del Estado y el capitalismo? ¿No es escándalo?

– Esta vez es una traducción de un cartel en inglés en el perfil de facebook de Malena Pichot:  
 “Me cago en una historia sobre una mujer sin experiencia en el sexo que es estalkeada, atormentada y poseída por un tipo millonario y sádico. Me cago en la idea de que ser dominada, engañada y aterrorizada es en realidad “liberador”. Me cago en la noción de que el objetivo de una mujer debe ser “salvar a un hombre de él mismo” bancandose todo el abuso. Me cago en esta historia de mierda. Basta de hacer algo romantico de la esclavitud de la mujer. hay que luchar por la verdadera liberación.”

“Cultura y maltrato”, un artículo de Laura Freixas en el que se menciona a “50 sombras” en el contexto de la violencia de género ejercida por hombres hacia las mujeres:
“Al mismo tiempo, surgen también obras literarias o cinematográficas, curiosamente de mujeres, que parecen ensalzar el maltrato, como Crepúsculo o Cincuenta sombras de Grey. Si las analizamos de cerca, sin embargo (siguiendo a Eva Illouz en su Erotismo de autoayuda), veremos que no se trata de una apología de la violencia por sí misma, sino de un intento de negociarla; de conseguir, sometiéndose al poder masculino que se ve como inevitable, recompensas materiales, afectivas, simbólicas. Algo así, para entendernos, como Simplemente María o las fotonovelas de Corín Tellado, cuyo mensaje a las mujeres es diáfano: no compitas, no cuestiones, no te rebeles; sométete, y Él se casará contigo…”

 Feminismo

Cuando digo que no soy feminista (aunque tampoco pienso etiquetarme como “anti feminista”) es por esta clase de visiones parciales de la realidad totalmente obsoletas. Hay que tener una visión mucho más amplia de los fenómenos, muchísimo más global de lo que yo misma acabo de reseñar aquí. Ese es el reto.

El feminismo como COSMOVISIÓN está obsoleto (quizás siempre lo estuvo…) porque es parcial por definición. Los cambios de paradigma van en dirección opuesta: tener en cuenta cómo la parte se relaciona con el todo y las otras partes, lo holístico, lo biocultural, lo ecosistémico, lo integrador, como se dan las influencias mutuas entre los fenómenos, las conexiones entre las disciplinas que antes eran compartimentos estancos, relaciones que antes no se habían tenido en cuenta, la búsqueda de la verdad con el mínimo de autoengaños y teorías previas… Eso como cosmovisión. El feminismo como IDEOLOGÍA solamente se mantiene a base de subvención y apoyo institucional (desde el ámbito local a la ONU). Apenas existe feminismo autónomo y el que existe repite los mensajes del otro. Y sí, ha habido multitud de mujeres en la historia que no eran feministas, ni se definían como tales, y luchaban por la emancipación del género humano (otras también por el equilibrio con la Naturaleza y otras especies), mujeres del pueblo que denunciaban y luchaban contra las injusticias sociales ejercidas por determinadas minorías despóticas e ilustradas y por superarse a sí mismas. Eso no quita que haya pensadoras feministas que estén diciendo o hayan escrito o hayan luchado por temas muy interesantes, necesarios y rescatables para el momento actual. Desgraciadamente las feministas con una visión más amplia del mundo son una ínfima minoría, en mi opinión. Ojalá cambie la situación. 

El feminismo tiene que ser valiente y dejar de moverse en la indefinición de los conceptos. Por ejemplo, la propia idea de feminismo o la de “violencia de género” es definida de formas muy diferentes según la fuente que se consulte. Pero si además comparamos lo que se supone que es el feminismo con lo que defienden en la práctica y acción concreta muchas personas que se autodefinen como feministas daría para escribir un libro completo (por ejemplo, no hay nada más desigual que la Ley Integral de Violencia de Género y sin embargo son una minoría aislada y marginada de feministas las únicas que se oponen a ella por este motivo).

Para cambiar el mundo primero hay que intentar comprenderlo. Para comprenderlo, hay que observarlo. ¿Puedes conocer el mundo a través de un catalejo anclado en un punto fijo que enfoca solamente a otro punto fijo y te impide ver el conjunto y otros puntos de vista? 

Si lo que pretende el feminismo es terminar con el patriarcado, jamás lo conseguirá con la parcialidad, porque el patriarcado, el capitalismo, el Estado, la dominación, el poder, se ejercen de forma total y con una visión global. ¿Cómo vamos a luchar contra un sistema que SÍ TIENE esa visión global de la que nosotros carecemos desde lo fragmentado?  

El feminismo no puede pretender acabar con la violencia que sufren las mujeres sin afrontar y comprender el origen de las violencias de todo tipo, y sobre todo las que ejercen las propias mujeres en el patriarcado, tanto en el patriarcado tradicional como en el actual.  

Por eso, si yo fuera feminista, lucharía contra los mayores talones de Aquiles de este movimiento: su parcialidad corporativista, su silenciación de las violencias ejercidas por mujeres hacia todo tipo de personas dentro del patriarcado y su falta de autonomía frente a las instituciones de poder. 

Reconozco que es un tema complejo y polémico pero he querido aportar mi grano de arena, quizás equivocado, quizás acertado, a un debate que considero imprescindible y que tiene derivas biopolíticas al más alto nivel. Pero eso es harina de otro costal, o de otro post…

* Conocí el concepto de alomaternidad a través del concepto de “crianza cooperativa” del que habla la antropóloga y primatóloga Sara B. Hrdy. Se refiere a cualquier persona que cuida e interviene en la crianza que no es la propia madre: puede ser una tía, una abuela (la alomadre por excelencia), por ejemplo, pero también un hermano, el padre, un tío o cualquier otra persona involucrada en la crianza de un bebé/niño.

4 charlas que no te puedes perder (si hablas inglés)

1. La antropóloga Sarah Blaffer Hrdy – Mothers and others (las madres y otros):

2. The Origin of Emotionally Modern Humans (El origen de los humanos emocionalmente modernos):

3. S. Boyd Eaton. Long-term Paleo: What happens if you follow the ancestral health protocol for thirty years (Paleo a largo plazo: ¿Qué pasa si sigues el protocolo de salud ancestral por 30 años?):


S. Boyd Eaton, M.D. – Long-Term Paleo: What Happens if You Follow the Ancestral Health Protocol for Thirty Years? from Ancestral Health Society on Vimeo.

4. El antropólogo Melvin Konner. Childrearing in human evolution (La crianza de niños en la evolución humana):