¿Crees que pudieron hacerte esto durante tus primeros minutos de vida? Lo (bio)político es personal

La violencia hacia la madre no puede ser separada de la violencia hacia el bebé. Por ejemplo, del video que enlazo abajo me gustaría destacar lo que podemos ver en las imágenes sobre el minuto 10.42. Se trata de un verdadero ritual antropológico, un bautizo rutinario y tecno-médico-industrial que da la bienvenida a un nuevo ser humano convirtiéndolo en objeto de una cadena de montaje. Hoy en día, se explicita en la nueva “estrategia de atención al parto normal”, no están recomendadas estas prácticas de forma rutinaria (sí en casos que sea extrictamente necesario).

Cuando supe que esto se había estado haciendo en los hospitales solamente podía pensar en una cosa: una violación del cuerpo de los más indefensos en el momento en el que solamente buscan a su madre. Por no decir que hoy en día hasta las endoscopias se suelen hacer con sedación (yo me tuve que hacer una sin sedación hace años y fue muy, muy desagradable).

Estas políticas sobre el nacimiento tienen unos responsables concretos. En este caso, quedarnos en una mera denuncia de un abstracto “patriarcado” evita que podamos llegar a conocer quién o quiénes promovieron estos protocolos médicos en el mundo y, más concretamente, en España. ¿Alguien se anima a ayudarme a rastrear esta información?

“Tras la Guerra Civil española, las competencias sanitarias regresaron al Ministerio de la Gobernación hasta 1977” , por eso, a lo máximo que he llegado en el conocimiento del franquismo obstétrico-pediátrico ha sido llegar a este cuadro, en el que podemos ver que el Ministerio de Gobernación estaba dirigido, por ejemplo, durante la inauguración del hospital de La Paz en 1964 por un tal “Camilo Alonso Vega” y un tal “Vicente Fernández Bascarán” como interino. Ambos eran altos cargos militares. Es decir, eran miembros dirigentes del Ejército los que decidían en última instancia cómo debían nacer los niños y las niñas, cómo debían parir las mujeres, y cómo debía ser asistido el nacimiento por parte del personal sanitario de los hospitales.

Me gustaría encontrar el nombre de los altos funcionarios franquistas y demás cargos intermedios responsables de los protocolos hospitalarios en referencia al parto (sin quitar responsabilidad a esas personas que simplemente “seguían órdenes”). ¿Alguien tiene alguna pista? También busco a los responsables de esos mismos protocolos en otros países, principalmente en EEUU, ya que es probable que, a raíz del Plan de Estabilización de 1959 (“diseñado por los tecnócratas del Opus Dei, que habían accedido al gobierno en 1957, este plan económico fue elaborado siguiendo las indicaciones del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI)”)  también se exportaran “modas” obstétricas hacia aquí, tal y como se hizo en otros países de América Central y Sudamérica (ver mi post sobre “Maternar a la madre” en referencia a las doulas y la investigación de Klaus y Kenell en Guatemala):

“Todavía es más interesante, si cabe, que en el libro se mencione que estos protocolos hospitalarios que impedían cualquier tipo de acompañamiento eran una simple traslación por parte de autoridades médicas estadounidenses de los modelos obstétricos norteamericanos de los años 50 a los protocolos hospitalarios guatemaltecos varias décadas después. Es decir, estamos ante un caso de imperialismo médico que destruye una situación previa para, después, dejar un problema que otros médicos estadounidenses (Klaus y Kennell), con la mejor de las intenciones, intentan paliar con una figura como la de la doula. En ningún momento se plantea la reflexión de qué se puede hacer para unir lo que se ha roto entre las generaciones de mujeres y sus redes de reciprocidad y aprovechar lo positivo que puedan tener los avances médicos cuando son realmente necesarios y no iatrogénicos. Tampoco se pone sobre la mesa una reflexión profunda sobre las causas sociales, culturales y biopolíticas que nos han llevado a la situación actual, donde el aislamiento y la fragmentación es uno de los mayores problemas de la maternidad actual y la crianza cooperativa. Supongo que tratar este tema daría para que los autores hubieran escrito otro libro completo, llegar a conclusiones políticamente incorrectas y ya sabemos que el ser humano es especialista en huir hacia delante.”

La biografía de Francisco Franco, hijo de un General Intendente de la Armada alcohólico que maltrataba física y psicológicamente a toda la familia (maltrató también a la esposa durante el embarazo), que nació 3 años después de la implantación del código civil patriarcal español de 1889, quizás poco nos pueda decir sobre la atención al parto durante la dictadura… ¿O sí?

La Paz (Madrid)

 

Torre Balilla

Si tiramos de ciertos hilos se entienden muchas cosas. La maternidad de La Paz se inspiró arquitectónicamente en la Torre Balilla, un edificio futurista de la FIAT de la Italia fascista (1933) pensada por Agnelli para los hijos de los operarios de la empresa de coches. Como explica muy bien el trabajo del arquitecto Alberto Pieláin Álvarez-Arenas en “Los hospitales de Franco”: 

“Hacía falta una imagen nueva, pero que representara a unos inmutables ideales de justicia social que después de dar vida a la Cruzada habían vuelto a consagrarse como Principios del Movimiento Nacional’ en una revisión católica del ideario fascista. Parecía oportuno, por tanto, rescatar para la causa española la imagen de una emblemática obra social de la Italia de entreguerras”.

Colonia de verano de Torre Balilla/Torre Fiat

“La Torre Balilla era el  albergue  de  lo  que  entonces  se  denominaba  una  colonia  infantil  de  vacaciones  por  eufemismo  de  su  verdadero  cometido  como  casa  de  salud  para  niños  pretuberculosos.  La  colonia  de  vacaciones  era  a  la  vez  sanatorio  y  escuela  de  higiene;  y  durante  el  fascismo  fue  además  centro  de  adoctrinamiento.  Sin  esa  connotación  de  propaganda,  un  programa  tan  modesto  como  el  de  albergue  juvenil  no  habría  ocasionado  una  arquitectura  tan  fantástica  como  la  de  la  Torre  Balilla”.

“Para los hijos del pueblo”

Siguiendo ese hilo también podemos entender el concepto de hospital como fábrica de partos y bebés (y a su vez el modelo de fábrica como cárcel y como ejército…): “Esa obra, como otras de Bonade, parece inspirada por la factoría turinesa de automóviles, el Lingotto de su antecesor al frente del servicio de construcciones de la Fiat, Giacom o Matté Trucco*, y aunque contiene un sencillo programa de albergue comunitario, es un enorme cilindro de 52 metros de altura y 25 de diámetro”.
 

El Lingotto en Turín

  

“Lingotto es un barrio de Turin, Italia, pero el nombre se asocia más con el Edificio Lingotto, sito en la Via Nizza, que fue en su época una enorme fábrica de coches, construida por Fiat.

Por otro lado, siempre he sido muy inocentona y había pensado que el nombre de “La Paz” venía de la capital boliviana. Sin embargo, el nombre de  “La Ciudad Sanitaria “La Paz” de Madrid” conmemoraba y conmemora (nunca se ha cambiado el nombre y hace bien, se agradece la sinceridad al mostrar la biopolítica ante todo…) el 25 aniversario de la victoria de la sublevación militar). De nuevo, vemos que se inspiraron en la obra social de una empresa fascista para construir un hospital que celebraba una victoria militar. ¿Quizás la victoria de la erradicación del parto no hospitalario ni estandarizado en paralelo? Esto ya es mucho especular, pero ahí lo dejo como hipótesis.

Colonia Fiat, Torre Balilla.

“El proyecto de enfermería redonda había nacido con la doble intención de reducir recorridos y mejorar la relación visual entre las habitaciones y el puesto de control de enfermería, pero aquí no se logró ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario. Los desplazamientos de las enfermeras se vieron doblemente aumentados, tanto porque con la adopción literal de la enfermería redonda se incrementaron las distancias entre control y habitaciones como porque con la fragmentación del nido en 64 habitáculos distribuidos de ocho en ocho a lo alto del hospital se multiplicó el número de los desplazamientos’* . Y la supervisión también se hizo más difícil, porque en el núcleo solo quedó un pequeño rincón para el puesto de control de enfermería y el resto se macizó de cosas , en lugar de permanecer vacío conforme a su principio panóptico, lo que no produjo más que el efecto contrario del que se buscaba , pues en los esquemas lineales de enfermería el pasillo al menos siempre había sido visible desde el control , y ahora quedaba casi totalmente oculto detrás del propio núcleo de servicio”.

Mussolini recibe al senador Giovanni Agnelli que le presenta el nuevo modelo de coche FIAT Balilla (el nombre que después le pondrá a la torre que inspirará la Maternidad de La Paz, en Madrid)

Fascismo militar corporativo y panóptico victoriano

Como vemos, en lo concreto podemos ver que las inspiraciones arquitectónicas de la maternidad de La Paz son el Futurismo fascista corporativo (“un arte que imaginaba el futuro sin olvidar el pasado romano”.  Pasado romano patriarcal, podríamos añadir) y la idea de enfermería redonda victoriana. “Marcide se valió del esquema de enfermería redonda, una solución que ya había tenido antecedentes ilustres en la etapa victoriana^* y que desde su actualización en los primeros años cincuenta se había hecho habituales en los proyectos de hospitales”. (…) 

Pg. 93 http://oa.upm.es/4331/1/ALBERTO_PIELTAIN_ALVAREZ_ARENAS_b.pdf

 

Pg. 103 http://oa.upm.es/4331/1/ALBERTO_PIELTAIN_ALVAREZ_ARENAS_b.pdf

Lo (bio)político es personal/ “La Paz” es Guerra

La atención al parto en el Hospital de La Paz, por seguir con el ejemplo, sigue siendo muy deficiente, más si se tiene la “suerte” de caer en manos de ciertos y ciertas profesionales que más parecen sargentos en el cuartel que personas que atienden el momento de nacer de seres humanos. No en vano, la matrona y varias ginecólogas que me atendieron en La Paz se comportaban como militares en una guerra en el trato y en el maltrato (salvo una honrosa excepción, un verdadero ángel de mujer que se cruzó en nuestro camino por las trincheras/cadenas de montaje y me enseñó a amamantar). 

Cuando después del nacimiento de mi hijo en casa acudimos allí para expulsar con seguridad la placenta retenida (dada la evolución del parto mi tanto la matrona como nosotros valoramos que era más seguro expulsarla en un hospital y poder comprobar que no quedaban restos con el ecógrafo) fuimos tratados con desprecio; se me dijo que “no me riera” que esto era serio y que lo mismo me tenían que hacer un legrado con anestesia general (la placenta salió simplemente tirando de ella sin problema y, como todo el mundo comprenderá, yo no me estaba riendo precisamente sino intentando sonreir ante la adversidad); se nos cuestionó nuestra legítima opción a parir en casa durante toda la estancia; se nos habló mal; se me intentó culpabilizar, se me dijo literalmente que “sólo sabía molestar” delante de la visita de una amiga; se me ordenó ducharme aunque me sintiera débil y anémica al estilo de “la mili”; se entraba en la habitación encendiendo luces y hablando alto cuando llevábamos dos noches sin dormir… Todas las agresiones verbales, comentarios hirientes y faltas de respeto fueron dados por mujeres y todo ello en el momento más vulnerable de mi vida y la de mi hijo. He tardado tres años y medio en poder hablar de ello de forma pública. Y no pienso pasar página y hacer como si no hubiera pasado nada porque se dá la circunstancia que este hospital está financiado con los impuestos que el Estado nos retiene de forma obligatoria a todo el mundo y una mujer que pare en casa de forma voluntaria o imprevista tiene el derecho a ser atendida igual que una que lo hace en un hospital (a lo mejor es que “igual” significa “igual de mal” en el trato). Por cierto, tuve que volver tres semanas después al hospital con una hemoglobina de 7.5 y una anemia galopante de la que nadie me había advertido al alta. Fue mi médico de cabecera el que dada mi palidez y síntomas me mandó hacer análisis. Esto tiene que cambiar y, para ello, debemos comprender estos fenómenos en su totalidad y de forma global. 
 
(Iré actualizando este post a medida que avance la investigación hasta llegar a la actualidad de este régimen posfranquista).

Faltaría el hospital y la fábrica y en primer lugar el origen de todo: el ejército. Tomado del facebook de David Wolfe: https://www.facebook.com/DavidAvocadoWolfe/photos/a.10150364951666512.342374.102515706511/10153043076226512/?type=3&theater

ACTUALIZACIÓN 26/10/2015:

Tomado de una entrevista al Director de la Maternidad de La Paz hasta tiempos muy recientes, el Dr. Antonio González: http://www.laopiniondezamora.es/zamora/2012/09/02/oigo-parto-agua-ponen-pelos-punta/624293.html

“-La Paz era un hospital de mucho prestigio, desde su apertura.

-Fue en el año 1965. Nació como una maternidad especial, modelo, inauguraba un ciclo hospitalario en España nunca visto, y a partir de ahí fueron surgiendo centros con la misma filosofía en otros puntos de España. Desde entonces se desarrolló la medicina socializada.


-¿Qué novedad aportó La Paz?


-Fue una forma de atender el parto, integrada, segura, razonable, aséptica, científica, y sobre todo aportó una enorme seguridad, tanto a la madre como a los hijos. Los bebés entonces tenían una mortalidad bastante más alta de la de ahora y se empezó a practicar una medicina excelente que se reflejó en el descenso de la morbilidad y mortalidad fetales. Pasamos de veinte muertos por mil nacidos a tres que estamos ahora, prácticamente irreducible ya. También la mortalidad materna disminuyó.”

 

 

ACTUALIZACIÓN A 19/09/2016:

Cita de Margaret Mead del libro “The Vital Touch: How Intimate Contact With Your Baby Leads To Happier…” Escrito por Sharon Heller

sharon_heller
Enlaces externos: 

Guía de Práctica Clínica sobre la Atención al Parto Norma
Estrategia de Atención al Parto Normal en el Sistema Nacional de Salud 
“Mi historia de coraje en el hospital La Paz”: http://marisoldiez.blogspot.com.es/2014/06/mi-historia-de-coraje-en-el-hospital-la.html 
“Los hospitales de Franco. La versión autóctona de una arquitectura moderna”. Autor: Alberto Pieláin Álvarez-Arenas, arquitecto. Director: Justo Fernández-Trapa de Isasi, doctor arquitecto. http://oa.upm.es/4331/1/ALBERTO_PIELTAIN_ALVAREZ_ARENAS_b.pdf

Fragmentos del libro “El útero artificial” de Henri Atlan

El texto del biólogo Jacques Testart que reproduje hace unos días consideraba la “humanización” como algo alejado de la tecnología y cercano a los “derechos humanos” y al mundo de la ética. El libro del médico, biólogo y filósofo Henri Atlan, sin embargo, considera que el ser humano se separa de su animalidad a través del uso y creación de nuevas tecnologías, por lo tanto, cuanto más las utilicemos más nos “humanizaremos”.

“El útero artificial” es un libro que aunque intenta ser imparcial no puede evitar posicionarse en la visión tecnólatra de la vida, sobre todo en su relación con la reproducción artificial. Atlan considera que la tecnología nos ha “liberado” tanto en el plano laboral como en el sexual-reproductivo. En este punto quizás tendría que conversar con una cajera de supermercado, una teleoperadora o con algún compañero del fallecido poeta chino que fabricaba Smartphones.

El autor considera también, por ejemplo, que la tecnología nos ha liberado del dolor del parto. A esto se le podría responder que la epidural tiene sus riesgos, como hacer el parto más largo o ser en muchas ocasiones el pistoletazo de salida de una cascada de intervenciones médicas. Todo tiene unas consecuencias positivas y negativas a corto y largo plazo, lo que él parece no querer ver y sí veían los indios iroqueses cuando se reunían en un consejo tribal y se planteaban aquella pregunta holística de “¿Cuál será la consecuencia de la acción que tomemos hoy en la séptima generación de nuestros hijos?“. A diferencia de éstos, la visión de Atlan es torpe y simplona porque evita afrontar las ambivalencias intrínsecas a todo lo humano.

Pero leamos algunas de sus frases en referencia al tema que nos ocupa:

Pg. 178: Dicho de otra forma, la hominización del Homo Sapiens, que es también humanización, es al menos en parte una salida progresiva de la animalidad.

Pg. 179: La intrusión de la tecnología en la reproducción humana puede verse también como la continuación de esta evolución, con una salida progresiva de la animalidad. Lejos de ser necesariamente portadora de una regresión “antinatural”, lleva quizás una humanización todavía más avanzada. (…) Al mismo tiempo, la reproducción de la especie y del orden social estaría asegurada, por técnica interpuesta, sin tener que pasar por la guerra de sexos y la opresión patriarcal.

Pg. 183: Pero después de la caída, fuera del Edén, no está todo perdido para siempre. El proceso de humanización y de salida de la animalidad continúa, con la necesidad además de una reparación de lo que fue roto. Es por lo que la liberación, gracias a la técnica, de las necesidades económicas y sociales de la esclavitud, actualmente conseguida por la eliminación progresiva del trabajo penoso en general, va evidentemente en el sentido de esa humanización.

Frente a la postura de Jacques Testart y de Henri Atlan está la propuesta de Michel Odent, que es, por ejemplo, la de mamiferizar el parto y romper con el tabú del calostro, esa ancestral separación de la madre-bebé durante los primeros días de vida que no existe en el resto de primates. Odent plantea como Atlan que la humanización es un alejamiento de lo animal pero es divergente con aquel en cuanto afirma que, para eventos vitales como el parto, para que este sea más fácil y fisiológico, es necesario recuperar nuestro lado más mamífero, sentirnos seguras y en intimidad, es decir, “redescubrir las necesidades básicas que compartimos con todos los mamíferos”.

Por otro lado, la tecnología se ha centrado en hacernos la vida más cómoda respondiendo a nuestro lado más perezoso y caprichoso. Paradójicamente, y aunque la tecnología tenga muchos efectos positivos, en el proceso de “liberarnos” de tener hijos o del esfuerzo en general que conllevaba la vida preindustrial, nos ha traído en paralelo el aumento de las llamadas “enfermedades de la civilización” como la obesidad o el cáncer.

El libro de Henri Atlan adopta una visión adultocéntrica, evita desarrollar o plantear el asunto del útero artificial desde el punto de vista de los seres gestados de esta forma y de sus necesidades básicas humanas pisoteadas. Prefiere, por otro lado, adoptar los clichés más rancios del feminismo sobre la maternidad como carga penosa para las mujeres. Esto no se sostiene de ningún modo. Primero, porque la anticoncepción y el aborto han existido desde el principio de los tiempos y, segundo, porque la maternidad solamente ha sido un trabajo incompatible con el resto de la vida con la llegada del trabajo asalariado industrial y la vida en las ciudades. ¿Por qué? Principalmente por la pérdida de comunidad en la crianza cooperativa, falta de comadres y “alomadres” (todas las personas y familiares de ambos sexos que ayudan en la crianza humana que no son la madre) y porque el trabajo asalariado impone la separación de las madres de los bebés para aumentar la productividad y la dedicación exclusiva a la empresa. Y, tercero y último, evita otra cuestión fundamental: la maternidad es algo normal en las mujeres para lo que nuestro cuerpo está totalmente adaptado, aunque no estemos exentas de riesgos por el camino. La no maternidad, por otro lado,  entraña otros, que tienen que ser igualmente visibilizados y nombrados sin tabúes políticamente correctos, mal que le pueda pesar a algún seguidor anticuado de la Beauvoir o de la Firestone.

Henri Atlan plantea que, como lo que caracteriza al ser humano es la fabricación de artefactos y el uso de la tecnología, cada vez que hacemos algo más “artificial” a la vez somos más “humanos” y no posthumanos o deshumanizados como podríamos pensar. Y, lo que parece más interesante, a pesar de parecer muy nuevos, los avances técnicos parecen responder a proyecciones arcaicas del imaginario colectivo que han alimentado todo tipo de mitos culturales en todas las épocas.

Para el autor del libro el avance de las tecnologías reproductivas y, en concreto, la creación del “útero artificial” es tan imparable como fue la implantación de la lactancia artificial (que a su vez sustituyó a las nodrizas) en todas las clases sociales y lugares. La lactancia materna y la gestación natural podrían quedar como algo de “hippies” trasnochados o “ecologistas” amantes de lo “natural”. Todo sería reducido a una opción personal en un ambiente de individualismo y libre mercado.

Pero lo que me parece más lúcido del libro es el texto que también incluye su contraportada. Dice que estas técnicas siempre comienzan a extenderse o usarse con la excusa de lo terapeútico (ha sido el caso de la fecundación in vitro, como bien señala Jacques Testart) para después pasar a otro tipo de usos que responden únicamente a la satisfacción de “deseos” a la carta. Esto me ha servido para intuir, aunque no pueda demostrarlo, que el “Proyecto Placenta Humana” (con 41,5 millones de dólares de financiación estatal en EEUU) es muy probable que bajo la excusa de conocer el funcionamiento de este órgano para solucionar problemas de salud reales sirva para aplicarse en la carrera científica del tan codiciado útero artificial.

Nos encontramos en uno de esos momentos históricos cumbre en el que fuerzas y energías contrarias pugnan y se separan en direcciones opuestas. Mientras los nuevos paradigmas de atención a los bebés prematuros redescubren lo simple y que tanto madres y bebés necesitan estar juntos en lugar de permanecer separados por el cristal de una incubadora (el famoso “piel con piel”), cientos de grupos de investigación siguen en la senda tecnólatra y narcisista. La tecnología siempre será necesaria en muchos casos para la supervivencia de los bebés pretérmino pero no sustituye a la necesidad más básica de todo ser humano: el Amor. Son los científicos humildes que se rinden a esta evidencia los que realmente están a la vanguardia.

Relacionadas:

– Fragmento del libro “La procreación artificial” de Jacques Testart: 
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2015/08/fragmento-del-libro-la-procreacion.html

– Cuando un congreso feminista se opuso a la ingeniería reproductiva y genética en 1985…
http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2015/04/cuando-un-congreso-feminista-se-opuso.html

– Niños de máquina (El País): http://elpais.com/diario/2005/06/12/eps/1118557609_850215.html

– La bióloga Aarathi Prasat en Redes: http://www.rtve.es/television/20130325/reproduccion-sin-embarazo/624025.shtml

– Documental del Canal Arte sobre el libro de Henri Atlan: https://www.youtube.com/watch?v=S0M8tyD2aJQ

“¿Y cómo fue el parto?”

El parto fue salvaje, intenso, imparable, irremediable.

Sentí la fuerza de las tormentas y los terremotos,

el miedo ante mi humana debilidad.

Sentí una mano sabia,

también sentí la voz de quien no sabe callar.

En mi delirio final pedí tecnología,

números en la puerta del cérvix

y operaciones controladas a útero abierto.

Pero las cuentas no cuadraban

y entre el instinto y las matemáticas

me dejé llevar por la Naturaleza.

No daba tiempo, su llegada al mundo era inevitable.

Él quería nacer y yo quería impulsarle a la vida exterior.

Era imparable, irremediable…

Tanto como la entrada de un pedazo de mi amante en mi óvulo aquel mes,

tanto como el beso y la pasión que provocaron aquel encuentro.

Toqué su cabeza y la vida se abrió paso brotando entre mis gritos.

Nació.

Callé yo y comenzó él.

Solo buscaba una cosa: mi pecho.

Y yo solo ansiaba otra: acunarlo y darle su néctar escondido…

Sin justificaciones, sin razones, sin permiso de ninguna autoridad.

Nuestro abrazo iluminó la noche en aquel instante,

siendo la pieza que faltaba en el rompecabezas del alma.

Pariremos con autenticidad

https://sites.google.com/site/casildarodriganez/pariremos-con-placer

 Después de varias lecturas en paralelo (Juan Luis Arsuaga, Michel Odent y Verena Schmidt) y con una relectura del libro de Casilda Rodrigañez “Pariremos con Placer”, creo que hay algunos presupuestos del texto de Casilda que no se sostienen. Y esto lo digo con tristeza, porque todo lo que he escuchado o leído de ella me parece muy sugerente e inspirador. Aún así, hay ideas que creo que no se aproximan a la realidad concreta de los fenómenos de los que habla y aquí presento mi comentario al respecto que, lejos de ser una crítica destructiva, espero que amplíe el debate sobre estos temas. Por supuesto, no pretendo sentar cátedra desde mi desconocimiento y me considero una mera aprendiz en autoformación de lo aquí tratado. Cualquier matización o comentario será bienvenido, como siempre.

El paraíso perdido de todas las religiones al que volver o recrear

El relato histórico de Casilda tiene el componente típico de todos los mitos del origen y religiosos: érase una vez una sociedad neolítica europea, pacífica y armoniosa,  en el que las mujeres parían con placer, en el que se colmaban los deseos de las criaturas y éstas vivían en perfecta simbiosis con sus madres hasta que llegaron las malignas tribus indoeuropeas con su dominación y esclavismo y destruyeron todo este legado (pg.95), creando a la madre patriarcal y demás. Es decir, vivíamos en una especie de Edén hasta que llegaron los malos y nos expulsaron del paraíso (incluso se utiliza la expresión “jardines neolíticos del Edén o de las Hespérides” o “jardines neolíticos de la matrística”). Es a partir de ese momento que comenzamos a parir con dolor.

Evidentemente, no se aporta ninguna prueba de que en la Vieja Europa las mujeres no parieran con dolor (o con esfuerzo, algo muy distino, que es lo que en realidad dice el famoso pasaje bíblico que siempre se cita, según el libro “Maternalias” de Cira Crespo). Supongo que no aporta pruebas porque no nos han llegado ni en un sentido ni en otro. Que no existan estas pruebas no puede significar que nos inventemos la historia a nuestro gusto, podemos simplemente quedarnos en un humilde “no lo sabemos” o en un “no podemos conocerlo”, pero la sed de conocimiento y de comprensión del mundo quizás nos obligue a tener que rellenar los vacíos de lo que no sabemos con algo de imaginación.

Esa transición histórica de la que habla Casilda es el paso de las sociedades sin Estado a las sociedades con Estado (o con un poder cada vez más centralizado), el paso de la recolección y la caza a las sociedades agricultoras y ganaderas. A más Estado, más acumulación de poder, más patriarcado, más división y estratificación social, pero eso no demuestra que haya existido alguna vez en la faz de la Tierra una sociedad 100% igualitaria a nivel de poder de unas personas sobre otras, de un sexo sobre el otro, o en la que los hombres no hayan ocupado siempre los puestos un poquito más influyentes (portavoces, representantes, curanderos) a nivel político y las mujeres hayan tenido un inmenso poder en otros ámbitos igualmente importantes y decisivos para las sociedades como son el poder del parto y de la crianza (con sus propias biopolíticas y tanatopolíticas). Por supuesto, que no haya existido en el pasado no quiere decir que sea posible en el presente o en el futuro, ni siquiera implica un juicio de valor sobre si esto es positivo o negativo. Simplemente quiere decir que no es necesario inventarnos un pasado mítico glorioso como referente al que volver o recrear. No lo necesitamos. El futuro de la sociedad no está escrito y está en gran medida en nuestras manos.

El dolor del parto y la “buena salvaje”

Casilda Rodrigañez basa su argumentación en que el parto no tiene que doler. Si duele es porque estamos condicionadas por las circunstancias sociales, culturales e históricas en las que vivimos.
Para ello, se apoya en Bartolomé de las Casas cuando dice que las caribeñas parían sin dolor o en las mujeres Kung San (pg. 49). Sobre las primeras no sabemos mucho más, porque no las podemos entrevistar de forma directa. Sin embargo, sí disponemos del maravilloso libro de Marjorie Shostak de entrevistas a Nisa, una mujer San de Namibia (capítulo titulado “first birth”), que explica muy bien sus sensaciones durante sus partos en solitario (como es la costumbre allí). Siente dolor, mucho dolor, pero en su cultura (y como obstetras actuales corroboran en referencia a la adrenalina versus oxitocina) el miedo es peligroso para el parto, por eso, según ella, hay que esperar sentada en un árbol a que pase sin emitir sonidos ni aspavientos. Desde fuera, un Bartolomé de las Casas cualquiera que espiara la situación diría que “paren sin dolor” pero, como dice aquel dicho popular, la realidad es que “la procesión va por dentro”. Según el libro de Casilda, citando a Read, “el miedo no permite la relajación de los haces circulares del útero”. Sin embargo, las mujeres Kung, a pesar de saber de forma intuitiva y cultural que el miedo es algo negativo en el parto, no lo identifican con mayor o menor dolor sino con que éste sea más seguro y sencillo para la madre y el bebé.

Pg 18 de “Pariremos con placer” también señala en la misma dirección: “Así es como Read llega a la conclusión de que el miedo, que mantiene activo el sistema simpático, impide la relajación y la distensión de los músculos circulares de la boca del útero, produciendo el movimiento espástico o espasmódico del útero, lo que considera una disfunción de la fisiología natural y normal del parto”. 

La sociedad Kung es de cazadores-recolectoras y las relaciones entre los sexos son bastante equitativas, a pesar de que hay roles diferenciados en cuanto a tareas y ocupaciones. Por ejemplo, hay más curanderos que curanderas y portavoces hombres que mujeres. Hay un patriarcado “suave” que se traduce en algunas expresiones que se ven en el libro dentro de las relaciones de pareja, pero bastante más ligero que en las sociedades agrícolas y estatales contemporáneas y, sobre todo, del terrible siglo XIX del que todavía seguimos heredando perspectivas del mundo victorianas, machistas e ideologizadas. En esa sociedad hay tabú del calostro (un tabú nocivo para la salud de la madre y del bebé) y lactancias que duran 3 o 4 años, hasta la llegada de un nuevo bebé en el que se desteta sin contemplaciones y con llantos de por medio (otro mito que cae, el de que en las sociedades cazadoras-recolectoras los destetes se hacían a demanda del bebé y “respetando los ritmos”). Mueren 2 mujeres cada 500 partos y la mitad de los jóvenes y niños no llegan a los 15 años. En estos tiempos de colapso y post humanidad, el asunto de la mortalidad infantil-juvenil del 50% en las sociedades del pasado es otro temazo clave para reflexionar en otro artículo…

Dice Casilda que las mujeres Kung San hacen vida a ras del suelo. Cierto, como muchas mujeres del mundo hasta la llegada de la industrialización hace 200 años, no hay que irse al Neolítico ni a un supuesto pasado anterior al patriarcado. Veamos como ejemplo esta foto de estas mujeres canarias:

Del facebook de “Las Palmas Ayer y hoy”: Alfareras en la Atalaya.Santa Brigida.Gran Canaria.

También de “Las Palmas Ayer y Hoy”. Pescadores de cuclillas.

La industrialización y sus “comodidades” antifisiólogicas nos han conquistado a todos y reducirlo a una cuestión de patriarcado es demasiado simplista.

¿Partos menos dolorosos o más fisiológicos?

Una mujer de una sociedad cazadora-recolectora o una mujer del pueblo en una sociedad agrícola o preindustrial está mucho más en forma que cualquier mujer del siglo XXI, más ociosa, sedentaria y en muchas ocasiones sobrealimentada. La postura de cuclillas es más fisiológica tanto para defecar como para parir y es posible que eso facilitara los partos, lo que no quiere decir que fueran indoloros o placenteros, o que todas las mujeres parieran de esa forma. Por supuesto, no trato de negar las experiencias de mujeres que han vivido partos orgásmicos, placenteros o simplemente indoloros. Existen porque hay mujeres que los han vivido. Lo que creo es que es muy discutible pensar que era algo generalizado en otras épocas y sociedades sin aportar ninguna prueba más que la de testimonios de observadores externos.

¿El parto con algún grado de dolor forma parte de la maternidad patriarcal? ¿O bien es algo intrínseco a la fisiología de la hembra de Homo Sapiens, tanto en el Neolítico como después, con o sin patriarcado, o con cualquier tipo de sistema social?

Según Michel Odent, en “Nacimiento y evolución del Homo Sapiens”:  “hoy estamos en condiciones de comprender que existe un dolor fisiológico durante el parto pero que existe también un sistema fisiológico de protección frente a este dolor. Lo importante es que los componentes del sistema fisiológico de protección frente al dolor juegan otros papeles, además del alivio del dolor. En otros términos, el dolor es parte integrante del proceso fisiológico: no podemos eliminar electivamente el dolor sin alterar los demás aspectos del proceso fisiológico”.

Y según la comadrona Verena Schmidt: “A menudo, el parto se conoce también como «la guerra de las mujeres», y armadas como guerreras, con la meta en la mente, se enfrentan al proceso de dar a luz. En estas sociedades, la mujer se siente capaz de afrontar la prueba, y se espera que salga de ella más fuerte y sabia que antes. El parto es una hazaña personal en la que a menudo la mujer se aparta para superar la prueba con sus herramientas personales”.

 ¿Les duele el parto al resto de mamíferas?

En el libro de Wenda Trevathan “Human Birth: an Evolutionary Perspective” se afirma que sí, que se han observado muestras de dolor de las contracciones en primates aunque con diversidad de grado entre cada hembra. Tampoco tiene por qué ser extraño, ya que algunas funciones fisiológicas son dolorosas también en los animales, como por ejemplo el coito en las felinas. La Naturaleza no es perfecta ni idílica, al menos en todos sus aspectos y facetas. Afortunadamente, casi todos los actos fisiológicos no son dolorosos e incluso algunos son muy placenteros.

¿Duele el parto por el bipedismo?

La explicación de la paleontología frente al dolor del parto es la de que fueron el bipedismo y el aumento del neocortex los culpables de las “dificultades” del parto, pero eso no explica el dolor, que normalmente se asocia más a las contracciones de dilatación. Por ejemplo, un parto puede ser fluido, sencillo y corto y al mismo tiempo doloroso. Una cosa es que nos cueste atravesar el cuerpo de nuestras madres y otra la razón de por qué a las madres les duelen las contracciones.

El útero espásmico/espástico no parece existir (a no ser que sea a un nivel poético o simbólico) y mucho menos tiene que ver su relación con el dolor o con el patriarcado. En un matriarcado o incluso en las sociedades matrilineales también dolerían las contracciones de parto porque es un dolor fisiológico no patológico. Otro tema diferente es lo que ocurre con el sistema de la oxitocina en cada sociedad y momento histórico o con el dolor adicional convertido en sufrimiento iatrogénico causado por el ambiente actual de los partos.

Wilhelm Reich decía que “la mayoría de los úteros son espásticos y por eso la mayoría de partos son dolorosos”, pero la realidad es que el útero de las mujeres está siempre relajado salvo en los momentos concretos en los que tiene contracciones placenteras o dolorosas, es decir, hay contracciones en el orgasmo, durante la lactancia, los entuertos postparto. En todos estos procesos interviene la oxitocina y otras hormonas

La debilidad del sistema de la oxitocina sí existe, tal y como observa Michel Odent.  Esto dificulta los partos y los hace más largos y peligrosos. La necesidad de oxitocina artificial de los partos actuales tiene que ver, según Emilio Santos, en que no se respetan las necesidades emocionales ni de libertad de movimiento de las mujeres. Esto serían causas iatrogénicas del propio paradigma médico aunque, como bien señala Odent, hay una verdad incómoda que debemos enfrentar: los partos en casa son también cada vez más largos y complicados. Todo esto puede estar relacionado con cómo vivimos las relaciones de amor y de oxitocina desde la concepción hasta la muerte, la mochila biográfica que arrastramos las mujeres en el momento de parir y también podría estar relacionado con el miedo, por eso las mujeres Kung dicen que sienten mucho dolor pero se enfrentan al parto sin miedo, solas, con valentía y estoicismo.

Dolor y miedo son cosas diferentes, aunque relacionadas, y creo que uno de los problemas principales del libro de Casilda es la confusión que establece entre ambos. El miedo puede ser inculcado por la sociedad o afrontado con estoicismo por la cultura, el dolor es algo más físico pero la forma de vivir y afrontar estos procesos es biocultural, no podemos separar la mente del cuerpo ni el útero de lo emocional/cerebral ni lo individual de lo social.

Un parto que va muy bien puede tener contracciones muy fuertes, dolorosas y efectivas y ser un parto fisiológico y sencillo. Y también a veces cuando un parto deja de doler puede significar que se están parando las contracciones y la oxitocina. Por otro lado, como bien apunta Casilda (pg.41), también está el fenómeno de la reducidísima paridad de la mujer actual. Con una natalidad de un hijo por mujer y cayendo en España la mayor parte de nosotras nos quedamos en “primíparas” y el primer parto suele ser el más doloroso y complicado comparado con los segundos, terceros y cuartos.  

Muchos de los temas aquí comentados siguen siendo hipótesis. Desgraciadamente la investigación biomédica solamente se interesará en estos temas si se puede fabricar un inhalador de oxitocina o una viagra oxitócica mágica que solucione nuestros problemas vitales y sociales. La oxitocina parece ser todo un temazo biopolítico y quizás alguien tenga que escribir un libro titulado Oxito Yonki (haciendo un guiño al Testo Yonki de Beatriz Preciado) que confirme lo que intuitivamente muchos políticos y estrategas siempre han sabido: la ruptura, creación y control de los vínculos es clave en el ejercicio del gobierno, poder y dominación. No en vano a la hormona oxitocina hay quien la llama “el pegamento de la sociedad” (aunque también se ha estudiado que produce emociones sociales tanto positivas como negativas). El control del dolor y del placer también son temas biopolíticos y no siempre es cierto que el poder busque someter a la población a base de reprimir el placer y promocionar el dolor. Creo que la epidural que elimina el dolor del parto y la promoción del hedonismo como anestésico social pueden ser ejemplos paradigmáticos.

Por todo lo expuesto, creo que la clave está en entender la fisiología del parto y de los vínculos sociales (comenzando por el primero, el que se establece entre una madre y un bebé) más que en focalizar toda la atención en los partos orgásmicos y placenteros. Podemos parir con dolor o con placer pero, sobre todo, con autenticidad y desde nuestra propia libertad, esencia y verdad concreta.

Maternar a la madre

“Utilizamos la palabra (doula) en el sentido hoy ampliamente aceptado de una acompañante experimentada en el parto que provee a la mujer y a su pareja apoyo tanto emocional y físico a lo largo de todo el parto, alumbramiento, y hasta cierto punto, después”.
 Marshall H. Klaus, John H. Kennell, Phyllis H. Klaus. 1993
 

Hay libros que en teoría tratan sobre algo muy concreto, de un tema principal, y sin embargo lo más interesante y jugoso está en las tramas secundarias, en los temas que bordean pero en los que no entran de lleno. Al leer “Mothering the Mother” (“Maternando a la madre” de Marshall H. Klaus, John H. Kennell y Phyllis H. Klaus) es lo que he sentido. A pesar de que es un texto sobre el significado e importancia de las doulas en el parto y sobre cómo “pueden ayudar a tener un parto más corto, sencillo y sano”, durante su lectura no podía dejar de pensar en una realidad previa, en por qué las doulas modernas eran presentadas como algo necesario en nuestra sociedad y qué personas habían maternado a la madre dentro de los vínculos de reciprocidad antes de que lo hicieran algunas de ellas a través de los vínculos mercantilizados o institucionalizados. Veamos algunos fragmentos:

Pg. 6: “Desde hace milenios la relación de una madre con su hija, de mujeres mayores experimentadas a mujeres parturientas jóvenes era respetada y comprendida. Hoy en día, aunque muchas mujeres querrían a sus propias madres ayudándolas durante el parto, la mayor parte de las abuelas de hoy en día no tienen experiencia sobre nacimientos. La experiencia de las mujeres que dieron a luz en los años 50 y 60 no habría sido la ideal. También, muchas mujeres se encuentran separadas de sus hijas geográficamente y algunas, psicológicamente. Muchas mujeres embarazadas de hoy en día prefieren que no esté su madre durante el parto, incluso si tienen una relación cariñosa”. 
Pg. 18: “Las cualidades suaves, silenciosas, suaves, sensibles, nutricias del “maternaje” han venido de forma tradicional de las mujeres en nuestra cultura”.
Pg. 19: “Una mujer de parto puede sentir que debe actuar de una determinada forma delante de su marido, su madre o su suegra. En contraste, la mujer puede estar completamente a gusto con una doula y sin preocupaciones sobre tener que intentar gustarla o montar un espectáculo para ella“. 

Pg. 25: “Si una mujer ha tenido un maternaje inapropiado ella misma, la crianza (“nurturing” en el original en inglés) que provee la doula durante este periodo único puede proporcionar una oportunidad de rematernar a la madre como una persona y dar algún tipo de curación a una experiencia anterior”.

Pg.  30: “En algunos casos la mujer tiene especiales necesidades, como con las adolescentes o las mujeres que han sido descuidadas o abusadas o no maternadas (“mismothered” en el original) cuando eran bebés o niñas”.

Pg. 57: “Lydia también mencionó que su hermana Lynne, que era muy cercana, también estaría en el parto. Lydia estaba preocupada, sin embargo, del potencial de su hermana de volverse muy ansiosa durante los momentos de estrés”.

Pg. 68: “Con la doula presente, el padre nunca se queda solo como la única persona, aislada y responsable cuidando a la madre de parto”.

Pg. 112-113: “Mientras casi todas las sociedades tienen un sistema que ayuda a los padres a través de este periodo, los Estados Unidos tristemente han persido la costumbre y los recursos que una vez tenían este efecto. En el presente, la falta de una amplia aceptada tradición cultural de dar el necesario apoyo a las familias después del parto es una deficiencia mayor. En el pasado, la madre de la madre y otras familiares femeninas proveían esta asistencia y guía. Pero hoy la madre de la madre está a menudo en el trabajo y no habrá nadie para llenar el vacío”.

Pg. 116: “Para muchas mujeres esta función ha sido realizada a través de los años por su madre o suegra, o por alguna familiar o amiga. (…) Por ejemplo, puede ser arriesgado para una nueva madre elegir a su suegra si no puede comunicarse de forma fácil con ella o con su propia madre si todavía hay conflictos sin resolver”.
(…)
“En la mayor parte de las sociedades no industrializadas la madre y el bebé están juntos, con apoyo, protección y aislamiento de otras demandas y gente por al menos 7 días – y algunas veces semanas- después del parto”.  

Pg. 119: “Cuando una madre ha tenido una mala relación con su propia madre o fue separada de uno o de los dos padres antes de la cumplir 11 años, es más probable que sufra depresión y ansiedad, según la investigación”.

A pesar de que aparecen muchas citas sobre el mismo tema en realidad el libro no pretende analizar las causas profundas y las consecuencias de esta falta de maternaje a la madre, de la ausencia de madre a lo largo de la vida, que en realidad lo que nos muestra también es la ausencia de la abuela y de las hermanas, y de la rotura o desintegración de estos vínculos. El libro habla de cómo paliar esa ausencia y esa carencia, como si ya no fuera posible volver atrás, como si hubiéramos perdido algo que es imposible de recuperar y lo único que pudiéramos hacer es crear una nueva figura mercantilizada, la doula moderna, para acompañar estos procesos que antes se movían en los espacios de reciprocidad y apoyo mutuo de la familia y, no lo olvidemos, la comunidad.

Imperialismo médico

En los estudios realizados en la ciudad de Guatemala por los autores, las políticas del hospital no permitían a ningún miembro de la familia o amiga estar presentes en los paritorios, debido aparentemente al gran número de partos (una media de 60 partos al día) y la limitación de espacio. Esto en mi opinión es un sesgo de la investigación ya que estaban comparando una situación anormal y artificial hospitalaria con un paliativo: el acompañamiento de una doula.  

Las indígenas guatemaltecas que vivían a unos cuantos kilómetros de estos hospitales seguían maternando a la madre durante el parto, el postparto y el puerperio o bien con la propia madre, la suegra o una comadrona nativa. Los estudios de estos autores, sin embargo, fueron realizados solamente con el grupo hospitalario acompañado de doulas, no en ambientes rurales. En ningún estudio se comparó el acompañamiento doula versus el acompañamiento de madres o alomadres tradicionales de la Guatemala rural. Tampoco se tuvo en cuenta que también existen culturas en las que las mujeres paren sin acompañamiento y separadas de la comunidad, normalmente a partir del segundo hijo (ver libro “Life and Words of a Kung Woman“).

Todavía es más interesante, si cabe, que en el libro se mencione que estos protocolos hospitalarios que impedían cualquier tipo de acompañamiento eran una simple traslación por parte de autoridades médicas estadounidenses de los modelos obstétricos norteamericanos de los años 50 a los protocolos hospitalarios guatemaltecos varias décadas después. Es decir, estamos ante un caso de imperialismo médico que destruye una situación previa para, después, dejar un problema que otros médicos estadounidenses (Klaus y Kennell), con la mejor de las intenciones, intentan paliar con una figura como la de la doula. En ningún momento se plantea la reflexión de qué se puede hacer para unir lo que se ha roto entre las generaciones de mujeres y sus redes de reciprocidad y aprovechar lo positivo que puedan tener los avances médicos cuando son realmente necesarios y no iatrogénicos. Tampoco se pone sobre la mesa una reflexión profunda sobre las causas sociales, culturales y biopolíticas que nos han llevado a la situación actual, donde el aislamiento y la fragmentación es uno de los mayores problemas de la maternidad actual y la crianza cooperativa. Supongo que tratar este tema daría para que los autores hubieran escrito otro libro completo, llegar a conclusiones políticamente incorrectas y ya sabemos que el ser humano es especialista en huir hacia delante.

Fragmentación de la mujer

Después de leer las citas no puedo evitar realizar un paralelismo entre la doula, la prostituta, la nodriza o la madre de alquiler. No en vano la doula griega era una esclava del servicio doméstico de las casas, dentro del patriarcado griego (los esclavos masculinos se llamaban “doulos”) que, por supuesto, era un objeto en propiedad y no cobraba salario alguno. El rol de la doula actual no tiene nada que ver ni con la esclavitud ni con la servidumbre ni con el servicio doméstico y quizás algo más con una profesión liberal autónoma. ¿No va siendo hora de cambiar la denominación instaurada por la antropóloga Dana Raphael por otra que se ajuste mejor a la realidad? ¿Imaginamos por un momento que viviéramos en Grecia y habláramos de contratar a una “esclava” o una “sirvienta” para nuestro parto y puerperio? ¿O que existiera aquí una “Asociación Española de Esclavas” o un “Curso de capacitación para Esclavas”? La palabra griega doula o doulos (frente a la de eleutheros, que era la de los “hombres libres”) tiene una carga histórica muy fuerte de explotación, violencia y de dominación que tiene muy poco que ver con la resignificación del término en las últimas décadas (otro significado de la palabra “doulos” es el que le dan los cristianos como “esclavo de Dios” o “esclavo de Jesucristo”).

Tomado de la web cristiana http://www.douloscag.org/

La antropóloga Dana Raphael, miembro directivo del Club de Roma de Estados Unidos, fue la primera en usar el término “Doula” en el contexto maternal actual.

Como bien se explica en una de las citas seleccionadas del libro de Klaus y Kennell, la relación con la doula moderna evita tener que “dar la talla” o comportarse de una determinada forma para cumplir con las expectativas y los juicios que podrían venir de esa figura maternal no mercantilizada y familiar. En la sociedad actual, el pagar a una persona extraña ya sea durante una relación sexual o durante el parto (y estos dos eventos están muy relacionados, como sabemos) ayuda, paradójicamente, a relajarse y a no ser juzgada, como vemos en este ejemplo relacionado con la prostitución:

“Por lo pronto, a mí me parece tentador pagar por abandonarnos al placer, permitirnos recibir más de lo que damos, aparcar la presión de dar la talla, de ser la amante ideal que describe la Cosmopolitan, y limitarnos a disfrutar”. (Post de June Fernández “Puteras”)

Y un interesante paralelismo con este texto sobre las doulas:

“Al “maternar a la madre”, la doula retira la responsabilidad de ser una super-mujer de los hombros de la madre. La doula permite a la madre crecer en su papel (de madre) a su propio paso, y la anima durante todo el camino. La doula se da cuenta de que, así como cada nacimiento y cada bebé son únicos, cada madre es única”. Jaqueline Kelleher. Nurturing the family. The guide for postpartum doulas. Traducido por el blog “de lunas y laberintos”)

Los vínculos primarios maternales que aportaban seguridad y cuidado entre las mujeres del pueblo ahora se convierten, en muchas ocasiones, en peligros potenciales. No hace falta idealizar el pasado o esos vínculos, no es que la gente antes no tuviera conflictos interpersonales sino que cuando había que estar, se estaba, como un deber sagrado más allá de las diferencias (ver, por ejemplo, el “atsolorra” vasco).

Por otro lado, las mujeres sin madre, sin alomadres y sin amigas cercanas, se vuelcan en el padre como único compañero. Hay gente que pensará que es por culpa del “amor romántico”. Yo creo que es por falta de redes femeninas de apoyo mutuo fuera del mercado y, si acaso, el “amor romántico” es consecuencia y no causa. También se destaca en el libro que se ha perdido el apoyo tradicional en el postparto, ya que hoy las madres de las parturientas están también trabajando fuera de casa y no tienen derecho a permiso por acompañamiento (es curioso que esta no sea una reivindicación social ni política de ningún tipo*).

Sobre esta ruptura de los vínculos primarios, en el libro se habla muy de pasada sobre la pérdida de comunicación entre las generaciones. Ya no hablamos el mismo idioma ni somos capaces de comprendernos. Existe una separación psicológica y, en muchos casos, una separación geográfica causada por la movilidad del campo a la ciudad, de las ciudades pequeñas a las grandes, de unos barrios a otros, de unos países a otros. En resumen: hay una separación laboral, comunicativa, psicológica, geográfica y, en algunos casos, separaciones causadas por abusos maternos y paternos durante la infancia.

No es mi intención con este artículo cuestionar la libertad personal de las mujeres para ser doulas o contratarlas. Las mujeres deben poder estar acompañadas durante sus partos por la persona que ellas mismas elijan y esta decisión debería ser respetada, ya sea su doula, su madre, su pareja, otro familiar, una amiga o un amigo. Pero, como siempre, además de reivindicar la libertad individual como fin en sí mismo o los cambios normativos o protocolarios creo que hay que ir un poco más allá en la reflexión.

Esto ha sido un pequeño esbozo, la segunda parte de este artículo (si existiera…) tendría que versar sobre los cambios que podrían darse en nosotras mismas para poder acompañar dentro de nuestros círculos personales (independientemente de que exista un mercado del acompañamiento), aprender del pasado para ver qué es rescatable para el momento actual y qué no, cómo construir ese deber de cuidarnos y criarnos unos a otros y, en concreto, en el tema que nos ocupa, cómo maternar a la madre.

*Actualizo a 2 de julio de 2015: en el libro de María Pazos, Desiguales por Ley, se habla del “permiso de abueleidad” que sí existe en algunos países europeos.

Relacionado:

Haz lo que digo pero no lo que hago: Jean Jacques Rousseau y Thérese Le Vasseur

“Un buen padre vale por cien maestros.” Jean-Jacques Rousseau (1712-1778)

“¿De dónde procede este uso irrazonable? De un uso desnaturalizado. Desde que las madres, despreciando su primer deber, no han querido ya alimentar a sus hijos, ha sido necesario confiarlos a mujeres mercenarias que se encuentran así madres de niños extraños respecto a los cuales la naturaleza no les dice nada, sólo han buscado ahorrarse trabajo. Es necesario velar sin cesar a un niño en libertad; pero, cuando él está bien ligado se le arroja a un rincón sin embarazarse con sus gritos. Dado que no existen pruebas de la negligencia de la nodriza, puesto que la criatura no se rompe ni brazo ni pierna, ¿que importa, por lo demás, que perezca o que permanezca enferma para el resto de sus días? Se conservan sus miembros a expensas de su cuerpo y sea cual sea lo que suceda, la nodriza está disculpada.” Emilio, o De la educación (1762).

Rousseau ha pasado a la posteridad, entre otras obras, como el autor del Emilio, considerado uno de los primeros tratados sobre filosofía de la educación del mundo occidental moderno. El libro está dirigido a las madres “amorosas y prudentes” y se centra sobre todo en la educación de los hijos varones, dejando el libro V a la educación y destino de la mujer, que es, según él, “agradar y ser subyugada”. Lo que poca gente sabe es que este hombre y su pareja, Marie-Thérèse Le Vasseur, tuvieron 5 hijos (entre 1747 y 1755) que fueron abandonando sucesivamente en el hospicio de los Enfants-Trouvés, una entidad estatal de beneficencia cuya mortalidad, como en todos los hospicios, inclusas y horfanatos europeos hasta hace muy poco, era altísima. En concreto, en el de París, un 84% de los niños morían antes del primer cumpleaños. Nunca está demás recordar que la falta de madre, la falta de contacto físico, cariño y lactancia materna destruyen o matan de hospitalismo y marasmo institucional.
 
El tema es trágico e interesante a partes iguales. ¿Cuáles podrían ser los motivos de hacer semejante barbaridad como es traer hijos al mundo para abandonarlos después de forma consciente y calculada? ¿Cómo es posible que este hombre haya pasado a la historia por sus ideas y no por sus actos? ¿Acaso la ejemplaridad personal no debería ser el objetivo principal de cada ser humano, más aún en el caso de un intelectual que pretendía introducir un componente moralizante en sus escritos? Veamos cuáles fueron las diferentes justificaciones que esgrimió para estos abandonos sucesivos y premeditados:

a) En una carta a Madame de Francueil, escrita en 1751, Rousseau dice cosas como (ojo, el último bebé fue abandonado cuatro años después de esta carta):

“(…);¿cómo podría alimentar a mi familia? Y si me viera obligado a recurrir a la profesión de autor, como las preocupaciones domésticas y las molestias de los niños me dejarían, en mi granero, la tranquilidad de espíritu necesaria para realizar un trabajo lucrativo? (…) No, señora, es mejor que sean huérfanos a que tengan un padre bribón.
(…) Su madre, víctima de mi celo indiscreto, cargada por su propia vergüenza y sus propias necesidades, casi tan enfermiza, e incluso menos en estado de alimentarlos que yo, será forzada a abandonarles a ellos mismos, y yo no veo para ellos mas que la alternativa de hacerse limpiabotas o bandidos, lo que viene a ser lo mismo. Si al menos su estado fuera legítimo, podrían encontrar más facilmente recursos. Si tienen que llevar a la vez el deshonor de su nacimiento y el de su miseria. ¿En qué se convertirían?”

b) En el libro 8 de su obra “Confesiones” escribió que abandonó a sus hijos a la “educación pública” porque consideraba ese acto como un acto de ciudadano, de padre y en representación de la República Ideal de Platón, que quería que “todos los niños fueran educados en su República, que cada uno quedara desconocido de su padre, y que todos fueran los hijos del Estado”. A la vez, muestra un tibio complejo de culpa que de forma inmediata trata de autojustificar de forma tautológica (en mi opinión, algo así como “soy mal padre porque les he abandonado; les he abandonado porque soy mal padre”): 

“Depositando mis hijos en manos de la educación pública, al no poder educarlos yo mismo, destinándolos a convertirse en obreros o campesinos, más bien que aventureros y buscadores de fortuna, creí realizar un acto de ciudadano y de padre; y me consideraba como un miembro de la república de Platón. Más de una vez, desde entonces, los arrepentimientos de mi corazón me han mostrado que me había equivocado; pero lejos de que mi razón me haya dado la misma advertencia, he bendecido al cielo con frecuencia el haberles evitado por eso la suerte de su padre, y de aquello que les amenazaba cuando me vi forzado a abandonarlos”. 
(…)
“No hay pobreza, ni trabajos, ni respeto humano, que dispensen a un padre de alimentar a sus hijos y de educarlos él mismo. Yo aseguro a quien tenga entrañas y descuide tan santos deberes, que derramará durante mucho tiempo lágrimas amargas por su falta y que jamás será consolado.”

c) En el libro 9 de “Confesiones” escribe que lo hizo para evitar a los niños el contacto con la familia de su mujer, una familia “nefasta”. Para él, parece que era mejor morir en un hospicio de falta de amor y cariño que vivir en un ambiente inculto.

Todas estas decisiones le serían reprochadas por otros intelectuales como Voltaire y el entorno de Holbach, Grimm y Diderot. Traduzco de la web de Jacqueline Baldran:

“Pero bruscamente, algo rasgó esta paz cuando el correo le llevó un folleto, anónimo pero escrito por Voltaire, “El sentimiento de los ciudadanos”, un panfleto innoble y feroz:
“Sentimos compasión de un loco pero cuando la demencia se convierte en furor, le atamos. La tolerancia que es una virtud se convierte ahora en un vicio… El triste “sire”  pone a su patria al borde de la guerra civil.” 
“Un hombre que todavía lleva las marcas funestas de su libertinaje y que, disfrazado de saltimbanqui arrastra con él al infeliz que mató a la madre y que expuso a sus hijos a la puerta de un hospicio… Por abjurar de todos los sentimientos de la naturaleza, como él despoja aquellos del honor y la religión… Hay que enseñarle que si castigamos ligeramente a un novelista impío, castigamos con la pena capital a un vil sedicioso.”
(…)
Este panfleto que denunciaba el abandono de sus hijos aterró a Rousseau. Lo negaba desvergonzadamente escribiendo de su propia mano que era víctima de una calumnia. Pero por primera vez, sentía que los actos nos siguen, que debía asumir su vida, con sus faltas y sus crímenes. Este shock fue directamente el origen de las “Confesiones”.

Madame d’Epinay

Algunas amigas se ofrecieron a buscar a sus hijos abandonados para adoptarlos, como su amante posterior Madame d’Epinay.  Otra mujer, Madame La Marechale de Luxembourg, también intentó encontrarlos pero ninguna de las búsquedas tuvo éxito.

¿Podemos especular sobre posible causas latentes de todos estos abandonos? Rousseau, él mismo, sabía lo que era criarse sin madre, ya que la suya murió unos días después del parto y fue criado por su tía soltera Suzanne y una cuidadora de 16 años llamada Jacqueline. Los historiadores suponen que tuvo una nodriza por el mero hecho de haber sobrevivido pero se desconoce su nombre.

La Marechale de Luxembourg

¿Cómo gestionar tantas contradicciones? ¿El hecho de haber crecido sin madre y anhelándola podría estar en relación con su crítica a la crianza con nodrizas del “Emilio”? Pero, ¿por qué forzó a vivir (o morir) sin madre a sus propios hijos si él sabía lo que era y lo que les esperaba a ellos en el hospicio era infinitamente peor? La separación de su propia madre no se pudo evitar pero la de sus 5 hijos sí era evitable. Pero, un momento… ¿Fue también inevitable? La madre de Rousseau, Suzanne Bernard Rousseau, murió de fiebres puerperales en 1712, cuando todavía los médicos que atendían partos no tomaban las medidas higiénicas necesarias después de atender a mujeres enfermas y contagiaban a mujeres sanas por pura iatrogenia médica.  Se parte el corazón al pensar en toda esta cascada de desgracias, heridas primales y círculos de abusos en los que los niños y niñas son los más perjudicados y, a la vez, de adultos, muchas veces son los principales perpetuadores de estas situaciones.

Por otro lado, ¿cuál era la visión de todo esto de la madre de los 5 bebés? Thérese Le Vasseur era una especie de sirvienta doméstica de Rousseau y así era considerada por él. Provenía de una familia respetable venida a menos y cuando el misógino de Rousseau la conoció trabajaba de lavandera. Según cuenta el propio autor en el libro 7 de las “Confesiones”, fueron él y, otra mujer, la madre de Thérese*, los que organizaron los abandonos a pesar de las lágrimas de Thérese, que obedecía llorando. Sin embargo, año tras año seguía con él, seguían teniendo hijos y abandonándolos después uno tras otro en dejación de su responsabilidad materna. Desde luego, más lágrimas lloraron los bebés de Rousseau y Le Vasseur en la soledad del hospicio…

*Un análisis como el que aparece en el libro de Victoria Sau subvencionado por el Instituto de la Mujer y titulado “El vacío de la maternidad” nos llevaría a pensar que la madre de Thérese era una madre patriarcal función del ¿padre? Sin embargo, este tipo de análisis utiliza el concepto de patriarcado como atenuante o eximente de toda responsabilidad para la mujer (esta falta de responsabilidad se podría expresar en un “¡No fui yo! ¡Es el patriarcado el que actuaba a través de mí!”) a la vez que niega esos mismos atenuantes cuando de los hombres se trata. Es decir, con las mujeres y, por tanto, con nuestras madres, debemos sentir eso que llaman “sororidad” siempre, porque si hicieron algo mal lo hicieron por culpa del patriarcado, de algún hombre, algún padre o, como mucho, alguna madre víctima del patriarcado. Y con los hombres debemos sentir la enemistad “natural” fruto de las relaciones patriarcales en las que nos hemos criado. Ellos, se supone, que no son víctimas del patriarcado, son creadores y perpetuadores del mismo de forma consciente y activa. Yo creo humildemente que esto es falso, que las mujeres transmiten valores patriarcales y matriarcales, y que la autoridad materna puede ser usada para el bien pero también para el mal. Estamos por tanto ante una doble vara de medir a la hora de excusar determinados comportamientos: con “ella” hay que empatizar, hay que comprenderla, pobrecita, no pudo hacer otra cosa. Con “él” hay que condenar, hay que odiar por defecto, con o sin motivo, hay que responsabilizar. Para ser algo más ecuánimes habría que decir que la gran masa de la población se mueve en una nebulosa de tonos de grises, sin ser santos ni villanos, con nuestras cualidades y nuestros defectos, pero a la vez hay comportamientos que son objetivamente nocivos para terceros y cuya responsabilidad suele ser múltiple (individual y colectiva) y poliédrica.

“Maternalias” de Cira Crespo. De la historia de la maternidad.

Hace tiempo que me leí este libro de Cira Crespo pero hasta ahora no había encontrado el momento para escribir mis reflexiones sobre el mismo:

Lo primero que me gustaría decir es que se lee muy bien, es fácil seguir el hilo conductor que marca la autora y engancha rápido. Esto es un punto positivo porque divulga conocimientos históricos que en otros libros históricos sobre estos temas son mucho más difíciles de leer, sobre todo si se es madre y se lee “a ratitos”. Un buen libro para seguir profundizando es el que me recomendó Cira después: La infancia a la sombra de las catedrales.

Como a muchas de nosotras el encuentro personal la autora con su propia maternidad disparó nuevas direcciones a su vida, renovó sus inquietudes y muestra cómo esta etapa de nuestra vida puede ser profundamente fértil en todos los sentidos.

El libro comienza explicando el origen del concepto mismo de maternidad y toca el punto clave de la crianza y el que más de cabeza nos trae a todos los padres que criamos en la sociedad actual: “la nueva sociedad que prefiguraba la economía capitalista empezaba a enfatizar valores, como el individualismo, que chocaban frontalmente con otros que requerían la crianza: colectividad, colaboración, ayuda mutua y experiencia”.

Y esa es una de las grandes virtudes del libro: pone en contexto la crianza con el sistema político y económico en el que se vive en cada época. Yo al tema de las “dos esferas” del mundo capitalista (la mujer en casa y el hombre en la fábrica) añadiría algo más. No sólo fue el capitalismo el que trajo este nuevo sistema destruyendo el mundo rural tradicional sino que fue el Estado el que tomó la iniciativa forzando y promoviendo el éxodo rural a las ciudades. Es interesante recordar que las mujeres siempre habíamos trabajado junto a los hombres en el mundo pre-industrial pero es el binomio capitalismo-estado el que nos segrega, divide y, añadiría yo, enfrenta.

El embarazo.

Sobre el capítulo del embarazo me ha parecido muy interesante cómo rescata y relaciona con precaución y un “tal vez” la figura de María con el culto a la maternidad.  Las vírgenes embarazadas fueron muy populares, sin embargo, después del Concilio de Trento fueron desapareciendo. El embarazo representado de forma visual siguió oculto hasta prácticamente el siglo XX.

El parto.

De este capítulo me quedo con la traducción de la Biblia de Erri de Luca y su “parirás con esfuerzo” en lugar del famoso “dolor”. Esto me llega profundamente ya que de mi parto (sin epidural) no recuerdo el dolor sino el cansancio. ¿Y qué decir del esfuerzo? Pues que hay que reivindicarlo. La vida no es para sufrir pero todo lo bueno requiere un esfuerzo, huir es siempre una batalla perdida. Quizás se pueda esquivar el esfuerzo en algún momento, pero volverá con otras mil caras a buscarte. La única salida es afrontarlo de frente y a por todas. No sé, es mi forma de vivir y de ver las cosas, aunque muchas veces sea la más perezosa y vaga del mundo. Esto lo tengo claro.

Cuando la autora nos cuenta cuál era la situación de la parturienta en la patriarcal Roma no se puede evitar pensar en situaciones como las de Afganistán en el siglo XXI. Sin embargo, no puedo dejar de preguntarme: ¿Por qué la legalidad romana tenía esa obsesión por asegurarse de que los hijos pertenecieran al padre? ¿Era por garantizar que realmente seguían el linaje de la sangre? ¿O había algo más?

De nuevo se vuelve a ver el empeoramiento de la situación de la mujer con la creación del estado-nación burocratizado: las comadronas debían ser examinadas ante un tribunal masculino universitario. Daba igual que su conocimiento práctico fuera muy superior al de los médicos. El parto sale de la casa y se institucionaliza en los hospitales, con sus forceps y sus cesáreas.

No puedo estar de acuerdo con Cira en que “las madres, y en general las mujeres, fuimos arrimadas a un lado, apeadas en el andén de la modernidad”, más bien fuimos víctimas y a la vez responsables del proceso, ya que las mujeres también son parte activa del mantenimiento del patriarcado: criamos a los hombres y, además, tenemos capacidad para cambiar o no las cosas, no somos solamente víctimas.

El alimento.

Muy interesante es todo el concepto de “Ostentatio Mammarum” (Ostentación del seno) que he conocido gracias a este libro. Parece ser que a lo largo de la historia, incluso en otras culturas, en los momentos difíciles había madres que enseñaban los pechos a sus hijos para hacerles recapacitar. Algo así como “estos son los pechos con los que te has alimentado, hijo mío”. ¡Qué diferencia del desprestigio actual del pecho femenino! Ahora solamente es visto como objeto cuyo erotismo es medido en tamaño, ni siquiera en belleza. La publicidad nos bombardea desde pequeñas para que nos pongamos wonder-bras o nos operemos, sin ni siquiera plantearnos que quizás más adelante en nuestra vida, nuestros pechos normales y bellos, quizás sirvan para producir el alimento de nuestros hijos y que lo demás nos parecerá secundario.

En esta parte del libro se habla de un tema que me apasiona desde que soy madre lactante: las nodrizas. En el texto que ha encontrado Cira de 1495 sobre las características de estas, hay varias que me han llamado la atención: “hay que enseñarle las costumbres del niño, hacer lo posible para que no llore”, lo que me indica que Estivill tenía poco que hacer en la Edad Media. Pero también hay otra un poco más rara “no se debe dar el pecho al niño continuamente, sobre todo por la noche”. ¿Y qué se supone que tenía que hacer si lloraba entonces? ¿Existían los chupetes? Gracias al libro me he enterado de que la lactancia en esa época duraba 2 años o 2 años y medio. ¡Para que ahora nos digan que hacemos lactancias “prolongadas”!

Sobre el papel paterno en la crianza rescato este texto: “si nos fijamos en algunas miniaturas medievales, los padres trabajan, es cierto, pero las madres también. Y las madres cuidan de sus hijos, cómo no, pero los padres también”. Es decir, todo lo que ahora nos venden como de familias “modernas” que reparten las tareas entre hombres y mujeres ya existía en la época pre-capitalista industrial. Los prejuicios sobre el mundo rural tradicional se van derrumbando… ¡Ya era hora!

Acarrear a los niños

Aquí conocemos la historia del carrito moderno pero también del porteo tradicional. Para mi gusto, un poquito escaso este capítulo. Me hubiese gustado que lo hubiera desarrollado más y conocer si hubo porteo o no en Occidente más allá de las cestas para llevar bebés que he visto en alguna ocasión. Y ya si nos ponemos, si fue ergonómico o no, jejeje… Hace poco leí que el porteo del altiplano boliviano puede favorecer la displasia de cadera, ya que los bebés ni van con la espalda en C, ni en postura ranita, ni con las rodillas por encima del culete. Van envueltos y después son cargados a la espalda.

Higiene infantil

Me gusta como la autora rompe con los estereotipos que tenemos del mundo medieval que nos han llegado a través del filtro de los ilustrados. ¡En esa época se bañaban mucho! Y a los bebés dos o tres veces al día. Es llamativo como tantos autores “higienistas”, hombres “expertos” sobre todo, culpabilizaban a las madres y sabían mejor que éstas cómo tenían que criar a sus hijos. ¿Nos suena de algo?

Mención aparte, dada la temática de mi blog, merece la sección destinada al pañal desechable. Y es interesante el contraste que presenta la autora entre la vida pre-industrial rural con sus niños desnudos sin pañales, a la vida urbana, con el consiguiente uso de pañales.

Sin embargo, cabe preguntarse, ¿iban también los bebés desnudos o sin pantalones en el frío invierno? ¿Utilizaban pantalones con agujero como los Kaidangku chinos? ¿Se les ponía a hacer pis y caca desde los pocos meses, como se hace en China, India o muchos lugares de África? Según el libro de Laurie Boucke “Infant potty training” entre los siglos VII y XVII los bebés solían ir enfajados o envueltos la mayor parte del día. Durante esos siglos no hay referencias sobre el aprendizaje de control de esfínteres y no hay mucha información al respecto. Dentro del libro que estoy terminando de escribir habrá un breve capítulo relativo a este tema y, por supuesto, la información que aporta Cira es parte de la documentación que he utilizado y que citaré allí. Más información próximamente…

Sueño

En esta época de tanto colecho y no colecho me ha llamado la atención ver tantas cunas en las miniaturas de la Edad Media. ¿Pero no era algo tan tradicional lo del colecho? Ahora va a resultar que lo de toda la vida es la cuna, jajaja. Eso sí, en la misma habitación que los padres, e incluso encima de la propia cama (¡¡¡). Cuando la autora afirma que en la primera etapa cristiana (pg.107) “el recién nacido compartió lecho con los dos progenitores” me pregunto en qué se basa para decir esto. ¿Hay imágenes o cuadros? Me pica mucho la curiosidad en este asunto, la verdad.

Palabras

“Ahora parece que lo hemos olvidado, pero antes la música era un acompañamiento cotidiano”. Esa frase y lo que viene después me recuerda tanto a lo que dice Prado Esteban y Félix Rodrigo Mora en sus charlas y libros. Aprovecho para recomendarle a Cira y a los lectores del blog los libros de estos autores sobre el mundo rural y el de “Feminicidio o auto-construcción de la mujer”.

Me encanta como recoge y habla de la cuna más antigua documentada: “Es emocionante recitar estas palabras y de golpe sin persanrlo trasladarte a una habitación donde una madre romana canta a su hijo pequeño una canción”

Duelo

No se olvida Cira de la muerte y de cómo se lloraba y se sufría por los niños muertos, en base a los epitafios funerarios. Leyendo tanto las nanas como los textos dedicados a la vida que ha ido nos damos cuenta de que los sentimientos son los mismos ahora y hace miles de años. Lo único que cambia es el contexto, pero el dolor o el amor es igual de inmenso.

Lo que más me ha gustado del libro: está escrito desde el corazón y desde la experiencia propia de ser madre, y eso se nota. No es un libro de fría historia, sino escrito con sentimientos, opiniones y la propia visión de la autora. Y lo más honrado es no esconderlo. Me siento identificada con ese ansia de saber y de creatividad que brota en las madres. Lejos de apocarnos o recluirnos, a muchas mujeres la maternidad nos impulsa a desarrollarnos e intentar superarnos como personas. Este libro es una muestra de ello.

Lo que menos: Mi afán curioso y detectivesco echa de menos algunas referencias bibliográficas concretas para saber de dónde proviene esta u otra afirmación y diferenciarla de suposiciones personales. Supongo que ha primado el afán divulgador, pero es sólo una sugerencia, una crítica constructiva.

Podéis encontrar el libro de Cira Crespo en La Casita de Algodonales.
Y este es el blog de Cira: Maternalias.

Maternidad en la literatura.

Hoy quiero dejar dos testimonios. Dos mujeres africanas de contextos y países completamente diferentes. Dos autobiografías. La primera cuenta como veía, con ojos de niña, los partos de su madre. La segunda cuenta su propio parto. Waris es somalí, modelo y activista contra la mutilación genital femenina. Dina es egipcia y una leyenda viva de la danza oriental.

Waris Dirie y Cathleen Miller:  “Flor del desierto”

“Mi madre empezó a tener bebés y a criarlos con el amor que echaba de menos al estar separada de sus gentes. Con todo, ahora que soy mayor, me doy cuenta de cuánto debió sufrir al tener doce hijos. Recuerdo que cuando estaba embarazada desaparecía de pronto y no la veíamos en varios días. Luego aparecía con un diminuto bebé en brazos. Se iba sola, al desierto, y daba a luz, llevándose algo afilado para cortar el cordón umbilical. En una ocasión, después de que ella desapareciera, tuvimos que trasladar el campamento debido a nuestra eterna búsqueda de agua. Tardó cuatro días en encontrarnos: atravesó el desierto con su hijo recién nacido en brazos mientras buscaba a su marido”.

Dina Talaat y Claude Guibal . “Ma liberté de danser”

“30 de diciembre 1999, mi vientre se crispa. Acompañada por Sameh, vamos rápido al hospital de Santa Mónica. La partera me lleva a la sala de partos, Sameh está detrás de la cámara, graba el parto. Las contracciones son fuertes, pero no dolorosas. Miro el espejo en el techo, regulo la respiración. Cinco minutos más tarde, Ali asoma la cabeza. Una pequeña cabeza cubierta de pelo negro, y una boca parecida a la mía. Tengo lágrimas en los ojos. Aquí llega nuestro bebé. Ahlan wa Sahlan, Ali, bienvenido, hijo mío.

– “¡Ha dado a luz en un tiempo récord!”
La matrona está sorprendida. Mientras me brinda los cuidados post-parto, me cuenta que rara vez ha visto a una mujer traer un hijo al mundo con tanta facilidad.

Le reveló cuál es mi trabajo. Abre los ojos de par en par. La danza del vientre es una de las mejores preparaciones para el parto. Involucra a todos los músculos, permite la flexibilidad de la pelvis, el tono muscular. El coreógrafo Hassan Khalil, dijo una vez: ” La danza del vientre es el movimiento del lugar más sagrado de la mujer, el útero, ahí donde todo comienza. El secreto de la danza del vientre no está en la danza, está en la mujer”.

Ese 30 de diciembre, bailarina y madre, madre y bailarina, me siento más mujer que nunca. Estoy acostada en mi cama de sábanas blancas, mientras veo a Sameh mirando con orgullo a su hijo, ya tan fuerte, ya tan vivo, con sus ojos oscuros. Y me gustaría que estos momentos pudieran durar para siempre”.