No estamos adaptados a vivir en este ambiente

“Taller, línea de ensamblaje, máquina, tarjeta de fichar, horas extra, salario./
Me han entrenado para ser dócil./
No sé gritar o rebelarme,/
cómo quejarme o denunciar,/
sólo cómo sufrir silenciosamente el agotamiento” Xu Lizhi

 

El otro día, leyendo fragmentos del libro de Michel Odent “Do we need midwives?” (“¿Necesitamos matronas?”) tuve una especie de pequeña “revelación”* que me atreví a compartir en uno de los debates de las jornadas del “III Foro Libre de Maternidad de Vía Láctea” en Asturias. Lo que quise expresar allí es lo siguiente:

Hoy nos encontramos en mitad de un gran problema evolutivo de adaptación o, más bien, inadaptación al medio. La mecanización y la industrialización han traído beneficios pero también nuevos problemas, algunos de ellos incluso ponen en peligro la mera existencia de la especie. Uno de los principales conflictos es que no estamos adaptados para esos nuevos entornos creados como pueden ser los del trabajo asalariado mecánico y rutinario, el aislamiento, la falta de vida social y convivencialidad, estar sentados durante 8 horas frente a una pantalla de ordenador, el metro, la falta de contacto con la Naturaleza… No hemos evolucionado en un entorno así y lo peor es que no es posible adaptarse a ello. Tenemos dolores musculares, emocionales, espirituales, físicos, las llamadas “enfermedades de la civilización”, fobias, obesidad, anorexia, y un larguísimo etcétera.

La realidad es que nuestro entorno es totalmente artificial, es antinatural. A veces se dice, en textos feministas, que el mundo está adaptado al hombre (al varón). Cuando leo eso siento escalofríos por todo el cuerpo. Es totalmente falso. El mundo actual está hecho a la medida de los avances tecnológicos, de las herramientas, de las máquinas industriales e informáticas. No está hecho a escala humana ni a la medida de lo humano. Desde que nacemos se nos trata como máquinas u objetos porque se parte de la premisa de que somos los humanos los que nos tenemos que adaptar al sistema y no al revés.

También en el ámbito de la autodenominada “crianza respetuosa” se tiende a pensar que el mundo está adaptado a los adultos, a los padres, y no a los bebés, que no saben si viven en el Pleistoceno o en el siglo XXI. El gran error de este planteamiento es pensar que los padres sí están adaptados cuando tampoco lo están. Ellos también se encuentran en un entorno que va contra su propia naturaleza humana** que necesita amor, libertad, vínculos fuertes, aire y comida limpia, etcétera.  El mundo actual no está adaptado al ser humano, pero ni a los mayores ni a los pequeños. Está adaptado a las máquinas, ellas sí son el centro. Lo que nos lleva a la misma conclusión: como el ser humano no puede adaptarse al maquinismo del ambiente se espera que seamos los seres humanos los que nos adaptemos a un mundo robotizado. ¿Y cómo se hace eso? Convirtiéndonos nosotros mismos en robots.

No hay otra decisión más importante para la especie humana en estos momentos que la siguiente. O nos convertimos en ciborgs, en robots, y nos adaptamos al entorno, o cambiamos el entorno y lo humanizamos para adaptarlo a las necesidades básicas de lo humano o incluso de lo vivo. O nos robotizamos o volvemos a un medio más natural. No hay más. El ser humano es un animal, quizás un animal algo especial, pero un animal al fin y al cabo. Hoy nos encontramos en el camino entre el animal y la máquina. Estamos mutando o, más bien, nos están haciendo mutar y nosotros nos dejamos. En este post de Prado Esteban ella habla de “la granja humana” porque lo que hacen las mentes pleclaras que dirijen el mundo de la política y las finanzas desde el despotismo ilustrado es eso, tratarnos como ganado. Pero, ¿es que acaso el ganado no es tratado como una máquina de hacer leche y carne en el mundo industrial?

La vía por la que está comenzando esta curiosa mutación es la de los móviles. Hoy todo el mundo tiene un teléfono con conexión internet, cámara de fotos, grabadora y disco duro. Es un verdadero ordenador personal al alcance de la mano. El paso siguiente es fusionarnos con él y hacerlo carne de nuestra carne, que sea parte de nuestro propio cuerpo. De manera simultánea ya se está experimentando con pequeños simios transgénicos y también, en el ámbito de la reproducción artificial, con la selección genética de los embriones humanos. Es muy probable y, no sabemos cómo, todos estos caminos vayan confluyendo hacia una nueva especie.

Y esto, no será obra de cuatro señores conspirando, que puede que también, sino que la propia lógica o dinámica interna del desarrollo tecnológico humano nos llevará a ello, con lo que estaríamos frente a una terrible paradoja: el ser humano tendería siempre a morir de éxito en sus avances tecnológicos.

Quizás la cuestión clave esté en aquel concepto del que hablaba Ivan Illich, el del umbral y el de los límites de ciertas herramientas, que comienzan siendo medios y terminan siendo fines en sí mismas. ¿No hemos llegado ya al momento en el que tendríamos que estar, en lugar de investigando en deshumanización, explotación, dominio y o viajes a Marte, tratando de solucionar los problemas de nuestra casa, la Tierra? ¿No deberíamos pararnos, dejar de inventar nuevas herramientas y nuevas tecnologías y, con lo que ya sabemos y ya tenemos, intentar mejorar la vida en este planeta, sabiendo que nada es unidireccional y que cuando solucionas un problema, estás creando otro, quizás para más tarde? Por ejemplo, el uso de los antibióticos nos ha permitido salvar vidas pero su abuso está causando muertes por la vía de la resistencia creada a los mismos por las bacterias. Lo mismo podemos decir de la contaminación de los ríos por el uso y abuso de drogas recreativas y medicamentos.

Ya hay investigadores como Eduald Carbonell, el paleontólogo de Atapuerca, que defienden estas ideas transhumanistas, como en esta entrevista:
“En ‘El naixement d’una nova consciència’ también habla de ‘la revolución científicosocial humana’. ¿Qué será?
– Será la creación del nuevo hombre, el paso del homo sapiens al homo ‘ex novo’. Seremos capaces de crear robots tecnobiológicos a los que dejaremos las categorías humanas más sólidas: la perseverancia, la solidaridad, la inteligencia, la no territorialidad y la organización horizontal. Todavía es ciencia-ficción pero es una de las pocas esperanzas que nos quedan…”

El problema del ciborg es que necesita electricidad, baterías y energía. Dado que nos encontramos en pleno pico del petróleo vemos como una vez más no existe “máquina” más perfecta que la creada por la propia fuerza de la Naturaleza.

La antropóloga Amber Case en su charla TED define al ciborg como un organismo al que se le añaden componentes para que pueda adaptarse a ambientes nuevos y aporta el ejemplo del astronauta en el espacio, un humano en un entorno para el que no está adaptado. Sin embargo, esto es una verdad a medias, ya que la realidad actual es justo la contraria a la del astronauta. Nuestros abuelos y bisabuelos sí estában adaptados al entorno en el que vivían dentro del ámbito rural o al menos, mucho más adaptados que nosotros a la ciudad y la vida actual.  Hubo decisiones políticas detrás de esas “inadaptaciones” del mismo modo que hoy en día es el marketing el que nos intenta persuadir una y otra vez de que tengamos ordenador, tablet y móvil. Y nosotros las compramos y las usamos, siendo copartícipes de esta mutación sin poder alegar que son otros los que nos dirigen por tal o cual camino, como a ganado.

Odent parece terminar su libro, si es que le he entendido bien, diciendo que de alguna forma tendríamos que aceptar la mortalidad natural porque la medicina va a terminar matando a la especie humana, lo que constituye de nuevo una gran contradicción, ya que se supone que la medicina tiene como función curar y no matar. La pregunta es, ¿hay vuelta atrás? ¿Debería haberla? ¿Estamos dispuestos a asumir el sentido trágico de la vida? ¿Asumir la histórica mortalidad “natural” infantil del 50%? Yo desde luego no la acepto, pero tampoco puedo aceptar un mundo de seres deshumanizados y robotizados, que finalmente es también otra forma de mortalidad, la muerte de lo humano.

Demasiadas preguntas. En una de mis escapadas durante las jornadas pude visitar el Parque de la Prehistoria de Taverga tomé un pequeño apunte de uno de los paneles del museo que no sé muy bien si viene al caso del tema tratado pero intuyo que sí: “No obstante, los dos en sus investigaciones paralelas (André Leroi Gourhan y Annette Laming-Emperaire) pusieron en evidencia la existencia de un sistema binario reflejo de la dicotomía universal del pensamiento humano”.

*En realidad, “revelación” para mí, ya que hay mucha gente reflexionando sobre estos temas de forma pública. Pienso, por ejemplo, en John Zerzan, salvando las distancias y los puntos de vista divergentes, claro... En muchos aspectos, como en el del contacto directo con la Naturaleza y todo lo que nos aporta, no hace falta remontarse a la Prehistoria, ya que nuestros propios abuelos, en los pueblos, cazaban y recolectaban, además de dedicarse a la agricultura o la ganadería doméstica. Es decir, no existe la ruptura entre sistemas total que defiende Zerzan y otros.

ACTUALIZACIÓN 09/09/2016: En este video él mismo habla (min. 25:22) de otro autor que vio claro la conexión entre el primer paso, la domesticación de la naturaleza, y los avances tecnológicos actuales. Se llamaba Paul Shepard y yo no le conocía. Otro documento interesante sería este pdf de Jared Diamond.

**El concepto de “naturaleza humana” es bastante escurridizo y tiene una contrapartida muy fuerte en el coste de la supervivencia en libertad. Los que sobreviven quizás tengan una vida completa pero mueren muchos por el camino. ¿La domesticación implica quizás un énfasis en la “cantidad” versus la “calidad”? Ver post: http://www.lasinterferencias.com/2016/07/21/la-vida-no-domesticada-tiene-riesgos/

ACTUALIZACIÓN 28/09/2016

Una vez que me he metido de forma más profunda en este tema recomiendo encarecidamente leer a Paul Shepard y otros artículos traducidos de la web Le Partage como este en el que se habla de la depresión como enfermedad “adaptativa” o, más bien, maladaptativa… http://partage-le.com/2016/06/la-depresion-una-enfermedad-de-la-civilizacion-los-cazadores-recolectores-tienen-el-remedio-por-sara-burrows/  o su charla Ted.

Fragmentos del libro “El útero artificial” de Henri Atlan

Fragmento del libro “La procreación artificial” de Jacques Testart

Las aplicaciones de teléfonos “Inteligentes” promovidas por el Ministerio de “Igualdad” y Telefónica nos harán “Libres”

La vida no domesticada tiene riesgos

 

Pariremos con autenticidad

https://sites.google.com/site/casildarodriganez/pariremos-con-placer

 Después de varias lecturas en paralelo (Juan Luis Arsuaga, Michel Odent y Verena Schmidt) y con una relectura del libro de Casilda Rodrigañez “Pariremos con Placer”, creo que hay algunos presupuestos del texto de Casilda que no se sostienen. Y esto lo digo con tristeza, porque todo lo que he escuchado o leído de ella me parece muy sugerente e inspirador. Aún así, hay ideas que creo que no se aproximan a la realidad concreta de los fenómenos de los que habla y aquí presento mi comentario al respecto que, lejos de ser una crítica destructiva, espero que amplíe el debate sobre estos temas. Por supuesto, no pretendo sentar cátedra desde mi desconocimiento y me considero una mera aprendiz en autoformación de lo aquí tratado. Cualquier matización o comentario será bienvenido, como siempre.

El paraíso perdido de todas las religiones al que volver o recrear

El relato histórico de Casilda tiene el componente típico de todos los mitos del origen y religiosos: érase una vez una sociedad neolítica europea, pacífica y armoniosa,  en el que las mujeres parían con placer, en el que se colmaban los deseos de las criaturas y éstas vivían en perfecta simbiosis con sus madres hasta que llegaron las malignas tribus indoeuropeas con su dominación y esclavismo y destruyeron todo este legado (pg.95), creando a la madre patriarcal y demás. Es decir, vivíamos en una especie de Edén hasta que llegaron los malos y nos expulsaron del paraíso (incluso se utiliza la expresión “jardines neolíticos del Edén o de las Hespérides” o “jardines neolíticos de la matrística”). Es a partir de ese momento que comenzamos a parir con dolor.

Evidentemente, no se aporta ninguna prueba de que en la Vieja Europa las mujeres no parieran con dolor (o con esfuerzo, algo muy distino, que es lo que en realidad dice el famoso pasaje bíblico que siempre se cita, según el libro “Maternalias” de Cira Crespo). Supongo que no aporta pruebas porque no nos han llegado ni en un sentido ni en otro. Que no existan estas pruebas no puede significar que nos inventemos la historia a nuestro gusto, podemos simplemente quedarnos en un humilde “no lo sabemos” o en un “no podemos conocerlo”, pero la sed de conocimiento y de comprensión del mundo quizás nos obligue a tener que rellenar los vacíos de lo que no sabemos con algo de imaginación.

Esa transición histórica de la que habla Casilda es el paso de las sociedades sin Estado a las sociedades con Estado (o con un poder cada vez más centralizado), el paso de la recolección y la caza a las sociedades agricultoras y ganaderas. A más Estado, más acumulación de poder, más patriarcado, más división y estratificación social, pero eso no demuestra que haya existido alguna vez en la faz de la Tierra una sociedad 100% igualitaria a nivel de poder de unas personas sobre otras, de un sexo sobre el otro, o en la que los hombres no hayan ocupado siempre los puestos un poquito más influyentes (portavoces, representantes, curanderos) a nivel político y las mujeres hayan tenido un inmenso poder en otros ámbitos igualmente importantes y decisivos para las sociedades como son el poder del parto y de la crianza (con sus propias biopolíticas y tanatopolíticas). Por supuesto, que no haya existido en el pasado no quiere decir que sea posible en el presente o en el futuro, ni siquiera implica un juicio de valor sobre si esto es positivo o negativo. Simplemente quiere decir que no es necesario inventarnos un pasado mítico glorioso como referente al que volver o recrear. No lo necesitamos. El futuro de la sociedad no está escrito y está en gran medida en nuestras manos.

El dolor del parto y la “buena salvaje”

Casilda Rodrigañez basa su argumentación en que el parto no tiene que doler. Si duele es porque estamos condicionadas por las circunstancias sociales, culturales e históricas en las que vivimos.
Para ello, se apoya en Bartolomé de las Casas cuando dice que las caribeñas parían sin dolor o en las mujeres Kung San (pg. 49). Sobre las primeras no sabemos mucho más, porque no las podemos entrevistar de forma directa. Sin embargo, sí disponemos del maravilloso libro de Marjorie Shostak de entrevistas a Nisa, una mujer San de Namibia (capítulo titulado “first birth”), que explica muy bien sus sensaciones durante sus partos en solitario (como es la costumbre allí). Siente dolor, mucho dolor, pero en su cultura (y como obstetras actuales corroboran en referencia a la adrenalina versus oxitocina) el miedo es peligroso para el parto, por eso, según ella, hay que esperar sentada en un árbol a que pase sin emitir sonidos ni aspavientos. Desde fuera, un Bartolomé de las Casas cualquiera que espiara la situación diría que “paren sin dolor” pero, como dice aquel dicho popular, la realidad es que “la procesión va por dentro”. Según el libro de Casilda, citando a Read, “el miedo no permite la relajación de los haces circulares del útero”. Sin embargo, las mujeres Kung, a pesar de saber de forma intuitiva y cultural que el miedo es algo negativo en el parto, no lo identifican con mayor o menor dolor sino con que éste sea más seguro y sencillo para la madre y el bebé.

Pg 18 de “Pariremos con placer” también señala en la misma dirección: “Así es como Read llega a la conclusión de que el miedo, que mantiene activo el sistema simpático, impide la relajación y la distensión de los músculos circulares de la boca del útero, produciendo el movimiento espástico o espasmódico del útero, lo que considera una disfunción de la fisiología natural y normal del parto”. 

La sociedad Kung es de cazadores-recolectoras y las relaciones entre los sexos son bastante equitativas, a pesar de que hay roles diferenciados en cuanto a tareas y ocupaciones. Por ejemplo, hay más curanderos que curanderas y portavoces hombres que mujeres. Hay un patriarcado “suave” que se traduce en algunas expresiones que se ven en el libro dentro de las relaciones de pareja, pero bastante más ligero que en las sociedades agrícolas y estatales contemporáneas y, sobre todo, del terrible siglo XIX del que todavía seguimos heredando perspectivas del mundo victorianas, machistas e ideologizadas. En esa sociedad hay tabú del calostro (un tabú nocivo para la salud de la madre y del bebé) y lactancias que duran 3 o 4 años, hasta la llegada de un nuevo bebé en el que se desteta sin contemplaciones y con llantos de por medio (otro mito que cae, el de que en las sociedades cazadoras-recolectoras los destetes se hacían a demanda del bebé y “respetando los ritmos”). Mueren 2 mujeres cada 500 partos y la mitad de los jóvenes y niños no llegan a los 15 años. En estos tiempos de colapso y post humanidad, el asunto de la mortalidad infantil-juvenil del 50% en las sociedades del pasado es otro temazo clave para reflexionar en otro artículo…

Dice Casilda que las mujeres Kung San hacen vida a ras del suelo. Cierto, como muchas mujeres del mundo hasta la llegada de la industrialización hace 200 años, no hay que irse al Neolítico ni a un supuesto pasado anterior al patriarcado. Veamos como ejemplo esta foto de estas mujeres canarias:

Del facebook de “Las Palmas Ayer y hoy”: Alfareras en la Atalaya.Santa Brigida.Gran Canaria.

También de “Las Palmas Ayer y Hoy”. Pescadores de cuclillas.

La industrialización y sus “comodidades” antifisiólogicas nos han conquistado a todos y reducirlo a una cuestión de patriarcado es demasiado simplista.

¿Partos menos dolorosos o más fisiológicos?

Una mujer de una sociedad cazadora-recolectora o una mujer del pueblo en una sociedad agrícola o preindustrial está mucho más en forma que cualquier mujer del siglo XXI, más ociosa, sedentaria y en muchas ocasiones sobrealimentada. La postura de cuclillas es más fisiológica tanto para defecar como para parir y es posible que eso facilitara los partos, lo que no quiere decir que fueran indoloros o placenteros, o que todas las mujeres parieran de esa forma. Por supuesto, no trato de negar las experiencias de mujeres que han vivido partos orgásmicos, placenteros o simplemente indoloros. Existen porque hay mujeres que los han vivido. Lo que creo es que es muy discutible pensar que era algo generalizado en otras épocas y sociedades sin aportar ninguna prueba más que la de testimonios de observadores externos.

¿El parto con algún grado de dolor forma parte de la maternidad patriarcal? ¿O bien es algo intrínseco a la fisiología de la hembra de Homo Sapiens, tanto en el Neolítico como después, con o sin patriarcado, o con cualquier tipo de sistema social?

Según Michel Odent, en “Nacimiento y evolución del Homo Sapiens”:  “hoy estamos en condiciones de comprender que existe un dolor fisiológico durante el parto pero que existe también un sistema fisiológico de protección frente a este dolor. Lo importante es que los componentes del sistema fisiológico de protección frente al dolor juegan otros papeles, además del alivio del dolor. En otros términos, el dolor es parte integrante del proceso fisiológico: no podemos eliminar electivamente el dolor sin alterar los demás aspectos del proceso fisiológico”.

Y según la comadrona Verena Schmidt: “A menudo, el parto se conoce también como «la guerra de las mujeres», y armadas como guerreras, con la meta en la mente, se enfrentan al proceso de dar a luz. En estas sociedades, la mujer se siente capaz de afrontar la prueba, y se espera que salga de ella más fuerte y sabia que antes. El parto es una hazaña personal en la que a menudo la mujer se aparta para superar la prueba con sus herramientas personales”.

 ¿Les duele el parto al resto de mamíferas?

En el libro de Wenda Trevathan “Human Birth: an Evolutionary Perspective” se afirma que sí, que se han observado muestras de dolor de las contracciones en primates aunque con diversidad de grado entre cada hembra. Tampoco tiene por qué ser extraño, ya que algunas funciones fisiológicas son dolorosas también en los animales, como por ejemplo el coito en las felinas. La Naturaleza no es perfecta ni idílica, al menos en todos sus aspectos y facetas. Afortunadamente, casi todos los actos fisiológicos no son dolorosos e incluso algunos son muy placenteros.

¿Duele el parto por el bipedismo?

La explicación de la paleontología frente al dolor del parto es la de que fueron el bipedismo y el aumento del neocortex los culpables de las “dificultades” del parto, pero eso no explica el dolor, que normalmente se asocia más a las contracciones de dilatación. Por ejemplo, un parto puede ser fluido, sencillo y corto y al mismo tiempo doloroso. Una cosa es que nos cueste atravesar el cuerpo de nuestras madres y otra la razón de por qué a las madres les duelen las contracciones.

El útero espásmico/espástico no parece existir (a no ser que sea a un nivel poético o simbólico) y mucho menos tiene que ver su relación con el dolor o con el patriarcado. En un matriarcado o incluso en las sociedades matrilineales también dolerían las contracciones de parto porque es un dolor fisiológico no patológico. Otro tema diferente es lo que ocurre con el sistema de la oxitocina en cada sociedad y momento histórico o con el dolor adicional convertido en sufrimiento iatrogénico causado por el ambiente actual de los partos.

Wilhelm Reich decía que “la mayoría de los úteros son espásticos y por eso la mayoría de partos son dolorosos”, pero la realidad es que el útero de las mujeres está siempre relajado salvo en los momentos concretos en los que tiene contracciones placenteras o dolorosas, es decir, hay contracciones en el orgasmo, durante la lactancia, los entuertos postparto. En todos estos procesos interviene la oxitocina y otras hormonas

La debilidad del sistema de la oxitocina sí existe, tal y como observa Michel Odent.  Esto dificulta los partos y los hace más largos y peligrosos. La necesidad de oxitocina artificial de los partos actuales tiene que ver, según Emilio Santos, en que no se respetan las necesidades emocionales ni de libertad de movimiento de las mujeres. Esto serían causas iatrogénicas del propio paradigma médico aunque, como bien señala Odent, hay una verdad incómoda que debemos enfrentar: los partos en casa son también cada vez más largos y complicados. Todo esto puede estar relacionado con cómo vivimos las relaciones de amor y de oxitocina desde la concepción hasta la muerte, la mochila biográfica que arrastramos las mujeres en el momento de parir y también podría estar relacionado con el miedo, por eso las mujeres Kung dicen que sienten mucho dolor pero se enfrentan al parto sin miedo, solas, con valentía y estoicismo.

Dolor y miedo son cosas diferentes, aunque relacionadas, y creo que uno de los problemas principales del libro de Casilda es la confusión que establece entre ambos. El miedo puede ser inculcado por la sociedad o afrontado con estoicismo por la cultura, el dolor es algo más físico pero la forma de vivir y afrontar estos procesos es biocultural, no podemos separar la mente del cuerpo ni el útero de lo emocional/cerebral ni lo individual de lo social.

Un parto que va muy bien puede tener contracciones muy fuertes, dolorosas y efectivas y ser un parto fisiológico y sencillo. Y también a veces cuando un parto deja de doler puede significar que se están parando las contracciones y la oxitocina. Por otro lado, como bien apunta Casilda (pg.41), también está el fenómeno de la reducidísima paridad de la mujer actual. Con una natalidad de un hijo por mujer y cayendo en España la mayor parte de nosotras nos quedamos en “primíparas” y el primer parto suele ser el más doloroso y complicado comparado con los segundos, terceros y cuartos.  

Muchos de los temas aquí comentados siguen siendo hipótesis. Desgraciadamente la investigación biomédica solamente se interesará en estos temas si se puede fabricar un inhalador de oxitocina o una viagra oxitócica mágica que solucione nuestros problemas vitales y sociales. La oxitocina parece ser todo un temazo biopolítico y quizás alguien tenga que escribir un libro titulado Oxito Yonki (haciendo un guiño al Testo Yonki de Beatriz Preciado) que confirme lo que intuitivamente muchos políticos y estrategas siempre han sabido: la ruptura, creación y control de los vínculos es clave en el ejercicio del gobierno, poder y dominación. No en vano a la hormona oxitocina hay quien la llama “el pegamento de la sociedad” (aunque también se ha estudiado que produce emociones sociales tanto positivas como negativas). El control del dolor y del placer también son temas biopolíticos y no siempre es cierto que el poder busque someter a la población a base de reprimir el placer y promocionar el dolor. Creo que la epidural que elimina el dolor del parto y la promoción del hedonismo como anestésico social pueden ser ejemplos paradigmáticos.

Por todo lo expuesto, creo que la clave está en entender la fisiología del parto y de los vínculos sociales (comenzando por el primero, el que se establece entre una madre y un bebé) más que en focalizar toda la atención en los partos orgásmicos y placenteros. Podemos parir con dolor o con placer pero, sobre todo, con autenticidad y desde nuestra propia libertad, esencia y verdad concreta.

Equilibrio

El ser humano, para vivir con salud, tiene que tener un equilibrio entre su sistema de “lucha o huida”, el del combate, el del stress, el de enfrentar el problema o salir corriendo cuando es imposible luchar, y el sistema de “calma y contacto”, el del placer, el contacto humano, de la relajación, ya sea a través de la danza, el masaje, la sexualidad, contemplar un amanecer en plena Naturaleza…

El combate durante las 24 horas del día lleva a la enfermedad y la autodestrucción. La búsqueda del placer constante también termina siendo algo enfermizo, porque se evita confrontar los problemas y las injusticias a través de la evasión.

No creo que la vida tenga que ser un perpetuo combate porque eso equivaldría a morir al primer golpe y un luchador tiene que estar fuerte y sano para vencer. Normalmente, en el mundo del activismo, la salud de muchas personas se resiente de tanto pelear en batallas parciales… Por otro lado, en el mundo de la evasión se encuentra a muchas personas que prefieren vivir en una burbuja a enfrentar los problemas de nuestro tiempo para no sufrir. Creo que es necesario intentar equilibrar ambas tendencias aunque reconozco que es bastante complicado. Equilibrar la lucha y la calma, las tendencias de separación y de unión.

Una lectura recomendable sobre estos temas: Kerstin Uvnäs Moberg “Oxitocina. La hormona de la calma, el amor y la sanación”

ACTUALIZO: Veo necesario añadir algunas aportaciones sobre la idea de “equilibrio” que me han parecido relevantes de la bioquímica Natalia López Moratalla (min 9.10 de este video. Es una pena que el irrespetuoso entrevistador no deje de interrumpirla): “un ser vivo tiene que estar constantemente creando asimetrías”, “el equilibrio es la muerte, equilibrarse, serenarse, es morirse”, “la vida tiene que estar continuamente sacando energía de ese intercambio con el medio”, “todos nos intercambiamos con el medio y eso es lo que nos permite estar alejados del equilibrio”.

Y esta otra cita del psicólogo humanista Carl Rogers, del libro “El camino del ser”: “Descubro cada vez más que estar vivo implica arriesgarse, actuar sin una certeza absoluta, comprometerse con la vida.
Esto produce cambios y, para mí, el proceso de esos cambios es la vida. Me doy cuenta de que si fuera estable, prudente y estático viviría en la muerte. Por consiguiente acepto la confusión, la incertidumbre, el miedo y los altibajos emocionales, porque ése es el precio que estoy dispuesto a pagar por una vida fluida, perpleja y excitante”.

Creando, naciendo…

Dado que este blog tiene ilustres seguidores (investigadores, rectores, notarios, peritos, gerentes y demás) desde que la empresa estatal* “UNED” para la que trabajo decidiera llevar a cabo una “información reservada” y me abriera un expediente disciplinario, he decidido congelar de buena fe todas las entradas para facilitar al máximo la aclaración de los hechos investigados.

No me marcho de la blogosfera, me mudo provisionalmente a http://creandonaciendo.blogspot.com/, un blog un poco más orientado hacia el embarazo, el nacimiento, la crianza, la vida, la muerte, eso que llamamos “educación”, “sanidad” y mucho más. Por supuesto, no pienso dejar de lado los contenidos que trataba en Las Interferencias, ya que la maternidad no es algo separado del resto de nuestras vidas, la existencia es un todo y nunca debemos perder la visión de conjunto. Por ejemplo, la hormona oxitocina está conectada con la capacidad que tenemos de empatizar y la falta de amor en la sociedad. ¿Acaso esto no está relacionado con las guerras, la industrialización, la sanidad estatal y privada o el funcionamiento de las instituciones como la empresa, el colegio o el hospital? ¿Acaso la economía no es ideología? ¿Acaso las ideas sobre cómo deberíamos nacer y criarnos no están relacionadas con la estructura piramidal de la sociedad? ¿Acaso las relaciones de parentesco no tienen influencia en la política y la economía, en las relaciones entre el pueblo y las elites? ¿A qué conclusiones sociales y existenciales podemos llegar si realizamos un simple árbol genealógico de nuestra familia? ¿Proporcionan las revistas del corazón información económica? Bueno, ya os he dado algunas pistas sobre lo que burbujea en la cabeza de esta embarazada inquieta.

Un abrazo.

*También conocida como “universidad pública”.