El concepto de libertad en “Desiguales por Ley” de María Pazos Morán (Podemos)

Sobre el concepto de libertad personal y familiar de María Pazos Morán (la negrita es mía):

Pg. 36: “Ya nadie se cuestiona la idoneidad del Estado para inmiscuirse en el ámbito privado, especialmente cuando se trata de garantizar derechos. Pero en lo tocante a las relaciones de género, en cambio, el discurso tradicional ha sido el de la no intromisión del Estado en las familias.

En la segunda mitad del siglo XX, las feministas (en lo que se conoce por segunda ola del feminismo) desmontaron este discurso al grito de “lo personal es político”, y quedó claro que esa “no intromisión” consistía realmente en la concesión del poder absoluto al “cabeza de familia”; a la vez que ese poder era fuertemente reforzado por la intromisión en la vida privada de las mujeres para arrebatarles los derechos más elementales: negación del derecho al voto, prohibición del divorcio y del “abandono del hogar”, exigencia legal del permiso del marido para todo tipo de actividades de la esposa, prohibición de ciertas profesiones, cargos y tipos de trabajo a las mujeres, etc. Como consecuencia  de estas luchas feministas, se eliminaron la mayoría de las prohibiciones y los sesgos de género explícitos de los códigos civiles occidentales; y se reconoció formalmente la igualdad  de derechos entre hombres y mujeres.

Visto desde ahora, podemos decir que aquellas políticas patriarcales del pasado, por ser descaradamente coercitivas, eran más fáciles de detectar. Pero con el reconocimiento de la igualdad formal los mecanismos se hacen implícitos, se sofistican, se niega su existencia y, aún peor, conviven con declaraciones de intenciones en sentido contrario a los efectos reales de las políticas”.

(…)

Pg. 38: “Como señalábamos, los discursos se han hecho más sutiles y los mecanismos, más complicados. En esta nueva etapa de “patriarcado blando”, el gran leitmotiv del poder es el de la “libertad de elección familiar”. En efecto, los discursos gubernamentales sobre la necesaria igualdad (y corresponsabilidad) vienen mezclados con el argumento de que, en aras de la “libertad de elección”, el Estado no debe inmiscuirse en las elecciones personales y familiares; o sea, el mismo principio ancestral de la no intromisión pero con un collar paternalista más amable. Se olvida el elemental hecho de que las elecciones personales siempre están seriamente condicionadas por la existencia (o no) de alternativas. Por ejemplo, es difícil que una joven madre pueda mantenerse en el empleo si no tiene dónde dejar a la criatura.

En cuanto a las llamadas “decisiones familiares”, se olvida que la familia no suele ser un sistema autárquico ni democrático, sino que está sometida a juegos de autoridades y condicionada por el entorno. Además de la presión social, de las necesidades materiales y de las propias políticas de conciliación, existen, como veremos, numerosos incentivos económicos a la familia de un solo sustentador. En muchos casos se da también la circunstancia de que la mujer tiene menores ingresos, una situación más precaria y menores perspectivas profesionales. En este escenario actúa con más fuerza la idea ancestral de que las mujeres son las responsables del cuidado

En definitiva, son muchas las pequeñas piezas que se combinan para determinar las decisiones familiares; muchas pescadillas que se muerden la cola. Alguien puede decir que son las mujeres las que prefieren quedarse en casa, pero lo cierto es que no es una opción tan elegida por aquellas mujeres que han sido educadas de otra manera y/o tienen a su alcance otras alternativas. Podemos afirmar, pues, que no son las resistencias personales las que determinan la desigualdad, sino todo un conjunto de factores entre los cuales las políticas públicas desempeñan un papel determinante”. 

En referencia a esta cita se podrían aportar los siguientes comentarios:

– No creo que el discurso “tradicional”, al menos en los últimos 200 años, haya sido el de la no intromisión del Estado en las familias o la vida privada. El Estado lleva interviniendo en los ámbitos más íntimos del ser humano desde sus primeras formas. Estas intervenciones se han visto acentuadas con el Estado moderno, los estados más potentes de todos los creados a lo largo de la historia, que precisamente se diferencian de otros modelos de Estado por ese control total de la existencia humana, desde las biopolíticas del siglo XVIII, las que establecieron los colonizadores en los países colonizados, el control del proceso de nacer y parir y sus protocolos, la educación obligatoria estatal, el control del amor, de las relaciones maternofiliales, del número de hijos que debemos tener en cada momento histórico, si podremos amamantar o no podremos, si vamos a tomar drogas o no y cuáles… Además, a esta lista habría que sumar la imposición legal del patriarcado que enumera María Pazos Morán.

– Estoy totalmente de acuerdo con la autora en que hoy en día las biopolíticas son mucho más implícitas y sofisticadas que en el pasado, aunque todavía quedan algunas explícitas, como los 100 euros que reciben cada mes las madres cotizantes y no reciben las madres que escogen “el mal camino” de salirse del mercado laboral para criar, dado que este es incompatible con una vida y una crianza mínimamente sana. La biopolítica más implícita es la que imposibilita la creación y consolidación de vínculos sociales, tanto los primarios, como los amororos o sociales. Por ejemplo, el número de mujeres “heterosexuales” sin pareja que recurren a la inseminación artificial o la congelación de óvulos está en aumento. Siempre se aducen dos motivos: no haber encontrado a un hombre con el que tener hijos y la carrera profesional. ¿Qué está impidiendo que ese encuentro, la seducción y la oxitocina fluyan entre un hombre y una mujer para que puedan tener un hijo juntos sin necesidad de laboratorios?

Una biopolítica conocida que está siendo implantada en las mujeres del mundo es la prolongación de la educación institucionalizada durante años con el único objetivo, no de la ampliación del acceso al “saber” o el “conocimiento” o la toma de decisiones libres e informadas, sino de su uso como anticonceptivo ideológico para la reducción del número de hijos por mujer.
La educación y el capitalismo, ambos amparados y promovidos por el Estado, son antieróticos, hacen imposible el amor y los vínculos, roban energía vital y tiempo para pensar y reencontrarnos. Lo único que se puede hacer después de trabajar es vegetar frente al televisor o emborracharse el fin de semana.

Otra biopolítica implícita es la de la violencia obstétrica, resultado de protocolos hospitalarios, enseñanzas universitarias y un modelo de sujeto tecnócrata. Como resultado de la misma, muchas mujeres no pueden superar el trauma de un primer parto y no tienen un segundo hijo.
Y como último ejemplo mencionaré la biopolítica de la separación geográfica de los miembros de las familias dentro de una misma ciudad a través de las políticas locales de planificación urbana.

–  Me parece de una hipocresía total que el feminismo limite la libertad de elección al tema del aborto, muchas veces forzado por las circunstancias sociales y laborales (y sin existencia de las alternativas de las que habla la autora), y niegue esa misma libertad cuando se trata de hablar de permisos de maternidad/paternidad (ella defiende que sean intransferibles y obligatorios). El paternalismo parece ser que es o no es tal según de qué tema estemos hablando. ¿Existe hoy en día la libertad de tener más de un hijo? No, no existe. En las encuestas las parejas dicen que les gustaría tener dos hijos pero no pueden. María Pazos Morán aporta un ejemplo, yo también voy a dar otro: es difícil que una madre joven pueda siquiera imaginar o soñar con tener un hijo pero, si lo tiene, es muy complicado que pueda decidir no dejar a su hijo con 3 o 4 meses en la guardería si tiene un trabajo que no es compatible con la crianza, ni con la lactancia, ni tiene dinero con qué mantenerse si se toma una excedencia.

– Claro que la familia está influida por el entorno, también lo están las feministas y no se cuestionan a sí mismas. No todos los cuidados pero en el cuidado primal, el de la primera etapa de la vida de los seres humanos, la madre tiene un papel fundamental, hasta el punto de que algunos autores hablan de “exterogestación”, de gestación fuera del útero. Esta no es una “idea” ancestral sin más, es una realidad ancestral de millones de años en las especies mamíferas y primates. En los humanos, además, la crianza no es una tarea exclusivamente femenina. Desde un punto evolutivo, no es posible que una madre sola con su bebé sobreviviera sin una red de apoyo social. Le aconsejaría a la autora que reflexionara un poco sobre la alomaternidad y la crianza cooperativa, nombres quizás muy rimbombantes pero que describen algo muy sencillo. En referencia a esto, los padres y los hombres han tenido un papel fundamental para la crianza y los cuidados a lo largo de nuestra historia.

– Bueno, no es que las mujeres prefieran o no prefieran quedarse en casa, es que muchas no tienen ningún tipo de elección porque tienen que sobrevivir y seguir en el mercado laboral. Algunas de las que sí hemos podido elegir y hemos tomado la decisión de solicitar una excedencia para criar no lo hemos hecho porque criar solas entre cuatro paredes a un bebé sin red nos parezca la panacea sino como mal menor en comparación con tener que dejar a un bebé de cuatro meses en una guardería cuando vemos que él nos necesita y nosotras a él. El que haya que elegir entre criar o trabajar es una elección moderna ya que nunca ha sido tan incompatible el sistema con la vida como ahora. Por eso, algunas personas comenzamos a hablar de colapso y de post humanidad al referirnos a estos temas. Lo que está ocurriendo es algo mucho más serio de lo que parece y reducirlo a cuestiones economicistas o de si debemos tener X o Y meses de permisos de maternidad o paternidad es tener una visión muy limitada de los problemas a los que nos enfrentamos.

Señora Pazos Morán, por favor, quítese las anteojeras economicistas y de género y comience a pensar en términos holísticos de civilización. Pero sobre todo deje de insultar a las mujeres que hemos decidido nuestro propio camino dentro de las opciones disponibles en cada situación concreta. Emanciparse es salir de la tutela del marido, del padre, de la madre, del Estado, de la Iglesia y del Feminismo. Es madurar, comprometerse con la libertad, tomar decisiones informadas y responsabilizarse de ellas.

Relacionado: Womenomics, de Goldman Sachs – http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/04/analisis-y-reflexiones-en-torno-al.html